jueves, 15 de octubre de 2026

El Islam marroquí a fecha de hoy (4). La escuela malikí y la yihad

Fundada en el siglo VIII en Medina por el imán Mālik ibn Anas, la malikita es una de las cuatro grandes escuelas de jurisprudencia del islam suní. Malik argumentaba que el comportamiento, costumbres y consensos de los habitantes de Medina (la ciudad donde vivió y gobernó Mahoma) tenían más peso que un Hadiz transmitido de forma aislada por una sola persona. Para él, la vida diaria de Medina era una “transmisión viva” ininterrumpida de las enseñanzas del Profeta. Por tanto, en aras del “interés público”, permite a los jueces dictar sentencias basadas en lo que sea más beneficioso para el bienestar general de la sociedad, siempre y cuando no contradiga explícitamente al Corán. En segundo lugar, prohíbe acciones legítimas si existe la posibilidad de que puedan conducir a una vulneración de los principios coránicos.

Esta corriente está presente de manera mayoritaria en el norte, oeste y centro de África. Es el marco jurídico oficial y cultural de países como Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Mauritania, Senegal, Gambia, Chad, Níger y Sudán.

En los manuales de jurisprudencia malikí clásica (como el Muwatta o la Risala de Ibn Abi Zayd), la Yihad se define bajo criterios estrictamente jurídicos y estatales. Es un “deber comunitario” (Fard Kifaya) y no solo una obligación individual de cada musulmán. Solo se convierte en un deber individual obligatorio (Fard Ayn) en caso de una invasión extranjera directa al territorio propio. Y este es el problema: la escuela islámica que rige en Marruecos puede interpretar la existencia de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla como una “invasión extranjera” (aun cuando fueran fundadas antes de la formación del reino de Marruecos) y, por tanto, si la máxima autoridad religiosa marroquí, esto es el rey de Marruecos, proclamara una lucha de “liberación nacional” en Ceuta y Melilla, para su “retorno” a Marruecos, el llamamiento debería ser respondido por cada marroquí, residente en su territorio o en cualquier país extranjero que lo hubiera admitido como inmigrante, incluso a los que se les ha concedido la nacionalidad…

Esta posibilidad se refuerza por el hecho de que, para esta escuela, la declaración de una acción militar legítima corresponde, única y exclusivamente, a la autoridad política gobernante legítima (el Sultán, Emir o Califa… o el “Rey”). Ningún individuo, clérigo, grupo o facción armada tiene el derecho legal de declarar la Yihad por su cuenta. Cualquier violencia ejercida al margen del Estado es catalogada en el derecho malikí como bandidaje o rebelión ilegal (Hirabah).

La “buena noticia” es que la escuela Malikí dicta unas cuantas reglas para la “protección” de los no combatientes en tiempos de guerra, basadas en los decretos del primer califa, Abu Bakr: prohibición de dañar a mujeres, niños, ancianos, enfermos crónicos, ciegos o personas discapacitadas, aun si pertenecen al bando enemigo; inmunidad al clero ajeno, e incluso protección al medio ambiente: nada de “tierra quemada”, nada de talar frutales, quemar cosechas, sacrificar ganado (salvo para alimentarse) o destruir infraestructuras civiles y pozos de agua, finalmente, se prohíbe mutilar los cuerpos de los enemigos caídos… No parece, por cierto, que ninguna de estas prohibiciones se aplicaran en las dos guerras más recientes que han sacudido al Magreb que han tenido mucho que ver con la religión islámica y en donde la escuela malikí dicta las normas: ni la guerra de Argelia (1992 a 2002) pródiga en brutalidades inimaginables por parte de los dos bandos, ni en la guerra de Libia (2011–2020), en donde el linchamiento de Muamar el Gadafi, filmado por uno de los presentes, sugiere que no se respetó ninguna de estas medidas “protectoras”[1]. Más bien, lo que estuvo presente fue el primitivismo, los instintos más bajos y desatados, cristalizados en comportamientos sádicos y brutales.

Dicho y recordado lo cual, ¿podéis pensar en lo que supondría la “co–soberanía” de Ceuta y Melilla entre Marruecos y España, que, en el momento de escribir estas líneas, sería la salida más cómoda y querida por Pedro Sánchez? Los malikís sostienen que no se puede atacar por sorpresa a un pueblo sin antes ofrecerle tres opciones secuenciales: la conversión al Islam, la sumisión política son conversión (resuelto con el pago de un “impuesto de protección”), y, si rechazan las dos opciones, la yihad. Sin embargo, la invasión de 100.000 jóvenes marroquíes el 30 de julio de 2026, sugiere que, esta escuela coránica ya no dicta las normas en Marruecos, sino que la práctica política marroquí, es la propia, como mínimo, de “un socio muy poco fiable y nada leal”.



[1]- El examen de los videos grabados por los propios milicianos que combatían al gobierno libio, detallan la extrema crueldad de los últimos momentos de Gadafi. Localizado en el interior de una tubería de desagüe en Sirte, herido en las piernas y en la espalda por el bombardeo previo de la OTAN, la muchedumbre de rebeldes comenzó a golpearlo y arrastrarlo por el suelo. Diversos análisis minuciosos de las grabaciones de video confirmaron que Gadafi fue sodomizado con una bayoneta o un objeto punzante por parte de uno de sus captores mientras era linchado por la multitud. Aunque el gobierno de transición libio afirmó en su momento que el dictador falleció debido al “fuego cruzado”, los reportes médicos y de autopsia determinaron que recibió disparos directos a quemarropa en el estómago y en la sien. Su cuerpo fue trasladado a la ciudad de Misrata y expuesto públicamente semidesnudo dentro de una cámara frigorífica de un centro comercial durante varios días. Cientos de ciudadanos libios hicieron filas para fotografiar el cadáver ensangrentado y con evidentes signos de tortura antes de que fuera enterrado en una localización secreta en el desierto. (“La autopsia ‘confirma’ que Gadafi ‘murió por fuego cruzado camino del hospital’”, AFP, publicado en El Mundo, 23 de octubre de 2011). 

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/


 

 






El Islam marroquí a fecha de hoy (3). ¿Islam pacifista o islam yihadista?

Ahora bien, sí, para un musulmán, las enfermedades del monarca marroquí son la evidencia de que ha sido abandonado por Alá, por sus muchas vulneraciones de la ley coránica, el hecho de que el monarca marroquí no haya sido derrocado por una revuelta yihadista, acaso ¿no sería el indicativo de que el fundamentalismo islámico es muy minoritario en Marruecos? Esta pregunta merece una respuesta algo detenida.

En efecto, la mayoría del islam marroquí no puede considerarse radical, ahora bien, en el mundo islámico existe una increíble tendencia a deslizarse inopinadamente y en poco tiempo, de posturas moderadas a posturas extremistas. Esta duplicidad es inherente a cualquier forma de Islam. Recordemos que unos años de la revolución islámica de Jomeini, Irán era, seguramente, un país occidentalizado, como lo era el Egipto de Nasser o los países en donde el partido Baas tenía presencia en Oriente Medio (Siria, Irak y Líbano); bastaron una serie de reformas e imprevistos (el terremoto de 1978 que causó 15.000 víctimas mortales, la desigualdad extrema que se percibió a partir de los fastos por el 2.500 aniversario del Imperio Persa en 1976, considerada como la fiesta más costosa de la historia, el enriquecimiento de la élite y la inflación que golpeó en los años 70 a las clase media y baja, el programa de modernización agraria que arruinó a los pequeños propietarios y el descontento de los pequeños comerciantes –el “bazar”– que perdieron terreno ante las grandes corporaciones occidentales, etc.) para que el fundamentalismo islámico despertara y se convirtiera en un fenómeno de masas. En Marruecos puede ocurrir algo parecido y casi por los mismos elementos. También en Irán, el imán Jomeini aludió en múltiples ocasiones al derecho a la revuelta contra un gobernante que trabajaba contra Alá.

El cómo se produjo un corrimiento del grueso de la población en apenas cinco años, desde posiciones musulmanas moderadas y occidentalizadas, hacia posiciones fundamentalistas, es algo que está dentro de la misma doctrina islámica. Basta leer el Corán, los hadiths (dichos del profeta), la Sira (biografías de Mahoma), la Sunna (el “camino”), el Fiqh (la jurisprudencia desarrollada por los eruditos, de las que existen distintas escuelas, una de las cuales, la malikita, es propia de Marruecos)… todos estos textos y tradiciones ocupan miles y miles de páginas, a las que hay que unir otros “textos sagrados” anteriores, entregados por Alá a varios profetas: la Toráh, recibida por Moisés (o Musa), los Salmos, entregados al rey Davi (o Dawud) y el Evangelio, entregado al “profeta Jesús” (Isa). Obviamente, en todo este material, a poco que se busque, puede encontrarse una afirmación y su contraria.

