viernes, 31 de julio de 2026

LOS HOMBRES Y LAS RUINAS de Julius Evola, o la necesidad de elevar la mente sobre las ruinas modernas:

 

¿Sientes el colapso del mundo moderno? Julius Evola disecciona la crisis actual. "Los hombres y las ruinas" es un faro. Es el manifiesto de la Tradición. Una obra cumbre del pensamiento inconformista. Descubre la verdadera esencia de la soberanía. Rechaza las mentiras del materialismo imperante. Este libro despierta la conciencia dormida. Es una guía para el hombre diferenciado. Aprende a mantenerte en pie hoy. No es una simple lectura pasiva. Es una llamada a la resistencia espiritual. Frente a la decadencia, propone la restauración.
Entiende las fuerzas que manejan la historia. Recupera los valores de la antigua estirpe. Un texto censurado por el pensamiento único. Provocador, lúcido, atemporal y totalmente revolucionario. ¿Estás listo para cuestionar tu realidad? ¡Eleva tu mente sobre las ruinas modernas!

La obra puede ser pedida a Editorial EAS, o bien a ernesto.mila.rodri@gmail.com, al precio de 25,00 € + 4 € de gastos de envío. Se trata de la primera edición en lengua española avalada y reconocida por Edizione Mediterranee.

Los hombres y las ruinas de Julius Evola

Los hombres y las ruinas (1953) es una de las obras más incisivas y lúcidas del pensamiento tradicionalista del siglo XX, un libro que no se limita a diagnosticar la decadencia de la civilización moderna sino que traza, con una claridad casi quirúrgica, el camino de quienes se niegan a ser arrastrados por ella. En sus páginas, Evola despliega una crítica radical a la edad contemporánea —la era de la técnica, el igualitarismo y la desacralización del poder— y la contrasta con la visión de un orden superior fundado en la jerarquía, la espiritualidad y la virilidad interior.

Un diagnóstico sin concesiones

Evola examina la modernidad no como un desvío corregible, sino como la fase terminal de un ciclo histórico de disolución (la Kali Yuga de la tradición hindú). Frente a la ilusión del progreso, el libro muestra que todas las grandes conquistas de la era moderna —la democracia, el economicismo, el individualismo— son en realidad síntomas de un vacío metafísico. La fuerza de este diagnóstico reside en su mirada implacable: no busca consuelo ni reforma, sino despertar en el lector una conciencia lúcida que le permita “estar de pie sobre las ruinas”.

La figura del hombre diferenciado

El corazón del libro es la idea de un tipo humano capaz de sustraerse a la corriente disolvente: el hombre que, en plena crisis, cultiva una tensión interior hacia lo absoluto y encarna, en su vida y en su acción, los valores del mundo de la Tradición. Evola le da a este hombre un perfil aristocrático y guerrero —no en el sentido militar, sino espiritual—, y le atribuye una vocación de testimonio y de dominio de sí, ajena por completo al activismo estéril o al resentimiento. Esta figura, lejos de ser un nostálgico, se presenta como el único agente de verdadera transformación.

Una antropología del poder y del Estado

Con una prosa densa y brillante, Evola vuelve a pensar el Estado como un organismo sagrado, no como una mera administración de intereses. Reivindica el principio de la autoridad que desciende desde lo alto, frente al mito moderno del contrato social y la soberanía popular. La política, para Evola, solo recupera su sentido si se orienta por un orden trascendente, y el libro ofrece una meditación inigualable sobre lo que significaría restaurar una verdadera élite dirigente, no económica ni partidista, sino de cualificación espiritual.

Legado e influencia

Los hombres y las ruinas no es una obra de lectura cómoda, pero precisamente ahí radica su valor: interpela, exige rigor y desnuda las ilusiones de una época que ha convertido la comodidad en ideal. Su influencia ha sido profunda en círculos tradicionalistas y en todos aquellos que perciben la crisis de Occidente no como un problema coyuntural, sino como una crisis de sentido. El libro sigue siendo una referencia clave para quien busca entender por qué el mundo moderno se tambalea y qué actitud puede adoptar quien no quiere ser cómplice de su desmoronamiento.

En suma, Los hombres y las ruinas es una obra imprescindible para todo lector que se atreva a pensar contra su tiempo y que aspire a algo más que sobrevivir entre escombros: a erigir, desde la ruina, una silenciosa fortaleza interior.

 

SUMARIO

Introducción

Capítulo I Revolución - Contrarrevolución - Tradición

Capítulo II Soberanía - Autoridad - Imperium

Capítulo III Personalidad - Libertad - Jerarquía

Capítulo IV Estado orgánico - Totalitarismo

Capítulo V Bonapartismo - Maquiavelismo - Elitismo

Capítulo VI Trabajo - El demonismo de la economía

Capítulo VII Historia - Historicismo

Capítulo VIII Elección de tradiciones

Capítulo IX Estilo militar - Militarismo - Guerra

Capítulo X Tradición - Catolicismo - Gibelinismo

Capítulo XI Realismo - Comunismo - Antiburguesismo

Capítulo XII Economía y política - Corporaciones - Unidades de trabajo

Capítulo XIII Guerra oculta - Armas de la guerra oculta

Capítulo XIV Latinidad - Romanidad - Alma mediterránea

Capítulo XV El problema de la natalidad

Capítulo XVI Forma y condiciones de la unidad europea

APÉNDICE

SOBRE ALGUNOS MITOS CONTEMPORÁNEOS

I - A propósito de la “contestación global”

II - El mito Marcuse

III - El encaprichamiento maoista

IV - Tabúes de nuestro tiempo

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN CEUTA Y POR QUÉ ESTÁ PASANDO? El “enemigo del Sur” al asalto

Las cadenas de televisión próximas o controladas por el gobierno, están hurtando información de lo que está pasando verdaderamente en Ceuta y, sobre todo, no aportan absolutamente ningún dato sobre lo por qué esta ocurriendo esta nueva crisis. Mientras Ceuta y Melilla eran invadidas, TVE y la Sexta, optaban a primera hora por dedicar lo esencial de la información al piso comprado por la Ayuso… que, a fin de cuentas, con sus 6.000.000 de euros de coste, es pecata minuta, comparado con los sucesos de Ceuta y Melilla y, sin olvidar, que toda la operación se ha hecho legalmente. Pero los directivos de estas cadenas conocen el odio de Pedro Sánchez hacia la Ayuso y tratan de echar leña al fuego. Sin embargo, a las 10:00 de la mañana, incluso esos dos canales se veían obligados a renunciar al “tema estrella”, para centrarse en la crisis migratoria. Este artículo se ha elaborado entre las 10:30 del viernes y las 14:00, tras el discurso de Sánchez en el ayuntamiento de Ceuta en donde:

- No ha reconocido la responsabilidad de su gobierno.

- Ha echado la culpa de la crisis a las “mafias”.

- Ha señalado la crisis como el resultado de la sentencia del Supremo.

- Ha recordado que la inmigración ilegal había descendido (ha aumentado como ha demostrado la “regularización masiva”)

- Ha dicho que tenemos que ser “generosos” y “solidarios”.

- Ha recordado que Ceuta y Melilla son España, pero sin explicar cómo se van a defender.

- No ha adoptado absolutamente ninguna medida efectiva para resolver la crisis.

- Se ha ido, mientras en la calle los ceutíes gritaban ante el ayuntamiento “Pedro Sánchez hijodeputa” y los abucheos han sido continuos, contrastando con los vítores de “Viva Pedro Sánchez” dados ayer por los invasores.

- Las caras de las autoridades ceutíes y del presidente JJ Vivas Lara, reflejaban decepción y abatimiento al retirarse.

Hemos visto a Sánchez más maquillado que nunca, y, sobre todo, habiendo perdido toda su capacidad de convicción.

LAS ARMAS DE LA GUERRA HÍBRIDA

(O, MÁS BIEN, DE LA “GUERRA DE BAJA COTA”)

Nos ha hecho gracia ver en cadenas -la Cuatro y Antena3- a tertulianos con los que nosotros mismos hemos polemizado hace veinte años sobre el tema de la inmigración, “indignados” por lo que están viendo. Entonces nos decían que no había que tocar el tema migratorio porque te podían confundir con la “extrema-derecha”. Hoy les decimos que lo ocurrido ayer y hoy en Ceuta y Melilla, era lo que podía esperarse hace 26 años.

Fuimos los primeros en afirmar que el gobierno marroquí había iniciado una “guerra de baja cota” contra España. Y lo hicimos en nuestra obra, Marruecos, el enemigo del Sur y Marruecos, la amenaza, firmadas por el seudónimo de “León Klein”. Hoy se prefiere utilizar el eufemismo “guerra híbrida” que, por el momento, solamente el representante de Vox en el parlamento europeo, Jorge Buxadé, ha utilizado. Pero el significado es el mismo.

En efecto, las “armas” que Marruecos utiliza para esta guerra son:

1) Inmigración masiva que permite una penetración territorial discreta, pero progresiva.

2) Exportaciones masivas de hachís marroquí y de cocaína procesada en Iberoamérica.

3) Guerra económica favorecida por la negativa de los gobiernos españoles a bloquear los acuerdos comerciales de la UE con Marruecos.

4) Reivindicaciones territoriales para la consecución del “Gran Marruecos”.

5) Acciones de terrorismo yihadista promovidas por marroquíes y por la “mocromafia”.

Para mayor información, remitimos a las dos obras que actualmente hemos reeditado y distribuido a través de Amazon. Por otra parte, estamos preparando una actualización de las mismas que estará disponible a finales de octubre: Marruecos, la lucha final.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

La crónica de lo que está pasando es relativamente simple: basta fijarse en las imágenes servidas por los diferentes canales y redes sociales y en las actitudes de Sánchez y de su gobierno. La situación puede ser resumida así:

1) Ceuta y Melilla están sometidas en estos momentos a una invasión clara, neta e indubitable.

2) No se trata de una invasión espontánea: el gobierno marroquí la ha favorecido directamente.

3) Cuando una ciudad pacífica de 90.000 habitantes está invadida por 50.000 marroquíes (hasta las 11:00 de la mañana del 31 de julio), estamos ante una situación excepcional que requiere medidas, así mismo, excepcionales.

4) Una vez más, el gobierno de Pedro Sánchez, ha dado muestras de ineficacia criminal: ha tardado en reaccionar y, cuando lo ha hecho, las medidas han sido ridículas (envío de 15 agentes, luego de otros 40, poco más).

5) En su visita de Sánchez a Ceuta, el presidente zombi del gobierno español nos regalará frases “humanitarias”, recordará los 20 marroquíes ahogados, la necesidad de solidarizarse con los recién llegados y la negociación con Marruecos para que readmita a los invasores y, por supuesto, la entrega al “enemigo del Sur” de ayuda para controlar la riada migratoria. (Luego, al oír la intervención nos hemos confirmado en esta intuición previa)

6) Pero no anunciará ninguna medida que atenúe, palíe e impida que esta crisis vuelva a repetirse: palabras, palabras, palabras cuando todo un país y la población de Ceuta es lo que menos necesitan. Palabras sin valor, palabras de un mentiroso patológico y, lo que es aun más grave: palabras de un TRAIDOR. Porque Sánchez no debería de ser juzgado por las corruptelas propias, sino, sobre todo, por la traición permanente a su país. (Anaxo posterior a las 13:00 horas, lo anterior escrito antes de oír las palabras de Sánchez en Ceuta, han quedado ampliamente confirmadas)

7) Se ha dicho que la presente crisis migratoria es el resultado directo de la sentencia del Tribunal Supremo interpretando la disposición adicional 10ª de la Ley de Inmigración que excluye a los llegados por mar de la “expulsión en caliente”. Es mentira: el Tribunal Supremo interpreta la ley, pero es el parlamento el que la redacta. Así pues, los culpables, junto al rey de Marruecos, son el PSOE y los partidos que apoyan al gobierno Sánchez, que han bloqueado en el parlamento la reforma de la ley de extranjería.

