jueves, 26 de febrero de 2026

¿"QUÉ ES EL FASCISMO?" un artículo desconocido de George Orwell…

George Orwell, voluntario de las Brigadas Internacionales (y, por lo tanto, poco sospechoso de “fascismo”). Orwell decidió combatir en España con la idea de «matar fascistas porque alguien debe hacerlo».​ Así se lo hizo saber a su amigo Henry Miller en París en las navidades de 1936, quien le intentó convencer de que era «una idiotez».

Tras su “experiencia en España” (en donde salvó la vida por los pelos durante la guerra civil dentro de la guerra civil que estalló en la Cataluña de Companys cuando éste traicionó a los anarquistas y se arrojó en brazos de los agentes de la NKVD, en mayo de 1937), reflexionó y, como hombre razonable que era, se dio cuenta de que la palabra “fascismo” y “fascista” se empleaba demasiado a la ligera, por todos y sin que nadie supiera exactamente a lo que se refería. Ochenta y cinco años después de esta reflexión orwelliana, nada ha cambiado: los analfabetos estructurales de la izquierda (y no solo ellos, a decir verdad) siguen utilizando abusivamente el término, incluso desde las esferas del gobierno. Orwell propone una solución que no pasa por una redefinición del término (algo que ahora corresponde a los historiadores, en tanto que el fascismo es Historia), sino por la utilización del adjetivo que dice exactamente lo que la utilización impropia del término “fascista” querría sugerir para quienes lo utilizan de manera interesada.

Cuando escribió estas líneas, Orwell ya habia meditado suficientemente sobre su “experiencia española”. A poco de llegar la percibió el control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. Durante la represión ordenada por la NKVD soviética y ejecutada con fidelidad perruna por el gobierno del miembro del PSOE Juan Negrín contra el POUM, Orwell estuvo a punto de ser asesinado en Barcelona. Por entonces ya empezaba a preocuparse por los conceptos que unos pocos años después le harían famoso con Rebelión en la Granja (1945, un año después de estas líneas) y 1984 (1949). Moriría al año siguiente.

Este artículo, rescatado del olvido y traducido por primera vez al castellano, nos indica la categoría de un hombre que, ante todo, colocaba sus convicciones (que fue perfilando a lo largo de su corta vida) y la defensa de la verdad por encima y por delante de todo.

¿Qué es el fascismo?

(George Orwell, À ma guise, 24 de marzo de 1944)

De todas las preguntas de nuestra época que siguen sin respuesta, quizá la más importante sea: «¿Qué es el fascismo?».

Una empresa estadounidense de sondeos planteó recientemente esta pregunta a un centenar de personas y obtuvo respuestas que iban desde «Es la democracia perfecta» hasta «Es el mal absoluto». En nuestro país, si se le pide a una persona corriente que reflexione un poco y defina el fascismo, generalmente responderá señalando los regímenes alemán e italiano. Pero esto sigue siendo muy insatisfactorio, ya que incluso los principales Estados fascistas difieren mucho entre sí en su organización y en su ideología.

Es difícil, por ejemplo, encajar a Alemania y Japón en el mismo marco, y aún más difícil con algunos pequeños Estados que pueden calificarse de fascistas. Por ejemplo, se admite generalmente que el fascismo es, por naturaleza, belicoso, que se desarrolla en un ambiente de histeria bélica y que solo puede resolver sus problemas económicos mediante preparativos de guerra o conquistas. Sin embargo, este no es claramente el caso de Portugal ni de las diversas dictaduras sudamericanas. También está el antisemitismo, que se supone que es una de las características distintivas del fascismo, pero algunos movimientos fascistas no son antisemitas. Las controversias académicas, de las que se han hecho eco las revistas estadounidenses durante años, ni siquiera han permitido determinar si el fascismo es o no una forma de capitalismo. Sin embargo, cuando aplicamos el término «fascismo» a la Alemania, el Japón o la Italia de Mussolini, sabemos más o menos lo que queremos decir con ello. Es en la política interior donde esta palabra ha perdido todo rastro de significado. Una lectura atenta de la prensa muestra que prácticamente no hay una sola categoría de individuos (en cualquier caso, ni un solo partido político o agrupación constituida) que no haya sido calificada de fascista durante los últimos diez años.

No me refiero aquí al uso oral de la palabra «fascista». Me refiero a lo que he leído en los textos. He visto las expresiones «simpatizante fascista», «de tendencia fascista» o «fascista» (sin más) aplicadas con la mayor seriedad a las siguientes categorías de personas.

Los conservadores. Todos los conservadores, sean o no partidarios de la política de apaciguamiento (1), son considerados subjetivamente pro-fascistas. Se supone que el dominio británico en la India y en las colonias no se diferencia del nazismo. Las organizaciones que podrían calificarse de patrióticas y tradicionalistas son etiquetadas como «cripto-fascistas» o «fascistizantes». Entre ellas, los boy scouts, la policía metropolitana, el MI5 y la Legión Británica (2). La frase clave es: «Las public schools son viveros del fascismo».

Los socialistas. Los defensores del capitalismo tradicional (Sir Ernest Benn, por ejemplo) afirman que el socialismo y el fascismo son una misma cosa. Algunos periodistas católicos sostienen que los socialistas fueron los principales colaboradores en los países ocupados por los nazis.

La misma acusación fue lanzada, pero desde un punto de vista diferente, por el partido comunista en sus fases de extrema izquierda. Entre 1930 y 1935, el Daily Worker solía calificar al partido laborista de «laborista-fascista» [social-fascista en otros países, NdT]. Esta acusación fue retomada por otros extremistas de izquierda, como los anarquistas, por ejemplo. Algunos nacionalistas indios consideran que los sindicatos británicos son organizaciones fascistas.

Los comunistas. Una corriente de pensamiento muy importante [representada, entre otros, por Rauschning, Peter Drucker, James Burnham y F. A. Voigt (3)] rechaza cualquier distinción entre los regímenes nazi y soviético; sostiene que fascistas y comunistas tienen esencialmente los mismos objetivos, e incluso que, en cierta medida, son los mismos individuos. Los editoriales del Times (antes de la guerra) calificaban a la URSS de «país fascista». Desde un punto de vista diferente, es un juicio que comparten anarquistas y trotskistas.

Los trotskistas. Los comunistas acusan a los trotskistas propiamente dichos (es decir, a los miembros de la organización de Trotski) de ser una organización cripto-fascista a sueldo de los nazis. Esta idea estaba muy extendida entre la izquierda durante el periodo del Frente Popular. En sus fases de extrema derecha, los comunistas tienden a lanzar la misma acusación contra todos los movimientos situados a su izquierda: el Common Wealth o el Partido Laborista Independiente (ILP), por ejemplo.

Los católicos. Fuera de sus propias filas, la Iglesia católica es considerada casi universalmente como pro-fascista, tanto objetiva como subjetivamente.

Los opositores a la guerra. Los pacifistas y todos los opositores a la guerra son acusados con frecuencia no solo de hacer el juego a las fuerzas del Eje, sino incluso de tener simpatías fascistas.

Los partidarios de la guerra. Los opositores a la guerra suelen basar su argumentación en la idea de que el imperialismo británico es peor que el nazismo, y tienden a aplicar el término «fascista» a cualquiera que desee una victoria militar. Los partidarios de la Convención del Pueblo (4) llegaron casi a afirmar que querer resistir una invasión nazi era un síntoma de simpatías fascistas. Desde su creación, la Home Guard fue denunciada como una organización fascista. Además, toda la izquierda tiende a meter en el mismo saco el militarismo y el fascismo. Los simples soldados con conciencia política tratan casi sistemáticamente a sus superiores de «fascistas» o «fascistas natos». Las maniobras, limpiarse los zapatos, saludar a los oficiales son actividades consideradas como un camino directo hacia el fascismo. Antes de la guerra, alistarse en las fuerzas territoriales (5) se consideraba un signo de inclinaciones fascistas. Tanto el servicio militar obligatorio como el ejército profesional son denunciados como fenómenos fascistas.

Los nacionalistas. El nacionalismo es considerado universalmente como fascista por naturaleza, pero esto solo se aplica a los movimientos nacionalistas que se desaprueban. El nacionalismo árabe, polaco, finlandés, el Partido del Congreso Indio, la Liga Musulmana, el sionismo y el IRA son calificados de fascistas, pero nunca por las mismas personas.

