Ha ocurrido lo que las encuestas más fiables preveían: subida de
Vox, PP sin mayoría absoluta, descalabro del PSOE, irrelevancia del pastiche de
“izquierdas marcianas” y ascenso de Adelante Andalucía. Pero el análisis
electoral no puede quedarse ahí. Una vez más, el CIS, ha fracasado en su
intento de convertir una encuesta en reclamo electoral: ni, como preveían en
esta ocasión, PP y PSOE, han subido, ni Vox se ha hundido… A la vista de que
hubiera sido obsceno presentar al PSOE como “triunfador”, Tezanos ha optado por
una defensa cerrada del bipartidismo, algo en lo que, también, ha fracasado.
En otras palabras, el panorama que se abre en las próximas semanas
es:
1) Dependencia del PP de los votos de Vox para poder formar
gobierno. La “preferencia nacional” se extiende como una mancha de aceite.
2) Problemas de identidad del PP en relación a Vox: ¿qué
diferencia al PP de Vox? ¿Sólo “la moderación”? ¿Por qué el voto del PP en la
UE coincide casi siempre con el del PSOE?
3) Vox sube, e incluso queda en segundo lugar en Almería,
relegando al PSOE a la tercera posición.
4) El batacazo del PSOE no es propiedad de la “charo” que
presentaron como candidata, sino la del sanchismo, pues, no en vano, María
Jesús Montero es el brazo derecho de Sánchez.
5) A la izquierda del PSOE se consolida también en Andalucía una
opción similar a Mas Madrid, a Compromis, al BNG, a En Comú, etc que, también
consolida la fragmentación de la izquierda.
6) El pastiche frankensteiano de “Por Andalucía” (IU + Sumar +
Podemos + Equo + Alianza Verde + Alternativa Republicana – Iniciativa del
Pueblo Andaluz…) demuestra que “sumar raritos”, resta.
Y como conclusión de todo ello:
7) Que el sanchismo está un poco más debilitado y que los 14 meses
que quedan hasta las elecciones generales van a suponer la crónica de una
larga-larguísima-angustiosísima agonía.
Siendo esto lo esencial, vamos a ver todo ello con algo de
detalle.
EN OTRA COMUNIDAD, EL GOBIERNO PEPERO DEPENDE DE VOX
Si el PP quiere gobernar deberá pactar con Vox.
Eso estaba claro, salvo para la mente de Juanma Moreno, que creía que su
gestión de gobierno le confirmaría en una amplia mayoría absoluta y podría
gobernar de nuevo en solitario. No había comprendido (como no lo comprendieron
los otros tres presidentes autonómicos que convocaron antes que él elecciones
regionales, pensando en una victoria arrebatadora) que, ni su gestión había
sido tan buena, ni sus encuestas tan favorables.
Para Moreno Bonilla, el resultado es clave y
modifica su futuro político. Quería ser “presidente de Andalucía”, pero, a
partir de ahí, aspiraba a suceder a Feijóo en el liderazgo del centro-derecha;
para merecerlo ha realizado una política “moderada” que pretendía evitar lo que
ahora es inevitable: pactar con la “extrema-derecha”. Ahora, le va a ser mucho
más difícil mantener ese perfil de “centrista moderado”. De hecho, esa
“moderación” es lo que le ha costado la pérdida de 5 escaños y, por tanto, de
la mayoría absoluta.
Y eso que su gestión no ha sido mala si nos
centramos en las “cifras macroeconómicas”. Desde este punto de vista, la
Andalucia de 2026 ya no es la del “voto cautivo” durante los 40 años de socialismo,
gracias a los subsidios repartidos por el PER, ni siquiera el pozo más negro de
la corrupción autonómica (con permiso del pujolismo catalán) con la macroestafa
de los ERE, sino una economía que ha crecido casi un 13% desde 2019 (superando
la media nacional), con bajadas de impuestos, atracción de inversión
extranjera, líder en número de autónomos, partidas históricas a la sanidad y la
educación pública, firma de grandes acuerdos económicos y sociales junto a la
patronal y los sindicatos para blindar la paz social en la región...
