jueves, 17 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (245) – ALGO ESTÁ CAMBIANDO EN EL MUNDO (1 de 3)

Hay que leer las páginas económicas y, sobre todo, los informes especializados que no llegan a la prensa, para advertir que en estos momentos se están produciendo cambios en la tendencia económica que afectarán a nuestro futuro. Y son cambios en cadena. Ya resulta difícil entender cómo, al producirse la primera gran crisis de la globalización, en 2007-2008 (negada hasta la saciedad por un tontorrón llegado de carambola a la presidencia del gobierno en España) los gobiernos de todo el mundo no adoptaron medidas al comprobarse que el mundo era demasiado grande y, sobre todo, demasiado desigual para que existiera -en ese momento- una economía mundial globalizada. Pues bien, ahora nos aproximamos a la segunda gran crisis de la globalización. Si los gobiernos que comían de la mano de los “señores del dinero” que eran los que dictaban las reglas del juego (y las siguen dictando), en esta segunda, algo está cambiando también en el terreno político.
En efecto, lo que está ocurriendo en estos momentos en Francia -la revuelta de los “chalecos amarillos” frente a la que la “revolución de mayo” del 68 fue un juego de niños y la “intifada urbana” de 2005 no pasó de ser una travesura de las “bandas étnicas”- indica que las clases medias ya no pueden más: en un tiempo récord, el “presidente” Macron se encuentra en las horas más bajas que haya sufrido un mandatario francés después de la derrota ante Alemania en junio de 1945… ¿Qué ocurre? Ocurre algo tan simple como que el electorado va por un lado y el poder económico intenta ir por otro: Macron no es más que el delegado del poder político que, amparado por la Brunete-mediática se encaramó en la presidencia engañando al electorado y contándole que podía solucionar sus problemas. Luego, una vez en el poder, ha decepcionado a todos sus electores. Sí, esto es algo normal en política, pero, a fuerza de hacerse una y otra vez, el electorado ha ido cambiando, gustos, preferencias y actitudes.

Si miramos en el mapa de Europa se cumple lo que auguramos cuando se inició la crisis económica de 2007-2008: ésta sería, inicialmente, sólo económica, pero al generar un volumen de paro insoportable y, consiguientemente, de malestar social, mutaría en poco tiempo en crisis social y, de persistir, terminaría siendo una crisis política. Entonces -y pueden leerse todos los artículos que escribimos en aquellos momentos- nos fijábamos solamente en España, pero ahora podemos constatar que se ha tratado de un efecto mucho más amplio que abarca a toda Europa e incluso al continente americano: ahí están Bolsonaro y Trump en sus cargos evidenciando que la crisis social ha llevado directamente a un cambio de orientación político.

Porque una cosa era que estallara la “burbuja inmobiliaria” (primera fase de la crisis) y que, en la fase actual, el grueso de las viviendas ya no sea comprada por ciudadanos de a pie, sino por grupos económicos que las destinan al turismo o bien se trata de clientes de “alto standing”. El fenómeno de las microcasas en los EEUU o de los pisos compartidos en España (1.000 euros por cuchitriles en los que se albergan tres treintañeros, algo habitual en Barcelona), la incapacidad para formar familias (que no se resuelve publicitando los “nuevos modelos familiares” o con inmigración masiva), los bajísimos niveles de ahorro, la pérdida constante de capacidad adquisitiva y el hecho de que los ciudadanos que tienen una nómina se vean presionados por impuestos cada vez más asfixiantes destinados a pagar a Estado que no quiere enterarse de que la olla a presión social está a punto de estallar, por no hablar de una España inviable con 17 autonomías, todo esto son algunos de los elementos que ya conocemos y que están presentes en nuestra sociedad generando un malestar social creciente. Y lo peor está por venir: cuando la robótica reduzca sistemáticamente los puestos de trabajo, cuando los repositores de los supers se vean sustituidos por robots, las cajeras por chips que calculen automáticamente el costo de la compra con solo pasar cerca del lector, cuando los oficios de la construcción sean sustituidos por prefabricados, cuando los servicios de correos, mensajería y logística, sean realizados por drones y los taxis por coches dirigidos por GPS, cuando los trabajos agrícolas terminen de ser sustituidos completamente por máquinas y, finalmente, cuando la inteligencia artificial pueda reducir el número de técnicos, incluso de abogados, no bastará solamente con autorizar el consumo de cannabis para tener a la población tranquila y somnolienta.



Pero hay algo más: el precio de la gasolina no puede dejar de crecer y, si bien es cierto, que en breve buena parte del parque móvil será híbrido, no es menos cierto que aviones y barcos de mercancías jamás podrán prescindir del combustible fósil… que se va acabando y que, consiguientemente, iniciará un ascenso continuo. De hecho, ya está ascendiendo. Y esto hace que lo que hasta ahora resultaba rentable (fabricar palillos en China y traerlos a Europa en barco), a partir de ahora ya no resulte tan rentable (y sí lo sea, por ejemplo, comprarlos en Polonia). Por increíble que pueda parecer, las cifras del comercio mundial están variando: ¿qué está pasando? Muy simple: la globalización retrocede, la regionalización aumenta. Era evidente que esto podría ocurrir y, de hecho, los economistas de la “revolución conservadora” alemana de los años 30, ya habían previsto ese fenómeno: allí en donde los economistas modernos creen haber inventado la pólvora con la noción de “regionalización”, los economistas alemanes que luego se pusieron al servicio del Tercer Reich le llamaban “economía de grandes espacios”: Europa era uno de ellos. Pero la Europa que se construyó después de la guerra ha terminado siendo una pieza más de la globalización.

Copio y pego de La Vanguardia de hoy: “los intercambios globales han dado en los últimos años un paso atrás, para dejar mayor espacio a las importaciones y exportaciones que tienen lugar en un área regional delimitada”... Es la economía de los “grandes espacios”. El flujo del comercio mundial ha bajado en los dos últimos años a la mitad. Los bienes que se venden al exterior están en todo el mundo en declive. Esto ha hecho que el PIB mundial que, en 2007 estaba en el 28% haya descendido hoy al 22,5%. Incluso la deslocalización está en declive: en la actualidad, sólo el 18% de los intercambios obedece a esta lógica de producción barata y esta externalización sólo afecta al 3% de la fuerza laboral global. En otras palabras, casi ocho de cada diez unidades de consumo que se importan y exportan hoy en día y no sigue el recorrido países de bajo coste-economías avanzadas.

¿A qué se debe este fenómeno? La explicación que da la consultora McKinsey es muy fácil de entender: los países emergentes consumen ahora cada vez más lo que fabrican. Para el 2030, su población representará la mitad de la demanda mundial. Las mercancías no tienen hoy tanta necesidad de desplazarse: se quedan dentro. Es el caso de China. Hoy los chinos tienen cada vez más poder adquisitivo. En el 2007 China vendía al exterior el 17% de lo que producía. Diez años después, sólo el 9% (en Alemania el porcentaje es del 34%). Pensemos en los móviles: hoy los chinos pueden encontrar marcas locales sin tener la necesidad de comprar una extranjera.

Y luego está la logística: las rutas transoceánicas que hacían que fuera más barato un pantalón producido en Bangladesh y vendido a Europa que uno fabricado in situ en el Viejo Continente están cambiando su rumbo. La consultora ofrece cifras concretas: “Desde el 2013, el porcentaje del comercio intrarregional sobre los intercambios globales ha subido un 2,7% (a costa de las operaciones comerciales que tenían lugar entre regiones alejadas), llegando casi a la mitad del total”. Por el contrario, se ha detectado un aumento del comercio en las áreas homogéneas, como la Europa de los 28 y en el seno de la región Asia Pacífico. Para Mc Kinsey “la regionalización es tangible en aquellas cadenas de valor innovadoras, donde ahora hay que integrar los proveedores más próximos”. Dicho de otra manera: la deslocalización es algo que ya empieza a pertenecer al pasado. La robotización de los procesos, por otra parte, tiende a igualar los costes de lo producido en Europa con lo que se produce en otras regiones del mundo. Para la consultora citada, la automatización reducirá el comercio global de bienes un 10% en el año 2030.

Los dos pilares mundiales de la globalización, China y EEUU, tienden en estos momentos a estar enzarzados en una guerra comercial con aumento respectivo de las barreras arancelarias lo que hace que el comercio multilateral global sea cada vez más caro. La oleada de proteccionismo hará que el PIB chino descienda un 1,5% y el norteamericano un 1% en los próximos dos años. Parece poco, pero, considerado en bruto supone una cantidad significativa.

