lunes, 18 de mayo de 2026

ANDALUCIA 2026: PÓKER DE DERROTAS PARA SÁNCHEZ

Ha ocurrido lo que las encuestas más fiables preveían: subida de Vox, PP sin mayoría absoluta, descalabro del PSOE, irrelevancia del pastiche de “izquierdas marcianas” y ascenso de Adelante Andalucía. Pero el análisis electoral no puede quedarse ahí. Una vez más, el CIS, ha fracasado en su intento de convertir una encuesta en reclamo electoral: ni, como preveían en esta ocasión, PP y PSOE, han subido, ni Vox se ha hundido… A la vista de que hubiera sido obsceno presentar al PSOE como “triunfador”, Tezanos ha optado por una defensa cerrada del bipartidismo, algo en lo que, también, ha fracasado.

En otras palabras, el panorama que se abre en las próximas semanas es:

1) Dependencia del PP de los votos de Vox para poder formar gobierno. La “preferencia nacional” se extiende como una mancha de aceite.

2) Problemas de identidad del PP en relación a Vox: ¿qué diferencia al PP de Vox? ¿Sólo “la moderación”? ¿Por qué el voto del PP en la UE coincide casi siempre con el del PSOE?

3) Vox sube, e incluso queda en segundo lugar en Almería, relegando al PSOE a la tercera posición.

4) El batacazo del PSOE no es propiedad de la “charo” que presentaron como candidata, sino la del sanchismo, pues, no en vano, María Jesús Montero es el brazo derecho de Sánchez.

5) A la izquierda del PSOE se consolida también en Andalucía una opción similar a Mas Madrid, a Compromis, al BNG, a En Comú, etc que, también consolida la fragmentación de la izquierda.

6) El pastiche frankensteiano de “Por Andalucía” (IU + Sumar + Podemos + Equo + Alianza Verde + Alternativa Republicana – Iniciativa del Pueblo Andaluz…) demuestra que “sumar raritos”, resta.

Y como conclusión de todo ello:

7) Que el sanchismo está un poco más debilitado y que los 14 meses que quedan hasta las elecciones generales van a suponer la crónica de una larga-larguísima-angustiosísima agonía.

Siendo esto lo esencial, vamos a ver todo ello con algo de detalle.

EN OTRA COMUNIDAD, EL GOBIERNO PEPERO DEPENDE DE VOX

Si el PP quiere gobernar deberá pactar con Vox. Eso estaba claro, salvo para la mente de Juanma Moreno, que creía que su gestión de gobierno le confirmaría en una amplia mayoría absoluta y podría gobernar de nuevo en solitario. No había comprendido (como no lo comprendieron los otros tres presidentes autonómicos que convocaron antes que él elecciones regionales, pensando en una victoria arrebatadora) que, ni su gestión había sido tan buena, ni sus encuestas tan favorables.

Para Moreno Bonilla, el resultado es clave y modifica su futuro político. Quería ser “presidente de Andalucía”, pero, a partir de ahí, aspiraba a suceder a Feijóo en el liderazgo del centro-derecha; para merecerlo ha realizado una política “moderada” que pretendía evitar lo que ahora es inevitable: pactar con la “extrema-derecha”. Ahora, le va a ser mucho más difícil mantener ese perfil de “centrista moderado”. De hecho, esa “moderación” es lo que le ha costado la pérdida de 5 escaños y, por tanto, de la mayoría absoluta.

Y eso que su gestión no ha sido mala si nos centramos en las “cifras macroeconómicas”. Desde este punto de vista, la Andalucia de 2026 ya no es la del “voto cautivo” durante los 40 años de socialismo, gracias a los subsidios repartidos por el PER, ni siquiera el pozo más negro de la corrupción autonómica (con permiso del pujolismo catalán) con la macroestafa de los ERE, sino una economía que ha crecido casi un 13% desde 2019 (superando la media nacional), con bajadas de impuestos, atracción de inversión extranjera, líder en número de autónomos, partidas históricas a la sanidad y la educación pública, firma de grandes acuerdos económicos y sociales junto a la patronal y los sindicatos para blindar la paz social en la región...

Pero estos avances han ido acompañados de retrocesos, de los que no siempre el responsable directo es el gobierno autonómico, en especial en materia de inmigración y tráfico de drogas, terrenos en los cuales, Andalucía rivaliza con Cataluña en ocupar los primeros puestos del escalafón. En efecto, si el problema del narcotráfico se centraba hasta no hace mucho en La Línea de la Concepción, ahora se ha extendido a la franja costera de Cádiz, a la provincia de Sevilla y amenaza con convertir a otras provincias en “zonas bajo control de los narcos”. Y en cuanto a la inmigración, Moreno Bonilla opta por mirar a otro lado: los datos del primer trimestre de 2026 confirman que la población nacida fuera de España y residente en Andalucía ha alcanzado un récord histórico de 1.230.748 habitantes. Esta cifra es superior a la de la mera "nacionalidad extranjera" debido a las personas que han adquirido la nacionalidad española a lo largo de los años (lo que, por otra parte, explica que el voto de los “jóvenes” se haya concentrado en Adelante Andalucía). Actualmente, el 14% de la población total andaluza nació en el extranjero, pero en Málaga y Almería, ya son el 25% y 26% de la población total de sus respectivas provincias ¡sin contar los ya naturalizados como españoles! Por otra parte, al propio electorado del PP no le han gustado las “políticas de igualdad” emprendidas por el gobierno pepero.

En términos absolutos, el PP ha ganado algo más de 150.000 votos, pero el particular sistema electoral ha hecho que viera reducido su número de escaños y, por tanto, no pudiera revalidar su mayoría absoluta.

Esto confirma la perspectiva que tiene el PP por delante: puede ganar las próximas elecciones, pero es prácticamente seguro que no obtendrá mayoría absoluta. Así que si quiere gobernar deberá aplicar la política de “prioridad nacional”, propuesta por el único partido con el que puede aliarse hoy por hoy.

¿CUÁL ES EL “ALMA” DEL PP?

Y éste es el gran problema del PP: aceptar la política de “prioridad nacional” implica redefinir su “alma” y su razón de ser… ¿Qué diferencia hay entre el PP y Vox? ¿Dónde empieza uno y donde termina el otro? Y la más decisiva de todas las cuestiones: el PP ¿es un partido centrista? ¿es un partido de centro-derecha? ¿es un partido de derecha-derecha? ¿es “progresista”? ¿es “conservador”? ¿es neo-liberal? ¿sólo liberal? En definitiva: ¿dónde está el “alma” del PP y cuáles son sus contornos?

Y para todas estas preguntas no hay ninguna respuesta: o, mejor dicho, hay todas las respuestas posibles dependiendo de a qué dirigentes del partido se pregunte y en qué momento se les plantee la cuestión. A diferencia del PSOE cuya posición se reduce a “lo que diga Sánchez”, el PP es un amasijo inestable y nebuloso de opiniones que varían desde la cúspide hasta el último afiliado. No existe un PP unificado y estable. No hay un “alma” pepera. Y este es el primer problema que debería resolver Feijóo (si es que tiene capacidad y voluntad para ello, cosa que de lo que es lícito dudar), que parece no haberse dado cuenta de que ya tiene “enemigos a su derecha” (algo que causaba terror a Fraga y a Cánovas del Castillo). Y ese “enemigo”, Vox, es el que va a condicionar toda la trayectoria política del PP de ahora en adelante. De hecho, ya la está condicionando.