Esto hace que el Corán contenga numerosos versículos en los que se promueve la paz, el perdón, la santidad de la vida humana y la resolución pacífica de cualquier conflicto[1]. Pero, junto a ellas, aparecen afirmaciones que sostienen justo lo contrario y que, por lo demás, son de una violencia extrema en las que se ordena, indubitablemente y con todas las letras, el combate armado, la guerra y el uso de la fuerza; estos versículos que suelen denominarse “de la espada”[2].

Los juristas medievales y los fundamentalistas de nuestros días, no albergan la menor duda de que los versículos “pacifistas” fueron abrogados y anulados por los versículos que figuran con posterioridad, los de la etapa de Medina, los versículos bélicos, siendo anteriores los versículos “pacifistas” que corresponden a la etapa de La Meca. Así pues, ¿con qué islam nos quedamos? ¿con el “pacifista” o con el “ultrabelicista”? A fin de cuentas, solamente unas páginas separan a unos de otros dentro del mismo libro…

Cualquier imán, en su prédica, puede partir de bases “pacifistas”, para concluir llamando a la “yihad” por un simple desengaño personal, el replanteamiento de su fe o un sutil cambio de posición, de la misma forma que la comunidad musulmana, puede variar sus preferencias de unos versículos a otros, por circunstancias sociológicas, políticas o económicas.

Da igual la ruta elegida: para los eruditos islámicos, tanto si se sigue la vía “pacífica” (siguiendo los preceptos ordenados por Mahoma y enseñados en las mezquitas “moderadas”), como la vía de la “yihad” (la muerte en la “guerra santa”), el fin que espera al musulmán en la “otra vida” es el mismo: un paraíso sensualista repleto de jardines inmensos por los que fluyen ríos de agua pura, leche de sabor inalterable, vino que no embriaga, y miel purificada (Corán 47:15); la climatología no debe de preocuparle, pues vivirá en una primavera perpetua, en donde “los bienaventurados visten ropas de fina seda y brocado verde, y usan brazaletes de oro y plata” (Corán 18:31), con palacios y mansiones elevados con divanes cómodos donde descansar eternamente, donde no existe sufrimiento ni dolor, vejez, ni muerte y donde, por supuesto, no faltan huríes para aportar las satisfacciones personales más deseables y lujuriosas…

Pues bien, este “paraíso” casi infantil se promete a todos los que se benefician de la “misericordia divina”, tanto a los que mueren en la “yihad”, como a los justos que lo hacen en su cama. ¿Cómo elegir entre una y otra vía? Todo dependerá de los versículos del Corán que se tengan en cuenta y de las circunstancias personales: es muy posible que un joven, arrojado a la miseria, sin perspectivas personales, profesionales, ni esperanza en su promoción social, ya sea en los arrabales de Tánger o entre las destrucciones de Gaza, opte por la rapidez y quiera sacrificarse en la “guerra santa”, para disfrutar de los goces sensuales prometidos. Obviamente, un príncipe saudí o un magnate de Dubai tendrán mucha menos prisa por disfrutar de mieles de las que ya están disfrutando en este mundo.

Basta que aparezca un imán fundamentalista para que recalque los fragmentos problemáticos, o bien basta que el fiel “moderado” lea el Corán para que se convierta en un yihadista radical, si quiere gozar de todas las ventajas y dones que Alá entrega a quienes participan en la yihad. Nadie está exento de la obligación de practicar la yihad, tal como atestigua este fragmento: “38. ¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: «¡Id a la guerra por la causa de Dios!», permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco...? 39. Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo. Hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Dios es omnipotente. 41. ¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil! ¡Luchad por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas! Es mejor para vosotros. Si supierais... 42. Si se hubiera tratado de una ventaja inmediata o de un viaje corto, te habrían seguido, pero el objetivo les ha parecido distante. Jurarán por Dios: ‘Si hubiéramos podido, os habríamos acompañado a la guerra’. Se pierden a sí mismos. Dios sabe que mienten”.  (Sura 9). El islamista que no acude a la llamada de la yihad, simplemente, “se pierde a sí mismo”…

Más adelante, por si esto no hubiera quedado claro, el Corán insiste en el mismo orden de ideas: «81. Los dejados atrás se alegraron de poder quedarse en casa en contra del Enviado de Dios. Les repugnaba luchar por Dios con su hacienda y sus personas y decían: “No vayáis a la guerra con este calor”. Di: “El fuego de la gehena es aún más caliente”. Si entendieran... 82. ¡Que rían, pues, un poco! Ya llorarán, y mucho, como retribución de lo que han cometido». (Sura 9). No practicar la yihad, pues, implica conocer el “fuego de la gehena” (el infierno). El yihadista recibirá de Alá un mayor reconocimiento y, sobre todo, más “premios”: “95. Los creyentes que se quedan en casa, sin estar impedidos, no son iguales que los que combaten por Dios con su hacienda y sus personas. Dios ha puesto a los que combaten con su hacienda y sus personas un grado por encima de los que se quedan en casa. A todos, sin embargo, ha prometido Dios lo mejor, pero Dios ha distinguido a los combatientes, por encima de quienes se quedan en casa, con una magnífica recompensa” (Sura 4).

Este otro fragmento, de brutalidad manifiesta, se sentencia que la muerte es la única “retribución” de los infieles: “190. Combatid por Dios contra quienes combatan contra vosotros. 191. Matadles donde deis con ellos, y expulsadles de donde os hayan expulsado. Tentar es más grave que matar. No combatáis contra ellos junto a la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. Así que, si combaten contra vosotros, matadles: ésa es la retribución de los infieles». (Sura 2).

Todo sea, en cualquier caso, por el botín: «94. Dios ofrece abundantes ocasiones de obtener botín» (Sura 4). En realidad, toda la Sura 8 está dedicada a este tema y se titula, precisamente: El Botín (Al–Anfal), cuyo primer versículo es explícito: “1. Te preguntan por el botín. Di: ‘El botín pertenece a Dios y al Enviado’”. Y, cómo no, las mujeres infieles son consideradas en tanto que “botín”: “50. ¡Profeta! Hemos declarado lícitas para ti a tus esposas, a las que has dado dote, a las esclavas que Dios te ha dado como botín de guerra” (Sura 33).

No creemos que valga la pena insistir mucho más. Resulta evidente que, el espíritu y la letra de estos fragmentos, hablan por sí mismos y demuestran que no se está aludiendo a símbolos morales: se está hablando de guerra pura y simple, de botines y de formas de matar, se alude explícitamente a que el yihadismo es la forma más elevada de práctica el islamismo, por encima de cualquier otra.

Es evidente que todos los textos sagrados, escritos en épocas muy distantes a la nuestra, para sociedades primitivas, cometen los mismos excesos. Encontraríamos, así mismo, frases similares en el Antiguo Testamento, sin embargo, hay que reconocer que, en la actualidad, solamente hay una religión, sólo una, que considera estos versículos como preceptos y algunos de cuyos fieles, incluso, están dispuestos a ponerlos en práctica. Y lo que es peor: algunos de sus miembros se han deslizado hacia el fundamentalismo y de ahí al yihadismo ¡y los está poniendo en práctica!