El esquema es el siguiente: la globalización generó crisis económicas, estas, a su vez, generaron, crisis sociales y, finalmente, de ellas se ha recompuesto el panorama político en cada nación… asumiéndose políticas (populistas) que generan, finalmente, la crisis de la globalización. Este es el planteamiento central que lo explica todo.

Ahora hará falta realizar consideraciones sobre las consecuencias político-económicas de todo este proceso y extraer algunas consecuencias.

Parte I – Algo está cambiando en la globalización
Parte II- Lo que queda de la globalización: economía financiera
Parte III – El futuro de la globalización y España

miércoles, 16 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (244) – LAS CUATRO FASES DE LA REVOLUCIÓN CONSERVADORA


Andaba leyendo unos artículos de Julius Evola, escritos entre 1934 y 1943 sobre el Estado. Evola tiene un doble peligro para quienes asumen su obra de manera dogmática: el “escapismo” (utilizar sus texto para una fuga de la realidad: “si estamos en el Kali-Yuga nada puede hacerse sino esperar”) y la “casuística” (encontrar en cada momento la frase de Evola que más conviene para apoyar las propias posiciones, olvidando que su obra abarca sesenta años y situaciones muy diferentes). Pondré un ejemplo relativamente habitual entre algunos “evolianos argentinos”: dado que Evola analiza el Islam y tiene una opinión positiva de esta religión, eso lo entienden como una aceptación de cualquier cosa que provenga del Islam… incluido el yihadismo que no sería sino el peaje que debería pagar occidente por haberse separado de su tradición. Evola, obviamente, se reiría de estas posiciones y él mismo no tuvo ningún inconveniente en variar sus posiciones en varios momentos de su vida. Ahora bien, en la colección de textos escritos para las revistas Lo Stato, La Vita Italiana, Il Regime Fascista e Il Corriere Padano, pueden verse determinadas ideas -que confrontó con Carl Schmitt- sobre la “reconstrucción de la idea del verdadero Estado” y cómo llegar a él. Vale la pena recordar algunas ideas que plantea y que pueden ser considerados como la “estrategia de la revolución conservadora”.

En efecto, Evola, como se sabe, era perfectamente consciente de que el tiempo jugaba contra los principios tradicionalistas que defendía y que experimentaron un momento de ruptura en el mismo instante de la Revolución Francesa. La crisis se agravó con la Revolución Rusa. Por tanto, resultaba imposible pensar en términos de “todo o nada”: resultaba evidente que una “revolución tradicional” (es decir una re-volución que llevara al modelo ideal de los orígenes) era imposible. Así pues, descompuso el proceso de la “revolución conservadora” en cuatro fases que, como los peldaños de una escalera, debían subirse ordenadamente, uno tras otro, en una sucesión inexorable hasta el objetivo final. Los temas que debían presidir cada una de estas fases eran:
  1. Lucha contra el marxismo y sus distintas variedades, reconocibles todas ellas por el culto a las masas.
  2. Lucha contra las concepciones burguesas.
  3. Lucha por la formación de una “nueva aristocracia” y
  4. Lucha por la reinstalación en el centro del Estado de una idea superior de carácter espiritual.
Creo, además, que esta fue una idea que -surgida entre 1934 y 1940- no descartó nunca y en la que siempre se reafirmó. Es importante destacar que esta sucesión de fases debía tener como coronación, siempre en palabras de Evola, no una afirmación del “totalitarismo”, sino del Estado Tradicional. No hay que olvidar que Evola no se adhirió nunca al fascismo y que, como máximo, lo que propuso fue considerar al fascismo como un “estado de hecho” que podría ser rectificado, pero que tenía algunos elementos problemáticos, uno de ellos, el culto a las masas. En su obra El fascismo visto desde la derecha, Evola aborda las diferencias entre fascismo y Estado Tradicional, punto por punto. Pero este extremo no es el que ahora nos interesa, sino la gradación en fases. ¿A qué se debe?

El primer escalón -la lucha contra el marxismo y contra sus avatares posteriores- parece evidente: Evola, a la vista de lo que había ocurrido en la URSS y en los países en los que el comunismo había triunfado, antes y después de la guerra mundial, registraba una especie de regresión final monstruosa, una ausencia absoluta de libertades, la destrucción de cualquier residuo de organización “tradicional”, empezando por la familia y una igualdad absoluta que equivalía a una despersonalización total. No puede extrañar, por tanto, que algunos artículos de Evola en la postguerra, defendieran el alineamiento de Italia con los EEUU o a la misma OTAN. En el fondo, la política del Movimiento Social Italiano se inspiraba en las ideas de Evola y ésta era una de ellas (lo recuerden o no sus partidarios en la actualidad: no está incluida en sus grandes obras de pensamiento, pero sí en los artículos que escribió para el Secolo d’Italia o para el diario Roma). Sin olvidar, claro está, que la lucha contra el marxismo moviliza a miembros de distintos grupos sociales que “reaccionan” ante la posibilidad de que el Estado caiga en sus manos. Hasta aquí, esta postura no deja de ser la propia del centro-derecha y si todo terminara aquí, la propuesta de Evola no sería muy diferentes de las que hace cada mañana Jiménez Losantos desde sus ondas de radio. Pero Evola enunciaba un segundo peldaño.


El antiburguesismo era la segunda exigencia que habría que ondear en el momento en el que el “peligro comunista” quedara erradicado. Porque no se trataba de aceptar la instauración de unos valores burgueses y de las concepciones que, históricamente, han acompañado al nacimiento de la burguesía, del liberalismo y de las revoluciones que encabezó a partir de la Revolución Americana y de la Revolución Francesa de finales del XVIII. Es aquí en donde aparece la ruptura entre el centro-derecha liberal y las corrientes tradicionalistas: en la aceptación o no de la economía de mercado y de sus principios. Así mismo, la doctrina del burguesismo está ligada a la partidocracia y al republicanismo en lo político y en los hábitos sociales al conformismo, a la vida cómoda, al sentimentalismo y a los valores del romanticismo. Una actitud como esta no puede adoptarse en la etapa anterior: si se reconoce que el peligro más extremo es el bolchevismo, se trata de aunar fuerzas para erradicarlo, pero una vez conseguido este objetivo, se trata de tener presente que este no era el objetivo final, sino el primer objetivo intermedio: el siguiente es la lucha contra aquel elemento que ha hecho posible la existencia del bolchevismo, la burguesía industrial y su paquete de ideas.

Puede decir que el fascismo realizó estos dos objetivos e incluso que instauró unas concepciones activistas y antiburguesas, pero no fue mucho más allá, salvo en determinados sectores de la “revolución alemana”, fuertemente influidos por las ideas de los “jóvenes conservadores”. Estos sectores defendieron la creación de una nueva aristocracia para asumir las riendas del Estado. Esa “nueva aristocracia” debía tener la forma y la ética de una “aristocracia guerrera”, no tanto por su belicismo como por asumir y encarnar los valores militares. Evola, en algún momento, en los años treinta y especialmente en sus giras por Alemania y en sus conferencias en el Herrenklub, sostenía -y en esto su posición era la misma que en España sostenía la revista Acción Española- que la aristocracia de la sangre debía asumir de nuevo sus responsabilidades y configurarse como nueva élite de la nación. Evola lo resume así en un artículo publicado en Lo Stato (en febrero de 1943): “Es una nueva época aristocrática lo que debe afirmarse más allá de la decadencia burguesa de la civilización occidental”. Para Evola, son los valores que se enseñan en las academias militares y que permanecen recluidas en los altos muros del ejército, los que deberían informar a una “élite” en cuyas manos estuvieran las riendas del nuevo Estado. Aquí, la posición de Evola se distancia del tronco central de los fascismos que, en el fondo, fueron movimientos de masas, antidemocráticos, antiburgueses, antibolcheviques, pero totalitarios y sin que la idea de “élite” estuviera presente en su tronco central.

