domingo, 17 de octubre de 2010

Notas sobre la New Age (V de V). Las terapias de la Nueva Era

Infokrisis.- Se suele considerar, ante todo, a la New Age como un “movimiento terapéutico” y, de hecho, así es a la vista de las decenas y decenas de consultas de todo tipo que han proliferado desde la irrupción del movimiento. Lo más sorprendente es que esta escuela terapéutica toma su base –en general- en las concepciones de un médico del siglo XVIII y principios del XIX: Franz Antón Messmer, cuyas teorías se consideran hoy ampliamente superadas… y erróneas.


Las terapias de la nueva era
En esto de la Nueva Era cuesta mucho estar al día. En ocasiones la moda es la última psicoterapia llegada, en otras, sin embargo, lo mas "in" es lo que estuvo "out" hace un siglo. Quien le iba a decir a Franz Anton Messmer, que su teoría sobre el magnetismo animal volvería a estar de moda doscientos años después gracias a los buenos oficios de "newagers" impenitentes. Y quien le iba a decir a Theophrastus von Hohemheim Bombast Paracelso que cuatrocientos años después que "desencarnara", muchos de sus temas -de manera fragmentaria, eso sí- volverían a gozar de una fama y popularidad que no contó en su tiempo. Y ¿quien pudo asegurar que la macrobiótica que hizo furor en los años setenta iba a ser olvidada en los noventa? La Nueva Era, era del look y de la imagen es, por excelencia una era sometida a la apisonadora de las modas. Hoy casi nadie practica ni enseña "vivation", en 1990 era casi obligado haber seguido uno de estos cursillos. Los "eneagramas" gurdjieffianos estuvieron perdidos y olvidados durante cuarenta años, ahora empujan con fuerza; el yoga pierde fuerza en beneficio del "biofeedback" y la "Programación Neuro-Lingüística", desconocida en los ochenta, iba a sufrir en los noventa un ascenso irresistible. La iridiología no soportó el paso de los años; la reflexoterapia debió sufrir decenas de adaptaciones y el Qigong llegó y desapareció sin que nos diera tiempo a enterarnos qué diablos era. La musicoterapia, dió paso a la biodanza  y mientras nadie se interesa por la sofrología, las retapias regresivas y el Control Mental Silva, se impusieron         .
          Todo esto no sigue ninguna lógica; todas las terapias son igualmente eficaces en unos casos y fracasan en otros. No existe -lo hemos dicho- el método perfecto. Los grupos que las promocionan van buscando estar siempre en la cresta de la ola y dar al público aquello que el público pide y esto se puede sintetizar con una sola palabra: novedad. Hay que reconocer que los terapeutas hacen un esfuerzo de adaptación, buscan contactar con las más modernas experiencias, establecer vínculos y obtener patentes de difusión de las técnicas más novedosas, aquellas que más interesarán a un público preocupado por su salud, insatisfecha por lo cotidiano. Ciertamente, los terapeutas así formados tienen la ventaja de tener cada día una experiencia mayor y por tanto una mayor habilidad en dar a cada cual aquello que busca y, por tanto, de sanar. Sí, ciertamente, en parte, toda curación es una autocuración.
          En 1995 se estrenó una película dramática y cómica a la vez "El balneario de Battle Kreek", en el curso de la cual quedaban identificados todos los tópicos del naturismo de principios de siglo. Pues bien, las técnicas de entonces, vuelven a estar hoy en el candelero y son, en buena medida, a sumidas por la Nueva Era. Da la sensación de que todo un tipo de terapias de la Nueva Era fueron ideadas hacia finales del siglo XVIII.
