La estrategia adoptada por Pedro Sánchez en este momento, es de
“tierra quemada” y más lo será, cuando se abran las urnas mañas del próximo 9
de febrero y demuestren la estrepitosa (y, por otra parte, lógica) caída de los
votos socialistas. Desde que
decidió dedicarse a la política, no ha pensado más que en sí mismo. Todo lo
demás, empezando por su partido, el pueblo español, la propia tarea del
gobierno, todo, absolutamente todo -y hoy podemos certificarlos con toda
seguridad-, le trae, literalmente al fresco.
SANCHEZ CREYÓ QUE UN PRESIDENTE ERA INMUNE E
INIMPUTABLE
Lo que Sánchez no había calculado cuando ambicionó
llegar a la presidencia del gobierno, es que, por mucho que sea el “número 1”,
no le está permitido hacer todo: se debe, en primer lugar, a la nación de la
que es un simple servidor público, a las sociedad, tanto a los que le han
votado como a los que no le han votado y antes que todo ello a la Historia: el
resultado de su gestión no será un éxito o un fracaso personal que solamente le
afectará a él, sino a todo el conjunto de una nación y a su futuro. Y si este
no está en relación con su pasado, podrá decirse que se ha producido una
ruptura.
Ahora bien, Sánchez tuvo como precedente a José
Luis Rodríguez Zapatero que salió completamente indemne de su gestión:
- Nadie le exigió explicaciones posteriores a por qué había interrumpido las investigaciones sobre las bombas del 11-M.
- Nadie le exigió cuentas después de salvar a la banca y a la patronal de la construcción, endeudando al país.
- Nadie le recordó que el año en el que explicó que la economía “iba bien”, cuando ya se había iniciado la crisis económica de 2007 y que no se reconoció oficialmente hasta 2009, supuso un tiempo precioso que pudo haber minimizado los efectos de la crisis.
- Nadie le exigió respuesta a la pregunta de por qué había autorizado la venta de las reservas de oro del Banco de España… justo antes de que el precio del oro empezara a dispararse.
- Nadie le exigió responsabilidades por la negociación con ETA, cuando ETA estaba derrotada policial y políticamente.
- Nadie, absolutamente nadie le tosió cuando dedicó el 0’7% a perderse en calidad de “ayudas al desarrollo”, no se sabe de quién, ni con qué resultado.
Y, de todo esto, Sánchez coligió que un presidente
del gobierno, podía actuar con entera IMPUNIDAD. Y eso fue lo que hizo.
Hubiera sido diferente, si Zapatero hubiera sido
investigado, procesado y seguramente condenado por todos estos -y otros muchos
más- “errores” de gobierno. Él y
sus ministros: empezando por Blanco y terminando con la desastrosa y caótica
“regularización masiva” de Caldera. Mintieron entonces, pero elaboraron un
“relato” del que salieron airosos. Hoy, cuesta, incluso, recordar, sin sentir
náuseas, el nombre de Caldera y mucho más sus mentiras. Sánchez, creyó
entonces que un “jefe de gobierno” podía hacer cualquier cosa que saldría
indemne. En realidad, ninguno de las personas que habían ocupado el mismo cargo
anteriormente, había quedado tenido repercusiones jurídicas por su gestión. Así
que él tampoco las tendría…
AL FRENTE DE UNA BANDA DE “GOLFOS APANDADORES”
El problema fue, que Sánchez llegó al poder, no
amparado por un partido político, sino por una banda arrabalera de tristes
ambiciosos sin escrúpulos, de los que él no era más que el jefe de la banda.
Carecían de toda experiencia en tareas de
gobierno, lo único que les interesaba, mucho más que gobernar era “morder”. Si
no se extraía una comisión, no valía la pena adoptar tal o cual medida. Ninguno de sus ministros, ni los que eligió el
propio Sánchez entre los miembros de la “banda del Peugeot” (que en realidad,
debió ser un microbús), en un primer momento, ni entre los que fueron luego
impuestos por Zapatero (y aquí resulta imprescindible leer aquí el artículo
de Jesús Cacho: “El español más peligroso”), llegaban al gobierno con
lo mínimo que se le debe exigir a un ministro: VOCACION DE SERVICIO. Todos
ellos, los del grupo sanchista (“los toscos”) y los del grupo zapateriano (“los
de guante blanco”) se incorporaban para saquear las cuentas públicas,
conscientes de que debían elaborar un “relato” justificativo de cara a su
difusión en los medios propios y, nada más. “Gobernar” era algo que ni les
interesaba, ni estaban capacitados para ello. Sánchez el primero de todos ellos.