Nada puede garantizar –absolutamente nada, salvo el evitar la predicación, la práctica y la presencia del islam en los países occidentales– que un musulmán “moderado” pase a ser “radical” por algún cambio en su vida (se sabe, por ejemplo, que las cárceles están consideradas como “aceleradores de la radicalización”: se entra como delincuente común y el imán de turno, otro preso común o el facilitado por la administración penitenciaria, convence de que solamente el yihadismo es la vía con la que Alá le concederá los dones deseados y olvidará tus faltas anteriores. El primitivismo, las supersticiones y las ambiciones ingenuas hacen todo lo demás…



[1]. Está presente un deseo de paz. Si el enemigo busca una tregua, se ordena aceptarla: “Y si se inclinan hacia la paz, inclínate tú también hacia ella y confía en Dios...” (Corán 8:61). Hay algo parecido a la idea cristiana de devolver bien por mal: “...y cuando los ignorantes los insultan, responden con palabras de paz”. (Corán 25:63). Se prohíben las agresiones injustificadas: “Combatid por la causa de Dios a quienes os combaten, pero no iniciéis las hostilidades, porque Dios no ama a los agresores”. (Corán 2:190). Se condena al asesinato: “...quien mata a una persona (...) es como si matase a toda la humanidad, y quien salva una vida es como si salvase a toda la humanidad”. (Corán 5:32). Se prohíben las conversiones forzadas al Islam: “No hay coacción en la religión...” (Corán 2:256)

[2]. Se establece la lucha armada como una obligación comunitaria: “Se os ha prescrito combatir, aunque os sea odioso...” (Corán 2:216). Esta lucha debe ser especialmente radical contra los idólatras: “...matad a los idólatras dondequiera que los encontréis, capturadlos, sitiadlos y tendedles emboscadas en todo lugar...” (Corán 9:5). Incluso se dan instrucciones tácticas para el combate: “Cuando os enfrentéis a los que se niegan a creer, golpeadlos en el cuello...” (Corán 47:4). De estas prescripciones no se salvan ni siquiera comunidades “próximas” al islam como el judaísmo y el cristianismo: “Combatid contra quienes (...) no siguen la religión de la verdad, de entre aquellos que recibieron la Escritura, hasta que paguen la jizya [impuesto] con sumisión...” (Corán 9:29) y podríamos seguir. El término “guerra” aparece en el Corán en 15 ocasiones y no como una palabra más, ni como una alegoría, sino como algo que se recomienda para ser recompensado por Alá. Hacer la guerra en nombre de Alá, aproxima al “paraíso”. Ser “infiel” implica, por el contrario, a hacerse acreedor de cualquier castigo: la guerra, el primero de todos. Véase por ejemplo lo que dice el Corán: “Retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra”. Quedan exceptuados “quienes se arrepientan antes de caer en vuestras manos”. (Sura 5). O bien este otro fragmento que va en la misma dirección: “55. Los seres peores, para Dios, son los que, habiendo sido infieles en el pasado, se obstinan en su incredulidad. 57. Si, pues, das con ellos en la guerra, que sirva de escarmiento a los que les siguen. Quizás, así, se dejen amonestar. 59. ¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán! 60. ¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Dios y vuestro y a otros fuera de ellos, que no conocéis pero que Dios conoce!” (Sura 8).

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/


 

 






El Islam marroquí a fecha de hoy (2) La sociedad marroquí y el peso del islam

En todo el mundo islámico es muy difícil conocer el verdadero estado de opinión de las poblaciones y su grado de apoyo al yihadismo. No existen encuestas oficiales debido a la “carga ideológica” del término e, incluso, en algunos países (Marruecos, sin ir más lejos) una encuesta de este tipo chocaría con trabas legales. Sin embargo, cruzando los macroestudios de institutos de opinión como el Arab Barometer[1] y el Pew Research Center[2], es posible establecer una división de la sociedad marroquí en tres grandes bloques en relación a sus actitudes religiosas.

Junto al yihadismo minoritario y más problemático, se encuentra un sector mayoritario de la sociedad marroquí, que los dos institutos antes mencionados evalúan en un 45% de la población, y que constituiría el sector de islamistas moderados que, en principio, no apoyarían actos de violencia terrorista, pero sí asumen la necesidad de que el país sea gobernado por la ley coránica y los códigos tradicionales. En un estudio del Pew Research Center se llega a afirmar que el 83% del país está de acuerdo en que la sharia sea la ley oficial, si bien, ese mismo estudio subraya que el 60% declara que también debe de estar alejado de interpretaciones radicales o talibánicas.

Finalmente, existiría un último bloque, muy similar en dimensiones al anterior (que supondría   un 50% de la población) que se consideras musulmanes devotos, pero que rechazan que los líderes religiosos dicten las decisiones del Gobierno. Esta opinión sería mayoritaria en entornos urbanos y en la incipiente –pero todavía débil– clase media marroquí. Se trataría de sectores monárquicos a los que les gustaría que el poder político y el poder religioso estuvieran separados.

En tercer bloque, aparentemente minoritario, de carácter fundamentalista, esto es, el sector más rigorista desde el punto de vista religioso y que se estima entre un 3 y un 7% de la población. Este sería el sector más extremista, radical e intransigente. Situado, en la práctica, fuera de la ley, estaría, más o menos, perseguido, penetrado e, incluso, manipulado por los servicios de inteligencia y seguridad marroquíes. Incluye a las células salafistas y a los simpatizantes del radicalismo yihadista. Rechaza el turismo, el más mínimo rasgo de occidentalización del régimen le parece altamente reprobable, considera “haram” (prohibido por la ley coránica) espectáculos occidentales, como el fútbol, e incluso abomina de la televisión. Este sector es el que atribuye las enfermedades de Mohamed VI a un “castigo de Alá por su impiedad” y que le resta cualquier legitimidad política o religiosa.

Sus bastiones están situados en el norte del país y en los cinturones de pobreza que rodean a las grandes ciudades. Las zonas con mayor arraigo o antecedentes de radicalización son, pues, la región del norte marroquí, históricamente uno de los focos principales de las corrientes salafistas más conservadoras; los arrabales de Tánger y Tetuan son las zonas en donde se han registrado en los últimos años más detenciones de yihadistas y en donde parecen haberse captado más jóvenes para las redes fundamentalistas. En estas zonas existe un sentimiento de abandono y marginación (no olvidemos que se trata de zonas y ciudades que formaron parte del Protectorado Español de Marruecos) con cifras de desempleo masivas y que, además, son las zonas más próximas a Europa. Es ahí en donde han arraigado doctrinas yihadistas importadas por sectores wahabitas y han encontrado un caldo de cultivo favorable.

En otras zonas como los barrios marginales de Casablanca, barrios de chabolismo como Sidi Moumen han sido focos de difusión de planteamientos fundamentalistas. De este barrio procedían los jóvenes radicalizados que cometieron los trágicos atentados de Casablanca en 2003. Fez y Salé son otros focos donde ha logrado arraigar el fundamentalismo más rigorista. Fez, a pesar de ser el corazón espiritual del islam tradicional, experimentó en sus barrios periféricos un crecimiento demográfico espectacular en donde ha calado hondo el fundamentalismo, mientras que en Salé, barrio de Rabat, separado del centro por el río Bu Regreg, las bolsas de pobreza y la densidad demográfica, han facilitado el establecimiento de células salafistas clandestinas en sus distritos más humildes.

En general, toda la religión del Rif, especialmente en las zonas montañosas, siempre ha existido un espíritu de revuelta tradicional, al estar poblada por bereberes (amazigh, literalmente “hombres libres”) cuya presencia en la región es anterior a la llegada de los árabes. En principio, se trató de una revuelta política y étnica, pero el abandono de que es objeto la región ha sido suplido por organizaciones de beneficencia vinculadas a redes fundamentalistas.

Así pues, las líneas de fractura que facilitan el desarrollo del fundamentalismo islámico en Marruecos son dos: de un lado, las situaciones de vulnerabilidad social generadas por el crecimiento demográfico que se dio desde el momento mismo de la independencia hasta la pandemia (en un contexto en el que la población crecía a mucha más velocidad que los puestos de trabajo y la única vía de promoción social era la inmigración), y de otro la permeabilidad de la etnia bereber a la penetración fundamentalista (al no existir una “doctrina del nacionalismo amazigh”, ese vacío lo ha suplido el fundamentalismo islámico asistencial de organizaciones como Justicia y Espiritualidad).

Hemos buscado otras encuestas o estudios sobre la población marroquí. Lamentablemente, no existen. Y los pocos datos que aparecen de tanto en tanto en medios de comunicación (y son recordados por las “inteligencias artificiales” a disposición del investigador) no resultan en absoluto fiables, pudiendo tratarse de mera intoxicación informativa destinada a presentar a Marruecos como “un socio fiable” para la Unión Europea[3].




[1]. El Arab Barometer es una red de investigación apartidista que realiza encuestas de opinión pública en Oriente Medio y el Norte de África. Fundado en 2006, mide las opiniones de los ciudadanos sobre política, economía, religión y sociedad, siendo el mayor repositorio de datos públicos de la región. Es una organización privada vinculada a las Universidades de Princeton y de Michigan.

[2]. El Pew Research Center es un think tank con sede en Washington, cuya labor principal es informar al público sobre las problemáticas, actitudes y tendencias presentes en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Tiene la regla estricta de no adoptar posturas políticas ni recomendar legislación. Su principal sustento financiero proviene de The Pew Charitable Trusts, una organización benéfica independiente de Filadelfia. Sus objetivos son la medición de forma continua de las actitudes sociales y políticas de los ciudadanos, analizar cambios poblacionales, corrientes migratorias, dinámicas familiares y evaluar la percepción internacional sobre economía, tecnología y religión.