          Pásmense escuchando la historia olvidada de la "magnetoterapia", uno de los sistemas de sanación más habitualmente difundidos en la Nueva Era. Extraigo al azar de un catálogo titulado "Productos para una Nueva Era" las siguientes ofertas: un respaldo magnetico para coche que cuenta con "12 potentes imanes cerámicos", la faja biomagnética ("recomendada para dolencias de lumbago" y que dispone de 30 imanes, 24 en la zona lumbar y 6 en el abdomen"), el "termomagnético" que emite calor, vibración y ondas electromagnéticas, "imanes", si, simplemente imanes, de los que se dice que "son efectivos para cualquier tipo de dolor", un "cinturón magnético", del que se dice que es modelo unisex y "sin contraindicaciones",  y, cómo no podía ser de otra forma, "bisutería magnética" de "efectos terapéuticos muy rápidos" aunque, dado su poder, se previene que "los collares y las pulseras no se deben de utilizar diariamente más de cuatro horas seguidas o seis alternas"...
          Pues bien, todo esto es más que cuestionable y, aunque difundido como "productos de la Nueva Era", ya a finales del siglo XVIII, su inventor, Franz Anton Messmer, estaba convencido de que no servían absolutamente para nada.
          La historia es bastante atrabiliaria, así que prepárense. En 1774 un extranjero de paso por Viena encargó a un jesuita amigo de Mesmer que le confeccionara un imán para aplicarlo a su esposa que sufría calambres de estómago. El jesuita conversó al respecto con Mesmer. Aplicado el imán, los calambres cesaron. Messmer afirmó que el universo estaba cruzado constantemente por ondas invisibles que solo podían ser percibidas por el alma; esto constituía una forma de energía que interprenetaba a los seres y que estos podían controlar, orientar y dirigir, una energía que podía ser transmisible de unos a otros seres y aliviar algunas enfermedades y curar otras, especialmente aquellas de carácter nervioso. Mesmer observó un imán y se planteó si su carácter atractivo y repulsivo tendría efectos sobre el cuerpo humano. Un par de años antes, Mesmer se había doctorado presentando una tesis sobre la influencia de los astros en las enfermedades; allí planteaba por primera vez la existencia de una "energía" que, de los astros, penetrara en los humanos. Cuando asistió a la curación gracias a un imán supo que esa energía desconocida era el "magnetismo".
          Mesmer pertenecía a ese tipo de gente -muy común por lo demás en la Nueva Era- que cuando cree haber encontrado una llave adecuada para abrir una puerta intenta aplicar esa misma llave a todas las cerraduras. Fue así como sus investigaciones tomaron una vía muerta. Se dedicó a "magnetizar" todo lo magnetizable: agua, camas, espejos, tazas, platos, vestidos, e incluso instrumentos musicales; estos, expuestos a la influencia de imanes, al ser tocados, esparcirían sus vibraciones curativas con las sonoras... Mesmer en esto, prefiguró cualquier catálogo de productos de Nueva Era.
          Hay que reconocerle mucho genio. Fue el precursor incluso de las ceremonias espiritistas. Inventó una "cuba de salud" en la que sus enfermos eran "magnetizados"; estos debían formar un círculo en el interior de la cuba y tocarse con las puntas de sus dedos para que así la energía magnética que fluía de una batería se acrecentara. En todas las sesiones se producían fenómenos de histeria, primero en uno, luego en varios pacientes, algunas crisis resultaban particularmente agudas, otros se levantaban diciendo que estaban curados, los había que imploraban a Mesmer que les diera más "pases mágicos"... Un año después de haber empezado este circo, Mesmer, reconocía en su diario, en un gesto de honestidad intelectual que le honra, que los imanes no servían absolutamente para nada. No eran ellos quienes curaban, sino sus mismas manos...; Mesmer lo comprobó cuando experimentó con pacientes a los que no les había puesto ningún imán, sino simplemente dado los "pases mágicos" equivalentes a un masage. Luego -concluyó- era el magnetizador y no el imán lo que transfiere energía.