Pero estos avances han ido acompañados de
retrocesos, de los que no siempre el responsable directo es el gobierno
autonómico, en especial en materia de inmigración y tráfico de drogas, terrenos
en los cuales, Andalucía rivaliza con Cataluña en ocupar los primeros puestos
del escalafón. En efecto, si el problema del narcotráfico se centraba hasta no
hace mucho en La Línea de la Concepción, ahora se ha extendido a la franja
costera de Cádiz, a la provincia de Sevilla y amenaza con convertir a otras
provincias en “zonas bajo control de los narcos”. Y en cuanto a la inmigración,
Moreno Bonilla opta por mirar a otro lado: los datos del primer trimestre de
2026 confirman que la población nacida fuera de España y residente en Andalucía
ha alcanzado un récord histórico de 1.230.748 habitantes. Esta cifra es
superior a la de la mera "nacionalidad extranjera" debido a las
personas que han adquirido la nacionalidad española a lo largo de los años (lo
que, por otra parte, explica que el voto de los “jóvenes” se haya concentrado
en Adelante Andalucía). Actualmente, el 14% de la población total andaluza
nació en el extranjero, pero en Málaga y Almería, ya son el 25% y 26% de la
población total de sus respectivas provincias ¡sin contar los ya naturalizados
como españoles! Por otra parte, al propio electorado del PP no le han gustado
las “políticas de igualdad” emprendidas por el gobierno pepero.
En términos absolutos, el PP ha ganado algo más de
150.000 votos, pero el particular sistema electoral ha hecho que viera reducido
su número de escaños y, por tanto, no pudiera revalidar su mayoría absoluta.
Esto confirma la perspectiva que tiene el PP por
delante: puede ganar las próximas elecciones, pero es prácticamente seguro que
no obtendrá mayoría absoluta. Así que si quiere gobernar deberá aplicar la
política de “prioridad nacional”, propuesta por el único partido con el que
puede aliarse hoy por hoy.
¿CUÁL ES EL “ALMA” DEL PP?
Y éste es el gran problema del PP: aceptar la
política de “prioridad nacional” implica redefinir su “alma” y su razón de ser…
¿Qué diferencia hay entre el PP y Vox? ¿Dónde empieza uno y donde termina el
otro? Y la más decisiva de todas las cuestiones: el PP ¿es un partido
centrista? ¿es un partido de centro-derecha? ¿es un partido de derecha-derecha?
¿es “progresista”? ¿es “conservador”? ¿es neo-liberal? ¿sólo liberal? En
definitiva: ¿dónde está el “alma” del PP y cuáles son sus contornos?
Y para todas estas preguntas no hay ninguna respuesta:
o, mejor dicho, hay todas las respuestas posibles dependiendo de a qué
dirigentes del partido se pregunte y en qué momento se les plantee la cuestión.
A diferencia del PSOE cuya posición se reduce a “lo que diga Sánchez”, el PP es
un amasijo inestable y nebuloso de opiniones que varían desde la cúspide hasta
el último afiliado. No existe un PP unificado y estable. No hay un “alma”
pepera. Y este es el primer problema que debería resolver Feijóo (si es que
tiene capacidad y voluntad para ello, cosa que de lo que es lícito dudar), que
parece no haberse dado cuenta de que ya tiene “enemigos a su derecha” (algo que
causaba terror a Fraga y a Cánovas del Castillo). Y ese “enemigo”, Vox, es el
que va a condicionar toda la trayectoria política del PP de ahora en adelante.
De hecho, ya la está condicionando.
El problema no es tanto ahora, como cuando Feijóo
se siente en Moncloa y aplique políticas que van a chocar con las de su único
posible aliado (por el momento) y con la situación heredada del anterior
gobierno: la política de “tierra quemada” de Sánchez (de la que la última
concreción es la regularización masiva -que, inicialmente, apoyó Feijóo, por
cierto-, la falta de inversión pública, el endeudamiento insoportable del
Estado, la centrifugación autonómica cada vez más exasperada, etc, etc). Feijóo
se va a ver presionado, por una parte, por la realidad, y por otra por el
programa de Vox. Y va a llegar a las próximas elecciones sin haber definido la
línea, los límites, la doctrina y las prioridades del partido: esto es, su
“alma”.