8) Hoy se ha sabido que mientras Marlaska (Interior) y Albares (Exteriores), se encontraban en la tarde ayer en la “fiesta del trono” convocada por el embajador de Marruecos, sin preocuparse de lo que estaba ocurriendo en Ceuta, la Primer Ministro italiana, Giorgia Maloni, llamaba a cerrar el “espacio Schengen” a España. Al salir de la fiesta, Albares, como toda iniciativa, convocó al embajador italiano para “pedir explicaciones”… Eso fue todo.

9) Las noticias que se tienen en directo de Ceuta indican que siguen llegando marroquíes, la ciudad está completamente colapsada, los comercios no han abierto sus puertas, se han producido algunos incidentes y saqueos, y se están acumulando los elementos para que la “crisis migratoria” se vaya agravando en las próximas horas.

10) Parece cierto que están regresando algunos jóvenes invasores, pero no es menos cierto que están llegando otros. (A las 13:00 se habla incluso de 70.000 invasores entre Ceuta y Melilla)

11) Cuando una ciudad es invadida por 50.000 personas, a medida que pasan las horas, la situación se va agravando. Veinticuatro horas más, durante el fin de semana, la crisis, o bien se resuelve de manera fulminante con una repatriación del 100% de los que llegaron forzando nuestra soberanía, o se generalizarán los saqueos, los disturbios.

12) Las mujeres españolas de Ceuta y sus hijas están, literalmente, aterrorizadas por lo que están pasando: les resulta imposible salir solas a la calle.

13) Ceuta, convertida en la FRONTERA DE EUROPA, es objeto de una invasión por parte de ciudadanos de un país hostil. El gobierno español, paralizado por el verano, por los incendios y por su propia incapacidad, ya no sabe cómo reaccionar. El pueblo ceutí merece defensa, protección, apoyo, tanto como los culpables de haber llegado a este punto, merecen juicios sumarísimos por TRAICIÓN.

¿POR QUÉ ESTÁ PASANDO?

A pesar de que es todavía pronto para conocer la totalidad de los elementos que han conducido a esta crisis, si pueden establecerse algunos de los que, de forma indubitable, han contribuido a favorecerla:

1) El viaje de Sánchez a Argelia.

No es por casualidad, sin duda, que esta crisis haya seguido a muy poca distancia (apenas 40 días) al viaje de Pedro Sánchez a Argelia. Es muy probable que ese viaje fuera “sugerido” por el gobierno de la República Popular China a la que el gobierno argelino está muy unido (mientras que Marruecos lo está a EEUU). La versión oficial indicó que el viaje estaba motivado para cerrar definitivamente la crisis diplomática bilateral que duraba más de cuatro años, garantizar el suministro de gas frente a la inestabilidad en Oriente Medio y reactivar los mecanismos de repatriación de migrantes. En efecto, en marzo de 2022, cuando Sánchez rompió la neutralidad española al respaldar el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental, provocando que Argelia retirase a su embajador y congelase el comercio. A partir de ese momento, se redujo un 25% el volumen de gas enviado a España. Italia pasó a ser el socio energético preferente de Argelia en el Mediterráneo. EEUU pasó a liderar temporalmente el suministro a España de Gas Natural. Meses antes de la crisis con España (a finales de 2021), Argelia ya había cerrado el Gasoducto Magreb-Europa (GME) (impulsado por Felipe González), que enviaba gas a España cruzando territorio marroquí, debido a su propia enemistad con Rabat. Desde entonces, todo el gas argelino llega a España exclusivamente por el gasoducto submarino Medgaz (impulsado por Aznar), que conecta directamente Argelia con Almería. El viaje de Sánchez trata de evitar comprar gas a EEUU y aumentar el flujo de gas argelino a España. Los sucesos en el estrecho de Ormuz y en Oriente Miedo, así como el descontrol actual de la inflación en España, hicieron necesario ese acuerdo. Obviamente, este intento económico de mejorar las relaciones con Argelio sentó muy mal en Marruecos que, ahora, se ha tomado la revancha.

2) Marruecos juzga que es hora de apuntillar la españolidad de Ceuta y Melilla.

Rabat sabe perfectamente que el gobierno Sánchez puede caer en cualquier momento y que, durante el próximo ciclo político se las va a tener que ver con un gobierno español de derechas y, con la presencia (o el apoyo exterior) de una fuerza (Vox) preocupado especialmente por la salvaguardia de las fronteras, la integridad nacional y el problema de la inmigración. Sin olvidar el giro histórico que puede darse en los próximos dos años en la UE con el aumento del potencial electoral de los partidos populistas y que puede cambiar toda la orientación política de Europa y con la política económica ante Marruecos. Los próximos meses, por tanto, son esenciales para Marruecos, para dar el carpetazo definitivo a la marroquinización de Ceuta y Melilla. Saben que, si no la consiguen ahora, Mohamed VI, no va a ver en vida la bandera marroquí sobre las Murallas Reales de Ceuta. Y está pisando con fuerza el acelerador.

3) La demostración palpable de que Marruecos puede ocupar Ceuta y Melilla en cualquier momento

Una “ocupación blanda” no deja de ser una “ocupación” y una usurpación de territorio. Con esta acción, Marruecos ha demostrado que puede hacerse con el control de las dos ciudades españolas, en apenas unas horas, sin dar tiempo a un gobierno español a reaccionar. De hecho, el gran problema que se plantea ahora es cómo resolver esta situación: los 50.000 marroquíes (dos horas después de haber iniciado la redacción de estas páginas, las cifras de la invasión de Ceuta y las que afectan a Melilla se han modificado al alza, cifrándose a las 13:00 horas del viernes en ¡¡70.000 invasores!!) declararán todos haber llegado “a nado”, acogiéndose a la “disposición adicional 10ª”, con lo que serán necesarios habilitar 70.000 expedientes personales que tardarán en resolverse meses y meses, si es que alguna vez pueden abordarse. La inmensa mayoría de marroquíes que han participado en la invasión han llegado para quedarse. Y no sólo eso: han llegado para expulsar a la población española de Ceuta y Melilla.

4) La enfermedad degenerativa de Mohamed VI.

Los medios de comunicación no suelen hablar de la enfermedad inflamatoria crónica de origen desconocido, conocida como sarcoindosis, que sufre Mohamed VI y que tiene como efecto un deterioro físico severo y progresivo. La formación de “granulomas” (acumulaciones de células inflamatorias) afecta principalmente a sus pulmones, riñones, ojos y corazón. Se trata con cortisona, cuyos efectos secundarios explican los drásticos cambios físicos del rey, como sus etapas de aumento de peso o su posterior pérdida extrema de masa muscular. También sufre una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) derivada de su antiguo hábito de fumar y lumbociática mecánica (lo que le obliga a ayudarse de un bastón). En los últimos meses, Muley Hussein, hijo del rey, de 23 años, ha ido asumiendo cargos de responsabilidad, entre ellos, el control del aparato militar marroquí (ha sido nombrado coordinador de las oficinas del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Reales, desde donde se planifican las operaciones tácticas de la “guerra de baja cota contra España”). En un año o año y medio, Mohamed VI se ha habrá ido a saludar a Alá. Eso explica los cambios en las políticas marroquíes.

5) El final inevitable del ciclo sanchista.

Marruecos es perfectamente consciente de que Sánchez, ni sus socios de gobierno, podrán, en mucho tiempo, regresar al poder. Consideran, incluso, que es probable que le espere un destino parecido al de Bettino Craxi (necesidad de autoexiliarse a un país con el que no exista tratado de extradición) y lo dan por completamente amortizado: saben que ya no van a poder sacar mucho más de él y, por lo tanto, les tiene absolutamente sin cuidado que la figura de Sánchez quede todavía más erosionada a causa de esta nueva crisis migratoria. De hecho, Marruecos ha hecho todo lo posible para que está crisis venga en el peor momento del sanchismo: después del proceso de regularización de 1.400.000 inmigrantes y en plena época de incendios forestales, lo que rebajará aún más las expectativas de voto del PSOE, sea quien sea el que lo dirija en los próximos años. Lo que sea que encontró la inteligencia marroquí en los teléfonos de Sánchez, Marlaska y Margarita Robles (y que, especialmente, en los dos primeros, debió ser altamente bochornoso), ya no da más de sí. Marruecos ha conseguido todo lo que se habia propuesto de Sánchez, ahora solamente queda hacer lo mismo que se hace con un limón completamente exprimido: arrojarlo a la basura. Esto es lo que Rabat está haciendo impulsando esta nueva crisis migratoria.

6) La política de “tierra quemada” del sanchismo.

Marruecos ha detectado la estrategia del sanchismo cuando se vea obligado a abandonar el poder: hacer que todos los problemas acumulados y, prácticamente insolubles, generados por el gobierno en los últimos años, le estallen en las manos a su sucesor (en inmigración, pensiones, sanidad, educación, trabajo, paro, déficit, subsidios, etc.) para así poder organizar movilizaciones de protesta en la calle y tapar los juicios por corrupción que se van acumulando. Esperando que Vox rompa con el gobierno Feijó y el PP se desmorone. Dentro de este contexto, dejar “pudrir” la situación en Ceuta, es un elemento más de esta “tierra quemada”: otro frente abierto para el que el PP carecerá de solución.

7) La debilidad manifiesta del gobierno español en la “regularización masiva”.

La reciente “regularización masiva” orquestada por el gobierno de Pedro Sánchez ha triplicado prácticamente, el número de ilegales que aspiran a la “regularización”: de 500.000 a 1.400.000. Todavía es pronto para detectar cuántos fraudes se han producido y cómo terminará todo, sin embargo, al igual que en 2005, con la “regularización masiva” promovida por Zapatero, el gobierno español ha dado muestras de mala planificación, error en los cálculos de inmigrantes a regularizar (que, en principio debían ser entre 400 y 500.000) o voluntad deliberada de regularizar 1.400.000, que en apenas cuatro años se transformarán entre 5 y 6 millones más con las reagrupaciones familiares, saturando absolutamente todos los servicios públicos y aumentando aún más si cabe, la crisis de la vivienda. El gobierno podría haberse negado a esta regularización o limitarla, pero ha hecho justo lo contrario, incluso para provocar deliberadamente un “efecto llamada” del que la crisis de Ceuta es otra resultante. Como todo gobierno que se siente débil, el sanchismo tiende a hacer concesiones, pensando que va a recibir de los inmigrantes regularizados algo a cambio, cuando en realidad, va a ocurrir lo contrario: demostrada la debilidad, ahora van a ser los regularizados los que exijan más y más, pensiones no contributivas, subsidios, vivienda gratuita...

8) La exigencia marroquí de que la final del mundial de fútbol de 2030 se celebre en su territorio.

