lunes, 18 de mayo de 2026

ANDALUCIA 2026: PÓKER DE DERROTAS PARA SÁNCHEZ

Ha ocurrido lo que las encuestas más fiables preveían: subida de Vox, PP sin mayoría absoluta, descalabro del PSOE, irrelevancia del pastiche de “izquierdas marcianas” y ascenso de Adelante Andalucía. Pero el análisis electoral no puede quedarse ahí. Una vez más, el CIS, ha fracasado en su intento de convertir una encuesta en reclamo electoral: ni, como preveían en esta ocasión, PP y PSOE, han subido, ni Vox se ha hundido… A la vista de que hubiera sido obsceno presentar al PSOE como “triunfador”, Tezanos ha optado por una defensa cerrada del bipartidismo, algo en lo que, también, ha fracasado.

En otras palabras, el panorama que se abre en las próximas semanas es:

1) Dependencia del PP de los votos de Vox para poder formar gobierno. La “preferencia nacional” se extiende como una mancha de aceite.

2) Problemas de identidad del PP en relación a Vox: ¿qué diferencia al PP de Vox? ¿Sólo “la moderación”? ¿Por qué el voto del PP en la UE coincide casi siempre con el del PSOE?

3) Vox sube, e incluso queda en segundo lugar en Almería, relegando al PSOE a la tercera posición.

4) El batacazo del PSOE no es propiedad de la “charo” que presentaron como candidata, sino la del sanchismo, pues, no en vano, María Jesús Montero es el brazo derecho de Sánchez.

5) A la izquierda del PSOE se consolida también en Andalucía una opción similar a Mas Madrid, a Compromis, al BNG, a En Comú, etc que, también consolida la fragmentación de la izquierda.

6) El pastiche frankensteiano de “Por Andalucía” (IU + Sumar + Podemos + Equo + Alianza Verde + Alternativa Republicana – Iniciativa del Pueblo Andaluz…) demuestra que “sumar raritos”, resta.

Y como conclusión de todo ello:

7) Que el sanchismo está un poco más debilitado y que los 14 meses que quedan hasta las elecciones generales van a suponer la crónica de una larga-larguísima-angustiosísima agonía.

Siendo esto lo esencial, vamos a ver todo ello con algo de detalle.

EN OTRA COMUNIDAD, EL GOBIERNO PEPERO DEPENDE DE VOX

Si el PP quiere gobernar deberá pactar con Vox. Eso estaba claro, salvo para la mente de Juanma Moreno, que creía que su gestión de gobierno le confirmaría en una amplia mayoría absoluta y podría gobernar de nuevo en solitario. No había comprendido (como no lo comprendieron los otros tres presidentes autonómicos que convocaron antes que él elecciones regionales, pensando en una victoria arrebatadora) que, ni su gestión había sido tan buena, ni sus encuestas tan favorables.

Para Moreno Bonilla, el resultado es clave y modifica su futuro político. Quería ser “presidente de Andalucía”, pero, a partir de ahí, aspiraba a suceder a Feijóo en el liderazgo del centro-derecha; para merecerlo ha realizado una política “moderada” que pretendía evitar lo que ahora es inevitable: pactar con la “extrema-derecha”. Ahora, le va a ser mucho más difícil mantener ese perfil de “centrista moderado”. De hecho, esa “moderación” es lo que le ha costado la pérdida de 5 escaños y, por tanto, de la mayoría absoluta.

Y eso que su gestión no ha sido mala si nos centramos en las “cifras macroeconómicas”. Desde este punto de vista, la Andalucia de 2026 ya no es la del “voto cautivo” durante los 40 años de socialismo, gracias a los subsidios repartidos por el PER, ni siquiera el pozo más negro de la corrupción autonómica (con permiso del pujolismo catalán) con la macroestafa de los ERE, sino una economía que ha crecido casi un 13% desde 2019 (superando la media nacional), con bajadas de impuestos, atracción de inversión extranjera, líder en número de autónomos, partidas históricas a la sanidad y la educación pública, firma de grandes acuerdos económicos y sociales junto a la patronal y los sindicatos para blindar la paz social en la región...

