El
razonamiento pro-inmigracionista, sobre todo, es compartido mayoritariamente por
gentes de no pertenecen al ámbito de la Iglesia Católica. Las bases del
catolicismo son muy sensibles a las masacres de católicos y al hecho de que el islam
llegado a Europa esté permanentemente a la ofensiva. La realidad, es que hay
pocos pro-inmigracionistas en el seno de la Iglesia. Entonces ¿de
donde surge este permanente apoyo vaticano a los inmigrantes?
Podemos intuir el
razonamiento: se basa en cuatro falsedades asumidas a la ligera:
- Primera Falsedad: los inmigrantes son pobres
Desde el primer momento, todos los inmigrantes que han llegado a España “eran pobres”: todos llegaban con móviles de última generación, todos habían pagado, entre 3.000 y 6.000 euros para que las mafias los introdujeran en España. ¿Dónde está la pobreza cuando con ese dinero se podían iniciar pequeñas empresas en cualquier país africano?
- Segunda Falsedad: los inmigrantes no tienen donde ir
Tienen donde ir. Su marchan voluntariamente de su país: los refugiados son un número escaso en relación al total de inmigrantes. No elijen países de su entorno, sino países “ricos” en donde, los que han llegado antes, saben que existe “manga ancha” para acogerlos y predisposición para acceder a todas sus exigencias. ¿No sería mas “cristiano” que se quedaran en su país, para levantarlo en lugar de esperar vivir de paguitas en otro?
- Tercera Falsedad: cuando llegan a Europa no reciben ayuda suficiente
Desde el momento mismo en el que pisan tierra española, reciben toda la ayuda que precisan: sanitaria, alimentaria, ropa, teléfonos, alojamiento, asistencia y ayuda jurídica de todo tipo. El problema es que algunos africanos llegan relativamente engañados: creen que los gobiernos europeos tienen la obligación de darles “lo mismo” que tienen los europeos.
- Cuarta Falsedad: en tanto que pobres, merecen toda ayuda
Los pobres, efectivamente, merecen ayuda: pero no eternamente. La legislación norteamericana en estos es mucho más razonable que la europea: permiso de residencia durante un año con ayudas sociales a cambio de aprender el idioma y buscar un trabajo. Si al cabo de ese plazo no han hecho ni lo uno ni lo otro, retornados a sus países. En Europa estas ayudas son ad infinitum y al margen de que se hayan integrado o no.
Nada de todo
esto ha sido tenido en cuenta por León XIV que solamente ha considerado a un
tipo de inmigrante: el pobre de solemnidad, perseguido en su país que no puede
ir a ningún sitio y que no se sabe por qué ha llegado a Europa. Pero estos
rasgos son excepciones a la regla y no responden en absoluto a la inmigración
real.
No resisto citar los dos
casos que comentó el Papa en su visita al Proyecto Social CEDIA 24 horas,
encomiable obra de Caritas. Allí dos inmigrantes leyeron saludos. Una era
cubana, Niurka, que habló de sus dos hijos, Ares y Atenea; el otro era Khadry,
un africano. La primera había llegado desde Cuba un año atrás, estando
embarazada de sus mellizos, sin recursos y con una profunda angustia por el
futuro. No quedó claro cómo el gobierno cubano la dejó salir, pero sus dos
hijos, Ares y Atenea se bautizaron en el CEDIA 24 horas, nacieron en España y,
por tanto, son españoles. El Pontífice mencionó su caso para recordar que la
caridad no es una fría beneficencia burocrática, sino un encuentro humano
directo de respeto y amor. Muy edificante, sino fuera porque “Ares” y “Atenea”
son los nombres de los dioses de la guerra griegos que nacieron mellizos… ¿Es
que no había en el santoral católico nombres de mellizos? Sin apurar, se me
ocurren, por ejemplo: San Gervasio y San Protasio, San Cosme y San Damián, Santa
Escolástica y San Benito de Nursia, San Crispin y Crispiniano… y, seguro que me
dejo alguno. No parece ser “cultura católica” lo que destila el caso de Niurka.
El otro, que atiende al
escueto nombre de Khadry, es un joven migrante senegalés que dio el segundo
gran testimonio de la tarde ante el Papa León XIV en el centro CEDIA 24 horas.
Su intervención fue uno de los momentos más emotivos del acto debido a sus
lágrimas de agradecimiento y a un gesto muy simbólico que tuvo con el
Pontífice. Khadry relató que llegó a España en el año 2020 (en plena pandemia
de COVID-19) tras sobrevivir a una durísima travesía en patera de una semana
cruzando el Océano Atlántico. Debido a la profunda emoción de tener al Papa
enfrente, se bloqueó brevemente por los nervios y las lágrimas, teniendo que
sacar un papel (su "chuleta") para poder continuar leyendo su
discurso, lo que despertó una sonrisa afectuosa del Pontífice y los aplausos
del público.