[3]. En otros, un estudio del Arababarometer (https://www.arabbarometer.org) sostiene que el porcentaje de marroquíes que cree que las autoridades religiosas deben influir en el Gobierno civil “ha caído drásticamente en las últimas dos décadas, situándose en torno al 21%”, cifra imposible de encajar con otras dadas por la misma institución y que hemos traído a colación en anteriores párrafos.

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/


 

 






El Islam marroquí a fecha de hoy (1) Un rey abandonado por su dios

Las enfermedades del monarca han reavivado las críticas procedentes de los fundamentalistas islámicos que ven en su racimo de enfermedades es un “castigo divino” y aprovechan para insistir en su rechazo al estilo de vida occidentalizado, tanto de Mohamed VI, como de su heredero Muley Hasan. En otro país, esto no dejaría de ser la opinión de una fracción minoritaria de la sociedad, pero en Marruecos, el sultán es también Amir al–Mu’minin (Príncipe de los Crecientes), la máxima autoridad religiosa. La teoría fundamentalista del “castigo divino”, implica, necesariamente, la pérdida de legitimidad. Además de su presunta “occidentalización”, no faltan argumentos de mayor calado: las alianzas geopolíticas de Mohamed VI con Occidente, los acuerdos diplomáticos con Israel y la proliferación del turismo internacional, la corrupción, el juego y el alcohol, demuestran que el monarca ha “traicionado” sus deberes como guardián de la fe islámica.

El panorama se vuelve mucho más sombrío cuando los fundamentalistas aluden al heredero del trono, Muley Hasán. En su tarea de preparación de la sucesión, y con el fin de atraer a la juventud marroquí hacia la figura del futuro sultán, el Majzén ha destacado sus aficiones al fútbol, su conocimiento de las redes sociales, y su preparación en relaciones internacionales. En otras ocasiones se optado por destacar que es un gran aficionado a la aviación (pero se ignora si ha seguido algún curso de vuelo) y al cine (pero, igualmente, no se ha informado de que tipo de cine tiende a ver, ni cuáles son sus directores favoritos). Se conocen mucho mejor las aficiones de su hermana, Lalla Khadija de la que se sabe que es melómana y toca el piano y la guitarra. Para los fundamentalistas, todo esto supone un riesgo de secularización y disolución de las estructuras propias de la tradición islámica. El reiterado rechazo del besamanos o muestra de vasallaje del que ha hecho gala en actos oficiales, les confirma en esa opinión. A Muley Hasán le gusta todo lo que es “haram” (prohibido, en el islam)…

Obviamente, todos esos gestos y la difusión de sus aficiones, como todo lo que se refiere a la figura del heredero, no se ha filtrado “espontáneamente” a los medios de comunicación, sino que ha sido seleccionado y querido por el Majzén. La voluntad oficial es que la figura del futuro rey parezca como “próxima a la juventud” (dos terceras partes de la población marroquí tienen menos de 35 años). En esa juventud los servicios de inteligencia ven el verdadero peligro y no tanto en el fundamentalismo islámico.

La crisis social que vive Marruecos (y que, en el fondo, es uno de los factores que impulsan a los jóvenes a la emigración) puede desembocar en cualquier momento en un aumento de la influencia del fundamentalismo islámico, algo muy frecuente en el ámbito musulmán: y es que, cuando las cosas van mal, eso indica que Alá castiga al sultán[1] a través de su pueblo. Abandonado por Alá, el que debía ser “defensor de los creyentes”, aparece como alguien que ha traicionado a su dios. Y ahí están los versículos del Corán y de la Sunnah para demostrarlo.

El Corán establece la obligación general de obedecer a las autoridades en la Surah An–Nisa (4:59): “¡Oh, creyentes! Obedeced a Alá, obedeced al Mensajero y a aquellos de vosotros que tengan autoridad”. Pero Mahoma estableció también que esta obediencia no puede ser, en ningún caso, un cheque en blanco si el gobierno viola la ley divina “El musulmán debe escuchar y obedecer [a su gobernante] tanto en lo que le agrada como en lo que le desagrada, a menos que se le ordene cometer un pecado. Si se le ordena un pecado, no hay obligación de escuchar ni de obedecer” (Sahih al–Bukhari 7144). Esto se traduce en la máxima jurídica islámica: “No hay obediencia a ninguna criatura si ello implica desobedecer al Creador”. Si un Estado prohíbe rezar, impone el crimen o él mismo protagoniza crímenes, injusticias y actos condenables por la ley coránica, el fiel tiene la obligación de desobedecer esa orden específica. En esos casos, las escrituras exigen una postura activa de denuncia contra los abusos del poder.

Para Alá, la “valentía política” era una de las mayores virtudes espirituales y no faltan sentencias de eruditos musulmanes que lo reafirmaron posteriormente: “La mejor Yihad (esfuerzo/lucha) es decir una palabra de verdad ante un gobernante tiránico” (Sunan Abi Dawud). El Corán reprueba a las sociedades que callan ante la opresión. En un hadiz narrado por Abu Bakr, el Profeta dice: “Cuando la gente ve a un opresor y no le impiden [hacer el mal], es muy probable que Alá los castigue a todos por igual”. 

Si tal es la doctrina islámica ante un gobierno injusto y ante un gobernante abandonado por Alá, ¿cómo es que no se han producido sublevaciones y disturbios durante el reinado de Mohamed VI? Respuesta: si se han producido y no pocos: el más reciente, el estallido de la llamada “Generación Z” en 2025 bajo la consigna de “Hospitales y escuelas, no estadios” [2]. Las protestas estallaron tras una grave negligencia médica que costó la vida a ocho parturientas[3]. El balance final de los incidentes fue de tres muertos, centenares de heridos y miles de detenidos. La anterior revuelta había tenido lugar en 2016 y se extendió hasta 2017, a raíz de la confiscación arbitraria de la mercancía de un vendedor de pescado que la policía arrojo al camión de la basura. Al intentar recuperar la mercancía, murió triturado[4].

Las protestas que siguieron, protagonizadas por el Hirak (o Movimiento Popular del Rif), se convirtieron en una verdadera revuelta social con reivindicaciones de empleo, educación, sanidad y reivindicaciones regionales. La represión fue brutal y el líder del movimiento, Nasser Zeftafi, resultó condenado a 20 años en prisión de máxima seguridad. En esa misma época, en la ciudad minera de Yerada, se produjo otra sublevación tras la muerte de dos hermanos que cavaban ilegalmente una mina de carbón abandonada para subsistir. La revuelta fue durísimamente reprimida, pero demostró la falta de perspectivas y la pobreza extrema de algunas zonas del país.

Antes aún, cuando estallaron las “primaveras árabes”, Marruecos no se salvó del contagio, generándose manifestaciones masivas que clamaban por el fin de la corrupción, la instauración de libertades democráticas reales y la limitación de los poderes de la monarquía. Mohamed VI introdujo algunas reformas gatopardistas que calmaron momentáneamente a la sociedad[5]. Esta sucesión no exhaustiva de las recientes revueltas sociales explica, por sí misma, porqué el sultán recurre con frecuencia al indulto con intención de rebajar la tensión social y mostrarse “generoso”.

Pero nos equivocaríamos si pensáramos que todas las escuelas islámicas siguen a Mahoma cuando alude al derecho a derrocar gobernantes injustos. La corriente mayoritaria del islam suní tradicional y las facciones salafistas que apoyan a las monarquías del Golfo Pérsico, por el contrario, prohíben cualquier sublevación contra el poder político, y lo hacen utilizando la “lógica absurda”, pero también versículos coránicos y textos sagrados. Estas escuelas sostienen que una guerra civil (fitna) causa más sufrimiento que un mal gobernante. Punto redondo. En uno de estos textos, el Profeta instruye: “Es obligatorio para ti escuchar y obedecer al gobernante en la adversidad y en la prosperidad... incluso si se le da preferencia a otra persona sobre ti de forma injusta”. Item más: a la pregunta de qué hacer si el gobernante no sigue la guía islámica y confisca bienes, el Profeta respondió: “Debes escuchar y obedecer al gobernante, incluso si golpea tu espalda y se apodera de tus riquezas; aun así, escucha y obedece”. Para colmo, esta doctrina conformista y resignada, concluye, con una ortodoxia incuestionable, que, si el gobernante es injusto, el pueblo debe limitarse a rezar por su guía y tener paciencia; el tirano rendirá cuentas directamente ante Dios en el más allá, de acuerdo con la Surah Hud (11:102) sobre el severo castigo divino a los opresores.