          En realidad no era ni una cosa ni otra. Mesmer lo que había descubierto es la capacidad de sugestión y el placebo, había intuido algo que siglo y medio después creyó percibir Wilhem Reich con su "energía orgónica". Estableció la "magnetoterapia" que hoy los inventores de la pólvora han vuelto a descubrir. Incluso se anticipó en 70 años a Charcot y a sus métodos hipnóticos que seguiría el primer Freud. Por que, Mesmer, en efecto, en sus últimos años, analizando y trabajando con sománbulos dió los primeros pasos en "sofrología". Resulta evidente que todas estas técnicas han sido redescubiertas y etiquetadas con el aroma de lo novedoso en nuestros días.
          José Silva, por ejemplo, sintetizó su famoso "Método de Control Mental" a partir de sus conocimientos de psicología, psicoanálisis e hipnotismo. Desde muy joven se sintió interesado por la hipnosis y asistió a los cursos que impartía un sofrólogo en San Antonio, al sur de los Estados Unidos. Luego él mismo demostró sus cualidades como sugestionador y finalmente dió a todo el conjunto un aire científico y adaptable para ser difundido en cursos de 48 h. Silva estableció distintos niveles de actividad cerebral atendiendo al ritmo de producción de las ondas cerebrales. Para Silva se trata de que el individuo funcione en los niveles más bajos de ondas cerebrales. Quienes han asistido a los cursos  de "control mental" se deshacen en mieles y alabanzas. Y otro tanto ocurre con los de Meditación Trascendental, impartidos por el gurú Maharishi. Este empezó vendiendo mística, pero rectificó sobre la marcha cuando advirtió que lo que Occidente buscaba eran psicoterapias y fue en esta dirección que orientó su método, un simple sistema de relajación...
          Los llamados "métodos de trabajo corporal" nacieron igualmente en el siglo pasado y, solo la necesidad de productos nuevos en el supermercado terapéutico, los han rescatado de no se sabe donde. La llamada "Técnica Alexander" tiene más de cien años y ha invadido el mundo anglosajón de la Nueva Era; ahora empieza a penetrar en España y cuenta con el apoyo entusiasta de unos pocos terapeutas que lo alternan con "rolfing", "reflexología" o sistemas quiroprácticos.  ¿Quién se lo iba a decir a Frederick Alexander, un famoso actor australiano aquejado de ronquera y dificultades respiratorias, que su método iba a ser lo más "in" cien años después de haberlo intuido? Al igual que el "Metodo Bates de reeducación visual" o el "Método Feldenkreis", los tres tienen como denominador común la reeducación de hábitos y posturas defectuosas. En el "Metodo Bates" se trata de mover los ojos  para corregir defectos visuales que se tenían por crónicos. Huxley le prestó atención y lo siguió con interés. En cuanto a Moshe Feldenkreis, su metodo iba destinado a todas aquellas personas que precisan de una gran coordinación muscular y que, por su trabajo, precisan reflexibilidad en sus miembros. Feldenkreis y Alexander estaban convencidos de que no sabemos movernos de manera adecuada, desperdiciamos energía en movimientos inútiles y nuestros huesos y músculos sufren de nuestros hábitos negativos. Hay que reeducarlos y la primera fase es advertir en donde diablos nos hemos equivocado; esto implica autoobservarse, ser consciente de nuestros movimientos y aislar los negativos. La fase siguiente será la de corrección.
          En realidad nada de todo esto parece excesivamente original. El budismo Zen hace mucho énfasis en esto de ser consciente del propio cuerpo. Si bien no van tan lejos como el reichiano Pierrakos cuando dice que "no tenemos un cuerpo, somos un cuerpo", el Zen lo que propone es que seamos conscientes de cada uno de nuestros movimientos. En esto radica la ventaja del Zen en relación a otras doctrinas tradicionales: en su extraordinaria capacidad de adaptación. Existe un Zen para tomar el te, un zen para caminar, un zen para combatir, un zen para limpar, un zen para escribir (shodo), incluso un Zen adaptado a la jardinería y al arte de los bonsais. Se ha podido hablar de un arte zen en el mantenimiento de la motocicleta y en el arte de escribir a máquina; yo mismo estoy escribiendo unas notas sobre el Zen en el arte de la informática. Lo importante es que, cada una de estas especializaciones, nos pide ser conscientes del aquí y del ahora y sobre todo, ser conscientes de nosotros mismos. El estilo Zen de caminar no se diferencia sustancialmente mucho de los métodos decimonónicos antes descritos.
