lunes, 15 de junio de 2026

¡ATENTA LA COMPAÑÍA! BALANCE DEL VIAJE DEL PAPA (4 de 4) - Barcelona y Canarias - promoción turística y cayucos

BARCELONA: LOS GOZOS INDEPENDENTISTAS Y LAS SOMBRAS NACIONALISTAS

Si ha quedado algo claro en los últimos cincuenta años de vida política catalana es que “nacionalismo” e “independentismo” son los mismos. Hemos perdido la inocencia: ahora ya no se nos puede hablar de estos dos términos como diferentes. El fin de todo “nacionalismo” es la independencia nacional, por tanto, todo nacionalismo desemboca necesariamente en el independentismo. Y este nacionalismo (que, en el fondo no es más que un regionalismo que aspira a jugar en “primera división”) sigue siendo, como lo definió en su momento el líder dels Joglars, lo más parecido “a un pedo, que solo satisface al que se lo tira”. Esto sigue siendo cierto y lo vimos en los días que el Papa permaneció en Barcelona.

Los independentistas querían aprovechar la visita para relanzar su muy maltrecho programa político. A fin de cuentas, el Papa venía a inaugurar la Torre de Jesús de esa inmensa y fea mona de Pascua que es el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Barcelona, ciudad turística que ya solamente vive del turismo y que, sin turismo, simplemente, desaparecería, precisa atractivos turísticos para seguir en el candelero. Hay muchos factores que pesan en su contra: el número de turistas se ha estabilizado y el boca-oído está operando en contra de la Ciudad Condal: cada vez son más turistas los que dicen haber sido atracados, robados, expoliados, agredidos y vejados por delincuentes llegados de toda la galaxia. Cada vez, la ciudad es más cara y no se contenta con muñir a sus ciudadanos menguantes, sino que opta por ordeñar a los turistas de manera preferencial. Así que había falta promover el “atractivo turístico” de la ciudad para acallar le “realidad negra” que proyecta para los visitantes. Y el Papa ha contribuido a esta tarea bendiciendo la torre de Jesús, la más alta de la cristiandad.

La portavoz del grupo de Junts en Madrid, Míriam “Caballo Loco” Nogueras, le propinó una filípica en inglés… Siempre la obsesión lingüística, siempre el pedo que solo satisface al que se lo tira. En un inglés macarrónico, la diputada dijo algo así como “Su Santidad, como Gaudí, soy catalana. Hablar la lengua de la tierra que te acoge es un maravilloso acto de amor y respeto. Espero que disfrute de su visita a Cataluña, mi nación”. De esta frase, probablemente la única verdad incuestionable es que Gaudí era catalán. En cuanto a “mi nación”, dejémoslo en una exageración que tanto gusta a los nacionalistas y que los no nacionalistas le dejan repetir con resignación, a pesar de que no tiene la más mínima base histórica: las “naciones” aparecen en la historia a principios del siglo XIX, el siglo, por cierto, más español de Cataluña. Ni desde la aparición histórica de las naciones, ni desde nunca antes. Cataluña llegó tarde al “reparto de nacionalidades”. Y se quedó sin ellos. Ahora como demostró “el procés”- es algo que ya ha sido rebasado por la historia y que queda muy atrás como para recuperarlo y mucho menos -te lo digo a ti Silvia Orriols- como para que Cataluña puede alcanzar la independencia con millón y medio de musulmanes y apenas un 30% de catalanoparlantes. Ocurre ahora lo mismo que ocurrió con la Semana Trágica: hasta entonces el nacionalismo catalán creía que podría ser independiente, al comprobar que el proletariado catalán era fuerte y podía vencer a la burguesía catalana, y que solo el ejército español podía salvarles, el Conde de Güell y todos sus amigotes que habían apoyado al primer nacionalismo, se entregaron en cuerpo y alma a la monarquía española, dejando el terreno libre para que otros más chalados, ocuparan el espacio: fue la hora de Macià. Para sellar la “nueva alianza”, el Conde de Güell regaló el palacio de Pedralbes a Alfonso XIII. Antes se preocupó de que sus sirvientes destruyeran a martillazos la fuente diseñada por Gaudí que tenía visibles las cuatro barras catalanas. Esa fuente, reapareció entre las malezas en los años 60 y se restauró. Si hoy, Cataluña tiene alguna posibilidad de sacudirse el paso de la comunidad islámica, no será con los bienintencionados mozos de escuadra, ni con el inexistente “ejército catalán”, ni mucho menos con “voluntarios” que ni siquiera estuvieron a la altura durante el “procés”. Si en el futuro, Cataluña quiere no ver sus libertades cívicas y culturales amenazadas, sólo podrá hacerlo gracias al Ejército Español.

