martes, 14 de abril de 2026

¿De verdad se está recristianizando la sociedad? (2 de 2) - COLOCAR LAS COSAS EN SU JUSTA MEDIDA

La visita del Papa León XIV será uno de los estímulos para reforzar el catolicismo español. La cuestión es si, tanto el Papa como la Conferencia Episcopal y los medios de comunicación católicos, no se estarán equivocando y este "despertar" responde solo a una reacción temporal contra los excesos del wokismo y el caos generado por el ultraprogresismo, o bien es el signo de una búsqueda espiritual profunda. Este es el nudo de la cuestión.

Quien esto escribe se alegraría profundamente que fuera una muestra de “hambre espiritual” y no un mero fenómeno coyuntural de reacción y contrapeso. Eso indicaría que nuestra identidad no se ha perdido completamente. Y esa identidad se basa en grandísima medida en la impronta con que el catolicismo ha marcado a nuestra sociedad. En otras palabras: nos alegraría mucho que se tratara de un fenómeno “en profundidad” y no solamente “en extensión”. Hay fenómenos tan extensos como superficiales y otros, minoritarios, pero mucho más profundos. Dudamos que, en las actuales circunstancias históricas y en esta etapa crepuscular de la civilización, un fenómeno de masas pueda ser duradero, arraigado y mantenerse en el tiempo.

Da qué pensar el que, en estos momentos, el “revival” de la Iglesia se vehiculice en torno a fenómenos carismáticos y a grupos constituidos desde hace muy poco (casi improvisados), algunos de los cuales entrarían claramente en la calificación de “sectas”. No albergamos la más mínima esperanza en que fenómenos como Rosalía con temas de corte espiritual (Lux), o el fenómeno musical de Hakuna, capaces de llenar estadios, puedan suplir la fe profunda que existió en otro tiempo. Tendríamos más seguridad en un “revival” si se realizada en torno a grupos de “música llana” (canto gregoriano) o fuera protagonizado por las órdenes religiosas tradicionales (benedictinos, franciscanos, trapenses, cistercienses, jesuitas…) con siglos de sabiduría acumulada y de “memoria histórica”.

El dilema actual de la Iglesia ya fue escenificado en la serie The New Pope (2020) de Paolo Sorrentino, en donde se planteó si la Iglesia debe abrirse al mundo, o más bien, cerrarse y convertirse en un grupo minoritario pero formado por una élite a toda prueba. No es algo nuevo. La Iglesia lleva mucho tiempo dudando entre ambas posiciones y falta valor y decisión para declararse a favor de una o de otra.

Por tanto, el que algunos sectores de la Iglesia se hayan introducido en las redes sociales, hayan convertido a sacerdotes diocesanos en influencers o a monjes franciscanos en cocineros de youTube (muy buenos, por cierto), cuando grupos católicos están en Tik-Tok y en Instagram, cuando algunos encuentro como "El Despertar" en Vistalegre han reunido a miles de personas e intelectuales de renombre (Juan Manuel de Prada, Fabrice Hadjadj) para debatir sobre el papel del cristianismo hoy, cuando se observa un aumento significativo de jóvenes que regresan a la práctica religiosa, buscando una identidad y un sentido de comunidad que el mundo secular no les ofrece, o cuando grupos como Renovación Carismática Católica o Hakuna que busca vivir la fe de manera alegre y activa a través de la música, la oración y la vida en comunidad, han revitalizado el catolicismo o la IV Fiesta de la Resurrección 2026 celebrada el pasado sábado 11 de abril de 2026 en las Cibeles de Madrid, organizado por la venerable Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) para celebrar la Pascua a la que asistieron entre 80 y 85.000 personas, descrito por sus promotores como una jornada de "música, fe y esperanza"… todo esto son síntomas de un catolicismo que se expande… en superficie, sí, pero es mucho más discutible que lo haga en profundidad. Si fuera así, los seminarios experimentarían fuertes subidas en el número de alumnos. Y no es así: ese aumento es más que discreto, por el momento.

Para los que conocemos el mundo anglosajón no podemos evitar realizar paralelismos: esta renovación católica tiende a imitar a ceremonias, espectáculos y formas de ocio que hace cuarenta años ya habían puesto en práctica en zonas católicas de Iberoamérica, sectas protestantes norteamericanas. Tratar de convertir las horas de ocio en espectáculos con un trasfondo católico, los rituales y las reuniones comunitarias en fiestas con ritmo y bafles atronadores más propios de una disco que de un templo…, todo esto puede parecer una “nueva estrategia de captación”, aséptica y bienintencionada. De hecho, lo es, pero lo que dudamos es que, sea algo más que eso: un intento de seguir las pautas marcadas por la modernidad para poder sobrevivir. Y sabemos cómo termina eso.

Hace más de 30 años, entrevistamos a la presidenta de la Iglesia Cristiana Universalista, uno de los movimientos evangélicos norteamericanos. Le preguntamos qué era la formación que presidía y con esa dura sinceridad típicamente norteamericana, nos respondió: “The Christian Universalist Church is a big business”… es “un gran negocio”.  No creo que ese sea, precisamente, una “vía hacia la trascendencia”. Pero así puede terminar siendo una Iglesia que quiera hacer del espectáculo una vía de captación.

En este mismo sentido, compartimos la opinión del obispo Athanasius Schneider, miembro destacado del sector tradicionalista de la Iglesia (que no hace mucho estuvo en Barcelona), el cual sostiene que Hakuna y otros movimientos similares constituyen "una especie de drogas espirituales", una "forma barata de cristianismo" sin "fundamentos profundos" que “construyen sobre la arena”. Otros sacerdotes como Gabriel Calvo Zarraute, han suscrito plenamente estas palabras del obispo Schneider. No está claro, por tanto, si el esfuerzo de algunos sectores de la Iglesia para conectar con la Generación Z, utilizando un lenguaje visual y directo alejado de los canales tradicionales, puede generar el espejismo de un crecimiento real… que, a fin de cuentas, será siempre en superficie, no en profundidad.

Y a todo esto, ¿por qué se produce este “revival”?

Es el momento de recapitular antes de lanzarnos a aventurar conclusiones:

- Existe una crisis de vocaciones, un envejecimiento del clero y los seminarios, por el momento, no pueden asegurar el reemplazo de los sacerdotes jubilados.

- Existe una tendencia al crecimiento de las conversiones y los bautismos e, incluso, un mínimo repunte de las vocaciones.

- A pesar de que todavía es pronto para ver los logros del pontificado de León XIV, todo induce a pensar en un seguidismo hacia pontificados anteriores.

- La próxima visita a España puede aclarar mucho esta cuestión, especialmente en materia migratoria y en la relación entre la Iglesia y el gobierno social-corrupto.

- Los “movimientos de renovación carismática”, el movimiento Hakuna y la reciente Fiesta de la Resurrección, objetivamente, tienen más que ver con el protestantismo anglosajón que con la tradición católica.

- El crecimiento del catolicismo, especialmente entre los jóvenes, es el resultado directo de una política de marketing que ha incorporado las nuevas tecnologías y las redes sociales a la acción católica.

- Este crecimiento, por el momento, es “real”, pero, igualmente “superficial”.

A partir de estos elementos -que restan optimismo a la versión oficial del Vaticano y suponen un baño de realismo- vale la pena preguntarse de nuevo, por qué se está produciendo este “revival”, por superficial que sea. Y aquí las respuestas son varias, más allá de la reacción a los excesos del wokismo y al rechazo del caos ultraprogresista.

