Uno de los mayores éxitos de la política exterior
de Mohamed VI fueron los llamados Acuerdos de Abraham, sellados ente el Reino
de Marruecos y el Estado de Israel. No era algo nuevo sino a lo que estaba obligado el “enemigo del Sur” a la
vista de que era una de las condiciones puestas por las distintas
administraciones norteamericanas si es que Rabat aspiraba a ser el “aliado más
seguro” de EEUU en el Magreb. El gran problema de los gobiernos españoles, desde la independencia de Marruecos, ha sido desconocer la vieja amistad que una a Washington y Rabat que se remonta al origen mismo de los EEUU.
1. EEUU – MARRUECOS: UNA LARGUÍSIMA AMISTAD
La amistad con EEUU venía de lejos[1]. En 1876, se firmó en Marrakech el Tratado de Paz y Amistad de Marruecos y Estados Unidos que, ha pasado a la historia como el más antiguo ¡y permanente! que firmó haya firmado la administración norteamericana[2].
Doscientos cincuenta años de alianza suponen una continuidad política imposible de romper. Si este dato hubiera sido tenido en cuenta por el gobierno español durante la guerra de Ifni o en las semanas de la “Marcha Verde”, seguramente no se habrían firmado tan alegremente las compras de armamento a EEUU que impedían que se utilizara contra “países aliados de los EEUU”. Y, tanto entonces como medio siglo después, el único riesgo de conflicto armado en el que, eventualmente, podría verse envuelto España es, precisamente, con Marruecos[3].
La rapidez de Marruecos en establecer lazos con
EEUU se justificaba, ya a finales del siglo XVIII por la competencia y la
actividad de los piratas berberiscos en el Mediterráneo. Marruecos buscó
“protección diplomática” en el nuevo Estado que juzgaba menos intrusivo que las
potencias europeas. Al
independizarse EEUU, los piratas berberiscos que trabajaban para el Imperio
Otomano y que vivían de los pagos que el gobierno británico ofrecía a los
turcos para evitar ser atacados, sistemáticamente pasaron a atacar a los
barcos de bandera norteamericana, secuestraban los cargamentos y vendían a sus
tripulaciones como esclavos. En EEUU estalló una polémica entre los
partidarios de llegar a un acuerdo de inmunidad para sus barcos y los que
proponían armar una flota para destruirlos. La polémica se prolongaría hasta
1794, cuando el Congreso de los EEUU aprobó la construcción de sus seis
primeras fragatas de guerra; el presidente Jefferson envió en 1801 a esa
primera Navy a bombardear Trípoli y Argel y a los marines a
realizar operaciones de castigo en tierra[4].
Las fragatas norteamericanas eran técnicamente muy superiores a los barcos
berberiscos y no encontraron dificultades en derrotarlos en varias ocasiones. Fue
el inicio de las “guerras berberiscas” que se prolongaron hasta 1815 y
terminaron con la piratería magrebí en el Mediterráneo[5].
A diferencia de los gobernantes de Argel, Túnez o
Trípoli, dependientes del Imperio Turco, el sultán de Marruecos opto por
ofrecer a los barcos norteamericanos protección a cambio de un tratado
comercial que, como hemos visto, terminaría firmándose en 1786. Desde
entonces, los barcos de bandera americana quedaron protegidos en los puertos
marroquíes. Y esa alianza se ha prolongado hasta nuestros días, algo que da
muchas claves sobre la situación actual.
En efecto, a diferencia de España país que, tras
apoyar con dinero y hombres la independencia de los EEUU, terminó enfrentándose
en la Guerra hispano-estadounidense de 1898 y la propia “Doctrina Monroe” (América
para los americanos… del Norte) estuvo dirigida contra las potencias
europeas, especialmente contra España, con Marruecos nunca ha existido ninguna
fricción hasta el punto de que puede decirse que el “enemigo del Sur” ha sido
el aliado más fiel de los EEUU desde el tratado de 1786. Existen en esto
muchas claves geopolíticas que iremos desglosando en otros artículos, pero,
ahora, una de ellas nos interesa particularmente, porque EEUU siempre ha
exigido a Marruecos apoyo para su política exterior, a cambio de garantizar su
estabilidad interior. Y uno de los puntos más importantes del Departamento de
Estado ha sido el apoyo al Estado de Israel: de la misma forma que Marruecos
es, hoy, para el Pentágono el portaviones de EEUU en África y en el Magreb, el
Estado de Israel es la puerta de Oriente Medio y su aliado más seguro.
