lunes, 18 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (273) – EL CAMINO HACIA LAS ELECCIONES (1 de 3).


Hace unos días temíamos los desmanes y las estupideces cotidianas del gobierno Sánchez. Ahora lo que tememos son tres meses continuados de campaña electoral que van a elevar a alto grado el riesgo de intoxicación política de nuestra sociedad. Como se sabe el nivel de racionalidad en el debate político en nuestro país es mínimo: los tertulianos no responde ni a la lógica, ni al sentido común, ni siquiera a sus distintas posiciones políticas, sino a los roles para los que han sido contratados y, lo que es peor, su bajo nivel, sus fakes, responden igualmente a las orientaciones de las cadenas mediáticas que los contratan. ¿Libertad de expresión? Sí, el que esas cadenas mediáticas ejercen entre sí y a despecho de la verdad. ¿Las encuestas del CIS? El menos fiable de los termómetros políticos pagado con el dinero de todo y cuyas previsiones, más que con escepticismo hay que considerarlas con sentido del humor. ¿Los mítines? Reuniones de devotos aburridos en el que los canales de televisión solamente muestran fragmentos de tales eventos, pero nunca de los presentes, para evitar dar la sensación de que la clase política hace décadas que ha dejado de interesar a la población. ¿Los programas? Documentos hechos para fidelizar el voto de determinados grupos sociales y encumbrar a una clase política que ha aprendido a hacer de la conquista del voto un modus vivendi. Este ciclo electoral, comprimido en unas pocas semanas.

> ¿Por qué se convocan elecciones?

Los sociólogos al servicio de Sánchez, le han recomendado que las elecciones generales tengan lugar antes que cualquier otra convocatoria. Los motivos de este adelante son tres:
  • 1) A medida que pasaba el tiempo, la popularidad del PSOE iba descendiendo y se asistía a una subida de Vox, lo que hacía en su conjunto que el electorado girase hacia la derecha. Así pues, la intención inicial de llegar al final de la legislatura, terminaba disminuyendo las posibilidades electorales de Sánchez. Después de las elecciones andaluzas, la formación del frente “trifálico”, hacía que, a medida que pasaba el tiempo, disminuyeran sus posibilidades.
  • 2) Probablemente, si Sánchez hubiera demostrado alguna decisión a la hora de afrontar el “problema independentista”, hubiera recuperado los votos que le ha hecho perder su indecisión, pero estamos hablando de un individuo sin carácter, con unas ideas políticas esquemáticas, que le impedían ejercer autoridad en la cuestión catalana que, en el fondo, ni entendía, ni le interesaba. Pero al no poder satisfacer ni a los que dentro de su gobierno Frankenstein favorables al “diálogo”, ni a Borrell ni a los barones regionales partidarios de la mano dura, ha tenido que disolver las cámaras, para evitar tener que hacer un acto de autoridad.
  • 3) En las elecciones generales, con una mayor participación, Sánchez calcula salir mejor librado que en las municipales y en las europeas, incluso si obtiene un buen resultado en las generales, puede mejorar algo su posición en las otras dos elecciones. Claro está que es un doble o nada: si en las generales, Sánchez no lograr una sólida posición, el hundimiento socialista puede ser histórico en las dos elecciones siguientes. El problema para Sánchez era que, esperar a convocar elecciones le suponía una merca creciente de votos.

> ¿Qué elecciones se convocan?

Se convocan elecciones generales para el 28 de abril y, cuatro semanas después, el 26 de mayo las elecciones municipales (autonómicas en doce comunidades) y europeas. El sentido común hubiera aconsejado realizar las tres elecciones en un “gran domingo”, pero la lógica rige poco en política y quien las convoca lo hace, de manera calculada, con la intención de vencer y porque cree tener todos los ases en la manga, minimizando los daños que pudiera tener un resultado adverso en alguna de ellas.

Ahora bien, los problemas a dirimir son muy distintos: en las generales, el debate debería ser sobre los “grandes problemas nacionales”; en las municipales un examen a los actuales ayuntamientos y ver si han satisfecho las expectativas de los ciudadanos; en cuanto a las europeas, lo que se dirime es cómo sacar a la UE de su parálisis actual y de la sensación de haberse convertido en un lastre más que en una institución operativa. Pero todo esto va a palidecer: en nuestro país, en el que el debate político está escamoteado por partidos que ya no tienen hombres dispuestos a defender programas, sino funcionarios a la caza de buenos beneficios personales, en el fondo lo que se va a dirimir es, si se produce un giro del electorado hacia posiciones populistas y euroescépticas, o sigue gobernando una mayoría “ultraprogresista”.

> ¿Qué pueden reportar estas elecciones a nuestro país?

Puede ocurrir desde lo menos malo hasta el desastre absoluto. Las encuestas demuestran que el electorado ha castigado los años de corrupción del PP y su indecisión mientras duró el gobierno Rajoy. A la derecha pepera le va a resultar completamente imposible superar a los socialistas, especialmente, porque la novedad es que ya no hay una derecha, sino un centro-derecha, una derecha-liberal y una derecha populista y euroescéptica, en un momento en el que va resultar difícil resucitar a Podemos y cuando los nacionalistas periféricos pueden perder votos, pero no los suficientes como para desaparecer del parlamento de Madrid.

Y luego está el hecho de que, en el interior de Ciudadanos, el oportunismo está presente de la manera más desaprensiva (y suicida). Inés Arrimadas ya ha dicho que podían pactar con la derecha o con la izquierda, porque para eso son “centristas”. Declaraciones como ésta, hacen pensar que Ciudadanos puede mejorar en relación a 2016 y puede ser la llave para gobiernos de coalición. Según las encuestas actuales, sería posible un gobierno de coalición PSOE-Cs (inducido por el enviado de la masonería francesa en el interior de Cs, Manuel Valls)… El problema es qué puede ocurrir si Cs decepciona con su ambigüedad para anunciar pactos previos a las elecciones. Si tenemos en cuenta que, en 2016, Cs atrajo el voto de protesta y el voto antiindependentista, ahora, esta formación se enfrenta a un doble enemigo: un PP que debe afirmar su perfil de derecha, invocando orden y autoridad, y un Vox que va a recoger lo esencial de ese voto de protesta con mucha más comodidad -y derechos- que Cs.


Puede ocurrir de todo: pero casi nada de lo que puede ocurrir es bueno. La mejor opción, por supuesto, sería que el electorado advirtiera que la inteligencia y el sentido común ya no están depositados en la sigla PSOE y que los meses del sanchismo han llevado solamente a un uso y abuso de tres temas: memoria histórica – inmigración masiva – ideología de género. Y que fuera de esta tríada, no hay nada ni serio, ni consistente en el PSOE, salvo una sigla que agrupa a ambiciosos sin escrúpulos y sin ideas, apoyada por el voto de izquierdas cerril de toda la vida. Pero, a pesar de que las encuestas del CIS sitúan el voto socialista visiblemente demasiado alto, lo cierto es que otras más realistas tampoco que se vaya a desplomar de aquí a las elecciones.

Descartada la mejor opción (la desintegración socialista) ¿qué queda?  Un gobierno de coalición Cs-PP con el apoyo externo de Vox, es decir, la traslación a escala nacional del “pacto andaluz”. Es una posibilidad, pero solo a condición de que las tensiones internas en el interior de Cs no estallen hasta unas horas después de cerradas las urnas (Valls propondrá un acuerdo con el PSOE) y solamente a condición de que el frente “trifálico” tuviera mayoría (lo que, en estos momentos, no es evidente que pueda ocurrir: para evitarlo, a fin de cuentas, es por lo que Sánchez ha convocado elecciones.

> ¿La peor opción?

Una victoria relativa del PSOE con unos votos nacionalistas decisivos para formar gobierno y que, por supuesto, caerían siempre del lado socialista (en quienes los nacionalistas advierten esa mezcla de debilidad, “comprensión” y condescendencia que nunca obtendrán del “frente trifálico”. Cualquier cosa que sea la continuación de la presencia socialista en el poder, ya sea apoyado por los votos nacionalistas o aupado por Cs, puede ser considerada como igualmente negativa para la sociedad española que ha tenido suficiente con el último año del gobierno Sánchez.