VOX SIGUE SUBIENDO Y SUBIRÍA MÁS SÍ…
Manuel Gavira ha crecido y recuperado la influencia
política que había perdido tras la “crisis” generada por Macarena Olona, la errática
anterior candidata del partido en 2022. Vox registró 576.635 sufragios, lo que
supone un incremento de 80.017 votos más respecto a la anterior legislatura y
la ganancia de un diputado. Aparentemente, el avance es reducido, pero sí es
importante en términos de peso político. Con este resultado, Vox ha quedado
definitivamente consolidado en Andalucía. En las anteriores
elecciones Vox creció con 100.000
papeletas más, ahora lo ha hecho con 80.000 más. No es, en estas elecciones, el
partido que más ha crecido, pero si el que ha logrado aumentar má su peso
político al ser decisivo para la formación de nuevo gobierno.
Ahora bien, hace falta explicar el por qué Vox
solamente ha superado al PSOE en Málaga y por qué se ha visto superado en
Sevilla y Cádiz por Adelante Andalucía (por menos de 15.000 votos en la primera
y por apenas 4.000 votos en la segunda).
Desde principios de año, se inició una política de
acoso y derribo de Vox, sin duda orquestada desde el Partido Popular que ha
contado con la inestimable ayuda de Iván Espinosa de los Monteros y de su
fundación, creada con la única intención de agrupar a todos los disidentes de
Vox (cada uno por motivos bien diferentes). Las críticas de este individuo,
inicialmente, parecían “razonables” (falta de democracia interna, falta de
primarias), otras eran cuestionables (convocatoria de un “congreso
extraordinario” y abstención de la cúpula a la hora de elegir líderes locales),
otras eran irrelevantes y/o injustificadas (acusaciones de corrupción, llamar
“falangistas” a los dirigentes del partido) y algunas, simplemente, falaces y
torticeras (necesidad de dar un giro ultraliberal a la política económica de
Vox…). En todos los casos, siempre se trataba de excusas para debilitar a Vox,
generar polémica interior y restarle prestigio entre el electorado
presentándolo como “partido dividido interiormente”. La esperanza del PP es que
Vox siguiera el mismo camino que Ciudadanos: ser flor de un día…
Bajo el eslogan de “unidad de la derecha” y aupado
por los medios de comunicación próximos al PP, Espinosa logró desatar una
campaña anti-Vox de alcance nacional a partir de las elecciones extremeñas: era
paradójico que, cuando Vox subía como la espuma, aparecieran voces críticas que
auguraban futuras derrotas. Tanto es así que quince días antes de las
elecciones andaluzas, cuando Espinosa pisó el acelerador y recrudeció sus
críticas para satisfacer a la “parte pagadora”, la mayor parte de quienes
habían “picado” con el eslogan de “unidad – unidad”, abandonaron la fundación
percibiendo el verdadero objetivo de la misma: beneficiar al PP y debilitar a
Vox. Hoy, cumplida su misión, Espinosa está mucho más interesado en ampliar su
casoplón y disfrutar de los beneficios obtenidos con esta innoble campaña.
Pero, a nadie se le escapa, que Espinosa ha llegado al final de su camino
político y que no ha alcanzado los objetivos propuestos por los mentores en la
sombra de su iniciativa de “bandera falsa”. No es algo que, mucho antes, no
hayan intentado los partidos de centro-derecha contra los partidos populistas y
euroescépticos en toda Europa.
A pesar de que estas iniciativas no han arrastrado
ni generado interés en las bases de Vox y el partido ha seguido creciendo, si
ha hecho un daño no cuantificable en sus perspectivas de voto y ha mermado sus
resultados.
Y luego está el otro factor que ya se hizo visible
en Aragón: el papel de un outsider, Alvisse Pérez que, elección tras
elección, sigue sin irrumpir en ningún parlamento autonómico, pero resta votos.
