martes, 29 de septiembre de 2020

OTRA REFORMA EDUCATIVA DEL PSOE DE TAPADILLO

Desde el principio de la democracia, el PSOE se atribuyó la categoría de “único reformador de la enseñanza” y la derecha pareció aceptarlo. Ignoro si esto fue otro de los resultados de los opacos “pactos de la transición”, pero el hecho es que desde 1983 el PSOE es el único responsable de la marcha de la enseñanza en España (si bien es cierto que, en las comunidades autónomas con presencia nacionalista, ha sabido entenderse con ellas en materia de educación, como también lo hizo Aznar). El resultado ha sido la quiebra de la enseñanza en este país. La prueba es que estamos a la cola en el programa PISA que mide los resultados académicos en Europa.

La educación empieza a fallar cuando las necesidades de la población se van divorciando de las políticas y estrategias pedagógicas del ministerio.

Hoy, en un mundo competitivo, nuestros jóvenes necesitan acceder a la universidad mejor preparados que antes. Y ocurre justamente todo lo contrario. Por eso son necesarias las pruebas de “selectividad”: muchos alumnos no alcanzan el nivel mínimo requerido para que puedan afrontar unos estudios superiores. Antes, mientras duró el bachillerato franquista, no existía selectividad, por la sencilla razón de que los alumnos que superaban el curso preuniversitario estaban preparados para estudios superiores. ¿Qué diferencia existía con la enseñanza de ahora? Sencillo: aquella era una enseñanza más exigente que, además, al concluir, daba la posibilidad al alumno de tener una visión cultural mínima en todas las materias.

Ahora, en cambio, la enseñanza “socialista”, no solamente no es exigente, sino que además ha convertido las escuelas en almacenes de alumnos mientras sus padres trabajan. Lo peor es que ningún socialista ha sacado conclusiones del fracaso de la enseñanza en España. No solo eso: los socialistas se creen obligados a dar más y más pasos al frente, sin rectificar, en la misma dirección.

Hoy, por ejemplo, leyendo las noticias en la mañana, veo una que apenas llama la atención (la pandemia y la destitución de Torra ocupan las portadas). Ningún medio le ha dado importancia: es una noticia de relleno, a pesar de su gravedad y de la repercusión que tendrá en el futuro. He elegido el titular de la web de RTVE, gestionada por una lacaya del PSOE y no por esbirros de la derecha: “Educación vuelve a retirar el máximo de suspensos para pasar de curso y lo deja en manos de los profesores”

Sí, han leído bien, una de las ministras de cuota del gobierno, Isabel Celáa, ha aprovechado la pandemia para que le consejo de ministros aprobara un Real Decreto que permite que un alumno con TODAS LAS ASIGNATURAS SUSPENDIDAS PASE DE CURSO. Hasta ayer, según lo establecido en la, paradójicamente llamada “Ley Orgánica para la mejora de la Calidad Educativa”, se fijaba en tres suspensos en secundaria y dos en bachillerato, los máximos para poder pasar de curso, lo cual ya era, de por sí, una salvajada que suponía que alumnos con déficits académicos pasarían de curso, aumentando su ignorancia de las materia para el año siguiente y acumulando una inconmensurable ignorancia académica junto a su título de estudios primarios, secundaria o de bachillerato… A partir de ahora, se abre la posibilidad de pasar de curso a alumnos que no han aprobado ni una sola asignatura. Eso es igualdad y lo demás son gaitas…

La ministra ha institucionado el aprobado general, y lo ha hecho de tapadillo aprovechando la segunda ola del Covid. Claro está que el ministerio se ha descargado de cualquier responsabilidad en la catástrofe educativa que seguirá de aquí a un par de años: serán los profesores los que deberán decidir si el alumno pasa al curso siguiente. Podemos imaginar lo que pasará: habrá padres que amenazarán a los profesores con darles un guantazo si la criatura no pasa de curso, otros ofrecerán dinero, habrá profesores que pasarán de curso a alumnos para quitárselos de encima, etc, etc, etc.

Lo más sorprendente es que la derecha no parece tener excesivo interés en todo esto y ni durante los gobiernos de Aznar, ni de Rajoy, ha insistido excesivamente en reformar una enseñanza que se caía a pedazos. Los intentos de reforma que llevaron a cabo ambos gobiernos fueron tímidos y sin continuidad. Así que, ya sea por inoperancia de la derecha o por la irresponsabilidad de la izquierda, seguiremos en la cola del programa PISA durante décadas.

¿A alguien le puede extrañar que, al acabar el ciclo de primaria, algunos alumnos pasen directamente a ser ni-nis, a alimentarse solo de pizza, porro y videojuegos y que la selectividad se convierta en una guillotina para demasiados alumnos? Pero, eso sí, nuestros hijos habrán recibido en la escuela clases de tolerancia, sexualidad, cocina y costura… que ni siquiera habrán aprobado.