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miércoles, 30 de octubre de 2024

DIEZ PUNTOS PARA CENTRAR EL “CASO ERREJÓN”

Del árbol caído todos hacen leña. No es nuestro caso. Vamos a intentar hacer con el árbol caído, esto es, con el “caso Errejón”, diez palillos bien afilados y punzantes. Huiremos de lo anecdótico y de lo parcial para extraer conclusiones de valor universal. Nadie -ni el interesado- nos podrán negar el intento de llegar a las raíces última del problema.

1. NO ES EL “CASO ERREJÓN”,
ES EL CASO DE LA IZQUIERDA POSTMARXISTA

La izquierda hace tiempo ha dejado de tener doctrina e ideología. Aparcado el marxismo, ya solamente quedaban divagaciones de una serie de autores que dieron vida a la “ideología woke”, a las distintas visiones antipatriarcales, al complejo LGTBIQ+, que se unieron a okupas, animalistas, ecolocos y demás fauna. La palabra maldita puesta de moda desde 1789 y redescubierta periódicamente por los inventores de la pólvora, es “igualdad”. Filosóficamente, cuando dos objetos son iguales, exactamente iguales, en sus formas, en su función y en finalidad, no son dos objetos, sino el mismo objeto. Lo que, traducido, quiere decir, que la “igualdad” es pura ficción. Y, aplicando la igualdad a lo humano, difícilmente pueden ser “iguales”, hombres y mujeres, biológicamente diferenciados, esto es, DESIGUALES. La “nueva izquierda”, más que doctrina, tiene un batiburrillo de consignas lo suficientemente breves para caber en el texto de una pancarta. Tal es su nivel de exigencia intelectual. A diferencia de los viejos anarquistas cuyo terror era caer en las prácticas autoritarias que denunciaban, los miembros de la “nueva izquierda”, ni se molestaban en adaptar sus vidas al contenido de sus pancartas. Y así tenemos “anticapitalistas” que se comportan como buitres capitalistas, defensores de la okupación con media docena de pisos a su nombre (y que nadie se los okupe), que se unen a los ya habituales sindicalistas de mariscada y políticos de izquierda que buscan vivir como aristócratas. El vacío ideológico de la izquierda, la imposibilidad de llenarlo con residuos y desperdicios ideológicos generados entre los intelectuales más perturbados de la modernidad, y el sinsentido de valores de moda como el de la “igualdad”, es lo que hace que, a alguien de izquierdas les resulte imposible vivir como tal. Además, dado que cualquier diálogo con la “nueva izquierda” es imposible, porque todo aquel que le presenta alguna objeción, es considerado “fascista” (y, con el “fascismo”, ya se sabe, no se dialoga…), el hombre de izquierdas se cree instalado en una superioridad moral, cuando en realidad él mismo se ha colocado en un vertedero ideológico, construido con residuos rechazados y desestimados en cualquier otro tiempo y civilización. Porque, a fin de cuentas, la izquierda actual, vive de todos los detritus ideológicos rechazados anteriormente en la historia de las grandes civilizaciones. Errejón es uno de estos personajillos.

2. DUPLICIDAD ENTRE LA “IDEOLOGÍA IMPOSIBLE” Y LA VIDA COTIDIANA

La persona que hoy se siente de izquierda vive en un estado de esquizofrenia continuado. Dice una cosa, pero su comportamiento cotidiano se sitúa en las antípodas. Y así surge la duplicidad entre la persona y el personaje que encarna: vivimos tiempos de “look”. El “look” que no es la imagen real, sino la proyección que hacemos de nosotros mismos: una construcción según la moda, las circunstancias y las fantasías propias. Salvo en casos de psicopatías extremas -Sánchez, sin ir más lejos- en individuos no tan averiados, esto se traduce en tensiones interiores que conducen a problemas mayores (adicciones) y/o a la locura. La “nueva izquierda” ya no contempla el principio de “unir la teoría a la práctica”, sino que se ha lanzado en tromba -ante la imposibilidad de vivir según sus principios doctrinales- a cumplir a rajatabla el dicho español: “haz lo que digo y no lo hago”. Es imposible vivir en “igualdad”, como es imposible vivir al margen de las leyes de Newton. Aunque pretendamos flotar en el espacio, lo cierto es que somos cuerpos pesados atraídos por una jerarquía de otros cuerpos más pesados. Sí, porque cuando la modernidad dice “igualdad”, olvida que la realidad impone “jerarquías”. Cuando Errejón hablaba del “centro irradiador”, aludiendo al grupo de coleguillas que dieron vida a Podemos, aceptaba el hecho de la “jerarquía”, esto es, la negación pura y simple de la “igualdad”. Porque, quien dice “jerarquía”, dice “complementareidad”, en absoluto igualdad…

3. TODO PARTE DE UNA MALA COMPRENSIÓN DE LA LIBERTAD

No es algo nuevo. Desde la revolución francesa y, antes, con el liberalismo, se ha difundido una idea distorsionada de lo que es la “libertad”. En realidad, es un concepto muy simple: la Libertad es la capacidad de dominio sobre los instintos y sobre el conjunto de uno mismo. Ser libre es ser incondicionado. Desde el sexo al miedo, todo puede ser dominado o dominar a ser humano. Dominarse a sí mismo, dominar el propio flujo mental, dominar los pensamientos, dominar los instintos naturales, supone alcanzar una Libertad absoluta e incondicionada. Lo sabían los espartanos: “solo el desprecio a la muerte da la libertad”. Errejón no es de estos, ni siquiera de aquellos otros que, más tímidamente, dicen aquello de “mi libertad termina donde empieza la de otros”. Es, más bien de los que sostienen que “soy libre para hacer lo que me la puta gana, con una chica o con una trompeta, todo ha sido creado y está aquí para mi satisfacción, porque solamente cuando me siento satisfecho, soy libre…”. Esta, es la concepción de la libertad que se ha instalado en la sociedad. Existe una confusión entre la libertad absoluta, metafísica, superior, y “las libertades” que, en toda sociedad normal deben ser recortadas: existen libertades “positivas” y “negativas”: la de violar a una mujer, agredirla, por ejemplo, es una de esas libertades a las que los hombres sensatos renuncian, no porque lo diga la ley sino por imperativos éticos.