Todo esto viene a cuento de la bendición de la Torre de Jesús. El Papa hizo un esfuerzo por hablar en catalán y sus alocuciones en esta lengua, se correspondieron, como hemos dicho al principio, a la “realidad lingüística” de Cataluña, no a la obligatoriedad tiránica diseñada por la gencat que ve en cualquier frase o rótulo en catalán una “amenaza”. Pero la visita del Papa no es ni un ejercicio de control lingüístico sobre alumnos de primaria, ni el deambular de censores lingüísticos subsidiados por las calles, ni siquiera, las cuotas lingüísticas impuestas a las radios, ni un ejercicio de “inmersión lingüística”… Y nos alegramos de que las alocuciones del Papa hayan registrado la realidad lingüística de Cataluña, por mucho que les pese a los indepes y a la gencat de Illa.

Respecto al acto en la Sagrada Familia cabe poco que decir. Alguien, en el ayuntamiento, en el que siempre la masonería ha tenido cierta influencia, pensó que cabía convertir una ceremonia que era, fundamentalmente, religiosa, en un acto de promoción turística al estilo Barcelona 92. Y eso fue lo que programó. Los indepes, por supuesto, quisieron dar la brasa con lo suyo, teniendo preparados unos “cantaires” con banderas independentistas que debían introducirse en la Sagrada Familia para desplegar dentro sus trapillos indepes. El problema fue que la seguridad del acto estaba en manos de la Policía Nacional, no de los mozos de escuadra, condición impuesta por los observadores vaticanos que prepararon el viaje, conscientes de que hay un evidente descontrol en la seguridad pública en toda Cataluña que corre a cargo, exclusivamente, de los mozos. Los 400 “cantaires” fueron conducidos en pacífico rebaño fuera del templo y su “numerito” sustituido por un canto grabado aséptico. Nadie se enteró de la intentona frustrada. Ese mismo día, a esa misma hora, apenas a unas pocas manzanas de distancia, un pistolero asesinaba en la céntrica calle de Balmes, esquina Travesera de Gracia, a otro individuo, con total y absoluta impunidad. Obviamente en el curso de un ajuste de cuentas entre bandas extranjeras.

La Sagrada Familia es un templo “extraño”, en absoluto “bello” y ahí León XIV realizó otra concesión al ayuntamiento. Durante su estancia en España pronunció en 17 ocasiones la palabra “belleza”. Volvió a repetirla en alusión a la “belleza de este templo” (que, por otra parte, insisto, es bastante cuestionable, siendo más bien un pastiche de estilos, en un momento en el que, como dice Leo Harlem, Gaudí “se calentó” y dio rienda suelta a su imaginación). Pero aprovecharemos para decir algo: la belleza es, seguramente, una de las formas más directas de aproximarse a Dios. La belleza… es justo lo que hoy falta en los barrios catalanes poblados por gentes con vestimentas de otras épocas y lugares. Hubiera sido mejor decir: “Germans catalans: la fealdad se ha apoderado de las calles y controla los extrarradios de las grandes ciudades; tened paciencia ante la fealdad subsidiada. Tened paciencia ante la fealdad moral que trae la corrupción, el oportunismo político y la mentira institucionalizada… Llegarán tiempos mejores”.  

A pesar de los fuegos artificiales, de los drones iluminando -más o menos- la imagen de Gaudí en el cielo (aún no se le ha santificado y es difícil que, a tenor de su carácter, lo sea algún día) creada por un enjambre de drones, vale la pena recordar que no es lo mismo la inauguración de un templo y de una torre, acto inequívocamente de carácter religioso, lo que vimos, sino un alarde casi circense, propio de una fiesta mayor, lo que vimos en la Sagrada Familia. Este carácter confirmó el que, para el ayuntamiento de Barcelona, el acto carecía de interés religioso o espiritual. Se trataba, simplemente, de promoción, promoción y promoción turística, nada nada más.

Tanto el acto en la prisión de Can Brians 1, incluso el acto de Montserrat, tuvieron escaso interés por el contenido de los discursos del Papa, salvo el hecho de que el discurso fue al 50% en catalán y al 50% en español, a diferencia de la alocución que improvisó desde el balcón de la Abadía, al 100% en la lengua de Cervantes.

