martes, 21 de noviembre de 2017

LA CATALUÑA POST–NACIONALISTA ¿HAY FUTURO PARA EL INDEPENDENTISMO?




La pregunta es obviamente retórica: nadie –nadie con dos dedos de frente y una mínima capacidad de análisis político– puede creer en que Cataluña, hoy o algún día puede ser independiente. La “flamarada” independentista se está extinguiendo a la vista de todos. Las deserciones en el independentismo son de tal calibre que indican el estado de descomposición, no sólo del proyecto, sino incluso de la misma idea: ayer fueron dos consellers presos (por su mala cabeza… no porque en España no exista libertad de expresión) los que gimieron por su libertad a cambio de “reconocer el artículo 155” (como si un robagallinas pudiera ser excarcelado solamente porque afirme seriamente “reconocer el código penal”), el día antes fue López Tena, uno de los cerebros del activismo independeta, inventor del eslogan "Espanya ens roba" y el que obtuvo en Osona mejores resultados de participación en los seudo–referendums de 2009–2010, el que, no solamente se desdecía, sino que además, realizaba una crítica inmisericorde y terminal al “procés”, a Mas y a los que han llegado hasta el extremo de obligar al Estado a aplicar el 155. El día anterior, Mas ya no sabía qué hacer para pedir que se le redujera la fianza de 5.000.000 de euros por su responsabilidad en el 9–N y casi llorando argumentaba que “tendría que vender sus casas”… La hora del llanto y del crujir de dientes ha llegado. La incorporación de la Forcadell a la lista de ERC, a la que apenas una noche en la mazmorra fría cambió radicalmente sus opiniones políticas, es otra muestra de que el independentismo, casi desea una dulce derrota el 21–D que le permita reconocer ante toda Cataluña lo que toda la Cataluña que tiene dos dedos de frente ya sabe: “no hay condiciones para la independencia…”. Para ese viaje no hacían falta alforjas: algunos lo advertimos hace ya siete años. Cada día la prensa catalana –incluso la que hasta anteayer apoyó al “procés”– nos da noticias, muestras y ejemplos de la bajeza moral, la impreparación, el aventuterismo y la irresponsabilidad que ha estado presente en la cúpula del “procés”, factores que, por sí mismos, lo han arrojado al basurero de la historia.

INDEPENDENTISMO: UNA CUESTIÓN RELIGIOSA

Hoy, solamente algunos comentaristas políticos nacionalistas intentan salvar la cara de los “bonzos” del “procés”: para la mayoría de tertulianos y analistas, para todos los observadores políticos extranjeros, la clase política independentista no estaría en condiciones ni de dirigir una comunidad de vecinos. Después del 21–D, lo más probable es que ERC, PSC y Podemos.cat formen gobierno, en el que, a diferencia de los dos tripartidos anteriores, ERC no solamente no tendrá la voz cantante, sino que será el socio incómodo, forzado, molesto y acomplejado

Y luego veremos qué ocurre con los procesamientos de los dirigentes de ERC, de los personajillos encausados que figurarán como diputados y que todos ellos deberán enfrentarse con inhabilitaciones a perpetuidad así como con el embargo de patrimonios personales. El calvario no ha hecho nada más que empezar para los independetas y lo que es peor para ellos: demostrada su debilidad, ya no tienen carta alguna con la que negociar con Estado (vale la pena recordar que el poder judicial es autónomo y que, en democracia, aunque el gobierno quiera influir, siempre habría un juececillo celoso de su misión que se opondrá).

No es raro que a todos estos barandas del independentismo les haya dado una crisis de fe en plena cárcel: uno de “los dos jordis” estando en misa en la cárcel presenció horrorizado cómo un preso acuchillaba a otro. Éste pánfilo no se ha enterado todavía que la mayoría de presos en las cárceles españolas acuden a misa para poder cambiar drogas con presos de otros módulos. Peor es lo de Junqueras que ha recuperado la fe de cuando era “escolanet” y, según dicen los medios, se pasa las horas muertas rezando en su celda. Razón tenía ayer López Tena en la larguísima entrevista que le realizó ayer El Confidencial, cuando comparaba a los dirigentes independentistas con el colegio cardenalicio y a su “doctrina” como un conjunto de dogmas puestos al servicio de una fe. Ayer mismo, confirmamos esto viendo un vídeo de otro “historiador” independentista en el que decía que la Europa Medieval se lo debe todo a Cataluña, que el primer premio nóbel de la paz fue el Abad Oliva y que los catalanes serán en los próximos mil años, lo que la cultura griega ha sido en el pasado... Éste “historiador” no era tan alucinado como aquel otro mindundi que pontificaba sobre si Colón, El Cid, Teresa de Jesús y el inventor de la sopa de ajo, eran catalanes, pero precisamente, en su circunspección y en sus modales serenos evidenciaba esa “fe religiosa” de la que hablaba López Tena.

NO ES EL FIN DE UNA CRISIS, ES EL FIN DEL INDEPENDENTISMO

Así pues, los independentistas deben felicitarse que la estupidez no esté registrada como delito en el código penal. Pero lo que está claro es que “el mambo se ha acabado”. Estamos asistiendo, no solamente al fin de una ilusión (etimológicamente, lo “percibido por un iluso”), sino a algo mucho más profundo y de mayor calado: el fin del independentismo. De la misma forma que estos días que se cumple el cuarenta aniversario de la muerte de Franco y parece claro que mostrar la solidaridad con el “anterior jefe del Estado” puede ser una muestra de lealtad por encima del tiempo, pero que quien quiera hacer política no puede sino considerar al franquismo como historia, dentro de 40 años el independentismo se examinará en los libros de historia como una locura colectiva que embargó a una cuarta parte de la sociedad catalana. Se verá como arcaísmo y quienes lo han promovido, si tienen algún lugar en la historia, será como responsables de que Cataluña perdiera el ritmo de la modernidad. En las facultades de ciencias políticas se estudiará el fenómeno extraño de cómo una comunidad autónoma ha podido estar paralizada durante casi 15 años desde aquella coña maragallana del “nou estatut”, que a pesar de carecer completamente de demanda social constituyó las primeras aguas que trajeron los lodos independentistas actuales. En las escuelas de psicología los estudiantes harán sus tesis sobre la alucinación colectiva que sufrió una cuarta parte de catalanes y se estudiará el fenómeno del contagio. Y siempre habrá, claro está, un abuelete que dirá a sus nietecitos “Yo voté el 1–O y luego toqué la cacerola…”. Enternecedor.

¿Asunto resuelto? Relativamente. Lo que queda resuelto es, en primer lugar, la desaparición del nacionalismo moderado, mixtura del antiguo regionalismo y de la histeria nacionalista del “siempre más”. Ya no hay pujolismo. Se ha acabado: Cipollino se encargará de liquidar sus restos, en su partido y en su espíritu, y nos apostamos a que en la próxima campaña electoral, la candidatura que encabeza el triste expresidente, “Junts per Catalunya”, intentará competir en independentismo con ERC. Éstos, por su parte, con la etiqueta ERC–CatSí, aparecerán como más razonables e intentarán asumir en el tripartito que se avecina el mismo papel que realizó Carod–Rovira con Maragall. Mal asunto porque, todo análisis que no parta de la base de que “el mambo se ha acabado y no volverá” es erróneo y solamente contribuirá a dar inestabilidad al gobierno–Frankenstein que salga del 21–D.

Si el nacionalismo moderado ha desaparecido (en realidad, desapareció en las anteriores elecciones autonómicas), lo que inicia su declive ahora es el independentismo. ¿La prueba? Las tres candidaturas indepes ni siquiera han sido capaces de pactar la convocatoria de un nuevo referéndum soberanista en sus programas, ni de incluir el reconocimiento del “gobierno de la república catalana”… Paso atrás, previo a los muchos que quedan por dar.

¿La CUP? La CUP es un cero a la izquierda que se verá presionada a un lado por los más realistas de ERC y por el otro por CatComú–Podem. Y la CUP volverá a ser lo que era: una serie de pequeños grupos locales dirigidos por maestrillos y maestrillas, amargados y amargadas, de rostros sombríos.

PARA INSTALAR LA “NORMALIDAD” EN CATALUÑA HACE FALTA…

Insistimos ¿asunto resuelto? ¿Se ha instalado la “normalidad” en Cataluña? En absoluto. Ahora queda desandar lo andado con las “flamaradas” nacionalistas desde principios de los años 80. Y la cuestión de la enseñanza es fundamental. Si el conato independentista ha sido posible es a causa del modelo de enseñanza que rige en Cataluña: con su historia de ficción, con su inmersión lingüística obligatoria, con parte del personal docente ideologizado y que ni siquiera advierte que está adoctrinando. Está claro que con unas elecciones generales que se aproximan, el PP no intentará reformas en profundidad para evitar tensiones suplementarias, pero nadie, ni entre su cúpula, ni entre su electorado, olvidará jamás lo que ha ocurrido en Cataluña y las razones históricas por las que ha ocurrido: no puede dejarle las manos libres en la enseñanza a unos iluminados, para los que modelar la historia en beneficio propio es capital.

En realidad, el PSC como Cs, han llegado a similares conclusiones. Va a depender de cuál sea el alcance de la victoria del PP en las próximas elecciones generales (porque uno de los “efectos colaterales” de la “crisis independentista” ha sido reforzar a Rajoy y hacer que la temática de la corrupción en el PP pase a segundo plano) para que en el terreno educativo PP, PSOE y Cs actúen por consenso. Los nacionalistas más inteligentes, han entendido perfectamente lo que se les viene encima en el terreno de la educación y en estos momentos están movilizándose “en defensa de la escola catalana”… Hacen bien, porque también aquí –aunque nadie se lo haya comunicado– el “mambo se ha acabado”. En realidad, todo va a depender de la posición del PSOE a nivel de Estado y de quien ostente la dirección del PSC: lo cierto es que el sector nacionalista–socialista de este partido, está hoy completamente fuera de combate y reducido a algunos concejales aislados que, probablemente, ni siquiera repitan en las próximas elecciones.

