viernes, 31 de enero de 2020

PARA ENTENDER LA CUESTIÓN KURDA (1 de 3) - ORIGEN Y ASPIRACIÓN KURDA


Entender lo que pasa en el mundo, a la vista de lo surrealista que ocurre en España, porque, a fin de cuentas, lo que pasa en España es un reflejo de las tendencias e influencias que se suceden en el mundo. De ahí mi interés renovado por los conflictos internacionales y el rápido repaso que he iniciado. Si he partido de Oriente Medio y de la guerra de Siria es, simplemente, por que es hoy la zona más “caliente” del planeta. El estudio del conflicto sirio lleva directamente a la “cuestión kurda”. Analizar esta cuestión será el objetivo de los tres artículos que siguen. Vale la pena explicar que ni nos interesa pronunciarnos sobre la cuestión kurda, ni tomar partido a favor en contra: aspiramos a entender simplemente, en este tema como en todos los de esta serie, lo que ocurre en el mundo y conocer las claves, a partir de las cuales resulta más fácil el seguimiento de la información diaria.

En su conocida obra, El gran tablero mundial (Paidós, Barcelona, 1998), el que fuera Secretario de Estado con Jimmy Carter y creador de la Comisión Trilateral, Zbigniew Brzezinsky, menciona en una sola ocasión al Kurdistán y no le otorga absolutamente ningún valor estratégico, ni siquiera lo considera como una pieza importante o desestabilizadora de la zona. Se limita a presentar un mapa de “los Balcanes euroasiáticos” (que constituyen nuevas repúblicas emancipadas de la antigua URSS (Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia y Georgia) a los que suma Afganistán. Tiene razón, Brzezinsky en identificar a Turquía e Irán como países que en los próximos años se disputarían la hegemonía en la zona. Se equivoca al desconsiderar a la URSS como futuro árbitro de la situación en la zona y piensa (o quiere pensar) que, tras el desmantelamiento de la URSS, con la centrifugación de las repúblicas asiáticas y después del luctuoso período en el que la Federación Rusa estuvo dirigida por Boris Eltsin, Moscú ya no tenía nada que decir en la zona. Así mismo, desconsidera (casi seguro prefiere ignorar), los movimientos del entonces gran aliado de los EEUU, Arabia Saudí, rival geopolítico de Irán. Brzezinsky apenas menciona el terrorismo islámico y su libro se limita a enumerar los intereses estratégicos de los EEUU en el mundo euroasiático.


El ex secretario de Estado norteamericano sitúa al Kurdistán fuera de “los Balcanes asiáticos”, pero dentro de una zona mayor de inestabilidad que abarca a Turquía, el sur de Rusia, toda la península Arábiga, Pakistán y sus fronteras con India, el Oeste uigur de China, y la orilla oriental del mar Rojo. Claro está que la obra fue escrita en 1997. Si comparamos la inestabilidad que registraba la zona en la época en la que se escribía este libro, con la que existe en la actualidad, puede comprobarse que se han producido especialmente un desplazamiento de la inestabilidad y que, en realidad, los “Balcanes asiáticos”, o bien se han reacomodado al nuevo poder ruso, mejorando sus relaciones y, en cualquier caso, no se ha producido la oleada de convulsiones que preveía el autor. De hecho, lo mas significativo en estos últimos 20 años ha sido la reconstrucción del poder ruso y la recuperación de influencia en esa zona, y el desplazamiento de la inestabilidad a la otra orilla del Mar rojo: Egipto, Sudán, Etiopía, Somalia, y por la orilla sur del Mediterráneo (en Libia y Argelia, especialmente). Si en 1997, el conflicto palestino suponía la gran “zona candente” de Oriente Medio, le cabe a los EEUU, y a las políticas de las administraciones Bush y Obama, el haber extendido la inestabilidad desde Afganistán hasta el Mediterráneo sirio y desde el Kurdistán hasta el golfo de Adén. Un mérito exclusivo de la política exterior norteamericana.

El estudio sobre la guerra civil siria, nos lleva de forma natural al estudio de la cuestión kurda que no puede pasar desapercibida y que, por cierto, revista ciertas similitudes coyunturales con el problema independentista catalán.


> EL KURDISTAN, LA MAYOR NACION SIN ESTADO

La gran diferencia entre Cataluña y el Kurdistán es que en esta zona si ha existido una cultura perfectamente identificada, histórica, étnica y antropológicamente diferente a la del resto de pueblos de la zona que convierte el “factor diferencial” catalán en relación al español, en uno de esos juegos de los “siete errores” en los que dos dibujos apenas se diferencian por unas minucias intrascendentes e irrelevantes que el jugador deberá buscar con lupa.

No hizo falta, efectivamente, que los dirigentes kurdos actuales generaran un “factor diferencial” y que lo fueran ampliando a golpes de historia de ficción como ha ocurrido en Cataluña desde finales del XIX. La cultura kurda era preexistente a la irrupción del Islam en la zona y, a pesar de que en la actualidad la mayoría son musulmanes sunitas, todavía no ha desaparecido, sino que goza de buena salud en algunas zonas, el jasidismo, religión ancestral cuyas raíces se remontan a hace 4.000 años y que aun subsiste en las inmediaciones de Mosul, en Siria, Turquía y en zonas del Cáucaso hasta sumar un total de 800.000 adeptos. Se trata de una religión emparentada con el zoroastrismo y que luego incorporará influencias sufíes. Seguramente se trata de una religión que ha cambiado con el paso del tiempo y que ha ido incorporando sincréticamente influencias, especialmente del sufismo. Sus relaciones con el Islam no han sido buenas: a partir del siglo VII, cuando el islam invade la zona, se ven obligados a convertirse, pero la religión jasidita sobrevivirá, aunque mermada. La llegada de los turcos ampliará la persecución contra ellos entre el siglo XVI y el XIX. Y esta tradición se prolongará hasta más allá de la invasión norteamericana de Irak en 2003, cuando los fundamentalistas islámicos primero y el DAESH en 2014, traten de desembarazarse de ellos.


Todavía se discute cuando empezó su historia como pueblo. Algunos lo remontan a 600 años antes de JC, otros la sitúan 400 años antes de esa fecha y los hay que no dudan en fijarla 3.000 años antes de JC. Étnicamente los kurdos son indoeuropeos, descendientes de los antiguos medos que hablan una lengua específica, vinculada al persa, dividida en varios dialectos a causa de su dispersión geográfica. Es posible que en la actualidad sean en torno a 45-50 millones distribuidos en cinco países (además de la inmigración a Europa, también en número significativo, en Alemania, Reino Unido y Suecia): Turquía con 20 millones, Irán con 12, Irak con 8 millones, Siria con algo más de 3 millones y Armenia con 100.000.

No existe en “Estado Kurdo”, pero si, como hemos visto una especificidad étnica, antropológica, lingüística y religiosa que permite distinguir a los kurdos de cualquier otro grupo de la zona. El hecho de que el 80% de ellos, sean de confesión sunita no implica que hayan renunciado a su lengua ni a su cultura preislámica, lo que hace de ellos algo radicalmente diferente al islam iraní (chiita) o a los sunnitas de origen árabe o semita.

Cuando la derrota de los Imperios Centrales en la Primera Guerra Mundial, selló el destino del Imperio Otomano (que históricamente era aliado de Alemania desde Bismark), los kurdos creyeron que serían unificados en una sola nación, que, desde luego merecían mucho más que otras que naciones que se crearon a raíz de los acuerdos Sykes-Picot en 1916. Esta promesa quedó reflejada, por lo demás, en el tratado de Sévres de 1920.