2. El triángulo Washington - Rabat - Tel Aviv
Las presiones norteamericanas sobre Marruecos para
que reconociera y normalizara las relaciones con Israel eran antiguas y se
iniciaron después de que el rival histórico de Israel, Egipto, firmara con este
país los Acuerdos de Camp David en 1979, a los que seguiría la reconciliación
con Jordania con el Tratado de Paz del Valle de Arabe quince años después.
Pero no sería sino hasta 2020, cuando Mike Pompeo, Secretario de Estado de
Donald Trump, impulsó una nueva línea diplomática en Oriente Medio basada en
marcar a Irán como “enemigo principal” y poner en práctica lo que se ha llamado
“diplomacia transaccional”, en la que las monarquías de la zona recibirían
incentivos, armamento y garantías de seguridad interior a cambio de normalizar
las relaciones con Israel: Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Sudán suscribieron
los Acuerdos de Abraham, respectivamente en agosto, septiembre y octubre de
2020; Marruecos se haría de rogar solo dos meses más, firmándolos en diciembre
del mismo año.
Con Marruecos, la negociación había sido
solamente un poco más prolongada porque Rabat pedía a cambio el reconocimiento
estadounidense de su soberanía sobre el Sáhara Occidental y a su plan de
autonomía. EEUU se comprometió a abrir un consulado en el Sáhara y promover
inversiones en la región. Por su parte, Mohamed VI se comprometió a restablecer
relaciones diplomáticas con Israel, autorizar vuelos comerciales directos entre
ambos países para fomentar el turismo y los viajes a ciudadanos judío-marroquís
(los judíos se benefician de un visado electrónico para entrar en Marruecos y
se desplazan por decenas de miles cada año, para visitar los Hiloulot
(festividades en tumbas de santos judíos), así como a iniciar una cooperación
económica estratégica en distintas áreas (comercio, tecnología, innovación,
seguridad…).
Con estos acuerdos, Israel se ha convertido en uno
de los principales proveedores militares de Marruecos, destacando la venta y
coproducción de drones avanzados, satélites de espionaje, sistemas de defensa
aérea de última generación, sin olvidar el tema de la inteligencia y las
“operaciones espaciales” que, como veremos, desde los años 60, siempre han sido
un terreno de cooperación discreta entre ambos países. La declaración incluyó la posición de Marruecos
a una salida negociada para el conflicto entre Israel y los palestinos, así
como el reconocimiento del carácter religioso de Jerusalén para las tres
religiones monoteístas.
En definitiva, el Estado que más ha ganado con
este acuerdo es, desde luego, Marruecos que vio legitimada su posición sobre el
Sáhara y desencadeno un “efecto dominó” (de Francia y España) en apoyo a su
plan sobre el Sáhara, y abrió la puerta a inversiones estratégicas multimillonarias
en su país.
También aquí, un acuerdo de este tipo no es nuevo.
Rabat, desde los años 60, había mantenido discretísimas relaciones con el
Estado de Israel, dándose la paradoja de que, mientras oficialmente Rabat y
Tel-Aviv aparecían como distanciados e, incluso, hostiles, en realidad, tras
las bambalinas, existía una sincronización y una coordinación absoluta.