A lo largo de la historia los períodos de materialismo extremo se han alternado con otros en los que las fugas místicas, la búsqueda una espiritualidad profunda y el ansia de lo absoluto, han sido las dominantes. El actual modelo de civilización genera desesperación y un amplio sentimiento de frustración en las capas más jóvenes: perciben de manera nebulosa que “algo” o “alguien” les está hurtando el futuro. Intuyen que cursar estudios, esforzarse, trabajar, cobrar salarios por encima de la media (y pagar impuestos desproporcionados), no les permitirá tener un patrimonio propio. Apenas pagar un puso decente con una hipoteca de 20 años. Tendrán acceso limitado a algunos bienes de consumo y difícilmente podrán disfrutar de más de un hijo, si es que llegan a eso o incluso a casarse.

Las políticas de Estado no facilitan nada a los “jóvenes suficientemente preparados”, salvo la emigración, si es quieren mejorar su situación. Las políticas de “discriminación positiva” y “protección de la mujer” han terminado generando un fenómeno inédito en las sociedades occidentales: el miedo del joven a acercarse a una mujer y la reducción de su relación con el otro sexo a fugaces encuentros facilitados por aplicaciones informáticas. Es significativo, que el repunte del catolicismo sea más nítido entre los varones jóvenes, cuya identificación católica ha subido del 33% en 2020 al 41% en 2025, mientras que en las mujeres la tendencia es a la estabilización o a una caída leve. Y es que, para los varones, las incertidumbres son mayores.

Por otra parte, muchos jóvenes ven los efectos del consumismo en sus padres y, como a fuerza de ganarse la vida, la están perdiendo… Muchos de ellos, además, se conectaron desde la adolescencia a redes sociales: hoy están “quemados” y hastiados, son perfectamente conscientes de que han perdido el tiempo y que todas las relaciones que han tenido por esos canales, son insustanciales, anodinas, temporales y planas.

A esto se une el miedo. Miedo es la palabra que define nuestro tiempo. Miedo al futuro, miedo a la pareja, miedo a la paternidad, miedo a terminar los estudios y afrontar un duro panorama de inestabilidad laboral, miedo a embarcarse en hipotecas y no poder pagarlas, miedo a la situación internacional, miedo a ser víctima de la inseguridad ciudadana, miedo a ser víctima de nuevas campañas de ingeniería social, miedo a no poder elucidar lo falso de lo real, miedo al paso del tiempo y a los días perdidos, a llegar al final del camino y no haber sabido para qué ni en qué emplear la vida. El miedo es la característica de nuestro tiempo y ha sido hábilmente explotado en situaciones extremas como la pandemia o los ciclos electorales.

En otras épocas, el miedo se compensaba con el optimismo esperanzador o, incluso, el realismo más objetivo, que generaba una visión religiosa de la vida. Se era consciente, de que más allá de la materia, existía un espíritu y que ese espíritu daba acceso a una vida superior, más real y más intensa. La amistad, el amor, la familia, los hijos, completaban ese marco y daban una razón de ser, objetivos y seguridades. Pero todo esto se ha ido diluyendo en los tiempos modernos. Las filosofías progresistas han decepcionado cada vez más: cada nueva medida definida como “progreso” (la globalización económica, la inmigración masiva, los estudios de género, el mundialismo, el mestizaje cultural y el wokismo), se han convertido en más y más fuentes de caos, inestabilidad, hasta el punto de que ya no hay seguridades a las que agarrarse.

En estas circunstancias cualquiera que ofrezca algo que vaya más allá de todos estos valores progresistas y que esquive sus efectos más perniciosos, encontrará un hueco en el que penetrar. Basta con jugar a la contra: frente al materialismo consumista, la espiritualidad; frente al aislamiento social, los grupos carismáticos; frente a la marginación y el aislamiento, los grandes festivales pop-rock-católico; frente a unos políticos corruptos, un líder por encima de los lideres, el Papa; frente a redes sociales groseras, reiterativas, consumistas, intelectualmente endebles y poco exigentes, ideas no conocidas (u olvidadas) y, por tanto, consideradas “nuevas”.

¿Por qué el catolicismo y no cualquier otra religión (como en los años 60 y 70, el Budismo o el Zen)? Simplemente, por que es la alternativa más fácilmente accesible, que además tiene cada vez más visibilidad en las redes sociales de nuestro tiempo y, seguramente también, porque es la espiritualidad que ha sido propia de nuestros padres y abuelos, y está presente en nuestros monumentos y arquitectura.

A diferencia de generaciones anteriores que heredaban la fe por inercia social, estos nuevos creyentes (recuérdese: 14.000 nuevos bautizados en 2025) suelen acercarse a la Iglesia por una decisión personal y reflexiva, lo que genera una práctica religiosa más intensa y visible. Se ha observado, con razón, que el revival es, en gran medida, un movimiento impulsado por laicos: la proliferación de testimonios de conversión y debates sobre fe en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube ha permitido que el mensaje católico llegue a los jóvenes de forma directa y con un lenguaje contemporáneo. Por otra parte, ese revival católico tiene también mucho que ver con el fenómeno migratorio. La llegada de población joven y más religiosa de América Latina ha contribuido a estabilizar y, en algunos casos, aumentar la participación en parroquias.

Todo esto puede sugiere que el fenómeno se consolidará y tenderá a aumentar en los próximos años. Así pues, ¿podemos confirmar que se producirá una decisiva reubicación de España de nuevo en el catolicismo? Esta cuestión es más difícil de responder.

Vale la pena establecer este principio: “Todo fenómeno de masas es, necesariamente, superficial y voluble” y éste no va a ser diferente. La religiosidad, para ser auténtica debe partir de una reflexión profunda del alma y de una sed de Absoluto que tiene, para ser auténtica, debe partir de uno mismo. Si deriva de cualquier forma de miedo al futuro, parte de una base falsa y seguirá siendo un fenómeno superficial. Si no se traduce en una práctica exigente, íntima, personalizada, constante y lúcida, puede llegar a ser una mera forma de rellenar el tiempo de ocio, insustancial y trivial, o de recubrir las propias frustraciones con un “producto” que, sustituye al “consumismo”, pero que, en realidad es otra forma de consumismo.

Y este es el problema de la modernidad: ha sido capaz de introducir en los estantes de los supermercados del consumo a diversas formas de religiosidad. El penúltimo producto fue la New Age, antes llegó la Contracultura, antes aún, el ocultismo y el neo-espiritualismo… Sería muy triste que el catolicismo terminara también en los escaparates de consumo que, a fin de cuentas, es en donde se encuentran productos de diseño al estilo de Rosalía (que, en el fondo, no ha hecho nada que no hubiera hecho antes Madona).

 











lunes, 13 de abril de 2026

¿De verdad reverdece el catolicismo español? (1 de 2): LA SITUACION REAL DE LA IGLESIA ESPAÑOLA EN CIFRAS

Si uno lee el Debate o las informaciones del canal Trece-TV, incluso las publicadas por medios de comunicación asépticos o por unos pocos youtubers anticatólicos alarmados, se diría que el catolicismo romano está experimentando una curva ascendente, inédita en lo que va de siglo e incluso, desde el Concilio Vaticano II. Si esto es cierto, hará falta preguntarse a qué se debe este fenómeno y cuál es su límite, lo que, a fin de cuentas, supone tratar de establecer la salud del catolicismo. Y no creo que, ni siquiera los católicos, deban engañarse sobre estas cuestiones.