Como se puede ver, la palabra «fascismo» utilizada de esta manera carece casi por completo de sentido. En la conversación, por supuesto, se utiliza de forma aún más extravagante que en la escritura. Lo he oído aplicar a los agricultores, a los comerciantes, al Crédito Social (6), a los castigos corporales, a la caza del zorro, a las corridas de toros, al Comité de 1922, al Comité de 1941 (7), a Kipling, a Gandhi, a Chiang Kai-shek, a la homosexualidad, a los programas de Priestley, a los albergues juveniles, a la astrología, a las mujeres, a los perros y a qué sé yo qué más.

Sin embargo, bajo toda esta confusión, se esconde un cierto significado. En primer lugar, está claro que existen diferencias muy grandes, en su mayoría fáciles de detectar, aunque difíciles de formular, entre los regímenes llamados fascistas y los llamados democráticos. En segundo lugar, si «fascista» significa «que simpatiza con Hitler», algunas de las acusaciones que acabo de enumerar están claramente mucho más justificadas que otras. En tercer lugar, incluso aquellos que lanzan la palabra «fascista» a los cuatro vientos le atribuyen, como mínimo, un significado emocional. Por «fascismo» entienden, a grandes rasgos, algo cruel, sin escrúpulos, arrogante, oscurantista, antiliberal y contrario a la clase obrera. A excepción del pequeño núcleo de simpatizantes fascistas, casi todos los ingleses aceptarían «brutal» como sinónimo de «fascista». Es aproximadamente la mejor definición que se puede dar de esta palabra tan mal utilizada.

Pero el fascismo es también un sistema político y económico. Entonces, ¿por qué no conseguimos una definición precisa y aceptada por todos? Por desgracia, no lo conseguiremos, al menos por el momento. Sería demasiado largo explicar por qué, pero, en el fondo, es porque es imposible definir el fascismo de manera satisfactoria sin admitir ciertas cosas que ni los propios fascistas, ni los conservadores, ni los socialistas, sean del color que sean, están dispuestos a admitir. Todo lo que podemos hacer por ahora es utilizar la palabra con cierta cautela y no, como se suele hacer, rebajarla al rango de insulto.

George Orwell, À ma guise, 24 de marzo de 1944 (Agone 2008, p. 116).

Notas:

(1) Llevada a cabo principalmente por el primer ministro Neville Chamberlain entre 1933 y 1939, la política de apaciguamiento (appeasement) hacia Hitler consistía en realidad en ceder ante sus exigencias. Está simbolizada por los acuerdos de Múnich de septiembre de 1938.

(2) Más comúnmente conocida por el nombre de su cuartel general. Scotland Yard, la policía metropolitana, es la fuerza policial territorial responsable del Gran Londres. El MI5 (Military Intelligence 5) es el servicio de inteligencia británico, responsable de la seguridad interior del Reino Unido y del contraespionaje. La Legión Británica es el organismo de asistencia social de las fuerzas armadas británicas.

(3) Periodista, polemista y luego teórico de la gestión, Peter Drucker es autor de The End of the Economic Man: The Origins of Totalitarianism (1939), libro que, aunque se equivoca en los detalles, tiene el interés de haber predicho la alianza entre Alemania y Rusia. Periodista, F. A. Voigt fue uno de los pocos representantes de la prensa liberal o de izquierda que se opuso a la política de apaciguamiento. Su libro sobre la crisis de los años treinta, Unto Caesar (1938), anticipaba el antitotalitarismo de los años cincuenta, que insistía en las similitudes entre el fascismo y el comunismo.

(4) Sobre la Convención del Pueblo, véase supra. AMG 3, nota I. p. 45.

(5) Fuerza de reserva del ejército británico, compuesta por voluntarios.

(6) Movimiento creado en la década de 1920 por el mayor Douglas, el Crédito Social se basaba en la idea de que la cuestión social podía resolverse mediante una reorganización del sistema financiero y monetario.

(7) El Comité de 1922 agrupaba a todos los parlamentarios conservadores. Grupo de políticos e intelectuales presidido por J. B. Priestley, el Comité de 1941 tenía como objetivo una reorganización eficaz y racional de la economía para apoyar el esfuerzo bélico, pero también con vistas a la posguerra. La mayoría de sus miembros se afiliaron en 1942 al partido del Commonwealth.







Ha aparecido el número 90 de la Revista de Historia del Fascismo dedicado al “año Franco”


INTRODUCCIÓN

Durante quince años, la Revista de Historia del Fascismo ha publica­do 99 números. Desde el principio nos habíamos propuesta algunos temas de estudio: una historia objetiva, realista y com­pleta de Falange Española; un estudio de los fascismos iberoame­ricanos, describir por qué los fascismos pertenecen al pasado y son sólo historia (miente quien diga que constituyen riesgos en el siglo XXI o se forjan excesivas ilusiones aquellos que piensan que es posible restaurarlos). Hemos establecido lo que podemos con­siderar como “el tercer fascismo”, estudiado los casi desconoci­dos fascismos iberoamericanos, hemos tratado formas de fascismo aparecidos en los más diversos países; finalmente, nos quedaba un punto por tratar: el franquismo.

Hemos esperado hasta el último momento para tratar esta temáti­ca. El año 2025, ha sido declarado unilateralmente por el gobier­no de Pedro Sánchez como el “año de la memoria histórica” o “el año Franco”. Esta opción se justificaba en el hecho de que se cumplía el 50º aniver­sario del fallecimiento del que fuera Jefe del Estado durante casi 40 años. Era lógico que tratásemos este tema como contrapunto de la “verdad oficial”.  

Hemos dividido este estudio en dos partes, como dos fueron los ciclos vitales de Franco: hasta la Guerra Civil y desde 1939 a su fallecimiento en 1975, precedido de algunas consideraciones crí­ticas sobre el fenómeno. La segunda parte (cuyo sumario ofre­cemos en la última página) estará dedicada a la tarea de Franco como gobernante y se publicará en el número 100.

A pesar de que el ciclo franquista haya sido tan dilatado y, sin duda el más amplio en la historia de España en el siglo XX, es incalificable que todavía se le trate con connotaciones propias de un fenómeno político vivo y operante. El franquismo es historia, solo his­toria y nada más que historia, como hemos dicho muchas veces y debe de estar examinado según el método histórico, no en fun­ción de su rentabilidad política.

Hemos confeccionado este estudio realizando un esfuerzo de ob­jetividad fieles a la consigna que hemos enarbolado desde el nú­mero 1 de esta colección: “Ni apologistas ciegos, ni detractores sistemáticos: así fue una época del Siglo XX”.

 

SUMARIO

> Introducción:

> Juzgar con objetividad al franquismo, qué fue, por qué fue y cómo fue

> Antecedentes históricos del franquismo: de la Restauración a la República

> Franco antes del franquismo: Infancia, academia militar, África, La Legión, Asturias

> Guerra Civil: Franco contra la República.

> De la Guerra Civil a la Guerra Mundial

CARACTERISTICAS

Tamaño: 15 x 21 cm
Páginas: 230
Impreso en papel offset de 80 grs.
Portada a cuatricomía, plastificada y con soladas (edición Eminves)
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Ilustrada

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Precio de venta al público (Amazon): 22,80 €
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martes, 24 de febrero de 2026

VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (3 de 3) - Algunas conclusiones provisionales

1) No hay diferencias sustanciales entre “izquierda” (PSOE) y “extrema-izquierda”:

Entre el pedrosanchismo y la extrema-izquierda, tal como están configurados en la actualidad, no existen diferencias sustanciales. El PSOE de hoy es lo que las circunstancias requieran para que su líder siga en La Moncloa. La extrema-izquierda no es más que una muleta para que el sanchismo siga en el poder. La mala excusa del “antifascismo” o de “cerrar el paso a Vox” es común a ambos sectores y en el que ambos se refugian para justificar sus posiciones. Votar al PSOE o votar a cualquier oferta de extrema-izquierda, supone, a fin de cuentas, votar a lo mismo: el “frente de izquierdas” no existe, pero sí actúa con una práctica utilitarista y de supervivencia.

