lunes, 16 de marzo de 2026

15-M - CASTILLA-LEÓN: ¿EL BIPARTIDISMO HA GANADO?

Los resultados electorales en Castilla-León son los que son: quien dice que el “bipartidismo” se ha reforzado no tiene razón. Quien señala que la “derecha” ha ganado en relación a la “izquierda” no miente, en realidad, no hay más izquierda que la del PSOE. Aquellos que sostienen que “se ha frenado a Vox” se equivocan: lo que ha ocurrido es que uno de cada cinco electores ha votado por este partido y la presencia distorsionadora de Alvise, unido a los problemas internos de Vox han conseguido restar tres escaños y encarrilarlos al PSOE. Y, finalmente, los que sí tienen razón son los que destacan la desaparición política de Sumar y de Podemos, y el frenazo con retroceso de los grupos uniprovinciales. Pero, conviene estudiar más de cerca los resultados para tener más claro quién debe (o no debe) cantar victoria.

LAS CARACTERISTICAS SOCIOLÓGICAS DE CASTILLA-LEÓN

La sociología de esta comunidad autónoma determina en grandísima medida, su voto. Es una de las regiones más envejecidas de Europa. El índice de sobreenvejecimiento es muy elevado, con una base de la pirámide poblacional muy estrecha debido a la baja natalidad. Poco a poco, la región se va “vaciando” de población y hoy es habitual la presencia de municipios con menos de 100 habitantes. La población se va concentrando en núcleos urbanos y despoblando zonas rurales.

Es una sociedad con valores tradicionales arraigados, lo que explica el hecho de que la derecha haya gobernado allí sin interrupción durante 39 años. Las tradiciones religiosas siguen siendo un elemento de cohesión social. Así mismo, se trata de una región con “mucha historia” y con polos muy diferenciados: el mismo nombre de “Castilla y León” es significativo: existe una “identidad leonesa” diferenciada y que reivindica al “antiguo Reino de León” del que “el leonesismo” sería su traducción al siglo XXI.

Sin embargo, la característica más acusada, que se inicio durante el franquismo y que se ha ido acelerando en las décadas democráticas, es la despoblación global de la región. Paradójicamente, uno de los elementos que ha provocado este movimiento de fuga es el alto nivel educativo de la comunidad (los informes PISA sitúan a esta comunidad por encima de la media española). Pero al contar con poca industria, los profesionales optan por establecerse en Madrid, verdadero imán para los jóvenes castellano-leoneses. Hoy, el sector primario, vinculado a la agricultura y la ganadería, es el más potente, con polos industriales en torno a Valladolid y Burgos. 

Por sus características propias Castilla-León es una comunidad que carece de “capitalidad definida”, si bien las instituciones de gobierno autonómico residen en Valladolid. Esto hace que sea una comunidad “descentralizada” y sin un único polo de atracción.

La comunidad cuenta con casi dos millones y medio de habitantes y -dato muy importante- era una comunidad en la que apenas había inmigración… ¡hasta 2021! A partir de ese momento, el crecimiento demográfico se ha debido única y exclusivamente a la inmigración. El 87% de los inmigrantes procede Marruecos, Venezuela y Colombia. Los procedentes de la UE se calculan en 137.000. La distribución de la inmigración es irregular: en León con un 6,4% de sus residentes son extranjeros, mientras Palencia y Zamora se mantienen por debajo del 6%, siendo las provincias con menos volumen de inmigración. La capital de Zamora registró, incluso, un saldo negativo. Vale la pena recordar que, en sociología, se considera que la barrera en la que la inmigración deja de ser una anécdota para convertirse en un factor de conflicto es del 5%. Castilla-León está por detrás de otras comunidades en presencia de inmigración y, por tanto, los problemas de la región son muy diferentes a otras zonas de España en la que ha superado la barrera del 20%. Y esto se nota, especialmente, en materia educativa (que ya hemos mencionado), pero también en la cuestión de la seguridad ciudadana.

Castilla y León es una de las comunidades más seguras del país. Sin embargo, los datos más recientes de 2025 y principios de 2026 muestran una tendencia preocupante de crecimiento acelerado en comparación con la media nacional. En 2025, la tasa se situó en torno a 39,3 infracciones penales por cada 1.000 habitantes. Aunque este dato es positivo si se compara con los más de 50 puntos de la media nacional, la brecha se está reduciendo. A pesar de su seguridad relativa, Castilla y León ha liderado el incremento porcentual de la criminalidad en 2025. Se ha registrado un repunte específico en homicidios y agresiones sexuales (violaciones), que han crecido por encima de la media nacional en el último año. También se ha dado un incremento notable en los robos en viviendas y vehículos dentro de la comunidad. Ávila es, seguramente, la provincia de España que ha registrado un menor incremento en la tasa de criminalidad, un 0,49% a finales de 2025, manteniéndose muy estable. Por su parte, León, tiene una de las mayores ratios de agentes por habitante (4,3 policías por cada mil habitantes), lo que refuerza su posición como una de las provincias más seguras de la autonomía.

