jueves, 21 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (294) - EL FILM ANTIMASÓNICO POR EXCELENCIA: "FORCES OCCULTES"


En 1943, Robert Muzard, director de la productora Nova Films, lanza la película Forces Occultes recuperando las teorías del complot masónico difundidas desde el affaire Dreyfus por el núcleo intelectual que luego daría vida a Action Française. La película se proyectó por vez primera el 10 de marzo de 1943 en París (cuando ya la guerra había tomado un signo adverso para las potencias del Eje) si bien previamente se había presentado a las élites culturales de la Francia ocupada el 9 de enero del mismo año.

El argumento de la película es lineal y responde a los códigos del lenguaje cinematográfico de la época, excesivamente próxima a los orígenes del “Séptimo Arte” como para que hoy pudiera ser apreciada en todo su valor. Se suele decir que se trata de un film antimasónico y ciertamente lo es, pero también es una película antiparlamentaria en la medida en que se identifica de manera especialmente grotesca al hemiciclo como el germen de las peores corruptelas, como el reino de la estupidez y de la confusión, el dominio de la inmoralidad, el arribismo y el tráfico de influencias… Y todo esto se vincula a la masonería. Se ha dicho que la película es también “antisemita”. Hay que dudarlo. La cinta alude a la franc-masonería y solamente a esta orden; en ella no aparecen ni judíos, ni se hacen alusiones antisemitas. De hecho, tanto el director como el guionista conocían muy bien a la masonería (ambos habían sido iniciados en las logias), pero en ningún escrito demostraron animadversión hacia el judaísmo. Esta coletilla de “film antisemita” se incorpora falazmente para justificar el que el director fuera fusilado en la postguerra y el guionista condenado a muerte en contumacia…

La III República francesa había generado un extendido caldo de cultivo antimasónico. A lo largo de las primeras décadas del siglo XX, en efecto, se habían sucediendo escándalos y más escándalos que tuvieron su origen en la escasa moralidad de la clase política francesa. En alguno de estos casos, concretamente en el affaire Stavisky, la presencia de miembros de la masonería en todos los niveles del escándalo había erosionado la “moralidad” de esta asociación generando, especialmente en la extrema-derecha, pero también en la izquierda comunista, la sensación de que corrupción y masonería caminaban juntos bajo la III República.


Un guión poco exigente

La película empieza con lo que parece un debate parlamentario. Los diputados de izquierdas y de derechas hablan y se pelean interminablemente. El director los caracteriza como animales de pelea evidenciando así su desprecio hacia todo lo que representa el parlamentarismo. En el curso del debate se levanta un parlamentario –Pierre Auvanel– con un discurso articulado en torno a la necesidad de superar la dicotomía izquierda-derecha y sobre la necesidad de incorporar ideales nacionales y sociales a la tarea de construcción nacional. El discurso y la estética de este parlamentario –que será el protagonista de la película– le conceden una gran seriedad y un indudable prestigio parlamentario. Con todo el discurso es el propio de cualquier partido fascista de los años 30 y encierra en menos de cinco minutos de imágenes todos los elementos a partir de los cuales nacieron y se desarrollaron las distintas variedades de fascismo.

“Pierre Auvanel” lleva una vida normal, alejada de los fastos y de los oropeles parlamentarios. No se afirma explícitamente a qué partido pertenece pero su discurso inicial ha sido toda una declaración de afirmación fascista que le proporciona una inmensa notoriedad y peso político. Eso hace que en la logia masónica se hable de él y se propongan incorporarlo a la organización para aprovechar su prestigio ganado ante la sociedad.

El diputado en cuestión, parece ignorarlo todo sobre la masonería, tiene una vaga referencia a su existencia, como si se tratara apenas de una asociación cultural o de un círculo social de gente que practica obras de caridad y acciones filantrópicas. Sea como fuere, ignora lo que está –como se decía en aquella época– en la “trastienda de las logias” y acepta ser iniciado en la logia como si se tratara de un fastidioso ritual para entrar en una sociedad inofensiva. Su esposa le alerta sobre los comentarios que circulan en torno a la masonería, pero él lo ignora y eso permite alcanzar la médula central de la película y aquello por lo que ha pasado a la historia: la dramatización, real, sin exageraciones ni distorsiones, de una iniciación masónica en la que están presentes absolutamente todos los elementos, fases y objetos rituales y demás elementos litúrgicos que se utilizaban entonces y que se siguen utilizando en las logias 70 años después. Poco después de su iniciación, la masonería pide a Auvanel votar a favor de una ley que repugna a su conciencia, lo presionan y le amenazan. El diputado se mantiene firme y se niega a apoyar la villanía que le solicitan. Aquí termina el film.

La película sorprende por su brevedad, es un mediometraje de apenas 51 minutos y 38 segundos, equivalente a la duración de determinadas series de televisión e impropia de películas rodadas actualmente para su exhibición en salas. Todo su argumento parece destinado a llegar al núcleo de la película, la ceremonia de iniciación masónica sin que el guionista ni el director atribuyan excesiva importancia a todo lo que antecede y sigue a estas escenas nunca antes filmadas y que nunca, por lo demás, volverían a reproducirse con tanta fidelidad a la ceremonia real.

La película: ficha técnica

El origen de la película Forces Occultes se encuentra en una iniciativa datada en 1942 de la oficina de propaganda alemana en el París ocupado. En efecto, tras la ocupación del Norte de Francia en junio de 1940, la Embajada del III Reich en la capital francesa creó un departamento para controlar los productos culturales galos durante la ocupación. Este departamento recibía el nombre de Propagandastaffel (literalmente, “escuadrón de propaganda”) que existía en todo el marco del Reich y en los países ocupados. Su misión consistía en velar para que las publicaciones, las emisiones de radio y los espectáculos no lesionaran los intereses alemanes. Posteriormente, esta oficina dependiente de la Embajada alemana en París pasó a llamarse Propaganda-Abteilung Frankreich manteniendo sus dos atribuciones básicas: censura de los contenidos y actividades de propaganda pro-alemana.

La ocupación alemana de París hizo que buena parte de las películas que se estrenaron en aquellos años en la capital francesa fueran de origen alemán. Por razones obvias (fundamentalmente a causa de los distintos códigos del lenguaje cinematográfico que imperaban en Alemania y que no eran los mismos a los que estaba habituado el público francés, y también por una especie de rechazo chauvinista que experimentaban buena parte de los franceses hacia todo lo que llegaba del otro lado del Rhin), lo cierto es que aquella oleada de películas alemanas tuvo un éxito limitado. Goebels se quejó en su diario, tras estrenarse la producción de la UFA, La synphonie fantastique inspirada en la vida y la obra del compositor francés Héctor Berlioz: “Esto furioso porque nuestras oficinas en París enseñan a los franceses cómo representar el nacionalismo en sus films. Di instrucciones muy claras para que los franceses no produjeran más que films ligeros, vacíos y, si es posible, estúpidos. Pienso que se contentarán con ellos. No hay necesidad de desarrollar su nacionalismo”.

El proyecto de Goebels estaba claro: sustituir la “vacuidad francesa” por producciones alemanas más elaboradas y con más contenido. Sólo más adelante, cuando Otto Abetz advirtió que el cine alemán en Francia se estrellaba con la hostilidad de los espectadores, el Ministerio de Propaganda y la Propagandastaffel variaron la orientación. No solamente permitieron que floreciera bajo la ocupación un cine francés neutro, sino que impulsaron películas realizadas por actores, guionistas y directores franceses que podían popularizar algunos temas de la propaganda alemana que, por lo demás, interesarían también al Gobierno de Vichy. Fue así como nació la idea de encargar una película de denuncia de la masonería bajo la III República.

El equipo que impulsó la película estuvo formado por Paul Riche como director y Jean Marqués-Rivière que se encargó del guion y especialmente de la escenografía. El papel de “Pierre Auvenel”, el diputado que se inicia en la masonería, fue encargado a Maurice Rémy. Se trataba de tres nombres muy conocidos en la vida cultural francesa de la época.