Pero estos avances han ido acompañados de retrocesos, de los que no siempre el responsable directo es el gobierno autonómico, en especial en materia de inmigración y tráfico de drogas, terrenos en los cuales, Andalucía rivaliza con Cataluña en ocupar los primeros puestos del escalafón. En efecto, si el problema del narcotráfico se centraba hasta no hace mucho en La Línea de la Concepción, ahora se ha extendido a la franja costera de Cádiz, a la provincia de Sevilla y amenaza con convertir a otras provincias en “zonas bajo control de los narcos”. Y en cuanto a la inmigración, Moreno Bonilla opta por mirar a otro lado: los datos del primer trimestre de 2026 confirman que la población nacida fuera de España y residente en Andalucía ha alcanzado un récord histórico de 1.230.748 habitantes. Esta cifra es superior a la de la mera "nacionalidad extranjera" debido a las personas que han adquirido la nacionalidad española a lo largo de los años (lo que, por otra parte, explica que el voto de los “jóvenes” se haya concentrado en Adelante Andalucía). Actualmente, el 14% de la población total andaluza nació en el extranjero, pero en Málaga y Almería, ya son el 25% y 26% de la población total de sus respectivas provincias ¡sin contar los ya naturalizados como españoles! Por otra parte, al propio electorado del PP no le han gustado las “políticas de igualdad” emprendidas por el gobierno pepero.

En términos absolutos, el PP ha ganado algo más de 150.000 votos, pero el particular sistema electoral ha hecho que viera reducido su número de escaños y, por tanto, no pudiera revalidar su mayoría absoluta.

Esto confirma la perspectiva que tiene el PP por delante: puede ganar las próximas elecciones, pero es prácticamente seguro que no obtendrá mayoría absoluta. Así que si quiere gobernar deberá aplicar la política de “prioridad nacional”, propuesta por el único partido con el que puede aliarse hoy por hoy.

¿CUÁL ES EL “ALMA” DEL PP?

Y éste es el gran problema del PP: aceptar la política de “prioridad nacional” implica redefinir su “alma” y su razón de ser… ¿Qué diferencia hay entre el PP y Vox? ¿Dónde empieza uno y donde termina el otro? Y la más decisiva de todas las cuestiones: el PP ¿es un partido centrista? ¿es un partido de centro-derecha? ¿es un partido de derecha-derecha? ¿es “progresista”? ¿es “conservador”? ¿es neo-liberal? ¿sólo liberal? En definitiva: ¿dónde está el “alma” del PP y cuáles son sus contornos?

Y para todas estas preguntas no hay ninguna respuesta: o, mejor dicho, hay todas las respuestas posibles dependiendo de a qué dirigentes del partido se pregunte y en qué momento se les plantee la cuestión. A diferencia del PSOE cuya posición se reduce a “lo que diga Sánchez”, el PP es un amasijo inestable y nebuloso de opiniones que varían desde la cúspide hasta el último afiliado. No existe un PP unificado y estable. No hay un “alma” pepera. Y este es el primer problema que debería resolver Feijóo (si es que tiene capacidad y voluntad para ello, cosa que de lo que es lícito dudar), que parece no haberse dado cuenta de que ya tiene “enemigos a su derecha” (algo que causaba terror a Fraga y a Cánovas del Castillo). Y ese “enemigo”, Vox, es el que va a condicionar toda la trayectoria política del PP de ahora en adelante. De hecho, ya la está condicionando.

