miércoles, 22 de enero de 2020

LOS SÍMBOLOS Y LA TRADICIÓN (1 de 3) - ¿QUE SON LO SÍMBOLOS Y CÓMO SE UTILIZAN?


Cualquier estudio sobre la Tradición ha de ocuparse, más tarde o más temprano, del mundo de los Símbolos. Los arcanos mayores del Tarot, por ejemplo, constituyen conjuntos simbólicos que, sin duda, están en condiciones de ayudarnos a comprender y a meditar sobre aspectos de la vida y de la naturaleza humana. El primer arcano nos presenta la imagen de un joven con un hatillo al hombro que camina hacia un precipicio; un perro le muerde una pierna. Si tomamos cada uno de estos elementos  joven, hatillo, precipicio, perro  en su sentido simbólico  pureza, necesidad, devenir, instintos y pasiones, respectivarnente  obtendremos un significado de conjunto: “el devenir de la vida humana, emprendida al nacer con los mínimos imprescindibles, nos arrastra hacia el abismo en caso de que nuestros instintos y pasiones no sean controlados”. Y al mismo tiempo irá implícita una enseñanza: hay que salir de la corriente del devenir, bloqueando primero y anulando después el impulso animal que anida en nosotros. La carta en cuestión se llama "El Loco”. Despojando al Tarot de la devaluación y banalización que sufre en los tiempos modernos como objeto predilecto (le todo tipo de charlatanes, videntes y estafadores, se convierte en un "mutus liber”: un libro mudo, sin texto, pero con imágenes  esto es, símbolos , en las cuales se encierran algunas "enseñanzas".

Ahora bien, el Tarot no constituye un universo simbólico aislado, sino que está relacionado con otras ciencias tradicionales: hermetismo, alquimia, cábala, astrología, medicina, etc. Ciencias cuya existencia misma sería impensable de no ser por la utilización del símbolo. Igualmente, la práctica operativa de lo que se llama “sistemas de meditación con apoyo”, implica el conocimiento del universo simbólico: se medita fijando la atención sobre una forma geométrica (un mandala) que facilita el tránsito hacia estados diferenciados de conciencia.

Todo lo anterior evidencia que un estudio ser¡o de las doctrinas y técnicas tradicionales nos lleva, antes o después, al mundo de los símbolos.

I. UNIVERSALIDAD DEL SÍMBOLO

Ahora bien, lo primero que llama la atención en este terreno es la reiteración con que los mismos símbolos, apenas sin alteraciones, se repiten en marcos geográficos y antropológicos muy diferentes: un lagarto tiene el mismo significado para los pastores de los Pirenaicos que para los chamanes del altiplano andino. Un triángulo simboliza el elemento fuego, tanto entre los indios guatemaltecos como entre los hermetistas de Beirut. Por no hablar de la svástica, símbolo universal por excelencia. El campesino pirenaico nutre su conversación de sabiduría tradicional (tradición = transmisión) y, excluyendo su posibilidad de contactos culturales con otros grupos étnicos fuera de los que pueblan el entorno de los valles pirenaicos, hay que concluir que en él  en algún lugar de su persona  residen los mismos arquetipos que en el chamán andino. O dicho de otra manera, en el interior del ser humano existen las distintas “estructuras simbólicas” que son reconocidas como tales, por encima de las diferencias de lugar y tiempo. El símbolo se encuentra y se reconoce “fuera” del ser humano, pero esto no sería posible si no sintonizara con algo pre-existente y pre-natal al mismo, es decir, algo que anidara en su interior desde el momento mismo de su concepción.

En cierta ocasión un pastor nos contó, bajo un sol de plomo, la historia de una salamandra que se introdujo en el fuego y se convirtió en una hermosa mujer; por ello, los restos de madera quemada, el carbón vegetal, en definitiva, es utilizado para curar ciertas enfermedades. Una leyenda parecida circula en el "mercado de las brujas" de La Paz, ligada así mismo a pretensiones terapéuticas: la mujer en cuestión, reconvertida en especie proxima a la salamandra, un lagarto local, se vende disecada para curar enfermedades de columna; hay que colocársela durante un tiempo en el cuello para sanar de hernias discales, escoliosis, etc. También sabemos que las doctrinas tántricas y yóguicas hablan de una “fuerza ígnea” contenida en la base de la columna vertebral (la kundalini) que el practicante debe despertar, y que tal fuerza tiene un carácter serpentino y femenino (la Shakt¡). Las leyendas medievales europeas, igualmente, aluden al regalo que el mítico "rey Pescado”, el "Preste Juan", realizó al Emperador Federico I: un abrigo de piel de salamandra que protegía del fuego. Y no queremos agotar las correspondencias. Es evidente que en todos estos temas existe una interrelación simbólica: mujer, reptil, fuego, curación.

Ahora bien, a poco que investiguemos sobre el tema utilizando el material facilitado por la antropología, la arqueología y la historia de las religiones, advertiremos que la naturaleza de los símbolos es universal tanto en lo espacial como en lo temporal; el origen de los simbolos se pierde en la noche de los tiempos, más aún, da la sensación de que con el paso del tiempo han ido perdiendo concreción y hoy no son más que productos degenerados bajo la forma de mitos, cuentos y leyendas o supersticiones.

Hay que descartar, pues, que el símbolo en sentido tradiclonal sea una construcción “original” ligada a la fantasía poética o a la imaginación de tal o cual persona, fijado en un marco geográfico concreto y surgido en un tiempo histórico preciso; por el contrario, su universal¡dad es evidente.

Por lo demás, en el sistema que les era propio, los símbolos sintetizaban los conocimientos de las distintas rarnas del saber  en las distintas ciencias tradicionales  a la par que se trataba de instrumentos interdisciplinarios que las conectaban entre sí y proporcionaban a la ciencia tradicional el aspecto unitario presente en este tipo de sociedades y hoy perdido por completo gracias al virus de la “especialización”.

II. HACIA UNA DEFINICIÓN DEL SÍMBOLO

El concepto de símbolo que asumimos no tiene nada que ver con las teorías semióticas que deambulan entre la intelectualidad occidental desde finales del siglo XIX. Tampoco tiene nada que ver con las divagaciones de ciertas escuelas psicoanalíticas capitaneadas por Rank y Jung. El símbolo  a efectos de nuestro estudio  no puede entenderse como desvinculado de la sociedad tradicional y habrá que apelar a una clasificación de los símbolos en el parágrafo siguiente para fijar esta idea.

Así pues, no es raro que René Guénon dijera del símbolo que "se ha convertido en algo ajeno a la mentalidad moderna”. Y uno de sus comentaristas añade: "El símbolo es todo lo contrario de lo que conviene al racionalismo". En otra de sus obras, el propio Guénon perfila más estos conceptos cuando establece que “el símbolo es la expresión sensible de una idea".

En estas frases está contenida toda la ciencia del símbolo. No se trata, por tanto, de que el símbolo sea algo que pueda ser entendido, aprendido o asimilado por la razon, sino que su sentido y esencia hay que captarlo a través de la intuición intelectual. Toda “práctica tradicional”, en definitiva, no es sino un conjunto de métodos para estimular tal intuición, siendo el sírnbolo una ayuda para recorrer ese camino.

No es raro, pues, que se afirme que el símbolo es exterior al mundo moderno, en tanto que este mundo supone una derivación monstruosa del racionalismo. No se vea en este orden de ideas una defensa de lo irracional  infra-racional, en realidad  sino de una forma de conocimiento asimilada a través de medios diferentes de los racionales. Situarnos en la esfera de la suprarracionalidad es situarnos en el terreno del universo simbólico.

En cierta ocasión nos explicaron una hermosa parábola a propósito de las formas de descripción de estados de conciencia diferenciados. "Un hombre se retiró al desierto a meditar, allí vió a dios. Cuando regresó a la ciudad sintió la necesidad de contar a los suyos lo que había experimentado. Hubo de apoyarse en parábolas y descripciones limitadas; aún así, quienes le oyeron adquirieron una nueva fe y mataron y murieron por ella, pero ¿cómo pueden unas pobres palabras definir la esencia y el contenido de lo Absoluto?”.