Paul Riche: el director

Paul Riche, de verdadero nombre Jean Mamy, dirigió la película. Venía avalado por una amplia experiencia en el cine en donde había ejercido prácticamente todos los oficios relacionados con el séptimo arte. Mamy realizó sus primeras armas en la escena como regidor y actor de teatro entre 1920 y 1931 trabajando para distintas compañías. Cuando en 1931 el cine parecía haber alcanzado su madurez, Mamy filmó su primera película, Baleydier, de la que en la actualidad no existe ninguna copia. Políticamente era en esa época un militante de izquierdas que incluso había ingresado en el Gran Oriente de Francia en la Venerable Logia Renan (8). Pocas semanas antes del comienzo de la II Guerra Mundial, Mamy rodará Dédé de Montmartre con Albert Préjean como actor principal.

Al producirse la derrota francesa en junio de 1940, Mamy empezó a escribir para diarios y revistas calificadas como colaboracionistas ya con el nombre de “Paul Riche”. Mamy se sentía próximo al Parti Populaire Français de Jacques Doriot y fue redactor-jefe de L’Appel, una revista partidaria de la colaboración con Alemania. Los méritos de Mamy como redactor de L’Appel le llevaron a ser requerido por la oficina de propaganda alemana en París para dirigir Forces Occultes. A la Propagandastaffel no se le había escapado que Mamy era masón y, seguramente por eso, consideraba que era el más adecuado para realizar un film de propaganda antimasónica con conocimiento de causa.

En agosto de 1944, tras el desembarco en Normandía y tras la ocupación norteamericana de París, Mamy fue detenido por las Fuerzas Francesas del Interior de carácter gaullista. Pasó tres años en cárcel antes de ser juzgado, condenado a muerte y fusilado. Se le acusó de haber colaborado con la Gestapo. Sus versos escritos en la prisión de Fresnes fueron publicados por su hijo en 1963 con el título de Les Barreaux d’or.

En Forces Occultes, Mamy con apenas cinco filmes en su haber, titubea y realiza una cinta desigual en la que alterna escenas geniales con otras de banalidad y desinterés absolutos. Los dos puntos clave de la revista son la escena de la iniciación masónica, por supuesto, pero también el arranque de la película con las escenas del debate parlamentario que marcan los dos polos ideológicos de la obra. Vaya por delante que en su conjunto no es una buena película, sino que se trata más bien de una cinta mediocre que ha conseguido pasar a la historia del cine por estos dos momentos que hacen de la película un testimonio honesto, realista y sin adulteraciones de ningún tipo de lo que ocurría ayer y sigue ocurriendo hoy en el interior de las logias masónicas en las ceremonias de admisión de nuevos miembros y un documento que resume la crítica fascista al parlamentarismo.

Jean Marqués-Rivière: el guionista

La ambientación y la escenografía de la película, así como una parte sustancial del guión se deben a Jean-Marie Rivière, más conocido en la literatura esotérica como Jean Marquès Rivière. Rivière falleció en el año 2000 a la provecta edad de 97 años después de una vida intensa especialmente en el terreno esotérico y ocultista. La fama de Rivière y su presencia en Forces Occultes deriva precisamente del prestigio del que gozó en los medios culturales franceses de las entreguerras como representante de la corriente esotérico-tradicionalista. A los 13 años se había interesado por el budismo y esto le llevó a la Sociedad Teosófica, entrando en  esta temática por la puerta equivocada propia de los seguidores de Helena Petrovna Blavatsky, pero tras un breve tránsito por esta sociedad, ingresó en la masonería y, ya en su interior, se interesó por los planteamientos de René Guénon y por su “tradicionalismo integral”. En 1925 una delegación tibetana compuesta por varios lamas se desplazó a París , uno de los cuales lo inició en el “angkour”, un ritual del budismo tántrico. En esa época había emprendido estudios de sánscrito que le permitieron desarrollar su innata vocación orientalista.

No es raro pues que Rivière, una vez familiarizado con la obra de Guénon, iniciada ya la II Guerra Mundial pasó a las filas del “colaboracionismo”. En realidad, Rivière había abandonado la masonería antes del escándalo Stavisky y se convirtió en uno de los críticos más persistentes a la presencia masónica durante la III República. Sabía de lo que hablaba, no en vano, había sido alto cargo de la masonería y su presencia en la revista Documents Maçonniques fue celebrada por toda la redacción.

Durante esos años escribió docena y media de libros sobre historia del esoterismo, de la francmasonería y del orientalismo que todavía hoy son regularmente reeditados y siguen figurando entre las mejores obras sobre estos temas. A la sombra de los monasterios tibetanos, su primera novela publicada cuando tenía 27 años sigue siendo objeto de reediciones en varias lenguas. También publicó artículos en la revista dirigida por René Guénon, Le Voile d’Isis y varios ensayos de contenido político. En 1940, cuando ya había abandonado la masonería y convertido en un crítico de la misma, publicó su gran obra, Historia de las Doctrinas Esotéricas obra a la que inevitablemente van a parar todos los que aspiran a escribir en la actualidad sobre este tema. A partir de ese momento, la casi totalidad de sus obras fueron estudios críticos sobre la masonería escritos desde el punto de vista de alguien que había conocido desde dentro a la asociación y sabía de lo que estaba hablando. Mención particular merece la obra La traición espiritual de la franc-masonería, lamentablemente no publicada en lengua castellana. Se trata de una obra escrita en la línea del tradicionalismo integral de René Guénon en donde reprocha a la masonería el haber servido como ariete contra el mundo de la Tradición y ser un elemento más para la construcción del mundo moderno. Tras la II Guerra Mundial escribió sobre doctrinas orientales y orientalismo.

El cambio de posición de Riviére y su tránsito de la masonería al anti-masonismo tuvo lugar en 1930 cuando su maestro, René Guénon, ya se había establecido en Egipto. En esa época, Rivière, realizaba rituales tántricos en los que intervenía sangre y alcohol, invocando a “deidades” terribles para obtener “poderes”. Con el uso y abuso de estos rituales terminó obsesionándose con lo que el ocultismo considera “habitantes sutiles del mundo intermedio”. Estos rituales, realizados sin la necesaria cualificación requerida se habían saldado con fracasos totales y con un estado de obsesión permanente. Fue en ese momento cuando se produjo el cambio. Rivière se sometió al ritual del exorcismo practicado por el padre Joseph de Tenquédec, gran exorcista de la archidiócesis de París y se reintegró a la Iglesia Católica. Poco después entregaba a Le Volie d’Isis un artículo sobre los riesgos de las “prácticas mágicas”. Guénon en ese momento ya se encontraba en Egipto y reprochó al director de la revista el que hubiera publicado el texto de Riviére que le parecía confuso.

Tal fue la temática de La Traición espiritual de la franc-masonería con el que se inicia la serie de los escritos antimasónicos de Riviére que le llevaron a ser uno de los organizadores de la exposición antimasónica de París realizada en plena ocupación a la que siguió su participación en el guion y en la escenografía de la película Forces Occultes.

Al entrar los aliados en París, Rivière se desplazó hacia el Este y durante varios años se perdió su pista. Más adelante se supo que había conseguido alcanzar España. Su responsabilidad en las actividades antimasónicas durante la ocupación y, especialmente, la redacción de textos críticos en relación a la masonería fueron los elementos que determinaron el que un tribunal lo condenara a muerte en contumacia… condena exagerada especialmente si tenemos en cuenta que su único delito había sido escribir y presentar los rituales masónicos tal como se celebrar en el interior de las logias.

Maurice Rémy: “Pierre Avenel”

Maurice Rémy que en la película asumía el papel de protagonista como “diputado Pierre Avenel”, había rodado entre 1930 y 1942, 35 películas. Forces Occultes sería la última de su carrera, nunca más volvería a protagonizar ningún otro film. Su nombre, ha sido eliminado de todas las historias oficiales del cine francés y ni siquiera en Wikipedia es posible saber incluso su lugar de nacimiento y la fecha de su muerte.

La película, a pesar de tratarse de una cinta que ha sido vista más en los últimos años (a través de sistemas P2P y de youTube) que en el momento en que fue estrenada, no fue olvidada por aquellos contra los que iba dirigida: la francmasonería. Es curioso constatar que, en la actualidad, incluso algunas webs masónicas recomienden ver esta película y en especial la escena de la iniciación masónica, como la única posibilidad que tiene el profano de aproximarse a la escenificación de un ritual celebrado en las logias.