Llegamos finalmente al último punto: la finalidad de un Estado Tradicional es la construcción del Imperio entendido como la adquisición de una “potencia” que responda a una superioridad de carácter espiritual. Este es quizás el gran problema del tradicionalismo: hasta los años 60, estaba claro que cuando, en Europa, se hablaba de Tradición espiritual viva, se estaba aludiendo al catolicismo. Tras el Vaticano II, ya no está tan claro si existe o no esa referencia y sobre si la línea de la Iglesia la sitúa como una fuerza más de la modernidad, ni siquiera si está en condiciones de que sus valores sirvan para forjar una élite. No creo que en la actualidad, muchos alberguen esperanzas sobre el magisterio de la Iglesia en materia política y no solo política. Lo que Evola sostiene es que un Estado debe basarse en un “principio superior” y que ese principio, en tanto que “superior” no puede salir de las masas (porque, metafísicamente, lo superior no puede nacer de lo inferior).

Si en este último punto subsiste la “duda razonable”, se debe a que nos encontramos en momentos de transición que se caracterizan por una confusión de ideas, propio de tiempos de crisis, y por la persistencia de rescoldos de las viejas tradiciones. El tiempo y el viento -como en la canción de Bob Dylan- traerán algunas respuestas y solo el tiempo nos dirá cómo serán las síntesis del futuro que sustituirán a los actuales valores e instituciones espirituales periclitadas: de la misma forma que el paganismo en su ocaso fue sustituido por el cristianismo, en el ocaso de este aparecerá alguna otra fórmula que pueda ser tomada como referencia para coronar al “Nuevo Estado” con un principio superior digno de tal nombre.

martes, 15 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (243) – LOS CUATRO “EPISODIOS NACIONALES” DE ENERO 2019


Desde principios de enero, la actualidad política está marcada por cuatro episodios sobre los que se centra la actualidad. Vamos a examinarlos de más importante a menos importante. Enumerémoslos antes: 1º) Las cifras económicas se han torcido, 2º) Imposible apaciguar a la bestia independentista, 3º) Recomposición de la derecha y 4º) Mala reacción de la izquierda ante la derrota en Andalucía.

1) Las cifras económicas se han torcido

Era de esperar: los informes interiores que elaboran las instituciones financieras venían previéndolo desde el mes de mayo por mucho que no lo reconocieran públicamente y que Pedro Sánchez -economista “cum fraude”, pero economista al fin y al cabo- lo ocultara. Pero, a partir del inicio de la tercera semana de enero ya se conocen los índices económicos que han entrado en números rojos: el paro repunta. En 2018 se han visto afectados por los ERE casi medio millón de trabajadores (26.000 más que el año anterior). Segunda cifra significativa: aumenta el volumen total de subsidios de desempleo: un 18,9% y el de las prestaciones, un 4%, lo que ha obligado al gobierno a modificar las dotaciones presupuestarias en esta materia: 11,603 millones más para dar cobertura a 751.691 beneficiarios. A lo que hay que sumar un incremento del 3,7% en el gasto del “subsidio” de desempleo cuando se agotan las prestaciones. El número de despidos ha crecido en un año un 4,5%: se retorna a la situación de 2010. Hay que distinguir entre “aumento del empleo” y “despidos”: la cifra a la que vale la pena atender es esta última. Frecuentemente, el “aumento del empleo” se sitúa “al alza” simplemente por el número de contratos temporales, pero el despido (procedente o improcedente: el año pasado las empresas realizaron más de 400.000 despidos que fueron declarados “improcedentes” por los juzgados de lo social) es la primera medida que una empresa adopta, mediante el ERE, para tratar de reducir gastos y sanear su economía: y resulta inequívoco que el año pasado han aumentado los despidos, especialmente en las grandes empresas. En total: 440.785 despidos, la mayoría con contratos estables, mientras que otros 25.910 se han visto sometidos a suspensiones temporales de empleo. La cosa pinta mal para el empleo: las grandes empresas, Vodafone, CaixaBank, Ford, Celinex, WiZink, etc están estudiando realizar ajustes de plantilla que en algunos casos llegan a 1.200 trabajadores despedidos.

2) Imposible apaciguar a la bestia independentista

Sánchez ha demostrado ignorarlo todo sobre el problema catalán, su evolución y, por supuesto, su resolución. No es raro, si tenemos en cuenta que su partido en Cataluña, el PSC, ha perdido el norte desde hace más de 15 años en Cataluña y puede considerarse -con el primer tripartito de Maragall- como el desencadenante de la actual situación. El 21-D, en una absurda, inoportuna y grotesca sesión del consejo de ministros en la Lonja de Barcelona, Sánchez trató de apaciguar a la “bestia”… cambiando el nombre del aeropuerto de Barcelona (desde entonces “Aeroport Josep Tarradellas”) y declarando nulo el proceso a Companys. Obviamente, unas medidas tan infantiles no iban a servir de nada. Por entonces, dijo apostar por la vía de la negociación y el diálogo. Pero, diálogo ¿sobre qué? ¿para qué? ¿con qué objetivo? Si el objetivo era desmovilizar al independentismo, la realidad es que éste se desmoviliza solo. De hecho, su última esperanza es lograr una grandiosa movilización popular durante el proceso a los dirigentes indepes que serán juzgados este mes de enero, para “arrancarlos a las garras de la represión”. Proyecto grotesto que encubre la realidad del independentismo: la CUP desfondada y desmoralizada desde el 21-D y el fracaso de su movilización, ERC desorientada y con diversas actitudes, el PDCart vaporizado, Puigdemont con La Crida en su Waterloo particular. Con mantenerse firmes ante el independentismo, las próximas elecciones harían el resto. Sin embargo, el “dialogante” Sánchez ha optado por la peor fórmula: tratar de desmovilizar al independentismo aumentando las inversiones presupuestarias en Cataluña un 51%, pensando que esto bastará para amansarlos. El problema real es que Sánchez depende de los independentistas catalanes y vascos para seguir unos meses más en el gobierno. Eso es todo: en lo que se refiere a los indepes, estos se tomarán la concesión como una “gran victoria sobre el Estado”, en absoluto como un puente de oro para abandonar las posiciones soberanistas imposibles de mantener en la Europa del siglo XXI.



3) Recomposición de la derecha

Las elecciones andaluzas y los cambios previos en el PP han evidenciado la situación de parálisis que vive este partido. Los años de inercia de Rajoy que siguieron al período aznariano en el que la corrupción se apoderó de las estructuras regionales del PP, parecen haber lastrado definitivamente a este partido. La máxima canovista de “sin enemigos a mi derecha”, ha saltado en pedazos con la aparición del “populismo” de Vox y las reacciones del PP, a diferencia de las de otros partidos de la derecha liberal europea, ha sido timorata: Casado ha establecido una política de mano tendida hacia Vox en previsión de la futura eclosión de este partido a nivel nacional que quedará confirmada en su avance en las elecciones europeas y en las municipales. Lo cierto es que, de momento, Casado ha renovado tres de cada cuatro candidatos a alcaldes en las capitales de provincia y el 85% de los aspirantes a gobernar en comunidades autónomas a partir del 26 de mayo. La “era Rajoy” ha quedado atrás. En su mayoría se trata de dirigentes jóvenes y conservadores que no se resistirán a las nuevas alianzas que deberán tejer los populares con Vox tras las elecciones locales y autonómicas. Esto ha generado malestar en el interior del PP en algunas autonomías (Madrid, Cantabria y Asturias). El problema es que Casado en Madrid ha tenido que recurrir a desconocidos situados a la derecha del partido, eludiendo a los dirigentes más conocidos de orientación centrista. Está clara la intención: evitar el “sorpaso” del PP por Vox y facilitar acuerdos post-electorales con esta formación. De la noche a la mañana, lo que ha ocurrido es que no tenemos “una derecha”, sino dos. Y a muchos sectores del PP les cuesta reconocer esta nueva realidad. Lo que se está produciendo en este momento son abandonos de los que han quedado definitivamente desplazados, tránsitos a Vox que está creciendo un poco por todas las regiones, fundamentalmente a costa del PP, y la asunción de un nuevo realismo: si para el PSOE, la pérdida de Andalucía y Cataluña marcaba la imposibilidad de obtener futuras mayorías absolutas, para el PP la irrupción de Vox por un lado y de Ciudadanos por otro, le sitúa en la misma posición: a partir de ahora, la clase política deberá habituarse a los gobiernos de coalición… en un país poco dialogante. Lo cierto es que el giro conservador en la política española parece imponerse, seguramente como rechazo al 2018 plagado de aberraciones progresistas en todos los terrenos.

