miércoles, 17 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (170) – MÁS ALLÁ DE LA UNIDAD NACIONAL


Julius Evola -doctrinario imprescindible-, escribió un libro de título extraño: El arco y la maza. En el contenido no aparece por lugar alguno, ni un arco, ni una maza. La perífrasis simbólica sugiere, en cambio, que con el arco se abaten objetivos lejanos, mientras que con un mazazo te cargas al que tienes delante. O dicho con otras palabras: hay que mirar lejos, pero no olvidarse de la proximidad (y viceversa). De hecho, en política, no puede actuarse sólo mediante regates en corto: hace falta prever ciclos prolongados. Colbert plantaba bosques de hayas para que en el siglo siguiente, Francia pudiera construir buques de guerra más grandes y sólidos que los de cualquier otra potencia. Hoy, la clase política actúa en función del día a día: precisamente, la subida del salario mínimo propuesta estos días por el gobierno es garantía de que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina. Pero esta es otra historia. Me quejo, en realidad, de que mirar más allá de las necesidades actuales, no es comprendido por todos. Verán.

Parece evidente que, en estos momentos, España y la expresión organizada de su sociedad, el Estado Español, deben reconstruir su “unidad nacional”. ¿Por qué? Argumentos no faltan y puede realizarse perfectamente su anclaje en la historia, pero también en el pragmatismo: una unidad de 38 millones de españoles es más eficiente que diecisiete taifas o que una federación de microestados en centrifugación. ¿La prueba? Incluso en los EEUU, cuando hace diez años se produjo el huracán que asoló Nueva Orleans, ni las autoridades estatales, ni las locales, reaccionaron a tiempo. La crisis terminó cuando el Estado tomó cartas en el asunto. Diez años después, en Mallorca o diesiete años antes en las costas gallegas con la crisis del chapapote, la normalidad solamente se restableció con el envío, por parte del Estado, de unidades militares que en dos patadas resolvieron la situación. Los gobiernos autonómicos han tenido muy poco protagonismo y ni siquiera han sido capaces de movilizar voluntarios, que se pusieron en marcha, en ambos casos, por iniciativa propia. Y si los gobiernos autonómicos ni siquiera son capaces de afrontar instantes de crisis en sus autonomías ¿para qué diablos sirven aparte de para reventar presupuestos públicos?

Así pues, la lógica dice que, aquí y ahora, un Estado unitario es mas eficiente que las taifas autonómicas. Lo que debería bastar para desguazar el “Estado de las Autonomías”, primorosamente creado y que ha conducido directamente a crisis y más crisis, en el País Vasco y en Cataluña, cerradas siempre en falso. Negar que la “unidad nacional” fue un logro y que es irrenunciable, es algo que debería estar contenido en la carta constitucional, si la lógica y el sentido común hubiera existido alguna vez en la clase política democrática. Pero, en su lugar, lo que tuvimos fueron cambalacheos y actitudes de funambulistas que nos han traído hasta la situación actual.

Claro está que la “unidad nacional”, no ha sido siempre así: en 1492 era muy diferente que en 1714 y hoy, naturalmente, debería de tener otros contenidos. Entre 1492 y la Guerra de Sucesión, España no era “una”: existían “las Españas”. Para pasar del Reino de Valencia al Principado de Cataluña había que pagar peajes. Las instituciones y fueros de cada Reino y Principado eran diferentes a los de al lado. Y eso estaba bien… en el siglo XV, pero en el XVIII resultaba un arcaísmo. A medida que la Edad Media iba quedando atrás, la forma de organización propia de aquel ciclo histórico se iba convirtiendo en inadecuada para un mundo de cambiaba, lenta, pero inexorablemente.

Tiene gracia que, precisamente, el despegue de Cataluña como “polo industrial” no se produjera con las tan cacareadas “instituciones catalanas”, sino cuando estas fueron eliminadas por el Decreto de nueva Planta (que, por cierto, no prohibió el uso del catalán en la administración. La única vez que aparece en el decreto la cuestión idiomática fue en relación a la justicia que tenía que hacerse en castellano… antes se impartía en latín, no en catalán). Fue, precisamente, la “modernización” del Estado lo que llevó a la superación del concepto de “Españas”, instaurado por los Reyes Católicos y aceptado por los Austrias.



Y este es el problema: que la fórmula de “Estado Unitario”, ha sido la más adecuada para presidir un largo ciclo histórico que va desde el Tratado de Urech hasta la caída del Muro de Berlín. Este período de casi 300 años ha marcado el momento álgido de los Estados-Nación. Esos que toda la Europa identitaria apoya en estos momentos: el concepto que han revalidado los miembros del a AfD en las pasadas elecciones, o los nacional-demócratas nordicos, o el gobierno Salvini, o el ex Front National o Ressemblament National, o el UKIP, o los gobiernos húngaro y polaco, y tantos y tantos patriotas que alcanza las banderas de sus Estados Nacionales como enseñas de batalla contra la globalización, el cosmopolitismo, el mestizaje cultural, la inmigración masiva y la identidad nacional.

Sólo hay un problema. En 1989, con la caída del Muro de Berlín, se cerró definitivamente un período en la historia universal, la época de los Estados-Nación. No era algo nuevo. En el ya lejano 1931 la revista alemana Die Tat, extrayendo conclusiones de la crisis económica de 1929, ya ponía los puntos sobre las íes y afirmaba que la economía “expansiva”, identificada con el capitalismo inglés, era la responsable de la crisis y que era hora de generar una economía “intensiva”, no basada en la exportación, sino en la explotación de los recursos propios para los propios ciudadanos de una nación. Era una defensa de la “autarquía”, unido al reconocimiento también de que los Estados no tienen en su subsuelo ni recursos ni materias primas suficientes para afrontar todas las necesidades de la producción. 

Así pues, para ellos, autarquía era “economía de proximidad”, unido a intercambio de productos excedentarios por productos deficitarios en cada país. La idea era que, al final, existiera un equilibrio entre importaciones y exportaciones y que la balanza de pagos diera como resultado CERO. La tesis final de Die Tat era que la “autarquía” debía llevar a la colaboración entre las economías nacionales y a la creación de “bloques económicos”. Europa era uno de ellos. De ahí toda la retórica que acompañó durante la Segunda Guerra Mundial, sobre la construcción del Nuevo Orden Europeo. Porque, las propuestas de Die Tat fueron incorporadas al gobierno del Tercer Reich. Procedían de una reformulación de la teoría de Coudenhove-Kalergi sobre la reorganización del mundo en “cinco bloques”.



Estamos en 2017. Es bueno que se alcen banderas nacionales contra la globalización. De hecho, los Estados Nación constituyen barricadas contra el rodillo globalizador. Ahora bien, cuando el presupuesto del CERN o el del Airbus superan el presupuesto nacional de un Estado europeo de tamaño medio, parece evidente que el Estado Nación, en sus actuales circunstancias, no va a poder eternizarse, a menos que no sea como mito: existirá la bandera nacional, la administración del Estado, incluso el “orgullo nacional”… pero la nación no será independiente sino sometida al capricho de los capitales financieros, del capital especulativo mundial, de los fondos buitres y de los señores del dinero, tal como ocurre hoy, aquí y ahora.