De todas formas, si Vox queda bien situado en las generales, su posición mejorará con toda seguridad en las europeas. Y estas elecciones son decisivas para el futuro del continente. Lo que nos darán estas elecciones celebradas a escala europea, son, o bien la irrupción de, entre una cuarta y una quinta parte, del parlamento europeo decantada hacia posiciones “populistas” y “euroescépticas”, con lo que habría concluido la época de la inmigración masiva y de la UE=pieza europea de la globalización, o bien un período histérico por parte del progresismo europeo que, ante las resistencias crecientes, optará por abrir durante los cinco años siguiente las puertas de Europa a la inmigración masiva en la esperanza de que el mapa electoral europeo cambie para siempre con los recién llegados. Claro está que Vox -y no sólo este partido, sino buena parte de las formaciones “euroescépticas”- debería madurar mucho su opción en política exterior: no se trata de destruir la UE, sino de reconstruirla sobre bases nuevas. La UE es poco, la no-UE es nada. Vale la pena que no lo olviden porque somos muchos los que pensamos en estos términos.

Ahora bien, en las elecciones autonómicas los socialistas corren el riesgo de perder todas las comunidades en las que están gobernando, si se reproduce el “pacto andaluz”. Esta es la esperanza que queda para que Cs desoiga las voces de Valls y de sus mandiles. En realidad, la lógica dice que, si Cs opta por una política de pactos con el PSOE, iniciará su declive; pero si lo hace con la derecha y logra imponer autoridad y energía en materia independentista, desaparecido el problema, desaparecerá también Cs…

La volatilidad del voto es hoy un nuevo factor político a tener en cuenta: hasta ahora, el voto en la democracia española era algo cerril, los había que durante toda su vida habían votado a la izquierda y otros que lo hacían a la derecha desde la primera ocasión. Las fluctuaciones se producían no tanto por el trasvase de votos de unas formaciones a otras como por las alteraciones en el número de los que iban a votar o se abstenían. En las últimas elecciones en 2016 ya se notó esta “volatilidad”: el electorado, convencido de que la clase política trabaja solamente para sus intereses, opta, no por votar a favor de tal o cual opción, sino en contra de la que más le ha decepcionado.

> ¿Qué riesgos afronta nuestra comunidad nacional con estas elecciones?

Renovación o desintegración. Renovación por la aparición de una fuerza política nueva que, aun sin hacernos grandes esperanzas al estar todavía en sus primeros pasos, supone un elemento nuevo en democracia: nunca hasta ahora había aparecido una fuerza con empuje a la derecha de la derecha liberal

Este es el elemento verdaderamente nuevo del ciclo electoral de 2018: ver si, efectivamente, Vox es un partido transversal y cristaliza como tal, o bien termina siendo una versión “dura” del PP de siempre, en cuyo caso su papel no habrá sido otro que el de dividir a la derecha, o más bien el de volver a los orígenes de la derecha de tiempos de Fraga.

Lo contrario de la “renovación” es la “desintegración nacional” y esta tiene un nombre, un rostro y una sigla: Partido Socialista Obrero Español – Pedro Sánchez – PSOE.

¿Qué debemos tener claro en todo este magma opaco y peligroso?

Sólo una idea: establecer quién es el “enemigo principal” y quién el “enemigo segundario”: los últimos meses han demostrado la peligrosidad de que las riendas del país estén en manos de un partido socialista que ya no tiene nada de socialista y que no es más que un amasijo de ideología de género, memoria histórica hemipléjica y la última puerta abierta de Europa a la inmigración. Cualquier otro adversario es secundario en relación a la peligrosidad mostrada por el PSOE de Sánchez que es preciso arrinconar, y conseguir que desaparezca como ya ha desaparecido de muchos países europeos (Italia) o se ha visto reducida a términos residuales (Francia).

No sabemos lo que puede ocurrir en este ciclo electoral, pero lo que sí debe quedar claro es la naturaleza de porqué el PSOE es el enemigo principal y porqué cualquier otra opción podría ser considerada desde “enemigo secundario” hasta “amigo ocasional” o simplemente “joven promesa”.

Claro está que si lo que se desea es acelerar la crisis y que el régimen político español se hunda cuanto antes, parece claro que la opción debe ser, por encima de cualquier otra, el PSOE. Sí, porque nuestro país no soportaría a un Sánchez 2.0, esto es, a un ZP 3.0…

El camino a las elecciones (1 de 3)
El camino a las elecciones (2 de 3)
El camino a las elecciones (3 de 3)

viernes, 15 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (272) – INMOLARSE EN EL ALTAR DE LA ESTUPIDEZ


Créanme que no sigo el juicio a los independentistas. Con que me informen de la sentencia dentro de unos meses habrá suficiente. Mi impresión es que les van a crujir judicialmente y lo de menos son las condenas de cárcel que en las cárceles catalanas se resolverán con la fórmula “lo comido por lo servido” (si los jueces de vigilancia penitenciaria no lo impiden), donde les va a doler es las inhabilitaciones para ejercer cargos públicos, los embargos de sueldos futuros y de propiedades para afrontar multas, costas y un futuro poco prometedor. La última esperanza de los procesados es que el día 21 la movilización popular sea de tal calibre que conmueva al tribunal y le induzca a la benevolencia.

Como servidor ha estado en la cárcel un total de algo más de dos años (en la Santé parisina, en la Modelo barcelonesa y en Alcalá-Meco) por delito de opinión -sí, por una simple manifestación ilegal, el exilio me llevó a utilizar documentación falsa y de ahí mi tránsito por la cárcel francesa- sé lo que estar en la cárcel y no me alegra precisamente la situación de los presos por el 1-O. Si hay algo bochornoso en todo esto es que el capitán araña de la aventurilla reside en Waterloo como un zar destronado, creyendo que todavía manda a compañías de úsares y de cosacos y puede lanzar ucases como quien lanza migas de pan a las palomas. Pero esta es otra historia. Insisto en que no sigo las vicisitudes del proceso porque creo que las posiciones están muy claras: un conato separatista contrario a la ley y un proceso en el que se juzgan a algunos de sus responsables, pero en el que no están todos los que son. La vida es bella y todo lo que rodea al independentismo es aburrido.

Ayer, precisamente, unos cuantos antiguos camaradas y amigos, nos fuimos de calçotada y en el curso de la comilona me pusieron al día de lo que estaba ocurriendo en el proceso: “mosén” Junqueras ha elegido el papel de nazareno. Carga con su cruz y va de mártir. En Cataluña, ir de mártir le dio buenos resultados a Francesc Macià, fundador de ERC, durante el proceso al que fue sometido por los hechos de Prats de Molló (intento de invasión de Cataluña durante el gobierno de Primo de Rivera, por parte de 200 aventureros, la mitad antifascistas exiliados). Macià era en aquel momento un fracasado (Gaetano Salvemini, liberal italiano lo calificó como “catalán de cabeza hueca”) pero el abogado -masón, off curse, Henri Torres, de ascendencia sefardí, dicho sea de paso- logró convertir ese fracaso en la catapulta que situó a Macià en un lugar clave tras la caída de la monarquía. El resto, lo hicieron el presidente de la República, Gaston Doumerge (masón de grado 33, iniciado en la Logia L’Écho du Grand Orient de Nîmes en 1901, miembro del Partido Radical) y sus Ministros de Justicia, René Renoult, e Interior, Camille Chautemps (igualmente masones de alto grado). Salió de rositas (“lo comido por lo servido”, es decir, el tiempo de detención era el mismo que el que se le condenaba) y nadie le preguntó por el arsenal de armas de guerra incautadas. La República masónica por excelencia, la Tercera República Francesa, protegía a los suyos (todos estos datos, no son facilitados por conspiranoicos antimasones, sino que están presentes en Internet en fuentes de la propia masonería francesa).