4) Reacción de la izquierda ante la derrota andaluza

La izquierda española o lo que queda de ella carece por completo de aquel tono docto e intelectual que tuvo en los últimos años del franquismo. Los intelectuales se movían bien en las categorías marxistas, pero al renunciar los socialistas al marxismo, comprobarse el fracaso de la socialdemocracia durante la crisis económica de 2008, y zambullirse en las aguas turbulentas de la “ideología de género”, la “corrección política” y la “ingeniería social”, lo que ha quedado de “ideológico” es una especie de “catecismo progre” que no admite diálogo alguno, consciente de su debilidad. En lo que se refiere al área comunista, al hundimiento del marxismo siguió el de la URSS, la aparición del ecologismo, la búsqueda de sustitutos que les llevó -y en eso siguen- por el “socialismo utópico” decimonónico, en Podemos, con aroma a pachuli, porro y al son del rap, cambiando la “ideología de clase” por el “apoyo a los grupos sociales”: feministas, GLTB, okupas, inmigrantes… El caos. A lo largo de 2018, los excesos en todos estos ámbitos, las declaraciones histéricas de todos estos sectores, la misma “huelga general de mujeres”, han marcado el “máximo” de esta tendencia: a partir de algunas escenas y excesos, el fenómeno tiende hoy al reflujo y a suscitar críticas cada vez más fuertes. Para colmo, las cifras demuestran que el feminismo no es hoy una reivindicación, sino un negocio que permite desviar fondos públicos desmesurados a iniciativas banales o, simplemente, estúpidas (los casi 30.000 euros destinados a financiar un “mapa del clítoris” no son una excepción). Andalucía era la tierra de promisión de todas estas corruptelas: el truco consiste en que se da una subvención y la asociación que la recibe entrega bajo mano una cantidad al partido que se la ha concedido. Eso es todo. La pérdida de Andalucía significa que este fraude ha terminado. Y eso es lo que no ha podido soportar la izquierda que ha optado por el “que viene el lobo”. Y el lobo tiene forma de Vox. La izquierda española ha recurrido a lo único que sabe hacer: excitar el tic antifascista y no aceptar los resultados de las urnas, apelando a movilizaciones callejeras. De momento, la iniciativa le está saliendo mal: las movilizaciones apenas logran atraer a escoria social en cabeza, engañados en el centro y dirigentes de asociaciones que verán cortada la riada de fondos. Unos pocos cientos, nada grave. Pero los tertulianos de la Sexta, de Quatro, de TVE1, por supuesto de TV3, siguen generando alarma social induciendo a pensar que Vox es la antidemocracia que va a cercenar las libertades públicas. Esta estrategia ya ha fracasado en Italia, en Polonia, en Austria, en Hungría, donde llevan gobernando partidos “populistas” de corte similar a Vox y no se han producido ninguna de las catástrofes anunciadas por la izquierda. Pero, hay que reconocer que, en la actualidad, el tic antifascista es lo único que tienen a mano para mover la calle.

5) Conclusión

Todo gira en torno a las posibilidades de Sánchez para mantenerse en el poder: podría encajar una derrota en las europeas, pero no dos derrotas consecutivas en las municipales-autonómicas y en las europeas. El margen que tiene es muy pequeño y sus concesiones a independentistas catalanes y vascos no le servirá eternamente para paliar su debilidad parlamentaria. El tiempo juega en su contra. Cuando más tarde, la situación económica se irá torciendo más y más, sin descartar un nuevo estallido de la burbuja inmobiliaria, diferente del anterior, pero no por ello menos impactante para una economía cada vez más dependiente del monocultivo turístico.

Las encuestas que se van realizando estas semanas distan mucho de ser confluyentes, porque la política española tiene hoy un carácter mucho más fluido que hace unos años en los que la única opción era PP o PSOE. Ahora el elector tiene cinco opciones a elegir, cada vez se siente menos atado a alguna en la medida en que lo que venden los estrategas electorales ya no son siglas de partido, sino rostros y estos varían constantemente así como el tono de sus declaraciones. En síntesis: la derecha crece, pero este crecimiento se produce por su vertiente “populista”, mientras decrece su vertiente “liberal”; el centrismo crece y crecerá en tiempos de crisis, pero tiene poco que ofrecer en situaciones de normalidad; el magma de la izquierda, progresivamente fragmentado se debate en una falta absoluta de proyecto y sobredosis de tópicos progres, cada vez más extremos; y los nacionalismos esperan que otra crisis económica ponga al Estado en situación de debilidad y facilite su centrifugación. Y son conscientes de que la izquierda contribuye más que la derecha a allanarles el camino. Esta es, por cierto, otra de las razones de la contracción electoral de la izquierda: su ambigüedad ante el independentismo.

Hay dos dudas en el panorama. Los que temían un “contagio populista” en la política española, son perfectamente conscientes de que el contagio ya se ha producido. Su duda -y la de todos- es hasta qué punto Vox soportará las campañas en contra que se han desatado desde la noche en la que se conocieron los resultados andaluces y cuál será su techo electoral. La otra duda es el tiempo en el que Sánchez logrará mantenerse en La Moncloa: solamente lo conseguiría logrando un éxito nítido en las cifras electorales de la primavera. Si no es así, las elecciones generales estarían cantadas en septiembre.

lunes, 14 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (242) – PARA REFERENDUMS SOBERANISTAS, LOS DE HITLER… (A 84 AÑOS DEL PLEBISCITO DEL SARRE)


Hoy se cumplen 84 años del referéndum mediante el cual el Sarre se reincorporó al Estado Alemán después de doce años de ocupación francesa. Hubo un referéndum controlado internacionalmente por la Sociedad de Naciones y convocado por el Canciller Hitler que dio como resultado un 91% de votos favorables a la reincorporación. Sin lazos amarillos, sin ilegalidades y son dudas sobre la limpieza de la consulta y sobre la voluntad popular. Todo un ejemplo para los soberanistas catalanes que mitifican el 1O, realizado sin garantías de ningún tipo, convocado ilegalmente y en el que, a pesar de los fraudes, sostienen que ganaron… La historia sigue siendo el mejor proveedor de casuística para demostrar donde está la realidad y quién se refugia en fantasías.

El 11 de enero de 1923, las tropas francesas, auxiliadas por unidades del ejército belga, habían ocupado la región del Rhur en represalia por un retraso en el pago de indemnizaciones de guerra por parte de Alemania. Obviamente se trataba de una excusa, el interés francés estaba puesto en amputar la región del Rhur y, por extensión, toda Renania al país vencido en 1918. Las minas de magnesio, uranio y los yacimientos de petróleo atribuían una extraordinario importancia geoeconómica a la región y, por lo demás, la cuenta del Ruhr era el primer pulmón industrial de Alemania. Ya en el tratado de Versalles se estableció que la zona debía estar completamente desmilitarizada para garantizar su seguridad a los países del Benelux y a Francia. Se prohibía al gobierno alemán construir fortificaciones o mantener tropas en la orilla izquierda del Rihn en una faja de 50 kilómetros a la derecha. Los pactos de Locarno confirmaron esta cláusula. También se establecía el derecho de los aliados a invadir la zona si Alemania incumplía alguna cláusula del Tratado: y esta fue la excusa –un simple retraso en el envío de 3.000 troncos para postes telegráficos– para invadir la región. Se sabe lo que ocurrió después: huelga general primero, resistencia pasiva y cadenas de atentados de los supervivientes de los freikorps que dieron al NSDAP alguno de sus primeros mártires.

Los franceses siguieron ocupando Renania hasta 1930 y se retiraron cinco años antes de lo que establecía el Tratado de Versalles como signo de buena voluntad (en realidad, la crisis de 1929, había golpeado a Francia y le impedía tener un cuerpo expedicionario acantonado en Renania), pero subsistía la prohibición de que Alemania no pudiera tener tropas en toda la región (que suponía una séptima parte del total del territorio alemán. Esta prohibición era lo que esgrimían los nacionalistas alemanes para considerar que el agravio seguía en pie y que solamente cuando pudieran moverse con libertad tropas regulares del ejército alemán en la zona, esta volvería a ser libre e incorporada de pleno derecho a la Nación. Catorce millones de alemanes estaban todavía discriminados por las cláusulas del Tratado de Versalles.