Desde los años 20, cuando apareció el libro de Berdaiev Hacia una nueva Edad Media, existe la convicción de que nos aproximamos a una mutación histórica crítica, similar a la que tuvo lugar en el siglo XV en España con la unificación de las Coronas de Castilla y Aragón, similar a la que tuvo lugar en nuestro territorio en el siglo XVIII con el Decreto de Nueva Planta y con la configuración “unitaria” del Estado. La fórmula Estado Nacional puede ser una barricada, pero ya no es capaz ni de detener ni de abrir una ofensiva contra el rodillo globalizador. Es irrenunciable defender su integridad, afirmar y reforzar sus instituciones -esto es, el aparato del Estado-, cortar los brotes que pretendan hacer retroceder la historia hasta el siglo XV o incluso hasta la alta Edad Media…

Todo esto supone ir con la maza, atizando (simbólicamente, claro está) a objetivos cercanos: en la actualidad, cargando contra el independentismo.cat, sin duda la más troglodítica opción desintegradora. Pero esto no basta: es preciso mirar más lejos, allí hasta donde llega la flecha. Hace falta mirar más allá del Estado-Nación, porque puede ocurrir -de hecho está ocurriendo- que estemos orgullosos de nuestra bandera y de nuestra independencia y todo esto sirva solo para encubrir que España es un país dependiente al 100% de la economía globalizada y que lo que pueda votar el ciudadano mañana o pasado importa poco, porque las decisiones que nos afectan a todos, se toman en rascacielos lejanos en donde se sientan diosecillos de la economía, contentes y felices de que, mientras de ondean banderas nacionales, nadie parezca preocuparse de que el neoliberalismo devora, precisamente, todo lo que representa esa bandera.

¿Qué hay detrás del Estado-Nación? Respuesta: los bloques continentales. Y hace falta que España se defina si quiere estar en Europa o trabajar por una Comunidad Ibérica de Naciones que mire al otro lado del Océano. Eso sería utilizar el arco y las flechas: apuntar y adaptarse a un nuevo ciclo histórico

martes, 16 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (169) - LOS GRANDES LOGROS DEL INDEPENDENTISMO CATALÁN


Se llama “heterotelia de los fines” a la inevitable diferencia que siempre existe entre un proyecto político en su punto de partida y ese mismo proyecto en su punto de llegada: entre lo que se proponía y lo que ha conseguido…. Es habitual en política que los proyectos no siempre se desarrollen como estaba previsto y mucho más si contienen un elemento irracional. Los observadores más imparciales y rigurosos de la evolución política en Cataluña están hoy de acuerdo en considerar que el “procés” fue el producto de un cálculo erróneo de la situación del Estado Español, de la situación política internacional y de una apreciación más que optimista sobre su propia fuerza y sobre la debilidad del unionismo en la propia Cataluña. Habría que añadir que se ha tratado de un error en la apreciación del devenir histórico: el siglo XXI no es el siglo en el que puedan aparecer nuevos microestados. Error tras error, hemos llegado a la situación actual en la que los independentistas, han conseguido algunos “logros inéditos” que valdría la pena recordar. Así pues, este período no ha sido completamente estéril en lo que se refiere a la renovación política, sino que se ha creado un escenario completamente diferente al anterior. Podemos resumir esos diez logros:

1)  El resultado más evidente que ha generado el “procés” ha sido la ruptura en dos de la sociedad catalana. Hasta ahora, nunca a lo largo de su historia, la sociedad en Cataluña había estado fracturada por una brecha tan amplia y tan irreconciliable, como ahora. Esta es la primera y mayor responsabilidad de la gencat: el haber logrado romper grupos de amigos, familias, enfrentado a vecinos con vecinos, haberlo hecho de manera frívola y aventurerista y, para colmo, seguir actuando como si este fenómeno no se hubiera producido, hablando en nombre de “toda Cataluña”.

2) El “procés” ha generado una reacción unionista inesperada. El nacionalismo español estaba dormido en Cataluña en donde no se recordaba ninguna manifestación españolista desde 1979 (cuando Fuerza Nueva consiguió movilizar unas 10.000 personas) o desde diciembre de 1970 (cuando unas 50-60.000 personas salieron en manifestación en apoyo del régimen franquista durante el “proceso de Burgos” contra miembros de ETA). En el último año se han producido dos manifestaciones de masas (que superan a cualquier otra de carácter unionista que se haya realizado en Barcelona en el siglo XX y rivalizan con las habituales demostraciones indepes), así como varias decenas de manifestaciones y concentraciones menores.

3) Al mostrar sus cartas, el independentismo ha descubierto su verdadero rostro: intolerante, insensible a la realidad social, poco inteligente y nada realista, confundiendo deseos y fantasías con realidades. Sea cual sea el final de la crisis, no sólo en España, sino en Europa, será muy difícil mirar con los mismos ojos al independentismo catalán. A medida que se han ido sucediendo los protagonistas del “procés” (Mas, Puigdemont, Torra), el nivel y la personalidad política mostrada ha sido cada vez más bajo y la tosquedad más elevada. El “catalanismo político” convertido en “independentismo” ha dilapidado todo el capital político recibido de los primeros. Y lo más significativo: el nacionalismo catalán se ha evaporado.


4) La fuga de empresas, contrariamente a lo que creen los independentistas, no se ha debido a una “orden del Rey”, sino a la naturaleza de la lógica capitalista: el dinero es cobarde y se va de lugares en donde aparece la inestabilidad política. Esa inestabilidad ha sido generada por el propio “procés”. La situación económica de Cataluña hoy no es buena: donde mucho ha habido siempre queda algo, pero lo cierto es que las diferencias con el resto del Estado en materia económica se van acortando. Cataluña ha crecido un punto menos de lo esperado en el último año y en estos momentos lidera la desaceleración económica de España. Salvo para aventureros económicos (fondos buitre), Cataluña sigue mostrando inseguridad jurídica muy por debajo de las exigencias de inversores estables y a largo plazo.

5) El extremismo político ha aumentado en Cataluña. Durante 40 años, el independentismo radical era una fuerza residual, y prácticamente no existía nada en esa área política fuera de ERC. Incluso en terrorismo de Terra Lliure fue minúsculo y quedó borrado de un plumazo sin apenas esfuerzos. Sin embargo, desde el inicio del proceso soberanismo, ese extremismo se ha multiplicado y hoy es compartido, no solamente por la CUP, sino por el propio presidente de la Generalitat. La fuerza que ha crecido más en estos últimos años es precisamente la CUP y contribuye a la “borrokización” de la calle.

6) La Generalitat de Cataluña y las instituciones catalanas han dejado de existir como patrimonio de “todos los catalanes”: gobiernan para una parte de Cataluña y en contra de otra. Por tanto, es mejor llamarla “gencat” que bien podrían ser las siglas de un partido (esto es de una “parte” de la sociedad catalana). Lo hace manera sectaria e intolerante, cada vez más perdida en su fantasía de la “República Catalana” y presa del mito inmovilizador creado con el seudo-referendo del 1 de octubre: sigue atribuyen algún valor e interés a aquella consulta, como si la historia de Cataluña unida al resto del Estado terminara allí y ahora hubiéramos entrado en un período de independencia “en suspenso”.