El problema no es tanto ahora, como cuando Feijóo se siente en Moncloa y aplique políticas que van a chocar con las de su único posible aliado (por el momento) y con la situación heredada del anterior gobierno: la política de “tierra quemada” de Sánchez (de la que la última concreción es la regularización masiva -que, inicialmente, apoyó Feijóo, por cierto-, la falta de inversión pública, el endeudamiento insoportable del Estado, la centrifugación autonómica cada vez más exasperada, etc, etc). Feijóo se va a ver presionado, por una parte, por la realidad, y por otra por el programa de Vox. Y va a llegar a las próximas elecciones sin haber definido la línea, los límites, la doctrina y las prioridades del partido: esto es, su “alma”.

VOX SIGUE SUBIENDO Y SUBIRÍA MÁS SÍ…

Manuel Gavira ha crecido y recuperado la influencia política que había perdido tras la “crisis” generada por Macarena Olona, la errática anterior candidata del partido en 2022. Vox registró 576.635 sufragios, lo que supone un incremento de 80.017 votos más respecto a la anterior legislatura y la ganancia de un diputado. Aparentemente, el avance es reducido, pero sí es importante en términos de peso político. Con este resultado, Vox ha quedado definitivamente consolidado en Andalucía. En las anteriores elecciones Vox creció con 100.000 papeletas más, ahora lo ha hecho con 80.000 más. No es, en estas elecciones, el partido que más ha crecido, pero si el que ha logrado aumentar má su peso político al ser decisivo para la formación de nuevo gobierno.

Ahora bien, hace falta explicar el por qué Vox solamente ha superado al PSOE en Málaga y por qué se ha visto superado en Sevilla y Cádiz por Adelante Andalucía (por menos de 15.000 votos en la primera y por apenas 4.000 votos en la segunda).

Desde principios de año, se inició una política de acoso y derribo de Vox, sin duda orquestada desde el Partido Popular que ha contado con la inestimable ayuda de Iván Espinosa de los Monteros y de su fundación, creada con la única intención de agrupar a todos los disidentes de Vox (cada uno por motivos bien diferentes). Las críticas de este individuo, inicialmente, parecían “razonables” (falta de democracia interna, falta de primarias), otras eran cuestionables (convocatoria de un “congreso extraordinario” y abstención de la cúpula a la hora de elegir líderes locales), otras eran irrelevantes y/o injustificadas (acusaciones de corrupción, llamar “falangistas” a los dirigentes del partido) y algunas, simplemente, falaces y torticeras (necesidad de dar un giro ultraliberal a la política económica de Vox…). En todos los casos, siempre se trataba de excusas para debilitar a Vox, generar polémica interior y restarle prestigio entre el electorado presentándolo como “partido dividido interiormente”. La esperanza del PP es que Vox siguiera el mismo camino que Ciudadanos: ser flor de un día…

Bajo el eslogan de “unidad de la derecha” y aupado por los medios de comunicación próximos al PP, Espinosa logró desatar una campaña anti-Vox de alcance nacional a partir de las elecciones extremeñas: era paradójico que, cuando Vox subía como la espuma, aparecieran voces críticas que auguraban futuras derrotas. Tanto es así que quince días antes de las elecciones andaluzas, cuando Espinosa pisó el acelerador y recrudeció sus críticas para satisfacer a la “parte pagadora”, la mayor parte de quienes habían “picado” con el eslogan de “unidad – unidad”, abandonaron la fundación percibiendo el verdadero objetivo de la misma: beneficiar al PP y debilitar a Vox. Hoy, cumplida su misión, Espinosa está mucho más interesado en ampliar su casoplón y disfrutar de los beneficios obtenidos con esta innoble campaña. Pero, a nadie se le escapa, que Espinosa ha llegado al final de su camino político y que no ha alcanzado los objetivos propuestos por los mentores en la sombra de su iniciativa de “bandera falsa”. No es algo que, mucho antes, no hayan intentado los partidos de centro-derecha contra los partidos populistas y euroescépticos en toda Europa.

A pesar de que estas iniciativas no han arrastrado ni generado interés en las bases de Vox y el partido ha seguido creciendo, si ha hecho un daño no cuantificable en sus perspectivas de voto y ha mermado sus resultados.