Hoy, un vistazo superficial a algunos digitales, explican que “mosén” Jonqueras ha optado por una “defensa pasiva”: sólo contestará a su abogado. Ni al juez, ni al fiscal, ni a la acusación particular. Puede hacerlo, claro está, pero es un suicidio jurídico. Los digitales, que ignoran la historia de ERC, ignoran también que Junqueras -es el más inteligente, con mucho, e incluso apostaría que el más honesto de todos los que se sientan en el banquillo- apuesta por el futuro: “hoy condenado… mañana ensalzado, como el avi Macià”. Un cálculo arriesgado, porque, Marx ya dijo que la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa… Ahora estamos en el período de la farsa, es decir, de la comedia.

Otros medios afirman que Junqueras asume ser el “responsable intelectual” del proceso soberanista. No creo que sea así, pero si lo es, lo que merece es un examen psiquiátrico en profundidad. Aquello fue -y hablo en pasado porque el “procés” fue, pero ya no es- una auténtica locura intelectual, el producto de un mal cálculo sobre el estado de salud del Estado Español, no hubo nada serio ni razonado en toda aquella aventura, tal como se ha visto: apenas un grupo de amigotes que se van calentando y emborrachando ellos mismos con la publicidad que destila TV3 y el RAC y que retroalimentan sus obsesiones con esa misma publicidad. 

¿Junqueras "el ideólog del procés"? Aquí no ha habido cabeza pensante. Como máximo, ese papel debía de atribuirse a Carod-Rovira quien dijo hacia 2003 o 2004: “En 2014, Cataluña será independiente”… A fuerza de repetir el mantra, un grupo de ingenuos unos, de piratas otros, surgidos de los bajos fondos del pujolismo, todos ellos sufrieron el “recalentón” que llevó al “procés”. Eso fue todo. Al margen de lo que establezca la ley para estos casos, me temo que aquí, lo que un tratamineto de rehabilitación de los presos exigiría son cursos de lógica aristotélica obligatorios e incluso reforzantes cerebrales (no si se sigue vendiendo el Fosglutén, pero la inanición intelectual del proceso soberanista ha sido tal que ese parece el mejor remedio, dado que, en España, según la constitución, se trata de “rehabilitar” al preso, más que de castigarlo…).

Otro amigo, hoy, me envía un mensaje: “El día 21 los CDR cortarán los accesos a Barcelona”… Respuesta: “¿Y los Mossos? ¿no están para abrir aquello que otros cierran?”. Una vez más el eje de lo que ocurra el 21-F (que no es más que la huelga que “la intersindical catalana CSC” convocó para el pasado día 7 y, a la vista de las perspectivas, retrasó para el 21 y que a falta de afiliados, la iniciativa estará en manos de los restos de la CUP-CDR) caerá a la espalda de los Mossos, esos chicos, apolíticos la mayoría, que se apuntaron y pasaron las pruebas en busca de un trabajo seguro, buena remuneración, pocos sobresaltos y que, de repente, se encuentran en la calle sin recibir órdenes, atacados por unos, por otros y, en definitiva, incomprendidos. OEl 21-D promete ser otra escena de una comedia de enredo.

Lo cierto es que Junqueras tiene dos problemas: el primero de todos que el independentismo ha entrado en reflujo (no ha habido grandes movilizaciones y la que hubo el 11-S fue interior a la del año anterior y estos días en los que se ha iniciado el proceso, no se ha producido movilización de ningún tipo). Que los presos no lo adviertan porque llevan algo más de un año en la mazmorra fría y los contactos que tienen con el exterior son de amigos, familiares y correligionarios que quieren que su ánimo se mantenga en alto, es una cosa, pero la realidad de la calle es otra. El 21-D quedó claro (y nosotros mismos lo habíamos dicho desde mucho antes): “cada vez menos, cada vez más radicalizados”.

El segundo problema es que, cuando Macià se sentó ante el tribunal de París, la dictadura empezaba a estar con plomo en las alas. Las universidades ya estaban controladas por la FUE, en la calle, la Unión Patriótica había fracasado y parecía claro que aquello no iba a durar mucho. Duró escasamente cinco años más. Pero esto no tiene nada que ver con la perspectiva española actual: para bien o para mal, no parece que haya fuerzas, ni consensos con entidad suficiente para derribar al “régimen” y establecer una república.

Sin olvidar que el alegato de Junqueras ante el tribunal, tenía sentido ayer (cuando Sánchez -es decir, la debilidad y la ignorancia ante el problema independentista- estaba todavía en el poder), pero tiene mucho menos hoy cuando el gobierno se ha visto obligado a convocar elecciones (y las convoca para ganarlas, aun cuando está claro que deberá pactar en un momento en el que el electorado muestra un evidente giro a la derecha). A estas horas, Junqueras no debe pensar en si se equivocó anteayer al negarse a contestar a jueces, fiscales y acusación particular, sino lo que puede ocurrir si de las urnas sale un gobierno de derechas y unas simetrías parlamentarias que haga irrelevantes a los diputados de ERC.

De todas formas, todo puede ocurrir. Todo, menos dos posibilidades: que los independentistas logren la secesión y que ellos mismos certifiquen la defunción de su proyecto. El resultado inevitable de este verdadero oximorón es que, cuando un proyecto es imposible, pero sus impulsores se obstinan en él, poco a poco, se van quedando solos: el tiempo juega en su contra. Les ha ocurrido a los independentistas quebequeses, les está ocurriendo a los independentistas escoceses: Lo de Macià ante los tribunales fue hace ya casi 100 años. Lo del Quebec es de anteayer…

jueves, 14 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (271) – TRAS LA MANIFESTACIÓN DEL 10-F (3 DE 3)


El miércoles 13, el voto parlamentario rechazaba los presupuestos presentados por Sánchez. Éste, que en ese momento debía haber anunciado la convocatoria de nuevas elecciones, ha preferido esperar hasta el viernes para ver si lograba recomponer la situación interna del partido, llegar a un acuerdo in extremis para proseguir el diálogo con los indepes y rezar para que el CIS le dé alguna buena noticia sin necesidad de intervención del chef. ¡Para que luego, la prensa de izquierdas diga que la manifestación del 10-F pinchó! La Vanguardia de ayer intentaba convencer de que esto demostraba que el gobierno autonómico se encontraba en una “posición de fuerza”… Lo que ha ocurrido es muy diferentes. ¡Claro que el independentismo ha tenido que ver con la caída del gobierno, pero no como La Vanguardia lo interpreta! De hecho, ha sido las vaguedades y la ausencia de plan de Sánchez para afrontar la crisis independentista, y la formación de un “frente unido” desde el espacio de centro hasta el de derecha nacional, lo que le ha tumbado.

Los meses que Sánchez ha estado en La Moncloa han sido meses en los que el PSOE ha demostrado de nuevo su motor ideológico: el mundialismo universalista. El triplete formado por “más ideología de género - más memoria histórica - más inmigración masiva”… ha presidido estos meses inenarrables. Han sido los meses en los que el gobierno de una Nación ha pasado a ser una caricatura. Del dontancredismo, ideología de la que hacía gala Rajoy (“dejar que los problemas se pudran y se resuelvan solos”), se pasó a la inanición intelectual del PSOE. Los problemas abiertos con Rajoy, siguen estándolo, especialmente en materia económico-social que es, a fin de cuentas, lo único que interesa para la mayor parte del electorado dispuesto a votar.

A pesar de que Ciudadanos haya experimentado un crecimiento notable en los últimos meses (especialmente por su posición ante la cuestión independentista), lo cierto es que el partido afronta un futuro envuelto en brumas: y la primera de todas ellas es el papel que va a tener Valls después de las elecciones municipales. Se conoce su fórmula: insistir en el centrismo del partido pero levemente escorado a la izquierda. Hoy mismo las “juventudes de Ciudadanos” y las de En Marche -Macron- se han unido en una campaña contra los “populismos y los nacionalismos”, por si alguien tenía la menor duda de esta deriva de Cs...

