El título original francés, Les Doctrinaires de
la Révolution allemande (1918‑1938), fue publicado por Fernand Sorlot en París en 1938, en un volumen de 391
páginas. El año es decisivo: el libro vio la luz en el momento de apogeo del
III Reich (tras la anexión de Austria y el desmembramiento de Checoslovaquia
acordado por las cuatro potencias europeas reunidas en Múnich) y a las puertas
de la Segunda Guerra Mundial. Vermeil no se limitó a describir el nazismo como un
fenómeno político o militar; su ambición era mucho más profunda: rastrear los
orígenes intelectuales y espirituales de aquella «revolución» que había llevado
a Hitler al poder y que amenazaba con sumir a Europa en una catástrofe.
En la primera parte, Vermeil examina a un conjunto
de pensadores y escritores que, en su opinión, prepararon el camino ideológico
del nacionalsocialismo. Entre ellos figuran el filósofo Oswald Spengler, autor
de La decadencia de Occidente, que con su culto al cesarismo y su
veneración por el poder brindó al nazismo una justificación histórica; el
economista y escritor Walther Rathenau, que había denunciado la mecanización de
la vida moderna y reclamado una espiritualidad germánica; el conde Hermann
Keyserling, con su «humanismo integral» que pretendía reconciliar Oriente y
Occidente bajo el liderazgo de una élite; y el novelista Thomas Mann, cuyas
reflexiones sobre la regeneración cultural de Alemania fueron reinterpretadas por
los círculos nacionalistas. Vermeil muestra cómo todos ellos, cada uno a su
manera, contribuyeron a forjar un clima de rechazo a la civilización occidental
(racionalista, democrática y liberal) y a promover un modelo alternativo basado
en la comunidad de sangre (Volksgemeinschaft) y en el liderazgo fuerte.
En la segunda parte del libro analiza al Grupo Die Tat poniendo especial
énfasis en su realismo, especialmente en materia de política exterior. A pesar
de que Vermeil no toca el ámbito de la “revolución conservadora”, ni de los
“jóvenes conservadores”, Die Tat formaba parte de este círculo y en las
columnas de su revista se sintetizaba lo mejor de esta corriente multiforme.
La tercera parte del libro se adentra en los
«doctrinarios de la revolución concreta»: es decir, los teóricos orgánicos del
nazismo en la década de 1920 y 1930. Vermeil analiza, el pensamiento de Alfred
Rosenberg y de su obra El mito del siglo XX, Walter Darré (ideólogo de
la política agraria del III Reich), Gottfried Feder (creador del primer
programa económico del NSDAP), Robert Ley (responsable del Frente Alemán del
Trabajo) y al propio Adolf Hitler a través, exclusivamente de Mein Kampf.
Vermeil se esfuerza por distinguir entre las distintas corrientes internas del nazismo
—a veces enfrentadas entre sí— y por subrayar la profunda continuidad que
existe entre los planteamientos del primer grupo (los «profetas») y los del
tercero (los «realizadores»).
Como conclusión, Vermeil sostiene que el nazismo
no como algo circunstancial, sino como la culminación de tendencias seculares del
pensamiento alemán: la rebelión contra la razón, la exaltación de la voluntad
de poder, el deseo de romper el «marco
estrecho de la realidad» para entregarse a «un sueño ilimitado de potencia». En
esa línea, el germanista francés define el nazismo como «una mezcla de
misticismo y de aplicación integral de la técnica y de la disciplina prusiana»,
una fórmula que ha hecho fortuna en la historiografía posterior.
La tesis vertebral de la obra es que el
nacionalsocialismo no surgió de la nada, sino que hunde sus raíces en la
historia intelectual alemana del siglo XIX y principios del XX. Vermeil, en
efecto, rastrea una genealogía que va desde la Reforma luterana (con su
principio de obediencia absoluta a los príncipes) hasta el romanticismo y el
pangermanismo bismarckiano. En este sentido, su análisis anticipa en varios
años el debate historiográfico sobre el Sonderweg (la Doctrinarios de la
Revolución Alemana «vía especial» alemana) y sobre las conexiones entre el
nazismo y la tradición prusiana.