4. LAS DROGAS SON EL "ALIMENTO DE LOS FUERTES",
NO DE LOS MIERDECILLAS

Si algunos nos oponemos a la venta libre de drogas, no es por miedo a caer en la drogadicción, sino, más bien porque determinados productos generan adicciones en quienes no son lo suficientemente fuertes interiormente para resistirlos. En un tiempo en el que nadie se conoce a sí mismo, ni sus límites, ni su resistencia, ni su fortaleza interior, la droga es un riesgo adicional. La necesidad de la droga aparece especialmente en personalidades débiles, rotas interiormente, de perspectivas personales limitadas. Cuanto más débil es una persona o una sociedad, tanto más expuesta está a las adicciones: y no solo a las drogas, también al sexo, a las redes sociales, a los culebrones, al fútbol, a las sectas, a las películas de zombis, etc. Las adicciones son todavía más radicales en aquellos individuos cuya personalidad está escindida entre lo que dice y lo que hace, entre lo que piensa que conviene decir y su comportamiento íntimo. En esa fisura entre ambos, se instalan las adicciones. Y la culpa no es del neoliberalismo (como decía Errejón en su carta de dimisión), sino de no tener ni la inteligencia ni la habilidad suficientes como para unir principios a comportamiento cotidiano y, por supuesto, es el resultado de un modelo educativo fracasado especializado en formar personalidades débiles y quebradizas. Ahora bien, el hecho de que el hasta ahora portavoz parlamentario de Sumar, además, de uno de los partidos que componen la coalición de gobierno, sea un esnifador empedernido, implica que también de esto debamos extraer una conclusión. Si el parlamento es el lugar donde se fiscaliza la tarea de gobierno y se debaten las leyes, es evidente que sus miembros deben estar libres de toda sospecha: es inconcebible que el ciudadano de a pie, pase por un control de alcoholemia y sea multado por beber una cerveza y media y, sin embargo, en el parlamento no existan análisis obligatorios, continuados y por sorpresa sobre consumo de drogas, o que no se realicen tests psicotécnicos para establecer la salud mental de los parlamentarios. Y creo que sería el momento de que algún partido lo exigiera. El “caso Errejón” demuestra que un portavoz parlamentario de un partido de gobierno, puede ser al mismo tiempo un toxicómano, adicto a cualquier sustancia. Intolerable y bochornoso.

5. SI NO HAY IDEOLOGÍA DE IZQUIERDAS,
TAMPOCO HAY “POLÍTICA DE IZQUIERDAS” QUE LA PUEDA APLICAR

Hoy vivimos un desgraciado momento en el que una banda de delincuentes instalada en el poder gobierna en beneficio propio y de su amplia camarilla, apoyado por unos millones de votos de individuos que quisieran ser como ellos. Era normal que llegáramos a esa situación: si la izquierda ha visto como su doctrina ha fracaso y ha desaparecido, el paso siguiente era “hacer política”, no para crear una nueva sociedad, sino para rentabilizar al máximo los beneficios que se podía obtener de esta, utilizando como instrumento la democracia cuantitativa, para la que solamente cuenta el poder engañar al mayor número de ciudadanos. En realidad, hoy ya no hay forma de hacer “política de izquierdas”, sino que, problemas complejos como los que afronta nuestro momento histórico, precisan políticas igualmente complejas, alejadas tanto de la derecha y de la izquierda. La, en otro tiempo, denostada “tecnocracia” es lo que hoy se precisa urgentemente. Pero, en la actualidad, no existen “tecnócratas” en los gobiernos, sino salteadores de caminos. Ni el PSOE hace “política de izquierdas”, como el PP no hará “política de derechas”. El problema es que, en una democracia cuantitativa, los partidos se ven obligados a presentar eslóganes para satisfacer a sus electorados y esto da una sensación de “diversidad” y “pluripartidismo”. Pero, cuanto más compleja es una sociedad, sus problemas tienden a resolverse de la manera más técnica y la técnica carece de orientación política. Hoy, precisamente, el gran problema de los países europeos es que afrontan problemas nuevos que no se resuelven porque, hacerlo supondría perder votos a quien introdujera las reformas necesarias. Y aquel que diga que quiere hacer “política de izquierdas”, simplemente, miente, se engaña a sí mismo, o pretende engañar.

6. SI EL ESPACIO DE LA IZQUIERDA SE CONTRAE,
EL DE LA EXTREMA-IZQUIERDA SE MARGINALIZA

Desde el momento en el que el fordismo entendió que había que subir los salarios a los trabajadores alienados para convertirlos en consumidores integrados, la izquierda sociológica ha ido perdiendo terreno y, en consecuencia, la izquierda política ha necesitado buscar nuevos nichos electorales. Esto ha llevado a que hoy, el voto socialista proceda de grupos subvencionados, “nuevos españoles”, okupas, progres, wokistas, Lgtbiq+, funcionarios de ONGs, a lo que se une el “voto cerril” que siempre ha votado al PSOE y que no está dispuesto a cambiar. Pero, más allá de esta izquierda “iluminada” por la Agenda 2030, existe un espacio oscuro, construido por “lo marginal”. Y ha sido a ese espacio oscuro al que ha tenido que adaptarse Podemos y Sumar para poder tener unos pocos diputados, compitiendo con el PSOE. La “nueva izquierda” tuvo espacio político -en los tiempos de “los indignados”- en la medida en la que repetía lo mismo que la “vieja izquierda”, pero sin los lastres de esta (corrupción, desgaste histórico, proyectos fracasados). Tras unos años, el “centro irradiador” de Podemos, o bien cayó en los mismos tics que el PSOE, o bien cayó en situaciones esquizofrénicas entre el “ser” y el “parecer”. En la actualidad, en España, se da la paradoja de que, en la izquierda, a la corrupción generalizada del PSOE, se une la degradación moral de la “nueva izquierda” derivada de la imposibilidad de vivir conforme a lo que predica: no es extraño que, junto con los matarifes de ETA y con los engañabobos del “prucés”, formen una mayoría estable… Sería como si durante el franquismo, los simpatizantes de El Arropiero (aquel asesino en serie) y del Jarabo (el señorito farlopero que se cargó a tres personas el mismo día), los practicantes del timo del tocomocho y del nazareno, hubieran dado soporte al “Movimiento” franquista. El absurdo que entonces no ocurrió, ahora se hace realidad bajo la égida de Sánchez.

7. LA CONSIGNA DE TODO PARTIDO ES el "ME TOO", SINO EL “Y TÚ MÁS”

Errejón ni era un tipo particularmente bien dotado intelectualmente, ni mucho menos un ejemplo de probidad y moralidad. Lo hemos sabido desde que su figura emergió: no se puede ser “honesto” y negar, hoy, aquí y ahora, que la inmigración en España es un problema o que la inmigración ha traído más problemas de los que ha resuelto. Por tanto, negar esto, es ya un primer síntoma de “deshonestidad”. Ahora resulta, según cuentan sus compañeros de universidad, Errejón siempre había sido así… No es de extrañar. Al parecer, los únicos que no lo sabían eran sus compañeros de partido: y esto es todavía más preocuparte, por que la ministra de sanidad, con la carrera de medicina, debía de saber reconocer, profesionalmente, una adicción. A la cocaína, por ejemplo. Es una de esas adicciones que no se pueden ocultar a nadie con el que se tenga una relación frecuente: problemas nasales, mucosidad, nerviosismo, hiperactividad, cambios de humor y, por encima de todo, la delatora apertura de la pupila y la contracción del iris en los ojos. Así pues, o bien los compañeros de Errejón eran tan tontos como para no percibir que su “portavoz parlamentario” era un farlopero, o bien lo sabían, pero preferían mirar a otra parte. Unos, seguramente, porque consideran que la droga es la cosa más normal del mundo, otros porque pensarían que no afectaba en su rendimiento y, finalmente, la dirección del partido por conveniencias políticas: elecciones gallegas, elecciones vascas, elecciones catalanas, elecciones generales, elecciones europeas, elecciones municipales… ¿en qué hueco iban a reconocer que Errejón estaba colgado con la perica, sin que ello supusiera una pérdida de votos? ¡Claro que lo sabían! Y, en cuanto a las prácticas propias de depredador sexual en el círculo cerrado de Sumar, era imposible que hubiera pasado desapercibido, especialmente en la primera generación de dirigentes en las que todos eran novias y novios, coleguillas y amiguetes que se conocían de mucho tiempo atrás. El problema es que: por una parte, reconocerlo podía restarles votos y, por otra, es que, todos eran solidarios, en la medida en todos tienen el mismo problema de escisión entre la teoría y la práctica. Y los que no lo tienen, simplemente, demuestran comportamientos erráticos (Irene Montero es arquetipo de esto: nunca olvidemos que fue redactora de una ley que debía combatir las violaciones y que, en realidad, ha terminado reduciendo las penas a los violadores, y sigue siendo defendida numantinamente por su mamá como una ley justa y exitosa, cuando en realidad, solo ha sido aplaudida por los violadores procesados por el delito).