El problema no es tanto ahora, como cuando Feijóo se siente en Moncloa y aplique políticas que van a chocar con las de su único posible aliado (por el momento) y con la situación heredada del anterior gobierno: la política de “tierra quemada” de Sánchez (de la que la última concreción es la regularización masiva -que, inicialmente, apoyó Feijóo, por cierto-, la falta de inversión pública, el endeudamiento insoportable del Estado, la centrifugación autonómica cada vez más exasperada, etc, etc). Feijóo se va a ver presionado, por una parte, por la realidad, y por otra por el programa de Vox. Y va a llegar a las próximas elecciones sin haber definido la línea, los límites, la doctrina y las prioridades del partido: esto es, su “alma”.

VOX SIGUE SUBIENDO Y SUBIRÍA MÁS SÍ…

Manuel Gavira ha crecido y recuperado la influencia política que había perdido tras la “crisis” generada por Macarena Olona, la errática anterior candidata del partido en 2022. Vox registró 576.635 sufragios, lo que supone un incremento de 80.017 votos más respecto a la anterior legislatura y la ganancia de un diputado. Aparentemente, el avance es reducido, pero sí es importante en términos de peso político. Con este resultado, Vox ha quedado definitivamente consolidado en Andalucía. En las anteriores elecciones Vox creció con 100.000 papeletas más, ahora lo ha hecho con 80.000 más. No es, en estas elecciones, el partido que más ha crecido, pero si el que ha logrado aumentar má su peso político al ser decisivo para la formación de nuevo gobierno.

Ahora bien, hace falta explicar el por qué Vox solamente ha superado al PSOE en Málaga y por qué se ha visto superado en Sevilla y Cádiz por Adelante Andalucía (por menos de 15.000 votos en la primera y por apenas 4.000 votos en la segunda).

Desde principios de año, se inició una política de acoso y derribo de Vox, sin duda orquestada desde el Partido Popular que ha contado con la inestimable ayuda de Iván Espinosa de los Monteros y de su fundación, creada con la única intención de agrupar a todos los disidentes de Vox (cada uno por motivos bien diferentes). Las críticas de este individuo, inicialmente, parecían “razonables” (falta de democracia interna, falta de primarias), otras eran cuestionables (convocatoria de un “congreso extraordinario” y abstención de la cúpula a la hora de elegir líderes locales), otras eran irrelevantes y/o injustificadas (acusaciones de corrupción, llamar “falangistas” a los dirigentes del partido) y algunas, simplemente, falaces y torticeras (necesidad de dar un giro ultraliberal a la política económica de Vox…). En todos los casos, siempre se trataba de excusas para debilitar a Vox, generar polémica interior y restarle prestigio entre el electorado presentándolo como “partido dividido interiormente”. La esperanza del PP es que Vox siguiera el mismo camino que Ciudadanos: ser flor de un día…

Bajo el eslogan de “unidad de la derecha” y aupado por los medios de comunicación próximos al PP, Espinosa logró desatar una campaña anti-Vox de alcance nacional a partir de las elecciones extremeñas: era paradójico que, cuando Vox subía como la espuma, aparecieran voces críticas que auguraban futuras derrotas. Tanto es así que quince días antes de las elecciones andaluzas, cuando Espinosa pisó el acelerador y recrudeció sus críticas para satisfacer a la “parte pagadora”, la mayor parte de quienes habían “picado” con el eslogan de “unidad – unidad”, abandonaron la fundación percibiendo el verdadero objetivo de la misma: beneficiar al PP y debilitar a Vox. Hoy, cumplida su misión, Espinosa está mucho más interesado en ampliar su casoplón y disfrutar de los beneficios obtenidos con esta innoble campaña. Pero, a nadie se le escapa, que Espinosa ha llegado al final de su camino político y que no ha alcanzado los objetivos propuestos por los mentores en la sombra de su iniciativa de “bandera falsa”. No es algo que, mucho antes, no hayan intentado los partidos de centro-derecha contra los partidos populistas y euroescépticos en toda Europa.

A pesar de que estas iniciativas no han arrastrado ni generado interés en las bases de Vox y el partido ha seguido creciendo, si ha hecho un daño no cuantificable en sus perspectivas de voto y ha mermado sus resultados.

Y luego está el otro factor que ya se hizo visible en Aragón: el papel de un outsider, Alvisse Pérez que, elección tras elección, sigue sin irrumpir en ningún parlamento autonómico, pero resta votos. SALF es el “factor distorsionador” en cualquier elección a la que se presenta. Es una especie de “perro del hortelano” que ni come, ni deja comer.

En Andalucía, SALF ha obtenido la no desdeñable cifra de 105.761 votos, un 2,5% del total de los sufragios de la comunidad autónoma, pero el grupo se queda sin representación al no alcanzar el umbral mínimo del 3% en ninguna de las circunscripciones provinciales. Por el contenido de su programa, podría decirse que es una “fotocopia reducida” del de Vox, pero los analistas electorales han determinado que, en Andalucía, la fuga de votos hacia la formación de Alvise Pérez afectó de forma indirecta el reparto de los últimos escaños por el sistema de la Ley D'Hondt, perjudicando principalmente al bloque de la derecha (PP y Vox). Málaga es la provincia en la que SALF obtuvo su mejor resultado porcentual, facilitando el que el PP perdiera el último diputado en disputa por los restos. Así mismo, en Almería, aunque Vox logró dar el sorpasso histórico al PSOE y situarse como segunda fuerza provincial, la división con SALF —que llegó a ser incluso cuarta fuerza en municipios con niveles disparados de inmigración como El Ejido— limitó la capacidad de la derecha de arañar un escaño extra, beneficiando indirectamente a la resistencia del bloque de izquierdas en el reparto final del resto de la provincia. En otras provincias como Cádiz y Sevilla, apoyos que tradicionalmente iban al PP o a Vox, SALF restó fuerza a ambos partidos. Sin embargo, esta vez Vox no ha sido el más perjudicado: de hecho, los analistas electorales, argumentan que SALF ha sido fundamental para que los restos dados por la Ley d’Hont hicieran perder en torno a 5 diputados del PP en toda la comunidad. Pero esta es, como siempre, otra historia.

No estamos muy seguros de que la estrategia más adecuada sea la de gobiernos de coalición con el PP. Quizás sería más razonable prestar “apoyos críticos” desde el exterior, pero está claro que el partido y sus miembros quieren “tocar poder”. Ahora bien, siempre hemos pensado (y así lo hemos expresado en muchos artículos en este mismo blog) que la “hora de Vox” no ha sonado todavía: sonará en el momento en el que Feijóo se siente en Moncloa y se vea rebasado por la multitud de deudas y servidumbres heredadas del sanchismo y no logre resolver ninguno de los graves problemas que afronta España. En esa circunstancia si que Vox aparecerá como la verdadera alternativa.

NO ES EL FRACASO DE UNA CHARO MALHABLADA, ES EL FRACASO DEL SANCHISMO

La peor opción de todas las que podía elegir Pedro Sánchez para Andalucía es situar a María Jesús Montero como candidata. Si lo hizo fue amparado en el hecho de que era su “hombre de confianza” en Andalucía. Sospechaba que el resto de aspirantes pudieran convertirse en cargas de profundidad de Susana Díaz y que la campaña pudiera disgustar a sus socios (independentistas catalanes y vascos, y a Sumar). Así que optó por sacrificar otra pieza que, humilde y servilmente, aceptó inmolarse, sabedora de que iba al matadero y que sus posibilidades de victoria eran nulas.