En efecto, las construcciones humanas son limitadas para definir y penetrar en lo que está más allá de lo humano. Toda práctica tradicional se basa en la posibilidad de atravesar la línea divisoria que separa el mundo físico del mundo que está más allá de él. La doctrina tradicional afirma que el verdadero sentido de la vida y las respuestas a buena parte de los misterios que encierra la existencia, anidan en esa "otra parte", esto es, en el universo metafísico. De ahí que, desde el punto de vista tradicional, no tenga sentido discutir la metafísca, dee la misma forma que tampoco tiene sentido discutir sobre las posibilidades de los cambios de estado de los fluidos: basta con experimentarlos en el laboratorio. Esta experimentación es lo que hemos llamado hasta ahora “práctica tradicional”.

Dado que en el inicio de esta práctica el hombre no cuenta con otro apoyo más que su propio ser y sus sentidos físicos, y que estos no están acondicionados para percibir otra realidad que la estrictamente material, estamos forzados a utilizar unos instrumeutos que se sitúan a medio camino entre el universo estríctamente físico y el me-tafísico, esto es, los símbolos. Puede entenderse allora por qué Guénon había definido al símbolo como "expresión sensible de una idea". En tanto que “expresión” tiene algo de esa ¡dea, y en tanto que “sensible” participa del mundo físico.

La justeza de esta definición viene avalada por el estudio etimológico de la palabra. Símbolo procede de la palabra griega Sumbolon (σύμβολον), derivada del verbo "súmballo", juntar, reunir. La antigüedad griega registraba una costumbre consistente en romper un objeto en dos partes y dar una de ellas a un huésped, quedándose el arifitrión la otra. Cada una de las partes era transmitida de padres a hijos, para que, en caso de que volvieran a unirse, fuera señal de la amistad y hospitalidad que existió tiempo atrás. Se trataba de un objeto de reconocimiento.

Así pues la palabra expresa, en su etimología, una concepción que recorre transversalmente todas las expresiones. temporales del mundo tradicional: el hombre es un “ser roto” que inicialmente no lo era; ese proceso de ruptura constituyó lo que en distintos mitologemas es la "caída", es decir, la imposibilidad para el hombre común de vivir dos órdenes de realidad diferentes: la física y la metafísica; también marca, implícitamente, un objetivo: la reunificación de las dos partes en un todo renovado.

En la Edad Media, esta idea es expresada a través de uno de los significados del mito de la espada rota, que el héroe debe soldar para volver a empunar y vencer al dragón (mito nórdico de Sigfrido). También se expresa a través del mito céltico artúrico de la espada clavada en la piedra, entendiendo por ello un poder superior que está retenido por la pura materialidad (representada por la piedra) y que es preciso liberar (acto de extraer la espada). Próximo a este orden de ideas sería también el concepto hermético del Rebis andrógino, o el de "puente" y de "pontífice" (hacedor de puentes) como instrumento de tránsito entre dos realidades jerárquicamente dispuestas, o las llaves que abren y cierran mundos.

El símbolo es, pues, un mediador. Captar su sentido metafísico equivale a comprenderlo. Es evidente que puede existir una aproximación intelectual al símbolo. De hecho, tal es la función de los muchos diccionarios de símbolos que existen en el mercado. Un círculo, por ejemplo, en hermetismo simboliza el caos: el círculo cerrado sobre sí mismo abarca en su interior elementos indiferenciaidos y por tanto, caóticos. Ese mismo círculo con un punto en el centro, pasa a ser un símbolo solar, el caos ordenado, igual que el sol de nuestro sistema, situado en el centro de gravitación de los planetas. Un cubo es la representación de la materia, en tanto que es el más “inmóvil” de todos los poliedros, y este concepto sugiere la "pesadez y densidad" de la materia. Sin embargo, una esfera es la rnás perfecta de las formas físicas, por ello es asimilada al alma. Estos serían ejemplos de aproximaciones intelectuales a la naturaleza del símbolo.

Podemos hablar también de aproximaciones, naturalistas. A través del estudio sobre alquimia clásica sabemos que la salamandra es asimilada siempre al fuego, pero es necesario ver una salamandra moverse sobre las rocas para que entendiéramos por qué se le ha otorgado tal símbolo: su movimiento "evoca” al de las llamas. Igualmente, el espíritu en la tradición hermética ha sido comparado con el mercurio: su temblor, su movilidad, el hecho de que no tenga forma propia, sino que se adapte siempre a la del recipiente que lo contiene, así como su aspecto exterior que evoca el color de la luna  que es una forma cambiante por excelencia ; por todo ello, el mercurio es símbolo de un espíritu  entendido como conjunto de construcciones mentales emanadas de nuestro cerebro  no fijo, sino en continuo movimiento por el perpetuo fluir de las ideas. Otros han comparado ese mismo espíritu a la mariposa que se posa de flor en flor, nerviosa y sin apenas detenerse. Imágenes que nos sugieren que el espíritu es puro devenir, flujo mental, caos, movilidad, ideas todas ellas que están contenidas en los objetos o materiales presentes en la naturaleza, a través de los cuales son representadas aproximativamente.

Pero todo ello son, efectivamente, intelectuales o naturalistas. Penetrar en el sentido de un símbolo  no meramente aproximarse quiere decir comprender su significado metafísico. Y al llegar a este punto es imposible dar más explicaciones: no se puede conocer esta parte del camino sin franquearla y este recorrido no puede ser sino personalizado. Luego insistiremos sobre esta idea.

martes, 21 de enero de 2020

Alemania 1930: 107 diputados con camisa parda (10 de 10) - ANEXO II - LOS SOCIALISTAS ABANDONAN EL NSDAP


A título de inventario, como anexo y para concluir esta serie de artículos sobre el despegue del NSDAP en 1930, presentamos este famoso artículo de Otto Strasser en el que justifica su disidencia del partido nacional-socialista. Hay que decir que la "fidelidad" de Strasser a su particular versión del nacional-socialismo le llevó (antes y después de la Segunda Guerra Mundial) a la completa esterilidad política: no existía un espacio para una "izquierda fascista". No lo decimos nosotros: lo prueba la historia de esa misma "izquierda fascista". De hecho, si hemos traído aquí el documento de Strasser es porque, tras las pretensiones de "ortodoxia", de "revolucionarismo" y de "fidelidad al socialismo", lo que se ocultaba era una ausencia completa de sentido táctico y la imposibilidad de armar, a partir de esos supuestos, una estrategia de conquista del Estado. Esto evidencia dos comportamientos y dos actitudes: o el "posibilismo revolucionario" representado por Hitler, o el "idealismo revolucionario" de Strasser. Dicho de otra manera: revolucionario no es aquel que repite más veces en menos tiempo la palabra "revolución", sino el que encuentra un camino para realizar un cambio efectivo en la sociedad. Y, desde luego, hay que reconocer que Strasser no lo encontró.  


Artículo publicado el 4 de julio de 1930

Lectores, camaradas, ¡amigos! Con profunda preocupación hemos contemplado en los últimos meses la evolución del N.S.D.A.P. y con creciente recelo nos hemos visto forzados a observar cómo cada vez más a menudo y en cuestiones cada vez más importantes el partido entra en conflicto con la idea esencial del nacionalsocialismo.

En numerosas cuestiones de política exterior, de política interior y, sobretodo, de política económica, ha ido tomando el partido un posicionamiento que cada vez con mayor dificultad puede considerarse acorde con el espíritu de los veinticinco puntos, en los cuales nosotros vemos el único (y exclusivo) programa del partido. Y todavía mucho más que eso ha pesado el creciente aburguesamiento del partido, una primacía de los intereses tácticos sobre los principios fundamentales, y la preocupante caciquización del apartado del partido, el cual cada vez más se ha convertido en la meta del movimiento y ha puesto sus intereses por encima de las exigencias programáticas de la causa.