Esta política de ambigüedades y contradicciones
cobró forma un lustro después de la independencia marroquí. El comienzo fue
duro: Mohamed V, prohibió la emigración judía a Israel y clausuró las oficinas
de la Agencia Judía. Pero, apenas un lustro después, el nuevo sultán, Mohamed
V, firmó los primeros pactos secretos con Isreal; fue la llama “Operación
Yajín” desarrollada entre 1961 y 1964 que permitió la salida de casi 100.000
judíos marroquíes con destino al Estado de Israel a cambio del pago secreto de
indemnizaciones económicas (un pago inicial de
500.000 dólares más 100 dólares por cada emigrante) y asistencia militar israelí.
3. La cooperación sacreta Marruecos - Israel
Ese fue el “entremés”, pero en 1965 esa
cooperación se estrecharía hasta extremos increíbles con dos escándalos
internacionales. Por una parte, Hasán II permitió al Mosad grabar en
secreto las reuniones de la cumbre de la Liga Árabe de 1965 en Casablanca.
Esta información sobre las capacidades militares árabes fue crucial para la
victoria de Israel en la Guerra de los Seis Días que estallaría dos años
después. Por otra parte, el Mosad ayudó a Hasán II a localizar al líder
opositor marroquí Mehdi Ben Barka, que resultó secuestrado y asesinado en París.
Los agentes israelíes proporcionarían apoyo logístico
directo (pasaportes falsos, seguimiento y localización) para enterrar y
desaparecer el cuerpo[6].
Esta colaboración nunca cesó, sino que cada vez
fue más evidente, por mucho que Rabat mostrara “oficialmente” una postura
favorable al mundo árabe y a la causa palestina. Fue a través de Marruecos, como se realizaron
los primeros encuentros secretos entre oficiales israelíes y egipcios que
terminarían con los Acuerdos de Camp David de 1978. En 1986, Marruecos fue
el primer país árabe en recibir a Shimon Peres, primer ministro israelí, en
el palacio de Ifrane, provocando protestas especialmente de Argelia y Libia.
Existieron “baches”, al menos aparentes, en estas relaciones. Si en 1994 se
abrieron “oficinas de enlace bilaterales” entre ambos países y miles de
turistas judíos pudieron visitar Marruecos, la “Segunda Intifada”, en el año
2000, obligó a Mohamed VI a romper lazos oficiales… pero, una vez liquidado
este conflicto, la cooperación entre ambos países aumentaría hasta llegar al
acuerdo final de 2020.
¿Éxito diplomático de Rabat? Si, un éxito total,
pero también un riesgo interior no desdeñable y un problema más que tendrá que
afrontar el sucesor de Mohamed VI. Si anteriores episodios de cooperación entre
Marruecos e Israel había pasado casi completamente desapercibidos para la
opinión pública marroquí, al estallar la Guerra de Gaza se puso de manifiesto
la absoluta impopularidad de cualquier brazo tendido a Israel. Para la
población, los lazos étnicos y religiosos que los unen a sus hermanos árabes,
hacen que sus simpatías se decanten hacia palestinos y gazatíes. Y este apoyo
es casi absoluto, lo que implica que el gobierno marroquí está remando contra
los intereses, simpatías y afinidades que reconoce su propia población.
Durante toda la crisis de Gaza se estuvieron
convocando manifestaciones, algunas reprimidas durante por la policía y, casi
todas masivas, de apoyo a la causa palestina y contrarias a los Acuerdos de
Abraham. Mohamed VI condenaba las acciones militares israelíes en foros
internacionales y enviaba ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, pero se negó a
romper o congelar los acuerdos bilaterales suscritos. No es nada nuevo, sino
más bien una constante que data del período de Hassan II. Para mantener una
apariencia de “legitimidad” en el mundo árabe, Hassan II envió tropas
simbólicas a combatir contra Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) y en
la de Yom Kipur (1973), pero los canales de comunicación “discretos” y las
colaboraciones en materia de inteligencia e información nunca se cerraron con
Tel Aviv. La lección fue asimilada por su hijo y reiterada en cada día de
su reinado.
