jueves, 14 de octubre de 2021

PANFLETO “REVISIONISTA” CONTRA EL NACIONALISMO POLACO DE 1939 Y EL NACIONALISMO DEL “PROCÉS” (3 de 3):

La traducción del libro de Udo Walendy, Verdad para Alemania, me ha llevado a renovar algunas antiguas conclusiones y a comparar el nacionalismo polaco de 1939 con el nacionalismo catalán de nuestros días. Ambos son, en efecto, una forma de sífilis mental: peligrosos, incluso para los quienes los sostienen y cuyas consecuencias resultan siempre incalculables. La exacerbación del nacionalismo en Polonia -estimulado desde el Reino Unido y desde EEUU- cegó a los polacos: les impidió ver que, esa guerra que deseaban para hacer efectivo su “su imperio desde Berlín a Moscú y desde el Báltico al mar Negro”, los destrozaría en apenas quince días, pero que sería el pistoletazo de salida de un conflicto de dimensiones mundiales. En el caso del nacionalismo catalán, el drama se ha repetido, pero en clave de humor, no como tragedia, sino como comedia de enredo.

Los indepes han querido rivalizar con una lengua que hablan 600 millones de personas en todo el mundo, que en apenas veinte años será la lengua de todo un continente, han querido separar a Cataluña de su matriz histórica desde la noche de los tiempos (la mítica Hespérides, la Hispania romana, el Reino Visigodo), han sostenido ensoñaciones infantiles (que Cataluña seguiría automáticamente en la UE tras haberse escindido o que, tras la escisión, las relaciones con España seguirían siendo iguales), han generado pequeños efectos centrífugos (el intento de los podemitas andaluces de impulsar un movimiento indepe análogo al catalán), y generado una crisis de Estado, posible solamente a causa de la ambigüedad constitucional de nuestro país. Pero hay dos elementos que nos gustaría señalar.

El primero de todos ellos, es recordar cómo han sido posibles estas dos situaciones, en 1939 y en 2017. ¿Cómo proyectos enloquecidos, inviables a poco se examinen a media distancia, han podido ser aceptados por la población, especialmente en unos momentos en los que las clases políticas no eran particularmente apreciadas? En efecto, no olvidemos que, en 1939, Polonia estaba gobernada por una dictadura inmisericorde, mucho más dura con las minorías étnicas que vivían en su territorio, que cualquier otro gobierno europeo, incluido el Reich alemán. Las dictaduras del Piłsudski y de Smigly-Ridz, crearon los primeros campos de concentración en territorio europeo, en los que encerraron a disidentes de todas las orientaciones políticas. De los 400 ministros polacos del período de las entreguerras, vale la pena no olvidar, que la mitad fueron masones y que la masonería polaca había sido creada en 1920 con el visto bueno del dictador Piłsudski que se permitió recomendar quién sería el Gran Maestre. Y no citamos este dato por “conspiranoia”, sino por lo que explicaremos más adelante. Ahora, donde queríamos llegar era a que la exacerbación nacionalista fue transmitida a la población por la prensa polaca que, especialmente, desde marzo de 1939 hizo continuos llamamientos a la guerra, caricaturizó a los alemanes y sembró el odio contra ellos. Algo similar ocurrió en la Cataluña del “procés”. Y ya se sabe que la “carne de periodista” es barata.

En el inicio de la segunda década del milenio, era evidente que el pujolismo que había gobernado en Cataluña durante tres décadas, se encontraba agotado por la corrupción que él mismo había generado. En esa época, nadie podía dudar que Cataluña y Andalucía eran las dos regiones más corruptas del Estado Español. CiU se desintegró precisamente por la retahíla de casos de corrupción que llegaron a los tribunales y por aquellos otros que todavía circulan por sedes judiciales como serpientes de verano. Y ahí está la “familia Pujol” empantanada en investigaciones abiertas que se prolongarán hasta el infinito. Además, las noticias sobre esos casos de corrupción se superpusieron a los efectos deletéreos de la crisis económica en Cataluña y a las políticas de ZP que sumieron a España en una profunda crisis económica. Esa debilidad del Estado fue el momento que eligieron los independentistas para plantear su utópica secesión. Así, de paso, evitarían que muchos de los suyos se sentaran ante los tribunales españoles por sus consabidas corruptelas. Y, entonces, hicieron lo mismo que los polacos en 1939: si la clase política estaba hundida en el descrédito, utilizaron a la prensa para difundir su programa independentista presentándolo como la panacea universal. A fin de cuentas, durante el pujolismo, habían creado una tupida red de medios de comunicación dependientes de la gencat, se habían reservado el reparto de subsidios y subvenciones a medios de comunicación privados, a cambio, naturalmente, de que difundieran los puntos de vista que interesaban a los limosneros. Y así influyeron decisivamente sobre las opiniones de una población que hasta ese momento no se había sentido indepe.

¿Qué diferencia hubo entre la influencia de la prensa polaca en 1939 y la de la prensa subsidiada en la Cataluña de los últimos años? Es simple: en 1939, la prensa polaca difundía noticias queridas por los “amos del mundo” en aquel momento que, simplemente, buscaban abortar la experiencia fascista (el fascismo alemán, apeado de las “leyes del mercado”, había conseguido absorber en tres años los 7.000.000 de parados generados por la crisis del 29, mientras que los EEUU tenían teniendo en esa misma época 6.000.000 de parados y las fábricas funcionando a medio gas), mientras que el proyecto indepe interesaba solamente a unas cúpulas que no contaban con el más mínimo apoyo exterior (el independentismo siempre fue un “mal negocio” para los grandes inversores y un feo asunto para la UE, y una banda de payasos para cualquier país con algún proyecto mundial).

Pasemos a la segunda cuestión. El nacionalismo polaco de 1939 y el nacionalismo catalán de nuestros días, no son más que dos formas del nacionalismo clásico, esto es, del “individualismo de las naciones”, actualizado en 1919 por el “principio de las nacionalidades” tal como fue enunciado por el presidente norteamericano Woodrow Wilson: “aquella comunidad con un lenguaje propio es una nación”. El “principio” no dejaba de ser un enunciado facilón para una cuestión compleja (el reordenamiento de Europa Central tras la destrucción de los “imperios europeos” (el Reich Alemán, el Imperio Austro-Húngaro y el Imperio Ruso). Pero, el nacionalismo y las naciones eran algo muy diferente a la igualdad “nación = lengua”.

En realidad, la “nación” es un invento relativamente reciente, no anterior a la Revolución Francesa de 1789. Antes, lo que existían eran “reinos”. Fue a partir del establecimiento de las guillotinas jacobinas, cuando empezó a hablarse de “nación” e, incluso, un cuarto de siglo antes, con la Revolución Americana. Pero estos fenómenos políticos no venían aislados, sino que formaban parte de un mismo “paquete”: liberalismo económico, burguesía como clase hegemónica, caída de las aristocracias y liquidación de los restos de feudalismo, y nuevos valores traídos por la masonería (entienden porque antes aludíamos a la importancia que tuvo la masonería en Polonia de los años 30).

El nacimiento de la “nación” sigue al nacimiento del capitalismo, no lo precede, hasta el punto de que “nación-burguesía-capitalismo” forman un todo indisociable que fue cobrando forma a través del siglo XIX y añadiendo otros rasgos: progresismo, republicanismo, materialismo, valores masónicos, etc. Y, en el fondo, el nacionalismo no, es más, como hemos dicho, que el “individualismo de las naciones”, es decir, la doctrina “individualista”, derivada en buena medida del humanismo renacentista, aplicada a los conjuntos humanos. Un “nacionalista” estima no aspira a otra cosa que, a hacer valer los derechos de su nación, sobre cualquier otro, sobre sus minorías y sobre sus vecinos. De hecho, el ejemplo polaco es paradigmático y muestra el límite al que tiende, de manera natural, todo nacionalismo: hacia el “imperialismo”, es decir, el intento de ampliar su territorio a costa de sus vecinos.

En el caso polaco, esta tendencia “imperialista” es explícita -por mucho que los vencedores de 1945 intentaran eludirla, porque, gracias a ella se explicaba el origen del conflicto- y notoria, mientras que en el caso catalán tiene un planteamiento, como mínimo, curioso. Los primeros doctrinarios del nacionalismo catalán, Prat de la Riba en concreto, ya aludían explícitamente al “imperialismo catalán” en su obra La Nacionalista Catalana (alguna reedición realizada por la gencat elimina este problemático capítulo…). Hacia finales de los años 60, un grupo minúsculo, el PSAN, lanzó el término “Països Catalans” como remedo del “imperialismo catalán” que llegarían “desde Salses a Guardamar y desde Fraga a Mahón”. El “ideal” no daba para más. El intento, promovido por la gencat, de hacer pasar a la Corona de Aragón como “federación catalano-aragonesa” va en la misma dirección.

El hecho es que el nacionalismo polaco fue estimulado desde EEUU y el Reino Unido, los vectores más agresivos del capitalismo en los años 30, mientras que el independentismo catalán que reapareció 80 años después, ni siquiera logró el consenso de la “burguesía catalana”, esto es del “mundo del dinero” regional y, por tanto, fracasó. Sin tener en cuenta, claro está, el otro factor importante: el capitalismo de los años 30 era una etapa anterior y completamente diferente al capitalismo de principios del siglo XXI. Aquel era un capitalismo “industrial”, el actual es un capitalismo “globalizado”, en el que los pequeños capitalismos “regionales” tienen muy poco, o nada, que aportar.