Y luego está el otro factor que ya se hizo visible en Aragón: el papel de un outsider, Alvisse Pérez que, elección tras elección, sigue sin irrumpir en ningún parlamento autonómico, pero resta votos. SALF es el “factor distorsionador” en cualquier elección a la que se presenta. Es una especie de “perro del hortelano” que ni come, ni deja comer.

En Andalucía, SALF ha obtenido la no desdeñable cifra de 105.761 votos, un 2,5% del total de los sufragios de la comunidad autónoma, pero el grupo se queda sin representación al no alcanzar el umbral mínimo del 3% en ninguna de las circunscripciones provinciales. Por el contenido de su programa, podría decirse que es una “fotocopia reducida” del de Vox, pero los analistas electorales han determinado que, en Andalucía, la fuga de votos hacia la formación de Alvise Pérez afectó de forma indirecta el reparto de los últimos escaños por el sistema de la Ley D'Hondt, perjudicando principalmente al bloque de la derecha (PP y Vox). Málaga es la provincia en la que SALF obtuvo su mejor resultado porcentual, facilitando el que el PP perdiera el último diputado en disputa por los restos. Así mismo, en Almería, aunque Vox logró dar el sorpasso histórico al PSOE y situarse como segunda fuerza provincial, la división con SALF —que llegó a ser incluso cuarta fuerza en municipios con niveles disparados de inmigración como El Ejido— limitó la capacidad de la derecha de arañar un escaño extra, beneficiando indirectamente a la resistencia del bloque de izquierdas en el reparto final del resto de la provincia. En otras provincias como Cádiz y Sevilla, apoyos que tradicionalmente iban al PP o a Vox, SALF restó fuerza a ambos partidos. Sin embargo, esta vez Vox no ha sido el más perjudicado: de hecho, los analistas electorales, argumentan que SALF ha sido fundamental para que los restos dados por la Ley d’Hont hicieran perder en torno a 5 diputados del PP en toda la comunidad. Pero esta es, como siempre, otra historia.

No estamos muy seguros de que la estrategia más adecuada sea la de gobiernos de coalición con el PP. Quizás sería más razonable prestar “apoyos críticos” desde el exterior, pero está claro que el partido y sus miembros quieren “tocar poder”. Ahora bien, siempre hemos pensado (y así lo hemos expresado en muchos artículos en este mismo blog) que la “hora de Vox” no ha sonado todavía: sonará en el momento en el que Feijóo se siente en Moncloa y se vea rebasado por la multitud de deudas y servidumbres heredadas del sanchismo y no logre resolver ninguno de los graves problemas que afronta España. En esa circunstancia si que Vox aparecerá como la verdadera alternativa.

NO ES EL FRACASO DE UNA CHARO MALHABLADA, ES EL FRACASO DEL SANCHISMO

La peor opción de todas las que podía elegir Pedro Sánchez para Andalucía es situar a María Jesús Montero como candidata. Si lo hizo fue amparado en el hecho de que era su “hombre de confianza” en Andalucía. Sospechaba que el resto de aspirantes pudieran convertirse en cargas de profundidad de Susana Díaz y que la campaña pudiera disgustar a sus socios (independentistas catalanes y vascos, y a Sumar). Así que optó por sacrificar otra pieza que, humilde y servilmente, aceptó inmolarse, sabedora de que iba al matadero y que sus posibilidades de victoria eran nulas.

