martes, 29 de septiembre de 2020

OTRA REFORMA EDUCATIVA DEL PSOE DE TAPADILLO

Desde el principio de la democracia, el PSOE se atribuyó la categoría de “único reformador de la enseñanza” y la derecha pareció aceptarlo. Ignoro si esto fue otro de los resultados de los opacos “pactos de la transición”, pero el hecho es que desde 1983 el PSOE es el único responsable de la marcha de la enseñanza en España (si bien es cierto que, en las comunidades autónomas con presencia nacionalista, ha sabido entenderse con ellas en materia de educación, como también lo hizo Aznar). El resultado ha sido la quiebra de la enseñanza en este país. La prueba es que estamos a la cola en el programa PISA que mide los resultados académicos en Europa.

La educación empieza a fallar cuando las necesidades de la población se van divorciando de las políticas y estrategias pedagógicas del ministerio.

Hoy, en un mundo competitivo, nuestros jóvenes necesitan acceder a la universidad mejor preparados que antes. Y ocurre justamente todo lo contrario. Por eso son necesarias las pruebas de “selectividad”: muchos alumnos no alcanzan el nivel mínimo requerido para que puedan afrontar unos estudios superiores. Antes, mientras duró el bachillerato franquista, no existía selectividad, por la sencilla razón de que los alumnos que superaban el curso preuniversitario estaban preparados para estudios superiores. ¿Qué diferencia existía con la enseñanza de ahora? Sencillo: aquella era una enseñanza más exigente que, además, al concluir, daba la posibilidad al alumno de tener una visión cultural mínima en todas las materias.

Ahora, en cambio, la enseñanza “socialista”, no solamente no es exigente, sino que además ha convertido las escuelas en almacenes de alumnos mientras sus padres trabajan. Lo peor es que ningún socialista ha sacado conclusiones del fracaso de la enseñanza en España. No solo eso: los socialistas se creen obligados a dar más y más pasos al frente, sin rectificar, en la misma dirección.

Hoy, por ejemplo, leyendo las noticias en la mañana, veo una que apenas llama la atención (la pandemia y la destitución de Torra ocupan las portadas). Ningún medio le ha dado importancia: es una noticia de relleno, a pesar de su gravedad y de la repercusión que tendrá en el futuro. He elegido el titular de la web de RTVE, gestionada por una lacaya del PSOE y no por esbirros de la derecha: “Educación vuelve a retirar el máximo de suspensos para pasar de curso y lo deja en manos de los profesores”

Sí, han leído bien, una de las ministras de cuota del gobierno, Isabel Celáa, ha aprovechado la pandemia para que le consejo de ministros aprobara un Real Decreto que permite que un alumno con TODAS LAS ASIGNATURAS SUSPENDIDAS PASE DE CURSO. Hasta ayer, según lo establecido en la, paradójicamente llamada “Ley Orgánica para la mejora de la Calidad Educativa”, se fijaba en tres suspensos en secundaria y dos en bachillerato, los máximos para poder pasar de curso, lo cual ya era, de por sí, una salvajada que suponía que alumnos con déficits académicos pasarían de curso, aumentando su ignorancia de las materia para el año siguiente y acumulando una inconmensurable ignorancia académica junto a su título de estudios primarios, secundaria o de bachillerato… A partir de ahora, se abre la posibilidad de pasar de curso a alumnos que no han aprobado ni una sola asignatura. Eso es igualdad y lo demás son gaitas…

La ministra ha institucionado el aprobado general, y lo ha hecho de tapadillo aprovechando la segunda ola del Covid. Claro está que el ministerio se ha descargado de cualquier responsabilidad en la catástrofe educativa que seguirá de aquí a un par de años: serán los profesores los que deberán decidir si el alumno pasa al curso siguiente. Podemos imaginar lo que pasará: habrá padres que amenazarán a los profesores con darles un guantazo si la criatura no pasa de curso, otros ofrecerán dinero, habrá profesores que pasarán de curso a alumnos para quitárselos de encima, etc, etc, etc.

Lo más sorprendente es que la derecha no parece tener excesivo interés en todo esto y ni durante los gobiernos de Aznar, ni de Rajoy, ha insistido excesivamente en reformar una enseñanza que se caía a pedazos. Los intentos de reforma que llevaron a cabo ambos gobiernos fueron tímidos y sin continuidad. Así que, ya sea por inoperancia de la derecha o por la irresponsabilidad de la izquierda, seguiremos en la cola del programa PISA durante décadas.

¿A alguien le puede extrañar que, al acabar el ciclo de primaria, algunos alumnos pasen directamente a ser ni-nis, a alimentarse solo de pizza, porro y videojuegos y que la selectividad se convierta en una guillotina para demasiados alumnos? Pero, eso sí, nuestros hijos habrán recibido en la escuela clases de tolerancia, sexualidad, cocina y costura… que ni siquiera habrán aprobado.

 

LA SENTENCIA MÁS INOPORTUNA PARA SÁNCHEZ Y SUS PRESUPUESTOS

Durante años, Sánchez ha ido mareando la perdiz y vendiendo humo a la gencat independentista. Les ha instado a participar en una “mesa de negociación”. Y los indepes que cuando oyen hablar de “negociación” recuerdan inmediatamente a aquel Zapatero que afirmó, con una seriedad pasmosa, que aceptaría todo lo emanado por el parlament de Cataluña (y que luego tuvo que desdecirse, cuando le dijeron que había una constitución que imponía límites), aceptaron.

La inteligencia nunca ha estado del lado del independentismo. La credulidad, en cambio, sí: aquel que cree que, en el siglo XXI, con una Unión Europea, concebida como “unión de Estados Nacionales” (y no de una “unión de republiquetas indepes”) y con una globalización asfixiante, es posible la creación de pequeñas naciones, demuestra, por eso mismo, tener unas tragaderas capaces de engullir las bolas más desproporcionadas, incluso de un mentiroso patológico como Sánchez.

Desde el principio, Sánchez se planteó la “mesa de negociaciones” como una posibilidad de arrastrar el voto independista para su coalición. Por lo demás, los indepes no tenían nada que esperar si gobernaba el PP o el PSOE con Cs. Así que se subieron al carro de la “mesa de negociaciones”, preparando el pliego de exigencias: referéndum mañana, independencia pasado y, ante todo, libertad de los independentistas presos y amnistía general… Sánchez no podía dar casi nada de todo esto, pero sí podía regar a la gencat indepe con algunos euracos y tapar la boca a los que, en el fondo, no dejaban de ser unos mendicantes pedigüeños, llorosos y tristones, con tendencia a la victimización.

Y entonces llegó la negociación de los presupuestos. En el verano, Sánchez -tras regresar de Europa con las manos casi vacías y la exigencia de enviar a Podemos a la oposición, se “abrió” a Cs y el PP (ver artículo LOS DADOS ESTÁN LANZADOS PARA SEPTIEMBRE) adivinando que el rapapolvo europeo recibido por Sánchez le haría entrar en razón, desconectó a su ala derecha enviando a Cayetana a la sala de los lamentos, decidió no comprometerse en la moción de censura de Vox y optó por un perfil centrista. Los medios se cebaron contra Podemos sacando sus trapos sucios en materia económica y de gestión interna que dejaban a los propietarios de la marca al mismo nivel de corrupción alcanzado por el PSOE, el PP y CiU.