8. CUANDO LO PEOR NO ES SOLO LA DENUNCIA,
SINO EL VEHÍCULO DE LA DENUNCIA

La “periodista Fallarás”, una feminista fanática, es la que ha dado a conocer la denuncia contra Errejón. Bien por ella. Pero, las cosas son algo más complejas. Cabría preguntarse: ¿por qué ahora y no hace seis meses?, ¿por qué justo en ese momento cuando el gobierno está acosado por casos de corrupción y precisa balones de oxígeno y maniobras de distracción? No seamos conspiranoicos, pero tampoco ingenuos. Fallarás lanza esta semana un libro sobre el mismo tema. Así pues, se trata de una operación de marketing que ha cogido a Errejón entre raya y raya. Si el libro en cuestión se hubiera publicado en septiembre de 2026, sin duda habríamos tenido que esperar hasta entonces para conocer el “caso Errejón”. Lo siento, pero ni la “periodista Fallarás”, ni su denuncia, me perecen lo más honesto del mundo, sino más de lo mismo: reflejos de la crisis de la izquierda que ni siquiera tiene problema en fagocitarse así misma cuando las exigencias del marketing editorial lo imponen o bien ocultar sus vergüenzas cuando la rentabilidad política lo exige.

9. SUMAR HUELE A MUERTO, PODEMOS ESTÁ MUERTO

Obviamente, de esta crisis, Sumar no va a salir indemne: el escaso crédito que tenía, se habrá dilapidado, tanto como la cuestión del “chalet de Galapagar” disolvió la credibilidad de Podemos y la de su sumo sacerdote, Iglesias y consorte accidental. No hay necesariamente un “espacio” a la izquierda del PSOE: lo que hay son centenares de pequeños círculos, docena y media de grupos (Equo, Verdes, En Comú, Compromís, Mas Madrid, Anova, Coalición por Melilla, Adelante Andalucía), coaliciones del pasado (IU), partidos fundados hace cien años (PCE), cada una con su visión particular de la situación y de sus remedios, productos todos ellos de la crisis de la izquierda, de su fragmentación y atomización. Solamente son diferentes del PSOE en una cosa: apenas tienen poder. Algún comentarista ha pensado que la denuncia contra Errejón es un intento de relanzar a Podemos y a Iglesias… Vanas ideas: el movimiento de “los indignados” está muerto. Se suicidó: al suicidio de Podemos que supuso el asunto del “chalet de Galapagar”, ha seguido el suicidio de Sumar con el “caso Errejón”. No es un final wagneriano, sino más bien la conclusión de una comedia de enredo española. Tiene más futuro el Frente Obrero que los residuos del movimiento de los “indignados”.

10. UN CLAVO HUNDE A OTRO CLAVO

Se ha dicho también que el estallido del “caso Errejón” ha venido en ayuda del sanchismo cada vez más cercado por la corrupción y con más posibilidades de que Sánchez pase de la Moncloa a Alcalá-Meco sin etapas intermedias. No van por ahí los tiros. El “caso Errejón” apenas ha logrado tapar relativamente cuatro días los escándalos económicos y las corruptelas del sanchismo y, para colmo, ha erosionado de manera irreversible y definitiva al socio del gobierno. Tres semanas antes ya se había revitalizado (esta vez deliberadamente para tapar las corruptelas sanchistas) el “caso Bárbara Rey” y tampoco pudo extenderse más de diez días. Ahora ya sabemos que tenemos un gobierno en el que la banda de salteadores de caminos por un lado y los depredadores sexuales, actúan al alimón. Todos salen erosionados. Incluso el PP, que está llevando a cabo una “oposición de baja cota” (ahora, cuando tendría que “entrar a matar”) y tendiendo todas las veces que puede la mano al PSOE. Feijóo no es el líder que la derecha necesita, desde luego, y si alguien daba por enterrado a Vox, las últimas estadísticas sugieren que crece a bastante más velocidad que el PP. Lo más probable es que la extrema-izquierda termine formando nuevas coaliciones en un ambiente de derrota, con abandonos e incorporaciones por goteo al PSOE. Sumar está en fase de liquidación. Y no sólo por el “Caso Errejón”, sino por la salida de la Colau de En Comú, por el escándalo de la Mónica Oltra en la pata valenciana con Compromís, por los fracasos electorales en Galicia, Euzkadi, etc, etc. En cuanto a Podemos, haga lo que haga Iglesias, lo cierto es que es otra sigla finiquitada: demasiadas chicas “loquitas”, demasiados fracasos políticos, demasiados hombres deconstruidos en su dirección, como para que pueda revitalizarse algún día. Y en la extrema-izquierda y en el PSOE, desmoralización, sensación de que el ciclo de Sánchez termina y que les va a costar mucho encontrar un caballo de batalla, una idea fuerza, salvo quizás la “unidad de la izquierda” que es, a donde, necesariamente, debería encaminarse esta izquierda terminal en todas sus versiones. Ahora nos gobierna el “frente de los derrotados” (todos los partidos que componen la coalición de gobierno o que lo apoyan, perdieron votos en las últimas elecciones generales). Que no os extrañe mañana, la creación de un “frente de izquierdas” que una el partido de los salteadores de caminos con el de los depredadores sexuales.








miércoles, 27 de diciembre de 2023

LAS DIEZ CONTRADICCIONES INSUPERABLES POR LAS QUE COLGARÁN POR LOS PIES A PEDRO SANCHEZ SUS PROPIOS SOCIOS (2 de 3)

3. Contradicción entre Sánchez y las federaciones regionales del PSOE

Los intereses del PSOE en Castilla-La Mancha, no son las mismas que las de Pedro Sánchez, pero otro tanto puede decirse de los intereses del PSC catalán o del PSE vasco. Y no digamos de las federaciones andaluzas o extremeñas, incluso de la valenciana o de la aragonesa. En efecto, todas estas federaciones están hoy perplejas por el nivel de concesiones realizadas por Sánchez a los independentistas catalanes. No es solamente el hecho de que se haya amnistiado a Puigdemont y a 4.000 independentistas radicales, la mayoría de los cuales estaban procesados por delitos tan poco éticos como malversación de fondos o lanzamiento de objetos contundentes, levantamiento de barricadas o incendios… lo que más puede pesar en la mentalidad de estos socialistas es la condonación de una parte de la deuda pública para Cataluña, el hecho de que el representante de la Generalitat no haya asistido a la “cumbre” de financiación autonómica en la que estaban presentes todos los demás representantes regionales, indica que Sánchez ya ha negociado con la Generalitat y oculta al resto de autonomías las conclusiones a las que ha llegado: así pues, hoy, la financiación autonómica es de “geometría variable”, Cataluña ha pactado una, el País Vasco tiene otra, y el resto están a la expectativa de lo que puedan obtener y, sobre todo, de no quedarse atrás. Esto genera una contradicción insuperable entre los intereses del pedrosanchismo y los de las federaciones regionales.