Una última afirmación: el “nacionalismo” ama tanto a la nación que es capaz de hipotecarla a quien le garantice su independencia. Lo hemos visto en los últimos años del siglo XX: los nacionalistas kosovares, literalmente, se vendieron a los EEUU con tal de poder construir una “república mafiosa”; antes, los nacionalistas croatas hicieron otro tanto, hipotecándose a los alemanes; los beluchos hubieran deseado venderse a los soviéticos tras la invasión rusa de Afganistán, sabedores de que eran la última etapa de la marcha rusa hacia los “mares cálidos”. O bien, a los norteamericanos, interesados en contener a los soviéticos en su masa continental. Los nacionalistas polacos de 1939, se vendieron a norteamericanos y británicos (y, posteriormente, serían traicionados por ellos) y los nacionalistas catalanes, y este fue su drama y su impotencia, no tenían a quién venderse. Debió ser en la Universitat Catalana d’Estiu, cuando Josep Guía dio una clase sobre “independencia y geopolítica”, concluyendo que, sin duda, el Reino Unido estaría “interesado” en la independencia catalana. En el ambiente flotaba la “necesidad” de “ofertarse” a Londres, de la misma manera que Puigdemont intentó hacer otro tanto con Rusia. Primero la independencia nacional, a costa de lo que sea, y aunque luego debas vivir realquilado en tu propio país… tal es el fatal destino de todo nacionalismo.

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

SOLAR DIVISION, O LOS QUE SE NIEGAN A OLVIDAR LAS RAÍCES

Soy de los que dicen que ya no puede hacerse nada para rectificar la fase final de nuestro ciclo y que vale la pena empezar a preparar el nuevo amanecer. Porque, incluso después de la muerte de cualquier organismo biológico, existe una nueva vida que parte de las cenizas de lo que ya no volverá a ser. Algunos dicen que esta visión es pesimista, cuando en realidad es la postura más optimista que se pueda defender: porque los que creemos en el ciclo oscuridad-amanecer, creemos que también para nuestra raza existe un futuro y -lo que es todavía mejor- nosotros, los que vivimos en esta malhadada época, estamos llamados a ser las piezas de enlace entre dos épocas. Pocos momentos en la historia, han exigido tanto a tan pocos y, nunca como ahora, los que entre las generaciones actuales siguen en pie han afrontado una tarea de tanta envergadura.

Esta es la primera reflexión que se me ocurre después de escuchar la pieza Héroes inmortales de Krasny Bor del grupo Solar Division. El título de la canción es suficientemente significativo. Como se sabe, el 10 de febrero de 1943, los 5.600 voluntarios de la División Azul se vieron sorprendidos por un ataque de efectivos soviéticos diez veces superior en número y acompañados por un despliegue artillero y de blindados. Media división española de voluntarios contra el 55º Ejército de la URSS. Solamente el primer día de ofensiva se produjeron un millar de bajas españolas entre muertos y heridos; hasta la conclusión de la batalla les seguirían otros 2.500 más. La ofensiva soviética no alcanzó sus objetivos, gracias, especialmente, a que la División Azul había logrado contener a los soviéticos y evitar la ruptura del frente de Leningrado. El 15 de febrero, cuando concluyó la batalla, la División Española de Voluntarios había sufrido el 70-75% de bajas en las unidades que habían participado en los enfrentamientos y alguna de ellas -el batallón de fusileros- tuvo hasta el 90%. El Lº Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht se salvó, gracias a los efectivos españoles.

Es lo que nos cuenta la canción de Solar División: 

“Héroes inmortales de Krasny Bor.
Nieve, sangre, fuego, orgullo español.
Ellos viven, oíd su tambor”.

Junto a las tropas españolas, se encontraban en el mismo frente, la 4ª División SS (cuyo emblema sería heredado por el Wehrwolf, la resistencia armada alemana contra la ocupación aliada que siguió combatiendo hasta 1949), la 2ª Brigada Motorizada SS, la Legión Flamenca, etc. Y tiene gracia que, ahora, después de 75 años de tutelaje norteamericano, los gurús de la Unión Europea hablen de la creación de un “ejército europeo”, cuando ese ejército existía ya desde 1941-42. Solamente hay dos posibilidades de creación de un ejército transnacional: o que sus partes viertan sangre en común o que tengan la suficiente claridad de ideales como para que sean conscientes de su identidad, de lo que deben defender y de quién es el enemigo. Y la Unión Europea nunca pasará de ser la pieza europea de la globalización, ni la institución tiene claridad de objetivos, ni voluntad de ir más allá de participar en la construcción del nuevo orden mundial neoliberal.  No habrá, por tanto, nunca, un “ejército europeo” a partir de la UE.

Porque hubo un tiempo en el que -como decía la canción del Frente de Juventudes- solo se admitían “miradas limpias, solo verdades recias, sólo pozos profundos y cumbres sin fronteras”. Aquel fue el tiempo de los héroes; el tiempo de la División Azul. Es bueno que lo recordemos porque nuestra obligación es transmitirlo a los que vendrán, cuando nuestra raza deje atrás la “noche oscura”. Ningún árbol recio crece sin raíces profundas. Nosotros las tenemos. Solo queda recordarlas. Si se comparan las páginas de Homero con la gesta de la División Azul, se tiene la convicción de que ambas experiencias forman parte de lo que, en la mitología clásica, se llamó la “raza de los héroes”, aquellos que aspiraban a conocer la trascendencia mediante el acto heroico: y lo conseguían. A diferencia de la “raza de los titanes”, que fraguaban ambiciosos proyectos que luego fracasaban, el héroe mitológico es aquel que logra construir el destino que se ha propuesto. La victoria es lo contrario del olvido: se triunfa cuando una gesta es recordada por el último poeta y no desaparece de la memoria de una raza.

De ahí la importancia en mantener el hilo conductor entre los que vivimos al final de nuestro ciclo histórico y los que nacerán con el nuevo ciclo. Por eso, en lo personal, he optado por centrarme en estudios históricos y por eso aprecio particularmente a los que, en cualquier rama del arte, hacen algo parecido para mantener viva la “memoria histórica”. Como el grupo Solar División.

Se trata de un grupo “europeo” en la medida en que una de sus dos partes, Ulf Walhberg es sueco, músico, compositor y productor, antiguo miembro de Secret Service, uno de los grupos musicales más populares en aquel país desde los años 80. Walhberg estaba a cargo del teclado. Casualmente conoció al cantante y letrista español Jesús F. Vicente que aportó una voz especialmente nítida y rotunda al servicio de una letra extraordinariamente descriptiva que vale tanto como un grueso volumen de historia.

Diez de Febrero del 43
Día de fuego y vida eterna
La muerte llama una y otra vez.

Aquella fue una de las últimas ocasiones en las que una generación tuvo un ideal para vivir y una causa para morir. Por eso es bueno que no se pierda ni el recuerdo, ni la memoria histórica y por eso se trata de difundir productos musicales como este para que una generación conozca las gestas de sus ancestros y sepa que, en otro tiempo, en esta Europa, existió también una “raza de los héroes” que quiso luchar contra el destino y que ese mismo combate contra las fuerzas de la oscuridad es permanente. Las formas que revisten las luchas históricas dependen de las condiciones de lugar y tiempo.  Ahora, en este fin de ciclo, se trata de mantener la llama, trasmitirla y difundirla. Es lo que han hecho los miembros de Solar Division, cuyo nombre, ya es de por sí, significativo, indica por donde van sus preferencias y, finalmente, demuestra que sus raíces son profundas.

“Héroes inmortales de Krasny Bor.
Nieve, sangre, fuego, orgullo español.
Ellos viven, oíd su tambor”.

Es fácil encontrarlos en youtube y en facebook.

jueves, 7 de octubre de 2021

PANFLETO “REVISIONISTA” CONTRA EL NACIONALISMO POLACO DE 1939 Y EL NACIONALISMO DEL “PROCÉS” (2 de 3): Nacionalismo polaco y catalán frente a frente.

 

Me gustaría aquí introducir el ejemplo del nacionalismo catalán. En la transición, se podía dudar de que “nacionalismo” e “independentismo” fueran lo mismo. De hecho, se habilitó un término nuevo para definir al “pujolismo”: “nacionalismo moderado”. En realidad, era solamente “morado” en la medida en que Jordi Pujol supo chantajear mejor a los gobiernos del Estado que sus sucesores (y también porque gozó de una mejor situación general: entrada de España en la OTAN y llegada de miles de millones para compensar la “reconversión industrial”). Pero como se encargaron de demostrar sus sucesores políticos: al final del camino, todo “nacionalismo” (radical o moderado) tiene como objetivo la creación de una nueva nación y poco importa los métodos que utilice para ello (la convocatoria de referendos ilegales o las declaraciones unilaterales de independencia).

Es más, el engaño del nacionalismo catalán desde la época de Macià, consistía en considerar que la creación de la gencat (decimos “institución” y no “restauración” por que la gencat creada en 1933 no tenía nada que ver la Generalitat de Catalunya histórica), no era, como creían quienes querían pensar en la buena voluntad y en el fair-play de los nacionalistas, una entidad destinada al “autogobierno de Cataluña dentro del Estado”, sino sólo un paso previo para alcanzar la independencia. Paso necesario, porque en 1933 no se daban las condiciones necesarias para la independencia (como no se dieron en 1934, como tampoco se dieron en la transición cuando no existía apenas nacionalismo catalán y como no se dieron a partir de la crisis del pujolismo, ni probablemente se darán jamás).