En este tratado se establecía, además, que la región el Sarre (poblada por 800.000 alemanes) sería administrado durante quince años (de 1920 a 1935) por la Sociedad de acciones y luego se celebraría un plebiscito para que la población decidiera si deseaba incorporarse a Francia, a Alemania o seguir bajo administración internacional. La zona era una de las más ricas de Alemania y –dato esencial– sus ricas minas de carbón fueron cedidas a Francia que, además había impuesto que, en la Comisión Internacional que administraba el territorio siempre figurara un representante francés. Francia se hacía la ilusión de que los habitantes del Serre, en el futuro no desearían la incorporación de su territorio a una Alemania rota, vencida y dividida y que optarían por mantener el estatuto (que, en la práctica implicaba un control directo por parte de Francia, especialmente de sus riquezas naturales y de su industria) o bien incorporarse al Estado galo.

Cuando se produjo el nombramiento de Hitler como canciller del Reich, el Sarre, en tanto que región de habla alemana, se convirtió en una especie de lugar de encuentro de refugiados políticos de las distintas izquierdas radicales que se sentían seguras allí bajo la protección de la Sociedad de Naciones (Alemania, a todo esto, había ingresado en esta institución internacional tras los acuerdos de Locarno). Hitler tenía la intención de resolver la cuestión del Sarre con arreglo a lo establecido en Versalles así que el 13 de enero de 1935, cuando se convocó el preceptivo referéndum para que la población del Sarre eligiera su futuro, puso toda la carne en el asador.

Es importante recalcar que, el referéndum, realizado bajo control internacional, fue “limpio” en todos los sentidos y su resultado es incuestionable: todas las partes pudieron expresarse libremente y sin cortapisas de ningún tipo. 2.000 electores en libertad, eligieron la opción de incorporarse a Francia, 45.000 se manifestaron a favor de que se mantuviera el statu–quo (la zona bajo control de la Sociedad de Naciones) y 445.000 lo hicieron a favor de reintegrarse en la comunidad germánica. Había votado el 98% de la población y en un 90% apoyaron la incorporación a la Alemania nacional–socialista.  El Sarre volvía a ser parte de Alemania, pero Renania seguía desmilitarizada. Hitler pudo declarar a un periodista norteamericano en el Obersalzberg que “uno de los actos irracionales de Versalles había sido finalmente eliminado” (J. Fest). Pero Alemania era todavía débil para ir más lejos.

El 17 de enero de 1935, la Sociedad de Naciones aprobó la reincorporación del territorio del Sarre a Alemania. Josef Bürckel, uno de los primeros miembros del NSDAP, fue nombrado Comisario del Reich para la reunificación del Sarre. Bürckel había sido uno de los organizadores del NSDAP en aquella región ocupada a partir de 1925. La cuestión era que el resultado del referéndum en el Sarre había sido ampliamente favorable a Alemania, pero Renania, así pues, existía base legal para la reincorporación de este territorio al Reich, pero existía el problema de que en virtud del Tratado de Versalles la zona seguía desmilitarizada. En la práctica el territorio era alemán, pero Alemania no podía considerarlo como propio ni ejercer una soberanía efectiva sobre el mismo.

Quizás los resultados del referéndum del Sarre, la legalidad escrupulosa en función de la que se convocó, la limpieza de la campaña y la nitidez de los resultados, deberían ser estudiados por la gencat para ulteriores aventuras y, por lo mismo, para recordar que la frase “la república catalana no existe, idiota”, es algo más que el exabrupto de un mosso d’esquadra harto de insultos: es la frase lapidaria que figurará en la tumba del proyecto soberanista catalán hasta el fin de los tiempos. Así ni se convocan referéndum, ni se construyen patrias.

http://eminves.blogspot.com/2018/11/la-historia-de-la-revolucion-nacional.html


viernes, 11 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (241) – JOSÉ ANTONIO Y FRANCO: CITA EN CUENCA


Franco y José Antonio, unidos en la muerte por lápidas situadas a pocos metros de distancia nunca se entendieron en vida por mucho que Serrano Suñer, cuñado del primero y amigo del segundo, intentara aproximarlos. A pesar de esa hostilidad, cuando se convocaron elecciones para la circunscripción de Cuenca a la vista de que las irregularidades cometidas en las elecciones de febrero de 1936 habían sido escandalosas, alguien propuso situar en la lista a Franco y a José Antonio. De esta operación política quedan abundantes rastros documentales, si bien difieren las interpretaciones sobre el porqué se malogró la operación. Se trata de un episodio muy poco conocido, que todas las partes han intentado interpretar en beneficio propio o bien (como hizo la “Auténtica” en los años 70 o el FES una década antes) ignorar al no ser reductible a sus esquemas políticos. Sin embargo, el episodio es significativo y, aún hoy, sigue conservando importancia histórica.

Aquellas elecciones parciales (en Cuenca y el mismo día en Granada) fueron una especie de laboratorio de cómo respondería la ciudadanía en circunstancias muy crispadas. La derecha consideró que las circunstancias que se daban en aquella provincia (eminentemente conservadora) posibilitaban el que una serie de líderes “de la derecha” que se habían quedado sin acta de diputado y, por tanto, sin inmunidad parlamentaria, accedieran a ella. Gil Robles cita los nombres: Goicoechea, Lamamié de Clairac, José Antonio Primo de Rivera (añade Gil Robles, “por encontrarse detenido”). Goicoechea (por los alfonsinos de Renovación Española) y Serrano Suñer (por la CEDA, apoyado por Gil Robles), abrieron los contactos con José Antonio. Joaquín Fanjul ofreció a José Antonio su puesto en la candidatura. Enrique Cuartero, otro de los candidatos visitó también a José Antonio para ofrecerle su puesto. Añade López Villaverde: “Hacia el 19 de abril se perfilaba una candidatura compuesta por Primo de Rivera, Antonio Goicoechea, Modesto Gonsálvez –que se negaba a renunciar a la reelección– y un representante de la CEDA a convenir. Pero la presencia de un nuevo candidato, Francisco Franco, trastocó los planes iniciales”.

José Antonio accedió a presentarse como candidato para lograr la excarcelación; pero falta, definir qué impulsó a Franco a interesarse por la candidatura. Los datos están sujetos a controversia. Cuando Franco recibió la primera medalla de oro de Cuenca el 23 de enero de 1952 en el palacio de El Pardo, explicó que se lo propuso Fanjul. Pero Gil Robles afirma que la idea partió de Serrano Suñer y Fanjul no hizo más que cederle el puesto. Por su parte, en la muy “oficialista” biografía de Franco escrita por Luis de Galinsoga se comenta que Franco aceptó la propuesta a poco de ser nombrado Capitán General de Canarias para obtener la inmunidad y poderse mover con mayor facilidad por España para organizar la sublevación. No parece lógico porque en esos momentos, Franco todavía no había decidido sumarse a la conspiración.

Así pues, la candidatura que las derechas querían presentar en Cuenca era “fuerte” al pretender integrar en ella a un representante del ejército, Franco, otro del “fascismo español”, José Antonio, junto a Goicoechea (Renovación Española) y a Modesto Gonsálvez (CEDA); la candidatura era una verdadera “unidad antimarxista”, un “frente nacional”, opción simétrica y especular contra el “frente popular”. El día 26 de abril la Junta Provincial del Censo procedió a la proclamación de candidaturas y en ese momento se conoció públicamente a sus integrantes. El impacto fue enorme en Cuenca y en todo el país. Pocas horas después, Franco renunciaba a integrar la candidatura… y para explicarlo también se difundieron distintas versiones.

Existe una explicación “oficialista exaltada” que cuenta que el “alto patriotismo de Franco”, no quería restarle votos al fundador de la Falange para que recobrara la libertad. Joaquín Arrarás, en la biografía de Franco escrita en 1937 explica que los partidos de derecha ofrecieron a Franco la candidatura “porque era un hombre perseguido y con objeto de darle libertad para organizar la defensa de España”, pero que Franco “rechazó públicamente la oferta porque no creía en la limpieza del proceso electoral ni esperaba nada del parlamento republicano”. En la segunda edición de la misma biografía publicada en 1941, Arrarás elimina esta explicación y la sustituye por otra en la que atribuye la retirada de la candidatura de Franco “a las interpretaciones distorsionadas a las que se prestaba”. Luis de Galinsoga, por su parte, “ofrecía una explicación providencialista: aunque Franco quería presentarse para estar más cercad e Madrid en los preparativos del golpe militar, Dios guió sus pasos para que ninguno fuera dado en falso en el camino de la redención española”. La versión “oficialista moderada”, difundida por Ricardo de La Cierva, explica que Primo de Rivera se opuso a la presencia de Franco porque contribuiría a dar argumentos a las izquierdas que verían en ello una vuelta de tuerca a la alianza cívico–militar anti–republicana.