Pero luego, Sánchez hubo de rectificar de nuevo, cuando desde el CIS le dijeron que un cambio de rumbo podría tener efectos inesperados en la intención de voto. Así que optó por seguir con el “vista a la izquierda”. El voto de Podemos estaba, lógicamente, asegurado en el debate sobre los presupuestos, pero no había suficiente: era necesario el voto indepe catalán y el abertzale. Éste último era fácil de contentar: y Sánchez mostró su dolor y comprensión por la suerte de un matarife de ETA muerto en la cárcel el día anterior. Votos ganados, por esa parte. En cuanto a los indepes, les juró y perjuró que la “mesa de negociaciones” que había ido retrasando con más y más excusas de mal pagador, ahora iba en serie. Para reforzar ese criterio se empezó a rumorear que el gobierno tenía previsto el estudio del indulto para los indepes presos.

Entre porro y porro, los de la CUP no terminaban de fiarse de tanta promesa, mientras que ERC creía en ellas y en la buena fe del presidente, Puigdemont se veía coprotagonizando la mesa de negociaciones y veía en el indulto una posibilidad de volver a sentarse en poltrona, la Asamblea Nacional de Cataluña reconocía que el “procés” había fracasado y la exCiU se partía en dos, por presiones de Puigdemont que quería un partido propio (JuntsxCat), rompiendo al PDCat, en otro de los ajustes de cuentas que demuestra el nivel político del independentismo, ahora en pérdida de vigor y desmovilizado, y que obligó a Torra a realizar cambios en su gobierno (que pasaron completamente desapercibidos para todos los que no ven TV3).

El Tribunal Supremo tiene unos tempos inescrutables como cualquier juzgado: nunca se sabe cuándo cogerán un expediente y lo resolverán. De lo que no me cabe la menor duda es que el Tribunal Supremo es independiente e, incluso, inoportuno: porque la sentencia de inhabilitación de Torra era fácil de redactar, la podían haber resuelto menos de una semana después de haber sido presentada: a Torra la Junta Electoral le ordenó quitar una pancarta, no sólo no la quitó, sino que se jactó de que no lo haría. Como un ladrón de gallinas, pillado in fraganti y que les dice a la Guardia Civil que volvería hacerlo tantas veces como le apetecieran unas alitas de pollo. Pero el Supremo esperó más de dos años para “estudiar” la sentencia y la emite en el momento más inoportuno… para Sánchez.

A partir de aquí la “mesa de negociaciones” paritaria, gobierno-gencat, salta por los aires. Sánchez tendrá que inventar algo más convincente para ganarse el voto indepe para sus presupuestos.

Y lo peor no es solamente eso, sino que el episodio ha contribuido a demostrar otra vez el talante de Podemos. Castells, “ministro podemita de universidades”, ya ha declarado que la sentencia le parece una “venganza desproporcionada” … Sin olvidar que otro diputado de Podemos, su secretario de organización, deberá responder ante la justicia por haber propinado una patada a un guardia durante una manifa. Con esos aliados, Sánchez no precisa siquiera de enemigos, para irse hundiendo ante la Unión Europea, esa a la que deberá volver a mendigar de nuevo en pocas semanas.

Todo esto llega en el momento en el que se ha reconocido que somos nuevamente líderes en esto del Covid-19: incluso El País reconocía que la segunda ola de la pandemia ha irrumpido en España con más fuerza que en cualquier otro lugar (ver artículo ¿POR QUÉ EL GOBIERNO MANIPULA LAS CIFRAS DE VÍCTIMAS DEL COVID?). ¿Y les extraña? Nadie, por lo demás, ha negado a la Asociación Nacional de Víctimas y Afectados por el Coronavirus, que fueran 53.000 los muertos hasta la fecha (lo que nos convierte en líderes mundiales de víctimas por cada 100.000 habitantes, no se olvide) y que fueron las banderas nacionales que colocaron el pasado domingo en la ladera verde del parque de Roma en Madrid.

Sea como fuere Torra es cosa del pasado, como es pasado, Jordi Pujol, Artur Mas o Puigdemont. Pasado sin historia. Pasado ridículo de personajillos, a cuál más atrabiliario, que iniciaron una aventura que nadie con dos dedos de frente se habría atrevido a emprender y cuyo perfil político y personal es cada vez más bajo, hasta llegar ahora al “president” interino, un tal Aragonés que promete ser el escalón inmediatamente inferior.

Sí, porque toda la historia de estos personajes es una escalera que desciende, peldaño a peldaño, hasta la cripta del independentismo en donde yacerán sus restos: un fenómeno propio de la “primavera de las naciones” del siglo XIX, fuera de lugar y fuera de la historia en el siglo XXI.

Ellos no se dan cuenta de la endeblez de sus argumentos, ni siquiera de algo tan sencillo como el que, poco a poco, van perdiendo fuerza social (que, por otra parte, nunca fue mayoritaria). Hoy, podemos afirmar, que lo que queda del movimiento se parece más a una secta religiosa que a un movimiento político.

¡Ah, por cierto! A Torra, lo podrían haber destituido por cualquier cosa, entre otras por ser el presidente de “los catalanes independentistas” y no de “todos los catalanes”, por haber realizado declaraciones desafiantes, haber animado a los “nens de la gasofa” a sus manifestaciones, como irresponsable, aventurero y extraterrestre… pero resulta ridículo que su inhabilitación haya sido por una pancarta de mierda que podría haber sido retirada por un par de Mossos d’Esquadra el mismo día en que se puso.

                                 

lunes, 28 de septiembre de 2020

"NUEVO REY - NUEVA LEY". ANTE LA SITUACIÓN CRÍTICA FELIPE VI DEBE TOMAR LA INICIATIVA

La actual situación de España está caracterizada por siete contradicciones insuperables que han aparecido en el panorama y que no dejan lugar a dudas sobre la gravedad del momento que estamos viviendo y, lo que es peor, sobre la falta de perspectivas que tenemos por delante. El viejo refrán castellano dice “Nuevo Rey; nueva Ley”. Si Felipe VI quiere desvincularse de la herencia que ha recibido de su padre y de la genética de la rama española de los Borbones (que tocaron fondo con Fernando VII e Isabel II) debe de asumir este refrán como leit-motiv de su reinado. Vayamos primero a las siete contradicciones.

LAS SIETE CONTRADICCIONES PRESENTES
EN UNA SITUACIÓN ENDIABLADA

1) Contradicción entre la monarquía constitucional y el gobierno (lastrado por los republicanos de Podemos, pero que depende de su apoyo).

2) Contradicción entre el Estado Español y las comunidades autónomas que se definen como “naciones” y que aspiran a un Estado propio (Cataluña y en mucha menor medida el País Vasco).

3) Contradicción entre los partidos de centro-derecha y los de centro-izquierda que tiende a mantener la división histórica entre las “dos Españas”.

4) Contradicciones entre el poder central (gobernado por un partido) y los gobiernos autonómicos (gobernados por otros partidos que no son los del gobierno del Estado).

5) Contradicción entre los intereses del “eje franco-alemán” de la Unión Europa y los intereses de la “periferia europea” (en la que se encuentra España).

6) Contradicción entre la “España que trabaja y paga impuestos” y el binomio “España subsidiada por el gobierno parásito”.

7) Contradicción entre los “beneficiarios” de la globalización y del mundialismo y los “damnificados” por estos movimientos económico-culturales.

Las cuatro primeras contradicciones nos parecen demasiado evidentes para explicarlas.