A Sánchez -como buen psicópata, solamente le interesa él y lo que le beneficie a él, todo lo demás le resulta secundario o irrelevante- el futuro del PSC -que indudablemente resultará salpicado por las concesiones al independentismo y al que le será muy difícil recuperar una línea política que sea creíble para los electores catalanes- le tiene sin cuidado; el futuro de cualquier federación regional le queda muy lejos a Sánchez, está dispuesto a pactar con los rivales de esas federaciones para mantenerse en el poder, olvidando, que el futuro de la sigla “PSOE” depende precisamente de la potencia de esas federaciones. Olvida que con una Andalucía que ya ha perdido sin esperanzas de recuperar a corto plazo y de Cataluña en que el PSC iniciará una inevitable decadencia y una absoluta pérdida de credibilidad, el PSOE nunca podrá aspirar a mayoría absolutas y deberá de buscar pactos cada vez más abracadabrantes.

La cobardía y, en muchos casos, lo obtuso, de la mayoría de dirigentes regionales del PSOE impiden que, en el Comité Federal, alguien levante la voz contra Sánchez. A fin de cuentas, las “puertas giratorias” hacen que los dirigentes regionales que han perdido sus cargos tras las últimas elecciones autonómicas, sean recompensados con puestos elegibles en las próximas elecciones europeas, como lo han sido en las generales, o bien con altos cargos en la administración. Desde Alfonso Guerra se sabe que, en el PSOE “el que se mueve no sale en la foto”. Pero el problema está servido a plazo fijo, cuando la política de pactos de Sánchez sea percibida como impracticable y cuando las elecciones europeas muestren en desgaste de la sigla socialista. Y todo ello ocurrirá en el año 2024.

Es posible, incluso, que la sigla PSOE se vaya desmigajando y que alguna federación regional se escinda al intentar salvar lo salvable en su comunidad ante el hundimiento del PSOE “federal”. Además, otro elemento que no puede olvidarse es que además de las contradicciones insuperables entre Sánchez y las federaciones regionales socialistas, también existen distintos puntos de vista entre federaciones regionales. Está claro que estas últimas contradicciones se han ido tratando con paños calientes gracias al control del poder, pero ¿hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo tardarán en estallar conflictos entre la federación socialista de Aragón y el PSC o entre el PSPV y el PSC o entre la federación extremeña y la catalana…?

El problema del PSOE es que el pedrosanchismo ha situado al partido al borde del estallido; cuando se produzca la debacle del pedrosanchismo es fácil que arrastre consigo a la sigla socialista. El PSOE ha pasado por diversas crisis en los últimos 45 años: la crisis del felipismo y su ruptura con el socialismo marxista, la crisis del zapaterismo y su ruptura con la socialdemocracia en aras del “buenismo”, finalmente, la crisis del pedrosanchismo (generada por un ego hipertrófico y no por razones ideológicas…). Pero, cuando un partido lleva un cuarto de siglo a la deriva, ya casi nadie recuerda cuál era su perfil originario, ni cómo puede recuperarlo. El PSOE ha llegado a ese punto y las decisiones del pedrosanchismo le alejan cada vez más, tanto de los intereses de las federaciones regionales como de su propia identidad.

4. Contradicción entre Sánchez y Junts.

Junts es la última mutación de Convergencia Democrática de Catalunya, el establo del clan Pujol. Al igual que CDC, Junts es un “partido de gobierno”: lo que une a sus afiliados es la posibilidad de beneficiarse de los contactos que solamente da el poder. Tras el hundimiento del clan Pujol y la acumulación de sumarios por corrupción, primero se disolvió CiU (alianza electoral entre la democracia cristiana catalana de UDC y el partido pujolista) que había gobernado ininterrumpidamente desde la instauración de la gencat hasta la caída del pujolismo. Artur Mas, sucesor de Pujol, con mucha menos habilidad que su maestro, intentó aprovecharse de la coyuntura para avanzar posiciones nacionalistas durante la crisis de 2008-2011: pero el Estado ya no tenía suficientes fondos para satisfacer las exigencias de lo que quedaba de CiU. Y Artur Mas “se echó al monte”, aprovechando el rechazo del tribunal constitucional a parte de los artículos del “nou estatut” impulsado por Pascual Maragall.

Hay que recordar que en 2002-3 no existía en Cataluña la más mínima demanda social de una reforma del Estatuto. El sueño de Maragall fue recuperado por Carod-Rovira, de ERC, socio de gobierno del PSC en la gencat. Era un “estatuto de máximos” que no tenía la más mínima posibilidad de ser aprobado durante el gobierno de Aznar. Sin embargo, las providenciales bombas del 11-M sentaron a ZP en La Moncloa y éste, en un alarde irresponsabilidad, afirmó que el gobierno aceptaría lo que saliera del parlamento catalán. Y lo que salió fue una declaración prácticamente de independencia, en la que el vínculo de Cataluña con el Estado quedaba tan reducido que era prácticamente inexistente. El constitucional rechazó estas aspiraciones independentistas, entablándose una patética competencia entre socialistas y nacionalistas para ver quién era capaz de ir más lejos en el independentismo.

Esto coincidió con el estallido de la crisis económica de 2008-2011, Zapatero quedó enterrado por su manejo inepto de la crisis y cuando Mas intentó chantajear al gobierno del Estado, amenazando con convocar un referéndum por la independencia si no se accedía a sus exigencias económicas… pero eligió un mal momento. Mas no era Pujol, carecía de ese sentido de la oportunidad para elegir el mejor momento para el chantaje. Y, por lo demás, la situación española inmediatamente posterior a la crisis de 2008-2011 no permitía dilapidar fondos para acceder a las presiones nacionalistas. Artur Mas cambió el “nacionalismo” por el “independentismo”.

Pero si Mas era una fotocopia reducida de Pujol, sus sucesores tenían todavía menos talla política. El paradigma del provincianismo independentista fue Puigdemont y su aventura independentista que generó risas, burlas y escarnios en todo el mundo. Tras el fracaso de la bufonada independentista, el nombre de Puigdemont se fue olvidando incluso en Cataluña. Se sabía que existía gracias a los informativos de TV3, pero su figura había desaparecido por completo y estaba por completo ausente de la vida política catalana. Su partido, Junts per Catalunya fue perdiendo intención de voto (como todo el nacionalismo en su conjunto) y estaba completamente desaparecido hasta llegar al resultado electoral de 2023: JuntsxCat, desde entonces, ocupa un lugar central en las políticas del pedrosanchismo: de hecho, es quien marca la agenda política con sus siete diputados. La llamada de socorro de Sánchez fue atendida especialmente por Puigdemont que vio una ocasión insuperable para realizar el chantaje al Estado.