Nosotros habíamos comprendido y comprendemos aún al nacionalsocialismo como un movimiento conscientemente antiimperialista, cuyo nacionalismo se centra en la conservación y protección de la vida y el desarrollo de la nación alemana, sin ninguna clase de tendencias dominantes sobre otros pueblos y tierras. Para nosotros había sido y sigue siendo aún, la negación del intervencionismo contra Rusia del capitalismo internacional y del imperialismo occidental, una exigencia esencial resultante tanto de nuestra ideología fundamental como de la necesidad de una política exterior propiamente alemana. Alrededor de esto, hemos considerado las posturas de la dirección del partido cada vez más abiertamente favorables a una guerra de intervención, como contraria a la causa nacionalsocialista y a las necesidades de una política exterior alemana.

Para nosotros había sido y sigue siendo todavía la solidaridad con el pueblo indio en su lucha por su libertad del yugo inglés y la explotación capitalista una necesidad, la cual resulta del hecho de que para una política de liberación alemana, cada debilitamiento de los poderes tras el Tratado de Versalles es favorable, así como la afirmación por la lucha de cualquier pueblo oprimido contra la explotación de los usurpadores, ya que es consecuencia forzada de nuestra idea del nacionalismo, que el derecho a la autoafirmación de cada pueblo a su manera, lo que nosotros exigimos para nosotros, también corresponda a los demás pueblos y naciones. En este aspecto para nosotros el concepto liberal de las bendiciones de la cultura (civilizadora) nos es completamente desconocido. Nosotros habíamos sentido por lo tanto la política de la dirección del N.S.D.A.P., la cual a menudo tomó partido por el imperialismo británico contra la libertad de la India, contrario a los intereses esenciales del nacionalsocialismo.

Nosotros habíamos entendido y seguimos entendiendo al nacionalsocialismo, según toda su naturaleza, como un movimiento alemán, cuya labor en el interior del Estado no es únicamente es la creación de una gran Alemania popular, con el rechazo de pequeños Estados separados y privilegios particulares basados en criterios dinásticos, religiosos o puramente arbitrarios (¡intervención napoleónica!), los cuales impiden la reunificación de todas las fuerzas nacionales, imprescindibles para la liberación y la autodeterminación de Alemania. Nosotros hemos sentido por lo tanto la cada vez más abierta toma de posición de la dirección del partido a favor de este sistema de Estados y privilegios particulares, cuya salvación e incluso ampliación fue proclamada como una tarea propiamente del nacionalsocialismo, como perjudicial tanto para los intereses del Estado como enemiga de la idea de una gran unidad alemana.

Nosotros habíamos entendido y seguimos entendiendo al nacionalsocialismo como un movimiento republicano, en el que existe tan poco espacio para la monarquía hereditaria como para cualquier otro privilegio que no descanse en el servicio a la nación. Nosotros habíamos visto y seguimos viendo en él, el movimiento revolucionario que busca acabar con el Estado autoritario, del mismo modo que con la democracia formal, y que ve su meta para el Estado un modelo estatal orgánico de auténtica democracia germánica.

Nosotros habíamos sentido, por lo tanto, que los intencionados claroscuros entre republicanismo y monarquismo de la dirección del partido son un lastre; y el excesivo culto por el autoritarismo fascista, como se manifiesta cada vez con mayor fuerza en los puestos oficiales del partido, verdaderamente como un peligro para el movimiento y un crimen contra la causa.


Nosotros hemos considerado y seguimos considerando al nacionalsocialismo ante todo como el gran antídoto del capitalismo, el cual pone en práctica la idea del socialismo verdadero (aquel que está libre de la corrupción marxista) que lleva a la economía común de una nación para el bien de esta nación y rompe con él ese sistema de gobierno del dinero sobre el trabajo que impide el natural desarrollo de los pueblos y la verdadera creación de una economía popular.

Para nosotros el socialismo significa economía de necesidad en interés de la totalidad de los productores, participando en la posesión, dirección y ganancias de toda la economía de la nación, es decir, la quiebra del monopolio de la propiedad del sistema capitalista actual, y ante todo, la quiebra del monopolio de su poder de decisión, actualmente ligado a la propiedad. Nosotros hemos notado por lo tanto, y en contra del espíritu original de los veinticinco puntos, que las formulaciones de nuestra voluntad socialista quedan cada vez más descoloridas desde la dirección; y las múltiples atenuaciones de las exigencias socialistas del programa (considérese, por ejemplo, el punto 17) que se han tomado, como una falta contra el espíritu y el programa del nacionalsocialismo original, algo contra lo cual desde hace años hemos estado luchando con nuestra labor de enfatizar las exigencias socialistas del programa.

Nosotros habíamos sensibilizado y seguimos sensibilizando al nacionalsocialismo conforme a su esencia, como el enemigo tanto de la burguesía capitalista como del marxismo internacional, y vemos su tarea en la superación de ambos, a partir del hecho de que el sentimiento genuino socialista está unido en el marxismo a sus falsas enseñanzas del materialismo y del internacionalismo, y la burguesía, el de por sí correcto sentimiento nacionalista está unido a las falsas enseñanzas del racionalismo liberal y el capitalismo, y ambas fuerzas esenciales y acertadas (nacionalismo y socialismo) estarán condenadas a permanecer infructuosas en sus nefastas alianzas para la nación y para la Historia. Nosotros hemos visto y seguimos viendo por ello en nuestra lucha contra el marxismo y contra el capitalismo ninguna diferencia esencial, pues el liberalismo (y materialismo) existente en ambos es nuestro enemigo por igual.

Nosotros consideramos por tanto que las consignas de lucha de la actual dirección del N.S.D.A.P. siempre en una sola dirección, contra el marxismo, como insuficientes y vemos en medida creciente que en todo ello existe un guiño de simpatía a la burguesía, que bajo las mismas consignas defiende sus intereses particulares y capitalistas, con los que nosotros no hemos tenido ni tendremos nada en común.

Reforzados, subrayados y patentes se hicieron estos temores de naturaleza fundamental - 2 - al comprobar las preocupaciones sobre las vías tácticas tomadas por la actual dirección del partido.

Desde siempre nos ha llenado de pesar y malestar, el que Adolf Hitler se haya explicado siempre tan a menudo en los círculos directores del empresariado y a los grandes capitalistas sobre los motivos y vías del N.S.D.A.P., pero (casi) nunca se ha tomado la molestia de hacer lo mismo con los círculos directores de los trabajadores y campesinos. Nosotros consideramos que el sentimiento resultante de ello, el de que el nacionalsocialismo está más cerca de los primeros círculos que de los segundos, como un gran obstáculo. Tanto más cuando la franqueza, nuestra voluntad socialista, debería excluir cualquier clase de entendimiento con esos círculos para los cuales la defensa de sus intereses capitalistas siempre será más importante que la realización de las metas nacionales y colectivas, sobre todo cuando esta realización tiene al socialismo como premisa.

Por los mismos motivos hemos visto con creciente preocupación la estrecha relación de la dirección con Hugenberg y con el partido nacional del pueblo alemán, y en parte también con los Cascos de Acero y los llamados patriotas alemanes, porque todos estos hechos, aún cuando por el bien del pueblo pueden ser aceptables en sus fines tácticos, parecen hechos expresamente para dar una equivocada imagen de nuestromovimiento.


Como punto fundamental del carácter revolucionario del nacionalsocialismo ha estado siempre y sigue estando para nosotros el rechazo frontal de cualquier clase de política de compromiso y/o coalición, pues toda coalición sólo puede servir a los intereses del sistema (y orden) establecido, el sistema de la explotación capitalista, y por lo tanto, contrario a la libertad nacional. Se nos muestra según la esencia del nacionalsocialismo y su tarea la realización de la revolución alemana, que es simplemente imposible elevar la consigna de entremos en el Estado, al cual todavía no hace dos años, con los Cascos de Acero, hemos combatido con toda la crudeza de la voluntad revolucionaria.