Las cifras desnudas de la Iglesia Española

España ha sido desde siempre un país de amplia mayoría católica, pero también uno de los países en los que la crisis de la Iglesia (con falta de combatividad de los fieles y de la jerarquía) se ha hecho más visible. La situación actual de la Iglesia española no es particularmente envidiable. Hoy, faltan vocaciones, la edad de los sacerdotes es muy elevada: la media se sitúa en torno a los 65 años (cuando hacia 1975 era de 35 años). Las diócesis más “jóvenes”, Getafe, Alcalá, Toledo y Cádiz, tienen un sacerdocio de 50 años de promedio y la de Almería de 47… pero se trata de excepciones. La triste realidad es que, para cubrir las 22.922 parroquias del país, solamente hay 14.994 sacerdotes. Nadie puede negar que ”faltan pastores”.

Y no está claro que esto vaya a mejorar: en este curso lectivo 2025-2026 solo hay 1.066 jóvenes inscritos en los seminarios mayores, con una edad promedio entre los 25 y 31 años. A pesar de que el número de seminaristas ha subido en relación a los dos cursos anteriores y parece que se consolida esta tendencia al crecimiento, las cifras siguen siendo muy bajas e insuficientes para garantizar el reemplazo de los sacerdotes que se jubilarán a lo largo de la presente década. De hecho, en 2025-2026, el número de nuevos seminaristas en bruto ha sido de apenas 30. Compárense estas cifras con las de hace 75 años cuando 8.000 seminaristas estudiaban en los seminarios mayores; cifra que ya se había reducido en 1990 a 2.700, para bajar a 1.900 apenas en el filo del milenio, llegando en tiempos de la “pandemia” apenas a 1.100 y en 2023-2024 a 856, el mínimo histórico.

En cuanto a las órdenes religiosas, la situación no es mucho mejor. El número total de miembros de congregaciones y órdenes se sitúa actualmente por encima de los 31.000, reflejando una mayoría femenina abrumadora de cerca del 75%. A finales de 2025 se contabilizaban 23.865 mujeres religiosas, repartidas en 298 congregaciones femeninas y 7.638 miembros pertenecientes a 105 congregaciones masculinas, con un total de 3.900 comunidades religiosas activas en todo el país (72% femeninas y 28% masculinas). En la actualidad 6.700 monjas y 700 monjes viven en 690 monasterios de clausura dedicados a la vida contemplativa. Sólo en la última década se han ido cerrando un promedio de 17 monasterios cada año.

La supervivencia de muchos monasterios y obras sociales depende de la internacionalización. De Nigeria, Kenia y República Democrática del Congo han llegado cientos de monjas con presencia notable en órdenes hospitalarias y de enseñanza; las que vienen de India y Filipinas son fundamentales en la vida contemplativa (monjas de clausura) y en la atención a ancianos; en cuanto a las que proceden de Colombia, Perú y México están presentes sobre todo en las clarisas.

Para frenar el cierre de conventos, las órdenes están agrupando monjas procedentes de distintos monasterios, “importan” sobre todo monjas de otros países y profesionalizan la venta online de dulces, cosmética natural y artesanía (como en el portal DeClausura). Esta iniciativa está permitiendo que estas comunidades sean económicamente viables y pasen a ser “monasterios sostenibles”.

Las cifras anteriores están facilitadas por la Conferencia Episcopal, a través de sus medios de comunicación y, por tanto, hay que darlas como exactas. Mas dudas pueden surgir si es el CIS el que da la cifra de católicos y de católicos practicantes que la entidad dirigida por José Félix Tezanos evalúa en el 53% de la población (en torno a 25.5 millones de personas), de los que un 18,5% son católicos practicantes y un 34,5% católicos no practicantes. La misma encuesta evalúa en 8,5 millones las personas que acuden regularmente a misa, esto es, un 12% de la población y un 6% adicional que asiste varias veces al mes.

Por regiones, Castilla-León, con Valladolid, Burgos y Palencia, están muy por encima de la media nacional en asistentes semanales a misa; Toledo en Castilla-La Mancha sigue teniendo un fuerte arraigo eclesiástico. La región de Murcia destaca también por un catolicismo popular muy vivo y una alta participación en movimientos laicos. País Vasco y Navarra, donde la secularización ha sido rápida, mantienen núcleos de práctica muy constante en zonas rurales y en ciudades como Pamplona. En el extremo opuesto, Cataluña, Madrid y Baleares presentan los índices de práctica más bajos debido a un entorno urbano más secularizado, aunque en Madrid el número absoluto de asistentes es el mayor de España por volumen de población.

Ahora bien, a estos asistentes a misa hay que sumar los que lo hacen a través de las pantallas de televisión. En efecto, desde 2020, seguir la misa a través de este medio se ha consolidado como un hábito para muchas personas, especialmente mayores o enfermos. Trece TV es el canal líder en este segmento, con picos de audiencia que superan el 4-5% de cuota de pantalla. En La 2 (RTVE), el programa "El Día del Señor" sigue siendo un clásico con audiencias muy fieles y estables que rondan los 300.000 espectadores cada domingo. A estos hay que sumar el que cada vez más parroquias y sacerdotes con vocación de influencers emiten sus misas en directo. Canales como el de la Parroquia de San José o el de Hakuna acumulan miles de visualizaciones semanales de jóvenes que no pueden asistir físicamente. En total, se estima que, en 2026, cerca de 1,5 millones de personas en España siguen la misa exclusivamente a través de medios digitales o televisión cada semana.

Quizás las cifras al alza más espectaculares las ofrece el número de católicos practicantes en la franja de 18 a 24 años ha pasado de un 7-8% en la década pasada a un 15% en 2025. Esto indica que los nuevos métodos de proselitismo a través de redes sociales y festivales de masas están teniendo un impacto notable entre los jóvenes. Además, en España, a lo largo de 2025, se han bautizado 14.000 adultos y todo induce a pensar que el 2026 se superará con mucho esta cifra.

Son cifras respetables que demuestran que el catolicismo sigue siendo el “motor religioso” de España. Pero tampoco hay que ser muy optimistas: las cifras del CIS son desoladoras si las comparamos con las que registró el Informe FOESSA en 1975, cuando el 60% de los españoles iba a misa todos los domingos y el 95% se declaraba católico. Esto suponía que, de un total de 35.000.000 de habitantes, 21.000.000 acudían a la misa dominical. Hoy, con casi 50.000.000, sumando la asistencia personal a misa mas los televidentes que la sintonizan, estamos en algo menos de la mitad. Y apenas ha pasado medio siglo.

El nuevo Papa León XIV y sus primeros años de pontificado

El wokismo, el progresismo extremo, los “estudios de género” y demás fueron demasiado lejos, se han mostrado excesivamente intolerantes y, más que “abrir la sociedad”, han sido factores de caos y confusión generalizada. Y, como no podía ser de otra manera, el péndulo se ha desplazado al lado opuesto. Este fenómeno ha coincidido con la muerte del Papa Francisco en 2025 y con una ofensiva generalizada de las derechas radicales a nivel mundial, iniciada con la victoria electoral de Donald Trump en 2024 y la irrupción del “populismo” euroescéptico desde mucho antes.

No hay, por tanto, que sorprenderse, la recuperación del catolicismo español, que había caído a niveles demasiado bajos, es algo, hasta cierto punto natural. No se debe, en absoluto, al “buen hacer” de la cúspide de la catolicidad, el Papa León XIV.

No es que León XIV, hasta ahora haya destacado por nada especialmente; por el momento se está limitando a algunos cambios simbólicos (decidió mudarse de nuevo a los apartamentos del Palacio Apostólico, viviendo en comunidad junto a un grupo de sus "hermanos agustinos". Sus declaraciones a favor de la paz (en Ucrania, en Gaza, en Oriente Medio, en el conflicto entre India y Pakistán) es lo que se espera de un Papa. Ha retomado ciertos elementos tradicionales en la vestimenta y el protocolo, como el uso de la estola papal suntuosa en apariciones públicas, pero, por el momento, mantiene la línea reformista de Francisco, promoviendo una Iglesia “inclusiva” y volcada a los pobres, mostrando una cercanía especial con nuevos movimientos (recientemente presidió un encuentro del Jubileo en Roma donde el grupo de rock católico Hakuna amenizó la espera ante miles de jóvenes).