7)  Como efecto de lo anterior, las instituciones creadas por el Estatuto de Cataluña han dejado de funcionar: el parlamento dejó de ser un organismo de control al gobierno de la Generalitat para convertirse en otro escenario en la que la gencat quiere imponer su peso a la otra parte, mientras que el “gobierno de la gencat” está desde hace más de un lustro solamente interesado en promover la independencia por encima de su tarea de gestión de los asuntos cotidianos de la sociedad.

8) La izquierda catalana ha estallado en mil pedazos.  La crisis independentista se inició con los devaneos de Maragall con ERC en el primer tripartido. Desde entonces, la izquierda catalana ha sido cogida a contrapié por su propio discurso ambiguo, ecléctico, a veces federalista, otras independentista, otras nacionalista, otras españolista. Hoy no existe una “izquierda catalana” sino un espacio político atomizado y que abarca desde las CUP hasta el PSOE en el que puede encontrarse de todo y lo contrario.

9) El eje del antiindependentismo en estos años no ha sido el PP, sino Ciudadanos. Si esta formación ha polarizado más el voto unionista ha sido porque nació como alternativa al nacionalismo catalán y se justifica solamente por su radicalismo nacionalista, mientras que los unionistas catalanes no pueden olvidar que el PP multiplicó sus pactos con el nacionalismo y su tolerancia hacia los excesos cometidos durante décadas por el clan Pujol

10) El independentismo ha colocado a Cataluña en un callejón sin salida: no hay margen para la negociación porque más allá del “estatut” está la independencia. Y, desde el punto de vista unionista, las cosas no pueden quedar tampoco como estaban antes del “procés”, especialmente porque se ha demostrado lo peligroso que es dejar a unos lunáticos el control de la educación y las llaves de la caja (con subvenciones a unos medios de comunicación hambrientos de fondos y decenas de millones entregados al asociacionismo independentista). La “normalización” en Cataluña pasa por replantear todos estos temas que, obviamente, no pueden quedar como estaban antes del “procés”.

Reconozcamos que todo esto lo ha logrado el independentismo catalán, solo y sin ayuda de nadie. Reconozcamos, igualmente, que logros de este tipo no están al alcance de cualquiera y que en su surrealista aventura, el independentismo ha logrado llegar donde no solamente no se imaginaba, sino hasta donde nunca llego a ser capaz de imaginar.


lunes, 15 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (168) - ¿EUGENESIA? POR SUPUESTO

A principios de noviembre se estrenará una película sueca, Journal 64, que vuelve a la carga con el tema de la eugenesia. Está protagonizada por los miembros del Grupo Q de la policía de Estocolmo (y es la cuarta de la serie), como las anteriores, interesante y con argumento bien armado. El fondo de la cuestión es el hecho de que en Suecia se practicón hasta 1945 esta técnica que, etimológicamente quiere decir “buen nacimiento”. Hoy, todo aquel que se las da de “bienpensante”, rechaza horrorizado cualquier técnica eugenésica. Será por eso que siempre me ha interesado y que, cada vez más, la considero imprescindible.

En el Proceso de Nuremberg se realizó la condena formal de la eugenesia. La habían practicado los nazis, la maldad personificada, y esto bastaba para erradicarla. Nadie chistó. Poco a poco, las medidas eugenésicas que habían sido adoptadas por los países más democráticas del mundo, fueron desapareciendo. Y así es como hemos llegado al punto actual. Vale la pena realizar algunas consideraciones y plantearnos sino sería bueno revisar aquella condena y, mucho más, sus implicaciones.

A primera vista si se define la eugenesia como el conjunto de técnicas de “buen nacimiento” que contribuyen a una “mejora de la raza” (y si algún alma sensible le molesta la palabra “raza”, cámbiela por “especie” y tan contentos), no parece que haya nada en ello de condenable: “mejorar la raza” o la “especie” es, en cualquier caso, más positivo que “degradar a la raza” o “empeorar la especie”. En la vida social la estabilidad permanente es pura ficción: condenar la “mejora de la raza” implica, por pura lógica, el que la “raza” (insisto, o la “especie”) no mejorarán… pero sí empeorarán. Que es justamente lo que estamos viendo.

Una sociedad que pretenda ser estable tiene que ser, como mínimo, coherente. Es fácil, por ejemplo, hacer imponer hábitos para una buena alimentación, insertar el deporte y la educación física entre los hábitos sociales, desterrar el consumo de drogas y cualquier adicción, evitar que proliferen seres desgraciados a los que será imposible dar una vida digna y cuya existencia estará siempre sometida a las limitaciones propias de organismo enfermos de nacimiento: basta con aceptar que una de las funciones del Estado es la SALUD de las poblaciones y que quien pone en peligro esa salud está cometiendo el peor de los delitos.

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Hoy, en cambio, nos venden alimentos que son pura química, a nadie le importa que un alcohólico transmita en sus genes síndromes que se manifiestan avanzada la edad del hijo y que no tienen cura, o que determinadas personas eternicen defectos hereditarios graves en su descendencia… total, todo se arregla con un subsidio. Es falso que se trata de un debate sobre bioética: es un debate social. Cuando no está claro cuál es el fin de un Estado -y hoy el fin de los Estado consiste solamente en facilitar una vida de lujo a su clase dirigente- no está clara ninguna de las funciones de ese mismo Estado: faltan argumentos sólidos, por ejemplo, para condenar la adulteración de los alimentos, las malas prácticas de vida, 

¿Acaso no tiene derecho un empresario del sector cárnico a rentabilizar su negocio vendiendo “preparados de carne” con el aspecto de carne picada para hamburguesas que sólo contiene un 15% de “carne”? ¿riesgos de obesidad mórbida? Existen, como existen establecimientos de fast-food en cada esquina. ¿Acaso no es una afirmación de libre comercio el colocar una antena de emisión de microondas para telefonía móvil encima de una guardería aun a sabiendas de que generará cánceres infantiles? ¿Con qué argumentos vamos a evitar que un alcohólico transmita a sus hijos síndromes que harán de ellos enfermos incurables durante toda su vida? A los Estados modernos, dados sus presupuestos de partida, les faltan argumentos para adoptar actitudes y medidas coherentes que contribuyan a la salud de las poblaciones. Todo sería más simple si el Estado asumiera -entre otras- como función la mejora de la salud física y mental de las poblaciones: eso haría que, constitucionalmente, incluso estuvieran condenadas prácticas especulativas, encarecimiento de la vivienda hasta precios absurdos, adulteración alimentaria, mala praxis médica

Pero no: cada cual tiene derecho a hacer lo que le dé la gana, sin pensar nada más que en sus derechos y en él mismo. ¿Mejorar la raza adoptando medidas profilácticas? En absoluto, eso equivaldría a arrojar a los niños con malformaciones por el precipicio como en la antigua Esparta. Pero no estamos en Esparta ni en la Grecia del siglo VII a. JC. Aquí y ahora, existen formas de anticipar la carga genética que llevará cada hijo.

https://eminves.blogspot.com/search?q=milicia

Voy a poner un simple ejemplo: como se sabe, en España, las condiciones de vida, el estrés y los aditivos alimentarios, han hecho que disminuya la fertilidad (al Estado le importa un carajo, por mucho que una sociedad cuando deja de tener instinto de reproducción es que ha entrado en pérdida). No hay problema: se traen inmigrantes y se adoptan niños y asunto resuelto. 

