martes, 21 de septiembre de 2021

MEMORIA HISTÓRICA: PRINCIPE JUNIO VALERIO BORGHESE, NUESTRO COMANDANTE


Para todos los que le conocimos, el Príncipe Junio Valerio Borghese era “el comandante”. Como todo auténtico soldado, ni le gustaba la guerra, ni era fácil oírlo hablar de la guerra. Tenía más de sesenta años, pero su espíritu era el de un joven guerrero, el “hombre nuvo”, el “hombre diferenciado” del que hablara Evola y al que le dedicó (y, a su vez, él prorrogó) su volumen Los hombres y las ruinas. Su figura aparece especialmente en la historia militar de Italia y en la historia política de la postguerra. El “comandante” tuvo una amplia participación hasta su muerte en los episodios, en ocasiones confusos, de la postguerra italiana. Solo la muerte le separó de su voluntad de reconstruir Italia. Esta es la aventura política del comandante Borghese.

INTRODUCCIÓN

En la última fase de la II Guerra Mundial, el comandante Junio Valerio Borghese se encontró al frente de un ejército prácticamente privado de 10.267 hombres al que formalmente se le llamaba Xª Flotiglia MAS, indicando que su origen habían sido las pequeñas unidades de torpedos tripulados y lanchas explosivas con los que la marina italiana había obtenido sus grandes éxitos en el escenario mediterráneo. Se trataba de un verdadero ejército privado al servicio de su líder (casi como si se tratara de un “cuerpo franco” al estilo de los que aparecieron en Alemania durante la primera postguerra). Es significativo que Mussolini intentara en su último encuentro con Borghese que esta aceptara el cargo de subsecretario de marina de la República Social Italiana el 29 de enero de 1945. El comandante rechazó el cargo y, a pesar de que siempre declaró que evitaba toda participación en operaciones contra italianos, lo cierto es que en la última fase del conflicto las acciones contra los partisanos se convirtieron en algo normal. Gracias a esto, paradójicamente, Borghese salvó la vida.

En efecto, la Xª Flotiglia MAS estuvo formada solamente por voluntarios de todas las edades, contrariamente a las unidades militares que pudo movilizar Mussolini en la fase de la República Social Italiana (a partir de ahora, RSI). Las acciones antipartisanas de la Xª MAS fueron iniciadas en represalia por los asesinatos cometidos contra sus propios miembros a modo de venganzas. Estas acciones fueron autorizadas por el general Karl Wolff que había pasado del tranquilo puesto de adjunto al Reichführer-SS, Heinrich Himmler, al de jefe de las SS y de la Gestapo en Italia, si bien es cierto que siempre la Xª MAS tenía tendencia a actuar por su cuenta y según las necesidades ante las que se encontraban sus unidades. Hacia el verano de 1944, el general Wolff había pedido a la Xª MAS que hiciera todo lo posible por garantizar la retaguardia alemana y, posteriormente, en conversación con Borghese volvió a solicitarle que se dedicara preferencialmente a acciones en tierra abandonando lo que hasta ese momento había sido su tarea principal, los asaltos submarinos contra navíos de guerra aliados, especialmente británicos. A finales de 1944, la casi totalidad de los efectivos de Borghese estaba concentrada contra los partisanos.

Hay que recordar que la mayor parte de partisanos que actuaban en el norte de Italia lo hacían en tanto que miembros del Partido Comunista. Se trataba de una guerra civil, así que ambas partes actuaron con una inusitada ferocidad. A la Xª MAS le correspondió especialmente realizar operación en Borgo Ticino (a pocas decenas de kilómetros de la frontera suiza) en pleno Piamonte y en el Valle de Ossola (también en el norte en Verbano-Cussio) en donde los partisanos habían declarado una república independiente.

Las operaciones contra los partisanos se hicieron especialmente intensas en el verano de 1944. En aquel momento la Xª MAS tenía destacados a 3000 hombres en Ivream 650 en Liguria, 500 nadadores-paracaidistas en Palmanova y otros 1500 más dispersos por Lombardía. Se produjeron episodios particularmente duros y fusilamientos de partisanos y de rehenes. En octubre de 1944, la Xª MAS liquidó la autoproclamada República de Alba y en los meses siguientes multiplicaría sus acciones contra los núcleos partisanos de la Lombardía especialmente contra los que hostigaban a sus propios miembros.

Los aliados, por su parte, consideraban que la Xª MAS estaba directamente bajo control alemán, mientras que para los partisanos, especialmente comunistas, tenían particular interés en capturar a Boghese y fusilarlo lo antes posible. El 6 de febrero de 1945, el general SS Karl Wolf se había entrevistado con Hitler (estando von Ribentrop presente) y le expuso el resultado de los contactos que había tomado con los aliados occidentales para negociar la paz. Más tarde, en marzo del mismo año se entrevistó en Suiza con Allen Dulles de la Oficina de Servicios Estratégicos norteamericanos, precedente de la CIA. Wolf habló en esa ocasión de proteger la vida del comandante Borghese.

La guerra de la Xª MAS contra el comunismo

Hasta la rendición de Italia en 1943, Borghese había sido un soldado heroico que había servido sus victorias a la marina Italia; a partir de la defección de la Casa de Saboya, se convirtió en un “señor de la guerra”, con una autonomía prácticamente total que fue creciendo a medida que transcurrieron los meses hasta mayo de 1945 cuando se produjo el hundimiento final del III Reich. Durante esta segunda fase del conflicto, la Xª MAS había logrado especializarse en la lucha contra los partisanos comunistas, los conocía mejor que nadie, había conseguido infiltrarse en sus filas, conocía sus tácticas, la mentalidad de sus líderes, sus procedimientos, su forma de organización. Nadie hasta ese momento en Europa conocía con tanta claridad al comunismo armado como el comandante Borghese y sus hombres.

Los aliados occidentales sabían perfectamente que tras el desenlace de la II Guerra Mundial iba a seguir una etapa de tensiones con la Unión Soviética de la que nadie era capaz hasta dónde se iba a llegar. De lo que no cabía la menor duda era que los partidos comunistas que operaban en Europa Occidental eran meras unidades coloniales al servicio del Estado Soviético y que antepondrían su lealtad hacia Moscú a cualquier forma de patriotismo. Por lo tanto, si de lo que se trataba era de garantizar el cumplimiento de los acuerdos de Yalta, era evidente que había que contener a los partidos comunistas occidentales. Y en eso, los nuevos dirigentes políticos demócratas que estaban llegando en el furgón de los vencedores, no tenían absolutamente ninguna experiencia. Tanto en Italia como en Alemania, la estrategia y las tácticas comunistas solamente eran conocidas por quienes se habían enfrentado directamente contra ellos, esto es por las unidades especializadas en la lucha antipartisana. Estas unidades, así como las redes de espionaje creadas por los alemanes en los países del Este europeo, eran apreciadas y codiciadas por los aliados, especialmente norteamericanos. A los ingleses, potencia naval por excelencia, le interesaba mucho más el aspecto técnico de los submarinos enanos que había utilizado la Xª MAS contra sus cruceros y acorazados en el Mediterráneo. De hecho, dos de estos submarinos fueron utilizados para hundir un barco que transportaba armas de Yugoslavia a los judíos en Palestina.

Este elemento jugaba a favor de Borghese. A finales de 1945 la aristocracia romana contactó con el almirante Ellery Stone, gobernador militar aliado en Roma, a través de la baronesa Renata Arborio Mella di Sant’Elia, amiga personal de la familia Borghese y de la que estaba enamorado el propio Stone. Éste respondió que no estaba en condiciones de garantizarle la inmunidad legal, pero si de salvarle la vida (1). Tras el hundimiento, el 26 de abril, el prominente agente norteamericano, James Jesus Angleton (que luego sería uno de los fundadores y dirigentes de la CIA y entonces era jefe de operaciones especiales de la OSS) llegaron a Milán buscando al comandante Borghese. A través de distintos intermediarios ofreció un trato al comandante: su inmunidad a cambio de sus conocimientos sobre la organización y los métodos comunistas (2).

NOTAS

(1)    También el entonces Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Montini (futuro Papa Paulo VI). El 6 de mayo de 1947, escribió a las autoridades norteamericanas en Italia una carta en nombre de la princesa Daria Borghese, esposa del comandante, intercediendo por él. Hay que recordar que Montini en aquel momento todavía estaba al frente de una red de espionaje vaticana extendida por todo el mundo y que los norteamericanos tenían particular interés en atraer.