¿Qué es lo que une al nacionalismo catalán con el nacionalismo polaco (que, como hemos  visto, fue el gran causante de la segunda guerra mundial)?  En 1939, el pueblo polaco estaba exaltado gritando en las calles: “¡A Berlín!” y clamando a la guerra contra Alemania. De 4.800 km de fronteras, el gobierno polaco aspiraba a rectificar en beneficio propio, 4.000. Aquí hay una primera similitud con el caso catalán. En primer lugar, porque el pueblo polaco, en su mayoría era pacífico y tranquilo. Había estado 200 años partido entre tres naciones y, ahora, recuperada su independencia, lo normal era vivir en paz y evitar nuevos conflictos. Pero los nacionalistas pensaban otra cosa.

En Cataluña, la triste realidad es que los independentistas convencidos, nunca han sido más allá del 25% (cifra normal, porque el uso del catalán como primera lengua, en el territorio catalán, está situado en torno al 30-35% y no todos los que lo utilizan son independentistas). Era ese 25% el que estaba dispuesto a creer todas las mentiras del nacionalismo (desde que el 11 de septiembre de 1714 Cataluña “perdió su independencia”, hasta que “España nos roba”), otro 25% de la población es una masa que se inclina como cañas al viento hacia donde sopla la brisa y el resto, simplemente son contrarios al independentismo (25%) o que lo miran con desconfianza (otro 25%).

Pero, si esto es así, ¿cómo es posible que un 25% de la población haya estado en condiciones de implementar el “procés”? La respuesta es muy simple y repite lo que ocurrió en Polonia en 1938-1939.

Por una parte, ese 25% (y más en concreto, los dirigentes y funcionarios de los partidos que detentan el poder en la gencat) controla los medios de comunicación de mayor difusión en Cataluña: o bien, medios de comunicación oficiales creados por la gencat, o bien medios de comunicación privados que aspiran a una subvención que les permita seguir vivos y, para ello, son capaces de repetir como un magnetofón las consignas emitidas desde plaza Sant Jaume.

En Polonia  ocurrió exactamente lo mismo: en un momento dado, los medios de comunicación nacionales, hacia el otoño de 1938, parecieron, al unísono, acometer una campaña de exaltación nacionalista, belicismo y agresividad anti-germana. Esto hizo que, inmediatamente, la opinión pública reaccionara y se iniciaran las agresiones contra la población alemana residente en territorios polacos. El clima belicista fue incrementando su tono por culpa de las informaciones y editoriales publicados en prensa y, al final, el país se convirtió en una carrera para ver quién era o parecía ser más anti-germano. Había miembros del gobierno que intuían que no saldría nada bueno de aquella exaltación, pero tratar de detenerla, hubiera sido suicida para ellos y se habrían hecho, inmediatamente, acreedores del título de “traidores” (botiflers para Cataluña en la época del “procés”).

Otra similitud. El imperialismo polaco es el propio de todo nacionalismo. Como ya dijimos en la primera entrega, Polonia, después de la Primera Guerra Mundial aspiraba a ser una “gran potencia europea” y precisaba, por tanto, un Imperio. Era un objetivo de gobierno y no la fantasía enfermiza de unos nacionalistas radicales alucinados. Ese imperio debería llegar desde Berlín a Moscú y del mar Báltico al mar Negro (algunos ultrarradicales consideraban que la frontera “natural” de Polonia serían los Urales, dando la mano a ¡los japoneses!).

Inevitable recordar que, según la tonalidad del nacionalismo catalán, los “Païssos Catalans” son más o menos grandes. No se trata ya de la independencia de Cataluña, sino de incluir a la “franja de poniente”, a l’Algher sardo, a la Cataluña francesa, a las Baleares y al Reino de Valencia. Y todo ello, porque, en algún momento de la historia por allí pasó algún catalán. Casi es un chiste que, para dar el parte meteorológico, se utilice en ocasiones el mapa de Cataluña y en otras el de los “Païssos Catalans” (para evitar suscitar protestas). Es, igualmente significativo, que durante un tiempo la gencat insistiera mucho en que TV3 se viera en la Comunidad Valenciana y Baleares, pero se opusiera a que las televisiones insular y valenciana se pudieran ver en el Principat.

Los doctrinarios de los “Països Catalans” justifican esta pretensión con el “principio de las nacionalidades” (si se habla un idioma diferente, estamos ante una “nación” diferente). El problema está en que el uso del catalán en todas estas zonas es muy minoritario y siempre por debajo del 50%. Pero esto no es un obstáculo para los nacionalistas catalanes que consideran que la situación es fácilmente reversible: sin embargo, tras tres décadas de “inmersión lingüística” en Cataluña, lo que se ha logrado es que el uso del catalán haya descendido.

Tanto en el caso polaco como en el catalán, lo que generó la pujanza de un “nacionalismo tóxico”, no fue que la población compartiera esas ideas, sino que los resortes del poder estuvieron en manos de “nacionalistas tóxicos” animados a llevar sus fantasías a la práctica.

¿Qué le faltó al “nacionalismo tóxico catalán” y qué le sobró al “nacionalismo tóxico polaco”? Es muy simple: el nacionalismo catalán fue siempre considerado como un “mal negocio” por los inversores y una idea anti-europeista. No tuvo nunca ni un solo apoyo exterior. Ningún país europeo, ni siquiera el Reino Unido, estaba interesado en apoyar al nacionalismo catalán para que formara una “nación-Estado”. Y, claro está, en lo que se refiere a la Unión Europea, el hecho de que fuera una “unión de Estados-Nación” y no una confederación de calderilla nacional, era determinante. Ninguno de los “grandes” europeos iba a apoyar una iniciativa que, en lugar de favorecer la convergencia europea, suponía un paso en la balcanización de Europa y hubiera podido crear conflictos internos en cada nación. En cuanto a lo que se refiere al apoyo de Soros, se trata de un “fake”: Soros tiene más inversiones en Madrid y no se hubiera hecho peligrar.  Sobre la noticia de que Putin estaba tras el proceso, habrá que reprochar a los fontaneros de la Embajada de los EEUU en Madrid, el tener tan poca imaginación.

Si los apoyos internacionales al “procés” fueron cero, ocurrió lo contrario en el caso del nacionalismo polaco: el mariscal Smigly Ridz contaba con el apoyo público de Francia, el apoyo incondicional del Reino Unido a partir de 1938, el apoyo discreto del Presidente Roosevelt. Con estos aliados, el gobierno polaco pensó que tenía al alcance de la mano una guerra victoriosa contra Alemania que le permitiría construir su “imperio”. A partir de ahí, hizo todo lo posible para que encallara cualquier intento de negociación. El régimen polaco (una dictadura antisemita y perseguidora de cualquier otra minoría, que jamás recurrió al plebiscito y que tenía campos de concentración desde mediados de los años 20) quiso jugar su partida para entrar en el “club de las grandes potencias”. En realidad, estaba entrando en el juego de Francia (que aspiraba a ser primera potencia continental y veía con desconfianza la reconstrucción alemana), en el juego del Reino Unido (que quería seguir con su política consuetudinaria desde el siglo XVIII de estimular los enfrentamientos entre las naciones continentales para evitar que ninguna fuera hegemónica en el continente), y en el juego de Roosevelt (que necesitaba una guerra después de que el “New Deal” ideado para salir de la crisis de 1929, fuera un fracaso: solo una conflagración pondría -como, de hecho, pudo- las fábricas USA a pleno rendimiento).

Y es que los “pequeños nacionalismos” siempre terminan siendo títeres de los “grandes nacionalismos”. En el caso del “procés”, su fracaso se explica porque ninguna gran potencia se interesó por él. Lo que no fue obstáculo para que sus impulsores siguieran fanatizando a la, cada vez más mermada audiencia de los “mitjans de comunicació catalana” para que dos tercios de su tiempo los sigan utilizando en tratar de mantener vivo al zombi independentista.

PANFLETO “REVISIONISTA” CONTRA EL NACIONALISMO POLACO DE 1939 Y EL NACIONALISMO DEL “PROCÉS” - 1 de 3 – Restableciendo la memoria histórica

Nacionalismo y patriotismo no son lo mismo. Los conceptos varían, por otra parte, mucho de una nación a otra. Pero, en síntesis, podemos decir que el nacionalismo es el “individualismo de las naciones” y el patriotismo, el “apego y el amor hacia la tierra natal”. Soy patriota, pero no nacionalista. Y, además, soy europeo. Todo esto viene a cuento de que en las últimas semanas he estado traduciendo del francés la obra del historiador alemán Udo Walendy, Verdad para Alemania, en la que se analizan las responsabilidades en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. He quedado, literalmente, horrorizado de lo que fue el nacionalismo polaco y de cómo fue manipulado desde Londres y Washington. Me ha resultado inevitable realizar alguna comparación con el nacionalismo catalán.

Veamos, en primer lugar, la importancia del tema. “Carnicero” Harris, fue el comandante del Mando de Bombarderos de la Real Fuerza Aérea británica. Churchill le ordenó que bombardeara las ciudades alemanas hasta reducirlas a cenizas. Harris cumplió la orden. Pero la responsabilidad no era suya, sino del que le dio la orden. Hasta aquí, no creo que pueda haber ninguna duda sobre el razonamiento. Churchill, por tanto, fue el responsable de todo lo que ocurrió en esta campaña de bombardeos criminales: desde el dolor de la madre de un piloto de bombardeo derribado sobre Alemania, hasta de las quemaduras que acabaron con la vida de un niño alemán víctima de los bombardeos, desde la destrucción del patrimonio histórico, hasta de la novia que perdió a su chico en cualquiera de los dos bandos y viceversa.

