Estamos seguros de que se aproximan años decisivos para Europa Occidental: así que será bueno prepararse para lo que se avecina ¿Catastrofismo? Todo lo contrario: las curvas de intención de voto de los partidos “populistas” (léase, “antiinmigración” y “euroescépticos”) va creciendo, mientras que las de los partidos “centristas” (de centro-izquierda y de centro-derecha), van disminuyendo más y más. Y esto no es nuevo: es un fenómeno que empezó a principios del milenio y en estos meses está llegando a un momento en el que puede preverse, un cambio de ciclo político radical, como nunca antes había vivido Europa Occidental desde 1945. Pero vale la pena formularse tres cuestiones:
1ª) Este cambio de ciclo ¿no habrá llegado demasiado tarde?
2ª) ¿Cómo reaccionaran las bolsas de inmigración parasitaria ante la
nueva situación que se perfila en el horizonte? Y
3ª) ¿Puede hacerse algo para evitar este proceso?

EN TODA EUROPA OCCIDENTAL SE HA IDO DEMASIADO LEJOS:
EL VOTO “POPULISTA”
Nadie puede dudar de esta relación matemática: el crecimiento de
la inmigración masiva en Europa Occidental y con ella la inseguridad, la
delincuencia, la pobreza y una fiscalidad creciente para mantener a masas improductivas
y a guetos étnicos cada vez mayores, está en razón directa al aumento del peso
político de los partidos “populistas” y “euroescépticos”.
Desde hace un lustro, en cada elección que tiene lugar en
cualquier punto de Europa (incluso, allí donde la presencia migratoria es débil)
el principal dato que se genera tras el recuento de votos, es un avance,
cada vez mayor (y en algunos lugares, impresionante) de estos partidos “populistas”
(“la internacional reaccionaria”, “el neofascismo”, “la extrema-derecha”,
los “racistas y xenófobos”, etc, etc, etc). Cuando se publica una encuesta
de intención de voto, el primer dato que subyace, es que estos partidos, ya no están
en el “pelotón” de los partidos minoritarios, sino que, en su imparable escalada,
son la única alternativa al gobierno de turno o bien, obtendrían la mayoría si
se convocaran elecciones ese mismo día…
Hay, sobre todo, tres elementos que explican estos ascensos:
1) La visible, innegable y, por el momento,
incontenible, islamización de Europa, con su pérdida de identidad y las
lacras que le acompañan.
2) La percepción de la opinión pública de que los
gobiernos europeos han permitido y estimulado está invasión y han hecho
todo lo posible por favorecerla. Y, por tanto, son los únicos culpables,
junto con la UE de tolerar esta lacra.
3) A lo que se une el fracaso de las políticas de
los partidos tradicionales, los que, en todos ellos, en mayor o menor
medida, se desprende un tufo a corrupción, mala gestión y despilfarro en el
gasto público.
El problema que tienen ahora los partidos de centro-izquierda y de
centro-derecha que han favorecido estos tres fenómenos es:
1) Que no se ha producido lo que preveían hace 40
años: ni los islamistas se han integrado en las
sociedades occidentales, ni les votan masivamente.
2) Les es muy difícil recuperar la confianza en el
electorado al que llevan décadas traicionando y defraudando: las declaraciones de sus dirigentes ya son consideradas solo como
“palabras” y sus programas, sus promesas, sus portavoces, han perdido irremisiblemente
toda credibilidad.
3) Las “malas artes” con las que aspiran a bloquear
el ascenso de votos de la “ultraderecha”, ya no dan resultado: los lenguajes descalificadores, las denuncias y condenas por presuntos
“delitos electorales”, contribuyen a aumentar el prestigio de estas formaciones
“populistas”.
El resultado de todo esto es que “los populistas y euroescépticos”
crecen y los partidos “centristas” menguan. Así
de simple y así de sencillo.