La decisión de la dirección del partido de llevar a cabo una coalición con partidos burgueses en Turingia, ha sacudido con fuerza nuestra fe en que nuestra idea de la esencia y tarea del nacionalsocialismo, que tanto en el programa como en la actividad del partido fueron expresados hasta ahora, puede seguir siendo sostenida. Nuestros reproches fueron dejados sin respuesta por la dirección. En ello se ha situado el N.S.D.A.P. en la misma situación que el partido socialdemócrata alemán tras 1918, cuando tomaron la decisión de ir junto a los enemigos de su voluntad político-económica, acabando con ello, forzosamente, traicionando sus metas originales.

Con implacables consecuencias se ha realizado en el N.S.D.A.P. la misma línea de traiciones a los fundamentos, como se muestra en su rebaja de los impuestos a particulares, el aumento de los alquileres y otras muchas políticas realizadas en Turingia.

La objeción de que el peligro de la persecución estatal obligue a tamaños sacrificios de las convicciones, no es sólo inexacta, como la prohibición en Baviera y en Prusia muestran, sino socava ante todo el carácter y el valor del movimiento, pues con este argumento de la cobardía toda traición puede quedar cubierta. Mientras que para nosotros toda táctica debe encontrar su fin en los fundamentos, la dirección del partido ha abandonado cada vez más a menudo y en cada vez aspectos más decisivos las cuestiones esenciales del nacionalsocialismo por consideraciones tácticas.

Junto con el aburguesamiento del partido ha venido también un creciente caciquismo que ha acabado por tomar formas estremecedoras. No sólo los llamados altos dirigentes de las S.A., sino, en creciente medida, también los funcionarios políticos del partido se han desarrollado según su actitud y su forma de vida de un modo que se encuentra en contradicción tanto con las leyes internas de nuestro movimiento revolucionario como con las mínimas exigencias de un carácter honrado. La entretanto casi general dependencia material directa o indirecta de los funcionarios del partido y su líder, ha dejado aparecer una tamaña atmósfera de indignidad, que hace virtualmente imposible la reivindicación de cualquier opinión independiente; asimismo ha llevado las cosas a un estado de corrupción material e ideal, que no se puede conseguir ayuda sin el apoyo de toda la organización (estructura) del partido. Los numerosos desacuerdos y problemas con los conflictos personales dentro del partido tienen aquí su más profunda y esencial causa.

Este desarrollo que nosotros aquí observamos con creciente preocupación, en los campos de fundamentos, tácticas y organización del partido, nos ha visto en cada hora del los últimos años como los primeros, profundos y severos enemigos y denunciantes.

Los cinco años de cartas nacionalsocialistas, dan aquí un claro testimonio, tanto en la opinión personal como expresada, que hemos tomado sin consideración a las presiones y tentaciones llegadas desde arriba. En ninguna hora hemos tomado en cuenta la posibilidad de variar nuestros posicionamientos por motivos oportunistas, y en numerosas ocasiones nos hemos encontrado ante la cuestión de si debíamos tomar una manifestación pública de nuestra disconformidad con la dirección del partido en sus duros choques con la esencia del nacionalsocialismo.

El que no hayamos hecho esto hasta el día de hoy se debe a que la dirección del partido no había renegado del programa de los veinticinco puntos abiertamente, y también porque confiábamos en que el espíritu revolucionario que vive sobretodo en los militantes base de las S.A. podría vencer sobre las actitudes de una dirección caciquista. Esta esperanza se ha hecho vana con el último acto de voluntad de la dirección del partido.

A través de una carta de Adolf Hitler del 30 de junio, el gauleiter de Berlín fue forzado a llevar a cabo una limpieza sin contemplaciones de todos los bolcheviques de salón del partido. Junto con esta exhortación fue decretada la exclusión de todos los militantes reconocidos o sospechosos de ser socialistas revolucionarios.

Con ello quedó pronunciado el definitivo divorcio del N.S.D.A.P. con las metas y exigencias de una revolución alemana, y también de los puntos socialistas del programa original.

Como firmes, indoblegables, partidarios del nacionalsocialismo, como ardientes luchadores de la revolución alemana, rechazamos este falseamiento del carácter revolucionario, de la voluntad socialista y de los fundamentos esenciales del nacionalsocialismo y permaneceremos al margen del N.S.D.A.P. convertido en ministerial, y siendo lo que siempre fuimos: nacionalsocialistas revolucionarios

Otto Strasser

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lunes, 20 de enero de 2020

Alemania 1930: 107 diputados con camisa parda (9 de 10) - ANEXO I - GELI RAUBAL EN LA VIDA DE HITLER


Tras el resultado electoral, Hitler se cambió a un piso más cómodo y espaciosos en el 16 de la Prinzregentenstrasse. Disponía de nueve habitaciones y estaba instalado en un barrio residencial de la capital bávara. Allí precisamente fue a vivir con él su sobrina Geli Raubal. “Geli”, diminutivo de Angela había nacido en Linz en 1908. Se ha dado por supuesto que Hitler mantuvo con ella una relación amorosa, algo que no parece confirmado por dato alguno. Es cierto que la tenía en alta estima y que soportó mal el suicidio de la joven, pero siempre dentro de las normales relaciones entre tío y sobrina. Su madre, Ángela Hitler, era hermanastra de futuro führer. La joven tenía 19 años menos que su tío.

Se la ha descrito como De constitución maciza, más bien robusta y atractiva, de carácter juguetón y rebelde, tenía caballo castaño oscuro y ondulado”[1]. Eran tres hermanos de una familia extremadamente modesta que había perdido a su padre en 1910. Su madre se hizo cargo de su educación. Hitler la conoció cuando era una niña recién nacida. La madre y los hermanos se trasladaron a Viena en donde Hitler los volvió a visitar. En los meses posteriores a extinguir la condena por el golpe frustrado de Munich, Hitler alquiló una villa en el Obersalzber en Alta Baviera. Propuso a su hermanastra el que se hiciera cargo de la administración de la casa. Se trasladó allí con sus tres hijos y fue en esas circunstancias cuando Geli conoció a su tío con más detenimiento. Tenía entonces 17 años. Solía acompañarle al teatro o a la ópera, iban también de comprar y paseaban juntos.

No hay absolutamente ninguna prueba de que existiera, como se ha insinuado, una relación incestuosa. Todo induce a pensar que se trataba de la clásica relación entre un tío que cuida a su sobrina tal como le ha pedido su hermanastra que lo haga. Hitler, en cierto sentido, ejercía de padre para ella. Estamos a principios de los años treinta, cuando la educación de los jóvenes era muy diferente a la actual. Las fotos de Geli Raubal nos la muestran casi siempre sonriendo, no hay duda de que se trataba de una muchacha extraordinariamente alegre tal como lo describen, además, los testimonios de quienes la conocieron. Pero, era inevitable que surgieran puntos de vista enfrentados entre tío y sobrina, especialmente, si este había asumido el encargo de que “no se desviara”. Parece ser que el primer problema vino cuando la joven manifestó su deseo de acudir a bailes. Hitler se lo prohibió en primer lugar, pero finalmente accedió a condición de que fuera acompañado por un guardaespaldas de su confianza. También parece que cuestionó algunos vestidos que quería utilizar la joven.


Poco a poco, la joven llegada de un ambiente rural se fue adaptando cada vez peor a la vida en un Munich que era completamente diferente a lo que había conocido hasta entonces. El incidente que protagonizó con Emile Maurice, guardaespaldas y chófer de Hitler, en aquel momento uno de sus hombres de confianza, dio mucho que hablar. Llegó a oídos de Hitler que Maurice había coqueteado con Geli. Hitler reaccionó violentamente hasta el punto de que Marice “pensaba que Hitler iba a matarlo allí mismo”. El distanciamiento se prolongó hasta que el 11 de mayo de 1935, cuando Maurice contrajo matrimonio con Hedwig Maria Anna Ploetz[2].