          La homeopatía es la otra gran matriz de muchas técnicas de Nueva Era. Su primera expansión fue decimonónica y debida al doctor Samuel Hahnemann. Entre los partidarios de la Nueva Era se dice que la homeomatía casi ha sido reconocida completamente por la medicina oficial. Esto no es rigurosamente cierto... buena parte de la clase médica mira aún a la homeopatía con desconfianza; esto se debe a que la homeopatía ha sido defendida con excesivo ahínco por miembros de sectas ocultistas, "acuarianos" frecuentemente; se sabe, por ejemplo que dos de las mayores empresas alemanas de farmacopea homeopática, están vinculadas a la Sociedad Antroposófica. El propio Hahnemann reconocía un tributo de agradecimiento a Paracelso y a la alquimia rosacruz del siglo XVI y XVII. De hecho sus postulados de partida eran extraídos directamente de la tradición hermética: "lo semejante cura a lo semejante" y "el veneno se transforma en remedio", es decir, que es a través de administrar productos muy diluidos que tengan la misma carga vibracional que la enfermedad que se trata de combatir para que surta el efecto deseado y estimule las defensas del organismo. La teoría de Hahnemann luego dió origen, de manera más científica, a las vacunas. Frecuentemente las materias primas iniciales son vegetales; se sacan y se dejan en maceración, así se obtienen las "tinturas madres" que diluidas y agitadas enérgicamente operarán una estimulación de las defensas naturales del paciente.
          Pues bien, esto mismo es lo que propone otro sistema curativo de gran auge en nuestros días. Ideado por Edward Bach, éste tomó sus ideas de un espiritista norteamericano, que había recogido mucha información sobre elíxires curativos, canalizada a través de un medium llamado Kewin Ryerson. Edward Bach reconocía que su sistema carecía de base científica y era puramente intuitivo; era bacteriólogo y homeópata. y empezó a aplicar vacunas obtenidas por estos procedimientos en patologías de tipo mental...  no pudo evitar molestos efectos secundarios que le sugirieron otro tipo de preparación de las "tinturas matrices". Bach se dedicó a exponer al sol agua que contuviera distintos tipos de flores. No se guiaba por nada más que por su intuición y fue así como preparó 38 "esencias florales" que administraba mediante gotas que el paciente tragaba. Lo más sorprendente de todo es que, siendo la teoría  más que cuestionable y sin ningún tipo de base científica, las tinturas parecen funcionar en determinados enfermos. Yo no me lo creería de no ser por que Daniel Aguirre, el encargado de establecer cada semana la "agenda" de actividades en el programa "Luces en la Oscuridad", logró curarle varias patologías que otras técnicas no habían aliviado siquiera. El se lo cree, porque ha experimentado mejoría, pero no se lo explica, ni creo que haya nadie que logre explicarlo si no es que recurre a la muy mesmeriana autosugestión, a la fé y al inefable placebo.