Así pues, lo que en zonas de alta concentración de inmigración se vive como un verdadero problema (aumento de violaciones y delitos graves, aumento de robos y hurtos, aumento de la violencia doméstica) en buena parte de Castilla-León es todavía un fenómeno inédito o, al menos, que no ha alcanzado el dramatismo suficiente como para que la población tome conciencia de la naturaleza del problema.

Es, para ser más claro, una región en la que la campaña de Vox se ha centrado especialmente en los problemas agrícolas y en las malas prácticas de la UE contra la agricultura europea, pero en la que la temática “antiinmigración”, por el momento, no podía calar lo suficiente.

LOS RESULTADOS DEL 15-M

Si damos por buenas las cifras que publica hoy Wikipedia, en 2026 estaban llamados a las urnas 1.917.558 habitantes. Y esta es la primera sorpresa: la comunidad ha perdido 77.065 electores en relación a 2022. Así pues, la despoblación no es ninguna leyenda. Existe y opera inexorablemente. Sin embargo, lo que si ha aumentado es la participación (58,75% en 2022 y del 65,66% en 2026, similar a la que se dio en 2019 y en anteriores elecciones). Lo que sí ha aumentado son los votos en blanco y nulos: 10.000 más en 2026 que en 2022. Seguramente votos de protesta situados a la izquierda del PSOE.

La victoria de los partidos de derechas es incontestable: el PP gana 55.939 votos (pasando de 382.157 a 438.096), Vox gana 16.089 votos (pasando de 214.668 a 230.757), mientras que la izquierda pierde votos en relación a los obtenidos en 2022: en efecto, la ganancia de votos del PSOE se explica fácilmente por la pérdida de votos y la desaparición de Unidas Podemos que en 2022 obtuvo 62.138 votos, de los cuales pocos han ido a parar al PSOE (sobre todo, si tenemos en cuenta que esta sigla apenas ha conseguido 14.269 votos más que en 2022: el resto habrá ido a parar a la abstención, pero también -y este dato es importante- también a Vox (a la vista de que el PP se ha reforzado, su incremento solamente ha podido deberse a votos procedentes de la izquierda, siendo los votos jóvenes la segunda aportación y la tercera los llegados de Ciudadanos.

Ahora bien, como siempre en democracia, la gestión de un gobierno no basta para explicar los resultados de las votaciones. Si hemos de atender a los hechos objetivos, lo cierto es que el gobierno de Mañueco se ha visto absolutamente impotente para frenar la despoblación, ha hecho poco para aumentar la inversión privada y la creación de nuevos puestos de trabajo de calidad en el sector industrial. Ni siquiera ha sido capaz de hacer oír su voz en defensa de la agricultura, ni de promover la natalidad autóctona. Es más, durante los dos últimos años se han producido caídas significativas en la seguridad ciudadana. Ha sido un gobierno gris y mediocre que no ha suscitado ni grandes entusiasmos, ni resuelto los graves problemas de la comunidad, ni el deterioro creciente de la convivencia en los dos últimos años. El electorado conservador ha votado por inercia a lo que siempre ha votado, lo haga bien, mal o regular.

Llama así mismo la atención el que, si bien el PSOE ha ganado dos escaños y Vox solamente uno, los progresos electorales de ambos partidos sean similares: 14.269 votos más para el PSOE y 16.089 votos más para Vox. Así que, si bien los resultados globales podrían sugerir que el “avance” del PSOE ha sido “espectacular” y que se ha producido un “frenazo” en el aumento de votos de Vox, no es eso exactamente lo que ha ocurrido. Para entenderlo, tenemos que hacer un alto en el camino y referirnos al elemento “distorsionador” de estas elecciones.