¿Y es todo? El que el Estado reoriente el sistema educativo catalán es una parte importante del problema, pero queda otro igualmente importante: las subvenciones a la sociedad civil. Seamos claros: si existe hoy una “sociedad civil independentista” es porque en los últimos siete años se la ha sobredimensionado a base de inyecciones multimillonarias (e injustificadas) de fondos. Ni el Omnium Cultural, ni la ANC, ni una ristra de asociaciones menores, hubieran podido mantenerse, ni siquiera formarse, de haber dependido de los que estaban interesados en impulsarlas: como las moscas al pastel, los oportunistas acuden al olor a fondos públicos, y los “hombres de fe” ven reforzadas sus convicciones dogmáticas engrasándolas con unos euracos de aquí y de allá. Si el independentismo ha creído que disponía de fuerza suficiente para alcanzar la independencia se ha debido, sobre todo, a que solamente “veía” cómo se movilizaba la sociedad civil amamantada y subsidiada por la gencat. 

Si han existido medios de comunicación en catalán, no de ahora, sino desde finales de los años 70, no ha sido gracias a la iniciativa privada sino a las subvenciones de la gencat. Y hoy ocurre lo mismo con la mayoría de digitales en catalán. Ha bastado un mes para que el diario Avui no pudiera recibir los correspondientes fondos girados por la gencat, para que despidiera a parte de su plantilla y el resto de diarios y digitales, hasta ayer independentistas, se han despertado con otra orientación… Y aquí también va a ser imposible que sigan llegando las mismas subvenciones a todo este mundillo. En primer lugar porque está claro lo que han propagado. Seguirán funcionando lo que tarde la hucha acumulada en agotarse y nunca más volverán a tener la alegría en la llegada y en el manejo de fondos que han tenido desde que Artur Mas se hizo con la presidencia de la gencat.

INMIGRACIÓN Y REFORMAS A NIVEL DE ESTADO

¿Eso es todo? Todo esto –que es inevitable en los próximos años– por sí mismo, lo único que garantiza es que el nacionalismo catalán, un movimiento que va contra la historia en la época de la globalización y que ya iba contra ella a lo largo de todo el siglo XX, decline y se convierta en un arcaísmo de aquí a 40 años. Pero, por sí misma, la crisis del nacionalismo (independentista o no), no hará que vuelva la normalidad a Cataluña. En primer lugar porque Cataluña forma parte, no sólo del Estado Español, sino de la “Nación Española”. Harán falta reformas constitucionales para establecer los límites y las relaciones jerárquicas de manera clara entre las administraciones autonómicas y el Estado. Al principio de que “el que más protesta o el que más mata, tiene mayor autonomía” (con cualquier excusa: que si son “territorios históricos”, que si hay una organización terrorista que da palos y otros deben recoger los frutos, que si tal partido nacionalista colabora con la gobernabilidad del Estado…) debe ser sustituido por la exigencia de lealtad a todas las comunidades autónomas (principio de “más lealtad, más autonomía”).  

Está claro, además, que un Estado no es tal si no sólo descentraliza determinadas competencias, sino que cada autonomía le da los contenidos que quiere. Que el Estado debe recuperar las competencias en materia de educación eso es algo que pocos dudan. Que la sanidad debe ser de la misma calidad y ofrecer los mismos servicios en todo el Estado, y por tanto, debe de estar unificada, es otro puntal básico para redimensionar el “Estado de las Autonomías”.

En Cataluña, además, existe un gravísimo problema: la estupidez nacionalista hizo que Pujol orientara inmigración magrebí a Cataluña por la cuestión lingüística. Simplemente, al capo de tutti i capi le molestaba que pudieran llegar “panchitos” hispanoparlantes… que no se esforzarían en aprender catalán. A los magrebíes (orientados por Angel Colom hacia Cataluña, destacado como “embajador” en Marruecos), siguió la llegada de islamistas africanos y de grandes cantidades de pakistaníes igualmente musulmanes. En el momento actual: casi una cuarta parte de Cataluña es de origen extranjero y algo más de un millón son islamistas. En la región catalana se encuentra la mayor acumulación de islamistas de todo el Estado y una de las mayores de Europa. Así pues, la conflictividad está servida.

La inmensa mayoría de este sector está ultra-subvencionado… y el día en que las subvenciones disminuyan, la “paz étnico–religiosa–social” habrá terminado en Cataluña. Así de simple. Lo peor es que la policía autonómica no está en condiciones de contener el fenómeno, ni las revueltas que pueden producirse en los próximos años. Porque este es otro problema: ¿policía autonómica? Sí, bien, pero ¿para qué y al mando de quién y para hacer qué? Y, reconozcámoslo: los mozos de escuadra figuran en el platillo de los fracasos de la autonomía catalana. Así que parece inevitable que esta policía reduzca sus atribuciones y se reoriente. ¿O es que vamos a olvidar lo que ha ocurrido en la crisis independentista?

Quedan otros muchos frentes en el post–nacionalismo. El económico es, sin duda, uno de ellos. El social otro (la gencat que tanto debía mirar por la sociedad catalana lo que ha conseguido es una sociedad débil, frágil, atomizada, con unos niveles de fracaso escolar, de jóvenes ni–nis y el mayor consumo de drogas de todo el Estado y de casi toda Europa). Así pues, lo que la desaparición progresiva del nacionalismo va a generar no es la solución de todos los problemas. Los creados estos últimos años no se disiparán inmediatamente y sus efectos seguirán sintiéndose durante muchos años, pero quedarán otros problemas que han ido creciendo desde 2003 y a los que casi nadie ha prestado atención. Lo que ocurrirá, simplemente, ser que se abrirán debates nuevos en la sociedad catalana, cada vez más libres de los prejuicios nacionalistas y del riesgo de nuevas “flamaradas” independetas. Y estos debates serán los mismos que en el resto del Estado.


lunes, 20 de noviembre de 2017

EL RIESGO DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES CATALANAS




Lo que está ocurriendo en Cataluña es significativo: el independentismo se está rompiendo y, contrariamente a lo que la lógica y el sentido común hubiera inducido a pensar, no lo está haciendo en función de una decantación entre moderados nacionalistas y radicales independentistas, sino entre una loca carrera por demostrar cuál de las dos candidaturas es “más independentista”, si la de Puigdemont o la de Junqueras. Esto no es una novedad en el nacionalismo catalán, pero si resulta en cualquier caso significativo el que, después de una derrota como la sufrida por todos los partidarios del “procés”, en la que no se ha cumplido ni una sola de sus previsiones, sigan pensando como hace dos meses, como si aquí no hubiera pasado nada.

LO QUE EL INDEPENDENTISMO NO HA ASIMILADO

El cálculo independentista se basaba en cinco premisas que se han demostrado erróneas una tras otra:

1) Que el gobierno Rajoy era débil como para no afrontar la secesión.
2) Que existía una “mayoría social independentista” y que el “unionismo” había desaparecido.
3) Que la secesión no produciría “efectos económicos”.
4) Que los resultados del referéndum del 1-O serían claros y determinantes y
5) Que lloverían los apoyos internacionales.

Nada de todo esto se ha dado en realidad: el gobierno del Estado, sin excesivo esfuerzo, ni dramatismo ha cortado la secesión en seco, simplemente llamando a declarar a unos cuantos consellers; se ha desatado expontáneamente la mayor oleada de “españolismo” en Cataluña que se haya visto, probablemente desde los años 40; el 1-O no demostró absolutamente nada más que lo que había demostrado el 9-N o los seudoreferendums locales de la principios de la década; más de dos millares de sedes sociales de empresas han cambiado de sede social y un millar de sede fiscal; nadie, absolutamente nadie, ni en Europa ni en lugar alguno, se ha interesado por la “república catalana”, salvo outsiders tan remunerados como anecdóticos (desde Julian Assange hasta Pamela Anderson…).

LAS CANDIDATURAS INDEPENDENTISTAS: VERDADEROS MOSAICOS

El “frente independentista” está roto y ha aparecido en su interior un fenómeno nuevo: los partidos independentistas ya no han sido capaces de organizar candidaturas con sus propios  recursos y afiliados sino que han tenido que recurrir a figurones del independentismo. La antigua CDC ha desaparecido por completo: en su lugar emerge una candidatura en torno a “Cipollini” que, estratégicamente, es el mayor error que ha podido cometer hasta hora (pero al que seguirán, sin duda, otros de igual calibre antes de que afronte los problemas judiciales y las multas que tiene por delante). El “president de la república catalana” no se ha dado cuenta de que al encabezar una candidatura de partido deja de ser “president” para convertirse en simple candidato de una formación política que él mismo encabeza… a falta de algo mejor.