Quizás su decisión más enérgica haya sido la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), una sociedad de tendencia conservadora, fundada en Lima en 1971 por el laico Luis Fernando Figari, como respuesta conservadora al Concilio Vaticano II. Su objetivo original era la evangelización de jóvenes y la formación de líderes católicos, bajo un estilo que algunos describían como "mitad monjes, mitad soldados" que, seguramente resultará familiar a alguno de nuestros lectores. Extendida a más de 20 países, fue disuelta oficialmente por la Iglesia católica en 2025 debido a un historial de “graves abusos”.

Hasta ahora, los viajes apostólicos realizados por León XIV no se han traducido en grandes novedades, siendo, puro simbolismo. Hoy mismo, 13 de abril de 2026, inicia su tercer viaje internacional, que lo llevará a recorrer cuatro países africanos durante 11 días: Argelia, Camerún, Guinea Ecuatorial y Angola.  Su tránsito por Argelia se debe a que allí quedan huellas de San Agustín de Hipona (Leon XIV es miembro de la Orden Agustina), mucho más que por la presencia del catolicismo en un país mayoritariamente islámico y con fuerte presencia fundamentalista y radical.

Dejando aparte una fugaz visita a Mónaco, de muy escasa importancia y justificación, el viaje a Turquía y Líbano en 2025, fue el primer viaje oficial de su pontificado. Su presencia en Turquía se justificaba por el 1700 aniversario del primer concilio ecuménico de Nicea; y en el Líbano, se centró en el diálogo interreligioso y en la paz regional. No puede decirse que ni el periplo africano que se inicia hoy, ni el viaje a Oriente Medio fueran particularmente importantes para la cristiandad.

Mucho más significativo será el desplazamiento a España del 6 al 12 de junio de 2026 bajo el lema “Alzad la mirada”. Será inevitable que este viaje se politice en cada una de las tres etapas: en Madrid porque allí está el que es, sin duda, el gobierno social-corrupto, militante contra el catolicismo, en Barcelona porque el nacionalismo y el independentismo radical querrán hacer suyo la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia recordando que Antonio Gaudí compartía las ideas nacionalistas; y en Canarias porque, según ha declarado el Vaticano, el Papa quiere ver “de cerca, la realidad migratoria de la zona”… y esto implicará declararse a favor o en contra de los trasvases masivos de población. Obviamente, el Papa tratará de ser ecléctico en todas las declaraciones que realizará a lo largo de estas etapas, pero la cuestión no es lo que haga o diga, sino cómo lo traten los medios de comunicación oficialistas y cómo reaccionen los católicos, mayoritariamente opuestos a los social-corruptos y cada vez más alarmados por el cambio de identidad cultural y del paisaje etno-cultural.

 







sábado, 4 de abril de 2026

45º Aniversario del 23–F, fallecimiento del Tte.Cnel. Tejero y desclasificación de documentos (1ª parte) - EL PAPEL DEL REY

El 23–F de 1981, la constitución española ya había sido aprobada 2 años, 10 meses y 8 días antes. Era obligación de todos los funcionarios del Estado, incluidos los militares, no solo acatarla, sino también conocerla.

Vale la pena recordar que lejos de ser una constitución monárquica, el texto aprobado en referéndum, más bien parece el de una, paradójica, “república coronada”. Las funciones del presidente del Estado Italiano, por ejemplo, son mucho más amplias que las del Rey constitucional. De hecho, en el actual ordenamiento constitucional, todas las “prerrogativas” reales tienen algún tipo de limitación o resultan francamente ambiguas. Véase el artículo 56 y 62: El Rey firma, sí o sí, las leyes… aprobadas por las Cortes; no se prevé que puede ocurrir si no firma. También convoca elecciones y referéndums en los términos previstos en la Constitución y propone candidato a Presidente del Gobierno, pero, al no depender de él la potestad de disolver las cortes por iniciativa propia, está sometido al dictado de las urnas. Ostenta la “jefatura militar” de las Fuerzas Armadas, título honorífico porque, en realidad, la política de defensa la dirige el Gobierno. Y otro tanto ocurre en sus funciones como representación internacional, cuyas pautas están dictadas por el ministerio de exteriores. En cuanto acreditar a los embajadores españoles, estos son elegidos por Exteriores, no quedándole al Rey otro remedio más que aceptarlos. E, incluso en la declaración de “la guerra y hacer la paz”, se hace según dictan las Cortes Generales. Todas las funciones Institucionales y de Justicia dependen del gobierno de turno, incluidos el “derecho de gracia”, “expedir los decretos”. “conferir empleos civiles y militares”, incluidos honores y condecoraciones, ejercer indultos, etc, siempre a propuesta del ministerio correspondiente.

En otras palabras, tenemos una monarquía huérfana de funciones. Constitucionalmente, en su Artículo 56, dentro del Título II, apenas es “símbolo de su unidad y permanencia”. El resto de funciones (las de “árbitro y moderador” y las funciones de representación internacional”) deben ser refrendos por el Presidente del Gobierno o los Ministros para tener validez. El premio de consolación es que su “figura es inviolable”… mientras es Rey.

Dicho de manera más clara y menos retórica: Si el Rey quiere seguir siendo el Rey, debe de cumplir estrictamente lo que dicta la constitución. Firmar todo lo que el gobierno pone bajo su real nariz a sabiendas de que, en el momento, en el que haga lo contrario, abrirá la carrera al referéndum sobre “monarquía o república”. Su presencia es meramente protocolaria y se ha dado el caso de ausencias del Rey Juan Carlos I cuando las leyes y los decretos eran firmados… por un plotter.

Con todo esto queremos decir que los militares debían conocer la nueva constitución y sabían, por tanto, que, según el marco legal, el apoyo del Rey era totalmente irrelevante para cualquier proyecto golpista. Por tanto, la polémica sobre el papel de Juan Carlos I el 23–F es completamente irrelevante. Simplemente no podía ponerse del lado de los golpistas, sino hacer todo lo que el gobierno (en aquel momento, secuestrado en el parlamento) o bien, en su defecto, el “gobierno provisional” (Comisión Permanente de Secretarios de Estado y Subsecretarios), reunida por Francisco Laína, entonces Director de la Seguridad del Estado. Constitucionalmente, el Rey solamente podía decir lo que este “gobierno provisional” le pidiera que dijera.

En aquel momento el “guardián de la monarquía” teniente general del Ejército de Tierra, Sabino Fernández de Campos, jefe de la Casa de Su Majestad el Rey. Conocía muy bien la constitución y las atribuciones reales. Bastante mejor que Tejero o Milans, que seguían considerando a Juan Carlos I como el “heredero de Franco” y, por tanto, el que más obligación tenía de respetar su legado. Además, habían olvidado que España, contrariamente a lo que ellos pensaban era una “república coronada” sin que el monarca tuviera ningún poder real y efectivo sobre institución alguna, incluidas las Fuerzas Armadas.