La quinta deriva de la firma de los acuerdos del felipismo con la UE que, por sí mismos, liquidaron nuestra industria pesada y nos reservaron el puesto de geriátrico de Europa, zona de ocio con turismo y hostelería y desarrollo de la construcción: es decir, los sectores con menos “valor añadido”. A esto se unió el que, a los gobiernos posteriores, desde Aznar a Sánchez, se les ha ido tapando la boca con la caridad europea que ha bastado incluso para que, ni siquiera el sector agrícola haya salido beneficiado: se importan cítricos de Israel y del Magreb, mientras el “suelo” de la huerta valenciana está cubierto de naranjas que nadie recoge.

La sexta alude al paso de la “sociedad de los tres tercios” que hemos vivido desde los ochenta hasta la crisis de 2009-2011 (la formada por tres tercios parecidos en número: un tercio que vivía bien, trabajaba, cotizaba a la seguridad social; un segundo tercio que vivía a salto de mata, con períodos prolongados de paro, trabajos eventuales; y un tercer tercio que vivía en la indigencia, de las subvenciones y de la caridad pública), ha ido desapareciendo y hoy se vive lo que podríamos llamar “la sociedad piramidal de tres escalones”: un vértice pequeño formado por el gobierno, sus altos funcionarios, las élites económicas y las grandes fortunas que apenas pagan impuestos; una segunda franja más amplia en la que están todos los que tienen un nómina, mayor o menor, y viven de su trabajo; y una base, cada vez más amplia, de ni-nis, inmigrantes subsidiados, okupas, grupos que aspiran a vivir del salario social y cuyas necesidades se reducen a móvil-internet-fastos-porrito. La contradicción procede de que el grupo intermedio “financia” a todos los demás gracias a que su nómina permite detraer automáticamente impuestos.

En la séptima contradicción incluidos a todos aquellos que viven de la globalización (desde técnicos, propietarios y accionistas de empresas deslocalizadas, financieras, inversores de capital-riesgo, etc.), pero también a los que se alimentan del “mundialismo”, mediante ese régimen de subvenciones milmillonarias que se vierten sobre asociaciones que defienden ideologías de género, asociaciones que promueven los valores de la misma mundialización, la multiculturalidad y el mestizaje: están promoviendo una sociedad “ultra progresista”, que aspira a derribar cualquier resto de sociedad “tradicional”.

Ninguna de estas contradicciones son superables mientras siga la actual ordenación del Estado. Vale más que nos vayamos acostumbrando a que mientras se mantenga la misma situación, nada cambiará.

El problema es que las situaciones de crisis nunca posibilitan enderezamientos, ni “acuerdos nacionales” para planificar y establecer políticas más allá de las promesas electorales. Cuanto más profunda es una crisis y más contradicciones aparecen en el interior de un régimen, más se amplían LAS LÍNEAS DE FRACTURA. El hundimiento, a medio o largo plazo, resulta inevitable.

LA CRISIS DEL COVID-19 COMO
FACTOR DE EXTERIORIZACIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS

A partir de las últimas elecciones coincidieron varios elementos para dar lugar a una “tormenta perfecta”:

- Un vencedor electoral -Sánchez- con rasgos del psicópata de manual, con un ego sobredimensionado y patológico, más que cualquier otro presidente, sin prestigio, autoridad, ni siquiera mayoría parlamentaria, para gobernar.

- Un “Unidas Podemos”, en crisis, con pérdida de votos, con un electorado desmovilizado y con pérdida de impulso interior, consciente de que no tendrá una segunda oportunidad y que si no aportaba los votos parlamentarios que le faltaban a Sánchez para formar gobierno, difícilmente podrían pagar deudas, casoplones, asistentas y tren de vida al que se habían habituado los propietarios de la marca.

- Un centro-derecha fragmentado, con un Ciudadanos en crisis, un PP en pérdida de identidad que dudaba en jugar un papel de centro-derecha o de derecha-derecha, y un Vox que entonces todavía aspiraba a ser un PP(auténtico) y cuyos votos procedían sobre todo de este sector.

- Un nacionalismo catalán que seguía teniendo buenos resultados electorales y una presencia en Madrid superior a sus posibilidades reales en Cataluña y que seguía victimizándose, continuaba sin renunciar a la fantasía independentista y condicionaba su apoyo a Sánchez a cambio de unos euracos de nada y un indulto a los líderes indepes presos y un nuevo referéndum.

- Un nacionalismo vasco, más consciente tras el fracaso indepe catalán, de que no soplan vientos favorables en Europa para nuevas nacioncillas de calderilla y que era mejor preocuparse sólo por seguir manteniendo y mejorando el régimen autonómico actual, pero con una izquierda abertzale crecida por la necesidad que Sánchez tiene de sus votos.

El resultado fue el gobierno PSOE-Podemos… que nacía con la ambición de distraer al personal con reivindicaciones y leyes sobre temas de “palpitante actualidad”, a saber: legislar el “no, es no” y las relaciones de alcoba, dar un paso adelante con la eutanasia, otro más para rectificar la “memoria histórica”, disminuir la presión sobre las drogas, acelerar la llegada de Menas e inmigrantes y dejar que pasaran las semanas y los meses con la “mesa de negociación” paritaria Estado-indepes.cat. Y entonces llegó el Covid-19…

LOS RESULTADOS DE LA NEFASTA ACTUACIÓN
DEL GOBIERNO ANTE LA PANDEMIA

La sanidad estaba en manos de Illa, alguien SIN REMOTA IDEA de cuestiones sanitarias. Hubiera bastado que se aplicase la ley 33/2011, Ley General de Salud Pública. Y, claro está, que, desde el principio, se formara un grupo de expertos que realizaran recomendaciones y estudios previos. En lugar de eso, a partir de enero de 2020, en tertulias de mediodía de TVE1, diversos tertulianos indocumentados sembraban el pánico en la población. El gobierno, no hacía nada: quería que las feminitudas pudieran vociferar el 8 de marzo y que el éxito se rematara en el Día del Orgullo Gay siguiente. Pero una semana después, teníamos el virus encastrado en el país y circulando de norte a sur a velocidad de vértigo.

Y hoy vamos por los 31.000 muertos (o, más bien, entre 50 y 54.000 reales, lo que nos hace el primer país del mundo en número de muertos por 100.000 habitantes), con una segunda ola encima, la economía paralizada y sin perspectivas, y un gobierno:

- que se niega a una auditoría independiente sobre su gestión durante el Covid-19.

- que está aislado de la UE a causa de la presencia de Podemos.

- que desde enero anda perdido, sin hoja de ruta, sin recurrir a expertos.

- que está más preocupado por su permanencia en el poder que por la salud pública.

- que trata de aprovechar en beneficio propio la crisis sanitaria, mucho más que de resolverla.

- que no volverá a recibir subsidios europeos sin la llegada de los “hombres de negro”.

- que no confía más que en la difusión de una vacuna para normalizar la situación.

- que carece por completo de prestigio y autoridad para ser creído o seguido en sus consejos.

- y cuya gestión en todas, absolutamente en todas las fases de la crisis, ha sido caótica, amateur y nefasta.

LO QUE TENEMOS ANTE LA VISTA:
CRISIS ECONÓMICA -> CRISIS SOCIAL -> CRISIS POLÍTICA

Si alguien duda de que tenemos por delante el caos a seis meses vista, mejor que vaya a graduarse la vista. Es mucho más razonable pensar que, con o sin vacuna, esta crisis no se va a resolver en breve. Es más, se va a reproducir el mismo esquema que era fácilmente previsible en 2008:

- primero crisis económica

- después crisis social

- finalmente, crisis política.

