domingo, 17 de octubre de 2010

Conspiradores, conspirativos y conspiranoicos (IV de VIII). La figura del chivo expiatorio

Publicado: Lunes, 28 de Julio de 2008 22:26 
Infokrisis.- En toda conspiración el chivo expiatorio es, como en el timo del nazareno, el que se ve obligado a dar la cara para recibir todos los palos. La diferencia estriba en que, mientras en el viejo timo del nazarenos, el sujeto participa voluntariamente, en un proceso conspirativo, lo hace muy a su pesar. En esta entrega vamos a intentar acotar los rasgos que aureolan a todo chivo expiatorio, rematando la faena con el estudio de dos grandes representantes de esta especialidad: Antonio Tejero y Jamal Zougam.
8. La figura del chivo expiatorio
Una conspiración, inmediatamente estalla acarrea consecuencias policiales y judiciales. Los “autores intelectuales” se preocupan de manera preferencial, no solamente de evitar que ninguna pista conduzca directa o indirectamente a ellos, sino que ofrecen culpables a la opinión pública: son los “chivos expiatorios”. El por qué se elige a alguien a alguien viene dado por factores muy diferentes que luego analizaremos. Lo importante es que el falso culpable pueda ser presentado a la opinión pública como un elemento esencial de la “versión oficial”  y en su historial existan elementos que permitan pensar que, efectivamente alguien como el que nos presentan como culpable puede serlo verdaderamente.
¿Tiene algo que ver el chivo expiatorio con la conspiración? No, en absoluto. A pesar de que en algunos casos se haya hecho creer al futuro chivo expiatorio que está participando en algo importante, la triste realidad es que lo ignora todo sobre lo esencial de la trama y en ocasiones llega hasta el final convencido de que está sirviendo a su ideal. En alguna ocasión se ha dicho que hay gente que experimenta la sensación de que ha cometido un atentado simplemente porque ha llevado el comunicado reivindicativo de la acción.
El chivo expiatorio debe tener algunas características que configuren al sujeto como adecuado y creíble para desempeñar el involuntario papel de chivo expiatorio. Estas características son preferentemente:
- que carezca de experiencia política hasta el punto de no percibir que está siendo manipulado, ni entender la naturaleza de la operación en la que está siendo embarcado.
- que tenga un historial previo que o bien sea el propio de un extremista o bien se pueda fabricar a propósito.
- que sea incapaz de entender lo que ocurre y de articular una defensa con argumentos razonables y comprensibles.
- que carezca de medios económicos para asegurar una defensa razonable y deba recurrir, necesariamente, a abogados de oficial o a abogados voluntarios que, en muchas ocasiones, han terminado siendo colaboradores de los medios de seguridad del Estado y, deliberadamente han conducido mal su defensa.
- que en ocasiones haya declarado ante otras personas sus opiniones radicales y se haya visto implicado en asuntos turbios que le han llevado a ser conocido por la policía e incluso que haya colaborado con algún servicio de seguridad del Estado.
- que tenga algo que ocultar de la naturaleza que sea (habitualmente que esté implicado en episodios de delincuencia común) y que, por tanto, tenga un comportamiento “sospechoso”.
¿Es posible poner un rostro al “chivo expiatorio perfecto”. Sí, podemos poner algunos nombres concretos. Uno de ellos es el Antonio Tejero Molina, el ex teniente coronel de la Guardia Civil cuyo nombre está ligado para la posteridad a la conspiración del 23-F, y, por supuesto, Jamal Zougam condenado como ejecutor material de los atentados del 11-M.
a) Antonio Tejero Molina.-
Su condición para ser “chivo expiatorio” viene en función de una serie de características personales: se considera “patriota y guardia civil”, no político, lo que dicho de otra manera implica que no conoce ni los mecanismos ni las leyes de la política; lee únicamente El Alcázar, así pues sus conocimientos políticos están deformados por un diario que sostiene que el país va a romperse en cualquier momento (en 1977-80) y que los terroristas dominan la calle y nos van a precipitar hacia el “comunismo”; es una persona que se deja arrastrar por el corazón, mucho má que por el razonamiento lógico, esto le lleva a ser una persona visceral, dada a los exabruptos y a las posiciones radicales en defensa de sus ideas.
Además tiene una “historia previa”: ha protagonizado insubordinaciones, participado en complots como el de la Cafetería Galaxia, sus opiniones contrarias a la transición democrática y a la democracia son suficientemente conocidos y ha recibido varias sanciones. Para colmo se ha convertido en el ídolo de la extrema-derecha con una valoración muy superior a la de los líderes políticos de ese sector (Blas Piñar, Fernández Cuesta, Girón) que son vistos como poco dados a la acción.  Para colmo, tiene un físico característico: amplio bigote y tricornio. A principios de 1980, cuando todavía no ha estallado la conspiración del 23-F, es, sin duda, el Guardia Civil más conocido de toda España. Y esto tendrá importancia en el momento en que su imagen –y no la que esperaban los golpistas- aparezca ante las camas sin que nadie se llame a engaño: “Es Tejero que ha entrado en el Congreso”. Y, al verlo, la mayor parte de Capitanes Generales comprometidos con la operación, dan un paso atrás y no sacan las tropas….
