Si tengo que hacer un balance sobre la visita del Papa León XIV en
España, diría que, le ha hecho ganar puntos. Es cierto que, en sus 22 homilías
y discursos, han existido luces y sombras. Unos optan por quedarse con lo
primero y olvidar lo segundo y otros, como nosotros, optamos por hacer un
balance que, en conclusión, nos parece netamente positivo. Hubo lecciones de
ética y de moral ejemplares, hubo consejos y directrices morales necesarias. Y
éstas superaron a los silencios, incluso a los errores de apreciación,
disculpables por falta de información y por acuerdos diplomáticos. En la
cuestión lingüística, en Cataluña, la utilización del lenguaje castellano y
catalán alternativamente y en proporciones que respondían exactamente a la
realidad lingüística de la región (30% de uso del catalán, 70% de uso de
español), fue un toque de realismo.
Faltó, claro está, una condena tajante y directa a la corrupción
política y la proclamación del actual gobierno como el más corrupto de toda
Europa; faltó aún más, una condena a la islamización y a la violencia islamista
allí donde amplía su radio de acción; faltó sobre todo un consejo a los
aspirantes a inmigrantes africanos: “No vengáis, no seréis bien recibidos,
no saldréis adelante, os arriesgáis a morir en la aventura, trabajad en
vuestros países, hacedlos progresar, no contribuyáis a destrozar lo que otros
países han construido y, si sois islamistas, buscad países islámicos que os
acojan. Europa ya no puede -oírlo bien- ya no puede más y, cuantos más vengáis,
más cerca estaremos todos de vivir en medio de una guerra civil racial,
religiosa y social…”.
Nos hubiera gustado oír estas palabras: pero no salieron de su
boca. La cuestión es: todo lo que no dijo ¿podía decirlo? ¿le habían
informado mal? ¿carecía de información suficiente? En materia de corrupción,
la diplomacia vaticana y la española habrían pactado silencio en torno a la
materia, mientras los tribunales no dictaran sentencias. Y, sobre el tema
migratorio, me da la sensación de que el Papa tenía en mente el tratamiento que
reciben los emigrantes en EEUU, pero desconoce el que se les depara aquí en
España: paguitas, hoteles en primera línea de mar, manga ancha para delitos
menores y tráficos ilícitos, regularización masiva, y “preferencia inmigrante”
como política oficial del gobierno…
EL CONTEXTO Y LAS CONDICIONES DE LA VISITA
Los rumores y confirmaciones informales sobre la visita del papa
León XIV a España comenzaron a cobrar fuerza a principios de 2026, tras la
invitación formal del rey Felipe VI y la Iglesia Católica Española. El Vaticano
hizo el anuncio oficial y publicó el programa detallado del viaje a principios
de mayo de 2026. Dado el sesgo de la constitución española, es muy probable
que fuera La Moncloa la que indujera a la Zarzuela a enviar la invitación: como
se sabe, constitucionalmente, el Rey no tiene ABSOLUTAMENTE NINGUNA iniciativa
en materia de política internacional, ni de política religiosa.
Y se entiende que el gobierno estuviera interesado en una visita
del Papa. Desde febrero a mayo los representantes
diplomáticos de ambos Estados (no se olvide que el Papa es el “jefe” del “Estado
Vaticano”) fueron negociando las etapas de la visita y el contenido de los
mensajes. Pregunta: el Papa ¿no es autónomo a la hora de elegir temáticas y
contenidos? No, por supuesto: lo que diga y por dónde vaya es el resultado de
una negociación entre dos partes: no del deseo de un Pontífice (y, por tanto, líder
religioso) soberano, en un país, constitucionalmente laico…
¿Qué pretendía Pedro Sánchez con la visita del Papa? En primer
lugar, asegurarse de que no diría nada sobre el “gran tema” (la corrupción) y
luego que apoyaría la política de “regularización masiva”. Hacerse una foto junto al Papa, haría pensar a algunos católicos
que, a fin de cuentas, si un líder moral tiende la mano a alguien asaeteado por
la corrupción, igual es que no es tan malo…
No olvidemos que, a partir del mes de febrero, las cosas
empezaron a ponerse muy cuesta arriba para Sánchez: elecciones en cuatro
autonomías, en las que no tenía absolutamente ninguna posibilidad de salir
fortalecido, lo que se unía a una fuerte inestabilidad parlamentaria, que dejaba al gobierno en una posición
de extrema fragilidad por el distanciamiento con sus socios tradicionales de
investidura (Podemos y Junts). El
año 2026 sería el tercero sin presupuesto, y el “nuevo modelo de financiación”
regional había generado rechazo generalizado por la “singularidad catalana”. Informes
de entidades financieras como advirtieron, a principios de año, que España
afrontaba un mayor riesgo político debido a la inestabilidad parlamentaria, sin
descartar un adelanto electoral para este año. A lo que había que sumar, los
juicios contra el entorno sanchista (Abalos-Koldo, el “hermanísimo”, “Begoña”)
y las investigaciones en curso por parte de la UCO y de la prensa libre que
afectaban prácticamente a todos los ministerios.