De ahí la importancia de determinar quién fue el responsable del desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial: ese responsable, lo será de todo lo que ocurrió después. De no haber estallado la guerra, no se hubiera producido la masacre del bosque de Katyn, ni los bombardeos estratégicos contra las ciudades alemanas, ni los 100 millones de muertos que causó el conflicto (según los más “pesimistas”, que los más “optimistas” reducen a 60-70), ni cualquier otro episodio o exceso que cometiera ninguno de los dos bandos. Toda la responsabilidad de aquel conflicto debe atribuirse, así pues, al que lo generó e hizo imposible la paz. Uno Walendy nos lo cuenta con una minuciosidad de monje medieval y unas pruebas y testimonios incontestables, reunidas en grandísima medida de libros escritos por los vencedores.

Lo que nos dice Walendy es que todo partió del Tratado de Versalles, verdadero embrión de la siguiente conflagración. Y no, no fue porque los alemanes, derrotados y despechados buscaran la revancha, sino porque en Versalles, el gran vencedor del conflicto fue Polonia, hasta  ese momento dividida en “particiones”. El presidente Woodrow Wilson, enunció el “principio de las nacionalidades” sobre el que se basaría la unificación y la independencia de Polonia y propuso que el país tuviera una salida al Báltico a través del Vístula. Luego, todo se aceleró porque se acercaban las elecciones generales en EEUU y 4.500.000 de votos polacos iban a ser preciosos para su reelección, así que no se preocupó mucho de la decisión tomada en Versalles de que, en lugar de la internacionalización del Vístula se regalara a Polonia, el “corredor” que le daba salida al mar y que cortaba Alemania en dos.

Y todo esto ¿qué tiene que ver con el nacionalismo? Muy sencillo: a partir de ese momento, Polonia se creyó una “gran potencia europea” y desarrolló, no sólo un nacionalismo agresivo en relación a TODOS sus vecinos, sino además un imperialismo prepotente que aspiraba a anexionarse toda Prusia Oriental, Lituania, todo Silesia, parte de Ucrania y de Checoslovaquia, aparte, claro está de la Ciudad Libre de Danzig. Sin olvidar que, Polonia vivió una crisis política permanente durante 20 años y su gobierno, en todo ese período, fue una dictadura militar (primero con Pilsudski al frente y luego con su amigo y sucesor Smigly Ridz). Ambos mantuvieron tiranizadas a las minorías residentes en el país (alemanes, ucranianos, judíos). Polonia reivindicaba un “imperio”, incluso con colonias extraeuropeas. Los nacionalistas más radicales aspiraban a un imperio desde Berlín a Moscú y del Báltico al mar Negro.

Todo nacionalista es alguien muy fácil de manipular: ahí están los independentistas catalanes que se venderían -si alguien pagara por ellos- al mejor postor con tal de escindirse de España. En los años 20 y 30, el nacionalismo polaco estaba alentado desde Londres por los que querían mantener la política tradicional británica en relación a la Europa continental: impedir que ninguna nación europea fuera hegemónica para que las tensiones que aparecerían entre países rivales contribuyeran a que los británicos pudieran seguir manteniendo su imperio comercial mundial. Francia, que en los años 20 era la principal potencia continental quería, igualmente, una Alemania debilitada, por lo que también se comprometieron a apoyar a polacos y checos…

Es importante señalar que esto no se dio a partir de 1933, sino ¡durante toda la República de Weimar! Y es todavía más importante señalar que los distintos gobiernos de la pacífica República nunca habían renunciado ni a la integración de Austria en el Reich, ni a la reincorporación de los Sudetes, ni al territorio de Memel, ni a la desmilitarización de Renania, ni a la incorporación de la Ciudad Libre de Danzig, ni siquiera al “corredor” de Danzig.  Es más, el único que logró un pacto de amistad y no agresión con Polonia fue Hitler en 1934 (denunciado tras los acuerdos de Polonia con Inglaterra) y sus reivindicaciones en enero de 1939 a Polonia fueron mucho más aceptables para Polonia que las formuladas durante los gobiernos de Weimar, incluidos los socialdemócratas.

Sin embargo, los polacos no las aceptaron y, no solo eso, sino que animados por el cheque el blanco dado por los británicos en la primavera de 1939, empezaron a hostigar a la minoría alemana que seguía viviendo en los territorios entregados a los polacos en Versalles. En los dos últimos meses previos al conflicto 70.000 alemanes residentes en territorios polacos debieron huir y una cifra que oscila entre los 500 y los 6.000, resultaron asesinados en disturbios instigados por los nacionalistas polacos ¡incluso después de la firma del Pacto Germano Soviético de agosto de 1939.

El cuerpo diplomático radicado en Varsovia envió notas a sus países respectivos sobre las “provocaciones polacas”, alertando sobre las intenciones que albergada el gobierno polaco de iniciar una guerra. Algo que era perceptible incluso para los embajadores francés y británico. Un enviado del ministerio de exteriores británico se sorprendió cuando preguntó a militares polacos sobre sus fortificaciones en la frontera: “No tenemos; desde el primer momento lanzaremos una ofensiva en territorio alemán”, fue la respuesta. Mientras, los diarios polacos, seguían publicando desde la primavera de 1939, llamamientos a la expulsión de los alemanes de sus territorios, instigaciones al linchamiento y soflamas imperialistas para conquistar los territorios reivindicados en base a ficciones históricas.

¿Qué estaba ocurriendo? Es algo que el libro de Walendy no toca, pero que resulta fácilmente interpretable, a través de algunas pistas que da el autor o que pueden encontrarse en otras obras (existía una colaboración entre las “inteligencias” de ambos países, entre otros campos, en el de descifrado de los códigos alemanes emitidos por la máquina Enigma): los servicios de inteligencia ingleses estaban transmitiendo al Estado Mayor polaco informes adulterados sobre la realidad militar alemana que condujeron a una percepción errónea de la situación. En dichos informes se sostenía que el potencial aéreo alemán era mínimo y que la población se levantaría contra Hitler en caso de guerra. Y, por supuesto, abundan los testimonios que confirman las promesas franca-británicas: en caso de iniciarse una guerra germano-polaco, en quince días lanzarían una ofensiva desde la Línea Maginot que rompería las defensas alemanas, descongestionando el frente del Este…

En efecto, tras el Pacto Germano-Soviético estaba claro que Polonia era un “canario que se permitía provocar a dos gatos”. Los engaños británicos fueron creídos por los polacos sellando el destino de su nación y de Europa durante los siguientes 50 años. Pero esos engaños cayeron en un terreno abonado: el nacionalismo polaco, que quiso ver en su país más potencialidad de la que realmente tenían. Conocemos el resultado.

Todo nacionalismo, siempre, quiere “más”. Hasta que, finalmente, estalla víctima de su propio orgullo. Polonia es un ejemplo de cómo los “nacionalistas”, al final, resultan un peligro para la propia nación.

viernes, 1 de octubre de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: TRES TEMAS DE REFLEXIÓN

Me levanto y, antes de ponerme a trabajar veo -en el retrete, por supuesto- las noticias del día. No hay ninguno dominante (lo del volcán estará presente durante mucho tiempo y lo del “récord” alcanzado por el precio de la luz será el pan de cada día durante meses) y, si bien es cierto que me ha sorprendido la última declaración “indigenista” de Bergoglio o la reconciliación en el clan de los Pantoja, optó por comentar, en tono menor, tres temas: una encuesta realizada en Cataluña sobre el “procés”, una idea lanzada por Marina Le Pen que debería ser recogida en toda Europa y, finalmente, una noticia que no aparecerá en los medios de comunicación sobre el colegio en el que estudié de 1957 a 1968…

EL 75% DE LOS CATALANES OPINA QUE EL “PROCÉS” FUE UN FRACASO

Hoy se conmemora el 4º aniversario del malhadado seudoreferéndum convocado por Puigdemont “el aventurero” y sus mariachis “indepes”. Aquello fue algo peor que un referéndum frustrado: fue una payasada, como lo había sido el anterior convocado por Artur Mas. Una historia interminable. No creo ser muy duro calificando aquello de “payasada”: de hecho, fue una triple payasada.

En primer lugar, dando por sentado cuál sería el resultado de la consulta, el “parlament” ya había aprobado “leyes de desconexión” con el Estado, los medios de lavado de cerebro de la gencat llevaban más de un lustro insistiendo en el “derecho de autodeterminación” y ni siquiera la propaganda acumulada favorable a la gencat había decantado el voto a favor del sí a la independencia. La segunda payasada consistía en pensar que, si la consulta daba el resultado de 50,01% a favor del sí a la independencia, contra un 49,99% en contra, ese porcentaje legitimaba a la gencat para declararse independiente, seguir como si nada en la UE y, tan amigos. Nadie en la gencat pensó que, en aquellos momentos, con la mitad de ciudadanos de Cataluña en contra de la independencia, la viabilidad de una nación partida por gala en dos, era altamente improbable. La tercera payasada consistía en haber construido un argumentario de chichinabo en todos los terrenos, incluido el económico, cuyo punto álgido era la convicción de que una Cataluña recién escindida de un Estado-Nación y a las bravas, seguiría siendo “miembro de la UE”… Por todo ello, entenderán, que llame payasada a lo que no fue más que una payasada de ilusos, aventureros, buscavidas, y tontos de baba.

Bien, eso es agua pasado y hoy ya nadie se acuerda de aquel 1º de octubre de 2017 (yo andaba por Budapest, teniendo muy claro lo que iba ocurrir en mi tierra: nada). Pero, Metroscopia lanza ayer una encuesta y dice: “El 75% de los catalanes opina que el “procés” fue un fracaso”. Yo no fui consultado, pero estoy en ese porcentaje que corresponde al de gente que ve el sol y dice, "coño, es de día"; ve la luna y dice, "esto es noche". Como quien ve una colilla y dice “aquí han fumado”. Parece lógico, y hasta aquí, normal. El problema viene cuando nos planteamos “¿y qué opina el 25% restante?”. ¿Qué fue un éxito rutilante? ¿Qué fue, como nosotros, no sólo un fracaso, sino, además, una payasada impropia del “seny” catalán?