La adopción se convierte en negocio sometido a las leyes del mercado: “comprar barato – vender caro”. No importa -como está ocurriendo ahora en Cataluña, en donde sólo en Barcelona ciudad se han localizado 400 casos y ¡20.000 en toda España!- si esos niños se compran en el llamado “cinturón del vodka”, en Ucrania. Son hijos de alcohólicos y todos ellos, todos, han nacido con el SAF, Síndrome Alcohólico Fetal: microcefalia, ojos separados, labio superior fino y la parte entre la boca y otras malformaciones faciales y alteraciones en el sistema nervioso central que provocan problemas neurológicos, intelectuales y de conducta… El 52% de las adoptaciones realizadas en el “cinturón del vodka” tienen estos problemas. Pregunta: ¿los alcohólicos pueden tener hijos y lanzar al mundo seres desgraciados? Respuesta eugenésica: los alcohólicos tienen derecho a beber hasta reventar, es su opción y es su vida; pero no tienen derecho a prolongar en sus hijos sus taras y sus problemas.

Miren ustedes el mundo que les rodea y díganme si no es lamentable el que una sociedad permita prolongar enfermedades, dolencias y adicciones y que la “especie” se deslice por la pendiente de la decadencia, sólo porque la “libertad” del individuo está por encima de todo. ¿Y dónde dejamos a la salud de la “especie”? ¿Porros? Hoy se sabe que su consumo reiterado abre las puertas de la esquizofrenia. ¿Qué importa? Es más importante despenalizar las drogas. ¿Vertidos tóxicos que generan disfunciones en el sistema hormonal y cambios en la sexualidad de las poblaciones? Se crea una “ideología de género” que lo justifique todo y, arreglados. ¿El esquizoide que dará vida a otros seres desgraciados, el afectado con síndromes hereditarios que prolongará las dolencias a su linaje? Síntomas de que hemos dejado atrás la barbarie… ¿El especulador que hace imposible la vivienda e impide la vida normal a las parejas jóvenes? ¿La empresa alimentaria que vende mierda etiquetada “sin glutén” como muestra de su preocupación por la “salud”? Muestras de la intocable libertad de comercio…

¿La eugenesia? El camino que lleva a Auschwitz… Por mucho que se practicara en sociedades indudablemente democráticas hasta 1945… Y luego están los cristianos que dicen que el “crecer y multiplicaros” por un lado y lo intocable de la obra de Dios por otro, cierran el paso a cualquier “intervencionismo” humano por mucho que pudiera contribuir a aliviar el destino de una comunidad. Así pues, regocijémonos: la “raza” no mejora. La “especie” tan poco. Empeora, pero, eso sí, con entera libertad
 

domingo, 14 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (167) EL GUSTAZO Y EL VOTO ÚTIL, AQUÍ Y AHORA


Esto de opinar sobre el partido del que todos hablan, Vox, ha tenido la ventada de que me ha permitido comprobar las posiciones de muchos amigos, conocidos, compañeros de viaje y gente que, sin conocerla, ni ser amigos, ni siquiera unirnos nada más que una tenue red social, han evidenciado sus opiniones y sus intenciones de voto para las próximas elecciones. Me defino como “anarca” (contrario al pensamiento masificado), “apolítico” (esto es, distanciado de la política, pero no indiferente), “conservador” (consciente de que hay poco que merezca ser conservado) y “revolucionario” (que considera perentoria y necesaria la revolución del Orden). Como no hay ninguna opción que vaya por ahí, las urnas me tendrán para votar nulo en blanco o ausentarme de la cita si el día es claro, la playa cercana o los adoquines húmedos. Pero es, claro está, una opción personal.

Los datos que he ido recogiendo en “nuestro ambiente” (y ¿cuál es nuestro ambiente? Respuesta: el que no se termina de reconocer en ninguno de los partidos mayoritarios y ha peregrinado en los últimos 40 años por distintas opciones, digámoslo así, “disidentes”) me llevan a trasladar a los amigos de INFO|KRISIS algunas conclusiones por si les pueden servir para meditar su opción.

Siempre me he quejado de que nuestro país es visceral, cainita y empecinado; y eso es bueno en empresas heroicas… pero ir a votar no tiene nada de heroico. Ni siquiera edificante. Es un simple ritual democrático, intrascendente por lo demás, en el que tu voto es un simple granito de arena, igual al de un Premio Príncipe de Asturias e igual también al del yonki de la esquina que no se entera de nada. Así pues, todo es relativo y todo tiene el interés y la importancia que le quedamos dar. Porque, lo que ocurre, en definitiva, es que tengo la absoluta convicción de que las próximas elecciones -como en las tres o cuatro decenas de veces que mi generación ha acudido a las urnas- no se solucionará absolutamente nada. Dicho lo cual iniciemos el ejercicio de reflexión.
En todo esto de las elecciones existen tres actitudes globales:
  • o bien el VOTO DEVOTO
  • o bien votar el MAL MENOR
  • o bien DARSE EL GUSTAZO

El “voto devoto”, es propio de aquellos que son tan ingenuos como para creer, a estas alturas, que una opción mayoritaria cumplirá sus promesas o competirá por algo más que para favorecer el modus vivendi de su clase dirigente. De entre todas las formas de demostrar ingenuidad, esa es, sin duda, la más extrema. Las sucesivas decepciones postelectorales sobre las gestiones de gobierno de unos o de otros, han hecho este tipo de voto, casi residual. Votan devotamente a tal o cual sigla, los que viven de esa sigla, sus familias, sus funcionarios o bien los que lo hicieron en su juventud y ahora, la mayor parte votan no a favor de una sigla, sino para que no suba otra al poder. Nada que nos interese.

Por su parte, el conocido como “mal menor” (o también como “ir a las urnas con una pinza en la nariz”) supone votar a una opción con la que, en realidad, no nos une nada, salvo la presunción de que es, de entre todas las opciones, la menos mala o la que tendrá unas repercusiones menos negativas para nuestro país.

A su vez, “darse el gustazo”, supone votar a aquella otra opción de la que somos conscientes que no llegará a ningún sitio, que no obtendrá resultados tangibles, pero que, en cualquier caso, es la que nos deja más a gusto: porque, o bien coincide con nuestras creencias más profundas, o bien es allí donde tenemos amigos, o en donde hemos pasado algunos años militando, o simplemente, porque queremos apoyar a algún amigo que se presenta en las listas. Frecuentemente, “darse el gustazo” suele ser una opción “testimonialista”: damos testimonio de nuestra creencia más profunda.

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En las próximas elecciones, podríamos decir que, hay distintas opciones para aquellos que sostienen posiciones disidentes respecto a los partidos mayoritarios: una de ellas es votar a Vox y otra hacerlo a ADñ.

Respecto a ADñ, parece muy evidente que se trata de una opción testimonialista y que, a nadie se le escapa que no tiene la más mínima posibilidad en ninguna provincia de obtener resultados tangibles. ¿Y eso por qué? Respuesta: porque ninguna de las formaciones que lo componen, hasta ahora, ha tenido ningún cargo electo, ni siquiera en elecciones municipales en pueblos pequeños, no demuestra ni una vitalidad desbordante, ni es conocida fuera de sus altos muros. Es el heredero directo de la Unión Nacional del 18 de Julio representada en las elecciones de 1979 por Fuerza Nueva, FE-JONS y los Círculos José Antonio, solo que mucho más empequeñecida que entonces.