Si tenemos en cuenta que el director de la película fue fusilado (y su delito había consistido en realidad en mostrarse leal y aceptar al gobierno de Vichy), si tenemos en cuenta que el guionista debió exiliarse y fue condenado a muerte en contumacia y si tenemos, finalmente, en cuenta que el actor protagonista, después de una prometedora carrera y de haber protagonizado 35 cintas no volvió nunca más a protagonizar una película y que su nombre desaparecería de la historia del cine… podemos afirmar que la cinta no aportó sino desgracia a quienes participaron en su elaboración de manera destacada. ¿Tan peligrosa era una película que se limitara a mostrar que la masonería había jugado el papel de una sociedad influyente durante la III República y recordar que algunos de sus miembros habían confundido la “fraternidad” masónica con la “complicidad”? Debía de serlo a tenor de los destinos de sus artífices.

lunes, 18 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (293) –6.000.000 PARA COMPONER UNA HISTORIA FREAKY DE CATALUÑA


Hasta ahora tenía al Institut de Nova Història de Catalunya como un reducto del más acrisolado freakysmo independentista. En todas las regiones con acumulación de paletos hay instituciones parecidas, en todos los casinos de pueblo, siempre hay algún enterado que hace de su villorrio el centro del universo. Hará medio siglo conocí a uno de Badalona que interpretada cualquier acontecimiento político internacional afirmando, con una seriedad pasmosa, que antes, en su pueblo ya se había producido algo que anunciaba la convulsión internacional. Ahora, por cierto, va de independentista. En cada país hay una cuota de paletos y eso resulta normal e, incluso, divertido. Todos los pueblos han tenido al cura, al boticario, al picoleto, el tonto del pueblo, al cacique. Ahora, el freaky es un personaje casi obligado. El problema es cuando los freakys están subvencionadas por una institución pública, con dinero de todos y que, para colmo, se identifica con sus “estudios históricos”.

El Institut de Nova Història de Catalunya, compuesta por un centenar de sesudos amantes de la historia regional. Sostiene peregrinas tesis sobre la catalanidad de los más diversos personajes históricos. Esta institución, por ejemplo, sostiene que La Gioconda, sería Isabel de Aragón y Monserrat el paisaje que muestra Leonardo como fondo del cuadro. El Lazarillo del Tormes se escribió -¿no se habían enterado?- en catalán, lengua que, faltaría más, era más antigua que el latín (lo sabía hasta el Conde de Güell que así lo proclamó en la apertura de los Juegos Florales de 1902 que, por cierto, pagaba: y todos los intelectuales catalanes de la época le aplaudieron a rabiar). La bandera de los EEUU estaría inspirada en la senyera catalana y bastante tiene Trump en no pagar royalties.

La cultura española no existe. Todo lo que merece ser llamado cultureta ha nacido en Cataluña. Sin ir más lejos, ustedes se acordarán de aquel soldado valeroso que combatió en el esquife de una galera en Lepanto; aquel chico joven que quedó mal-trecho de una mano, Cervantes… bueno, pues, en realidad se llamaba Servent y era -¿cómo pueden dudarlo?- catalán nacido en Xixona. Y en cuanto a su Quijote, por si alguien fuera tan insensato que lo dudase, se trataría de un catalán de soca i arrels, Quixot. Su autor, habría sido perseguido en España y, miren por dónde, cuando se estableció en el Reino Unido, firmó sus escritos como “William Shakespeare”. No busquen a un Shakespeare oriundo de Stanford upon Avon, ni lo confundan jamás con Christopher Marlowe: él era Servent, y venía de la tierra del turrón.

Las enormidades sostenidas por el Institut de Nova Historia (y que pueden disfru-tarse en su web abierta para todos los públicos) no se detenían aquí: Garcilaso de la Vega sería, en realidad, “Galcerán de Cardona” y las obras de Quevedo, simples pla-gios de los escritos del rector de Vallfogona. Sobre Santa Teresa de Ávila, los hombres del INH sostenían, sin el más mínimo pudor, que se trata de la abadesa de Pedralbes. Hernán Cortés, en realidad, sería “Ferrán Cortés”, noble catalán. Más retorcida era la interpretación sobre el origen de Francisco Pizarro, cuyo apellido, al decir de estos iluminados, sería “Pinós De So i Carros”. Por no hablar de Américo Vespuccio que, a despecho de sus indubitables raíces italianas, sería “Aymeric Despuig”, íntimo colaborador de su paisano Joan Colom i Bertran, ese que ustedes tienen, en su ignorancia, una irreprimible tendencia a conocer con el alias de “Cristóbal Colón”…

Todo nacionalismo se sostiene sobre bases históricas subjetivas siempre tuneadas. Lo que ocurre es que, en el caso del nacionalismo catalán, se alcanzan proporciones difícilmente igualables... y subvencionadas. Entre decir que Santa Teresa de Ávila era catalana y de las pirámides fueron construidas por extraterrestres no hay tanta distancia, salvo por el hecho de que los iluminados que ven arquitectos llegados de otras galaxias, lo hacen por su cuenta y riesgo y en el caso del INH, es una de las patas del sainete independentista, no por ser la más freaky, está menos subvencionada.

Seamos claros: ni dentro ni fuera de Cataluña, no hay ni un solo historiador, con un mínimo de prestigio en la profesión (y en Cataluña hay verdaderos eruditos en la historia jubilados o en activo), que se tome en serio NI UNA de las peregrinas tesis de este grupo de paletos de casino de pueblo. Pero la gencat juzga que son lo suficientemente “serios” para acceder a generosos subvenciones. Sus miembros suelen ser, al mismo tiempo, dirigentes de otras organizaciones independentistas: desde la CUP hasta la ANC.

El presidente y la persona de contacto del INH es un tal Alberto Codinas Poch. Hace falta tener rostro para ser la cara visible de una organización con tal perfil freaky. En un país normal, alguien que sostuviera tesis como las del INH, no pasaría de ser una curiosidad local, pero en esta Cataluña enferma de independentismo y fuera de la realidad, Codinas Poch es un tipo que merece todos los parabienes de una institución cada vez más excéntrica -la gencat- pero que administra el dinero procedente de nuestros impuestos. Este individuo está al frente de varias fundaciones (Tas-ca, Jan BCS, la Fundación Catalunya Estat, Via Fora!, la Plataforma Sobinaria i Justicia) que, en su conjunto, en los dos últimos años han recibido 6 millones de euros de la gencat en los dos últimos años…

El Confidencial de hoy cita unos párrafos “supremacistas” del tal Codina Poch. Destilan ignorancia, por una parte y odio por otra. No es nada nuevo; el nacionalismo catalán (se llame independentismo, o se llame nacionalismo moderado) siempre ha sido así. Pero si estos payasos de la historia son algo, vale la pena que se recuerde, urbi et orbe, que es gracias a los dineros de la gencat. Sin esos dineros, no pasarían de ser tristes “enteraos” de casinos de pueblo.





domingo, 17 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (292) – RAMIRO LEDESMA ¿NACIONAL-BOLCHEVIQUE?


De tanto en tanto, se renueva la superchería de que Ramiro Ledesma fue “nacional-bolchevique” y que ese es la definición que mejor le cuadra. Sin embargo, esta catalogación no es más que un título espectacular para un contenido decepcionante: quienes afirman que Ledesma fue “nacional-bolchevique”, evidencian una doble ignorando. No solamente ignoran lo que fue el nacional-bolchevique (movimiento existente en Alemania en los años 20-30, surgido de la extrema-izquierda en la ciudad de Hamburgo y luego, reavivado en los años de la perestroika por algún sector de la “oposición nacional” durante los años de la perestroika), sino lo que intentó políticamente Ramiro Ledesma en la España de los años 30. Con estas notas queremos simplemente evitar que serpiente ideológicas primaverales sigan circulando generando confusión en torno a un pensador que vale la pena conocer en su auténtico rostro, como doctrinario del nacional-sindicalismo, entendido como la forma que asumió la “revolución nacional” en España.