Cuando se hizo público que el sanchismo iba a publicar “papeles reservados” sobre el 23–F, muchos observadores pensaron que se trataba de un nuevo torpedo lanzado contra la monarquía, cuando en realidad, era todo lo contrario, como ya hemos mencionado: una declaración de paz con la institución, a la que Sánchez había exigido mucho en los últimos meses. No es que Juan Carlos I hubiera actuado de mala fe hacia unos o hacia otros el 23–F: era que su opinión era completamente irrelevante desde el punto de vista constitucional. Juan Carlos I actuó de la única manera que podía hacerlo, tal como le indicó el “gobierno provisional” encabezado por Laína.

El resultado del 23–F fue una inmerecida exaltación de la figura del monarca. Bruscamente, el Rey que, hasta ese momento había sido objeto de todas las chanzas inimaginables por parte de la izquierda (“Juan Carlos I el breve” se le solía apostrofar), se convirtió en el “impulsor del cambio”, en el “hombre cuya serenidad desactivó el golpe”, en el personaje que requería la situación y que había salvado a España… No solo la democracia se asentó definitivamente, sino que la monarquía (en realidad, una república coronada) fue aceptada por la sociedad española y se despojó del sambenito de ser considerada como una “herencia” del franquismo.

TRAS EL FRACASO DEL GOLPE

Lo esencial del 23–F –y el efecto que se esperaba– no sucedió ese día, sino dos días después con la gigantesca manifestación en la que se vio a Fraga, Suárez, González, Carrillo, Camacho, todos juntos en unión portando la pancarta que certificaba que el Estado había sobrevivido al golpismo, a la crisis económica e incluso a sí mismo. ¡Por fin una manifestación que pudiera competir con las que las que la extrema-derecha había organizado en los tres años anteriores! La democracia estaba definitivamente estabilizada, quedaba sólo para certificar la “normalidad” el que los socialistas llegaran al poder. Lo hicieron poco después y a ellos les correspondió acometer el resto de reajustes que nos homologarían junto a cualquier otro país de Europa Occidental: reajuste económico, integración en la OTAN y luego en la Unión Europea, etapas que el PSOE cumplió sin decepcionar expectativas depositas en él.

Los “golpistas” habían salido de sus madrigueras y habían sido cazados. Recibirían castigos ejemplares y pasarían años de cárcel, perderían sus carreras y serían arrojados al Tártaro por siempre jamás… Antonio Tejero pasó un total de 15 años y 9 meses en prisión por el asalto al Congreso del 23–F. Obtuvo el tercer grado en septiembre de 1993 y salió en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996. Fue el último de los procesados por el 23–F en ser liberado. Antes, había pasado siete meses en prisión anteriormente (entre 1978 y 1979) por su implicación en la Operación Galaxia. El general Jaime Milans del Bosch pasó un total de 9 años y 127 días en prisión. Salió en libertad condicional el 1 de julio de 1990, tras haber cumplido una cuarta parte de su condena (atendiendo a beneficios penitenciarios y su edad, ya que entonces tenía 75 años). Nunca solicitó el indulto ni se retractó de sus acciones. Falleció en Madrid en 1997. El general Alfonso Armada pasó un total de 7 años y 10 meses en prisión por su responsabilidad en el golpe de Estado del 23–F. Condenado a seis años de prisión en 1982, el Tribunal Supremo elevó su pena en casación a la máxima de 30 años de reclusión por el delito de rebelión militar. El Gobierno de Felipe González le concedió el indulto por razones de salud (sufría una dolencia cardíaca) y tras haber acatado la Constitución. Salió en libertad el 23 de diciembre de 1988 y falleció el 1 de diciembre de 2013 a los 93 años de edad. Finalmente, el coronel José Ignacio San Martín López pasó un total de 5 años y 4 meses en prisión. Inicialmente condenado a 10 años de reclusión por un delito de rebelión militar que el Tribunal Supremo elevó posteriormente salió en libertad definitiva el 27 de junio de 1986. Falleció en Madrid en junio de 2004 a los 79 años.

A partir del 23–F ningún golpe de Estado era ya posible en España. Tal era el resultado de la que hemos llamado “la quinta red”: el CESID y su “no golpe para hacer imposible todos los golpes”.

Yo mismo lo comprobé cuando se cumplí el primer aniversario del 23–F. Había regresado de Iberoamérica y todavía me encontraba en clandestinidad. Había vuelto con la intención de comprobar si había quedado algo en pie de aquellas tramas (que, por entonces, veía todavía de manera confusa). Quedaban rescoldos, sin embargo, algunos militares seguían conspirando y pude comprobar que disponían de algunos fondos. En esos mismos días, los restos del Frente de la Juventud recibieron de esos medios una cantidad que, no estoy muy seguro, de si fueron 100 o 200.000 pesetas para que sus militantes organizaron algo de “ruido” ante el parlamento al cumplirse el primer aniversario.

Y era raro que subsistieran tales rescoldos, porque se trataba de oficiales que, como decíamos antes, “habían salido de la madriguera” el 23–F (especialmente en el Gobierno Militar de Madrid que estuvo “sublevado” durante unas horas el 23–F y a los que se menciona con nombres y apellidos en uno de los documentos desclasificados fechado el 14 de abril de 1981). Incluso seguían manteniendo contactos con medios “porosos” de extrema–derecha, sin ningún tipo de medidas de seguridad. Uno de estos oficiales, muy conocido por lo demás, con el que me encontré entonces y que luego resultó asesinado por ETA, me propuso reunirnos en su domicilio particular, aun sabiendo que yo seguía en busca y captura y él debía estar, necesariamente vigilado. Al cabo de tres días volví a Iberoamérica y fue en el siguiente viaje de regreso, en septiembre de 1983 cuando, a poco de llegar al aeropuerto del Prat, leí en el ya desaparecido Noticiero Universal, el titular destacado: “Ante la previsible victoria socialista, ruido de sables”…

El artículo aludía a la llamada “Operación Cervantes”, protagonizada por los hermanos Jesús y José Enrique Crespo Cuspinera (coronel de artillería y teniente coronel de infantería, respectivamente), junto al coronel Luis Muñoz Gutiérrez, proyecto golpista que debía ejecutarse el 27 de octubre de 1982, planeado para vísperas de las elecciones generales que dieron la victoria al PSOE. En el domicilio de José Enrique Crespo Cuspinera se halló un maletín con más de 500 folios que detallaban minuciosamente el despliegue militar y los objetivos de la insurrección. Los tres militares fueron detenidos el 2 de octubre de 1982, apenas tres semanas antes de las elecciones. En 1984, un consejo de guerra los condenó a 12 años y un día de prisión por un delito de conspiración para la rebelión. Jesús Crespo Cuspinera falleció poco después, en marzo de 1986, mientras cumplía condena. Su hermano obtuvo la libertad provisional en diciembre de 1986.

Según la versión oficial, la intentona golpista fue descubierta por las frecuentes visitas que realizaba el coronel Luis Muñoz Gutiérrez, a los condenados del 23–F, lo que, entre otros muchos datos, informaciones y delaciones, permitió a los servicios de inteligencia detectar la nueva trama en la que participaban estos oficiales. Me consta, por ejemplo, que la trama era conocida desde el principio gracias a las escuchas que instalaron los servicios de seguridad del Estado en una sastrería sita en un pasaje del centro histórico de Madrid, propiedad de un antiguo miembro de Fuerza Nueva. Los conspiradores habían llegado a distribuir “alcaldías” y “gobiernos civiles” a miembros de la extrema–derecha. Hubieran podido ser desarticulados en cualquier momento, pero el gobierno de la época, presidido por Lepoldo Calvo Sotelo, decidió jugar una última carta para evitar su derrota. El titular del Noticiero Universal lo resumía a las claras y venía a decir: “si ganan los socialistas, el ejército no se conformará y golpeará de nuevo, la Operación Cervantes es la prueba”, con su conclusión implícita: “si queréis que la democracia siga, debéis votar a UCD”. Para recurrir a este “relato” fue por lo que no todas las ramas del 23–F fueron podadas. El golpismo había dejado de ser un peligro para la democracia y se había convertido en un peligro solo para los propios golpistas…

Para colmo, la operación del 23–F tuvo un corolario final: demostrar que los “golpistas” suponían una exigua minoría en la sociedad española. Para eso era preciso cuantificarlos. Y para ello se improvisó un partido político, en un momento en el que existía una miríada de partido de extrema–derecha. Recuerdo que a finales de septiembre de 1982 me encontraba todavía en Bolivia.