Y el problema fue que se pasaron de rosca y
llamaron la atención de la prensa, informada por funcionarios de carrera de
ministerios, que empezaban a estar horrorizados por el sesgo ideológico del
“relato” (elaborado con la
colaboración, primero de Podemos y luego de Sumar), especialmente después de
que fuera el partido perdedor de las elecciones el encargado de formar
gobierno, a la vista de que el ganador no había obtenido mayoría absoluta y los
que debían servir como “bisagra”, los nacionalistas catalanes y vascos,
“centristas” y de “centro derecha” durante la elaboración de la constitución,
se habían vuelto “independentistas” y solo les interesaba quién pudiera
concederles más y mejores prebendas. Aquí, Sánchez se benefició de las
deficiencias fundamentales de la constitución. Era el precio de que el Jefe
del Estado, el Rey no tuviera absolutamente ninguna de las prerrogativas que
tiene todo rey constitucional: el derecho de disolver el parlamento por
iniciativa propia, convocar nuevas elecciones y nombrar jefe del gobierno.
Todos los partidos políticos que apoyaron al
gobierno en 2023, todos los medios de comunicación y todos los españoles con
dos dedos de frente, eran conscientes de que los nacionalistas y los
independentistas, siempre han querido “más”: nunca están saciados, ni siquiera cuando obtienen la independencia, sino
que, entonces, piden restitución de patrimonios real o supuestamente
sustraídos. Ser indepe no consiste en nada más que en “querer más y más y mucho
más”. Todos sabíamos que si apoyaban a Sánchez era para sacarle,
literalmente, las entrañas; pero nadie era consciente de hasta qué punto,
Sánchez estaba dispuesto a darles sus propias entrañas malolientes para
mantenerse en el poder.
Y para él, lo único que importaba era el poder. Seguir en el machito, porque cada día que
conseguía comprar a sus “aliados” a precios altos y cada vez más prohibitivos,
le permitía, a él y a las dos fracciones de su banda (la del Peugeot y
la impuesta por el zapaterismo) seguir administrando el patrimonio de los
españoles y buitreando gabelas, comisiones y mordidas.
EL PUTERIO, EL CHANTAJE Y EL ILUSTRATIVO CASO DEL
VERDUGO DE BARCELONA
Lo hicieron tanto y tan mal, que los “tabloides
digitales”, beneficiándose de informaciones procedentes de funcionarios de
carrera, empezaron a denunciar los comportamientos delictivos, no solo del
gobierno sino de la propia familia de Sánchez. ¡Y qué familia!
No es de recibo, en ningún país europeo, que el
suegro del presidente sea alguien que ha logrado su fortuna con burdeles gays,
ni que el tío de su mujer, haya construido su patrimonio con prostitución, ni
-como se ha dicho- la “primera dama” fuera la cajera encargada de retirada de
los ingresos.
El hecho de que todo eso de la prostitución, la
compra-venta de sexo, los negocios basados en la manipulación del sexo, existan
en una sociedad moderna, no implica que estas actividades sean reconocidas como
“normales”: en realidad, se trata de actividades que incapacitan a quien las
practica o a quien se beneficia de ellas, para predicar moralidad o construir
“relatos”. Son actividades excluyentes.
Me recuerdan al verdugo de la Barcelona medieval,
que vivía en una pequeña construcción situada en la misma muralla de la ciudad.
En efecto, la sociedad medieval sabía que la actividad del verdugo era
necesaria: pero, ejecutar a alguien, era una actividad cruel, inhumana y
reprobable, por mucho que se realizara en nombre de la ley: manchaba las
manos. Por tanto, el verdugo no podía vivir junto a los ciudadanos
honestos, ni tampoco extramuros de la ciudad, en donde vivían los malhechores y
los delincuentes, así que lo situaron, con una lógica aplastante, en la
divisoria entre ambos mundos.