Es posible que esta fuera la versión oficial dada por José Antonio en la época, pero no parece que incluyera en ella toda la verdad. Mucho más verosímil es la versión que da Brian Crozier: “Franco había defraudado a José Antonio en ocasiones anteriores y, como consecuencia de ello, éste último se negó a ir en las mismas listas que el general y amenazó con retirarse, alegando que no quería asociarse con los militares por ser unos gallinas y Franco el más gallina de todos”. Esta última versión coincide con el estado de ánimo que generó en José Antonio su primer encuentro con Franco en el domicilio del padre de Serrano Suñer y, por tanto, estamos predispuestos a reconocer que se acerca más a la realidad. Parece ser que José Antonio se enteró de la presencia de Franco en la candidatura por un artículo del diario Ya y mostró su disgusto a través de Serrano Suñer, el cual viajó a Alicante para visitarlo en prisión. José Antonio le sugirió que la presencia de Franco en la lista no era oportuna y que fuera a verlo para disuadirle, encargo que Serrano realizó acto seguido.



José Antonio explicó a Serrano que Franco sería un “desastre parlamentario”, carecía de experiencia política: “Lo suyo no es eso y puesto que se piensa en algo más terminante que una ofensiva parlamentaria, que se quede él en su terreno, dejándole a mí este en el que ya estoy probado”. Gil Robles no se sentía con valor para pedir a Franco que retirara su candidatura así que Serrano Suñer vio se desplazó a Alicante para intentar convencer a José Antonio de que rectificara. Pero ocurrió justamente lo contrario y fue cuando Serrano viajó a Canarias para convencer a su cuñado de que se retirara. El argumento esgrimido indica la perspicacia del futuro Ministro de Asuntos Exteriores de Franco: simplemente le comentó que con su falta de experiencia política se arriesgaba a la “humillación pública”. El diario El Debate (CEDA) anunció el 27 de abril que Franco se había negado a firmar su presentación en la candidatura.

Con la retirada de Franco, Manuel de Casanova volvió a figurar en la lista. Pero el episodio aumentó aún más la hostilidad que ambos personajes se profesaban. Franco era consciente de que quien se había opuesto a su presencia en la candidatura era José Antonio. Si a partir de 1937 se produce una visible voluntad de los medios “oficialistas” para velar los motivos por los que Franco presentó y luego retiró su candidatura (y que proseguirán hasta bien avanzada la trayectoria del régimen) se debe a que a partir de entonces ya se estaba procediendo a los primeros pasos en la mitificación de José Antonio y el régimen quería eliminar cualquier rastro de hostilidad entre el “fundador” y el “caudillo”.

Respecto a la actitud de José Antonio, encontramos en la Biografía Apasionada un parágrafo exclusivamente dedicado al episodio en el que se trasluce la opinión “oficial” del sector falangista en relación al episodio conquense. Empieza Ximénez de Sandoval explicando que José Antonio no atribuyó mucha importancia a aquellas elecciones parciales: “El domingo que se celebraron se jugó en la cárcel el partido final del campeonato de fútbol y José Antonio decía con naturalidad que prefería la victoria en aquél que en el escrutinio”. A despecho del resto de testimonios, el “biógrafo apasionado” aporta una versión a la que cabe conceder poca credibilidad, pero que le sirve para, de manera más que forzada, seguir manteniendo su “apasionamiento” por José Antonio y sus elogios a Franco: el entuerto no se debió a la actitud de uno, ni de otro, se presentó José Antonio para poder obtener la inmunidad y Franco para “descubrir enjuagues y estraperlos”, sino a “los Comités electorales derechistas que en febrero le habían negado puesto y a última hora trataban de enfrentar –por vez primera; más tarde lo repetirían con él, uno ya muerto gloriosamente y el otro vivo en la gloria también– su nombre con el del General don Francisco Franco” y prosigue: “Apenas hecha pública la candidatura de José Antonio, un grupo zurcidor y muñidor de concursos políticos, sabedor del prestigio inmenso del General ilustre, lanzó su nombre a una candidatura con la intención malsana de captarle para un núcleo restringido en lugar de para España y apartar a José Antonio de las Cortes, donde su palabra–escalpelo iba a calar todas las inmundicias y cobardías”. Hay que entender que “el grupo muñidor” estaría compuesto, en realidad, por Serrano Suñer y por Gil Robles. Sin embargo, el autor parece ignorarlo cuando elogia, a continuación, el papel de Serrano Suñer del que dice que realizó “la acertada y única defensa” de José Antonio a ser diputado. A despecho del interés de Gil Robles para que José Antonio fuera diputado, como escenificación de la formación de un “Frente Nacional” en el que participaran derecha, alfonsinos, falangistas y militares, atribuye desinterés a la derecha en contar con la figura del fundador de Falange (“Eran tan cómodo para las derechas como para las izquierdas no tener a José Antonio en el parlamento”). La versión es, pues, un verdadero despropósito.

Al repetirse las elecciones conquenses, volvieron a reproducirse también los incidentes y los fraudes electorales. La hostilidad hacia los interventores y representantes de la candidatura falangista fueron, sin duda, los más significativos. Se produjeron tiroteos, palizas, rotura de urnas, falsificaciones de actas, etc. Era evidente que el Ministerio de Gobernación intentaba por todos los medios que José Antonio no se beneficiara del acta de diputado y de la consiguiente inmunidad.

El propio José Antonio comentó en el editorial al número 1 de Aquí estamos (Ximénez de Sandóval dice erróneamente que se trató de un artículo publicado en el diario Informaciones), su crónica de lo que había ocurrido en aquellas elecciones. El artículo tiene una parte irónica (“Soy el candidato más profusamente derrotado que conoce España”), otra en la que resume las irregularidades de las que ha tenido conocimiento y un párrafo de desenlace que se ha convertido en célebre en la literatura falangista: “Primero, derrotados, y luego, perseguidos; al fin, según dicen, disueltos. La Falange no existe; la Falange no tiene importancia. Eso dicen. Pero ya nuestras palabras están en el aire y en la tierra, y nosotros, en el patio de la cárcel, sonreímos bajo el sol. Bajo este sol de primavera en que tantos brotes apuntan”.

Ximénez de Sandoval y otros joseantonianos intentaron por todos los medios eludir el hecho importante de que la polémica desatada en torno a las elecciones parciales de Cuenca había ahondado las diferencias y la antipatías recíprocas entre Franco y José Antonio; para evitar confrontarse a esta realidad, señalaron como culpables a los “muñidores de la derecha” que habrían intentado por todos los medios incluir la candidatura de Franco en detrimento de la de José Antonio y, posteriormente, no protestaron con el suficiente vigor para que se anularan las elecciones a la vista de las irregularidades cometidas. La interpretación corresponde a la tónica que preside la obra, esto es, a la corriente de mitificación de José Antonio, salvaguardando la personalidad de Franco y eludiendo los motivos que le llevaron a este último a concurrir en un primer momento a aquellas elecciones…


jueves, 10 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (240) – ESPAÑA: ÚLTIMA PUERTA ABIERTA A LA INMIGRACIÓN EUROPA


¿Quién iba a decir que Pedro Sánchez es la última esperanza de la izquierda europea? En efecto, el “doctor cum fraude”, el “okupa de la Moncloa”, el “Zapatero versión 2.0.”, el “hombre que nunca fue elegido”, “falconeti”, es lo que queda de la izquierda europea, aquella que se llevó la crisis de 2007. Se entiende perfectamente esa obstinación del que merece todos estos adjetivos, porque España, es hoy por hoy, la última puerta abierta a la inmigración en Europa. Todas las demás, sistemáticamente, se han cerrado. Repasemos un poco:

Lo peor de la crisis económica generó el que las puertas de Grecia, uno de los países más afectados por la crisis, gobernado casi de continuo por la izquierda, se cerraran. Además, los inmigrantes no quieren llegar a cualquier país, sino a uno en el que los subsidios y las subvenciones estén a la orden del día y ningún gobierno, ni siquiera el de la nueva izquierda griega estaba en condiciones de atreverse a subsidiar el fenómeno mientras reducía los salarios a los funcionarios y a los jubilados.