En cuando a ERC, la cantidad de militantes que aparecen en su lista y que no son militantes del mismo (un cura, un productor musical, una corredora, el director del RAC1, el hermano de Maragall que no quiere abandonar la primera fila política, una entrenadora de natación sincronizada… odiada además por deportistas que estuvieron a su cargo) crean un problema adicional: se trata de militantes sin compromiso de partido que no se sabe cómo reaccionaran en votaciones o cuando tengan la poltrona… Otro tanto le ocurre a la candidatura de “Cipollini”. Sin olvidar que la gran debilidad del independentismo ha sido precisamente acceder a presentarse a las elecciones: en efecto, desde el mismo momento en el que lo decidieron, desapareció toda sombra de legitimidad del 1-O y la ya de por sí virtual república catalana se esfumó…

A no olvidar que Joaquín Forn (hoy en prisión) ha declinado ir en las listas de “Cipollini”, como también ha hecho Lluís Corominas (presidente del grupo de Junts pel Si), o la exconsellera Maritxell Boarràs (hoy en Bruselas a la vera de “Cipollini”) o Anna Simó (ERC) ayer miembro de la Mesa del Parlament y hoy con ganas como todos los anteriores de hacerse olvidar. En cuanto a la CUP, las exigencias de Teresa Forcades eran muy superiores a lo que ésta estaba dispuesta a dar, o que Anna Gabriel no repetirá ateniéndose a los estatutos de la CUP…

CUAN LOS AMATEURS FATANATIZADOS SUSTITUYEN A LOS POLÍTICOS PROCESADOS

En estas circunstancias, el independentismo hubiera debido de cambiar su “relato”. Dar marcha atrás y renunciar a lo imposible. Pero el problema es que la clase política catalana ha ido degenerando en las últimas décadas por distintas circunstancias: en primer lugar porque, una vez más quedó demostrado que el “nacionalismo” era la “última trinchera de los mangantes”, mera excusa emotiva y sentimental para captar votos de creyentes e incautos, mientras ellos seguían con sus corruptelas: así fue el pujolato y todo lo que le acompañó. La introducción de nuevas fuerzas políticas en el parlamento del Estado hizo, a partir de 2010 que la presencia del “grupo catalán” ya no fuera decisiva y en tránsito del “bipartidismo imperfecto” al “pluripartidismo”, permitió que la fiscalía atacara a CiU en distintos frentes y terminara embargando sedes y patrimonio. La clase dirigente del nacionalismo moderado se perdió allí entre líos judiciales y solamente quedaron… ¡los que, a fuerza de repetirla, se creían la cantinela nacionalista! Estos son los que han dirigido el “procés”: aficionados, tipos emotivos, fanatizados y obsesivos con el nacionalismo y creyentes en los dogmas proclamados durante el pujolato a través de los medios de comunicación oficiales de la gencat

El político, calcula, valora, analiza y, a partir de todo esto, percibe si su ideal tiene o no posibilidades de llevarse a la práctica. El aficionado cree que la razón la asiste y, de manera mística, tiene la convicción de que un “poder superior” (llámese “poble catalá”, llámese “soberanía catalana”, llámese “construcción nacional de Catalunya”) le asiste y le llevará a buen puerto… En el nacionalismo ya no quedan “políticos” sino una extraña mezcla de radicales dogmáticos incapaces de realizar una reflexión estratégica, inútiles para enunciar nuevas tácticas que no supongan una fuga hacia adelante y arribistas que creen que su situación personal mejorará en el marco de la independencia. Eso es todo. Y eso es lo que se va a presentar a las elecciones del 21-D.

LA GUERRA CIVIL NO SERÁ ENTRE INDEPENDENTISTAS Y UNIONISTAS, SINO ENTRE LOS PRIMEROS

Las dos candidaturas indepedentistas van a competir entre sí. Pero lo que quede ya no será, a un lado los votos de CDC y a otro los de ERC, sino una mixtura híbrida en cada bando, repleta de diputados con ideas propias de cómo hay que hacer las cosas y sin compromisos de partido. Desde hace décadas en Cataluña se cree –erróneamente- que el “más nacionalista” es el que se lleva más votos. En esa loca carrera participó incluso el PSC de Maragall convencido de que iban a ser capaces de desbordar al nacionalismo. En la campaña del 21-D veremos a las dos formaciones indepes insistiendo en que ellos lo son más que los otros. Será inevitable que, antes o después empiecen a caer en los reproches mutuos sobre por qué ha fracasado en “procés”

El problema del independentismo es que no ha advertido todavía su fracaso histórico: incluso se niegan a reconocer que los editoriales que cada día publica, no sólo La Vanguardia, sino incluso el Ara, describen una situación mucho menos triunfalista. En estos últimos meses, el sector “unionista” se ha ido reforzando y ganando confianza en sí mismo. Hoy son relativamente frecuentes las manifestaciones de apoyo a la unidad del Estado, incluso en poblaciones catalanas de segunda filas. En ese tiempo, son muchos los nacionalistas e independentistas que están empezando a considerar que alguien les ha estafado, que lo que les proponían como factible ya no lo es tanto y que, nadie, por cierto, les está diciendo nada nuevo. Sin olvidar que en todo el Estado, la actitud de Rajoy ha contribuido a reforzarlo y que las próximas elecciones generales las tiene ganadas por anticipado por mucho que la corrupción haya acompañado al PP.

Porque el gran problema del independentismo es que en las posiciones en las que se encuentra hoy no están en condiciones de elaborar un programa político completo, sino solamente, o bien una reiteración de la vía independentista (impracticable) o bien una renuncia a ella (impensable antes de las elecciones). Lo que vamos a ver en la próxima campaña electoral es un cuadro en el que, no solamente habrá una lucha entre el bloque independentista y el unionista, sino que, además los primeros tendrán una guerra civil en su interior.

Lo único que les unirá a falta de un programa realista es… el victimismo y radicalismo indepe cansino, reiterado, inviable... Que si un tipo que le volaron ojo el 1-O, que si las fotos de una abuela en el suelo, que si otro tipo sangrando, que si las fotos de “los dos jordis” y de los exconsellers presos, que si “Cipollini” está harto de comer patatas fritas con mejillones en las braserías de Bruselas…y poco más. Mientras en el bloque unionista, lejos de existir decepción lo que hay es exaltación (incluso demasiado optimista), en el bloque indepe lo que se ha difundido en algunos sectores es la desmoralización y la sensación de que alguien ha estafado a alguien. Parece claro, quién ganará votos y quién los perderá.

EL PNV PODRÍA ILUSTRAR AL INDEPENDENTISMO CATALÁN

No puede extrañar el silencio del PNV: allí todavía quedan “políticos” que conocen perfectamente lo que puede “hacerse” y lo que no puede “hacerse”. El fracaso del Plan Ibarretxe les enseñó mucho. Nunca más volverán a intentar una aventura parecida que tardó años en solventarse pero cuando lo hizo (con la presencia de Ibarretxe en Madrid y una votación parlamentaria que rechazó su plan…) quedó claro que insistir por el mismo camino sería un suicidio. Eso es lo que no ha comprendido el nacionalismo independentista catalán. Es significativo que en la crisis catalana, el PNV haya permanecido mirando a otro lado, mientras dejaba a Otegui y los exetarras que se pasearan por la tierra de Hipercor jaleados por los independentistas… otro de los grandes errores del “procés”: las malas compañías.

Quienes sostienen que el riesgo de las próximas elecciones es que todo quede igual se equivocan: eso es a lo que aspiran los independentistas. Si se da esa “igualdad” y el independentismo no logra romper la barrera del 50% con amplio margen de votos y diputados, el resultado es simplemente, prolongar los efectos de la derrota, seguir con el 155… lo que implica, en la práctica que el independentismo seguiría sin tener las llaves económicas de la gencat y perder progresivamente su “clientela” subsidiada y la totalidad de sus medios de comunicación no oficiales. Y si lo que, finalmente, se forma, es algo parecido a las viejas fórmulas tripartidas de la década anterior, la derrota no será menor: será un paso atrás que precederá al siguiente. Nadie apoya eternamente en las urnas a las causas perdidas.

El problema para Junqueras (“Cipollini” pasará a ser una anécdota después del 21-D y lo que quede del PDcat terminará por deshacerse de él) será bañarse en las aguas del realismo político o bien arriesgarse a políticas testimoniales. Y estas, como se sabe, siempre tienden a ir reduciendo el propio campo de aplicación. Porque si la independencia es imposible hoy y el nacionalismo sigue insistiendo una y otra vez en ella, por presión de los “amateurs”, lo que se emprende es una vía muerta en la que al del camino lo único que hay es lo que los viejos romanos más temían: “la extinción sin gloria en el Hades”…

domingo, 19 de noviembre de 2017

“CIPOLLINO” Y LA “PARTICIPACIÓN RUSA” EN LA “CRISIS CATALANA”



España es miembro de la OTAN. Se debe a sus aliados y, en especial, se debe a los EEUU. En realidad, ni España ni EEUU son “aliados”, sino más bien, nuestro país es vasallo del “imperio”. ¿Qué imperio que se precie tiene aliados? Los EEUU y los países de la OTAN se han “portado bien” en la “crisis catalana”: han cerrado filas en torno al gobierno español. Ni un vaso de agua para el independentismo ni siquiera un gesto a favor del mister Proper Romeva que ha ido a diestro y siniestro proclamando que la nueva “república catalana” seguiría con sus compromisos internacionales, a pesar de renunciar a tener un ejército (o bien teniéndolo pero sólo reducido a plantar cara a la Legión, a las COE y a la Brunete). Pero, ya se sabe, los EEUU no hacen nada gratis. La contrapartida consistía en que el gobierno español “creyera” y aceptara que el enemigo secular de la OTAN, Rusia, había conspirado contra España… Y así se difundió en toda la prensa nacional, como hace quince años se difundía con la misma facilidad falsedades como la existencia de “armas de destrucción masiva”.