Sin embargo, ahora se dan circunstancias que no existían en aquellos dos conflictos: el fundamentalismo islámico está latente bajo la superficie de la sociedad marroquí. Para los fundamentalistas, la cooperación con Israel, sería una muestra más de que el rey ha traicionado su religión y a su dios, lo que, en otras palabras, supone una merma de la popularidad y del apoyo al régimen y, al mismo tiempo, el caldo de cultivo más favorable para el desarrollo de una nueva oleada de fundamentalismo islámico.
4. La historia de las comunidades judías en Marruecos
La comunidad judía marroquí fue, históricamente,
la mayor asentada en un país árabe y esto desde períodos ancestrales[7]. La creación de Israel en 1948, y la primera
guerra árabe-palestina, provocó disturbios locales y el inicio de la emigración
masiva impulsada por el sionismo. Cuando se produjo la independencia de
Marruecos en 1956, los judíos, temieron nuevas explosiones de antisemitismo;
finalmente, las Guerras de los Seis Días y del Yon Kipur, levantaron nuevas
oleadas de antisemitismo popular. En su conjunto, estos episodios marcaron el
fin de la comunidad judía marroquí, su desplazamiento al Estado de Israel y
también el inicio de la diáspora; en efecto, los judíos marroquíes se han ido
dispersando en algunos países: EEUU, Francia, el Quebec canadiense y Venezuela,
muchos de los cuales se han convertido en banqueros y magnates inmobiliarios de
origen judío-marroquí que actúan como canales de inversión directa hacia
Marruecos, atrayendo fondos de inversión internacionales hacia infraestructuras
marroquíes a cambio de la protección y restauración que el rey Mohamed VI otorga
al patrimonio judío en Marruecos (sinagogas, cementerios y barrios históricos
como los Mellah). Los que se quedaron en el país fueron mencionados
expresamente en la constitución de 2011. Cada año, miles de ellos regresan a
Marruecos para celebrar el Hiloulout, fiestas religiosas en honor a sabios y
santos rabinos enterrados en suelo marroquí. Por otra parte, Marruecos es hoy
el único país árabe del mundo donde los ciudadanos judíos cuentan con un
sistema judicial propio para el estatuto personal (matrimonios, divorcios,
herencias) basado en la ley judía (Halajá).
En la actualidad, en el Estado de Israel viven en
torno a un millón de nacidos en Marruecos o descendientes de estos (son los
llamados Mizrajíes), mientras que en el país no quedan más de 3.000
personas de religión judía, concentrados en Casablanca, pero
extraordinariamente influyentes. Controlan buena parte del comercio mayorista,
la industria textil, la joyería, el sector inmobiliario y la alta costura
marroquí.
Desde siempre, el Majzén[8]
ha mantenido a judíos influyentes en la diplomacia y la economía. En la actualidad, esta práctica todavía ha
estado presente en los reinados de Hassan II y Mohamed VI, en el
importantísimo papel desempeñado por André Azoulay como “consejero económico
principal”[9].
Este protagonismo fue instituido por Hassan II quien, a diferencia de su padre,
que tendía a desconfiar de los judíos, les abrió las puertas de los ministerios
clave y los puestos de responsabilidad administrativa y, especialmente, en los
sectores de defensa y tecnología. Obviamente, este grupo étnico fue uno de
los impulsores del acercamiento que terminó en los Acuerdos de Abraham.
Un gobierno no puede actuar -al menos si quiere
seguir siendo respetado- contra la opinión mayoritaria de sus ciudadanos. Y el
pueblo marroquí siente mayoritariamente que su lugar está al lado de los
palestinos y no del de los judíos. ¿Este desacuerdo podría ser
considerado como un “tema menor” en Marruecos? Sí, si no fuera porque afecta al
terreno religioso y porque el sultán es también el “príncipe de los creyentes”.
Y resulta que lo es y que, en lugar de llamar a la yihad junto a sus hermanos
musulmanes, el gobierno de Rabat compra armas a Israel para atenazar a su
propio pueblo.