En 1974 Editorial Taurus, especializada en obras de estudio universitarias, publicó la voluminosa obra de Pierre Faye Los lenguajes totalitarios que pasó completamente desapercibida en los circuitos de extrema–derecha españoles. Quince años después, con la irrupción de la perestroika y de la glasnost en Rusia, empezó a ser conocido en los países de Europa Occidental, Alexandr Duguin que realizaba una curiosa simbiosis de doctrinas propias del alma rusa, pensamiento tradicional, nueva derecha, con una revisión del bolchevismo. Fue Duguin y otros nombres que aparecieron en su estela, en especial, Eduard Veniaminovich Savenko (a) «Eduard Limonov», los que asumieron el viejo nombre olvidado desde los años 30 y al que Pierre Faye había algunas páginas en su obra: el «nacional–bolchevismo». Esto coincidió con la reaparición de Jean Thiriart en el terreno de la política, reconvertido en doctrinario casi unidimensionalmente anti–norteamericano. En Rusia apareció un Partido Nacional Bolchevique que, provocadoramente, mostraba una hoz y un martillo sustituyendo a la esvástica en el centro de una bandera roja con el círculo blanco. Para colmo, a principios de los años 90, los restos de la edición del libro de Pierre Faye se liquidaron en las librerías de segunda mano y fue así como algunos miembros de la extrema–derecha a la búsqueda de exotismos y originalidades pudieron leerlo de manera salteada y, la mayoría sin llegar a  entender las sutilezas semánticas que proponía el autor. Fue así como a principios de los años 90, en círculos muy restringidos y marginales de la extrema–derecha empezó a hablarse de «nacional–bolchevismo». Y, entonces, surgió el equívoco…

Hasta ese momento, con la designación de «nacional–bolchevismo», se entendía solamente a una fracción disidente del Partido Comunista Obrero Alemán en la ciudad de Hamburgo, dirigido por Heinrich Laufenberg y Fritz Wolffheim que no pasó de ser una de tantas pequeñas escisiones que sufrió el movimiento comunista alemán en aquellos años. La internacional comunista y el propio Lenin lanzaron todas sus baterías contra la escisión nacional–bolchevique que pronto quedó pulverizada sin poder establecer contactos profundos con sus homólogos del otro lado del espectro político, los «conservadores revolucionarios» en sus distintas variantes. Así pues, todo quedó como curiosidad apta sólo para amantes del exotismo y del freakysmo político.

Cuando se produjo la invasión del Rhur entre 923 y 924, los activistas de extrema–derecha hostiga-ron las comunicaciones francesas siendo duramente reprimidos. Uno de sus exponentes más conocidos, Albert Leo Schlageter fue capturado, sometido a juicio sumarísimo y fusilado. La popularidad de Schlageter, su adscripción al NSDAP y su evidente y absoluto alejamiento de las corrientes reaccionarias, hizo que el propio Karl Radeck, enviado por la III Internacional a Alemania, escribiera algunos artículos y pronunciara algunas conferencias en las que trataba a Schlageter casi con cariño y admiración, defin-iéndolo como «valeroso soldado de la contra–revolución». Entonces volvió a hablarse de «nacional–bolchevismo» y algunos creyeron entender que el líder de la Internacional se había aproximado a esta corriente, algo que el propio Radeck se encargó de desmentir aludiendo a que una cosa era el «nacional–bolchevismo» ya condenado por Lenin y otra muy diferente la adaptación del bolchevismo a las caracte-rísticas de una nación concreta.

También es cierto que entre las rarezas que aportó Francia al fascismo se encuentra el caso del minúsculo Partido Nacional Comunista de Francia, fundado por Pierre Clementi el 7 de abril de 934. Clementi (al que conocimos a principios de los años 70, estuvo en contacto con las distintas corrientes neofascistas de postguerra) fundó en 938 la revista Le Pays Libre, órgano del PNCF. A pesar de su nombre, nadie dudaba de el partido estaba situado en el área heteróclita y poliforme del fascismo galo como una de sus fracciones más minúsculas. Tras el desplome del ejército francés en junio de 940, el partido fue reactivado de nuevo en julio, pero los alemanes rechazaron que figurara en el nombre la referencia «comunista» por lo que Clementi decidió llamarlo «Nacional–Colectivista», lo que le permitía mantener la misma sigla. Clementi apoyó la creación de la Legión Francesa de Voluntarios que luchó en el frente del Este. En la postguerra, participó, junto a Per Enghald, Maurice Bardéche, René Binet, etc, en la creación del Movimiento Social Europeo del que se escindió creando el Nuevo Orden Europeo. En definitiva, otra rareza política de las muchas de la época.

Ninguno de estos caminos se cruza con Ramiro Ledesma: ni era europeísta como lo fue Jean Thiriart, uno de los que recuperaron en parte el tema nacional–bolchevique; ni demuestra la más mínima adscripción al marxismo como Laufenberg y Wolffheim, ni, por supuesto evidencia en lugar alguno el más mínimo signo de simpatía por Karl Radeck o por la Internacional Comunista. Es más, siempre que se expresa en relación a ella lo hace en términos hostiles.

Es cierto que, en los primeros números de La Conquista del Estado, Ledesma colocó algunos entrefilets en los que cometía excesos conceptuales: «Viva la Alemania de Hitler, Viva la Rusia de Stalin, Vila la Italia de Mussolini». Pero también era un signo de los tiempos. En Francia, los «no conformistas» consideraban que las «juventudes europeas» seguían varios caminos, el del bolchevismo, el del fascismo y el del nacion-alsocialismo, así pues, se trataba de encontrar también una «vía francesa» para las juventudes de ese país. Y otro tanto pretendía hacer Ramiro Ledesma en España. Pero, es evidente, y lo hemos demostrado hasta la saciedad, que Ledesma buscó apoyos para sus proyectos en la derecha monárquica bilbaína, tenía una concepción estratégica que tendía hacia la unificación de las distintas corrientes del «fascismo nacional» para lograr una vía propia para las «juventudes de España» y en todo momento y sin fisura alguna rechazó las tesis marxistas y profesó hacia el comunismo una hostilidad que era, a la vez, doctrinal y práctica. Así que, en buena lógica, Ramiro Ledesma no pudo tener absolutamente ninguna relación con el nacional–bolchevismo, ni se interesó jamás por él, ni hay fundamento alguno para considerarlo ni s-quiera remotamente como simpatizante de esta corriente. Pero, como algunos parecen pensar que el pensamiento, la vida y la obra de Ramiro son deformables a voluntad, no faltó lo que podemos calificar como «deformación ingenua» o bien como «torsión forzada nacional–bolchevique».

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¿Cuáles son los argumentos para ello? Débiles, excepcionalmente débiles. De un lado, leemos en la web en un artículo titulado “Ramiro Ledesma nacional-bolchevique”: «Si como he indicado en anteriores ocasiones, el Nacional–Bolchevismo es la unión armónica entre las concepciones más radicales de lo nacional y lo social, evidentemente podemos afirmar que Ramiro Ledesma Ramos era un Nacional–Bolchevique. ‘He aquí esas dos palancas: una la idea nacio­nal, la Patria como empresa histórica y como garantía de existencia histó­rica de todos los españoles; otra, la idea social, la economía socialista, como garantía del pan y del bienestar económico de todo el pueblo’, afirmará con rotundidad Ramiro»...

Henos aquí en pleno delirio: cualquiera que manifieste ciertas dosis de patriotismo y una «vocación social» será, por eso mismo, «nacional–bolchevique» pues no en vano, el autor considera que el nacional–bolchevismo es solamente eso: unir lo nacional con lo social… algo que si se consulta el programa del Partido Popular verá incluso reflejado, como está reflejado en las democracias cristianas, en las socialdemocracias, en los partidos liberales y, por supuesto, en todos los comunismos, incluso en aquellos que hacían gala de internacionalismo y en los que, antes o después, aparecía el patriotismo propio de la izquierda jacobina. Por lo mismo, podríamos decir que «si nacional–bolchevismo es el día sucediendo a la noche, el orden del mecanismo cósmico newtoniano es… nacional–bolchevique».