La campaña fue peor de lo que cabía esperar: a pesar de que Montero declinó que Illa fuera a apoyar su candidatura (no sea que el electorado recordara su proyecto frustrado de financiación asimétrica para Cataluña y en detrimento de Andalucía), el hecho de que se tratara de la ministra de hacienda y que todos los miembros de la clase media sientan como un latrocinio las subidas generales de impuestos que ha ido aprobando, y el hecho de que durante la campaña electoral cometiera más y más errores, de los que el aludir a la muerte en acto de servicio de dos Guardias Civiles, como “accidente laboral”, fue el mayor, todo ello, sumado, unido al desgaste relativo del gobierno de Moreno Bonilla, no ha conseguido evitar que el PSOE bajara del “suelo” histórico de 30 diputados. Lo peor, no es que haya quedado con 28 diputados y una quinta parte de los votos, lo peor es que la derrota hubiera podido ser peor y que, de hecho, ha sido peor, si tenemos en cuenta que el otro gran derrotado de estas elecciones es la heteróclita coalición dirigida por Antonio Maíllo, Por Andalucía… que es, en el fondo, el aliado que tiene el PSOE para el gobierno de la nación, bajo el rótulo de Sumar.

A pesar de que para Sánchez la derrota de su “brazo derecho” (y una de las pocas en las que todavía podía confiar), es una derrota del presidente (que la ha colocado allí, que hasta anteayer formaba parte de su gobierno y que está en la dirección del PSOE y del PSOE-A) y el empantanamiento de Por Andalucía que también salpica del gobierno, Sánchez no se presentará como personalmente implicado en el desastre. Simplemente, ahí quedará otro muñeco roto por su locura para seguir siendo presidente. A la Montero le ocurrirá como a Pilar Alegría, de la que mes y medio después de las elecciones aragonesas, nadie recuerda, nadie reivindica, ni cuyo destino interesa a nadie y menos aún a Sánchez: y es que, para Sánchez, entra en el sueldo de los miembros de su gobierno ser como clínex, de usar y tirar.

Ahora bien, el problema es que, Sánchez tiene cada vez menos apoyos dentro de su partido y que la retahíla de derrotas (Extremadura, Castilla Leon, Aragón y Andalucía) corren el riesgo de operar una rebelión masiva en el interior del PSOE (a estas horas, Susana Díaz debe estar valorando sus posibilidades ante la nueva situación creada por la derrota de ayer), para presentarse como alternativa al sanchismo para el próximo ciclo electoral.

A pesar de que el “miedo” es el único elemento que hoy mantiene calladas las bocas de todos los cargos municipales del PSOE los que piensan que Sánchez les está arrojando al paro, bastará con que alguien grite “el rey está desnudo” para que la revuelta interior se extienda como la pólvora. Muchos concejales deben de haber meditado en la noche de las elecciones andaluzas sobre su propio futuro y calibrar sus posibilidades (irse a casa, buscar una alternativa al sanchismo que revitalice su partido, irse a otro partido o quemarse como bonzos en las próximas elecciones municipales).

“TRENCADIS” A LA IZQUIERDA DEL PSOE: ADELANTE ANDALUCIA

Ahora que el Papa viene a España para visitar la Sagrada Familia de Barcelona, cabe recordar que el “trencadís” era la decoración típicamente gaudiniana, que consistía en utilizar fragmentos de mosaicos rotos como motivos decorativos. Pues bien, así es como puede definirse a la “nueva izquierda” que se está constituyendo y que ayer se consolidó en Andalucía.

En efecto, Adelante Andalucía (AA) se convirtió en la relativa sorpresa y la principal triunfadora del bloque de izquierdas al cuadruplicar sus escaños y obtener 8 diputados (6 más que los 2 parlamentarios que consiguieron en 2022). En votos, sus resultados duplicaron a los obtenidos hace cuatro años: 390.551 papeletas, el 9,59% del total autonómico, configurándose como la cuarta fuerza política regional.

Con este resultado se reafirma la tendencia hacia la fragmentación regional del voto de izquierdas (el “trendadís” al que aludíamos). Los desengañados del PSOE, los decepcionados con Podemos, siguen vivos y activos en Adelante Andalucía, como siguen vivos en la comunidad Valenciana con Compromís, en Aragón con la Junta Aragonesista, en Galicia con el BNG, en Cataluña con En Comú, en Madrid con Mas Madrid, y así sucesivamente.

