lunes, 15 de junio de 2026

¡ATENTA LA COMPAÑÍA!: EL PAPA SE HA IDO (2 DE 4): BALANCE. El contexto, los silencios y la "cuestión islámica"

Si tengo que hacer un balance sobre la visita del Papa León XIV en España, diría que, le ha hecho ganar puntos. Es cierto que, en sus 22 homilías y discursos, han existido luces y sombras. Unos optan por quedarse con lo primero y olvidar lo segundo y otros, como nosotros, optamos por hacer un balance que, en conclusión, nos parece netamente positivo. Hubo lecciones de ética y de moral ejemplares, hubo consejos y directrices morales necesarias. Y éstas superaron a los silencios, incluso a los errores de apreciación, disculpables por falta de información y por acuerdos diplomáticos. En la cuestión lingüística, en Cataluña, la utilización del lenguaje castellano y catalán alternativamente y en proporciones que respondían exactamente a la realidad lingüística de la región (30% de uso del catalán, 70% de uso de español), fue un toque de realismo.

Faltó, claro está, una condena tajante y directa a la corrupción política y la proclamación del actual gobierno como el más corrupto de toda Europa; faltó aún más, una condena a la islamización y a la violencia islamista allí donde amplía su radio de acción; faltó sobre todo un consejo a los aspirantes a inmigrantes africanos: “No vengáis, no seréis bien recibidos, no saldréis adelante, os arriesgáis a morir en la aventura, trabajad en vuestros países, hacedlos progresar, no contribuyáis a destrozar lo que otros países han construido y, si sois islamistas, buscad países islámicos que os acojan. Europa ya no puede -oírlo bien- ya no puede más y, cuantos más vengáis, más cerca estaremos todos de vivir en medio de una guerra civil racial, religiosa y social…”.

Nos hubiera gustado oír estas palabras: pero no salieron de su boca. La cuestión es: todo lo que no dijo ¿podía decirlo? ¿le habían informado mal? ¿carecía de información suficiente? En materia de corrupción, la diplomacia vaticana y la española habrían pactado silencio en torno a la materia, mientras los tribunales no dictaran sentencias. Y, sobre el tema migratorio, me da la sensación de que el Papa tenía en mente el tratamiento que reciben los emigrantes en EEUU, pero desconoce el que se les depara aquí en España: paguitas, hoteles en primera línea de mar, manga ancha para delitos menores y tráficos ilícitos, regularización masiva, y “preferencia inmigrante” como política oficial del gobierno…

EL CONTEXTO Y LAS CONDICIONES DE LA VISITA

Los rumores y confirmaciones informales sobre la visita del papa León XIV a España comenzaron a cobrar fuerza a principios de 2026, tras la invitación formal del rey Felipe VI y la Iglesia Católica Española. El Vaticano hizo el anuncio oficial y publicó el programa detallado del viaje a principios de mayo de 2026. Dado el sesgo de la constitución española, es muy probable que fuera La Moncloa la que indujera a la Zarzuela a enviar la invitación: como se sabe, constitucionalmente, el Rey no tiene ABSOLUTAMENTE NINGUNA iniciativa en materia de política internacional, ni de política religiosa.

Y se entiende que el gobierno estuviera interesado en una visita del Papa. Desde febrero a mayo los representantes diplomáticos de ambos Estados (no se olvide que el Papa es el “jefe” del “Estado Vaticano”) fueron negociando las etapas de la visita y el contenido de los mensajes. Pregunta: el Papa ¿no es autónomo a la hora de elegir temáticas y contenidos? No, por supuesto: lo que diga y por dónde vaya es el resultado de una negociación entre dos partes: no del deseo de un Pontífice (y, por tanto, líder religioso) soberano, en un país, constitucionalmente laico

¿Qué pretendía Pedro Sánchez con la visita del Papa? En primer lugar, asegurarse de que no diría nada sobre el “gran tema” (la corrupción) y luego que apoyaría la política de “regularización masiva”. Hacerse una foto junto al Papa, haría pensar a algunos católicos que, a fin de cuentas, si un líder moral tiende la mano a alguien asaeteado por la corrupción, igual es que no es tan malo…