La campaña fue peor de lo que cabía esperar: a pesar de que Montero declinó que Illa fuera a apoyar su candidatura (no sea que el electorado recordara su proyecto frustrado de financiación asimétrica para Cataluña y en detrimento de Andalucía), el hecho de que se tratara de la ministra de hacienda y que todos los miembros de la clase media sientan como un latrocinio las subidas generales de impuestos que ha ido aprobando, y el hecho de que durante la campaña electoral cometiera más y más errores, de los que el aludir a la muerte en acto de servicio de dos Guardias Civiles, como “accidente laboral”, fue el mayor, todo ello, sumado, unido al desgaste relativo del gobierno de Moreno Bonilla, no ha conseguido evitar que el PSOE bajara del “suelo” histórico de 30 diputados. Lo peor, no es que haya quedado con 28 diputados y una quinta parte de los votos, lo peor es que la derrota hubiera podido ser peor y que, de hecho, ha sido peor, si tenemos en cuenta que el otro gran derrotado de estas elecciones es la heteróclita coalición dirigida por Antonio Maíllo, Por Andalucía… que es, en el fondo, el aliado que tiene el PSOE para el gobierno de la nación, bajo el rótulo de Sumar.

A pesar de que para Sánchez la derrota de su “brazo derecho” (y una de las pocas en las que todavía podía confiar), es una derrota del presidente (que la ha colocado allí, que hasta anteayer formaba parte de su gobierno y que está en la dirección del PSOE y del PSOE-A) y el empantanamiento de Por Andalucía que también salpica del gobierno, Sánchez no se presentará como personalmente implicado en el desastre. Simplemente, ahí quedará otro muñeco roto por su locura para seguir siendo presidente. A la Montero le ocurrirá como a Pilar Alegría, de la que mes y medio después de las elecciones aragonesas, nadie recuerda, nadie reivindica, ni cuyo destino interesa a nadie y menos aún a Sánchez: y es que, para Sánchez, entra en el sueldo de los miembros de su gobierno ser como clínex, de usar y tirar.

Ahora bien, el problema es que, Sánchez tiene cada vez menos apoyos dentro de su partido y que la retahíla de derrotas (Extremadura, Castilla Leon, Aragón y Andalucía) corren el riesgo de operar una rebelión masiva en el interior del PSOE (a estas horas, Susana Díaz debe estar valorando sus posibilidades ante la nueva situación creada por la derrota de ayer), para presentarse como alternativa al sanchismo para el próximo ciclo electoral.

A pesar de que el “miedo” es el único elemento que hoy mantiene calladas las bocas de todos los cargos municipales del PSOE los que piensan que Sánchez les está arrojando al paro, bastará con que alguien grite “el rey está desnudo” para que la revuelta interior se extienda como la pólvora. Muchos concejales deben de haber meditado en la noche de las elecciones andaluzas sobre su propio futuro y calibrar sus posibilidades (irse a casa, buscar una alternativa al sanchismo que revitalice su partido, irse a otro partido o quemarse como bonzos en las próximas elecciones municipales).

“TRENCADIS” A LA IZQUIERDA DEL PSOE: ADELANTE ANDALUCIA

Ahora que el Papa viene a España para visitar la Sagrada Familia de Barcelona, cabe recordar que el “trencadís” era la decoración típicamente gaudiniana, que consistía en utilizar fragmentos de mosaicos rotos como motivos decorativos. Pues bien, así es como puede definirse a la “nueva izquierda” que se está constituyendo y que ayer se consolidó en Andalucía.

En efecto, Adelante Andalucía (AA) se convirtió en la relativa sorpresa y la principal triunfadora del bloque de izquierdas al cuadruplicar sus escaños y obtener 8 diputados (6 más que los 2 parlamentarios que consiguieron en 2022). En votos, sus resultados duplicaron a los obtenidos hace cuatro años: 390.551 papeletas, el 9,59% del total autonómico, configurándose como la cuarta fuerza política regional.

Con este resultado se reafirma la tendencia hacia la fragmentación regional del voto de izquierdas (el “trendadís” al que aludíamos). Los desengañados del PSOE, los decepcionados con Podemos, siguen vivos y activos en Adelante Andalucía, como siguen vivos en la comunidad Valenciana con Compromís, en Aragón con la Junta Aragonesista, en Galicia con el BNG, en Cataluña con En Comú, en Madrid con Mas Madrid, y así sucesivamente.

En todas estas formaciones los matices son idénticos: han surgido de la decepción de la izquierda por sus paridos tradicionales, tratan de compensar el hundimiento de los temas tradicionales de la izquierda con el añadido sentimental de “la Tierra”, una especie de nacionalismo que prefiere no opinar (y que, de hecho, “no sabe / no contesta” sobre temas nacionales) sobre lo que está más allá de su región y en donde en nombre de la “autonomía” todo debe ser debatido dentro de los límites regionales… Es una alternativa, pobre, sino miserable, pero es, al menos una alternativa que funciona porque al perro flaco (el PSOE) todo se le antojan pulgas desde principios del milenio y se ve obligado a ceder y gobernar con partidos nacionalistas e independentistas.

POR ANDALUCÍA O LA VIA MUERTA EMPRENDIDA EL 15-M

Maíllo logrará conservar el grupo parlamentario en el parlamento andaluz, eso sí, muy mermado. Por Andalucía (PorA), se quedó con 5 diputados y 263.615 votos, el 6,31% de los votos. Esto supone un retroceso en apoyos respecto a las elecciones de 2022, donde obtuvo un 7,70% (284.027 votos). Pese a la pérdida de más de 20.000 votos, la distribución provincial le permitió revalidar exactamente los mismos 5 diputados que ya mantenía en la legislatura anterior. El drama de PorA no es haberse quedado como estaba con una pérdida leve de votos. El verdadero drama es haber sido rebasado por el “hermano separado”, Adelante Andalucía.

Si estas son las cifras y los dramas, el problema a valorar es aún peor: “sumar” calderilla no da como resultado una “moneda” de valor político real. Hay que pensar que PorA es una suma, no partidos, sino de coaliciones de izquierda y que cada coalición es, a su vez, un conjunto de círculos locales que se articulan en función de la “democracia interna” y que, por tanto, las decisiones son provisionales, inestables, guiadas por las obsesiones que están en su origen (ecología para los ecologistas, vivienda para los okupas, derechos de la mujer para las feministas, derechos gays para los gays, derechos de los transex para los transex… y así sucesivamente ¡y luego se sorprenden de haber perdido el apoyo de campesinos y trabajadores!), el resultado final es un magma ingobernable tal que -si para colmo, como ocurrió en Podemos, está dirigido in virga férrea por una parejita cuyo objetivo final no pasa de tener vivienda en propiedad- el desastre está cantado, sellado y rematado.

El resultado andaluz recorta aún más si cabe las posibilidades del sector surgido el 15M de la “revuelta de los indignados”. Algunos, en el PCE deben estar pensando que su gran error fue sacrificar el partido a la coalición “Izquierda Unida” porque, desde entonces, cada vez han ido usando y abusando de la “moneda fraccionada” hasta llegar a la “calderilla” actual.

10 CONCLUSIONES:

1) El hecho de que el bloque de la derecha haya ganado las elecciones en Andalucía no quiere decir ni que todo vaya bien en aquella autonomía, ni que no se proyecten sombras peligrosas, especialmente en materia de narcotráfico y de inmigración masiva.