El origen del problema kurdo en su actual formulación hay que situarlo en estos dos acuerdos diplomáticos:
- Los acuerdos Sykes-Picot fueron suscritos por el Reino Unido y Francia para repartirse los despojos del antiguo Imperio Otomano cuando finalizara la Primera Guerra Mundial. Lo peor de este acuerdo era el intento de crear fronteras artificiales para pueblos y tribus que no las habían conocido nunca. Se definieron las fronteras de países como Irak y Siria y se crearon “zonas de influencia”: los británicos se quedaron Jordania, Palestina, Irak, y Francia estuvo presente en el sur-este turco, en toda Siria y Líbano y en el norte de Irak. Esta división artificial es considerada por muchos como el origen de todos los conflictos que han asolado Oriente Medio en los últimos 100 años. El movimiento sionista intentó que se reconocieran sus derechos históricos, pero estos, como los pueblos ya establecidos en la zona, sin excepción se vieron defraudados en sus expectativas.
- El Tratado de Sévres no fue mas que la formalización de los acuerdos Sykes-Picot que confirmó, ya en la paz, lo acordado durante la guerra. Ahí se trató directamente la cuestión Kurda y se recomendó la creación del Kurdistán como Estado independiente. Incluso se reflejo que debería estar instalado en el sur-este de Anatolia, integrando una cuarta parte del territorio y cuya administración, inicialmente, correspondería a los EEUU. Francia lo aceptó, negándose a que ese Estado incluyera los territorios kurdos bajo su control en Siria y el norte de Irak. Cuando se cerró la conferencia, a los kurdos les quedó la sensación de que estaban al borde de poder establecer un Estado propio que, al menos, abarcase un tercio de su territorio. No era la totalidad, pero era un comienzo. El problema fue que los acuerdos de Sévres nunca fueron ratificados por los gobiernos que los suscribieron y los kurdos -como el resto de pueblos de la zona, por unos y otros motivos- vieran decepcionadas sus esperanzas.
El origen del conflicto actual se encuentra pues en la frivolidad con la que fueron trazados los acuerdos Sykes-Picot, en el desconocimiento de la realidad antropológica de Oriente Medio (organizado en “tribus”, formadas por “clanes” y divididos estos en “familias” que pueden extenderse por territorios muy amplios y cuyos miembros están ligados por lazos de sangre y de fidelidad, mucho más que por pasaportes y fronteras).

La visión eurocéntrica del colonialista que aspira a modelar los territorios que ocupan en otras latitudes a imagen y semejanza de la organización en la metrópoli, indica un sentimiento racista y reduccionista de superioridad que ha causado un siglo de tragedias que todavía no han terminado.



> TRAS LA DECEPCIÓN, 
   LAS EFÍMERAS “REPÚBLICAS KURDAS”

Cuando el Imperio Otomano se reconstituyó como Estado Turco, gracias a la obra de Mustafá Kemal Ataturk, el primer objetivo fue lograr la liberación nacional y sacarse de encima la hipoteca que iba implícita con la derrota. Ataturk, dotado de una visión occidentalista, apeló a la superación de las diferencias étnicas y religiosas para constituir una nación, libre, fuerte y entera. A pesar de que defendía un Estado laico y una administración fuera de la influencia religiosa, lo cierto es que apeló en distintas ocasiones al sentimiento religioso de su pueblo, especialmente cuando se trató de expulsar a los griegos. Las potencias occidentales reconocieron al nuevo régimen griego para tratar de mantener el vínculo con ese país y evitar, en su búsqueda de un nuevo aliado, o bien revalidara sus antiguos lazos históricos con Alemania o bien se decantara hacia la nueva Unión Soviética, su vecino del Norte y cuyos destinos geopolíticos estaba indisolublemente ligadas, pues no en vano, controlaba los estrechos del Bósforo y los Dardanelos y, por tanto, podía regular la salida al Mediterráneo de la flota rusa del Mar Negro. Este papel creció todavía más tras la Segunda Guerra Mundial y con el estallido de la Guerra Fría.

En esas dos postguerras el papel geopolítico de Turquía fue creciendo, hasta el punto de que las democracias occidentales le dejaron hacer y deshacer a su antojo en su territorio. En el Tratado de Lausanne (1923) las potencias occidentales reconocieron al Estado Turco y la pertenencia de una parte del Kurdistán a este país. En dicho tratado no se menciona a los kurdos como “minoría no musulmana” y, por tanto, carecía de derechos propios (a diferencia de los armenios -que acababan de sufrir un verdadero genocidio- y de los griegos). En ese momento, las esperanzas kurdas en que en algún momento se hicieran valer los derechos que habían adquirido en el Tratado de Sévres se desvanecieron completamente: si querían la independencia, debían luchar por ella. Y a eso se dedicaron, divididos en dos corrientes: los partidarios de conformarse con una “autonomía” y los que veían la “independencia” como irrenunciable.

La llamada República de Ararat que, a puras penas pudo subsistir entre 1927 y 1930 en el Este de Turquía, fue el resultado de la rebelión dirigida por Nuri Pasha. Una vez instaurada realizó un llamamiento internacional para lograr su reconocimiento que saldó con el silencio generalizado, incluso de la Sociedad de Naciones, hasta que, en diciembre de 1930, el ejército turco liquidó los últimos focos de resistencia.

En Irán, la minoría kurda, situada en una pequeña franja en el nor-oeste del país, en el llamado Azerbaiyán Oriental, estuvo en condiciones de proclamar en 1946, una efímera República de Mahabad o también como República del Kurdistán que apenas pudo subsistir durante seis meses, de octubre de 1946 a finales de marzo de 1947. Fue la obra de Qazi Muhammad, en el momento en el que el país seguía ocupado por las tropas rusas, presentes desde 1941, cuando se temía que el movimiento nacionalista iraní se decantara a favor del Tercer Reich (en Irak los agentes alemanes intentaron una sublevación apoyados por nacionalistas locales).

La operación tenía mucha más base que la efímera República de Ararat, porque los dirigentes kurdos iraníes querían crear una república que se asociara a la URSS, tal como en ese momento habían hecho en Azerbaiyán. Pero el programa del “Gobierno Popular Kurdo”, era excesivamente nacionalista como para que los soviéticos pudieran aceptarlo y, además, corría el riesgo de vulnerar los acuerdos internacionales suscritos al final de la Segunda Guerra Mundial entre los EEUU y la URSS. Esto, unido a la hostilidad de Irak y Turquía, contribuyó al aislamiento de la República de Mahabab que, al retirarse los soviéticos, quedó reducida a grupos de guerrilleros en las montañas hostilizados por las tropas iraníes, mientras algunas tribus kurdas decidían emigrar a Azerbaiyán e instalarse allí al amparo de la URSS. Otros optaron con alinearse con la tribu Barzani, cuyo jefe Mustafá Barzani era partidario de la resistencia armada y de la guerra de guerrillas, mientras que Qaza, mucho más realista, era consciente de que sin el apoyo soviético la República se extinguiría, como así fue. En cuanto a Barzani y a sus “últimos mohicanos”, lograron asilo político en la URSS.

Sería el hijo de Barzani, Massoud, el que, como presidente del Partido Demócrata del Kurdistán (PDK) y jefe de su tribu, luchó contras las fuerzas de Saddam Hussein tras la paz entre Irán e Irak, para luego, en la década de los 90 aliarse con él y abandonarlo en el momento de la invasión norteamericana de 2003. En ese momento, el PDK y la Unión Patriótica Kurda (UPK) establecieron un gobierno autónomo con capital en Erbil. Barzani escaló puestos en la administración controlada por los EEUU, llegando a ser presidente del Consejo de Gobierno de Irak, en 2004 y luego regresando al Kurdistán iraquí asumiendo la presidencia de la autonomía en junio de 2005, siendo reelegido en 2009, esta vez por el voto popular (su hijo dirigió las fuerzas de seguridad en la región y su sobrino fue primer ministro de la autonomía).