Puigdemont busco, especialmente, su propio beneficio -regresar sin pasar por un juzgado de guardia, ni por una estancia en prisión- y garantizar un futuro para su maltrecha coalición presentándola como la que había arrancado al Estado la amnistía de los procesados por el seudo-referéndum indepe y por las malversaciones de fondos que le acompañaron. Y, además, con la promesa de celebrar un nuevo referéndum que esta vez sí sería legal. A Sánchez esto último era lo que le costaba menos: sabe perfectamente que ahora, tanto como hace cinco años, una consulta de este tipo daría un resultado negativo (y ahora mucho más que hace cinco años, cuando las intenciones de voto de los partidos nacionalistas han sufrido mermas significativas, así que no perdía gran cosa. Y, en cuanto a la amnistía, la podía justificar como “un nuevo comienzo”.

Pero el problema es que el nacionalismo siempre pide más, su cartera de reivindicaciones no se agota jamás -ni siquiera con la independencia- y ceder un poco ante sus reivindicaciones supone capitular mucho e iniciar una política de concesiones imposible de detener. Lo cierto es que Puigdemont no se fía de Sánchez, y este es perfectamente consciente de que el precio de la carne de los siete diputados de Juntsxcat irá creciendo a medida que avance la legislatura. Y habrá un momento en el que a Sánchez ya no le será posible acceder a las exigencias pueblerinas de Puigdemont. Las fechas de ruptura están cantadas: se producirá entre las elecciones europeas de junio de 2024 y las autonómicas catalanas de noviembre. Por mucho “verificador” que nombren las partes, y por facilidades que aporten los vocales del Tribunal Constitucional, va a ser muy difícil que las partes sigan de acuerdo entre esas dos fechas. De hecho, lo más probable es que el descalabro socialista en las europeas augure un futuro muy negro al gobierno Frankenstein 2.0 y a quienes lo han hecho posible: a Junts en primer lugar.

5. Contradicción entre Junts y ERC

No hay un “independentismo catalán”, hay en 2023, dos versiones, de la misma forma que hasta las elecciones municipales de 2023 había tres. Quedando la CUP fuera de juego, el terreno indepe se distribuye entre Junts y ERC. Históricamente, Junts era el partido del pujolismo nacionalista vinculado a la burguesía catalana. Pero eso era antes. Hoy Junts es el núcleo de amigos que fían su destino a la suerte de Puigdemont, mientras que ERC, cuyo nombre sugiere que es un partido “de izquierda republicana”, no pasa de ser una opción independentista que se diferencia poco o nada de la otra tendencia “progresista” o socialdemócrata.

De hecho, las grandes diferencias entre ERC y Junts no son más que odios generados por la deslealtad de Puigdemont hacia sus, por entonces socios, nacionalistas. En efecto, Puigdemont se despidió de la dirección de ERC hasta el día después, cuando ya había decidido exiliarse a Waterloo. Mientras los miembros de ERC y algunos de Junts pasaban una temporada a la sombra, Puigdemont vivía un exilio dorado financiado por la gencat. Esto dejó un resquemor imborrable entre ambas formaciones que, además, se echaban la culpa una a otra del fracaso de la payasada independentista. Y no hay perspectivas de que aquellos odios puedan restañar mientras persistan en las cúpulas de ambos partidos los mismos rostros que protagonizaron el seudo-referéndum de opereta.

Lo que está en disputa entre ambos partidos es el electorado independentista que prima las declaraciones altisonantes y los gestos dramáticos. Y es en este terreno en donde ambos partidos competirán en las elecciones de noviembre de 2024 y, en realidad, desde la campaña de las europeas. Se trata, además, de un electorado crepuscular: el referéndum por la independencia solamente figura entre las prioridades de TV3 y de Catalunya Radio, el ciudadano catalán tiene otras preocupaciones: la delincuencia cada vez más masiva, el hecho de que Cataluña esté en la cola de la enseñanza en España y ésta, a su vez, este a la cola de la enseñanza en Europa, la discreta ineficiencia de la policía autonómica…

Hay que descartar la formación de un “frente independentista”, es más probable que los dos grupos que actualmente se disputan el electorado menguante independentista tienda a fracturarse nuevamente en tres o, incluso, en cuatro grupos, todo ello, por supuesto, en nombre de la “unitat de la nació catalana. En estas condiciones el magma independentista catalán es particularmente inestable, mucho más inestable incluso que el vasco e imposible de estabilizar mediante pactos o acuerdos “de legislatura”.

6. Contradicción entre Sánchez y el PNV

El PNV es un partido de derechas y si nos atenemos a sus orígenes un partido nacional-católico-independentista. Era el exponente de la alta burguesía vasca. ¿Su lema?  “Jaungoitikoa eta lege zaharra”… “Dios y Leyes Viejas”, lema que todavía figura como característico de la formación nacionalista. ¿Tiene este lema algo que ver con Pedro Sánchez que es, justamente, la negación del mismo? ¿tiene el PNV y sus “intereses de clase” algo que ver con lo propuesto por el presidente del gobierno? Porque Sánchez no es “nacionalista”, ni el PSOE es un partido independentista o que acepte la escisión de una parte del país. La concepción oficial del PSOE es el “federalismo” y el PNV, sin duda, piensa que ese “federalismo” está más cerca de la independencia que cualquier otra concepción, incluido el jacobinismo de izquierdas (que también tiene partidarios dentro del socialismo español).

 Así pues, el PNV apoya al pedrosanchismo en la medida en que éste otorgue condiciones económicas favorables a la alta burguesía vasca y que el PSOE se sitúe decididamente -y no, limitándose a declaraciones programáticas formales- emprender el camino hacia la “federalización” del país. Pero esto requeriría una mayoría parlamentaria del 75% al implicar una reforma constitucional profunda. Y ahí es donde, cualquier promesa que haya hecho Pedro Sánchez a los nacionalistas vascos (y catalanes) se estrellará con la realidad.

El misterio es saber cuánto tiempo tardará el PNV en darse cuenta de que los brindis al sol son eso: imposibilidades materiales de concretarse. Y lo que es peor aún: ¿cuánto tiempo tardará el electorado nacionalista, fundamentalmente conservador, en advertir que el proyecto pedrosanchista incluye una disolución de la sociedad y una obra de ingeniería social que apunta contra cualquier tipo de identidad, incluida la vasca?

7. Contradicción entre Sánchez y Bildu

Hay que reconocer que esta es la menor de las contradicciones: la dirección de Bildu es consciente de que solamente pueden romper el techo del independentismo vasco gracias a Pedro Sánchez, por tanto, son los más interesados en mantenerlo en el poder y nunca votarán en contra de ninguna propuesta parlamentaria realizada por él. De momento, esto ya ha generado tensiones internas en el seno de Bildu y disidencias notables. El hecho de que el propio líder de Bildu, Arnaldo Otegui, no repita como candidato de la coalición en las próximas elecciones vascas, es significativo de las tensiones internas que está soportando la coalición.

A Bildu lo que le interesa es liquidar cuanto antes el tema ETA, lograr que absolutamente todos los condenados sean puestos en libertad, que no haya nuevos procesos, que no se revisen casos de asesinatos que han quedado impunes y que, incluso, los etarras que están presos en Francia sean puestos en libertad. Y si obtienen alguna alcaldía gracias al PSOE, mejor aún: prefieren pactar con un partido al que pueden manejar que, con “papá”, el PNV, que los conoce mejor y que tiene más autoridad en el País Vasco. El resto es, para Bildu, accesorio. La cancelación del período etarra es lo esencial y lo que interesa a la parte mayoritaria de su electorado.

