viernes, 14 de diciembre de 2018

365 QUEJÍOS (222) EL "PROCES" DESCONTROLADO Y TERMINAL


¿Os acordáis del “procés”? Es como la abuela que cumplió 114 años: se ha muerto. En efecto, el “procés” se ha ido diluyendo en el año que termina y ahora solamente queda certificar su defunción, retirar los trapos colgados de los balcones, esperar que los lazos amarillos se los lleve el viento, los servicios de limpieza municipales o ciudadanos hartos de ver sus ciudades afeadas por pobres diablos cuyo único proyecto consiste en exteriorizar su existencia mediante el amarillo. En otras ocasiones ya hemos dicho que, el otrora llamado “procés”, se encuentra en una fase de sectarización y liquidación. Y, como suele ocurrir en estos casos, los más prudentes han dado un paso atrás y han dejado que los resortes de poder los ocupen los más irresponsables que, suelen ser, al mismo tiempo, los más cenutrios. Ahí está Kim-il-Torra para demostrar que con Puigdemont la “rauxa” catalana todavía no había tocado fondo. El día 21 de diciembre -fecha en la que el irresponsable okupa de La Moncloa ha convocado un consejo de ministros en Barcelona, dando la posibilidad a la extrema-izquierda independentista para realizar su guerrilla urbana- vamos a ver si hay algún elemento nuevo, o, incluso sus propios mentores, reconocen que ya no hay mas cera que la que arde. Vale la pena realizar algunas consideraciones sobre esta fase del “procés”, cuando ya no hay nadie con grado suficiente al timón y “negras tormentas agitan los aires”…

DEL CENTRO A LO EXCÉNTRICO: CDC -> ERC -> CUP

Recordemos: inicialmente fue el “nacionalismo moderado” de CDC quien impulsó el “procés”, a la vista de los juicios por corrupción que se acercaban contra sus cúpulas y de que el Estado se encontraba en 2010-11 en su peor situación y ya no podía acceder al chantaje permanente de CiU. Pero, poco después, cuando CiU ya sentía el aliento de ERC en el cogote y se daba por cierto que iba a producirse el “sorpasso” de ésta, optó por el radicalismo (que parecía estar en el ambiente con la aparición del movimiento del 15-M y de “los indignados”).

Es falso que los procesos por corrupción no afectaran a CiU: de hecho, culminaron en la desintegración de esta coalición y en la descomposición de sus dos fracciones, una de las cuales, el PDCat es judicialmente considerado como heredero y co-responsable de las medidas judiciales que afectan a CDC. Esto hizo que, a poco de iniciado el proceso, el eje fuera pasando, poco a poco, de CDC a ERC, partido con una línea política, más minoritaria, pero más constante que los “nacionalistas moderados”. Además, era lógico: la fecha-fetiche de 2014, trescientos aniversario de la entrada en Barcelona de las tropas borbónicas, que había previsto su antiguo Secretario General Carod-Rovira para alcanzar la independencia, estaba a la vuelta de la esquina. A partir de 2014, ERC fue la que tiro del carro del “procés”.

La astucia parece haber sido la única herencia dejada por Pujol a su partido y de ella se apropió un personaje, en condiciones normales, irrelevante, gris, sin oficio ni beneficio, con un historial en el que no había lugar a tesis doctorales plagiadas, sino que apenas tenía el COU, dos carreras empezadas y abandonadas en el primer curso, procedente de la “Catalunya profona”. Cuando ERC hubiera podido liderar en solitario el “procés” y anular por completo a exCDC, Oriol Junqueras cometió el error de acceder a ir a las elecciones autonómicas en una lista unitaria en la ERC renunciaba a la hegemonía política ¡porque creía verdaderamente que era posible alcanzar la independencia y aspiraba a una lista unitaria… encabezada por Puigdemont! La astucia pueblerina de Puigdemont, legado del pujolato, lo encumbró a presidente de la Generalitat y luego a residente permanente en Waterloo. Pero ERC, pronto, se dio cuenta del error y, a partir de ese momento, se rompió el “frente unido independeta”.

A partir del segunda seudo-referéndum, en 2016, cuando los tribunales entraron en acción, el “nacionalismo moderado” ya no existía: el PDCat había asumido las tesis del aprendiz de pastelero encumbrado a “President”: “ser más independentistas que ERC y llevar la independencia a sus últimas consecuencias”. Los dirigentes de ERC, presos desde hace algo más de un año, perdieron completamente el control de la situación y permanecen a la espera de nuevas elecciones en las que han manifestado, por activa y por pasiva, que nunca más irán en coalición con sus competidores.
A partir de la “huelga general” posterior al frustrado segundo seudo-referendum, se evidenció que el motor de lo que quedaba del “procés” estaba pasando a manos de los sectores más radicales. Y estos se engañaban sobre su fuerza: aquello no tuvo nada de “huelga general”, sino que fue, tan solo, un embotellamiento.

Tras el levantamiento del artículo 155, Kim-il-Torra se hizo cargo del poder. ¿Experiencia política? Nula. ¿Liderazgo sobre los grupos independentistas? Cero. ¿Proyecto político? Independencia ultrancista. ¿Modelo? Los sectores más minoritarios, extremistas y desaprensivos del independentismo en los años 30… ¿Resultado? La pérdida absoluta de rumbo, la adopción de posturas cada vez más irresponsables, la pérdida creciente de apoyos, la falta de “autoridad” en la administración catalana, el hartazgo creciente de sectores cada vez más amplios de la población, hartos de lacitos, hartos de un gobierno incapaz de entender que hay una vía que permanece cada vez más cerrada y un apoyo prácticamente sólo de la CUP (para la ocasión convertida en CDR) y del asociacionismo que come de la mano de la Generalitat.

Y así es como se llega al órdago del próximo 21-D.


21-D, NUMANCIA EN BARCELONA: BUSCANDO EL MUERTO

Que la situación ya no puede alargarse mucho más parece claro, incluso para la CUP. “O Caixa, o faixa”, como se dice en Cataluña: o independencia ya o larga agonía (como el proceso que ha desintegrado por completo al independentismo quebecois en Canadá). Y para ello hace falta poner el pie en el acelerador. Pedro Sánchez les ha inspirado: el 21 de diciembre (es decir, en una semana) tendrá lugar el Consejo de Ministros en el edificio de la Lonja de Barcelona (gótico por dentro, neoclásico por fuera… trampantojo arquitectónico que encubre otro tanto en el plano político).

El porqué de esta estúpida iniciativa es algo que deriva del resultado de las elecciones andaluzas: si Cs y Vox han obtenido excelentes resultados en aquellas elecciones se debe a su postura inequívoca, clara y diáfana sobre la cuestión catalana: Cs “aplíquese la ley”, Vox “supresión de las autonomías”. Y ha calado en el electorado andaluz harto de que sus familias residentes en Cataluña les pinten el cuadro del país de Kim-il-Torra. De hecho, lo que ha hundido al PSOE en Andalucía, no ha sido la corrupción consuetudinaria al régimen socialista de aquella comunidad, sino los hechos de Cataluña. Y el okupa de La Moncloa ha decidido contratacar con una batería de medidas partidarias, la primera de las cuales consiste en convocar el consejo de Ministros en Cataluña. Era la ocasión que las CUP esperaba para una movilización que les puede aportar el muerto que llevan meses buscando para lograr una “mayor sensibilización” (está claro que en Cataluña existe “libertad” y que el Estado no es un régimen dictatorial, pero el muerto es lo que escenificaría la “represión” de cara a la opinión pública internacional).