EL PAPEL DE ALVISE PEREZ

Se Acabó la Fiesta da la sensación da ser una reedición de aquellos partidos que surgieron en los 80 y 90 en torno a personajes polémicos: el alcalde de Marbella Gil y Gil, el presidente de RUMASA, Ruiz Mateos, que tuvieron “su momento”. Un sujeto notable que, por lo que fuera, estructuraba una formación política en torno suyo para electores poco exigentes, capaz de acoger el “voto de la protesta”. Se les solía ubicar a la derecha de la derecha y desaparecieron al concluir el ciclo electoral en el que habían nacido. Era el “voto de la protesta”, sin más. Visto con perspectiva del tiempo, fueron casi una anécdota. Alvise parece ir por similares derroteros.

En efecto, los 17.000 votos que logró esta candidatura no han sido suficientes para darle un escaño, pero sí ha sido suficiente para que los remanentes de estos votos restaran tres escaños a Vox y fueran a parar al PSOE. Alvise es, pues, el verdadero “vencedor” de estas elecciones: a partir de ahora, para torpedear a Vox e hinchar la lista de diputados (que no de votos) del PSOE, solamente es necesario dar alas a esta formación.

En Soria, Vox le faltaron 284 votos para el diputado, pero Alvise obtuvo 895, suficientes para que el PSOE se quedara con él. En Valladolid, Vox estuvo a punto de lograr otro escaño. Le faltaron 1.685 votos SALF obtuvo 4.391 votos, que no le sirvieron de mucho, pero que si eran vitales para que el PSOE ganara el último diputado en esa provincia. Más ajustado aún fue el resultado en Segovia: Vox se quedó a 1.068 votos del segundo escaño en la provincia, mientras que los 1.195 votos de Alvise fueron suficientes, de nuevo, para que el escaño fuera al PSOE.

Damos por supuesto que los votos de Alvise irían a parar Vox de no haber presentado su candidatura (podrían haber ido a parar también a la abstención, a partidos uniprovinciales o incluso al PP). Pero, por las temáticas que utiliza parece claro que el partido que buena parte de sus electores se sitúan en la “extrema-derecha”. Así pues, legítimamente, podemos pensar que, de no haberse presentado la candidatura de Alvise, los titulares de hoy lunes serían diferentes: “Vox supera su techo electoral en Castilla-León”, “Nueva victoria incontestable de Vox con cuatro diputados más” y “Otra derrota del PSOE: pierde un diputado”.

Si las operaciones de Ruiz Mateos y Gil y Gil murieron en una España, aún próxima a la transición fue porque se tenía al bipartidismo como intocable, inamovible y un resultado del diseño constitucional de 1978. Pero en esta España en la que el bipartidismo agoniza, las elecciones de Castilla-León demuestran que recurrir al “factor distorsionador” de Alvise puede ser, especialmente para el PSOE, un remedio, al menos para enmascarar titulares.

LA REPERCUSIÓN DEL RESULTADO ELECTORAL EN EL RESTO DEL PAÍS

La sociología explica el carácter conservador de la región, la escasa inmigración basta para explicar porque los servicios públicos no están allí tan desbordados como en otras regiones del Estado (especialmente en el Sur y en el Mediterráneo) que acogen unos porcentajes de inmigración del 20%, o por qué las tasas de criminalidad son todavía menores que en el resto de España. Esto explica también que exista una innegable estabilidad política desde hace casi cuatro décadas. Algo inédito en la política nacional.

El PP es el partido que más y mejor puede alardear de “haber ganado” la competición electoral del domingo. Ha aumentado en votos y en escaños. En cuanto al PSOE, si bien es cierto que no se ha “hundido” (a causa de que el candidato socialista no era conocido en el entorno sanchista y su nombre no se ha visto mezclado en escándalos), no es menos cierto que su aumento de dos diputados y sus 14.269 votos más, sean como para echar cohetes: el PSOE es hoy el límite de la izquierda más allá del cual ya no hay nada. Los varones deconstruidos de Podemos, sus chicas “loquitas”, sus obsesiones y su alejamiento de la “realpolitik” los han llevado a la desaparición. En cuanto a Yolanda Díaz y a Sumar, la noche del recuento bordeaba la alfombra roja de Hollywood: ha decidido que, por lo que le queda en la vicepresidencia, cualquier excusa es buena para recorrer el mundo a gastos pagados. Hoy, más que nunca, y como nunca antes después de su fundación, el PSOE es “finis terrae” de la izquierda.

Sin el elemento distorsionador, SALF, Vox se hubiera confirmado por tercera vez su “gran avance” en unas elecciones regionales: el diputado de más que obtiene, unido a los tres que habría obtenido, le hubieran situado, de nuevo, en cabeza en los avances electorales… A pesar de sus purgas internas, a pesar del “todos contra Vox”, a pesar de que Castilla-León no es el escenario más adecuado para sus ideas-fuerza, hubiera traducido sus 16.089 votos en un crecimiento similar al de Aragón o Extremadura.