2) El cambio de ciclo político es un trasvase de votos de la izquierda a la derecha.

A diferencia de anteriores momentos, en la pequeña historia de la democracia española, los dos factores que garantizaban las mayorías de gobierno (el centro-derecha y el centro-izquierda por un lado, y el trasvase de votos del centro-derecha al centro-izquierda y viceversa) ya no constituyen los rasgos dominantes. Estas pautas han sido sustituidas por otras: los votos que se pierden en la izquierda (el centro-izquierda ya ha desaparecido) ya no van a parar a otras formaciones de izquierdas, ni siquiera al centro-derecha (que también se encuentra en recesión), sino a Vox. Tránsitos similares han ocurrido en Europa y ahora empiezan a producirse en España. Vox, por su parte, no busca sumar votos en los caladeros del PP, sino en los que hasta ahora han sido feudos de la izquierda.

3) Ese trasvase de votos está generado es uno de los efectos de la inmigración masiva.

La única explicación a este trasvase de votos es el impacto que ha tenido en los últimos 30 años ya inmigración masiva y descontrolada. “Masiva” porque en estos momentos uno de cada cuatro residentes en territorio nacional, o han nacido fuera de España o se muestran aferrados a la cultura de sus padres. Y “descontrolada” porque no ha llegado la inmigración “necesaria”, sino la que ha querido instalarse en España y disfrutar de las conquistas que el pueblo español ha construido con su esfuerzo y sus impuestos. En tanto que “masiva” y “descontrolada”, esta inmigración ha generado problemas de todo tipo (desde simples molestias en la convivencia hasta el aumento asindótico de los delitos más odiosos de carácter sexual o de gravedad extrema), generando un rechazo cada vez más generalizado, especialmente en las zonas donde conviven bolsas de inmigrantes con españoles.

4) No existe “una izquierda”, existen tantas izquierdas como intereses personales de sus líderes.

A principios de los años 80, se evidenció el fracaso del análisis marxista y del “socialismo real”. Los partidos socialistas se transformaron en “socialdemócratas”, aceptando la convivencia con el liberalismo y el capitalismo, proponiendo una serie de “reformas” para marchar hacia una “sociedad más justa”. Pero la gran crisis económica de 2007-2011 demostró que, a la hora de la verdad, los gobiernos socialistas europeos cuidaron más salvar al sistema capitalista que a sus propias poblaciones (en España, los “Planes” de ZP para afrontar la crisis y “crear empleos” costaron entre 400 y 500.000 millones de euros, beneficiando solo a la patronal de la construcción y a la banca). Desde entonces, la izquierda ha estado desnortada, sin saber bien hacia dónde dirigirse. La esperanza en una “nueva izquierda” (el “movimiento de los indignados”) se difuminó muy pronto. Desde entonces, todos los “proyectos de izquierda”, de cualquier tonalidad, no han pasado de ser tablas de salvación personales de sus líderes, sin el respaldo de ningún proyecto político de Estado.

5) Las “operaciones unitarias” no son más que intentos personales de conservar actas de diputados.

Desde la quiebra de la URSS en el último tercio de los 80 y, con él, la interrupción de subvenciones de los Países del Este, al PCE, en éste se iniciaron las escisiones y la búsqueda de alternativas. El PCE, siguiendo las enseñanzas historias, recurrió a la “política frentista” creando Izquierda Unida, que todavía existe, si bien es hoy solamente, el PCE y algunas individualidades); pero los avances fueron pocos y los retrocesos muchos a partir de la retirada de Julio Anguita. Desde entonces, se han sucedido más y más “operaciones unitarias” que han tratado de agrupar a formaciones cada vez más pequeñas y que aparecían en mayor número. Hoy, las operaciones de “unidad de la izquierda”, más parecen colmenas u hormigueros mal avenidos en las que hace falta poner de acuerdo a cada vez más partes y en la que cada una pide solo obtener o revalidar el acta de diputado o la concejalía que le garantizará supervivencia personal. El problema es que, en la actualidad, el número de aspirantes a obtener un acta es superior al que los votos de la izquierda pueden garantizar. Olvidados los proyectos políticos, detrás de cada “proyecto unitario” se esconden los “proyectos personales” de sus impulsores.

6) Solamente entre los “trabajadores de la cultura” la izquierda sigue siendo hegemónica.

La izquierda ha ido perdiendo, uno a uno, todos sus bastiones: el mundo del trabajo, no solamente no es de izquierdas, sino que los sindicatos se han convertido en un residuo de otro tiempo, “interlocutores sociales” de bajo coste cuyos dirigentes firman cualquier cosa que se les ponga bajo los mocos con tal de no volver al tajo y asegurarse un sueldo hasta la jubilación. Los barrios obreros están dejando de votar a la izquierda y se pasan en masa a Vox. Sobre los jóvenes, el tránsito a la derecha es notable y reconocido por todas las encuestas. Incluso los hábitos que se generaron en los últimos años del milenio anterior y en los primeros de este (botellones, alcoholismo, toxicomanías), remiten y la juventud se vuelve más conservadora al entrever que ellos han sido las primeras víctimas de las políticas de izquierda. El campo se ha perdido irremisiblemente para la izquierda. En las universidades, la coalición entre profesores con viejas ideas izquierdistas y minorías activistas de izquierdas, unido a la pusilanimidad de las autoridades académicas y a su deseo de evitar violencias, dan la sensación de que existe todavía una hegemonía marxista en las aulas; es una ilusión: en un par de cursos se verá hasta qué punto el “giro a la derecha” de la juventud va a derribar ese mito.

Solamente entre “los trabajadores de la cultura” existe una hegemonía izquierdista… que también hay que relativizar. En los próximos Premios Goya ni una sola película de las nominadas ha cubierto los gastos de producción. En otras palabras, “los trabajadores de la cultura” son los grandes beneficiarios de las políticas de izquierda: sin esas políticas, ni una sola de sus películas “nominadas” este año hubiera visto la luz. Por otra parte, el que estas producciones vayan hacia un lado y el sentir de la población se mueva hacia otro, explica suficientemente el porqué el cine español está siendo abandonado por el público español.

7) Hoy la izquierda está “regionalizada”, rasgo propio de una situación de crisis profunda.

Desde la transición, se hizo evidente que la ausencia durante cuarenta años de la izquierda en el poder, había operado un fenómeno perverso pero significativo: el PSOE empezó a crear sucursales regionales: ya no se trataba de “Federaciones del PSOE”, sino de “Partidos Socialistas de tal o cual región”. El PCE siguió más o menos, el mismo esquema con la intención de “aproximar” las siglas a los electores. Incluso la derecha imitó esta “regionalización”. Fue así como aparecieron los “barones” en los dos grandes partidos y una multitud de líderes, primero regionales, luego comarcales y, finalmente, locales cada uno de los cuales estaba celoso de su autonomía y de orientarse hacia sus “electores naturales”. Esta tendencia se vio acelerada por la caída de los referentes históricos de la izquierda, el hundimiento del marxismo como “método científico”, la ignorancia creciente de los rasgos históricos del socialismo y de la socialdemocracia, por los nuevos líderes del PSOE que, empezando por ZP, llegaban al poder con unas podas ideas mundialistas y globalizadoras de moda en ese momento. Las escisiones y los pequeños grupos que aparecieron aquí y allí, terminaron convirtiéndose en “partidos” cuyo horizonte se circunscribía, en el mejor de los casos, a una sola región, y en muchos casos a una sola provincia, o, incluso a una sola ciudad. La pérdida de referentes comunes y el recurso a tópicos (ecologismo, ecopacifismo, animalismo, feminismo, derechos humanos, antimilitarismo, galaxia LGTBIQ+, etc) mal aprendidos y peor explicados, terminó convirtiendo a la izquierda en microtaifas imposibles de gobernar sin un referente común que operase como cemento unitario.

8) La izquierda ha olvidado lo que es la “razón de Estado”.