La línea defensiva del “centro-izquierda” y del “centro-derecha”,
a su vez, se basa en unos pocos argumentos que, a fuerza de ser repetidos
machaconamente, se convierten en mantras desprovistos de todo significado:
1) “Europa, tierra de acogida para los que vienen buscando una
vida mejor” (para los humanitaristas ingenuofelizotes)
Bienvenidos los que busquen una vida mejor y estén dispuestos a arrimar el hombro, pero… Lo que España necesita hoy son ingenieros, técnicos, personal cualificado profesionalmente, no una marejada de razas y de gentes procedentes de países que no tienen nada que ver con nosotros, que no necesitamos, que son inintegrables en el mercado laboral de un país europeo y que, para colmo, manifiestan continuas exigencias por su religión. Buscar una vida mejor es legítimo, pero es preciso recordarles que, en un país europeo, por alto que sea el salario mínimo, el coste de la vida, imposibilita cualquier posibilidad de ahorro y que los europeos no estamos dispuestos a mantener eternamente a grupos parasitarios con otras costumbres, otros hábitos de vestir, que no hacen absolutamente ningún esfuerzo por integrarse y tienen tendencia a exigir lo que no merecen con la excusa de los preceptos de su secta. Esta inmigración no tiene nada que ver con la que protagonizamos los españoles entre 1950 y 1970 en dirección a Europa: era preciso reconstruir el continente, demográficamente afectado por la Segunda Guerra Mundial. Además, los españoles fuimos respetando las leyes de extranjería de los países receptores y la inmensa mayoría, tras unos años de trabajo y ahorro, volvieron a España. Ninguna de todas estas circunstancias se da actualmente: ni Europa está destruida, ni el trabajo no cualificado da para ahorrar, ni los que han llegado tienen la más mínima intención de regresar a su país, sino más bien de traer a más y más de los suyos.
2) “La crisis demográfica europea solo puede ser solucionada
mediante la aportación de la inmigración” (para los economistas liberales)
África y Asia son víctimas de sus propias políticas
demográficas. En África del Sur, todas las mujeres en edad fértil están
habitualmente embarazadas… En Marruecos, en los 40 años posteriores a la
independencia, la población se duplicaba cada 20 años, dándose la paradoja de
que hoy tiene una de las tasas de fertilidad más bajas de África, muy similares
a Europa (el problema para Marruecos es que la creación de puestos de trabajo es
incapaz de absorber a la población que está en edad de trabajar.
Pero, planteémonos lo que supone el “invierno
demográfico” en Europa: el continente esta sobrepoblado. No son necesarios
inmigrantes extraeuropeos sin ningún tipo de formación, especialmente en un momento
en el que, gracias a las nuevas tecnologías, cada vez menos mano de obra, puede
hacer más. Tanto en el campo, con nuevos sistemas de cosechadoras, como en las
ciudades, con aumento de los prefabricados o, dentro de poco, con los puestos
de trabajo habitualmente cubiertos por inmigrantes (paquetería y logística, o
taxis) lo sean por drones y vehículos guiados por GPS.
De hecho, la naturaleza es sabia y el “invierno demográfico”
situaría a Europa en buenas condiciones para afrontar este reto brindado por
las nuevas tecnologías: “cada vez manos, hacen más… gracias a las tecnologías”.
¿Y qué ocurrirá con las “pensiones de los abuelos”?
Hoy intuimos -en países como Dinamarca está más que claro- que el aumento del
PIB no es la llave de oro de la economía: “a más población, más PIB”, sino que
lo que cuenta es el “PIB per cápita”. La inmigración ha generado una masa
absolutamente improductiva o instalada en las franjas salariales más bajas (a
menos formación, menos salario: y la inmensa mayoría de inmigrantes carecen por
completo de formación profesional) que obliga a los Estados a mantenerlos,
subiendo, constantemente la presión fiscal. Obviamente, no son solamente los
subsidios a la inmigración y el desmesurado gasto social que generan, los responsables
de la subida de impuestos, pero, sin duda, constituyen la partida más
importante, después del gasto en el mantenimiento del aparato faraónico del Estado
y de las autonomías. Las pensiones no peligrarían reduciendo todos estos gastos
y si la “hucha de la seguridad social” no basta para pagarlas, tampoco es un
grave problema: el propio Estado tendría excedentes económicos para pagarlas
directamente.
3) “Europa no puede negarse a ser tierra de acogida para
refugiados de países en crisis” (para las ONGs que viven del “negocio de la
inmigración”)
Lo más razonable sería que un “refugiado” que huye de
Libia, pida asilo político en Egipto o en Túnez, no en Italia o en España.
Salvo, por supuesto, que ese refugiado sea cristiano y tenga que huir de la
persecución de la que es objeto en países islámicos. Lo más razonable no es que
un “refugiado” haga valer el hecho consumado de su presencia en Europa para
quedarse, sino que pida asilo político en el consulado español más próximo a su
lugar de residencia. Toda África, sin excepción, está en crisis, el nivel de
vida para el pueblo llano sigue siendo bajo y la diferencia de riqueza con las élites
corruptas es abismal.
Los propios gobiernos suelen tratar a patadas a su
propia población (lo hemos visto recientemente en Marruecos: como el gobierno
ha utilizado a los jóvenes dirigiéndolos como borregos a la frontera de Ceuta,
por tierra y mar, generando un número de ahogados que, finalmente estará
próximo a los 200. ¡y lo ha hecho sin inmutarse, rechazando incluso a algunos
de los que volvían tres días después!).
Europa puede negarse a acoger a individuos con
estatuto de refugiados que generen problemas a toda la comunidad. No basta con
una declaración en la que el interesado se defina como “perseguido político”.