El comisario enviado por la masonería francesa para evitar que en España se produzca un giro a la derecha similar al que ha tenido lugar en Italia, como venimos diciendo desde principios de año, está aquí para hacerse con el control de Ciudadanos a partir del prestigio que puede darle la alcaldía de Barcelona. Obviamente Cs no dispondrá de los votos suficientes para gobernar en solitario, pero calcula que los socialistas catalanes (con una presencia masónica superior a cualquier otro grupo municipal en la alcaldía), se entenderán fácilmente con él. En logia deben haberse realizado ya los primeros contactos. Y de Barcelona a la presidencia de Cs… El cuento de la lechera de Manuel Valls termina cuando, ya colocado al frente del Cs, cambia el sistema de alianzas, y precipita un gobierno de centro-izquierda con él como presidente. Lo que no fue en Francia, cree que puede serlo en España.

Ante este proyecto insensato e infantil, cabría recordar que si existe Cs es porque en Cataluña apareció un riesgo independentista. No es por casualidad que el partido tuvo su origen en Cataluña ni que haya sido la pasividad del PP primero y la incapacidad del PSOE después, los que han hecho que miles de ciudadanos en todo el Estado, hayan optado por la carta Cs que, al menos, en materia independentista tenía un historial pulcro y impoluto. Pero esto durará lo que dure el problema independentista: en cuanto se resuelva, en cuanto el independentismo no pueda ocultar ya por más tiempo su fracaso, el Cs -como todos los partidos centristas, elevados sobre frágiles bases en tiempos de crisis- corre el riesgo de deshincharse como un suflé. Y, por otra parte, Valls no ha podido evitar que su llegara se produjera justo cuando Vox despegaba finalmente, generando el escenario más temido por la masonería europea: la aparición del enésimo partido populista y euroescéptico en Europa que contribuiría a bloquear las políticas progresistas irresponsables y ciegas, pero tan queridas por la masonería humanista-universalista, que hasta ahora han sido mayoritarias en el Parlamento Europeo.


No hay que olvidar, además, que, durante unos años, las nuevas opciones que nacieron con la década -Podemos a la izquierda y Cs en el centro- recogían el voto de protesta. Pero ahora hay otra sigla en mejores condiciones de transformar ese mismo voto, incluso de amplificarlo en una dirección inédita. Ahora, a toro pasado, podemos completar lo que preveíamos en 2008 cuando decíamos que la crisis económica iba a generar crisis social y que esta desembocaría en crisis política. Ahora sabemos que la “crisis política” ha tenido tres fases:
  • Una primera fase caracterizada por la “apertura a la izquierda” con la aparición del “movimiento de los indignados” y el nacimiento de Podemos. Apertura fracasada desde el momento en el que se evidenció que Podemos era una especie de Izquierda Unida bis, solo que con un alejamiento mayor de los intereses y perfiles mayoritarios del electorado y empantanado en discusiones sobre feminismo, ideologías de género, okupas, porreros y zambulléndose en las concepciones de lo que hemos llamado “izquierda marciana”.
  • Una segunda fase caracterizada por la “apertura al centro” que ya se preveía desde que el PSOE flaqueó en su defensa de la unidad del Estado, dando origen al sarpullido que supuso UPyD. Luego, ya en plena “crisis política”, esta tendencia dio origen a Cs que sí ha logrado consolidarse. Pero, a estas alturas, y a la vista de la situación interior del partido, cabe pensar que en las próximas elecciones Cs obtendrá sus máximos resultados y, a partir de la bajada presumible de dramatismo de la cuestión independentista, y de la orientación que impondrá Valls en caso de hacerse con las riendas del partido, sus apoyos empezarán a remitir.
  • Una tercera fase, en la que se ha entrado desde el período inmediatamente anterior a las últimas elecciones autonómicas andaluzas, en la que ha irrumpido lo que, a falta de una definición propia, podemos considerar como “derecha nacional” o “populismo euroescéptico” que, en las próximas elecciones demostrará su techo y sus posibilidades, pero que, según las encuestas electorales se quedará en unos niveles que podrían situarse entre el 10 y el 15% del electorado. Claro está que esta opción, como cualquier otra, no está completamente exenta de sombras: la primera de todas es si superará el liberalismo inherente a su programa económico y mirará más hacia Europa que hacia la cocina de la Casa Blanca (ver artículo: “Ideólogos” de la derecha – circo de las confusiones”). Si lo logra, el camino está allanado para superar el segundo obstáculo: evitar ser un partido situado a la derecha de la derecha, para ser -como cualquier otro partido “populista y euroescéptico”- un partido transversal.
¿Y las fuerzas que levantaron el régimen de 1978? ¿En qué situación se encuentran? 

Resumimos:
  • PNV: con una cómoda situación en la sociedad vasca, pero con un problema notorio: ya no hay quien dé los palos para que el PNV recoja los frutos. Los bonzos suicidas de ETA, los matarifes, se han ido a su casa dejando un reguero de crímenes impunes y de condenas conmutadas… y el PNV es perfectamente consciente de que el fracaso del independentismo catalán le indica que ya ha alcanzado el máximo techo autonómico y que, a partir de ahora, si quiere seguir gobernando debe procurar evitar fugas hacia el independentismo.
  • Nacionalismo moderado catalán: deshecho. Simplemente, se ha evaporado. Primero por los casos de corrupción y en segundo lugar por el “procés” independentista. Del magma en el que se ha convertido ese ambiente, la única fuerza con cierta coherencia interior es ERC que puede optar por reconducir su andadura histórica desde las posiciones independentistas en las que nació hasta intentar imitar al PNV y mantener esos ideales… sin ejercerlos. Eso o el lento desmoronamiento del área nacionalista, tal como ha ocurrido en el Quebec franco-canadiense.
  • Partido Popular: de todos los partidos de la derecha europea, el PP es el que se ha mostrado más ambiguo ante la irrupción de un partido “populista y euroescéptico”. Esto es lo que ha alarmado a sus socios europeos. Sin embargo, esta posición deriva de la convicción -no errónea por otra parte- de que en las actuales circunstancias, cuando se han acabado los tiempos de las mayorías absolutas, solamente puede volver al gobierno mediante acuerdos con otras fuerzas del centro y de la derecha. Casado tiene la sensación de ser el “mediador” entre Vox y Cs y el drama de no poder prescindir ni de uno ni de otro.
  • Partido Socialista Obrero Español: perdida Cataluña, perdida Andalucía, este partido tampoco volverá a rozar jamás una mayoría absoluta. Sus opciones son insostenibles: salvo que Valls se imponga dentro de Cs, su única opción es volcarse a la izquierda (Podemos) que le exige algo que el PSOE no está dispuesto a dar, ni puede dar, especialmente en política exterior. El margen de maniobra del PSOE es cada vez menor y de todos los partidos que dieron vida a la constitución y que siguen existiendo es, sin duda, el que tiene un futuro más oscuro.

Pero, no debemos olvidar que la constitución de 1978 se realizó “por consenso”, pero no, como suele decirse por un acuerdo entre franquistas y oposición democrática, sino por consensos entre clase política, grupos empresariales que precisaban nuevos mercados en Europa y grupos mediáticos. Y si estas fuerzas llegaron a un “consenso” fue porque, en el exterior, había grupos económicos y multinacionales que veían a España como un mercado prácticamente virgen y con salarios mucho más bajos que en la Europa democrática; pero también porque la OTAN y el Pentágono especialmente precisaban el concurso de España para dar “profundidad” a la Alianza Atlántica en unos años en los que se daban como ciertas las intenciones agresivas de la URSS.

Todo esto ha cambiado… todo, menos la constitución de 1978 que ya no responde a la realidad política. De hecho, el principal problema que tienen los “constitucionalistas” (básicamente PP y Cs) es no reconocer el hecho consumado de que esta constitución es una rémora: sirvió para evitar un enfrentamiento en 1977-79, pero no sirve para gestionar el día a día de España en el siglo XXI. Y lo mismo ocurre con la existencia de la UE: en 1979 el “objetivo nacional” era integrarse en “Europa”. Ahora que el proyecto europeo está embarrancado y cabría preguntar qué tipo de reforma de la Unión Europea es la que conviene aplicar y, sobre todo, cuáles son los criterios que deben regir esta institución que precisa una reforma tanto como la constitución española.

Así pues, estamos en la “tercera fase” de la crisis del sistema político español. Las elecciones autonómicas andaluzas supusieron la colocación de los nuevos actores -Vox- en la meta de salida. La manifestación del 10-F, escenificó que había una estrategia política para desalojar a los socialistas del poder. Cuatro días después, el gobierno Sánchez entonaba el morituri, dándose dos días de plazo para tratar de salvar lo salvable.