La jornada de incidentes está cantada y hará falta ver cómo soportan los Mossos d’Esquadra la ausencia de órdenes de la “superioridad”, el dejarlos acartonados soportando insultos, pedradas, lanzamientos de bolsas de pintura y demás lindezas y la perspectiva de ser despreciados por las CUP-CDR y considerados como la policía más inútil de todo el Estado por los otros, incapaz de restablecer la normalidad en la ciudad. A los Mossos, les ha tocado el papel más ingrato en todo este embrollo. Parece inevitable que se envíen a BCN a dotaciones de la policía nacional para mantener el orden. Desde luego, el lugar elegido para el Consejo es el más desafortunado de todos y favorable para que se produzcan incidentes (las callejas estrechas del casco antiguo se prestan para las acciones de guerrilla urbana.

Habrá un antes y un después del 21-D. Para Sánchez, en ese instante empieza la campaña electoral. Para los CDR, tener un muerto sería el regalo de Navidad sobre el que justificarían más movilizaciones y la renovación del victimismo propia de cualquier secta mesiánica.

LA CAMPAÑA ELECTORAL DE SÁNCHEZ EMPIEZA EL 21-D

¿Hasta cuándo se podrá mantener Sánchez en el poder? Probablemente, menos del que los restos de Franco tarden en ser trasladados fuera del Valle de los Caídos. Las elecciones andaluzas han sido un primer toque: lo peor, no es solamente que haya perdido el bastión andaluz (que junto con el también perdido bastión catalán garantizaban las mayorías absolutas socialistas), lo peor es que el conjunto de la izquierda se ha desplomado y, mucho peor aún que ha aparecido un “populismo” con Vox que, si bien todavía incorpora solamente votos de la derecha, puede ocurrir que, como ha ocurrido en toda Europa, suponga también un polo de atracción para descontentos con la izquierda-de-toda-la-vida. Para colmo, las cosas no les van mejor a los de Podemos, convertidos en casi la quintaesencia de la ineficacia con el “Kichi” al frente, seguidos por la corrupción zaragozana, las decisiones erróneas en los ayuntamientos de Madrid y Barcelona y el desencanto general de su electorado por lo que no ha terminado siendo más que una IU-bis.

Resumiendo:  la única esperanza que tenía Kim-Il-Torra de que unas próximas elecciones registraran una mayoría de izquierdas, se han disipado y el escenario que, incluso, un cenutrio puede prever, es que las próximas elecciones, sean cuando sean, las van a ganar los “unionistas”; y el PSOE va a reforzarse esta etiqueta. El Consejo de Ministros de BCN es el primer acto de Sánchez en esa dirección. Pero habrá otros.

Según cómo se desarrollen las cosas el 21-D, el artículo 155 puede aplicarse de nuevo. Sánchez necesita presentarse ante el electorado como el garante de la “unidad nacional”, o de lo contrario, no logrará remontar sus actuales insuficiencias electorales. Todo sea por ganar unas elecciones, perdidas de antemano. Y va a tener que esforzarse: Kim-il-Torra es el tonto útil sobre el que podrá tomar como “chivo expiatorio” el okupa de la Moncloa. Dependerá de las órdenes que dé la Conselleria de Interior a los Mossos d’Esquadra el próximo 21-D que se ponga de nuevo en marcha el mecanismo del 155. Y este es el drama: que Kim-il-Torra se verá presionado entre lo que le pide el cuerpo (que los CDR asedien a los miembros del gobierno) y su obligación constitucional de asegurar el mantenimiento del orden en Cataluña. Lo primero implicará la aplicación del 155 en versión “hard”. Lo segundo, con los CDR apalizados por los Mossos, implicará aumentar la brecha de Kim-il-Torra con los que, hoy por hoy, son su único sostén: los independentistas de extrema-izquierda.

OPOSICION AL INDEPENDENTISMO VERSUS RECHAZO A LAS AUTONOMÍAS

Que los hados protectores de la tierra catalana no lo quieran, pero mucho nos tememos que el 21-D un muerto convendría tanto a los CDR, por las razones dichas, como al gobierno (para justificar la nueva aplicación del 155). Dramática esta siniestra lotería pre-navideña ¿verdad?

El “procés” está más que liquidado, pero falta enterrarlo. Ocurra lo que ocurra el 21-D, lo más probable es que cada vez más españoles y, desde luego, más españoles de Cataluña, se convenzan de que el “Estado de las Autonomías” es el gran fracaso de la democracia española. Dicha propuesta, estaba en el ambiente, pero no terminaba de coagularse: a fin de cuentas, centro-derecha y centro-izquierda han sido los partidos más beneficiados, junto a los nacionalistas, por el régimen de las taifas. Ahora la situación es diferente: la aparición de Vox hace que exista un polo de referencia y de protesta contra el desmadre autonómico. Por primera vez en 40 años, en las próximas elecciones generales vamos a ver cuántos españoles están en contra del sistema autonómico. El test será ilustrativo y puede generar en Vox ese cambio que necesita: de recoger solamente votos procedentes del PP, el “anti-autonomismo” puede aportarle esa transversalidad inherente a cualquier “populismo” del siglo XXI y que, por el momento, todavía está ausente en la formación de Abascal.

jueves, 13 de diciembre de 2018

365 QUEJÍOS (221) PSICOPATOLOGÍA DEL ANTIFASCISMO


Resulta siempre sorprendente lo mal que encaja la izquierda las derrotas: en Marinaleda la izquierda se ha movilizado para localizar a los votantes de Vox, en Cádiz la banda de colgaos del “Kichi”, alcalde de la villa”, salió a la calle en actitud no precisamente pacífica, hubo manifestaciones de la izquierda en toda Andalucía y la izquierda nacional española parece encogida por el escalofría que le produce la llegada de una forma de populismo a España. Pablo Iglesias (para la posteridad rebautizado merecidamente como Pablo Mezquitas) a los malos augurios sobre lo que va a suponer para Podemos la hecatombe que se le avecina en las próximas municipales, se le ha añadido el ser escracheado en Barcelona en la demostración más palpable de que quien “crea vientos, genera tempestades”. Pero siempre ha sido así: en 1934, la izquierda española, que había encajado mal la derrota electoral de noviembre de 1933, participó una insurrección armada contra la República (en nombre del “antifascismo”). Así que estas actitudes no son nuevas.

Hemos dicho “antifascismo”. ¿Hasta qué punto el “antifascismo” del que siempre ha hecho gala la izquierda es una consigna oportunista (en la España republicana, el “anti-fascismo” llegó antes que el “fascismo”) o más bien una patología del espíritu (una fijación obsesiva)? A esto último contribuye el hecho de que en 1945 el “fascismo” fue derrotado por las armas y, desde entonces, no ha existido “peligro fascista” propiamente dicho. Obsesionarse por una presencia fantasmal inexistente, es siempre un trastorno: y, oportunismos apartes, eso es lo que le ocurre a la izquierda europea. Vale la pena hacer un repaso sobre los motivos que le han generado esta tara mental.

Pero ¿qué es el fascismo?

Hablando con propiedad, el fascismo fue el movimiento político italiano creado por la fusión realizada por Benito Mussolini, de procedencia socialista, con los futuristas y con los nacionalistas italianos después de la Primera Guerra Mundial y que gobernó Italia durante 20 años, cohabitando con la monarquía de los Saboya y teniendo una prolongación de apenas dos años en la República Social Italiana. Así pues, históricamente, no hubo más fascismo que éste.

Desde el punto de vista de las tipologías políticas se conoce por generalización abusiva como “fascismo” a los movimientos que, en líneas generales, tienen un alto grado de similitudes con el fascismo italiano y en esto entran movimientos muy diversos, todos los cuales tienen como características comunes: nacionalismo, carácter de masas, interclasismo, respuesta al comunismo y voluntad de llevar a la práctica una política social avanzada que pudiera rivalizar con la agitada por la izquierda. Las componentes principales de estos movimientos -presentes en todas las formas de fascismo-, son sectores procedentes de la izquierda, de la burguesía y de los excombatientes de la Gran Guerra. Debemos al profesor Zeev Sternhell un formidable estudio sobre estos movimientos en su libro Ni derechas, ni izquierdas, no traducido en España (del hemos presentado algunos capítulos en la Revista de Historia del Fascismo).