2) Los riesgos que afronta Andalucía derivan del error que supone la concepción del “Estado de las Autonomías”: el sanchismo está mucho más interesado en dejar a Andalucía sola con sus problemas que en ayudar a una comunidad gobernada por el principal partido de la oposición a nivel estatal.

3) Vox va cosechando avances, unas veces mayores y otras menores, pero, siempre es menester no olvidar que “su hora” no ha llegado todavía: tendrá que esperar a que Feijóo o cualquier otro que se siente en Moncloa fracase y no esté a la altura de la fuerza, la energía y la determinación que precisa España en estos momentos para salir del agujero negro al que le han conducido las políticas sanchistas.

4) A medida que el PP está más cerca del poder, paradójicamente, va perdiendo perfil y visiblemente duda como presentarse: centro-derecha, derecha-liberal, centro radical, derecha-derecha… Votar al PP es no saber ni lo que se vota, ni a qué política se vota, ni siquiera a qué “alma” del PP se vota.

5) Los resultados andaluces van a suponer un acicate para la oposición al sanchismo dentro del propio PSOE. Sánchez, por supuesto, tiene toda la información sobre los cadáveres en los armarios de todos los aspirantes a encabezar la revuelta. Por eso hay dudas interiores sobre quién alza la voz y precipita la sucesión. Pero el nerviosismo entre los concejales y los cargos intermedios, los miles de asesores y funcionarios elegidos a dedo, va en aumento. En las próximas elecciones municipales, el PSOE puede ver mermado más aun su poder, con todo lo que ello implica. Dentro del partido el dilema de cada militante es: o bien, callar y aceptar el sanchismo y la derrota inevitable que implica o bien luchar por el propio puesto de trabajo deshaciéndose del “psicópata de la Moncloa” con todo el miedo a las represalias que eso genera.

6) Los intentos de frenar a Vox se han mostrado hasta ahora vanos. Los partidos son lo que son y no puede esperarse que en su interior haya “democracia interna”, “congresos extraordinarios” cada dos por tres, especialmente, si sus resultados son aceptables y su progresión constante. Obviamente, todos los partidos tienen problemas internos, la novedad con Vox es que la derecha ha tratado de cerrarle el paso con procedimientos innobles y utilizando a individuos sin principios para ariete.

7) Las posibilidades de reconstruir una “izquierda nacional”, esto es una izquierda que piense en la “nación española” y en el “pueblo español”, van quedando cada vez más lejos. La reconstrucción de la izquierda no se hará aceptando los principios que han sido tradicionales durante dos siglos para ese sector político (defensa de los trabajadores, jacobinismo, justicia social), sino en función de la “defensa de las nacionalidades periféricas”, “lucha por la igualdad y los derechos LGTBIQ+”, “derechos a la vivienda expresado mediante okupaciones”, “necesidad de una inmigración masiva”, “defensa de los derechos humanos” tal como todo esto es definido por la “agenda 2030”).

8) La Ley d’Hont, una vez más, ha demostrado ser injusta para todas las fuerzas políticas (sería mucho más adecuado, un sistema de mayoría proporcional, completado por unos diputados calculados en función del cómputo global de votos obtenidos por partidos que no hayan obtenido representación).

9) El futuro gobierno de Moreno Bonilla va a tener que afrontar una negociación dura-durísima con Vox, cada vez más férreo defensor de la “preferencia nacional”. Si tenemos en cuenta que Moreno Bonilla siempre ha querido presentarse como “moderado y centrista”, le va a costar mucho digerir el tema de la “preferencia nacional”, calificado por la izquierda como reivindicación, simplemente, “fascista”. Por otra parte, la defensa del campo andaluz del que Vox se erige como el máximo valedor (y los votos rurales le han acompañado) y la defensa del PP en el Parlamento Europeo de decisiones que, literalmente, “asesinan” a la agricultura española, va a ser otro tema de desencuentro. Recuperar zonas de Andalucía en poder de las narcomafias va a ser otro tema de desencuentro.

10) Los catorce meses que quedan hasta las próximas elecciones generales, van a ser de infarto. La regularización masiva, la degradación del orden público, minimizada por la mayoría de medios, el hecho de que zonas del Estado estén ya en manos de narcomafias, no se va a poder abordar desde una perspectiva de Estado hasta que no termine el ciclo sanchista. Y desde el inicio de 2026 la degradación ha ido creciendo en amplitud y velocidad. Por lo tanto, gobierne quien gobierne en Andalucía o en el Estado, la primera misión es detener el proceso de conversión de España en “Estado fallido” en el que lo único que funciona es la recaudación fiscal (proceso que se está dando especialmente en Andalucía y en Cataluña y que se acelerará con la “regularización masiva”, al igual que la degradación en sanidad, educación e infraestructuras).


REPASO AL PÓKER DE DERROTAS DEL SANCHISMO

 

 







domingo, 17 de mayo de 2026

CRÓNICAS DEL FINAL DE LA MODERNIDAD (5) – CHINA EN EL PRINCIPIO Y EN EL FIN DE NUESTRO CICLO


DE LA CHINA ORIGINARIA A LA CHINA DEL MAÑANA: 

UNA INVERSIÓN ABSOLUTA

Empezábamos esta serie diciendo que con China de Fo-hi, de Lao-tsé y de Confucio se inició un ciclo de civilización que ahora está concluyendo. Ese ciclo nació en el Imperio Celeste y termina en el mismo lugar… solo que como su inversión. Todos los valores, incluso las instituciones que estuvieron presentes en aquel momento histórico mítico siguen presentes, pero invertidos, sino pervertidos íntegramente.

Sin apurar estas “inversiones” vamos a destacar apenas cinco que nos parecen decisivas.

La China tradicional fue un Estado autosuficiente, renunció a contactar con pueblos más allá de sus fronteras y construyó la muralla más grande del mundo para protegerse de las inversiones de los pueblos bárbaros y proteger así su identidad y su soberanía.

Esta tendencia a la autarquía y al aislacionismo se ha invertido en la China del siglo XXI, convirtiéndose en el principal exportador de tecnologías de la comunicación. China, no solo no quiere estar aislada, sino que trabaja para “conectar” a todo el mundo con todo el mundo. El repliegue hacia el interior propio de la China tradicional, se ha convertido en un despliegue agresivo, en términos comerciales, hacia el exterior. Tras haber sido el principal beneficiario de la globalización, China ha entendido perfectamente que, tras ese primer impulso inicial, puede alcanzar la hegemonía económica mundial y, con ello, la hegemonía geopolítica en pocos lustros.

Tanto la Ruta de la Seda Digital, a la que ya hemos aludido, como la Belt and Road Iniciativa (BRI, Un cinturón, una ruta) que, hoy por hoy, es el megaproyecto geopolítico y económico internacional más ambicioso de China, confirman esa dirección expansiva. La BRI, trata de conectar China con Europa, África, América Latina y el resto de Asia mediante una red masiva de infraestructuras comerciales. De un lado, una red de corredores logísticos, carreteras, líneas de ferrocarril de alta velocidad y oleoductos que conectan el interior de China con Asia Central, Rusia y Europa, de otro, una cadena de puertos e infraestructuras portuarias que enlazan el litoral chino con el Sudeste Asiático, el Océano Índico, el Mar Rojo y el Mediterráneo. El potencial económico del Estado Chino le permite financiar y construir puertos estratégicos en todo el mundo, centrales eléctricas, presas, aeropuertos y redes de telecomunicaciones (la aludida Ruta de la Seda Digital).