SALF es el “factor distorsionador” en cualquier elección a la que se presenta.
Es una especie de “perro del hortelano” que ni come, ni deja comer.
En Andalucía, SALF ha obtenido la no desdeñable
cifra de 105.761 votos, un 2,5% del total de los sufragios de la comunidad
autónoma, pero el grupo se queda sin representación al no alcanzar el umbral
mínimo del 3% en ninguna de las circunscripciones provinciales. Por el
contenido de su programa, podría decirse que es una “fotocopia reducida” del de
Vox, pero los analistas electorales han determinado que, en Andalucía, la fuga
de votos hacia la formación de Alvise Pérez afectó de forma indirecta el
reparto de los últimos escaños por el sistema de la Ley D'Hondt, perjudicando
principalmente al bloque de la derecha (PP y Vox). Málaga es la provincia en la
que SALF obtuvo su mejor resultado porcentual, facilitando el que el PP
perdiera el último diputado en disputa por los restos. Así mismo, en Almería, aunque
Vox logró dar el sorpasso histórico al PSOE y situarse como segunda
fuerza provincial, la división con SALF —que llegó a ser incluso cuarta fuerza
en municipios con niveles disparados de inmigración como El Ejido— limitó la
capacidad de la derecha de arañar un escaño extra, beneficiando indirectamente
a la resistencia del bloque de izquierdas en el reparto final del resto de la
provincia. En otras provincias como Cádiz y Sevilla, apoyos que
tradicionalmente iban al PP o a Vox, SALF restó fuerza a ambos partidos. Sin
embargo, esta vez Vox no ha sido el más perjudicado: de hecho, los analistas
electorales, argumentan que SALF ha sido fundamental para que los restos dados
por la Ley d’Hont hicieran perder en torno a 5 diputados del PP en toda la
comunidad. Pero esta es, como siempre, otra historia.
No estamos muy seguros de que la estrategia más
adecuada sea la de gobiernos de coalición con el PP. Quizás sería más razonable
prestar “apoyos críticos” desde el exterior, pero está claro que el partido y
sus miembros quieren “tocar poder”. Ahora bien, siempre hemos pensado (y así lo
hemos expresado en muchos artículos en este mismo blog) que la “hora de Vox” no
ha sonado todavía: sonará en el momento en el que Feijóo se siente en Moncloa y
se vea rebasado por la multitud de deudas y servidumbres heredadas del
sanchismo y no logre resolver ninguno de los graves problemas que afronta
España. En esa circunstancia si que Vox aparecerá como la verdadera
alternativa.
NO ES EL FRACASO DE UNA CHARO MALHABLADA, ES EL FRACASO DEL
SANCHISMO
La peor opción de todas las que podía elegir Pedro Sánchez para
Andalucía es situar a María Jesús Montero como candidata. Si lo hizo fue
amparado en el hecho de que era su “hombre de confianza” en Andalucía.
Sospechaba que el resto de aspirantes pudieran convertirse en cargas de
profundidad de Susana Díaz y que la campaña pudiera disgustar a sus socios
(independentistas catalanes y vascos, y a Sumar). Así que optó por sacrificar
otra pieza que, humilde y servilmente, aceptó inmolarse, sabedora de que iba al
matadero y que sus posibilidades de victoria eran nulas.
La campaña fue peor de lo que cabía esperar: a pesar de que
Montero declinó que Illa fuera a apoyar su candidatura (no sea que el
electorado recordara su proyecto frustrado de financiación asimétrica para
Cataluña y en detrimento de Andalucía), el hecho de que se tratara de la
ministra de hacienda y que todos los miembros de la clase media sientan como un
latrocinio las subidas generales de impuestos que ha ido aprobando, y el hecho
de que durante la campaña electoral cometiera más y más errores, de los que el
aludir a la muerte en acto de servicio de dos Guardias Civiles, como “accidente
laboral”, fue el mayor, todo ello, sumado, unido al desgaste relativo del
gobierno de Moreno Bonilla, no ha conseguido evitar que el PSOE bajara del
“suelo” histórico de 30 diputados. Lo peor, no es que haya quedado con 28
diputados y una quinta parte de los votos, lo peor es que la derrota hubiera
podido ser peor y que, de hecho, ha sido peor, si tenemos en cuenta que el otro
gran derrotado de estas elecciones es la heteróclita coalición dirigida por
Antonio Maíllo, Por Andalucía… que es, en el fondo, el aliado que tiene el PSOE
para el gobierno de la nación, bajo el rótulo de Sumar.