En el momento de escribir estas líneas, todavía no está claro dónde se celebrará la final del Mundial de Fútbol de 2030. La lógica implicaría que fuera en España, que, a fin de cuentas, fue el país de la selección que venció en el torneo de EEUU. Pero, el gobierno marroquí se está mostrando intolerante en este tema: a fin de cuentas, ellos llegaron a los cuartos de final y fueron la última selección africana en ser eliminada… Y, para colmo, el heredero del trono marroquí Muley Hassan (que, con seguridad, será rey en 2030) es un gran aficionado al fútbol: al tratarse de un joven sin experiencia política, es normal que actúe por impulsos primarios.

¿QUÉ OCURRIRÁ EN LOS PRÓXIMOS CINCO DÍAS?

A la hora de escribir estas líneas ya se han dado algunos saqueos de comercios, peleas y escaramuzas con las minúsculas fuerzas de seguridad del Estado presentes en Ceuta y Melilla. A lo largo de la tarde, tenemos la sensación de que irán creciendo. La presencia de Sánchez en Ceuta no ha traído ninguna medida adicional, sino, un torrente de palabras acusando a otros de lo que solamente es culpa suya. Parece muy claro que Giorgia Meloni y el gobierno finlandés, propondrán la exclusión de España del “espacio Schengen” y, en esta ocasión, el efecto visual que ha generado la invasión y que ha podido ver todo el mundo, será suficiente como para que el resultado de la votación pueda ser favorable.

Desde luego, la alocución de Sánchez, si ha servido para algo, es para acelerar su caída: nada puede esperarse del individuo mediatizado primero por Marruecos (a causa de sus secretos inconfesables) y ahora abandonado a su suerte: Sánchez, desde el día uno de su llegada a Moncloa ha estado viviendo de palabras. Éstas surtían su efecto entre quienes eran favorables a creerlo y, mucho más especialmente, entre quienes, querían aprovecharse de su debilidad (porque Sánchez ha sido un presidente débil, incluso más débil que Zapatero: débil por sus mínimos apoyos parlamentarios, débil por que su único objetivo era saquear el país, débil porque, tanto él como su entorno tenían mucho que ocultar, débil porque han aceptado ser ministros, auténticos mindundis, sin preparación, experiencia, ideas, ni capacidad de gestión y otros que, como Marlaska, verosímilmente tenían, como mínimo, tantas cosas que ocultar como su presidente).

Escribimos estas líneas cuando hace 30 horas que se inició la invasión: la situación en Ceuta (pero también Melilla), empieza a ser desastrosa: ambas ciudades están sometidas a un caos absoluto, a lo largo de la tarde empezarán a manifestarse lo primeros síntomas de insostenibilidad: falta de alimentos y agua, no solo para marroquíes, sino para nuestra gente; jóvenes analfabetos arrastrados por sus instintos primarios que procurarán satisfacerlos aprovechando la debilidad de las fuerzas de orden destacadas en ambas ciudades. Inicio de saqueos: es cuestión de tiempo que los supermercados y los almacenes o cualquier punto en donde se sospecha que existan agua o alimentos, sean tomados por la fuerza.

A pesar de que las Fuerzas Armadas y de Orden Público deben haber recibido la orden de no utilizar sus armas de fuego, antes o después, deberán hacerlo si quieren contentar a una horda primitiva, famélica y sedienta, para la que el mayor bien es su teléfono móvil y que tratarán de apropiarse por la fuerza de todo aquello que necesitan. Es cuestión de tiempo que a los 28 muertos (cuando iniciamos este escrito eran solo 20, y cuando lo corregimos a las 16:00, ya son 43)) por ahogamiento, se sumen muchos más.

Por supuesto, no se van a producir expulsiones: los “expedientes” de los 70.000 (dentro de unas horas habrán llegado a 100.000) invasores, se tramitarán lenta y cansinamente, más de la mitad o incluso dos tercios nunca serán repatriados (como ocurrió con la invasión de 10.000 marroquíes en 2022 de los que menos de la mitad fueron expulsados a Marruecos), serán dispersados por toda la geografía nacional, especialmente en Madrid, Andalucía, Valencia y allí en donde existan gobiernos regionales peperos o apoyados por Vox. Cataluña y el País Vasco recibirán menos (por lo demás, Cataluña ya está sobresaturada de inmigración y, acaso por eso, es una de las zonas más castigadas por la delincuencia... Si Illa o Pradales creen que existen "fronteras naturales" entre sus autonomías y el resto de España, que sepan que no van a poder evitar que inmigrantes "depositados" en Andalucía se van a quedar allí: se instalarán en donde les apetezca. Así de simple. 

La población española de Ceuta y Melilla, irá disminuyendo. Hay que recordar que el abandono de Argelia por parte de De Gaulle, hizo que en pocos meses debieran hacerlo 1.000.000 de franceses que no quisieron esperar a ver las represalias del nuevo gobierno argelino independiente y de sus bandas de asesinos (el FLN). El éxodo en las dos ciudades españolas promete ser de similares características. Ciudadanos españoles se verán expulsados de sus tierras por la irresponsabilidad criminal y traidora de un miserable.

Hace menos de una semana, los medios informaron que los apellidos musulmanes ya eran mayoría en Ceuta y Melilla. Esta invasión trata de que ambas ciudades “caigan” como fruta madura en manos del sátrapa corroído por las enfermedades de Rabat. Y si fuera por el sátrapa de este lado del Estrecho, la entrega se realizaría a la voz de ya.





 

domingo, 19 de julio de 2026

NOSOTROS Y LA TRANSICIÓN A LA QUE ODIAMOS TANTO (10 de 10) - AQUELLAS AGUAS PÚTRIDAS, TRAJERON ESTOS LODOS HEDIONDOS

Las cosas, desde el principio, salieron así de mal. No soy de los que me quejo, consciente de que pudieron salir aún peor. Así que la sociedad española, optó aceptar por la “versión oficial”: “el Rey salvó la democracia el 23-F y se evitó una nueva guerra civil; unos y otros dieron muestras de responsabilidad y pactaron la mejor salida posible: la Constitución de 1978”. Era la letanía más fácil de aceptar. Pero murieron 200 personas entre el final de la larga agonía de Franco y el día en que los socialistas llegaron al poder. Más de 800 si sumamos las víctimas de Los Rodeos y del Hotel Corona de Aragón que, en rigor, fueron también víctimas de la transición…

Ese período, con su principio y su final, en total se prolongó 2.534 días, o lo que es lo mismo, 6 años, 11 meses y 8 días… es lo que se ha llamado “la transición española”. Le cuadran adjetivos como “esperpéntica”, “criminal”, “caótica”, “desordenada”, “improvisada”, “estado de inestabilidad e inquietud permanente”, y seguramente no tendríamos dificultad en encontrar dos o tres docenas de calificativos más, todos por igual denigrantes; cualquiera de ellos le conviene más que el de “modélica” con el que se la ha aureolado de manera narcisista.

Nunca en aquel período se contaron tantas y tantas mentiras, nunca las cadenas mediáticas de la época propagaron, con la bendición oficial, tal número de “fakes” elaborados en oscuros laboratorios de operaciones psicológicas nacionales y extranjeros. Nunca unos y otros protagonizaron tantos episodios de hipocresía, ni se cambiaron tantas chaquetas.

Los que vivimos aquella época y la recordamos como el período más turbulento generado en la segunda mitad del siglo XX en España, creo que estaremos de acuerdo en que la “democracia” no partió bien en nuestro país. La entropía ha hecho lo demás. Si el nivel inicial de nuestra “joven democracia española” ya era lamentable en sus orígenes, el tiempo no ha hecho nada más que acentuar aquellos lastres.

La entropía… El palabro resume la Segunda Ley de la Termodinámica, pero puede aplicarse a cualquier otro campo. A la política, por ejemplo. Se dice que un sistema es entrópico cuando tiene una tendencia natural a volverse caótico y disperso en el tiempo. La “democracia” (o, mejor, la “partidocracia” que efectivamente vivimos desde 1979) cree que de lo inferior (el voto) puede salir lo superior (el poder de dirigir una comunidad). La ley de la “entropía” nos dice que todo sistema, lejos de “mejorar”, va perdiendo, poco a poco, su cohesión interior de manera irremediable. Un huevo (lo superior) puede romperse (cayendo en una degradación inferior a su estado originario), a partir del cual, una vez roto, solamente podrá acelerar su putrefacción, nunca recuperará la frescura originaria, ni servirá para incubar nueva vida; así mismo, una habitación abandonada por un propietario apático y desordenado, cada día se volverá más caótica y nunca tendrá posibilidades de recuperar el aspecto originario… como su propietario no “resetee” el sistema. Las habitaciones no se ordenan solas, se desordenan más y más cuando su ocupante hace gala de negligencia; los huevos rotos nunca hacen otra cosa que pudrirse: de ellos nunca parte nueva vida.

Hemos sido benévolos con la “versión oficial”. Hemos evitado recordar el hecho de que en el verano de 1981 tuvo lugar el “síndrome tóxico”, malamente explicado y peor resuelto judicial y periodísticamente, en el curso del cual fallecieron 330 personas en las primeras semanas, que se elevaron a otras 400 más al año siguiente, para, finalmente, acumular a lo largo de las décadas debido a las graves patologías crónicas y degenerativas derivadas del envenenamiento (como la hipertensión pulmonar o la esclerodermia), los registros del Instituto de Salud Carlos III y diversas asociaciones de víctimas elevan la cifra total a cerca de 5.000 personas fallecidas, mientras que otras 20.000 personas permanecieron afectadas con secuelas crónicas. ¿Quién recuerda el “síndrome tóxico” y sus víctimas? También aquí, a la “teoría oficial” del “envenenamiento por aceite de colza desnaturalizado”, se opone la tesis, mucho más razonable, del “envenenamiento por organofosforados”. Gobernaba UCD que fue duramente atacada por el PSOE por este motivo…, pero, los socialistas tras llegar al poder unos meses después, bloquearon cualquier nueva investigación sobre el envenenamiento masivo. Así, los intereses bursátiles de la principal empresa multinacional que fabricaba organofosforados para consumo agrícola, permanecieron en pie.

Aquello fue importante porque demostró que el Estado estaba dispuesto a salvaguardar los intereses de una multinacional de químicas, antes que defender la salud de la población. Desde entonces, las cosas no han mejorado. Y no tendríamos dificultad en recordar los “misterios” irresueltos que se han producido en el casi medio siglo constitucional: ¿el GAL? ¿quién era su “señor X”? ¿La estatización de RUMASA? ¿Cómo fue que benefició especialmente al círculo del poder? La versión oficial sobre el 11-M ¿resolvió todas las dudas? De hecho, ¿resolvió alguna duda? ¿Era necesario negociar con ETA, cuando esta banda estaba completamente vencida? La integración en Europa ¿cómo se hizo de la peor manera posible y por qué ningún gobierno español ha vetado medidas que atentaban y atentan gravemente a nuestros intereses económicos? ¿Cómo es posible que, en el momento actual, un gobierno cercado por la corrupción, con giros en política exterior, inexplicables e inexplicados, con una parálisis creciente de los servicios públicos, y que ni siquiera ganó las elecciones, sin presupuestos, ni posibilidad de tenerlos, pueda seguir gobernando sin que pase absolutamente nada? ¿Cómo ese gobierno absurdo regulariza a 1.200.000-1.500.00  inmigrantes irregulares sin preocuparse, ni dónde vivirán, ni el hecho de que desbordarán los servicios sanitarios, educativos y sociales y alterarán gravísimamente el sustrato étnico, cultural, laboral, social y religioso de nuestro país? ¿En manos de que especie de bandidos irresponsables e ignorantes sin escrúpulos estamos? ¡¡Pues claro que lo estamos!! ¿O es que alguien con dos dedos de frente puede seguir durándolo!!