De hecho, salvo las élites gobernantes, cualquier africano podría alegar estar
perseguido por su gobierno. De lo que se trata es de que los “refugiados” se
acomoden en los países más próximos a su lugar de residencia y a los que,
antropológicamente, sus costumbres sean más parecidas a las suyas propias. Y
Europa está muy lejos del islam.
4) “Nuestra tradición humanista y cristiana nos obliga a ser
solidarios con los que sufren” (para los cristianos progres).
Es la frase más habitualmente repetida por el Papa,
incluso en su visita a España. ¿Cuál es el problema? ¡Que no todos los
inmigrantes son “sufridores natos”, y es posible que las poblaciones que se
quedan en sus propios países, sufran más! Por tanto, si de lo que se trata es
de cortar el “sufrimiento” de las poblaciones, se trata de operar donde se
genera ese “sufrimiento”: esto es, en los países de origen.
Y esto implica: intervenciones directas en esos
países, ni un euro de fondos para el desarrollo entregado a gobiernos
corruptos: si África o Asia precisan ayuda, esa ayuda no puede ser entregada a
sátrapas y saqueadores profesionales, debe ser administrada por los propios
donantes, directamente y sin ONGs parasitarias, mediante “agencias estatales”
de cooperación. Solamente así puede ayudarse al “tercer mundo” y a “los que
sufren”… Extender el sufrimiento a los países receptores de inmigración es, con
seguridad, lo más tóxico y lo más contraproducente que puede hacerse.
5) Y el más viejo de todos ellos “No se pueden poner puertas al
campo” (para los papanatas)
¡Claro que se pueden poner! Estamos en la era de la
técnica: una rata puede ser localizada desde un satélite de observación desde
que sale de su madriguera hasta que cae en una trampa para ratas. Y aunque
estuviéramos en épocas en las que las nuevas tecnologías de localización
todavía no hubieran sido implementadas, está más que claro que, si el día en el
que llegó la primera patera a Canarias, se hubiera devuelto inmediatamente a
los viajantes a su país de origen, se les hubiera encarcelado por vulnerar las
leyes de inmigración y la soberanía española, y se hubiera persistido en esta
política: nadie hubiera pagado a ninguna mafia para que lo trajeran al país
desde el que tenían la certeza absoluta de que serían expulsados. Más aún: nos
hubiéramos evitado ver cómo, desde 1988, cuando llegó la primera patera a
Tarifa, han fallecido unas 20.000 personas ahogadas en el Mediterráneo. Alguna
ONG (Caminando Fronteras) estiman que se han ahogado entre el Mediterráneo y el
Atlántico 40.000 personas desde principios del milenio. Solamente durante el último asalto a Ceuta a
finales de julio, se ahogaron (que se sepa, por el momento) 140 personal (si
bien existe la presunción de que pueden llegar a 200).
Por eso, siempre hemos dicho que “LA DEBILIDAD MATA”.
Y debilidad es de lo que han hecho gala todos los gobiernos españoles desde
Felipe González, hasta Sánchez, ¡sin excepción! ¡Claro que se pueden poner
puertas al campo! ¡Basta con no admitir ni un solo inmigrante que entre
ilegalmente y proceder a su expulsión después de permanecer en prisión! La
inmigración ilegal es un delito: vale la pena no olvidarlo. Cuando se olvida,
se permitiendo el delito y eternizando el problema. Está demasiado claro que, si
“la debilidad mata”, solamente mediante la aplicación de medidas de fuerza,
drásticas y de excepción, se puede cortar en seco el fenómeno.
Hace treinta años, decir esto suponía situarse ante las peores
acusaciones: “racismo”, “xenofobia”, “atentado a los derechos humanos”, “odio”…
Hoy, cada vez sectores más amplios de la población comparten estas ideas e,
incluso, actitudes mucho más radicales. ¿Qué
ha ocurrido? Que la inmigración se ha convertido en masiva y no ha
satisfecho ninguna de las promesas que se hicieron cuando empezó el fenómeno:
antes bien, la situación ha llegado al punto de no retorno en el que nos
encontramos ahora.
¿Se entiende por que es INEVITABLE el ascenso de los partidos “populistas”
y “euroescépticos”? ¿Se entiende porqué sus programas satisfacen las
aspiraciones de un sector cada vez mayor del electorado? ¿Se comprende el por
qué los partidos “tradicionales” ya no tienen la menor opción de prolongar sus
mandatos y sus políticas de inmigración con la impunidad con que lo han hecho
hasta ahora? ¿Se entiende ahora por qué estamos ante un cambio de ciclo o
por qué solamente los que tienen tendencia a creer en Papa Nöel o los tres
Reyes Magos, siguen creyendo a los Sánchez, a los Marlaska, a los Merz, a los
Starmer o a los Macron?