Para que luego los “tertulianos” y la prensa catalana dijeran que la manifestación “había pinchado”.


martes, 12 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (270) – TRAS LA MANIFESTACIÓN 10-F (2 de 2)


En 1979 había franquistas que creían en la posibilidad de que el régimen concluido el 20 de noviembre der 1975 prolongara su existencia: un franquismo sin Franco. La quimérica idea tenía cierto consenso y, prueba de ello era la creciente audiencia que tuvieron las manifestaciones del 20-N entre 1977 y 1980. Sin embargo, el franquismo murió con Franco, de la misma manera que las posibilidades de que Cataluña fuera independiente murieron tras el 1-O de 2017, pero todavía hay algunos que no lo han entendido. El futuro que tienen por delante es el mismo que el de los franquistas de otra época que todavía siguen rindiendo un culto testimonial a una época pasada de nuestra historia. Si hubo el 10-F una manifestación en la Plaza de Colón fue generada por el rechazo que causa el independentismo catalán. Por eso, vale la pena que pongamos al día algunas consideraciones que ya hemos realizado sobre el fenómeno.

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La información dada por los diarios catalanes -los dos que cuentan son La Vanguardia y El Periódico, siendo el resto de influencia más que limitada- sobre la manifestación del 10-F es particularmente significativa: en ambos se lee que la manifestación “pinchó”. Si tenemos en cuenta que representa a los intereses del nacionalismo catalán y el otro a los del socialismo catalán y que ambos “mariposean” según sopla el viento en aquella comunidad autónoma, lo esencial es preguntarse porqué ahora opinan que la manifestación “pinchó”, cuando en realidad, exteriorizó públicamente una coalición antisocialista. Respuesta: porque al nacionalismo catalán (y no digamos al socialismo) le va mucho mejor con el PSOE en la Moncloa que con una coalición cuyo pivote es… el nacionalismo español. Aunque hubieran sido 2.000.000 de manifestantes (cifra imposible de amontonar en cualquier país del mundo ante cualquier hecho), la prensa catalana estaba obligada a decir que la manifestación había “pinchado”.


Realmente, incluso con la llegada de Sánchez a la Moncloa, nada esencial ha cambiado en Cataluña desde aquella ya lejana convocatoria de seudo-referéndum del 1-O. Aquel mismo día, tras el video de las “masacres” realizadas por la Policía Nacional sobre “pacíficos ciudadanos que iban a ejercer su derecho al voto” (vídeo, hay que decirlo, realizado por Jaume Roures, extrosko, amigo de Otegui, votante de la CUP y fundador de Mediapro), se confirmó la escasa “pegada” del independentismo más allá de los informativos de TV3 y de los medios subsidiados por la gencat). A partir de aquel fracaso, lo normal hubiera sido que el independentismo hubiera elaborado una nueva “hoja de ruta”, incorporando las enseñanzas de los últimos años. En lugar de eso, se enrocaron en sus posiciones, se autoengañaron engordando las cifras de manifestantes que acudían a sus actos y no reconocieron su error de cálculo (que se basaba en una apreciación puntual de la situación en 2011, cuando el Estado Español unía a la crisis económica una crisis social generales por seis millones de parados y el independentismo podía pensar, razonablemente, que el Estado esta en crisis).

El problema de los indepes fue que no actualizaron ese análisis, prolongaron extraordinariamente el “procés” y, cuando se dieron cuenta, la situación del Estado era muy diferente , el problema de la deuda había quedado atrás, se habían reducido las cifras del paro a los “históricos” en nuestro país en los últimos 40 años y se llegó al 1-O con la situación económico-social más estabilizada que en 2010-2011 cuando se inició el “procés”. En 2019, ni siquiera se han tomado la molestia de realizar un nuevo análisis de la situación del Estado Español y, por tanto, siguen pensando que la independencia es posible con un simple referéndum “pactado”.

Los indepes creen que, con el PSOE en el poder, pueden negociar las fechas del referéndum e, incluso, que los procesados por el 1-O pueden incluso ser absueltos, si la fiscalía evita pronunciarse sobre algunos delitos. Están en su derecho de ver el vaso medio lleno, pero, valdría la pena que no olvidaran, no ya que el vaso está medio vacío, sino incluso que el vaso está roto. Este razonamiento se entenderá mejor si tenemos en cuenta lo que ha generado el sarpullido independentista:
  1. La crisis económica, transformada en crisis social, generó la aparición de dos nuevos partidos: uno basado en la protesta de las clases populares por la política económica aznariana que, sin ninguna alteración, fue mantenida por Zapatero en su primera legislatura, para luego, en la segunda salir, sobre todo, en defensa de la banca: Podemos; y el otro, nacido en Cataluña como rechazo a la política pactista del PP con los nacionalistas y por hartazgo ante la debilidad del Estado ante el nacionalismo: Ciudadanos.
  2. Esta nueva simetría ha desmantelado la intención inicial de los redactores de la constitución (un régimen de bipartidismo imperfecto que situaba a los diputados nacionalistas en una posición privilegiada para determinar quién gobernaría el Estado). Pero, a partir de principios de esta década y como resultado de la crisis política en la que desembocó la crisis social, se produjo una renovación del esquema político: donde antes había 3 (PP-PSOE-CiU) ahora habría 5 (PP-PSOE-CiU-Podemos-Cs). En esas circunstancias, el “orgulloso” nacionalismo catalán tenía la sensación de que sería minusvalorado y tiró por “irse al monte” con la hoja de ruta indepe.
  3. El período de Rajoy tuvo como característica el que el presidente actuó ante el “problema indepe” como un Don Tancredo con su “cúmplase la ley” y la judicialización del “procés”, sin tratar de tomar, en ningún momento, la iniciativa política, siendo en todo su mandato excepcionalmente escrupuloso a la hora de evitar el “victimismo” habitual propio del nacionalismo. Esto generó, no solamente en Cataluña, sino en toda España, incluso en medios socialistas, la sensación de que Rajoy no estaba defendiendo la “unidad del Estado”. A esto se unió el período más sombrío en la historia del PP, en el cual daba la impresión de que el partido tenía la corrupción instalada en su corazón (y lo estaba, ciertamente, pero tanto como en cualquier otro partido). El resultado de todo esto fue la aparición de Vox (donde había 3 ahora hay 6) y el reforzamiento de Cs. Lejos de ser algo extraño, Vox era la pieza que faltaba en el tablero político español, pieza presente en toda Europa: el “populismo euroescéptico”.
  4. La sustitución de Rajoy por Sánchez se produjo por errores del primero, por su pasividad política y por su “dontancredismo”, que habían hecho que se formara un frente inestable del resto de fuerzas políticas que, finalmente, votaron en su contra, mucho más que a favor de la presidencia de Sánchez. Cada uno de los partidos que apoyó la moción de censura pensaba obtener de un gobierno débil y que, solamente, podía contar con 86 diputados seguros de un total de 351, más ventajas que apoyando al PP. Lo que implicaba dejar al gobierno en una situación de inestabilidad permanente a la que se sumaba la inestabilidad interna del propio PSOE que, ni siquiera en materia de la “crisis indepe” tenía la misma actitud.