En síntesis: el proceso entrópico que se inició con la transición, está llegando a su final.

*     *     *

En las notas que preceden hemos removido nuestros recuerdos y vivencias, nuestros errores del pasado, las equivocaciones que cometimos, lo que pensábamos entonces en nuestra candorosa juventud… pero todo ello palidece ante el “régimen” que se gestó en aquellos años, surgido de situaciones deshonestas, de acumulación de mentiras, de manipulación miserable de la opinión pública, de engaño deliberado sobre engaño deliberado, de maniobras de maquiavelos de bolsillo y de un sistema constitucional que empezó mal y solo ahora empezamos a darnos cuenta de que su nivel de podredumbre y fetidez se encuentra en el límite.

Si el principal error hasta ahora, ha sido aceptar la “versión oficial”, para evitar males mayores, el error que cometerá la actual generación, será adoptar una postura pasiva y conformista, sumisa. A fuerza de intentar salvar lo personal, eludiendo lo comunitario, se corre el riesgo de que lo personal se hunda también con lo comunitario. Hoy nos encontramos en ese punto. Lo que empezó mal -y creemos haber aportado algunas pinceladas suficientes como para quien nos haya seguido hasta aquí coincida con nosotros en que la “democracia” empezó mal- solamente puede ir a peor… mientras la entropía no demuestra lo contrario.

Y ahora, tú tienes la palabra: ¿Crees que el “sistema” nacido en 1978 debe ser reseteado y superado? Si lo crees, estás obligado a actuar en conciencia, como nosotros lo hicimos hace medio siglo. Y espero que tengas más suerte de la que tuvimos nosotros. Estas líneas te las he escrito para ti que sientes que este “sistema” no es el tuvo y quieres algo mejor para ti y para los tuyos. Esta fue nuestra experiencia. No la repitas, por favor.

  

 

 

 

 






 

NOSOTROS Y LA TRANSICIÓN A LA QUE ODIAMOS TANTO (9 de 10) - EL ÚLTIMO ESPERPENTO DE LA TRANSICIÓN: 23-F

Si usted está interesado en conocer lo esencial de lo que ocurrió el 23–F, le rogamos lea las páginas que siguen y piense en cada frase a partir de ¡ya! Vale la pena advertir que lo expuesto en estas líneas era del dominio público en los días siguientes al 23–F por mucho que hoy se haya olvidado. Se trata de elementos presentes en la prensa de la época y que, a fuerza ignorarlos se han ido borrando de la memoria de los españoles. Hoy, los archivos digitales de El Pais, La Vanguardia y ABC, dan constancia de que todos los elementos que citamos en este artículo tuvieron existencia real. Incluso el contenido de los documentos publicados por Moncloa (y que pueden leerse en este enlace: DOCUMENTOS DESCLASIFICADOS), respaldan lo que decimos a continuación. Así que, la primera pregunta a realizar, es: ¿cómo es que se han ido “olvidando” a medida que transcurría el tiempo, siendo, en el fondo, cruciales y la explicación más simple a lo que ocurrió en aquellas jornadas?

9.1. Documentos ¿reservados?

Los documentos desclasificados sobre el 23–F en febrero de 2026, están compuestos por unas 153 unidades de Defensa, Interior y Exteriores; no revelan nada nuevo, ni nada particularmente importante. Todo lo que muestran es lo “ya visto y conocido”: la implicación de miembros del CESID en la intentona golpista (pero no explican el por qué, ni a las órdenes de quién), planes para un gobierno militar (pero no exponen quién los elaboró, ni cuándo) y transcripciones de las conversaciones de Tejero desde el Congreso, de su esposa y de García Carrés (que no aportan elementos nuevos en ningún caso). Los papeles apuntan a la existencia de varias tramas golpistas simultáneas y revelan manuscritos que consideraban al Rey Juan Carlos I como un “objetivo a batir”… pero estos documentos no tienen que ver con el 23–F, sino más bien, con la llamada “Operación Cervantes” (ver más adelante) y su publicación sólo indica el resentimiento de los golpistas que no fueron detenidos el 23–F hacia la figura del Rey Juan Carlos I. Tampoco el documento titulado “Panorámica de operaciones en marcha” aporta algo que fuera desconocido y constituye un documento suficientemente conocido desde hace décadas y que solo expone que, además del de Tejero, había otros intentos golpistas en preparación…

Inicialmente, para los medios de comunicación “oficiales” u “oficiosos”, se temía que los papeles que el gobierno anunció que iba a desclasificar, redundaran en detrimento de la monarquía, revelando una supuesta connivencia entre el Rey emérito y los golpistas. No ha sido así: más bien han demostrado justo de lo contrario.

Ya hemos dicho en alguna ocasión que las operaciones de los servicios de inteligencia nunca concluyen. Porque el 23–F fue una “operación de inteligencia”.

A lo largo de estos 45 años, especialmente en los aniversarios “redondos” (el quinto, el décimo, el vigésimo y, ahora el vigésimo quinto…), siempre han “aparecido” nuevos documentos filtrados a autores, historiadores e investigadores, que han dado lugar a una literatura cada vez más prolífica. Toda esa marejada literaria, lejos de esclarecer los hechos, ha generado una maraña cada vez más densa de confusión para un enigma que, en el fondo era demasiado simple: el 23–F no fue más que una “operación de inteligencia” cuyo objetivo era “un golpe frustrado para acabar con todos los riesgos del golpismo y asentar definitivamente la democracia”. Solo eso y nada más que eso.

Como expondremos más adelante, se superpusieron distintas iniciativas golpistas, pero solamente una era “transversal” y estaba presente en todas ellas: el Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) y más en concreto, su sección de Operaciones Especiales.  El problema es que su actuación no fue favorable al golpismo, sino que todos sus esfuerzos consistieron en que fracasaran los distintos golpes que se estaban preparando. Gracias a situarse en un plano más elevado al resto de conspiraciones, se logró que “los conejos” salieran de la madriguera, aparecieran a descubierto y fueran cazados a placer, gracias a lo cual se estabilizó la democracia y se consolidó la monarquía constitucional

La publicación de los “documentos reservados” ha sido otro de los elementos de esa “operación de inteligencia” que sigue abierta desde hace 45 años. Una vez realizada, se trataba en décadas siguientes, de multiplicar la “intoxicación informativa” y la hojarasca selvática para mantener el fin propuesto: la defensa de la Corona y de la legalidad democrática. En el fondo, la desclasificación de estos papeles seleccionados, ha sido el “pago” de Sánchez a la monarquía para hacerse perdonar desplantes, ofensas, viajes y declaraciones a las que ha obligado a Felipe VI.

9.2. ¿Una operación avalada por la Casa Real? ¿Con la constitución ya en vigor?

El 23–F de 1981, la constitución española ya había sido aprobada 2 años, 10 meses y 8 días antes. Era obligación de todos los funcionarios del Estado, incluidos los militares, no solo acatarla, sino también conocerla.

Vale la pena recordar que, como hemos dicho, lejos de ser una constitución monárquica, el texto aprobado en referéndum, más bien parece el de una, paradójica, “república coronada”. Las funciones del presidente del Estado Italiano, por ejemplo, son mucho más amplias que las del Rey constitucional. De hecho, en el actual ordenamiento constitucional, todas las “prerrogativas” reales tienen algún tipo de limitación o resultan francamente ambiguas. Véase el artículo 56 y 62: El Rey firma, sí o sí, las leyes… aprobadas por las Cortes; no se prevé que puede ocurrir si no firma. También convoca elecciones y referéndums en los términos previstos en la Constitución y propone candidato a Presidente del Gobierno, pero, al no depender de él la potestad de disolver las cortes por iniciativa propia, está sometido al dictado de las urnas. El Rey, ostenta la “jefatura militar” de las Fuerzas Armadas, título honorífico porque, en realidad, la política de defensa la dirige el Gobierno. Y otro tanto ocurre en sus funciones como representación internacional, cuyas pautas están dictadas por el ministerio de exteriores. En cuanto acreditar a los embajadores españoles, estos son elegidos por Exteriores, no quedándole al Rey otro remedio más que aceptarlos. E, incluso en la declaración de “la guerra y hacer la paz”, se hace según dictan las Cortes Generales. Todas las funciones Institucionales y de Justicia dependen del gobierno de turno, incluidos el “derecho de gracia”, “expedir los decretos”. “conferir empleos civiles y militares”, incluidos honores y condecoraciones, ejercer indultos, etc, siempre a propuesta del ministerio correspondiente.

En otras palabras, tenemos una monarquía huérfana de funciones. Dicho de manera más clara y menos retórica: Si el Rey quiere seguir siéndolo, debe de cumplir estrictamente lo que dicta la constitución. Firmar todo lo que el gobierno pone bajo su real nariz a sabiendas de que, en el momento, en el que haga lo contrario, abrirá la carrera al referéndum sobre “monarquía o república”. Su presencia es meramente protocolaria y se ha dado el caso de ausencias del Rey Juan Carlos I cuando las leyes y los decretos eran firmados… por un plotter.

Con todo esto queremos decir que los militares debían conocer obligatoriamente la nueva constitución, a poco de ser aprobada, y sabían, por tanto, que, según el marco legal, el apoyo del Rey era totalmente irrelevante para cualquier proyecto golpista. Por tanto, la polémica sobre el papel de Juan Carlos I el 23–F es completamente irrelevante. Simplemente no podía ponerse del lado de los golpistas, sino hacer todo lo que el gobierno (en aquel momento, secuestrado en el parlamento) o bien, en su defecto, el “gobierno provisional” (Comisión Permanente de Secretarios de Estado y Subsecretarios), reunida por Francisco Laína, entonces Director de la Seguridad del Estado. Constitucionalmente, el Rey solamente podía decir lo que este “gobierno provisional” le pidiera que dijera. Que fue, efectivamente, lo que dijo.

En aquel momento el “guardián de la monarquía” era el teniente general del Ejército de Tierra, Sabino Fernández de Campos, jefe de la Casa de Su Majestad el Rey. Conocía muy bien la constitución y las atribuciones reales. Bastante mejor que Tejero o Milans, que seguían considerando a Juan Carlos I como el “heredero de Franco” y, por tanto, el que más obligación tenía de respetar su legado.

Cuando se hizo público que el sanchismo iba a publicar “papeles reservados” sobre el 23–F, muchos observadores pensaron que se trataba de un nuevo torpedo lanzado contra la monarquía, cuando en realidad, era todo lo contrario, como ya hemos mencionado: una declaración de paz con la institución, a la que Sánchez había exigido mucho en los últimos meses. No es que Juan Carlos I hubiera actuado de mala fe hacia unos o hacia otros el 23–F: era que su opinión era completamente irrelevante desde el punto de vista constitucional. Juan Carlos I actuó de la única manera que podía hacerlo, tal como le indicó el “gobierno provisional” encabezado por Laína.

