viernes, 27 de febrero de 2026

ALGUNAS FRASES DE DRIEU LA ROCHELLE EXTRAÍDAS DE "GÉNÉVE OU MOSCU"

Gèneve ou Moscou, de Pierre Drieu La Rochelle, fue publicado en 1928. Hace ahora 98 años. No puede decirse de Drieu que no cambiara de opiniones políticas como cambiaba de traje (y era un hombre elegante). De hecho en esta obra empieza aludiendo precisamente a sus cambios de opinión y justificándolos. Drieu no es, pues, un “ideólogo” y los neofascistas que en 1968 gritaban “!Evola, Sorel, Drieu la Rochelle¡” parecían eludir el hecho de que, una rima forzada difícilmente unirá a tres pensadores ninguno de los cuales tenía la más mínima relación con los otros dos. Pero hay que reconocer a Drieu que, entre sus percepciones estéticas y, especialmente en sus ensayos, filtra algunas intuiciones geniales que le hicieron ver con un siglo exacto de anticipación la “medida de Francia” y la necesidad de “Europa”. Drieu es un esteta mucho más que un doctrinario. Sin embargo, hoy, cuando hemos empezado a traducir este ensayo de Drieu, no hemos resistido a la tentación de entresacar algunas frases de los primeros capítulos que, por sí mismas, demuestran muchas cosas: la necesidad de Europa, la superación de los nacionalismos, pero muy especialmente, la sensación de que los trasvases masivos de población van diluyendo nuestra identidad…

He aquí esta primera selección. Cada punto y aparte es un fragmento nuevo desconectado del anterior y del posterior: una especie de pistoletazo en nuestro cerebro. Todas las frases están incluidas en las 35 primeras páginas de la obra.

 

Me aferro al capitalismo debido a la poca confianza que tengo en el poder creativo que puede surgir de la desesperación y el desorden. El proletariado no es más que un mito cada día más debilitado; no es más que la pálida sombra de la burguesía, ya de por sí bastante exangüe. Sigo dando plazos al capitalismo debido a mi pesimismo, que me impide creer en una originalidad y vivacidad, en reserva detrás del comunismo.

No hago ninguna distinción fundamental entre el socialismo y el comunismo. Para mí, el comunismo no es más que una exasperación verbal del socialismo. La ilusión de que la gran revolución rusa era comunista, cuando apenas era socialista, ha devuelto cierto vigor estridente a los elementos jóvenes del socialismo occidental. Pero es solo apariencia. Solo se ha producido un desplazamiento de las masas del radicalismo al socialismo y del socialismo al comunismo. Pero estas masas siguen siendo pesadas, débiles, vacilantes.

Podemos tener una vejez muy hermosa. Esa vejez será, sin duda, esa civilización extraña, abstracta, mecánica y surrealista, deportiva y drogada, onanista y malthusiana, religiosa y mística, no artística, científica y supersticiosa que vemos aparecer con estupor entre nosotros y en la que trabajan tanto el capitalismo como el comunismo, Chicago y Moscú.

Ha llegado el momento de la desesperación o el estoicismo.
Sin embargo, la vida es bella hasta su último día.
Todavía me siento lleno de curiosidad y de lo inesperado.
Y mientras tanto, quiero construir Europa.

Desde el norte, las cigüeñas descienden con la buena temporada. Pero, en una coyuntura más extraña, barcos y trenes desembarcan al mismo tiempo asiáticos, africanos y eslavos. Una inquietante varita mágica traslada en bloque junto a sus minas pueblos polacos y checoslovacos, con sus sacerdotes y maestros de escuela. El viajero francés se detiene al borde de una carretera y pregunta por el camino a un niño que ha nacido en medio de este paisaje, pero que no habla francés. Se descubren en las esquinas figuras que no se veían desde las grandes invasiones; acechan olores que se habían olvidado desde los días más lejanos. Tres millones de extranjeros entre vuestros treinta y siete millones.

    

El turismo, esa trashumancia de los rebaños modernos

Primero se abraza una inmigración masiva, un contacto brutal de razas y patrias: eso es franco, eso es evidente; eso se puede manejar y dirigir mediante las leyes y las virtudes. Pero si se observa más de cerca este gran tumulto, se ve cómo se ramifica, se agudiza, se esconde en movimientos cada vez más individuales; se vuelve turbio y astuto como toda creación en proceso. Ninguno de esos franceses que se negaban a la geografía y a los viajes, incluso en la más apartada de las ciudades de provincia, no sabe ahora, por el oído, el olfato, el tacto, la lucha y el amor, lo que es el extranjero, el hombre al que no ha ido a buscar, pero que ha venido a encontrarlo. Cien mil intrigas con nuestras mujeres, millones de conversaciones en jerga, de silencios incómodos, de malentendidos, de repulsiones, de simpatías: el francés ya no está en su intimidad.

Lo que amenaza a Francia también amenaza a otros pueblos en sus hogares y en sus hábitos íntimos; todo lo que vosotros sufrís, lo sufren también los demás.

Hemos reconocido que Francia es un país de inmigración, casi se podría decir de invasión.

Mientras esbozaba una sonrisa llena de jovial incredulidad y abrumadora indulgencia, me lancé: «Ustedes, viejos estadounidenses, que estáis allí desde al menos el siglo XVIII y que habéis fundado este continente sobre las máximas de la raza sajona y protestante, hoy os veis amenazados en vuestra sangre, como lo estamos nosotros, los franceses, en medio de una Europa aún en crecimiento. Estáis afectados en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu por la intrusión de numerosos hombres que ya no son sajones ni puritanos, sino alemanes, italianos, eslavos, irlandeses, negros, católicos, ortodoxos, judíos. Sin embargo, no tenéis hijos; la natalidad entre las antiguas poblaciones de Nueva Inglaterra es más baja que entre los campesinos franceses. Cada día os veis obligados a ceder una parte de la integridad de vuestro ideal para que se pueda establecer un compromiso sobre la concepción de la vida en la que los recién llegados encuentren lo que buscan. Apartáis a los amarillos, reprimís a los negros; pero vuestra civilización no es más que un popurrí de todas las del mundo, vuestra literatura, al dejar de ser inglesa, es más americana en el sentido en que la entendíais ayer, vuestra música es negra; en California y Florida se está formando una sociedad que es la negación de la de Boston».

La angustia de no poder seguir siendo dueño de su propio hogar no es exclusiva de los franceses en este planeta.

Si bien algunos pueblos escapan por ahora a las turbulentas fluctuaciones del mercado laboral, ninguno puede escapar al inmenso nomadismo del dinero y del espíritu.

La movilidad se convierte en el principio mismo de toda la vida del hombre.

La rapidez de las comunicaciones materiales y espirituales conduce al universalismo.

Es la fábula del cántaro de barro y el cántaro de hierro: el viejo mundo frágil no podrá resistir al nuevo mundo apresurado y duro.

La vida que ha sido como la vida que será. Veo claramente que en la patria ha habido algo adorable que ha arrastrado la pasión de hombres que se encontraban entre los más elevados.