(2)    Los servicios de información ingleses no estaban de acuerdo con este trato. De hecho, era a su marina a la que Borghese había infringido los mayores destrozos y humillaciones y hubieron deseado entregarlo a los partisanos. Sin embargo, en aquel momento, los ingleses ya habían enviado al capitán Lionel Crabb a familiarizarse con los torpedos tripulados y las escafandras utilizadas por la Xª MAS. Crabb terminó convirtiéndose en un especialista en este armamento y desapareció tras haber intentado una acción similar contra un navío de guerra ruso en 1956, el Ordzhonikdze en el que viajaba el líder soviético Nikita Khrischev en una visita al Reino Unido. Finalmente, Angleton logró localizar a Borghese y advertirle de que una banda de partisanos tenía su emplazamiento y estaba en esos momentos a punto de llegar a su refugio, partiendo ambos inmediatamente para Roma en donde debía ser recibido por las autoridades aliadas. Una vez en la capital italiana fue alojado en un apartamento en Via Arquímides y arrestado el 19 de mayo por los norteamericanos.

Gorghese durante y en la Guerra Fría

En la derecha nacional y en la derecha revolucionaria

La “Noche de la Madonna” o el “Golpe Borghese”

En el exilio español

 

domingo, 19 de septiembre de 2021

MEMORIA HISTÓRICA: O'DUFFY, EL AMIGO IRLANDÉS...

 

Recientemente hemos dedicado un amplio estudio a las relaciones entre Falange Española y los Comités de Acción por la Universalidad de Roma, más conocidos como“internacional fascista de Montreux”. Dado lo específico de aquel estudio, circunscrito al ámbito español, nos quedó mucho material en el tintero. Una parte de ese material tenía que ver con la presencia en estas reuniones de Eoin O’Duffy que figuro como uno de los dirigentes de este movimiento internacional. Veremos a qué se debió esta promoción y el interés que el propio Mussolini tenía por los “camisas azules” de O’Duffy.


O'Duffy, el amigo irlandés


Desde el principio de las actividades de los CAUR, nadie dudó de que para Eugenio Coselschi, su presidente, la carta irlandesa era extremadamente importante. Los CAUR estaban organizados en una “división mediterránea” que integraba a los países del Mare Nostrum.  Italia aspiraba a liderar a estos países utilizando como elemento persuasivo una flota reorganizada que en los años treinta llegó a ser la escuadra más potente que surcaba aquel mar. Una segunda división estaba formada por los países del Este Europeo por los que el propio Coselschi, a causa de sus raíces polacas y por el interés que siempre tuvo en apoyarse en los elementos dálmatas de la jerarquía fascista, englobaba también los países balcánicos, Polonia Rumania. Una tercera división estaba constituido por la Europa Central en los que los CAUR se apoyaron sobre todo en los nacionalistas de derechas austríacos (liquidados tras el asesinato del Canciller Dolfuss y la realización del “anchluss” (unión con Alemania), pero también en partidos holandeses y nórdicos. Y, finalmente, una cuarta división estaba formada por el Reino Unido y todo lo que gravitaba en torno suyo. Irlanda estaba comprendida en esa clasificación cuando apenas habían pasado quince años desde la guerra de la independencia con el Reino Unido.

Obviamente, había grupos que se afiliaron a los CAUR que no entraban en ninguna de estas divisiones. Tal fue el caso del Partido Fascista Argentino y del Gran Mufti de Jerusalén  Hadj Amin al-Huseini quien manifestó su interés en viajar a Italia para “rendir homenaje a Mussolini”. Se ignora el nombre del “inspector” de los CAUR que fue enviado por Coselschi para contactar con al-Huseini, pero se sabe, en cambio, que llamado a Palazzo Venezia por Mussolini para informar sobre sus contactos en el mundo árabe, el Duce rechazó la propuesta de recibir al líder palestino, no por no albergar las más profundas simpatías hacia su movimiento como por prudencia hacia los equilibrios internacionales. En efecto, dada la hegemonía británica en los mares en aquel momento, era evidente que el intento de la Italia fascista de proveerse de una escuadra capaz de rivalizar con la Royal Navy y de conquistar la hegemonía en el Mediterráneo, los ingleses observaban cualquier mínimo movimiento de la diplomacia fascista para reservarse una respuesta neutralizadora. En ese momento, existían también coincidencias entre la política fascista y la británica que no se trataba de poner en peligro. En Austria la política de ambos países era la misma: aspiraban a que desde la capital del antiguo Imperio Austro-Húngaro se llevara a cabo una política neutralista, hostil a Alemania y contraria a los proyectos del Tercer Reich de acoger dentro de sus fronteras a toda la población de habla alemana. Los Balcanes era otra zona en la que se reproducía ese frágil equilibrio de intereses que garantizaba que si un de las partes realizaba un movimiento sorpresivo, la otra debía inmediatamente responder y el consenso en estas cuestiones concluía. En aquel momento, Palestina estaba bajo administración británica y el Gran Mufti ya estaba considerado como el líder de los nacionalistas palestinos: acogerlo en Roma hubiera supuesto hostilizar la presencia inglesa en aquella zona.

Esta lógica hubiera implicado que los CAUR hubieran renunciado a tener presencia en Irlanda. En 1933, cuando se funda esta organización internacional fascista, la guerra de liberación que habían llevado los nacionalistas irlandeses contra Londres (1919-1921) era todavía muy reciente como para que las partes pudieran olvidarla. Pero disponer de una sección irlandesa era también un instrumento de presión sobre Londres que apuntaba directamente sobre su retaguardia. Valorados los riesgos y las ventajas de poder disponer de un instrumento que generase incertidumbre en la espalda del Reino Unido, Mussolini dio la orden a Coselschi de que contactara con grupos nacionalistas irlandeses.

En julio de 1934 llegó a Dublín, Homen Gomez, jerarca fascista de Florencia y cuadro político de los CAUR. Homen Gomez se entrevistó con O’Duffy y con algunos de sus lugartenientes. El encuentro se producía poco después de que O’Duffy hubiera abandonado el Fine Gael adoptando para su nuevo movimiento los nuevos aires aportados por el fascismo. En diciembre de 1933, De Valera prohibió la formación de O’Duffy a la vista de su agresividad, sin embargo, éste consiguió que a través de los trepidantes cambios de siglas que se sucederían de manera inacabable en los años siguientes, los “camisas azules” siguieran siendo conocidos  como los “escuadristas de O’Duffy”.

Tras la visita de Homen Gomez se inició una colaboración entre los CAUR y O’Duffy que llegó hasta la disolución de la organización a finales de 1936. Uno de los diplomáticos italianos destacados en Dublín, Lodi-Fe, a diferencia de la mayoría del cuerpo diplomático italiano, apoyó y elogió el encuentro con O’Duffy, si bien, en su informe confidencial, advirtió sobre el error que consistiría en sobredimensionar su importancia política y sugería que se “estuviera cerca de él para ayudarlo, apoyarlo, aconsejarlo y orientarlo”. Coselschi, por su parte, aprobó también la gestión de Homen Gomez y, siguiendo las instrucciones de Mussolini, deparó a él y a su movimiento, un lugar privilegiado en la estructura de los CAUR que en ese momento se estaba delimitando.

Ahora bien, ¿por qué ese interés de Mussolini en O’Duffy? Ya hemos sugerido que parecía ir en contradicción con la política de observancia mutua que el Duce había elegido para afrontar la competencia en los mares del Reino Unido. Pero había más elementos a tener en cuenta en la ecuación.

En primer lugar, Irlanda era católica y el gobierno italiano había firmado en 1929 el Concordato con la Santa Sede. De entre todas las formaciones políticas irlandesas los “camisas azules” figuraban entre los más agresivos valedores del Vaticano en aquella isla. Apoyarlos directamente y exteriorizar visiblemente ese apoyo (tal como veremos) era una buena carta para demostrar buena voluntad a la Iglesia Católica y evitar –como estaba ocurriendo- que el Concordato fuera torpedeado por democristianos y por los “fascistas intransigentes”.

En segundo lugar, en 1933 ya podía hablar de un “Brennero ideológico” entre el fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán. Como se sabe, el paso del Brennero separa en los Alpes a los países de influencia y lengua germánica de Italia. Así pues, el Brennero era una línea de fractura entre ambos conjuntos. El hecho de que Hitler nunca hubiera ocultado su intención de proceder a la formación de la “Gran Alemania” que incluía a los territorios austríacos, generaba inquietud en Italia en un momento en el que ni Hitler ni Mussolini habían dado pasos para consolidar la amistad germano-italiana (algo que solamente harían tras el estallido de la Guerra Civil Española). Los diplomáticos italianos habían constatado que Irlanda era recorrida constantemente por funcionarios de la Abwehr (inteligencia alemana) desde finales del siglo XIX y sospechaban que la revuelta irlandesa solamente había sido posible gracias al apoyo alemán. Era frecuente entre la jerarquía fascista en esos años previos a la firma del Pacto Germano-Italiano y posteriores a la firma del Concordato con la Santa Sede, aludieran al fascismo como “mediterráneo y católico” y al nazismo como “pagano”. Por otra parte, jugaba a favor de O’Duffy el hecho de que los informes diplomáticos italianos lo consideraran el menos anti-inglés de todos los partidos irlandeses e incluso sospechaban que fuera un agente del Intelligence Service. Por todo ello, el idilio entre los CAUR y O’Duffy no pondría en peligro el equilibrio entre el Reino Unido e Italia.