El problema es que el nacional–bolchevismo no es eso, no es en absoluto unión «entre las concepciones más radicales de lo nacional y lo social»… y retamos a alguien a que nos demuestre que el nacional–bolchevismo de Laufenberg y Wolffheim fuera radical en «lo nacional»… cuando simplemente lo que hacía era introducir en la ecuación de la III Internacional el «factor nacional» como una pieza más a tener en cuenta, pero que no desembocaba en absoluto en un «nacionalismo radical». En ocasiones se ha tenido como «nacional–bolchevique» a aquellas concepciones geopolíticas que, en la crisis terminal del Esta-do Soviético, abogaban por un eje euro–soviético frente al americanismo (Thiriart por un lado y Duguin por otro, eran los heraldos de esta corriente). Ledesma no tiene ni una sola frase en la que se muestre como decidido partidario de una alianza euro–soviética. Es más, ni siquiera contempla al Partido Comu-nista (y en muy escasa medida el Bloque Obrero y Campesino de Joaquín Maurín del que apenas realiza un par de referencias elogiosas en sus escritos) como una fuerza revolucionaria, sino que tiende a considerar como tal al anarco–sindicalismo de la CNT, el cual elogia con relativa frecuencia y que, por supuesto, no solamente no es «bolchevique», ni «nacional–bolchevique», sino anti–bolchevique. Pero esto es lo de menos, porque tales elogios son recuperados por el autor del citado artículo en el que olvida el título para intentar demostrar que Ledesma propuso en su época un «frente unido contra el sistema», afirman-do que intentó alzar la bandera de la «revolución nacional proletaria»…

Es triste morir fusilado para que setenta años después venga un ignorante y malentienda hasta tal punto la propia obra. El autor termina el artículo, cuya lectura genera una irresistible tristeza y la convicción de que la intelectualidad no es precisamente una de las cualidades de la extrema–derecha española actual, con esta frase: «Fueron sin lugar a dudas los primeros Nacional–Bolcheviques españo­les y tal como diría el propio Ramiro Ledesma Ramos al final de su genial ¿Fascismo en España?, «tanto a él como a sus cama-radas les venía mejor la camisa roja de Garibaldi que la camisa negra de Mussolini». Afanosamente hemos intentado releer el artículo varias veces para entender cómo se puede concluir que Ledesma y los suyos «fueron los primeros nacional–bolcheviques españoles» y, cómo para cerrar la demostración citar la frase con la que se cierra ¿Fascismo en España?, a propósito de Garibaldi… que ni era bolchevique, ni marxista, sino que representaba uno de los puntales de la revolución burguesa, del nacionalismo liberal y de la unificación italiana, que en un artículo sobre el nacional–bolchevique es como mezclar la velocidad con el tocino.

No, Ramiro Ledesma Ramos no fue un «nacional–bolchevique», ni nada por el estilo, conclusión a la que habrían llegado algunos si se hubieran preocupado de saber qué diablos era el «nacional–bolchevismo»…

jueves, 14 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (291) – GRIETAS CADA VEZ MÁS PROFUNDAS EN EL MUNDO INDEPE


Las noticias que se reciben de Cataluña en el resto del Estado y en el extranjero, tienen desde hace un mes una única dimensión: el proceso por aquella filfa de referéndum del 1-O. Afortunadamente, Cataluña es algo más que un proceso… Pero ¿lo es? Se demostrará en el próximo maratón electoral.

En los comentarios de la población, el proceso no registra el más mínimo interés. La prensa, eso sí, todos los días, da cuenta de las novedades y las cámaras fijas presentan las declaraciones de los testigos… ¿Hay alguien que las vea? Quizás las familias de los acusados directamente implicados en la declaración de tal testigo, los becarios de las redacciones que quedan encargados de seleccionar los clips que mejor convienen a la política de la empresa propietaria del medio y poco más.

Para los independentistas, el proceso se hace sin garantías judiciales y los acusados están indefensos… El problema es que el proceso se está viendo en todo el mundo y los juristas o aspirantes a tales, tienen la ocasión de ver si el proceso se atiene a los estándares judiciales dominantes en todo el mundo, o se trata de un proceso estalinista en el que un vociferante fiscal, a lo Andrei Vichinsky, el que llevó la acusación en las purgas de Moscú de los años 30. Así mismo, los juristas pueden tomar nota de las alegaciones de los defendidos que se basan en esto: “convocar un referéndum no es delito”… olvidando que, en todos los países, hay unos mecanismos constitucionales y legislativos para ello. Y ese es el problema: que todo el mundo está viendo a unos pobres tipos, víctimas de su prepotencia, de su fanatismo y de las engañifas que el “capitán Araña” y de los armadores del “procés”, les lanzaron en este fenomenal embrollo, pillados, unos en su ingenuidad, otros en sus ambiciones y casi todos en su tontería. Que acaben ya el “proceso al procés” que el circo debe continuar con otros números.

Y el circo en estos momentos, en Cataluña, es, sobre, todo, electoral. Pocas elecciones como estas van a ser tan significativas: que ERC se llevará el título de partido mayoritario parece cantado. Pero esa no es la cuestión, sino lo que hará desde la gencat: ¿reconocer que toda la vida política catalana ha estado varada desde aquella malhadada idea del pobre Maragall de iniciar la tramitación de un “nou estatut”, aguas primigenias que han traído estos lodos y que ya es hora de pasar página? O bien ¿seguirá insistiendo en la vía muerta del referéndum, eufemismo para aferrarse a la independencia imposible, inviable y demodé? La primera implicaría el declive definitivo del nacionalismo (¿qué nacionalismo es ese que reconoce la inviabilidad en la construcción de una nación?) y la segunda es más de lo mismo.


Fuera de ERC -con sus diferencias interiores de criterios, con su ausencia de estrategia en este momento, con un déficit en sus análisis políticos y un inmovilismo en sus objetivos, no sea que vayan a decepcionar al elector independentista- el resto de formaciones que apoyaron el procés están envueltas en una crisis de la que difícilmente saldrán: la CUP y el PDCat.

No sin cierta lógica, la CUP ha decidido que no participará en las elecciones generales. Si no se consideran parte del Estado Español, ¿para qué participar en unas elecciones? Buen argumento que cae ante el visible debilitamiento de esta sigla tras los fracasos mayestáticos de las manifestaciones del 21 de diciembre de 2918 y del 27 de febrero de 2019 que debía ser una huelga general y ni siquiera llegó al estadio de embotellamiento general. No es que se ausentes por este motivo o porque reconocen por anticipado la derrota que les aguardaría. Prudentemente, la CUP ha decidido replegarse y concentrarse en las elecciones locales en donde tienen perspectiva de salvar el sueldo a unos cientos de concejales. Veremos si lo consiguen… porque, de momento, lo único que han logrado es que una de sus tendencias interiores, Poble Lliure, sí se presenten y con ellos se una el grupúsculo Som Alternativa de aquel argentino espabilado, Dante Fachín, que dejó en la estacada a Podemos, tras ser su secretario general en Cataluña, y que, tras su “brillante” declaración en el proceso por el 1-O aspira a seguir viviendo del cuento.

En realidad, lo que se está jugando en el interior de la CUP es una lucha para ver quién controla el chiringuito. Se trata de una organización asamblearia que ya parece difícil que haya aguantado los sucesivos fracasos que ha promovido o en los que ha participado, utilizando un lenguaje “revolucionario” y perentorio, más propio de los años 60 y 70 que del siglo XXI. Pero todo se acaba y la sensación que dan las CUP es que hace mucho que llegaron a su techo máximo. Tras quemar a varias promociones de militantes, ahora les queda remitir. Y en eso están.

¿Se acuerdan de CiU? Las siglas dominantes durante el “pujolato” se extinguieron: UDC sigue existiendo como residuo testimonial y CDC se transformó en PDCat para huir de los muchos procesos que la anterior sigla tiene abiertos. La sigla CiU durante un largo ciclo de casi 40 años fue el paradigma de lo que se llamó “el nacionalismo moderado”, pero los casos de corrupción y el aventurerismo de Artur Mas, implicaron el declive de la sigla. Cuando apareció Carlos Puigdemont, el partido ya estaba en crisis y eligieron a un tipo de provincias para estar al frente.