La virtud de la Mujer nos hace comprender la virtud de la Tierra: nos da la vida, su presencia conmovedora nos la devuelve cada día, pero no es más que un soplo mudo que debe pasar por nuestras cuerdas para convertirse en palabra. Fuera de la materia, el espíritu no se realiza, pero la materia solo vive si el espíritu entra en ella; esta conjunción necesaria es lo que llamamos Carne. Las mayores certezas espirituales que podemos alcanzar nos son inspiradas por imágenes carnales: la más llamativa, la que representa de manera decisiva la fuerza libre que corre por el Universo, es el feto que está preso en el vientre de la madre y que, sin embargo, ya solo tiene contacto con su propia personalidad.

Pero en este momento en que la patria se ve afectada por la muerte, me doy cuenta de lo que tiene de inmortal. Lo que realmente está vivo en ella escapa a la muerte. Así es en el mundo, las cosas fuertes, las únicas verdaderamente vivas, son inalterables y pertenecen a la eternidad.

Los nacionalistas son hijos de su siglo, es decir, del siglo pasado. Su secta surgió en el siglo XIX de la misma fuente que la de los marxistas. Existe un parentesco cierto, guardando las proporciones, entre hombres como Marx y Taine, que ambos descienden de Hegel, cuya lección han corrompido; y los nietos son primos a pesar de la diferencia de los trasplantes: Maurras y Mussolini por un lado. Lenin por el otro.







jueves, 26 de febrero de 2026

¿"QUÉ ES EL FASCISMO?" un artículo desconocido de George Orwell…

George Orwell, voluntario de las Brigadas Internacionales (y, por lo tanto, poco sospechoso de “fascismo”). Orwell decidió combatir en España con la idea de «matar fascistas porque alguien debe hacerlo».​ Así se lo hizo saber a su amigo Henry Miller en París en las navidades de 1936, quien le intentó convencer de que era «una idiotez».

Tras su “experiencia en España” (en donde salvó la vida por los pelos durante la guerra civil dentro de la guerra civil que estalló en la Cataluña de Companys cuando éste traicionó a los anarquistas y se arrojó en brazos de los agentes de la NKVD, en mayo de 1937), reflexionó y, como hombre razonable que era, se dio cuenta de que la palabra “fascismo” y “fascista” se empleaba demasiado a la ligera, por todos y sin que nadie supiera exactamente a lo que se refería. Ochenta y cinco años después de esta reflexión orwelliana, nada ha cambiado: los analfabetos estructurales de la izquierda (y no solo ellos, a decir verdad) siguen utilizando abusivamente el término, incluso desde las esferas del gobierno. Orwell propone una solución que no pasa por una redefinición del término (algo que ahora corresponde a los historiadores, en tanto que el fascismo es Historia), sino por la utilización del adjetivo que dice exactamente lo que la utilización impropia del término “fascista” querría sugerir para quienes lo utilizan de manera interesada.

Cuando escribió estas líneas, Orwell ya habia meditado suficientemente sobre su “experiencia española”. A poco de llegar la percibió el control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. Durante la represión ordenada por la NKVD soviética y ejecutada con fidelidad perruna por el gobierno del miembro del PSOE Juan Negrín contra el POUM, Orwell estuvo a punto de ser asesinado en Barcelona. Por entonces ya empezaba a preocuparse por los conceptos que unos pocos años después le harían famoso con Rebelión en la Granja (1945, un año después de estas líneas) y 1984 (1949). Moriría al año siguiente.

Este artículo, rescatado del olvido y traducido por primera vez al castellano, nos indica la categoría de un hombre que, ante todo, colocaba sus convicciones (que fue perfilando a lo largo de su corta vida) y la defensa de la verdad por encima y por delante de todo.

¿Qué es el fascismo?

(George Orwell, À ma guise, 24 de marzo de 1944)

De todas las preguntas de nuestra época que siguen sin respuesta, quizá la más importante sea: «¿Qué es el fascismo?».

Una empresa estadounidense de sondeos planteó recientemente esta pregunta a un centenar de personas y obtuvo respuestas que iban desde «Es la democracia perfecta» hasta «Es el mal absoluto». En nuestro país, si se le pide a una persona corriente que reflexione un poco y defina el fascismo, generalmente responderá señalando los regímenes alemán e italiano. Pero esto sigue siendo muy insatisfactorio, ya que incluso los principales Estados fascistas difieren mucho entre sí en su organización y en su ideología.

Es difícil, por ejemplo, encajar a Alemania y Japón en el mismo marco, y aún más difícil con algunos pequeños Estados que pueden calificarse de fascistas. Por ejemplo, se admite generalmente que el fascismo es, por naturaleza, belicoso, que se desarrolla en un ambiente de histeria bélica y que solo puede resolver sus problemas económicos mediante preparativos de guerra o conquistas. Sin embargo, este no es claramente el caso de Portugal ni de las diversas dictaduras sudamericanas. También está el antisemitismo, que se supone que es una de las características distintivas del fascismo, pero algunos movimientos fascistas no son antisemitas. Las controversias académicas, de las que se han hecho eco las revistas estadounidenses durante años, ni siquiera han permitido determinar si el fascismo es o no una forma de capitalismo. Sin embargo, cuando aplicamos el término «fascismo» a la Alemania, el Japón o la Italia de Mussolini, sabemos más o menos lo que queremos decir con ello. Es en la política interior donde esta palabra ha perdido todo rastro de significado. Una lectura atenta de la prensa muestra que prácticamente no hay una sola categoría de individuos (en cualquier caso, ni un solo partido político o agrupación constituida) que no haya sido calificada de fascista durante los últimos diez años.

No me refiero aquí al uso oral de la palabra «fascista». Me refiero a lo que he leído en los textos. He visto las expresiones «simpatizante fascista», «de tendencia fascista» o «fascista» (sin más) aplicadas con la mayor seriedad a las siguientes categorías de personas.

Los conservadores. Todos los conservadores, sean o no partidarios de la política de apaciguamiento (1), son considerados subjetivamente pro-fascistas. Se supone que el dominio británico en la India y en las colonias no se diferencia del nazismo. Las organizaciones que podrían calificarse de patrióticas y tradicionalistas son etiquetadas como «cripto-fascistas» o «fascistizantes». Entre ellas, los boy scouts, la policía metropolitana, el MI5 y la Legión Británica (2). La frase clave es: «Las public schools son viveros del fascismo».

Los socialistas. Los defensores del capitalismo tradicional (Sir Ernest Benn, por ejemplo) afirman que el socialismo y el fascismo son una misma cosa. Algunos periodistas católicos sostienen que los socialistas fueron los principales colaboradores en los países ocupados por los nazis.

La misma acusación fue lanzada, pero desde un punto de vista diferente, por el partido comunista en sus fases de extrema izquierda. Entre 1930 y 1935, el Daily Worker solía calificar al partido laborista de «laborista-fascista» [social-fascista en otros países, NdT]. Esta acusación fue retomada por otros extremistas de izquierda, como los anarquistas, por ejemplo. Algunos nacionalistas indios consideran que los sindicatos británicos son organizaciones fascistas.

Los comunistas. Una corriente de pensamiento muy importante [representada, entre otros, por Rauschning, Peter Drucker, James Burnham y F. A. Voigt (3)] rechaza cualquier distinción entre los regímenes nazi y soviético; sostiene que fascistas y comunistas tienen esencialmente los mismos objetivos, e incluso que, en cierta medida, son los mismos individuos. Los editoriales del Times (antes de la guerra) calificaban a la URSS de «país fascista». Desde un punto de vista diferente, es un juicio que comparten anarquistas y trotskistas.