Esto explica la pasividad de la mayor parte de musulmanes ante las situaciones de abusos de poder, mala gestión, excesos y situaciones, como la de Marruecos, prácticamente dictatoriales. También aquí es lícito plantearse, si la resignación y espera ante gobiernos corruptos e injustos, no puede cambiar bruscamente y allí donde al gobernante se le permitía cualquier exceso para evitar males mayores, al día siguiente, esos versículos y textos se olvidan y se pasa a recordar los revanchistas, virulentos y vengativos.



[1]. Desde los años en los que Mohamed V ostentaba el poder, Marruecos ha optado por presentar dos caras: una hacia Occidente y otra hacia el Magreb. Algunos de los rasgos de la monarquía marroquí son incomprensibles sin esta consideración. De cara a su propio pueblo y a otros países islámicos, el monarca marroquí sigue siendo “el Sultán”, pero, desde 1957, un año después de la independencia, decidió abandonar formalmente esa denominación para adoptar el título de “Rey” (Malik al–Maghrib) palabra que le pareció más adecuada para transmitir la idea de “modernidad y progreso”, distanciándose de la idea de “absolutismo y feudalismo” que acompañaba en las mentes occidentales a la palabra “sultán”. Pero Mohamed Vi se cuidó de conservar absolutamente todos los atributos que acompañaban al título de “Sultán”, incluido el de “Príncipe de los Creyentes” o máxima autoridad religiosa. El cambio de “sultán” a “rey”, fue solo formal y no implicó absolutamente ninguna otra innovación y así siguió hasta la última reforma constitucional en 2011.

[2]. “La rabia de los jóvenes amenaza la estabilidad del reinado de Mohamed VI”, en El País, 5 de octubre de 2025. Versión on line: https://elpais.com/

[3]. “Las protestas juveniles en Marruecos agudizan la crisis del reinado de Mohamed VI”, Francisco de Andrés, en ABC, 2 de octubre de 2025, https://www.abc.es/

[4]. “Rif, la mayor crisis del reinado de Mohamed VI en Marruecos”, José Colón y Sonia Moreno, en El País, 26 de octubre de 2017, https://www.revista5w.com/

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/


 

 






miércoles, 7 de octubre de 2026

LA ASTROLOGÍA EN LA ÉPOCA DEL NAZISMO (2 DE 2)


EL PANORAMA ASTROLÓGICO ALEMÁN ANTES DEL NAZISMO (1918-1933)

Tras la Primera Guerra Mundial, Alemania vivía una mezcla de inquietud, búsqueda espiritual y necesidad de respuestas. En este clima, la escena astrológica floreció como nunca antes: revistas, pequeños círculos locales, escuelas rivales y una galaxia de personajes más o menos competentes se disputaban la atención de un público ávido de orientación. No existía una «astrología alemana» unificada. Al contrario: cada ciudad tenía su centro, cada grupo su doctrina, cada maestro su propia interpretación. Entre los protagonistas surgieron dos polos principales: por un lado, los que aspiraban a dar a la astrología un carácter científico, ordenado, con estándares claros; por otro, los que preferían un enfoque más popular, teosófico, a menudo impregnado de misticismo y sensacionalismo. En este contexto destacó el Dr. Hubert Korsch, un hombre metódico, decidido a convertir la práctica astrológica en una profesión respetable. Su revista Zenit y su Central Astrological Office (CAO) intentaban establecer normas, exámenes y diplomas: una forma de elevar la disciplina por encima del caos de los improvisados. En el lado opuesto, figuras como Hugo Vollrath, editor y divulgador prolífico, veían la astrología como un campo libre, sin restricciones normativas. A su alrededor gravitaban autores populares, profesores autodidactas, quirománticos, místicos y corrientes esotéricas dispares. Su estilo atraía a los lectores, pero irritaba profundamente a Korsch, que lo consideraba un obstáculo para la credibilidad de la astrología. El resultado fue una tensión creciente: rivalidades editoriales, acusaciones cruzadas, congresos acalorados, maniobras internas en los círculos. La prensa astrológica de la época documenta este periodo como una auténtica «guerra de astrólogos» librada a través de artículos, panfletos, congresos y denuncias personales. En ese escenario minado, los astrólogos alemanes se vieron obligados a operar como en un pequeño universo cerrado, animado por la ambición, el idealismo y la rivalidad. (…)

HUBERT KORSCH Y EL SUEÑO DE UNA ASTROLOGÍA PROFESIONAL

Entre las muchas figuras que animaban la astrología alemana de los años veinte, nadie encarnaba el deseo de «reforma» como el Dr. Hubert Korsch. Donde otros veían un campo esotérico libre, Korsch veía una disciplina que debía regularse, hacerse seria y profesional. Su proyecto tenía una ambición clara: liberar a la astrología del amateurismo y crear un cuerpo de expertos certificados, respetados incluso por las instituciones.

El paso fundamental en esta dirección fue la fundación de la Oficina Central Astrológica (CAO). No se trataba de un simple club, sino de un verdadero organismo regulador: exámenes, diplomas, criterios de admisión, estándares mínimos para poder ejercer. En una época en la que cualquiera podía improvisarse «astrólogo», fue una revolución. La CAO quería distinguir a los profesionales de los charlatanes, a los estudiosos serios de los improvisados. La revista Zenit, dirigida por Korsch, era el brazo intelectual del proyecto. En su tono mesurado, a veces austero, se traslucía una visión clara: la astrología no debía ser un espectáculo, sino una competencia; no un conjunto de historias consoladoras, sino un conocimiento basado en el método, el rigor y la responsabilidad hacia el público. No es de extrañar que esta postura irritara a muchos de los astrólogos más populares, pero menos académicos que se sintieron atacados.

Sin embargo, el problema era doble. Por un lado, Korsch atraía ataques por su intento de «controlar» la profesión: se le acusaba de arrogancia, autoritarismo y elitismo. Por otro lado, el mundo exterior, especialmente el clima político cada vez más tenso, veía con recelo cualquier disciplina que buscara la autonomía. La impresión general era que la astrología debía demostrar no solo competencia, sino también fiabilidad política, un concepto que se volvió crucial después de 1933.

En la práctica, Korsch se encontró luchando en dos frentes: interno, contra las rivalidades de otros astrólogos; externo, contra la desconfianza del Estado y el entorno político cada vez más totalitario. A pesar de todo, la CAO logró construir cierto prestigio. Muchos profesionales obtuvieron el diploma de Korsch, considerado la certificación más seria de la época. Pero el sueño de que la CAO fuera reconocida oficialmente como organismo regulador nacional quedó sin cumplir: las autoridades nunca aceptaron el principio de que un diploma de astrología pudiera garantizar la «fiabilidad política». Y sin este requisito, en un régimen totalitario, no se podía conceder ningún reconocimiento. (…)

VOLLRATH, BECHER Y EL NACIMIENTO DE
LA «GUERRA DE LOS ASTRÓLOGOS»

Si Korsch representaba la vía académica y disciplinada, Hugo Vollrath encarnaba la otra alma de la astrología alemana: la más popular, comercial y abierta a los gustos del gran público. Donde Korsch veía rigor, Vollrath veía mercado; donde el primero perseguía la profesionalización, el segundo privilegiaba la difusión masiva. A esta divergencia de opiniones se sumó pronto una rivalidad personal que se transformó en un conflicto sin precedentes.

Vollrath era editor de la Astrologische Rundschau, una de las revistas de astrología más leídas en Alemania. Estaba asociado al mundo teosófico, circulaba en círculos esotéricos más informales y se dirigía a un público amplio, ávido de predicciones y lecturas populares. Junto a él trabajaba Theobald Becher, una figura astuta y políticamente sensible, capaz de intuir el cambio que se avecinaba con el auge del nazismo. Las primeras fricciones surgieron cuando Korsch, con su CAO, comenzó a proponer una regulación que inevitablemente perjudicaría a los astrólogos profesionales improvisados que formaban parte de la base comercial de Vollrath. La idea de pruebas, diplomas, titulaciones y control de la práctica se percibía como un ataque directo a su forma de trabajar.

Así fue como la rivalidad latente se convirtió en una guerra abierta. La acusación más violenta partió de Becher: insinuó que Korsch, a través de la CAO, vendía horóscopos prefabricados. Era un golpe bajo, porque minaba precisamente la autoridad que Korsch intentaba defender. Korsch reaccionó publicando en su Zenit un dossier que desenmascaraba supuestas irregularidades en el sistema editorial de Vollrath, incluidas afirmaciones discutibles sobre su título académico. Las revistas, de ambos bandos, se convirtieron en escenarios polémicos. Cartas abiertas, acusaciones, contraacusaciones: cada número traía un nuevo capítulo de la disputa, que rápidamente degeneró en un conflicto personal hecho de insinuaciones, rencores, boicots y alianzas cambiantes.