En la oficina de prensa de la Presidencia del Gobierno, uno de los télex empezó a tabletear una noticia procedente de España: eran las candidaturas que se presentaban a las elecciones del 28 de octubre. Me sorprendió que la candidatura de Unión Nacional (Fuerza Nueva + Falange) no se volviera a presentar unida, sino que cada grupo lo hizo por su cuenta. Además se presentaban otras candidaturas falangistas, la Falange Española Independiente, la Falange Asturiana, la Candidatura de Unidad Falangista, el Movimiento Católico Español, el Partido Proverista, y una sigla nueva y desconocida: “Solidaridad Española”. Luego supe que era la candidatura constituida en torno a Ángel López–Montero Juárez, abogado de Tejero. Su idea era que su defendido se beneficiara de la inmunidad propia a los diputados… Tejero accedió a encabezar la candidatura, sin calcular que su candidatura no solo no alcanzaría los mínimos para obtener un acta de diputado, sino que, además, dispersaría aún más el voto de extrema–derecha, como así ocurrió: no solo fue una mala idea, sino la peor defensa posible, confirmó que las 32 candidaturas que lograron presentar, apenas obtuvieron 28.451 votos, el 0’14%. Esta “hábil maniobra” sirvió solamente para demostrar el casi inexistente apoyo al “golpismo”, tal como establecieron los medios de comunicación.

*      *      *

A nadie se le escapa que estas notas rápidas sobre el 23–F tienen “huecos”. No practicamos el “periodismo de investigación”, ni estamos para filtrar datos que no hayamos conocido directamente o a través de medios de comunicación convencionales que hayamos podido confirmar. Estas notas han sido dictadas por un doble imperativo: el aniversario del 23–F y, de manera muy preferente, recordar a la figura del Teniente Coronel Tejero cuyo patriotismo, tan sincero como absoluto e ingenuo, le colocó en un papel de protagonismo que él nunca buscó ni hubiera deseado. No supo ver la diferencia entre "PREPARAR" la toma del Congreso y "REALIZAR ÉL MISMO", esa acción. Otro tanto le ocurrió a Miláns del Bosch y a quienes dieron el paso al frente: fueron fieles a la palabra dada. Pero, precisamente por eso fracasó el 23-F y eso, por sí mismo, explica el porqué otros altos mandos comprometidos entendieran que lo que veían sus ojos a las 6:22 del 23-N y el "se sienten coño", no era lo que esperaban ver. 

La vida de Tejero fue un “permanente acto de servicio” a la idea que se hizo de España. Obviamente, se equivocó, pero, nadie le podrá reprochar que, él y los suyos, tuvieron el valor suficiente para actuar. Descanse en paz.

Jueves, 2 de abril de 2026 (último día de Cuaresma)

 

  









45º Aniversario del 23–F, fallecimiento del Tte.Cnel. Tejero y desclasificación de documentos (4ª parte) - LOS DOS ELEMENTOS OLVIDADOS DEL 23–F

 

Todo lo anterior parece bastante lógico y dista mucho de ser inextricable. Es bastante lógico y los elementos que faltan son detalles que, a fin de cuentas, no tienen gran importancia. La mayoría de todo lo que he reportado se ha publicado y puede ser identificable a través de la hojarasca y de los bosques generados por el mismo tema mediante libros con “datos novedosos” y documentos tan desclasificados como irrelevantes. Pero existen dos datos básicos a los que no se les suele prestar atención y que, en la práctica, se han olvidado casi completamente, siendo fundamentales para una comprensión integral del 23–F, su mecanismo y su elemento táctico desencadenante. Veamos cuáles son:

1) En octubre y noviembre de 1980, el Teniente Coronel Antonio Tejero, compra en el rastro de Madrid unas cuantas decenas de casacas de camuflaje procedentes de deshechos militares de saldo en el rastro madrileño.

2) A finales de diciembre de 1980, Tejero compró seis autobuses de segunda mano, procedentes de la empresa de transportes Larrea, con un crédito firmado por su esposa.

Estos dos elementos certifican, muy a las claras, que, en el diseño original del 23–F, Tejero no preparó el asalto al Congreso de los Diputados para ser ejecutado por Guardias Civiles: a fin de cuentas, estos ya disponían de uniformes y de autobuses propios y era absurdo gastar un dinero pedido a crédito en medios de transporte que estaban al alcance de cualquier jefatura de la Guardia Civil y, más aún, si, como ocurrió el 23–F, la fuerza que entró en el parlamento procedía de la Agrupación de Tráfico de la calle Príncipe de Vergara, en donde no faltaban ni uniformes ni autobuses propios.

Los autobuses fueron abandonados en la Academia de Guardias Jóvenes de Valdemorillo en donde años después, el hombre de confianza de Tejero en Cataluña y yo mismo fuimos a buscarlos a la vista de que el subastero Alberto Royuela los había comprado. Ariano Sánchez Covisa recibió de Royuela algo así como 100.000 pesetas para que los mecánicos hicieran una puesta a punto que permitiera conducirlos por carretera hasta Barcelona. Los autobuses, estaban, literalmente, destrozados en su interior, habían pasado años a la intemperie y con algunas ventanas abiertas. Llevados, finalmente a Barcelona, Royuela los almacenó en un descampado próximo al Prat de Llobregat y, finalmente, convertidos en chatarra.

Pilar Urbano dice en su libro que “los autobuses no se utilizaron por las prisas” y Jesús Palacios soslaya la cuestión diciendo simplemente que “no se utilizaron”. Ambas respuestas insuficientes porque Pilar Urbano presente unas horas antes de la irrupción en el Congreso, muy tranquilo jugando al ajedrez: no hubo “precipitación”. Respuestas de circunstancias y, a todas luces, incorrectas: ¿Por qué no se utilizaron aquellos autobuses ni aquellas casacas? Respuesta correcta: porque Tejero, inicialmente no pretendía tomar el parlamento con fuerzas de la Guardia Civil.

Si se acepta como buena esta respuesta, estamos obligados a formular otras dos cuestiones. La primera y más importante es: entonces ¿quién debía realizar la “toma del Congreso”? Lo que nos lleva a una cuestión más importante aún: ¿Cuál era el diseño estratégico de la operación general? Una no puede ser respondida sin la otra.

EL DISEÑO ESTRATÉGICO DEL 23–F

Lo más incoherente del 23–F fue la “versión oficial”, que, más o menos, es esta: “un grupo de guardias civiles entra en el congreso de los diputados y secuestra la gobierno y a los parlamentarios; en ese momento, el ejército sale a la calle para salvar al país… de una situación que el mismo ejército ha generado” (no olvidemos que la guardia Civil es un cuerpo militarizado). Absurdo. No hay “relato” posible. De ser así, hubiera bastado una simple llamada de algún oficial de rango superior al teniente coronel Tejero ordenándole abandonar el Congreso. No era necesario que los tanques salieran a la calle y, por lo demás, una vez liberados los diputados y el gobierno, ya no hubiera existido excusa para que los militares siguieran en el poder…

El problema de los golpistas era cómo construir un “relato” convincente que hiciera absolutamente necesaria su salida de los cuarteles. Y aquí entramos en el tercer misterio no resuelto: ¿por qué, algunas capitanías generales estuvieron dispuestas para salir a la calle el 23–F?, y ¿por qué, al final, solamente salieron los tanques en Valencia?