Los trotskistas. Los comunistas acusan a los trotskistas propiamente dichos (es decir, a los miembros de la organización de Trotski) de ser una organización cripto-fascista a sueldo de los nazis. Esta idea estaba muy extendida entre la izquierda durante el periodo del Frente Popular. En sus fases de extrema derecha, los comunistas tienden a lanzar la misma acusación contra todos los movimientos situados a su izquierda: el Common Wealth o el Partido Laborista Independiente (ILP), por ejemplo.

Los católicos. Fuera de sus propias filas, la Iglesia católica es considerada casi universalmente como pro-fascista, tanto objetiva como subjetivamente.

Los opositores a la guerra. Los pacifistas y todos los opositores a la guerra son acusados con frecuencia no solo de hacer el juego a las fuerzas del Eje, sino incluso de tener simpatías fascistas.

Los partidarios de la guerra. Los opositores a la guerra suelen basar su argumentación en la idea de que el imperialismo británico es peor que el nazismo, y tienden a aplicar el término «fascista» a cualquiera que desee una victoria militar. Los partidarios de la Convención del Pueblo (4) llegaron casi a afirmar que querer resistir una invasión nazi era un síntoma de simpatías fascistas. Desde su creación, la Home Guard fue denunciada como una organización fascista. Además, toda la izquierda tiende a meter en el mismo saco el militarismo y el fascismo. Los simples soldados con conciencia política tratan casi sistemáticamente a sus superiores de «fascistas» o «fascistas natos». Las maniobras, limpiarse los zapatos, saludar a los oficiales son actividades consideradas como un camino directo hacia el fascismo. Antes de la guerra, alistarse en las fuerzas territoriales (5) se consideraba un signo de inclinaciones fascistas. Tanto el servicio militar obligatorio como el ejército profesional son denunciados como fenómenos fascistas.

Los nacionalistas. El nacionalismo es considerado universalmente como fascista por naturaleza, pero esto solo se aplica a los movimientos nacionalistas que se desaprueban. El nacionalismo árabe, polaco, finlandés, el Partido del Congreso Indio, la Liga Musulmana, el sionismo y el IRA son calificados de fascistas, pero nunca por las mismas personas.

Como se puede ver, la palabra «fascismo» utilizada de esta manera carece casi por completo de sentido. En la conversación, por supuesto, se utiliza de forma aún más extravagante que en la escritura. Lo he oído aplicar a los agricultores, a los comerciantes, al Crédito Social (6), a los castigos corporales, a la caza del zorro, a las corridas de toros, al Comité de 1922, al Comité de 1941 (7), a Kipling, a Gandhi, a Chiang Kai-shek, a la homosexualidad, a los programas de Priestley, a los albergues juveniles, a la astrología, a las mujeres, a los perros y a qué sé yo qué más.

Sin embargo, bajo toda esta confusión, se esconde un cierto significado. En primer lugar, está claro que existen diferencias muy grandes, en su mayoría fáciles de detectar, aunque difíciles de formular, entre los regímenes llamados fascistas y los llamados democráticos. En segundo lugar, si «fascista» significa «que simpatiza con Hitler», algunas de las acusaciones que acabo de enumerar están claramente mucho más justificadas que otras. En tercer lugar, incluso aquellos que lanzan la palabra «fascista» a los cuatro vientos le atribuyen, como mínimo, un significado emocional. Por «fascismo» entienden, a grandes rasgos, algo cruel, sin escrúpulos, arrogante, oscurantista, antiliberal y contrario a la clase obrera. A excepción del pequeño núcleo de simpatizantes fascistas, casi todos los ingleses aceptarían «brutal» como sinónimo de «fascista». Es aproximadamente la mejor definición que se puede dar de esta palabra tan mal utilizada.

Pero el fascismo es también un sistema político y económico. Entonces, ¿por qué no conseguimos una definición precisa y aceptada por todos? Por desgracia, no lo conseguiremos, al menos por el momento. Sería demasiado largo explicar por qué, pero, en el fondo, es porque es imposible definir el fascismo de manera satisfactoria sin admitir ciertas cosas que ni los propios fascistas, ni los conservadores, ni los socialistas, sean del color que sean, están dispuestos a admitir. Todo lo que podemos hacer por ahora es utilizar la palabra con cierta cautela y no, como se suele hacer, rebajarla al rango de insulto.

George Orwell, À ma guise, 24 de marzo de 1944 (Agone 2008, p. 116).

Notas:

(1) Llevada a cabo principalmente por el primer ministro Neville Chamberlain entre 1933 y 1939, la política de apaciguamiento (appeasement) hacia Hitler consistía en realidad en ceder ante sus exigencias. Está simbolizada por los acuerdos de Múnich de septiembre de 1938.

(2) Más comúnmente conocida por el nombre de su cuartel general. Scotland Yard, la policía metropolitana, es la fuerza policial territorial responsable del Gran Londres. El MI5 (Military Intelligence 5) es el servicio de inteligencia británico, responsable de la seguridad interior del Reino Unido y del contraespionaje. La Legión Británica es el organismo de asistencia social de las fuerzas armadas británicas.

(3) Periodista, polemista y luego teórico de la gestión, Peter Drucker es autor de The End of the Economic Man: The Origins of Totalitarianism (1939), libro que, aunque se equivoca en los detalles, tiene el interés de haber predicho la alianza entre Alemania y Rusia. Periodista, F. A. Voigt fue uno de los pocos representantes de la prensa liberal o de izquierda que se opuso a la política de apaciguamiento. Su libro sobre la crisis de los años treinta, Unto Caesar (1938), anticipaba el antitotalitarismo de los años cincuenta, que insistía en las similitudes entre el fascismo y el comunismo.

(4) Sobre la Convención del Pueblo, véase supra. AMG 3, nota I. p. 45.

(5) Fuerza de reserva del ejército británico, compuesta por voluntarios.

(6) Movimiento creado en la década de 1920 por el mayor Douglas, el Crédito Social se basaba en la idea de que la cuestión social podía resolverse mediante una reorganización del sistema financiero y monetario.

(7) El Comité de 1922 agrupaba a todos los parlamentarios conservadores. Grupo de políticos e intelectuales presidido por J. B. Priestley, el Comité de 1941 tenía como objetivo una reorganización eficaz y racional de la economía para apoyar el esfuerzo bélico, pero también con vistas a la posguerra. La mayoría de sus miembros se afiliaron en 1942 al partido del Commonwealth.







Ha aparecido el número 90 de la Revista de Historia del Fascismo dedicado al “año Franco”


INTRODUCCIÓN

Durante quince años, la Revista de Historia del Fascismo ha publica­do 99 números. Desde el principio nos habíamos propuesta algunos temas de estudio: una historia objetiva, realista y com­pleta de Falange Española; un estudio de los fascismos iberoame­ricanos, describir por qué los fascismos pertenecen al pasado y son sólo historia (miente quien diga que constituyen riesgos en el siglo XXI o se forjan excesivas ilusiones aquellos que piensan que es posible restaurarlos). Hemos establecido lo que podemos con­siderar como “el tercer fascismo”, estudiado los casi desconoci­dos fascismos iberoamericanos, hemos tratado formas de fascismo aparecidos en los más diversos países; finalmente, nos quedaba un punto por tratar: el franquismo.