El 16 y 17 de diciembre de 1934 tuvo lugar en una discreta sala del Hotel Palace de Montreux el congreso de los Comités de Acción por la Universalidad de Roma. Un gigantesco fascio littorio dominaba la sala junto a las banderas de los países de las delegaciones participantes. La reunión fue presentada a las autoridades suizas como una “reunión privada de estudios corporativos”… algo difícil de sostener a la vista de que existía una sala de prensa, una oficina de traductores y una secretaría compuesta por ocho personas. Participaron 12 delegaciones, por orden alfabético de sus países de origen:

Austria – Movimiento Heimwehr – representado por el Dr. Rinaldini, jefe de la sección cultural del movimiento.

Bélgica – con dos delegaciones, la Legión Nacional Belga representada por Paul Hoornaest, jefe del movimiento y la Liga Nacional Corporativa del Trabajo de Charles Somville, igualmente, jefe del movimiento.

Dinamarca – con dos delegaciones, el Nationalkorpset de Thomas Damsgaard Schmidt, jefe del partido y el Partido Obrero Nacionalsocialista de Dinamarca representado por su jefe, Fritz Clausen.

Francia – Partido Francista representado por Marcel Bucard jefe del movimiento.

Gracia – Partido Social-nacional Griego de Georg Mercouris, presente en el congreso y jefe del movimiento.

Irlanda: Liga de la Juventud de Eoin O’Duffy, jefe del movimiento y su representante en el congreso.

Lituania – Unión Nacionalista Lituana representado por el Doctor Tamosciaitis, delegado por la dirección del partido para representarlo en Montreux.

Noruega – Agrupación Nacional de Vidkun Quisling, jefe del movimiento y su representante.

Holanda – Frente Negro, representado por Arnold Meijer deje del movimiento y por Wouter Lutkie delegado de la dirección.

Rumanía – Todo por la Patria, representado por Ion Mota, delegado de la dirección.

Suecia – Unión Nacional de la Juventud, representado por Rütger Essen, delegado de la dirección.

Suiza – Federación Fascista Suiza de Arthur Fonjallaz, jefe del movimiento y su representante en Montreux.

Y, por supuesto, Eugenio Coselschi y el general Sani por los CAUR italianos

Se adhirieron igualmente la Liga Nacional Corporativa Rumana de Manoilescu, Eça de Queirós por los nacional-sindicalistas portugueses que habían decidido colaborar con el Estado Novo salazarista y Falange Española, firmando Giménez Caballero la nota en tanto que jefe de prensa del partido en aquel momento.

En este elenco de organizaciones llama la atención la ausencia del NSDAP (que ni siquiera fue invitado). En el discurso de inauguración pronunciado por Coselschi, éste aludió a que la línea roja con el NSDAP estaba constituía por el “racismo” y que el nexo de unión de las delegaciones presentes era el “corporativismo”. El propio O’Duffy en su intervención saludó calurosamente a Mussolini y al corporativismo que consideraba como el rasgo más acusado y definitorio del fascismo afirmando que el mundo estaba en deuda con Mussolini por haber creado dicha doctrina.

Pero la cuestión que Coselschi no había previsto era el debate sobre el antisemitismo. Varios de los presentes –especialmente Ion Mota por el partido rumano dirigido por Corneliu Zelea Codreanu- afirmaban que el antisemitismo debía ser un elemento distintivo del frente fascista europeo. El suizo Fonjallaz se unió a este criterio y otro tanto hicieron los daneses con Clausen. Éste mencionó en su intervención a Alfred Rosenberg y su planteamiento: no se trataba de afirmarse a favor o en contra de los judíos como si se tratara de un dilema moral que podía ser verdadero o falso, sino como la elección entre quienes opinaban que los judíos eran una “raza inferior” y aquellos otros que lo consideraban responsable del liberalismo el bolchevismo y la masonería. Para este sector, el “problema judío” era una cuestión capital y no se trataba de un “problema nacional” sino continental, al que el fascismo debía dar una respuesta (en palabras de Fonjallaz). Así pues irlandeses, suizos, rumanos y daneses se decantaron por el antisemitismo explícito y radical, mientras que otros, como los francistas de Bucard, los irlandeses de O’Duffy, los austriacos de Rinaldini y los portugueses, quitaban importancia al tema sosteniendo que en sus respectivos países los judíos estaban bien asimilados. Somville propuso expatriar a los judíos a Palestina, situándolos, en cualquier caso, fuera de Europa. Mercouris afirmó que la cuestión escapaba de la temática del congreso, por definición internacional y que cada partido debía de dar una respuesta propia coherente con la situación de su país. Coselschi aprovechó esta intervención para fijar la posición del congreso sobre la cuestión: la posición ante la cuestión judía debía dejarse a las partes a la vista de que en cada país existía una completamente diferente. Se limitó a señalar que “el problema judío representa la internacional el oro que el fascismo combate, su condena está implícita en las primeras resoluciones del congreso “contra la internacional capitalista y la internacional bolchevique”. En una de las seis resoluciones finales se rechazaba el iniciar campaña antisemitas a escala europea. Correspondió a Bucard, Somville y Clausen redactar una solución de consenso que recuperaba la posición danesa estableciendo una diferencia entre la raza judía y el “complot judío”.

Pero, en general, también llama la atención que, salvo el movimiento rumano como los portugueses, el resto de organizaciones tuvieran escaso peso político en sus países respectivos. Aun así, al finalizar el Primer Congreso de Montreux se constituyó una Comisión de Coordinación compuesta por los daneses Thomas Damsgaard Schimidt y Frits Clausen, Marcel Bucard, Georg Mercouris, Arthur Fonjallaz, Vidkun Quisling y Eoin O’Duffy, bajo la presidencia de Eugenio Coselschi. Se determinó que la Comisión de Coordinación para el Entendimiento del Fascismo Universal” debería reunirse un par de veces al año y que en 1935 se convocaría un nuevo congreso internacional.

El 30 de enero de 1935 se reunió por primera vez la Comisión en París, asistiendo, además de Coselschi, Bucard, Mercouris, Quisling, O’Duffy. Clausen envió como representante al conde Knuth y Oberndorff acudió como representante del Movimiento Nacional Socialista Holandés de Anton Mussert que se había incorporado al “Frente de Montreux” con posterioridad a la convocatoria del congreso en aquella localidad suiza. Se excusaron por no poder asistir, Damsgaad Schmidt y Arthur Fonjallaz. O’Duffy no tuvo una participación relevante en los trabajos, pero tomó buena nota de las resoluciones adoptadas: al regresar difundió en Irlanda el “Llamamiento a la juventud europea” aprobado en el encuentro que pedía a los jóvenes comprometerse en la lucha contra el materialismo, el capitalismo y el paganismo. Otra resolución demostraba la vocación “social” del “fascismo universal”, invitando a las organizaciones miembro de los CAUR a fundar asociaciones profesionales y corporativas en sus propios países. Finalmente, se aprobó un nuevo estatuto.

Una segunda reunión de la Comisión de Coordinación tuvo lugar pocas semanas después en Amsterdam el 29 de marzo de 1935 con la presencia de Coselschi y su adjunto Guido Baroni, Bucard, Quisling, Clausen, Damsgaad Schmidt, Fonjallaz y O’Duffy como su representante. El único ausente en esta ocasión era Mercouris. La “comidilla” de dicho encuentro fue, lo ocurrido en el interior de Falange Española de las JONS unas semanas antes: el partido se había roto en dos a los pocos meses de haberse operado la fusión entre las dos partes. Coselschi en ese momento demostró no estar al día de lo que había ocurrido en España. Más grave fue la polémica suscitada entre Oberndorff y Arnold Meijer, holandeses miembros del Frente Negro que acusaron al partido de Mussert de estar contaminado por la masonería”. Meijer aprovechó la ocasión para lanzar una resolución que impidiera la inclusión en el “frente de Montreux” de todos los partidos que pudieran estar contaminados por “fuerzas secretas”. Aun sin mencionarlo, la resolución apuntaba contra el partido de Mussert cuyo representante rechazó la acusación sin darle mayor importancia a tenor de la endeblez numérica de la parte acusadora. Coselschi optó por apoyar la incorporación de Mussert.

Tampoco se pudo evitar que se reavivara la polémica entre los partidarios de incorporar al NSDAP y aquellos otros que con Coselschi al frente intentaban establecer una divisoria entre las dos formas de “fascismo”. Los italianos sostenían que ante el binomio nación-raza, el fascismo tenía como base a la nación, mientras que el nazismo hacía de la raza su centro de gravedad. Coselschi sostenía que solamente en algunos países europeos coincidían nación y raza, pero no en todos. Durante la reunión se hizo cada vez más evidente la polarización de las posiciones: Coselschi, Bucard y los irlandeses de O’Duffy a favor de la corriente católico-latina, sosteniendo que “la concepción del fascismo universal se inspira en la idea de concordia, de colaboración libre de todos los pueblos y de todas las razas organizadas en las naciones; en consecuencia condena cualquier concepto materialista que exalte la dominación exclusiva de una raza sobre las demás”.