De todas formas, ni esto, ni los resultados de Soria Ya, de Por Avila, o de Unión del Pueblo Leonés, en total 73.840 votos, 10.000 menos que en 2022, con una pérdida global de dos diputados, son significativos. Se pierden en el océano nacional y de muestran que estos fenómenos uniprovinciales son, por definición, efímeros.

Lo que importa, a la hora de valorar las elecciones de Castilla-León es cómo incidirán a nivel nacional. Sobre esto cabe decir, en primer lugar, que las cosas, más o menos, están como estaban el día anterior: el PP sigue en cabeza y demuestra quién protagonizará el próximo ciclo electoral, la izquierda es todo el PSOE y ni la “operación Rufián”, ni los intentos de reflotar por vía de la “unidad” a Izquierda Unida, Podemos y a los grupos regionales (Compromis, MasMadrid, En Comú) puede llegar muy lejos a la hora de reconstruir una candidatura a la izquierda del PSOE con garantías de representar algo en la política española: puede decirse que los errores monumentales de Pablo Iglesias y consorte, de Yolanda Díaz y sus viajes, los escandalillos sexuales protagonizados por algunos de sus dirigentes, el discurso mil veces repetido de “Welcome refugies” y de loa, glosa y alabanza a “los trabajadores de la cultura”, tienen ya el más mínimo eco en el electorado. Está más claro que las “operaciones” de salvataje de la izquierda están motivadas por situaciones de supervivencia personal, más que por proyectos políticos altruistas.

El PSOE puede proclamar públicamente que los resultados de ayer “refrescan” y “resetean” fracasos anteriores. No es así: sus analistas saben mejor que nadie que el progreso de su sigla ha sido mucho más escaso del que preveían, que apenas recuperan votos de la extrema-izquierda y que, si Vox hubiera obtenido los tres diputados que han ido a parar al PSOE por obra y gracia de Alvise, en lugar de poder alardear dos escaños más, hubiera debido explicar que la pérdida de uno no era “motivo de alarma”.

LAS ELECCIONES ANDALUZAS DE JUNIO O EL TEST FINAL

El test verdadero para todos los partidos vendrá en junio en Andalucía: y allí se repetirá un escenario parecido al de Extremadura o Aragón. Con una candidata impuesta por el sanchismo, odiada por todos los que tenemos que pagar impuestos, la derrota promete ser memorable… Y aquella si que es una comunidad “estratégica”: exceso de inmigración, caída de los servicios públicos, políticas del PP seguidistas en relación a las de la UE en materia agrícola, para real que no logra enmascarar el sainete estadístico de los “fijos-discontinuos”, zonas bajo control del narcotráfico de la mocromafia, aumento de la violencia sexual y de los delitos que la vox populi atribuye a recién llegados, problemas con los menas y, todo esto, con el recuerdo del indulto a los protagonistas del mayor fraude con dinero público de la democracia, el Caso ERE Andalucía”… En otras palabras, el caldo de cultivo ideal para que el PSOE, una vez más, vaya retrayéndose, incluso hasta ser tercera fuerza en parte de la autonomía y para el ascenso de Vox.

También hay que valorar si los resultados de ayer pueden acelerar los pactos en Aragón y Extremadura entre Vox y el PP. Vox sabe lo que quiere, a diferencia del PP que no sabe en qué puntos debe ceder a cambio de apoyos. Vox exige una solución radical a la cuestión migratoria, que se deje de subsidiar todo lo que viene de Marruecos, que se resuelva el problema de los menas de la manera más razonable (entregarlos a su país para que éste los devuelva a sus padres), acelerar las expulsiones de ilegales, alternativa de “integración o expulsión”, en definitiva, no rotundo a los acuerdos agrícolas suscritos por la UE, defensa del sector primario nacional frente a la competencia desleal que impone Bruselas. Ante todo esto, el PP no sabe -en el mejor de los casos- ni qué decir, ni cómo actuar: traicionar su pacto tácito con el centro-izquierdas o apoyar la identidad nacional y todo lo que ella representa (que es, a fin de cuentas, todo lo que el sanchismo y la UE están erosionando sistemáticamente). Y mientras el PP no supere su natural eclecticismo, siempre terminará decepcionando a parte de su electorado conservador y haciéndose cada vez más odioso para determinados grupos sociales (agricultores, jóvenes, clases medias). Por otra parte, es significativo que el PP, en su programa económico no proponga una disminución del gasto público y un apretarse el cinturón, sin lo cual, la “disminución de impuestos” se convierte en “el chocolate del loro”. Será bueno recordar que la frase procede de la leyenda urbana sobre aquella familia aristocrática venida a menos que, para ahorrar, decidió suprimir el chocolate que le daba a su loro, una medida ridícula comparada con sus inmensos gastos generales…