5. El Majzén con Israel; el pueblo marroquí con Palestina
El gobierno marroquí no ha hecho públicas las
encuestas de opinión sobre este tema (que sin duda ha realizado), pero existen
sondeos fiables a nivel internacional que no dejan lugar a dudas. El Barómetro
Árabe[10],
la red de investigación demoscópica más prestigiosa del norte de África y
Oriente Medio, afirma que el apoyo ciudadano en Marruecos a la normalización de
relaciones con Israel alcanzó, un año después de firmarse el acuerdo, un 31% (porcentaje
inusualmente alto para un país árabe). El “truco” radicaba en que el acuerdo
incluía el reconocimiento de EEUU sobre la soberanía marroquí en el Sáhara
Occidental. Además, el 80% de los ciudadanos árabes encuestados ve la causa
palestina como una “causa árabe colectiva”. Pero, tras la crisis de
Gaza, el respaldo a la normalización de relaciones entre los Estados árabes e
Israel cayó drásticamente a solo un 13%. Otras encuestas del mismo período
(como el Índice de Opinión Árabe) sitúan el rechazo frontal al
reconocimiento diplomático de Israel en hasta un 89% entre la población
marroquí[11].
Los datos que se pudieron recabar en los años 2024/2025 mostraron un desplome
del apoyo a la normalización en países firmantes de los Acuerdos de Abraham,
como Marruecos y Sudán, vinculado directamente a la percepción de la guerra en
Gaza. El 76% de los ciudadanos árabes califica la política de EE.UU. como
negativa, y se percibe a Israel como la mayor amenaza para la seguridad de la
región (44%), seguido de EEUU (21%). Cabe añadir que la encuesta del
Barómetro Árabe sostiene que ese 13% de la población tiene rasgos parecidos:
buena posición económica, buen nivel de ingresos, mayor nivel cultural y
educativo.
Pero si se ponen en duda la rigurosidad de las
encuestas citadas, hay un dato todavía más revelador: las manifestaciones de
protesta convocadas especialmente por islamistas y en las que se pedía el
cierre de la oficina de enlace judío en Rabat y el fin de la alianza militar
entre ambos países, convocadas en las principales ciudades, han arrastrado a un
público mayoritario y demuestran que el rechazo a los pactos
EEUU-Marruecos-Israel, es “mayoritario y creciente”[12].
Esta percepción del estado de la opinión pública no se le ha escapado al Majzén
que ha optado por amortiguar la oposición al Estado de Israel, enviando ayuda
humanitaria a Gaza y multiplicando la propaganda en la que se exalta a EEUU (y
de manera más discreta a Israel) alegando que gracias a ellos el Sáhara
Occidental ha sido incorporado a Marruecos dando fin a medio siglo de discusión
internacional.
6. Los problemas de Marruecos con sus vecinos del Magreb
El Majzén empieza a ser consciente de que la alianza entre Marruecos e Israel ha generado profundas tensiones geopolíticas, reconfigurando las alianzas y provocando una fractura diplomática sin precedentes en el Magreb y en el mundo árabe. A esto se unen las cada vez mayores dificultades de entendimiento de Rabat con la UE. Argelia, el rival histórico de Marruecos, ve esta alianza como una amenaza directa a su seguridad nacional. En agosto de 2021, Argelia rompió unilateralmente relaciones diplomáticas con Marruecos. El gobierno argelino citó explícitamente como motivos las “acciones hostiles” de Rabat y la introducción de una “entidad sionista” (Israel) en las fronteras del Magreb. Y el problema no es menor: Argelia comparte una frontera de más de 1.600 kilómetros con Marruecos y la firma de los Acuerdos de Abraham ha contribuido a iniciar una peligrosa carrera armamentística entre ambos países, reforzándose mutuamente las unidades militares a ambos lados de la frontera, en una escalada de tensión que ha convertido la zona en una de las fronteras más inseguras del mundo.