Lo cierto es que, a partir de ese momento (estamos en la primavera de 1935) se percibe una influencia creciente del Tercer Reich en los grupos fascistas europeos, especialmente en los de Europa Central y del Norte y una disminución de la influencia italiana que se mantiene solamente en la Europa Mediterránea, en los Balcanes y en el enclave irlandés. Otro punto que quedó claro en ese momento era que era muy difícil extraer un denominador común doctrinal entre grupos tan heterogéneos, no solamente por sus principios, sino también por su situación en cada país. O’Duffy y los daneses se encontraban en su país en situación de semi-clandestinidad. Otros como los portugueses estaban en el poder. Los había que se preparaban para la insurrección armada contra sus gobiernos, mientras que otros eran “partidos de orden”, situados más en el área de la derecha autoritaria que del fascismo propiamente dicho y tenían más que ver con gobiernos como el de Pilsudski que con el fascismo italiano. O’Duffy, en cualquier caso, había demostrado ser en los dos encuentros de la Comisión el líder más hostil a la Alemania hitleriana y al NSDAP. Sin embargo, su peso en la Comisión iba disminuyendo a medida que el gobierno de Eamon De Valera aumentaba su presión contra él, obligándole al enésimo cambio de nombre (en 1935 los “camisas azules” pasaron a tener como realidad orgánica el Natinal Corporate Party”, que registraba un mayor mimetismo hacia el Partido Nacional Fascista que en sus anteriores experiencias).

El problema para O’Duffy era la reciente independencia de su país. De Valera intentaba mantenerla al precio que fuera dentro del contexto internacional. La presencia de un partido irlandés en una “internacional fascista” era algo que repugnaba a De Valera y le convenció de que había que aumentar la presión sobre “los camisas azules”. Cuando se clausuró la reunión de Amsterdam, Coselschi tenía claro que había agotado todas las posibilidades que podía ofrecer O’Duffy y se abstuvo de abrir una sede en Irlanda tal como este le había solicitado reiteradamente.

En estas circunstancias se convocó el Segundo Congreso de Montreux el 11 y 12 de septiembre de 1935. Presidieron el encuentro, Coselschi, Bucard, Clausen, O’Duffy, Quisling y Fonjallaz, ejerciendo Baroni (hombre de Coselschi) la secretaría de la reunión. Se conviene en que la presencia más importante y significativa en ese encuentro fue la de José Antonio Primo de Rivera. Pero la cuestión de fondo y el leitmotiv del Congreso no era otro que el de conseguir que el mayor número de fuerzas políticas europeas arropasen a Italia en su iniciativa de invasión de Etiopía y en su defensa contra las sanciones que el Reino Unido pensaba arrancar de la Sociedad de Naciones. Fue esta el encuentro internacional en el que O’Duffy actuó con más energía y convicción: propuesto, la transformación de los CAUR en una “organización internacional fascista” a modo del Komintern. Por otra parte, presentó una ponencia sobre “El fascismo ante las fuerzas morales, religiosas y espirituales”, en las que evidenciaba su visión del fascismo como la de un movimiento conservador, católico, nacionalista, autoritario y anti-bolchevique, sin muchas más expectativas, frente a las formaciones más radicalizadas, que miraban, de manera creciente, hacia Alemania. De todas formas, tanto a Coselschi como a Mussolini, en el momento en que tiene lugar el segundo encuentro de Montreux solamente le preocupa una cosa: convertir a cualquier partido político, desde grupos autoritario de derechas hasta formaciones fascistas-revolucionarias, pasando por grupo activistas de la derecha, grupos católicos antisemitas y antimasónicos, todos, absolutamente todos, en propagandistas de la “causa italiana” en la lucha contra las sanciones de la Sociedad de Naciones por la cuestión e la invasión de Abisinia. Todo lo demás, cualquier otro interés, pasaba a segundo plano. Nadie discutió esta orientación en el segundo encuentro de Montreux.

En julio de 1936 estalló la guerra civil española. O’Duffy se había relacionado con José Antonio a través del segundo encuentro de Montreux y desplazó a algo menos de un millar de voluntarios que se convirtieron pronto en los combatientes extranjeros más conocidos del bando franquista, a pesar de no haber entrado prácticamente en combate durante los seis meses que permanecieron en España. Por otra parte, las circunstancias internacionales habían cambiado. El Tercer Reich y la Italia fascistas, a partir de entonces, estrecharon sus posiciones, fueron venciendo uno a uno los resquemores y a partir de las entrevistas entre Hitler y Mussolini, incluso ambos líderes “sintonizaron” y establecieron un marco común de política exterior: el Eje Berlín-Roma. El “Brennero ideológico” había desaparecido y, consiguientemente, los partidos que se habían mostrado más beligerantes en la disputa contra el “racismo alemán” quedaron descolocados en la nueva situación. O’Duffy fue uno de ellos.

Después del Segundo Congreso de Montreux, el interés de Mussolini por la iniciativa fue disminuyendo a medida que el tema de las sanciones quedaba atrás. Coselschi siguió viajando y dando conferencias por toda Europa (incluida ahora Alemania) agitando los valores del fascismo y, como resultado de las nuevas orientaciones políticas, sus concomitancias con el nacional-socialismo. Los CAUR fueron disueltos, finalmente, en 1939. Con ellos desapareció también la oportunidad de O’Duffy de proyectarse sobre la esfera internacional.

Cuando O’Duffy volvió de España lo hizo decepcionado por los malos resultados de su unidad de voluntarios. Poco después se produjo la disolución de los CAUR. Su salud se deterioró rápidamente falleciendo en 1944. A partir de 1942 mantuvo contactos con representantes de la embajada alemana a los que les propuso la formación de una unidad de voluntarios irlandeses que se incorporara a los combates contra el bolchevismo en el frente del Estado. Su propuesta no fue tenida en consideración. Murió poco después.

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: LA MESA QUE ES UNA LÁPIDA PARA AMBAS PARTES

La “mesa” es la alternativa al “procés”: ya que la gencat carece de fuerza social suficiente para imponer la “ruptura” por medio de la “declaración unilateral de independencia” y que también ha demostrado incapacidad jurídica para convocar un referéndum por la independencia, unilateralmente, la única vía que le queda es el “parlem-hi”, la negociación tradicional en la que, en otro tiempo, tan bien se ha movido el nacionalismo. Pero los tiempos han cambiado: todos los jugadores se han mojado demasiadas veces el culo y conocen perfectamente sus trucos respectivos. Por eso, esta “mesa de negociación” no es más que la operación estética por la que cada parte tratará de salvar la cara.

Primera concesión: EL VIEJO ANHELO “PARITARIO” DE LA gencat

A los locutores de TV3 se les llena la boca aludiendo al “diálogo de gobierno a gobierno”. En efecto, estos “detalles” alimentan al independentismo desde hace años: lo que empieza hoy miércoles 15 de septiembre no es un diálogo entre “el Gobierno” y la “gencat”, sino entre el “Gobierno de España” y el “Gobierno de Cataluña”… Un diálogo de “gobierno” a “gobierno”, de igual a igual. Lo que salga de esta ficción no será menos ilusorio. Pero, en realidad, la “satisfacción” y el “gustazo” de que el “muy honorable presidente” Aragonés y Sánchez se presenten como al mismo “nivel” va a ser el único éxito de la “mesa”.

Difícilmente pueden estar en el mismo plano la “parte” y el “todo”. Vale la pena no olvidar que la “parte” es la gencat y el “todo” es el Estado Español. Solo en los mundos de Yupi podrían estar al mismo nivel. La gencat es una parte del Estado cuya función sería acerca la administración al ciudadano que vive en la región catalana. Nada más.

El problema es que, para los nacionalistas, desde la época del abuelo Macià, la gencat no es eso sino una etapa intermedia entre la vinculación de Cataluña al Estado Español y la independencia. A pesar de que ha pasado casi un siglo, ERC sigue en las mismas posiciones que Macià en 1933. Esta es la madre de todos los equívocos, a partir de la cual no hay nada que negociar, ni nada que resolver, ni puntos intermedios a los que llegar que, en el fondo, no serán nada más que equilibrios precarios para ERC, pasos hacia adelante en la independencia.

El primer error de Sánchez ha sido olvidar esto, o, más bien, demostrar su ignorancia histórica.