En breve volveremos a tener a:

- Seis millones de parados en el horizonte (calculando buena parte de los acogidos a los ERTE que no volverán a recuperar jamás su puesto de trabajo), un 25-30% del pequeño comercio que cerrará para siempre.

- Caos económico motivado, sí, por el Covid-19, pero también y sobre todo, agravado por la particular estructura económica de España como “país de servicios”, con sectores de poco valor añadido como pivotes de la economía, especialmente, el monocultivo turístico. Sin olvidar que, a pesar de la previsión de la banca a la hora de conceder hipotecas, el parón general, ocasionará también convulsiones bancarias (de ahí las fusiones de estos días) y retirada de capitales procedentes de los fondos de inversión (que habían invertido en compra de pisos turísticos).

- Caos social con un sector creciente de la población viviendo de subsidios, con un gobierno que sigue manteniendo -por principio, por convicción y por interés- la puerta abierta a la inmigración, a pesar de saber que son los impuestos de las clases medias, los que van a pagar su estancia en España, con licenciados que escapen hacia otros horizontes más benévolos, con aumento de las patologías por uso y consumo de drogas y tranquilizantes, y, para colmo con una “izquierda marciana” aumentando tensiones con leyes estúpidas, intemperantes, fuera de lugar o, simplemente, inútiles.

- Caos político que se traducirá en un aumento de los votos de Vox y en una mayor polarización del electorado: de un lado las “fuerzas constitucionales” (desde Podemos al PP) y de otros las “fuerzas populistas”, en una situación parecida a la que se ha dado en Francia (a un lado los “republicanos demócratas” y al otro lado Marina Le Pen). Porque, el fracaso de la experiencia de Podemos taponará durante muchas décadas, el que pueda salir otra repuesta “de extrema-izquierda” a la crisis. Podemos ha sido la vacuna.

LA MONARQUÍA,
O PROMUEVE LA “NUEVA LEY” O DESAPARECE

Espero que todo lo anterior haya servido para lanzar una visión bastante realista y poco esperanzadora ante la situación. Nos estamos jugando, no ya el “futuro de España”, sino más bien la existencia misma de España. Y no lo digo porque los independentistas catalanes tengan la más mínima posibilidad de éxito (que no la tienen), sino porque una España encarrilada hacia el precipicio solamente tiene como futuro:

- el ser gobernada por los “hombres de negro” enviados por la UE (la caída de España precipitaría la de toda la zona Euro y el fin de la moneda única, dadas las dimensiones de nuestra economía), y

- el resignarnos a ser un país irrelevante en el que votar solo sirve para elegir los rostros que aparecerán en los telediarios, pero que no tendrán ni peso ni responsabilidad en el gobierno efectivo de la nación.

¿Es posible difundir un programa político alternativo y que, de paso, sea realista ¿en qué sectores podría apoyarse un programa de este tipo? Vamos a intentar responder a esta cuestión.

1. El “poder” es importante. La “Autoridad” lo es más.- Hace falta un gobierno que sea respetado por la población, por TODA la población, no solamente por los que creen que se van a beneficiar de él. Sánchez hoy carece por completo de prestigio y autoridad por mucho que salga en televisión. Si la gente lleva mascarilla por la calle, no se debe a que lo haya prescrito el gobierno, ni siquiera a la eficacia de esta defensa (o, más bien, falta de ella), sino a causa de las multas. Tener “autoridad” quiere decir difundir una consigna y que esta sea seguida por la población; tener, sólo, “poder”, quiere decir que una consigna se sigue por miedo a la coerción. Por tanto, hace falta un GOBIERNO QUE EJERZA EL PODER CON AUTORIDAD.

2.- Un gobierno de salvación nacional.- no una simple coalición para lograr una cómoda mayoría parlamentaria, algo que ya hemos visto demasiadas veces y en lo que Sánchez insiste una y otra vez (con el Frankenstein político formado por indepes.cat, batasunos, podemitas con coleta, moño o gafas, o bien lanzando cables hacia Cs). El horno, ahora sí que no está para bollos, ni para un parche más: nuestra sociedad, nuestra nación, están agonizando y basta salir a la calle para advertirlo. Afrontamos una situación de “máximo riesgo”, como individuos, como sociedad y como nación. Hace falta un gobierno como el que no hemos tenido en décadas y lo llamamos un “gobierno de salvación nacional”, no un simple gobierno de gestión.

LAS TAREAS DE UN GOBIERNO DE SALVACIÓN NACIONAL

Un gobierno de salvación nacional, fundamentalmente, debería abordar cuatro tareas:

1.- Afrontar la lucha contra la pandemia, revisando la gestión del gobierno Sánchez mediante un “comité independiente de investigación”, formado por técnicos y expertos en sanidad, nacionales y extranjeros.

2.- Afrontar una reforma decidida de la economía, planificando y estimulando, el desarrollo de sectores de mayor valor añadido e iniciando el desenganche de la economía de servicios (dependiente de la hostelería y construcción)

3.- Renegociación de los acuerdos con la Unión Europea y denuncia de los firmados por Felipe González en enero de 1986, asumiendo la defensa y promoción de nuestra agricultura y de nuestra ganadería.

4.- Cierre de fronteras con tolerancia cero a la inmigración ilegal, repatriación de todos los Menas que se encuentren en el Estado Español para reunirlos con sus familias en los países de origen, repatriación de inmigrantes que hayan delinquido en nuestro territorio (con pérdida de la ciudadanía española si la han recibido) y de inmigrantes que, desde su llegada en España, no hayan cotizado unos mínimos a la seguridad social.

5.- Reforma de la administración pública estableciendo las titulaciones y las competencias que deben tener todos aquellos que ocupen un cargo público, incluido el de presidente de gobierno y ministros, para evitar que por conveniencias políticas, amiguismo o nepotismo, se nombren altos cargos que lo ignoran todo sobre el sector que les ha sido encomendado. Disminución de los gastos de personal de la administración del Estado, de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos.

6.- Devolución de las competencias de sanidad y educación de las comunidades autónomas a la administración del Estado.

7.- Juicios sumarísimos y castigos ejemplares por responsabilidades en casos de corrupción, malversaciones, mala gestión, de anteriores gobiernos desde el inicio de la democracia, empezando por los errores criminales cometidos en el tratamiento de la pandemia.

LAS VIAS PARA LLEGAR A
UN GOBIERNO DE SALVACIÓN NACIONAL

Es evidente que este no es un “programa electoral”, ni siquiera un programa que para cumplirlo baste el tiempo que dura una legislatura. Es un programa para sanar una enfermedad que se ha vuelto endémica y resolver lo que ya hoy es una CRISIS NACIONAL. Hay solamente dos vías para poner en práctica un programa necesario como éste:

a) La vía “constitucional”, es decir que surgiera del parlamento actualmente elegido, un acuerdo entre todos los partidos que se confundiera con un “gobierno de unidad y salvación nacional”. Pero, dada la fragmentación actual del parlamento, a la vista de las rivalidades, rencillas, desconfianzas y antecedentes de todos los partidos políticos e, incluso, a causa del bajísimo nivel cultural y profesional del actual parlamento, no se nos oculta que una opción así, por adecuada que sea, resulta también inviable.

b) La segunda opción es la “postconstitucional”, es decir, la formación de un gobierno de técnicos y expertos, con participación corporativa de sectores profesionales (jurídicos, sanitarios, defensa, universidades, colegios profesionales) y apoyada, desde la calle, por la sociedad civil, capaz de recuperar el prestigio de la tarea de gobierno, la Autoridad necesaria para el ejercicio del gobierno, lograr nuevos consensos y adoptar medidas mínimas para enderezar la situación y preparar la base de una nueva constitución.