Puigdemont sería eso que en los EEUU llaman un “paleto de la América profunda”, un tipo con pocas luces, pero ambicioso y que, fuera de la política y de la pastelería familiar, literalmente, no tiene donde caerse muerto. La primera jugada le salió bien: para evitar el “sorpasso” de ERC, les propuso una alianza, Junts per Catalunya. Y Oriol Junqueras se lo creyó. ERC renunció a ser el partido mayoritario en Catalunya para subsumirse en una coalición que debía llevar Cataluña a la independencia. Meses después, Junqueras se dio cuenta de que lo habían timado. Se sabe lo que ocurrió después: tras el 1-O todo estalló: Puigdemont se preocupó de salvarse a sí mismo y allí sigue, en su Waterloo particular. Junqueras, en cambio, lleva más de un año en prisión y luce sombrío en el banquillo de los acusados convertido en el predicador de dos religiones que pierden creyentes día a día: el catolicismo y el independentismo.

Puigdemont podía pasar hasta ahora como un político honesto que ha huido para seguir adelante con sus ideas… salvo por el hecho de que ahora se ha sabido que Puigdemont ocultó un informe interno que admitía corrupción masiva en la obra pública ejecutada en Cataluña. Dicho con otras palabras: la corrupción del 3-5% sigue viva y activa, es una herencia del “pujolato” que ha sobrevivido a la descomposición de CiU, al “procés” y que forma parte de la “construcción nacional de Cataluña” tanto como la sardana o los concursos de castellers de TV3. ¿Honestidad? Sí, pero con el 3%. Los datos que hoy presenta El Confidencial sobre este tema, por supuesto, son evitados en la titubeante prensa catalana e ignorados por los independentistas.

Al paleto de Waterloo le ha caído esta noticia, en uno de esos días de desgracia, cuando el gobierno español y el parlamento europeo han tirado por tierra su particular cuento de la lechera. Puigdemont aspiraba a presentarse a las elecciones europeas, ser elegido, recibir inmunidad parlamentaria y volver a España con lo que sería feliz y comería perdices. Le han dicho que no. Napoleón, al menos tuvo una isla para gobernar sus últimos años. Puigdemont solamente tiene su “república digital”. ¿La Crida per la República que promovió? Creada como tramoya “unitaria”, no logró atraer a nadie salvo a escasos sectores del PDCat.

En la última reunión del consejo de dirección del partido, compuesto por 440 miembros, solamente asistieron 176. Puigdemont impuso sus candidatos, recibiendo la hostilidad de buena parte de la organización, especialmente de las comarcas de Gerona (su tierra natal). Pocas horas después de conocerse las listas, 200 afiliados se dieron de baja. Las voces que claman para que el presidente del partido, David Bonvehí, sea sustituido, agravan la situación interior.

¿Qué ha ocurrido? Algo muy simple: a poco de crear Puigdemont La Crida Nacional per la República, se dio cuenta de que carecía de “tirón” y que su recorrido estaba agotado en la misma meta de salida. Así que ha decidido recuperar el control sobre el PDCat e imponer sus candidatos y sus puntos de vista… al margen de las opiniones de los afiliados. Lo que, en la práctica, implica que el centro político del independentismo (lo que en otro tiempo fue CDC) está ahora vacío: porque el PDCat es ya hoy un partido convertido en un mero títere de un paleto exiliado por sus propios errores y por sus torpezas.

Y así afronta el mundo independentista las próximas convocatorias electorales. ¿Qué puede esperarse? Victoria pírrica de ERC antes del mazazo que supondrán las sentencias del 1-O, con sus multas y sus inhabilitaciones. La obsesión por la independencia será sustituida por la petición de amnistía. Dos elecciones más y Rufián tendrá que vivir del paro…

Así está la Cataluña independentista. Menos mal que Cataluña es algo más que el independentismo, mientras que del independentismo se sabe que existe gracias a las noticias que van llegando sobre el “proceso al procés”.

martes, 12 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (290) – EL ENÉSIMO PROBLEMA DE LA INMIGRACIÓN, LOS MENAS


Solamente puede considerar que el problema es nuevo aquel que tenga mala memoria: existen esos que ahora se llama “MENAS”, o menores sin acompañamiento”, desde principios del milenio. En Barcelona existía una colonia de 400 MENAS, cuando se les llamaba “niños de la calle” que cada día robaban en el centro de Barcelona, cada día eran detenidos, cada día llegaban al “centro de menores”, recibían la ropa de marca (llegó a producirse una revuelta cuando un buen día no les entregaron ropa de marca porque su interés no era utilizarla sino venderla a la mañana siguiente en la plaza Real), desayunaban, se fugaban del centro y se iban de nuevo a cometer hurtos, robos y ejercer como tironeros en el centro… para ser detenidos y repetir así el ciclo. Así que el problema existe, como mínimo desde el 2.000. Harina de otro costal es que ningún gobierno se haya preocupado por el fenómeno, se le haya dejado pudrir y, por aquello de la autonomía municipal y porque las comunidades autónomas, al parecer, debe servir para algo, el Estado delegó en ellas la resolución del problema.

Pero lo cierto es que la Ley del Menor se aplica a cualquier menor que está sobre territorio nacional. Por tanto, los menores sin acompañamiento quedan bajo la tutela de las comunidades autónomas. No es una mala solución para los 17 organismo autónomos, si tenemos en cuenta que, es este nivel administrativo, todo se resuelve “habilitando un presupuesto”, en la absurda creencia de que cuanto más alto sea, mejor se solucionará el problema. Y no es así, porque los hechos demuestran que, esos menores una vez cumplen la mayoría de edad y dejan de estar tutelados por el Estado, hacen cualquier cosa, menos trabajar.

¿Qué problema tienen los MENAS? Ese esa es la cuestión: que los MENAS se ha demostrado suficientemente que constituyen en sí mismos, un verdadero problema. ¿Qué hace falta para demostrar que casi 20 años de paños calientes han dado como resultado el crecimiento más y más del fenómeno y el que desde el principio ha constituido una fuente de provisión para las legiones de delincuentes que opera en nuestro país?

No hay, por supuesto, estadísticas al respecto, lo que implica, a las claras, que los programas de integración llevados por las Comunidades Autónomas en relación a los MENAS, no han conseguido hacer de ellos “buenos ciudadanos españoles”. De haberse logrado este objetivo sería enarbolado como un “gran logro democrático”. ¿Han oído alguna referencia oficial al tema? ¿No? Pues, es seguro que ha resultado un fracaso.

De tanto en tanto, además, aparecen noticias que lo confirman. A principios de año, cuando se produjo una agresión sexual contra una pareja en la periferia de Barcelona, La Vanguardia publicó que los agresores eran antiguos MENAS que vivían en una casa ocupada. El día en que exista un solo representante honesto y responsable en esa cueva de nulidades que es el Congreso de los Diputados, le sugerimos que la primera pregunta que formule es “¿Cuántos MENAS han sido acogidos por el Estado y por las 17 comunidades autónomas desde el año 2000 y cuál es el porcentaje de niños tutelados que se han reinsertado en la sociedad y hoy viven de su trabajo, cuántos de subsidios, cuántos han cometido delitos y cuando han desaparecido de cualquier registro…”. Y, SINCERAMENTE, ESPERO QUE EN LA PRÓXIMA LEGISLATURA HAYA ALGÚN DIPUTADO CON REDAÑOS SUFICIENTES PARA FORMULAR PREGUNTAS DE ESTE TIPO.

Una pregunta así -a la que estaría obligado a responder el ministro del interior- no solamente daría como resultado conocer la dimensión del fracaso de esa política, sino el dinero de los contribuyentes que se ha arrojado por la letrina.

¿Tiene solución el problema? ¡Claro que la tiene! En primer lugar, hay que defender el derecho de los hijos a estar junto a sus padres y la obligación de los padres a tener cerca de sí a sus hijos menores. Y esto vale en Manhattan, en el valle del Rif o en el Ensanche barcelonés. Si por España aparece un niño solo, la obligación del Estado es hacer todo lo posible para situarlo junto a sus padres. Y si el niño es extranjero, la obligación corresponde al consulado de su país más próximo. Así que dejémonos de estupideces y de ir de redentores por la vida: la obligación del Estado Español no es amamantar a un “niño” marroquí (se calcula que más de un 90% de los MENAS son de ese origen) sino entregarlo a los representantes consulares de su país para que sean ellos los que asuman su obligación de encontrar a sus padres.