Sternhell afirma que el roce con el poder y el ejercicio del poder, contaminaron al fascismo y lo desviaron de su esencia original. Por tanto, no es en Italia ni en Alemania donde puede estudiarse formas químicamente puras de fascismo, sino en Francia donde éste movimiento no llegó al poder (y por tanto, no rectificó su línea según las componendas necesarias en toda gestión del poder), pero sí tuvo una larga gestación ideológica muy anterior que se inicia con disidentes del socialismo (desde Proudhom a Henry de Man), con la aparición del nacionalismo integral de Maurras, con la “derecha revolucionaria” francesa nacida a finales del XIX y con los llamados “no conformistas de los años 30” (el grupo Ordre Nouveau, la Nouvelle Droite y Esprit). Para Sternhell no hay duda de que el fascismo fue un movimiento político de nuevo cuño, alternativa a la derecha y a la izquierda. Debemos recordar que el esfuerzo de objetividad en Sternhell es todavía más apreciable en la medida en que es de nacionalidad judía y profesor de la universidad de Tel Aviv.

Pero existe una tercera forma de fascismo, que, más que una catalogación política o ideológica supondría un adjetivo de propaganda lanzado contra tal o cual adversario. Se sabe, por ejemplo, que contra más virado a la izquierda está un partido, más amplio considera el espectro “fascista”. Para HB “fascismo” es, desde el PSOE hasta la Falange, pasando por el PP, el PNV y el turista que pasaba por ahí y que no había sido recibido con un aurresku. Antes de la Segunda Guerra Mundial vimos a los estalinistas llamar “social-fascistas” a los partidos socialdemócratas y, por extensión, fascismo sería toda forma de anticomunismo o de actitud de prevención contra el comunismo.

Quienes consideran la primera definición de fascismo (fascismo = Italia) se centran en el análisis histórico rigorista; quienes asumen la segunda (fascismo = movimiento genérico mundial), preferentemente, contemplan los aspectos ideológicos y doctrinales del fascismo. Ambas son posturas razonables que no presuponen una adhesión a los principios del fascismo ni a ninguna organización fascista. Es la tercera opción (fascismo = todo lo que no es lo propio) de la que ha salido el antifascismo entendido como psicopatología, esto es “enfermedad del alma” o “perversión de la mente”.

Si usted es “antifa”, colega, usted tiene un problema

Existe un antifascismo inercial: propio del ciudadano medio que sigue pasivamente la política, no se preocupa ni por adoptar una posición activa –salvo en muy determinadas ocasiones, siempre en episodios de masas– ni por las causas últimas. Dado que los “líderes de opinión” parecen, más o menos antifascistas, él se adhiere a esa corriente general. A fuerza de oír hablar de “fascismo” y de identificarlo con el “mal absoluto”, su falta de energía mental y lo limitado de su capacidad crítica, le lleva a aceptar la consigna atribuida al Gran Hermano: “No pienses, el gran hermano piensa por ti”. Y el Gran Hermano dice que el fascismo es malvado, por tanto, hay que condenarlo. Es una forma de ser antifa, sin ejercer habitualmente como tal. Una parte sustancial de la sociedad está aquejada de esta enfermedad del alma que, en el fondo, no es sino una forma de pereza trasladada al plano de las ideas.

Junto a éste, aparece también el que más nos interesa, el antifascismo visceral: Es el actualmente sostenido por Podemos y por los sectores del radicalismo independentistas y por las ideologías de género: se resume así, “todo lo que no somos nosotros, es fascismo”. El corolario de esta actitud es “no dialogamos con el fascismo”… lo que, implica que nunca están dispuestos a contrastar en público sus opiniones con alguien que no las comparta. Es como si el psicótico que afirma “oír voces”, se negara a reconocer que solamente suenan en su cabeza. Para alguien de Podemos, “facha” es todo aquel que se sitúa a su derecha, desde el PSOE hasta la Falange. Y, fundamentalmente, quien no les ríe las gracias y objeta algo a la legalización del porro, al derecho a la ocupación, a la inmigración masiva o a que la izquierda deje de gestionar los ayuntamientos y las comunidades tras una derrota electoral. Para un independentista, “facha” es todo aquel que no se muestra del todo decidido a meter a un país en la centrifugadora. Alguien que hable castellano en Catalunya es un “facha” y, poco importa, si tiene argumentos suficientes como para negarse a aprender catalán o renunciar voluntariamente a hablarlo. Es “facha” y punto.

La psicopatología del antifascismo

El alma antifascista, hoy, en el siglo XXI, oscila entre el complejo de culpabilidad y la frustración. Un complejo de culpabilidad consiste en albergar la íntima convicción en el subconsciente de que se es culpable de algo (por cualquier motivo: por pensar como un proletario y vivir como un burgués, por sentirse un “rebelde” pero vivir de papá y de mamá) y de no estar en condiciones de superar esa sensación.

Hay un hecho sociológico que vale la pena señalar: la abundancia de “cristianos comprometidos” o de individuos que han recibido una educación cristiana, que pueden encontrarse en ambientes antifascistas. De hecho, todo el independentismo catalanista actual tiene una matriz boy-scout que deriva de órdenes religiosas que en los años 60-90 inspiraron a este movimiento y le imbuyeron valores “cristianos” e independentistas. Los cristianos “comprometidos” han sido educados en la noción de “pecado”. El pecado es una falta por acción, omisión, pensamiento, etc. La noción de pecado y la sensación de imposibilidad a escapar al pecado, induce a un complejo de culpabilidad permanente.

Habitualmente, los complejos de culpabilidad crean un descenso en la autoestima que puede llegar incluso a la depresión o al suicidio. Desde el punto de vista psicológico, es fundamental que quien está aquejado de un complejo de culpabilidad sea capaz de reconocerlo, mucho más que de albergarlo en los corredores más sombríos de su psique. Este tipo de complejos solamente se superan, reconociéndolos y afrontándolos. La vida psicológica sana y normal es incompatible con la existencia de profundos complejos de culpabilidad. El proceso mental con el que la mente se resguarda de los efectos deletéreos de estos complejos es mediante la sublimación de los mismos: “Si, yo soy culpable porque me mato a pajas… si, yo soy culpable porque no hago lo suficiente por los niños del Brasil, sí, yo soy culpable por que el mundo sufre y yo estoy aquí tan contento viviendo de papá y mamá… pero –y aquí viene la sublimación– hay otros que son MAS CULPABLES QUE YO: los fascistas, por ejemplo”. El antifa no reconoce, racional y conscientemente, el problema, simplemente, es su subconsciente el que le genera una capa protectora señalándose a alguien que puede liberarlo de sus culpas, al ser más culpable que él.