Hemos esperado hasta el último momento para tratar esta temáti­ca. El año 2025, ha sido declarado unilateralmente por el gobier­no de Pedro Sánchez como el “año de la memoria histórica” o “el año Franco”. Esta opción se justificaba en el hecho de que se cumplía el 50º aniver­sario del fallecimiento del que fuera Jefe del Estado durante casi 40 años. Era lógico que tratásemos este tema como contrapunto de la “verdad oficial”.  

Hemos dividido este estudio en dos partes, como dos fueron los ciclos vitales de Franco: hasta la Guerra Civil y desde 1939 a su fallecimiento en 1975, precedido de algunas consideraciones crí­ticas sobre el fenómeno. La segunda parte (cuyo sumario ofre­cemos en la última página) estará dedicada a la tarea de Franco como gobernante y se publicará en el número 100.

A pesar de que el ciclo franquista haya sido tan dilatado y, sin duda el más amplio en la historia de España en el siglo XX, es incalificable que todavía se le trate con connotaciones propias de un fenómeno político vivo y operante. El franquismo es historia, solo his­toria y nada más que historia, como hemos dicho muchas veces y debe de estar examinado según el método histórico, no en fun­ción de su rentabilidad política.

Hemos confeccionado este estudio realizando un esfuerzo de ob­jetividad fieles a la consigna que hemos enarbolado desde el nú­mero 1 de esta colección: “Ni apologistas ciegos, ni detractores sistemáticos: así fue una época del Siglo XX”.

 

SUMARIO

> Introducción:

> Juzgar con objetividad al franquismo, qué fue, por qué fue y cómo fue

> Antecedentes históricos del franquismo: de la Restauración a la República

> Franco antes del franquismo: Infancia, academia militar, África, La Legión, Asturias

> Guerra Civil: Franco contra la República.

> De la Guerra Civil a la Guerra Mundial

CARACTERISTICAS

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Páginas: 230
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martes, 24 de febrero de 2026

VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (3 de 3) - Algunas conclusiones provisionales

1) No hay diferencias sustanciales entre “izquierda” (PSOE) y “extrema-izquierda”:

Entre el pedrosanchismo y la extrema-izquierda, tal como están configurados en la actualidad, no existen diferencias sustanciales. El PSOE de hoy es lo que las circunstancias requieran para que su líder siga en La Moncloa. La extrema-izquierda no es más que una muleta para que el sanchismo siga en el poder. La mala excusa del “antifascismo” o de “cerrar el paso a Vox” es común a ambos sectores y en el que ambos se refugian para justificar sus posiciones. Votar al PSOE o votar a cualquier oferta de extrema-izquierda, supone, a fin de cuentas, votar a lo mismo: el “frente de izquierdas” no existe, pero sí actúa con una práctica utilitarista y de supervivencia.

2) El cambio de ciclo político es un trasvase de votos de la izquierda a la derecha.

A diferencia de anteriores momentos, en la pequeña historia de la democracia española, los dos factores que garantizaban las mayorías de gobierno (el centro-derecha y el centro-izquierda por un lado, y el trasvase de votos del centro-derecha al centro-izquierda y viceversa) ya no constituyen los rasgos dominantes. Estas pautas han sido sustituidas por otras: los votos que se pierden en la izquierda (el centro-izquierda ya ha desaparecido) ya no van a parar a otras formaciones de izquierdas, ni siquiera al centro-derecha (que también se encuentra en recesión), sino a Vox. Tránsitos similares han ocurrido en Europa y ahora empiezan a producirse en España. Vox, por su parte, no busca sumar votos en los caladeros del PP, sino en los que hasta ahora han sido feudos de la izquierda.

3) Ese trasvase de votos está generado es uno de los efectos de la inmigración masiva.

La única explicación a este trasvase de votos es el impacto que ha tenido en los últimos 30 años ya inmigración masiva y descontrolada. “Masiva” porque en estos momentos uno de cada cuatro residentes en territorio nacional, o han nacido fuera de España o se muestran aferrados a la cultura de sus padres. Y “descontrolada” porque no ha llegado la inmigración “necesaria”, sino la que ha querido instalarse en España y disfrutar de las conquistas que el pueblo español ha construido con su esfuerzo y sus impuestos. En tanto que “masiva” y “descontrolada”, esta inmigración ha generado problemas de todo tipo (desde simples molestias en la convivencia hasta el aumento asindótico de los delitos más odiosos de carácter sexual o de gravedad extrema), generando un rechazo cada vez más generalizado, especialmente en las zonas donde conviven bolsas de inmigrantes con españoles.

4) No existe “una izquierda”, existen tantas izquierdas como intereses personales de sus líderes.

A principios de los años 80, se evidenció el fracaso del análisis marxista y del “socialismo real”. Los partidos socialistas se transformaron en “socialdemócratas”, aceptando la convivencia con el liberalismo y el capitalismo, proponiendo una serie de “reformas” para marchar hacia una “sociedad más justa”. Pero la gran crisis económica de 2007-2011 demostró que, a la hora de la verdad, los gobiernos socialistas europeos cuidaron más salvar al sistema capitalista que a sus propias poblaciones (en España, los “Planes” de ZP para afrontar la crisis y “crear empleos” costaron entre 400 y 500.000 millones de euros, beneficiando solo a la patronal de la construcción y a la banca). Desde entonces, la izquierda ha estado desnortada, sin saber bien hacia dónde dirigirse. La esperanza en una “nueva izquierda” (el “movimiento de los indignados”) se difuminó muy pronto. Desde entonces, todos los “proyectos de izquierda”, de cualquier tonalidad, no han pasado de ser tablas de salvación personales de sus líderes, sin el respaldo de ningún proyecto político de Estado.

5) Las “operaciones unitarias” no son más que intentos personales de conservar actas de diputados.

Desde la quiebra de la URSS en el último tercio de los 80 y, con él, la interrupción de subvenciones de los Países del Este, al PCE, en éste se iniciaron las escisiones y la búsqueda de alternativas. El PCE, siguiendo las enseñanzas historias, recurrió a la “política frentista” creando Izquierda Unida, que todavía existe, si bien es hoy solamente, el PCE y algunas individualidades); pero los avances fueron pocos y los retrocesos muchos a partir de la retirada de Julio Anguita. Desde entonces, se han sucedido más y más “operaciones unitarias” que han tratado de agrupar a formaciones cada vez más pequeñas y que aparecían en mayor número. Hoy, las operaciones de “unidad de la izquierda”, más parecen colmenas u hormigueros mal avenidos en las que hace falta poner de acuerdo a cada vez más partes y en la que cada una pide solo obtener o revalidar el acta de diputado o la concejalía que le garantizará supervivencia personal. El problema es que, en la actualidad, el número de aspirantes a obtener un acta es superior al que los votos de la izquierda pueden garantizar. Olvidados los proyectos políticos, detrás de cada “proyecto unitario” se esconden los “proyectos personales” de sus impulsores.

6) Solamente entre los “trabajadores de la cultura” la izquierda sigue siendo hegemónica.