En todas estas formaciones los matices son idénticos: han surgido de la decepción de la izquierda por sus paridos tradicionales, tratan de compensar el hundimiento de los temas tradicionales de la izquierda con el añadido sentimental de “la Tierra”, una especie de nacionalismo que prefiere no opinar (y que, de hecho, “no sabe / no contesta” sobre temas nacionales) sobre lo que está más allá de su región y en donde en nombre de la “autonomía” todo debe ser debatido dentro de los límites regionales… Es una alternativa, pobre, sino miserable, pero es, al menos una alternativa que funciona porque al perro flaco (el PSOE) todo se le antojan pulgas desde principios del milenio y se ve obligado a ceder y gobernar con partidos nacionalistas e independentistas.

POR ANDALUCÍA O LA VIA MUERTA EMPRENDIDA EL 15-M

Maíllo logrará conservar el grupo parlamentario en el parlamento andaluz, eso sí, muy mermado. Por Andalucía (PorA), se quedó con 5 diputados y 263.615 votos, el 6,31% de los votos. Esto supone un retroceso en apoyos respecto a las elecciones de 2022, donde obtuvo un 7,70% (284.027 votos). Pese a la pérdida de más de 20.000 votos, la distribución provincial le permitió revalidar exactamente los mismos 5 diputados que ya mantenía en la legislatura anterior. El drama de PorA no es haberse quedado como estaba con una pérdida leve de votos. El verdadero drama es haber sido rebasado por el “hermano separado”, Adelante Andalucía.

Si estas son las cifras y los dramas, el problema a valorar es aún peor: “sumar” calderilla no da como resultado una “moneda” de valor político real. Hay que pensar que PorA es una suma, no partidos, sino de coaliciones de izquierda y que cada coalición es, a su vez, un conjunto de círculos locales que se articulan en función de la “democracia interna” y que, por tanto, las decisiones son provisionales, inestables, guiadas por las obsesiones que están en su origen (ecología para los ecologistas, vivienda para los okupas, derechos de la mujer para las feministas, derechos gays para los gays, derechos de los transex para los transex… y así sucesivamente ¡y luego se sorprenden de haber perdido el apoyo de campesinos y trabajadores!), el resultado final es un magma ingobernable tal que -si para colmo, como ocurrió en Podemos, está dirigido in virga férrea por una parejita cuyo objetivo final no pasa de tener vivienda en propiedad- el desastre está cantado, sellado y rematado.

El resultado andaluz recorta aún más si cabe las posibilidades del sector surgido el 15M de la “revuelta de los indignados”. Algunos, en el PCE deben estar pensando que su gran error fue sacrificar el partido a la coalición “Izquierda Unida” porque, desde entonces, cada vez han ido usando y abusando de la “moneda fraccionada” hasta llegar a la “calderilla” actual.

10 CONCLUSIONES:

1) El hecho de que el bloque de la derecha haya ganado las elecciones en Andalucía no quiere decir ni que todo vaya bien en aquella autonomía, ni que no se proyecten sombras peligrosas, especialmente en materia de narcotráfico y de inmigración masiva.

2) Los riesgos que afronta Andalucía derivan del error que supone la concepción del “Estado de las Autonomías”: el sanchismo está mucho más interesado en dejar a Andalucía sola con sus problemas que en ayudar a una comunidad gobernada por el principal partido de la oposición a nivel estatal.

3) Vox va cosechando avances, unas veces mayores y otras menores, pero, siempre es menester no olvidar que “su hora” no ha llegado todavía: tendrá que esperar a que Feijóo o cualquier otro que se siente en Moncloa fracase y no esté a la altura de la fuerza, la energía y la determinación que precisa España en estos momentos para salir del agujero negro al que le han conducido las políticas sanchistas.

4) A medida que el PP está más cerca del poder, paradójicamente, va perdiendo perfil y visiblemente duda como presentarse: centro-derecha, derecha-liberal, centro radical, derecha-derecha… Votar al PP es no saber ni lo que se vota, ni a qué política se vota, ni siquiera a qué “alma” del PP se vota.