Estas redes permiten China colocar en el exterior su sobreproducción de acero, cemento y maquinaria pesada, empleando a sus propias constructoras estatales, diversifica las rutas de importación de petróleo y gas, reduciendo su dependencia del Estrecho de Malaca (un punto crítico controlado por EEUU).

China ha aprendido de los años en los que el Fondo Monetario Internacional ha concedido préstamos absolutamente insostenibles para naciones en desarrollo que, para poder pagarlos, debieron “privatizar” las propiedades del Estado a grupos económicos extranjeros y está haciendo exactamente lo mismo. Además, estas ayudas (que, en grandísima medida se pierden en bolsillos corruptos, algo con lo que China cuenta, por otra parte) suponen votos a favor de las políticas chinas en la ONU y en sus agencias.

Aquella China tradicional autoaislada y que renunciaba a buscar algo más allá de sus altos muros, ya no existe y ha sido sustituida por un régimen que trata de estar presente en todas las naciones, colonizar los mercados mundiales, hacerse con los elementos más suculentos de la soberanía de las naciones par alcanzar su objetivo indisimulado: la hegemonía económica mundial, con la convicción de que eso le proporcionará una hegemonía política a escala internacional.

En segundo lugar, las tradiciones chinas siempre valoraron al campesinado y al “sabio”, mientras que denostaban al comerciante y al vendedor de bienes de consumo. Esto fue lo que dio estabilidad a la sociedad china durante cuatro milenios, pero también lo que justifico su atraso secular hasta el siglo XX. El pilar de la sociedad china tradicional fue una alianza tácita entre campesinos y “sabios”. Entendemos por “sabios” a las élites instruidas en el pensamiento de Confucio y Lao-tsé, entre los que se encontraban los emperadores que elaboraron los textos sapienciales y sus aplicaciones prácticas en todos los terrenos. Los “sabios” no permitieron que los adelantos tecnológicos penetraran en el país, convencidos de que pequeñas causas podían producir grandes efectos y alterar el orden social.

Este aspecto también ha quedado atrás: por las grietas en la Gran Muralla se ha filtrado el espíritu occidental, la necesidad de experimentar progresos materiales, protagonizarlos y vivir en un país “a la altura” de las tres revoluciones industriales que se han producido en Occidente. Por esas grietas se habían filtrado virus procedentes de Occidente que, paradójicamente, el milenario mandarinato (esto es la sumisión al poder establecido mientras este satisficiera las necesidades básicas), podía poner en práctica mucho mejor que en los lugares de procedencia corroídos por legislaciones débiles, poderes “soft” y un indiscutible ablandamiento en las costumbres. En el último tramo del maoísmo, el gobierno chino ya percibió que no podía seguir manteniendo durante muchas décadas la “tensión revolucionaria”: era preciso progreso económico social.

Concretar esa idea se hizo mucho más urgente después de los incidentes de la plaza de Tiananmen se produjeron en el año 1989, el mismo año en el que cayó el Muro de Berlín. En aquel momento, el gobierno chino intentó reformas que se saldaron con un empobrecimiento de la población. La liberalización parcial de los precios en 1988 provocó una inflación oficial de más del 20% (y cercana al 30% en zonas urbanas) y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. Las reformas desmantelaron el sistema de empleo e ingresos garantizados de por vida por el Estado: la inseguridad laboral y desempleo crecieron por primera vez para la generación “pos-revolución cultural”.

En aquel momento, coexistían dos sistemas de precios (uno fijado por el Estado y otro libre) permitió que los funcionarios del Partido Comunista compraran a precios bajos regulados y los revendieran en el mercado libre. Por otra parte, las zonas del interior habían sido abandonadas a su suerte y solamente las zonas costeras y sus grandes ciudades habían experimentado ciertos progresos.

Todo esto generó el estallido de Tienanmen agravado por los recortes cada vez mayores a la libertad de expresión y a la falta de transparencia. A todo esto, se unía una lucha despiadada en la cúpula del partido entre reformistas moderados y comunistas dogmáticos de la que, tras la intervención del ejército en Tienanmen salieron favorecidos los duros (Deng Xiaoping). Los líderes reformistas fueron purgados y se decretó la Ley Marcial que abrió el camino de la intervención militar en la plaza entre el 3 y el 4 de junio.  Se persiguió y arrestó a miles de simpatizantes reformistas dentro de las universidades, los medios de comunicación y la burocracia del Estado. Tienanmen fue el último intento “contrarrevolucionario” que vivió la sociedad china.

Esta política duró hasta 1992, cuando el régimen optó por la línea de “apertura económica radical, pero control político de hierro”. Los resultados pueden valorarse en la actualidad.

Esta nueva política recluyó a los “duros” en determinados organismos de control social, les dotó de nuevos instrumentos para ejercer su función de apagafuegos de cualquier situación de crispación, mientras que la economía y el desarrollo industrial se pusieron en manos, no de “sabios”, ni de “funcionarios”, sino de tecnócratas. El “sabio” taoísta, el erudito confucionista es hoy el tecnócrata al servicio de la planificación del desarrollo económico y de la investigación científica. Lo que en los primeros era búsqueda de la estabilidad, en estos últimos lo que cuenta es el dinamismo, la carrera contra reloj para alcanzar la hegemonía mundial, a despecho de cualquier otra consideración, mientras los miembros del partido a través de organismos de gobernación e interior, se sienten cómodos utilizando métodos masivos de control social de los que la publicidad institucional, encontrando razones justificadoras, hace que el propio pueblo chino, haya asumido que todo es “por su bien”.

Si, durante milenios, el mandarinato se impuso porque el campesinado chino apreciaba a sus “sabios” y la población se había adaptado al conformismo y a la estabilidad, ahora, esa misma población, acepta sin prácticamente disidencias el principio de “un país, dos sistemas”: marxismo-leninismo de cara al interior y capitalismo salvaje en su proyección exterior. Todo para que el antiguo campesino, puede acceder a los escaparates del consumo. El ansia de libertad ha sido completamente sofocado y reconvertido en búsqueda del mayor nivel de consumo en el menor tiempo: es el gobierno para el “último hombre” nietzscheano.

Los robots perros-policía, armados con fusiles de asalto, que circulan por la ciudad de Xiong'an no son solo significativos de la invasión de las nuevas tecnologías, sino de un poder que ya no se ejerce como se ejercía en la antigua China imperial. Fo-hi basaba el orden social en la armonía con el Cielo y las leyes de la naturaleza (los Trigramas). El gobernante era un intermediario entre lo divino y lo humano. Si las cosas no iban bien, se producían desastres naturales, hambrunas, sequías, derrotas, eso significaba que el gobernante había perdido el “favor del cielo” y, por lo tanto, era legítimo destronarlo. Esta doctrina, que implicaba una forma de gobierno llamada “actuar sin actuar”, el Wu-Wei al que ya hemos aludido, doctrina derivada del taoísmo.

Esta forma de gobierno, no promueve la pereza ni el abandono, sino no forzar las cosas ni actuar en contra de la naturaleza: “Es blanda como el agua y se adapta a cualquier vasija o terreno, no pelea contra la roca, pero con el tiempo es capaz de desgastarla”. Consiste en responder a las situaciones de la vida de forma natural, intuitiva y limpia, sin sobrepensar, igual que un árbol crece o un animal caza. Sugiere que el mejor gobernante es aquel que apenas se hace notar, si el emperador no trata de legislarlo todo, ni imponer aranceles asfixiantes ni guerras caprichosas, el pueblo se organiza y prospera por sí mismo en armonía.