En cuanto a la “opción Vox” hay que hacer algunas matizaciones:
  • algunos no la consideran el “mal menor”, sino más bien la tienen por la opción que coincide con lo que ellos están pensando y proponiendo: son los “convencidos”, sus afiliados, los desengañados de otras opciones que no se resignan a quedar huérfanos de partido. Votarán a Vox y lo harán entusiasticamente.
  • otros, en cambio, ven a Vox, específicamente como “mal menor”, es decir, como la opción que, entre todas las presentes, está más próxima a lo que ellos piensan, sin serlo exactamente, pero con un cierto grado de coincidencias y, sobre todo, por suscitar el odio de las fuerzas (partidos y cadenas mediáticas) de las que ellos se sienten más alejados.
  • finalmente, los hay que se han visto sorprendidos por un partido que, de repente da que hablar y es criticado por muchos y están animados a cederle su voto, como en otro tiempo votaron a Ruiz Mateos, a Gil y Gil, e incluso a Herri Batasuna. Es lo que se llama “el voto loco” y que tiene en Madrid a su principal feudo.

La opción Vox será, verosímilmente, la opción para quienes creen en el “voto útil” o en el “mal menor”. Pero con una pequeña matización: ese concepto variará según el momento en el que se convoquen las elecciones y según el distrito electoral. Probablemente, en Barcelona, quienes quieran oponerse a los independes.cat tengan un amplio abanico de posibilidades para ejercer su “voto útil” y Vox será una más entre ellas. Sin duda, la menor. En Madrid, en cambio, parece que las cosas están más claras.

http://eminves.blogspot.com/2018/10/la-trayectoria-de-la-falange-historica.html

Luego, la cosa viene a complicarse porque existe otra opción: [R]espeto. Quien esto escribe no tiene el menor inconveniente en confesar que una parte importante de sus amigos militan en esta opción. ¿Es una opción residual en todas las provincias? Parece claro que Vox quedará, en número de votos, por delante de [R]espeto en las próximas elecciones, pero la cuestión no es ese, sino la distancia que separará a ambas opciones después de las municipales (que son las que tienen especial importancia para las opciones minoritarias). Pero… ignoro si [R] piensa presentar candidaturas en las generales y en cuántas ciudades se presentará en las municipales y con qué posibilidades.
Todas estas especulaciones resultan, hasta cierto punto, ociosas:
  • se ignora, en el momento actual, cuándo se convocarán elecciones.
  • se ignora, por lo mismo, cuáles serán las intenciones de voto cuando suele la hora electoral.
  • sabemos cuál será la “opción testimonial”, pero no cómo soportará Vox una eventual y posible recuperación electoral del PP que, inevitablemente, se producirá en cuando el partido de la derecha liberal entre en “modo electoral”.

Por eso, algunos nos contentamos con OBSERVAR e INTENTAR SACAR ALGO EN CLARO de los datos nuevos que diariamente van apareciendo. Nos podemos permitir el lujo de la objetividad porque no tenemos nada que ganar ni que perder en las elecciones que se avecinan: las vemos con escepticismo y, cuando se convoquen, leeremos los programas políticos y valoraremos la fotografía de la situación en el momento electoral para adoptar una posición:

Reconozo que, en lo personal, la opción “testimonialista” queda descartada de partida. Han pasado cuarenta años de democracia y los herederos de la Unión Nacional del 18 de Julio, son encomiables por su fe, sus creencias y su obstinación. Por nada más. Su primera aparición pública en Barcelona el 12 de octubre ha sido marginal y minoritaria; en cualquier caso, poco esperanzadora. Así que, en lo personal, y salvo rectificaciones de última hora, todo se reducirá
  • al voto nulo o en blanco
  • a la abstención
  • o, en última instancia, al “mal menor” (Y ni siquiera está claro cuál será ese “mal menor”).


¿Y usted? Si usted no es votante de las grandes formaciones políticas, ¿Qué actitud adoptará? ¿Qué razonamientos le llevarán a esa opción? ¿Cómo justificará su voto a donde sea que vaya a parar? No olvide que, en las próximas elecciones, como en las decenas de las que se han producido en los distintos ciclos electorales de la democracia, no se modificará nada esencial, ni se remontará la tendencia a la decadencia de nuestra nación. Eso vale la pena tenerlo claro por anticipado la hora de elegir opción…

http://eminves.blogspot.com/search?q=ultramemorias


viernes, 12 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (166) – VOX Y FUERZA NUEVA A 40 AÑOS DE DISTANCIA

Parece casi obligado hablar de Vox. Si la década se inició con el fenómeno “Podemos”, parece que terminará bajo el signo de “Vox”. Vale la pena entender e interpretar el fenómeno. Lo he dicho en muchas ocasiones: si el régimen que nació en 1978 está muerto es porque las componentes que facilitaron su creación están agotadas (la vitalidad del capitalismo español, la necesidad de que España abriera de par en par puertas a los inversores extranjeros, la curiosidad que sentía buena parte de la sociedad por las elecciones, los partidos y todo lo que suele llamarse “libertad de expresión”),  han desaparecido (la necesidad de entrar en la OTAN y en la Unión Europea, el capitalismo que en la transición se encontraba todavía en su fase multinacional), están en vías de entonar el morituri (grupos mediáticos, PRISA, Z, ambas en crisis, o Cadena 16 ya fenecida) o, simplemente, es que han derivado hacia posiciones insostenibles y rupturistas (el nacionalismo catalán devenido independentismo).

La democracia española atraviesa una crisis que nadie quiere reconocer, pero que está ahí. Es normal que las fuerzas políticas que facilitaron la transición y que todavía subsisten se vayan debilitando cada vez más. La izquierda se fracturó en un mosaico incomprensible hoy orbitado en torno a Podemos y a un PSOE cada ves más alejado de su identidad originaria. La derecha resistió mejor el golpe, pero, finalmente, también muestra signos de erosión. Una de ellas es el ascenso de Vox hacia su derecha. Como para cerrar el ciclo iniciado en 1978, es significativo que otra fuerza ascendente sea Ciudadanos, un revival del viejo centrismo ecléctico que alumbró Suárez. Y así están las cosas.

La democracia española parece un circuito cerrado en donde, cuarenta años después de la euforia constitucional de 1978, nos encontramos como en el punto de partida: sin salida. En 1975 el franquismo ya no podía seguir tal como lo habíamos conocido antes del 20-N; ahora es el “régimen constitucional” que, o se reforma, o muere, o, lo que es peor aún, mata a este país. Ya hemos dicho que lo que ayer era nacionalismo, hoy es independentismo, que lo que era centrismo vuelve a serlo, que lo que se llamó PCE ahora es Podemos y que lo que en su momento fue Alianza Popular y el PSOE, las dos columnas del régimen constitucional, siguen siéndolo, pero a título póstumo y a costa de parecerse cada vez más y tener cada vez menos identidad.