Y ahora, volvamos a las tres preguntas que nos habíamos formulado
al principio:
1ª) Este cambio de ciclo ¿no habrá llegado demasiado tarde?
Se estima que la población blanca o de origen europeo nativo en
Europa Occidental ronda aproximadamente entre el 66% y el 70% del total de sus
habitantes. Esta cifra varía de un país a otro y depende de cómo cada
Estado recopila sus estadísticas demográficas. No hay que perder de vista que la
legislación de la UE prohíbe hacer encuestas que contengan datos étnicos.
Sin embargo, se sabe que, por ejemplo, en España, la población nacida en el propio país
representa aproximadamente el 80% de los habitantes, mientras que la población
de origen inmigrante (nacidos en el extranjero) se sitúa en torno al 20,2%,
sobre una población total de 49.687.120 habitantes. Pero estas cifras no pueden encubrir el hecho de
que los hijos de los inmigrantes del tercer mundo nacidos en España, y, por
tanto, considerados como españoles, ascienden a 3.100.000 personas. El volumen de partos procedentes de madres que nacieron en el
extranjero ha escalado progresivamente hasta constituir el 33,3% del total
nacional (uno de cada tres nacimientos en el país), según los balances del Instituto
Nacional de Estadística (INE). Si a
estos 3.100.000 hijos de inmigrantes (y, por tanto, “inmigrantes de segunda
generación”) sumamos 3.300.000 millones de inmigrantes nacionalizados españoles
y otros 6,8 millones que mantienen exclusivamente su nacionalidad, tenemos
un total de, como mínimo, 12.000.000 de “no españoles étnicos”. Sin contar,
por supuesto los recién regularizados (en torno a 1.400.000 que no han sido
contabilizados por las estadísticas del INE.
Lo que nos sitúa, en la práctica, más cerca de un 25% de halógenos (1 de
cada cuatro) que del 20% oficial.
Esto genera varios problemas añadidos:
- Reparto desigual de la inmigración que se
concentra en la zona mediterránea (Cataluña, Valencia, Baleares, Murcia y Andalucía) regiones en las que la
inmigración se sitúa cercana al 30%, la Comunidad de Madrid, con un 25%.
Mientras que en el interior y en el cuadrante noroeste del país, los
porcentajes son sensiblemente menores: 5% en Extremadura, Galicia y Asturias
con un 10%... En Euzkadi están ligeramente por debajo de la media nacional.
- Resulta imposible “fijar” a los inmigrantes a
un territorio geográfico: van allí donde tienen más garantías de trabajar,
o bien en aquellos lugares en donde las legislaciones autonómicas son más
permisivas y “generosas”; también van allá en donde pueden saltar con más
facilidad a otros países en los que han oído que tienen más subvenciones y
mayor permisividad. Y esto sucede lo mismo con los MENAS: tienden a “huir” de
comunidades en las que se les están restando “paguitas” (aquellas en las que
Vox co-gobierna con el PP) y convergen especialmente en Cataluña en donde la “coalición
de progreso” (PSC+En Comú) les ofrece “más” y han detectado que existe mayor
permisividad. Dentro de esas comunidades autónomas, la presencia de inmigración
tampoco es homogénea: convergen justo allí en donde los ayuntamientos se
muestran más tolerantes y predispuestos hacia ellos. Especialmente en zonas
gobernadas por ayuntamientos de izquierdas.
- Calcular cuál será el crecimiento exponencial de
la presencia extranjera en España es complicado porque concurren muchos
factores: las reagrupaciones
familiares (que se dispararán entre dos y tres años, si persiste la misma legislación
de extranjería), las tasas de fertilidad de los grupos de inmigrantes e,
incluso, la tolerancia de la población española que, tiende a castigar, como en
el resto de países de Europa Occidental, las políticas proinmigracionistas,
frente a las de la socialdemocracia, el ecologismo y las practicadas por la
derecha liberal y las democracias cristianas.
Sin embargo, existe un consenso en asumir que, si las cosas siguen como hasta ahora, hacia 2040-2050, el número de personas de origen halógeno igualará a las poblaciones de Europa, mientras persistan las actuales circunstancias. El islam en algunos países (2030) ya será la primera religión en países como el Reino Unido y tardará un poco más en serlo en Francia y Alemania.
A la vista de todo esto, es legítimo plantearse si no estaremos ya muy lejos de la posibilidad de que el continente europeo siga siendo el “continente de los blancos”, de la misma forma que China es el subcontinente de los chinos, el Indostán el subcontinente de los hindúes o África el continente “de los africanos”.