Era evidente que, por mucho que informaciones de este tipo procedieran de agencias de seguridad y defensa de los EEUU, eran “material averiado”, redactado para conseguir encabronar a la opinión pública española con el “enemigo ruso”, esos malditos cabronazos empeñados en hacernos la vida imposible. Aznar y los grandes del PP de 2002-2004, creyeron “a pie juntillas”, aquella mentiras sobre Irak, construidas para hacer digerible a las poblaciones europeas y a la misma opinión pública norteamericana la invasión de Irak. Es posible, incluso, que Aznar y sus ministros, se lo creyeran de buena fe. Tampoco habían demostrado ser unos grandes analistas, ni siquiera unos observadores atentos de la política internacional: el Departamento de Estado envió a Asuntos Exteriores español dossiers sobre la maldad del gobierno iraquí, el Departamento de Justicia envió a la Audiencia Nacional otros dossiers sobre la existencia de tramas de Al-Qaeda en España (que sólo fueron creídas por Baltasar Garzón en su deseo de obtener apoyos para situarlo en la poltrona principal del Tribunal Penal Internacional, demostrando sus tragaderas y su sumisión al imperio), la CIA y la NSA enviaron dossiers al CNI que éste resumió entregó al gobierno del PP y éste a la prensa y a algunos políticos que aparecieron como “especialistas” (Gustavo de Arístegui) en la cuestión de Oriente Medio. El razonamiento de Aznar y de los suyos era simple: “si viene de EEUU debe ser rigurosamente auténtico y, aunque no lo sea, debemos seguir la corriente”.

Quince años después, la misma farsa se repite: ahora es otro dossier llegado de los EEUU el que responsabiliza a Rusia de la “crisis catalana”. El gobierno ha cometido tres errores de apreciación: 1) Dar credibilidad a un informe interesado, 2) Filtrarlo a la opinión pública y 3) Hacer de Puigdemont un “manipulado” por Rusia, en lugar de un paleto de provincias embriagado con su propio desenfoque de la realidad.

La “crisis de la gencat” es suficientemente grave como para que el gobierno se la tome en serio. Si al frente de defensa se encontrara un especialista en “política de defensa” (y los hay, porque nuestro cuerpo diplomático figura entre los más capaces del mundo, solo que está supeditado a una ministra que lo ignora todo en la materia) sería evidente que los informes de la inteligencia norteamericana sobre Puigdemont hubiera ido directamente a la basura del ministerio, sin pasar siquiera por la trituradora de documentos. Rusia tiene problemas precisamente a causa del independentismo. Hay otras zonas de Europa en donde podría alimentar movimientos independentistas mucho más combativos y con más posibilidades (en Bélgica especialmente) que en una España cuya opinión pública es muy poco beligerante contra Rusia. A Rusia le interesa hoy, mucho más trenzar vínculos económicos y de amistad con España que figurar como “eterno conspirador”.

Harina de otro costal es que los rusos no sonrían con la “crisis catalana”. Occidente está tomando de su propia medicina: favoreció la desintegración de la URSS y la creación del “Estado bandido” kosovar, desencadenó la “revolución naranja” ucraniana, así pues, conocer lo que supone el desgarro de uno de sus territorios es una buena medicina para no volver a intentar ese proceso en territorios eslavos. Pero, lo sorprendente es que ni Romeva ni sus “diplomáticos” improvisados entre hermanos, cuñados y afiliados de los partidos independentistas se preocuparon por contactar con los rusos. Algo que no ha podido pasar desapercibido para el CNI. Toda la aventura independentista ha sido mucho más pedestre y cuando se ha dicho que no contaban ni con un solo apoyo internacional con ello se indica que ni una sola cancillería se los había tomado en serio.

Luego estaba el precedente histórico. La Italia fascista había mirado con cierto interés la revuelta de Companys y de Dencás en 1934, incluso éste último tenía una relación fluida con el consulado italiano en Barcelona que hubiera reconocido al “Estado Catalán dentro de la Federación Ibérica”… El problema vino cuando el castillo de naipes se cayó a poco de iniciarse la revuelta y apenas mediaron 10 horas entre la proclamación del invento y la salida por las alcantarillas. Con este precedente y con los informes de inteligencia que debían elaborar los funcionarios del FSB destacados en Madrid, Moscú no iba a mover ni un solo dedo por un proyecto llamado a caer finalmente en el descrédito más absoluto.

Pero también era evidente que los rusos iban a reaccionar ante las noticias difundidas por los medios españoles sobre su participación en la “crisis catalana”. Una protesta diplomática hubiera sido excesivo: sería dar crédito y tomarse en serio lo que no era más que un macutazo elaborado en alguna oficina de la CIA. España es vasallo de los EEUU, así pues, era evidente que nuestro país iba a “pagar” el apoyo norteamericano y de la OTAN de alguna manera: torpedeando al “enemigo ruso”. No valía la pena hacer “sangre”. Y los rusos han optado por el sentido del humor. Bien por ellos.

Anteayer la ministra de defensa española, recibió una llamada que hemos oído traducida. Demostrando lo que los rusos aprecian a Puigdemont (y, al mismo tiempo, el que están perfectamente informados de su personalidad y de la naturaleza pueblerina de la crisis catalana) el que decía ser “ministro lituano de exteriores” reveló que el 50% de los turistas rusos que visitan Barcelona son miembros de la inteligencia rusa y que ¡el propio Puigdemont es agente ruso con el nombre de “Cipollino”…! (en italiano “cipollini” es cebollino y, como se sabe, reiteradamente, los independetas han sido calificados como “çeballuts”, cebollinos, así pues, el humorista sabía lo que se decía). Y la Cospedal, con esa actitud de mujer seria y prepotente que utiliza como imagen de marca, pero incapaz de cortar lo que era, evidentemente, una broma, ni siquiera se enteró de la novatada rusa, incluso –al parecer- informó a Rajoy… La alusión a Letonia venía a cuenta de la presencia de una escuadrilla de cazas españoles que desde hace 10 años “protegen” el espacio lituano. Sin olvidar que el teléfono al que habían llamado los dos humoristas, no figura en la guía telefónica. Todo lo cual sumado, no deja lugar a dudas: los humoristas recibieron los datos para su programa de humor de alguna oficina de la inteligencia rusa y supieron aprovecharla.


En esta España que llora el fallecimiento de Chiquito de la Calzada y en la que la clase política independentista parece sacada de una película de los Hermanos Marx con las luchas entre Ruritania y Libertonia, los rusos han estimado que los vasallos del imperio no se merecen siquiera que se les tome en serio. “Cipollini” es una anécdota, el remate a un proyecto político construido por paletos; en cuando a la Cospedal, lo mejor es reírse de ella: a la broma norteamericana sobre la “complicidad rusa” en la “crisis catalana” le han respondido con otra broma, seguramente más inofensiva y menos dramática, muestra en cualquier caso que Rusia no es la “enemiga”, ni mucho menos la instigadora.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

CRISIS CATALANA: EL MAMBO QUE NI EMPEZÓ


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A la vista de todo lo que ha ido ocurriendo en los últimos días, incluso los independentistas más inconscientes situados en las bases, a ras de suelo, van percatándose de la envergadura de su derrota y de lo que ha ido ocurriendo desde el 1-O. Simplemente: NADA. Que estén en la cárcel unos “consellers” y algunos aventureros políticos a los que durante años el gobierno del Estado les advirtió que lo que estaban haciendo era ilegal, es el único remanente de la crisis. Y, como todo lo que tiene que ver con la justicia, va lento pero avanzará de manera inexorable con un dramático final para los encausados, por mucho que luego intenten atrincherarse en el aforamiento parlamentario: penas de prisión, pago de costas, multas, inhabilitaciones a perpetuidad, patrimonio incautado… Todo este berenjenal murió el mismo día en el que fue concebido. Los independentistas, simplemente, pedían lo imposible. Y se les advirtió, por activa y por pasiva, que su proyecto era INVIABLE en práctica y conllevaba consecuencias judiciales. Ahora cuando ya no cabe la menor duda de que los que tenían que "bailar el mambo" se conformaron con detener el AVE en la grotesca “huelga general” que no fue más que la guinda a todo el cúmulo de despropósitos que ha vivido Cataluña en los últimos diez años, es hora de preguntarse qué ha sucedido y cuáles son los problemas reales de Cataluña. Y lo vamos a hacer esquemáticamente.

1. EL FRACASO INDEPENDENTISTA TUVO UNA RAZÓN “OBJETIVA”: NO HABÍA GRUPOS SOCIALES COHERENTES QUE APOYARAN LA SECESIÓN

Mientras el nacionalismo estuvo en manos de la alta burguesía catalana y de sus validos, la cosa no fue del todo mal para Cataluña (y especialmente para la propia burguesía que nunca antes amasó tal volumen de capital con tan poco esfuerzo, convirtiendo a la gencat en su principal negocio). Este período duró la primera mitad del gobierno de Pujol. Pero ya en ese momento empezaba a estar claro que los dirigentes nacionalistas cometían el mismo error que ya había caracterizado esa misma corriente antes de la guerra civil: considerar a Cataluña un huerto privado. Su huerto. Y, lo que era aún peor, callar ante la corrupción del clan Pujol (del dominio público desde mediados de los 80). 

Los cambios en la propia burguesía catalana producidos después del final de la Guerra Fría y con el inicio del proceso globalizador, hicieron que este grupo social perdiera coherencia, y abandonara la gencat en manos de segundones, cuñadísimos, funcionarios de partido, mientras –salvo en el sector hostelero- retiraban sus inversiones de Cataluña y se precipitaban a invertir en bolsas internacionales y en cualquier lugar del mundo que ofreciera rendimientos superiores al 5%, enviar el dinero a paraísos fiscales caribeños y actuar con total opacidad. Durante el período de los “tripartitos” en la primera década del milenio, se percibió claramente que el poder político en Cataluña estaba cambiando de manos: el ascenso de un partido irrelevante hasta ese momento, ERC, y el que ocupara un lugar motor especialmente en el primer tripartito (con Maragall), así como los errores del PSC, generaron una nueva realidad caracterizada por:

a. el declive del nacionalismo moderado y el ascenso del independentismo.
b. la atomización progresiva del mapa político catalán.
c. la irrupción de una extrema-izquierda independentista hasta entonces minúscula.
d. la sustitución del discurso nacionalista por el discurso independentista hecho indiscutible.