Así pues, estaba claro que Sánchez precisaba “cortinas
de humo” y llegar hasta el verano. Eso le garantizaría que hasta finales de
septiembre se mantendría en el gobierno. Obviamente, las encuestas publicadas
por el CIS le favorecían, pero las reales, eran estremecedoras. No solamente,
si se convocaban las elecciones, la sigla PSOE descendería, sino que, además,
todos sus socios (salvo Bildu) retrocederían.
La visita del Papa distraería la atención pública
durante todo un mes (la preparación, más la visita en sí, más la “resaca”),
susceptible de tapar durante ese tiempo la corrupción y dar la sensación,
saludando al Papa, de que seguía siendo un “gran estadista”. Luego, en junio,
el Mundial de Fútbol distraería la atención. El verano… y vacaciones hasta el
11 de septiembre en el que la “diada” catalana marcaría el inicio de la agenda
política.
Cataluña es, hoy por hoy, la única región
importante en la que gobierno un socialista “adicto” a la camarilla de Ferraz
(eso sí, apuntalado por ERC y En Comú). Luego, solamente hacía falta aguantar
tres meses más hasta fin de año para plantarse en 2027 y poder decir,
triunfalmente, “lo hemos conseguido, aquí estamos dando estabilidad al país,
contra viento y marea, los tecnoligarcas y la extrema-derecha fascista”. Porque
desde el día uno en que Sánchez ocupó la Moncloa, su única preocupación ha sido
“ganar tiempo”.
Es muy posible que los analistas vaticanos fueran
conscientes de esta intencionalidad espuria de Sánchez, pero el Papa precisaba iniciar
una tarea pastoral en los comienzos de su pontificado y, si bien es cierto, que
ya había realizado un primer viaje a África, para “ejercitarse”, el
desplazamiento no habia tenido ninguna repercusión. España, por lo demás, se
había caracterizado siempre por la defensa de la religión católica, los
problemas que afrontaba eran muchos, el catolicismo español parecía
revitalizarse con la llegada de nuevas promociones de jóvenes y había que
avivar la llama.
La cuestión, por tanto, no era si hacer el “caldo
gordo” a Sánchez o contribuir a crear una cortina de humo sobre sus
corruptelas, sino confirmar el crecimiento del catolicismo e hilar un buen
discurso, poco comprometido políticamente, pero que, a fin de cuentas, apoyase
a la “opción conservadora mayoritaria” que, para el Vaticano es, no lo
olvidemos, el PP (como lo fue la CEDA durante la Segunda República, a pesar
de que eran católicos mucho más combativos los que se encontraban en Falange o
en Renovación Española).
El lema de la visita pastoral estuvo muy bien traído:
“ALZAD LA MIRADA” que era como decir, “dejad vuestros móviles, dejad
vuestras pantallas y mirad algo más sano”. El sanchismo aceptó el eslogan a
sabiendas de que, inmediatamente acabada la visita del Papa, Spielberg
estrenaría en todos los cines su película de título deliberadamente pos-cristiano,
El día de la revelación, sobre visitas extraterrestres… El estreno de la
cinta -olvidable, pelmaza y reiterativa- haría que esas “miradas alzadas” no
vieran a Dios en los Cielos sino que esperaran extraterrestres salvadores…
LEON XIII ¿QUÉ HACEMOS CON EL ISLAM?