Problema: que los MENAS no cuentan ni dónde viven sus padres, ni siquiera cuál es su país. No importa, existen traductores y lingüistas que son capaces de reconocer el acento y las locuciones empleadas en cada región del Magreb. Es mucho más humano duplicar o triplicar el número de estos funcionarios, para que, una vez constatada la nacionalidad de los MENAS, se les deje en la puerta del consulado de su país. Y ahí termina la responsabilidad del Estado Español.

¿Y si en algún caso no se lograse determinar la nacionalidad? Sería raro, pero en ese caso, el esfuerzo del Estado debería estar destinado a convencer al menor para que diera los datos (y si el MENA en cuestión demuestra maña fe e intentos de ocultación, el Estado debe responder con algo tan simple como llevándolo a algún establecimiento en régimen cerrado hasta que se averigüe su nacionalidad. En última instancia, el niño debería de ser entregado a la delegación de alguna agencia internacional de la infancia: porque UNICEF está para eso. ¿O no?

Hoy mismo, El Confidencial publica un artículo sobre los MENAS: dos cosas llaman la atención. La primera es que las declaraciones de los “trabajadores sociales” y “educadores” son de una ingenuidad rayana en la estupidez (en dicho artículo una educadora dice: “Los niños vienen aquí con la idea de trabajar, pero luego se encuentran con que no pueden hacerlo con 12 o 13 años”, algo que recuerda la frase de Humphrey Bogart en “Casablanca” cuando un policía le pregunta: “¿Qué le trajo por aquí?”, y el responde: “El Mar”. “Pero en Casablanca no hay mar” y dice: “Me informaron mal”…).

Lo segundo que llama la atención es el realismo de las fuentes policiales es palmaria cuando reconocen que los MENAS “¡Se comen a los educadores con patatas!”. Estos días, cuanto la situación con la colonia de 50 MENAS de Canet de Mar es absolutamente insostenible, el ayuntamiento ha tenido que pedir ayuda a la ciudadanía, presentándose un grupo de voluntarios que realizarán una especie de voluntariado social con estos “niños de la calle”. Es la crónica de un fracaso anunciado. También es el reconocimiento de que los profesionales del sector, simplemente, no pueden hacer nada, ni tienen energía, ni autoridad, ni respaldo para hacer nada más que almacenar a los niños en albergues con las puertas abiertas, darles ropa, cama, comida, wi-fi, televisión por cable y libertad para hacer lo que les dé la gana. Y, por cierto, el número de bajas por depresión, el número de educadores que sienten terror al tratar con los MENAS, va creciendo de día en día.

¿A dónde van los MENAS? Respuesta: a donde saben que existen mejores condiciones para ellos. Es decir, una vez más, la inmigración se rige por la ley del mínimo esfuerzo. Allí donde se da más y se exige menos, es donde van a parar, es decir, a Cataluña en cabeza y en menor medida al País Vasco, en tercer lugar, a Andalucía.

¿Cuántos MENAS hay en España? Dicen que 12.000. Quizás sean más. ¡Qué lejos están los tiempos en los que solamente había 400 merodeando por Barcelona? El fenómeno se está convirtiendo en masivo, especialmente durante el último año en el que las mafias de la inmigración han notado que Pedro Sánchez tiene la mandíbula blanda en la materia.  
Propongo hacer una porra: me juego lo que quieran a que, si la izquierda sigue en el poder en España y el PSOE se mantiene en el poder en alguna fórmula de coalición, antes de fin de año, los MENAS llegarán a 20.000. A que nadie, ni siquiera un socialista se atrevería a apostar contra esta previsión…



  

lunes, 11 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (289) – EN LA MUERTE DE GUILLAUME FAYE


Hace cuatro días, el 7 de marzo de 2019, falleció en Angulema Guillaume Faye. Uno de los pocos libros que salvé de la liquidación de mi biblioteca convencional fue el primero que leí de él durante mi exilio francés, Le système à tuer les peuples. Desde entonces he seguido su carrera como ensayista. Al volver a España lo perdí de vista y durante años no volví a saber de él. En un viaje a París -debió ser a finales de los 90- compré la nueva revista que publicaba, J’ai tout compris. Ayudé en la traducción de El Arqueofuturismo que incluía algunas notas sobre su polémica con Alain de Benoist, su exclusión del GRECE (por dos ocasiones, en 1986 y en 2000), y, desde entonces, fui traduciendo algunos libros y artículos que escribió entre 2000 y la fecha de su muerte.

No tengo ningún inconveniente en afirmar que su obra constituyó una inspiración para mí. Sus puntos de vista y la forma en la que los exponía, generalmente provocadores e impactantes, animaron múltiples debates. Fue uno de los que primero denunciaron la “islamización de Europa” y denunció el rostro de la modernidad. La fórmula “arqueofuturista”, síntesis de tradición y revolución, sigue siendo para algunos de nosotros la mejor expresión del pensamiento alternativo, el mejor paradigma contra la corrección política y el resumen del programa contra el Nuevo Orden Mundial.

Nunca dejó de creer en la idea europea y en el potencial europeo para superar la peor crisis de su historia: la actual.

Su técnica consistía en lanzar andanadas provocadoras que suscitaran debates. Era de los contrarios a cualquier catecismo. Uno de los motivos que me impulsaron a experimentar el mayor respeto y admiración por él fue la crítica que él mismo realizó al “gramscismo cultural” defendido por él mismo y por la “nouvelle droite” en los años 70.

Todos los que lo conocimos, directamente o a través de su obra, sabemos que se trataba de un personaje excesivo, tanto en su vida personal como en sus escritos. A diferencia de otros responsables de la antigua “nouvelle droite”, Faye nunca intentó entrar en los medios de la “respetabilidad intelectual” y optó siempre por el papel, menos rentable, pero más grato desde el punto de vista personal, del eterno “enfant terrible”.

En los medios de extrema-derecha, su libro sobre la cuestión judía resultó muy criticado y se habló de que se había convertido al nacional-sionismo. Es discutible porque la obra de un autor no puede medirse por algunas páginas de uno de sus ensayos, sino por la totalidad de su obra. Como máximo puede reconocerse que Faye compartía la idea de que había que cerrar las puertas al mundo islámico en Europa y que uno de los aliados objetivos para esta cuestión era el Estado de Israel. No era el único en proponer esta idea dentro de Francia, incluso en los medios de extrema-derecha la misma idea había estado presente en los años 50.

Se acusa a Faye de haber sido excesivamente catastrofista en sus previsiones y de haber anunciado una “guerra étnica” que todavía no ha estallado. De hecho, él no la anunció a plazo fijo, pero sí estableció que algunos fenómenos que se están produciendo en la actualidad, suponen los primeros chispazos de esa guerra étnica. Creo, sinceramente, que, en este terreno, Faye acertó plenamente: los nuevos grupos étnicos llegados a Europa siguen sin reconocerse en la cultura europea y mantienen entre ellos el espíritu de tribu aferrados a valores religiosos no europeos y a su propia identidad racial. Si hay momentos en los que están tranquilos es porque el sistema ha comprado la paz étnica mediante un régimen de subsidios. Si nos limitamos a constatar la realidad, cuidadosamente ocultada por medios y tertulianos, veremos que una parte muy importante de los problemas y molestias que sufre la sociedad europea (incluida la violencia doméstica, las agresiones sexuales y violaciones, la delincuencia, el deterioro de la seguridad ciudadana) están vinculados, en mayor o menor medida, al fenómeno de la inmigración masiva y descontrolada.

Libros como La colonización de Europa o El nuevo discurso a la nación europea, o el mismo Arqueofuturismo con el que regresó a la arena de la polémica, seguirán siendo libros de texto para todos los que muestren una objetividad y una ausencia de prejuicios ideológicos en su intento de ver la realidad tal cual es y no mediante la utilización de prismas y lentes deformantes.