Con proxenetas y fortunas reunidas al calor del
comercio sexual ocurre otro tanto: es una actividad que existe, incluso que
está legalizada, pero que resulta reprobable y, por eso mismo, inhabilita a
quien la practica, y a quien se beneficia de ella, para ocupar puestos
públicos.
El caso Epstein en EEUU, del que estos días se
habla mucho, sirvió para conocer, no solamente que las élites practicaban sexo
con menores, sino para intuir que precisamente esta actividad promovida por el
propio Epstein, le servía para atar negocios y chantajear a personalidades
influyentes. Ayer, 2 de febrero de 2026, declaró Cerdán ante el juez,
insinuando que Leyre Díaz contaba con “vídeos” procedentes de los burdeles del
suegro de Sánchez… Este es un tema que va a dar mucho que hablar en las
próximas semanas: que los vídeos existen eso está fuera de toda duda (todo
local público está obligado por ley a tener un sistema cerrado de grabación,
incluidas los bares de las saunas gays y los puticlubs). ¿Cuántos rostros
conocidos se ven en esos vídeos? Este es el nivel… chantaje barriobajero
como instrumento de ascenso y mantenimiento del poder. Ese es el precio de haber
encumbrado a esa familia en la Moncloa.
LA DERROTA JURÍDICA DEL “RELATO” Y LA MALA CALIDAD
DE LA BANDA
Las denuncias de funcionarios de carrera,
abochornados por lo que estaban viendo, sirvieron para armar artículos de
prensa, cada vez más incisivos sobre las actividades del gobierno. Estos
artículos se tradujeron en denuncias antes los juzgados y estas denuncias
desembocaron en investigaciones llevadas a cabo por la policía judicial y el
dictado de autos contra relevantes personajes de la “banda del Peugeot”, de la
propia familia Sánchez y, recientemente, el inicio de investigaciones sobre
Zapatero y su entorno.
Está claro que si estas investigaciones se
hubieran iniciado a poco de que ZP saliera de la Moncloa. Sánchez se hubiera
enterado de que el cargo de presidente no le garantiza ninguna impunidad. Rajoy
deberá explicar por qué no hizo nada en esa dirección y ni siquiera se preocupó
por reabrir el caso del 11-M, con sus más de doscientos muertos, que aún sigue
siendo objeto de explicaciones completamente absurdas y con agujeros negros
escandalosos.
El “relato” solamente logra ocultar la impunidad
mientras nadie se preocupa de escarbar en los hechos objetivos. Pero, desde el
momento en el que alguien se sienta ante un juez, se inicia la carrera de los
“arrepentimientos” y las “colaboraciones con la justicia”. Sánchez previó esta
posibilidad: ofreció a los imputados defensa jurídica, primero de los Abogados
del Estado y luego de picapleitos pagados por el partido socialista. Los
imputados aceptaron… para luego comprobar que, la única tarea de estos abogados
era ejercer de cortafuegos y evitar más colaboraciones con la justicia.
Es el problema de todas las mafias: la mala
calidad de sus miembros, grandes camaradas a la hora del descorche de las
botellas de cava, amigos -y no siempre- a la hora del reparto de beneficios,
pero desconfiando del aplomo de unos y otros a la hora de enfrentarse a la voz
seca y concisa de un juez. Cuando más bajo es el nivel de un grupo de
delincuentes, más posibilidades hay de que “canten”. Sánchez no lo supo cuando
se subió en el Peugeot. Ahora si es perfectamente consciente de ello.
SÁNCHEZ O LA CONCIENCIA CLARA DE QUE SU CICLO ESTÁ
TERMINADO
Y sabe, por eso mismo, que su ciclo está
terminando. Podrá mantenerse unas semanas más, unos meses más, incluso,
aunque aspire a llegar al final del mandato, es absolutamente consciente de que,
en 2027, sus posibilidades de salir reelegido se reducen a cero. Para eso está
el CIS, ofreciéndole la lectura de los barómetros electorales antes de pasar
por “cocina”.
Lo intentará hasta el final; y esto es lo
peligroso del tardosanchismo.
Aun a sabiendas de que el PSOE pasará el peor
momento de su historia cuando Sánchez abandone la secretaría general, e incluso
es posible que desaparezca, aún a sabiendas de que no tiene la más mínima
posibilidad de resultar reelegido y de que todas sus iniciativas para salvar el
“relato”, para amputar funciones a los jueces, para indultar a los amigos,
serán, a partir de ahora, sometidos a escrutinios, así como todas sus trampas
propias de tahúr de baja estofa.