Para colmo es un hombre fácilmente influenciable por aquellos a los que aprecia… incluso a los agentes del CESID que en aquel momento conforman buena parte de su entorno. ¿Eran golpistas estos agentes? En absoluto, eran infiltrados en el ambiente golpista… pero no para desarticular la operación antes de que estalle, sino para acelerarla para que fracase. Y así lo hacen.
El plan originario del golpe –sin duda ideado por el Coronel San Martín, el único de todos los militares golpistas que tenía criterios políticos y que conocía perfectamente los mecanismos de este tipo de conspiraciones- implicaba que un grupo civil debía entrar en el congreso de los diputados dando la impresión de que se trataba de un “grupo terrorista” no identificado. Este grupo debía mantener secuestrados a los diputados y al gobierno. Esa era la justificación para que las fuerzas armadas se pusieran en marcha y salieran a la calle para salvar al país de una situación de vacío de poder en la que nadie sabía lo que podía ocurrir… Tal era el Plan y Tejero debía solamente comprar los autobuses y las casacas que debían utilizar quienes tenían por misión entrar en el Congreso; cosa que había hecho en noviembre de 1980. Pero ese grupo fue desarticulado un mes antes y el entorno de Tejero, en el que confiaba –en buena medida formado por oficiales y funcionarios del CESID- le indujo a que no se fiara de nadie y que fuera él quien ejecutara la acción personalmente. Pero en esta perspectiva el plan inicial –insistimos, con toda seguridad ideado por San Martín- quedaba desnaturalizado: no era un grupo terrorista el que iba a ser el “casus belli” para movilizar a las tropas, sino el guardia civil más conocido en toda España (Tejero, de ahí la importancia de su físico) el que todos los Capitanes Generales comprometidos vieron entrar en el congreso y no al frente de un grupo terrorista… sino de la unidad de tráfico de la Guardia Civil. A partir de ese momento, el golpe carecía de justificación y estaba fracasado. De ahí que la mayoría de capitanes generales no se movieran aquella tarde.
La democracia española que días antes del 23-F estaba literalmente rota: con un partido de gobierno virtualmente desmadejado, con cuatro cónsules honorarios secuestrados por ETA, con los episodios de la muerte del etarra Arregui y del asesinato del ingeniero Ryan, con una retahíla de atentados diarios de ETA(m), de los poli-milis, de los comandos autónomos, del GRAPO, de grupos anarquistas, de la extrema-derecha, con huelgas, agitación estudiantil, y para colmo con conspiraciones en marcha que podían cristalizar en algún movimiento de envergadura a medio plazo, era necesario desactivar esta bomba de tiempo actuando en dos direcciones:
- fortaleciendo y reconstruyendo la confianza del electorado en la clase política y
- cortando de una vez y para siempre cualquier riesgo golpista.
Gracias a la entrada de Tejero en el Congreso ambos objetivos fueron alcanzados: dos días después, Fraga, Suárez, Camacho, Carrillo, toda la clase política aparecía codo a codo en la manifestación de protesta contra la tentativa de golpe y, las detenciones de militares junto al proceso de Campamento desactivaron para siempre el peligro golpista.
La cosa no acabó ahí. Se trató luego, no solamente de desactivar el golpismo sino de ridiculizarlo y evitar que en el proceso que seguiría se llegara hasta el final en el esclarecimiento de la verdad. Eso se consiguió gracias a algunos abogados que se “pegaron” a ciertos procesados como Tejera y que eran, como minimo, de dudoso actuar. Estos abogados recomendaron a Tejero que formara un partido político pro-golpista del que los medios de comunicación hablaron ampliamente restando protagonismo al otro líder de la extrema-derecha, Blas Piñar, hasta el punto de que no pudo renovar su acta de diputado, mientras el partido de Tejero, Solidaridad Española obtenía un porcentaje ridículo de votos que convertía al golpismo en España en una anécdota irrisoria. Una vez convocado el juicio, los abogados recomendaron a Tejero que se mantuviera en posiciones desafiantes, en lugar de intentar esclarecer –él mas que nadie- los mecanismos que le llevaron a optar por ser él quien entrara en el Congreso. En los cuatro años siguientes, mientras todavía siguió existiendo una extrema-derecha con cierta base militates, Tejero recibió a miles y miles de visitas, autobuses enteros de simpatizantes, que fueron a verlo al Castillo de Figueras donde permaneció prisionero. Todos estos visitantes lo veían como a un héroe y como a un mesías: ¿cómo podía explicarles que precisamente su papel en el golpe había sido el de chivo expiatorio y que gracias a él nunca más habrá golpismo en España? Tejero terminó creyendo su papel de “salvador” y, o bien fue incapaz de entender lo que había ocurrido, o lo que es más probable, prefirió mantenerse en su papel de militar-que-hizo-lo-que-tenía-que-hacer.