Se podrá achacar a Felipe VI falta de iniciativa, los límites de su reinado son los impuestos por una constitución en la que se mantuvo la figura del Rey simplemente, como elemento decorativo. Con Juan Carlos I, los gobiernos se habituaron a que el Rey firmara y callara. Ahora, todo eso ha terminado: la monarquía juancarlista ha estado ligada íntimamente a la constitución del 78. Nuevo Rey, nueva Ley. El miedo de algunos monárquicos es que la discusión por una nueva constitución, desembocara en un referéndum entre monarquía y república. Y tienen razón: por eso el Rey Felipe VI tiene que entrar en liza y ya no puede quedar como un simple actor pasivo: TIENE QUE TOMAR LA INICIATIVA, a la vista de que los partidos nos han conducido a un callejón sin salida. Felipe VI debe asumir lo que se espera de un Rey:

- que sea el unificador de la Nación, ante partidos e indepes, ante las brechas sociales abiertas o que se abrirán.

- que sea la máxima Autoridad de la Nación, la persona que encarna los valores y la historia de la Nación, en lugar de ser una figura decorativa y un actor pasivo, el ejemplo para la Nación.

- que sea el defensor de la sociedad ante la rapacidad e incapacidad de los partidos políticos, que no opte por la “neutralidad” ante los errores de los partidos, sino que estire de las orejas públicamente a políticos incapaces e inútiles, evidenciados en el fracaso de la gestión pública, y no tenga miedo en dar la patada a los que lo merezcan.

- que tenga asegurado el nivel de vida para él y para sus descendientes, a cambio de ser ejemplo de valores cívicos para la nación,

y velen siempre por el respeto a la ley, la eficiencia en la tarea de gobierno como un centinela custodia una fortaleza.

No creo que un “presidente de la República” se viera libre de las luchas entre partidos, ni mucho menos que haya sido educado desde su infancia para el ejercicio de la más alta institución o que pueda encarnar los valores de la nación durante cinco años. No creo, por tanto, ni siquiera en la “república presidencialista”. Creo que, de la actual crisis solamente puede salirse, aprovechando la ocasión para plantear una reforma constitucional en profundidad que debe ser capitaneada y dirigida desde el Palacio de la Zarzuela (o que puede terminar dirigida contra la monarquía si, como resultado de la crisis política en la que desembocará la crisis social generada por el hundimiento económico, Podemos encuentra un caballo de batalla en la lucha por la República)

Si hoy existe una consigna con fuerza suficiente para enviar al gobierno del petimetre atildado con aspecto de figurín de rebajas y del impresentable con aspecto de porrero que cada mañana tarda más tiempo en arreglarse el moño y elegir pendiente en la oreja que en la higiene diaria, y para evitar que impresentables como estos vuelvan al poder es:

¡VIVA EL REY Y MUERA EL MAL GOBIERNO!

 

 

  

jueves, 24 de septiembre de 2020

La generalitat inicia un "plan piloto" para la enseñanza del islam en centros públicos

La Vanguardia, el diario digital que en otro tiempo fue el periódico de la burguesía catalana bienpensante, tiene hoy dos noticias que llaman la atención: a un lado aparece “Unas 2.000 familias piden clases de islam en Catalunya” y, justo al lado, el corresponsal en París, publica otra de este jaez: “Francia lucha por preservar su laicismo”. No creemos que esta ubicación haya sido deliberada. Simplemente, el islam es noticia… no en Arabia Saudí, ni Oriente Medio, no en el Magreb, sino en Europa. En Cataluña “unas 2.000 familias” piden “adaptarse” … en Francia, décadas después de hacerse “adaptado”, el resultado ha sido el que cabría esperar: el tan cacareado laicismo de la República ha sido pisoteado por aquellos que, simplemente, son partidarios de la “verdad teocrática” y de la buena nueva islamista. En España será todavía más lacerante, porque hemos pasado de la “España Católica” a la “España Islámica” en un abrir y cerrar de ojos. ¿Exagero? En absoluto.

(dos noticias contiguas en el digital de La Vanguardia del 24.09.2020)

En Cataluña, donde se encuentra la comunidad islámica más grande de España, con casi un millón de fieles y en donde gobierna ese independentismo que se las da de republicano y laico, la Unió de Comunitats Islàmiques (UDICAT) se muestra satisfecha de que este curso se imparta, por primera vez en las escuelas públicas de Cataluña la materia de “religión islámica” en ocho centros educativos. Se trata de un plan piloto que, en los próximos cursos, afectará a más centros.

Obviamente, del independentismo no puede sorprender nada: se da la paradoja de que durante los años de gobierno del pujolismo y desde que se desencadenó “el procés”, los nacionalistas/indepes han logrado ir borrando las raíces históricas de Cataluña, desfigurando la identidad catalana e islamizando la región. El por qué lo han hecho no es ningún secreto: dado que el límite máximo al que puede aspirar el independentismo es al control del 30% de la población que se expresa SOLO en catalán y, dado que los que se expresan SOLO en castellano son una cantidad ligeramente superior, el “desempate” solamente lo pueden obtener mediante la comunidad islámica (que a diferencia de la comunidad andina aprende el catalán con más facilidad).

Desde Pujol y, sobre todo, desde los tiempos en los que Carod-Rovira era alguien, se estima que la independencia solamente es posible cuando la comunidad islámica que sume a ella y, por eso, los próceres republicanos-indepes aluden tan frecuentemente a esa entelequia que llaman “el islam catalán”… como si el islam y su idea central, la Umma, comunidad de los creyentes, tuviera algo que ver con el “estado catalán” o como si a los islamistas les importara un higo la independencia de Cataluña, cuando ellos aspiran a islamizar “Al Ándalus”, la tierra de la que fueron expulsados hace siglos y que ocuparon durante 800 años (y Barcelona, durante algo menos de 70…).

ERC, la CUP y los indepes son, sobre todo, anticristianos: cualquier cosa que huela a la religión tradicional durante siglos en Cataluña es algo que les repugna, pero, eso sí, la islamización de la región la bendicen si -en su imaginario enloquecido- les permite ser “independientes”.

Pues bien, hoy, La Vanguardia, coloca la noticia sobre el absurdo decreto de enseñanza islámica en Cataluña, otra noticia que indica los peligros advertidos en Francia por bromas de este estilo. Porque la generalitat no ha sido la primera en pensar que cortejando a los islamistas y cubriéndolos de subsidios, lograran “domesticarlo”.

Como se sabe, uno de los fundamentos de la república francesa es el laicismo. El islam es una religión -además, foránea- y, por tanto, no se puede impartir en centros públicos la enseñanza de ninguna religión, ni siquiera se deberían permitir cruces católicas, martillos de Thor o el velo islámico y la media luna. En Francia, hoy el “separatismo” y el “comunitarismo” son muy criticados por los republicanos fundamentalistas: y no se refieren a independentistas catalanes, vascos, corsos, auverneses o bretones, sino a la intención de la comunidad islamista de hacer “rancho a parte” y una vida “separada”, como si los valores laicos de la república no fueran con ellos.