Quedaría hablar de la extrema-derecha o, si se prefiere, de la derecha nacional. ¿Lo que entonces fue Fuerza Nueva es hoy Vox?

http://eminves.blogspot.com/2018/10/la-trayectoria-de-la-falange-historica.html

La respuesta es ampliamente negativa. Nada que ver Vox con la formación que en otro tiempo estuvo dirigida por Blas Piñar, aunque si es cierto que las dos tienen un punto fuerte: Madrid. Por lo demás, cuesta encontrar cualquier otra similitud. Pasemos revista.
El partido fundado por Blas Piñar era nacional-católico, incluso mucho más que franquista (a fin de cuentas, el nacional-catolicismo fue sólo un “momento” del franquismo -1942-1956- no la totalidad del franquismo que, antes fue “falangismo imperial” y después sería “tecnocracia desarrollista”). Vox está contra el traslado de los restos de Franco y contra la memoria histórica, pero no ha hecho declaración alguna de franquismo. Por lo demás ¿a quién podría extrañar que un régimen que duró 40 años no tuviera aún hoy “simpatizantes”? ¿alguien cree que el franquismo se mantuvo cuatro décadas solamente por que el Romerales de turno iba deteniendo a los opositores? Algo debió hacer bien en ese tiempo y en algún lugar tienen que estar los que tengan una opinión favorable sobre aquel régimen. En la transición estaban en Fuerza Nueva, en FE-JONS de Raimundo, en la Unión Democrática Española de Fernández de la Mora, en Alianza Popular. Luego desaparecieron como por ensalmo. Supongo que alguno debe crear y el hecho de que Madrid sea la plaza fuerte de Vox, como en su tiempo lo fue de FN, sugiere cierta correlación. Pero no nos equivoquemos: Vox no defenderá públicamente la gestión de Franco, ni adoptará como FN hace 40 años el nacional-catolicismo como doctrina y modelo.

Luego está la imagen externa: uno de los motivos del fracaso de FN fue esa imagen que daban sus juventudes como “ejército de Pancho Villa”, con uniformes, formaciones paramilitares, banderas al viento, cantos con ritmo de uno-dos, desfiles y organización jerarquizada. Eso, incluso en 1975 pertenecía a otra época. Hoy estará por completo ausente de Vox. Ni punto de comparación. Vox no exige a sus afiliados ni uniformidad, ni ideología, ni disciplina de los años 30.

Liderazgo. Fuerza Nueva se caracterizó por disponer de un líder indiscutible, acaso el mejor orador de la transición, cuyo verbo era el que movilizaba a las masas. Luego resultaba que a los asistentes les gustaba más cómo lo decía que lo que decía en realidad. Y, sobre todo, ese verbo florido careció de desembocadura estratégica y todo en Fuerza Nueva se convirtió en un simple ejercicio táctico basado en la explotación del activista. El estilo de Vox difiere por completo. Su líder no es un orador consumado (en los últimos 40 años, ningún líder político de ninguna formación hubiera alcanzado el nivel de meritorio en una escuela de oradores) pero es, como en el caso de Blas, indiscutible dentro de su formación.

Vox tiene cierta derivación tacticista que Blas; por poner un ejemplo: es cierto que Vox propone la “desaparición de las autonomías”… pero no dice cómo. Para ello debería tener una amplia mayoría parlamentaria, no sólo en el parlamento, sino en las regiones en las que está mas arraigado el régimen autonómico. Algo que, de momento, es quimérico. Era como cuando Blas proponía en 1979 el retorno al régimen anterior. Bien, ¿y eso cómo se hacía? Algunos pensaron que por la vía golpetera. Hoy, incluso esa vía está cerrada.

Programa. En FN jamás hubo un programa propiamente dicho. El programa quedaba sustituido por el “providencialismo” religioso: “el bien siempre triunfa sobre el mal y, por si fuera poco, tenemos el apoyo del Espíritu Santo, así que ¿para qué preocuparse por un jodido programa político”? Por caricaturesco que parezca, esa era la opinión de muchos cuadros y dirigentes de Fuerza Nueva. Vox se mueve en un terreno bastante más realista.

División de opiniones en el interior. A pesar de lo que pareciera FN jamás fue un partido completamente unificado en ningún sentido. Los había franquistas, los había carlistas, los había ultracatólicos, los había falangistas y los había piñaristas. Como jamás hubo cuadros preparados, ni estrategia definida, cada cual tenía el derecho a tener su visión particular en cualquier terreno. Y luego pasaba lo que pasaba. Leo por encima el programa de Vox y me temo que algo de eso hay también en este partido. Indudablemente, lo más polémico son los “puntos económicos” de su programa electoral. Leo, por ejemplo, “Punto 47. Liberalizar el suelo…”. Es el viejo mito aznariano el que sigue presente: “pónganse a construir como locos y la economía mejorará”… hasta que la burbuja nos deje atarantaos. Esto me confirma en mi primera impresión de que en Vox están todos los que consideraron a Aznar como el “rien ne va plus” de la política española, un punto y aparte digno de encomio. Así que me temo que en su interior hay liberales, ultra-liberales, anti-liberales, contra-liberales, neo-liberales que opinan muy diferente en materias básicas. La buena noticia es que Vox se encuentra a mucha distancia de ser decisivo en alguna combinación de gobierno y, por tanto, todo esto pesará poco en su proyección exterior. Aunque puede generar conflictos interiores. Por lo demás, el crecimiento del partido en las últimas semanas, parece demasiado rápido como para evitar que aumente en su interior la tendencia a que cada nuevo afiliado llegue ya con una idea preconcebida de lo que es el partido.

El espacio que se aspira a ocupar. FN nunca tuvo claro cuál era su espacio dentro del sistema de partidos, porque, en el fondo, sus militantes aspiraban a que viniera el ejército y tirara el castillo de naipes, restableciendo el régimen anterior al 20-N de 1975. Así pues, FN era un partido que, en realidad, no tenía acomodo “dentro del sistema”. En realidad, tampoco lo tenía “fuera del sistema”. Lo suyo era el “sistema anterior”. Vox, en cambio, ha nacido como un partido más, da por hecho que estamos en democracia y su propuesta aspira a mejorarla. No es, desde luego, una formación “antisistema”. Su gran problema -ya lo he comentado- es que, por el momento está compuestos por una amplísima mayoría de “nostálgicos del PP aznariano”. Esto hace que su techo sea muy bajo y que se sitúe automáticamente, a la derecha de la derecha del arco de partidos políticos. FN, por boca de Blas, aceptaba la “legalidad vigente” (no así buena parte de sus bases) pero quería cambiarla por otra legalidad que suponía una ruptura con el régimen recién estrenado en 1978. Vox, en cambio, se inserta en la legalidad vigente, no la discute, pero presenta fórmulas para mejorarla, completarla y restructurarla, sin que venga un espadón y de el carpetazo final. Su futuro dependerá de que se abra hacia otros sectores no estrictamente pepeteros. O trasversalismo o gueto a la derecha de la derecha, tal es el dilema con el que se encontrará Vox.