Obviamente, Bildu es como cualquier otro partido político español: una cosa son los intereses del electorado y otros muy diferentes, los de su clase política que, simplemente, aspira a mayores cuotas de poder. Eso es todo. Mientras el PSOE garantice a Bildu la consecución de estas cuotas de poder, no habrá ningún problema, pero desde el momento en el que Bildu compruebe que esta alianza repercute negativamente en su electorado, el pacto podrá darse por concluido. Y hay posibilidades de que esto se produzca a corto plazo. Incluso, en el interior de Bildu se han producido reacciones en contra.

No hay que olvidar que 2024 va ser un año particularmente duro para la sociedad española (y la sociedad vasca es “española”), agravadas en España por las políticas económicas del socialismo. No va a ser el escenario más adecuado para que prosperen electoralmente los aliados de Sánchez. De hecho, a medida que avance el año y vaya empeorando la situación económica, el pedrosanchismo se convertirá en un leproso que generará desconfianza en todos los que hayan tenido un mínimo roce con él. Y Bildu no se verá libre de esa sensación.

LAS DIEZ CONTRADICCIONES INSUPERABLES POR LAS QUE COLGARÁN POR LOS PIES A PEDRO SANCHEZ SUS PROPIOS SOCIOS (1 de 3)

LAS DIEZ CONTRADICCIONES INSUPERABLES POR LAS QUE COLGARÁN POR LOS PIES A PEDRO SANCHEZ SUS PROPIOS SOCIOS (2 de 3)

LAS DIEZ CONTRADICCIONES INSUPERABLES POR LAS QUE COLGARÁN POR LOS PIES A PEDRO SANCHEZ SUS PROPIOS SOCIOS (3 de 3)








 

lunes, 28 de septiembre de 2020

"NUEVO REY - NUEVA LEY". ANTE LA SITUACIÓN CRÍTICA FELIPE VI DEBE TOMAR LA INICIATIVA

La actual situación de España está caracterizada por siete contradicciones insuperables que han aparecido en el panorama y que no dejan lugar a dudas sobre la gravedad del momento que estamos viviendo y, lo que es peor, sobre la falta de perspectivas que tenemos por delante. El viejo refrán castellano dice “Nuevo Rey; nueva Ley”. Si Felipe VI quiere desvincularse de la herencia que ha recibido de su padre y de la genética de la rama española de los Borbones (que tocaron fondo con Fernando VII e Isabel II) debe de asumir este refrán como leit-motiv de su reinado. Vayamos primero a las siete contradicciones.

LAS SIETE CONTRADICCIONES PRESENTES
EN UNA SITUACIÓN ENDIABLADA

1) Contradicción entre la monarquía constitucional y el gobierno (lastrado por los republicanos de Podemos, pero que depende de su apoyo).

2) Contradicción entre el Estado Español y las comunidades autónomas que se definen como “naciones” y que aspiran a un Estado propio (Cataluña y en mucha menor medida el País Vasco).

3) Contradicción entre los partidos de centro-derecha y los de centro-izquierda que tiende a mantener la división histórica entre las “dos Españas”.

4) Contradicciones entre el poder central (gobernado por un partido) y los gobiernos autonómicos (gobernados por otros partidos que no son los del gobierno del Estado).

5) Contradicción entre los intereses del “eje franco-alemán” de la Unión Europa y los intereses de la “periferia europea” (en la que se encuentra España).

6) Contradicción entre la “España que trabaja y paga impuestos” y el binomio “España subsidiada por el gobierno parásito”.

7) Contradicción entre los “beneficiarios” de la globalización y del mundialismo y los “damnificados” por estos movimientos económico-culturales.

Las cuatro primeras contradicciones nos parecen demasiado evidentes para explicarlas.

La quinta deriva de la firma de los acuerdos del felipismo con la UE que, por sí mismos, liquidaron nuestra industria pesada y nos reservaron el puesto de geriátrico de Europa, zona de ocio con turismo y hostelería y desarrollo de la construcción: es decir, los sectores con menos “valor añadido”. A esto se unió el que, a los gobiernos posteriores, desde Aznar a Sánchez, se les ha ido tapando la boca con la caridad europea que ha bastado incluso para que, ni siquiera el sector agrícola haya salido beneficiado: se importan cítricos de Israel y del Magreb, mientras el “suelo” de la huerta valenciana está cubierto de naranjas que nadie recoge.

La sexta alude al paso de la “sociedad de los tres tercios” que hemos vivido desde los ochenta hasta la crisis de 2009-2011 (la formada por tres tercios parecidos en número: un tercio que vivía bien, trabajaba, cotizaba a la seguridad social; un segundo tercio que vivía a salto de mata, con períodos prolongados de paro, trabajos eventuales; y un tercer tercio que vivía en la indigencia, de las subvenciones y de la caridad pública), ha ido desapareciendo y hoy se vive lo que podríamos llamar “la sociedad piramidal de tres escalones”: un vértice pequeño formado por el gobierno, sus altos funcionarios, las élites económicas y las grandes fortunas que apenas pagan impuestos; una segunda franja más amplia en la que están todos los que tienen un nómina, mayor o menor, y viven de su trabajo; y una base, cada vez más amplia, de ni-nis, inmigrantes subsidiados, okupas, grupos que aspiran a vivir del salario social y cuyas necesidades se reducen a móvil-internet-fastos-porrito. La contradicción procede de que el grupo intermedio “financia” a todos los demás gracias a que su nómina permite detraer automáticamente impuestos.

En la séptima contradicción incluidos a todos aquellos que viven de la globalización (desde técnicos, propietarios y accionistas de empresas deslocalizadas, financieras, inversores de capital-riesgo, etc.), pero también a los que se alimentan del “mundialismo”, mediante ese régimen de subvenciones milmillonarias que se vierten sobre asociaciones que defienden ideologías de género, asociaciones que promueven los valores de la misma mundialización, la multiculturalidad y el mestizaje: están promoviendo una sociedad “ultra progresista”, que aspira a derribar cualquier resto de sociedad “tradicional”.

Ninguna de estas contradicciones son superables mientras siga la actual ordenación del Estado. Vale más que nos vayamos acostumbrando a que mientras se mantenga la misma situación, nada cambiará.

El problema es que las situaciones de crisis nunca posibilitan enderezamientos, ni “acuerdos nacionales” para planificar y establecer políticas más allá de las promesas electorales. Cuanto más profunda es una crisis y más contradicciones aparecen en el interior de un régimen, más se amplían LAS LÍNEAS DE FRACTURA. El hundimiento, a medio o largo plazo, resulta inevitable.

LA CRISIS DEL COVID-19 COMO
FACTOR DE EXTERIORIZACIÓN DE TODOS LOS PROBLEMAS

A partir de las últimas elecciones coincidieron varios elementos para dar lugar a una “tormenta perfecta”:

- Un vencedor electoral -Sánchez- con rasgos del psicópata de manual, con un ego sobredimensionado y patológico, más que cualquier otro presidente, sin prestigio, autoridad, ni siquiera mayoría parlamentaria, para gobernar.

- Un “Unidas Podemos”, en crisis, con pérdida de votos, con un electorado desmovilizado y con pérdida de impulso interior, consciente de que no tendrá una segunda oportunidad y que si no aportaba los votos parlamentarios que le faltaban a Sánchez para formar gobierno, difícilmente podrían pagar deudas, casoplones, asistentas y tren de vida al que se habían habituado los propietarios de la marca.