Ningún presidente de la república se atreve a criticar en público esta tendencia, por miedo a lo que pueda ocurrir a poco de pronunciar sus palabras. No solamente hay extremistas islámicos, sino que también para los musulmanes moderados, su religión es incompatible con los valores republicanos. Ellos, lo que quieren es la “doble legislación”: que se aplique una a los musulmanes y otra a los no islamistas. Algo que hace rasgar las vestiduras a los republicanos de estricta observancia por vulnerar el principio de la “igualdad”.

En Francia, la situación está desembocando en una guerra civil racial, social y religiosa, latente y que, de tanto en tanto, pasa a ser guerra “caliente”: basta un partido de futbol, basta la detención de un delincuente magrebí, para que los barrios estallen, el número de vehículos quemados cada noche aumente bruscamente, o la inseguridad se apodere de las calles. En estas circunstancias, Macron no sabe que hacer: a él le daría igual que hubiera dos, tres o cinco legislaciones diferentes, siempre y cuando él gobernase sobre todas ellas; pero a los “fundamentalistas republicanos”, la islamización de Francia les parece intolerable.

Aquí no se ha llegado tan lejos, pero la generalitat si ha logrado superar en estupidez y esperanzas utópicas al gobierno de Macron. Para “desempatar” el tablero entre indepes y españolistas, es por lo que los memos que dirigen la institución que, en apenas 45 años, ha conseguido demoler la identidad catalana, apelan a la “morería” y les ríen todas las gracias. Que lo pagarán está más claro que el agua.

De hecho, en una cosa tienen razón: es más probable que una República Catalana ingresase antes en la Liga Árabe que en la Unión Europea.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

ADOLESCENTES Y PORNO, O EL FRACASO DE UNA SOCIEDAD

 

En los dos últimos días parece que alguien ha hecho sonar las alarmas y los digitales repiten -en estos momentos de caótico inicio del curso escolar- que los adolescentes se están convirtiendo en consumidores compulsivos de pornografía en la red. ¿Alguien podía esperar otra cosa? Es como los incidentes étnicos o el aumento de la delincuencia ¿Es que nadie lo previó desde 1996 cuando Aznar abrió la espita de la inmigración o cuando la justicia tiende a “reinsertar” antes que a resarcir a la víctima? Ahora viene el llanto y el crujir de dientes.

El fin de semana abrió el fuego La Vanguardia en su última página: un especialista entrevistado afirmaba que el Coeficiente Intelectual de la generación de milenials es inferior al de las anteriores. ¿A qué se debe? El mismo especialista lo explicaba: a que el adolescente lo encuentra todo en alguna pantalla: ordenador, Tablet, móvil, videoconsola, televisión por cable… ¿para qué pensar si todo puede encontrarse en la red?

A partir de los años 70, el cultivo de la memoria empezó a ser arrojado de los planes de estudio y la lista de los Reyes Godos dejó de ser un estímulo para un “músculo” que, si no se ejercita, se atrofia, y actualmente, no ya la memoria, sino la totalidad del conocimiento es desplazado por las posibilidades de la red.

Ahora bien, para poder aprovechar los contenidos de la red -y, por extensión, todas las nuevas tecnologías- es preciso tener cuatro capacidades que no están al alcance de la inmensa mayoría de la población:

- Capacidad de discernimiento entre lo que es “verdad” y lo que es “falso”, entre la información objetiva y la información difundida por “enteraos”, entre lo que es publicidad y lo que es servicio público.

- Exigencia de calidad en los contenidos escritos, de audio, de imagen o de vídeo, y rechazo a contenidos que no alcancen mínimos en este terreno, por muchos likes que tengan o por muy trendig-topics que se hayan convertido.

- Capacidad cultural que induzca a ampliar conocimientos, en lugar de convertir las pantallas de terminales en meras herramientas que extienden el tiempo de ocio durante las 24 horas del día y constituyen la mayor reserva mundial de “información” inútil.

- Capacidad para procesar los datos recogidos en la red, algo que está íntimamente ligado al cultivo de la memoria y al razonamiento lógico, mucho más que a las limitaciones de un software.

También en la red se cumple la ley de hierro de la psicología de las masas, enunciada por Gustav Le Bon, hace más de un siglo: la inteligencia media de una masa -y los usuarios de internet son tan masivos como puede ser un estadio de fútbol en día de final- no se sitúa en la media aritmética de las inteligencias de sus integrantes, sino en el nivel más bajo de los mismos.

Todo esto es mucho más grave cuando el usuario de Internet es una personalidad en vías de formación, completamente influenciable que, además, está descubriendo su sexualidad y tiene interés por ella. Es ahí en donde la adolescencia y la pornografía confluyen.

¿Qué es la pornografía? Es la difusión de material que contiene sexo explícito.

¿Para qué sirve la pornografía? Para estimular la imaginación sexual (olvidando que no todo lo que se puede imaginar es posible, ni ético, llevarlo a la práctica.

¿Cuál es el riesgo de la pornografía? Habituarse a ella, lo que implica -como cualquier droga- administrarse dosis cada vez mayores.

¿Cuál es la característica de la sexualidad en el siglo XXI? Que existe una brecha creciente entre los contenidos cada vez más extremos de la pornografía y las posibilidades de llevarlos a la práctica.

¿Y esto que implica?

1) Aumento de las neurosis sexuales y de las patologías de origen sexual.  

2) Aumento de los fracasos en el sexo real cuando alguna de las partes quiere realizar las fantasías alimentadas por la pornografía.

3) Aumento de la práctica del “sexo solitario” el único territorio donde la imaginación puede volar libremente según los vientos inspirados por la pornografía.

4) Distanciamiento creciente entre la sexualidad de varones y hembras con todo lo que ello implica (inestabilidad de las parejas, agresiones sexuales, homosexualidad y lesbianismo).

Todo esto se experimenta de manera mucho más intensa en la adolescencia, esa época de búsqueda y de tanteo sobre un mundo del que se desconoce casi todo, en el que la “educación sexual” de las escuelas ha fracasado por completo y en donde la mayoría de padres tampoco han sabido transmitir unos comportamientos razonables ante el sexo. ¿Cómo reprochar a los adolescentes que consulten páginas pornográficas en lugar de páginas de orientación sexual? El camino más simple, el más fácil, el más sugerente, siempre es aquel que se sigue; no el más adecuado, no el más razonable, no el más necesario.

¿Y cuál es ese camino? Después de 50 años de predicar el “ejercicio libre de la sexualidad” con argumentos psiquiátricos (“no hacerlo crea ‘represiones’, fuente de perturbaciones mentales”), es preciso priorizar otra “moral sexual” completamente diferente: la que proponga, el control sobre la sexualidad en lugar de dejar que la sexualidad controle al individuo. Y la pornografía no es, desde luego, la mejor vía para este objetivo, el único que podría redimir a modernidad de su miseria sexual actual: porque, nunca la sexualidad ha estado tan exenta de tabúes como hoy, y nunca como hoy las patologías sexuales han estado tan extendidas.

Ahora se intuye que “algo no funciona” y que los “controles parentales” de la red son inviables, casi grotescos por su ingenuidad, ante al alud de la pornografía en Internet. No hay solución posible, al menos dentro de el actual marco social: prohibir la pornografía no es una opción, a menos que no sea una iniciativa universal, reducirla tampoco parece realista, especialmente en un momento en el que falta poco para que las imágenes transmitidas sean holográficas y tridimensionales. Lograr una mayor resistencia de los adolescentes a la pornografía, también resulta una quimera: las masas siempre van a las salidas más fáciles y más placenteras. Educar el instinto de reproducción y la sexualidad, tampoco es una opción realista: ¿quién lo va a hacer? ¿una escuela que ha fracasado incluso a la hora de enseñar gramática o que no va más allá del 2 y 2 son 4?