Hoy mismo, el gobierno ha dado marcha atrás al
“decreto ómnibus” que unía las alzas en las pensiones a la aceptación de las
inaceptables okupaciones, “escudo
social” que justifica la inhibición del gobierno en la construcción de
viviendas sociales y el traslado de la responsabilidad a la sociedad civil de
albergar los que se niegan a pagar -por muchos motivos, incluso algunos porque
no pueden- una vivienda y prefieren okuparla a la brava; la maniobra de unir
ambos decretos era tan absolutamente infantil que el resultado ha sido mucho
más adverso para el gobierno de lo que el propio Sánchez preveía: la
inmensa mayoría de la sociedad ha sido perfectamente consciente de que lo único
que se pretendía era, o bien un “trágala” sobre la okupación o bien el
desprestigio de quienes se negaran a votar favorablemente a ambos decretos. Sin
olvidar, naturalmente, que, si bien el gobierno ha subido más que nunca durante
el sanchismo, las pensiones, ha sido porque, hoy más que nunca, se ha elevado
el coste de la vida.
Lo peligroso del tardosanchismo en este momento
deriva precisamente de su imposibilidad para mantenerse en el poder y de las
enseñanzas que pudo obtener del zapaterismo. Se suele olvidar que Zapatero estaba electoralmente desahuciado hasta que
estallaron las bombas del 11-M en pleno período preelectoral. Se dudaba
entonces de si el PP obtendría o no mayoría absoluta, de lo que no se dudaba
hasta la mañana del 11-M era que ganaría las elecciones. Pero en los cuatro
días siguientes, 3.000.000 de votos indecisos hasta ese momento, se decantaron
hacia el PSOE (gracias a la mala gestión de la crisis y a los errores de
comunicación del ministro Aceves y a haber mantenido a una cúpula policial
heredada del felipismo).
No hay que descartar un atentado traumático
similar protagonizado ahora ¿por la extrema-derecha neo-fascista que permita
jugar con la ambigüedad de si ha sido esa extrema-derecha o ha sido Vox el
autor del hipotético crimen? ¿por activistas antiabortistas?
Porque lo que no está claro es que el eslogan
con el que Sánchez pretende “remontar” su lastre electoral (la equiparación del
PP y de Vox y la subordinación de los primeros a la “extrema-derecha”) pueda
funcionar: no ha funcionado en Extremadura, no va a funcionar en Aragón, por
tanto, es difícil que tenga algún resultado. Sin olvidar que, precisamente,
el hartazgo de gran parte de la población ante el ciclo sanchista es tal, que
está, cada vez más electores estarían dispuestos a votar al diablo en persona
con tal de superar esta luctuosa etapa de nuestra historia.
Este, probablemente, era el diseño del sanchismo
para las próximas elecciones; pero hay algo que parece haber entrado en vía
muerta en esa dirección. En efecto, ahora Sánchez ya sabe que ni él, ni
siquiera Zapatero, son impunes. Sabe también que, a diferencia de 2003-2005 en
el que el diario El Mundo y Libertad Digital, únicamente,
cuestionaban la “versión oficial” sobre los atentados del 11-M, ahora es una
legión de medio digitales los que investigación una acción criminal y
terrorista. Sería muy difícil que quedara impune y a salvo de investigaciones
periodísticas concienzudas.
LA POLÍTICA DE “TIERRA QUEMADA” COMO ÚNICA ALTERNATIVA
Así pues, la sensación que da en estas últimas
semanas el sanchismo es que ha optado por la política de “tierra quemada”: si
él no puede gobernar, que el país sea ingobernable. Quizás -y esta es la única duda- lo haga con la
esperanza de que un PP, superado por la crisis que se viene encima al país en
cuanto se sepa la situación real de las cuentas públicas, el nivel de deuda y
de paro, muestren la gravedad de la situación y el PP se vea obligado a
realizar recortes que generen un estallido social hasta el punto de que Sánchez
pueda regresar como “salvador”. Es una posibilidad, pero es también improbable.