A pesar de que para Sánchez la derrota de su “brazo derecho” (y una de las pocas en las que
todavía podía confiar), es una derrota del presidente (que la ha colocado allí,
que hasta anteayer formaba parte de su gobierno y que está en la dirección del
PSOE y del PSOE-A) y el empantanamiento de Por Andalucía que también salpica
del gobierno, Sánchez no se presentará como personalmente implicado en el
desastre. Simplemente, ahí quedará otro muñeco roto por su locura para seguir
siendo presidente. A la Montero le ocurrirá como a Pilar Alegría, de la que mes
y medio después de las elecciones aragonesas, nadie recuerda, nadie reivindica,
ni cuyo destino interesa a nadie y menos aún a Sánchez: y es que, para Sánchez,
entra en el sueldo de los miembros de su gobierno ser como clínex, de usar y
tirar.
Ahora bien, el problema es que, Sánchez tiene cada
vez menos apoyos dentro de su partido y que la retahíla de derrotas
(Extremadura, Castilla Leon, Aragón y Andalucía) corren el riesgo de operar una
rebelión masiva en el interior del PSOE (a estas horas, Susana Díaz debe estar
valorando sus posibilidades ante la nueva situación creada por la derrota de
ayer), para presentarse como alternativa al sanchismo para el próximo ciclo
electoral.
A pesar de que el “miedo” es el único elemento que
hoy mantiene calladas las bocas de todos los cargos municipales del PSOE los
que piensan que Sánchez les está arrojando al paro, bastará con que alguien
grite “el rey está desnudo” para que la revuelta interior se extienda como la
pólvora. Muchos concejales deben de haber meditado en la noche de las
elecciones andaluzas sobre su propio futuro y calibrar sus posibilidades (irse
a casa, buscar una alternativa al sanchismo que revitalice su partido, irse a
otro partido o quemarse como bonzos en las próximas elecciones municipales).
“TRENCADIS” A LA IZQUIERDA DEL PSOE: ADELANTE ANDALUCIA
Ahora que el Papa viene a España para visitar la Sagrada Familia
de Barcelona, cabe recordar que el “trencadís” era la decoración típicamente
gaudiniana, que consistía en utilizar fragmentos de mosaicos rotos como motivos
decorativos. Pues bien, así es como puede definirse a la “nueva izquierda” que
se está constituyendo y que ayer se consolidó en Andalucía.
En efecto, Adelante
Andalucía (AA) se convirtió en la relativa sorpresa y la principal triunfadora
del bloque de izquierdas al cuadruplicar sus escaños y obtener 8 diputados (6
más que los 2 parlamentarios que consiguieron en 2022). En votos, sus
resultados duplicaron a los obtenidos hace cuatro años: 390.551 papeletas, el
9,59% del total autonómico, configurándose como la cuarta fuerza política
regional.
Con este resultado se reafirma la tendencia hacia
la fragmentación regional del voto de izquierdas (el “trendadís” al que
aludíamos). Los desengañados del PSOE, los decepcionados con Podemos, siguen
vivos y activos en Adelante Andalucía, como siguen vivos en la comunidad
Valenciana con Compromís, en Aragón con la Junta Aragonesista, en Galicia con
el BNG, en Cataluña con En Comú, en Madrid con Mas Madrid, y así sucesivamente.