Los fenómenos descritos anteriormente han facilitado el que la izquierda fuera olvidando cada vez más lo que es la “razón de Estado” y, poco a poco, se alejara, especialmente con la subida al poder de ZP, de las “políticas de Estado” (que era lógico y obligado que negociara con la oposición). La atomización de la izquierda y las necesidades del mantenimiento de la mayoría parlamentaria cuando ningún partido obtenía mayoría absoluta, hicieron que resultara imposible cualquier reforma necesaria de la constitución (que inmediatamente a su aprobación demostró carencias graves y agujeros negros) e incluso la aprobación de leyes necesarias (no existe un Plan Hidrológico Nacional, por ejemplo). A medida que se iban sentando en los bancos del congreso, diputados cada vez más indigentes intelectualmente hablando, preocupados solo por volver a ser reelegidos y por ir haciendo méritos ante sus jefes de grupo, y a medida que en el gobierno de la nación, lejos de sentarse técnicos y especialistas, los cargos fueron ocupados por ambiciosos sin experiencia en gestión, ni conocimientos, la “razón de Estado”, fue siendo sepultada por las “conveniencias personales”, hasta el punto de que hoy, resulta prácticamente imposible reconstruir “políticas de Estado”.

9) Para que aparezca una “nueva izquierda”, la “vieja izquierda” debe morir

Mientras existan las viejas siglas políticas (PSOE, Podemos, Sumar y la galaxia de partidos regionales, círculos, “federaciones”, “uniones”, etc.) la izquierda seguirá perdiendo el tiempo y perdiendo votos tratando de encontrar fórmulas unitarias. Y este fenómeno no tiene solución: solamente la aparición de nuevos líderes, provistos de un pensamiento y de una doctrina política realista y centrada en las conveniencias de la Nación, del Estado y de la Sociedad, puede salvar a este sector político. Para ello, las viejas siglas deben desaparecer, algo que, sin duda, la historia impondrá antes o después. Pero el proceso de renovación de la izquierda no vendrá protagonizado por un rostro y unos pocos titulares de prensa (como la “operación Rufián”, o antes la “operación Yolanda Díaz”, o antes aún, la “operación Izquierda Unida”) ni gracias a una financiación por lo bajini, discreta, pero suculenta, sino por la coagulación de un nuevo análisis político, realista y objetivo sobre la situación de España y sobre el modelo de sociedad que se pretende construir. Y lamentamos mucho decir que, hoy por hoy, ni la izquierda tiene doctrinarios ni analistas en condiciones de abordar un proyecto de esta envergadura, ni siquiera interesados en su existencia. La izquierda se ha convertido en cortoplacista: un “aquí te pillo, aquí te mato” y “después de mí el diluvio”. Hoy, todas las tendencias de izquierda van en esa dirección, capitaneadas por Sánchez y su política de “tierra quemada” (“el que venga detrás que apechugue”…)

10) Mientras la izquierda rechace el concepto de “autoridad” y Estado seguirá manifestando su impotencia

Uno de los daños colaterales que ha sufrido la izquierda desde la transición ha sido considerarse a sí misma como garante de las “libertades”, a diferencia de las diversas formaciones de derechas que aumentarían la presión del Estado sobre el ciudadano. Tal era el “relato”. Así pues, la izquierda reeditaba la vieja contradicción entre “libertades frente a opresión”, “Pueblo frente a Estado”, “Nacionalidades frente a Nación”, “Derechos Humanos frente a dictadura”... y todo esto que, en el fondo no pasaba de ser un mero debate teórico, consignas de cartel y de panfleto, dejó de funcionar desde el momento en el que el Estado dejó de proteger al ciudadano, a partir del momento en el que determinadas “libertades” acarrearon una pérdida de seguridad para la mayoría de los ciudadanos: los okupas se vieron sobreprotegidos en relación a los propietarios, los derechos de los delincuentes se pusieron en el mismo plano que los de las víctimas, el “yo si te creo hermana” se colocó por encima y por delante de cualquier otro valor e, incluso, se criminalizó al hombre por el mero hecho de serlo y, mucho más en concreto, al “hombre blanco hétero”, mientras que se minimizaba, ocultaba, deformaba y mentía sobre las “manadas”, las cifras de delincuencia de la inmigración y se evitaba la prisión preventiva incluso para individuos detenidos varios centenares de veces. Todo fuera por los “derechos humanos”, las “seguridades jurídicas” y la “defensa de los derechos y de las libertades adquiridas”.

El resultado fue que la Autoridad desapareció de la vida pública y el Estado se mostraba cada vez más impotente para demostrar fuerza, vigor y eficiencia, salvo en la recaudación de impuestos. Este proceso, que empezó a manifestarse en el primer gobierno de Zapatero, ha alcanzado su punto álgido con Pedro Sánchez para el que un inmigrante encarcelado por asesinato tiene el mismo derecho a ser regularizado que otro que lleva trabajando desde el primer momento de su estancia en España. La pérdida del sentido de la autoridad y de prestigio del Estado ha ido parejo a los momentos en los que la izquierda se ha sentado en el poder y ha puesto en marcha sus medidas de “ingeniería social”. Mientras la izquierda no reconozca este error, resulta imposible que vuelva a levantar cabeza en ulteriores procesos electorales.

11) La vieja división entre “derechas” e “izquierdas” ya no sirve.

Detrás de todo esto hay algo que parece muy evidente desde hace décadas. Hasta no hace mucho la “derecha” se caracterizaba por menos presión fiscal y, por tanto, menos servicios sociales, mientras que la “izquierda” reivindicaba para sí el aumento de la presión fiscal y, paralelamente, de las prestaciones y de la calidad de los servicios sociales. Esto planteamiento, sin ser del todo cierto, era el que sugería la izquierda como rasgo de su identidad. El falseamiento estadístico parecía darle la razón: el PIB iba subiendo y este único dato confirmaba, tanto en el período de ZP inmediatamente anterior al batacazo de 2008, como en la actualidad, que la “economía va como un cohete”. En realidad, era como un cohete de feria: el PIB no es ni el único ni el mejor indicador económico: a más población, más PIB. Las cifras de inmigración masiva y adulta llegadas durante el zapaterismo y el sanchismo, son de tal calibre que, por fuerza, han influido en el aumento del PIB, pero no así en el “bienestar”: de hecho, el PIB per cápita se mantiene en las mismas cifras que hace una década y, lo que es aún peor, la vida se ha encarecido y la pobreza ha aumentado. En realidad, muerto el marxismo y olvidado el conservadurismo de estricta observancia, transformado en neoliberalismo, la clasificación derecha-izquierda ha perdido vigencia: durante décadas España ha vivido gobernada por el centro-izquierda y por el centro-derecha que asumían políticas muy parecidas en casi todo. Fue a partir del zapaterismo en donde la “ingeniería social” extrema que intentó, generó una resurrección de las viejas clasificaciones derecha-izquierda que, por cierto, ha terminado perjudicando más a la izquierda y revitalizando a la “derecha de la derecha”, favoreciendo el nacimiento de Vox y su afirmación como partido con más futuro que pasado (a diferencia de PP y, no digamos, del PSOE, que tienen más pasado que futuro). La novedad que aporta Vox es la de ser un partido con un programa que, en su conjunto, propone un baño de realismo a la sociedad española: hay que reformar leyes, hay que reintroducir medidas que jamás se debían haber abandonado, principios que se trata de recuperar e instituciones que sobran y que hay que ir contrayendo. Estas propuestas, aceptadas sobre todo por españoles de clases medias y bajas, ha desplazado el eje de la política española, que ya no es el “centrismo”: ha sido la respuesta de la sociedad a la “ingeniería social” iniciada por el zapaterismo y que es percibida como catastrófica para la sociedad. El gran silencio de la izquierda ante la regularización masiva de ¿500.000? ¿800.000? ¿1.000.000? de inmigrantes desequilibrará por completo los servicios sociales, disparará aún mas el precio de la vivienda y convertirá a algunos barrios en escenarios de una guerra civil no declarada entre delincuentes y mafias frente a ciudadanos, con unas autoridades preocupadas sobre todo por los “derechos humanos” de los detenidos y por ranchos halal en comisarías y prisiones. La izquierda seguirá muerta mientras siga callando ante estos problemas por muchas “operaciones” y maniobras “unitarios” que inventen sus líderes.

12) Dos sectores desprestigiados y un partido “virgen”

Hasta ahora la corrupción no ha sido desterrada del escenario político español, porque, centro-derecha y centro-izquierda estaban mancomunados por el cobro de comisiones, el falseamiento de concursos públicos, el fraude de las “ayudas al desarrollo”, de los subsidios a las ONGs y todo género de corruptelas.