El resultado del 23–F fue una inmerecida exaltación de la figura del monarca. Bruscamente, el Rey que, hasta ese momento había sido objeto de todas las chanzas inimaginables por parte de la izquierda (“Juan Carlos I el breve” se le solía apostrofar), se convirtió en el “impulsor del cambio”, en el “hombre cuya serenidad desactivó el golpe”, en el personaje que requería la situación y que había salvado a España… No solo la democracia se asentó definitivamente, sino que la monarquía (en realidad, una república coronada) fue aceptada por la sociedad española y se despojó del sambenito de ser considerada como una “herencia” del franquismo.

9.3. Lo que siguió al fracaso del 23-F

Recordemos tres elementos poco recordados del 23-F:

1) Lo que se pretendía con el 23-F se consiguió dos días después.

2) Deliberadamente no se podaron todas las ramas golpistas del 23-F: se dejó una libre.

3) La puntilla final al golpismo fue la candidatura de Solidaridad Española en 1979

Veamos con rapidez estos tres elementos.

Lo esencial del 23–F –y el efecto que se esperaba– no sucedió ese día, sino dos días después con la gigantesca manifestación en la que se vio a Fraga, Suárez, González, Carrillo, Camacho, todos juntos en unión portando la pancarta que certificaba que el Estado había sobrevivido al golpismo, a la crisis económica e incluso a sí mismo. ¡Por fin una manifestación que pudiera competir con las que las que la extrema-derecha había organizado en los tres años anteriores! 

La democracia estaba definitivamente estabilizada, quedaba sólo para certificar la “total normalidad democrática”, con un gobierno socialista surgido de las urnas que compensaba los 40 años de ausencia de poder y ponían, definitivamente, el contador a cero. El PSOE debió acometer el resto de reajustes que nos homologarían junto a cualquier otro país de Europa Occidental: reajuste económico, integración en la OTAN y luego en la Unión Europea, etapas que el PSOE cumplió sin decepcionar expectativas depositas en él y tragándose algún que otro sapo (especialmente en el tema OTAN)

Los “golpistas” habían salido de sus madrigueras y habían sido cazados. Recibirían castigos ejemplares y pasarían años de cárcel, perderían sus carreras y serían arrojados al Tártaro por siempre jamás… Antonio Tejero pasó un total de 15 años y 9 meses en prisión por el asalto al Congreso del 23–F. Obtuvo el tercer grado en septiembre de 1993 y salió en libertad condicional el 3 de diciembre de 1996. Fue el último de los procesados por el 23–F en ser liberado. Antes, había pasado siete meses en prisión anteriormente (entre 1978 y 1979) por su implicación en la Operación Galaxia. El general Jaime Milans del Bosch pasó un total de 9 años y 127 días en prisión. Salió en libertad condicional el 1 de julio de 1990, tras haber cumplido una cuarta parte de su condena (atendiendo a beneficios penitenciarios y su edad, ya que entonces tenía 75 años). Nunca solicitó el indulto ni se retractó de sus acciones. Falleció en Madrid en 1997. El general Alfonso Armada pasó un total de 7 años y 10 meses en prisión por su responsabilidad en el golpe de Estado del 23–F. Condenado a seis años de prisión en 1982, el Tribunal Supremo elevó su pena en casación a la máxima de 30 años de reclusión por el delito de rebelión militar. El Gobierno de Felipe González le concedió el indulto por razones de salud (sufría una dolencia cardíaca) y tras haber acatado la Constitución. Salió en libertad el 23 de diciembre de 1988 y falleció el 1 de diciembre de 2013 a los 93 años de edad. Finalmente, el coronel José Ignacio San Martín López pasó un total de 5 años y 4 meses en prisión. Inicialmente condenado a 10 años de reclusión por un delito de rebelión militar que el Tribunal Supremo elevó posteriormente salió en libertad definitiva el 27 de junio de 1986. Falleció en Madrid en junio de 2004 a los 79 años.

A partir del 23–F ningún golpe de Estado era ya posible en España.

Yo mismo lo comprobé cuando se cumplía el primer aniversario del 23–F. Había regresado de Iberoamérica y todavía me encontraba en clandestinidad. Volví con la intención de comprobar si había quedado algo en pie de aquellas tramas militares. Quedaban rescoldos y me sorprendió que algunos militares siguieran conspirando y dispusieran de algunos menguados fondos. En esos mismos días, los restos del Frente de la Juventud recibieron de esos medios una cantidad que, creo recordar, ascendió a 200 o 250.000 pesetas para que sus militantes organizaron algo de “ruido” ante el parlamento al cumplirse el primer aniversario.

Y era raro que subsistieran tales rescoldos, porque se trataba de oficiales que, como decíamos antes, “habían salido de la madriguera” el 23–F (especialmente en el Gobierno Militar de Madrid que estuvo “sublevado” durante unas horas el 23–F y a los que se menciona con nombres y apellidos en uno de los documentos desclasificados fechado el 14 de abril de 1981). Incluso seguían manteniendo contactos con medios “porosos” de extrema–derecha, sin medidas de seguridad. Uno de estos oficiales, muy conocido por lo demás, con el que me encontré entonces y que luego resultó asesinado por ETA, me propuso reunirnos en su domicilio particular, aun sabiendo que yo seguía en busca y captura y él debía estar, necesariamente vigilado. Al cabo de tres días volví a Iberoamérica y fue en el siguiente viaje de regreso, en septiembre de 1982 cuando, a poco de llegar al aeropuerto del Prat, leí en primera página del ya desaparecido Noticiero Universal, el titular destacado: “Ante la previsible victoria socialista, ruido de sables”…

El artículo aludía a la llamada “Operación Cervantes”, protagonizada por los hermanos Jesús y José Enrique Crespo Cuspinera (coronel de artillería y teniente coronel de infantería, respectivamente), junto al coronel Luis Muñoz Gutiérrez, proyecto golpista que debía ejecutarse el 27 de octubre de 1982, planeado para vísperas de las elecciones generales que dieron la victoria al PSOE. En el domicilio de José Enrique Crespo Cuspinera se halló un maletín con más de 500 folios que detallaban minuciosamente el despliegue militar y los objetivos de la insurrección. Los tres militares fueron detenidos el 2 de octubre de 1982, apenas tres semanas antes de las elecciones. En 1984, un consejo de guerra los condenó a 12 años y un día de prisión por un delito de conspiración para la rebelión. Jesús Crespo Cuspinera falleció poco después, en marzo de 1986, mientras cumplía condena. Su hermano obtuvo la libertad provisional en diciembre de 1986.

Según la versión oficial, la intentona golpista fue descubierta por las frecuentes visitas que realizaba el coronel Luis Muñoz Gutiérrez, a los condenados del 23–F, lo que, entre otros muchos datos, informaciones y delaciones, permitió a los servicios de inteligencia detectar la nueva trama en la que participaban estos oficiales. Me consta que la trama era conocida desde el principio gracias a las escuchas que instalaron los servicios de seguridad del Estado en una sastrería sita en un pasaje del centro histórico de Madrid, propiedad de un antiguo miembro de Fuerza Nueva. Los conspiradores habían llegado a distribuir “alcaldías” y “gobiernos civiles” a miembros de la extrema–derecha. Hubieran podido ser desarticulados en cualquier momento, pero el gobierno de la época, presidido por Lepoldo Calvo Sotelo, decidió jugar una última carta para evitar su derrota. El titular del Noticiero Universal lo resumía a las claras y venía a decir: “si ganan los socialistas, el ejército no se conformará y golpeará de nuevo, la Operación Cervantes es la prueba”, con su conclusión implícita: “si queréis que la democracia siga, debéis votar a UCD”. Para recurrir a este “relato” fue por lo que no todas las ramas del 23–F quedaron podadas. El golpismo había dejado de ser un peligro para la democracia y se había convertido en un peligro solo para los propios golpistas

Para colmo, la operación del 23–F tuvo un corolario final: demostrar que los “golpistas” suponían una exigua minoría en la sociedad española. Para eso era preciso “cuantificarlos”. Y para ello se improvisó un partido político, en un momento en el que ya existía una miríada de partidos de extrema–derecha. Recuerdo que a finales de septiembre de 1982 me encontraba todavía en Bolivia.

En la oficina de prensa de la Presidencia del Gobierno en La Paz, uno de los télex empezó a tabletear una noticia procedente de España: eran las candidaturas que se presentaban a las elecciones del 28 de octubre. Me sorprendió que la candidatura de Unión Nacional (Fuerza Nueva + Falange) no se volviera a presentar unida, sino que cada grupo lo hizo por su cuenta. Además se presentaban otras candidaturas falangistas, la Falange Española Independiente, la Falange Asturiana, la Candidatura de Unidad Falangista, el Movimiento Católico Español, el Partido Proverista, y una sigla nueva y desconocida: “Solidaridad Española”. Luego supe que era la candidatura constituida en torno a Ángel López–Montero Juárez, abogado de Tejero. Su idea era que su defendido se beneficiara de la inmunidad propia a los diputados… Tejero accedió a encabezar la candidatura, sin calcular que, no solo no alcanzaría los mínimos para obtener un acta de diputado, sino que, además, dispersaría aún más el voto de extrema–derecha, como así ocurrió: no solo fue una mala idea, sino la peor defensa posible, confirmó que las 32 candidaturas que lograron presentar, apenas obtuvieron 28.451 votos, el 0’14%. Esta “hábil maniobra” sirvió solamente para demostrar el casi inexistente apoyo al “golpismo”, tal como establecieron los medios de comunicación. Nada hay más peligroso para un procesado que las ideas de su abogado defensor…

9.4. Los datos que nunca debemos perder de vista sobre el 23-F: el contexto de la operación

A nadie se le escapa que estas notas rápidas sobre el 23–F tienen “huecos”. No practicamos el “periodismo de investigación”, ni estamos para filtrar datos que no hayamos conocido directamente o a través de medios de comunicación convencionales que hayamos podido confirmar. El patriotismo del Teniente Coronel Tejero, tan sincero como absoluto e ingenuo, no supo ver la diferencia entre "PREPARAR" la toma del Congreso y "REALIZAR ÉL MISMO", esa acción. Otro tanto le ocurrió a Miláns del Bosch y a quienes dieron el paso al frente: fueron fieles a la palabra dada. Pero, precisamente por eso fracasó el 23-F y eso, por sí mismo, explica por qué otros altos mandos comprometidos entendieran que lo que veían sus ojos a las 6:22 del 23-N y el "se sienten coño", no era lo que esperaban ver. 

Antes del 23–F, el Estado era una ruina que crujía por todas partes y amenazaba hundirse: ETA(p–m) mantenía secuestrados a cuatro cónsules, la policía le había aplicado un tratamiento excesivamente duro al etarra Arregui que pagó sus crímenes muriendo a su vez. El ingeniero Ryan acababa de ser asesinado. por ETA Un día sí y otro también estallaban bombas en Lemóniz y aledaños. La UCD se empezaba desmigajar y ni siquiera había sido capaz de celebrar su congreso en Baleares a causa de una huelga. Suárez vivía su declive y cada una de sus componentes de su partido, se situaba en las mejores posiciones de cara a un futuro que todos advertían que ya no tendría nada que ver con el centrismo de estricta observancia de UCD. Las huelgas sacudían a todo el país ante la desesperación patronal; y el Rey, al que buena parte de la sociedad seguía sin tomarse en serio, acababa de ser abucheado en el Parlamento Vasco. Cada día ocurría algún incidente, algún atentado mayor o menor, que apenas servía para ocultar la catastrófica situación económica con una inflación que, como hemos recordado, rozó el ¡30% mensual! (cuando hoy nos parece dramático el que ascienda al 3% anual...). 