En todas estas formaciones los matices son
idénticos: han surgido de la decepción de la izquierda por sus paridos
tradicionales, tratan de compensar el hundimiento de los temas tradicionales de
la izquierda con el añadido sentimental de “la Tierra”, una especie de
nacionalismo que prefiere no opinar (y que, de hecho, “no sabe / no contesta”
sobre temas nacionales) sobre lo que está más allá de su región y en donde en
nombre de la “autonomía” todo debe ser debatido dentro de los límites
regionales… Es una alternativa, pobre, sino miserable, pero es, al menos una
alternativa que funciona porque al perro flaco (el PSOE) todo se le antojan
pulgas desde principios del milenio y se ve obligado a ceder y gobernar con
partidos nacionalistas e independentistas.
POR ANDALUCÍA O LA VIA MUERTA EMPRENDIDA EL 15-M
Maíllo logrará conservar el grupo parlamentario en el parlamento
andaluz, eso sí, muy mermado. Por
Andalucía (PorA), se quedó con 5 diputados y 263.615 votos, el 6,31% de los
votos. Esto supone un retroceso en apoyos respecto a las elecciones de 2022,
donde obtuvo un 7,70% (284.027 votos). Pese a la pérdida de más de 20.000
votos, la distribución provincial le permitió revalidar exactamente los mismos
5 diputados que ya mantenía en la legislatura anterior. El drama de PorA no es
haberse quedado como estaba con una pérdida leve de votos. El verdadero drama
es haber sido rebasado por el “hermano separado”, Adelante Andalucía.
Si estas son las cifras y los dramas, el problema
a valorar es aún peor: “sumar” calderilla no da como resultado una “moneda” de
valor político real. Hay que pensar que PorA es una suma, no partidos, sino de
coaliciones de izquierda y que cada coalición es, a su vez, un conjunto de
círculos locales que se articulan en función de la “democracia interna” y que,
por tanto, las decisiones son provisionales, inestables, guiadas por las
obsesiones que están en su origen (ecología para los ecologistas, vivienda para
los okupas, derechos de la mujer para las feministas, derechos gays para los
gays, derechos de los transex para los transex… y así sucesivamente ¡y luego se
sorprenden de haber perdido el apoyo de campesinos y trabajadores!), el
resultado final es un magma ingobernable tal que -si para colmo, como ocurrió
en Podemos, está dirigido in virga férrea por una parejita cuyo objetivo
final no pasa de tener vivienda en propiedad- el desastre está cantado, sellado
y rematado.
El resultado andaluz recorta aún más si cabe las
posibilidades del sector surgido el 15M de la “revuelta de los indignados”.
Algunos, en el PCE deben estar pensando que su gran error fue sacrificar el
partido a la coalición “Izquierda Unida” porque, desde entonces, cada vez han
ido usando y abusando de la “moneda fraccionada” hasta llegar a la “calderilla”
actual.
10 CONCLUSIONES:
1) El hecho de que el bloque de la derecha haya
ganado las elecciones en Andalucía no quiere decir ni que todo vaya bien en
aquella autonomía, ni que no se proyecten sombras peligrosas, especialmente en
materia de narcotráfico y de inmigración masiva.
2) Los riesgos que afronta Andalucía derivan del error
que supone la concepción del “Estado de las Autonomías”: el sanchismo está
mucho más interesado en dejar a Andalucía sola con sus problemas que en ayudar
a una comunidad gobernada por el principal partido de la oposición a nivel
estatal.
3) Vox va cosechando avances, unas veces mayores y
otras menores, pero, siempre es menester no olvidar que “su hora” no ha llegado
todavía: tendrá que esperar a que Feijóo o cualquier otro que se siente en
Moncloa fracase y no esté a la altura de la fuerza, la energía y la
determinación que precisa España en estos momentos para salir del agujero negro
al que le han conducido las políticas sanchistas.
4) A medida que el PP está más cerca del poder,
paradójicamente, va perdiendo perfil y visiblemente duda como presentarse:
centro-derecha, derecha-liberal, centro radical, derecha-derecha… Votar al PP
es no saber ni lo que se vota, ni a qué política se vota, ni siquiera a qué
“alma” del PP se vota.