Y, efectivamente, hacia entre el 2040 y el 2050
ya será muy tarde para reaccionar. Pensemos lo que esto puede suponer en un
terreno como la educación: enseñanzas como la Historia, el Arte, la Filosofía
o, incluso, las ciencias, se verán alteradas completamente para no generar
fricciones con unas minorías que aspiran, visiblemente, convertirse en
dominantes. La enseñanza de la historia quedará completamente alterada, y otro
tanto ocurrirá con el arte o la filosofía. Pero esto generará más problemas:
determinados grupos étnicos, especialmente en subsaharianos y musulmanes; los
primeros ya hoy, por regla general, se desinteresan completamente de la
enseñanza de la física, la química y las matemáticas, dado que todos los
principios, teoremas, y avances que se estudian en estas materias, se han debido
a “europeos”. Así como para la inmigración china esto no genera grandes problemas
de identidad, para musulmanes y subsaharianos si constituyen “afrentas étnicas”.
La desagregación de las sociedades irá creciendo y
multiplicándose a medida que los grupos étnicos se vayan concentrando en torno
al origen antropológico y cultural: no podrá hablarse de “comunidad nacional”, ni
de “rasgos nacionales”. Además,
no hay que olvidar la incompatibilidad del islam con cualquier otra religión
y su aspiración al “califato universal”, lo que implica la implantación de la “sharia”
allí donde existan núcleos sólidos y en crecimiento de musulmanes. Y si
alguien cree que el islam va a cambiar, está muy equivocado: si cambia -y,
efectivamente, los cambios se suelen producir- no es hacia posiciones liberales
y abiertas, sino SIEMPRE hacia el integrismo y el fundamentalismo, el rigorismo
que está implícito en cada página del Corán. Por eso no hay que tener miedo
en proclamar bien alto que el islamismo es justo lo contrario del espíritu de
Europa y que la enseñanza del Corán y la cesión ante cada una de sus
pretensiones hegemónicas, es un error que Europa y las generaciones futuras
pagarán muy caro.
Nadie ha llamado al islam en Europa, pero tenemos
al islam entre nosotros con la misma agresividad que cuando los turcos sitiaban
Viena o Tariq y Muza destruían en Reino Visigodo. La buena noticia es que
todavía puede hacerse algo, a condición, de que el voto de los europeos se
concentre en los partidos anti-inmigracionistas, populistas y euroescépticos.
La realidad es esta: la situación no irá mejorando
entre el próximo año y 2030; todo induce a pensar que la reciente crisis de
Ceuta, con imágenes espectaculares, unido a la regularización masiva de
1.400.000 irregulares, parte de los cuales se distribuirán gracias al “espacio
Schengen” por toda Europa, han generado una nueva oleada de miedo en Europa
Occidental y un desprestigio creciente de la Unión Europea y de los gobiernos
hoy en el poder.
En Francia las próximas elecciones presidenciales
tendrán lugar el 18 de abril de 2027, en Bélgica y Holanda, las elecciones
están programadas para junio de 2029 y mayo de 2030, en caso de que los
actuales gobiernos puedan mantenerse en el poder, algo difícil, por cierto. En
el próximo mes de septiembre tendrán lugar las elecciones regionales en
Sajonia, Berlín, y Pomerania Occidental, en la que la AfD tiene las mejores
perspectivas (en el momento de escribir estas líneas es el primer partido en
intención de voto con un tercio de los electores a su favor y sigue creciendo).
En diciembre 2027 se celebrarán elecciones en Italia y en el Reino Unido se
convocarán en agosto de 2029… salvo que el actual gobierno caiga antes, lo que es
mucho más probable) y, otro tanto, ocurrirá en Irlanda, con elecciones
previstas para noviembre de 2029. En Suecia, la convocatoria electoral tendrá lugar
a principios del próximo septiembre, en Finlandia en la primavera del 27, en
Noruega y Dinamarca, en 2030. En todos estos países, las opciones
anti-inmigración tienen todas las posibilidades de mejorar los resultados
anteriores.
¿Y en España? Como saben especialmente los cocineros
del CIS, la derrota de Sánchez y de la izquierda que lo ha acompañado en su
loca y corrupta aventura, a pesar de todas las triquiñuelas electorales que
intente (falseamiento del voto mediante incorporación masiva de extranjeros al
censo y voto por correo fácilmente adulterable), promete ser histórica y sin precedentes,
incluso aunque no se aparezcan nuevos casos de corrupción.
En el momento de escribir estas líneas, empieza a
ser patente:
- la inquietud de los “militantes” del PSOE que,
empiezan a estar convencidos de que el partido va a perder irremisiblemente “poder
territorial” (y, por tanto, emolumentos)
el próximo 30 de marzo de 2027, cuando se voten elecciones locales.