Segunda concesión: EL PEDIGÜEÑO VA A PEDIR Y NO A LA INVERSA

La “mesa” se celebrará en Barcelona. Error. En toda negociación alguien “da” y alguien “pide”. Quién ha pedido la celebración de estas reuniones es la gencat: lo que las “buenas maneras”, la “educación” y la simple lógica, pedirían es que los políticos catalanes que han pedido esa iniciativa se desplazaran a la capital del Estado para reunirse. Pero Sánchez es el “jefe del gobierno de todos los españoles” y “Aragonés, un presidente autonómico más entre diecisiete”. Aragonés pide y el único que puede dar es el representante del Estado, así que está claro quién debería de haber sacado el billete y en qué dirección.

Es un detalle, por supuesto: pero es que el nacionalismo y el independentismo catalán viven, desde hace un siglo de estos detalles. Cada vez que les sale bien una de estas pequeñas venganzas, entonan el “se la hemos metido doblada”, son sus pequeñas y mezquinas victorias. Dado el nivel político que se respira en la Plaza de San Jaime y que vimos plasmarse a lo largo de todas las escenas del “procés”, es evidente que allí la calidad política hace mucho tiempo que tocó techo. El problema no está en la acera del Palau de la gencat, sino en La Moncloa.

Para Sánchez -como veremos- la “mesa de diálogo” es una operación cosmética. Hoy “sentarse a dialogar” parece un valor positivo, aunque en realidad todas las partes sean conscientes de que no hay mucho para dialogar. Las dos partes -Aragonés y Sánchez- quieren quedar bien de cara a su público y ante todas aquellas personas razonables que piden “negociación”, “diálogo”, “acuerdos”, etc., lo que, en palabras mucho más llanas, pero, sin duda, más realidad, quiere decir “marear la perdiz” y distraer al electorado.


La doctrina de la “renuncia permanente” ideada por ZP

Hasta llegar a Sánchez, creíamos que ZP era el peor presidente que le pudo caer a este país. Ahora tenemos la certidumbre de que uno de los corolarios del principio de Murphy es cierto: “Si una situación puede empeorar, empeora”. ZP no es alguien que haya realizado grandes aportaciones a la historia de España, pero su principio de gobierno se llamó “la renuncia permanente” que básicamente puede enunciarse así: “Hay que demostrar debilidad, estar dispuesto a ceder, incluso en todo lo innecesario, dejarse ganar para evidenciar buena voluntad”. ZP era “blandito”. Sánchez, en cambio es un oportunista sin principios, con demasiados rasgos de psicópata integrado, pero sigue manejando esta única aportación zapateriana a la ciencia política.

Hace unos meses escribíamos que el único destino de una “mesa de negociaciones” como la que se abre hoy sería el indulto de los presos por el “procés”. Sánchez los puso en libertad -a pesar de toda la “alarma social” que crearon y de la dilapidación incuantificable de medios económicos que invirtieron en el “procés” y de la fuga de empresas que generaron y, por supuesto, sin el “arrepentimiento” que hubiera justificado el indulto- sin nada a cambio. Ahora coje el “Falcon” para Barcelona y acepta una “mesa paritaria” también en virtud de la “renuncia permanente”.

Pero, llegados a este punto ya no hay un “plus ultra”. Todo termina aquí y, no nos engañemos: los acuerdos a los que podría llegarse serán meramente cosméticos (lo del aeropuerto, alguna chorrada más sobre cambio climático y emisiones de CO2, indulto a los procesados por desobediencia o actos de violencia durante el “procés”, perdón de las multas judiciales, y poco más). Hay un momento en el que la “renuncia permanente” se convierte en suicidio. Y Sánchez es ambicioso, oportunista, sin principios, pero no suicida en esta España en donde el suicidio empieza a ser una de las formas más habituales de muerte entre jóvenes menores de 35 años.

 

Aragonés y el disco rayado del “referéndum”

Lo peor de los indepes es que son gentes con una sola idea en la cabeza (idea obsesiva, por lo demás). Si a Aragonés se le quita la independencia se queda como Adán y Eva sin la hoja de parra. A los indepes les viene ocurriendo este síndrome desde Macià. Es más, aun cuando en ocasiones quieran pasar por “ecologistas”, “solidarios”, “demócratas responsables”, lo cierto es que siempre toman estos aspectos como variantes de la “independencia”. Por eso su discurso es cansino, aburrido, reiterativo, soso y, progresivamente, alejado de las realidades del siglo XXI.

Si siguen teniendo “tirón” electoral es por tres factores: 1) lo mal que lo hacen otros partidos y lo bien que históricamente manejan el victimismo como factor emotivo; 2) gracias al manejo de los medios de comunicación amamantados desde el pujolismo por la gencat; 3) por las ambigüedades del socialismo catalán que quiere estar en misa y repicando. A pesar de eso, el programa independentista está muerto en la época de la globalización y en el marco de una Unión Europea que no es más que una “unión de estados nacionales” (anteayer la Rahola recibió un revolcón televisivo por parte de García-Margallo, a pesar del cual, ella siguió sosteniendo que “en Europa” se mira mal al gobierno español…).

Sí, el independentismo está “muerto”, pero no termina de morir. Es un zombi (y lo que vimos en el pasado 11-S nos lo confirmó), pero se sigue tambaleando de un lado a otro. Es cierto que en las anteriores elecciones autonómicas alcanzó el 52%... del 50%, pero eso es mucho sobre todo cuando lo que cuentan institucionalmente son los votantes. Es mucho también, teniendo en cuenta de que, para cualquier persona racional, el independentismo es hoy casi un “imposible metafísico”. Y es mucho teniendo en cuenta los niveles de uso social del catalán (que no pasan del 35-37% y siguen bajando de día en día).

Y lo que es peor aún: Puigdemont quiso imitar a Macià y liderar el proceso indepe desde la poltrona de Plaza San Jaime. Siguió imitándolo con su exilio (Macià pasó unos años en París durante el gobierno de Primo de Rivera) e, incluso, en su intento de buscar apoyos en Moscú (y no obtenerlos). Pero Aragonés, se parece más a Companys que a Macià. Como se sabe el “president afusellat”, bajo su mando convirtió a Cataluña en un jardín para sus ajustes de cuentas particulares (incluso por líos de faldas como el asesinato de los hermanos Badía), por no hablar del descontrol y la falta de decisión desde el momento en que estalló la guerra civil. A Companys hay que imputarle los 10.000 asesinatos cometidos en Cataluña en los tres primeros meses de guerra, el que renunciara a ejercer el poder y evitara que el Estado lo ejerciera ante una FAI descontrolada y dirigida por delincuentes y salteadores de caminos, y luego, se apoyase en los agentes soviéticos a partir de mayo del 37 y permitiera que construyeran sus chekas y fueran el verdadero gobierno en la sombra de Cataluña… hasta la derrota final. Hoy, con Aragonés, en Cataluña se está extendiendo soterradamente el caos.

Ni Aragonés si ERC, ni JxCat, ni los últimos mohicanos de la CUP, se enteran de lo que está pasando en Cataluña, porque su capacidad de asimilación de la actualidad pasa solamente por la “independencia”, pero lo cierto es que Cataluña no va bien. Los barrios periféricos de las grandes ciudades se han convertido en verdaderos polvorines étnico-religiosos, los “nuevos españoles” no solamente no se integran, sino que constituyen una bolsa cada vez más creciente y difícil de enmascarar, que genera aumento de la delincuencia, de las agresiones sexuales, de la población penal, de las agresiones y las riñas tumultuarias entre clanes étnicos, bandas, mafias, etc, etc, etc. Si, ciertamente, todo esto ocurre también en el Estado Español, pero es que en Cataluña está llegando mucho más lejos, a niveles solamente alcanzados en Europa Occidental por países que registran una inmigración masiva desde los 70, mientras que en Cataluña el problema empezó solamente en los 90 y el porcentaje de inmigración hoy es superior a la media nacional y a la media europea.

La gencat no lo dice, pero lo piensa: “no pasará nada porque hemos comprado la paz étnica y social mediante subvenciones”. Hay zonas de Francia que están ya hoy en virtual guerra civil, con un sistema de subvenciones mucho más atractivo para los foráneos: cuando se compra la paz étnica, el que paga debe estar dispuesto a que le suban la tarifa constantemente, bajo amenaza. Y todo, incluso el dinero de la administración, tiene un límite.

En los últimos tiempos, los medios de comunicación catalanes empiezan a evidenciar preocupación por la oleada de delincuencia que está operando en Cataluña. En algunas noticias particularmente graves, ya empiezan a reconocer el secreto a voces sobre el origen del agresor. De seguir así la curva de aumento de la delincuencia, antes de una legislatura la gencat registrará cifras de aumento de la delincuencia superiores a las que existen en Marsella o en la banlieu parisina.