La izquierda ha ido perdiendo, uno a uno, todos sus bastiones: el mundo del trabajo, no solamente no es de izquierdas, sino que los sindicatos se han convertido en un residuo de otro tiempo, “interlocutores sociales” de bajo coste cuyos dirigentes firman cualquier cosa que se les ponga bajo los mocos con tal de no volver al tajo y asegurarse un sueldo hasta la jubilación. Los barrios obreros están dejando de votar a la izquierda y se pasan en masa a Vox. Sobre los jóvenes, el tránsito a la derecha es notable y reconocido por todas las encuestas. Incluso los hábitos que se generaron en los últimos años del milenio anterior y en los primeros de este (botellones, alcoholismo, toxicomanías), remiten y la juventud se vuelve más conservadora al entrever que ellos han sido las primeras víctimas de las políticas de izquierda. El campo se ha perdido irremisiblemente para la izquierda. En las universidades, la coalición entre profesores con viejas ideas izquierdistas y minorías activistas de izquierdas, unido a la pusilanimidad de las autoridades académicas y a su deseo de evitar violencias, dan la sensación de que existe todavía una hegemonía marxista en las aulas; es una ilusión: en un par de cursos se verá hasta qué punto el “giro a la derecha” de la juventud va a derribar ese mito.

Solamente entre “los trabajadores de la cultura” existe una hegemonía izquierdista… que también hay que relativizar. En los próximos Premios Goya ni una sola película de las nominadas ha cubierto los gastos de producción. En otras palabras, “los trabajadores de la cultura” son los grandes beneficiarios de las políticas de izquierda: sin esas políticas, ni una sola de sus películas “nominadas” este año hubiera visto la luz. Por otra parte, el que estas producciones vayan hacia un lado y el sentir de la población se mueva hacia otro, explica suficientemente el porqué el cine español está siendo abandonado por el público español.

7) Hoy la izquierda está “regionalizada”, rasgo propio de una situación de crisis profunda.

Desde la transición, se hizo evidente que la ausencia durante cuarenta años de la izquierda en el poder, había operado un fenómeno perverso pero significativo: el PSOE empezó a crear sucursales regionales: ya no se trataba de “Federaciones del PSOE”, sino de “Partidos Socialistas de tal o cual región”. El PCE siguió más o menos, el mismo esquema con la intención de “aproximar” las siglas a los electores. Incluso la derecha imitó esta “regionalización”. Fue así como aparecieron los “barones” en los dos grandes partidos y una multitud de líderes, primero regionales, luego comarcales y, finalmente, locales cada uno de los cuales estaba celoso de su autonomía y de orientarse hacia sus “electores naturales”. Esta tendencia se vio acelerada por la caída de los referentes históricos de la izquierda, el hundimiento del marxismo como “método científico”, la ignorancia creciente de los rasgos históricos del socialismo y de la socialdemocracia, por los nuevos líderes del PSOE que, empezando por ZP, llegaban al poder con unas podas ideas mundialistas y globalizadoras de moda en ese momento. Las escisiones y los pequeños grupos que aparecieron aquí y allí, terminaron convirtiéndose en “partidos” cuyo horizonte se circunscribía, en el mejor de los casos, a una sola región, y en muchos casos a una sola provincia, o, incluso a una sola ciudad. La pérdida de referentes comunes y el recurso a tópicos (ecologismo, ecopacifismo, animalismo, feminismo, derechos humanos, antimilitarismo, galaxia LGTBIQ+, etc) mal aprendidos y peor explicados, terminó convirtiendo a la izquierda en microtaifas imposibles de gobernar sin un referente común que operase como cemento unitario.

8) La izquierda ha olvidado lo que es la “razón de Estado”.

Los fenómenos descritos anteriormente han facilitado el que la izquierda fuera olvidando cada vez más lo que es la “razón de Estado” y, poco a poco, se alejara, especialmente con la subida al poder de ZP, de las “políticas de Estado” (que era lógico y obligado que negociara con la oposición). La atomización de la izquierda y las necesidades del mantenimiento de la mayoría parlamentaria cuando ningún partido obtenía mayoría absoluta, hicieron que resultara imposible cualquier reforma necesaria de la constitución (que inmediatamente a su aprobación demostró carencias graves y agujeros negros) e incluso la aprobación de leyes necesarias (no existe un Plan Hidrológico Nacional, por ejemplo). A medida que se iban sentando en los bancos del congreso, diputados cada vez más indigentes intelectualmente hablando, preocupados solo por volver a ser reelegidos y por ir haciendo méritos ante sus jefes de grupo, y a medida que en el gobierno de la nación, lejos de sentarse técnicos y especialistas, los cargos fueron ocupados por ambiciosos sin experiencia en gestión, ni conocimientos, la “razón de Estado”, fue siendo sepultada por las “conveniencias personales”, hasta el punto de que hoy, resulta prácticamente imposible reconstruir “políticas de Estado”.

9) Para que aparezca una “nueva izquierda”, la “vieja izquierda” debe morir

Mientras existan las viejas siglas políticas (PSOE, Podemos, Sumar y la galaxia de partidos regionales, círculos, “federaciones”, “uniones”, etc.) la izquierda seguirá perdiendo el tiempo y perdiendo votos tratando de encontrar fórmulas unitarias. Y este fenómeno no tiene solución: solamente la aparición de nuevos líderes, provistos de un pensamiento y de una doctrina política realista y centrada en las conveniencias de la Nación, del Estado y de la Sociedad, puede salvar a este sector político. Para ello, las viejas siglas deben desaparecer, algo que, sin duda, la historia impondrá antes o después. Pero el proceso de renovación de la izquierda no vendrá protagonizado por un rostro y unos pocos titulares de prensa (como la “operación Rufián”, o antes la “operación Yolanda Díaz”, o antes aún, la “operación Izquierda Unida”) ni gracias a una financiación por lo bajini, discreta, pero suculenta, sino por la coagulación de un nuevo análisis político, realista y objetivo sobre la situación de España y sobre el modelo de sociedad que se pretende construir. Y lamentamos mucho decir que, hoy por hoy, ni la izquierda tiene doctrinarios ni analistas en condiciones de abordar un proyecto de esta envergadura, ni siquiera interesados en su existencia. La izquierda se ha convertido en cortoplacista: un “aquí te pillo, aquí te mato” y “después de mí el diluvio”. Hoy, todas las tendencias de izquierda van en esa dirección, capitaneadas por Sánchez y su política de “tierra quemada” (“el que venga detrás que apechugue”…)

10) Mientras la izquierda rechace el concepto de “autoridad” y Estado seguirá manifestando su impotencia

Uno de los daños colaterales que ha sufrido la izquierda desde la transición ha sido considerarse a sí misma como garante de las “libertades”, a diferencia de las diversas formaciones de derechas que aumentarían la presión del Estado sobre el ciudadano. Tal era el “relato”. Así pues, la izquierda reeditaba la vieja contradicción entre “libertades frente a opresión”, “Pueblo frente a Estado”, “Nacionalidades frente a Nación”, “Derechos Humanos frente a dictadura”... y todo esto que, en el fondo no pasaba de ser un mero debate teórico, consignas de cartel y de panfleto, dejó de funcionar desde el momento en el que el Estado dejó de proteger al ciudadano, a partir del momento en el que determinadas “libertades” acarrearon una pérdida de seguridad para la mayoría de los ciudadanos: los okupas se vieron sobreprotegidos en relación a los propietarios, los derechos de los delincuentes se pusieron en el mismo plano que los de las víctimas, el “yo si te creo hermana” se colocó por encima y por delante de cualquier otro valor e, incluso, se criminalizó al hombre por el mero hecho de serlo y, mucho más en concreto, al “hombre blanco hétero”, mientras que se minimizaba, ocultaba, deformaba y mentía sobre las “manadas”, las cifras de delincuencia de la inmigración y se evitaba la prisión preventiva incluso para individuos detenidos varios centenares de veces. Todo fuera por los “derechos humanos”, las “seguridades jurídicas” y la “defensa de los derechos y de las libertades adquiridas”.