Tanto el PP como, especialmente, Vox tardaría poco en demostrar CON
FACILIDAD que la situación caótica que heredarán habrá sido el fruto a los años
de sanchismo, como era fácil demostrar que al llegar ZP las cuentas públicas
tenían un superávit de 25.000 y cuando se fue un déficit de más de medio billón.
Es mucho más probable que la política de “tierra
quemada” de Sánchez sea un simple resorte psicológico del odio que siente hacia
el elector medio: lo ha
desvalijado, le ha engañado una y mil veces, ha falseado cuentas, ocultado
datos, escondido bajo las alfombras déficits, escamoteado parados, exagerado
logros, traicionado valores, fingido actitudes, aparentado normalidades,
adulterado estadísticas, protagonizado exacciones, desnaturalizado leyes y
reformas, disfrazado fracasos, escondido mordidas y corruptelas, escupido a
instancias judiciales, manipulado a quien se ofrecía a ser manipulable, creando
comisiones para retrasar lo más posible tragedias… Ha vendido, en una
palabra, al país, a la sociedad, a sus propios electores y, en síntesis,
TRAICIONADO a la Historia de España.
Pero, como psicópata integrado, no puede aceptar
que algo se sitúe por delante de su “derecho” a realizar todo lo anterior en su
calidad del “jefe de gobierno”. Sánchez odia: no solo a sus enemigos, sino
también a quien manifiesta alguna duda sobre su liderazgo. A sus partidarios,
simplemente, los desprecia: no pasan de ser piezas prescindibles a su servicio,
electores indolentes lo suficientemente estúpidos para vender barato su voto.
Y, en lo que se refiere a los que han sido aliados
suyos, su opinión no es mucho mejor: “que se lleven lo que quieran mientras
me voten en el Congreso”. Y, entre los “aliados” hay que reconocer que el
nivel no es particularmente alto: “¿PNV? ¿Junts? ¿qué puede pensarse de una
derecha que vota a la izquierda? ¿ERC? Les doy lo que pidan… de hecho, ellos no
gobiernan en Cataluña, gobierna Illa, así que lo que a ellos les doy, lo
administra mi ministro de la pandemia. ¿Sumar? Bastante hago con mantener a una
vicepresidenta preocupada por comprarse bolsos y modelitos de marca. ¿Los
sindicatos? Comerán lo que les arrojo al suelo, lo devoran como lo que son,
alimento de super para perros fieles. ¿Podemos? Indigentes políticos, tan
interesados como yo a la hora de expandir la tierra quemada. ¿El PSOE? Una
sigla que, o me sirve a mí, o no merece servir a nadie más”. Así piensa un
psicopatón. Así piensa Sánchez.
LA GRAN REGULACIÓN MASIVA COMO PARTE DE LA ESTRATEGIA
DE “TIERRA QUEMADA”
Y llegamos a la “regulación masiva 2.0.”, apoyada
por Podemos.
Podemos ya no está en condiciones de apoyar a
nadie. Su achicamiento electoral es tal, que es más que posible que desaparezca
o quede minimizado hasta menos de los cuatro diputados que mantiene en el
parlamento en esta legislatura. En la izquierda ya no hay partidos ni siglas,
tan solo gallinas de corral picoteando lo que pueden. Tanto Podemos como
Sumar, lo hemos dicho muchas veces, no son “partidos”, son agrupaciones
heteróclitas, confederaciones de federaciones de círculos minúsculos de
carácter local y poco más: ecologistas, marxistas, neomarxistas, socialistas
revolucionarios, “terceristas” y tercermundistas, anarquistas, antisistemas, grupos
LGTBIQ+ (en donde cada letra un mundo separado de los demás por mucho que
aparezcan amalgamados e, incluso dentro de cada letra, un sinnúmero de matices),
intelectuales de izquierdas rayanos en el analfabetismo, pijoprogres de pocas
letras y muchas ínfulas, okupas y algún que otro mantero más “inteligente” que
sus compañeros de tribu, ONGs que viven solo y nada más que de subvenciones y
subsidios del Estado (parte de los cuales retorna al que ha firmado la
concesión de ayudas) y que nunca tienen que justificar sus cuentas, ni nadie
revisa su contabilidad y, claro está, algún que otro inmigrante recién
naturalizado convencido de que si gana el PP, se le cortará el subsidio y si se
impone Vox ocurrirá como en Minesota…
Esta es lo que queda de la izquierda. Nada. Esto
es lo que queda de la izquierda a la izquierda del PSOE… Una familia mal
avenida, además de agónica, terminal, en crisis y multidividida. ¿De verdad
os extraña que Irene Montero haya adoptado también la política de “tierra
quemada”? ¿No es una reedición de “a río revuelto, ganancia de pescadores”?