La nueva-vieja guerra civil entre indepes

Los de JxCat se quejan a unos y a otros de haber sido excluidos de la “mesa”. El origen del problema fue la propuesta de Puigdemont de hacer un “frente común independentista” en 2015: “Junts pel Si”. Junqueras aceptó: a fin de cuentas, era evidente que la vía de la independencia solamente podía realizarse si los indepes se ponían de acuerdo. Pero, en realidad, el problema de fondo era: 1) que CiU se había desintegrado y 2) que ERC hubiera podido realizar el “sorpasso” (como de hecho, todas las encuestas sugerían que iba a ocurrir). Junqueras renunció a ser president de la gencat, en favor de la “unidad indepe”. De ahí salió el período de presidencia de Puigdemont, un tipo de segunda fila procedente de CDC. Cuando Puigdemont se vio sentado en la presidencia, utilizó todos los medios de comunicación al servicio de la gencat para generar un “culto a la personalidad” a escala de la gencat.

En las elecciones siguientes, en 2017, convocadas después de la aplicación del artº 155, Puigdemont ya estaba en Waterloo y Junqueras en la trena, no ganó ni JxCat, ni ERC, sino Cs... El “frente unido indepe” había estallado por los aires (como ocurre con cualquier proyecto inviable en el que, al comprobar su inviabilidad, las partes se tiran los trastos a la cabeza culpando al otro del fracaso…). Desde entonces, el resentimiento entre JxCat y ERC está servido y se manifiesta siempre a la primera de cambio. Como ha ocurrido en esta ocasión.

Un acuerdo puntual podría dar la impresión de que los “indepes” han formado, en un momento dado, un “frente común”. Pero no es cierto: no porque las tres componentes (ERC, JxCat o CUP) mantengan sus diferencias, sino porque el sistema político español (del que Cataluña es una parte) es una PARTIDOCRACIA y en un sistema así concebido, cada sigla tiende a defender sus privilegios, su parte del pastel y a priorizarlos sobre cualquier otra consideración.

¿Hay algo en el escalón interior a la partidocracia? Sí, lo verán con un ejemplo. Mientras CiU fue hegemónica en la política catalana, la cúpula de este partido era la que repartía subsidios y subvenciones. Un amigo, editor en catalán, no recibió ni un euro, a pesar de que todos sus libros eran, no solamente publicados en lengua vernácula, sino sobre temas catalanes, incluso regionalistas, nacionalistas e indepes. Y no recibió un euro de subsidio porque es falso que CiU apoyase a la “cultura catalana”: apoyaba a sus amigos que vendían “cultura catalana”. El resto que espabile. Eso mismo es lo que vienen haciendo las cúpulas de los partidos aquí, en Madrid, en París o en Tombuctú. La partitocracia es así: siempre puede ir a peor. De hecho, con el paso del tiempo, siempre lo hace. Por eso hay tantas tensiones en el interior de los partidos (véase el cristo que se ha formado en el PP de Madrid estos días)

Hoy, sería un error considerar a las formaciones independentistas como “partidos unitarios” y opciones únicas: son, como cualquier otra formación, agregaciones inorgánicas de amigos dispuestos a tener, solos o en compañía de otros, las llaves de la caja de la gencat. El inviable ideal indepe ha sido y sigue siendo una excusa para lanzar consignas que enmascaren el hecho esencial: que tal o cual grupo de amigotes quieren las llaves de la caja. Ahora la tiene Aragonés y su entorno, como antes la tuvo Puigdemont y el suyo y antes aún Mas, Torra y demás. Y es que, en Cataluña, ocurre lo mismo que en cualquier otro lugar. Por tanto, las trifulcas a la hora de convocar una “mesa de negociación” no pueden extrañar a nadie. Las partes que la convocan quieren ir acompañadas por sus amigotes, no por expertos, nada de especialistas, en absoluto por gentes cuya fidelidad perruna no haya sido contrastada. Lo mismo vale para Aragonés que para Sánchez. Las siglas son solamente el acompañamiento inevitable para llegar al poder, pero detrás de cada sigla, ya no hay ni programas, ni opciones, ni alternativas, solo grupos de cómplices dispuestos al saqueo de la caja.

Los límites temporales de la “mesa”. Los objetivos de las partes

El gobierno del Estado sostiene que la “mesa de negociaciones” se prolongará por espacio de dos años y afirma que no servirá para legalizar un nuevo referéndum. ¿Por qué “dos años”? Porque es lo que estará Sánchez en el poder, antes de las próximas elecciones que, en condiciones normales, deberían celebrarse en 2023. Sánchez sabe que uno de los motivos de su erosión actual es su actitud ante el independentismo catalán. Ayer desveló su estrategia para la reelección: demostrar energía ante el independentismo. Sánchez dijo la única cosa razonable en el parlamento: “¿mesa de negociaciones? Bien, pero ¿por qué la gencat no convoca una mesa de negociaciones en Cataluña entre indepes y no indepes”. Zas en toda la boca.

Es incluso posible que las elecciones se adelanten: Podemos, por pura supervivencia, debería romper unos meses antes con Sánchez para escenificar su oposición al presidente, o de lo contrario, quedará como el chico de los recados (de hecho, la vicepresidenta Yolanda Díez, ya está escenificando los primeros desacuerdos que llevarán a la ruptura y al inicio de la campaña electoral de Podemos).

Así mismo, si ERC y los nacionalistas siguen apoyando a Sánchez sin haber obtenido concesiones en la “mesa de negociación” se arriesgan a ser denunciados por sus hermanos separados como torpes y timados por Sánchez. Y, como hemos dicho, la “mesa” no puede conceder los máximos que pide Aragonés.

Sánchez precisa llegar a las nuevas elecciones como “defensor de España”: esto es lo que le exigen sus “barones” regionales y lo que le pide la Unión Europea. Por supuesto, a Sánchez le importa un higo España y el Estado Español, pero esa es la única consigna que le puede hacer recuperar votos y seguir siendo presidente. Por tanto, la “mesa de negociaciones” tiene fecha de caducidad: 2023 o el momento en el que Podemos abandone la coalición y los indepes dejen de apoyarle en el parlamento de la nación.

Que no se llegará a ningún acuerdo importante es algo que está cantado y de lo que Aragonés no tiene la menor duda. Para él, el referéndum es solamente una herencia del pasado que vale, en tanto que, si renuncia, se arriesga a perder votos y, por lo demás, no tiene nada con fuerza suficiente como para sustituirlo. Además, aunque el resultado de la “mesa” sea negativo para él, la carta del victimismo y de la “intolerancia española”, hasta ahora, siempre ha dado buenos resultados electorales en Cataluña.

Y a Sánchez lo que le interesa de esta “mesa” es llegar a las próximas elecciones dando la sensación de que ha “velado por la unidad de España”, evitando así el hundimiento de su sigla en todas las regiones.

Un espectáculo innoble, escenificado cuanto todo se está cayendo

Perspectivas de cruzar la frontera de los 4.000.000 de parados, de superar los 2.500.000 de Ni-Nis, de liquidaciones de empresas, con la demografía a mínimos, superación de los dos billones de déficit, facturas de la luz parcheadas temporalmente, subidas cicateras de salarios mínimos, aumentos asindóticos de la delincuencia en las calles, llegada de más y más inmigrantes en busca de sopa boba, salario social para pagar pizza, porros y videojuegos, okupas descontrolados con agua, luz y gas pagados por todos, temática LGTBIQ+ ocupando el 80% de los informativos, epidemia de suicidios entre la población que ya no pueden enmascarar los medios de comunicación, el asunto de la pandemia que se extingue entre llamamientos a la vacunación del 100% y la falta de explicaciones a lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo, anuncio de más llegadas de inmigrantes “a causa del exilio Afgano” (a casi 10.000 km de distancia…), corrupción de la administración a todos los niveles, luchas partidocráticas como nunca antes se habían visto, ausencia de política exterior, de explicaciones a dónde vamos, tópicos y simbolillos universalmente repetidos (“agenda 2030”), incendios atribuidos al “cambio climático” pero causados por pirómanos con cara y ojos, miedo en la sociedad y en todas los grupos sociales y para colmo ciudades que solamente huelen a tubos de escape, porros, vómitos y meadas de perros…, todo ello constituye el trasfondo de la “mesa de negociaciones” que se inicia hoy.

¿De verdad vas a prestar atención a un teatrito montados por dos mediocres autores teatrales -Sánchez y Aragonés- que todos sabemos cómo va a acabar? Es como aquel que convocada una reunión de la comunidad de vecinos para reparar un desconchado en el patio interior, cuando todo el edificio estaba declarado en ruinas. Seamos serios: la “mesa de negociación” no es nada importante. De hecho, no es nada.

 

domingo, 12 de septiembre de 2021

CRÓNICAS DESDE MI RETRETE: 11-S, YO ESTUVE ALLÍ (así ví la diada)

No fue por gusto, sino porque me iba de camino. Llegué de Valencia a eso de las 14:00 horas y crucé toda la ciudad desde la Estación de Sans a la Estación del Norte. Quien conoce Barcelona sabe que ese es un cruce “horizontal” de la ciudad. Aquellos fueron mis barrios durante 50 años. Y, además, era 11 de septiembre, “diada nacional de Catalunya”. Hice algunas fotos. No fue un gran día para el independentismo. Ahora les explico por qué.