Argelia ha reforzado sus compras de armas a Rusia y ha desplegado tropas adicionales en la frontera y Marruecos lo ha hecho a EEUU y a Israel. Para colmo, ambos países están también distanciados por su actitud ante Irán: Marruecos ha optado por apoyar la política americano-israelí contra Irán (Estado musulmán chiita, no se olvide), mientras que Argelia la ha condenado sin restricciones. La explicación marroquí (de cara a su opinión pública) ha sido que Irán había enviado asesores de Hezbolláh para entrenar al Polisario en Tinduf[13].
Túnez también ha hecho causa común con Argelia demostrándolo públicamente cuando el presidente tunecino recibió Brahim Gali, líder del Frente Polisario en una cumbre africana en 2022, lo que provocó un berrinche de Rabat que llamó a consultas a su embajador en Túnez[14].
Más difícil lo tiene Mauritania, país particularmente débil, casi un “Estado
fallido”, que, para colmo, entra dentro del área de expansión reivindicada por
Rabat, el “Gran Marruecos”. En Nuakchot, lo que queda de “gobierno mauritano”
prefiere hacerse olvidar ante las presiones tanto de Argelia como de Marruecos.
La actitud marroquí no solo ha generado divisiones
y acentuado tensiones en el Magreb, sino que ha alterado profundamente las
correlaciones de fuerzas en el mundo árabe: hasta ahora, los grandes aliados de
Marruecos eran las monarquías del Golfo Pérsico, los Emiratos Árabes Unidos,
Omán y Baréin, pero los Acuerdos de Abraham han debilitado al frente de los
países que, aun no siendo beligerantes contra Israel (Egipto, Jordania y Arabia
Saudí) aspiran a la creación de un Estado Palestino como único camino para
restablecer la paz en Oriente Medio. Y luego están los países en los que el
radicalismo islámico gobierna o es muy influyente (Irán, Irak, Siria), para los
que la actitud de Rabat es, simplemente, una “traición al pueblo palestino”.
Todo esto induce a pensar que la iniciativa de
acercamiento a Israel (un acercamiento que siempre ha existido), al haber sido
pública, ha generado tensiones internas y externas. Interiormente ha aumentado
la brecha entre el grueso de la población y el Majzén; internacionalmente, ha
reavivado el conflicto con Argelia, ha aumentado la división del mundo árabe y ha
hecho recordar que ni Rusia ni la ONU reconocen la pertenencia del Sáhara
Occidental a Marruecos. Y, todo esto sugiere muy a las claras que en el inicio
del reinado de Mohamed VI, Marruecos y toda la región del Magreb era mucho más
estable que en la actualidad.
Cada movimiento en política exterior, presentado como un éxito por Rabat, ha
contribuido a generar tensiones y reavivar ancestrales rivalidades. Incluso
con el gobierno español que ha cumplido con fidelidad perruna todas las
exigencias y sugerencias de Rabat, los Acuerdos de Abraham suponen un foco de
desconfianza.
De la misma forma que España está, en el momento
de escribir estas líneas, pendientes del giro inevitable que tendrá el gobierno
en el pos-sanchismo, en Rabat se permanece a la expectativa de lo que ocurrirá
cuando se produzca la sucesión al trono. Y todo induce a pensar que las
resistencias y las tensiones regionales aumentarán en el Magreb y en el ámbito
islámico.
[1] Marruecos había sido el primer país del mundo en reconocer la independencia
de los EEUU. El 20 de diciembre de 1777, año y medio después de la Declaración
de Independencia, el sultán de Marruecos, Mohamed III, anunció que los
mercantes de bandera estadounidense podrían entrar en puertos marroquíes. El
anuncio se adelantó apenas un mes al reconocimiento francés. Para mayor
información ver en la web de la embajada de los EEUU en Marruecos, “History of
the U.S. and Morocco”:
https://ma.usembassy.gov/history-of-the-u-s-and-morocco/, un largo artículo en
el que se describe con minuciosidad el inicio de las relaciones entre ambos
países.