Todo esto es muy edificante y merece respeto. Pero
la cuestión de la inmigración masiva no puede concluirse con los casos de la
cubana y el senegalés. Estamos hablando de millones y millones de inmigrantes
que, literalmente, nos están colonizando. Y no se trata de una colonización “superior”,
sino más bien de un tipo de colonización que está distribuyendo, como una
mancha de aceite, el salvajismo, el odio, el rencor aculado, la guerra
social-étnico-religiosa y modelos de sociedad incompatibles con el modelo
europeo. Salid a la calle y mirad la inmigración que está llegando
masivamente. Comparad el panorama de vuestros barios con el que se daba hace 30
años y me diréis qué es lo que ha cambiado y si ese cambio ha ido a mejor o a
peor…
El gran error del Papa es asociar el fenómeno de
la pobreza al fenómeno migratorio. Y esto lleva a todo tipo de falsos
silogismos:
- Premisa mayor: Todos los inmigrantes son
pobres
- Premisa menor: es obligación de los católicos
dar limosna a los pobres.
- Conclusión: es obligación de los católicos
apoyar siempre a los inmigrantes.
Pero este razonamiento cojea en todas sus
premisas: ni todos los pobres son inmigrantes, ni en el país de acogida atan
los perros con longaniza. ¿Y qué
me dice de los jóvenes que no pueden formar una familia y que, incluso
trabajando, ni siquiera pueden comprarse un piso o deben dar el sueldo de uno
para pagar el alquiler? ¿es que no hay familias de clase media que se han
empobrecido, por muchos motivos, que merecen ayuda y que, dicho sea de paso,
siempre han estado aquí, son como nosotros, sus antecedentes, padres, abuelos,
han contribuido a mantener este país…?
León XIV, a lo largo de su viaje mencionó en once
ocasiones al “Papa Francisco”, cuyo pontificado no puede decirse precisamente que
fuera la “alegría de la huerta”, recibió ataques tanto de la derecha, como de
la izquierda, con la diferencia de que la “derecha” estaba dentro de la
Iglesia, y la “izquierda”, generalmente lo hacía desde fuera o desde la puerta
de salida. Su documento Fiducia
supplicans (2023) autorizó las bendiciones pastorales no ritualizadas a
parejas del mismo sexo. Por no recordar que, mediante el documento Traditionis
custodes (2021), Francisco limitó drásticamente la celebración de la misa
según el rito antiguo (en latín). Si a esto unimos, cierta ambigüedad
doctrinal, paletadas alternativas de cal y de arena, podemos concluir que el
pontificado del Papa Francisco, no pasará precisamente a la historia por nada
en especial. Evidentemente, la obligación del Papa que le sigue, no es
reconocer las imperfecciones del que le precede, aunque esté obligado para
demostrar la continuidad de la herencia de san Pedro.
Como buen argentino, el Papa Francisco citó una
frase, casi psicoanalítica, que recuperó León XIV en su primer discurso: “Como
nos ha enseñado el Papa Francisco, existe, en efecto, una tensión bipolar
entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora.
Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea
termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola
palabra, de la imagen, del sofisma”. Pero, el problema es que la
Iglesia, en el tema de la inmigración y en el tema del islam, están operando
una distancia entre la “idea” y la “realidad”, o, hablando más claramente: se
están distanciando, a pasos agigantados, de la realidad, apoyándose en la “idea”
(católica, esto es, “universalista”).
LO MEJOR DE LA VISITA: EL ENCUENTRO CON LOS
JÓVENES
En mi modesta opinión, el mejor discurso del Papa
fue durante la Vigilia de Oración con los jóvenes. Allí demostró sus dotes de
evangelizador y supo hablar a los jóvenes presentes con palabras que calaron
hondo en ellos. Mencionó a San Juan Crisóstomo, “pico de oro”, del que dijo que
“tenía mucha valentía. No tenía miedo de hablar delante del Emperador, de decir
cosas que eran a favor de la justicia y no sólo para complacer al otro. Era un
hombre de palabra.”. Mencionó también a Santo Tomás de Villanueva, “obispo de
los pobres”, en tiempos de Carlos V, cuando los pobres a los que mencionaba
eran “nuestros pobres”.
Pero, creo que lo más valioso que dijo fue en
torno al silencio:
“Para reconocer la voz de Dios,
puede ayudarnos ante todo el silencio, ahí creo que es muy importante que cada
uno de nosotros busque desarrollar la capacidad de estar en silencio.
Muchas veces vamos con audífonos, vamos con la música, vamos con la distracción
y no sabemos estar en silencio. Creo que muchas veces es precisamente en
esta experiencia de silencio donde Dios puede hablarnos o donde podemos
discernir la voz de Dios. Cuando buscamos el silencio, decidimos qué no
escuchar y de qué ruidos no dejarnos distraer. Al liberarnos del estruendo de
mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran
sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las
ideologías pasan, mientras la verdad permanece. Aquí también quisiera subrayar
la importancia de buscar la verdad, porque muchas voces, muchas cosas en las
redes nos engañan y nos cuentan mentiras. ¡Buscad siempre la verdad!”.