Si este ha sido el camino que nos ha llevado hasta el día antes de la manifestación del 10-F, vale la pena, ahora, preguntarse ¿qué ha ocurrido con el independentismo y en qué situación se encuentra a principios de 2019?
  1. Después de 10 años de mantener la tensión en la calle, después de 15 desde la retórica iniciada por Maragall y el primer tripartito catalán con el “nou Estatut”, después de que hace un lustro se cumpliera el plazo mítico de 2014 señalado por Carod-Rovira diez años antes, para obtener la independencia, el independentismo está cansado y quedan ya muy pocos de los que estaban vociferando por la independencia hace 15 años. La dirección de ERC se ha renovado completamente, las dos partes de la sigla CiU han sufrido distintas suertes: UDC disuelta en la práctica y en cualquier caso, irrelevante; CDC disuelta y reconvertida en PDCat con los bienes embargados y partida en dos: unos a favor de Puigdemont (Crida per la Republica) y los otros sin saber exactamente ni qué hacer ni a quien apoyar a menos de dos meses de las elecciones autonómicas; la CUP con sensación de fracaso por la “huelga general” posterior al 1-O, por el fracaso de las movilizaciones del 21-D de 2018, desmoralizados y, como el resto, cansados de años y años de activismo y decepción tras decepción, salvo el habitual baño de masas del 11-S (que en los dos últimos años ha registrado descensos de participación, ya que estamos en guerras de cifras)
  2. La división es cada vez más palpable y arranca de la trampa tendida por Puigdemont en las pasadas elecciones, cuando en 2015 consiguió convencer a Junqueras de la formación de una coalición unitaria que, en la práctica, enmascaraba la caída de CDC-PDCat y, sobre todo, evitaba el que se produjera el “sorpasso” por parte de ERC. Después de las elecciones, Junqueras tuvo que conformarse con un papel secundario y relegado a las iniciativas de Puigdemont (y a su incapacidad para valorar correctamente la situación) y, cuando se produjo el estallido, tras el 1-O, el presidente optó por tomar las de Villadiego, dejando a Junqueras empantanado y en la cárcel, mientras él permanecía tranquilamente en Waterloo, aumentando allí esa distorsión de la realidad que siempre le ha caracterizado. Raro hubiera sido que, a partir de todo esto, el independentismo hubiera logrado reconstruir su unidad de acción. Porque, donde antes había 3 (ERC, CDC, CUP) ahora hay 4 (ERC, PDCat, Crida per la Republica, CUP)
  3. El gran error del independentismo fue tener una hoja de ruta hasta el 1-O pensando que se impondría, a partir de ese momento, una nueva legalidad, creyendo que los “demócratas de todo el mundo” apoyarían un referéndum como el que se había celebrado en 2014 en Escocia. No solamente no ocurrió lo previsto, sino que quedó claro que los apoyos internacionales a la causa nacionalista estaban próximos al cero absoluto. Y el problema era que no había planificación para el “día después”. No existía un “plan B”, y con la división creciente que se produjo a partir de ese momento, sigue sin haberlo y lo que es peor para ellos, sin posibilidades de reconstruirlo. Ahora nadie entre ellos quiere reconocer ni gestionar el fracaso..
  4. Pero, quizás, lo más dramático y que van a pagar más caro, es el no haber extraído conclusiones posteriores al fracaso del 1-O y negarse a reconocer que aquello resultó un fiasco mal planificado, peor llevado y que partía de errores groseros sobre la percepción de la situación política de España y -lo que era aún más incomprensible- sobre la situación social en Cataluña (en donde el independentismo, a todas luces, carece de fuerza social suficiente para arrastrar a la independencia: tiene fuerza política para formar gobierno, pero no fuerza social para ir más allá), sobre, no sólo el desinterés, sino la hostilidad de las autoridades de la UE hacia el fenómeno independentista, etc, etc. Hoy, todavía, la línea oficial del independentismo es que el 1-O fue “legítimo” y que el resultado fue “favorable a la independencia”. Quizás la mayor distorsión de este ambiente haya sido no percibir que desde el 1-O se han producido manifestaciones “unionistas” en Barcelona más grandes, incluso, que durante el período franquista y en cualquier otro momento anterior del siglo XX. Antes del “procés” la sociedad catalana era pasiva en relación al nacionalismo, ahora es cada vez más activa contra el independentismo y la prueba es que, electoralmente, ha castigado a las opciones que han colaborado con el nacionalismo (PP y PSC) y ha mostrado apoyo creciente a la opción más antinacionalista (Cs) en las últimas elecciones autonómicas, donde, no vayamos a olvidarlo, el partido más votado fue Cs  con 36 diputados y el único que superó el millón de votos, 200.000 más que JuntsxCat.
  5. Así pues, la estación término de lo que quedaba del “procés” se dirimirá estos días durante el “proceso” a los dirigentes independentistas. Allí intentarán su última carta. Lo tienen van para ejercer de nuevo el victimismo y podrán alardear de la “represión del Estado”, de la “parcialidad de los jueces”, de la “persecución de sus ideales democráticos”… y de todas las jeremiadas que han ido repitiendo en los últimos años. Pero los más inteligentes de ellos, son perfectamente consciente de que la “fiesta se ha acabado”, puede ser que tengan el poder algún tiempo más, pero no tendrán independencia, ni ahora (por que el “procés” embarrancó hace tiempo), ni nunca (porque la independencia de las regiones va, simplemente, contra la historia). Y ¿qué es un nacionalismo que ha evidenciado incapacidad para “construir una nación independiente”? Nada. En cualquier caso, el último cartucho que queda para reavivar el “proceso indepe” es el “proceso a los indepes”.
En su ceguera política, las distintas direcciones independentistas no han advertido que el gobierno Sánchez es un simple gobierno de transición que sigue a Rajoy: su última esperanza consiste en creer que Sánchez es el único en decidir e ignoran la correlación de fuerzas en el interior de su partido y la correlación que se da en la sociedad española que se “derechiza” más y más a medida que pasan los años, mientras la izquierda se comprime y reduce a “colectivos sociales”, “GLBTI”, “fanáticos de la memoria histórica”, ONGs, “faranduleros varios” y “apparatchiks”.

Hasta ahora, la duda en los últimos 40 años era si iban a subir socialistas o populares al poder y si iban a tener o no necesidad del apoyo parlamentario de CiU. En las últimas elecciones, la duda fue si llegaría la izquierda (PSOE+Podemos) al poder o sería superada -como lo fue- por la derecha (PP), pero ahora la duda estriba en si ganará el “frente antiindependentista” (PP+Cs – con apoyo exterior de Vox) escenificado en la manifestación del 10-F (¡y de ahí su importancia!) o bien el PSOE (la posibilidad de que Podemos se recupere de su crisis y llegue a los niveles de voto de 2016 es remota, más bien parece que puede llegar a los niveles de Izquierda Unida de 2011). Ni siquiera el servicio de catering de la cocina del CIS es capaz de elaborar un menú para Sánchez con una ramita del perejil de la victoria.




lunes, 11 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (269) – TRAS LA MANIFESTACION DEL 10-F (1 de 3)


Tal como podía preverse, hay guerra de cifras. Pero lo primero que se observa es que ni una ni otra parte esgrimen los datos concretos, sino que, por el contrario, unos presentan descalificaciones (la prensa catalana que habla de “pinchazo”), otros más prudentes aluden a “miles de personas” (El País, El Mundo), los periódicos de la derecha aluden a una “Plaza de Colón que se salía” (ABC) y La Razón cifra la asistencia en 168.000 personas, mientras los organizadores la elevan a 200.000 y la guardia urbana a 45.000. Al pobre Blas Piñar no tenia problema en llenar la plaza de Oriente, pero luego, los votos se iban a cualquiera menos a él. Los indepes han llegado a hablar en 2012 de “dos millones de asistentes al 11-S” (El Alcázar cifró en 1.500.000 los que fueron a la Plaza Oriente en 1980…), lo que implicaba que uno de cada tres catalanes estaba allí… especialmente cuando el voto nacionalista en las siguientes elecciones autonómicas se quedó por debajo de esa cifra. Pero, a estas alturas, parece claro que, lo importante no es cuánta gente acude a una manifestación, sino los efectos políticos de la misma y, sobre todo, lo que se escenifica.
Por sí mismas, las manifestaciones de masas no son efectivas: lo que es efectivo es la demostración de que tras los manifestantes, muchos o pocos, existe una voluntad política asumida por organizaciones concretas que están dispuestas a llevar esta voluntad a las instituciones. De lo contrario, ocurre lo que siempre ocurrió los 20-N post-franquistas: había “masas oceánicas” en la calle, pero no existía clase política, no correas de transmisión mediáticas, que tradujeran esas masas en peso político específico. Las masas no podían transformarse en "capital político".

Los efectos de la manifestación del 10-F no se han dejado esperar. ¿Cuáles han sido esos efectos inmediatos?