La encuesta nos aclara que esta cifra del 75% es la media, pero que está desigualmente distribuida en los partidos. Y así sabemos que la convicción de que fue un fracaso está presente entre los votantes de todos los partidos en proporciones superiores al 50%... ¡salvo en JxCat en el que más del 50% creen que el “procés” ha triunfado! En CUP el 42% piensan que fue un fracaso y en ERC el 48%... En el resto de partidos, de derechas y de izquierdas, no específicamente indepes, el porcentaje de fracasos está sobre el 90-99%, incluido el PSC y los podemitas regionales.

Esto indica que el mundo independentista, es el que integra en solitario prácticamente ese 25% de gente que considera que el procés fue un exitazo de narices. Bueno, pues es ese 25% de chalados que ni siquiera son capaces de ver la realidad de manera objetiva, el que gobierna la gencat. No les extrañe si un buen día cualquiera de sus capitostes les saluda con un “bona nit”, justo cuando acaba de salir el sol.

Un “éxito político” se define cuando se han alcanzado los objetivos propuestos. “Fracaso” es cuando te has quedado a más o menos distancia. Desde principios del milenio, Carod-Rovira propuso la fecha de 2014 como “año de la independencia” (el 300 aniversario de la caída de Barcelona en manos borbónicas y de rendición de sus defensores austriacistas, esto es partidarios de un titular austríaco para la monarquía española). Vamos por el 2021. Solo eso.

UNA IDEA DE MARINA LE PEN PARA TODA EUROPA:
REFERENDUM SOBRE LA INMIGRACIÓN

La idea ha sido lanzada en la antesala de la campaña electoral para las elecciones presidenciales francesas que tendrán lugar el año que viene. Marine Le Pen no va a ser la única candidata anti-inmigración, habrá otros (incluido Erik Zemour, intelectual de origen argelino) y en su caso, el éxito sería llegar a la segunda vuelta y mejorar las posiciones que obtuvo en la anterior elección presidencial.

Las cosas están yendo muy mal en Francia: además de atentados yihadistas, el ciudadano medio va viendo cómo el país se reduce cada día más. Las autoridades republicanas ya no tienen peso, influencia, poder, ni siquiera fiscal o coercitivo, en cada vez más barrios franceses: allí gobiernan las mafias, las bandas étnicas, los grupos de delincuentes y la policía ni siquiera puede entrar en esos barrios, so pena de desencadenar disturbios históricos. Así pues, Macron (o, más bien, Micron) un mequetrefe político, construido a prisa y corriendo para afrontar en las anteriores elecciones presidenciales a Marina Le Pen, ha optado por replegarse y procurar que los medios pasen de soslayo los disturbios y el hecho de que la casi totalidad de delincuencia en Francia procede de “grupos halógenos”. Algo que, por lo demás, es del dominio público.

Si por el ciudadano medio fuera, Europa sería como la ha visto siempre: pero el ciudadano medio de la “Unión Europea” es como una mierda, pero sin el “como”. Está obligado a pagar y callar. Lo que cuenta es la legislación europea y ésta hace prácticamente imposibles las expulsiones y el control de entradas. Y llama la atención, sobre todo cuando viajamos a EEUU, Canadá, Australia, en donde el ciudadano europeo, poco o nada conflictivo, debe de mostrar visado (en EEUU, incluso aunque solamente sea de paso y no salga de la zona internacional del aeropuerto) y responder a decenas de cuestiones a los aduaneros, llegar provisto de seguro médico, billete de retorno, dejar las señas en donde uno se va a albergar y demostrar que lleva encima dinero para la estancia. Sin embargo, es usted yihadista, llega a Europa y aquí hay vía libre y, además, lo tiene todo pagado.

En la UE falla algo y quienes fueron artífices después de la conferencia de Maastricht del “espacio único europeo” deberían ser juzgados por “crímenes contra Europa” y condenados de por vida a trabajos forzados. Porque si Europa no puede expulsar inmigrantes ilegales y está obligado a sostenerlos de por vida, es gracias a la legislación europea y a la interpretación que las izquierdas humanistas y las derechas globalizadoras hacen de esa legislación.

Dice Marina Le Pen: hay que someter a voto lo que quiere el pueblo europeo en materia de inmigración. Y sabemos lo que quiere que no es, precisamente, lo que quieren las élites mundialistas, ni la izquierda marciana. Dice Marina Le Pen que “los extranjeros que cometen delitos graves deben ser expulsados”. Natural. Y aquellos a los que se les tocó la nacionalidad en una tómbola y cometen delitos deberían ser, privados de nacionalidad, y al segundo delito retornados a su país de origen. Y todo así. Si el Estado existe todavía debe ejercer su autoridad, un Estado que no ejerce autoridad, sino que se limita a crujir a impuestos a las clases medias para comprar la paz étnico-religiosa-social a base de subsidios, no es Estado sino una ONG, como todas, dirigida por mangantes y (¿para qué nos vamos a engañar?) simples chorizos.

Sí, ya sé que Marina Le Pen ha lanzado esta idea para poner tierra por medio a la candidatura de Zemour, pero la idea es buena y en nuestras latitudes alguien debería asumirla y empezar la recogida de firmas. ¡ESTAMOS TARDANDO!

LA NUEVA CHAPA DE MI COLEGIO:
“GENCAT 1936”, HOMENAJE AL EXPROPIADOR

No guardo muy buen recuerdo del colegio de los Escolapios de la calle Balmes. Mis padres me iban a enviar a los salesianos del barrio (el Ensanche), pero llegaron tarde a matricularme y, por casualidades de la vida, acabé en un colegio donde empezaba el barrio de Gracia. Hice pronto amigos, así que no me importó mucho. El problema vino cuando a mediados de los años 60 el clima del cole cambió. Todos los curas que tuve -salvo el padre Valls y el padre Entralgo, y un par más- fueron a parar al PSUC y participaron en aquella manifestación de sotanas en 1966. Diez años después, prácticamente todos los escolapios de aquella época ya habían abandonado la orden. Uno de ellos, Jaume Botey, llegó a ser secretario general del PSUC-Viu y ocupó varios cargos por Iniciativa per Catalunya. No lo recuerdo ni como un gran pedagogo, ni siquiera como un profesor notable. Daba clases de religión y las daba mal.  Afortunadamente, en el cole había profesores laicos, con varios de los cuales seguí manteniendo relación al acabar los estudios y que me enseñaron mucho: Corral, Billar, Manzano, Moreno, Plens, Blanco, Perucho, Álvarez, etc, etc, etc.

Lo curioso de aquel cole es que, una vez iniciada la guerra civil, fue incautado por las gencat de Companys. En la puerta de acceso, cada mañana, al entrar en el cole, pasaba debajo del “Ave María” esquematizado. Me parecía normal, a fin de cuentas, era un colegio religioso (a pesar de que nunca, en pleno franquismo, recibí una especial enseñanza religiosa e, incluso, en 1967, una de las dos clases de religión semanales era aprovechada para dar “clases de catalán”, sí, esa lengua “prohibida” durante el franquismo…).

Hará unos años, el último escolapio que quedaba en el centro, el padre Tort, ejercía así mismo de rector. Era la última noticia que tuve del que fuera mi colegio. Hasta ayer, cuando estuve en BCN con un amigo que me comentó las últimas novedades del centro. El emblema de los escolapios bajo el que pasé durante más de 10 años, había sido picado y destruido ¡para recuperar el emblema de la gencat, esa tortilla con pimientos, que se colocó durante la guerra civil después de la incautación! Sin olvidar, por supuesto, que durante ese período fueron asesinados no pocos escolapios catalanes por los "incontrolados de Companys". Así que, los escolapios, además de cornudos, apaleados: y ahora la historia hemipléjica nos recuerda que aquel centro fue de la gencat, pero evitar decir que fue una incautación y que los faieros fusilaron a cuantos escolapios pillaron con el vist i plau de Companys.

*     *     *

Y, ahora es el momento de levantarme de mi retrete y dedicarme a cosas más serias. ¿Quiere un consejo? Nunca opine de política, le bajarán las defensas inmunológicas, se aburrirá y, además, no sirve para nada, salvo para dejar constancia de que usted es un Anarca (esto es, que huye del pensamiento masificado).

 

lunes, 27 de septiembre de 2021

MEMORIA HISTORIA: LA "NOTTE DELLA MADONNA", EL GOLPE BORGHESE (2ª PARTE)

 



El papel del SID, la mafia, la Logia P2, Gladio…

En el golpe Borghese participaron de manera difícilmente comprensible distintas entidades pre-existentes en el marco de la República Italiana. Sabemos cuáles son porque las hemos analizado en la segunda parte de nuestro estudio: el SID, la mafia, la masonería, la red Gladio… La presencia e interactuación de todas estas fuerzas indica hasta qué punto estamos ante una trama compleja e intrincada muy alejada de la simplicidad con la que algunos han presentado la operación, en ocasiones hasta lo risible (véase la película Vogliamo i Coronelli).