Además, la ausencia de un “centro de imputación” y la dispersión del poder del Estado en distintos centros de poder (ayuntamientos, diputaciones provinciales, consejos comarcales en Cataluña, autonomías, gobierno del Estado y administración europea) aconsejaba a los partidos, en primer lugar, que no se aumentaran las penas por corrupción, en segundo lugar que los medios de investigación de la corrupción fueran limitados, incluso los medios judiciales y nunca completamente independientes y que, a fin de cuentas, como ha ocurrido con el Caso EREs de Andalucía o con los instigadores del “procés” catalán, la amnistía decretada desde La Moncloa, se convirtiera en un acicate para “volver a intentarlo”.

En estos momentos, vivimos un momento en el que la única defensa del gobierno de izquierdas ante los casos de corrupción es el consabido “y tú más”, que fue también la cantinela del PP cuando se vio asfixiado por casos de corrupción o por el pujolismo que siempre tuvo la habilidad de convertir sus estafas en excusas para victimizarse.

Pero el problema es que la irrupción de una nueva fuerza política y su consolidación, en el caso de Vox, ha operado un fenómeno que deja a la “derecha” y a la “izquierda” con el paso cambiado: en efecto, Vox es “virgen” en materia de corrupción. Y seguirá creciendo mientras sea fiel a sus principios que hoy son claros y rotundos.

En el momento en que el electorado perciba -como ocurrió con Podemos y con Ciudadanos- que este partido empieza a practicar las mismas malas antes que son de uso común en el resto del arco parlamentario, puede desaparecer abandonado por su electorado de un día para otro. Pero, mientras eso no ocurra y nadie pueda achacar a Vox el “decir una cosa y hacer otra”, seguirá creciendo y comiéndole el espacio electoral especialmente a la izquierda. Y, precisamente por eso, cabe decir, a modo de conclusión, que mientras Vox no traicione a su electorado, la izquierda española, intente lo que intente, se va a convertir en una fábrica de futuros políticos en paro. Con lo que sus luchas internas y su desgaste, irán aumentando más y más. Triste, pero inevitable.

 









VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (2 de 3) - EL “PROYECTO RUFIÁN” O LA ENÉSIMA INTENTONA

Rufián es el caso típico de un “político de izquierdas” que busca eternizar sus quince minutos de fama mediática: cuarentón, con dos hijos, sin un historial académico ni profesional particularmente brillante y con unos criterios políticos etéreos y prendidos con alfileres que le llevaron a una situación paradójica.

En 2013, el independentismo catalán había iniciado su “procés”. El problema del que solamente eran conscientes algunos cerebros grises, era cómo Cataluña podía ser independiente si tenía bolsas extraordinariamente amplias de castellanoparlante, especialmente en el Cinturón Industrial de Barcelona. Así que los “mentes frías” que impulsaban el “procés” tuvieron la ocurrencia de crear un movimiento independentista catalán especializado en el “trabajo político” sobre castellanoparlantes. Así nación el movimiento Súmate dirigido por andaluces que se habían arrimado a Junts pel Sí (de hecho, Pujol, ya en los años 80, había comprado a precio de saldo a exponentes “andalucistas”, para que apoyaran su política utilizando la lengua castellana…

Entre los indocumentados políticos que se sumaron a esta iniciativa, figuraron Gabriel Rufián por un lado y Antonio Baños, por otro. Ambos creerían con una seriedad pasmosa que el “procés” terminaría como sus promotores pensaban y que Catalunya sería el “Estado número 28 de la Unión Europea”. Y ellos, en tanto que, “líderes” de la comunidad castellanoparlante tendrían un papel protagonista en el “nuevo Estado”… Baños se orientó hacia la CUP, siendo elegido diputado en 2015, pero dimitió poco después cuando su partido decidió no apoyar la investidura de Artur Mas como presidente de la gencat y va a salto de mata entre tertulias de medios dependientes de la gencat. El destino de Gabriel Rufián ha sido mucho más “rutilante”.

Llegó al parlamento del Estado como portavoz del Grupo Parlamentario de ERC, en sustitución de Joan Tardá que se había convertido en un histórico del partido indepe, el clásico “tocacollons”, con una línea cada vez más errática dentro del partido (en 2025 defendía, contra todo criterio y evidenciando una ignorancia absoluta de la realidad,  que ERC debía abrirse a la inmigración e incorporarla al partido a la vista de que la independencia quedaba lejos, justo en el momento en el que se iniciaban los tránsitos de ERC hacia Aliança Catalana). Rufián era el “charnego” de ERC que podía demostrar en Madrid que el independentismo era “integrador” y que los castellanoparlantes también podían estar a favor de la independencia. Rufián que, en principio creía que la independencia era para mañana, afirmó su voluntad de quedarse pocos meses en Madrid. Lleva diez años. Y la in dependencia se ha aplazado sine die, probablemente hasta nunca.

El caso es que Rufián se siente bien en Madrid, pero el cambio de ciclo político amenaza su puesto de diputado. La ERC que dejó en Barcelona hace 10 años no es la misma que la actual. Oriol Junqueras, tras su paso por la cárcel ha entendido perfectamente que el “procés” fue un patinazo y, a pesar de que, existe entre él y Puigdemont un odio que deriva de la impresión -muy cierta, por lo demás- de que el “honorable president”, en cuanto vio que entraba en juego la judicatura y el “procés” embarrancaba tomó por las de Villadiego tras despedirse de Junqueras “fins demà” [hasta mañana]. Junqueras no le perdonará nunca haber “chupado talego” casi cuatro años, mientras Puigdemont vivía a cuerpo de rey en el mejor barrio de Bruselas.

El problema en Cataluña en 2026 es que la independencia se ha ido alejando del horizonte político del catalán medio, algo que apenas empiezan a darse cuenta los líderes indepes que, para colmo, son los mismos que los que “lideraron” el “procés”. Y Rufián, ahora mismo, tiene la vívida sensación de que su tiempo en Madrid se está agotando y que el partido ya no necesita a “charnegos” que lo representen en Madrid y que los simbólicos discursos pronunciados en catalán por Rufián ya no tienen absolutamente ningún impacto y pocos diputados se ponen el pinganillo para traducirlos. Pero Rufián vive en Madrid y, mejor que nadie, se ha hecho a la idea de que la independencia de Cataluña es imposible. Y es entonces cuando empieza a sentirse más “hombre de izquierdas” que “independentista”. Y eso preocupa a Junqueras cuya situación dentro del partido no es buena.

El fracaso del “procés” y la persistencia de sus líderes en querer seguir en el machito a pesar del estrepitoso ridículo mundial que los erosionó (y erosionó aún más a Cataluña con la “fuga de empresas”) hace que este sector político atraviese un período de fuertes divisiones internas y una profunda crisis de liderazgo tras los malos resultados electorales de 2024. La creación de corrientes internas, los choques entre Oriol Junqueras y Marta Rovira, con acusaciones cruzadas de "dirección paralela" y filtraciones, la lucha entre los que abogan por un “nuevo curso” y los que siguen aferrados a la estrategia indepe, los problemas internos de carácter personal, la retirada de “cerebros” y, la fuga de cuadros y de votos hacia Aliança Catalana, sugieren que los problemas de ERC no han hecho nada más que empezar. Parece lógico que Rufián se preocupe por “su mañana”: si no es diputado, ¿qué puede ser cuando se confirme el cambio de ciclo político?

 

Y, es entonces cuando Rufián, ese “hombre de izquierdas”, mira a su entorno y ve a la izquierda completamente fuera de juego. Entonces se le ocurre la brillante idea: ¿cuándo gana elecciones la izquierda en este país? Respuesta: cuando se presenta unidad, en un “frente popular”. ¿Ejemplo? Las elecciones de 1936. La situación de postración de la izquierda no se debe, por tanto, a sus errores políticos, a un “relato” que choca cada vez más con la realidad, a que ha perdido la iniciativa entre los jóvenes, a que se obstina en negar la evidencia que cada ciudadano -especialmente el electorado de barrios populares- vive cada día, los salarios bajos, las viviendas imposibles, la inseguridad enseñoreándose de las calles… todo esto, todo, sin excepción, puede ser superado por la izquierda condición de generar una nueva ilusión, entre los jóvenes, entre su electorado decepcionado, entre los electores desmovilizados, entre los parados, entre los inmigrantes naturalizados, entre los jubilados, entre las mujeres, e incluso, lo que parece casi imposible: recuperar el voto de los trabajadores. Para ello solo hay que despertar entusiasmo. Para eso hace falta “unidad”. A fin de cuentas, no hace tanto que Podemos supuso una ilusión (esto es, la percepción de ilusos) que puede revivir.