Matriculada inicialmente en la facultad de medicina, abandonó los estudios por los de canto. Sin embargo, nunca llegó a actuar públicamente por considerar ella misma que no estaba preparada. En 1945, interrogada por un oficial de inteligencia aliado, la madre de Geli comentó que la razón de la disputa final de su hija con Hitler fue su relación con un maestro de canto de Viena[3]. Poco después aparecía muerta en su habitación. La policía muniquesa realizó una exhaustiva investigación. Hitler tuvo una conversación con ella antes de partir para una gira electoral, a eso de las 17:00 horas. El personal de servicio en casa de Hitler, declaró que la joven, después de la conversación, al irse su tío, se había mostrado muy nerviosa. Fue la última vez que la vieron viva. Se fue a su cuarto y a la mañana siguiente apareció muerta. Nadie oyó el disparo. Al enterar del fallecimiento, Hitler volvió inmediatamente a Munich y hubo de responder a las preguntas de la policía. El detective anotó en su informe:

“Su sobrina estaba estudiando medicina, pero después no le gustó y se dedicó a tomar clases de canto. Poco después debía haberse presentado en público, pero no se sentía capaz y por eso quería continuar estudiando con un profesor de Viena. Hitler le dijo que él estaba de acuerdo, a condición de que la madre de ella le acompañara a Viena. Como ella no quería eso, él dijo haberle dicho, “entonces yo estoy en contra de tu plan de ir a Viena”. Ella se enojó por eso, pero no estaba muy nerviosa ni excitada y se despidió de él tranquilamente cuando se fue ese viernes en la tarde”[4].

No hay en todo esto nada que pudiera considerarse particularmente extraño. Sin embargo, un poco más adelante, en la misma declaración hay un elemento que no suele citarse en los textos sobre el fallecimiento de Geli Raubal. Hitler prosigue su declaración ante el policía Sauer:

Ella había pertenecido a una sociedad que celebraba sesiones donde las mesas se movían y le había dicho a Hitler que allí había sabido que algún día moriría de muerte no natural. Después Hitler agregó que ella muy fácilmente podía haber tomado la pistola porque sabía dónde estaba, donde él guardaba las cosas”[5].

Es evidente que Hitler está aludiendo a que Geli Raubal había pertenecido a un círculo espiritista, muy habitual en la época. Aparte de “mover mesas” y de realizar otros efectos escénicos atribuidos a los “espíritus desencarnados”, en estos ambientes era frecuente “consultar a los espíritus” y formularles preguntas sobre los estudios, el amor, el dinero, el futuro en general. Se trataba –y se trata– de supercherías, pero susceptibles de alterar profundamente a naturalezas particularmente impresionables (de hecho, en esa misma época, no fueron infrecuentes los casos de espiritistas que optaran por el suicidio[6]).


El perfil de Geli Raubal es el de una personalidad extremadamente inestable, inmadura, interesada en frecuentar diversiones propios de su generación pero que a Hitler –como a cualquier otro tutor bajo cuya responsabilidad recayera la educación de una joven- le parecían poco interesantes, peligrosos o simplemente meras pérdidas de tiempo. El choque generacional hizo el resto y terminó en una de esas decisiones producto de una depresión momentánea surgida por no haber podido hacer su voluntad. Hasta ese momento, “tío Adolf”, como le llamaba su sobrina, había sido el sustituto de la imagen paterna que le causaba un profundo respeto. Era inevitable que una joven se sintiera también atraída por el entorno que rodeaba a su tío: hombres jóvenes solo algo mayores que ella, algunos con historiales heroicos que siempre trataban con respeto reverencial y una deferencia extrema a su tío. Eso y las posibilidades de ocio y diversión de una gran capital europea como Munich, fueron alterando el carácter de Geli Raubal que siguió siendo aquella joven alegre y desenfadada que había llegado del Obersalzberg como campesina y que en poco tiempo devino una estudiante frustrada con cierta tendencia a la vida bohemia.

Hitler parece ser un caso de persona, extraño pero no infrecuente, asexuada. Por las razones que fuera, no parecía prestar atención al sexo a pesar de haber seducido con su mera presencia a muchas mujeres de mundo. Por otra parte, el wagnerianismo le había introducido en un mundo de amor idealizado que parecía tener poca relación con el sexo físico. A esto había que unir su inquebrantable decisión de dedicarse a la política que excluía momentos de distracción. Hitler, en aquellos años, apenas supo lo que era el ocio. Cualquier cosa que hacía, una lectura, un momento de meditación, ver una película, lo hacía en función de su proyecto político-personal, el que, probablemente ya se había manifestado de manera confusa la misma noche que siendo un adolescente más joven aún que Geli Raubal a principios de los años treinta, intuyó tras la audición del Rienzi de Richard Wagner, tal como explicó su testigo privilegiado y amigo de juventud August Kubizech[7]. No rechazaba la compañía femenina, de hecho, hubo siempre muchas mujeres cerca suyo (Helena Henfstaengl, Henriett Hoffmann, Jenny Haug, la misteriosa Stefanie de Liz, Mimi Reiter, Unity Midford, Karoline Rascher, Eva Braun…), simplemente, entre sus planes no se encontraba el matrimonio.

No hemos encontrado ni un solo motivo que pudiera inducir a pensar en nada que no fuera la responsabilidad propia de un tutor sobre su pupila. Sin embargo, los enemigos políticos de Hitler decidieron desde el primer momento convertir el caso en un elemento para atacar a la que ya se había convertido en su bestia negra.

La explicación oficial que dio el NSDAP se limitó a explicar que se había producido un accidente al dispararse fortuitamente el arma mientras Geli la manipulaba. Sea como fuere, en las semanas siguientes al accidente, Hitler cayó en una profunda depresión, tanto por los comentarios suscitados en la prensa sensacionalista y de izquierdas como por la pérdida en sí misma de uno de los pocos lazos que tenía con su familia. Pasó un tiempo en casa de su editor, Adolf Müller, en las orillas del Tegernsee, mientras que los servicios jurídicos del NSDAP dirigidos por Hans Frank, bloqueaban los ataques de la prensa sensacionalista[8]. Uno de los que más insistieron en difundir historias inverosímiles y sórdidas fue, precisamente, Otto Strasser[9], cada vez más aislado e incluso abandonado por su hermano. Estos y otras fuentes poco dignas de crédito, hoy no son tomadas en consideración por ningún historiador serio y solamente aportan algunas líneas a libros escandalosos de bajo nivel[10].

Geli Raubal fue enterrada en el Cementerio Central de Viena. Hitler tardó unos cuantos días en superar la crisis nerviosa. Solamente reapareció al cabo de diez días en Hamburgo. Sus camaradas, optaron por ofrecerle una calurosa acogida. En el mitin que siguió demostró estar de nuevo en forma.

Cuando ocurría este episodio la situación volvía a precipitarse con el nombramiento de Von Papen como canciller.