- ya no es solamente la corrupción que clama al
cielo, sino la regularización masiva, la dejadez gubernamental, más preocupados por twittear que por gobernar y
por apurar los contratos irregulares para hacerse con las últimas comisiones,
que apagar incendios forestales, incluso el echarse los trastos a la cabeza
entre Defensa e Interior, lo que está abocando al desastre, e incluso a un fin
parecido al del Partido Socialista Italiano.
- sea cuando sea que convoquen las elecciones (y
no dudamos que Sánchez tratará de apurar al máximo la legislatura, consciente
de que, perdido le poder y evidenciado el desastre sin precedentes de su sigla,
ya no tendrá posibilidades de utilizar a “tertulianos de sobre” y a los medios
de comunicación del Estado (la
Siete, esto es la televisión sanchista, se mostrará inviable económicamente a
corto plazo y dudamos mucho de que sus inversores puedan mantener por mucho
tiempo a los mas que mediocres periodistas fugados de RTVE), parece muy
claro que la victoria del PP está cantada: ahora bien, a medida que va pasando
el tiempo, el PP permanece estancado (incluso tras el “escandalillo” del “ático
de Ayuso”, su gran patinazo), mientras que Vox va arañando más y más espacio
electoral: haciéndose, no solo imprescindible para la gobernabilidad del país,
sino convirtiéndose en el “gran rectificador” de las políticas “neutras”,
planas y permisivas del PP en materia de inmigración.
Cuando se publiquen las próximas encuestas,
después de la crisis de Ceuta y de la frivolidad de la “playlist” de Sánchez,
es presumible que Vox vaya arañando más escaños, mientras que, en Cataluña,
Aliança Catalana pulverizará literalmente a Junts (y de aquí a las próximas
elecciones, seguramente arañará una parte del electorado de ERC, mientras Vox
hace otro tanto con el electorado pepero y del PSC y puede confirmar el “sorpasso”
ante el PP.
En otras palabras: cuando llegue la emblemática
fecha de 2030, lo más probable es que el panorama político europeo haya
cambiado radicalmente en cada país del continente y, por supuesto, en el propio
Parlamento Europeo que se renovará en 2029.
2ª ¿Cómo reaccionaran las bolsas de inmigración parasitaria ante la
nueva situación que se perfila en el horizonte?
Mal. Las bolsas de inmigración se han acostumbrado a “muñir” los
bolsillos de los europeos, a una permisividad increíble en materia de
delincuencia, de incorporación de las molestas normas coránicas, y ha hacer
valer el miedo de las poblaciones autóctonas hacia el salvajismo tercermundista
que iba camino de apoderarse de Europa.
Nadie puede dudar que, hoy por hoy, la victoria electoral (en el
mejor de los casos) y el condicionamiento de los gobiernos de derechas (en el
peor) por parte de los partidos euroescépticos, populistas y antiinmigración,
será pésimamente acogido por las bolsas de inmigración, especialmente porque las
nuevas políticas tenderán a deshacerse de estos contingentes utilizando sutiles
medidas legislativas: más control sobre las
mezquitas, más facilidades para la expulsión, prohibición de burkas, burkinis y
demás prendas islámicas para la mujer, prohibición de ocultar el rostro, más
medidas de castigo contra la delincuencia y mayor celeridad en los procesos, criminalización
de la poligamia y castigos ejemplares para delitos de ablación del clítoris, más
restricciones sobre las reagrupaciones familiares, más facilidades para el
retorno a los países de origen, eliminación de subsidios y subvenciones así
como de beneficios no contributivos, cerrojazo a la llegada de nuevos
inmigrantes, cese de la admisión de menores no acompañados, etc, etc, etc.
Todas estas medidas, pueden aplicarse entre hoy y el 2030. Pero, a
partir de ese momento va a ser cada vez más difícil a la vista del ascenso demográfico
de los halógenos.
El islam es una religión providencialista, que cree en su “superioridad”
y, por tanto, en la legitimidad de sus aspiraciones sobre cualquier otra
comunidad religiosa o cultural. Por tanto, creen en su absoluta y fanática ingenuidad,
que Ala les ayudará. ¿No les ha
ayudado hasta ahora? ¿no se están haciendo, no solo con la UE, sino que aumentan
su presión en los países anglosajones, incluso en el Canadá francófono? Siempre
es gracias a Alá. Y en esto hay que se muy claros: lo lamento por los
musulmanes que creen en Alá. Alá es sólo un mito del desierto y en el desierto debería
de haberse quedado. Quien cree ingenuamente en los mitos, se arriesga a
despertar, antes o después, de su sueño y chocar con la realidad como lo
hicieron sus antepasados en Poitiers, en las Navas, en Lepanto o en Viena.