- Un centro-derecha fragmentado, con un Ciudadanos en crisis, un PP en pérdida de identidad que dudaba en jugar un papel de centro-derecha o de derecha-derecha, y un Vox que entonces todavía aspiraba a ser un PP(auténtico) y cuyos votos procedían sobre todo de este sector.

- Un nacionalismo catalán que seguía teniendo buenos resultados electorales y una presencia en Madrid superior a sus posibilidades reales en Cataluña y que seguía victimizándose, continuaba sin renunciar a la fantasía independentista y condicionaba su apoyo a Sánchez a cambio de unos euracos de nada y un indulto a los líderes indepes presos y un nuevo referéndum.

- Un nacionalismo vasco, más consciente tras el fracaso indepe catalán, de que no soplan vientos favorables en Europa para nuevas nacioncillas de calderilla y que era mejor preocuparse sólo por seguir manteniendo y mejorando el régimen autonómico actual, pero con una izquierda abertzale crecida por la necesidad que Sánchez tiene de sus votos.

El resultado fue el gobierno PSOE-Podemos… que nacía con la ambición de distraer al personal con reivindicaciones y leyes sobre temas de “palpitante actualidad”, a saber: legislar el “no, es no” y las relaciones de alcoba, dar un paso adelante con la eutanasia, otro más para rectificar la “memoria histórica”, disminuir la presión sobre las drogas, acelerar la llegada de Menas e inmigrantes y dejar que pasaran las semanas y los meses con la “mesa de negociación” paritaria Estado-indepes.cat. Y entonces llegó el Covid-19…

LOS RESULTADOS DE LA NEFASTA ACTUACIÓN
DEL GOBIERNO ANTE LA PANDEMIA

La sanidad estaba en manos de Illa, alguien SIN REMOTA IDEA de cuestiones sanitarias. Hubiera bastado que se aplicase la ley 33/2011, Ley General de Salud Pública. Y, claro está, que, desde el principio, se formara un grupo de expertos que realizaran recomendaciones y estudios previos. En lugar de eso, a partir de enero de 2020, en tertulias de mediodía de TVE1, diversos tertulianos indocumentados sembraban el pánico en la población. El gobierno, no hacía nada: quería que las feminitudas pudieran vociferar el 8 de marzo y que el éxito se rematara en el Día del Orgullo Gay siguiente. Pero una semana después, teníamos el virus encastrado en el país y circulando de norte a sur a velocidad de vértigo.

Y hoy vamos por los 31.000 muertos (o, más bien, entre 50 y 54.000 reales, lo que nos hace el primer país del mundo en número de muertos por 100.000 habitantes), con una segunda ola encima, la economía paralizada y sin perspectivas, y un gobierno:

- que se niega a una auditoría independiente sobre su gestión durante el Covid-19.

- que está aislado de la UE a causa de la presencia de Podemos.

- que desde enero anda perdido, sin hoja de ruta, sin recurrir a expertos.

- que está más preocupado por su permanencia en el poder que por la salud pública.

- que trata de aprovechar en beneficio propio la crisis sanitaria, mucho más que de resolverla.

- que no volverá a recibir subsidios europeos sin la llegada de los “hombres de negro”.

- que no confía más que en la difusión de una vacuna para normalizar la situación.

- que carece por completo de prestigio y autoridad para ser creído o seguido en sus consejos.

- y cuya gestión en todas, absolutamente en todas las fases de la crisis, ha sido caótica, amateur y nefasta.

LO QUE TENEMOS ANTE LA VISTA:
CRISIS ECONÓMICA -> CRISIS SOCIAL -> CRISIS POLÍTICA

Si alguien duda de que tenemos por delante el caos a seis meses vista, mejor que vaya a graduarse la vista. Es mucho más razonable pensar que, con o sin vacuna, esta crisis no se va a resolver en breve. Es más, se va a reproducir el mismo esquema que era fácilmente previsible en 2008:

- primero crisis económica

- después crisis social

- finalmente, crisis política.

En breve volveremos a tener a:

- Seis millones de parados en el horizonte (calculando buena parte de los acogidos a los ERTE que no volverán a recuperar jamás su puesto de trabajo), un 25-30% del pequeño comercio que cerrará para siempre.

- Caos económico motivado, sí, por el Covid-19, pero también y sobre todo, agravado por la particular estructura económica de España como “país de servicios”, con sectores de poco valor añadido como pivotes de la economía, especialmente, el monocultivo turístico. Sin olvidar que, a pesar de la previsión de la banca a la hora de conceder hipotecas, el parón general, ocasionará también convulsiones bancarias (de ahí las fusiones de estos días) y retirada de capitales procedentes de los fondos de inversión (que habían invertido en compra de pisos turísticos).

- Caos social con un sector creciente de la población viviendo de subsidios, con un gobierno que sigue manteniendo -por principio, por convicción y por interés- la puerta abierta a la inmigración, a pesar de saber que son los impuestos de las clases medias, los que van a pagar su estancia en España, con licenciados que escapen hacia otros horizontes más benévolos, con aumento de las patologías por uso y consumo de drogas y tranquilizantes, y, para colmo con una “izquierda marciana” aumentando tensiones con leyes estúpidas, intemperantes, fuera de lugar o, simplemente, inútiles.

- Caos político que se traducirá en un aumento de los votos de Vox y en una mayor polarización del electorado: de un lado las “fuerzas constitucionales” (desde Podemos al PP) y de otros las “fuerzas populistas”, en una situación parecida a la que se ha dado en Francia (a un lado los “republicanos demócratas” y al otro lado Marina Le Pen). Porque, el fracaso de la experiencia de Podemos taponará durante muchas décadas, el que pueda salir otra repuesta “de extrema-izquierda” a la crisis. Podemos ha sido la vacuna.

LA MONARQUÍA,
O PROMUEVE LA “NUEVA LEY” O DESAPARECE

Espero que todo lo anterior haya servido para lanzar una visión bastante realista y poco esperanzadora ante la situación. Nos estamos jugando, no ya el “futuro de España”, sino más bien la existencia misma de España. Y no lo digo porque los independentistas catalanes tengan la más mínima posibilidad de éxito (que no la tienen), sino porque una España encarrilada hacia el precipicio solamente tiene como futuro:

- el ser gobernada por los “hombres de negro” enviados por la UE (la caída de España precipitaría la de toda la zona Euro y el fin de la moneda única, dadas las dimensiones de nuestra economía), y

- el resignarnos a ser un país irrelevante en el que votar solo sirve para elegir los rostros que aparecerán en los telediarios, pero que no tendrán ni peso ni responsabilidad en el gobierno efectivo de la nación.

¿Es posible difundir un programa político alternativo y que, de paso, sea realista ¿en qué sectores podría apoyarse un programa de este tipo? Vamos a intentar responder a esta cuestión.