Mientras Vox sepa a dónde va y el PP dude de hasta dónde puede llegar, parece claro que existirán dificultades en firmar pactos. Y Vox se equivocaría si, por unas poltronas regionales, renunciara a su programa que es, a fin de cuentas, en donde reside su fuerza. Para Vox, los tres meses que median entre las elecciones castellano-leonesas y las andaluzas, van a ser decisivas: superar sus problemas internos, defender su programa en las negociaciones que se darán en las tres comunidades que han celebrado elecciones anticipadas y estar atento a la evolución del grupo de Alvise y bloquear los intentos de Espinosa de los Monteros por rebañar entre los expulsados de Vox para integrarlos en el PP. Esto en lo que se refiere al “frente orgánico”. En lo relativo al “frente político”, insistir una y mil veces en su programa.

A este respecto debería tender a que el problema de la inmigración se convirtiera en el tema central del debate político. No es un “tema más”: sino el tema esencial ante el cual todos los demás, en el momento actual, palidecen. Los electores del PSOE se muestran prácticamente insensibles a la corrupción protagonizada por su opción política. El “y tú más” constituye su última línea de defensa. La mala gestión y la situación económica, la “tierra quemada” del sanchismo, es algo que no asumen, refugiándose en el “no a la guerra”, y, por tanto, insistir en estos temas, es superfluo.

POR UN “PACTO NACIONAL SOBRE LA INMIGRACIÓN”

Por otra parte, Vox debe de tratar de desplazar el eje político a su temática, en la que es el único partido en proponer algo tan razonable como detener la islamización del país, el cambio de paisaje de nuestras ciudades y la llegada masiva de inmigrantes que se han convertido en la principal aspiradora de recursos públicos (y, consiguientemente, en responsable directo del incremento de la presión fiscal).

No estaría de más que esta formación propusiera un “Pacto Nacional sobre la Inmigración” que diera la oportunidad de explicar los riesgos para el futuro que conllevan las políticas pro-inmigracionistas de la UE y del sanchismo y de definirse a formaciones que (como Junts o el PNV, por ejemplo, pero también los grupos regionalistas, empezando Compromis) mantienen posiciones ambiguas sobre la materia. Así mismo, grupos notoriamente anti-inmigracionistas como Aliança Catalana, se verían obligados a definir su posición dentro de su comunidad y explicar si sitúan por delante el independentismo o el control de la inmigración y si creen viable que una Cataluña independiente pueda hacer frente a la marea islámica que padece esta región.

Es cierto que una propuesta de este tipo, apenas tendría una respuesta positiva en los partidos políticos y, como máximo, en este terreno serviría para demostrar ambigüedades, contradicciones, timideces y apocamientos. Pero permitiría, especialmente, contactar con grupos sociales, núcleos vecinales, grupos juveniles, medios digitales, redes sociales, organizaciones cívicas y grupos profesionales, especialmente vinculados con el sector de la seguridad, el orden público, la judicatura y prisiones, incluso con asociaciones de inmigrantes, para darles argumentos, unificar actitudes, explicar estrategias y, a fin de cuentas, conseguir decantar a la opinión pública en contra de las oleadas migratorias, parte sustancial de la estrategia sanchista de “tierra quemada”.

En otras palabras, la propuesta de un “pacto nacional sobre la inmigración” permitiría que, en un momento de bloqueo político, cuando el debate está centrado en la corrupción especialmente, la voz de la sensatez explicara que la función de la política es resolver los problemas de los ciudadanos, tanto los actuales, como los que aparecerán en el futuro como consecuencia de políticas suicidas en el presente. De seguir la deriva iniciada durante el zapaterismo (y entreabierta en el período de Aznar), España en 2050 será una nación que tendrá mucho más de africano que de europeo. Una nación con conflictos étnicos, conflictos religiosos y conflictos sociales cada vez más radicalizados, absolutamente insostenible, inestable y, lo que es todavía peor, peligrosa y, por su situación geopolítica, la zona de Europa con más riesgo de “africanización”.

Y, en política, el futuro es lo que los políticos deberían tener en cuenta. Algo que frecuentemente olvidan, pero de cuya observancia depende lo que queramos (y podamos) legar a nuestros hijos.