El silencio nos enfrenta con nosotros mismos. Solo
en silencio podemos meditar. En silencio es cómo aprendemos a relajarnos y como,
sólo en silencio, es posible abrir una vía a la trascendencia. Oímos demasiado: “muchas veces las redes nos
engañan y nos cuentan mentiras”. ¿Cómo no pensar en los tertulianos del “ente
público”, entre los “programas desinformativos” de TVE?
Y, más adelante, añadió unas frases sobre la
oración, al acabar las cuales dijo: “¡Buscad todos en vuestros corazones
este fuego del amor de Dios!”, frase sobre la que deberíamos meditar en
silencio, porque no se trata de un mero alarde retórico, sino probablemente de
la idea con más contenido de los casi 150 folios de discursos y alocuciones que
dio Leon XIV en su periplo español. Siguió un elogio al matrimonio y una exhortación
para el comportamiento:
“Personas que buscan la justicia
porque tienen hambre de ella, como del pan de cada día. Personas que desean una
vida honesta y recta, porque gustosamente hacen a los demás lo que querrían que
los demás hicieran con ellas (…) ¡Vosotros podéis cambiar la historia! ¡Hacedlo
con el amor!”
Bastante más discreto y evitando las grandes
cuestiones fue la tarde en el Movistar Arena el domingo 7 de junio. El evento
fue conducido por Carlos Franganillo y Lara Síscar, y reunió sobre el escenario
a figuras tan diversas como Antonio Banderas, Sara Baras, Carolina Marín,
Teresa Perales o Rozalén, que aportaron testimonios y reflexiones desde sus
respectivas trayectorias. Además de la presidenta de la Comunidad de Madrid, se
encontraban presentes algunos ministros del gobierno: Yolanda Díaz,
vicepresidenta segunda; el ministro de Economía, Carlos Cuerpo; la
vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen; y
la ministra de Política Territorial y Memoria Democrática, Milagros Tolón,
ninguno de los cuales se caracteriza por su acrisolada fe católica. A pesar
de que el Papa se había declarado del Real Madrid, estuvo también presente el
entrenador del Atlético, Pablo Simeone. Los 12.000 asistentes aplaudieron a
rabiar todas las intervenciones. El leit-motiv del acto era “Tejer redes” que
venía al pelo en estos tiempos de “redes” poco sólidas y que, en realidad,
parecen telas de araña que nos atrapan. León XIV advirtió que las redes
cristianas debían ser personales, duraderas, llenas contenido, en absoluto de “usar
y tirar”.
Pero, sin duda, el momento más comprometido de
su estancia en Madrid fue el encuentro con los miembros del Parlamento Español.
Allí, mencionó a los grandes de la cultura española (Cervantes, Unamuno, Telesa
de Ávila, la Universidad de Salamanca, Isabel y Fernando). Salió airoso… a
cambio de ser el menos espontáneo de todos, no fuera que algún grupo
parlamentario se sintiera ofendidito. Estoy seguro de que muchos grupos
parlamentarios debieron apretar los dientes durante todo el discurso, esperando
que en cualquier momento lanzara una puya contra la corrupción, la falta de
apoyo popular del gobierno o la facilidad con que unos y otros mienten a
destajo cada día. Un discurso olvidable como el parlamento en el que lo
pronunció. Pero si algo hay que destacar de este discurso es, sin duda, la
última frase:
“Que esta noble nación jamás
pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro”...
Al día siguiente, ante la conferencia episcopal,
volvió a hablar de “raíces”, pero en un sentido muy distinto: “una persona
sola, sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con
gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega”.
Era un mensaje dirigido a la inmigración. Y este mensaje plantea una duda: si
el día anterior en el parlamente, había dicho que debíamos defender nuestras
raíces, ¿cómo compatibilizar “nuestras raíces”, con las de los que llegan aquí “sin
raíces”?. La contradicción indica los límites diplomáticos del viaje y de
la prédica del heredero de la cátedra de San Pedro: dice el viejo refrán
español que “no se puede estar en misa y repicando” y antes, la
filosofía aristotélica había sentenciado que “A” y “no-A” son incompatibles. Y
el amor a Dios, la caridad, no sirven para unificar contrarios en el mundo de
lo contingente.
En el fondo, lo que se deja traslucir tras el
discurso a la élite de los obispos es que no descuiden la evangelización de los
inmigrantes… ¿para que no caigan en fabulaciones islámicas? ¿en manos de sectas
destructivas y destructoras? Podría interpretarse así, aunque nos parece un
punto de vista demasiado optimista. Lo cierto es que, durante los discursos del
Papa en su visita a España, la palabra “raíces” se repitió en 16 ocasiones. Que
las raíces son importantes, está claro, pero, lo que no está tan claro, sobre todo,
a la vista de mensajes ecuménicos y universalistas, son los peligros que
amenazan a esas “raíces” y que no hubiera estado de más enumerar y denunciar con
voz alta y clara.