El resultado fue que la Autoridad desapareció de la vida pública y el Estado se mostraba cada vez más impotente para demostrar fuerza, vigor y eficiencia, salvo en la recaudación de impuestos. Este proceso, que empezó a manifestarse en el primer gobierno de Zapatero, ha alcanzado su punto álgido con Pedro Sánchez para el que un inmigrante encarcelado por asesinato tiene el mismo derecho a ser regularizado que otro que lleva trabajando desde el primer momento de su estancia en España. La pérdida del sentido de la autoridad y de prestigio del Estado ha ido parejo a los momentos en los que la izquierda se ha sentado en el poder y ha puesto en marcha sus medidas de “ingeniería social”. Mientras la izquierda no reconozca este error, resulta imposible que vuelva a levantar cabeza en ulteriores procesos electorales.

11) La vieja división entre “derechas” e “izquierdas” ya no sirve.

Detrás de todo esto hay algo que parece muy evidente desde hace décadas. Hasta no hace mucho la “derecha” se caracterizaba por menos presión fiscal y, por tanto, menos servicios sociales, mientras que la “izquierda” reivindicaba para sí el aumento de la presión fiscal y, paralelamente, de las prestaciones y de la calidad de los servicios sociales. Esto planteamiento, sin ser del todo cierto, era el que sugería la izquierda como rasgo de su identidad. El falseamiento estadístico parecía darle la razón: el PIB iba subiendo y este único dato confirmaba, tanto en el período de ZP inmediatamente anterior al batacazo de 2008, como en la actualidad, que la “economía va como un cohete”. En realidad, era como un cohete de feria: el PIB no es ni el único ni el mejor indicador económico: a más población, más PIB. Las cifras de inmigración masiva y adulta llegadas durante el zapaterismo y el sanchismo, son de tal calibre que, por fuerza, han influido en el aumento del PIB, pero no así en el “bienestar”: de hecho, el PIB per cápita se mantiene en las mismas cifras que hace una década y, lo que es aún peor, la vida se ha encarecido y la pobreza ha aumentado. En realidad, muerto el marxismo y olvidado el conservadurismo de estricta observancia, transformado en neoliberalismo, la clasificación derecha-izquierda ha perdido vigencia: durante décadas España ha vivido gobernada por el centro-izquierda y por el centro-derecha que asumían políticas muy parecidas en casi todo. Fue a partir del zapaterismo en donde la “ingeniería social” extrema que intentó, generó una resurrección de las viejas clasificaciones derecha-izquierda que, por cierto, ha terminado perjudicando más a la izquierda y revitalizando a la “derecha de la derecha”, favoreciendo el nacimiento de Vox y su afirmación como partido con más futuro que pasado (a diferencia de PP y, no digamos, del PSOE, que tienen más pasado que futuro). La novedad que aporta Vox es la de ser un partido con un programa que, en su conjunto, propone un baño de realismo a la sociedad española: hay que reformar leyes, hay que reintroducir medidas que jamás se debían haber abandonado, principios que se trata de recuperar e instituciones que sobran y que hay que ir contrayendo. Estas propuestas, aceptadas sobre todo por españoles de clases medias y bajas, ha desplazado el eje de la política española, que ya no es el “centrismo”: ha sido la respuesta de la sociedad a la “ingeniería social” iniciada por el zapaterismo y que es percibida como catastrófica para la sociedad. El gran silencio de la izquierda ante la regularización masiva de ¿500.000? ¿800.000? ¿1.000.000? de inmigrantes desequilibrará por completo los servicios sociales, disparará aún mas el precio de la vivienda y convertirá a algunos barrios en escenarios de una guerra civil no declarada entre delincuentes y mafias frente a ciudadanos, con unas autoridades preocupadas sobre todo por los “derechos humanos” de los detenidos y por ranchos halal en comisarías y prisiones. La izquierda seguirá muerta mientras siga callando ante estos problemas por muchas “operaciones” y maniobras “unitarios” que inventen sus líderes.

12) Dos sectores desprestigiados y un partido “virgen”

Hasta ahora la corrupción no ha sido desterrada del escenario político español, porque, centro-derecha y centro-izquierda estaban mancomunados por el cobro de comisiones, el falseamiento de concursos públicos, el fraude de las “ayudas al desarrollo”, de los subsidios a las ONGs y todo género de corruptelas.

Además, la ausencia de un “centro de imputación” y la dispersión del poder del Estado en distintos centros de poder (ayuntamientos, diputaciones provinciales, consejos comarcales en Cataluña, autonomías, gobierno del Estado y administración europea) aconsejaba a los partidos, en primer lugar, que no se aumentaran las penas por corrupción, en segundo lugar que los medios de investigación de la corrupción fueran limitados, incluso los medios judiciales y nunca completamente independientes y que, a fin de cuentas, como ha ocurrido con el Caso EREs de Andalucía o con los instigadores del “procés” catalán, la amnistía decretada desde La Moncloa, se convirtiera en un acicate para “volver a intentarlo”.

En estos momentos, vivimos un momento en el que la única defensa del gobierno de izquierdas ante los casos de corrupción es el consabido “y tú más”, que fue también la cantinela del PP cuando se vio asfixiado por casos de corrupción o por el pujolismo que siempre tuvo la habilidad de convertir sus estafas en excusas para victimizarse.

Pero el problema es que la irrupción de una nueva fuerza política y su consolidación, en el caso de Vox, ha operado un fenómeno que deja a la “derecha” y a la “izquierda” con el paso cambiado: en efecto, Vox es “virgen” en materia de corrupción. Y seguirá creciendo mientras sea fiel a sus principios que hoy son claros y rotundos.

En el momento en que el electorado perciba -como ocurrió con Podemos y con Ciudadanos- que este partido empieza a practicar las mismas malas antes que son de uso común en el resto del arco parlamentario, puede desaparecer abandonado por su electorado de un día para otro. Pero, mientras eso no ocurra y nadie pueda achacar a Vox el “decir una cosa y hacer otra”, seguirá creciendo y comiéndole el espacio electoral especialmente a la izquierda. Y, precisamente por eso, cabe decir, a modo de conclusión, que mientras Vox no traicione a su electorado, la izquierda española, intente lo que intente, se va a convertir en una fábrica de futuros políticos en paro. Con lo que sus luchas internas y su desgaste, irán aumentando más y más. Triste, pero inevitable.

 









VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (2 de 3) - EL “PROYECTO RUFIÁN” O LA ENÉSIMA INTENTONA

Rufián es el caso típico de un “político de izquierdas” que busca eternizar sus quince minutos de fama mediática: cuarentón, con dos hijos, sin un historial académico ni profesional particularmente brillante y con unos criterios políticos etéreos y prendidos con alfileres que le llevaron a una situación paradójica.