El papel de la mafia es quizás uno de las más turbias aportaciones a la trama. Se sabe, efectivamente, que la mafia tiene un inmenso poder de movilización social especialmente en el sur de Italia y más en concreto desde Nápoles hasta Sicilia. En aquellos momentos la mafia siciliana estaba dirigida por Tomasso Busceta el cual realizó algunas declaraciones sobre su participación en el proyecto golpista en el curso del llamado Proceso Andreotti. Preguntado por el fiscal Scarpinato, Busceta respondió que había viajado a Catania junto a Salvatore Greco para encontrarse con Pippo Calderone e Giuseppe Di Cristina para discutir la propuesta de participar en el proyecto de golpe de Estado. Los golpistas preveían una participación activa de la Cossa Nostra y Busceta sería el encargado de tranquilizar a las familias mafiosas y lograr al menos la neutralidad de la organización. A cambio, Borghese había prometido revisar muchos procesos que estaban en aquellos momentos en marcha contra dirigentes mafiosos.

Uno de los comprometidos con el golpe era el capitán de carabinieri Giuseppe Ruso, miembro, así mismo, de la masonería, que tenía la misión de arrestar al prefecto de policía de Palermo. Hubiera realizado la misión acompañado por “hombres de honor” que para reconocerse lucirían el distintivo de un hacha verde en el brazo. Borghese ofreció como contrapartida la revisión del “proceso de Rimini” en el que habían sido condenados a cadena perpetua varios capos de la organización entre ellos el de varios familiares del capo mafioso Gaetano Badalamenti. Así pues, los jefes mafiosos del sur de Italia reunidos en Catania decidieron no pronunciarse hasta haberse entrevistado con Badalamenti en Mián. La reunión tuvo lugar finalmente con la presencia de Salvatore Riina que manifestó su desacuerdo en participar en la operación. La asamblea mafiosa rechazó la oferta, sin embargo, una de las familias, los Rimi, se integró en el proyecto golpista. El propio Natale Rimi recibió como misión capturar las armas almacenadas en un cuartel romano en la noche del 7 al 8 de diciembre de 1970.

En lo que se refiere a la mafia calabresa parece ser que estuvo en mejor disposición de colaborar con el golpe y que, posteriormente, cuando se produjeron los incidentes de Reggio Calabria por la capitalidad de la provincia, la mafia local apoyó la revuelta organizada precisamente por los miembros de Avanguardia Nazionale en lo que constituyó una de las operaciones más importantes del neofascismo de los años 07. En efecto, con aquella revuelta lo que se trataba era de demostrar que si el PCI entraba a formar parte del gobierno italiano, el sur entraría en situación de insurrección.

Si este fue el papel de la mafia, el de la organización Gladio no fue menos difuso, por no hablar del de la masonería. Se sabe que algunos elementos de la red Gladio participaron en el golpe y que alguna de sus bases (la de L’Algher en concreto) se utilizaron para entrenar a comandos civiles que participaron en la intentona e incluso se rumoreó que algunos depósitos de armas de la red fueron utilizados en la Operación Tora-Tora. Sobre la masonería siempre se ha discutido el papel que jugó Licio Gelli en aquella jornada. Se ha dicho que fue el encargado de arrestar al presidente Saragat y también que fue él quien transmitió la orden de abortar el plan dado por Borghese a las unidades que se habían movilizado. La sentencia del Tribunal de Milán de 24 de marzo de 1995, explica que Gelli estuvo afiliado al Fronte Nazionale y que “miles de oficiales masones” participaron en aquellos meses en reuniones subversivas.

El 15 de septiembre de 1964, Andreotti, entonces Ministro de Defensa, entregó a la magistratura romana un dossier elaborado por el SID en el que se describía el plan y los objetivos del golpe. Este dossier, redactado por el general Gianadelio Maletti, número dos del SID, estaba compuesto por tres partes. Una se refería al Golpe Borghese, mientras que las otras estaban dedicadas a la llamada “Rosa de los Vientos”, una extraña conspiración en la que también participaron neofascistas, miembros de Gladio y al llamado Golpe Blanco, promovido por expartisanos monárquicos dirigidos por Edgardo Sogno que se proyectó en 1974. Maletti no informó a su superior, el general Vito Miceli, director del servicio, de la existencia de este dossier. Una parte sustancial de la primera parte relativa al golpe Borghese había sido constituido por la declaración que el capitán Antonio Labruna había obtenido del empresario Remo Orlandini. Labruna tuvo la habilidad de presentarse ante Orlandini como si fuera un golpista. Le explicó que el golpe había fracasado, pero que era preciso analizar el fracaso para saber exactamente en qué parte había fallado de cara a organizar un nuevo golpe de Estado en el que el propio SID estaba implicado. Naturalmente, se trataba de una simple argucia para animar a Orlandini a confesar todo lo que sabía del golpe. Éste cayó en la trampa. El motivo por el que Maletti no comunicó el dossier a su superior, Miceli, fue porque en el testimonio de Orlandini, afloró que aquel estaba implicado en la red golpista. Maletti utilizó estas informaciones para torpedear a Miceli cuyo cargo ambicionaba y entregó el dossier directamente a Andreotti. Éste fue destituido junto con otros 20 generales y almirantes sin que se diera ninguna explicación. Paralelamente se emitieron 32 arrestos por el llamado “Golpe Borghese”.

Fue en 1991 cuando se supo que el dossier que entregó Andreotti a la magistratura no era el original y algunos nombres que había facilitado Orlandini habían sido eliminados. Uno de los personajes cuyo nombre había sido eliminado era el del general Giovanni Torrisi que posteriormente sería jefe del Estado Mayor de la Defensa entre 1980 y 1982. Era en este mismo dossier en el que Orlandini afirmaba que Gelli había tenido como misión en la noche del golpe el arresto del presidente Giuseppe Saragat. También, gracias al testimonio ingenuo de Orlandini ante el Capitán Labruna, se conocieron las relaciones entre la mafia y el comandante Borghese y la tarea encomendada a algunos mafiosos de asesinar al jefe de policía Angelo Vicari.

Hacia una interpretación global de lo que ocurrió

El teniente coronel Amos Spiazzi, como ya hemos visto, se puso en marcha con su batería de cañones de 105 mm y con la misión de ocupar Sesto San Giovanni. La orden derivaba de la ejecución del plan Esigenza Triangolo… que no tenía nada que ver con el proyecto golpista. De hecho era una directiva destinada a desarticular una iniciativa golpista. Se le llamaba un “plan de contingencia” elaborado ante la hipótesis de una situación peligrosa de carácter político-social: insurrección, subversión, golpe de Estado, operaciones terroristas, ataques armados por parte de potencias extranjeras. Este tipo de planes continen directirces para hacerse con el control de “objetivos sensibles”. Estos planes están declarados “secreto militar” y en todos los cuarteles existen sobres sellados que contienen las órdenes relativas a esa unidad en caso de aplicación del “plan de contingencias” y que solamente se abren al recibir la unidad una palabra clave. Ninguna unidad sabe lo que harán las demás, ni siquiera a qué obedece la movilización que se le ordena realizar. Uno de estos planes era Esigenza Triangolo, diseñado para responder a una insurrección armada procedente del interior y se puso en marcha a las 20:45 del 7 de diciembre de1970. No fue la cúpula militar quien ordenó la aplicación del plan sino que la orden procedió del Servicio de Información de la Defensa.

Así pues, parte de los movimientos militares que se produjeron en aquello noche tuvieron como protagonistas, no a los implicados en el golpe de Estado del comandante Borghese sino a unidades militares que deberían actuar contra los golpistas. Extrañado por el hecho de que el fonograma no incluyera la palabra “ejercicio”, Spiazzi (que ignoraba que esa noche tenía lugar el pronunciamiento golpista) telefoneó al comandante Borghese informándole sobre la movilización y temiendo que estuviera motivada porque al día siguiente el Fronte Nazionale tenía prevista una movilización contra la visita de Tito a Italia. De ser así se trataría de una trampa. Borghese, al parecer, no dio mucha importancia a esa información. Sin embargo, poco después un juez del tribunal militar y colaborador del SID, Giuseppe Claudio Condò, localizó a Borghese en su “Comando A”, comunicándole que parte de las unidades que se preveía iban a movilizarse a favor del golpe permanecerían en sus cuarteles y que el golpe no tenía posibilidades de triunfar. Fue esta segunda llamada la que obligó a Borghese a dar la orden de abortar la operación poco antes de la medianoche. Las distintas unidades comprometidas dieron marcha atrás (alguna de ellas in extremis y a pocos metros de su objetivo) y los activistas concentrados en distintos lugares recibieron la orden de volver a sus casas. Los que se encontraban en la fábrica de Remo Orlandini comprobaron que estaban vigilados por la policía y algunos de quienes se encontraban en el gimnasio de la Asociación de Paracaidistas se resistieron hasta el punto de que el capitán Salvadote Pecorella debió sacar su arma y amenazarlos.

Durante unas semanas, el proyecto de golpe de Estado logró mantenerse en secreto y no emergió ninguna noticia sobre él mismo. Sin embargo unas semanas después, en marzo de 1971 el semanario Paese Sera publicó un artículo sobre lo que había sucedido aquella noche de diciembre de 1970. Los miembros del PCI tenían una presencia notable en la redacción de esa revista que se benefició, al parecer, de informes elaborados por el KGB. En febrero de ese mismo año, el Ministerio del Interior había elaborado un dossier sobre lo ocurrido a razón del cual resultaron detenidos el 19 de marzo Remo Orlandini, Sandro Sacucci, Giovanni Di Rosa y Mario Rosa. El comandante Borghese se desplazó a España en las semanas siguientes para huir de una orden de busca y captura.