[1] Hay solamente una obra dedicada a Angela Raubal y su relación con Hitler: Hitler and Geli, Ronald Hayman, Bloomsbury, EEUU, 1998. A pesar de ser un estudio histórico repite episodios poco o mal documentados, incluso da por cierto rumores, es el único realizado con un mínimo método sobre esta relación. 
[2] Sacerdote católico y periodista que colaboró en la redacción de Mi Lucha con Adolf Hitler. Miembro de la Orden de los Jerónimos. Era colaborador habitual del Munchener Beobachter en donde escribió innumerables artículos sobre el “ateísmo judío”. Después de la Primer Guerra Mundial colaboró con los freikorps y fue miembro de la clandestina Organización Cónsul. En 1923 fue jefe de redacción del diario antisemita Miesbacher Anzeiger y era uno de los más conocidos clérigos del ambientes völkisch bávaro. Fue así como se convirtió en confidente de Hitler, asesor para cuestiones religiosas y uno de los miembros de la tertulia del Café Heck al que acudía diariamente Hitler antes del golpe de Munich (cf. Hitler’s Priest: cathólic clergy and National-socialism, Kevin P. Spicer, Northern Illinois University Press, EEUU, 2008, págs. 37, 39 y 76. También Catholicism and the Roots of Nazism: Religious Identity and National Socialism. Dereck Hastings, Oxford University Press, EEUU, 2009, págs.. 67- 68, 116, 119-120).
No están claros los motivos por los que fue ejecutado en la Noche de los Cuchillos Largos. Se dice que Emil Maurice le disparó personalmente a causa de haber sido la persona que comunicó a Hitler que coqueteaba con Geli Raubal (Die SS, Tragödie einer deutschen Epoche, Gerald Reitlinger, Ed. Desch, Brekendorf, pág. 452).
[3] Cf. Explicar a Hitler. Los orígenes de su maldad, Ron Rosenbaum, Siglo XXI Editores, pág. 167.
[4] Ídem, pág. 152.
[5] Ídem.
[6] Desde siempre, existe toda una amplísima literatura espiritista en torno al suicidio (véase por ejemplo, el clásico, Bajo la luz del espiritismo, Gerard Encausse “Papus”,  Editorial Kier, Buenos Aires, 2002, en donde hay un capítulo íntegro dedicado al suicidio, pág. 64-72, o El espiritismo, Ramón Cal y Monmany, Barcelona 1867, cuyo Capítulo IX está igualmente dedicado al suicidio, págs. 84-87). El anómalo porcentaje de suicidad que suele producirse en los medios espiritistas puede deberse a esta tendencia a tratar el tema de manera obsesiva (hoy se sabe que la noticia de un suicidio en un medio de comunicación genera inmediatamente una oleada de imitaciones).
[7] August Kubizech, Hitler, mi amigo de juventud. Editorial AHR, Barcelona 1955, págs. 143-151.
[8] Hitler 1889-1936, Ian Kershaw, Círculo de Lectores, Barcelona 1999, pág 356.
[9] Ídem, pág. 354.
[10] Entre otros: Las arpías de Hitler, La participación de las mujeres en los crímenes nazis, Wendy Lower, Editorial Crítica, 2013; Los arcanos negros de Hitler, Robert Ambelain, Robin Books Ediciones, Barcelona, 2005 (especialmente páginas 194-197 y 184-197) y Los enigmas de Hitler, José Antonio Solis Miranda, Cadena 100 Editores, La Coruña, 2008 (págs. 113-114), entre otros muchos.

viernes, 17 de enero de 2020

Alemania 1930: 107 diputados con camisa parda (8 de 10) - EL PROBLEMA CON LAS SA BERLINESAS: LA REVUELTA DE STENNES


El 5 de diciembre de 1928 se produjo un incidente armado en la frontera boliviana cuando el fortín Vanguardia atacado y destruido por una unidad del ejército paraguayo. El fortín se encontraba en la región del Chaco que ambos países se disputaban. Cinco soldados bolivianos resultaron muertos, otro cayó prisionero y las instalaciones resultaron destruidas. El gobierno boliviano de la época recurrió al general prusiano Hans Kundt[1] que había pisado por primera vez el país durante el gobierno del presidente Montes Gamboa en 1908 como jefe de una misión alemana de adiestramiento. Kundt se sintió identificado con el pueblo boliviano y contribuyó a la reorganización de su ejército. Los soldados le apreciaban por el interés que puso siempre en mejorar las condiciones de vida de la tropa. En 1914 había regresado a Alemania al estallar la Primera Guerra Mundial en la que alcanzó el rango de general de división. En 1921 regresó a Bolivia en donde se le ofrecieron los puestos de jefe de Estado Mayor y Ministro de la Guerra (que ocupó en 1923), reconociéndole el generalato. Las oscilaciones de la política boliviana le obligaron a exiliarse en 1930 cuando el general Blanco Galindo dio un golpe de Estado expulsando al presidente Siles Reyes al que poyaba Kundt. Cuando se inició la Guerra del Chaco y a causa de los tres primeros meses de derrotas continuas, el presidente Salamanca le ofreció la dirección del ejército, previendo, al mismo tiempo, que dispondría de un chivo expiatorio en caso de que el resultado del conflicto fuera adverso, como efectivamente fue. Por un lado, la oficialidad boliviana no era la prusiana que había dirigido siempre y no estaba dispuesta a arriesgar la vida en asaltos frontales; por otra, la geografía de la zona era adversa al ejército boliviano. La derrota de Alihuata-Campo Vía implicó su destitución y su posterior regreso a Alemania. Pues bien, uno de los oficiales que había marchado a Bolivia llamado por Kundt, no era otro que Ernst Rohem, el antiguo jefe de las SA.

Rohem recibió la propuesta de trabajo en Bolivia a través de Wilhelm Kaiser, un oficial retirado que había ejercido como agregado militar boliviano en Holanda y que, seguía encargado de realizar algunas misiones discretas para el gobierno alemán. Rohem partió apresuradamente para La Paz el 5 de diciembre de 1928. Las condiciones de su contrato igualaban prácticamente las del general Kundt a cuyas órdenes se puso[2]. Fue ascendido a teniente coronel del ejército boliviano y se le colocó al frente de la Sección III de Operaciones del Estado Mayor. Todo esto ocurrió mes y medios después del ataque al fortín Vanguardia cuando la situación ya se había momentáneamente pacificado. Rohem se quejó: “El hecho de que a mi llegada encontrara que la guerra entre Bolivia y Paraguay había sido resuelta estuvo lejos de ponerme contento. Soy inmaduro y malvado y la guerra y el tumulto tienen para mí más atractivo que la pacífica vida burguesa”.

Rohem había llegado a Bolivia acompañado por su amante de entonces, un pintor de 19 años, oriundo de Baviera, Martin Schätzl. Se hospedó en el pequeño apartamento en la calle Loayza y aprendió castellano. Pronto surgieron rivalidades con Kundt. La oficialidad boliviana pronto experimentó más aprecio hacia Rohem a quien consideraban mucho más enérgico y mejor preparado que Kundt. En los ejercicios militares de 1929, Rohem dirigió una división del ejército boliviano que se alzó con la victoria y Kundt sintió amenazada su posición empezando, a partir de ese momento, a desplazarlo del Cuartel General del Ejército en Miraflores a las guarniciones más alejadas de la capital (Oruro, Challapata, Uyuni, Sucre, el Chaco). A pesar de haber cambiado de amante y seguirle en todos estos desplazamiento su nuevo efebo, un recluta llamado Llanque, Rohem sentía añoranza de la vida mundana berlinesa.

Cuando se produjo el golpe de Estado contra el gobierno de Siles, mientras Kundt y la mayoría de oficiales de la misión alemana le permanecieron fieles, Roehm tomó parte destacada en la conspiración. Durante un par de semanas, Siles consiguió mantener el orden en la capital y las tropas permanecieron acuarteladas, pero cuando el 25 de junio de 1930, la Primera División del Ejército con base en Oruro se alzó contra Siles, inclinando la balanza definitivamente contra el presidente. A pesar de que Rohem no firmó el documento suscrito por los oficiales de la guarnición justificando su actuación, era evidente que la unidad no se hubiera movilizado de no existir órdenes expresas emanadas de él pues, no en vano, era el comandante de la unidad. Todos los oficiales alemanes se tuvieron que exiliar… salvo Rohem.

Aún se quedaría unos meses más en Bolivia. Fue llamado a La Paz, en donde volvió a convivir con Schätzl. Apenas había puesto la condición de ser nombrado subjefe de Estado Mayor para seguir en Bolivia, cuando a mediados de octubre de 1930 recibió un telegrama urgente de Hitler: “Te necesito”[3]. Partió inmediatamente para Alemania llegando a Munich el 6 de noviembre[4]. El 5 de enero de 1931 asumiría nuevamente el cargo de jefe de Estado Mayor de las SA.