Luego estaba Serbia, país que tenía una cuenta pendiente con los países de la OTAN (y, con los de la Unión Europea) a causa de los bombardeos gratuitos de que fue objeto en 1999. Como se sabe riadas de inmigrantes turcos y chinos, entraban a través de la frontera Serbia a la Unión Europea, especialmente en dirección Hungría. Pero, desde que Viktor Orban ocupó la presidencia de aquel país y se enfrentó decididamente a la entrada de riadas de inmigrantes, por allí ya no entran más inmigrantes.

A partir de ese momento, la migración se orientó hacia Italia, país que desde principios de la década ya presentaba fuertes resistencias a la llegada de inmigrantes. Las escenas de barcos procedentes de Libia en las inmediaciones de Pantelaria y Lampedusa, generaron el que cada vez más italianos se concienciaron del riesgo. Unos años después, la llegada al poder de la Lega Nord en coalición con el Movimento 5 Stelle y el hecho de que el presidente de aquel partido fuera nombrado Ministro del Interior, cerró definitivamente la “puerta italiana”.

La puerta alemana y, más en concreto, la irresponsabilidad de Angela Merkel a la hora de forzar la llegada de dos millones de inmigrantes en el verano de 2015, haciéndolos pasar como “refugiados políticos”, no solamente comprometió la mayoría absoluta de la Merkel sino que, además, generó la irrupción de Alternativa por Alemania, un nuevo partido cuyo primer punto consistía en oponerse a esta práctica. Las manifestaciones de PEGIDA demostraron que una fracción creciente de la población alemana se oponía activamente a la invasión. En los dos últimos años, la puerta que representaba Alemania se ha cerrado.

Las puertas en Francia y en el Reino Unido permanecen también cerradas. El Brexit y las elecciones presidenciales francesas, supusieron nuevos aldabonazos. De hecho, lo que se votó en el referéndum inglés no fue tanto la permanencia de aquel país en la Unión Europea, sino si se deseaba que la Unión Europea siguiera siendo un colador de inmigración ilegal hacia el Reino Unido. Y la población votó no. El 40% de votos que obtuvo la candidatura de Marina Le Pen en las pasadas elecciones francesas, probablemente hubiera sido todavía mayor, si el Front National hubiera seguido insistiendo en su programa anti-inmigración que recogió el consenso de franceses llegados de todos los horizontes políticos.


Cerradas las puertas francesa e inglesa ¿cuál quedaba abierta? Sólo la española. Apenas han bastando ocho meses del gobierno de Pedro Sánchez para que Vox coagulara a la opinión pública contraria a la inmigración. Pero éste, no se ha dado por enterado y la atávico de los argumentos que sigue presentando para lograr ese fin es sorprendente.

En efecto, parece increíble, pero 23 años después del inicio del fenómeno migratorio, cuando Aznar abrió las puertas alegando que gracias a la inmigración se lograrían pagar las pensiones de los abuelos, todavía algunos siguen pensando de la misma manera, a pesar de que está muy claro que la inmigración recibe mucho más de lo que da y que la inmigración es hoy un fenómeno subsidiado que, para colmo, tira a la baja en los salarios por un simple efecto estadístico. Sin olvidar que la llegada descontrolada de inmigración ha generado efectos secundarios perversos en la sociedad española y especialmente en la seguridad ciudadana.

Todavía hoy, una institución inútil, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, creada en 2013 por el gobierno español “como desarrollo de un mandato constitucional” y encargado de la “estabilidad presupuestaria”, organismo, por supuesto, siempre en manos del partido de gobierno y que avala sus propuestas, ha declarado que “La inmigración se presenta como una de las soluciones más efectivas contra el problema del envejecimiento de la población. La llegada de personas en edad de trabajar y fértil puede ser una de las mejores armas de España para luchar contra el déficit de la Seguridad Social, que amenaza con dispararse en las próximas décadas”...

¿En cuántos inmigrantes cifra ésta “autoridad”, las necesidades de España en materia de inmigración? Sorprendámonos: ¡¡en 270.000 al año! ¡¡hasta 2048!! Lo que… permitiría reducir en un 2,2% del PIB el déficit de la Seguridad Social. Y añaden para avalar el disparate: “La inmigración se presenta como un instrumento más efectivo que la natalidad o la caída de la tasa de paro para reducir el grave agujero de la Seguridad Social. De hecho, sin inmigración, España corre un grave riesgo de entrar en un escenario de ‘japonización’ de la economía, con bajos niveles de crecimiento y altas tasas de ahorro ante el temor de la quiebra del sistema público de pensiones”…

A la vista de noticias como esta, que proliferan cada día, cabe pensar que la única finalidad del gobierno de Pedro Sánchez es el mantenimiento de la única puerta abierta a la inmigración ilegal y masiva en Europa. ¿Dónde está la mentira estadística en las cifras datas por la “Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal”? Es simple: calculan de manera optimista que los 270.000 inmigrantes que entren hasta 2048 -8.000.000 de inmigrantes más que se sumarán a los 9.000.000 que ya se encuentran en nuestro país (entre legales, ilegales, nacionalizados e hijos de todos ellos, lo que supondría ¡¡un tercio de la población española!! De origen no europeo), todos ellos encontrarán trabajo... A nadie se le ocurre pensar que la totalidad de este contingente carece por completo de capacitación profesional y solamente puede realizar trabajos agrícolas o de la más baja cualificación en el sector servicios, su aportación a la seguridad social será mínima; muchos de ellos, incluso, llegan en mal estado sanitario y, para colmo, recibirán salarios propios de tiempo parcial inferiores al mínimo: todo lo cual hará que puedan estar entre nosotros, en el umbral de la pobreza, recibiendo subsidios y subvenciones. Además, no se calcula que, en 2048, incluso la población inmigrante se habrá envejecido y muchos ya estarán jubilados, la mayoría con edad para ello, prejubilados y el resto, cobrando subsidios como hicieron desde el primer día de su estancia en España

Llama la atención como la izquierda europea está alertando sobre lo que supondría la irrupción de Vox en la política española (de momento, sin campaña previa, las encuestas le reconocen una intención de voto del 10% y en algunas comunidades se de como hecho el “surpasso”, es decir el que el PP obtendría menos votos que Vox), mucho más que el PSOE o Podemos. La izquierda europea sabe que, en el continente, ahora solo puede entrar inmigración masiva por España: y no pueden olvidar que han sido comisionados por los agentes de la globalización para este fin, es decir, para hacer digerible el fenómeno migratorio. 

Entendamos bien este punto: Sánchez resiste contra viento y marea unos meses más en La Moncloa, para facilitar la llegada de más inmigrantes al continente europeo. Obviamente, también para lograr que los próximos presupuestos se desvíe una cantidad espectacular de dinero para “políticas de género”, “subsidios a la inmigración” y apoyo a las ONGs que, en un 5-10% serán devueltos bajo mano a los que han firmado las entregas, y en cualquier caso contribuirán al último “reparto de beneficios” siguiendo estas prácticas. Porque, enterémonos, el mapa político de Europa ha dado un vuelco que se confirmará en las elecciones europeas de mayo y también en España está a punto de darlo.

miércoles, 9 de enero de 2019

365 QUEJÍOS (239) – “NARANJITO, APROVECHA HOY QUE MAÑANA NUNCA SE SABE…”


El uso de el color naranja fue lo que permitió que Ciudadanos fuera considerado como el “partido de Naranjito”, el icono de los Mundiales de Fútbol del 82. Pronto, al concluir aquellos fastos, los medios y los aficionados, se olvidaron de Citronio y, en cuanto a Naranjito solamente volvió a ser recordado a raíz de la aparición del partido de Rivera.
Ciudadanos ha sido una opción interesante (obsérvese que utilizo el pasado). En su momento, concentró la respuesta contra el nacionalismo catalán. La timidez del PP en la materia y el hecho de que hubiera sido Aznar quien apuntalase a Pujol en sus últimos años de gobierno, le resguardase de investigaciones de la fiscalía y mirara a otro lado ante la corruptelas de CiU, hizo que una parte del electorado catalán aprovechara el intento de La Caixa de crear una formación nueva de carácter antinacionalista, para traer lo que ni el PP catalán quería protagonizar, ni el PSC estaba en condiciones de hacer: responder al nacionalismo, en las instituciones y en la sociedad. El experimento tuvo éxito y Ciudadanos se llevó los votos de todos los que se oponían a lo que hemos definido como “el viaje a ninguna parte” del nacionalismo y del independentismo. Pues bien, ahí empiezan y terminan los méritos de Ciudadanos. No hay más.