En 2017 los kurdos de todo el mundo pensaban que Barzani y, con él los kurdos iraquíes, habían logrado un altísimo nivel de autonomía que incluía el control de los pozos petrolíferos, de los aeropuertos y de las fuerzas del orden en la zona. Inflamado por el “ejemplo catalán”, a Barzani se le ocurrió la peregrina idea de convocar un “referéndum por la independencia” con la “original” consigna de “Kurdistán is not Irak”. El resultado de las urnas le fue favorable como era de esperar, pero el gobierno iraquí optó por aprovechar la ocasión para recuperar el control de todas las parcelas de la administración que hasta ese momento estaban en manos kurdas y ocupar militarmente zonas en disputa. Barzani dimitió de su cargo el 1 de noviembre de 2017. El tema de la independencia volvió a la casilla de partida y el de la autonomía sufrió un retraso en relación a lo conquistado en 2004.


FOTOGENIA DE LA ESCUADRA Y DEL COMPÁS - LA IRRESISTIBLE ATRACCIÓN DE HOLLYWOOD HACIA LAS SOCIEDADES SECRETAS


Rescato este artículo que había escrito hace 15 años y que se publicó en varias revistas impresas. Alude a cinco películas que tienen como trasfondo la masonería, algunas implícitamente ("Fuerzas Ocultas", rodada durante la ocupación alemana de Francia y que puede verse en youTube) y otras como simples guiños (La Liga de los Hombres Extraordinarios") o como aberraciones imaginativas ("La Búsqueda") e, incluso, como clásicos de Kipling ("El hombre que pudo reinar"). En los últimos diez años el género ha proliferado y nos confirma en la idea de que la escuadra y el compás mantienen su "fotogenia".
Como mínimo ocho presidentes de los EEUU en el siglo XX, han sido masones: William McKinley, Theodore Roosevelt, William Taft, Warren Harding, Franklin Delano Roosevelt, Harry Truman, Lyndon Johnson o Gerald Ford. El mismo presidente Clinton perteneció a una asociación de  hijos de masones. EEUU es el único país del mundo en el que la masonería tiene un poder absorbente y está presente en algunas de las instituciones más importantes del país, en especial en el Pentágono. Pero también en Hollywood, tradicionalmente, siempre ha existido un buen número de actores y directores que pertenezcan a la orden. Así pueden entenderse los guiños de algunas películas producidas en Hollywood y los argumentos de otras. La masonería está presente en Hollywood.

¿Qué tienen en común Clark Gable, Glenn Ford, John Wayne, Peter Sellers, Oliver Hardy, Harold Lloyd, Harpo Marx, Mario Moreno “Cantinflas” o Telly Savalas? Todos son actores, en efecto, pero hay algo más: todos ellos, un buen día de su vida, desfilaron con la pernera izquierda del pantalón arremangado y el hombro izquierdo descubierto, con los ojos vendados, ante logias masónicas regularmente constituidas. En efecto, todos ellos fueron iniciados en la masonería. Y son sólo unos nombres extraídos al azar. Hubo y hay muchos más.

Para sus miembros, la masonería es un grupo que busca el perfeccionamiento del ser humano. Para sus detractores, una oscura sociedad que protagoniza desde conspiraciones hasta tráfico de influencias. Como siempre, la verdad ni es completamente blanca ni negra, sino que está hecha de matices grises y claroscuros. No es pues éste el momento de realizar un balance crítico de la masonería, sino solamente recordar en las páginas de cine de IdentidaD, unas cuentas películas que han tocado algunos aspectos de la sociedad.




“Fuerzas ocultas”: la iniciación masónica filmada


En 1943, Francia estaba ocupada, en buena medida por las tropas del III Reich. Muchos franceses habían decidido colaborar con el ocupante o bien con el Mariscal Petain en la zona donde se mantuvo una administración francesa. En los 10 años anteriores, desde que estalló a finales de 1933, el “escándalo Stavisky” (una estafa piramidal protagonizado por un ciudadano de origen judío en el que se vieron envueltos varios miembros de la masonería francesa), la derecha francesa había adoptado una fuerte actitud antimasónica. Henry Marqués-Riviére, realizó un guión para Nova Films que sería protagonizado por Maurice Remy y dirigido por Paul Riche; su título era significativo: Fuerzas Ocultas.

Las primeras escenas de la película fueron rodadas dentro de la Asamblea Francesa: los diputados graznan y aúllan, como animales de un zoológico. Uno de los diputados parece decir algo razonable: pide la unión de los franceses por encima de los partidos, más allá de la derecha y de la izquierda, exige un esfuerzo por alcanzar un régimen de justicia social. Su actitud llama la atención de otros diputados masones que le invitan a ingresar en la logia. Duda, pero finalmente, ignorando exactamente qué era la masonería, termina integrándose. Lo esencial de la película –y lo que la justifica– es precisamente, que, por primera vez se reprodujo una ceremonia de iniciación masónica, con todo detalle, algo inédito hasta entonces. Marqués-Riviére podía reproducirla porque él mismo había sido iniciado en las logias a finales de los años 20.

Algo teatral en su ejecución, la película muestra lo que ocurre en el interior de las logias cuando se cierran las puertas. La liturgia masónica, fielmente reproducida, suscitó en la época adhesiones incondicionales y odios profundos. La moraleja de la película es que no hay que entrar en lo que no se conoce. El diputado iniciado, poco después de jurar lealtad a la logia, es requerido para apoyar un tráfico de influencias, algo a lo que no está dispuesto en absoluto.

“El hombre que pudo reinar”: el mejor Kipling

En los siguientes 30 años, la masonería apenas apareció en el cine. A pesar de todo, esa época, de 1945 a 1975, es el período dorado en el que más actores miembros de la masonería aparecen en superproducciones. Pero no será hasta ese año, 1975, cuando se unen tres elementos: una interpretación excepcional, un guión original de envergadura y una ejecución esmerada. Con estos tres elementos, no es raro que El hombre que pudo reinar constituyera un éxito cinematográfico y aún hoy no haya perdido nada de su frescura.

La película está basada en la obra de mismo nombre escrita por Rudyard Kipling, él mismo francmasón. Interpretada por el dúo Michael Caine – Sean Connery, ambos en el cenit de su fama, y con Christopher Plummer en el papel de Kipling, consiguen uno de las mejores interpretaciones de la historia del cine. La película es relativamente fiel a la novela de Kypling y se desarrolla en el actual Afganistán, demostrándonos que aquel país no ha cambiado nada en 125 años.

Caine y Connery, sargentos mayores del ejército británico destacado en la India, son masones y, de paso, aventureros, vividores y estafadores. Pero tienen un extraño sentido masónico de la lealtad y traban amistad con el también masón Kipling ante el cual firman su proyecto de convertirse en reyes del Kafiristán. El llevar colgada del cuello la escuadra y el compás, les facilitará la tarea pues, no en vano, es el símbolo que dejó Alejandro Magno en la fabulosa ciudad de Iskandar fundada por él.

En la película aparecen por primera vez en el cine algunos símbolos y frases de reconocimiento utilizados por la masonería. John Huston, dueño del lenguaje cinematográfico, fue el artífice de esta gran película.