León XIII tardó en reaccionar medio siglo a la
irrupción del capitalismo industrial. Su encíclica, la Rerum Novarum, de
publicó en 1891, cuando ya hacía tiempo que en las hilaturas de Londres
trabajaban niños y el capitalismo se había transformado en depredador. León XIII, tarde, pero con cierta intuición,
entendió que, de no condenar los excesos del capitalismo, éste sería contestado
desde la clase obrera por el marxismo y desde las clases medias por los
fascismos. Así que trató de adelantarse, generando la “doctrina social de la
Iglesia”, encarnada en los “partidos” democristianos que surgirían a partir de
entonces).
Pues bien, este hecho histórico, sirva para
recordarle a León XIV, que la Iglesia va camino de cometer el mismo error
estratégico: ignorar que el gran riesgo que existe hoy en Europa, es la
islamización del continente y denunciarlo cuando ya sea demasiado tarde. Y
hoy empieza a ser muy tarde. Es seguro que el Vaticano “habla” con imanes y
jefes religiosos islámicos, tan moderados que no son en absoluto
representativos, ni de los principios del islam (su “sexto pilar”, nunca
vayamos a olvidarlo es la “yihad”), ni de la opinión de sus bases en Europa
(que atribuyen su situación de dependencia, no a su incapacidad para adaptarse
al modo de vida europeo, sino al “racismo” y a la “discriminación”).
Desde Juan XXIII, la Iglesia ha sido carcomida por
un espejismo: a veces se le llama “ecumenismo”, otras “diálogo interreligioso”. Fantasías, a menudo ignorantes. El budismo, el
confucionismo o el taoísmo, en sus distintas ramas, no son “religiones”
propiamente dichas: son filosofías y una forma de alcanzar el “estase”
(la apertura interior a la trascendencia). En cuanto a las confesiones
evangélicas, el diálogo es imposible porque parten de principios que chocan con
lo de la fe católica. Además, su estado de fragmentación es tal que resulta
imposible “dialogar” con representantes significativos. No hablemos del islam
real que considera a los católicos como inferiores por no atender a la “última
revelación”, la de Alá a Mahoma, y que disputan, a menudo cimitarra en mano,
zonas a otras religiones (incluido el hinduismo, el catolicismo o las formas de
protestantismo). Las “nuevas religiones” (en realidad, sectas, a menudo
destructivas) tampoco entran dentro de las pautas del ecumenismo (mormones,
testigos, adventistas, cientólogos, etc, etc, etc), en tanto que polémicas, no
son tenidas en cuenta en la perspectiva del “ecumenismo”. Así que, siendo
realistas -y es hora de que el Vaticano lo sea- solamente quedan anglicanos y,
sobre todo, iglesias ortodoxas. A eso se reduce el “ecumenismo” y cuantos antes
lo reconozca Roma, mejor.
Los espejismos lo son hasta que quien los padece,
despierta y se encuentra ante su peor pesadilla. En la actualidad, para
quien quiera enterarse, el islam asentado en Europa ya ha dado muestras
suficientes de lo que depara para el continente: guerra
étnico-religiosa-social. Hoy, no hay ninguna religión dispuesta a matar e
incendiar por la propagación de su fe: salvo el islam… Y las masacres de
cristianos en África son suficientemente elocuentes como para darse cuenta de
que el primitivismo islámico está a la orden del día. Algo que el Papa no
puede ni callar, ni ignorar. Las políticas de “paños calientes” con el islam
pertenecen a una época que ya ha quedado superada: ¿Cuántos “casos aislados”
deben soportarse para caer en la cuenta de que siempre hay un “iluminado”
dispuesto a masacrar “cristianos”?
En su primer encuentro con las autoridades, la
sociedad civil y el cuerpo diplomático, que tuvo lugar en el Palacio Real de
Madrid el 6 de junio, a poco de descender del avión, tras unas referencias muy
oportunas a Santiago el Mayor y a la tradición católica de España, León XIII
volvió con la matraca de “España = país de las tres culturas”. Y el discurso
es importante, porque fue la única vez que el Papa mencionó al islam en el
curso de su visita a España. Sus palabras concretas fueron:
“La presencia
del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad
política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo
hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto,
conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos,
musulmanes y judíos. En la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio,
expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del
rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos
como, entre otros, los de los filósofos Averroes (1126-1198) y Maimónides
(1138-1204). En particular, ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron
en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes. Pero esta es la
verdad que cuentan las ciudades europeas, su estratificación histórica, el
tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus
diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida”.