Era una situación de literal desintegración del Estado que, en cualquier momento podía quebrar, bien por una acción de elementos radicales de extrema–izquierda, bien por una huelga general convocada por unos sindicatos que, entonces, tenían niveles aceptables de filiación, etc. Pero, también, el recuerdo del franquismo estaba demasiado cerca. Era inevitable que sectores cada vez más amplios de la población comparasen la inestabilidad que se estaba viviendo con los años de prosperidad del franquismo. Y, empezaba a estar claro que las promesas de “libertad y democracia” empezaban a perder su sentido… si es que implicaban, desorden, caos, muertes, inseguridad, crisis y desintegración del Estado.

En ese contexto explosivo nació la necesidad de impulsar una “operación de inteligencia” tendente a estabilizar de una vez por todas, la situación. Estaba claro que, de todos los elementos que empezaban a protestar por la situación, el estamento militar era el más peligroso y donde el régimen nacido en la transición, acumulaba más oposición. Además, desde hacía dos (o quizás, tres) años, los servicios de inteligencia había ido detectando que el malestar en las salas de banderas de los cuarteles iba in crescendo.

9.5. Los cuatro proyectos golpistas…

Ya se habían desarticulado algunos proyectos golpistas en el embrión (el Caso Galaxia), en el curso del cual había aparecido por primera vez la figura del Teniente–Coronel Tejero. Era un hombre inconfundible: tricornio y bigote, constituían sus signos de identidad. Su foto había aparecido en todos los medios. Este dato no es baladí. El golpismo en España, tuvo, a partir de entonces una “imagen” muy concreta: estaba en ese momento vinculado a un tricornio de charol y a unos opulentos mostachos. Ese era Tejero: el prototipo del Guardia Civil honesto, patriota, enérgico, identificado con los valores de la Benemérita, para el que el mundo se dividía entre los enemigos de España (que, además, mataban a sus guardias civiles o jaleaban a los asesinos) y los “buenos españoles”; era completamente apolítico. Su “ideología” se reducía a dos palabras: España y Orden, presentes en el himno de la guardia Civil. No necesitaba más. Tejero tenía muy presente el lema del cuerpo: “El honor es mi divisa”.

La involuntaria popularidad alcanzada por el Teniente–Coronal Tejero a causa del “Caso Galaxia”, hizo que su figura se convirtiera en un polo de atracción para descontentos con la marcha de la transición. Algunos militares y, sobre todo, civiles madrileños de extrema–derecha, tal era el caso de García–Carrés. Carrés había sido un burócrata del régimen de Franco, antiguo presidente del Sindicato de Actividades Diversas que, durante la transición había realizado algunos actos de homenaje a la Guardia Civil. Políticamente, representaba muy poco, apenas nada. Estaba circuitado con otras individualidades aisladas, similares a él. Ni pertenecía a Fuerza Nueva (el partido mayoritario de la extrema–derecha de la época), y tampoco tenía gran ascendiente en Falange Española. Su universo político se reducía a un sector de la Confederación de Combatientes, a las individualidades mencionadas y al diario El Alcázar.

Pues bien, este entorno político cuyos dos polos eran Tejero y García Carrés, junto con algunas otras individualidades poco representativas, elaboraron un proyecto golpista que consistía en generar un movimiento militar de tal calibre que desembocara en un “gobierno cívico–militar” de extrema–derecha. Y, para ello, trataron de aproximarse a cualquiera del que tuvieran noticia de que compartía posiciones “franquistas” (o, al menos, a la interpretación que ellos daban del franquismo que, a fin de cuentas, fue, como hemos recordado, multiforme y adaptacionista).

Esa fue la que podemos considerar como la primera red golpista. En ella no estaban presentes ni militares de alta graduación, ni capitanes generales, ni siquiera los jefes de los partidos políticos de extrema–derecha, Blas Piñar por Fuerza Nueva, ni Fernández Cuesta por FE–JONS. Se trataba de una red muy “porosa”: en su interior estaban presentes varios confidentes del CNI y del Ministerio del Interior. Era imposible que, especialmente, a partir de principios de 1980, esa red hubiera pasado desapercibida para los distintos cuerpos de Seguridad del Estado: se podía haber desarticulado como un “segundo caso Galaxia”. Sin embargo, no se hizo: pero, es fácil suponer que se les puso en observación.

Paralelamente, existían otros sectores golpistas: dos concretamente, que había surgido espontáneamente y sin apenas contactos con el grupo anterior. Por un lado, el Capitán General de la III Región Militar, Jaime Miláns del Bosch, tenía algo que Tejero, ni nadie de su red tenían: grado y prestigio militar que se remontaba a la defensa del Alcázar de Toledo, luego a la II Bandera de la Legión en la que combatió con el rango de oficial hasta el fin de la contienda, más tarde la experiencia de la División Azul en 1941, donde obtuvo la Cruz de Hierro de Segunda Clase... agregado militar en varias embajadas en Iberoamérica hasta 1965, luego varios mandos sobre tropa, general de brigada en 1971, jefe de la Brigada de Infantería Mecanizada n.º XI y, en 1974, general de división y jefe de la División Acorazada Brunete hasta 1977, cuando, ascendido a teniente general, se hizo cargo de la Región Militar de Valencia. Era uno de los militares vivos con mejor historial en aquel momento. Se decía apolítico y no estaba muy lejos de Tejero en este punto: patriotismo, solo patriotismo y nada más que patriotismo. Se conocían sus opiniones políticas pro–franquistas y su disgusto por el momento en el que estaba atravesando España. Y, como cualquier otro oficial de alto rango, era imperativo que el CNI tejiera en torno suyo una red de informantes, especialmente si se conocía su disconformidad con la situación política. Además, era monárquico impenitente: el Rey encarnaba el ideal de patriotismo y orden que constituían su propio ideario.

En este punto, es difícil establecer –y, por lo demás, no es el núcleo de la cuestión– cómo creció la red de fieles al Teniente General Milans del Bosch. Sea como fuere –y para eso están las actas del proceso de Campamento incoado contra los acusados de participación en el 23–F– en torno a él se fue formando un grupo que coincidía en dar un “golpe de timón”. Pero, no se trataba, como la red de Tejero, de un golpe de extrema–derecha, sino de un golpe militar–militar completamente apolítico, que disolviera a todos los partidos, incluidos los de extrema–derecha, que restaurara el orden y garantizara la continuidad monárquica como herencia del franquismo.

En la práctica, Milans del Bosch era el “militar de prestigio” que Tejero echaba en falta, para llevar a cabo una acción contra el régimen constitucional. Las diferencias fueron aparcadas (e, incluso, es probable que ni siquiera se tuviesen en cuenta, a pesar de que Tejero consideró a Milans –y nosotros mismos pudimos oírlo de sus propios labios cuando estaba preso en el castillo de Figueras– como un “soldado de fortuna” (un mercenario, si bien es cierto que tal opinión había sido formada a causa de una información falsa, facilitada por un conocido estafador que recorría los medios de extrema–derecha en la época y que, por cierto, aparece con nombre y apellido en uno de los documentos desclasificados por Sánchez).

Milans había dejado muy buen recuerdo en la División Acorazada Brunete, la unidad más efectiva del ejército español. Cuando, Milans ya había abandonado el mando de esta unidad, fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la unidad, el Coronal José Ignacio San Martín, el 10 de diciembre 1979. La diferencia entre el Coronel San Martín y el resto de responsables de las distintas redes que confluyeron el 23–F era que él, además de ser militar, patriota y hombre de orden, sí tenía una sólida preparación política y cultural, muy superior a la de la mayoría de oficiales de su época. Además, había sido el organizador del Servicio Central de Documentación (SEDEC) al servicio de Carrero Blanco. Durante los años en los que desempeñó esta función realizó seguimientos de partidos, sindicatos, personalidades, se entrevistó y conoció a gentes de todos los niveles de la administración y de la oposición, y mantuvo una red de colaboradores que le siguieron después de ser relevado del cargo, tras la muerte de Carrero. San Martín era consciente –y así nos lo dijo en un cursillo en el que lo conocimos en el Valle de los Caídos a finales de 1970– que el propio Carrero había diseñado una “transición” en la que serían legalizados los partidos políticos “hasta los socialistas”, pero no a partir de ellos (es decir, quedaban excluidos el PCE y las ligas de extrema–izquierda). Era un hombre de fino olfato político al que no se le escapa que una “dictadura militar” era imposible en la España de 1980 y empezó a “moverse” con antiguos contactos procedentes del SEDEC y sus nuevos compañeros de la Acorazada (entre los que figuraban varios antiguos oficiales con los que había trabajado en el SEDEC).

El proyecto del Coronel San Martín no era ninguna locura: preveía una etapa de crecimiento orgánico y fortalecimiento de la red (que sería conocida como “el grupo de los coroneles”), absteniéndose de pronunciamientos golpistas, ni estridencias, sino como “corriente de opinión” dentro de las Fuerzas Armadas, hasta que, cuando la red hubiera adquirido solidez y densidad suficiente, sus representantes, hubieran llamado a la puerta de la presidencia del gobierno, exigiendo una rectificación de la línea política seguida hasta ese momento: desplazamiento de algunos ministros de UCD por otros más partidarios de una “línea dura”, frente a los sindicatos y a los movimiento centrífugos que estaban apareciendo por la geografía nacional y una liquidación completa de las distintas fracciones de ETA, a la vista de que la amnistía de 1977 solo había servido para reactivar la banda. Todo ello con discreción, pero con energía. Lo que proponían no era un “golpe de Estado”, sino una medida de presión: o el gobierno cedía o abría el paso a un golpe duro.

 

Esta red, era de todas, la más peligrosa por un motivo: sus miembros conocían los mecanismos de la política, sabían hasta dónde se podía llegar y cómo hacerlo. Eran patriotas, pero compartían el “fino olfato” de su inspirador, el Coronel San Martín. Éste era consciente de que su red solamente estaría en condiciones de llamar a la puerta de la Presidencia del Gobierno en un par de años y preveía que, por entonces, la situación se habría deteriorado todavía más.

Seguramente, algunos oficiales de la División Acorazada pudieron estar en contacto a Miláns del Bosch con San Martín y así, éste, tuvo conocimiento del proyecto golpista que se preparaba (el golpe militar–militar, con disolución de todos los partidos, desde Fuerza Nueva hasta la CNT) y para el que Milans contaba, como “fuerza de choque” con la red de Tejero. San Martín, debió pensar que aquello era una locura, pero operó como recomiendan todos los manuales de inteligencia: se embarcó para estar al corriente del proyecto (no hacerlo hubiera supuesto quedar al margen del mismo y, por lo tanto, carecer de información sobre esas redes), pero sin dejar de avanzar en la consolidación del “grupo de los coroneles”.