[2] “A Guide to the United States’ History of Recognition, Diplomatic, and
Consular Relations, by Country, since 1776: Morocco”, artículo sin firma en Office of the Historian. US Department of State,
https://history.state.gov/countries/morocco. Como muestra de esta amistad, el
sultán regaló en 1821 el edificio en el que se instalaría la embajada americana
en Tánger que hoy sigue siendo propiedad del Departamento de Estado y es
considerado como su propiedad más antigua en el extranjero… (Cf. “America's
oldest ally? Morocco has longest continual relationship with US”, Cody
Combs, The National News, 3 de julio de 2026).
[3] Esto explica porque, en Ifni no se utilizaron ni los 250 reactores F-86 Sabre
que llegaron a España en 1955, ni los 60 Lockheed T-33 que habían llegado de
fábricas norteamericanas el año anterior, ni siquiera los 400 North American
T-6 Texan, ni los 26 Beechcraft T-34 Mentor, de hélice, como
tampoco se pudieron utilizar los 67 transportes Douglas DC-3 y hubo que
recurrir a anticuados aviones que databan de la Segunda Guerra Mundial (los
venerables Messerschmitt 109, los Heinkel 111, los Junkers 52 o los aviones de
observación Fieseler Storch 152). Esta cláusula “de exclusión” explica también
por qué se desarrolló a partir de los años 50 distintos proyectos de la
industria aeronáutica española: el caza ligero y avión de bombardeo táctico HA-200
Saeta en sus distintas versiones, el transporte ligero CASA 112 a
principios de los 70 que sustituyó a los CASA 201 Alcotán, CASA 202 Halcón
y CASA 207 Azor. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, la
industria aeronáutica española de carácter militar, a pesar de su modestia,
tuvo proyectos punteros y ambiciosos que no pudieron desarrollarse, bien por
factores económicos o porque, durante la transición, se optó por renunciar a
proyectos innovadores. El HA-300 de Hispano Aviación, caza interceptor Mach 2
con ala Delta, que terminó vendiéndose a Egipto y que éste país canceló tras la
derrota en la Guerra de los Seis Días, el HA-400 Alacrán de la misma
empresa, avión de ataque a tierra y despegue mediante riel en cortos espacios y
dos reactores en la parte trasera del fuselaje (que sería sospechosamente
similar al Fairchild-Republic A-10 Thunderbolt, caza-tanques
norteamericano unos años posterior), el cuatrimotor de transporte HA-500 para
uso civil y militar que encontró una réplica en el CASA C-401 con cuatro
turbohélices (proyecto que décadas después reviviría en el Airbus A400M),
variaciones del Saeta para despegues VTOL prácticamente verticales, varios
aviones de entrenamiento, observación y helicópteros de fabricación nacional
suplieron las limitaciones de uso del material adquirido a EEUU.
[4] El himno de los marines aún contiene la famosa frase "To the
shores of Tripoli" (Hacia las costas de Trípoli).
[5] Véase: “Guerras Berberiscas, los conflictos que pusieron fin a la
esclavitud en el Mediterráneo a comienzos del siglo XIX”, artículo on line
en http://www.labrujulaverde.com : “La llamada
«diplomacia de las cañoneras», (…) puso fin a la piratería como medio de vida
en el Mediterráneo. Asimismo, Berbería no pudo seguir el ritmo de desarrollo
tecnológico naval de Occidente, quedando sus barcos y ejércitos tan atrás que
ese mismo siglo Argel (1830) y Túnez (1881) pasarían a ser colonias de Francia,
y Trípoli volvería al control otomano (1835) hasta su conquista por Italia en
1911”.
[6] “ESPIONAGE: The Murder of Mehdi Ben Barka”, 20 de diciembre de 1975, revista
Time.