Cuando un fenómeno político está controlado, dirigido y tutelado por un grupo social homogéneo y coherente, con intereses muy claros, suele funcionar y consolidarse, mientras ese grupo social siga siendo hegemónico. Por el contrario, cuando distintos grupos sociales, poco representativos, se identifican con una consigna nacida de la crisis económica de 2007 (el “Espanya ens roba”), estamos ante un fenómeno que:

a. resulta incontrolable y en el que las bases arrastran y empujan a las cúpulas hacia posiciones cada vez más radicalizadas que se retroalimentan.
b. está basado en la ensoñación y el delirio, mucho más que en proyectos imaginativos y revolucionarios y siempre conlleva un distanciamiento creciente de la realidad.
c. es inestable y el ritmo siempre queda marcado por los más radicales (si los indepes hubieran estudiado las "bullangas" barcelonesas del siglo XIX y especialmente la que culminó con el bombardeo de Barcelona hubieran comprendido este proceso).
d. es fugaz en el tiempo y dura tanto como un sueño del que, antes o después, se despierta

Esto es lo que ha ocurrido: los grupos que apoyan al independentismo (funcionarios del PDcat que creían poder beneficiarse de aumentos salariales en un marco independentista), el entorno de la sociedad civil subvencionada que creó CiU en 40 años, poblaciones rurales y de la “Cataluña profunda” que siempre han desconfiado de cualquier centro de decisión situado más allá de la alcaldía del pueblo que han entregado su voto a ERC, jóvenes ni-nis y maestrillos de escuela, borrokas y alucinados de la CUP... todo ello, sumado, carece de coherencia, de voluntad y de proyecto común como para aspirar a obtener la FUERZA SOCIAL suficiente para desencadenar un proceso secesionista digno de tal nombre.

2. EL FRACASO INDEPENDENTISTA TUVO UNA RAZÓN “SUBJETIVA”: LOS INDEPENDENTISTAS CARECÍAN DE UNA CLASE POLÍTICA CAPAZ DE LIDERAR UN PROYECTO COMO EL QUE PROPONÍAN

El valor de las clases políticas no se demuestra ni en discursos parlamentarios, ni en campañas electores, ni en debates en los medios de comunicación. Se demuestra agitando en la calle, poniéndose al frente de insurrecciones populares, impulsándolas, asumiendo responsabilidades, y dando ejemplo a las masas de cuál es el camino a seguir, insertando su acción en un discurso lúcido, actual y atractivo no sólo para los propios partidarios sino para toda la sociedad

En el independentismo catalán nada de todo esto ha existido: los líderes son de poca envergadura, sus declaraciones meras respuestas de catecismo, en los debates que aceptaban con no independentistas han hecho, simplemente, el ridículo. Se trata de líderes poco preparados, sin apenas historial profesional, o con curriculums disfrazados en tanto que modestos, o bien, simplemente, que denotan el carácter de pobres aprovechados, panxas contentas, paletos, paniaguados o, inútiles de pocas luces… Han cumplido su papel durante unos años, cuando se trataba simplemente de aprovechar los casi ilimitados recursos de la gencat para amamantar todo el proceso independentista, pero cuando se ha tratado de dar el do de pecho, rematar la faena, cortar oreja y rabo, hacerse valer y desencadenar el proceso independentista contra viento y marea si era preciso, simplemente se han achantado, unos han optado por desaparecer, otros por tratar de eludir responsabilidad, excusarse, dar las razones más ridículas y miserables o, simplemente, salir a escape para evitar asumir responsabilidades

La historia es, ciertamente, la crónica de las acciones de los hombres, pero éstos son lo que son sus líderes: si el proceso independentista ha fracasado es porque sus líderes no han estado a la altura del proyecto que se habían forjado. Proyecto –dicho sea de paso- que resultaba inviable en la práctica en el siglo XXI y que se realizaba según los cánones de los años 30 o que tomaba como ejemplos situaciones (Québec, Eslovenia, Repúblicas Bálticas) que no tenían nada que ver con la realidad española.

Quizás, entre los elementos más grotescos de todo este proceso independentista ha sido el enterarnos de que Josep Llúis Salvadó, uno de los "cerebros" del mismo (y el segundo de a bordo de Junqueras, "subsecretario de hacienda catalana" ¡sic y resic!), sugería la creación de un "ejército" de 20.000 hombres para un "escenario a la ucraniana"... noticia, incontrovertible gracias a los documentos incautados en la operación Anubis. Estos cretinos pretendían restaurar algo parecido a la mili obligatoria para conseguir que jóvenes catalanes dieran la vida por un proyecto absurdo, enloquecido y levantado en el vacío... Y no, nadie pretende que a estos "capitanes araña" se les procese por delito de rebelión militar, ni siquiera por sedición, sino, más bien, que se les someta a un examen psiquiátrico. Como se planteaba ayer en El Confidencial Joan Tapia, ex dire de La Vanguardia: "afortunadamente para ellos la estulticia no es considerada delito"
3. EL FRACASO INDEPENDENTISTA TUVO UNA RAZÓN “VOLUNTARISTA”: NO HABÍA INDEPENDENTISTAS DISPUESTOS A INMOLARSE

De la misma forma que cuando el gobierno del Estado prohibió la organización abertzale vasca vinculada a ETA, Herri Batasuna, se tenía que la sociedad vasca estallara y se produjeran motines, atentados encadenados y huelgas indefinidas y no ocurrió absolutamente nada, en Cataluña, con una combatividad independentista mucho menor y reducida solamente al fino estilismo en las páginas de La vanguardia, los platós de TV3%, los estudios de CatRadio y el RAC y en webs no menos financiadas por la gencat, las soflamas hacían pensar en que estábamos al borde de una insurrección. Pero quien conocía medianamente a la sociedad catalana, al independentismo y a lo que estaba dispuesto a poner en el asador, todo esto no pasaba de ser manifiestos voluntaristas propias de un “tigre de papel”. 

Ni en la CUP, ni en los sectores extremos de la CUP, existían ni siquiera pequeñas fracciones de activistas que estuvieran dispuestos a hacer algo más que abollar unas cacerolas, cambiar cada dos meses del balcón la bandera indepe comprada en los chinos y acudir a un par de manifestaciones al año, o saturar los grupos de whatsapp y las propias redes sociales con mensajes independentistas y soflamas amenazadoras que inhibían a los oponentes para evitar romper el círculo de amigos o no generar tensiones familiares. Nadie, absolutamente nadie, estaba dispuesto en el independentismo a ir más allá de lo que es mera gesticulación

Después del 1-O todo se deshinchó a velocidad de vértigo. Nadie empezó a bailar el mambo prometido y el problema para muchos –empezando por la Forcadell o del propio Mas, el capitán araña que ahora se queja de las consecuencias que han emanado de sus actos- es enfrentarse a la cruda realidad judicial que tienen por delante.

4. EL FUTURO DEL INDEPENDENTISMO: ABANDONAR SUEÑOS – DESPERTAR A LAS REALIDADES

Hasta ahora, las instancias dirigentes del independentismo no han sido capaces de hacer una autocrítica sobre su actuación en los últimos años, ni de explicar a sus huestes porqué el proceso ha fracasado. No importa: el mismo devenir político está haciendo esta autocrítica innecesaria. Les cuesta reconocer el fracaso, pero el fracaso está ahí. España no es tierra propicia para reconocer los propios errores y hasta ahora no hemos conocido político alguno que diga en voz alta: "me he equivocado". La independencia prometida por Carod-Rovira de manera insensata para 2014 ni se ha producido en 2017, ni se le espera. Podemos entenderles: ¿quién no dudaría antes de confesar a sus huestes: “la independencia que os prometimos no era posible, nos calentamos demasiado, perdimos el sentido de la realidad y el proyecto resulta que era  irrealizable”? Y menos en período electoral... Falta saber si las cúpulas independentistas han aprendido la lección:

- si se han enterado que existe una legislación para todo el Estado que prohíbe determinadas actuaciones.
- si se han enterado de que detrás carecen de mayoría social suficiente para desencadenar un proceso independentista.
- si se han enterado de que en Cataluña no existen condiciones objetivas, subjetivas, ni voluntaristas para la independencia… ni siquiera precedentes históricos para justificarla (fuera de la historia de ficción que se enseña en las escuelas de la gencat).
- si se han enterado que, en definitiva, Cataluña tiene otros problemas, graves y acuciantes y que la independencia, por mucho que los partidos separatas lo proclamen no es la solución a todos los males.

Ahora bien, todo “nacionalista”, por definición aspira a que su “nación” sea independiente, así que un nacionalismo que no concluya en un independentismo es un contrasentido. Lo que ocurre es que la independencia catalana es –se ha visto suficientemente- inviable, así pues ¿qué sentido va a tener a partir de ahora ser nacionalista? 

A fin de cuentas, lo que ha ocurrido es que el independentismo ha matado al nacionalismo. Los muertos solamente resucitan en forma de fantasmas. Y ahora toca, o bien regresar a un nacionalismo amputado de su deriva independentista, lo que supone, en la práctica, dar la razón a Prat de la Riba, Cambó e, incluso, en cierto sentido a Companys (el menos independentista de los dirigentes nacionalistas de ERC en la república). 