b) Jamal Zougam.-
Hemos examinado los testimonios que han incriminado a Jamal Zougam y han contribuido a condenarlo como “autor material” de la masare del 11-M y, sinceramente, no encontramos base suficiente como para una condena de culpabilidad por mucho que lo haya ratificado el Supremo. De hecho, es un asunto de fe: hay que creer o no a los testigos que lo identificaron… después de que su foto ya hubiera aparecido en los medios de comunicación a partir del 13 de marzo. Zougam era el chivo expiatorio perfecto. A ello concurrían distintas circunstancias:
En primer lugar era marroquí y si se pretendía –como se pretendió inicialmente- que las sospechas del atentado fueran cargadas a espaldas de Al Qaeda, el concurso de algún ciudadano de no importa qué país árabe era necesaria. El chivo expiatorio debía ser necesariamente árabe y del que constara al menos que podía ser de religión islámica. Zougam lo era. Nunca había demostrado opiniones fundamentalistas y todo induce a pensar que se trataba de uno de esos fieles islámicos que siguen una práctica muy relajada de los preceptos musulmanes.
En realidad era un inmigrante perfectamente aclimatado en España. Decimos “aclimatado”, no integrado. Había montado un locutorio que, además, vendía telefonía y, según parece, estuvo vinculado a venta de tarjetas clonadas y trapicheaba con materiales de telefonía robados. No era completamente inocente, y tenía como rasgo común con otros imputados en el 11-M el que se movía en círculos de delincuentes comunes, pequeños traficantes con frecuentes incidentes con la policía, de poca monta pero que dejaban huella.
Pero si Jamal Zugam fue elegido para ser el primer detenido acusado de participación directa en el atentado se debía a un solo hecho que se ha ido olvidando con el paso del tiempo: en efecto, Jamal Zougam conocía a Abú Dadah, detenido un año y medio antes de los atentados del 11-M y acusado de ser el responsable de la “célula española” de Al Qaeda que, para cierta prensa –e incluso para el juez Garzón…- habría tenido un papel capital en la planificación de los atentados del 11-S. Todo esto venía a cuenta del tránsito por España de Mohamed Atta, uno de los implicados en el 11-S, presencia todavía envuelta en brumas y que dista mucho de estar confirmada sin sombra de dudas.
Porque, inicialmente, lo que se aspiraba era a presentar los atentados del 11-M como ejecutados por Al-Qaeda. Quienes planificaron la acción, los verdaderos “autores intelectuales” sabían que el atentado sería mucho más eficaz para lo que se pretendía (obtener un vuelco en las elecciones del 14-M) si venía firmado por la franquicia internacional del terror Al-Qaeda. Además, desde hacía años, el propio Aznar había creado o permitido la creación de un fantasma que recorría España: el del terrorismo islámico. De hecho, desde mayo de 2000 se venía hablando del tránsito de terroristas islámicos (incluso en el accidente de un Fokker que había el trayecto Ceuta – Málaga, La Razón habló de que uno de los pasajeros debía encontrarse con el cerebro financiero de Al Qaeda…) e incluso se había detenido en el barrio musulmán de Alicante a uno de los presuntos miembros del Comando Meliani desarticulado en Alemania… se trataba de alguien en absoluto vinculado al terrorismo pero que huía por delitos comunes. Si a estos añadimos el “comando Dixán” y una treintena más de presuntos terroristas islámicos que la policía de Aznar detuvo entre 2001 y 2004, siempre con informaciones procedentes de la CIA, del FBI, del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia norteamericanos deseosos de que todo el mundo tuviera en mente la supuesto universalidad de la “guerra contra el terror”. Aznar se plegó a todos estos deseos y dando por ciertos informes tan carentes de base como los que atribuían a Irak la posesión de armas de destrucción masiva, permitió que también España fuera recorrida por el fantasma del terrorismo internacional… hasta que finalmente, él mismo fue víctima de ese fantasma cuando fue atizado por otros.