[7] En Marruecos existieron dos grandes grupos judíos con tradiciones
culturales y lingüísticas propias: por una parte, los Toshavim (indígenas) que
llegaron tras el año 70, después de las campañas de Tito en Jerusalén, hablaban
dialectos bereberes o árabe judío, y se establecieron en las montañas del Atlas
pero también en los oasis del desierto; por otra parte, los Megorashim
(sefardíes), expulsados de la península ibérica por los Reyes Católicos en 1492
que se asentaron principalmente en ciudades del norte y de la costa (Fez,
Tetuán, Tánger, Esauira) y hablaban el ladino. A diferencia de los guetos
europeos, los Mellah solían construirse pegados a los palacios reales o
gobernaciones locales. Esto permitía a los sultanes ofrecer protección directa
a la comunidad frente a los frecuentes pogromos, dada la importancia económica
de los artesanos y comerciantes judíos para la Corona
[8] Se entiende por “Majzén”,
la red de influencias, políticas, económicas y militares que derivan y tienen
su centro en el Palacio Real y en la “corte” del rey de Marruecos. Prácticamente,
toda la vida política, económica y militar de Marruecos está controlada y
dominada por este entorno.
[9] Azoulay es, seguramente, el judío con mayor poder político en el mundo
árabe. Nombrado originalmente en 1991 por el rey Hasán II, era hasta ese
momento vicepresidente ejecutivo del banco internacional Paribas en París. Y ha
sido el gurú de la liberación económica del país y de los programas de
privatización. Es la persona que ha introducido a Marruecos en los mercados
globales. Gracias a su prestigio y a la confianza depositada por el Majzén en
su gestión, ha convencido a multinacionales e instituciones financieras de que
Marruecos es un destino seguro y estable para sus inversiones en el norte de
África (André Azoulay – Marruecos, artículo on line, sin firma ni fecha,
en https://www.takreem.org/andre-azoulay-morocco/). Durante décadas, ejerció
como emisario de confianza de la monarquía para mantener sus discretos canales
de comunicación con el gobierno de Israel y con las influyentes organizaciones
judías de Estados Unidos. Su hija es la actual directora general de la UNESCO (“André
Azoulay, un viejo amigo marroquí de Andalucía”, Redacción, 24 de febrero de
2020, La Vanguardia). Azoulay también ha dedicado buena parte de sus
esfuerzos al “frente cultural”. Su trabajo en pro de la cultura judía en
Marruecos ha sido notable: se ha preocupado por impulsar la restauración de
cara al turismo de los barrios judíos (Mellahs), cementerios e iglesias
antiguas. Su objetivo aparente es proyectar la imagen de Marruecos como un
“faro de tolerancia y cohabitación religiosa”. Preside el comité ejecutivo de
la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, con sede en Sevilla, institución
patrocinada por la Junta de Andalucía y el Reino de Marruecos, creada para
mejorar las relaciones bilaterales hispano-marroquíes a través de la diplomacia
“blanda” y la difusión de mitos culturales progresistas. Todo esto le ha valido
el que el ministro sanchista José Manuel Albares le concediera la Gran Cruz de
la Orden de Alfonso X el Sabio (“André Azoulay, co-presidente de la Fundación
Tres Culturas y Consejero de S.M. el Rey de Marruecos, distinguido con la Gran
Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio”, publicado en la web Tres
Culturas el 11 de abril de 2024).
[10]
https://www.arabbarometer.org/
[11] “Un 89%
de la población de Marruecos rechaza a Israel”, en
https://cidafucm.es/un-89-de-la-poblacion-de-marruecos-rechaza-a-israel/
[12] “Multitudinaria protesta en Marruecos contra la «masacre» de palestinos en
Gaza”, AFP, 6 de octubre 2025. En SWI, http://www.swissinfo.ch
[13] Ver “La otra África: rivalidades superpuestas en el Magreb”, por Eduard
Soler i Lecha, revista IDEES, nº 56, 28 de enero 2022.
[14] “En la lucha contra el fundamentalismo radical, Túnez es un referente para otros países árabes y para Europa”, entrevista a Aldo Olcese por Gabriela González, sin fecha, en Ideas/afkar nº 7, https://www.iemed.org/publication/en-la-lucha-contra-el-fundamentalismo-radicaltunez-es-un-referente-para-otros-paises-arabes-y-para-europa/



