De nuevo nos planteamos la cuestión que
presentamos al principio de estos comentarios: ¿Es consciente la izquierda
de lo que está haciendo?
En lo que se refiere al sanchismo, convenimos que
no estamos hablando de un partido de izquierdas, sino más bien de la resultante
de la acción de dos bandas, la de ZP y la de Sánchez, los “finolis” y los
“manguis”, respectivamente. Ya hemos visto lo único que les interesa a ambos.
Pero, en lo que se refiere a la izquierda radical, sí que es lícito volver a
plantearse la cuestión, especialmente porque hay sectores de la izquierda
radical, en concreto el Frente Obrero, que, aquí y ahora, están cuestionando la
inmigración masiva y adoptando posiciones muy coherentes en esta temática. Y lo
mismo pasa en el medio independentista catalán con la irrupción de Aliança
Catalana, cuyo programa se basa, sobre todo, en el restablecimiento de la
normalidad en Cataluña que pasa por la expulsión del exceso de inmigración
inintegrable, especialmente africana, magrebí y andina. Estas tomas de
posición, revelan que el problema de la inmigración ilegal y masiva, no es un
mero “caballo de batalla” populista con el que progresa la extrema-derecha de
Vox. Es mucho más.
LA INMIGRACIÓN COMO PROBLEMA DE TODA EUROPA
La inmigración ilegal y masiva es un problema
nacional y, si se nos apura, continental. Un problema cada vez con peor salida.
Quienes no advierten la gravedad de la situación es que permanecen ciegos por
sus prejuicios de clase o de ideología. Desde 1945 quien habla de “raza” ha
sido tachado de genocida, xenófobo y criminal… pero, a fin de cuentas, la
“raza”, el reconocerse en los que son parecidos a ti, que comparten una misma
cultura, una mista historia y un mismo destino, son los que dan coherencia a
una nación y a una sociedad. Si una sociedad pierde esa base étnica, se
convierte en un agregado inorgánico de gentes que no tienen nada que ver unas
con otras, una serie de tribus en lucha con las vecinas.
Por eso, al valorar los pros y los contras de la emigración
masiva, cada vez sectores más amplios de la población se sitúan en contra de
estos trasvases de población. Marx, se equivocaba: la lucha de clases no ha
sido el motor de la Historia, olvidó que, una lucha mucho más antigua, estuvo
en el principio de la Historia: la lucha entre razas, los combates étnicos, las
luchas entre tribus. Y siempre, unos han terminado esclavizando a otros. Los
momentos de “armonía” entre las razas han sido pocos y solo a condición que
cada una de ellas tuviera sus áreas particulares en los que gobernaba en
propiedad e imponía sus usos y costumbres.
Se juzga que, a partir del 5% de presencia
inmigrante, empiezan a producirse alteraciones cada vez más graves en la vida
de un pueblo:
- Primero se trata de molestias, "choques culturales" que nunca terminan por desaparecer;
- Luego, en aras de la armonía étnica, se intenta ocultar el aumento de determinados crímenes y delitos, frecuentemente vinculados a la sexualidad;
- Cuando esto resulta ya imposible de ocultar, se apela a la “solidaridad” para admitir más inmigración, a guerras que tienen lugar en el otro extremo del mundo y que, en lugar de justificar traslados de población a países vecinos, terminan recalando, oh maravilla de maravillas, en aquellos que ofrecen ventajas sociales más laxas.
- Los gobiernos de estos países, se excusan en que faltan nacimientos y en la deformación de la pirámide de población que hace “peligrar las pensiones de los abuelos”.