Existe una respuesta excepcionalmente simple y tan clara como el agua de un manantial de montaña: todos los militares comprometidos con el golpe esperaban una “acción terrorista de envergadura” para la tarde del 23–F. Los testimonios, especialmente en la Brigada Acorazada, no dejan lugar a dudas. Y no dudamos de que, de haberse producido esa “acción terrorista”, casi todas las capitanías generales se habrían puesto en movimiento para alcanzar sus objetivos y tomar el control del país… Pero ¿por qué no ocurrió así? ¿Fue por cobardía por lo que capitanes generales y mandos de tropa que se habían comprometido con la operación dieron marcha atrás? Respuesta: porque, en lugar de aparecer en el congreso un grupo terrorista, inicialmente no identificado, pero que podía ser del GRAPO, del antiguo FRAP, de ETA o, incluso de extrema–derecha… ¡Apareció el teniente coronel más conocido en toda España con su tricornio, sus mostachos, al frente de una fuerza militar disciplinada y organizada…! Chasco, confusión, perplejidad y decepción…

En otras palabras: el golpe de Estado fracasó, simplemente, porque no sucedió lo que los militares comprometidos pensaban que iba a suceder. Y entonces se produjo el esperpento: fracasado el elemento táctico de la operación, ya no tenía sentido continuar con la estrategia prevista de ocupación de centros de poder. El golpe no aparecía como “presentable”, ni para la opinión pública nacional, ni para los centros de poder internacional.

Ahora puede entenderse mejor porqué hemos insistido, en el parágrafo anterior sobre los cuatro golpes superpuestos, en que ni Tejero, ni Milans, conocían los mecanismos de la política; incluso, para Armada, “la política” se reducía a una serie de cenas protocolarias con políticos locales intimidados por la personalidad del que sabían que era “general” y “hombre del Rey”. Para todos ellos, el golpe de Estado era un fin en sí mismo, una operación exclusivamente “militar”, cuando, en realidad, un golpe de Estado es una operación cívico–militar en la que el elemento armado solamente entra en juego en el momento mismo del golpe, para, acto seguido, desplazar todo su peso, hacia la parte “política”.

En 1981, era evidente que no existían las condiciones necesarias para un “gobierno militar” como quería Milans y, mucho menos, como quería Tejero, con un gobierno presidido por un militar con apoyo de los grupos de extrema–derecha. Y eso era más que evidente: los principales detractores de los golpes militares que habían tenido lugar en Iberoamérica en aquellos años (Argentina, Chile y Bolivia) fueron los EEUUU. En Bolivia, el gobierno americano realizó un férreo cerco económico y una campaña de desprestigio desde el primer momento en el que se produjo el golpe del General García–Meza en julio de 1980; a lo largo de 1979 y 1980, el gobierno de Pinochet fue muy duramente atacado hasta lograr la destitución del General Manuel Contreras, jefe de la DINA. La misma presión se ejerció contra la dictadura militar argentina, primero con la excusa de los “desaparecidos” y, posteriormente, se indujo al régimen militar a que ocupara las Islas Malvinas, prometiendo el apoyo de Washington que, en la práctica, desapareció por completo y la derrota argentina entrañaría el fin del régimen militar. No es cierto, por tanto, que, ni la administración Carter, ni la administración Reagan apoyaran a los regímenes militares: en realidad, apoyaban solamente a gobiernos que no se opusieran a las exigencias político–económicas de Washington. Y el problema no era tanto que la élite militar iberoamericana se hubiera formado en la Escuela de las Américas, sino que, la inmensa mayoría de esos militares, formados en las técnicas antisubversivas, ¡eran también muy nacionalistas! Para Washington resultaba mucho más sencillo manejar esos países a través de gobiernos democráticos de derechas, de centro–derecha o incluso de centro–izquierda. Personalmente, he visto como en la Bolivia de 1980–1982, los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, guerrilleros diez años antes, literalmente se peleaban por asistir a las recepciones que daba la embajada norteamericana.


Teniendo todo esto en cuenta, cabe preguntarse ¿qué tenían en mente los cerebros más lúcidos entre los militares golpistas? Y es aquí donde tenemos que volver, necesariamente, al “grupo de los coroneles” dirigido por el Coronel San Martín.

Personalmente, tengo la convicción moral de que San Martín fue el autor del plan inicial. Tenía experiencia suficiente para ello, conocimientos e información y había impulsado “operaciones encubiertas” y maniobras de “intoxicación informativa” durante su paso por el SEDEC. (Recuerdo que, tras el atentado de ETA en la calle del Correo en Madrid, cuando esta organización negó su autoría para desvincularse de una acción terrorista ampliamente impopular –13 víctimas mortales, solo uno era policía, y más de 70 heridos–, San Martín reaccionó filtrando un falso “diario de Argala”, el entonces jefe de ETA que fue reproducido por el semanario El Mundo (propiedad de Sebastián Auger); en ese falso diario se afirmaba, que, además de ser ETA responsable del crimen, mantenía contractos con ¡el PENS!, con ese PENS que el mismo San Martín había facilitado su creación y cuyas revistas y panfletos se imprimían en las oficinas de Barcelona del propio SEDEC…). Y es que, para un servicio de inteligencia, “verdad” y “moralidad” no son palabras que deban tenerse en cuenta. (ETA, por cierto, reconoció ser autora del crimen en 2018. Los dos etarras que colocaron los 30 kilos de explosivos, Bernard Iturbe y María Lourdes Galarraga, viven hoy en el Sur de Francia y nunca pasaron ni un solo día en prisión por el crimen). 

San Martín era perfectamente capaz de plantear la operación “toma del Congreso” en términos parecidos: el “casus belli” es la toma del congreso por un grupo civil terrorista, fuertemente armado… y es entonces cuando la “operación” empieza a tener sentido. Ante la alarma generada en la opinión pública, el ejército sale a la calle para mantener el orden. ¿Y luego? Luego el ejército impone sus condiciones a la presidencia del gobierno: cambios ministeriales, mayor control sobre el PCE, liquidación de ETA y del GRAPO. El golpe no desemboca en un gobierno militar–militar, ni mucho menos militar–ultra, como querían Milans y Tejero respectivamente, sino que se reduce a una presión ejercida sobre el gobierno por el estamento militar, tal como quería el “grupo de los coroneles”. Se salvaban las formas ante los países extranjeros, la constitución seguía en pie (acaso con alguna leve modificación), y se lograba la rectificación política, salvando la imagen democrática…

Pero esto solamente era posible si era un “grupo terrorista” el que entraba en el congreso; en absoluto, si el Guardia civil más conocido de toda España, aparecía ante las pantallas de todas las salas de banderas, capitaneando la acción. ¿Entienden por qué Tejero había comprado autobuses y casacas militares? ¡Hasta el día antes del golpe su misión era, solamente, “preparar” la toma del congreso, no tomarlo él, personalmente!

 

  









45º Aniversario del 23–F, fallecimiento del Tte.Cnel. Tejero y desclasificación de documentos (3ª parte) - LA QUINTA RED. OBJETIVO: EL FRACASO DEL GOLPE

¿Y el 5º proyecto? ¿en qué consistía? Aquí estamos en la “Zona 0” de todos los equívocos que se han producido en las interpretaciones sobre el 23–F. Entre los detenidos por su participación en el 23–F figuraba el Comandante Cortina, entonces director de Operaciones Especiales del CESID, embarcado en la especial operación de organizar el no–golpe, o lo que hemos definido como el ”golpe para acabar con todos los golpes”.