En 2013, el independentismo catalán había iniciado su “procés”. El problema del que solamente eran conscientes algunos cerebros grises, era cómo Cataluña podía ser independiente si tenía bolsas extraordinariamente amplias de castellanoparlante, especialmente en el Cinturón Industrial de Barcelona. Así que los “mentes frías” que impulsaban el “procés” tuvieron la ocurrencia de crear un movimiento independentista catalán especializado en el “trabajo político” sobre castellanoparlantes. Así nación el movimiento Súmate dirigido por andaluces que se habían arrimado a Junts pel Sí (de hecho, Pujol, ya en los años 80, había comprado a precio de saldo a exponentes “andalucistas”, para que apoyaran su política utilizando la lengua castellana…

Entre los indocumentados políticos que se sumaron a esta iniciativa, figuraron Gabriel Rufián por un lado y Antonio Baños, por otro. Ambos creerían con una seriedad pasmosa que el “procés” terminaría como sus promotores pensaban y que Catalunya sería el “Estado número 28 de la Unión Europea”. Y ellos, en tanto que, “líderes” de la comunidad castellanoparlante tendrían un papel protagonista en el “nuevo Estado”… Baños se orientó hacia la CUP, siendo elegido diputado en 2015, pero dimitió poco después cuando su partido decidió no apoyar la investidura de Artur Mas como presidente de la gencat y va a salto de mata entre tertulias de medios dependientes de la gencat. El destino de Gabriel Rufián ha sido mucho más “rutilante”.

Llegó al parlamento del Estado como portavoz del Grupo Parlamentario de ERC, en sustitución de Joan Tardá que se había convertido en un histórico del partido indepe, el clásico “tocacollons”, con una línea cada vez más errática dentro del partido (en 2025 defendía, contra todo criterio y evidenciando una ignorancia absoluta de la realidad,  que ERC debía abrirse a la inmigración e incorporarla al partido a la vista de que la independencia quedaba lejos, justo en el momento en el que se iniciaban los tránsitos de ERC hacia Aliança Catalana). Rufián era el “charnego” de ERC que podía demostrar en Madrid que el independentismo era “integrador” y que los castellanoparlantes también podían estar a favor de la independencia. Rufián que, en principio creía que la independencia era para mañana, afirmó su voluntad de quedarse pocos meses en Madrid. Lleva diez años. Y la in dependencia se ha aplazado sine die, probablemente hasta nunca.

El caso es que Rufián se siente bien en Madrid, pero el cambio de ciclo político amenaza su puesto de diputado. La ERC que dejó en Barcelona hace 10 años no es la misma que la actual. Oriol Junqueras, tras su paso por la cárcel ha entendido perfectamente que el “procés” fue un patinazo y, a pesar de que, existe entre él y Puigdemont un odio que deriva de la impresión -muy cierta, por lo demás- de que el “honorable president”, en cuanto vio que entraba en juego la judicatura y el “procés” embarrancaba tomó por las de Villadiego tras despedirse de Junqueras “fins demà” [hasta mañana]. Junqueras no le perdonará nunca haber “chupado talego” casi cuatro años, mientras Puigdemont vivía a cuerpo de rey en el mejor barrio de Bruselas.

El problema en Cataluña en 2026 es que la independencia se ha ido alejando del horizonte político del catalán medio, algo que apenas empiezan a darse cuenta los líderes indepes que, para colmo, son los mismos que los que “lideraron” el “procés”. Y Rufián, ahora mismo, tiene la vívida sensación de que su tiempo en Madrid se está agotando y que el partido ya no necesita a “charnegos” que lo representen en Madrid y que los simbólicos discursos pronunciados en catalán por Rufián ya no tienen absolutamente ningún impacto y pocos diputados se ponen el pinganillo para traducirlos. Pero Rufián vive en Madrid y, mejor que nadie, se ha hecho a la idea de que la independencia de Cataluña es imposible. Y es entonces cuando empieza a sentirse más “hombre de izquierdas” que “independentista”. Y eso preocupa a Junqueras cuya situación dentro del partido no es buena.

El fracaso del “procés” y la persistencia de sus líderes en querer seguir en el machito a pesar del estrepitoso ridículo mundial que los erosionó (y erosionó aún más a Cataluña con la “fuga de empresas”) hace que este sector político atraviese un período de fuertes divisiones internas y una profunda crisis de liderazgo tras los malos resultados electorales de 2024. La creación de corrientes internas, los choques entre Oriol Junqueras y Marta Rovira, con acusaciones cruzadas de "dirección paralela" y filtraciones, la lucha entre los que abogan por un “nuevo curso” y los que siguen aferrados a la estrategia indepe, los problemas internos de carácter personal, la retirada de “cerebros” y, la fuga de cuadros y de votos hacia Aliança Catalana, sugieren que los problemas de ERC no han hecho nada más que empezar. Parece lógico que Rufián se preocupe por “su mañana”: si no es diputado, ¿qué puede ser cuando se confirme el cambio de ciclo político?

 

Y, es entonces cuando Rufián, ese “hombre de izquierdas”, mira a su entorno y ve a la izquierda completamente fuera de juego. Entonces se le ocurre la brillante idea: ¿cuándo gana elecciones la izquierda en este país? Respuesta: cuando se presenta unidad, en un “frente popular”. ¿Ejemplo? Las elecciones de 1936. La situación de postración de la izquierda no se debe, por tanto, a sus errores políticos, a un “relato” que choca cada vez más con la realidad, a que ha perdido la iniciativa entre los jóvenes, a que se obstina en negar la evidencia que cada ciudadano -especialmente el electorado de barrios populares- vive cada día, los salarios bajos, las viviendas imposibles, la inseguridad enseñoreándose de las calles… todo esto, todo, sin excepción, puede ser superado por la izquierda condición de generar una nueva ilusión, entre los jóvenes, entre su electorado decepcionado, entre los electores desmovilizados, entre los parados, entre los inmigrantes naturalizados, entre los jubilados, entre las mujeres, e incluso, lo que parece casi imposible: recuperar el voto de los trabajadores. Para ello solo hay que despertar entusiasmo. Para eso hace falta “unidad”. A fin de cuentas, no hace tanto que Podemos supuso una ilusión (esto es, la percepción de ilusos) que puede revivir.

El hecho de que, en las elecciones regionales de Extremadura y Aragón, la caída en picado del PSOE no se haya traducido en un aumento de votos de Podemos y solamente en una mínima subida de Sumar, es lo que justificaría la “operación Rufián”. Unidad, es lo que falta. Así un “frente unido de izquierdas” lograría mantener el poder en el post-sanchismo y “avanzar en las conquistas sociales”, etc, etc, etc. Eso, o de lo contrario, Rufián y otros muchos como él, dejarán de percibir su sueldo de diputado, y cuando concluyan sus 18 meses de paro, deberán vivir, como otros antiguos diputados de la extrema-izquierda, a salto de mata. Y no es plan… Se entiende perfectamente que Rufián se preocupe y luche por su futuro.