Pero lo más interesante —y más inquietante— es que la guerra de los astrólogos se desarrolló precisamente cuando el nazismo estaba consolidando su poder. En una época en la que toda actividad cultural estaba politizada, Vollrath y Becher comprendieron antes que otros que la astrología no podría sobrevivir sin al menos una aparente adhesión al nuevo orden. Aprovecharon entonces el clima político: hablaron de «astrología nórdica», de «ciencia aria», y buscaron legitimación en los nuevos círculos de poder.

Korsch, más cauteloso y culto, quedó en cambio expuesto, vulnerable en ambos frentes: a los ataques de los astrólogos rivales y a la mirada recelosa de las nuevas autoridades. La disputa, por paradójica que pueda parecer, no se refería solo a divergencias metodológicas: era la lucha por el control de todo el movimiento astrológico alemán, justo cuando Alemania se encaminaba hacia la transformación política más oscura de su historia.

REPRESIÓN, CENSURA Y LA LENTA AGONÍA DEL MOVIMIENTO (1934-1937)

Tras la breve temporada de ataques políticos y golpes de mano, la astrología alemana entró en una fase mucho más sombría. Ya no era tiempo de maniobras internas: el poder real, el de la policía y los ministerios del Reich, comenzó a restringir sistemáticamente la libertad de cualquiera que operara en el campo de lo oculto. Las autoridades no querían astrólogos influyentes ni grupos demasiado autónomos: querían control, silencio, disciplina.

El primer golpe llegó en 1934, cuando el presidente de la policía de Berlín prohibió todas las formas de adivinación profesional. No fue una advertencia, ni una normativa: fue una prohibición. Astrología, quiromancia, grafología, cualquier tipo de consulta predictiva: todo prohibido. En pocos meses, los periódicos de Berlín, y luego los de otras ciudades, recibieron órdenes explícitas de rechazar cualquier anuncio publicitario procedente de astrólogos. La medida afectó sobre todo a los operadores «populares», que vivían de horóscopos prefabricados y lecturas comerciales. Pero el mensaje era claro para todos: el tiempo de la visibilidad había terminado. La prohibición empujó a muchos practicantes a la semiclandestinidad. Los más prudentes trabajaban con cita previa, los más atrevidos continuaban en secreto, esperando no ser denunciados. Mientras tanto, la policía comenzó a confiscar libros, revistas y manuales, a menudo sin motivo alguno: una presión constante que minaba la resistencia de los editores y vaciaba las estanterías de las librerías especializadas.

Precisamente para evitar que la represión fuera total, algunos editores y divulgadores intentaron una maniobra diplomática. En 1934 y 1935, los libreros y editores más afectados por las confiscaciones organizaron reuniones en Berlín, en un intento de negociar directamente con las autoridades. Así nació la idea de un Comité de Mediación, un organismo que pudiera hablar en nombre de todo el movimiento astrológico. Christian Meier-Parm intentó sintetizarlo, pero el proyecto fracasó inmediatamente: las envidias personales, las antiguas rivalidades y la incómoda presencia de Korsch hicieron imposible una representación compartida.

Al final, fue otro sujeto el que encontró un compromiso con el Estado: las asociaciones de libreros y editores, que tenían más peso político y más experiencia en tratar con las oficinas del Reich. El resultado, en 1935, fue la creación de una Oficina de Censura de Literatura Astrológica, a cargo de Karl-Friedrich Schulze. Una figura «inofensiva», políticamente fiable, que actuaba como filtro entre el mundo oculto y las autoridades. No se trataba de una rehabilitación: era un sistema de control. La lenta agonía del movimiento continuó en los años siguientes. Las revistas más importantes comenzaron a cerrar: Astrologische Rundschau dejó de publicarse; Die Astrologie de Becker desapareció en 1937; el almanaque de Elsbeth Ebertin fue suspendido «por razones ajenas a su voluntad».

El punto álgido de este proceso se produjo en 1937, cuando la propia Sociedad Teosófica Alemana, cercana a los círculos astrológicos, fue disuelta por el régimen. La editorial teosófica de Vollrath fue cerrada. Sus sedes, incluso los pianos y el mobiliario, fueron requisados o reasignados a las Juventudes Hitlerianas. Estaba claro que la astrología ya no era un terreno de libertad, sino un campo minado. Los astrólogos que sobrevivieron se dividieron entre la prudencia, el silencio y la obediencia forzada. El movimiento que en los años veinte llenaba salas y publicaba decenas de revistas se había reducido a un susurro.

La siguiente fase, la de la guerra y el ocultismo «subterráneo», sería aún más compleja, estrechamente entrelazada con el destino de un hombre: Karl Ernst Krafft, astrólogo suizo, estudioso serio y destinado, a su pesar, a convertirse en el nombre más controvertido de la astrología en el Reich.

KARL ERNST KRAFFT: EL VIDENTE ANÓMALO DEL TERCER REICH

En el panorama astrológico alemán de los años treinta, un nombre emergió con un aura diferente a los demás: Karl Ernst Krafft. Suizo, culto, metódico, alejado de las ruidosas rivalidades de los grupos alemanes, Krafft no buscaba la notoriedad mediante polémicas o publicaciones agresivas. Era un estudioso riguroso, apasionado por la estadística, convencido de que la astrología podía encontrar una base científica. Sin embargo, el destino lo llevaría al centro del capítulo más oscuro de la historia europea.

Después de 1934, cuando el clima cultural alemán se había vuelto sombrío y sospechoso, Krafft se trasladó al sur de Alemania. Allí cultivó un interés creciente por el horóscopo de Hitler, un tema que, a pesar de las prohibiciones de publicación, circulaba intensamente en privado entre astrólogos, ocultistas y curiosos. Según algunos testimonios, Krafft lo estudió con una atención casi obsesiva: para él, la carta natal del Führer era una clave para comprender el destino de Alemania. No era solo un impulso esotérico. Krafft creía sinceramente que su competencia podía ser útil para el Estado. En una época en la que todo conocimiento era potencialmente explotable, se ilusionó con que el Tercer Reich pudiera estar interesado en su investigación. Convencido de que era posible que le encargaran una misión, permaneció durante años en una posición ambigua: no era un simpatizante político, sino un técnico que esperaba poner su talento al servicio del poder.

Mientras muchos astrólogos se sentían intimidados o se veían obligados a guardar silencio, Krafft, protegido por el hecho de no ser alemán y quizás por su perfil científico, siguió trabajando. Su nombre comenzó a circular en los círculos más reservados. Algunos lo consideraban el astrólogo ideal para el régimen: competente, sobrio, digno de confianza. Otros lo veían simplemente como un intelectual ingenuo, incapaz de comprender la naturaleza del poder al que cortejaba.

Con el estallido de la guerra, esta tensión cada vez más silenciosa comenzó a tomar una forma más concreta. El interés por las predicciones —aunque prohibido para el público— fue cultivado por muchos individuos aislados dentro del Reich, a menudo entre los oficiales más supersticiosos. Nadie lo admitía oficialmente, pero la astrología clandestina nunca había sido tan estudiada. En este clima, Krafft comenzó a creer que su momento estaba cerca. Su preparación metódica, su rigor matemático y su convicción de que realmente podía contribuir al «destino del Reich» lo impulsaron a continuar su trabajo, esperando lo que consideraba un encargo inevitable: convertirse, de hecho, en el asesor astrológico del Führer.

La historia demostraría que esa esperanza lo llevaría lejos, demasiado lejos, hasta convertirse en una figura clave en la leyenda negra de la astrología bajo el nazismo.

EL FINAL DEL MOVIMIENTO ASTROLÓGICO EN EL TERCER REICH: 1941

El verano de 1941 marcó la disolución definitiva de la astrología alemana organizada. Lo que había comenzado como un lento proceso de marginación se convirtió de repente en una represión total. Ninguna sociedad astrológica sobrevivió, ninguna revista siguió publicándose, ninguna actividad profesional siguió siendo legal. La astrología se consideraba ahora, oficialmente, una amenaza para la seguridad del Reich. Irónicamente, el punto de inflexión no fue un acto astrológico, sino el vuelo en solitario de Rudolf Hess a Escocia en mayo de 1941.

Hess, obsesionado con los presagios y los consejos esotéricos, fue rápidamente tachado por el régimen de inestable, y su huida desencadenó una violenta reacción represiva. La conexión entre Hess y el mundo de lo oculto fue inmediatamente explotada para identificar a un nuevo «culpable»: todo lo que tuviera que ver con la astrología, la profecía, el simbolismo y la clarividencia.