El hecho de que, en las elecciones regionales de Extremadura y Aragón, la caída en picado del PSOE no se haya traducido en un aumento de votos de Podemos y solamente en una mínima subida de Sumar, es lo que justificaría la “operación Rufián”. Unidad, es lo que falta. Así un “frente unido de izquierdas” lograría mantener el poder en el post-sanchismo y “avanzar en las conquistas sociales”, etc, etc, etc. Eso, o de lo contrario, Rufián y otros muchos como él, dejarán de percibir su sueldo de diputado, y cuando concluyan sus 18 meses de paro, deberán vivir, como otros antiguos diputados de la extrema-izquierda, a salto de mata. Y no es plan… Se entiende perfectamente que Rufián se preocupe y luche por su futuro.

Ahora bien, es difícil establecer si la “operación Rufián” ha salido de su propio cálculo personal o bien de las alcantarillas de La Moncloa. En efecto: si Sánchez se mantiene en el poder, aun habiendo perdido las elecciones de 2023, es solamente gracias al concurso del os independentistas y de la extrema-izquierda. Es lícito pensar, a la vista de los resultados del as elecciones de Extremadura y Aragón, que el PSOE se irá desmoronando en las próximas elecciones generales, pero aún podría mantenerse en el poder si los partidos sobre los que Sánchez ha apuntalado su “régimen”, mejoran en escaños.

Alimentar, pues, una nueva “operación unitaria” en el seno de la izquierda, sería un elemento táctico que permitiera a Sánchez eternizarse en el poder. Para eso han recurrido, a un tipo que hoy es consciente de que se ha convertido en un outsider de ERC y que, durante sus diez años en Madrid, ha sabido establecer vínculos con las distintas izquierdas. Montar una operación de este tipo cuesta dinero y ni ERC, ni el propio bolsillo de Rufián, podrían afrontar una operación de esta envergadura: hace falta, incluso, pagar a medios de comunicación para que agiten a los vientos la operación, para pagar el alquiler de salas, comidas, desplazamientos, etc.

Sea como fuere, en febrero de 2026, Rufián presentó su proyecto de "frente amplio plurinacional" de izquierdas para las próximas elecciones generales. El lema no es ninguna maravilla del marketing electoral: "Disputar el presente para ganar el futuro" (yo mismo, en el primer congreso de Fuerza Nueva presenté el lema: “organizarse hoy para vencer mañana”, frase perdida en el texto de mi ponencia y de la que ni siquiera me había dado cuenta y que sólo Blas Piñar, elogió y colocó en carteles en todas las sedes del partido, sin advertir que eso de “organizarse” no estaba en el ADN de la ultra).

Y el “futuro” se “gana” articulando a los partidos de izquierda (ERC, Bildu, BNG, Sumar, Podemos, etc.) en función de un “programa común” y del “reparto de provincias” (¿en función de las encuestas del CIS…?). El objetivo es que en cada circunscripción se presente una única lista de izquierdas para evitar la pérdida de escaños por la división del voto y así "ganar a Vox". Así pues, se trata de eso: “ganar a Vox”… De nuevo, se percibe el olor de las alcantarillas de La Moncloa que alertan sobre “el retorno del fascismo”, el “que viene la ultraderecha”… cuando en realidad, el gran miedo del PSOE y de todos estos grupos es quedar por detrás de Vox y demostrar que el eslogan de esta formación -virgen todavía en lo que se refiere al ejercicio del poder- “solo nos queda Vox”, está teniendo cada vez más tirón entre el electorado… especialmente joven.

Rufián, a la vista de que su tiempo en ERC se está agotando, toma la delantera y dice lo que la mayoría de su partido se niega a reconocer públicamente: que el independentismo es cosa del pasado y que no se formen grupos regionales en el parlamento sino un “grupo interparlamentario coordinado” que defienda “el antifascismo, el derecho a la autodeterminación y la mejora de las condiciones de vida”.

Por muchas amistades que haya cosechado Rufián en sus años castizos, lo cierto es que el programa y la propuesta, están cogidos con alfileres. En ERC: La dirección del partido, encabezada por Oriol Junqueras, ha cerrado la puerta oficialmente a esta estrategia, prefiriendo mantener la identidad propia del partido. Formaciones como EH Bildu y Podemos han rechazado o ignorado formalmente el plan, criticando que se base únicamente en “cálculos electorales” y no en una unidad ideológica real. ¿Y Sumar?

En el día de hoy The Objective ha publicado la noticia de que Mónica García (ministra de sanidad) presentó ante el registro de marcas y patentes el nombre de “Nuevo Frente Amplio”, de resonancias uruguayas (era la propuesta frentista de la organización terrorista “tupamaros”). La nueva marca no implica nada más que un simple cambio de nombre para llamar a Sumar de otra manera, sin que ello reporte más cambios, ni siquiera ampliación de la coalición. Maíllo, el hombre de Izquierda Unida, una de las coaliciones que forman parte e Sumar, apeló a las formaciones de la izquierda alternativa al PSOE a presentarse juntas a las próximas elecciones generales, pero cambiando la denominación de Sumar. La excusa para esta nueva marca es evitar que se solapen dos siglas similares: la de Sumar (coalición), con la del Movimiento Sumar (el partido que fundó Yolanda Díaz). Con estas declaraciones, Maillo daba por enterrada la marca de Sumar. Porque, a fin de cuentas y sin que prácticamente lo advirtiéramos, Sumar ya no es una “coalición” sino el “partido de Yolanda Díaz”. Y como todos los que pasan por la mesa del consejo de ministros de un gobierno sanchista, la gallega está amortizada políticamente y, si bien su sueldo de exministra le reportará ingresos y tranquilidad económica para el resto de sus días, estamos ante otro caso de “político al borde del paro”. Todo induce a pensar que la Yolanda Díaz abandonará la política y no se presentará a la reelección. Su partido, el Movimiento Sumar, en cambio si parece interesado en el Nuevo Frente Amplio, del que sus motores son Más Madrid, IU, En Comú.

IU y Más Madrid coinciden en la idea de buscar un “revulsivo” para que la nueva alianza represente una “nueva etapa”. Aunque entre las dos formaciones existen también diferencias y choques, de ahí la importancia política de que los de Mónica García se adelantaran a la hora de registrar como marca uno de los posibles nombres de la nueva coalición.

Así pues, para este sector de la izquierda (y el más realista), el fracaso de Sumar (con la salida de Compromís y el alejamiento de Chunta Aragonesista y los mediocres resultados electorales) se resigna a reducirse y cambiar de etiqueta con tal de sobrevivir. Ese realismo es lo que, en nuestra opinión hará que rechacen el “proyecto Rufián”. Queda saber si éste, será aceptado en alguna lista electoral de izquierdas que le garantice sobrevivir con un acta de diputado cuatro años más. No lo creemos, francamente.

Por el momento, Rufián solamente parece haber encandilado a Emilio Delgado diputado de Mas Madrid que participó en una especie de presentación del proyecto que dio algo que hablar. En efecto, Delgado reconoció que la izquierda se había ido alejando de los barrios populares y que en estos reinaba una inseguridad creciente. Salió a relucir el tema tabú en la izquierda: la inmigración. Delgado recordó que hace 40 años, esos mismos barrios estaban llenos de delincuentes “nacionales”, así pues, el problema es “social”, no “étnico”… Rufián optó por no intervenir en esta parte y la “moderadora”, Sarah Santaolalla estuvo a punto de saltarle al cuello cuando Delgado insinuó que la inmigración masiva se había convertido en un problema… (Delgado, acuérdate de nuestra fórmula: “si bien es cierto que la mayoría de inmigrantes vienen a trabajar, también es cierto que la mayoría de delincuentes, aquí y ahora, son inmigrantes”; un razonamiento tan incuestionable y tajante como este te evitará muchas discusiones en tu ambiente político).