Porque, en el fondo de todo antifa, lo que hay es un problema psicológico interior que puede intuirse precisamente por esa actitud que, lejos de ser una “actitud política”, es el reflejo de un bloqueo interior no superado. ¿Qué es un antifa? Muy sencillo: alguien culpable de algo, que ha desterrado ese complejo a las profundidades de su subconsciente y que cubre esa culpabilidad forjando la imagen de alguien más “culpable” que él. Un neurótico extremo, en el mejor de los casos, un maníaco obsesivo, en el peor.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

365 QUEJÍOS (220) – LA ORGIA DE LOS SABORES FALSOS


Debo reconocer que mi vocación frustrada es la de “probador de alimentos”. Todos conocemos el sabor de unos callos a la madrileña, de unas habas a la catalana o de unas migas extremeñas. Es el sabor familiar, el de siempre, el que, por sí mismo, nos lleva a los recuerdos de nuestra infancia. Es como un simple olor, que es capaz de servir como trampolín para reconstruir momentos pasados. Los sentidos, a fin de cuentas, nos ayuda a tener pasado, a estar arraigados, a tener tradiciones propias, algo que está en el ánimo de todo conservador como el que suscribe. Pero, de hecho, el mirar atrás, solamente genera una inevitable tortícolis, por tanto, junto al arraigo -las raíces del árbol- deben estar también las hojas que tienden hacia lo alto y que nos lleva a todo lo que es presente y futuro. De ahí que mencionara mi vocación frustrada. Me encanta probar los nuevos sabores. Es duro y difícil, lo sé, pero es una de las pocas posibilidades que todavía me quedan para “vivir peligrosamente”.

Sin ir más lejos, el domingo pasado veo una bolsa de patatas fritas, Frit Ravich. Esta y otras marcas han variado su producto originario. En mi infancia el mejor regalo que podían ofrecernos nuestros padres y abuelos era una bolsa de papel cebolla y de color (amarillo, rojo, azul, verde) con patatas fritas artesanales. De hecho, mi primera pelea con un niño de mi edad debió ser a los tres años cuando me negué a compartir con él el contenido de una de estas bolsas. El cabronazo -porque hay niños que ya a los tres años demuestran tener potencial y vocación de cabronazos- pretendía quitarme la bolsa en unos jardines de la Avenida de Roma. Fue a partir de los años 80 cuando las patatas fritas empezaron a diversificar sus sabores: que si a la pimienta, que si “artesanales”, que si “al punto de sal”.

Poco a poco, allí conde antes había “colmados” o “tiendas de ultramarinos”, empezaron a verse “supers” que, fueron ampliándose hasta las macrosuperficies que conocemos hoy. Dos secciones, parecieron crecer desmesuradamente: la de los lácteos y la de los fritos. De hecho, hay mucha gente joven que hoy ya ni debe saber cómo sabe un vaso de leche recién extraída de la vaca, ni el sabor de una patata. Lo más aproximado son los cientos de productos con otros tantos sabores artificiales que encubren el originario y verdadero.

Lo dicho, el otro día veo una bolsa de patatas fritas Frit Ravich con el siguiente nombre: “Chips – Premium – Sabor y textura llevado al máximo” y en más grande: “Sabor oliva y anchoa”. Lo compro, como no podía ser de otra forma y, efectivamente, tenían un remoto sabor a oliva y anchoa. Es curioso porque unos meses antes había comprado un producto similar con “Sabor a huevo frito” (seguramente ácido sulfhídrico diluido y absorbido por algún micropolvo como excipiente). Y, al día siguiente de comentarlo por el chat familiar -recurso cuando hijos y padres están dispersos- mi muy querida hija me cuenta que pruebe otras que han salido con “Sabor a queso de Cabra y Cebolla Caramelizada”. Así lo haré, como hará unos treinta años hice con unas “Rufles Matutano al fesco pepinillo”, anunciadas por la mismísima Pamela Anderson (en el esplendor de sus curvas cuando se emitía la serie Vigilantes de la Playa), me abrieron, por decirlo así, al exploración de nuevas perspectivas alimentarias.


Si a esto unimos que hay patatas fritas con sabor a “cóctel de gambas”, “a páprika”, “a queso”, etc, etc., no sorprenderá que una de las dudas existenciales que pueden sumir al consumidor en la más profunda de las depresiones es: “¿Pero qué sabor voy a consumir hoy?”.

Me ocurre lo mismo con otros productos: en Alemania localicé un “Afri-Cola” absolutamente sorprendente, la bebida casi oficial de los barrios turcos. Por no hablar de la Pepsi-Cola transparente que no logró imponerse: un líquido incoloro con sabor al refresco. O el Trinaranjus con burbujas. O la Coca-Cola con sabor a cereza, a vainilla… Los supermercados canadienses son un escaparate de “sabores y sensaciones”. De entre todos los productos, me quedé con un refresco con sabor a galleta que, efectivamente, tenía un amago de lo que anunciaba. En Costa Rica la Fanta de cereza arrasa. Y así sucesivamente. Hay todo un mundo de sabores por explorar. Mundo que entraña ciertos peligros.

En efecto, los especialistas suelen aconsejar, como norma para mantenerse en buena salud, consumir productos que no contengan más de tres “E”. Se trata de aditivos, conservantes, colorantes, saborizantes, estabilizantes y demás añadidos que facilitan que estos productos lleguen a los comercios, prolonguen su vida y tengan un sabor y una textura particulares. Me ha sorprendido, por ejemplo, que se admita que no todos los aditivos “E” utilizados en la alimentación no estén “autorizados” e incluso que estas autorizaciones varíen en cada país. En Canadá, por ejemplo, el país con mayor y mejor “seguridad alimentaria”, en estos momentos están prohibidos como cancerígenos aditivos que todavía se discute en Europa si son peligrosos o no. Buena parte de los sabores alimentarios se obtienen por simple suma de productos químicos. La “química de los sabores” es uno de los sectores más desarrollados de esta rama de la industria. Porque, obviamente, las patatas fritas con sabor a queso de cabra o a olivas y anchoas, no tiene ni rastro de lo que pregona: es todo química. ¿Se entiende lo que decía sobre “vivir peligrosamente”.

El problema no es zamparse una bolsa de patatas al fresco pepinillo (lamentablemente desaparecidas del mercado a poco de su lanzamiento), sino engancharse a ellas: el efecto acumulativo de los aditivos parece ser demoledor. Nadie se convierte en toxicómano para toda la vida, por fumar un porrito, de la misma manera que nadie va a contraer en cáncer de colon por regalarse una bolsa de patatas con sabor a cóctel de gambas y sin rastro de gambas. Es la insistencia, la adicción, lo que hace a todo esto peligroso.

Un último ejemplo. El otro día decidí que hacía un buen día para desayunar frente al mar. Así que me compré en el super de la esquina algo que parecían ser pastas de sobrasada. Eso y una cervecita ante unas aguas serenas, alimenta el espíritu y algo más que el espíritu. Miré la etiqueta (siempre hay que mirar la etiqueta, antes de comprar…): podían contarse en total ¡18 ADITIVOS “E”! ¡Y pensar que solamente las cajas de cigarrillos advierten de su peligrosidad! Tomarse una caja de esas pastas de sobreasada (que, por supuesto, no contenían absolutamente nada de sobreasada: lo rojizo del relleno era tomate, más colorante, junto a “atún” del cual juro por El Capitán Trueno que no se notaba ni rastro) era como colocarse una soga al cuello y tirar de ella.

Un consejo, no os obsesionéis con todo esto. Simplemente, controlar vuestra dieta y diversificad al máximo vuestra alimentación: no consumáis habitualmente un producto con más de tres “E”. Así reduciréis los riesgos. Es lo más que puede aspirarse en este país en donde los políticos suben y bajan, pero la inseguridad alimentaria permanece, legislatura tras legislatura y de autonomía en autonomía.