Por último. Relaciones internacionales. Blas participó en la operación de la “euroderecha”. Algunos pensamos que era bueno porque, tanto el MSI como el Parti des Forces Nouvelles tenían una amplia experiencia en lucha política en un régimen de partidos y podían aconsejar lo que se podía hacer y lo que no se podía hacer. Pero el PFN era pequeño y Giorgio Almirante se dejó seducir por las “masas oceánicas” que podía movilizar FN en aquel momento. Hoy, la situación es diferente: aquel espacio político ha desaparecido en gran medida y sus restos han mutado. Han aparecido otras formaciones a las que se suele llamar “populistas”, “identitarias”, “neoconservadoras”, etc, que ya están muy por delante de las izquierdas clásicas y que en casi toda Europa están tienen una cuota electoral superior al 15%.

Definir a estas fuerzas, con sus matices y su polimorfismo no es la intención de este artículo, pero sí dejar claro que no son ni “fascistas”, ni “neofascistas”, sino otra cosa. Ni la AdF, ni el Ressemblament National (ex Front National), ni la Lega Nord, ni el FPÖ, ni el UKIP, ni los nacional-demócratas nórdicos, ni los partidos ya mayoritarios en Hungría y Polonia, son ni “fascistas”, ni “neo-fascistas”, y resulta una simplificación abusiva (habitual en los despojos de la izquierda), definirlos como tales. Y lo mismo podría decirse de Vox, a diferencia de FN que, en su época, fue, repetimos, un partido nacional-católico situado en el ámbito del franquismo nostálgico y con unas juventudes que encajaban  dentro del neo-fascismo europeo a (y más exactamente, con el neo-fascismo europeo de los años 50).

Créanme que en la Europa “identitaria” o “populista” están desesperados con lo que ocurre en España y con lo que hay en España: el partido que obtenga algún éxito, por pequeño que sea, aunque esté dirigido por el Diablo en persona, será el que, finalmente, se convierta en el interlocutor válido de los varios grupos de esta corriente representados en el parlamento europeo.



jueves, 11 de octubre de 2018

365 QUEJIOS (165) – NUESTROS “CAPOS” Y LA DECADENCIA ESPAÑOLA


Decididamente, no puede afirmar rotundamente quién ha sido el peor presidente en la historia de la España democrática. Los candidatos son… todos. Sus méritos, escasos. Sus fracasos, notorios. Son productos de tres fenómenos paralelos y que convergen en sus personas: 
  • el pueblo español se conforma con poco y exige cada vez menos calidad en todo, 
  • la partidocracia no genera “estadistas” sino productos de marketing que sean elegibles por su “look”, no por sus méritos ni sus propuestas y 
  • un sistema político perverso que ha ido eliminando el pensamiento crítico de la sociedad española. 
Y ahora, díganme, ¿Cuál ha sido el peor jefe de gobierno de nuestra historia? ¿quién ha causado más desgracias a España? Vamos a realizar el ejercicio.

Adolfo Suárez, del que él mismo decía que si le falla eso de la política siempre podría ser vendedor en la sección de deportes de El Corte Inglés. Funcionario del Movimiento. Hizo la transición de manera apresurada y arrastrado más por las circunstancias que por sus iniciativas. Su papel fue el de un simple puente de tránsito entre el franquismo que llevaba cuarenta años en el poder y el socialismo que quería eternizarse otros cuarenta a modo de compensación. ¿Lo peor que hizo? El café para todos autonómico y el cerrar todos los problemas en falso.

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Luego vino Felipe, un mentiroso profesional, compulsivo, le costaba tan poco mentir que puede pensarse en algún trastorno de personalidad. Hombre dispuesto a aceptar cualquier cosa para mantenerse en el cargo. Abogadillo de pocos pleitos. Renunció al marxismo, él marxista de pro, cuando se lo exigió la Internacional Socialista (o más bien, el SPD, que era, en definitiva el propietario de la marca PSOE que había rescatado con marcos de la miseria y de cuarenta años de ausencia). Abordó un mal enfoque en la cuestión del terrorismo, rodeándose de personajes nefastos en Interior. Negoció mal, muy mal, pésimamente, la entrada de España en la UE y, de paso, nos medió en la OTAN.

Tras Felipe, Aznar cuyos dos méritos fueron: su famoso modelo económico basado en la construcción, en los bajos salarios, el acceso fácil al crédito y la inmigración masiva, y en segundo lugar la “hazaña” de Perejil que consistió en enviar a la Legión para luego negociar, por medio de los EEUU que España sería titular de soberanía en la isla… pero no podría demostrarlo. Se retiró de tapadillo la bandera nacional. Poco después, aparecía en las Azores para dar su visto bueno a la masacre de Irak y enviar tropas. Su “modelo económico” agravó las consecuencias de crisis económica de 2007.

Y llegó Zapatero. Era un escalón más bajo y el producto de la crisis de la socialdemocracia. No llegó por méritos propios, sino del yihadismo cuyas bombas -unidas a la incapacidad de Aceves para gestionar la crisis- hicieron que en dos días, tres millones de votos pasaran del PP al PSOE. Era un alelado, al que ahora llaman buenista. Sus ideas las había adquirido en las publicaciones de la UNESCO. Quiso ser estadista internacional con la Alianza de Civilizaciones y fracasó. Quiso ser “reformador social” y fracasó. Quiso resolver el problema terrorista y fracaso. Quiso resolver la “cuestión catalana” y fracasó. No supo nunca porque España había crecido económicamente ni porque a partir de 2008 decrecía. No creyó -de hecho sus asesores económicos eran los que le indujeron esa idea- en que la crisis económica era estructural (en España y en el sistema mundial globalizado). Era un completo cero a la izquierda en cualquier cosa que hizo, pero contribuyó a debilitar un poco más los mimbres de la sociedad española con sus leyes buenistas y sus discriminaciones positivas, con él la memoria histórica se convirtió en obsesiva.

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Rajoy… El hombre que creía firmemente que los problemas se solucionaban solos si tenían solución y que no había nada que hacer cuando no la tenían. Lo que se le puede reprochar a Rajoy es que dejara pudrirse todos los problemas hasta que, como en el caso catalán, se convirtieron en insoportables e irreversibles. Luego, su pasividad, provocó el que la corrupción se enseñoreara de su partido y, finalmente, fuera la excusa para derribarlo. Justo es reconocer que no hizo nada en materia de inmigración, sino dejar las puertas tan abiertas como su predecesor. Y en materia de deuda, consiguió, mal que bien, que el Estado no se declarara  en suspensión de pagos.

De Sánchez no puede decirse otra cosa más que su gobierno de astronautas, feminitudas, mariquitas denunciados como tales por sus compañeras de gobierno y dimisionarios, supone otro peldaño descendente en la calidad política. Curioso este Sánchez que jamás alcanzó un cargo por méritos propios, sino porque el que estaba antes, dimitió o le dieron patada para arriba. La época Sánchez es la época ZP versión 2.0.

Es imposible establecer una clasificación, ni siquiera de manera objetiva: los aciertos que hubieran podido tener (hasta un reloj averiado acierta en la hora dos veces al día) quedan obscurecidos por sus fracasos. Lo peor es que todos estos fracasos han ido encadenados: sin Suárez no hubiera existido el “café para todos” y sin él, no se hubieran dado tantas taifas autonómicas. Fue Suárez el que cerró en falso la constitución y aplazó la resolución de los problemas hasta que estos han ido creciendo y creciendo. Felipe y Aznar son los responsables directos de la ruina económica de España: el primero por su mala negociación y el segundo por adoptar un modelo económico perverso y que nos situó entre los países más afectados por la crisis del 2007. Rajoy es culpable de pasividad ante los problemas. ZP y Sánchez… bueno, ZP y Sánchez son productos de la desintegración de la socialdemocracia y de su falta de nuevas orientaciones. Toda la socialdemocracia mundial está compuesta por gentes, más o menos, como ellos.