* * *
Para el lector de hoy, Doctrinarios de la
Revolución Alemana posee al menos tres valores incontestables. En primer lugar,
es un testimonio de primera mano escrito antes del estallido de la Segunda
Guerra Mundial, cuando la naturaleza exacta del nazismo era todavía objeto de
debate en Francia. Leer a Vermeil es asomarse al mundo del otro lado del Rihn,
al que pretende describir, con una mentalidad racionalista y positivista; un
“vencedor” que presenta el pensamiento de los “vencidos”, como si ambos
tuvieran el mismo estado de ánimo. Esta es la principal crítica que puede
hacerse a la obra de Vermeil. Solo atiende a las razones francesas e ignora (y
ridiculiza en algunos puntos) las aspiraciones alemanas a su propia seguridad.
Por el momento en el que se lanzó la obra, hay que suponer a Vermeil
extremadamente preocupado por el resultado de la Conferencia de Múnich y el
desmembramiento de Checoslovaquia, país artificial y verdadera creación de la política
francesa de cerco a Alemania.
La parte más positiva de esta obra es que se trata
de una “caja de herramientas conceptuales” sobre la ideología de la “Revolución
Conservadora”, útil para analizar no solo los contenidos de la doctrina
nacionalsocialista, sino también otras variantes del nacionalista y del
autoritarismo contemporáneo. Ahora bien, el gran error de Vermeil es limitarse,
especialmente en el caso de los doctrinarios nacionalsocialistas, a deducir su
ideología de libros como Mi Lucha o El mito del siglo XX,
escritos mucho antes de que el NSDAP llegara al poder. Al hacerlo, el 30 de
enero de 1933, Hitler se vio obligado a adaptar los conceptos que había
expuesto a la “realpolitik”. En otras palabras: el Hitler, Führer y canciller
del Reich, no es el Hitler que diez años antes escribiera Mi Lucha.
Hitler renunció a algunos aspectos que habia expuesto en su obra y así lo
reconoció ante un conocido periodista francés, rogándole que se centrara en lo
que estaba haciendo en esos momentos y no en lo que había escrito diez años
antes.
Cuando Vermeil escribe esta obra, han pasado cinco
años desde la llegada de Hitler al poder y se mostraba como un pragmático y,
por tanto, renunció a aplicar algunos puntos del programa de 1920 en sus años
de gobierno. Realizó, en primer lugar, una “revolución social” (integración de
los millones de parados, obras sociales para ganarse a las clases trabajadoras
y dignificarlas) que abarcó desde 1933 hasta 1936 y, a partir de ese momento, recuperada
la economía, con el país en marcha, abordó la segunda parte de su programa, la
“revolución nacional” (incorporación de todos los territorios amputados por el Tratado
de Versalles, realización del viejo sueño pendiente desde la época bismarckiana
de integración de Austria en la Gran Alemania), todo lo cual hizo que en el
momento en el que Vermeil escribía estas líneas, hubiera nacido un Estado nuevo
en la Mitteleuropa, provisto de 100 millones de seres humanos,
galvanizados por el régimen nacionalsocialista y una economía productiva que
hacía gravitar, junto con el Eje con Italia, la economía europea en torno a
Berlín. Cinco años más y Europa habría sido “alemana”, no por una guerra de
destrucción masiva, sino por los logros económicos y los intercambios
comerciales. Era algo que el mundo anglosajón no podía permitirse. Por eso
estalló la Segunda Guerra Mundial.
Podemos calificar esta obra de Vermeil como un
estudio de la doctrina del nacionalismo alemán de las entreguerras y de su
origen. Y en este sentido, es un estudio brillante que nos proporciona, sobre
todo, claves conceptuales. Pero Vermeil se detiene ahí y renuncia a captar los problemas
de fondo de la política francesa, alemana y europea de la época. Si hemos
decidido traducir y publicar este libro es porque entre los títulos de nuestra
iniciativa editorial existen otros dos complementarios a este: Los
responsables de la Segunda Guerra Mundial de Paul Rassinier y 1939 de
Michele Rallo, que recomendamos paralelamente a esta obra. Así mismo, la obra
de Armin Mohler sobre La Revolución Conservadora y la de Pierre Faye con
su libro Los lenguajes totalitarios, pueden ser considerados como complementos
indispensables para la comprensión de la “ideología alemana” de las
entreguerras.