          Estas técnicas fallan cuando solo se trata de diagnosticar. La iridiología, por ejemplo, después de décadas de aspirar a ser tomada en serio, no ha podido soportar un somero análisis científico. En cuanto a la cromoterapia, si bien es cierto que los colores, por el motivo que sean, ya sea por sus cualidades "vibracionales" o bien, por el impacto que provocan en nuestra retina, influyen en nuestro estado de ánimo, están muy lejos de tener un valor terapéutico y en cuanto a los cristales estamos como en la magnetoterapia, si se le tiene fé curan, si no, usted está haciendo el idiota cambiándose uno y otro día de cuarzos. Lo mismo vale para la aromaterapia o la aurasomaterapia, variantes de las terapias del color que utilizan hierbas, estractos y aceites. Inventada por Vicky Wall, una clarividente londinente, hizo corresponder a cada "chakra" un color y estableció una correspondencia entre el aura y el cuerpo. Con la aromaterapia pasa como con los colores, los hay que gustan y los hay que repelen... Confeccionados aceites vegetales con hierbas aromáticas, estas son aplicadas mediante masajes. Si bien es cierto que en algunas culturas tradicionales y medicinas antiguas se hacían eco de la importancia de los olores, la aromaterapia de la Nueva Era no las ha tenido para nada en cuenta. Nuevamente estamos ante un método "intuitivo" y por tanto, problemático, ante el cual no hay que sopesar a quienes ha beneficiado y a cuantos a creado éspectativas de curación no operadas.
          Las técnicas osteopáticas y quiroprácticas son otra cosa. Tienen algo que ver con las técnicas de trabajo corporal y con la concepción de que posiciones erróneas provocan alteraciones en la salud y molestias; algunas de estas derivan de la antigua medicina tradicional china uno de cuyos aspectos centrales es la teoría y práctica de la acupuntura. Si, como, pretende la medicina china, los desarreglos físicos no son sino malas canalizaciones o bloqueos del Ch’i (la energía), que se provocan en una especie de réplica de nuestro cuerpo, similar, pero mucho más sutil, todo el problema consiste en la manera en que podremos restablecer la canalización y el fluido normal de energía. Para eso están las agujas que inciden en los "meridianos" o canales por donde discurre el Ch’i. La teoría no es aceptada por la ciencia médica occidental, pero los médicos no cuestionan las excelencias de una práctica acertada y lo espectacular de sus curas.
          La acupuntura ha tenido muchas derivaciones que han cabalgado junto a la Nueva Era. algunas de ellas son antiguas. Combinando los puntos sensibles establecidos por la acupuntura y las técnicas de moxibustión (utilización del calor  o de la quema de maderas) derivó la técnica de las ventosas. Se acerca una pequeña tea a una especie de bombilla vacía y cuando el calor interior ha operado el vacío, se aplica a uno de los puntos sensibles en acupuntura. Se producirá un efecto ventosa al que se atribuyen cualidades terapéuticas.
          Esos mismos puntos de acupuntura son tenidos en cuenta en los masajes de procendencia oriental -fundamentalmente, reiki y shiatsu- realizados con los dedos. La acupresión ha sido el origen de otro paquede de técnicas muy curiosas en las que no faltan las curaciones. Este conjunto recibe genéricamente el nombre de "reflexología", su fundamento es que cada zona del cuerpo se "refleja" en una parte determinada del mismo; se trata entonces de establecer el mapa de la totalidad del cuerpo en aquella parte concreta que lo resume. Para unos será la oreja y de ahí derivara la "auriculoterapia"; para otros será el pié y su tratamiento a base de masages y acupresión, será conocido como "reflexoterapia podal". De esta última existen distintas variedades: la "Técnica Metamórfica" y el "Método Grinberg" fundamentalmente.
          He estado hablando con pacientes y terapeutas relacionados con estas técnicas. La impresión ha sido siempre la misma: tienen un nivel aceptable de funcionamiento que está muy por encima de su nivel de elaboración teórica. Un par de queridos amigos siguieron un tratamiento de auriculoterapia para adelgazar; al cobo de un par de meses habían quedado convertidos en sílfides y para ello bastó un régimen no excesivamente estricto, y unas grapas de acupuntura en el lóbulo de la oreja. Los partidarios de la auriculoterapia sostienen que la forma de la oreja evidencia las formas de un feto desarrollado en el claustro materno, bastará trazar un mapa de este feto para situar los puntos de acupuntura sobre la que actuarán las grapas en unos casos y los alfileres en otros. Lo que me llama la atención es que esta técnica que estuvo de moda hará una década, esté en trance de desaparición en la actualidad. O bien la técnica no funciona tan correctamente como sus defensores pretenden, o bien se trata simplemente de modas.