No, definitivamente, no puede establecerse quién ha sido el mejor presidente, ni cuál el más nefasto. Todos se han alimentado de los errores de los anteriores y han sido incapaces de dar marcha atrás o de remontar el peldaño en el que el anterior había hecho descender al país.

No esperen maravillas ni de la derecha, ni del centro, ni de la izquierda, ni siquiera de los extremos. Esto es lo que hay y no hay más cera que la que arde: es nuestro fatum. Repito: nos conformamos con poco, los políticos son productos de marketing y la enseñanza ha borrado el pensamiento crítico. Créanme: si un primate tuviera un asesor de imagen, no les quepa la menor duda que estaría cualificado para ser elegido como presidente del país. 






miércoles, 10 de octubre de 2018

365 QUEJÍOS (164) – PUJOL INÉDITO Y ADELINA (la que le curó el tic)



Cataluña pasa por ser “tierra del seny”, que es algo así como de la sensatez. Tradicionalmente, en Cataluña, lo contrario al “Seny” es “la rauxa”, la rabia. La historia de Cataluña oscila entre lo uno y lo otro. Al menos es lo que suele decirse. Lo lamentable es que, con demasiada frecuencia (y desde luego en las últimas décadas), ha sido la “rauxa” la que se ha instalado en el butacón de la Plaza de Sant Jaume y, bajo el aspecto de “seny”, se ha escondido un comportamiento que no solamente era propio del polo contrario, sino que además, llegaba incluso a la superstición fronteriza con la locura, la tacañería de más bajo nivel, la rapacidad incluso a los propios amigos y le credulidad que se instala allí en donde existe un vacío en la formación cultural. De ese me voy a quejar.

He podido reunir unos cuantos datos significativos sobre las actitudes y el comportamiento de Jordi Pujol en este terreno. ¿Las fuentes? Por una parte, Antena 3, por otra, medios de comunicación solventes que están presentes en Internet. Ningún dato ha sido extraído de los digitales de medio pelo que proliferan sin padre ni madre reconocidos. Quizás algunos se sorprendan de lo que van a leer: “¿se puede ser tan crédulo?” dirán unos. Aunque, si tienen paciencia y leen hasta el final, lo más probable es que se pregunten: “¿se puede ser tan ruin?”.

La cosa va de que Jordi Pujol, mientras estuvo al frente de la Generalitat tuvo como “consejera áulica”, vidente y curandera a una gallega establecida en Andorra y a la que se trajo a Barcelona. Esta es su increíble historia.

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Siempre que se ha consultado a los medios oficiales de la Generalitat, no han afirmado ni negado el dato, pero se han visto obligados a reconocer que si Jordi Pujol dispusiera de una vidente no sería “algo inusual dado que, otros mandatarios internacionales recurren a videntes”.

Durante los largos años que Jordi Pujol estuvo al frente de la Generalitat corrían rumores sobre su vida privada, todos ellos bien conocidos por los periodistas, pero nunca aparecían en letra impresa: sistemáticamente, los directores de estos medios silenciaban cualquier información que pudiera resultar problemática para el gobierno de la Generalitat a cambio de generosos subsidios.

Sin embargo, cuando, en la última fase del gobierno Pujol, los escándalos de corrupción emergieron a la luz pública pudo conocerse la personalidad de la vidente. Un equipo del programa de Antena 3, Espejo Público, entrevistó a la vidente en septiembre de 2012.

La vidente era la llamada Adela García Acosta (a) “Adelina”, una meiga gallega que residió durante muchos años en la localidad de Engolasters, en el Pirineo andorrano. En 2012 tenía 77 años. Durante un tiempo que unos evalúan en dos décadas y otros en cinco años, fue visitada por Pujol en su casa. Vale la pena recordar que, ya entonces, Andorra era uno de los escenarios en donde el clan Pujol realizaba transacciones bancarias con dineros obtenidos por métodos heterodoxos.

Hoy, la vidente no parece guardarle mucha simpatía: “Era más agarrado que un chotis”, dijo textualmente a un periodista que le preguntó por el tema. Añadió, además, que Pujol la convenció para que se estableciera durante nueve años en Barcelona. Otra versión dice que el propio Pujol pagó el traslado y la apertura de un “consultorio” para la bruja por el que desfilaron políticos y empresarios catalanes a recomendación del propio president.

Lo sorprendente era que la vidente cobraba por visita 150 euros, pero Pujol, a su vez, cobraba a los clientes que le enviaba una comisión ¡del 100%! (otras fuentes elevan la “comisión” de Pujol a 300 euros). Adelina declaró con evidente exageración: “Pujol se hizo rico a cuenta mía”. En las primeras consultas, Adelina sólo le cobraba la voluntad: “Me pagada 20 ó 25 euros cuando venía a Andorra”, añadiendo: “Había obreros que me daban más”.

http://eminves.blogspot.com/2018/09/p.html

A través de las declaraciones de Adelina es posible reconstruir cómo debían ser aquellas visitas del entonces “molt honorable president de la Generalitat de Cataluña”. Pujol, además de consultarle sobre asuntos familiares, también le planteaba cuestiones sobre decisiones políticas. Decía “liberarle” de energía negativas realizando “limpieza de chakras”. Para ello utilizaba un huevo de gallina que le pasada por la columna vertebral: El huevo absorbía las “energías negativas” que, en el caso de Pujol y al decir de la vidente, eran descomunales. El huevo terminaba —según Adelina— poniéndose negro al abrirlo, lo que la vidente atribuía a las “muchas envidias”. La vidente se jacta también de haberle curado el tic nervioso que tenía en un ojo.

El equipo de Antena 3 pudo contactar con la vidente y conocer su existencia gracias a varios de los “testigos protegidos” que declararon contra el “clan Pujol” en el marco del “Caso Pretoria”. Philip MacMahan, directivo de Banca Catalana en los años 80 y que trabajó para el cuñado de Pujol, Francesc Cabana, declaró a la UDEF que el entonces president estaba “obsesionado” con la vidente y que cada vez le pagaba más para que le adivinara el futuro.

Afirmó que el president “creía en las brujas” y él mismo fue quien lo llevó a ver a Adelina. Por su parte, Victoria Álvarez, novia del hijo de los Pujol, confirmó también lo relativo a la “limpieza de chakras” y a que, al romper el huevo, su contenido salía completamente negro. Añadió que “toda la cúpula de CiU” había pasado por la consulta de la vidente.

La ruptura entre Pujol y Adelina se produjo cuando la vidente se enteró de que el president cobraba una comisión a los clientes que le enviaba, incluso a sus amigos, familiares y compañeros de partido.

¿Qué les ha aparecido esta historia que he tratado de resumir para ustedes? Bochornosa, seguramente. En este folio y medio están contenidos todos los rasgos de la personalidad de Jordi Pujol, el que fuera president de la Generalitat de Catalunya entre 1980 y 2003. A tales ideales, tales líderes…