Sherlock Holmes versus el Jack el Destripador

El éxito de la película de Huston todavía no se había disipado cuando Bob Clark, director sobrio y buen artesano, lanzó un imaginativo producto que aunaba el interés por la personalidad de Sherlock Holmes –que siempre ha ocupado por derecho propio un lugar particular en la historia del cine- y el morbo por los asesinatos de Sherlock Holmes. Hacía poco que Billy Wilder había lanzado su extraordinaria Vida privada de Sherlock Holmes y faltaban todavía unos años para que el tema de Jack el Destripador se convirtiera en remake habitual en los años 80 y 90 con media docena de títulos, todos ellos de singular interés (desde Jack el destripador con Michael Caine, Armand Asante y Jane Seymour, hasta Desde el infierno con Jhonny Deep). Pero nadie había intentado una síntesis entre el personaje literario creado por Conan Doyle (francmasón, dicho sea de paso) y el mito del crimen, Jack el Destripador. Bob Clark se atrevió.

Imaginemos qué ocurriría si la investigación sobre los crímenes de Whitechapel en el misérrimo East End londinense de finales del XIX, hubiera sido encargada a Sherlock Holmes. Indudablemente, el pintoresco detective habría llegado hasta el final y desenmarañado la trama urdida en torno a los truculentos crímenes.
A poco de irrumpir en la investigación, Holmes –interpretado por Christopher Plummer- percibe que una sociedad secreta está implicada en los crímenes. Para él, las crueles incisiones realizadas por el asesino reproducen las que Hiram Abi, el arquitecto del Templo de Salomón, recibió de los “tres hermanos”: Jubelas, Jubelos y Jubelum, los “tres jewes” que, en la época, se confundió con “tres judíos”.

Holmes realiza ante las cámaras los gestos rituales, los saludos y signos de reconocimiento con los responsables de la investigación. De hecho, es rigurosamente cierto que Scotland Yard, la policía británica, históricamente siempre ha tenido un número inusualmente alto de francmasones y si un funcionario quiere prosperar dentro de la institución siempre se le recomendará ingresar en logia.

Finalmente, la propia masonería resuelve el problema de uno de sus miembros, enloquecido –que resultará ser Jack el Destripador- realizándole una precisa lobotomía.

“La Búsqueda”: el apogeo de lo secreto

En 2004 una película sabrá interpretar el nuevo clima de la época generado tras los atentados del 11-S: algo no encaja, una verdad oculta parece escapar de las crónicas de los diarios, como si algo bullera entre bambalinas y no entendiéramos lo que ocurre porque no estamos al corriente de la acción de las “fuerzas ocultas”. Éstas han existido siempre, así pues vale la pena mirar atrás para intentar percibir su influencia y su radio de acción. En ese contacto generado entre 2001 y 2004, aparece la primera entrega de La Búsqueda, a la que seguirá una secuela tres años después, del mismo carácter.

La masonería ha tenido una gran influencia en los EEUU desde su fundación. La mayor parte de los firmantes de la Declaración de Independencia eran masones y el propio George Washington aparece en la iconografía de aquel país, con el mandil masónico. La película nos cuenta que el tesoro de los templarios, por indecibles caminos, llegó a los EEUU y allí fue custodiada por los “padres de la independencia” que, finalmente, lo escondieron… pero dejaron algunas pistas que el protagonista, Nicolas Cage –que realiza también una de sus habituales actuaciones inexpresivas- sigue hasta, por supuesto, encontrarlo.

La película, en el fondo, se hace eco de la tradición defendida por cierta masonería de tener un origen templario. Los símbolos masónicos aparecerán a lo largo de toda la película y las referencias a personajes históricos de la orden.

La segunda parte, La Búsqueda: el diario secreto, irá en la misma dirección e incluso será algo más dinámica girando en torno a otro misterio de la historia norteamericana: el asesinato de Lincoln. Las referencias a la masonería están más atenuadas pero se alude a la carta de la Reina Victoria de Inglaterra al General Albert Pike que será uno de los grandes maestres de la masonería norteamericana al que el mistificador “Leo Taxil” considerará en sus libelos antimasónicos como el primer servidor de Satanás en la masonería. La película cita también la figura de Frederic Bartholdi, el escultor masónico que diseño la Estatua de la Libertad y que, según el filme, debió dejar una pista de dónde está oculto en nuevo tesoro buscado por el inexpresivo Cage.



“La Liga de los Hombres Extraordinarios”

Allan Moore y Kevin O’Neill realizaron un cómic en el que reunieron a todos los iconos de las novelas de terror de finales del siglo XIX y principios del XX. Ahí estaban todos: era la Liga de los Hombres Extraordinarios. Ahí están el profesor Alan Quatermain, típico explorador británico, Mina Harker, protagonista femenino del Drácula de Stocker, convertida ya en vampira, el Capitán Nemo, personaje de Julio Verne, presentado como hindú, el dúo Jekyll/Hyde,  el hombre invisible,  el mismísimo Dorian Gray… La combinación, podría haber sido mediocre, desequilibrada y desequilibrante, sin embargo, llevada al cine, el director desarrolla hábilmente la trama hasta convertir el filme en un vademécum de la literatura fantástica de finales del XIX. Sólo por eso, esta película merecería ser vista. Pero también ella hay unas leves alusiones a la masonería que justifican su presencia en este artículo.

En efecto, el personaje del Capitán Nemo luce algunos símbolos masónicos que aparecen también en la decoración de las estancias bajo su control y en el puño de uno de los bastones coronado por una calavera que aparece en la cinta.

Nemo es un nacionalista hindú resentido con el Imperio Británico y que se ha convertido en una especie de tecnopirata habiendo diseñado una nave prácticamente invulnerable que pone al servicio de sus ideales pacifistas llevados hasta el extremo de hacer la guerra a quien no los comporte.

Conclusiones: mucha ficción, poco realismo

Dejando aparte la calidad de estas películas –que oscila de lo brillante a lo convencional- casi todas ellas tienen en común dedicar mucho más tiempo a pintar una francmasonería fantástica que tiene muy poco que ver con la realidad de la institución. Hay que reconocer que la cinta que presenta más elementos realistas sobre la masonería es, precisamente, la primera que se filmó durante la ocupación alemana.

Es cierto que el filme Fueras ocultas se resiente del clima de la época y que la película se realizó bajo la ocupación alemana, pero no hay que olvidar que el guión fue realizado por un antiguo franc-masón que se limitó a aportar dos elementos inestimables: la reproducción exacta y rigurosa de una iniciación masónica como no había hecho hasta entonces –y como no se volvería hacer nunca más– ninguna película, y la presentación de la masonería como una organización que ejerce el tráfico de influencias.

Los miembros de la orden rechazan esta última atribución e insisten en presentarse como una organización que busca solamente el perfeccionamiento del ser humano y en cuyo interior está prohibido hablar de política, negocios o religión. Pero la historia de la orden masónica desdice en buena medida estos nobles ideales: la masonería fue el motor intelectual de las revoluciones liberales desde el siglo XVIII a mediados del siglo XX, y con demasiada frecuencia ha confundido la fraternidad masónica con la complicidad entre masones. Fraternidad no es amiguismo.



DOS ANEXOS

El misterio de Luis Buñuel y su Ángel Exterminador

Buñuel sin duda es uno de los padres del cine español, aunque buena parte de su obra se realizó desde México o desde Francia. En 1962 dirigió El Ángel Exterminador, producción mexicana protagonizada por Silvia Pinal que siguió a Viridiana, el éxito internacional que propulsó de nuevo la carrera de Buñuel. Es una película extraña: unos altos burgueses acuden a una cena, pero no pueden salir de la habitación en la que tiene lugar el ágape. La comida empieza a escasear, las relaciones personales se van deteriorando y el salvajismo va sustituyendo a las maneras burguesas del inicio. Tal es la trama de esta película, cuyo título estuvo inspirado por una idea de Bergamín.