En Europa existen precedentes: tras la efervescencia inicial de la Lega Nord en los años 90, lo cierto es que hoy, si el partido ha subsistido no ha sido gracias al “Roma ladrona!”, sino a que ha rectificado sus objetivos: de la independencia a la antiinmigración. El problema para ERC es cómo lograr, a partir de ahora, rectificar sus propuestas y transmitir a las bases lo que algunos dirigentes empiezan a entender: que otro proceso independentista llevaría a una vía tan muerta como la del 1-O y a unas responsabilidades jurídicas, graves, especialmente en un país en el que, constitucionalmente, no existe la posibilidad de una amnistía.

Estamos seguros de que en la próxima campaña electoral, el independentismo se centrará en la “represión” y en la “libertad de los presos” o en la “violencia policial” el 1-O y, por supuesto, en "el derecho a decidir" (a lo que recuerdo que yo también exijo el derecho a decidir de los padres catalanes en qué idioma quieren escolarizar a sus hijos). E incluso con esos argumentos, es difícil que vuelvan a revalidar las posiciones que tuvieron en las elecciones de hace dos años. Rectificar o morir: tal es la alternativa para ERC y, por extensión para el nacionalismo independentista. Y sólo existe un camino: disminuir la carga nacionalista, volver a planteamientos regionalistas, comprometerse en la gobernabilidad del Estado, todo lo cual significa desandar lo andado desde los años 80 e incluso en anteriores experiencias históricas. Dicho de otra manera: dejar atrás a Macià y volver a Cambó

El que sea la única vía no quiere decir que sea la que vayan a seguir necesariamente. Recordamos que en los años 30 ya se decía en Cataluña: "Ets mes ranci que la momia d'en Maciá" y que hoy se podría decir: "Eres más fantasioso que la presidencia de Puigdemont". El fracaso histórico siempre termina convertido en caricatura.

5. EL GRAN PROBLEMA DE CATALUÑA: ISLAMIZACIÓN Y DESINDUSTRIALIZACIÓN

Desde septiembre los medios de comunicación, el gobierno de la gencat y el del Estado, parecen haber olvidado lo esencial: que hay un terrorismo islámico operativo en España y, concretamente, en Cataluña. Los muertos de las Ramblas y el silencio del Ministerio del Interior han hecho que pasaran desapercibidos algunos detalles de aquel atentado: 

¿Es asumible que un imán de Ripoll (norte de Cataluña), se instale en una urbanización del sur de Cataluña, para realizar un atentado a 200 km de distancia, en el centro de Cataluña, en Barcelona y se arriesgue a transportar en una zona infestada de tráfico y con controles policiales unas furgonetas cargadas con un explosivo inestable? Respuesta: NO. El hecho de que solamente sobreviviera a la explosión un recién llegado al grupo terrorista que estaba haciendo la comida cuando se produjo la explosión hace imposible demostrar algo que, sin embargo, sospechan determinados medios de la seguridad del Estado, a saber: que las furgonetas cargadas con los explosivos que estaban fabricando los yihadistas, no tenían como destino final Barcelona, sino la central nuclear de Vandellós, situada a pocos kilómetros de distancia de la urbanización en la que se produjo la explosión accidental y a la que se podía acceder por una carretera secundaria tranquila, sin apenas tráfico, sin controles y completamente lineal. Y no es lo mismo matar a 18 ciudadanos en las Ramblas que lanzar cuatro furgonetas con un explosivos obtenidos a partir de un centenar de bombonas de butano contra una central nuclear que abastece a toda Cataluña e incluso a una parte del Estado

El que el yihadismo en toda Europa actúe de manera anárquica y desorganizada, sin un centro de decisión y con el Estado Islámico a la desbandada, no quiere decir que algunos de sus líderes no hayan realizado una planificación consciente y maquiavélica de dónde golpear. El “No tenemos miedo” de la manifestación que siguió, apenas conseguía enmascarar el pavor que tienen las autoridades catalanas (y no digamos la población) al yihadismo. Porque, gracias al pujolato, Cataluña se acostó sin inmigración y, poco después, amaneció con casi millón y medio de inmigrantes, en su mayoría islamistas. Durante estos últimos 15 años, la gencat ha comprado la paz étnico-social-religiosa subsidiando a todo este colectivos hasta más allá de lo razonable, pero ¿hasta cuándo se podrá mantener este régimen de “discriminación ultrapositiva sin generar reacciones en la sociedad catalana?

El nacionalismo, difícilmente puede integrar este problema. De la misma forma que carece de respuesta para la segunda cuestión: la economía. El resultado más visible del “procés” y de su debacle final, ha sido el cambio de sede social de más de 2.000 empresas domiciliadas en Cataluña a otras partes del Estado y el traslado de un millar de sedes fiscales fuera del área de la gencat que sí supone la pérdida de entre 5 y 10.000 millones de ingresos en concepto de impuesto de sociedades. Una verdadera  sangría que no está claro que haya concluido. 

Parece lógico que a la vista de lo que ha ocurrido en los últimos meses a Cataluña le sea muy difícil recuperar lo que se ha ido, captar inversionistas y competir con otras regiones del Estado, menos dadas a sobresaltos y “flamaradas”. A esto se une el proceso de desindustrialización propio del sesgo globalizador y que ha hecho perder el 30% de tejido industrial a Cataluña desde el inicio del milenio. Si existió nacionalismo catalán fue porque existía una alta burguesía pujante que quería imponer sus condiciones al Estado Español. Pero hoy Cataluña solamente atrae más turismo que otras zonas del Estado por su situación fronteriza, pero no por su vitalidad industrial, ni siquiera por su riqueza cultural. Y no nos engañemos: ha sido el nacionalismo el que ha generado esta perspectiva (no en vano, como hemos dicho, la alta burguesía catalana solamente mantiene inversiones multimillonarias en el sector de hostelería…

Falta saber ahora el impacto que tendrá el boicot a los productos catalanes en las semanas de Navidad. De momento, parece que las ventas al resto del Estado se han reducido un 30-35%. Es como para darse un canto en los dientes si tenemos en cuenta que, de haber progresado el proceso soberanista, hubieran podido colapsarse. Lo que no quita el hecho de que el futuro económico de Cataluña, después de quince años de borrachera soberanista y de abandono de las tareas de planificación económica para el futuro de la región en la que han incurrido los sucesivos gobiernos de la gencat, sitúe a toda la región en una zona expuesta, con un polvorín yihadista-islamista que supera el millón de jóvenes airados y beligerantes a favor de “lo suyo”.

La poca pericia del ayuntamiento de Barcelona en la resolución de los problemas que van creciendo en la ciudad y el hecho de que "Catalunya" sea el área metropolitana de Barcelona de un lado y la periferia de otro, evidencian aún más la crisis de Cataluña: infraestructuras detenidas (la vista de las obras de la nueva y faraónica estación del AVE en Fabra Puig paralizadas, la atmósfera cada vez más irrespirable de los ferrocarriles suburbanos de la ciudad, el olor a orines de perro, cloaca, porro y gasolina quemada que infestan calles céntricas, la suicidad y la falta de civismo cada vez más extendidos, la pequeña delincuencia omnipresente ante una policía autonómica estática y poco eficiente, todo ello sumado, generan una impresión de crisis y degradación creciente y, lo que es peor, acelerada de la que nadie quiere enterarse ni reconocer, so pena de que redunde negativamente en las encuestas de opinión y en las intenciones de voto. 

6. CATALUÑA ES ESPAÑA… EN LO MEJOR, EN LO PEOR Y EN LO INFAME

Estamos hablando de Cataluña y de su clase política. Pero no olvidemos que uno de los factores que hacen imposible el independentismo es que el “factor diferencial” entre Cataluña y el resto del Estado es mínimo y reducido, hoy por hoy, a la cuestión lingüística. Por lo demás, siempre hemos afirmado que Cataluña es, con Andalucía, las zonas “más españolas” del Estado y esto debido a que en ambas están presentes los mismos problemas: paro, clases políticas parasitarias y clientelares, niveles de corrupción endémica en las administraciones autonómicas, estancamiento político, bajo nivel de las clases políticas regionales, niveles de inmigración superiores a lo tolerable, niveles de consumo de drogas superiores a otras zonas del Estado, existencia de clases funcionariales hipertróficas, etc, etc, etc.

Nos equivocaríamos si atribuyéramos todo esto a “desajustes regionales”: lo son, pero también están presentes en mayor o menos medida en la misma administración central del Estado. Se puede acusar a algunos dirigentes independentistas de corruptos y a otros de ineptos, a casi todos de oportunistas y a todos de bajo perfil… pero esta misma acusación es trasladable y extrapolable a los de cualquier otra autonomía y a los del mismo Estado.

Por eso decimos que Cataluña es España… en lo mejor, en lo peor y en lo infame. Aquí no se salva ni dios y el hecho de que la salvaguardia de la unidad del Estado se haya encomendado a la constitución de 1978, no quita el hecho de que esa constitución era deficiente (quizás necesaria, pero, al mismo tiempo, deficiente) cuando se puso a votación y hoy no sirve para gran cosa (aparte de aportar tranquilidad en lo que a la unidad del Estado se refiere y a garantizar un régimen de libertades formales) y especialmente cuando esta misma crisis independentista, ha sido el resultado de la crisis política desencadenada a partir de la crisis económica de 2007. El verdadero drama hoy es que, la constitución está obsoleta pero no existe absolutamente ninguna posibilidad de variarla más allá de donde acuerden PP, PSOE y Cs. Y podéis estar seguros de que cualquier reforma será para garantizar que las cosas siguen igual.