1) La reacción de un siempre desubicado y troglodítico Torra que lo único que tiene en la mano para negociar es su apoyo a los presupuestos de Sánchez. Quiere cambiar apoyo a los presupuestos por convocatorio de un referéndum de autodeterminación, consciente de que, Sánchez puede encontrarse ante la presión de los “patas negras” del PSOE y aplicar él mismo el artículo 155. La manifestación ha indicado a Torra que se le acaba el tiempo. Si apoya los presupuestos rebaja la tensión con Sánchez (y más que con él, con los “barones” socialistas)… pero abre una brecha con las indicaciones que el de Waterloo le ha indicado como línea a seguir.

2) La manifestación de ayer era importante, porque más que el número de asistentes, lo que se dirimía era si un “frente anti-PSOE” saldría a la superficie en todo el país o sería un fenómeno local andaluz. Y ha salido a la superficie: ahora ya nadie duda de que el eje Cs-PP puede desplazar al PSOE del poder, siempre y cuando… tenga el apoyo de Vox

3) Una cosa eran los convocantes y la composición de la tribuna y otra muy diferente, la correlación de fuerzas entre los manifestantes. A nadie -ni, por supuesto, a los organizadores- se le escapó que una mayoría significativa de allí presentes, apoyaban a Abascal. Los gritos en favor de Vox, los aplausos, etc, jugaban a favor del partido recién llegado al festival de los grandes. Menos a Casado y menos aún a Ribera.

4) Manuel Valls no estuvo en la tribuna por decisión propio. Dijo que jamás se fotografiaría con alguien de “extrema-derecha”, en alusión a Abascal. Así que fue paseando su cara de mal humor y a ratos congestionada entre los manifestantes. Para Valls, la mejor salida es un gobierno de centro-izquierda (Cs+PSOE) o, al menos, esa fue la intención con la que llegó. A la vista de la situación, me da la sensación de que empieza a dudar de que haya sido una buena idea venir a España y plantear una escalada de tres peldaños: primero alcaldía de Barcelona, segundo presidente de la gencat y tercero, ya como secretario general de Cs, presidencia del gobierno. Ahora que conoce mejor la distribución y la mentalidad de la derecha, el centro y la izquierda, su posición es más realista y quizás reproche a quienes le han enviado a España no haberle advertido de la indigencia intelectual de la izquierda.

5) El PP, por su parte, ha iniciado lo que estima será una “ofensiva de la victoria” que culminará con la convocatoria de elecciones generales antes del verano (según la previsión de Casado). El miedo de Casado es la facilidad con que pueden producirse trasvases de votos del PP a Vox y el no terminar de encontrar un discurso propio que genere confianza, toda vez que los años de Rajoy están demasiado próximos y que cualquier promesa electoral desde la oposición tiene como respuesta el “¿Y por qué no lo habéis hecho antes cuanto estabais en el poder hace menos de un año?”. El problema del PP es que se ha lanzado a la carrera pre-electoral cuando aún no ha recuperado un perfil propio entre el centrismo de Cs y la derecha nacional de Vox.

6) Y luego está Vox. ¿Para qué acudir como tercero en discordia a una manifestación que, de haberla convocado el propio partido de Abascal hubiera tenido, poco más o menos, idénticas dimensiones? Es simple: Vox tiene voluntad de hacer política, no testimonialismo. Y si quiere hacerla, sabe que debe subir una serie de peldaños: el primero de todos, descabalgar al PSOE y para ello, la única forma, es recurrir a pactos con otras fuerzas políticas próximas. Pero Vox está delante de un dilema: o se contenta con restar votos de la derecha liberal (PP), con lo que la situación no variaría excesivamente (sube Vox, pero baja el PP, con lo que el conjunto de fuerzas de la derecha sigue siendo, poco más o menos, el mismo), o bien asume los rasgos de un partido transversal, imprimiendo una fuerte carga social a sus propuestas, sin miedo y sin contemplaciones, para atraer:
  • el voto de protesta, harto de las promesas incumplidas de la derecha liberal, cansado de la corrupción que afecta a todos los partidos, grito de rabia de los damnificados por la globalización
  • el voto joven, harto de una clase política que le ha hurtado el futuro y de una izquierda que le ofrece ideología de género, permisividad ante el porro, inmigración masiva, un sistema de enseñanza hundido a todos los niveles (desde la prescolar hasta el postgrado) y que está ante la posibilidad de la emigración o del subempleo.
  • horadar el centro (especialmente sumando a las propuestas sobre la cuestión catalana, la de devolución de las competencias en materia de educación y sanidad al Estado por parte de TODAS las comunidades autónomas, a la vista de que, por el momento, desmontar el andamiaje del Estado Autonómico es, no por necesario, ilusorio, y
  • apuntar a la izquierda proponiendo programas sociales, anteponiendo los intereses de las familias a los de las inmobiliarias, reconociendo que los EEUU están en una crisis y que la OTAN es una organización arcaica, inútil y peligrosa, denunciando corrupción, grupos sociales subvencionados, inmigración masiva, políticas agrarias del PP y del PSOE de cara a la UE, etc, etc.
Para Vox ahora, se trata de elegir: o un programa y una actitud transversal o contentarse con estar a la derecha de la derecha; o jugar la carta populista y atraer a un electorado descontento con las opciones tradicionales, incorporando altas dosis de sensibilidad social, o mantener los tics liberales del programa económico aznariano… inviables entonces e inasumibles ahora.
La situación en estos momentos es buena para Vox: las encuestas le otorgan un “gran avance” y posiblemente obtenga en torno al 15% de los votos, quizás más, cuanto más tarden las elecciones en convocarse. Por el momento, los intentos de aislar a Vox están fracasando, el partido ha despegado, hay euforia por los avances y el problema es que no tenga un crecimiento demasiado rápido, cuando aun queda mucho por andar en cuestión de programa, cuadros, consignas, etc., que no se resolverán sino hasta la celebración de su congreso.

7) Se han terminado los tiempos de las mayorías absolutas y de los gobiernos monocolores, hemos entrado de lleno (y durará todo el tiempo que dure esta constitución) en la época de las coaliciones. Vale la pena que los electores se hagan a la idea de este fatum y que la clase política se habitúe a las negociaciones. La manifestación del domingo, era una muestra de esta nueva situación y un mensaje al electorado: “habituaros a ver este tipo de actos, negociaciones y compromisos a la hora de formar gobiernos del Estado y de las Autonomías. En estos momentos, las posibles coaliciones son:
  • O bien una “coalición de centro-derecha” formada por PP y Cs que, en las actuales circunstancias no obtendría mayoría absoluta, salvo con el apoyo externo de Vox (con las consiguientes contrapartidas)
  • O bien una “coalición de fuerzas democráticas” (PP+PSOE+Cs) versión española de la “gran koalition” a la alemana (que es la propuesta de la masonería francesa realizada a través de Valls). Esta opción implica: aislamiento de los populistas.
  • O bien una “coalición de derechas” en la que Vox estuviera integrada de pleno derecho y que contara con un PP desgastado, un Cs en pérdida y con problemas interno y un Vox en fase de ascenso.
  • O bien una “coalición de izquierdas” (PSOE+Podemos) que contaría con la oposición de los “patas negras” y que resulta de todas la mas inviable habida cuenta de los estropicios de Podemos en los Ayuntamientos y en comunidades autónomas.
Obviamente, hemos clasificado estas opciones en función de sus posibilidades de concreción. Serán las elecciones municipales y autonómicas de marzo y las elecciones europeas de mayo las que marcarán la pauta que, creemos, no diferirá mucho de estas posibilidades. Y, por el momento, salvo las previsiones del chef del CIS, el resto de encuestas que van apareciendo, apuntan a la primera opción (PP+Cs con apoyo exterior de Vox). Una posibilidad así cerraría de una vez y para siempre la “cuestión independentista” y situaría a Vox en posición para forzar, en el siguiente ciclo electoral, la opción c).