De regreso a Barcelona, el acto en la Iglesia de San Agustín del Raval (zona, en la que, oficialmente, hay un 50% de inmigración… aunque en realidad, se acerque al 80% y en el colegio nacional del barrio, los alumnos de origen extranjero prácticamente son la totalidad… desde hace casi 20 años) tuvo cierto encanto por la intervención de algún niño que le formuló preguntas simpáticas. Desde el punto de vista arquitectónico, la iglesia de San Agustín es de estilo neoclásico y decoración barroca, muy poco atractiva. Quizás, San Pablo Extramuros, iglesia románica del mismo barrio, con claustro incorporado y mucha más historia y “raíces”, hubiera sido el escenario más adecuado para este encuentro, salvo por el hecho de que el Papa pertenece a la Orden Agustina.

En Canarias, nada nuevo, salvo la reiteración, como se esperaba, de la temática sobre la inmigración adornada ahora con la frase recurrente del Evangelio: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”… en cuyo fondo moral estamos de acuerdo, pero que no tiene nada que ver con la inmigración llegada a Canarias en patera: “tuve hambre y me disteis la comida halal que exigí, fui forastero y me hospedasteis en hoteles de primera línea de mar, estuve desnudo y me regalasteis ropa de marca, enfermo y me disteis medicina universal, delinquí y ni siquiera me enviasteis a la cárcel…”.

Ironizamos, por supuesto, pero esta es la realidad de la inmigración africana: cuando el Papa habló de un “esfuerzo de integración” de los inmigrantes en la sociedad “de acogida” (más bien, cabría decir, “invadida”), no se le ocurrió pedir a los inmigrantes un esfuerzos de integración, por pequeño que sea, respetar las costumbres de la sociedad de acogida, procurar “molestar” lo menos posible (sí, “molestar” porque determinados usos y costumbres del desierto o de la sabana africana, simplemente están fuera de lugar en España.

También podría haber dicho algunas palabras sobre las ONGs que hacen de la inmigración un negocio. A este respecto, Gemini me confirma que un internado de primer orden en el Reino Unido cuesta al año en torno a 70.000 euros, cuando la estancia de un MENA en España cuesta 7.200 euros al mes, es decir más de 80.000 euros al año… Y no son los MENAS los que se quedan con la parte del león de esta cantidad, sino ONGs que hacen su agosto con “el negocio de la inmigración”. Por cierto, también echamos en falta, una referencia del Papa a los MENAS y al derecho y la obligación de un hijo de estar junto a sus padres… Y, sin embargo, la palabra MENA no fue pronunciada ni una sola vez.

Pero, todo esto, claro está no era lo pactado entre la diplomacia vaticana y el ministerio de exteriores español. Y, el Vaticano cumple lo pactado.

CONCLUSIONES: PODÍA HABER IDO PEOR. UN BALANCE POSITIVO

He de confesar que la visita del Papa León XIV, me ha revalorizado su figura. Dijo lo que tenia que decir en materia moral y calló lo que no podía decir en voz alta por los pactos que le llevaron a España. El Papa nadó y guardó la ropa. No se comprometió en temas difíciles, ni atacó frontalmente al gobierno. Algunos de sus discursos hay que leerlos “periféricamente”: sin mencionar al gobierno de Pedro Sánchez criticaba las acciones y medidas que éste realiza cada día. En Cataluña, los indepes se la envainaron y la peor parte, se la llevó la policía autonómica que fue excluida prácticamente de la totalidad del dispositivo de seguridad. Es lo que tiene el haber facilitado la fuga de Puigdemont hace dos años, que se pierde credibilidad internacional.

¿Qué repercusión tendrá esta visita dentro del catolicismo español? Una “visita pastoral” siempre remueve corazones y activa voluntades. La sociedad española está cambiando y este cambio está protagonizado por la juventud. La juventud española se ha llevado demasiadas decepciones en los últimos años como para no reaccionar. Y la reacción va a ser de derechas, incluso reaccionaria, católica, antiizquierdista y antiinmigración. Es posible que, circunstancialmente surjan contradicciones entre la política del “ecumenismo” vaticano, el no atacar al islam, el tenderle la mano, y los católicos de base. No es posible, es seguro que ocurrirá. Pero, no hay problema, el Vaticano se adaptará, como se ha adaptado a todas las épocas. Lo hizo León XII y lo volverá a hacer León XIV, especialmente cuando cambien los gobiernos de Alemania, Francia, Reino Unido y España y se endurezca la política de acceso a la UE y se faciliten las expulsiones a los países de origen.

Y éste, precisamente, es el problema: que el papado reaccionará tarde, muy tarde. Antes, la sociedad europea habrá reaccionado. Está reaccionando. Y que nadie lo dude, la revitalización del cristianismo, por parte de los jóvenes, será un hecho. Y será anti islamista… Lo que un Papa puede callar por pactos diplomáticos, el “pueblo de Dios” puede decirlo en las calles y en las plazas. Y, de hecho, lo está diciendo.