7.  SIEMPRE HAY VENCEDORES Y DERROTADOS

No resisto a realizar un último comentario que me parece necesario pero que no merece ser tratado más que como apéndice de lo dicho hasta hora. Que el independentismo haya sido derrotado es una cosa. Pero siempre hay “niveles de derrota”. Así mismo, entre el bloque de los vencedores, hay distintos tonos de victoria: para el PP parece que va a ser una victoria casi pírrica, Cs va a erigirse en el verdadero triunfador. Quien desde luego no ha ganado ha sido el “patriotismo identitario”. Éste volverá a estar fuera de las elecciones del 21-D y, por tanto, seguirá sin encontrar su carta de naturaleza: en democracia, si no estás presente en las elecciones, simplemente, no existes.

Después de debacle de PxC hace unos años a raíz del conflicto que se dio en el interior del partido, lo cierto es que los intentos por resucitar la sigla han experimentado una crisis de liderazgo que sigue sin resolverse: no existe ningún líder lo suficientemente enérgico, provocador y carismático para levantar el partido, ni a lo que parece existen ideas suficientemente claras de cómo hacerlo. Así pues, PxC optará de nuevo por tratar de probar suerte presentado unas cuantas candidaturas en las próximas elecciones locales. Por otra parte, la federación Respeto tampoco parece haber estimulado una presencia en Cataluña y optará por hacer lo mismo que PxC en las elecciones locales: pero pasar de 8 concejales y ¿16?, ¿a 12?, ¿a 20?, ni parece la estrategia más prometedora ni la más convincente, ni siquiera sostenible.

Claro está que PxC puede considerarse del lado “unionista”, es decir, está del lado de los vencedores en el triste desafío secesionista. El problema para esta formación es cómo recuperar el terreno perdido en el “cinturón industrial” de Barcelona, cómo hacer oír su voz a la vista de lo limitado de sus medios actuales. Quizás el descenso de la tensión unionismo-independentismo libere espacios que esta formación pueda utilizar como plataformas para relanzarse, pero esto solamente lo conseguirá mediante un análisis político y la redacción de un nuevo programa estratégico que presentar a la sociedad y con el que contra-atacar.

Si PxC no puede alardear de una “victoria”, sí en cambio puede hacer valer el estar “del lado de los que han vencido”. Peor le ha ido a otros sectores surgidos de este ambiente. Por increíble que pueda parecer, un sector –minúsculo, ciertamente- salido del estallido de PxC se sitúa hoy en el terreno “independentista identitario-etnicista catalán”. Si lo recordamos a pesar de que obviamente nunca llegará a consolidarse como fuerza política real, es porque este subgrupúsculo constituye el “enlace” entre la “realidad catalana” y el único partido belga que ha apoyado activamente la presencia de Puigdemont en Bélgica, el Vlaams Belang

Este extremo resulta particularmente triste: la situación en Flandes y en Cataluña son completamente diferentes y no hay absolutamente ningún paralelismo entre Bélgica ("estado tapón" con dos comunidades lingüísticas con raíces completamente diferentes y España, nación histórica, y con una lengua catalana del mismo origen hispano-romance que la española). Simplemente, el corresponsal “español” del VB ha realizado una lectura sesgada de todo lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos quince años y ha concluido que el independentismo identitario flamenco, realmente existente, puede prestar un apoyo al independentismo identitario catalán, absolutamente virtual

Quien ha informado desde España a los dirigentes del VB sobre lo que estaba ocurriendo en Cataluña se ha dejado arrastrar por su dogmatismo etnicista-identitario y se le ha olvidado destacar el hecho más importante y que, sin duda, hubiera recomendado una actitud más prudente para los independentistas flamencos: Puigdemont, Mas, sus apoyos son todos, absolutamente todos, no solamente favorables a la inmigración islámica en Europa, sino los que la han traído a Cataluña y los que incluso hoy la siguen subsidiando. El VB, ignorante de esta realidad, ha caído en el más absoluto de los ridículos apoyando a un pobre paleto exiliado en Bélgica y perdido en su desvarío que sigue pensando que es el “president” de una ficticia “república catalana independiente”, como el chalado que se cree Napoleón en cualquier frenopático.

Es, en cualquier caso, irónico que el único partido europeo que apoya decididamente a Puigdemont sea… el Vlaams Belang y gracias a una información incorrecta facilitadas por su corresponsal español. Y puedo dar fe de que los flamencos son razonablemente dialogantes siempre que se les ponga sobre la mesa argumentos y razones sólidas. Esto no es lo que se trasluce de la web del VB en donde puede leerse: 


La señal más clara que puede enviar Bélgica para rechazar este loco proceso político es, además de garantizar un proceso legal correcto, el reconocimiento inmediato de la república catalana y su gobierno democráticamente elegido". O este otro texto igualmente imperdible: “El 90 por ciento de los catalanes votaron el 1 de octubre por la independencia. La elección de un pueblo para su propio destino no es un crimen" (Tom van Grieken, presidente del VB).  

Explícales a estos que el mismo Puigdemont al que apoyan entusiásticamente es el mismo que elogia al “islam catalán”… basta leer los twits de los dirigentes del VB y los post que colocan en la web oficial del partido para darse cuenta de que quien debía informarles, no lo ha hecho en función de la realidad, sino de su construcción fantasiosa de que existe una “nacionalismo etnicista identitario catalán”, lo que a fin de cuentas abunda en la certidumbre de todo lo que se ha motivo en el terreno independentistas lo ha hecho víctima de ensoñaciones y fantasías delirantes… 

Hay gente que, en definitiva, se apunta a bailar mambos a los que no habían sido invitados, embarcan a otros a hacerlo y, para colmo, el que había llamado a la movida, la CUP, son los primeros en ausentarse del sarao. ¿Díganme si toda esta historia no es lo más ridículo que ha ocurrido en España en cuatro décadas?




lunes, 13 de noviembre de 2017

CATALUÑA: ÚLTIMAS ¿NOVEDADES?



La tensión generada por la cuestión catalana, poco a poco, va descendiendo de intensidad. La semana del 5 al 12 de noviembre supuso otro duro golpe para las cúpulas independentistas y un premio de consolación para el independentismo de a pie con la manifestación “de las antorchas” del sábado que sirvió solamente para demostrar que los medios de comunicación van perdiendo cada vez más el interés por este tipo de convocatorias que, dadas las circunstancias, no aportan nada nuevo. Lo cierto es que Puigdemont lleva ya quince días en Bélgica, que Junqueras y los consellers andan una semana en la cárcel, que “los dos jordis” van a cumplir el mes, que la huelga general se quedó en embotellamiento y que los partidos indepes, incluidos los más radicales, han decidido pasar por las “horcas caudinas” y apuntarse a las elecciones del 21-D. Vamos a intentar dar algunas claves de la situación.

1. 21-D: “HORCAS CAUDINAS” PARA EL INDEPENDENTISMO

Se dice (o se decía antes) que “pasar bajo las horcas caudinas” suponía una gran afrenta o humillación para quien tenía que hacerlo, o bien era sinónimo de hacer algo que no se deseaba. La frase procedía del paso de las legiones romanas por los Apeninos en el 321 a.JC por el llamado “paso de las Horcas Caudinas”, un difícil desfiladero. Los lugareños atacaron y las legiones debieron soportar condiciones humillantes (entre otras pasar bajo una lanza horizontal, lo que les obligaba a agacharse o bien salir del trance vestidos solo con túnica). La frase, como todo lo que se refiere a la historia, ha caído en desuso… pero es, justamente, lo que han tenido que hacer todos los partidos independentistas: PDcat, ERC y CUP.

Fijémonos lo que supone:

- el reconocimiento tácito de que la “república catalana” es una ficción y que carece de capacidad para convocar elecciones por iniciativa propia.
- el reconocimiento, por tanto, de que el “procés” ha fracasado y que el lustro perdido en alcanzar ese fin se ha saldado con un cero absoluto.
- el reconocimiento, igualmente tácito, de que la “Generalitat de Cataluña” es un organismo “colaborador del Estado Español” en la gobernabilidad de una región y no una estructura que pueda hablar de igual a igual con el Estado sino que está subordinado a éste.
- el intento de no quedar fuera del sistema de subvenciones que mantiene con vida al independentismo y que se produciría si estos partidos no acudieran a las elecciones.

Esto es particularmente dramático en el caso de la CUP que ayer se enfrentó a un dilema que hace prácticamente imposible su existencia en el futuro: porque, éste partido, el único animador de los “comités de defensa de la república” va a tener dificultades en explicar cómo sigue sosteniendo que el proceso independentista ha concluido con el DUI y que, a partir de ahora, se trata de “vivir independientes” (como “ha decidido el pueblo catalán” por votación de su parlamento electo… o al menos de los diputados que se quedaron en la sesión) y al mismo tiempo, reconoce la autoridad del Estado Español para convocar unas elecciones en virtud del artículo 155.

Puede decirse que la CUP y el propio Puigdemont han caído víctimas de su maximalismo. Éste les ha cortado la retirada y, sobre todo, ha hecho muy difícil toda marcha atrás tratando de diluir la frustración y la sensación de derrota que están experimentando.

2. JUNQUERAS, PRÓXIMO PRESIDENTE DE LA GENERALITAT

Cuando alguien pasa por las “horcas caudinas” es que ha sido derrotado. Lo que ocurre es que existen “dulces derrotas” y “amargas derrotas”. La que se le viene encima a Puigdemont y a exCiU, hoy PDcat, va a ser una muy amarga derrota. La victoria presumible de ERC que contará con votos llegados de exCiU e incluso de desengañados por el ultrarradicalismo extraterrestre de la CUP (único responsable de los “embotellamientos” que tuvieron lugar en la jornada de protesta por las detenciones de miembros del govern) llevará a Oriol Junqueras a la presidencia de la Generalitat. Será, sin duda, el partido mayoritario. Derrota, desde luego más dulce.