A pesar de que durante el juicio sobre el 11-S y en la investigación paralela de la prensa apenas se hablara de Al Qaeda, lo cierto es que en las fechas del atentado e inmediatamente posteriores la inmensa mayoría de informaciones –alguna vez alguien deberá de analizar todas esas informaciones y explicar de que fuente espúrea salieron- apuntaban con datos que parecían muy concretos, hacia la autoría de Al-Qaeda. Y en ese contexto artificioso, el simple conocimiento que Jamal Zougan tenía de Abou Dadah, era suficiente como para vincular al primero con la red de Al-Qaeda. Por tanto Zougam era el culpable perfecto.
También en él el físico era importante. Se trata de un rostro magrebí típico pero con la característica de llevar el pelo negro, largo, lacio y desordenado. No es el único en tener estas características. Es frecuente que abunde gente así en un tren de gente modesta que va al trabajo por la mañana… En el momento en que la foto de Zougam se convierte en la imagen más difundida a partir del día 13 de marzo, es evidente que algún pasajero del tren creerá reconocerlo (de hecho los reconocimientos se hicieron por dos personas en dos trenes diferentes) ya sea porque ha visto a alguien similar a él, con ese pelo tan habitual, o bien porque subconscientemente ha identificado la foto que ha visto en algún diario o en la tele, con alguien que remotamente podía parecerse a Zougam. Es un fenómeno que conocen todos los que han trabajado en algún servicio de seguridad del Estado: cuando se comenta a un grupo de gente que ha estado próximo al escenario de algún crimen, un detalle absolutamente ficticio para comprobar la calidad de su testimonio, siempre hay alguien que cree reconocer e identificar con seguridad ese detalle.
Zougam, por lo demás, ni entiende los mecanismos de la política ni lee la prensa diariamente, ni siquiera le interesan lo más mínimo los vericuetos de la política española. Simplemente ha venido aquí a buscarse la vida… y lo hace trapicheando en su locutorio de Vallecas. Trabaja, pero no dispone de grandes medios económicos que le permitan contratar a abogados de primera fila, mediáticos, ni mucho menos que hagan de él un “hombre importante” y, por tanto, un intocable. Es, simplemente, un tipo que trabaja y trapichea, que mantiene a su familia, pero que no dispone de medios ilimitados, por tanto, no podrá asegurar su defensa en condiciones óptimas.
Así mismo, no tiene relación con el resto de acusados, por tanto, está completamente aislado en la prisión y desde allí pude hacer muy poco para entender qué es lo que verdaderamente ha ocurrido, ni cómo es que se ha visto implicado en un asunto cuyas dimensiones le trascienden. Y para colmo, esa mañana del 11-M no tiene coartada, o mejor dicho, su coartada es su familia, por tanto, se juzga que no es válida.
Y finalmente el hecho de que tenga un locutorio en el que se vende también telefonía será otro elemento adicional que lo determinará como chivo expiatorio, porque si –contra toda lógica- los atentados se han cometido utilizando terminales de móviles como temporizados, nada más adecuado que el concurso de alguien que los vende y trapichea con ellos para parecer el culpable perfecto. Esto llega a tal nivel que en las informaciones que se publicaron sobre el registro realizado al locutorio de Zougam se llegó a decir que la policía había encontrado el fragmento de plástico de la carcasa que faltaba en el teléfono recuperado por la policía en la “mochila de Vallecas”, y que había sido arrancado con unas tenazas para que por el hueco pudieran salir los cables hacia el detonador… Este detalle, absolutamente espectacular, sin embargo, no volvería a ser repetido nunca más. Se trataba solamente en aquel primer momento de presentar a Jamal Zougam como vinculado a Al-Qaeda (a través de su conocimiento superficial de Abu Dadah) y como “experto en telefonía y, por tanto, capaz de armar los teléfonos móviles de las bombas. Jamal Zougam era, lo repetimos una vez más, el chivo expiatorio perfecto.
Hoy sabemos –por que la sentencia del Supremo lo ha establecido- que Al Qaeda no entraba para nada en los atentados del 11-M y la policia en cinco años no ha logrado encontrar ni una sola pista que llevara a la franquicia terrorista… acaso por que esa franquicia estaba en manos de los EEUU y era controlada desde territorio americano y –probablemente quienes diseñaron el 11-M no lo previeron- la actitud del gobierno Zapatero repatriando las tropas de Irak y llevando una política antiamericana de manual, implicó que los EEUU no facilitaran el terreno a los “autores intelectuales” del 11-M. Así, el papel de Al-Qaeda que en los primeros meses ocupaba diariamente espacios en prensa, se fue bruscamente olvidando hasta desaparecer por completo…
Jamal Zougam no tenía amigos en círculos políticos, ni siquiera en círculos islamistas radicales, no tenía conocimientos políticos, ni experiencia para entender en los primeros momentos la trama en la qe involuntariamente lo habían incrustado a modo de chivo expiatorio. Era, lo repetimos por última vez, el culpable perfecto.
(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com