El régimen, incapaz de explicar lo sucedido, necesitaba un chivo expiatorio. Y la elección recayó precisamente en un sector ya sospechoso, ya semiclandestino y dominado por figuras percibidas, con razón o sin ella, como políticamente poco fiables. En pocas semanas, toda la infraestructura astrológica fue desmantelada: revistas cerradas, libros incautados, archivos confiscados, círculos disueltos, astrólogos arrestados o puestos bajo vigilancia, publicaciones prohibidas por decreto.

El golpe fue rápido y definitivo. El hecho de que la astrología ya hubiera sido silenciada en los años anteriores facilitó la operación: ya no había un frente que derribar, solo residuos aislados que extinguir uno por uno. Incluso Korsch, el más respetado entre los astrólogos serios, fue arrestado. Estaba claro que ya no importaba la competencia ni la alineación ideológica: solo importaba eliminar un sector percibido como impredecible, incontrolable, «irracional». Los pocos astrólogos que aún estaban en activo desaparecieron sin dejar rastro, obligados a interrumpir toda actividad o a refugiarse en nuevas profesiones. La Astrologische Rundschau ya había dejado de existir; Mensch im All y Sterne und Mensch corrieron la misma suerte en 1941. Los grandes nombres de los años veinte y treinta —Ebertin, Vollrath, Becker, Glahn— se retiraron o fueron silenciados. Todo el movimiento, que en su día había llenado congresos internacionales, se había disuelto como si nunca hubiera existido.

¿Y Krafft? Su nombre se entrelazó directamente con las paranoias políticas post-Hess. Se vio envuelto en una red de sospechas e interrogatorios, y su destino personal se convertiría en el símbolo del fin de una época. En los meses siguientes, los acontecimientos lo llevarían a su trágico final, una historia que merecería un capítulo aparte.

En el verano de 1941, la historia de la astrología en el Tercer Reich llegó a su fin definitivo. No fue un declive lento, sino una destrucción programada, en la que el régimen aniquiló no solo una disciplina, sino todo un ecosistema cultural: editoriales, escuelas, revistas, asociaciones y vidas profesionales. La «gran época» de la astrología alemana —explosiva, creativa, fragmentada y caótica—, nacida durante la República de Weimar y que sobrevivió a duras penas a los primeros años del nazismo, terminó así, en pocas semanas (…). A partir de ese momento, ningún astrólogo alemán se atrevió a hablar abiertamente hasta el final de la guerra. El silencio, más que cualquier polémica o enfrentamiento interno, marcó el verdadero epílogo de esa larga y tormentosa historia.

 
HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN NACIONAL-SOCIALISTA EN TRES VOLÚMENES

EL ÚLTIMO CONGRESO ASTROLÓGICO DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El último gran Congreso Internacional de Astrólogos del período anterior a la guerra se celebró en Düsseldorf en 1936. Fue un evento de resonancia europea, seguido también en Estados Unidos, y representó la culminación de una época en la que la astrología alemana aún intentaba afirmarse como disciplina moderna y respetable. Al frente de la organización estaba, como siempre, el Dr. Korsch, principal promotor de una «astrología científica». Sin embargo, su entusiasmo ya no era solo metodológico: en los años en que el régimen nazi consolidaba su poder, Korsch había decidido cortejarlo abiertamente. Convencido, tal vez ingenuamente, tal vez oportunistamente, de que era necesario someterse al nuevo orden, trató de presentar la astrología como un recurso útil para la nación.

En el folleto oficial del congreso aparece textualmente el telegrama que Korsch envió al ministro de Propaganda, Joseph Goebbels: (…): «Los astrólogos alemanes presentes en este congreso le aseguran su máximo compromiso en la promoción del prestigio alemán en su campo. La lealtad inquebrantable al Führer y al pueblo es su principio más evidente y supremo. Heil Hitler!».

Sorprendentemente, Hitler respondió al congreso con un telegrama de cortesía, señal de que, al menos hasta ese momento, el régimen seguía con atención, pero sin hostilidad, las actividades astrológicas: «A los participantes del Tercer Congreso Internacional y Decimoquinto Congreso Alemán de Astrólogos les expreso mi más sincero agradecimiento por sus saludos. Les devuelvo el saludo con mis mejores deseos para su trabajo. - Adolf Hitler». Esta respuesta, carente de connotaciones negativas, demuestra que en 1936 la astrología aún no había entrado en el punto de mira del régimen, que no comenzó la represión sistemática hasta 1937-1939.

Tras las apariencias solemnes, el de Düsseldorf fue en realidad uno de los congresos más turbulentos de la historia de la astrología alemana. Durante la inauguración, Korsch sorprendió a la asamblea con un discurso agresivo. Atacó a los astrólogos que no apoyaban su línea científica ni su inclinación filonazi, y reservó una violenta invectiva sobre todo contra las mujeres astrólogas, a las que definió como: «el sexo menos inteligente» «volubles», «poco fiables» y «aptas únicamente para la procreación». Eran palabras que reflejaban no solo el clima de la época, sino también la amarga rivalidad personal que enfrentaba a Korsch con su principal antagonista: Hugo Vollrath, también vinculado a los círculos nazis y figura de gran influencia en la escena astrológica alemana.

En el folleto oficial del congreso, «Astrologie 1936 - Vorträge und Bericht des III. Internationalen Astrologen-Kongresses», se recogen íntegramente las palabras iniciales de Korsch, que declaraba:

«La erradicación de la llamada astrología popular debe llevarse a cabo a una escala aún más sustancial. (...) A menudo son las mujeres las que se muestran excepcionalmente activas en este campo. (...) La astrología aplicada correctamente puede ser de un beneficio inconmensurable, tanto para el individuo como para naciones enteras. Les pido, estimados participantes, que se unan a mí para recordar con amor y reverencia a nuestro jefe de Estado, nuestro Führer y canciller del Reich, Adolf Hitler».

 

Durante el Congreso Astrológico de 1936, Korsch no fue el único que imprimió un tono político e ideológico al debate. Otros ponentes también contribuyeron a crear un clima hostil hacia el pensamiento crítico y los intelectuales, alimentado por las teorías conspirativas y el antirracionalismo que caracterizaban el ambiente cultural nazi. Uno de los protagonistas de esta deriva fue el Dr. Rolf Reissmann, de Berlín, que presentó una conferencia titulada «La astrología del mañana». Su intervención encarnaba a la perfección la retórica de la época, una retórica que celebraba el retorno al alma, a la visión holística y al rechazo del intelecto: «Hay que alejarse del intelectualismo exagerado, del materialismo, de la fragmentación del conocimiento. La astrología es el instrumento más adecuado para interpretar las capas profundas de la psique porque no disecciona, no analiza: devuelve símbolos e imágenes, eludiendo las categorías lógicas del conocimiento».

Otro ponente, Fritz Werle, de Múnich, conocido posteriormente como gran divulgador del I Ching, insistió en un concepto que resonaba perfectamente con la mentalidad de la época: la simplicidad como único camino hacia la sabiduría. Para Werle, la modernidad, con sus matices, su pluralidad y sus ambigüedades, se había convertido en una amenaza: «La sabiduría no se encuentra en la diversidad ni en la diferenciación infinita, sino en la simplicidad. Cuanto más apartamos la mirada de la multitud que nos dispersa, más evidentes se nos hacen las bendiciones de los pocos en torno a los que nos reunimos». Una frase que revela la ideología de la época: «los pocos en torno a los que nos reunimos» no eran más que la astrología reinterpretada en clave nacionalista y la fe en la superioridad del pueblo alemán.

En ambos casos, Reissmann, que glorifica la intuición frente al intelecto, y Werle, que predica la simplicidad frente a la diversidad, emergía la misma matriz cultural: eliminar el pensamiento crítico, reducir la complejidad, sustituir el análisis por la sugestión simbólica, valorizar la imagen y la inmediatez emocional, construir una visión cerrada, uniforme, sin contradicciones internas. De este modo, la astrología se convertía cada vez más en un terreno fértil para la ideología, un lenguaje que podía moldearse, simplificarse y restituirse como instrumento de pertenencia cultural.

CONCLUSIONES

A la luz del recorrido realizado, lo que emerge con mayor claridad es la complejidad de la relación entre la astrología y el Tercer Reich: una relación hecha de interés, sospecha, instrumentalización y, finalmente, represión. La documentación examinada —desde almanaques hasta conferencias, desde bibliografías internas del Ahnenerbe hasta testimonios de los propios astrólogos— muestra claramente que la astrología no fue un fenómeno marginal en la Alemania nazi. Por el contrario, ocupó un espacio cultural bien definido, a veces animado, a veces ambiguo, pero nunca del todo irrelevante.