¿Qué era lo que reclamaba la presencia de Rohem en Berlín? ¿Por qué Hitler le había enviado aquel telegrama tan breve como perentorio? Para responder a estas cuestiones hay que tener en cuenta la situación de las SA berlinesas y el episodio conocido como la “revuelta de Stennes”.

A pesar de que con la expulsión de Otto Strasser parecía que el “ala izquierda” del partido se había plegado a las decisiones de Hitler, había sectores de las SA que, no por ideología, sino por simple discrepancia “de clase” o simplemente por esprit de corps, se consideraban como el elemento central del partido y practicaban un sistemático menosprecio hacia la Organización Política a la que desde los primeros tiempos de las SA llamaban jocosamente “OP-Política Cero”. Estos sectores de las SA se consideraban como los verdaderos y únicos portadores de la idea nacional-socialista y estaban convencidos de que el objetivo final de su lucha política era mejorar sus posiciones personales. No en vano eran ellos los que ponían las bajas y la sangre en las luchas contra el marxismo en las calles de Alemania.

Cuando se convocaron las elecciones de 1930 ya surgió un primer chispazo al elaborar las listas de candidatos al Reichstag que incluían a tres dirigentes de las SA. Para colmo, se añadía el problema de que la milicia del partido carecía de autonomía financiera y toda unidad de las SA dependía del Gau correspondiente. Y, finalmente, existía la natural impaciencia entre hombres habituados a los combates y a la lucha armada, que resistían mal la promesa de Hitler de conquistar el poder solamente con medios legales. Estos eran necesariamente lentos y no garantizaban siquiera la conquista del objetivo final. “Solamente la lucha ofrece resultados” repetía una y otra vez Hitler. Pero él consideraba la lucha como una combinación de activismo y agitación en las instituciones.


Walter Stennes, dirigente de las SA en el Este de Alemania con el grado de SA-Oberführer Ost, solamente consideraba un activismo creciente que, finalmente cristalizaba en una insurrección armada contra el Estado. La frenética actividad en la que se embarcaron las SA y la OP previa a las elecciones de 1930 que había agotado físicamente a unidades enteras de las SA y la llegada de los efectos más perversos de la crisis de 1929, fueron los factores que desencadenaron la revuelta de las SA berlinesas. Una de las reivindicaciones de las SA era el bajo sueldo que se les pagaba a cambio de estar movilizados constantemente para lo que requiriera el mando. Tenían tendencia a pensar que la promoción de cargos dentro del NSDAP y de las SA se debía al amiguismo y no a los méritos contraídos que, para ellos, eran exclusivamente las muestras dadas de arrojo físico, bravura y acometividad.

Stennes había sustituido a Kurt Daluege que había ingresado en el partido en 1922 y pronto destacó en los combates callejeros en Berlín. Cuando Daleuge fue sustituido en 1930 por Stennes, la milicia berlinesa contaba con quince mil hombres. Stennes había sido policía, perteneció inicialmente al entorno de Rohem, pero cuando este se fue a Bolivia, figuró en el entorno de Otto Strasser. Sin embargo, consiguió evitar la expulsión de los miembros del “ala izquierda” del partido.

El 7 de agosto de 1930, Josep Goebbels se reunió con Stennes y con otros mandos de las SA berlinesas quienes exigieron tres lugares seguros para miembros de su milicia en la candidatura del NSDAP para las elecciones generales. Amenazó con que si sus exigencias no eran aceptadas, se revelaría con el 80% de las SA berlinesas. Stennes intentó ver a Hitler en Munich pero no logró ser recibido por este. Sus subordinados consideraron este episodio una ofensa y dimitieron de sus cargos negándose a realizar tareas de propaganda y protección del partido[5].

El 30 de agosto debía tener lugar un gran mitin en el Sporpalast en el que debía tomar la palabra Goebbels. Los hombres de las SA asignados para la protección de este mitin, a última hora fueron movilizados por Stennes para acudir a un desfile en el otro extremo de Berlín. Poco después se produjo el asalto de una unidad de las SA a la sede del partido en la Hedemannstrasse ocasionando graves destrozos en el edificio y enfrentándose por primera a las SS. Goebbels pidió ayuda a Hitler para evitar que la revuelta de las SA se extendiera –como estaba ocurriendo- a otras provincias. Estos incidentes indujeron a Pfeffer von Salomon, entonces jefe de las SA, a presentar la dimisión.

Hitler que se encontraba en ese momento en el Festival Wagneriano de Beyreuthse, optó por trasladarse inmediatamente a Berlín. En primer lugar, Hitler consiguió detener la revuelta personándose en los distintos acuartelamientos que se habían unido a la sublevación. Sin embargo, cuando luego, por la noche, mantuvo dos reuniones con Stennes no hubo acuerdo posible. Era el 30 de agosto de 1930. Al día siguiente, optó por convocar un mitin al que asistieron unos 2.000 miembros de las SA. Hitler en el curso de esta reunión, aprovechando la dimisión de von Salomon, aprovechó para anunciar que asumía el mando supremo de las SA y de las SS, decisión que fue acogida con júbilo por los presentes. En la parte central de su discurso, enumeró los logros de las SA y recordó algunos de sus episodios más heroicos, glosó a la figura de Horts Wessel (uno de los más conocidos miembros de las SA berlinesas que había sido asesinado por los comunistas el 23 de febrero anterior y a cuyo funeral Hitler no pudo asistir). En la última parte de su discurso realizó un llamamiento a la lealtad. El anciano General Litzmann, un héroe de guerra unánimemente respetado, hizo el juramento de fidelidad a Hitler en nombre de las SA. Acto seguido, Stennes leyó la orden de Hitler por la cual se concedían mejoras económicas a las SA (que saldrían de un incremento de veinte pfennings en la cuota del partido)[6].

Los resultados de la breve revuelta habían sido, en primer lugar, el pago de una elevada factura por la destrucción absoluta de los locales de la Hedemannstrasse, pero lo más importante era que las SA habían sido de nuevo “domesticadas” mediante una combinación de golpe dramático (la asunción de la jefatura por Adolf Hitler) y acción banal (subida de sueldo). Y había incluso algo más importante: el papel de las SS había crecido brusca y extraordinariamente. No solo con unos efectivos minúsculos habían defendido tenazmente a las oficinas del partido y a sus dirigentes, sino que ni uno solo de sus miembros se planteó hacer otra cosa que cumplir con su misión de guardia de confianza del führer. En aquellas tensas horas, un exiguo grupo de las SS berlinesas había acompañado a Hitler por los distintos acuartelamientos en los que no sabían cómo sería recibido. Siempre, en todo momento y en cualquier circunstancia por adversa que fuera, las SS habían respondido como se esperaba de ellas. Hitler al concluir la crisis hizo algo más que agradecerles los servicios prestados, les concedió una divisa que a partir de ese momento les caracterizó: “Mi honor se llama lealtad” que correspondía a la frase que Hitler les había dirigido en aquellos momentos: "SS Mann, deine Ehre heißt Treue!" (Hombre de las SS: tu honor es la lealtad). Himmler y Daleuge fueron promovidos al grado de Obergruppenführer, el primero en el Sur de Alemania y el segundo en el Norte.

Era evidente que el problema estaba solamente parcheado. El sucesor de von Salomon y la persona delegada por Hitler para dirigir en su nombre a las SA, Otto Wagner, se las ingenió para obtener fuentes de ingresos alternativas para sus hombres. Amigo de Pfeffer y compañero suyo en el Freikorps Rossbach, era un hombre de negocios que convenció a una empresa tabaquera para lanzar los cigarrillos Sturm (luego aparecerían los cigarrillos Trimmler y Alarm) para las SA. Una parte de los beneficios que generaban estas marcas iba a parar a las arcas de las SA y redundaban en aumentos de sueldo. También aparecieron las hojas de afeitar Stürmer y la margarina Kampf[7].