Al verse, poco a poco, alejadas de Europa, limitadas las ventajas
que han disfrutado hasta ahora, habituados a que, el 75% de sus mujeres, por
ejemplo, no coticen a la seguridad social o a que una cifra similar de hombres
de ese origen étnico acapare el 70% del “salario mínimo de inserción” en
España, pero crean que tienen todos los derechos, tenderán a mostrar “malas
reacciones”. Estas pueden ser de varios tipos:
- pequeño terrorismo
(incendios de vehículos, una plaga que, partiendo de Francia, se está extendiendo
por toda Europa Occidental).
- destrucción de servicios e infraestructuras: colegios, centros de asistencia médica, mobiliario urbano.
- aumento de la actividad armada de los grupos
mafiosos, especialmente de la “mocromafia” marroquí que ya constituye un peligro en Bélgica y Holanda y que ha
aprovechado la legislación europea y la permisividad, para converger distintos
grupos mafiosos de dentro de Marruecos con grupos de inmigrantes de segunda o
tercera generación residentes en Europa. La actividad de esta “mocromafia”
parece haber escapado completamente de cualquier control y rivaliza hoy con la
mafia tradicional marroquí dirigida desde el Majzén, el palacio real y la corte
del sultán.
- aumento de las operaciones del yihadismo
organizado y financiado por algunos países islámicos.
Esto, en el mejor de los casos. En el peor, la ofensiva contra el
mundo islámico en Europa y a favor de la asimilación de los inmigrantes por las
culturas y sociedades nacionales, puede llegar a desencadenar un nuevo modelo
de guerra civil, que será a la vez, étnica, religiosa y social.
Es esta la posibilidad que deben contemplar los planes de
contingencia de los Estados Mayores europeos, de la propia OTAN: cada día
que pasa está más claro que Rusia no es “el enemigo”, sino que éste ya se
encuentra en el interior de la fortaleza sitiada y se prepara para el asalto
final.
Esta es la peor de las hipótesis de trabajo, pero la que estamos
obligados, muy a nuestro pesar, a contemplar: de ello depende el futuro de
nuestro país, la herencia que nos han legado nuestros padres, nuestra propia
desaparición y la desgracia para nuestros hijos y nietos.
3º. ¿Puede hacerse algo para evitar este proceso?
Queda ahora una tercera cuestión. ¿Puede hacerse algo para
evitar este proceso? Es una tendencia inevitable a la vista de la falta de
voluntad de integración de las bolsas de inmigración islámica (que queda claro
que estamos aludiendo SOLAMENTE a la inmigración procedente de países
musulmanes que llega con pretensiones de imponer la sharia) y del mal
hábito adquirido de ser todas sus necesidades resueltas por los
Estado-providencia europeos:
O bien: “guerra civil ética, religiosa y social”.
O bien: una suma de “malas reacciones” que van desde
actos gamberrismo y sabotajes continuos hasta actos de yihadismo terrorista.
La diplomacia, el “debate” con individuos con mentalidad de zoco,
regateando, engañando, simulando, dando largas y mintiendo, no dará el más
mínimo resultado, sino que aplazará el choque final. Por eso es preciso
mostrarse inflexibles en la defensa de nuestra identidad, de nuestros valores,
de nuestro futuro. Nada de todo ello pasa por la imposible integración del
islam en Europa. La inmigración islámica no es nueva: tiene ya entre 40 y 50
años. Países muchos más democráticos que España, han invertido decenas de miles
de millones en “integración”, en “igualdad”, en “discriminación positiva”… todo
nada: los países que aplicaron estas políticas están hoy peor que hace treinta
años. Los guetos musulmanes existentes en toda Europa dan cuenta de este
fracaso.
Así pues, la pregunta que cabe plantearse es: ¿y ahora qué?
¿qué puede hacer el ciudadano de a pie?
Y las respuestas son dos:
- O se prepara para lo peor
- O abandona Europa en busca de continentes en los que se hayan tomado ya medidas defensivas frente al islamismo.
Todo europeo debe asumir que ESTA ES NUESTRA TIERRA, Y VAMOS A DEFENDERLA. Repito por si algún pusilánime no lo ha entendido: ESTA ES NUESTRA TIERRA, Y VAMOS A DEFENDERLA. Y esta declaración debería ser la consigna de la RESISTENCIA EUROPEA en los próximos años. Los únicos europeos que deberían ser expulsados manu militari de Europa son aquellos que han permitido y estimulado esta situación: sin contemplaciones y sin piedad.
¿Qué quiere decir, “prepararse para lo peor”?