Cortina, a poco de salir de la Academia Militar, se descolgó inexplicablemente, como ya hemos visto, adiestrando a un grupo de falangistas en las técnicas de la guerrilla rural. Los alegres falangistas de Cortina (que entonces utilizaba el alias de ”Restarazu” y su hermano el de ”Roncal”, ambos de resonancias vascas) se entrenaban en la Casa de Campo y recibían formación sobre las distintas corrientes tercermundistas con las que los falangistas se sentían más identificados. Nunca sumaron más de 200 personas que utilizaban el nombre de Fuerza Social Revolucionaria en sus panfletos, aunque entre ellos aludieran a “la familia”. El grupo estaba dirigido por los dos Cortina y por un tercer personaje, no menos misterioso, Esteban Sierra Muñiz, que vivía en Francia. En el curso de la peripecia de este atrabiliario grupo contactó con Julio Alvárez del Vayo, capitoste republicano en el exilio y que aparecía como ingrediente esencial en todas las salsas antifranquistas de la época, contra más extremistas mejor. Del Vayo –del que Azaña dijo que era un ”tonto con ideas” y en eso seguía– había ido creando grupos fantasmales: que si Tercera República, que si el Frente Español de Liberación Nacional (FELN)… y en eso estaba cuando Sierra Muñiz lo contactó en París (posteriormente sería el mascarón de proa del FRAP).

Los contactos de la “Fuerza Social Revolucionaria” con Álvarez del Vayo se produjeron en 1964. Pocas semanas después, en junio del mismo año, la policía lograba detener a Andrés Ruiz Márquez (a) “Coronel Montenegro”, un pobre diablo, prácticamente el único miembro del FELN en el interior de España que había sembrado el país de pequeños artefactos explosivos, firmados con la sigla de la organización. Cargado de explosivos en la calle Serrano, condenado inicialmente a muerte, conmutada la pena por prisión a perpetuidad, solo salió a la calle con la amnistía de 1977. Prácticamente ilocalizable, la única forma de detener a un solo individuo sin contactos, era mediante la creación de un grupo favorable a la “lucha armada”, (la Fuerza Social Revolucionaria) con la que el FELN podría ampliar sus acciones… El “gancho” produjo su efecto sobre Álvarez del Vayo y entrañó la “caída” del “Coronel Montenegro”. Fue una brillante operación de inteligencia. Sin más. Pero, el hecho de que TODOS los que participaron en ella volvieran a estar presentes el 23–F, indica que esta red se había mantenido en pie desde 1964 hasta 1981: ¡17 años!

Dado que la "Fuerza Social Revolucionaria" era casi una “empresa familiar” de los Cortina no era raro que otro de sus dirigentes, Fernando Cadarso Preciado, estuviera también emparentado con ellos

Los testimonios de Cadarso y de Sierra Muñiz fueron claves en la defensa del Comandante Cortina tras el 23–F. Cadarso era un amigo personal y colaborador estrecho de Cortina. En el contexto del juicio, fue identificado como una de las personas que mantenía contacto frecuente con el comandante, lo que sirvió a la defensa para intentar demostrar que las actividades de Cortina eran de carácter personal o social y no conspirativas. Declaró que el domingo 22 de febrero (el día previo al golpe), llamó a Cortina a su residencia en El Escorial. Según su testimonio, el objetivo de la llamada era informarle sobre asuntos de interés o “novedades”, reforzando la coartada de Cortina sobre su paradero y ocupaciones ese fin de semana. Aunque era civil, fuentes periodísticas y libros de investigación (como los de Jesús Palacios o Pilar Urbano) sugieren que Cadarso formaba parte de una red de colaboradores no oficiales que la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) utilizaba para pulsar el ambiente en sectores civiles involucionistas.

Esteban Sierra Muñiz, testificó también a favor de Cortina en el Juicio de Campamento por los sucesos del 23–F (Causa 2/81).  Durante la vista oral, declaró haber mantenido contacto con Cortina los días previos al golpe; declaró haber llamado al comandante la noche del 21 de febrero para concertar una cita el domingo 22, día en el que, según algunas versiones, se habrían ultimado detalles logísticos. Sierra Muñiz declaró que el comandante le invitó a cenar esa noche, pero que él declinó la invitación. Trabajos periodísticos posteriores han señalado que era “colaborador civil” del CESID. Por su parte, Fernando Cadarso Preciado fue una figura civil clave en la defensa del comandante José Luis Cortina durante el juicio por el golpe de Estado del 23–F. Al igual que Esteban Sierra Muñiz, su relevancia reside en su testimonio para reconstruir los movimientos de la jefatura de la AOME (inteligencia del CESID) en las fechas críticas del golpe. Formaba parte de una red de colaboradores no oficiales que la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) utilizaba para pulsar el ambiente en sectores civiles involucionistas. Estas declaraciones tendían a desmentir la posibilidad del encuentro en el que Tejero habría recibido la orden del comandante Cortina de tomar el Congreso al día siguiente, el 23–F.

El quid de la cuestión es que Tejero declaró que había recibido taxativamente la orden de tomar él mismo el Congreso de los Diputados en el 1.º C del edificio situado en la calle de Biarritz, número 2, en Madrid. Mientras que Tejero mantenía que la reunión tuvo lugar allí, el comandante Cortina siempre lo negó, asegurando que nunca se había visto con Tejero en ese domicilio. Esta discrepancia fue uno de los puntos clave del juicio, ya que Cortina fue finalmente absuelto al no poderse probar fehacientemente dicho encuentro. Dos años y medio después del 23–F, el 1 de agosto de 1983, el piso fue escenario de un incendio provocado por los asaltantes para ocultar el asesinato de Antonio Cortina (padre), quien se encontraba solo en la vivienda en ese momento. A pesar de que se habló de una “venganza” de extrema–derecha por la participación del comandante cortina el 23–F, lo cierto es que se trató de un crimen protagonizado por delincuentes habituales.

Los partidos de izquierda y la prensa, en las jornadas posteriores, al 23–F aludieron constantemente a la “actitud sospechosa” del CESID en el golpe y a que varios de sus exponentes se habían visto implicados en la trama. Y así era, en efecto: pero no en una “trama golpista”, sino, más bien en el “golpe para acabar con todos los golpes”. Habitualmente, en los puestos claves de la seguridad del Estado, los gobiernos tienden a colocar a los responsables que consideran más “seguros” y de fidelidad demostrada. En el momento en el que se produjo el 23–F, el CESID estaba dirigido por el coronel Narciso Carreras que ocupaba el cargo de forma accidental desde mayo de 1980. Su gestión finalizó el 22 de mayo de 1981, cuando el Gobierno de Leopoldo Calvo–Sotelo nombró al entonces teniente coronel Emilio Alonso Manglano como director titular. En otras palabras, en el momento del golpe, el “hombre fuerte” del CESID no era el coronel Carreras, sino el Comandante Cortina. El “informe Jáudenes”, encargado por Carreras en el mes de marzo de 1981, estableció que ningún miembro del CESID había participado en la trama. Y eso era, relativamente cierto: en efecto, ninguno había trabajado para el triunfo del golpe de Estado, pero, sin embargo, si habían participado en las distintas tramas golpistas, unos con fines de información y otros con fines de neutralización. “El que quiere peces, necesariamente, debe mojarse”, dice otro viejo adagio frecuentemente empleado en inteligencia.