Recomiendo esta web sobre aditivos, clasificados según su seguridad o peligrosidad: E-Aditivos

martes, 11 de diciembre de 2018

365 QUEJÍOS (219) – FALANGE ESPAÑOLA Y LA GUARDIA DE HIERRO, PARALELISMOS Y DIVERGENCIAS (4 de 4)


Queda por tratar el espinoso problema del antisemitismo y de las relaciones entre ambos partidos y las correspondientes dictaduras del Mariscal Antonescu y del General Franco, para redondear la imagen que podemos hacernos de los paralelismos existentes entre la Guardia de Hierro y Falange Española

La cuestión del antisemitismo

Obviamente, en España no existía problema judío, por tanto, no es de extrañar que en el programa falangista no existan rastros de antisemitismo. No sólo eso, alguno de los miembros de la “corte literaria” de José Antonio, concretamente Samuel Ros, pertenecía a la comunidad judía española. En el caso de Ernesto Giménez Caballero, ya hemos dicho que, no solamente era vecino del financiero de origen chueta mallorquín, Juan March, sino que además contó con el apoyo del banquero y jefe de la comunidad judía española, Ignacio Bauer, para hacerse cargo de su revista, La Gaceta Literaria, cuando empezó a perder ventas.

Vale la pena mencionar que Giménez Caballero, además, era el máximo representante del llamado “neo-sefarditismo” en los años 20 y 30 trató de restablecer contactos con las comunidades judías sefarditas expulsadas de España en el siglo XV. Dicha teoría, a la que se adscribió el propio Franco o personajes de la transición como Blas Piñar, implicaba que ver a la comunidad judía, no como un todo, sino escindida en dos ramas: los sefarditas y los azkenazíes. Los primeros habían demostrado ser “reciclables” en el cristianismo, tal como demostró el que el santoral del Siglo de Oro registra la presencia de varios de ellos como hijos de conversos y perfectos católicos. Frente a ellos se encontrarían los “irrecuperables”, askenazíes, cuya presencia se encuentra en todos los movimientos revolucionarios desde el siglo XVI hasta nuestros días. Estos serían completamente refractarios a cualquier abandono de sus tradiciones.


Así pues, en el ámbito falangista no puede hablarse de ningún rastro de antisemitismo, sino quizás como imitación de algún sector hacia otros modelos de fascismos extranjeros. Sin embargo, en Rumania la situación era muy diferente: allí se daba el caso de que, entre las pocas adhesiones que había suscitado el bolchevismo, se encontraban judíos dirigiendo el partido comunista; además existía un increíble pero muy real monopolio ejercido por los judíos en las profesiones liberales y especialmente en el comercio. Esto hacía que las clases medias “cristianas”, urbanas, vieran en los judíos a sus competidores más obstinados y peligrosos. El 80% de la población rumana era campesina y allí se había mantenido siempre un elevado tono antisemita en buena medida derivado de la religiosidad dominante. De los 142 almacenes comerciales de Bucarest, 134 eran propiedad de judíos. La proporción de estudiantes judíos en determinadas carreras superaba a la de rumanos, llegando incluso al 48% en derecho. El grupo de prensa más importante del país era, así mismo, propiedad de judíos. Y, para colmo, las acciones más discutibles emprendidas por el Rey Carol, se realizaron bajo la influencia de su concubina, madame Lupescu, judía. Todo esto creaba el caldo de cultivo para un antisemitismo concebido como defensa de las clases medias rumanas contra sus competidores y de los campesinos contra el “adversario religioso”.

El antisemitismo estaba presente en todos los partidos desde el centro hasta la extrema-derecha. Y, por supuesto en la Guardia de Hierro. Ahora bien, el antisemitismo de Codreanu era muy diferente al de los sectores de la derecha y de la extrema-derecha rumana. Por ejemplo, Codreanu admitía -al igual que el neo-sefarditismo español- que los judíos pudieran convertirse y ocupar un lugar en la sociedad nacional rumana. Él mismo tenía amigos -y el propio pope que ofició su ceremonia nupcial- eran judíos de raza, pero no de religión. Lo que Codreanu exigía de los judíos, en tanto que nacionalista, era que se asimilasen y dejasen de ejercer el monopolio de determinadas profesiones. Una de las iniciativas más interesantes de la Guardia de Hierro, fue la creación del llamado “comercio legionario”, red de empresas y cooperativas que ofrecían servicios de todo tipo a precios asequibles, en competencia con las redes judías. Hoy, los historiadores reconocen que el antisemitismo del Partido Nacional Campesino y de la Liga de Defensa Nacional Cristiana era mucho más duro y primario que el de la Guardia de Hierro que, simplemente, pedía asimilación.

Ahora bien, cuando se produjo el asesinato de Codreanu y tras las primeras semanas de gobierno del Mariscal Antonescu, con ministros de la Guardia de Hierro, arrecieron algunas acciones antisemitas que tenían su origen en medios extremistas del partido. En todos los casos, los incidentes fueron organizados por miembros del Cuerpo de Obreros Legionarios, fuertes en algunos distritos de la periferia de Bucarest. Pero, hoy todos los historiadores tienden a reconocer que el antisemitismo del que hizo gala la Guardia de Hierro era muy relativo y, desde luego, los pogroms protagonizados por el Cuerpo de Obreros Legionarios no eran compartidos por el partido.

Franco – Antonescu, ¿vidas paralelas?

Quizás sea el momento de regresar, en estas líneas finales a las relaciones de ambos partidos con los jefes del Estado, Francisco Franco y el Mariscal Ion Antonescu. En este caso si que cabe tratar de vidas paralelas: ambos militares tenían experiencia en combate, eran conservadores y paternalistas en lo político, monárquicos, y ejercieron el poder con plenos poderes dictatoriales. Pero -y esto es lo que nos interesa- ambos se apoyaron inicialmente en los respectivos partidos fascistas nacionales para lograr un engarce con las masas populares.

En efecto, cuando el Mariscal Antonescu decidió asumir mediante golpe de Estado los plenos poderes, lo hizo apoyándose en la única fuerza que tenía peso político y seguimiento popular como para poder aportar una base de masas para el nuevo régimen. Franco, hizo algo parecido y pronto se demostró que las masas de la “España nacional” tendían a sumarse a la Falange antes que a otras organizaciones. Y otro tanto ocurría con las banderas falangistas que, inicialmente en julio de 1936, aportaron la mitad de lo que aportaban las milicias tradicionalistas, pero que al acabar el conflicto suponían el doble. Sin olvidar que los sindicatos solamente habían podido ser organizados por los falangistas.

Pero la colaboración entre los dictadores y los partidos fascistas fue breve: en el régimen franquista, los falangistas solamente fueron hegemónicos entre 1937 y 1942, mientras que en Rumania la colaboración duró solamente unos pocos meses. Ambos dictadores, propusieron al “partido fascismo” el ser nombrados jefes políticos. En el caso de Falange Española, Franco no tuvo gran problema en imponerse como jefe después del decreto de unificación de abril de 1937, pero en lo que se refiere a Rumania, la Guardia de Hierro no aceptó que Antonescu fuera considerado como el sucesor de Codreanu. Precisamente su negativa, más que cualquier otro factor, supuso el inicio de una fase de alejamiento que terminaría con la represión contra la Guardia de Hierro. Solamente una minoría de miembros de la Guardia de Hierro (entre ellos el padre de Codreanu) aceptaron colaborar con el régimen. En cambio, en España, las resistencias al decreto de unificación fueron mínimas y el propio “jefe nacional provisional”, Manuel Hedilla, no se resistió a él, sino que se quejó de la forma en la que se había elaborado.

No hay que tomar en consideración el que España no entrara en la Segunda Guerra Mundial y que Rumania, en cambio, si lo hiciera. Rumania, por su situación geográfica y por los conflictos que había tenido con la URSS en 1940, estaba casi obligada a implicarse en el conflicto (por otro lado, el empresariado alemán, ya en tiempos de paz, había penetrado profundamente en la industria petrolera rumana), mientras que la situación geopolítica de España favorecía el mantenerse aislada y neutral. Ahora bien, ambos países registraron cierta participación en la “Cruzada Antibolchevique”: España enviando los 25.000 voluntarios de la División Azul y Rumania participando con varios cuerpos de Ejército en la penetración alemana en Ucrania y Crimea, dirigidos en persona por el propio Antonescu.