Lo primero que hay que tener en cuenta: votar solamente, en todas las convocatorias electorales a opciones en las que quede muy claro que la “preferencia nacional” es la principal oferta electoral, seguros de que van a cumplir y van a obligar, si forman parte de una coalición de derechas, a que cumpla este postulado irrenunciable: EN ESPAÑA, LOS ESPAÑOLES SOMOS LO PRIMERO EN TODO, como en cualquier otra nación o continente, los “nacionales” son lo primero. Y todos sabemos a qué opciones nos estamos refiriendo. Vamos a repetirlas, por si no ha quedado suficientemente claro:
- si se tiene una mentalidad social y conservadora,
sin duda Vox es la primera opción.
- si se es independentista catalán, Aliança Catalana
es la opción a apoyar.
- si uno se siente irrenunciablemente de izquierdas,
el Frente Obrero, cumple todas las expectativas.
Cualquier otra opción electoral, lejos de “resolver” algún
problema, tiende a agravarlos y a dispersar el voto: y hoy, a tenor de lo ya dicho, creemos que es posible
rectificar la actual deriva europea utilizando los cauces legales de
participación electoral.
- En segundo lugar, las cosas no se van a resolver solamente en unas elecciones, sino que hace falta añadir una tarea personal de carácter “misional”: denunciar la situación en las propias redes sociales a las que se tenga acceso, entre los vecinos, en los barrios, en las parroquias, en cualquier tipo de asociación o club deportivo, en las calles, en todas partes, debemos advertir sobre el riesgo y lo que está en juego: LA CRISIS DE CEUTA ES EL EJEMPLO DE LA INDEFENSIÓN DE NUESTRA SOCIEDAD QUE HAY QUE DENUNCIAR, señalando con el dedo a los responsables.
- Denunciar públicamente como TRAIDORES a los portavoces del lobby inmigracionista y pro-marroquí del que forman parte Zapatero, Sánchez, Marlaska, Bono, Blanco, etc. Denunciarlos públicamente cada día y cada minuto como TRAIDORES a la Patria, a nuestra Historia y a nuestro pueblo, que no merecen vivir entre nosotros porque han trabajado (y trabajan) para “el enemigo del Sur”.
- Agruparse en “grupos de afinidad”, organizando grupos de autodefensa y vigilancia en barrios, ciudades y pueblos, por mucho que las distintas policías autonómicas y estatales digan que “todo está controlado”. En realidad, cada día la situación está más descontrolada y, ya se sabe, una vez más: SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO.
- Estar presente en asambleas de vecinos denunciando, tomando la palabra en plenos municipales, interviniendo en programas de radio, denunciando a los servicios policiales actos vandálicos, intentos de robo, agresiones y demás, esto es realizando ACTIVIDAD CÍVICA. Todo ello con el fin de desmentir los datos “triunfales” del ministerio del interior que tienden a demostrar que la delincuencia “da disminuyendo” o el más absurdo aún “que la mayoría de delitos y agresiones son cometidos por españoles”. De ahí la importancia de señalar el ORIGEN ÉTNICO DE LOS DELINCUENTES, denunciando a los medios que los ocultan y boicoteándolos.
- Los que tengan edad para prepararse físicamente harán bien en seguir cursos de boxeo y artes marciales. Y no solo eso: DEBEN CONVERTIR LAS SEDES DE LOS GIMNASIO EN FOCOS DE RESISTENCIA de donde deben partir patrullas ciudadanas ante situaciones de descontrol de la seguridad.
- Los que tengan medios e interés harán bien en SUMARSE A CLUBS DE TIRO, la cuota mensual oscila entre 30 y 50 euros al mes. En la mayoría se pueden alquilar armas cortas y comprar munición del 22, con lo que aprenderán a disparar en breve, siguiendo cursos que cada una de estas entidades organiza regularmente. La práctica de la caza o del tiro al plato es también recomendable, incluso para tener un arma de caza para la práctica de este deporte. Obviamente, la destreza en el manejo de estas armas solamente puede representar una ayuda en caso de que se produjera la hipótesis más extrema de un conflicto generalizado y en situaciones de extremo peligro. Si hacemos esta recomendación es para habituarse al uso de armas de fuego, afinar la puntería como deporte y evitar que, si las cosas van a peor, se tenga una sensación absoluta de indefensión. Por otra parte, existen armas blancas, geles de autodefensa y puños americanos de venta libre, absolutamente legales que pueden garantizar una defensa personal equilibrada y mesurada en caso de agresión y sin vulnerar la ley española.
Con estas medidas, PERMANECEREMOS ALERTA, EN GUARDIA Y PREPARADOS,
tanto si se da la primera hipótesis, como si la situación se degrada en forma
de guerra civil étnica, religiosa y social.
Creemos que estas notas responden al título que figura en el
encabezamiento de este artículo y agradeceríamos que estas líneas fueran reproducidas lo máximo posible, aún sin indicar origen.





