Era evidente que esta forma de gobierno no satisfacía los deseos de Mao, ni del marxismo-leninismo chino, por lo que, durante la “revolución cultural”, se intentó borrar el pasado: se destruyeron templos y se persiguió a los maestros del confucianismo y del taoísmo, filosofías que fueron consideradas “supersticiones feudales”. El Estado dejó de creer en nada superior a él y se configuró como materialista y ateo, negando el orden cósmico tal como fue enunciado originariamente por Fo-hi, sustituyéndolo por los ideales de progreso técnico y social.

Las cosas han cambiado, como puede apreciarse, pero, en el fondo, se trata, como hemos dicho desde el principio de una “inversión” radical mucho más que de un cambio. Hoy, la legitimidad a la que recurre el Partido Comunista es puramente material y técnica: los planes quinquenales se van cumpliendo, hay orden, progreso, estabilidad, crecimiento… Esa “eficacia” en la gestión es lo que le otorga el derecho a gobernar: no es ya el “mandato del cielo”, sino la “eficacia en la tierra”.

Si ese orden se rompiera, la hegemonía del Partido Comunista podría peligrar, el orden se rompería y el secretario general, Xi Jinping, al mismo tiempo presidente de la República y jefe supremo de las fuerzas armadas, podría ser derribado, sino por una revuelta popular, si al menos por su propio Comité Central. Así pues, a la pregunta de que tan lejos está la China de hoy del Imperio Celeste del pasado, puede responderse afirmando, simplemente, que están en el mismo eje, solo que, en polos diferentes, uno es la inversión del otro.

La comparación puede llevarse hasta el límite. De la misma forma que Fo-hi estableció los primeros ministerios y apellidos para organizar a la población, la China moderna utiliza hoy el Hukou (registro de residencia) y las tecnologías de datos para mantener un control social riguroso.

Lo que más puede llamar la atención a un occidental es que, en las últimas décadas, el gobierno chino haya abandonado la doctrina maoísta de que Fo-hi y los creadores de la China tradicional fueran enemigos feudales. Hoy se promueve el estudio de los clásicos y la figura de los “ancestros”, pero no tanto para rescatar sus valores o su espiritualidad (el gobierno sigue siendo materialista y ateo), como para fortalecer la identidad nacional frente a cualquier influencia exterior. El Partido Comunista ha rescatado incluso la idea taoísta de “Sociedad Armoniosa”, considerada por los analistas como una reinterpretación moderna del equilibrio que buscaba Fo-hi con sus ocho trigramas, cuanto en realidad es hoy una “armonía” impuesta mediante sistemas de control social sin precedentes, en la que un arsenal inagotable de leyes y regulaciones sustituyen a los trigramas.

De hecho, el fracaso del marxismo-leninismo chino después de casi ochenta años de gobierno, ha consistido en tener que renunciar a algunos de sus postulados habituales (dictadura del proletariado, anticapitalismo, gobierno de los trabajadores, internacionalismo, etc), introduciendo iniciativas oportunistas, pero necesarias si de lo que se trataba es de lograr la hegemonía mundial y la aceptación del sistema por parte de la sociedad (a la vista de que en la URSS, entre otras cosas, la causa de la destrucción del bolchevismo fuera el no haber estado en condiciones de proporcionar a la población unos estándares de desarrollo y comodidad propios de la segunda mitad del siglo XX, manteniendo siempre en las fronteras del subdesarrollo a la población, mientras el Estado, como tal, rivalizaba en misiles balísticos intercontinentales con los EEUU y estuvo a punto de tomar la iniciativa en la carrera del espacio).

El comunismo entendió perfectamente que no podía modificar el ADN plurimilemario de la población china, así que se limitó a cambiar el contenido, pero manteniendo el molde. El resultado ha sido, como hemos augurado desde el principio, una forma de civilización exactamente invertida a la originaria. China sigue dirigida por “sabios”, pero estos ya no son el Emperador y su entorno, sino el Partido Comunista, el sistema es único y centralizado y sigue estando dirigido por algo parecido al “Wu-wei”, pero convertido en control robótico, sistemas tecnocráticos de IA y de control social que ejercen un peso psicológico sobre la sociedad, pero no requieren actuaciones directas ni enérgicas estilo Tienanmen.

En la China antigua el control social se ejercía mediante una burocracia funcionarial al servicio del emperador, hoy se ejerce digitalmente: el algoritmo ha sustituido al pincel hecho con bambú y pelo de comadreja siberiana, mucho más eficiente en la modernidad. La antigua burocracia confucionista no ha desaparecida, simplemente, se ha adaptado: el Estado sigue teniendo una estructura central fuerte (como en la era imperial), manejada en lo esencial por chips de silicio y sistemas de IA que esperan ser alimentados en el futuro con energía de fusión y cuya única medida de eficacia es la productividad y el aumento de las posibilidades de consumo.

La memoria china es, por todo esto, larga y profunda, por eso no ha olvidado lo que Occidente ya no recuerda: el siglo XIX, como hemos visto, fue para china el “Siglo de la Humillación”. Debió necesariamente abrir sus puertas, ceder territorios, aceptar las propuestas comerciales inaceptables de los imperialistas británicos, ver como franjas amplias de población quedaban inhabilitadas e inmovilizadas para cualquier tarea a causa del consumo del opio. China no ha olvidado y los dirigentes occidentales se equivocan si piensan que son como ellos. La España de 1956, había olvidado la innoble guerra hispano-norteamericana impuesta por los EEUU apenas medio siglo antes. La España de 2026 ha olvidado los soldados españoles asesinados en el Sáhara por los polisarios o en Ifni por las bandas irregulares pagadas por Rabat. Alemania prefiere no recordar los bombardeos de terror que sufrieron sus ciudades, incluso cuando la guerra estaba material ganada por los aliados. Pero China no olvida el “Siglo de la Humillación” cuyo contenido se enseña desde la enseñanza primaria con la moraleja de que “hay que desconfiar de los occidentales”. Una “humillación” es algo que debe resarcirse, una deuda que hay que pagar. Cuando el gobierno chino elabora el catorceavo plan quinquenal, implementando sus tecnologías 5G, su sistema de IA, su robótica, sus sistemas de ingeniería genética, lo que está haciendo es invertir la historia próxima: humillar hoy al humillador de ayer.