La película es considerada como una de las grandes obras del cine mexicano y figura entre las mejores 1.000 películas de la historia del cine según The New York Times. Buñuel hubiera preferido haber rodado la película en París o Londres, sin embargo, el presupuesto era limitado y muy modesto. No es ningún secreto que en aquel momento gobernaba en México el Partido Revolucionario Institucional, buena parte de cuyos cuadros estaban vinculados a la masonería. Quizás fuera por eso que Buñuel lanzó varios guiños a la masonería.

Uno de los protagonistas resulta ser miembro de la Logia Amanecer nº 21 del Oriente de México. En una de las escenas dos personajes se dan la mano y se transmiten la palabra de paso del Grado de Compañero. También se oye a uno de los personajes lanzar el grito masónico de ayuda.

Buñuel no era masón, pero todo induce a pensar que  conocía la temática masónica muy a la perfección. De hecho, él mismo era autor del guión.

La B’nai B’rith en Hollywood

La llamada “Orden Independiente de los B’nai B’rith” o “Hijos de la Alianza” es una curiosa organización que solamente admite a judíos sionistas y se estructura a modo de una organización masónica. Fue fundada en Nueva York en 1843 por Henry Jones y otros 11 compañeros. Se suele decir que es la “masonería judía” y ha sido la matriz de otras organizaciones de defensa de los derechos humanos como la Liga Antidifamación de los EEUU. Tiene el estatuto de Organización No Gubernamental.

Está presente en 58 países y cuenta con 50.000 miembros en todo el mundo, 7.000 de los cuales están distribuidos en 28 países europeos. Está presente en el Parlamento Europeo y en el Consejo de Europa, así como en las delegaciones de la ONU en Ginebra y en la UNESCO en París. Su objetivo es la “lucha contra el antisemitismo, el racismo, la xenofobia y la defensa del Estado de Israel”, así como defender la identidad, la cultura y el patrimonio judíos.

En el ejercicio de estas funciones, los b’nai b’trih norteamericanos, al percibir la extraordinaria fuerza del séptimo arte a mediados de los años 20, instalaron varias logias en Hollywood cuyos miembros participaron  en la creación de la industria del cine. El 1927, el presidente de los B’nai B’rith, firmó un acuerdo con el organismo regulador de la industria del cine para evitar los temas antisemitas. Más tarde, cuando Cecil B. de Mille rodó Rey de Reyes, la orden consiguió que cambiara algunas escenas para evitar que la responsabilidad de la muerte de Cristo recayera sobre los judíos.

En los años 40, lo logia de los B’nai B’rith en Hollywood llegó a contar con ¡1.600 afiliados! Logias de la orden se interesaron en los años 70 por la industria de la televisión. Fruto de esa actividad fue la extraordinaria proliferación de series cinematográficas que en los años 70 trataron el tema del Holocausto.

Los B’nai B’rith son una estructura diferente a la franc-masonería, pero su estructura interior es idéntica: estructuración en grados, ritos de iniciación, existencia de una jerarquía rectora. Habitualmente, la relación entre ambas organizaciones es buena. Resulta imposible desvincular algunas tendencias de Hollywood del peso que los B’nai B’rith tienen en la industria de Hollywood.

jueves, 30 de enero de 2020

REFUNDACIÓN SOBERANA de Carlos Martínez-Cava. Libro recomendado


Todos aquellos a los que “nos duele España” -y Carlos Martínez-Cava es uno de ellos- tenemos la necesidad de pensar en positivo para evitar que la desesperanza y la dejadez nos sugieran que no puede hacerse nada por este país, e incluso que no vale la pena hacer nada. Y, entre las muchas cosas que pueden hacerse, sin duda la mas urgente consiste en reflexionar sobre el origen de los males de España, porque solamente conociendo la etiología de la enfermedad puede establecerse un diagnóstico correcto y, a partir de él, el tratamiento a seguir.

El autor de Refundación Soberana no ha cometido el error de circular por senderos trillados anteriormente. Ramiro Ledesma, en su Discurso a las Juventudes de España, ya identificaba los males que habían afectado a nuestro país en los últimos 200 años. Poco podía añadirse, como no fuera el juicio a las décadas del franquismo. El autor no se detiene mucho en este período, del que subraya, sin embargo, que España era en 1935 un país atrasado, transformado cuarenta años después en decima potencia industrial. Ese mismo años, España era la “segunda potencia mundial en el sector servicios, tenía la segunda flota pesquera del mundo faenando libremente en los principales caladeros del planeta, era el tercer productor mundial en astilleros, la  novena potencia industrial del mundo, su industria representaba el 36% del PIB mientras que, en la actualidad, no llega al 15%, su deuda sobre el PIB era del 7,3% y hoy supera el 100%, el impuesto de tráfico de empresa, (conocido como ITE, actualmente sustituido por el IVA) era del 2% frente al 21% actual, la presión fiscal era el 18,4%, quince puntos inferior a la vigente...”. Tales son los hechos que la historiografía debería aceptar y valorar a la hora de establecer un balance del franquismo, pero que hoy parece herético sólo el mencionar.

Pero si el autor menciona al franquismo es porque identifica el inicio de la pérdida de soberanía en el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y, a consecuencia de ella, en los acuerdos suscritos con los EEUU en los años 50. A partir de ese momento, España vive un intervencionismo creciente por parte de EEUU y del capital financiero internacional, que contó con la complicidad de la “oposición democrática” y del escuálido capitalismo español. Ambos precisaban una “apertura política” para mejorar sus posiciones. La democracia actual, nos recuerda el autor, es hija de Suresnes y de los tecnócratas, tanto como de la entrada en la OTAN, o la voracidad inversora del capital extranjero de los 70.

Cuando llega la constitución, señala Martínez-Cava se produce la “gran cesión de soberanía” del Estado: por una parte, hacia las comunidades autónomas, el Estado se “desvertebra”, por otra cederá parcelas de poder a las instituciones internacionales (a la OTAN en Defensa, a la Unión Europea en todos los terrenos, como antes había cedido a las organizaciones internacionales, ONU o UNESCO). Así pues, a la pregunta de “¿qué fue la transición?”, el autor contesta: “una pérdida creciente de soberanía”.

No era solamente una cuestión patriótica, nos explicar Carlos Martínez-Cava: era un problema económico-social que implicó a lo largo de los años 80 una “reconversión industrial” suicida, exigida por la UE (es decir, por Alemania y Francia) que implicó el desmantelamiento de sectores enteros de nuestra economía a cambio de unas limosnas que se extinguieron durante los primeros años del zapaterismo. En las páginas de Refundación Soberana se nos recuerda la terrible responsabilidad de Felipe González y del socialismo firmando unos acuerdos de integración en la UE que eran un verdadero harakiri industrial. Y esto se hizo -vale la pena no olvidarlo para entender como el sindicalismo oficialista se ha convertido en un residuo irrelevante que es hoy- con apoyo de UGT y CCOO. Luego, con la llegada de Aznar todo esto se agravó, a pesar de que las cifras “macroeconómicas” fueran buenas gracias a las burbujas que no tardarían en estallar, sin olvidar la gran responsabilidad del PP en la creciente desvertebración autonómica que debería alcanzar su límite máximo en 2017 con la apatía de Rajoy a intervenir en la secesión de la Generalitat.

Tiene razón el autor en recordar que el diseño constitucional español surgió de la agenda de la Comisión Trilateral en 1975: izquierda domesticada y derecha liberal se turnarían por siempre jamás en beneficio de los intereses de cualquier agente exterior… salvo del pueblo español. Como se recuerda en el libro, los “padres de la transición” fueron los “padres de la traición”.