No, Santo
Padre, no fue así, en absoluto: nunca existió una España “paraíso de las tres
culturas”. Desde el inicio de la invasión musulmana, su presencia se dedicó a
destruir todo rastro de civilización anterior y de clases dirigentes visigodas
(¿o es que hay que recordar el episodio de “la noche de las fosas de Toledo” en
la que fue masacrada toda la nobleza visigoda a traición y por la espalda?).
En cuanto a citar a
Averroes (musulmán) y a Maimónides (judío) como “ejemplos”, habría mucho que
hablar: ambos vivieron en la Córdoba del siglo XII bajo el Imperio Almohade,
una dinastía bereber que imponía una visión integrista e intransigente del
islam, corriente que chocaba frontalmente con el racionalismo y la filosofía. Averroes
intentó armonizar la filosofía aristotélica con la revelación islámica,
argumentando que la verdad no puede contradecir a la verdad. Esto provocó el
rechazo de los sectores ortodoxos consideraban que anteponer la razón a las
escrituras coránicas era un pecado. Al-Mansur, como castigo, lo desterró a
Lucena (una villa entonces mayoritariamente judía) y ordenó quemar sus obras de
filosofía. Se vetó formalmente el estudio de la filosofía y las ciencias
exactas para complacer a los alfaquíes (juristas islámicos) más radicales. En
cuanto a Maimónides no solo chocó indirectamente con el islam integrista por su
pensamiento racionalista (similar al de Averroes), sino que sufrió sus
consecuencias políticas directas. Cuando los almohades tomaron Córdoba,
impusieron a las minorías religiosas la conversión forzosa al islam, la muerte
o el exilio. Para salvar la vida, su familia tuvo que fingir convertirse al
islam públicamente mientras practicaban el judaísmo en secreto, hasta que
lograron huir a Fez y luego a Egipto. Curiosamente, el intento de Maimónides de
racionalizar la fe en su obra Guía de los perplejos también le causó
duros choques posteriores, pero dentro de la propia ortodoxia judía.
Así pues, ¿de qué estamos hablando?
Si de lo que se trata es de citar a dos personajes que fueron perseguidos,
sancionados, castigados, sus obras quemadas y ellos condenados, por la
ortodoxia islámica, ¿de qué país de las tres culturas se trata? En Info-krisis,
a lo largo de los años, hemos ido publicando entradas y más entradas
desmintiendo esta fantasía y siempre hemos sostenido que la expulsión de los
judíos y de los moriscos, fue lo que salvó a España de guerra civiles como
ocurrieron en territorios de la antigua Yugoslavia. Los moriscos, por cierto,
fueron expulsados tras pactar con los turcos colaborar en una nueva invasión de
España. Sin olvidar, naturalmente, que hasta principios del siglo XIX
menudeaban los ataques de piratas berberiscos en el Mediterráneo para
secuestrar y pedir rescate, especialmente en España e Italia. O la misma
esclavitud dentro del islam que todavía se practica en algunas zonas (ver el
libro La esclavitud en el islam) y que, históricamente, fue mucho
mayor que la esclavitud en América.
De la cita del Papa resalto
la última frase: “transformando los inevitables conflictos en puntos de
partida”… Lo que indica que Leon XIV sí está bien informado: la
presencia del islam en Europa ha hecho que aparecieran “inevitables conflictos”,
en efecto, pero no son “puntos de partida”, sino “puntos de llegada”: la
ineluctabilidad del conflicto deriva de la imposibilidad del islam en adaptarse
a la cultura occidental y de modificar una letra de su programa de conquista
mundial redactado por Mahoma, al dictado de Alá… por tanto, inmodificable. Y
cuando el Corán habla de “ejecutar a quienes se opongan” al designio de Alá, esa
no es una consigna transitoria, sino una orden perentoria que promete un
paraíso sensualista a quien muera en el curso de un atentado yihadista… No hay posibilidades
de un “diálogo interreligioso” con el Islam. Solo hay una posibilidad:
REMIGRACIÓN y cese de los subsidios y subvenciones al islam y a los procedentes
de países islámicos. O si se prefiere: “preferencia nacional”. No hará falta
expulsarlos, se irán solos. Y ese es el clamor que hoy se alza en toda
Europa y ante el cual solamente gobiernos a punto de caer (el español, el
británico, el alemán, el francés) evitan.
La ambigüedad diplomática
vaticana en la materia ni es recomendable ni puede ser positiva en ningún caso.