sábado, 9 de febrero de 2019

365 QUEJÍOS (268) – LA PÁGINA DE LA HISTORIA DE CATALUÑA MÁS TEMIDA POR LA GENCAT


No hace mucho, un querido amigo me regaló los tres tomos de la monumental Historia de las Sociedades Secretas, publicada en el siglo XIX por Vicente de la Fuente. Conocí la obra escarbando en la Biblioteca de Cataluña, hace muchos años. En ella se aludía a una sociedad secreta de “extrema-derecha” llamada El Ángel Exterminador. Estuve durante unas semanas tratando de confirmar la existencia de esta (y de otras) sociedades secretas realistas, rivales de las sociedades liberales (Sociedad de los Caballeros Comuneros, Sociedad de los Carbonarios y masonería). No encontré ninguna confirmación de su existencia, pero sí algunos datos que resultan curiosos y que enlazan directamente con la llamada “revuelta de los agraviados”, en catalán, “la revolta dels malcontents”, una revuelta en la “montanya catalana”, no en favor de la “república”, ni de mayores dosis de autonomía, ni mucho menos de la independencia, sino más bien una revuelta en dirección completamente opuesta: reaccionaria, monárquico-borbónica y anti-liberal, que algunos consideran como una “proto guerra carlista”. Y tuvo lugar en ese corazón de Cataluña al que hoy algunos quieren negarle su españolidad. Obviamente, en las escuelas catalanas se ha borrado cualquier rastro de este episodio histórico. Este artículo quiere recordar el enigma del Ángel Exterminador y la realidad histórica de la “revuelta de los agraviados”

Se empezó a hablar de esta sociedad en el sexenio absolutista, en 1817. No existe ni un solo documento firmado por esta sociedad, lo que no implica, en absoluto, que fuera una ficción. Existieron demasiados rumores en el primer tercio del siglo XIX como para dudar de su existencia. Los pocos estudios sobre la misteriosa sociedad la vinculaban al Obispo de Osuna, Monseñor Juan de Cavia González, y a Roger Bernard, Conde de España. Se daba como tercer miembro conocido del Ángel Exterminador a Francisco Tadeo Calomarde, válido de Fernando VII.

Calomarde ya había descollado junto a Godoy, el Príncipe de la Paz, luego, en las Cortes de Cádiz, se opuso a las ideas liberales y se fue convirtiendo, poco a poco, en uno de los defensores más sólidos de la monarquía tradicional. Tras el “trienio liberal”, llegó su momento de gloria. Los Cien Mil hijos de San Luis, le rescataron del escondite en el que había eludido a masones, carbonarios y comuneros, y lo colocaron al frente de la regencia hasta que Fernando VII volvió a Madrid. A partir de ese momento, fue el más fiel colaborador del Rey y, desde el poder, según los rumores, impulsó el nacimiento del Ángel Exterminador.


Reconstruir la historia de este grupo ultramontano es una tarea imposible. Desde la tercera década del siglo XIX nadie había sido capaz de aportar más datos sobre la misteriosa fraternidad. Sin embargo, todas las fuentes que han llegado hasta nosotros coinciden en que su ideario habría sido recogido por un movimiento popular, nacido de la Cataluña interior, conocido como “la revolta dels malcontents”.

La historiografía nacionalista siempre ha tenido dificultades en interpretar este episodio, así que ha optado por desterrarlo de los planes de estudio. Los “malcontents” eran los “agraviados” que, entre marzo y septiembre de 1827, protestaron contra las medidas de Fernando VII, pero no desde el punto de vista liberal, sino desde su antítesis. Pedían —exigían, en realidad— la restauración de la Inquisición y reivindicaban los derechos que les negaba el Reglamento para los Voluntarios Realistas. Agustí Saperes y Josep Bussons, el famoso Jep del Estany, proclamaron la Junta Suprema Provisional del Gobierno de Cataluña en Manresa. No fue, en ningún caso, una “revolución de las sonrisas”, sino el anticipo de las guerras cartistas. Los revoltosos pronto se hicieron con el control de la Cataluña interior y sometieron a asedio las ciudades de  Cardona, Hostalrich, Gerona y Tarragona.

¿Una revolución en nombre de la “República Catalana de los idiotas”? ¡No!  más bien en nombre del absolutismo borbónico y de una visión ultramontana del catolicismo ¡Y en el corazón de la Cataluña de 1827! En el Manifiesto de la Federación de Realistas Puros,  deploraban el “reformismo” de Fernando VII y para ellos, como para el protocarlismo que anunciaban, existían dos legitimidades que justificaban la monarquía: la  de origen, que cumplía por herencia Fernando VII, y la  de ejercicio que implicaba que sus actos de gobierno debían ser acordes con los principios de la monarquía tradicional. Y allí era donde algunos de los “malcontents” renegaban del titular de la Corona y se fijaban en su hermano, Carlos María Isidro.

Algunos de los agraviados y “malcontents” eran menos sofisticados en sus ideas. Tuvieron su momento álgido tras la cosecha de 1827. El movimiento, estaba formado por campesinos y menestrales que no distinguían las sutilezas del  Manifiesto de los Realistas Puros. Para aquellas gentes sencillas de la montaña catalana, el Rey estaba secuestrado por liberales y reformistas, de ahí que exigieran, sobre todo, un cambio de gobierno.

Fernando VII, reaccionó relevando al gobernador de Cataluña (que pasó a ser el Conde de España, presuntamente vinculado al Ángel Exterminador). Como esto no bastó, el rey se desplazó a Barcelona, entrando, entre vítores y aplausos, por la Cruz Cubierta el 28 de septiembre. Los prohombres de los gremios pidieron y obtuvieron el privilegio de sustituir a los callos y tirar con sus propias manos de la carroza real como símbolo de homenaje.

El Rey permaneció tres meses en la Ciudad Condal, tiempo suficiente para que lo asaltara un ataque de gota, inaugurase la estatua el Hércules de Nemea que hoy se encuentra en el Paseo de San Juan, y conociera a las fuerzas vivas de la ciudad. Incluso se perdió por el parque del Laberinto acompañado por su propietario, el Marqués de Alfarrás. Esa presencia, y el respeto que inspiraba su figura, indujeron a que Manresa, Cervera, Olot y Vich depusieran su actitud rebelde, abrieran sus puertas y se rindieran sin luchar. El Rey pudo explicarles que nadie lo tenía secuestrado. A partir de entonces, el movimiento cedió.

Fue la última revuelta ultramonárquica que hubo en España… y, mire usted por dónde, tuvo lugar en la Cataluña profunda.

Luego seguirían las guerras carlistas que contaron con la participación de un fuerte contingente surgido de esas mismas montañas en las que Jep del Estany y Agustí Saperes, se sublevaron en nombre de la “santa religión, la inquisición y la monarquía legítima”.  Veinte mil campesinos catalanes se colocaron bajo las banderas de los “malcontents”. Uno de sus líderes, Jacinto Castany había escrito en Olot: “a tomar las armas, empuñad las espadas, declaremos la guerra abierta a la infernal chusma de masones, comuneros y carbonarios”.  Estaba claro quién era el enemigo. La inspiración, dicen, procedía del Ángel Exterminador.

Si el Departament de Ensenyament de la Generalitat introducía una sola línea en los libros de texto sobre  “la revolta dels malcontents”, se posibilitaba el establecimiento de la línea de continuidad más temida por la historiografía nacionalista: la que va de la Guerra de Sucesión y de 1714, cuando buena parte de las poblaciones catalanas siguió las banderas de los partidarios de la dinastía austríaca para la Corona de España, a las guerras carlistas que registraron choques entre partidas rivales particularmente intensas en el Principat, pasando por la llamada Guerra del Francés, luego por la Guerra de la Independencia, por el Bruch y por los asedios a Girona, por los menestrales alzados en la Catedral de Barcelona por la independencia española contra el poder napoleónico, hasta llegar a esta revuelta de 1827, pues, en efecto, todas el as indican que hasta el último tercio del siglo XIX, los partidarios de una monarquía tradicional, absoluta, católica y española, eran mayoría en el  Principat. 

Tenían razón, a fin de cuentas, quienes sostenían que el siglo XIX fue el siglo “más español” de Cataluña. Sin olvidar a los regimientos catalanes que combatieron en Cuba o a los últimos de Maracaibo... también catalanes.