Pero existía todavía otro grupo militar formado en torno al General Alfonso Armada (y vamos por el cuarto). Siempre que salía a relucir el nombre de Armada, la primera idea que afloraba era la de “hombre del rey”. Y, en realidad, lo era, aunque quizás no tanto como él creía. Para Armada lo esencial era “salvar a la monarquía” de aquel caos en el que se había convertido la transición y es posible incluso que albergara la secreta esperanza de acabar sus días como presidente del gobierno. A pesar de haber sido, como Milans, ex combatiente de la División Azul, todo induce a pensar que se trató de esos militares profesionales que fueron a combatir a Rusia, en parte para mejorar su carrera profesional, en parte como prolongación de la Guerra Civil y en parte como expresión de sus sentimientos anticomunistas. Las convicciones políticas de Armada parecían reducirse a una sola, la monarquía considerada como expresión de la gobernabilidad de un país. Por los cargos que había desempeñado y por las amistades que solía cultivar allí donde pasaba, Armada tenía cierta relación con el mundo de la política y, más en concreto, con “políticos”, pero no puede decirse que tuviera una comprensión absoluta de lo que era la vida política en un marco democrático, ni siquiera de la pasta con la que estaban hechos los pro–hombres de los partidos políticos. A pesar de haber estado 17 años ejerciendo en Casa del Rey, cuando se convocaron las elecciones de 1977 cometió el error garrafal para un hombre de su posición de enviar cartas con el membrete de la Casa Real pidiendo el voto para Alianza Popular. Destituido ipso facto, terminó convocando cenas polémicas en la capitanía general de Lérida y escalando luego a segundo jefe del Estado Mayor del Ejército. En las semanas previas al 23–F había militares que recorrían España y se entrevistaban con gente que por algún motivo estaban en la agenda de Armada y les sondeaban –en algunos casos con poca sutileza– sobre cómo reaccionarían ante un intento de salvar la monarquía y el orden constitucional…

Lo que tenía en mente Armada era un puro desenfoque político ideado como producto de las cenas que había convocado y de la gestión de los que sondeaban en su nombre. Si unimos que, en 1980, todavía, cuando un militar lanzaba alguna pregunta a un civil, suscitaba un temor reverencial o una fascinación incondicional, todos los consultados, tras la sorpresa inicial, respondían con palabras ambiguas y frases diplomáticas, intentando echar balones fuera mientras consumían el último cafelito necesario tras una pesada digestión.

Manejando todos los datos así obtenidos –que ya eran de por sí de valor limitado y extremadamente subjetivos– y combinándolo con sus filias y sus fobias, Armada estableció su “proyecto”: frente al golpe militar–ultra de Tejero, frente al golpe militar–militar de Milans, Armada aportó a la “ciencia golpista” su idea de “golpe blando” que desembocaría en un “gobierno de concentración nacional” formado por exponentes procedentes de todo el arco político: desde AP hasta el PCE... ¿Qué mejor que un ministro del interior pepero para afrontar la centrifugación nacional que empezaba a adivinarse? ¿Qué mejor que un ministro de trabajo comunista para manejar a los sindicatos? ¿Qué mejor de un socialista para afianzar la corona? Pura ciencia ficción para los que leíamos todos los días la prensa, pero proyecto válido para quien se tenía por “hombre del rey”.

9.5. …Y el quinto proyecto: el no golpe o el golpe de CESID

Hasta aquí, hemos identificado cuatro proyectos golpistas superpuestos:

1º.– El de Tejero – golpe cívico–militar que desembocase en un gobierno militar con elementos de extrema–derecha.

2º.– El de Miláns – golpe militar–militar con un gobierno exclusivamente militar y disolución de todos los partidos, incluidos los de extrema–derecha.

3º.– El de San Martín – presión sobre la presidencia del gobierno para que rectificara su política y relevara a ministros clave.

4º.– El de Armada – golpe “blando” auspiciado por el Rey con desembocadura en un “gobierno de concentración nacional” de AP hasta el PCE.

¿Y el 5º proyecto? ¿en qué consistía? Aquí estamos en la “Zona 0” de todos los equívocos que se han producido en las interpretaciones sobre el 23–F. Entre los detenidos por su participación en el 23–F figuraba el Comandante Cortina, entonces director de Operaciones Especiales del CESID, embarcado en la “especial operación” de organizar el no–golpe, o lo que hemos definido como el “golpe para acabar con todos los golpes”.

Cortina, a poco de salir de la Academia Militar, se descolgó inexplicablemente, como ya hemos visto, adiestrando a un grupo de falangistas en las técnicas de la guerrilla rural. Los alegres falangistas de Cortina (que entonces utilizaba el alias de “Restarazu” y su hermano el de ”Roncal”, ambos de resonancias vascas) se entrenaban en la Casa de Campo y recibían formación sobre las distintas corrientes tercermundistas con las que los falangistas se sentían más identificados. Nunca sumaron más de 200 personas que utilizaban el nombre de “Fuerza Social Revolucionaria” en sus panfletos, aunque entre ellos aludieran a “la familia”. El grupo estaba dirigido por los dos Cortina y por un tercer personaje, no menos misterioso, Esteban Sierra Muñiz, que vivía en Francia. En el curso de la peripecia de este atrabiliario grupo contactó con Julio Alvárez del Vayo, capitoste republicano en el exilio y que aparecía como ingrediente esencial en todas las salsas antifranquistas de la época, contra más extremistas mejor. Del Vayo –del que Azaña dijo que era un “tonto con ideas” y en eso seguía– había ido creando grupos fantasmales: que si Tercera República, que si el Frente Español de Liberación Nacional (FELN)… y en eso estaba cuando Sierra Muñiz lo contactó en París (posteriormente sería el mascarón de proa del FRAP).

Los contactos de la “Fuerza Social Revolucionaria” con Álvarez del Vayo se produjeron en 1964. Pocas semanas después, en junio del mismo año, la policía lograba detener a Andrés Ruiz Márquez (a) “Coronel Montenegro”, un pobre diablo, prácticamente el único miembro del FELN en el interior de España que había sembrado el país de pequeños artefactos explosivos, firmados con la sigla de la organización. Cargado de explosivos en la calle Serrano, condenado inicialmente a muerte, conmutada la pena por prisión a perpetuidad, solo salió a la calle con la amnistía de 1977. Prácticamente ilocalizable, la única forma de detener a un solo individuo sin contactos, era mediante la creación de un grupo favorable a la “lucha armada”, (la Fuerza Social Revolucionaria) con la que el FELN podría ampliar sus acciones… El “gancho” produjo su efecto sobre Álvarez del Vayo y entrañó la “caída” del “Coronel Montenegro”. Fue una brillante operación de inteligencia. Sin más. Pero, el hecho de que TODOS los que participaron en ella volvieran a estar presentes el 23–F, indica que esta red se había mantenido en pie desde 1964 hasta 1981: ¡17 años!

Dado que la "Fuerza Social Revolucionaria" era casi una “empresa familiar” de los Cortina no era raro que otro de sus dirigentes, Fernando Cadarso Preciado, estuviera también emparentado con ellos…

Los testimonios de Cadarso y de Sierra Muñiz fueron claves en la defensa del Comandante Cortina tras el 23–F. Cadarso era un amigo personal y colaborador estrecho de Cortina. En el contexto del juicio, fue identificado como una de las personas que mantenía contacto frecuente con el comandante, lo que sirvió a la defensa para intentar demostrar que las actividades de Cortina eran de carácter personal o social y no conspirativas. Declaró que el domingo 22 de febrero (el día previo al golpe), llamó a Cortina a su residencia en El Escorial. Según su testimonio, el objetivo de la llamada era informarle sobre asuntos de interés o “novedades”, reforzando la coartada de Cortina sobre su paradero y ocupaciones ese fin de semana. Aunque era civil, fuentes periodísticas y libros de investigación (como los de Jesús Palacios o Pilar Urbano) sugieren que Cadarso formaba parte de una red de colaboradores no oficiales que la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) utilizaba para pulsar el ambiente en sectores civiles involucionistas.

Esteban Sierra Muñiz, testificó también a favor de Cortina en el Juicio de Campamento por los sucesos del 23–F (Causa 2/81).  Durante la vista oral, declaró haber mantenido contacto con Cortina los días previos al golpe; declaró haber llamado al comandante la noche del 21 de febrero para concertar una cita el domingo 22, día en el que, según algunas versiones, se habrían ultimado detalles logísticos. Sierra Muñiz declaró que el comandante le invitó a cenar esa noche, pero que él declinó la invitación. Trabajos periodísticos posteriores han señalado que era “colaborador civil” del CESID. Por su parte, Fernando Cadarso Preciado fue una figura civil clave en la defensa del comandante José Luis Cortina durante el juicio por el golpe de Estado del 23–F. Al igual que Esteban Sierra Muñiz, su relevancia reside en su testimonio para reconstruir los movimientos de la jefatura de la AOME (inteligencia del CESID) en las fechas críticas del golpe. Formaba parte de una red de colaboradores no oficiales que la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME) utilizaba para pulsar el ambiente en sectores civiles involucionistas. Estas declaraciones tendían a desmentir la posibilidad del encuentro en el que Tejero habría recibido la orden del comandante Cortina de tomar el Congreso al día siguiente, el 23–F.

El quid de la cuestión es que Tejero declaró que había recibido taxativamente la orden de tomar él mismo el Congreso de los Diputados en el 1.º C del edificio situado en la calle de Biarritz, número 2, en Madrid. Mientras que Tejero mantenía que la reunión tuvo lugar allí, el comandante Cortina siempre lo negó, asegurando que nunca se había visto con Tejero en ese domicilio. Esta discrepancia fue uno de los puntos clave del juicio, ya que Cortina fue finalmente absuelto al no poderse probar fehacientemente dicho encuentro. Dos años y medio después del 23–F, el 1 de agosto de 1983, el piso fue escenario de un incendio provocado por los asaltantes para ocultar el asesinato de Antonio Cortina (padre), quien se encontraba solo en la vivienda en ese momento. A pesar de que se habló de una “venganza” de extrema–derecha por la participación del comandante cortina el 23–F, lo cierto es que se trató de un crimen protagonizado por delincuentes habituales.

Los partidos de izquierda y la prensa, en las jornadas posteriores, al 23–F aludieron constantemente a la “actitud sospechosa” del CESID en el golpe y a que varios de sus exponentes se habían visto implicados en la trama. Y así era, en efecto: pero no en una “trama golpista”, sino, más bien en el “golpe para acabar con todos los golpes”.

Habitualmente, en los puestos claves de la seguridad del Estado, los gobiernos tienden a colocar a los responsables que consideran más “seguros” y de fidelidad demostrada. En el momento en el que se produjo el 23–F, el CESID estaba dirigido por el coronel Narciso Carreras que ocupaba el cargo de forma accidental desde mayo de 1980. Su gestión finalizó el 22 de mayo de 1981, cuando el Gobierno de Leopoldo Calvo–Sotelo nombró al entonces teniente coronel Emilio Alonso Manglano como director titular. En otras palabras, en el momento del golpe, el “hombre fuerte” del CESID no era el coronel Carreras, sino el Comandante Cortina. El “informe Jáudenes”, encargado por Carreras en el mes de marzo de 1981, estableció que ningún miembro del CESID había participado en la trama. Y eso era, relativamente cierto: en efecto, ninguno había trabajado para el triunfo del golpe de Estado, pero, sin embargo, si habían participado en las distintas tramas golpistas, unos con fines de información y otros con fines de neutralización. “El que quiere peces, necesariamente, debe mojarse”, dice otro viejo adagio frecuentemente empleado en inteligencia.