En la segunda parte, Carlos Martínez-Cava aborda la crisis del Estado de la Autonomías, implícita en los desarrollos del artículo 150 de la Constitución. ¿Cómo fue posible que se contemplara la viabilidad de una “nación española” compuesta por “nacionalidades”? (término susceptible de un sinfín de interpretaciones). Era evidente que la Constitución de 1978 y la misma “transición” habían dejado abiertos gran número de problemas sin cerrar. Y, de entre todos, las tendencias centrífugas eran las mas evidentes. Para colmo, las simetrías parlamentarias favorecieron a los nacionalistas y les permitieron hacer y deshacer a su antojo en materia autonómica y especialmente educativa, conscientes de que en apenas 20 años lograrían crear una mentalidad favorable a la independencia. Inmersión lingüística, historia nacionalista de ficción, sociedad civil nacionalista ultrasubvencionada… fueron el resultado que permitió, tres décadas después, percibir el verdadero rostro “independentista” de los “nacionalistas”. Era de prever. Tal como el autor recuerda, esos años han sido los de la “demolición del Estado”. Y cuando el Estado deja de existir, lo que se abre paso es la barbarie…

A la centrifugación del Estado se unió, a partir de la crisis de 2008, la de la deuda pública. Pudo haberse evitado, pero el zapaterismo nos zambulló en ella y, una vez desatada, se encontraron excusas para “tranquilizar a los inversores”, mediante la aprobación de una legislación antisocial y unas reformas laborales que consideraban que el trabajo era un lujo y que bastante tenían los trabajadores con encontrar empleo… A esto se le llamó “liberación de la economía”, “reforma laboral” y es tratado con detalle por Martínez Cava. Su efecto fue deletéreo para la sociedad española. Y es que la “justicia social” no puede convivir con el neoliberalismo, como no pueden convivir los lobos dentro de un establo.

Tras analizar estos dos factores determinantes en la crisis que España arrastra en las últimas décadas (centrifugación autonómica y crisis económica), Refundación Soberana propone el “rescate de la nación histórica”. “España es algo más que una constitución”, no dice el autor, que niega que sea un “Estado fallido” como dicen los independentistas. España existe desde el siglo IV, es, por tanto, preexistente a las constituciones y, para revertir el proceso iniciado desde 1978, el punto de partida debe ser el reconocimiento, la asunción y la revalorización de nuestra historia nacional, que debe ser asignatura obligatoria en las escuelas de todo el Estado, el lugar de las historias cantonales imaginativas.

Cualquier otra cosa es asentar intentos de “recuperación nacional” sobre bases electoralistas o sobre arenas movedizas como ese “patriotismo constitucional” de la derecha liberal que sería algo así como un “círculo cuadrado”, inexistente por imposible. La recuperación nacional debe realizarse sobre sólidas bases históricas que es preciso rescatar. Si se hubiera hecho, hoy seríamos conscientes de que España necesita un Carlos V, pero tiene un Pedro Sánchez, de la misma forma que Europa requiere un Metternich, pero se conforma una Merkel… Se diría que estamos en el tiempo de los enanos políticos.

En las últimas páginas de este libro puede leerse: “España, como hemos indicado en este ensayo, ha sido vaciada hacia fuera y hacia adentro. Recuperar todas esas competencias entregadas o sustraídas supondrá devolver al pueblo español su capacidad de decisión sobre su propio destino. Que todo ello adopte en su relato político el mito de la Reconquista (una vez más), no supone otra cosa que sentir que los muertos, que todos aquellos que conformaron la Historia que nos ha hecho ser quienes somos hoy, siguen a nuestro lado. Realizar actos políticos en Covadonga, la estatua de Blas de Lezo, el Tambor del Bruch o Empel no significan simbólicamente más que eso. Pero la fuerza de esas imágenes traspasa toda racionalidad para ir directa al alma de cada español que sacó, sin dudar, la bandera a su balcón y se echó a la calle con ella cuando sintió peligrar algo mucho más sagrado que su trabajo, su casa o sus lugares de ocio: su patria”.

No podíamos estar más de acuerdo con estas líneas, y con los planteamientos presentados por Carlos Martínez-Cava en este libro prologado por Javier García Isac, cuya lectura recomendamos, especialmente para aquellos a los que, además de “dolernos España”, nos planteamos de continuo qué podemos hacer por ella, esto es, por el futuro de nuestros hijos…

Refundación Soberana
Carlos Martínez Cava
Editorial Letras inquietas
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miércoles, 29 de enero de 2020

REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE SIRIA (3 de 3)


> LAS TRES FASES DEL CONFLICTO

La guerra civil inducida desde el exterior en Siria, ha tenido tres fases.
- Inicialmente, desde 2011 (cuando se inician los combates) hasta 2013 (cuando ya se han generalizado), parecía que iba a extenderse a este país el efecto de las “primaveras árabes”: el régimen de al-Asad, daba la sensación de que caería pronto y el mandatario sirio sufriría una suerte análoga a la de Gadafi. Si bien es cierto que las grandes agencias informativas y las correas de transmisión mediáticas del Nuevo Orden Mundial, sugerían que las fuerzas “de la oposición democrática” controlaban la mayor parte del territorio, lo cierto es que -como luego se demostró- existía un equilibrio de fuerzas que se intento desequilibrar en favor de la oposición cuando se alegó en 2013 que Siria había utilizado “armas químicas” (algo que dista de haberse demostrado, pero que no impidió que la ONU obligara a destruir las reservas de este tipo de armas en poder del ejército sirio, algo que este país hizo sin problemas, acaso porque nunca las había utilizado. En esta fase el apoyo de EEUU a algunas facciones de la “oposición democrática” (y a su rama militar formada por desertores del ejército regular sirio y mercenarios) es claro y descarado, pero mucho menos claro es el apoyo prestado a los grupos islamistas radicales, mucho más efectivos en los combates. Turquía especialmente, pero también Israel, aunque mucho más discretamente, fueron los impulsores de esta dirección.

- La segunda fase se caracteriza por la creación del “califato”, el DAESH o Estado Islámico de Irak y el Levante, o ISIS, de carácter salafista y que recibía también apoyo de Arabia Saudí. Es el momento en el que se publican las fotos de los asesinatos y abusos cometidos por los integristas salafistas en la zona y cuando los sucesos de Siria repercuten en Europa, primero por los grupos que apoyan al DAESH entre la inmigración islámica presente en Europa Occidental y que se traduce en un período de atentados continuos de núcleos -a menudo inorgánicos- que intentan apoyar al “califato”. También es el periodo en el que contingentes de esa inmigración musulmana en Europa, muchos de ellos nacido en Europa de padres inmigrantes, se suman al DAESH que parece estar próximo a alcanzar una realidad como Estado. También en esa época, a partir del 2015, se produce la “crisis de los refugiados”. El conflicto, en efecto, había generado desplazados al Líbano, Jordania y Turquía, pero la mayoría de ellos aspiran a instalarse en Europa Occidental.
- La tercera fase se inicia entonces, en 2016, cuando la victoria del DAESH parece inevitable, al-Asad pide a Rusia una implicación más directa. El inicio de los bombardeos sistemáticos por parte de la aviación soviética, el envío de nuevo y moderno material en carros de combate y artillería, y los asesores rusos, bastan para decantar la situación definitivamente en favor del régimen legal sirio que reconquista Homs, Palmira y Alepo, así como la destrucción de los núcleos rebeldes que habían llegado a pocos kilómetros de Damasco, evidencian el cambio de signo de los combates. Desde entonces, el Estado Islámica se bate en retirada, mientras que la “oposición democrática” permanece cada vez más aislada y los propios EEUU entienden que la presencia rusa ha hecho inevitable el vuelco. Este dominio de al Asan, irá seguido por las negociaciones Rusia-Turquia y por el cambio de actitud de este último país. La llegada de Trump a la Casa Blanca, hará que los EEUU se desinteresen por la zona, con gran desesperación del Pentágono que solamente tendrá como premio de consolación al asesinato del general Cassen Soleimán, una de las personalidades más populares de Irán.