El esfuerzo de Faye, su carácter dionisíaco y carente de prejuicios, lo situaban en las antípodas de los intelectuales pequeño-burgueses que solamente aspiran a que su obra sea reconocida en los foros bienpensantes y de alta difusión.

Faye, como Evola, como el propio Benoist, incluso como Thiriart, Duguin y tantos otros, exigen del lector cierta formación cultural y cierta capacidad para discernir, discriminar y decidir. No son obras que puedan aceptarse o rechazarse en su totalidad, cada una de ellas tiene matices, aciertos y déficits y así hay que tomarlos. Faye ni tendrá ni exigirá, ni siquiera le gustaría que existieran “fayeanos”: lo que sí exige del lector es algo tan simple como que piense por sí mismo. Si en este blog figura en el encabezamiento un paradigma personal, reconozco que parte de él, se debe a escritores como Guillaume Faye, grande entre los últimos intelectuales europeos.




viernes, 8 de marzo de 2019

365 QUEJÍOS (288) – LA QUE SE HA LIADO EN CANET DE MAR


En Canet están hartos de los 50 MENAS que han tenido la desgracia de recibir “por imperativo de la gencat”. Y esto llega antes de las elecciones municipales. Por tanto, no puede extrañar que la coalición ERC-PSC que gobierna allí, diga que la convivencia “es normal” y que la oposición está compuesta por “xenófobos y racistas”. Y hete aquí lo más sorprendente: que el partido más independentista, el que dice velar más por las esencias de Cataluña es el que defiende con más énfasis a estos MENAS marroquíes. Curioso este partido “nacionalista e independentista” que acepta que la identidad catalana sea desfigurada por legiones de magrebíes, pero que no está dispuesto a reconocer la identidad española en la región.

Hay que reírse de los mentores del proceso soberanista: siempre hemos dicho que la secesión de Cataluña era imposible por muchos factores, pero uno de ellos, es que una Cataluña independiente sería acogida con más facilidad en la Liga Árabe que en la Unión Europea. Y lo más sorprendente es que los “grandes defensores de la catalanidad” sean los que permanecen de espaldas a la realidad: que la convivencia en la región se está deteriorando desde hace veinte años por la presencia cada vez mayor de inmigración magrebí traída por la derecha (catalana CiU y española PP) y por las políticas de “integración” de la izquierda (ERC y PSOE).

En lo que casi constituye el límite norte de Tabarnia, se encuentra Canet de Mar. Está gestionado por ERC en coalición con grupos menores y con el PSC. Estando en la oposición PP, CiU y CUP. La alcaldesa, claro está, es de ERC. En la población, de 15.000 habitantes, se anuncian 10 abogados especializados en “inmigración” (ver enlace). Desde 1996, el número de habitantes de la población se ha duplicado por dos fenómenos divergentes: ciudadanos españoles que huyen de Barcelona y llegada masiva de inmigración. Estos últimos suponen entre el 12 y el 15% del total oficial, si bien llegan al 20% teniendo en cuenta que muchos de ellos tienen hijos nacidos en España pero que están más próximos a la cultura de sus países de origen que a la española. De estos, el 21’2% son marroquíes (que llegan, en la práctica, casi al 30% contando su descendencia). Dato sociológico importante: a pesar de que la población inmigrante sea de un 20%, el saldo demográfico es, desde 1996, negativo. Solo en 2017 hubo 121 fallecimientos más que nacimientos. Dicho de otra manera: la población autóctona envejece, y de los 96 nacimientos que hubo ese año, la mayoría fueron hijos de extranjeros.

A 4 km del club náutico de Arenys de Mar se encuentra Can Brugarolas, en la parte alta de Canet. Es, aparentemente, una Casa de Colonias, pero es mucho más que eso. Allí están albergados 50 MENAS, todos ellos de origen marroquí. Como suele ocurrir en partidocracia, cuando el que gobierna adopta una resolución (en este caso albergar a los 50 menores tutelados por la Generalitat) se produce la protesta automática de la oposición, sea la que sea. En este caso fueron el PP y CiU los que pusieron el grito en el cielo por algo… que, si ellos hubieran estado gobernando, seguramente habrían hecho sin el menor empacho. ¿O es que vamos a olvidar que Pujol y Aznar fueron los que abrieron las puertas a la inmigración?

Lo que opinen los partidos es lo de menos. Lo que realmente importa es cómo vive la población la presencia de estos MENAS. Simplemente, no los soportan. ¿Por racismo? En absoluto, por su comportamiento. Ni se trata de 50 niños marroquíes inofensivos que “busquen salir adelante”, como dice la alcaldesa de ERC, sino de un grupo unitario que crea problemas en la población. Los robos en los comercios han aumentado y todos los comerciantes están en guardia. Dado que hay comercios propiedad de pakistaníes, estos no están dispuestos a soportar los hurtos reiterados. La población se queja de que los MENAS se sitúan en lugares céntricos de la pequeña población y molestan a las chicas. Anteayer se produjo un incidente no explicado ni por el consistorio y ante el que los medios prefirieron no indagar mucho, pero que es fácilmente explicable: un individuo, harto, persiguió a uno de los MENAS que le había robado algo y penetró en el edificio de Can Brugarolas provisto de una navaja. Durmió en comisaría y ha sido imputado. En el juicio se sabrá quién y por qué.

Lo innegable es que los delitos han ido en ascenso en la población desde que Can Brugarolas se convirtió en un centro de acogida de MENAS y todos, salvo el ayuntamiento, consideran a los 50 MENAS allí residentes como principales responsables de la oleada de robos. Por algún motivo, pienso ahora en la actitud de Aznar en el año 2000, cuando no reconocía que en El Ejido se había producido un aumento asindótico de la delincuencia protagonizado por los recién llegados magrebíes, hasta que se produjeron dos asesinatos de ciudadanos españoles y todo estalló…

En el mes de enero, ya se produjeron protestas en Canet de Mar: 50 vecinos, hartos de la oleada de robos, hurtos y agresiones protestaron ante el ayuntamiento y constituyeron una plataforma vecinal para buscar soluciones. Hay una que no se le escapa a ningún vecino: cerrar el centro y enviar a los menores a su lugar de origen, junto a sus padres. La Vanguardia publicó el pasado 29 de enero una primera noticia sobre la inquietud en la población: “Los hemos visto saltar de jardín en jardín”, “Los acosan, nos siguen hasta casa mientras nos acechan”, “rodean a los vecinos para robarles el móvil”, “hemos presentado hasta tres denuncias por acoso sexual sobre nuestras hijas, pero las denuncias acaban en nada”… podía leerse en el citado artículo. Desde entonces, en el mes y medio que ha seguido, las cosas han ido a peor. La alcaldesa, por supuesto, se limitó a decir: “Son menores que viven en Canet”… eso fue toda su declaración. Ninguna referencia a su origen, ni a los reproches que les deparan sus vecinos.

En lo que va de año, solamente en Cataluña han llegado 428 extranjeros menores de edad sin compañía de sus padres. Todos son de nacionalidad marroquí. Dado que nadie puede discutir que el lugar de un menor es junto a sus padres, lo normal sería acompañar de la mano al menor marroquí hasta el consulado de su país, dejarlo allí, con el mensaje: “Llevarlo con sus padres”. En lugar de eso, los gobiernos europeos “asumen la tutela” de estos menores hasta su mayoría de edad. Desde luego todo cambiaría si se hiciera a la Generalitat o al Estado, responsable civil subsidiario de todos los delitos que comente esos MENAS antes y después de su mayoría de edad.

Por la cuenta que les trae, los MENAS evitan dar su nombre, nacionalidad y la dirección de sus padres, así pues, desde que llegan están a pan y cuchillo del Estado Español o de sus organismos periféricos de gobierno.

Creedme: es más probable que en Cataluña se dé una intifada del sector magrebí que reaparezca Terra Lliure o que los indepes lleguen más lejos de dónde han llegado en sus ensoñaciones. Si los tontos hacen tonterías, no sé, decididamente, que es más tonto, si el proceso soberanista en sí mismo o la actitud del “progresismo” de ERC ante la inmigración masiva. Que lo pagarán está claro, el problema es cuándo lo pagarán.