Así están las cosas. Y va siendo hora de sacar conclusiones, porque da la sensación de que todo esto es tiempo perdido, una especie de déjà vu protagonizado por una serie de políticos de otra época que empiezan a percibir que sus consignas del ayer, ya han dejado de atraer…

 

 






VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (1 de 3)

No vamos a diferenciar la sigla PSOE de “extrema-izquierda”: el saco es grande y en él caben todas las variantes taxonómicas de esa izquierda que, globalmente, está en crisis como resultado de sus errores cometidos en los últimos 25 años. A fuerza hablar en nombre “del pueblo”, la izquierda ha terminado creyéndose esa pretensión de superioridad moral y defensa de los “desheredados” que se autoatribuía. Pero, la triste realidad era que cada vez crece su distancia de la “sociedad real” y que la “sociedad ideal” que describía era algo en lo que ni siquiera ellos mismos creían. Su discurso, especialmente en España, consistía, finalmente en decir: “haz lo que digo, pero no lo que hago”. Lo que “digo” es “honestidad”, “derechos humanos”, “conquistas sociales”, pero lo que “hago” es “corrupción”, “incapacidad de gestión”, “servicios sociales saturados” e “infraestructuras abandonadas”. Con el sanchismo esto ha llegado al límite. PSOE y extrema-izquierda, por otra parte, tienen un denominador común: el “antifascismo”.

Para el común de los mortales el “fascismo” es algo del ayer. Ninguna, absolutamente ninguna, de sus características históricas se dan en la actualidad: estatismo, militarización de las masas, síntesis de nacionalismo y socialismo, partido único, cesarismo autoritarismo, antiparlamentarismo, y así sucesivamente. Nada de todo esto está presente en partidos situados a la “derecha” y eso mismo índica el nivel de alejamiento de la realidad de toda la izquierda. El “relato” no ordena la realidad en función de quien lo proclama; especialmente si el ciudadano sale a la calle y encuentra otra realidad que contradice el “relato”.

Durante los últimos 30 años, se diría que los dirigentes de todas las fuerzas políticas de izquierdas han expulsado a la intelectualidad de sus filas. Nadie con una mínima cultura general, puede aceptar sus exageraciones retóricas “antifascistas” o sus diseños de “ingeniería social” cuya puesta en práctica nos acerca cada vez más al caos. Lo que queda en la izquierda son pobres líderes reducidos a “panfletos parlantes”, tertulianos de pocas luces, “cuñaos” o pobres gentes que han creído ese mensaje simplón de “si llega la derecha al poder os lo quitarán todo”

Y, en cuanto a los “líderes de izquierdas” no hay, entre ellos, ni grandes oradores, ni conductores de masas, ni siquiera dirigentes que saben a dónde se dirigen: su horizonte mental, por término medio, se centra únicamente en conservar un medio de vida (como diputado, como asesor o en cualquier cargo nombrado a dedo y bien retribuido). Como ocurrió hace medio siglo con los maoístas, cuando alegan “servir al pueblo”, en realidad, están proponiendo “servirse del pueblo”. Lo sabemos todos y no hace falta insistir mucho más en ello.

Pero vale la pena hacer un repaso a estos sectores de la izquierda para advertir su grado de indigencia y excluyendo al PSOE cuya bajeza moral convierte en cómplices del sanchismo a todos sus miembros, incluso a los más disidentes, por su silencio cómplice. Empecemos con el más marginal: Podemos

LA IMPOTENCIA DE PODEMOS

Cuando nació el “movimiento de los indignados”, que llegó con aires de renovación del discurso de la izquierda, ¿quién iba a decir que sus últimos mohicanos terminarían retornando al discurso antifascista de los años 30? Como hemos dicho en varias ocasiones, lo que queda de Podemos -y no queda mucho- son los últimos “hombres deconstruidos” y las últimas “chicas loquitas”, dirigidos desde bastidores por el “macho alfa”, Pablo Iglesias.

Cuando Iglesias – Montero – Belarra participaron en el gobierno de Sánchez anterior a las elecciones de 2023, ya era evidente que Podemos había entrado en crisis. Carecía del empuje fundacional, la mayoría de sus fundadores se habían retirado. De los 214.000 inscritos en sus Círculos que declaraba en 2014 quedaba muy poco. La hecatombe se produjo cuando las buenas intenciones iniciales de los cargos públicos de Podemos (imponerse un tope en la percepción por el cargo, dar el resto a ONGs, no aceptar coche oficial, etc) se fueron olvidando. Y los que decían estar “contra la casta”, se convirtieron en un remedo de esa misma casta.

Y no había cargos para todos. Como había ocurrido en anteriores generaciones de izquierdistas, Podemos se convirtió en una especie de club endogámico, en donde ya no existió “renovación de élites” a la que aludiera Vilfredo Paretto, sino una lucha a muerte por mantenerse en el cargo retribuido. Algunos (Errejón, Monedero) tuvieron cuidado de esconder estas ambiciones bajo pretexto ideológicos. Otros, no pudieron ocultar su deseo de “prosperar”, firmaron hipotecas por chalets de lujo y se prepararon para eternizar su posición. El reflujo. Y eso se tradujo en rupturas y terrores. Podían perder las posesiones que los elevaban a la categoría de clase media alta y que pasaba por mantener el sueldo como cargo público.

Errejón y Monedero se perdieron y con ellos, Rita Maestre y el grupo disidente que daría vida a Mas Madrid y luego reencontraríamos en Sumar. Pero, sigamos con Podemos. Iglesias puso en pie algunas iniciativas económicas: el Canal R(e)D, la Taberna Garibaldi, ambas mediante “micromecenazgos”. Iglesias aseguró que el Canal R(e)D, recaudó 580.000 euros y la Taberna Garibaldi otros 140.000 euros. Pero, lo cierto es que una taberna no es, lo que se dice, un “gran negocio”, ni un canal de TV artesanal de muy escasa audiencia (cualquier youtuber de derechas tiene más audiencia, menos gastos y más beneficios), puede ser rentable y contener cierta calidad, especialmente cuando sus colaboradores lo son ad honoren, con salarios de becarios o simplemente colaboran por identidad con la “causa”.  

Nada de todo esto parece muy prometedor, y menos tras los batacazos electorales que está sufriendo podemos en las últimas elecciones regionales. El grupo dirigente de lo queda de esta formación insiste en los temas que resultan más provocadores, tratados siempre desde una óptica cada vez más extremistas y radical que llegó a su punto culminante durante la pasada campaña electoral en Aragón con apelaciones al “reemplazo” de población para evitar el “fascismo” y en declaraciones extremadamente beligerantes de Pablo Iglesias tratando de renovar el “no pasarán” de hace 90 años. El resultado fue la tercera parte de los votos que obtuvo Se Acabó La Fiesta, con lo que está todo dicho.

Entre el “antifascismo” desmesurado, sobredimensionado y agresivo y las declaraciones ultrainmigracionistas y la defensa a ultranza del paquete LGTBIQ+, Podemos cree que puede tener un “suelo” mínimo que le garantice la supervivencia económica de su grupo dirigente y la viabilidad de sus iniciativas económicas.

Pero, su error de percepción más aberrante sea pensar que “todos los LGTBIQ+ o todos los inmigrantes naturalizados”, les van a votar a ellos. No solamente esto no es cierto (en lo que se refiere a los “naturalizados” suelen abstenerse de votar o lo hacen por quien está en el poder y les garantiza el mantenimiento de subsidios y percepciones no contributivas, y entre los LGTBIQ+ el voto está muy repartido entre todo el arco político, incluyendo a partidos de derecha), sino que este criterio chapuceramente “estratégico”, corre el riesgo de restarles el voto de otros grupos sociales que, inicialmente, apoyaron a los “indignados”.