De ahí que la actual alarma por los efectos de la pornografía sobre la adolescencia sea una actitud hipócrita: “deme una solución y no me hable de un problema que era fácilmente previsible desde el momento en que en 1995 para aprender el uso del Explorer se recurría a la web del Play-Boy…”. Y los gobiernos callan: una vez más, carecen de solución. Por lo demás, el hecho de que el adolescente se esté masturbando compulsivamente e imagine prácticas sexuales que sólo conseguirán alejar de él al otro sexo, estará encerrado en su casa y ajeno a los problemas de la modernidad.

Entre eso, el porrito, y la pizza, la generación Zombi tiene todo lo que le exige a la vida. ¿A quién reclamamos?

 

lunes, 21 de septiembre de 2020

LA PEOR PESADILLA ESTÁ POR LLEGAR: EL POST-COVID

Imaginad un relato de terror en los que el protagonista sueña y tiene una pesadilla, pero le es imposible despertar y cuando lo hace el mundo encuentra es peor que el peor de sus sueños, así que sigue pensando que está soñando, pero la pesadilla se hace todavía más dramática. Y así pasa horas y días, entre sueños terribles. Un buen día despierta definitivamente, abre la puerta y ve que la pesadilla sigue ahí está fuera, no en su cerebro en estado REM, sino en su vida, en su entorno, en las calles. Pues bien, este es el mejor resumen que puede hacerse de la España post-Covid y si se me apura, de la España de las últimas décadas. Ahora estamos llegando a ese momento del despertar en el que nos encontraremos una situación tan deteriorada que preferiríamos seguir sumidos en el peor de los sueños.

Todo empezó en la transición cuando se nos prometió que, con las libertades políticas, todo lo demás vendría por añadidura. Luego resultó que no era así y que, como dijo el poeta, “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Cada día nos convencemos más de la oportunidad de este verso de Jorge Manrique que, presumiblemente, será prohibido por la nueva Ley de Memoria Histórica a causa de sus implicaciones.

La transición empezó mal porque se basaba en una mentira: en que el pueblo, los dirigentes políticos (del poder y de la oposición) y el rey, habían tomado la decisión irrevocable de marchar hacia la democracia, esto es, hacia el paraíso perdido. En realidad, el país marchó hacia la democracia por cuatro factores, por orden de importancia:

- Las ambiciones del capital financiero internacional y de las multinacionales que querían invertir en España (país barato, como hoy lo es Vietnam) y convertir a España en un país neocolonial.

- La necesidad de la economía española de entrar en el mercado común europeo para colocar sus excedentes, cerradas a causa de la exigencia del “club europeo” de disponer de una forma democrática de Estado.

- La necesidad para la OTAN de reforzar la “profundidad” de sus líneas en una fase de endurecimiento de la Guerra Fría que no podía seguir siendo resuelta mediante pactos unilaterales con los EEUU.

- La inviabilidad de una estructura franquista sin Franco, ni un Delfín con carácter suficiente para asumir las riendas del Estado y la falta de convicción de las autoridades franquistas sobre la viabilidad de la “democracia orgánica”.

Estas fuerzas y no Suárez, ni mucho menos el rey, ni siquiera la presión popular (no hubo “ruptura democrática” porque la izquierda no tenía fuerza social suficiente para realizarla y, por lo demás, el único partido con existencia real era el PCE (que luego Carrillo se encargó de liquidar en los siete años siguientes) hicieron la transición.

Y aquella mentira trajo todas las demás. La primera de todas lo que ocurrió realmente el 23-F, luego la opereta siniestra del “síndrome tóxico” que costó la vida a 2.000 personas y dejó a otras 20.000 afectadas liquidándose la cuestión con una sentencia dictada por las multinacionales del sector químico. Más tarde, ya en el felipismo, vino la estatización de RUMASA que puede ser llamada “la madre de todas las corrupciones” que siguieron, luego el escándalo del GAL (y no nos referimos a la liquidación física de los matarifes de ETA a los que solamente habrían llorado sus familias, sino al saqueo de fondos públicos que realizaron todas las partes implicadas) y luego los sucesivos escándalos de financiación de los partidos políticos. Y así hasta llegar a la negociación con ETA y al 11-M del que, lo esencial, sigue todavía velado para una opinión pública que sospecha que las cosas no fueron como se contaron. Luego vino la mentira de que España necesitaba inmigración porque la natalidad bajaba (hubieran bastado estímulos fiscales para que se produjera lo contrario en lugar de convertir al país en un mosaico étnico. Y así sucesivamente: todos los que tenéis más de 50 años sois capaces de reconstruir la “memoria histórica” de la democracia que confirma el mencionado verso del enorme, gigantesco y profundo, Jorge Manrique, poeta y soldado.

El caso es que, a fuerza de ir degradándose la situación política y social, ir disminuyendo la cultura y la educación de un pueblo (ayer en la última página de La Vanguardia se entrevistaba a un investigador que afirmaba que la generación actual tiene un coeficiente intelectual más bajo que las anteriores y que los nativos digitales no fuerzas más que la vista, porque todo lo tienen en pantallas y monitores), terminamos eligiendo a unos gobernantes que causan irrisión en toda Europa y que algún  político europeo se negaría incluso a dar la mano, no por su ideología, ni por el Covid, sino por el riesgo que implica estar cerca de un piojoso.

Un gobierno que no previó las consecuencias económicas del Covid y lo desacertado de la medida del confinamiento general -porque de la única economía que entiende y que le interesa, es trincar para las cuentas propias- ha colocado al país ante la quiebra y la suspensión de pagos (lo que debería ocurrir cuando el próximo año haya que renovar letras y pagarés del tesoro y emitir otros miles de millones nuevas… a ver quién es el inversor de alto riesgo que las compra si la prima de riesgo no se va elevando. Sabemos lo que ocurrirá: que España volverá a ver cómo se dispara la prima de riesgo (lo que ya nos puso en 2010 en grave situación), se congelarán salarios y se subirán impuestos.

Pero ¿se pueden subir aún mas los impuestos? Si, claro, a los que tienen una nómina que el gobierno “de izquierdas y progresista” considera unos privilegiados. Para esta gentuza el trabajo no es un derecho, sino que ha pasado a ser un privilegio. Son aquellos con nómina los que pagarán el “salario social”, son ellos los que pagarán los caprichos de las comunidades autónomas, son ellos los que pagarán el chalé y las propiedades compradas por los miembros del gobierno y, son ellos, los que mantendrán a la inmigración masiva, subsidiada como nunca y que sigue llegando más y mejor que en los mejores tiempos del aznarismo y del zapaterismo…

Lo peor sería que el gobierno optara por disolver las cortes y convocar nuevas elecciones que ganaría apoyado por los restos de Ciudadanos y con un PP disminuido y un Vox agigantado. Porque, en ese caso, tras las promesas electorales y el “todo marcha bien” y “debemos permanecer unidos”, al cerrarse las urnas, los que tienen una nómica verán sus ingresos mermados de nuevo y a aguantar la crisis a sus espaldas, mientras el primer acto de los nuevos diputados -no lo dudéis- será subirse el sueldo

La esperanza del gobierno es que la vacuna llegue en primavera y en Semana Santo esto vuelva a ser el paraíso de turistas borrachos, gilipollas haciendo el balconing y estampándose contra un acantilado después de una selfie. Aquí ya no queda más esperanza que la vacuna y que el turismo vuelva. No hay plan B. La limosna europea no da más de sí, lo justo para pagar algunos caprichos en los próximos seis años, pero fuera de las triunfales declaraciones del ciudadano Sánchez, lo cierto es que el reparto del oro europeo no ascenderá a más de 6.000 millones de euros anuales que se comerá el “salario social” aumentando la cantidad de ni-nis y de inmigrantes que viven del cuento.