1. El “poder” es importante. La “Autoridad” lo es más.- Hace falta un gobierno que sea respetado por la población, por TODA la población, no solamente por los que creen que se van a beneficiar de él. Sánchez hoy carece por completo de prestigio y autoridad por mucho que salga en televisión. Si la gente lleva mascarilla por la calle, no se debe a que lo haya prescrito el gobierno, ni siquiera a la eficacia de esta defensa (o, más bien, falta de ella), sino a causa de las multas. Tener “autoridad” quiere decir difundir una consigna y que esta sea seguida por la población; tener, sólo, “poder”, quiere decir que una consigna se sigue por miedo a la coerción. Por tanto, hace falta un GOBIERNO QUE EJERZA EL PODER CON AUTORIDAD.

2.- Un gobierno de salvación nacional.- no una simple coalición para lograr una cómoda mayoría parlamentaria, algo que ya hemos visto demasiadas veces y en lo que Sánchez insiste una y otra vez (con el Frankenstein político formado por indepes.cat, batasunos, podemitas con coleta, moño o gafas, o bien lanzando cables hacia Cs). El horno, ahora sí que no está para bollos, ni para un parche más: nuestra sociedad, nuestra nación, están agonizando y basta salir a la calle para advertirlo. Afrontamos una situación de “máximo riesgo”, como individuos, como sociedad y como nación. Hace falta un gobierno como el que no hemos tenido en décadas y lo llamamos un “gobierno de salvación nacional”, no un simple gobierno de gestión.

LAS TAREAS DE UN GOBIERNO DE SALVACIÓN NACIONAL

Un gobierno de salvación nacional, fundamentalmente, debería abordar cuatro tareas:

1.- Afrontar la lucha contra la pandemia, revisando la gestión del gobierno Sánchez mediante un “comité independiente de investigación”, formado por técnicos y expertos en sanidad, nacionales y extranjeros.

2.- Afrontar una reforma decidida de la economía, planificando y estimulando, el desarrollo de sectores de mayor valor añadido e iniciando el desenganche de la economía de servicios (dependiente de la hostelería y construcción)

3.- Renegociación de los acuerdos con la Unión Europea y denuncia de los firmados por Felipe González en enero de 1986, asumiendo la defensa y promoción de nuestra agricultura y de nuestra ganadería.

4.- Cierre de fronteras con tolerancia cero a la inmigración ilegal, repatriación de todos los Menas que se encuentren en el Estado Español para reunirlos con sus familias en los países de origen, repatriación de inmigrantes que hayan delinquido en nuestro territorio (con pérdida de la ciudadanía española si la han recibido) y de inmigrantes que, desde su llegada en España, no hayan cotizado unos mínimos a la seguridad social.

5.- Reforma de la administración pública estableciendo las titulaciones y las competencias que deben tener todos aquellos que ocupen un cargo público, incluido el de presidente de gobierno y ministros, para evitar que por conveniencias políticas, amiguismo o nepotismo, se nombren altos cargos que lo ignoran todo sobre el sector que les ha sido encomendado. Disminución de los gastos de personal de la administración del Estado, de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos.

6.- Devolución de las competencias de sanidad y educación de las comunidades autónomas a la administración del Estado.

7.- Juicios sumarísimos y castigos ejemplares por responsabilidades en casos de corrupción, malversaciones, mala gestión, de anteriores gobiernos desde el inicio de la democracia, empezando por los errores criminales cometidos en el tratamiento de la pandemia.

LAS VIAS PARA LLEGAR A
UN GOBIERNO DE SALVACIÓN NACIONAL

Es evidente que este no es un “programa electoral”, ni siquiera un programa que para cumplirlo baste el tiempo que dura una legislatura. Es un programa para sanar una enfermedad que se ha vuelto endémica y resolver lo que ya hoy es una CRISIS NACIONAL. Hay solamente dos vías para poner en práctica un programa necesario como éste:

a) La vía “constitucional”, es decir que surgiera del parlamento actualmente elegido, un acuerdo entre todos los partidos que se confundiera con un “gobierno de unidad y salvación nacional”. Pero, dada la fragmentación actual del parlamento, a la vista de las rivalidades, rencillas, desconfianzas y antecedentes de todos los partidos políticos e, incluso, a causa del bajísimo nivel cultural y profesional del actual parlamento, no se nos oculta que una opción así, por adecuada que sea, resulta también inviable.

b) La segunda opción es la “postconstitucional”, es decir, la formación de un gobierno de técnicos y expertos, con participación corporativa de sectores profesionales (jurídicos, sanitarios, defensa, universidades, colegios profesionales) y apoyada, desde la calle, por la sociedad civil, capaz de recuperar el prestigio de la tarea de gobierno, la Autoridad necesaria para el ejercicio del gobierno, lograr nuevos consensos y adoptar medidas mínimas para enderezar la situación y preparar la base de una nueva constitución.

Se podrá achacar a Felipe VI falta de iniciativa, los límites de su reinado son los impuestos por una constitución en la que se mantuvo la figura del Rey simplemente, como elemento decorativo. Con Juan Carlos I, los gobiernos se habituaron a que el Rey firmara y callara. Ahora, todo eso ha terminado: la monarquía juancarlista ha estado ligada íntimamente a la constitución del 78. Nuevo Rey, nueva Ley. El miedo de algunos monárquicos es que la discusión por una nueva constitución, desembocara en un referéndum entre monarquía y república. Y tienen razón: por eso el Rey Felipe VI tiene que entrar en liza y ya no puede quedar como un simple actor pasivo: TIENE QUE TOMAR LA INICIATIVA, a la vista de que los partidos nos han conducido a un callejón sin salida. Felipe VI debe asumir lo que se espera de un Rey:

- que sea el unificador de la Nación, ante partidos e indepes, ante las brechas sociales abiertas o que se abrirán.

- que sea la máxima Autoridad de la Nación, la persona que encarna los valores y la historia de la Nación, en lugar de ser una figura decorativa y un actor pasivo, el ejemplo para la Nación.

- que sea el defensor de la sociedad ante la rapacidad e incapacidad de los partidos políticos, que no opte por la “neutralidad” ante los errores de los partidos, sino que estire de las orejas públicamente a políticos incapaces e inútiles, evidenciados en el fracaso de la gestión pública, y no tenga miedo en dar la patada a los que lo merezcan.

- que tenga asegurado el nivel de vida para él y para sus descendientes, a cambio de ser ejemplo de valores cívicos para la nación,

y velen siempre por el respeto a la ley, la eficiencia en la tarea de gobierno como un centinela custodia una fortaleza.

No creo que un “presidente de la República” se viera libre de las luchas entre partidos, ni mucho menos que haya sido educado desde su infancia para el ejercicio de la más alta institución o que pueda encarnar los valores de la nación durante cinco años. No creo, por tanto, ni siquiera en la “república presidencialista”. Creo que, de la actual crisis solamente puede salirse, aprovechando la ocasión para plantear una reforma constitucional en profundidad que debe ser capitaneada y dirigida desde el Palacio de la Zarzuela (o que puede terminar dirigida contra la monarquía si, como resultado de la crisis política en la que desembocará la crisis social generada por el hundimiento económico, Podemos encuentra un caballo de batalla en la lucha por la República)

Si hoy existe una consigna con fuerza suficiente para enviar al gobierno del petimetre atildado con aspecto de figurín de rebajas y del impresentable con aspecto de porrero que cada mañana tarda más tiempo en arreglarse el moño y elegir pendiente en la oreja que en la higiene diaria, y para evitar que impresentables como estos vuelvan al poder es:

¡VIVA EL REY Y MUERA EL MAL GOBIERNO!