Parece increíble, por ejemplo, que las sucesivas compañeras de Pablo hayan tenido un protagonismo en Podemos muy superior a sus evidentes cualidades personales. Por no hablar del caso de Dina Bousselham para la que Iglesias creó La Última Hora Noticias que sobrevivió mal que bien entre 2020 y 2023 como “fábrica de bulos”, “antifascistas” off curse, y cuyo caso es como mínimo curioso: la tarjeta robada SD que se robaron apareció en casa del comisario Villarejo entregada por el director de la fenecida revista Interviu. El presidente del grupo no publicó nada, pero le entregó la tarjeta a Pablo Iglesias (que era como decirle: “sé lo que hay dentro”) y todos los archivos llegaron a Villarejo (o, por lo menos, así se dijo). Bousselham dio varias versiones de lo sucedido y aún hoy el caso dista mucho de estar completamente esclarecido (inicialmente declaró que la tarjeta estaba ilegible o destruida cuando Pablo Iglesias se la devolvió. Posteriormente, asegurando que, en un primer momento, sí funcionaba y que ella misma había podido ver el contenido antes de que dejara de operar. En una de sus comparecencias judiciales afirmó que nunca había podido acceder a la información de la tarjeta. Sin embargo, en versiones posteriores admitió que había realizado capturas de pantalla de sus propios chats (que luego se filtraron) y que llegó a ver el contenido de la tarjeta tras recuperarla. Dio testimonios distintos sobre el momento exacto y las circunstancias en las que recuperó el dispositivo, lo que generó dudas sobre si ocultó información a la policía en 2016, cuando la tarjeta ya estaba en su poder, pero no lo notificó.  Debido a estas contradicciones, el juez llegó a solicitar en 2022 que se investigara a Bousselham por un presunto delito de falso testimonio. No obstante, la Fiscalía se opuso a dicha investigación al considerar que las variaciones en su relato eran “vaguedades” que no alteraban la esencia de la causa. Finalmente, en 2022, ella exculpó totalmente a Pablo Iglesias de cualquier daño al dispositivo.

El caso, aun por olvidado que esté, no deja de ser una muestra de que Podemos ha terminado siendo una secta de “hombres deconstruidos” y “chicas loquitas” en torno al consabido “macho alfa” que impone líneas y criterios entre los últimos mohicanos (y mohicanas) que le quedan.

SUMAR O LA ENÉSIMA COALICIÓN DE LA IZQUIERDA DESUNIDA

Seguir la pista de las escisiones de Podemos resulta tan inútil como cansino. En todos los sectores radicales las escisiones tienen que ver con un “quítame allá esas pajas” ideológicas o con repartos de poder. Y en el caso de Podemos, parece evidente que lo primero encubre a lo segundo y que, donde hay varios “machos alfa”, la escisión está servida. El problema de la izquierda es que no siempre sus comportamientos personales están adecuados a sus propuestas políticas.

Cuando tuvo lugar la asamblea de Podemos que se ha dado en llamar Vistalegre II, resultó evidente que el partido se había roto en dos. Se enfrentaron dos modelos contrapuestos de partido personificados por Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. El primero defendía una línea más radical y de confrontación, mientras que Errejón defendía un enfoque más moderado capaz de atraer a votantes del PSOE. Iglesias venció logrando el control total del Consejo Ciudadano Estatal. Fue la habitual victoria pírrica cuyo resultado inmediato fue el apartamiento de los "errejonistas" de los puestos de poder, la salida de Errejón y la fundación, junto con otros expodemitas y gentes llegadas de la izquierda para fundar Más Madrid. 


No es una sopa de siglas, es el casi inextricable esquema de escisiones,
recomposiciones y evoluciones de la izquierda comunista tras la caída de la URSS.

El éxito de la ex afiliada al PCE, Manuel Cármena en las municipales de 2015, hizo que varios podemitas, alejados de la dirección tras el Vistalegre II (2017), se acercaran a su entorno y contribuyeran a la fundación de Mas Madrid, autodefinido como “de izquierda, ecologista y feminista”, pero evitando las estridencias podemitas. Errejón se sumó oficialmente en 2018.

En los años anteriores, la marejada de Podemos había revitalizado a grupos regionales de extrema-izquierda. Todos ellos aspiraban a que el PSOE terminara hundiéndose electoralmente y a heredar su electorado. En Cataluña había nacido En Común, en torno a Ada Colau, una figurante de televisión, sin oficio ni beneficio, que había escalado gracias a pasar como “activista social” de las más variadas causas. En su proceso de fundación habían participado restos y fragmentos de anteriores iniciativas de izquierda radical: Barcelona en Comú: El partido de Ada Colau que gobernaba en Barcelona, Podem Catalunya: La rama catalana de Podemos, Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) promovida por el antiguo PSUC y sus hermanos separados de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) y unos pocos miembros de Equo. Los buenos resultados favorecieron el que se constituyera la candidatura Catalunya en Comú.

En Valencia, Mónica Oltra estaba al frente de Compromís y procedía del Partido Comunista y de Esquerra Unida, coalición de la que terminaría siendo expulsada. Fue entonces cuando participó en la formación de Compromís, inicialmente compuesto por una miríada de grupos locales de muy escasa influencia: Bloc Nacionalista Valencià (hoy Més-Compromís), Esquerra Unida del País Valencià (EUPV), Els Verds del País Valencià, Els Verds Esquerra Ecologista e Izquierda Republicana. Una crisis interna en 2008 provocó la salida de EUPV. La novedad es que, este grupo vio la tabla de salvación y el factor diferencial en el valencianismo de izquierdas, progresista y ecologista.

En mayo de 1922 y a la vista del debilitamiento de Podemos, de las críticas a sus iniciativas legislativas y del descrédito de Irene Montero como ministra de igualdad y de todos los miembros que se habían ido apeando de Podemos, voluntariamente o expulsados, evidenciaron que el grupo entraría en decadencia y que era el momento de federar a los grupos y coaliciones situados a la izquierda del PSOE, para crear una nuevo opción en condiciones de jugar un papel similar al que había tenido Podemos en el tiempo en el que colaboró con Pedro Sánchez.

La creación de Sumar fue un proceso liderado por una abogadilla de pocos pleitos, Yolanda Díaz y había sido coordinadora general de Esquerda Unida (IU en Galicia) desde 2005 hasta 2017. En 2012, fue una de las impulsoras de la coalición Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) junto a Xosé Manuel Beiras, logrando irrumpir en el Parlamento de Galicia. En 2016, dio el salto a la política estatal como diputada por las coaliciones gallegas vinculadas a Podemos (En Marea y posteriormente En Común-Unidas Podemos). En enero de 2020, fue nombrada ministra de Trabajo y Economía Social en el primer gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Tras la salida de Pablo Iglesias del Gobierno en marzo de 2021, asumió la vicepresidencia tercera y, en julio de ese mismo año, ascendió a la vicepresidencia segunda. Mantuvo su militancia en el Partido Comunista de España (PCE) durante todo este periodo, aunque abandonó Izquierda Unida en 2019 debido a discrepancias sobre la estrategia de negociación con el PSOE.

El 8 de julio de 2022 en el curso de un acto Díaz presentó Sumar como un "movimiento ciudadano" que buscaba un nuevo “contrato social” para la próxima década. El 9 de junio de 2023, logró aglutinar a ¡15 formaciones de izquierda! para las elecciones generales del 23J: Movimiento Sumar, Podemos, Izquierda Unida, Incluyendo al Partido Comunista de España, Más Madrid / Más País de Íñigo Errejón, Catalunya en Comú (Comuns) de Ada Colau, Coalició Compromís, Verdes Equo, Chunta Aragonesista (CHA), Més por Mallorca, Proyecto Drago, Alianza Verde, Batzarre (Navarra), Izquierda Asturiana, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Ara Ibiza…

Demasiados para ponerlos a todo de acuerdo. De estos grupos, varios se han ausentado sin dejar señas, otros son tan minúsculos que su peso se reduce a un provincia concreta. Y otros, como Compromís y Podemos, se han desvinculado formalmente. A principios de 2026, se ignora todavía si la coalición “repetirá” o se disolverá en un nuevo proyecto. El pasado 21 de febrero de 2026, Movimiento Sumar, Catalunya en Comú, IU y Más Madrid sellaron una nueva alianza para consolidar la unidad del espacio, mientras que Podemos se ha mantenido al margen de esta estructura, frente al anuncio del “Proyecto Rufián”.