Por mucho que mejore el turismo en verano -si es que mejora-, otros países, la Costa Dálmata, Europa Central, el mismo Portugal, habrán dado muestras de que pueden competir ventajosamente con España, país que ya hoy aparece en todos los medios mundiales como el país con una mayor tasa de contagios y que, cuando se sepan las cifras reales de víctimas, ocupará el primer lugar en muertos por cada 100.000 habitantes.

Y, cómo no podía ser de otra forma, el país en el que el gobierno “ordena” y las comunidades autónomas “ejecutan”, pero nadie tiene Autoridad y nadie sabe hacerse respetar sino por la vía de las multas, aquí, el virus es incontrolable, los negacionistas son incontrolables, los botellones son incontrolables y la acción de las administraciones es errática, confusa y destartalada (la nueva ley de memoria histórica “urgente” es casi un chiste en todo este panorama).

Lo peor no es que el año que viene la quimera de que el turismo aumentaría en España a razón de un 5% anual hasta el 2050 habrá quedado desbaratada. Lo peor es que ningún partido -y ahí incluyo a Vox- NINGUNO es capaz de plantear un modelo económico alternativo al binomio “turismo-construcción”.

Reindustrialización, relocalización, rearme arancelario, renegociación de las cláusulas de adhesión a la UE, ruptura con el modelo de economía globalizada, son las únicas vías para emprender un “nuevo curso”.

De lo contrario volverá a repetirse el escenario actual de aquí a cinco años (el detonante es lo de menos, lo que interesa subrayar es la fragilidad de la economía española), como se ha repetido la crisis generada por otras causas en el período 2008-2013. El gran problema es que la “memoria histórica” registra que los errores del zapaterismo generaron los primeros tres cuartos de billón de euros de déficit y ahora no encaminamos a los tres billones. 

Estamos más cerca del corralito argentino que del sistema fiscal nórdico. Lo que ocurre es que España se dará cuenta cuando suban el impuesto sobre la cerveza y el coste de una cañita se duplique. 

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

LA PUGNA GOBIERNO – CAM: ¿VEN PORQUE EL “ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS” ES INVIABLE?


 Pasemos revista, a título de inventario, a los presidentes de gobierno democrático, es decir, a los que los votantes han elegido (luciéndose, por cierto):

- Felipe González era un oportunista y mentiroso patológico, abogadillo de pocos pleitos antes de pasar a las órdenes de la socialdemocracia alemana a la que pagó con creces firmando el tratado de adhesión con la UE;

- José María Aznar, otro oportunista, paso de la búsqueda de la pureza del ideal joseantoniano a dirigir la derecha liberal, responsable del modelo económico que condujo a España al desastre de 2009-2011 y entre cuyos méritos cabe el de abrir las puertas a la inmigración masiva y establecer que la construcción sería fuente de riqueza.

- José Luis Rodríguez Zapatero, un simple botarate, sin formación como socialista, ni mucho menos como marxista y cuyas orientaciones eran simplemente las contenidas en El Correo de la UNESCO. Ni se enteró de porque el PIB subía, ni porqué, llegado un momento, se hundió.

- Mariano Rajoy, un hombre gris, opositor nato, pragmático y que huía de los problemas remitiéndolos a otras instancias (judicializó el tema independentista en lugar de compartirlo políticamente). Hombre de poca autoridad, durante su presidencia el PP se desmadró tomando el mismo camino que el PSOE había adoptado con el felipismo: corrupción a cascoporro.

- Pedro Sánchez, con algunos rasgos de psicópata de manual, oportunismo sin principios,  ambición sin límites, y ego desmesurado hasta en sus microgestos. Sin ningún tipo de principio, ni de moral, ni rastros de doctrina como no sea el yo-yo-yo-y-finalmente-yo.

Y esto es todo. Así podemos entender que estemos donde nos encontramos ahora. Estos cinco nombres resumen la historia de España en los últimos 40 años. Si alguien se pregunta porqué nuestra historia “democrática” ha sido pobretona hasta el bostezo, ha sido porque el electorado ha votado a estos personajillos cuya característica casi constante es que el siguiente lo ha hecho mucho peor que el anterior. Y, por esta misma razón, y a la vista de la actual clase política que deambula por el parlamento, no albergamos la menor duda de que el siguiente presidente, sea quien sea, será todavía peor que el peor de los que le han precedido.

Hasta Pedro Sánchez el gobierno torpedeaba con discreción y fino estilismo a las autonomías gobernadas por otros partidos. Pedro Sánchez, madrileño, cosecha de 1972, no puede soportar que “su comunidad” la gobierne el PP. Es como una afrenta: Sánchez quiere ser profeta en su tierra y para eso tiene que liquidar el acuerdo de gobierno en Madrid. Este, en definitiva, era el gran obstáculo que separaba al gobierno del Cs en su negociación de los presupuestos y lo que ha dado un respiro a Podemos (que en agosto ya se veía fuera del gobierno, a causa del romance Sánchez-Arrimadas).

En realidad, el acuerdo de gobierno en la CAM está cada vez más en el aire:

- En primer lugar, porque el PP de Casado ha querido adquirir un perfil propio “centrista”, para recuperar ese espacio que se le escapa a Cs entre los dedos de Arrimadas.

- En segundo lugar, porque Vox está cada vez más distante del PP: ha entendido que los votos de desengañados pepeteros le llegarán por sí mismos y que el electorado natural de toda opción populista son lo que queda de las clases trabajadoras (lo que no dejará de crearle problemas internos a causa de la presencia de liberales en sus filas). Entre esto y la prometida moción de censura que no apoyará el PP, la brecha está abierta.

- Tercero: la trayectoria política de Ciudadanos acabará con las próximas elecciones generales. – Cuarto: la presidenta madrileña no es ninguna “lideresa” carismática, sino que parece un parche provisional a falta de otro mejor.

Sánchez ha optado por aprovechar el Covid-19 para atacar la gestión sanitaria en la Comunidad de Madrid (olvidando que en todas partes cuecen habas). Ha cruzado una barrera que habían evitado cruzar los anteriores presidentes de gobierno: atacar desde su privilegiada posición a una comunidad autónoma, abriendo la caja de los truenos. Si antes, incluso Rajoy en el caso del independentismo catalán había evitado tirar obuses contra la Generalitat, no era por falta de ganas, sino para evitar que el cacareado “Estado de las Autonomías” se presentara como inviable para el electorado de toda la nación.

Hoy, gracias al ego presidencial, hemos llegado a ese punto. Sánchez, al querer provocar un choque de trenes con la Comunidad de Madrid, ha abierto la caja de los truenos. Será inevitable que Vox no saque partido de esta situación que le han puesto a huevo: si, además de la inmigración masiva y salvaje, Vox asume el tema de la vertebración del Estado y logra convertirlo en otro de sus caballos de batalla, presentando argumentos razonables, va a llevarse un contingente elevadísimo de votos: el de todos aquellos que vemos en el Estado de las Autonomías y en el disparate presupuestario que supone, el peor de los aspectos de la actual democracia española.