La representación tradicional y mítica de Fo-hi con cuerpo de serpiente es uno de los símbolos más antiguos de la cultura china. La serpiente era considerada el ancestro directo del dragón chino, Fo-hi representado con cuerpo de serpiente sugiere un estatus de ser divino y poderoso. La muda de piel que realiza la serpiente, Fo-hi representa el renacimiento de la civilización y la inmortalidad del conocimiento. Casi siempre se le representa junto a su hermana y esposa Nüwa, con sus colas de serpiente entrelazadas, que simbolizan las fuerzas mantenedoras del equilibrio del universo; Fo-hi muestra una escuadra (símbolo de la Tierra y el orden) y Nüwa un compás (símbolo del Cielo y la creación). Juntos, ordenan el cosmos. El padre de ambos, un agricultor, se enfrente al Dios del Trueno, logra engañarlo, atrapándolo dentro de una jaula de hierro y prohíbe estrictamente a sus dos hijos dar agua al prisionero. Pero Fo-hi y Nüwa, movidos por la piedad, le dan una sola gota de agua. El Dios del Trueno recupera sus fuerzas y escapa, antes, agradecido se arranca un diente y se lo da a los niños, ordenándoles que lo planten inmediatamente en la tierra. En cuestión de horas, este crece hasta convertirse en una calabaza gigante, en el interior de la cual se esconderán cuando el Dios del Trueno desate una tormenta que inunda a toda la tierra. Convertidos en los únicos supervivientes, Fuxi y Nüwa deben repoblar la tierra: pero son hermanos, lo que les genera un dilema ético. Deciden consultar a un poder superior y encienden dos hogueras independientes en lo alto de las dos montañas. El humo de las dos hogueras se entrelaza, indicando que el Cielo aprueba su unión. Es así como repueblan toda la Tierra, toda la Tierra, no solo China.

Algo habían intuido los antiguos “sabios” de China, cuando eligieron este símbolo que hoy, inevitablemente, nos recuerda la doble hélice de ADN, esa que la “Ingeniería Cromosómica Programable” a la que ya hemos aludido, altera, destruye y reconstruye a voluntad. Y es que China, hoy, más que “repoblar la Tierra”, aspira a conquistar la Tierra. Hasta ese extremo llega la inversión.

Y eso implica que, si estamos llegando a la inversión total de los orígenes, es que estamos al final de un ciclo, de la misma forma que la muerte es la inversión del nacimiento, principio y fin o que las primeras luces del día son lo opuesto a las últimas del anochecer. Idea que queda confirmada porque a todos los especialistas en prospectiva les resulta muy difícil pensar en una “quinta revolución industrial”, acaso porque si la Cuarta ya es fronteriza con la Ciencia Ficción y pensar en la siguiente implica casi necesariamente aplicar la paradoja de Fermi:

- ¿Por que no se manifiestan las civilizaciones extraterrestres? Porque han desaparecido víctimas de su propio desarrollo tecnológico… su luz llega a nosotros, cuando ya se han autodestruido.

 

 

 

 

 







CRÓNICAS DEL FINAL DE LA MODERNIDAD (5) – CHINA Y LA CUARTA REVOLUCION INDUSTRIAL

 

CHINA EN EL DEVENIR DE LAS REVOLUCIONES INDUSTRIALES

Si tratamos de encontrar un “patrón” a la hegemonía de las naciones capaz de prever y también de explicar por qué el protagonismo político-económico se ha ido desplazando de unas naciones a otras, comprobaremos que solamente a partir de la invención del vapor es posible establecer leyes empíricas que se cumplan inexorablemente. De todas las explicaciones, más o menos, “mecanicistas” que se han dado, seguramente la teoría de las revoluciones industriales es la más sólida.

Dicha teoría establece que en cada revolución industrial (y vamos por cuarta), de manera natural el poder mundial se ha ido desplazando de unas a otras naciones a causa de tres factores: las nuevas tecnologías, las materias primas necesarias para implementar tales tecnologías y los motivos geopolíticos que siempre concurren para otorgar potencia a las naciones. Revisando lo ocurrido en las tres primeras revoluciones industriales, puede inferirse lo que ocurrirá en la cuarta.

Durante la primera revolución industrial, el eje de la potencia mundial se instaló en el Reino Unido gracias a la concurrencia de varios factores. Basada en la invención del vapor, en las islas británicas se explotaban suficientes minas de carbón y hierro situadas muy cerca unas de otras y de la superficie. El carbón era el combustible esencial para la máquina de vapor, y el hierro el material para las nuevas máquinas y ferrocarriles. Por entonces, el Reino Unido tenía ya una monarquía parlamentaria (tras la revolución de 1699) en el que la burguesía había escalado puestos de poder y la aristocracia los había cedido. La propiedad privada se había consagrado como un derecho y los empresarios sabían que sus beneficios no serían confiscados según las necesidades del Estado. Además, el Reino Unido había apostado por ser una “potencia naval” y, como todo Estado así concebido, podía espolear el comercio mundial, comprar y vender manufacturas en todo el mundo.

La aparición del ferrocarril coincidió con una mejora de las técnicas de cultivo, gracias a lo cual la población creció rápidamente y empezó una migración del campo a la ciudad, lo que abarató los costes de la mano de obra industrial. Todo esto actuó en sinergia: irrupción del ferrocarril, seguridades jurídicas, mejora de las comunicaciones interiores y exteriores, abaratamiento de mano de obra y existencia de un sistema bancario más desarrollado que en otros países, lo que permitío un acceso más fácil al crédito. Esto generó, además, que los comerciantes (entre los que se encontraban los nuevos miembros de la burguesía, pero también aristócratas que habían entendido que su futuro dependería de las inversiones y de las iniciativas económicas que emprendieran) aumentaran su poder. Londres se convirtió en el centro financiero mundial y, consiguientemente, toda la política del Reino Unido, a partir de ese momento, fue regida por intereses económicos. El ejército británico se convirtió en la punta de lanza de la Compañía de las Indias y en torno a estos dos polos, se construyó el imperio británico, el primer imperio comercial global de la historia.

La unión de nuevas tecnologías, los factores políticos y financieros, el ascenso de nuevos grupos sociales, generaron todos los cambios que se pusieron de manifiesto desde la implementación del vapor hasta el último tercio del siglo XIX, cuando las cosas empezaron a cambiar. En resumen: el vapor generó un impulso económico industrial que garantizó la hegemonía mundial del Reino Unido.

Pero las cosas no se detuvieron ahí; siguieron mutando de nuevo cuando volvieron a irrumpir nuevas tecnologías en el período que puede situarse entre 1870 y 1945, el ciclo de la Segunda Revolución Industrial, que hicieron que la hegemonía mundial empezara a desplazarse.

Era la época de los nacionalismos y en Europa Central se produjo la “primera reunificación alemana” operada por Bismarck en un territorio que esta ese momento estaba literalmente balcanizado. La intención de Bismarck era constituir una “gran Alemania” que reuniera a todos los territorios de habla germánica en una sola Nación-Estado. Bismarck era consciente de que, el poder industrial permitía a la reunión de todos esos pequeños territorios, convertirse en una gran potencia industrial. El resultado fue la creación de una “pequeña Alemania” de la que quedaron fuera los territorios del Imperio Austro Húngaro.

La victoria de Alemania sobre Francia, en 1870, supuso, el fin definitivo de la aspiración francesa de competir por la hegemonía europea y estuvo motivada por el control que se disputaban ambos países sobre los territorios mineros de Alsacia y Lorena. Alemania arrebató a Francia estos territorios, que albergaban los yacimientos de mineral de hierro más grandes de Europa y al combinar este hierro con el carbón abundante que Alemania ya poseía en la cuenca del Ruhr, el país multiplicó su capacidad siderúrgica, superando rápidamente a Francia y alcanzando a Gran Bretaña.

Los 5.000 millones de francos-oro que debió pagar Francia como indemnización histórica, unido al descubrimiento de nuevas tecnologías de producción de acero (el “convertidor Bessemer” hizo que el hierro fuera sustituido por el acero), y científicos alemanes perfeccionaron las aleaciones de acero (añadiendo níquel y cromo), desarrollando blindajes militares superiores y aceros inoxidables para la construcción y maquinaria pesada; todo esto dotó a la joven economía alemana de un impulso desconocido hasta entonces.