Lo que ocurrió luego fue que el “movimiento de los indignados” y la aparición de Podemos demostró el desgaste de la izquierda y el que una parte del electorado estaba a favor de nuevas opciones. Así pues, en el otro lado del espectro político, a la vista del deterioro creciente del PP, de sus corruptelas, de su incapacidad para mover el “régimen” socialista andaluz, y de su timidez en materia de vertebración del Estado, parecía posible crear una alternativa a escala de Estado utilizando la sigla catalana que, al haber irrumpido en el parlamento autonómico, generó simpatías en otras regiones. Los mismos que habían promovido a Ciudadanos en Cataluña intentaron trasladarlo a nivel nacional. Y aquí las cosas son más complicadas. Porque si en Cataluña estaba claro que votar a Ciudadanos suponía votar contra el nacionalismo, ¿qué contenidos se iba a dar al partido fuera de Cataluña?


Cuando todavía era una pequeña formación regional, Rivera, decía ser “de centro-izquierda” que era lo que parecía estar de moda en la época: no era muy comprometido y tendía a recuperar los votos castellanoparlantes del PSC. Para muchos de los que votamos en aquel momento a Ciudadanos, nos importaba un higo su orientación: nos bastaba con que fuera anti-nacionalista. Ni esperábamos más, ni exigíamos más, incluso sabíamos que el antinacionalismo era una especie de límite de Ciudadanos, más allá de lo cual no había nada, ni podía esperarse nada. Las anteriores elecciones andaluzas en las que, un Ciudadanos dirigido en aquella región por un “routier” político que había pasado por todas las formaciones esperando poder extraer poder de alguna, indicaron a las claras que no podía esperarse mucho más del partido de Albert Rivera.

A la hora de encontrar una ubicación política para “el partido naranja”, alguien descubrió nuevamente la pólvora atribuyéndole una colocación “centrista”: ¿Qué es el centrismo? Es el posicionamiento habitual en tiempos de crisis y transición: la actitud no comprometida en la que cabe todo y en la que todos pueden reconocerse; se presenta como ajena a los errores de la derecha y a los de la izquierda, distante de ambas y en un equilibrio ecléctico perfecto en función de sus intereses personales. Pero una vez terminan los “tiempos de crisis”, los períodos “de transición”, el centrismo entra en barrena, se enreda en multitud de polémicas interiores: ¿con quién pactar? ¿con la derecha o con la izquierda? ¿cómo definirse? ¿socialdemócratas, liberales, democráticos? Rivera elude todos estos compromisos aludiendo al “constitucionalismo”.

España tiene la constitución que tiene porque no existen consensos suficientes para elaborar otra. Rivera la defiende porque fue un producto del “primer centrismo”, el de Suárez, olvidan que en esa constitución están contenidos todos los gérmenes de los problemas que luego se han ido acumulando y que, finalmente, han llevado a un cretino a sentarse en La Moncloa sin que nadie lo haya elegido y sin haber ganado ni una sola elección. Y, por lo mismo, si existe problema autonómico es porque la constitución es materia de vertebración del Estado es más ambigua y amorfa que Miguel Bosé con uniforme de la legión. La nuestra, hay que recordarlo, no es una gran constitución y durante el felipismo, como decía Bob Dylan en la canción que dedicó a Woody Guthrie: “Te he escrito una canción, sobre un mundo absurdo que están cansado y hecho jirones, que parece estar agonizando y apenas sí acaba de nacer”La constitución del 78 es uno de esos documentos que uno da por inevitable en su momento, que luego nadie se ve con valor de cambiar y que todos, abierta o soterradamente, reconocen, siguiendo la misma canción de Dylan que “vinieron con el polvo y se fueron con el viento”. No es como para enfatizar su defensa, como no se puede echar mucho valor al salir en defensa de las gominolas o de los zurullos secos y bien aplanados.

Pero es que, detrás del centrismo no hay nada, ni lo ha habido nunca, ni lo puede haber, aparte, naturalmente, de las ambiciones desmesuradas que contrastan siempre con las posibilidades reales. Suárez ya decía que cuando abandonara la política, siempre podría ser un vendedor de El Corte Inglés. De la misma forma que Suárez solamente estaba preparado para camelar a unos y a otros, Rivera -lo demostró en las últimas elecciones- carece de formación y talla política y hubiera debido reconocer sus carencias limitándose a ejercer sempiternamente como antinacionalista en Cataluña en lugar de aspirar a algo -un liderazgo nacional- que no está al alcance de sus capacidades por mucho que todos los líderes de todos los partidos estén hoy cortados por el mismo patrón y parezcan hechos a troquel. Macron en Francia es el ejemplo, como lo fue Obama en EEUU, del “look” aplicado a la política.

En su búsqueda de apoyos, Rivera ha encontrada un aliado en Emmanuel Valls, barcelonés de origen, francés de adopción, que pasa por haber sido un “enérgico ministro del interior” con Sarkozy y que, en su imposibilidad de escalar más allá en Francia, prueba fortuna en Barcelona. Será el número 1 a la alcaldía de la ciudad por Ciudadanos. Pero Valls ss un fraude. De momento, su condición de masón no lo sitúa como un artífice de alguna conspiración judeo-bolchevique, sino más bien como un trepa que intenta adaptarse a otro país para tratar de llegar a donde no llegó en el de adoptación. Rivera se equivoca si cree que Valls se conformará con ser un concejalillo (o un alcalde de cuatro años) en la Ciudad Condal. En primer lugar, porque llega demasiado tarde: por eficiente que sea su tarea, BCN lleva un cuarto de siglo de desorientación, degradación y gentrificación. En el 2000 quizás la situación podría remediarse, hoy ya es demasiado tarde y BCN es la nueva Marsella del Mediterráneo: ciudad caótica, agresiva, inhabitable, insana y poblada por delincuentes y manteros llegados de toda la galaxia, con millones de turistas deambulando en busca del club de cannabis más próximo, de la garimba a 26 céntimos y de una selfie con el aborto arquitectónico de la Sagrada Familia como telón de fondo. Ciudad con olor a meada de perro, porro, cloaca y gasolina quemada, ¡a ver quién es capaz de repararla y hacerla de nuevo habitable! Valls, desde luego, no.

Valls es un tipo que se ha movido entre los escorpiones más peligrosos de la política gala. Para él, Rivera es solamente un becario de pocas luces. Nada más: aspira a su puesto y quiere para tenerlo, las riendas de la alcaldía de Barcelona. Es un hombre con “voluntad de poder”, no nietzscheana, pero si política. Me recuerda en parte al pobre Zaplana: decía públicamente, primero alcalde de Benidorm, luego presidente de la comunidad valencia, luego ministro y luego presidente de gobierno. Se quedó a medio camino.

Las cosas no siempre salen bien y Valls corre el riesgo -especialmente, después de la irrupción de Vox- de que muchos de los votos que, inicialmente, iban destinado al “partido naranja”, vayan a parar al partido “citronio”, mucho más definido, con mucha más decisión, con menos lastres y más novedoso, que es hoy Vox. Porque con Vox no hay forma de engañarse: nunca pactará con socialistas, algo que Cs ya ha hecho… ¿Para qué votar al candidato escalador-masoncete a la alcaldía de Barcelona si al día siguiente puede apoyar su mayoría en el PSC y en los restos del PDCat?

Ciudadanos llegará en las próximas elecciones municipales del 2919 y a las generales (sea cuando sea que se celebren) a su límite máximo. A partir de ahí empezarán sus problemas. Es lo que tiene el “centrismo”, que nacimiento, desarrollo y muerte están siempre muy próximos. La gravedad de la crisis social, económica, cultural y nacional, es de tal envergadura, que todo lo que no sean soluciones “radicales”, es decir, que apunten a las raíces de los problemas, supone caer en medias tintas y en eclecticismos ambiguos que prolongan agonías. Mejor va siendo que los “naranjitos” se vayan haciendo a la idea de que viene Citronio en forma de eso que se llama “populismo”.