No olvidemos que, a partir del mes de febrero, las cosas empezaron a ponerse muy cuesta arriba para Sánchez: elecciones en cuatro autonomías, en las que no tenía absolutamente ninguna posibilidad de salir fortalecido, lo que se unía a una fuerte inestabilidad parlamentaria, que dejaba al gobierno en una posición de extrema fragilidad por el distanciamiento con sus socios tradicionales de investidura (Podemos y Junts). El año 2026 sería el tercero sin presupuesto, y el “nuevo modelo de financiación” regional había generado rechazo generalizado por la “singularidad catalana”. Informes de entidades financieras como advirtieron, a principios de año, que España afrontaba un mayor riesgo político debido a la inestabilidad parlamentaria, sin descartar un adelanto electoral para este año. A lo que había que sumar, los juicios contra el entorno sanchista (Abalos-Koldo, el “hermanísimo”, “Begoña”) y las investigaciones en curso por parte de la UCO y de la prensa libre que afectaban prácticamente a todos los ministerios.

Así pues, estaba claro que Sánchez precisaba “cortinas de humo” y llegar hasta el verano. Eso le garantizaría que hasta finales de septiembre se mantendría en el gobierno. Obviamente, las encuestas publicadas por el CIS le favorecían, pero las reales, eran estremecedoras. No solamente, si se convocaban las elecciones, la sigla PSOE descendería, sino que, además, todos sus socios (salvo Bildu) retrocederían.

La visita del Papa distraería la atención pública durante todo un mes (la preparación, más la visita en sí, más la “resaca”), susceptible de tapar durante ese tiempo la corrupción y dar la sensación, saludando al Papa, de que seguía siendo un “gran estadista”. Luego, en junio, el Mundial de Fútbol distraería la atención. El verano… y vacaciones hasta el 11 de septiembre en el que la “diada” catalana marcaría el inicio de la agenda política.

Cataluña es, hoy por hoy, la única región importante en la que gobierno un socialista “adicto” a la camarilla de Ferraz (eso sí, apuntalado por ERC y En Comú). Luego, solamente hacía falta aguantar tres meses más hasta fin de año para plantarse en 2027 y poder decir, triunfalmente, “lo hemos conseguido, aquí estamos dando estabilidad al país, contra viento y marea, los tecnoligarcas y la extrema-derecha fascista”. Porque desde el día uno en que Sánchez ocupó la Moncloa, su única preocupación ha sido “ganar tiempo”.

Es muy posible que los analistas vaticanos fueran conscientes de esta intencionalidad espuria de Sánchez, pero el Papa precisaba iniciar una tarea pastoral en los comienzos de su pontificado y, si bien es cierto, que ya había realizado un primer viaje a África, para “ejercitarse”, el desplazamiento no habia tenido ninguna repercusión. España, por lo demás, se había caracterizado siempre por la defensa de la religión católica, los problemas que afrontaba eran muchos, el catolicismo español parecía revitalizarse con la llegada de nuevas promociones de jóvenes y había que avivar la llama.

La cuestión, por tanto, no era si hacer el “caldo gordo” a Sánchez o contribuir a crear una cortina de humo sobre sus corruptelas, sino confirmar el crecimiento del catolicismo e hilar un buen discurso, poco comprometido políticamente, pero que, a fin de cuentas, apoyase a la “opción conservadora mayoritaria” que, para el Vaticano es, no lo olvidemos, el PP (como lo fue la CEDA durante la Segunda República, a pesar de que eran católicos mucho más combativos los que se encontraban en Falange o en Renovación Española).

El lema de la visita pastoral estuvo muy bien traído: “ALZAD LA MIRADA” que era como decir, “dejad vuestros móviles, dejad vuestras pantallas y mirad algo más sano”. El sanchismo aceptó el eslogan a sabiendas de que, inmediatamente acabada la visita del Papa, Spielberg estrenaría en todos los cines su película de título deliberadamente pos-cristiano, El día de la revelación, sobre visitas extraterrestres… El estreno de la cinta -olvidable, pelmaza y reiterativa- haría que esas “miradas alzadas” no vieran a Dios en los Cielos sino que esperaran extraterrestres salvadores…

LEON XIII ¿QUÉ HACEMOS CON EL ISLAM?