Ahora bien, es difícil establecer si la “operación Rufián” ha salido de su propio cálculo personal o bien de las alcantarillas de La Moncloa. En efecto: si Sánchez se mantiene en el poder, aun habiendo perdido las elecciones de 2023, es solamente gracias al concurso del os independentistas y de la extrema-izquierda. Es lícito pensar, a la vista de los resultados del as elecciones de Extremadura y Aragón, que el PSOE se irá desmoronando en las próximas elecciones generales, pero aún podría mantenerse en el poder si los partidos sobre los que Sánchez ha apuntalado su “régimen”, mejoran en escaños.

Alimentar, pues, una nueva “operación unitaria” en el seno de la izquierda, sería un elemento táctico que permitiera a Sánchez eternizarse en el poder. Para eso han recurrido, a un tipo que hoy es consciente de que se ha convertido en un outsider de ERC y que, durante sus diez años en Madrid, ha sabido establecer vínculos con las distintas izquierdas. Montar una operación de este tipo cuesta dinero y ni ERC, ni el propio bolsillo de Rufián, podrían afrontar una operación de esta envergadura: hace falta, incluso, pagar a medios de comunicación para que agiten a los vientos la operación, para pagar el alquiler de salas, comidas, desplazamientos, etc.

Sea como fuere, en febrero de 2026, Rufián presentó su proyecto de "frente amplio plurinacional" de izquierdas para las próximas elecciones generales. El lema no es ninguna maravilla del marketing electoral: "Disputar el presente para ganar el futuro" (yo mismo, en el primer congreso de Fuerza Nueva presenté el lema: “organizarse hoy para vencer mañana”, frase perdida en el texto de mi ponencia y de la que ni siquiera me había dado cuenta y que sólo Blas Piñar, elogió y colocó en carteles en todas las sedes del partido, sin advertir que eso de “organizarse” no estaba en el ADN de la ultra).

Y el “futuro” se “gana” articulando a los partidos de izquierda (ERC, Bildu, BNG, Sumar, Podemos, etc.) en función de un “programa común” y del “reparto de provincias” (¿en función de las encuestas del CIS…?). El objetivo es que en cada circunscripción se presente una única lista de izquierdas para evitar la pérdida de escaños por la división del voto y así "ganar a Vox". Así pues, se trata de eso: “ganar a Vox”… De nuevo, se percibe el olor de las alcantarillas de La Moncloa que alertan sobre “el retorno del fascismo”, el “que viene la ultraderecha”… cuando en realidad, el gran miedo del PSOE y de todos estos grupos es quedar por detrás de Vox y demostrar que el eslogan de esta formación -virgen todavía en lo que se refiere al ejercicio del poder- “solo nos queda Vox”, está teniendo cada vez más tirón entre el electorado… especialmente joven.

Rufián, a la vista de que su tiempo en ERC se está agotando, toma la delantera y dice lo que la mayoría de su partido se niega a reconocer públicamente: que el independentismo es cosa del pasado y que no se formen grupos regionales en el parlamento sino un “grupo interparlamentario coordinado” que defienda “el antifascismo, el derecho a la autodeterminación y la mejora de las condiciones de vida”.

Por muchas amistades que haya cosechado Rufián en sus años castizos, lo cierto es que el programa y la propuesta, están cogidos con alfileres. En ERC: La dirección del partido, encabezada por Oriol Junqueras, ha cerrado la puerta oficialmente a esta estrategia, prefiriendo mantener la identidad propia del partido. Formaciones como EH Bildu y Podemos han rechazado o ignorado formalmente el plan, criticando que se base únicamente en “cálculos electorales” y no en una unidad ideológica real. ¿Y Sumar?

En el día de hoy The Objective ha publicado la noticia de que Mónica García (ministra de sanidad) presentó ante el registro de marcas y patentes el nombre de “Nuevo Frente Amplio”, de resonancias uruguayas (era la propuesta frentista de la organización terrorista “tupamaros”). La nueva marca no implica nada más que un simple cambio de nombre para llamar a Sumar de otra manera, sin que ello reporte más cambios, ni siquiera ampliación de la coalición. Maíllo, el hombre de Izquierda Unida, una de las coaliciones que forman parte e Sumar, apeló a las formaciones de la izquierda alternativa al PSOE a presentarse juntas a las próximas elecciones generales, pero cambiando la denominación de Sumar. La excusa para esta nueva marca es evitar que se solapen dos siglas similares: la de Sumar (coalición), con la del Movimiento Sumar (el partido que fundó Yolanda Díaz). Con estas declaraciones, Maillo daba por enterrada la marca de Sumar. Porque, a fin de cuentas y sin que prácticamente lo advirtiéramos, Sumar ya no es una “coalición” sino el “partido de Yolanda Díaz”. Y como todos los que pasan por la mesa del consejo de ministros de un gobierno sanchista, la gallega está amortizada políticamente y, si bien su sueldo de exministra le reportará ingresos y tranquilidad económica para el resto de sus días, estamos ante otro caso de “político al borde del paro”. Todo induce a pensar que la Yolanda Díaz abandonará la política y no se presentará a la reelección. Su partido, el Movimiento Sumar, en cambio si parece interesado en el Nuevo Frente Amplio, del que sus motores son Más Madrid, IU, En Comú.

IU y Más Madrid coinciden en la idea de buscar un “revulsivo” para que la nueva alianza represente una “nueva etapa”. Aunque entre las dos formaciones existen también diferencias y choques, de ahí la importancia política de que los de Mónica García se adelantaran a la hora de registrar como marca uno de los posibles nombres de la nueva coalición.

Así pues, para este sector de la izquierda (y el más realista), el fracaso de Sumar (con la salida de Compromís y el alejamiento de Chunta Aragonesista y los mediocres resultados electorales) se resigna a reducirse y cambiar de etiqueta con tal de sobrevivir. Ese realismo es lo que, en nuestra opinión hará que rechacen el “proyecto Rufián”. Queda saber si éste, será aceptado en alguna lista electoral de izquierdas que le garantice sobrevivir con un acta de diputado cuatro años más. No lo creemos, francamente.

Por el momento, Rufián solamente parece haber encandilado a Emilio Delgado diputado de Mas Madrid que participó en una especie de presentación del proyecto que dio algo que hablar. En efecto, Delgado reconoció que la izquierda se había ido alejando de los barrios populares y que en estos reinaba una inseguridad creciente. Salió a relucir el tema tabú en la izquierda: la inmigración. Delgado recordó que hace 40 años, esos mismos barrios estaban llenos de delincuentes “nacionales”, así pues, el problema es “social”, no “étnico”… Rufián optó por no intervenir en esta parte y la “moderadora”, Sarah Santaolalla estuvo a punto de saltarle al cuello cuando Delgado insinuó que la inmigración masiva se había convertido en un problema… (Delgado, acuérdate de nuestra fórmula: “si bien es cierto que la mayoría de inmigrantes vienen a trabajar, también es cierto que la mayoría de delincuentes, aquí y ahora, son inmigrantes”; un razonamiento tan incuestionable y tajante como este te evitará muchas discusiones en tu ambiente político).

Así están las cosas. Y va siendo hora de sacar conclusiones, porque da la sensación de que todo esto es tiempo perdido, una especie de déjà vu protagonizado por una serie de políticos de otra época que empiezan a percibir que sus consignas del ayer, ya han dejado de atraer…