La pregunta clave de toda esta cuestión es ¿qué había detrás de todo esto? ¿se trataba de una trama golpista verdaderamente “seria” o merecía cualquiera de los calificativos con los que se apostrofó e intentó ridiculizar a la operación? A la vista del historial previo del comandante Borghese y de su prestigio en medios militares, parece difícil pensar que hubiera participado en una aventura temeraria y haber puesto en marcha a una parte de sus hombres, sin contar al menos con apoyos suficientes como para pensar que el golpe de era factible.

Más bien da la sensación de que esos apoyos existieron e incluso que el gobierno norteamericano se msotró deliberadamente ambiguo. Por eso el golpe se puso en marcha; pero una vez dadas las primeras órdenes de marcha, una parte de los golpistas comprometidos, o bien no iniciaron las actuaciones previstas o simplemente se pusieron en marcha… pero no en función del Plan Tora-Tora, sino del Plan Esigenza Triangolo. Algunos de los comprometidos jugaron deliberadamente el doble juego y a la hora del desencadenamiento de las operaciones, mostraron su verdadero rostro.

Era un esquema muy similar al que se había producido algo más de un lustro antes con el Plan Solo: lo que se preveía era chantajear al Estado demostrando que en caso de que la democraciacristiana aceptase pactar con los comunistas y conformar con ellos una nueva fórmula de gobierno, era posible poner en marcha un mecanismo militar que pulverizase el “compromiso histórico”. De lo que se trataba era de “amagar el golpe”, demostrar que podía suceder y, una vez hecho esto, para lo cual bastaba con la movilización de unas pocas unidades y de unos cuantos cientos de activistas, dar marcha atrás, retroceder y tratar de ocultar lo esencial de la trama. La imaginación del público y la prensa harían lo demás.

Este esquema encaja perfectamente con otro que tuvo lugar en España once años después: el golpe del 23-F. A pesar de las sucesivas maniobras de “despiste” partidas todas del Centro Superior de Información de la Defensa, posteriormente Centro Nacional de Inteligencia, en realidad, aquel golpe supuso el solapamiento de distintas operación: una de ellas era el golpe de extrema-derecha (dirigido por Tejero), otra el golpe militar-militar (dirigido por Milans del Bosch), otra el golpe de la presión (el golpe de los coroneles que no intentaban movilizar al ejército sino simplemente presionar a Suárez), otra el golpe del gobierno de concentración nacional (el golpe de Armada) y, finalmente, el no-golpe (dirigido por el comandante Cortina jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales). Estas intentonas golpistas se superpusieron una sobre otra y finalmente fue la última la que consiguió su objetivo: desarticular las redes golpistas. Da la sensación de que en Italia ocurrió algo parecido si bien con un panorama más simplificado (a pesar de la multiplicidad de los protagonistas).

Por una parte, Borghese y los suyos aplicaban la teoría “gradualista” y en esa óptica se veían obligados a colaborar con otros grupos con los que existía solamente una alianza táctica, una especie de joint venture destinada a alcanzar objetivos comunes. Borghese, por ejemplo, proponía enviar tropas italianas a la guerra de Vietnam y mantenerse en el seno de la OTAN, cuando la inmensa mayoría de los afiliados del Fronte Nazionale y en especial los jóvenes de Ordine Nuovo y de Avanguardia Nazionale se mostraban a favor de una Europa unida, libre, fuerte… e independiente y frecuentemente realizaban manifestaciones contra la OTAN y el Pacto de Varsovia. Pero, Borghese se vio obligado a colaborar en el marco del diseño golpista con otros sectores que estaban muy alejados de estas posiciones. De hecho, en el análisis de la extrema-derecha italiana de la época, la Democracia Cristiana salía extremadamente afectada por la corrupción y la incapacidad para gobernar. Además, se solía destacar que buena parte de los dirigentes democristianos eran antiguos fascistas (Amintore Fanfani, por ejemplo, y distaba mucho de ser el único). Sin embargo, Borghese asumía que con posterioridad al golpe, Andreotti sería nombrado jefe de gobierno y se convocarían nuevas elecciones de las que saldría un gobierno de centra-derecha o de derecha-derecha del que formarían parte mayoritaria los democristianos. Tales eran las limitaciones de la estrategia “gradualista”: era imposible controlar la totalidad de la situación y solamente podía aspirarse a mejorar las posiciones.

Borghese estaba jugando una partida en la que también apostaban servicios de inteligencia, intereses internacionales, y fuerzas políticas italianas que tenían otras estrategias y que comprendieron perfectamente la esencia del Plan Borghese: llevar a Italia a una situación en la que el PCI la izquierda socialista estuvieran completamente erradicados de los equilibrios de poder. No todos estaban de acuerdo con ese planteamiento y preferían mantener el statu quo que garantizaba al centro-izquierda gobernar como hasta ese momento… pero alejando de sus filas el riesgo de que algunos democristianos como Aldo Modo se dejaran tentar por el “compromiso histórico” con el PCI. Y para ello precisaban que alguien enseñara las garras y dijera claramente: “si el PCI entra en el gobierno, las fuerzas armadas golpearán”. Esos sectores recondujeron el “golpe Borghese” de la manera más simple: asegurando que se movilizarían en el momento táctico de la movilización, para dejar en la estacada a última hora al comandante y a sus hombres.

El hecho de que entre los golpistas existieran demasiados miembros de la masonería, vinculados a Licio Gelli (y el propio Gelli con una tarea no precisamente secundaria, el arresto del presidente de la República), indica que en esos momentos había otra fuerza transversal que atravesaba subterráneamente el mundo de la política italiana y que tenía un proyecto propio: medrar ante todo con la excusa de la creación de lo que diez años después sería la “república presidencial” (el gaullismo). Aquellos eran los años en los que el proyecto masónico de la logia P-2 todavía no se había puesto en marcha, pero el núcleo de la misma ya empezaba a actuar especialmente en el ámbito militar y en el de la inteligencia. En esos años, los miembros de la Logia P-2 todavía no habían conseguido una masa crítica suficiente como para alumbrar un proyecto propio, así que procuraban ir cabalgando en otros proyectos que les permitían mejorar las posiciones. Fue solamente hacia 1972-3 cuando ya estuvieron en condiciones de aplicar un diseño propio que sembraría de terror Italia en los siguientes diez años. Pero esta, como siempre, es otra historia.

El final de la última parte

En la mañana del 10 de diciembre de 1970, Italia amaneció como si nada hubiera ocurrido. Ningún medio de prensa se hizo eco de todas las anormalidades que habían ocurrido en la noche anterior. Hubo que esperar casi 100 días para que el 18 de marzo de 1971 el diario de izquierdas Paese Sera publicó en primera página un artículo titulado: “Plan eversivo contra la república. Descubierto el plan de extrema-derecha”. Las informaciones se publicaban como si hubieran ocurrido inmediatamente antes. A partir de ese momento, el golpe pasaba a ser del dominio público. Ese mismo día, el procurador de Roma, Claudio Vitalone, firmó mandatos de captura contra presuntos implicados en la intentona. Borghese se refugió en España en donde permanecería hasta su muerte en Cádiz el 26 de agosto de 1974, ni siquiera retornó cuando en 1973 fue revocada la orden de busca y captura contra él.

El 30 de mayo de 1977 comenzó el proceso por el golpe contra 68 imputados. La declaración más importante fue sin duda la de Remo Orlandini quien declaró que en la noche del 8 de diciembre recibió una llamada del comandante Borghese en el que le ordenaba abortar la operación, pero declaró también que los motivos de esta decisión le resultaban completamente desconocidos. Quedó establecido también que el papel del doctor Monti fue el de haber operado como encargado de las relaciones internacionales de los golpistas así como todos los particulares que ha hemos descrito en su momento.

El proceso concluyó en el Tribunal de Apelación el 29 de noviembre de 1984 con una absolución de todos los acusados por el delito de “conspiración política”, añadiendo que el episodio no había sido más que el resultado de un conciliábulo de cuatro o cinco jubilados.

Una investigación fechada en 1972 dirigida por el jefe de la Oficina D del SID, el general Gianadelio Maletti y el capitán Labruna había apuntado la existencia de conexiones entre el general De Lorenzo (impulsor del Plan Solo), el comandante Borghese y el general Vito Miceli, jefe del SID en aquel momento. En dicho informe se indicaba que Remo Orlandino había puesto barcos de su flota mercante para trasladar a los detenidos a las islas de Lípari. En ese mismo informe se apuntaba por primera vez la relación entre Hugh Fenwick y los golpistas, Orlandini en concreto. El informe, inexplicablemente entregado a Andreotti dos años después de ser elaborado terminó en manos de la magistratura que concluyó que no había causa suficiente para procesar al general Miceli. En 1978, la Corte de Casación de Roma lo absolvió de la acusación de favorecimiento y de conspiración. Una nueva sentencia en 1984 confirmó la anterior. Sin embargo, en 1995, el juez Guido Salvini sostuvo la existencia de un plan complejo en el que estaban envueltos mafiosos, masones (empezando por Licio Gelli), militares en activo de alto grado (entre ellos el general Francesco Mereu jefe del Estado Mayor y el almirante Giovanni Torrisi jefe de información naval, todos ellos afiliados a la logia P-2. Si estos nombres no habían aflorado hasta una época tan tardía se debió a que Andreotti los eliminó del informe elaborado por la Oficina D del SID.


viernes, 24 de septiembre de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: PUIGDEMONT EL DESESTABILIZADOR LLAMA DE NUEVO A LA PUERTA...

Se dice que Puigdemont se ha hecho detener voluntariamente para que conseguir desestabilizar la “mesa de negociación” y, así, recuperar un papel axial dentro del independentismo catalán. No lo creo. Puigdemont es de esas personas a las que un día en la cárcel les parece algo insuperable y precisa los terciopelos del Palau de la gencat o los sofás de cuero de Waterlooo. De todas formas, la detención en Cerdeña, tiene el valor simbólico que el independentismo, sin duda, le atribuirá.