          En este momento, la moda reflexológica va a favor de lo podal. Fuí a ver a Carmen Boira, una de las terapeutas que utilizan este sistema para que me aleccionara. Está reconocida por la central londinense como terapeuta titulada y bastante gente me ha hablado del éxito, casi milagroso, de algunas de sus tratamientos. Carmen me explica el origen de la técnica. Fue un inglés, Robert Saint John, quien tratando niños mongólicos desesperaba por la ineficacia de los tratamientos convencionales. Saint-John, con uno de sus pacientes, decidió no hacer nada, simplemente acariciarle el pié como aconsejaba la "reflexología podal". Y el niño reaccionó. Esto le hizo meditar sobre los motivos que habían producido la "metamórfosis". Luego probó con niños autistas perfeccionando la técnica; iba aplicando masaje en progresión por pié, mano y cabeza y los efectos curativos se producían. Utilizando esta técnica Carmen Boira ha llegado a recuperar hasta la completa rehabilitación a pacientes en coma o a regenerar médulas espinales rotas; su tratamiento siempre ha sido complementario con el que ofrece la medicina convencional, pero ha tenido éxito allí donde ésta reconocía su fracaso. Con la chica en coma, bastaron unos días de paciente masaje podal para que distendiera los dedos de las manos, luego abriera los ojos y en seis meses pudiera integrarse en los ejercicios de recuperación del hospital. Carmen Boira me habla de que en algunos casos la "técnica metamórfica" solo puede ayudar a morir. Pero también esto no es desdeñable.
          ¿Pero por qué el pié? La técnica afirma que "los pies son nuestra base, los cimientos sobre los que nos equilibramos, desde donde nos proyectamos hacia algo más elevado. Hablamos de "echar raíces", "arraigarse", de alguién que es muy "terrenal", que está muy en contacto con la realidad. Decimos que estamos "desarraigados" cuando nos sentimos perdidos, alejados o separados de nuestro pasado, nuestra familia u hogar. La conexión psicológica entre la madre y la tierra se expresa cuando decimos que el bebé busca el pezón como una "raíz". Los pies son nuestro vínculo con la tierra, nuestro puente entre las esferas más altas y el reino terrenal. La forma en que los pies nos unen a la tierra, crea también un profundo simbolismo, el de la manifestación en la materia de nuestra naturaleza más elevada", leo en un libro que me ha dejado Carmen, escrito por otro de los maestros de "metamorficos", Gaston Saint Pierre. El telurismo aparece por primera vez en este estudio, no será sin duda, la  última.
          No albergo la menor duda sobre las curaciones de Carmen Boira; en realidad, ella es quien menos me ha hablado de ellas, otros que la conocen bien me las mencionan. Antes de practicar esta técnica Carmen se dedicaba a la sanación, curaba, fundamentalmente, por imposición de manos. El paciente permanecía en una actitud pasiva, su única aportación al proceso era la fé en el sanador. Esto no terminaba de satisfacerle y cuando entró en la escuela metamórfica, lo que más le satisfizo fue aprender que el papel del terapeuta era únicamente el de ser un "catalizador de energía", dependiendo todo lo demás del paciente. Una vez más, tambien en esta técnica, toda curación es, en el fondo, una autocuración. Si aquella chica en coma no hubiera querido recuperarse, si no hubiera dispuesto de una voluntad inquebrantable de dejar atrás su postración, aun estaría alimentada por sonda en lugar de llevar una vida normal.
© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com