Esto, y el hecho de que el dictador rumano muriera fusilado en 1946 y Franco en la cama entubado en 1975, cierran este rápido repaso a los paralelismos y divergencias entre ambos movimientos nacionales que encarnaron el fascismo en sus respectivos países.

Falange Española – Guardia de Hierro, paralelismos y diferencias (4)


lunes, 10 de diciembre de 2018

365 QUEJIOS (218) – FALANGE ESPAÑOLA Y LA GUARDIA DE HIERRO, PARALELISMOS Y DIVERGENCIAS (3 de 4)


El somero perfil que hemos recordado y que hacía a José Antonio y a Codreanu, tan similares y, al mismo tiempo, tan diferentes, puede completarse con el estudio sobre la composición sociológica de su movimiento y con algunas notas sobre los dos países en los que florecieron. También aquí existen similitudes notables y diferencias acusadas.

La sociología de Falange Española y de la Guardia de Hierro

En la entrega anterior, dijimos que Codreanu había destacado desde muy joven como líder universitario y que, loa Guardia de Hierro (y sus avatares anteriores, Legión del Arcángel San Miguel, y posteriores Todo por la Patria, Movimiento Legionario), fue el movimiento hegemónico entre los estudiantes y, a partir de cierto momento, el único movimiento al que estaban afiliados los estudiantes de las cuatro universidades rumanas interesados por la política.

En España se dio una situación parecida: las JONS, previas al nacimiento de Falange, solamente destacaron en la Universidad en donde su presencia se hizo notar a partir del curso 1932. Posteriormente, al aparecer Falange, el único sindicato que realmente tuvo presencia e implantación, fue el SEU que en la primavera de 1936 contaba con 10.000 afiliados y era el movimiento hegemónico en la mayoría de universidades españolas.

Esto determinó completamente el origen social de buena parte de los afiliados a Falange Española: jóvenes procedentes de la clase media. Sin embargo, en Rumania las cosas no eran exactamente las mismas. Los motivos por los que los partidarios de Coadreanu se habían hecho con el control de las universidades eran muy diferentes a los que habían determinado el ascenso del SEU en España.
En efecto, en Rumania, buena parte de la lucha estudiantil estaba determinada por el antisemitismo. La comunidad judía rumana, era extraordinariamente potente en aquel país, como veremos más adelante y copaba casi todas las profesiones liberales, estando sobrerrepresentada en la universidad. La actitud de los estudiantes codreanistas pidiendo un “numerus clausus” para los estudiantes judíos fue el motivo por el que su popularidad creciera en las aulas rumanas.

Lo que facilitó el ascenso del SEU en España fue el tratamiento que el gobierno republicano del primer bienio deparó a la Federación Universitaria Escolar, tenida como interlocutor único de los estudiantes con el ministerio y con las autoridades académicas. La combatividad del SEU lo convirtió -y su actitud ante el problema independentista catalán- en el curso de 1934-35 en la organización estudiantil con mayor crecimiento en torno a las que, pronto, se ubicaron los estudiantes tradicionalistas y los católicos (algunos de estos, en 1936 proponían la creación de un “frente nacional estudiantil” que, en el fondo, prefiguraba la coalición que apoyó a la sublevación militar del 18 de julio).

Así pues, ambos movimientos tuvieron un marcado carácter juvenil y estudiantil. Pero la Guardia de Hierro consiguió penetrar en ambientes que, al menos hasta el 18 de julio, habían permanecido cerrados para Falange Española. El campesinado, por ejemplo. Al igual que ocurrió en la Alemania de Weimar y en la Italia previa al advenimiento del fascismo, los campesinos se sumaron en Rumania, en primera fila, a la Guardia de Hierro en todas las regiones del país.

 

En España, este intento no pudo concretarse. A pesar de que, desde los primeros números de La Conquista del Estado ya se manifestara la intención de organizar un “Bloque Social Campesino” y que, luego, al producirse la unificación de las JONS con Falange, tras el mitin de Valladolid, la nueva organización promoviera una serie de actos en el ámbito rural, lo cierto es que la penetración falangista en el campo fue muchísimo menor y, prácticamente, irrelevante.

Así pues, puede decirse que la Falange histórica fue, como la Guardia de Hierro, un movimiento juvenil, pero, mientras en esta última, los jóvenes procedían de todos los estratos de la sociedad rumana (incluidos jóvenes oficiales del ejército, campesinos, aristócratas, clero ortodoxo, clase trabajadora, menestrales y clases medias), en Falange Española, los jóvenes procedían casi exclusivamente de la clase media y su marco de actuación fueron las universidades y los centros de bachillerato.

Es preciso recordar también algunos paralelismos entre Rumania y España: ambos países habían llegado tarde al proceso de industrialización, sus sociedades eran, en la época, fundamentalmente rurales. Vivían cierta inestabilidad política, si bien la monarquía rumana estaba más consolidada que la española y allí las fuerzas de izquierdas tuvieron mucha menos repercusión que en España

Relaciones con la derecha

Se trata de otro punto notable: los primeros afiliados de Falange Española procedían, prácticamente sin excepción de los medios upetistas y alfonsinos. Así mismo, puede decirse que casi todos sus cuadros tenían el mismo origen y se trataba de personas conocidas en los ambientes de derecha. Los mismos miembros del círculo de intelectuales que componían la “corte literaria” de José Antonio, eran corresponsables y conocidos de medios de la derecha, ABC, en primer lugar, y todos ellos coincidían en colaborar y ser apreciados por el portavoz intelectual de la extrema-derecha, Acción Española. Incluso, en grandísima medida, la financiación del partido en sus dos primeros años correspondió a círculos alfonsinos y se oficializó en función de los Pactos del Escorial en su edición de 1933, anterior a la fundación del partido, y de 1934.

Esto hizo que las relaciones entre José Antonio y Renovación Española por un lado y entre Jose Antonio y la CEDA, por otro, pasaran por distintos altibajos: Falange no ingresó, como esperaban los alfonsinos, en el Bloque Nacional formado por Calvo Sotelo lo que entrañó un enfriamiento de las relaciones y una hostilidad recíproca entre noviembre de 1934 y febrero de 1936. Con la CEDA, las relaciones no fueron nunca particularmente buenas, salvo en los momentos previos a las elecciones de febrero de 1936 en las que se negociaron candidaturas conjuntas. Siempre, en todos estos años, José Antonio estuvo en contacto con los dirigentes de las distintas formaciones de la derecha nacional (Renovación Española), de la derecha autoritaria (CEDA) y de la extrema-derecha (tradicionalistas y Bloque Nacional).

Pero, dado que el “proceso de maduración” de Falange Española fue tardío y lento, en los años 1934-36 el partido todavía era minúsculo como para poder jugar un papel, no sólo en la política española, sino en la recomposición de fuerzas anti-republicanas. En Rumania la situación fue completamente diferente: Codreanu siempre mantuvo buenas relaciones con los líderes de la derecha nacionalista y con los nacional-campesinos y, en los primeros momentos en los que su movimiento era todavía débil para tener peso electoral, llamó a votarles.

Mientras que la historia de la Falange histórica registra una relación amor-odio en relación a la derecha, a un derecha que condicionó su desarrollo en esos años, en Rumania, cuyo fascismo fue mucho más temprano, el movimiento cristalizó en un fuerte partido de masas, que siempre se entendió bien con la derecha nacional y con la extrema-derecha, de los que la Guardia de Hierro fue siempre el elemento más juvenil, más moderno y más consciente de que Europa había llegado a un punto de inflexión en el que los fascismos eran la gran alternativa.