5) Los resultados andaluces van a suponer un acicate para la oposición al sanchismo dentro del propio PSOE. Sánchez, por supuesto, tiene toda la información sobre los cadáveres en los armarios de todos los aspirantes a encabezar la revuelta. Por eso hay dudas interiores sobre quién alza la voz y precipita la sucesión. Pero el nerviosismo entre los concejales y los cargos intermedios, los miles de asesores y funcionarios elegidos a dedo, va en aumento. En las próximas elecciones municipales, el PSOE puede ver mermado más aun su poder, con todo lo que ello implica. Dentro del partido el dilema de cada militante es: o bien, callar y aceptar el sanchismo y la derrota inevitable que implica o bien luchar por el propio puesto de trabajo deshaciéndose del “psicópata de la Moncloa” con todo el miedo a las represalias que eso genera.

6) Los intentos de frenar a Vox se han mostrado hasta ahora vanos. Los partidos son lo que son y no puede esperarse que en su interior haya “democracia interna”, “congresos extraordinarios” cada dos por tres, especialmente, si sus resultados son aceptables y su progresión constante. Obviamente, todos los partidos tienen problemas internos, la novedad con Vox es que la derecha ha tratado de cerrarle el paso con procedimientos innobles y utilizando a individuos sin principios para ariete.

7) Las posibilidades de reconstruir una “izquierda nacional”, esto es una izquierda que piense en la “nación española” y en el “pueblo español”, van quedando cada vez más lejos. La reconstrucción de la izquierda no se hará aceptando los principios que han sido tradicionales durante dos siglos para ese sector político (defensa de los trabajadores, jacobinismo, justicia social), sino en función de la “defensa de las nacionalidades periféricas”, “lucha por la igualdad y los derechos LGTBIQ+”, “derechos a la vivienda expresado mediante okupaciones”, “necesidad de una inmigración masiva”, “defensa de los derechos humanos” tal como todo esto es definido por la “agenda 2030”).

8) La Ley d’Hont, una vez más, ha demostrado ser injusta para todas las fuerzas políticas (sería mucho más adecuado, un sistema de mayoría proporcional, completado por unos diputados calculados en función del cómputo global de votos obtenidos por partidos que no hayan obtenido representación).

9) El futuro gobierno de Moreno Bonilla va a tener que afrontar una negociación dura-durísima con Vox, cada vez más férreo defensor de la “preferencia nacional”. Si tenemos en cuenta que Moreno Bonilla siempre ha querido presentarse como “moderado y centrista”, le va a costar mucho digerir el tema de la “preferencia nacional”, calificado por la izquierda como reivindicación, simplemente, “fascista”. Por otra parte, la defensa del campo andaluz del que Vox se erige como el máximo valedor (y los votos rurales le han acompañado) y la defensa del PP en el Parlamento Europeo de decisiones que, literalmente, “asesinan” a la agricultura española, va a ser otro tema de desencuentro. Recuperar zonas de Andalucía en poder de las narcomafias va a ser otro tema de desencuentro.

10) Los catorce meses que quedan hasta las próximas elecciones generales, van a ser de infarto. La regularización masiva, la degradación del orden público, minimizada por la mayoría de medios, el hecho de que zonas del Estado estén ya en manos de narcomafias, no se va a poder abordar desde una perspectiva de Estado hasta que no termine el ciclo sanchista. Y desde el inicio de 2026 la degradación ha ido creciendo en amplitud y velocidad. Por lo tanto, gobierne quien gobierne en Andalucía o en el Estado, la primera misión es detener el proceso de conversión de España en “Estado fallido” en el que lo único que funciona es la recaudación fiscal (proceso que se está dando especialmente en Andalucía y en Cataluña y que se acelerará con la “regularización masiva”, al igual que la degradación en sanidad, educación e infraestructuras).


REPASO AL PÓKER DE DERROTAS DEL SANCHISMO