En los balcones el promedio de banderas indepes no pasaba del 0’5%. Algunas banderas eran “añejas”, compradas a la gente de Gao-Ping en 2014, cuando el seudo referéndum convocado por Artur Mas, siguieron en el mismo lugar en 2017, cuando la “puigdemoniada”. Hoy están descoloridos, se intuye lo que son, pero poco más. Algunas destilan simplemente roña. Una abrumadora mayoría de balcones no lucían nada. Del “procés” no queda nada, salvo las soflamas de algunos de sus últimos mohicanos. Bastante triste, incluso para la propia parroquia indepe. Rozaron los “cielos” y ahora se han estampado con la realidad: construir una nación en el siglo XXI es tan quimérico como utilizar una Woonderwood modelo 1933 en la época de los ordenadores cuánticos que se avecina.

Decía que “yo estuve allí”. Los vi. Los tenderetes que vi desde la plaza de universidad, hasta el Arco del Triunfo estuvieron toda la mañana bajo un sol de plomo, huérfanos de gente, incluidos los de la Plaza de Cataluña. Eran como ripios de un verso ciudadano que no encajaba en la Barcelona de 2021. Por ahí dejo algunas fotos. Lo peor no era que los manifestantes fueran mucho menos que en otras ocasiones, lo peor es que el 80% de los manifestantes eran jubilados de más de 70 años, llegados de pueblo. Algunos de los autobuses que aparcaron cerca de la Ciudadela venían medio vacíos. Casi todos iban con camisetas rojas, con puño agarrando una bandera indepe, en un diseño que hubiera merecido una expulsión cum laude en una escuela de diseño. Aquella excursión dominguera era, para la mayoría de estos manifestantes llegados de fuera, como para los del INSERSO, la posibilidad de viajar “a Benidorm” una vez al año, pero en la ciudad Condal. Y ahí los podían ver en los bares regentados por chinos que se extienden entre Urquinaona y la Estación del Norte, o bien en los fast food, o haciéndose fotos en la Plaza de Catalunya. Yo me la hice junto al busto de Macià. Eran pocos y viejos. Vi a dos bajo barretinas de lana -lo juro- con aspecto de estar próximo al ictus. Alguno llevaba a su nieto de pocos años con la consabida camiseta en versión infantil y cara de “¿pero dónde me ha llevado el abuelo?”.

Pasé luego frente al monumento a Rafael de Casanova. Al detenerme en el semáforo oí a un jubilado que le decía a su mujer: “¡Que petitó!” (qué pequeño). No creo que supiera que Rafael de Casanova lucho a favor de la monarquía austriacista en la guerra de “Sucesión” a la corona de España (no en ninguna guerra de “Secesión”). Vi que las “ofrendas” de la mañana habían sido pocas y pequeñas. Pero, eso sí, cámaras había muchas. La chica de Antena 3, empezaba a estar harta: “Son las 15,15 y nadie llama”. La noticia era si alguien se liaba a hostias con alguien, todo lo demás, era aburrido: lo de siempre, pero con menos gente y más vieja.

Barcelona no vivió la “diada”, ni la indepe, ni la de la gencat, que a fin de cuentas es la misma diada. La diada “institucional” es solamente una fiesta de indepes, para indepes y en la que empieza a ser de rigor que los indepes se insulten entre sí, manifiesten sus diferencias, se desfoguen y luego para casa y hasta el año que viene. Como los judíos que han estado 2.000 años brindando: “El año que viene en Jerusalén”; en versión indepe: “El año que viene referéndum”

¿Las cifras? Nunca creí que la “diada” movilizara en sus mejores momentos, a 2.000.000 de personas. Ni siquiera a 400.000. Por tanto, la cifra que dieron los indepes de que ayer desfilaron justamente 400.000 me pareció quimérica, las de la Guardia Urbana tampoco me cuadran: no eran 106.000. La cifra tenía la bondad de ser de “seis cifras”, lo que contentaba a los indepes más realistas (a los que quiere cortejar la Colau para su “proyecto de izquierdas”) Pero no creo que pasara de 40-50.000. Es todo lo que puede movilizar el independentismo que en el último año ha sufrido erosiones por todas partes. ¿Qué les ha ocurrido?

Sencillo: que el proyecto indepe se ha “evaporado”. Era inviable y, nadie apuesta por el caballo perdedor. Ha sobrevivido cuatro años a la inercia de su propio impulso inicial, cuando ha contado con el impulso de TV3, el RAC 105, y demás. Pero todo esto también se ha ido deteriorando: pierde, globalmente, audiencias que ganan los streamings y los digitales con los que el pool mediático de la gencat no puede competir. En consecuencia: los que siguen oyendo estas emisoras politizadas por los indepes son los sectores menos dados a cambios, los jubilados.

La gencat no se ha dado cuenta todavía de lo que ha ocurrido, porque en las últimas elecciones los indepes siguieron teniendo mayoría… en medio de una sociedad en la que el 50% decidió (decidimos) no votar. La gencat ha perdido legitimidad institucional: no es la “institución de autogobierno de todos los catalanes”, sino la “institución independentista, para los independentistas”.

La gencat es un negocio para los que viven de ella y el independentismo el escudo para seguir teniendo una parroquia. Ya no hay opciones indepes: los distintos partidos indepes se pelean por el tono con el que deben negociar. Y tienen prisa, porque el día en que Sánchez ingrese en el basurero de la historia, los que vengan detrás, me temo que no van a tener piedad de lo que quede de independentismo. Y lo que más temen es que la “educación” cambie y dogmas como este de que el 11 de septiembre de 1714, Cataluña perdió su independencia, pueden saltar por los aires.

De hecho, el independentismo solamente levanta cabeza cuando el Estado Español está en crisis: si las riendas del Estado estuvieran en manos de una clase política con sentido de Estado, responsabilidad y capacidad de gobierno, el independentismo nunca habría despertado de los 40 años de letargo que tuvo desde 1936 hasta 1976.

Al aludir a la “crisis del Estado” no aludo solamente a la izquierda. Cuando la derecha ha gobernado, con Aznar o Rajoy, lo cierto es que el independentismo también ha progresado. Aznar porque necesitó en su primera legislatura a los indepes y hablaba catalán en familia y si hubiera hecho falta lo hubiera hecho en panocho y Rajoy porque no quería problemas y tendía a judicializar cualquier problema. Ahora bien, es cierto que la izquierda ha dado más chance a los indepes (desde Maragall hasta Sánchez) como resultado de su pérdida de identidad política y su necesidad de apoyos para gobernar. El PSOE, perdida la mayoría en Cataluña y Andalucía, solamente podía seguir gobernando con socios, y Sánchez como antes ZP, no supo encontrar mejores aliados que la no-España.

Aragonés es el último ejemplo de la falta de talla y liderazgo independentista: en dos días se le han volatilizado 1.700 millones de inversión y con la misma inconsciencia que ha demostrado desde que se sienta en plaza San Jaime, sigue extendiendo la barretina a ser si la izquierda española le da una limosnita, mientras que a su parroquia trata de galvanizarla con la promesa de un referéndum negociado por la independencia

Ni se da cuenta, ni probablemente le interese que, de votar, la respuesta al referéndum sería muy negativa (mucho más negativa hoy que en 2017).

Pero ¿qué puede ofrecer el independentismo a estas alturas? Respuesta: justificar su fracaso en el ecologismo (lo del cañaveral lleno de mosquitos a preservar de la ampliación del aeropuerto es de traca), en la “lucha contra la represión” y por la “libertad de expresión” a una sociedad, que salvo los ancianos que salieron ayer a la calle, ni tiene sensación de que no haya “libertad”, ni de que exista “represión” , a la vista de que cualquiera puede quemar contenedores una semana seguida y aquí no pasa nada, se puede marear la perdiz desde hace diez años pateándose presupuesto para hacer digerible la “independencia”, mantener a una corte de parásitos en Waterloo con cargo al dinero público, comprar al peso a periodistas para que sigan manteniendo vivos en programas cada vez menos vistos y oídos, la ficción del “procés”, por no hablar del “España ens roba”, eterna cantinela de los eternos llorones.

 

Mirad las fotos de las manifestaciones: reconozco que algunas son patéticas. El independentismo no interesa a la gente joven. O interesa cada vez menos. La gencat estaba muy segura de que controlando la enseñanza, controlaría también la educación de los jóvenes, sin darse cuenta de que la crisis de la escuela es tal, que ya no importa el mensaje que se quiera transmitir: el sistema educativo catalán ya no es capaz de transmitir nada, convertido en una empresa de estocaje de niños y jóvenes en horas lectivas.