Finalmente, nos gustaría explicar cómo tuvimos conocimiento de esta obra. En 1983, al retornar del exilio, José Manuel Infiesta (q.e.p.d.), entonces miembro del Círculo Español de Amigos de Europa, estaba impulsando la publicación de una obra colectiva que, finalmente se editó con el título de La cultura de la obra Europa (que luego ha sido objeto de varias reediciones). Entre los autores que me tocó presentar se encontraba Moeller van den Bruck de quien apenas tenía una vaguísima idea. Fue precisamente Jorge Mota (q.e.p.d.), entonces presidente de CEDADE, el que me prestó la obra de Vermeil y de allí extraje lo esencial sobre Moeller. Desde entonces conservé una especial simpatía por esta obra que ahora ofrezco a la consideración de los lectores y amigos.
Contenido
Nota Introductoria
Doctrinarios de la Revolución Alemana
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN - Particularismo tenaz y exaltación
nacional
LIBRO PRIMERO
PROFETAS DE LA POSGUERRA
CAPÍTULO PRIMERO - Los apóstoles del Renacimiento
espiritual
I. — HACIA UN NUEVO HUMANISMO
II. — EL PROBLEMA EUROPEO
III. — La misión de Alemania
CAPÍTULO SEGUNDO - La obra de Oswald Spengler
I. — EL MÉTODO EN LA HISTORIA
II. — ELEMENTOS DE UNA SOCIOLOGÍA
III. — LAS GRANDES CULTURAS
IV. — EL MUNDO EUROPEO
V. — PRUSIA—ALEMANIA
LIBRO SEGUNDO
EN BUSCA DE UN NUEVO ORDEN
CAPÍTULO TERCERO - Moeller van den Bruck
I. — LOS ORÍGENES
II. — MIRADAS HACIA ORIENTE Y
OCCIDENTE
III. — EL PRIMER Y EL SEGUNDO REICH
IV. — El Tercer Reich
CAPÍTULO CUARTO - Víspera de la Revolución - El
grupo «Die Tat
I. — LAS OPINIONES DE E. ROSENSTOCK SOBRE
LAS REVOLUCIONES EUROPEAS
II. — LA NUEVA POLÍTICA INTERNA DEL
REICH
III. — HACIA UNA NUEVA POLÍTICA
EUROPEA
LIBRO TERCERO
EL NACIONALSOCIALISMO
CAPÍTULO QUINTO - Hitler y Rosenberg
I. — CONSIDERACIONES PRELIMINARES
II. — CONTRA LAS INTERNACIONALES
III. — LA ALEMANIA DEL PASADO
IV. — RACISMO Y BIOLOGÍA AUTORITARIA
V. — EL RÉGIMEN INTERNO DEL TERCER
REICH
VI. — LA NUEVA POLÍTICA EXTERIOR
CAPÍTULO SEXTO - Algunos doctrinarios
nacionalsocialistas
I. — HANS F. K. GUNTHER Y EL NORDISMO
II. — ROBERT LEY Y EL PROBLEMA SOCIAL
III. — GOTTFRIED FEDER O LOS ORÍGENES
DEL SISTEMA ECONÓMICO NAZI
IV. — WALTER DARRE Y EL PROBLEMA
AGRARIO
V. — GÖBBELS Y LA PROPAGANDA DEL REICH
CONCLUSIÓN
CARACTERÍSTICAS
Tamaño: 15 x 23 cm
Páginas: 562
Impreso en papel blanco de 80 grs.
Encuadernado en rústica.
Portada en cuatricomía
Precio de Venta al público: 33,28
Pedidos: DOCTRINARIOS
DE LA REVOLUCION ALEMANA (1918-1938)
Contacto: eminves@gmail.com