Para el imaginario colectivo indepe, Cerdeña es una muestra del poder de Cataluña (en realidad, sería de la Corona de Aragón, si vamos a eso) pues, no en vano, allí es el lugar más alejado en el que todavía se habla catalán, en la ciudad de Alguer. Los indepes eluden decir que no se habla en ningún lugar de la isla, salvo en una ciudad portuaria de 45.000 habitantes y, todavía, evitan reconocer que lo utiliza regularmente “menos del 15%” de la población (el dato es de Wikipedia), teniendo por delante al italiano hablado por el 80% y el sardo que sería la tercera lengua de la ciudad.

También la gencat elude recordar que los primeros habitantes de Cerdeña fueron los “sardanos”. Y sí, el nombre de este pueblo, coincide con el de la “sardana”, desde el XIX, identificado como “un” baile tradicional catalán y que hoy se considera “el” baile tradicional catalán. De hecho, el baile tradicional de Cerdeña es muy parecido a la sardana: punteado con los pies, bailado en grupo (solo que en línea recta en lugar de formando un círculo). Lo problemática es que, si aceptamos esto -que parece ser lo que nos indica la historia- lo que hoy aún bailaría en Cataluña sería un baile importado de Cerdeña y que no se baila sólo en Alger, sino en toda la isla.

Dejando a parte la cuestión de Alguer, lo cierto es que la detención de Puigdemont va a generar un movimiento sísmico y a “aumentar el estrés” dentro del mundillo indepe. Existía unanimidad en ERC en olvidarse de Carles Puigdemont.

Pere Aragonés, a diferencia de Quim Torra, su olvidable precedente, no se consideraba como “presidente interino” hasta que Puigdemont, “el nostre president” volviera para recuperar su poltrona. Aragonés se tiene por el presidente de la gencat y, tanto él, como ERC, consideraban, hasta ayer, a Puigdemont como una especie de misionero del independentismo en el exterior pagado con cargo a los presupuestos públicos. La exclusión de los “consellers” de JxCat de la “mesa de negociaciones” fue suficientemente significativo de algo que ya se sabía desde hace cuatro años: que existía una pugna entre ambas formaciones y que ERC se consideraba traicionada por Puigdemont y JxCat sostenía la vía del radicalismo indepe, sin negociación y predispuesta a la “declaración unilateral de independencia”.

Pero lo cierto es que, en estos últimos cuatro años, el independentismo ha ido retrocediendo, cada vez más, en impacto sobre la sociedad catalana. Hoy se situaría muy por debajo del 50% y, especialmente entre los jóvenes, el retroceso ha sido memorable. El pasado 11 de septiembre, esta crisis pudo cuantificar: no más de 80.000 independentistas, llegados de toda Cataluña, se desfogaron, mientras que Barcelona se veía “engalanada” con no más de un 0’25% de banderas indepes en los balcones, llegando en algunos barrios al 0’50%. Ya hablamos de eso en su momento: la inmensa mayoría de manifestantes eran mayores de 60 años.

El Plan B, tanto del PSOE como de ERC era sentarse en una “mesa de diálogo”. Lo lograron. Se sentaron y, cada parte dio su versión: el PSOE de que se había abierto una “vía de negociación y diálogo”, ERC que plantearía la cuestión del “referéndum y de la amnistía”… El hecho de que no se fijara una nueva fecha de reunión, ni que se explicitara una mecánica para las conversaciones, es suficiente indicativo de que las dos partes realizaron sus valoraciones de cara a la galería. Y no hay un Plan C. En cualquier caso, la “mesa de diálogo” sirve para satisfacer algunas pequeñas ambiciones propias de la mezquindad indepe (la negociación “paritaria” de Gobierno a “govern”, hacer que el presidente del Gobierno tomara el Falcon para Cataluña y escenificar la retirada de la bandera catalana o el desnucado de Sánchez al inclinarse ante la catalana). Todo terminará en negociar el apoyo de ERC a los presupuestos generales y al gobierno de Sánchez a cambio de unos millones de euracos.

A los periodistas les consta que en España gobierna una “coalición dual” (PSOE + Podemos), pero en realidad, gobierna lo que podríamos llamar una “coalición tripartita de tapadillo” (PSOE + Podemos + ERC). Y las tres partes quieren que esto siga así. El PSOE, porque mientras ERC esté contenta no planteará problemas, Podemos porque se siente arropado por la presencia de ERC y éste último partido porque tiene hoy las manos libres en Cataluña como las tuvo 30 años la extinta CiU. Todos contentos, salvo Puigdemont.

El acto al que acudió en Cerdeña era una de tantas reuniones irrelevantes (la recepción institucional del síndico de Alguer) a las que acude para lograr alguna reseña y evitar el olvido. La “euro orden” de 2017 surtió efecto y se produjo la detención. Hace unas semanas, se confirmó la pérdida de la inmunidad, a la que recurrió. Lo cierto es que, tras su detención en Alemania en 2018, nadie se ha interesado mucho por extraditar a Puigdemont. El personaje, poco a poco, se ha ido convirtiendo en algo marginal, un recuerdo lamentable del fracaso del “procés” y, solamente para los independentistas más fanáticos, sigue siendo alguien que vale la pena mencionar en los informativos salvo por sus peripecias judiciales. Todas las partes están desinteresadas en traer a Puigdemont a España:

- ERC porque teme que su figura pudiera relanzarse,

- el PSOE porque sabe que es un personaje acomplejado, inestable, dado al radicalismo y que podría reavivar un problema hoy deshinchado.

- Y el ciudadano medio, por su parte, intuye que todo lo que se refiera a detenciones, extradiciones, procesos y demás, generará inevitables movilizaciones de radicales indepes, cortes de carreteras, barricadas, incendios, sirenas, disturbios, esto es, todo lo que el ciudadano medio -esa famosa “mayoría silenciosa”- aborrece en la Barcelona post-Covid.

La estrategia de la “mesa de negociaciones”, emprendida por ERC y el PSOE, puede saltar por los aires. Incluso el mismo “govern”. No se olvide que Puigdemont se tiene como “el president legal y legítimo” y Aragonés, pretende el mismo título. Pelea de mascotas en el gallinero indepe, en definitiva, pero que no podría sino debilitar aún más al independentismo y hacer que emprendiera la ruta “canadiense” en donde los independentistas del Quebec tras décadas de gobierno y tres referéndums, fueron abandonados por el electorado. Y el debilitamiento del independentismo, el recrudecimiento de la tensión en Cataluña, la ira y las frustraciones acumuladas por los indepes en los últimos años, su evidente reflujo, podría dar lugar a que un Puigdemont victimizado, sin acomodo en la política catalana actual, se echara definitivamente al monte, y jugara la carta de un radicalismo fronterizo con los restos de la CUP.

El tema de la detención de Puigdemont se prolongará, como máximo, entre una semana y diez días. Todo aquel que ha conocido al “hombre de Waterloo”, coincide en su irrelevancia internacional y en su falta de cualidades para dirigir algo más que una comunidad de vecinos. Incluso, algunos indepes, dudan sobre cómo se comportaría en España ante un tribunal. Lo cierto es que, el 24 de septiembre Barcelona celebra su fiesta de La Merced. En un día festivo como éste, apenas se han movilizado ante el consulado italiano en la Ciudad Condal 300-400 personas para pedir su libertad, siguiendo el llamamiento de la “Asamblea Nacional de Cataluña”. Sí, claro, habrá más movilizaciones, manifestaciones y protestas, especialmente de JxCat (que demostrará así su capacidad de movilización en solitario y con esas siglas, como la ANC, o la Asamblea de Municipios Independentistas, con pretensiones de “totalidad” en pérdida de efectivos y de recursos, en los últimos cuatro años). De momento, en esa primera manifestación ful ni siquiera han estado presente nadie relevante de ERC.

Y esto último da que pensar sobre si no será solamente la “mesa de negociaciones” la que quedará desestabilizada, sino también si el “asunto Puigdemont” repercutirá también en el “govern catalá” (en realidad, el “gobierno de la gencat”) del que forman parte cuatro miembros de JxCat, siete independientes (“independientes”, ni “independentistas”) y seis miembros de ERC.

Lo que parece increíble es que un absoluto don nadie, como Carles Puigdemont, sea capaz de alterar la vida política en Cataluña, la estrategia del PSOE y de ERC, el mismo “tripartido de tapadillo” y al propio “gobierno de la gencat”.

Todo esto demuestra que Cataluña no tiene solución con el independentismo. Cualquiera solución para Cataluña -si es que en Cataluña existe un problema diferente al resto del Estado- para por olvidarse de ese 35% de votantes del independentismo y dejar que las realidades del siglo XXI, los aplasten sin misericordia. Porque, no será una “salida política” lo que resuelva la cuestión independentista, sino el reconocimiento de que la historia va en dirección contraria a la fragmentación de los actuales Estados-Nación en calderillas nacionalistas. Lo ha entendido la Unión Europea, pero aquí en España, sigue existiendo el problema gracias a la constitución de 1979, lo suficientemente ambigua para que dentro quepa todo y lo suficientemente estúpida para que los nacionalistas de 1979 fueran decisivos en la balanza del poder. Ninguno de los “padres de la constitución” pensó que los “nacionalistas moderados” de ayer, se convertirían en los “independentistas radicales” de hoy. Y ahí está Puigdemont, heredero del “nacionalismo moderado” de Pujol, con flequillo, pero sin dos dedos de frente.