Ahora bien, eso no quiere decir que todo vaya a seguir igual. Por muy bajo que sea el sentido de la realidad de Junqueras y de la dirección de ERC, los días de prisión y el calvario judicial que tienen por delante, les debe de inducir –si queda en ellos alguna neurona que no se haya contagiado por cinco años de triunfalismo, la borrachera independentista y el negarse a reconocer la realidad–, a reflexionar. La única consecuencia a la que pueden llegar era aquella a la que muchos habíamos llegado ya hace quince años: la independencia es imposible porque ni existe “mayoría social” a su favor, ni existe una situación internacional en Europa favorable para ella. Así que obstinarse en seguir esa línea es dejarse llevar inercialmente por la vía muerta en la que se encarriló ERC desde finales de los 80. La única salida para ERC es configurarse como un partido de “izquierda nacionalista catalana” en lugar del partido “radicalmente independentista” que es ahora. Eso implicaría renunciar a su pasado. La otra alternativa es la desaparición a largo plazo por incapacidad para alcanzar sus fines.

Estas elecciones conllevarán la desaparición completa del “nacionalismo moderado” que, en este momento está únicamente encarnado por Santi Vila (veremos lo que tarda en abandonar el PDcat). Así pues, sean cuales sean las simetrías electorales, ERC tratará de gobernar con lo que quede del partido de la Colau, algún diputado de PDcat y con el apoyo exterior de lo que quede de la CUP. La ruptura entre la Colau y el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona indica a las claras cuál que el portento de oportunismo cambiochaquetista de la más que mediocre alcaldesa de Barcelona ha optado por apuntar a la Generalitat y apoyar el gobierno de coalición en la gencat que se anuncia para fin de año.

Cualquier otra vía está cerrada: si Junqueras, hombre que actúa más por los empellones que recibe por detrás que por iniciativa propia, persiste en la vía independentista, el artículo 155 seguirá siendo la “espada de Damocles” que impedirá un normal gobierno de la comunidad autónoma catalana. Su alternativa personal es: o seguir avanzando a empujones de los de atrás (y sufrir las consecuencias judiciales), ser un líder con iniciativa propia (y por tanto rectificar), o abandonar la política (y volver a un muy modesto puesto de profesor de historia en cualquier instituto de secundaria.

3. EL BOLSILLO Y LA EDUCACIÓN ES DONDE LES DUELE

Han pasado apenas dos semanas desde que se aprobó la aplicación del artículo 155. Sería inútil decir que Cataluña está como si no hubiera pasado nada: han pasado muchas cosas. La primera de todas es que los distintos sectores nacionalistas empiezan a ver que ya no disponen de la liquidez suficiente para seguir adelante con su faraónico ritmo de publicidad. La primera víctima es el diario Avui, deficitario desde el inicio de su andadura en los 70 (allí se quemaron buena parte de los fondos de Banca Catalana; en eso y en el apoyo al Omnium Cultural) y que al ver cortados los subsidios ha tenido que despedir a la mitad de su plantilla (49 trabajadores). Cabría preguntarse cómo un medio que en la actualidad es residual, puede contar con un centenar de trabajadores sin tener apenas lectores… La respuesta es clara: la teta de la gencat proveía, así que… El problema es que ahora ya no va a ser tan sencillo –mientras Montoro controle los gastos de la Generalitat- entregar subsidios como los que han beneficiado al Avui desde su lanzamiento. Y lo mismo puede decirse de la "prensa digital nacionalista" que está en todavía peor situación.

La falta cada vez más acuciante falta de fondos se ha manifestado también en el “caso Artur Mas”, cada vez más airado por la falta de colaboración que registra en el pago a la multa de ¡5.000.000 de euros! a la que fue condenado por los hechos del 9-N. Artur Mas creía que podría pagar la multa mediante suscripción pública, a través de la póliza de responsabilidad civil suscrita por la Generalitat o mediante algún “fondo de reptiles” que le costa que existe en poder de Puigdemont… Pero nadie parece dispuesto a dar más allá de un billete de 20 euracos por el iniciador del “procés”. Los fondos que la gencat ha logrado eludir (se habla de 800 millones de euros lo que parece excesivo) no durarán eternamente, especialmente porque

- las campañas electorales que se avecinan son costosas y el Estado está muy observante de que ningún funcionario de la gencat realice desviaciones presupuestarias,
- todavía quedan por pagar las fianzas de Junqueras y de los consellers.
- se prevén multas y obligación del retorno de los dineros “desviados” durante el “procés” para eludir la acusación de malversación de fondos.
- los bancos no están muy predispuestos a conceder pólizas de crédito a los partidos indepes por múltiples razones; es más: cuando se serenen los ánimos, lo más probable es que empiecen a apremiar a ERC y al PDcat para que pongan sus pólizas a cero.

No es raro que los más conscientes de ERC no se hagan muchas ilusiones sobre el futuro; les quedan los “premios de consolación”: alguna manifestación como la del sábado -manifestación ad usum delphini-  que deslumbre por la presencia de antorchas, el ser el partido mayoritario en las próximas elecciones y… poco más. Pero lo cierto es que, en Cataluña, los problemas económicos se viven con singular intensidad y son el único contacto que todavía mantienen los independentistas con la realidad.

En cuanto a la educación, el otro factor que el independentismo considera “intocable”, seguramente lo es. El Estado no parece muy interesado en este momento en atacar en esa dirección, pero tampoco parece que el poder judicial vaya a dejar pasar la utilización de menores como argumento de propaganda. Lo que va a ocurrir –posiblemente en los próximos días- es que se sustanciarán las denuncias formuladas por padres de familia por “adoctrinamiento” y se investigarán las iniciativas de maestros (buena parte de los miembros de la CUP son maestros de escuela) para utilizar a sus alumnos en acciones de propaganda independentista. Y, al igual que con los mozos de escuadra, alguien tendrá que “pagar el pato”...

4. LA CATALUÑA NO INDEPENDENTISTA

Uno de los efectos colaterales de la crisis independentista ha sido el reconocimiento de que en Cataluña un sector de la sociedad (véase nuestro artículo La Cataluña de los cuatro cuartos), no solamente no es independentista, ni siquiera nacionalista, sino que se siente mucho más apegado al Estado y a la Nación española. Era el pequeño detalle que se le había escapado a los independentistas y que la colocación de Gabriel Rufián en las listas de ERC no bastaba ni remotamente para contrapesar. ¿Cómo queda el “mundo unionista” en Cataluña?

Hay que reconocer que el éxito de la estrategia del Estado en la crisis independentista se ha debido a la flema de Rajoy, pero todo induce a pensar que no será el PP, sino Cs, quien se beneficie del fracaso del intento secesionista. Las encuestan dan a Cs un espectacular ascenso en Cataluña. Se verá recargado con votos procedentes del PSC y por decepcionados de la izquierda podemita y de la Colau (la izquierda catalana todavía no ha comprobado que el situarse en medio, entre indepes y unionistas, no da resultado especialmente en períodos de mucha tensión y de decantación de las posiciones). En cuanto al PP posiblemente se lleve algunos votos del viejo nacionalismo moderado, pero, en cualquier caso, su ascenso será menor que el de Cs.

El PSC es un caso aparte: en esta ocasión comprobaremos lo que queda del partido y si logra recuperar algunos votos fugados a la galaxia podemita. Si lo hace será a condición de realizar una campaña fuerte, agresiva y con propuestas netas… La del “federalismo” en la que se enroca regularmente y que parece que será el leit-motiv en esta ocasión, le augura malas perspectivas. No puede proponerse algo en lo que casi todos convienen que genera más problemas que soluciones.

La campaña del mosaico independentista será victimista y lacrimógena, propia de derrotados que solamente aspiran a que sus líderes no salgan muy malparados de la aventura judicial que tenían al final de la vía muerta independentista. La campaña “unionista” exigirá reconocer las realidades y “gobernar Cataluña”. Hay que permanecer muy cauto ante lo que dicen las encuestas: el “voto oculto” sigue presente especialmente en el sector unionista, pero todo parece indicar que los independentistas tocaron techo en las anteriores elecciones y que presentarse divididos les va a perjudicar. No olvidemos, además, que los márgenes del independentismo están ahora convertidos en un sumidero de decepcionados y confusos, muchos de los cuales se sienten engañados, sino traicionados, por quienes les convencieron de que la independencia era posible y, a la hora de la verdad, han huido a Bélgica y cada día tratan de desandar lo andado.

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Esto es lo que se refleja desde el más absoluto desapasionamiento, mirando las calles, hablando con las gentes y valorando cada noticia según el medio que la emite. ¿Mi opinión resumida? Esto aburre y cansa. Nadie puede sentirse satisfecho de escribir la crónica de cómo unos políticos impresentables y tontorrones han logrado partir en dos a la mitad de la sociedad catanala (porque la otra mitad es completamente indiferente al "unionismo" o al "independentismo"...). Y, por cierto, lo más lamentable de la crisis es que nadie recuerda que el verdadero problema de Cataluña no es este triste proceso que agoniza desde el mismo momento en que un grupo de pobres alucinados lo impulsaron, sino el TERRORISMO YIHADISTA QUE, ANTES O DESPUÉS, VOLVERÁ A LLAMAR A LA PUERTA EN LA MEDIDA EN QUE CATALUÑA ES LA REGIÓN MÁS ISLAMIZADA DEL ESTADO ESPAÑOL.