Esa era otra diferencia entre las SS y las SA. No es que los primeros no fumaban. Es que Heinrich Himmler se jactaba de que podía ordenar a sus hombres que dejaran de fumar. Añadía que tenían dos opciones: “obedecer o la pistola”. Aludía a que una desobediencia de ese tipo empeñaba su honor, por lo que la única salida aceptable que tenía era el suicidio[8].

Apagada la revuelta de Stennes, apareció Ernst Rohem en Munich. No tardaría en dar problemas entre los nuevos cuadrados de las SA a causa de su homosexualidad. Hitler debió de cortar todas estas habladurías el 3 de febrero de 1931 rechazando explícitamente “cosas que pertenecen puramente al ámbito privado” y subrayando que las SA no eran una “institución moral de señoritas sino un grupo de rudos combatientes”[9]. Poco después, Stennes que solamente se había calmado temporalmente volvió a escribir nuevos artículos en Der Angriff en los que defendía la toma del poder por la vía insurreccional. Una vez más, Hitler debió manifestar su posición favorable a conquistar el poder solamente por métodos legales. En un artículo publicado en el Völkischer Beobachter definió como simple “mentira” el que el NSDAP se hubiera planteado la toma del poder por métodos no legales y advirtió a los “provocadores” surgidos del propio partido que no hacían otra cosa más que facilitar armas a los enemigos para acentuar la persecución:

“Se me acusa de ser demasiado cobarde para luchar ilegalmente. No soy demasiado cobarde para eso, por supuesto. Sólo soy demasiado cobarde para llevar a la SA a enfrentarse con el fuego de las ametralladoras. Necesitamos a la SA para cosas más importantes, la necesitamos para la construcción del Tercer Reich. Nos atendremos a la constitución y llegaremos pese a ello a conseguir nuestro objetivo”[10].

Eran momentos en los que el gobierno del canciller Bruning había aprobado un decreto de emergencia que ponía en manos del gobierno poderes excepcionales para prohibir partidos políticos que no se atuvieran a la legalidad vigente. Para evitar la prohibición Hitler dio la orden de que todas las organizaciones del partido se atuvieran a la legalidad. Pero Stennes no estaba dispuesto a ceder. Cuando hacía poco que había concluido la revuelta de la SA berlinesa (el 1 de septiembre de 1930), aparecía otra crisis del mismo signo que indicaba que la anterior se había cerrado en falso. Hitler decidió en la tarde del 1 de abril de 1931 que había que acabar de una vez por todas con el problema. Convocó a Goebbels y a otros dirigentes del NSDAP en la ciudad de Weimar. Les comunicó que Stennes había sido depuesto como jefe de las SA para Alemana del Este. Inmediatamente, Goebbels recibió una llamada telefónica anunciándole que las SA berlinesas habían ocupado la sede del NSDAP y la redacción de Der Angriff. Unas horas después, la dirección berlinesa de las SA publicaba una nota en la que acusaba a Hitler de “despotismo y demagogia irresponsable”.

En Weimar, Goebbels recibió plenos poderes para acabar con la disidencia: “Lo que necesites, lo respaldaré”[11], le dijo a Goebbels. Lo primero era recabar compromisos de lealtad de todas las secciones del partido. Hitler y Goebbels llamaron personalmente a cada uno de los gauleiter. Mientras, Stennes aumentó el tono de la discusión emitiendo más comunicados de carácter revolucionario que dejaban a Otto Strasser como moderado. Consiguió extender la subversión por los gaue de Berlín, Pomeraria, Schleswig-Holstein y Silesia. Pero las aguas volvieron pronto a su cauce y la rebelión consiguió ser detenida.

El día 4, un artículo de Hitler en el Volkischer Beobachter atacaba las tesis de Stennes (que, en realidad, eran exactamente las mismas que las que había sostenido pocos meses antes Otto Strasser y su grupo). Minimizó la aportación de Stennes al nacional-socialismo, le acusó de minar la fidelidad a su persona de manera sistemática, calificó su actitud en ese momento de “necia y criminal”, capaz de arruinar los años de trabajo y facilitar al gobierno el proceso de ilegalización del partido. Finalmente, proclamó su voluntad de destruir a los conspiradores hasta la raíz y pidió a los hombres de las SA que eligieran entre “el sargento de policía Stennes” o el “fundador del Movimiento nacionalsocialista y jefe supremo de vuestra SA, Adolf Hitler”[12].


Cuando estas líneas salieron en letra impresa, la rebelión ya había remitido. En total fueron purgados quinientos SA de las unidades del Norte y del Este de Alemana. Goering asumió las competencias que habían sido las de Stennes, salvo en lo relativo al Gau de Berlín que siguió íntegramente en poder de Goebbels.

En cuanto a Rohem, inmediatamente pasó a reestructuras las SA. A finales de ese año, había conseguido triplicar los miembros de la organización: de 88.000 de enero de 1930 a los 260.000 que formaban en diciembre de ese mismo año. La organización ya no estaba formada en su tronco central por excombatientes o veteranos de los freikorps. Los nuevos militantes eran hijos de campesinos, estudiantes procedentes de las clases medias que, en lugar de ingresar en clubs de tipo o en organizaciones deportivas, lo hacían en las SA. La energía y la lealtad de Rohem era uno de los factores que había permitido a Hitler conjurar el peligro que constituía Stennes (cuyo fraccionalismo, de no haber sido atajado, sin duda hubiera costado un proceso de ilegalización del partido).




[1] Para datos sobre la vida de Kundt puede consultarse El general y sus presidentes: vida y tiempos de Hans Kundt, Ernst Röhem y siete presidentes en la historia de Bolivia (1911-1939), Robert Rockmann, Plural Editores, La Paz, 29007.
[2] Para datos sobre la presencia de Rohem en Bolivia, cf. Todos los hombres del Führer: la élite del nacionalismo (1919-1945), Ferran Gallego, Capítulo IV, pág., De Bolsillo, Barcelona, 2008, 133 y sigs.
[3] Se sabe que Rohem era una de las escasísimas personas que tuteaban a Hitler. En NSDAP utilizaba el “tuteo revolucionario” mucho menos que cualquier otra formación fascista europea. En la lengua alemana no se utiliza el tuteo como forma de complicidad política, sino como producto de una larga trayectoria personal. El dato sobre el tuteo es mucho más relevante teniendo en cuenta que en ese momento, Hitler ya era el jefe indiscutible del NSDAP  mucho más todavía si tenemos en cuenta que los cuatro años que pasó Rohem en Bolivia se iniciaron después de un desacuerdo en relación a la primacía de la parte política (NSDAP-OP) o de la parte militar (SA) en el movimiento nacional-socialista.
[4] Al llegar a Alemania, Rohem debió soportar las recriminaciones realizadas por los oficiales que habían permanecido fieles a Kundt en Bolivia y habían regresado con él. Publicó una especie de autoefensa en el Illustierte Beobachter en la que aprovechaba para identificarse con la causa del ejército boliviano y con el país al que consideraba como su segunda patria.
[5] I. Kerwhaw, op. cit., pág. 349.
[6] El episodio de la revuelta de Stennes y de las SA berlinesas está narrado con cierto detalle en I.Kershaw, op. cit., págs. 348-351; J. Fest, op. cit., pág. 320-323; Adrian Weale, SS: una historia nueva, Turner Publicaciones SL, 2013, Madrid, pág. 66-67; Dietrich Orlow, The Nazi Parti 1919-1945: A complete history, Enigma Books, Nueva York, 2010, capítulo Illusions and Dilemmas.
[7] El nazismo, Patricia Agosto, Ocean Press, Minneapolis, 2008, pág. 60.
[8] Heinz Hoene, La Orden de la Calavera, Plaza & Janés, Barcelon, 1977, pág. 129
[9] J. Fest, op. cit., pág. 350.
[10] Ídem. 251.
[11] Ídem.
[12] Ídem, 352.