- Pero lo cierto es que, a partir de determinado momento, es muy difícil distinguir entre la inmigración que realmente viene para trabajar y progresar en la vida, y aquella otra que viene motivada por los derechos sociales adquiridos con solo pisar el nuevo territorio nacional y/o las legislaciones extremadamente permisivas y poco severas con la delincuencia que -todavía- creen en la redención del delincuente…
- Cuando la sociedad, apenas lo ha empezado a advertir, el paisaje de las ciudades ha cambiado radicalmente: las calles aparecen recorridas por individuos que no está claro en qué trabajan, ni a qué se dedican, muestran vestidos de otros siglos y de latitudes muy diferentes a la nuestra. No son marginados: se automarginan, entre otras cosas porque están presentes en número suficiente como para constituir redes de apoyo propio. No necesitan integrarse, porque ya están “integrados” en su propia red que reproduce comportamientos, culturales, usos y costumbres de otras latitudes.
- No existe integración posible a partir de ese momento.
- Y lo que es peor: no son competitivos. Se les trate con la “discriminación positiva” más favorable, sus genes reflejan las costumbres -a menudo primitivas y tribales- de sus antepasados.
- No “prosperan” mediante el trabajo ni mediante el estudio.
- Lo que se les enseña en la escuela es algo que no tiene nada que ver con ellos.
- Pronto, el sistema educativo está tan dañado como el resto de iniciativas asistenciales de los Estados modernos: la seguridad social saturada por la admisión de gentes que, por una parte, vienen acompañados de enfermedades que ya han sido desterradas en Europa, como por fraudes en busca de bajas laborales, y pensiones de incapacidad para toda la vida; incluso los servicios policiales, jurídicos y carcelarios se ven saturados. No digamos, los servicios sociales.
- El “efecto llamada” opera su magia y los recién llegados llaman a sus amigos que se suman a la búsqueda del Edén en Europa, allí donde te lo dan todo a cambio de nada.
España, en este terreno, ha seguido desde 1996
este camino de manera acelerada.
No podemos olvidar, nunca, que fue José María Aznar quien abrió las puertas a
la inmigración masiva, pero mucho menos podemos olvidar que tanto Zapatero como
Sánchez han sido los que han trabajado más para multiplicar el “efecto llamada”
y la lasitud del Estado ante comportamientos que, desde el momento mismo de su
entrada ilegal en España, demostraban al recién llegado que vulnerar las leyes en
estas latitudes sale gratis.
LA IZQUIERDA SIEMPRE SE HA NEGADO AL DEBATE SOBRE
LA INMIGRACIÓN
La izquierda nunca ha querido entrar en el debate
migratorio y la derecha ha lamentado profundamente que el rechazo a la
inmigración masiva -que ellos mismos han permitido, fomentado y estimulado- se
vuelva contra ellos y haya desembocado en la formación de partidos populistas
que corren el riesgo de volver irrelevantes a los partidos que han gobernado
Europa desde 1945 y España desde finales de los 70. Ni unos ni otros han
querido abrir el debate migratorio y lo han saboteado mediante medidas sociales,
ocultación de datos y cortinas de humo.
La extrema-izquierda alardea hoy, en nombre de los
“derechos humanos” y de ser los grandes defensores de la inmigración. Sánchez
no pertenece a este grupo: si ha favorecido la inmigración ha sido
conscientemente de los problemas que iba a generar después de que sea apeado del
poder. Pero, las Irenes Montero, los Pablo Iglesias, las loquitas y los
deconstruidos de Podemos prefieren ignorar lo que, a ellos antes que nadie, se
les viene encima: el que el pueblo español en su conjunto termine tachándolos
de traidorzuelos de pocas luces, de chalados que han hecho todo lo posible para
romper la sociedad española, insertar en ella los fermentos de una futura
guerra civil racial, religiosa y social de la que ellos mismos no saldrán
indemnes.
Irene Montero, por ignorancia, inconsciencia y por
un deslizamiento automático hasta el final de sus ideas estrafalarias sobre los
“derechos humanos” y el “antifascismo”, y Pedro Sánchez, con su política de “tierra
quemada” y de compra de tiempo, están haciendo tanto daño a la sociedad
española como hizo Zapatero con la regularización masiva de 2005.
No nos olvidamos: los que tenemos “memoria
histórica” sabemos a quien pediremos cuentas, estén en la Moncloa, en Galapagar,
en Rabat o en la República Dominicana…




