9.6. Los dos pequeños detalles no explicados por nadie y convertidos en hojarasca olvidable

Todo lo anterior parece bastante lógico y dista mucho de ser inextricable. Es bastante lógico y los elementos que faltan son detalles que, a fin de cuentas, no tienen gran importancia. La mayoría de todo lo que he reportado se ha publicado y puede ser identificable a través de la hojarasca y de los bosques generados por el mismo tema mediante libros con “datos novedosos” y documentos tan desclasificados como irrelevantes. Pero existen dos datos básicos a los que no se les suele prestar atención y que, en la práctica, se han olvidado casi completamente, siendo fundamentales para una comprensión integral del 23–F, su mecanismo y su elemento táctico desencadenante.

Veamos cuáles son:

1) En octubre y noviembre de 1980, el Teniente Coronel Antonio Tejero, compra en el rastro de Madrid unas cuantas decenas de casacas de camuflaje procedentes de deshechos militares de saldo en el rastro madrileño.

2) A finales de diciembre de 1980, Tejero compró seis autobuses de segunda mano, procedentes de la empresa de transportes Larrea, con un crédito firmado por su esposa.

Estos dos elementos certifican, muy a las claras, que, en el diseño original del 23–F, Tejero no preparó el asalto al Congreso de los Diputados para ser ejecutado por Guardias Civiles: a fin de cuentas, estos ya disponían de uniformes y de autobuses propios y era absurdo gastar un dinero pedido a crédito en medios de transporte que estaban al alcance de cualquier jefatura de la Guardia Civil y, más aún, si, como ocurrió el 23–F, la fuerza que entró en el parlamento procedía de la Agrupación de Tráfico de la calle Príncipe de Vergara, en donde no faltaban ni uniformes ni autobuses propios.

Los autobuses fueron abandonados en la Academia de Guardias Jóvenes de Valdemorillo en donde años después, el hombre de confianza de Tejero en Cataluña y yo mismo, fuimos a buscarlos a la vista de que el subastero Alberto Royuela los había comprado. El inefable, Mariano Sánchez Covisa recibió de Royuela algo así como 100.000 pesetas para que los mecánicos hicieran una puesta a punto que permitiera conducirlos por carretera hasta Barcelona. Los autobuses, estaban, literalmente, destrozados en su interior, habían pasado años a la intemperie y con algunas ventanas abiertas. Llevados, finalmente a Barcelona, Royuela los almacenó en un descampado próximo al Prat de Llobregat y, finalmente, convertidos en chatarra.

Pilar Urbano dice en su libro que “los autobuses no se utilizaron por las prisas” y Jesús Palacios soslaya la cuestión diciendo simplemente que “no se utilizaron”. Ambas son respuestas insuficientes porque Pilar Urbano presente unas horas antes de la irrupción en el Congreso, muy tranquilo jugando al ajedrez: no hubo “precipitación”. Respuestas de circunstancias y, a todas luces, incorrectas: ¿Por qué no se utilizaron aquellos autobuses ni aquellas casacas? Respuesta correcta: porque Tejero, inicialmente no pretendía tomar el parlamento con fuerzas de la Guardia Civil.

Si se acepta como buena esta respuesta, estamos obligados a formular otras dos cuestiones. La primera y más importante es: entonces ¿quién debía realizar la “toma del Congreso”? No vamos a abordar aquí esta cuestión (apuntemos solamente que se trataba de un "grupo civil"), pero sí a pasar a otra mucho más importante: la "arquitectura estratégica" de la "operación especial". En otras palabras ¿cuál era el diseño estratégico general de la operación? Una no puede ser respondida sin la otra.

Lo más incoherente del 23–F fue la “versión oficial”, que, más o menos, es esta: “un grupo de guardias civiles entra en el congreso de los diputados y secuestra la gobierno y a los parlamentarios; en ese momento, el ejército sale a la calle para salvar al país… de una situación que el mismo ejército ha generado” (no olvidemos que la guardia Civil es un cuerpo militarizado). Absurdo… No hay “relato” presentable posible. Si así hubieran ocurrido las cosas, hubiera bastado una simple llamada de algún oficial de rango superior al teniente coronel Tejero ordenándole abandonar el Congreso. No era necesario que los tanques salieran a la calle y, por lo demás, una vez liberados los diputados y el gobierno, ya no hubiera existido excusa para que los militares siguieran en el poder…

El problema de los golpistas era cómo construir un “relato” convincente que hiciera absolutamente necesaria su salida de los cuarteles.

Y aquí entramos en el tercer misterio no resuelto: ¿por qué, algunas capitanías generales estuvieron dispuestas para salir a la calle el 23–F?, y ¿por qué, al final, solamente salieron los tanques en Valencia?

Existe una respuesta excepcionalmente simple y tan clara como el agua de un manantial de montaña: todos los militares comprometidos con el golpe esperaban una “acción terrorista de envergadura” para la tarde del 23–F. Los testimonios, especialmente en la Brigada Acorazada, no dejan lugar a dudas. Y no dudamos de que, de haberse producido esa “acción terrorista”, casi todas las capitanías generales se habrían puesto en movimiento para alcanzar sus objetivos y tomar el control del país… Pero ¿por qué no ocurrió así? ¿Fue por cobardía por lo que capitanes generales y mandos de tropa que se habían comprometido con la operación dieron marcha atrás? Respuesta: porque, en lugar de aparecer en el congreso un grupo terrorista, inicialmente no identificado, pero que podía ser del GRAPO, del antiguo FRAP, de ETA o, incluso de extrema–derecha… ¡Apareció el teniente coronel más conocido en toda España con su tricornio, sus mostachos, al frente de una fuerza militar disciplinada y organizada…! Chasco, confusión, perplejidad y decepción…

En otras palabras: el golpe de Estado fracasó, simplemente, porque no sucedió lo que los militares comprometidos pensaban que iba a suceder. Y entonces se produjo el esperpento: fracasado el elemento táctico de la operación, ya no tenía sentido continuar con la estrategia prevista de ocupación de centros de poder. El golpe no aparecía como “presentable”, ni para la opinión pública nacional, ni para los centros de poder internacional.

Ahora puede entenderse mejor porqué hemos insistido, en el parágrafo anterior sobre los cuatro golpes superpuestos, en que ni Tejero, ni Milans, conocían los mecanismos de la política; incluso, para Armada, “la política” se reducía a una serie de cenas protocolarias con políticos locales intimidados por la personalidad del que sabían que era “general” y “hombre del Rey”. Para todos ellos, el golpe de Estado era un fin en sí mismo, una operación exclusivamente “militar”, cuando, en realidad, un golpe de Estado es una operación cívico–militar en la que el elemento armado solamente entra en juego en el momento mismo del golpe, para, acto seguido, desplazar todo su peso, hacia la parte “política”.

En 1981, era evidente que no existían las condiciones necesarias para un “gobierno militar” como quería Milans y, mucho menos, como deseaba Tejero, con un gobierno presidido por un militar con apoyo de los grupos de extrema–derecha. Y eso era más que evidente: los principales detractores de los golpes militares que habían tenido lugar en Iberoamérica en aquellos años (Argentina, Chile y Bolivia) fueron los EEUUU. En Bolivia, fui testigo directo de ello, el gobierno americano realizó un férreo cerco económico y una campaña de desprestigio desde el primer momento en el que se produjo el golpe del General García–Meza en julio de 1980; a lo largo de 1979 y 1980, el gobierno de Pinochet fue muy duramente atacado hasta lograr la destitución del General Manuel Contreras, jefe de la DINA. La misma presión se ejerció contra la dictadura militar argentina, primero con la excusa de los “desaparecidos” y, posteriormente, se indujo al régimen militar a que ocupara las Islas Malvinas, prometiendo el apoyo de Washington que, en la práctica, desapareció por completo y la derrota argentina entrañaría el fin del régimen militar.

No es cierto, por tanto, que, ni la administración Carter, ni la administración Reagan apoyaran a los regímenes militares: en realidad, apoyaban solamente a gobiernos que no se opusieran a las exigencias político–económicas de Washington. Y el problema no era tanto que la élite militar iberoamericana se hubiera formado en la Escuela de las Américas, sino que, la inmensa mayoría de esos militares, formados en las técnicas antisubversivas, ¡eran también muy nacionalistas! Para Washington resultaba mucho más sencillo manejar esos países a través de gobiernos democráticos de derechas, de centro–derecha o incluso de centro–izquierda. Personalmente, he visto como en la Bolivia de 1980–1982, los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, guerrilleros diez años antes, literalmente se peleaban por asistir a las recepciones que daba la embajada norteamericana.

*     *     * 

Teniendo todo esto en cuenta, cabe preguntarse ¿qué tenían en mente los cerebros más lúcidos entre los militares golpistas? Y es aquí donde tenemos que volver, necesariamente, al “grupo de los coroneles” dirigido por el Coronel San Martín.

Personalmente, tengo la convicción moral de que San Martín fue el autor del plan inicial. Tenía experiencia suficiente para ello, conocimientos e información y había impulsado “operaciones encubiertas” y maniobras de “intoxicación informativa” durante su paso por el SEDEC. (tras el atentado de ETA en la calle del Correo en Madrid, cuando esta organización negó su autoría para desvincularse de una acción terrorista ampliamente impopular –13 víctimas mortales, solo uno era policía, y más de 70 heridos–, San Martín reaccionó filtrando un falso “diario de Argala”, el entonces jefe de ETA que fue reproducido por el semanario El Mundo (propiedad de Sebastián Auger); en ese falso diario se afirmaba, que, además de ser ETA responsable del crimen, mantenía contractos con ¡el PENS!, con ese PENS que el mismo San Martín había facilitado su creación y cuyas revistas y panfletos se imprimían en las oficinas de Barcelona del propio SEDEC…). Y es que, para un servicio de inteligencia, “verdad” y “moralidad” no son palabras que deban tenerse en cuenta. (ETA, por cierto, reconoció ser autora del crimen en 2018. Los dos etarras que colocaron los 30 kilos de explosivos, Bernard Iturbe y María Lourdes Galarraga, viven hoy en el Sur de Francia y nunca pasaron ni un solo día en prisión por el crimen). 

San Martín era perfectamente capaz de plantear la operación “toma del Congreso” en términos parecidos: el “casus belli” era la toma del congreso por un “grupo civil terrorista, fuertemente armado”… ¡y es entonces, con este pequeño detalle, cuando la “operación” empieza a tener sentido! “Ante la alarma generada en la opinión pública, el ejército sale a la calle para mantener el orden”. ¿Y luego? Luego, el ejército impone sus condiciones a la presidencia del gobierno: cambios ministeriales, mayor control sobre el PCE, liquidación de ETA y del GRAPO. El golpe no desemboca en un gobierno militar–militar, ni mucho menos militar–ultra, como querían Milans y Tejero respectivamente, sino que se reduce a una presión ejercida sobre el gobierno por el estamento militar, tal como quería el “grupo de los coroneles”. Se salvaban las formas ante los países extranjeros, la constitución seguía en pie (acaso con alguna leve modificación en lo relativo a los poderes de la monarquía), y se lograba la rectificación política, salvando la imagen democrática…

Pero esto solamente era posible si era un “grupo terrorista” el que entraba en el congreso; en absoluto, si el Guardia civil más conocido de toda España, aparecía ante las pantallas de todas las salas de banderas, capitaneando la acción. ¿Entienden por qué Tejero había comprado autobuses y casacas militares? ¡Hasta el día antes del golpe su misión era, preparar la toma del Congreso, no tomar el Congreso!