Lo que parece evidente es que el interés del régimen por la astrología fue inicialmente de naturaleza cultural y propagandística, más que realmente operativa. Sin embargo, no faltan indicios de que Hitler y algunos miembros de su entourage consultaban ocasionalmente las predicciones astrológicas y las sugerencias de «momentos más propicios» con curiosidad, si no con una atención más directa. No podemos hablar de un usuario asiduo, pero no se puede descartar la sospecha de una consulta ocasional, sobre todo en los primeros años del régimen.

Paralelamente, la astrología alemana de los años treinta estaba lejos de estar unida. Existían diferentes escuelas, rivalidades encendidas y fracturas doctrinales que el auge del nazismo no hizo más que amplificar. Algunos astrólogos intentaron alinearse con el régimen, quizá con la esperanza de convertir la astrología en una herramienta útil para el Estado o, más simplemente, de garantizarse protección y reconocimiento. Pero el precio fue muy alto. En su intento por «complacer al poder», parte de la astrología alemana renunció a su rigor metodológico, cediendo a una narrativa ideológica que nada tenía que ver con el estudio de las configuraciones celestes: una astrología arianizada, sometida a un mito político y ya no a un análisis simbólico.

Sin embargo, esa misma astrología que había intentado ser útil al régimen se convirtió de repente en sospechosa. Tras la fuga de Rudolf Hess, y con el progresivo endurecimiento de la paranoia del poder, el mundo esotérico y astrológico fue considerado un peligro potencial. Lo que antes se toleraba o incluso se observaba con curiosidad, se convirtió de repente en una amenaza para el orden, un síntoma de confusión, un elemento incontrolable. El resultado fue trágico: astrólogos arrestados, internados, obligados a interrumpir sus actividades o a renegar de su trabajo. El régimen, en el momento en que percibió la fragilidad de su sistema ideológico, trató de eliminar todo lo que escapaba al control y a la linealidad del pensamiento oficial.

Esta fractura definitiva entre la astrología y el poder político, consumada en un clima de oscuridad y violencia, deja una advertencia que aún hoy conserva su valor. La historia nos enseña que la astrología, como cualquier forma de conocimiento simbólico, solo vive cuando es libre, cuando no se ve obligada a convertirse en vehículo de propaganda, cuando no se manipula para apoyar sistemas políticos o ideologías dominantes. La astrología puede dialogar con la cultura, la filosofía, la ciencia y la historia, pero debe mantenerse alejada de las pretensiones de control del poder.

La lección más importante que nos deja ese período oscuro es que la astrología debe permanecer neutral, libre de afiliaciones ideológicas, capaz de hablar a las personas y a las épocas sin dejarse capturar por intereses externos.

Esto solo es posible en un contexto en el que se protejan las libertades individuales y colectivas, en el que la investigación pueda avanzar sin temor, en el que se fomente el debate de ideas y no se castigue. Al recordar lo que les sucedió a los astrólogos de aquellos años, no solo celebramos una memoria histórica: reafirmamos un principio ético.

La libertad del conocimiento, en cualquiera de sus formas, es frágil, y su protección es responsabilidad de quienes hoy practican, estudian o difunden la astrología. Custodiarla significa reconocer los errores del pasado y, al mismo tiempo, elegir conscientemente un camino que anteponga el estudio, la investigación y el diálogo a cualquier instrumentalización.

Esta conclusión no solo cierra un ensayo: abre una reflexión más amplia, actual y necesaria. Cada época tiene sus sombras y sus seducciones, pero lo que ocurrió en el Tercer Reich sigue siendo un ejemplo de lo que la astrología nunca debe llegar a ser. Y es precisamente a partir de esta conciencia que podemos continuar nuestro camino, con lucidez, responsabilidad y respeto por la historia que nos precede.

Francesco Faraoni (https://francescofaraoni.substack.com/p/astrologia-ai-tempi-del-nazismo)

 

NOTAS

(1) Uno de los principales estudiosos alemanes contemporáneos de las «ciencias fronterizas» (Grenzwissenschaften), es decir, de aquellos fenómenos que se sitúan entre la psicología, la antropología, la parapsicología, los estudios sobre simbolismo, la religiosidad y las prácticas esotéricas.

(2) Gerhard Mayer, Astrology and Science. A precarious relationship. Institut für Grenzgebiete der Psychologie und Psychohygiene, Friburgo i. Br./Alemania.

(3) Thomas Ring (28 de noviembre de 1892, Muggenhof-Nürnberg - 24 de agosto de 1983, Schärding, Austria) fue un pintor, poeta y astrólogo alemán-austriaco. Es conocido sobre todo por haber fundado la llamada «Revidierte Astrologie» (astrología revisada) y por su obra principal en cuatro volúmenes titulada Astrologische Menschenkunde («Antropología astrológica»).

(4) Helge Kragh, A Sense of Crisis: Physics in the fin-de-siecle Era. Universidad de Cornell.

(5) Sjang L. Ten Hagen, How «Facts» Shaped Modern Disciplines: The Fluid Concept of Fact and the Common Origins of German Physics and Historiography. Universidad de Cornell.

(6) Helge Krag, The Rise and Fall of Cosmical Physics: notes for a history, ca. 1850-1920. Universidad de Cornell.

(7) Eckhardt Fuchs, El positivismo inglés y el historicismo alemán: la recepción de la historia científica en Alemania. Universidad de Oxford.

(8) Ibídem 4.

(9) David B. Baker, El manual Oxford de la historia de la psicología. Perspectivas globales. Biblioteca de Oxford.

(10) Ibídem 2.

(11) 27 de marzo de 1892 - 9 de junio de 1979, astrólogo, escritor germano-austriaco, fue el astrólogo de Henrich Himmler, político nazi alemán, que dirigió las SS y la GESTAPO antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

(12) Rudolf von Sebottendorff, alias Adam Alfred Rudolf Glauer o Erwin Torre (Hoyerswerda, 9 de noviembre de 1875-Estambul, 8 de mayo de 1945), fue un ingeniero, agente secreto y esoterista alemán con nacionalidad turca. Fue una figura importante en las actividades de la Sociedad Thule, una organización ocultista alemana fundada después de la Primera Guerra Mundial que influyó en muchos miembros del partido nazi. Sebottendorff era masón y practicaba la meditación sufí, la astrología, la numerología y la alquimia. [En la obra ya citada por el autor de Goodrick-Clarke, queda suficientemente demostrado que Hitler y Sebotendorff nunca pudieron conocerse, a lo que se añade que Sebbottendorff, no solamente nunca tuvo el reconocimiento del régimen hitleriano, sino que, incluso, tras la publicación de su libro sobre la Sociedad Thule, Antes que Hitler llegada, fue detenido por las SA durante unas semanas. NdT]

(13) Nacido como Herschmann Chaim Steinschneider (Viena, 2 de junio de 1889-Berlín, 25 de marzo de 1933), fue un famoso ilusionista austriaco de origen judío-moravo, que luego se convirtió al protestantismo. Activo en la Alemania de la República de Weimar, se convirtió en una figura muy popular, casi tanto como Harry Houdini. Dotado de un gran carisma y fama de «vidente», Hanussen, coetáneo de Hitler y muy escuchado por él, habría predicho el ascenso del Führer al poder. Sin embargo, su cercanía al entorno nazi le resultó fatal: arrestado por la GESTAPO pocas semanas después de la toma del poder, fue torturado y asesinado en marzo de 1933, probablemente por celos internos y sospechas sobre su influencia sobre Hitler.

(14) Jurista y astrólogo profesional alemán, director de la revista Zenit de 1930 a 1938. Líder comprometido con una astrología moderna y científica, fue presidente de una organización que reunía a todas las asociaciones astrológicas y a los astrólogos alemanes de la época. Organizó numerosos congresos internacionales de astrología y publicó numerosos artículos sobre la historia de la astrología. Encerrado por los nazis en un campo de concentración, murió allí en 1943.

(15) Monica Black, Revisiting the Nazi Occult: histories, realities, legacies. NED New Edition.

(16) Ibídem 15.

(17) W. Wulff, Zodiac and Swastika.

(18) Ibídem 17.

(19) N. Goodrick-Clarke, Die okkulten Wurzeln des Nationalsozialismus.

(20) P. Pezzino, La persecuzione degli ebrei in Italia. Il Mulino.