En los últimos días, los combates se están centrando en el Sur de la provincia de Iblid, apenas a 100 km de la base rusa de Latakia, en el Norte de Siria. Se trata de “operaciones de limpieza”, habituales en las fases finales de los conflictos, cuando el adversario está y se sabe derrotado, más que de guerra convencional.

Por mucho que las armas no hayan callado todavía, lo cierto es que el conflicto se ha decantado claramente a favor de un bando y las nuevas circunstancias políticas impiden que se reavive por mucho que haya, especialmente en los EEUU y en el Estado de Israel, sectores que intenten promoverlo.


> ALGUNAS CONCLUSIONES Y ENSEÑANZAS DEL CONFLICTO SIRIO

1) Final de la “estrategia del caos” diseñada en el período Bush-Obama.- De la política norteamericana en Oriente Medio solamente quedan dos objetivos en pie (amistad con Israel y con Arabia Saudí), pero estos objetivos estratégicos se quedan sin tácticas que permitan ampliarlos y hacerlos efectivos. El repliegue norteamericano de Oriente Medio y el reconocimiento por parte de Trump de que EEUU no deberían haber puesto nunca el pie en la zona, supone dejar solos a Arabia Saudí y a Israel, ante Irán y ante el mundo chiíta.
2) Demostración de que los cambios de alianzas son posibles.- Turquía que empezó armando y entrenando a los núcleos que dieron vida al DAESH, bruscamente, al comprobar que la creación de un santuario kurdo en su territorio supondría una amenaza, dio un giro copernicano a su política: se distanció de la OTAN y se aproximó a Rusia para evitar lo que llama “el corredor del terror”.
3) Confirmación de la irrelevancia de la Unión Europea en materia internacional.- La UE se ha limitado a ir a remolque de los EEUU y admitir a bastante más de 1.000.000 de refugiados que se han establecido en los países “mas suculentos” (es decir, con más subsidios para la inmigración) de Europa Occidental, especialmente Alemania. Hoy, cuando Europa necesita un Bismark, apenas tiene a una Merkel decrépita e incapaz de elaborar una política exterior para una zona que ha perdido coherencia y posibilidades de influir en el mundo.
4) Debilitamiento de la posición de Arabia Saudí y del salafismo en la zona y aumento de la influencia iraní.- El balance del conflicto sirio supone un duro golpe para el salafismo saudí que ha visto como surgían milicias chiitas, no solamente en el Líbano (Hezbolá), sino en Siria y en Irak, además de las propias de Irán. La retirada norteamericana de la zona contribuye aún más a este debilitamiento de la posición saudí: los que están a la desbandada en Siria son las fuerzas que estuvieron apoyadas, armadas y entrenadas también por los saudíes y que respondían a sus prácticas rigoristas.
5) Supervivencia del régimen baasista sirio gracias a su alianza con Rusia.- Así como China ha preferido abstenerse de actuar en una zona que escapaba a su ámbito de influencia geopolítica, optando por participar solamente en la reconstrucción de Siria, Rusia se ha implicado directamente, demostrando que la decisión es la madre de todas las victorias. Allí donde los EEUU albergaban dudas y políticas diferentes cada ocho años, en Rusia la alianza con al Asad, la defensa de sus bases en el Mediterráneo sirio y la naturaleza de sus enemigos han estado siempre claras, permitiendo elaborar estrategias y tácticas coherentes y eficaces.
6) Debilidad creciente del Estado de Israel tras el repliegue norteamericano.- El mantenimiento del conflicto sirio interesaba especialmente a Israel como forma de descongestionar la tensión especialmente en Gaza. Un gobierno aliado en Siria, o al menos una “estrategia del caos” que hiciera olvidar la tensión permanente con Israel, garantizaban la presencia y el paraguas norteamericano sobre la entidad judía. Pero Trump está poco interesado en permanecer en la zona. En el enfrentamiento Irán-Arabia Saudí, gana Irán, es decir, el único Estado que puede competir con Israel en la cuestión atómica. A partir de estos datos, una realpolitik implicaría que Israel negociara con los palestinos una solución definitiva, a la vista de que hoy está más solo en la región que hace un lustro.

Tales son las principales conclusiones que pueden establecerse tras estos nueve años de combates y ante la victoria de al Asad y de sus aliados y leales. Pero el análisis sobre esta cuestión, nos lleva necesariamente a otra que abordaremos en los próximos días: la cuestión kurda y el nuevo curso de la política turca.

PRIMERA PARTE : CONFLICTOS SUPERPUESTOS
SEGUNDA PARTE : VENCEDORES YPERDEDORES

martes, 28 de enero de 2020

REFLEXIONES SOBRE LA GUERRA DE SIRIA (2 de 3)


> EEUU Y LA “ESTRATEGIA DEL CAOS”

Desde que se inició el mandato de Donald Trump, el primer presidente que no pertenecía al “stablishment” (al menos desde el presidente Eisenhower quien ya denunció en el acto de traspaso de poderes, la asfixiante presencia del “complejo militar-industrial”), este nuevo ciclo de la política norteamericana se ha convertido en una lucha dialéctica por desmantelar las políticas anteriores impuestas desde la primera “era Bush” y las dificultades para llevar a cabo tal desconexión. Las resistencias que ha encontrado Trump son muchas y en su núcleo esencial proceden del viejo “complejo militar-industrial”. Trump, en tanto que empresario, es consciente de algo que no puede asumir el “stablishment”: que es preciso renovar infraestructuras públicas en el país (EEUU se ha quedado atrasado en este terreno), que eso implica detener las intervenciones militares en el exterior (generan excesivo gasto y nunca terminan con victorias claras), que es preciso crear puestos de trabajo para los norteamericanos (y que esto pasa por adoptar medidas proteccionistas).

Pero todo esto no se puede realizar de un día para otro, especialmente porque nuevas políticas, insertadas en un país que arrastra dinámicas perniciosas desde la independencia y en donde el lobbysmo y la presencia de grupos de presión, suponen barricadas infranqueables y con las que la misma presidencia debe bregar. Para colmo, el “stablishment” ha optado por tratar de ganar en los tribunales (mediante el “empeachment”) lo que no ha ganado en las urnas.

Solamente teniendo en cuenta estos elementos, puede entenderse las oscilaciones de la política exterior norteamericana.

Trump ha reconocido que la intervención en Afganistán e Irak no ha servido absolutamente para nada bueno. Los EEUU han perdido en ambos conflictos más de 7.500 hombres y por el país deambulan 15.000 mutilados (físicos o mentales) que son el recordatorio visible de aquel desastre que solamente beneficio a contratistas del Pentágono y a caciques locales. Trump es perfectamente consciente, también, de que la intervención en Siria se ha saldado con el tercer fracaso… a pesar de haberse implicado infinitamente menos que en los dos conflictos anteriores. Y esta es la clave: “implicación”. Rusia se ha implicado en la defensa de su aliado. EEUU no. Por eso, Rusia ha vencido y los EEUU han salido derrotados.