¿Podrán recuperarse los indepes? Lo dudo. Caer más siempre es posible. Lo peor es que, cuando mayor falta hace políticos de raza y con carácter, capaces de comprender lo que está pasando, adelantarse a algunos problemas y aplicar respuestas (porque la delincuencia es cada vez mayor, los problemas del ciudadano medio aumentan de día en día, la paz étnica es cada vez más frágil), en las instituciones autonómicas y en el mismo Estado, tenemos solamente a mediocres y a salteadores de caminos que solo aspiran a quedar bien en los telediarios para aguantar dos o tres años más y jubilarse en el consejo de administración de alguna empresa energética.

No, el independentismo no va a “revifar” (reavivarse). Ha perdido demasiados trenes. La historia nunca para dos veces en la misma obsesión. El problema del nacionalismo es que es un producto político del siglo XIX, imposible de actualizar en el XX. Los que se perdieron la “primavera de las naciones” de 1848-1871, los que se perdieron la “doctrina Wilson de las nacionalidades” (1919), los que se perdieron la pedrea que sucedió al hundimiento del bloque soviético, ya no tienen más opciones. Estamos en el XXI, aunque algunos de los manifestantes de ayer pertenecieran más al pasado que al futuro.

Ayer lo vi con claridad sentado en la terraza de un par delante de la Estación del Norte, con una cerveza en la mano, servida por pakistaní.

                                                

jueves, 9 de septiembre de 2021

Crónicas desde mi retrete: PERO ¿QUÉ PASA EN EL AEROPUERTO DEL PRAT?

Ayer miércoles, a medio día, en el informativo de medio día de TVE1 y TVE24h, apareció la ministra de Transportes, hablando de manera triunfalista sobre el acuerdo llegado con la gencat, para ampliar el aeropuerto del Prat, realizando una “inversión histórica”. “Otros que van a pillar comisiones de aquí y de allí”, pensamos y nos olvidamos del tema, porque “en democracia”, esto es lo normal. A eso de los 18:00 horas, es decir, apenas cuatro horas después, todo saltaba por los aires.

Al parecer, Sánchez había dado marcha atrás. Lo que contribuye a entorpecer las relaciones con ERC, a crear problemas con la gencat a una semana de la reunión de la “mesa de negociaciones”, a debilitar su propio gobierno y, en definitiva, a acortar el plazo para llegar a las próximas elecciones (porque gobierna, gracias a ERC y a Podemos). Así que ha tenido que ocurrir algo muy importante para que diera marcha atrás.

Como ocurre en estos casos, los reproches son cruzados y no puede atenderse a lo que dicen los políticos: en tanto que tales, mienten, dicen verdades a medias y enmascaran cualquier cosa que pueda hacer recaer sobre ellos cualquier responsabilidad. El “culpable” siempre es “el otro”.

Ahora bien, hay unas cuantas cosas que están muy claras. Veamos algunas de ellas:

La gencat desde hacía décadas exigía el traspaso en la gestión de los aeropuertos, lo que, en la práctica implicaba descuartizar AENA y crear un ente separado con todo lo que ello implica. En los próximos días, en Cataluña habrá huelga de conductores de ferrocarriles por la entrega de la red de Cercanías a la gencat (que ya hacía años que compartía su gestión, por cierto). Lo que quiere la gencat es la ampliación del aeropuerto y gestionarlo en solitario.

Hace cuatro años, volviendo de Iberoamérica, vimos algunas zonas del aeropuerto que, literalmente, daban pena. El aeropuerto precisa un mantenimiento continuo y no ha dejado de crecer desde el año 92. Las inversiones que requiere son multimillonarias, pero ¿quién se atreve a realizarlas ante la situación política de Cataluña? ¿Cómo va a hacer el Estado inversiones a largo plazo y de cantidades muy importantes en una región cuyo gobierno autonómico no demuestra la más mínima lealtad hacia el Estado, ni siquiera respeto hacia los ciudadanos que queremos seguir perteneciendo a ese Estado, y ha decidido, unilateralmente, que quiere separarse de él?

Quizás lo más chusco de toda esta historia es que, hace unas horas, cuando Aragonés ha dado un comunicado sobre el asunto, ha dicho que del Prat no se hablará en la “mesa de negociación” y que, en la próxima reunión de ésta, solamente se hablará de “autogobierno y referéndum, como estaba previsto”… De acuerdo que Aragonés no es ningún lince, ni siquiera alguien que domine la construcción de silogismos lógicos, pero debería pensar, al menos en términos de realismo político: no se puede estar en misa y repicando. No se puede pedir una inversión de 1.700 millones y negociar un referéndum por la independencia.

Luego está Sánchez que cada día amanece teniendo que dar puntadas de refuerzo a las costuras de un gobierno que se rompe siempre por la parte de Podemos. Porque los de Podemos van de ecologistas y la ampliación del Prat implicaría desmantelar una “reserva natural”. Y así hemos visto hoy a la Colau y a la ministra de trabajo Yolanda Díaz, de acuerdo en que el aeropuerto no se amplíe, hablando desde “la Ricarda”.

Los fondos deberían llegar de la UE. Y, como es de dominio público, ni está dispuesta a realizar inversiones en zonas “conflictivas” que hoy “son Europa” y mañana pueden dejar de serlo, ni está dispuesta a que cunda el mal ejemplo en otras regiones, ni, por supuesto, quiere a Podemos ni a partidos parecidos en ningún gobierno de Europa. Ayer, Sánchez debió recibir alguna llamada de las “instancias europeas” entre las 14:00 y las 18:00, suficientemente conminatoria para aparcar la inversión.

En su propio partido, los “barones” opinan que ya ha dado demasiado a la gencat y que hay otras regiones que también existen y en donde hay que realizar inversiones (con los consiguientes repartos de comisiones). Sánchez sabe lidiar con ellos, pero le resulta mucho más difícil engañar a los viejos zorros que manejan los fondos europeos y que llevan décadas observando los millones de euros que dilapidan España, Grecia e Italia.

Esto ha sido, en síntesis, lo que ha ocurrido: una gencat que lo quiere “todo pagado” y un Sánchez que reparte fondos, pero que no es dueño de los fondos.

¿Y la ecología? La ecología es la última trinchera desesperada de la izquierda y del independentismo. Si todo sale mal, la excusa es siempre que hay una especie de mariposa en vías de extinción y que hay que protegerla. La gencat ha enarbolado esta excusa falsa, torpe y mendaz.

Y ¿qué hay sobre la ampliación del aeropuerto?

Soy de los que opina que el aeropuerto del Prat está mal planificado. Falta un ferrocarril subterráneo que comunique las dos terminales. Es excesivo. Valdría la pena recordar que, cuando un aeropuerto se satura, lo que se tercia no es ampliarlo, ampliarlo y ampliarlo más todavía (francamente, no sabemos como pueden vivir algunas zonas de Gavá, especialmente, con aviones y más aviones sobrevolando las playas, las viviendas, los parques públicos). Hay que buscar alternativas.

El aeropuerto del Prat ya no da más de sí. El “estany de la Ricarda” que constituye la excusa de los ecologistas, es un residuo de la riqueza natural que en otro tiempo tuvo la zona. Hoy está reducido apenas a un cuadrado irregular de 1 km de anchura y de 500 metros en su parte más estrecha, cogido entre las pistas del aeropuerto y la desembocadura del Llobregat (ver foto). En Cataluña la propia gencat ha autorizado, promovido y llevado a cabo la construcción de arterias comarcales que han destruido kilómetros y kilómetros de zonas naturales, así que ahora, el que Aragonés o la Colau se hagan portavoces de las ansias ecológicas por menos de un kilómetro cuadrado es casi de chiste (no es que uno sea insensible a la ecología, pero la zona de “la Ricarda” es hoy seguramente la zona de BCN con más mosquitos y cañaverales por metro cuadrado).

Además, hay alternativas.

En París, cuando ya no había forma de ampliar los dos aeropuertos de la capital, se optó por lo más razonable: ampliar el de Beauvais, a 104 kilómetros de distancia del Arco del Triunfo. Hoy, cuando se compra un billete de avión a París hay que ver exactamente si nos deja en Orly, en el Charles de Gaulle o en Beauvais. Barcelona se podría permitir algo parecido.

En Girona, concretamente en Vilobi d’Onyar, hay un aeropuerto infrautilizado, oficialmente llamado “Aeropuerto de Gerona – Costa Brava” que está ¡a 93 km del centro de Barcelona! Tampoco puede olvidarse que en Tarragona hay otro aeropuerto, igualmente infrautilizado, que podría ampliarse y que está a 103 km de Barcelona…

Estas serían dos alternativas razonables y evitarían que un aeropuerto monstruoso se convirtiera en más monstruoso aún. Pero no es la solución que place a la gencat ¿A qué viene esa manía pueblerina de ver quién tiene el aeropuerto más grande con la pista más larga?

La gencat, habituada a salirse con la suya por vía del chantaje (especialmente con presidentes con plomo en las alas como Sánchez) ha cogido una rabieta, siempre conveniente, a efectos de victimismo, los días antes del 11-S.