365 QUEJIOS (217) – FALANGE ESPAÑOLA Y LA GUARDIA DE HIERRO, PARALELISMOS Y DIVERGENCIAS (2 de 4)

Los liderazgos de Codreanu y de José Antonio Primo de Rivera fueron completamente diferentes. Corneliu Zelea Codreanu había nacido en 1899, era sólo ligeramente más mayor que José Antonio Primo de Ribera nacido en 1903. Sus partidarios los recordaron a ambos con similar carisma y energía interior. Los retratos que quienes los conocieron ofrecen de ambos son extraordinariamente similares: ambos causaron una particular sensación en su entorno, por lo tanto, cabría decir que se trató de “vidas paralelas”. Sin embargo, también aquí vale la pena hacer algunas matizaciones que pueden resultar interesantes.

Dos liderazgos diferentes para dos hombres diferentes

Al estudiar las biografías de ambos líderes, inmediatamente aparecen, junto a los paralelismos, las discrepancias: José Antonio es hijo de aristócratas y militares; la inmensa mayoría de sus amigos pertenecen a este medio y, en cualquier caso, a los medios acomodados; tenía tendencia a frecuentar y organizar tertulias eruditas en donde no faltaban intelectuales (lo que se llamó su “corte literaria”). Frecuentaba los restaurantes y clubs más conocidos del Madrid de la época y tenía las aficiones y gustos propios de un aristócrata de su tiempo. Su vocación política arranca de sus tiempos como estudiante.

El caso de Codreanu fue completamente diferente: Codreanu era hijo de la clase media rumana. Su padre era profesor universitario. Se trató de un hombre austero que ayunaba dos veces por semana. Solía vestir -antes de adoptar la camisa verde como uniforme del partido- el traje tradicional rumano en celebraciones y actos públicos. Desde siempre fue nacionalista y estuvo vinculado desde muy joven a los partidos de carácter nacionalista. A los 17 años militaba en la Guardia de la Conciencia Nacional, una organización patriótica.
José Antonio perteneció a la Asociación de Estudiantes de Derecho que dirigía Serrano Suñer y que era la alternativa a la Asociación de Estudiantes Católicos de Herrera Oria. Pero no destacó en aquel momento como líder estudiantil, a diferencia de Codreanu que pronto fue considerado como líder estudiantil, primero de su facultad (Derecho), luego de su distrito universitario (Cluj) y, finalmente, tenido como jefe indiscutible del movimiento estudiantil.

En este sentido: la vocación política de Codreanu es mucho más temprana, y a una edad en la que José Antonio, concluía brillantemente sus estudios de derecho, pero todavía no ejercía una decidida militancia política.

José Antonio comenzó a actuar políticamente en las filas de la Unión Monárquica Nacional, es decir, del movimiento monárquico alfonsino y lo hizo en 1930. En ese momento, Codreanu ya era un político extremadamente conocido en toda Rumania. Cuando contrae matrimonio en 1924 (tenía entonces 25 años), asisten a la boda entre 75.000 y 80.000 personas. Dicho de otra manera: Codreanu vivió en vida un “baño de masas” y fue el jefe de un movimiento fascista que agrupaba a un alto porcentaje de la opinión pública rumana que, con él en vida, constituía una alternativa sólida para los partidos democráticos y de la derecha nacionalista. José Antonio, en cambio, solamente se convirtió en mito tras su muerte y, en vida dirigió un partido que solamente en la primavera de 1936 dejo de ser un grupúsculo activista para convertirse en un prometedor movimiento de masas (lo cual solamente fue a partir del 18 de julio de 1936).

Por otra parte, en la biografía de José Antonio, tal como resalta, entre otros, Stanley G. Payne, su liderazgo fue “atípico”: tuvo algunas crisis, pensó en abandonar el mando en algunas ocasiones y si no lo hizo fue por la responsabilidad contraída con los camaradas asesinados. Al mismo tiempo, su pensamiento político está en formación y en evolución e incorpora distintas fuentes a lo largo del período entre 1933 y 1936. José Antonio no es líder indiscutible del partido hasta el Primer Consejo Nacional en octubre de 1934, cuando se disuelve en triunvirato que formaba junto con Ledesma y Ruiz de Alda. Codreanu, a la inversa, tiene, desde muy joven la vocación, la actitud y el papel de líder universitario. Su liderazgo no ofrece nunca lugar a dudas, ni nunca tiene la tentación de retirarse o renunciar a este papel. Su pensamiento tampoco evoluciona: el mismo Codreanu que forma la Legión de San Miguel Arcángel es el que resulta asesinado en 1938 por órdenes del Rey Carol. Desde muy joven sus ideas: nacionalismo, corporativismo, adaptación del fascismo a Rumania, anticomunismo, antiliberalismo y concepción cristiana de la vida, se manifiestan y coagulan en un conjunto que permanece inalterable.


Sus biógrafos suelen destacar también que se trató de líderes de gran personalidad, atractivo físico, que no nunca pasaron desapercibidos en los ambientes que frecuentaron: ambientes que, como hemos visto, eran completamente diferentes. Ahora bien, las observaciones sobre los dos líderes nos llevan a considerar algunos elementos que están ligados a sus personalidades.

Terrorismo y violencia política

La posición de Codreanu y de José Antonio en relación a la violencia es, paradójicamente, muy próxima y, al mismo tiempo, distante. José Antonio, a pesar de la retórica inicial sobre “los puños y las pistolas”, demostró haberse lanzado al ruego político, sin tener una idea exacta de lo que implicaba la creación de un “partido fascista español”. Cuando las primeras actividades falangistas excitaron la agresividad de la izquierda, José Antonio se negó a realizar represalias. Ese mismo gesto es el que vemos en Codreanu que durante mucho tiempo, retiene a su Guardia de Hierro para evitar un enfrentamiento directo con la Corona. Así pues, hay en este mucho paralelismo.
También existe paralelismo en el hecho de que en Falange Española existía una franja más combativa y agresiva (la Primera Línea) que en alguna ocasión actuó por cuenta propia, mientras que en la Guardia de Hierro el Grupo de Obreros Legionarios, especialmente tras el asesinato de Codreanu empezaron a actuar por su cuenta y a generar disturbios en los barrios judíos de la periferia de Bucarest.

En ambos casos, y en tanto que partidos “fascistas”, Falange Española y la Guardia de Hierro eran organizaciones paramilitares, que no desdeñaban el entendimiento con la violencia, cuando era menester. Ahora bien, una cosa es la violencia política y otra el terrorismo. Éste último puede ser considerado como la estrategia que utiliza la premeditación para la comisión de algún acto violento, especialmente atentados con bomba o asesinatos políticos.

En el caso de Falange Española, el atentado frustrado cometido contra el vicepresidente de las Cortes, doctor Jiménez de Asúa, en represalia por la agresión el día anterior a dos estudiantes, uno tradicionalista y otro falangista, tiene su equivalente en el asesinato que el propio Codreanu realizó pistola en mano, asesinando al jefe de policía Manciu, conocido torturador en 1924. Posteriormente, se produjeron otros atentados, nunca indiscriminados y siempre selectivos, contra responsables de la represión contra la Guardia de Hierro. En 1933 un comando legionario asesinó al presidente del consejo de ministros, Ion Duca, y, posteriormente, tras el asesinato de Codreanu, otro comando ejecutó al presidente del consejo de ministros, Armand Calinescu. En ambos casos, y siempre que los codreanistas cometían un atentado de este tipo, se entregaban inmediatamente a la policía: su ética prescribía que, en tanto que cristianos, matando cometían un pecado que se expiaba en la tierra entregándose a la justicia civil. En España, los atentados cometidos por falangistas no registraron un punto de vista similar. Los que atentaron contra Jiménez de Asúa, por ejemplo, o fueron detenidos o pudieron escapar a Francia gracias a los buenos oficios del alfonsino Ansaldo que, a petición de Ruiz de Alda, los sacó del país en su avioneta.