Hace falta añadir algo sobre los motivos de esa falta de implicación: cuando el presidente Obama llegó al poder, cambió la estrategia de Bush adoptada en 2001: ya que era imposible estabilizar una presencia norteamericana en Afganistán e Irak, se trataba de impedir que estos países pudieran reconstruirse y caer en manos del adversario geopolítica. Por tanto, había que crear una situación que garantizara inestabilidad permanente. A fin de cuentas, la historia demostraba que, si Israel seguía incólume a pesar de estar rodeada por enemigos, se debía a que estos mantenían altos niveles de conflictividad en sus políticas interiores e incluso en sus relaciones internacionales. A esto se le ha llamado “estrategia del caos”: allí donde no puedas dominar e imponerte, siempre el caos para que nadie más lo haga.

Esto explica el por qué los EEUU, directamente o, en su momento a través de Turquía, han trabajado para crear movimientos islamistas que luego han escapado a su control y se han convertido en actores de una estrategia que no era la suya: la del “caos”.

Pero Trump es mucho más realista (e incluso “humano”): es un hombre de negocios y sabe que los negocios huyen de la inestabilidad. Sabe que invertir en generar y mantener el caos en Siria es demasiado costoso y que, la proximidad rusa y su alianza con Siria, harán que el gasto, por mucho que crezca, siga siendo improductivo. Sin olvidar que la “estrategia del caos”, por sí misma, ha debilitado a la OTAN en su flanco sur: Turquía.


> TURQUÍA O CÓMO PASAR DE UN BANDO A OTRO

Convertir Siria en un nuevo escenario de la “estrategia del caos”, ha supuesto reavivar el por fantasma turco: el terrorismo kurdo y el movimiento separatista dirigido por el PKK. Los turcos temen que se establezca un “corredor del terror” en la zona norte de Siria, controlada por las milicias kurdas que afecte a su propia integridad nacional.

El efecto de la “estrategia del caos” ha sido perjudicial para Turquía país que ha oscilado de ser en 2011 uno de los que más firmemente apoyaron a la oposición siria, entregando armas y medios, para desandar lo andado en los últimos 75 años con la OTAN y aproximarse inequívocamente a las posiciones rusas: a mediados de 2019, Turquía decidió comprar un sistema antimisiles de fabricación rusa, valorado en 2.000 millones de dólares. Dicho sistema será operativo en 2020. El acuerdo había sido torpedeado por todos los medios por los EEUU y desaconsejado por la OTAN y por las cancillerías occidentales. Los EEUU, incluso anularon la presencia turca en el programa del super-caza F-35, del que debían construirse más de 100 unidades en Turquía con un coste de 9.000 millones de dólares.

Trump se apresuró a tratar de confirmar el “vínculo estratégico” que unía a su país con Turquía, pero el mensaje no ha sido recogido en Ankara. Las conversaciones entre Putin y Erodgan se han saldado con arreglos que permiten a Turquía traspasar la frontera siria sin inquietar al gobierno de Damasco, para perseguir, golpear y conjurar a las milicias kurdas, siempre y cuando las tropas regresen a sus bases de partida tras la operación. Erdogan tiene suficiente con tener garantizada la integridad de sus fronteras y su seguridad interior. En cambio, la “estrategia del caos” garantizaba la creación de una franja en el norte del país en donde se asentaría un Estado Kurdo independiente, que constituiría el verdadero santuario para las operaciones independentistas en el interior del Kurdistán turco.

Hay también que tener presente, que solamente después de estos acuerdos, la flora rusa ha realizado maniobras y desembarcos espectaculares en Tartus. Ahí está una base naval rusa que da salida al Mediterráneo Oriental a su flota. La potencia de esa flota todavía está por debajo del de la VIª Flota de los EEUU que opera en las aguas mediterráneas, pero es, en cualquier caso, especialmente significativa para Turquía.

¿Por qué las maniobras de Tartus? Es simple: Siria, Rusia y Turquía han elaborado el proyecto de un gaseoducto que atraviese territorio sirio desde las bolsas de petróleo y gas del Este del país (consideradas como una de las reservas más importantes del mundo), hasta el mediterráneo, sin pasar por el Canal de Suez, ni por el Estrecho de Ormuz. Es la vía más directa y más corta para que el petróleo sirio llegue al Mediterráneo.

Ese gaseoducto desembocaría en el puerto de Tartús apenas a 160 kilómetros de Damasco. Con estas maniobras, Rusia intentaba, simplemente, contener la “estrategia del caos”, demostrar que tenía fuerza y recursos suficientes para hacerlo y defender su “espacio vital”, ofreciendo a Turquía que hiciera otro tanto.

Además, muchas cosas han cambiado en ese país en los últimos 20 años. Hasta 2010, Turquía insistió una y otra vez en llamar a la puerta de la Unión Europea. Pero Turquía no podía estar dentro del “espacio común europeo” porque eso significaba la marcha de 20 millones de turcos hacia Europa Occidental, acelerando una islamización que ya había causando suficiente alarma social. A los sucesivos portazos sufridos por Turquía, se ha unido la parálisis de la Unión Europea y su mala respuesta ante la crisis económica de 2008. Y así ha ocurrido que Turquía, cuya opinión pública pensaba en 1989 que la disolución del Pacto de Varsovia implicaría una remodelación y una disolución de la OTAN, pero que la permanencia en ella mientras durase, era necesario para avalar su ingreso en la UE (como le ocurrió a España en los 80).

Ahora Turquía permanece más distante de la UE y en la práctica ha estructurado una política exterior no centrada en el ingreso en la UE, y por tanto, su presencia en la OTAN constituye más un riesgo que una ventaja. Si a esto unimos, las consecuencias deletéreas de la “estrategia del caos” y la habilidad del presidente Putin para sentar a Erdogan en la mesa de negociaciones y ofrecerle propuestas sólidas, claras y concretas, a nadie le puede extrañar el cambio de actitud turca.


> NO ES UNA DERROTA TÁCTICA,
ES UN FRACASO ESTRATEGICO

En cuanto a EEUU, la renuncia a la “estrategia del caos” de Obama, indica la tendencia de este país a replegarse en sí mismo, que ya estaba anunciada e implícita en la campaña electoral de Donald Trump.

Ahora bien, la salida progresiva pero constante de EEUU de la zona de Oriente Medio, supone, no solamente una disminución de su paso militar en el mundo, sino también de su poder económico: habitualmente, potencia militar y poder económico caminan juntos, si uno disminuye, el otro merma igualmente. Y esta es la cuestión: que EEUU, tardíamente, ha reconocido que la “unilateralidad” que nació después de la Guerra Fría, ya no es viable y que el mundo va a entrar en una “multilateralidad” en la que los EEUU solamente pueden aspirar a ser uno de los actores importantes, pero no el único, ni siquiera el más importante (China se ha propuesta alcanzar la hegemonía económica mundial entre 5 y 10 años).

Por tanto, la importancia del conflicto sirio evidencia que los EEUU son, hoy, un “imperio cansado”. Ni están dispuestos, ni pueden, ni tienen posibilidades de seguir manteniendo bases en todo el mundo, ni siquiera tienen la “decisión” de seguir siendo el “único poder global”.  La cuestión es: ¿podemos olvidar que el dólar sería hoy una moneda que habría perdido el 80% de su valor de no estar avalada por los marines, los B-52 y el poder nuclear de los EEUU? Porque, a fin de cuentas, la crisis militar de los EEUU preludia y es, al mismo tiempo, un reflejo de su crisis económica.

PRIMERA PARTE : CONFLICTOS SUPERPUESTOS
SEGUNDA PARTE : VENCEDORES YPERDEDORES