León XIII tardó en reaccionar medio siglo a la irrupción del capitalismo industrial. Su encíclica, la Rerum Novarum, de publicó en 1891, cuando ya hacía tiempo que en las hilaturas de Londres trabajaban niños y el capitalismo se había transformado en depredador. León XIII, tarde, pero con cierta intuición, entendió que, de no condenar los excesos del capitalismo, éste sería contestado desde la clase obrera por el marxismo y desde las clases medias por los fascismos. Así que trató de adelantarse, generando la “doctrina social de la Iglesia”, encarnada en los “partidos” democristianos que surgirían a partir de entonces).

Pues bien, este hecho histórico, sirva para recordarle a León XIV, que la Iglesia va camino de cometer el mismo error estratégico: ignorar que el gran riesgo que existe hoy en Europa, es la islamización del continente y denunciarlo cuando ya sea demasiado tarde. Y hoy empieza a ser muy tarde. Es seguro que el Vaticano “habla” con imanes y jefes religiosos islámicos, tan moderados que no son en absoluto representativos, ni de los principios del islam (su “sexto pilar”, nunca vayamos a olvidarlo es la “yihad”), ni de la opinión de sus bases en Europa (que atribuyen su situación de dependencia, no a su incapacidad para adaptarse al modo de vida europeo, sino al “racismo” y a la “discriminación”).

Desde Juan XXIII, la Iglesia ha sido carcomida por un espejismo: a veces se le llama “ecumenismo”, otras “diálogo interreligioso”. Fantasías, a menudo ignorantes. El budismo, el confucionismo o el taoísmo, en sus distintas ramas, no son “religiones” propiamente dichas: son filosofías y una forma de alcanzar el “estase” (la apertura interior a la trascendencia). En cuanto a las confesiones evangélicas, el diálogo es imposible porque parten de principios que chocan con lo de la fe católica. Además, su estado de fragmentación es tal que resulta imposible “dialogar” con representantes significativos. No hablemos del islam real que considera a los católicos como inferiores por no atender a la “última revelación”, la de Alá a Mahoma, y que disputan, a menudo cimitarra en mano, zonas a otras religiones (incluido el hinduismo, el catolicismo o las formas de protestantismo). Las “nuevas religiones” (en realidad, sectas, a menudo destructivas) tampoco entran dentro de las pautas del ecumenismo (mormones, testigos, adventistas, cientólogos, etc, etc, etc), en tanto que polémicas, no son tenidas en cuenta en la perspectiva del “ecumenismo”. Así que, siendo realistas -y es hora de que el Vaticano lo sea- solamente quedan anglicanos y, sobre todo, iglesias ortodoxas. A eso se reduce el “ecumenismo” y cuantos antes lo reconozca Roma, mejor.

Los espejismos lo son hasta que quien los padece, despierta y se encuentra ante su peor pesadilla. En la actualidad, para quien quiera enterarse, el islam asentado en Europa ya ha dado muestras suficientes de lo que depara para el continente: guerra étnico-religiosa-social. Hoy, no hay ninguna religión dispuesta a matar e incendiar por la propagación de su fe: salvo el islam… Y las masacres de cristianos en África son suficientemente elocuentes como para darse cuenta de que el primitivismo islámico está a la orden del día. Algo que el Papa no puede ni callar, ni ignorar. Las políticas de “paños calientes” con el islam pertenecen a una época que ya ha quedado superada: ¿Cuántos “casos aislados” deben soportarse para caer en la cuenta de que siempre hay un “iluminado” dispuesto a masacrar “cristianos”?

En su primer encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, que tuvo lugar en el Palacio Real de Madrid el 6 de junio, a poco de descender del avión, tras unas referencias muy oportunas a Santiago el Mayor y a la tradición católica de España, León XIII volvió con la matraca de “España = país de las tres culturas”. Y el discurso es importante, porque fue la única vez que el Papa mencionó al islam en el curso de su visita a España. Sus palabras concretas fueron:

“La presencia del islam en la Península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos. En la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos como, entre otros, los de los filósofos Averroes (1126-1198) y Maimónides (1138-1204). En particular, ciudades como Córdoba y Toledo se convirtieron en lugares de mediación entre lenguas, religiones y saberes. Pero esta es la verdad que cuentan las ciudades europeas, su estratificación histórica, el tejido de solidaridad que a lo largo de los siglos ha conformado sus diferencias, transformando los inevitables conflictos en puntos de partida”.