  

sábado, 8 de diciembre de 2018

365 QUEJÍOS (216) – FALANGE ESPAÑOLA Y LA GUARDIA DE HIERRO, PARALELISMO Y DIVERGENCIAS (1 de 3)


Recuerdo que en el Primer Congreso de Fuerza Nueva (en 1977) en el que me tocó presentar la ponencia de Organización, en un momento dado aludí a la experiencia rumana de los “cuib” (células-nido). Tenía en primera fila a un señor menudo, mayor, de casi setenta años, que primero se sorprendió por aquella alusión, luego sus ojos se humedecieron y, finalmente, me saludó efusivamente al concluir mi exposición: se trataba de Horia Sima, segundo “capitán” de la Guardia de Hierro, entonces y hasta su muerte exiliado en España. Gracias al editor Luis de Caralt, pude conocer, así mismo al príncipe Sturzda, miembro de la Guardia de Hierro que había sido ministro de exteriores en el gobierno del mariscal Antonescu. Sima y Sturzda defendían que la Guardia de Hierro siempre se había considerado hermana de Falange Española y su equivalente en nuestro país. Entonces estuve completamente de acuerdo con ellos, ahora creo estar en condiciones de aportar algunas matizaciones.

Los fascismos de “primera” y de “segunda división”

Tras los fascismos de “primera línea” (el italiano y el alemán), podemos hablar de los fascismos de “segunda división”. Entendemos por estos, a los que, a diferencia de los primeros, no pudieron disponer nunca del poder enteramente y lo tuvieron que compartir con otras fuerzas políticas, generalmente de la derecha reaccionaria. Luego estarían los de “tercera división” que rozaron el poder en los países ocupados por los alemanes y gracias a la presencia alemana. Entre los de “segunda división” merece mencionarse los casos de Falange Española y de la Guardia de Hierro. 
Ambos partidos tocaron levemente el poder: Falange Española entre 1939 y 1942, en el que fue la fuerza hegemónica de la coalición franquista. La Guardia de Hierro rumana fue llamada por el Mariscal Antonescu durante unos meses, pero al ver que aspiraba a reformas en profundidad en la sociedad rumana, se la quitó de encima poco después. No es por casualidad que Antonescu ostentase el título de “Conducator”, equivalente al que en España tenía el “Caudillo” Franco.

Así pues, la mayor similitud entre el caso falangista y el de la Guardia de Hierro consiste en que ambas fuerzas, de carácter fascista y revolucionario, se vieron obligadas a compartir poder con militares conservadores de talante paternalista que ejercían el mando supremo. Los problemas del Conducator con la Guardia de Hierro se originaron, precisamente, cuando quiso seguir los pasos que había dado Franco para unificar a los partidos de la coalición anti-republicana, bajo su mando. En España, los falangistas aceptaron (por las necesidades bélicas), mientras que, en Rumanía, la Guardia de Hierro se negó a unificar la jefatura del Estado con la jefatura del partido.

La posición respecto a la monarquía

La Guardia de Hierro se declaró siempre y sin ambages, monárquica: insistió en que no había que confundir la función monárquica con tal o cual soberano. Y, de hecho, tuvo poca suerte: primero el Rey Carol y su concubina judía, madame Lupescu, y luego su hijo, el rey Mihai, fueron dos monarcas catastróficos para el país: el primero, un verdadero déspota que permitió el asesinato de Corneliu Codreanu y de cientos de cuadros de la Guardia de Hierro, y el segundo, un personaje sin carácter que siempre mantuvo contacto con los medios filo-occidentales y masónicos rumanos en los que depositó su confianza. Pero, ni aún así, la Guardia de Hierro renunció a su monarquismo.

El caso de Falange Española fue distinto: a pesar de que fueron los medios alfonsinos los que financiaron el lanzamiento del partido y aportaron su primera base militante, a pesar de que José Antonio tenía formación maurrasiana y había sido dirigente de la Unión Monárquica Nacional, sabía que, al menos en España, el ideal monárquico no suscitaba simpatías entre la juventud, por tanto, adoptó una posición similar a la de la CEDA: el “accidentalismo”. No se cuestionaba la república, ni tampoco reivindicaba la institución monárquica, pero se abstenía de atacarla (tal era uno de los puntos de los acuerdos suscritos por José Antonio con los alfonsinos a cambio de la subvención que estos se comprometieron a prestar). 

El antimonarquismo de Falange Española, no se manifestó en los frentes, en donde nunca hubo conflictos con el Requeté carlista, sino que empezó a cobrar forma cuando los alfonsinos se mostraron como el sector más inmovilista del nuevo régimen, bloqueando los intentos de reformas sociales que querían imprimir los falangistas, y, en segundo lugar, cuando se puso de manifiesto que los militares monárquicos estaban trabajando a favor de los intereses del Reino Unido (luego sabrían que la Embajada británica, a través de Juan March, repartió una lluvia de millones para evitar que España entrara en guerra al lado del Eje).


La cuestión religiosa

También aquí los paralalelismos existen, pero son relativos: Falange Española se declaraba partido católico y buena parte de sus fundadores y militantes lo eran, pero en España, el partido católico que contaba con el apoyo de la jerarquía, era la CEDA. Por lo demás, el catolicismo de José Antonio, aun de encendida fe, carecía de la dimensión mística y mesiánica que tuvo en Rumania.

Sin olvidar, naturalmente que Codreanu y la mayoría de sus miembros eran pertenecían a la Iglesia Ortodoxa “autocéfala” y al catolicismo “uniato”. A diferencia de los discursos públicos de José Antonio y en la publicidad del partido, en donde no se hacía explícitamente gala de catolicismo, ni se consideraba que la misión de Falange fuera la defensa de la fe, en el caso rumano, la exaltación religiosa estaba a la orden del día, y la propia Guardia de Hierro se consideraba como un instrumento del “plan divino” en relación a Rumania.

Cabe añadir que, mientras que en Falange Española apenas hubo clérigos que apoyaran al partido antes de la guerra, en Rumania, sacerdotes y obispos ortodoxos ostentaron cargos de responsabilidad e incluso en la dirección de la Guardia de hierro. En síntesis: la fe religiosa estaba mucho más viva y ocupaba un papel mucho más relevante en la Guardia de Hierro que en Falange Española.

La batalla antibolchevique

Cuando estalló la guerra civil española, desde Rumania, el inicio del conflicto -con sus excesos anti-religiosos y sus matanzas de curas- se percibió como el inicio de la lucha del “bien” contra el “mal”, de “Dios” contra el “Diablo”. No puede extrañar, por tanto, que 10.000 militantes de la Guardia de Hierro manifestaran su voluntad venir a España a combatir contra la República. Finalmente, se optó porque fueran solamente siete capitanes de las Guardia de Hierro los que viajaran a España, dirigidos por el príncipe Cantacuzéne y entre los que se encontraba Ion Motza. Motza, no solamente era el brazo derecho de Codreanu, sino también el jefe de los estudiantes rumanos.

Su muerte (y la de su camarada Vasile Marin) en combate, en el frente de Majadahonda causó un gran impacto en Rumania y generó la manifestación más masiva de la historia de Rumania hasta ese momento y un aumento del apoyo popular a la causa del fascismo rumano. El paralelismo al envío de este contingente simbólico de legionarios rumanos a España, está, obviamente en la formación de la División Azul al frente ruso en 1941.


Falange Española – Guardia de Hierro, paralelismos y diferencias (4)