5) Los resultados andaluces van a suponer un
acicate para la oposición al sanchismo dentro del propio PSOE. Sánchez, por
supuesto, tiene toda la información sobre los cadáveres en los armarios de
todos los aspirantes a encabezar la revuelta. Por eso hay dudas interiores
sobre quién alza la voz y precipita la sucesión. Pero el nerviosismo entre los
concejales y los cargos intermedios, los miles de asesores y funcionarios elegidos
a dedo, va en aumento. En las próximas elecciones municipales, el PSOE puede
ver mermado más aun su poder, con todo lo que ello implica. Dentro del partido
el dilema de cada militante es: o bien, callar y aceptar el sanchismo y la
derrota inevitable que implica o bien luchar por el propio puesto de trabajo
deshaciéndose del “psicópata de la Moncloa” con todo el miedo a las represalias
que eso genera.
6) Los intentos de frenar a Vox se han mostrado
hasta ahora vanos. Los partidos son lo que son y no puede esperarse que en su
interior haya “democracia interna”, “congresos extraordinarios” cada dos por
tres, especialmente, si sus resultados son aceptables y su progresión
constante. Obviamente, todos los partidos tienen problemas internos, la novedad
con Vox es que la derecha ha tratado de cerrarle el paso con procedimientos
innobles y utilizando a individuos sin principios para ariete.
7) Las posibilidades de reconstruir una “izquierda
nacional”, esto es una izquierda que piense en la “nación española” y en el
“pueblo español”, van quedando cada vez más lejos. La reconstrucción de la
izquierda no se hará aceptando los principios que han sido tradicionales
durante dos siglos para ese sector político (defensa de los trabajadores,
jacobinismo, justicia social), sino en función de la “defensa de las
nacionalidades periféricas”, “lucha por la igualdad y los derechos LGTBIQ+”, “derechos
a la vivienda expresado mediante okupaciones”, “necesidad de una inmigración
masiva”, “defensa de los derechos humanos” tal como todo esto es definido por
la “agenda 2030”).
8) La Ley d’Hont, una vez más, ha demostrado ser
injusta para todas las fuerzas políticas (sería mucho más adecuado, un sistema
de mayoría proporcional, completado por unos diputados calculados en función del
cómputo global de votos obtenidos por partidos que no hayan obtenido
representación).
9) El futuro gobierno de Moreno Bonilla va a tener
que afrontar una negociación dura-durísima con Vox, cada vez más férreo
defensor de la “preferencia nacional”. Si tenemos en cuenta que Moreno Bonilla
siempre ha querido presentarse como “moderado y centrista”, le va a costar
mucho digerir el tema de la “preferencia nacional”, calificado por la izquierda
como reivindicación, simplemente, “fascista”. Por otra parte, la defensa del
campo andaluz del que Vox se erige como el máximo valedor (y los votos rurales
le han acompañado) y la defensa del PP en el Parlamento Europeo de decisiones
que, literalmente, “asesinan” a la agricultura española, va a ser otro tema de
desencuentro. Recuperar zonas de Andalucía en poder de las narcomafias va a ser
otro tema de desencuentro.
10) Los catorce meses que quedan hasta las próximas elecciones generales, van a ser de infarto. La regularización masiva, la degradación del orden público, minimizada por la mayoría de medios, el hecho de que zonas del Estado estén ya en manos de narcomafias, no se va a poder abordar desde una perspectiva de Estado hasta que no termine el ciclo sanchista. Y desde el inicio de 2026 la degradación ha ido creciendo en amplitud y velocidad. Por lo tanto, gobierne quien gobierne en Andalucía o en el Estado, la primera misión es detener el proceso de conversión de España en “Estado fallido” en el que lo único que funciona es la recaudación fiscal (proceso que se está dando especialmente en Andalucía y en Cataluña y que se acelerará con la “regularización masiva”, al igual que la degradación en sanidad, educación e infraestructuras).
REPASO AL PÓKER DE DERROTAS DEL SANCHISMO
