No, Santo Padre, no fue así, en absoluto: nunca existió una España “paraíso de las tres culturas”. Desde el inicio de la invasión musulmana, su presencia se dedicó a destruir todo rastro de civilización anterior y de clases dirigentes visigodas (¿o es que hay que recordar el episodio de “la noche de las fosas de Toledo” en la que fue masacrada toda la nobleza visigoda a traición y por la espalda?).

En cuanto a citar a Averroes (musulmán) y a Maimónides (judío) como “ejemplos”, habría mucho que hablar: ambos vivieron en la Córdoba del siglo XII bajo el Imperio Almohade, una dinastía bereber que imponía una visión integrista e intransigente del islam, corriente que chocaba frontalmente con el racionalismo y la filosofía. Averroes intentó armonizar la filosofía aristotélica con la revelación islámica, argumentando que la verdad no puede contradecir a la verdad. Esto provocó el rechazo de los sectores ortodoxos consideraban que anteponer la razón a las escrituras coránicas era un pecado. Al-Mansur, como castigo, lo desterró a Lucena (una villa entonces mayoritariamente judía) y ordenó quemar sus obras de filosofía. Se vetó formalmente el estudio de la filosofía y las ciencias exactas para complacer a los alfaquíes (juristas islámicos) más radicales. En cuanto a Maimónides no solo chocó indirectamente con el islam integrista por su pensamiento racionalista (similar al de Averroes), sino que sufrió sus consecuencias políticas directas. Cuando los almohades tomaron Córdoba, impusieron a las minorías religiosas la conversión forzosa al islam, la muerte o el exilio. Para salvar la vida, su familia tuvo que fingir convertirse al islam públicamente mientras practicaban el judaísmo en secreto, hasta que lograron huir a Fez y luego a Egipto. Curiosamente, el intento de Maimónides de racionalizar la fe en su obra Guía de los perplejos también le causó duros choques posteriores, pero dentro de la propia ortodoxia judía.

Así pues, ¿de qué estamos hablando? Si de lo que se trata es de citar a dos personajes que fueron perseguidos, sancionados, castigados, sus obras quemadas y ellos condenados, por la ortodoxia islámica, ¿de qué país de las tres culturas se trata? En Info-krisis, a lo largo de los años, hemos ido publicando entradas y más entradas desmintiendo esta fantasía y siempre hemos sostenido que la expulsión de los judíos y de los moriscos, fue lo que salvó a España de guerra civiles como ocurrieron en territorios de la antigua Yugoslavia. Los moriscos, por cierto, fueron expulsados tras pactar con los turcos colaborar en una nueva invasión de España. Sin olvidar, naturalmente, que hasta principios del siglo XIX menudeaban los ataques de piratas berberiscos en el Mediterráneo para secuestrar y pedir rescate, especialmente en España e Italia. O la misma esclavitud dentro del islam que todavía se practica en algunas zonas (ver el libro La esclavitud en el islam) y que, históricamente, fue mucho mayor que la esclavitud en América.

De la cita del Papa resalto la última frase: “transformando los inevitables conflictos en puntos de partida”… Lo que indica que Leon XIV sí está bien informado: la presencia del islam en Europa ha hecho que aparecieran “inevitables conflictos”, en efecto, pero no son “puntos de partida”, sino “puntos de llegada”: la ineluctabilidad del conflicto deriva de la imposibilidad del islam en adaptarse a la cultura occidental y de modificar una letra de su programa de conquista mundial redactado por Mahoma, al dictado de Alá… por tanto, inmodificable. Y cuando el Corán habla de “ejecutar a quienes se opongan” al designio de Alá, esa no es una consigna transitoria, sino una orden perentoria que promete un paraíso sensualista a quien muera en el curso de un atentado yihadista… No hay posibilidades de un “diálogo interreligioso” con el Islam. Solo hay una posibilidad: REMIGRACIÓN y cese de los subsidios y subvenciones al islam y a los procedentes de países islámicos. O si se prefiere: “preferencia nacional”. No hará falta expulsarlos, se irán solos. Y ese es el clamor que hoy se alza en toda Europa y ante el cual solamente gobiernos a punto de caer (el español, el británico, el alemán, el francés) evitan.

La ambigüedad diplomática vaticana en la materia ni es recomendable ni puede ser positiva en ningún caso.