Tras la derrota de Francia, era evidente que la nueva potencia era hegemónica en la Europa Continental y disputaba al Reino Unido la primacía industrial. Esta ofensiva alemana tenía mucho que ver, e incluso estaba íntimamente relacionada, con los avances de la ciencia. Las aportaciones científicas alemanas más decisivas se concentraron en el campo de la química industrial (dominaba el 80% del mercado químico mundial gracias a descubrimientos de laboratorio aplicados a la producción en masa: colorantes sintéticos, descubrimiento del ácido acetilsalicílico puro en 1897 por los laboratorios Bayer, fabricación de fertilizantes artificiales a gran escala, producción de explosivos, pero, sobre todo, avances en el terreno de la electricidad y la termodinámica.

Hertz demostró la existencia de las ondas electromagnéticas, la base científica que hizo posible la invención de la telegrafía sin hilos y la radio, Siemens descubrió el principio de la dínamo eléctrica, permitiendo la generación masiva y el transporte de electricidad para mover maquinaria industrial y tranvías, Diesel aplicó las leyes de la termodinámica para patentar en 1892 el motor de encendido por compresión (motor diésel), mucho más eficiente y potente que las máquinas de vapor para barcos, trenes e industria pesada. A esto se sumaron avances en la medicina (Koch descubrió la acción de las bacterias responsables de la tuberculosis y el cólera. Röntgen descubrió la radiación electromagnética en 1895 y con sus “rayos X”, revolucionó el diagnóstico médico y el control de calidad en la fundición de metales para la industria pesada. 

En 1914, era evidente que el Imperio Británico había perdido terreno suficiente, en especial por su retraso relativo en relación a Alemania y que, en la práctica, estaba perdiendo la hegemonía mundial. De ahí que optará por provocar el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial para tratar de salvar lo salvable. Sin embargo, lo inexorable de las revoluciones científicas, hizo imposible que pudiera retener por mucho tiempo ese dominio, especialmente porque, tanto en la primera como en la segunda Guerra Mundial, debió recurrir a una alianza con el otro pueblo anglosajón situado al otro lado del Atlántico, para derrotar a una Alemania que se había reforzado aún más tras las crisis que siguieron al Tratado de Versalles, entre 1933 y 1939, mientras que el Imperio Británico entraba en fase de centrifugación.

Los dos conflictos mundiales, fueron, en la práctica, especialmente el segundo, el desencadenante de la Segunda Guerra Mundial y supuso el fin de la Segunda Revolución Industrial: la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, la llegada del hombre a la Luna, la civilización del petróleo, la aviación comercial, la televisión, los inicios de la microcomputación, y, sobre todo, el hecho de que, los EEUU estaban alejados de los teatros de guerra europeos y ningún otro país pudiera disputarles la seguridad y la estabilidad en su propio continente, no contribuyeron a mantener los imperios francés y británico, como pensaban los dirigentes de ambos países, sino a abrir un nuevo ciclo histórico-industrial que tendría su eje en los EEUU y que ya podía preverse desde la irrupción del “fordismo”: la producción optimizada y estandarizada en cadena.

Además, durante la segunda revolución industrial, la aparición del motor de combustión interna, había generado una sustitución progresiva del carbón por el petróleo. El “taylorismo” y la “organización científica del trabajo”, habían optimizado hasta el límite la producción industrial en masa. Algunos elementos que alcanzarían máxima importancia durante la Tercera Revolución Industrial, se habían construido en la Segunda, impulsados por ingenieros visionarios y políticos previsores: los canales de Suez y Panamá, las primeras redes de comunicaciones sin hilos y por ondas.

En 1945, Europa estaba, literalmente, destrozada y era imposible que pudiera recuperarse de un conflicto que solamente había favorecido a los EEUU y gracias al cual -no en vano, el “partido de la guerra” (con Churchill a un lado del Atlántico y Roosevelt al otro) había sido el máximo instigador del conflicto-. Además, a partir de ese momento, los EEUU ya no tuvieron competencia para dominar la economía mundial durante todo el ciclo que va desde 1945 hasta la gran crisis económica de 2008-2011.

De la misma forma que el Reino Unido había sustituido a Francia como nación más poderosa, y a causa de la repercusión de las nuevas tecnologías, y cómo Alemania había desplazado hacía sí misma como economía más poderosa, ahora, a partir de 1945 con una hábil combinación entre poderío industrial (frente a una Europa en ruinas), secuestro de científicos (Operación Paper Clip), poderío militar (nuclear y convencional) y, finalmente, dinamismo industrial, consiguieron instalarse como potencia hegemónica durante el período conocido como Guerra Fría.

En 1945 entramos en la Tercera Revolución Industrial. En una primera fase, se produjo la innovación en las comunicaciones: a raíz de los nuevos aviones de bombardeo estratégico diseñados en los EEUU, el mundo se empequeñeció y los viajes en avión se generalizaron; los radares facilitaron la navegación por todo el planeta que se fue ampliando a partir de la década de los 60 con satélites de comunicaciones; los avances nucleares se orientaron hacia la producción de energía y hacia tecnologías clínicas; la cohetería tuvo un papel esencial en la conquista del espacio exterior, mientras que seguía creando mísiles nucleares intercontinentales en una carrera enloquecida.

Los sistemas de encriptación ideados durante el conflicto para garantizar la impermeabilidad de las comunicaciones militares, dieron origen a la sustitución de máquinas analíticas y mecánicas por sistemas automatizados primero y digitalizados después, cada vez más, a medida que iba aumentando la potencia de los transistores convertidos en microcircuitos integrados que irrumpieron, primero tímidamente en los años 70 y luego, en la década siguiente se convertirían en populares con el lanzamiento del primer PC. Después, el esfuerzo se orientó hacia las redes digitales de comunicación que alcanzaron a todo el planeta entre la última década del segundo milenio y la primera del tercer.

Esto facilitó la “globalización”, inspirada por economistas neo-liberales y por capitales procedentes de las grandes acumulaciones industriales convertidos en gigantescos monstruos que surgieron o se reforzaron a partir de la Segunda Guerra Mundial y del desarrollo que siguió.

En este nuevo ciclo, la Tercera Revolución Industrial desplazó su eje hacia el Atlántico Norte y, en concreto, su capital dejó el territorio europeo para centrarse en los EEUU. El período que media entre 1945 y 2007 es el de la hegemonía norteamericana, país propietario de las principales patentes tecnológicas de la época. Este período, desde el punto de vista político, tuvo dos “momentos”:

- la Guerra Fría o el choque USA-URSS que se resolvió en 1989 con la caída del Muro de Berlín y la destrucción de la URSS, y

- un segundo momento en el que el unilateralismo norteamericano y la globalización fueron al paso (desde 1989 hasta 2007).

Queda un punto por examinar: los aspectos político-sociológicos de estos cambios.

Como hemos visto, la Primera Revolución Industrial nació de las alteraciones que habían tenido lugar en Gran Bretaña, como resultado de las cuales se había instaurado un régimen parlamentario que luego, con la revolución americana y poco más tarde con la revolución francesa, se consolidaron a lo largo del siglo XIX, el gran siglo del capitalismo. Ahora bien, los desfases provocados por la rapacidad del primer capitalismo industrial generaron amplios movimientos de protesta de los que nació el bolchevismo (aupado por las clases trabajadoras) y los fascismos (implementados por las clases medias). En ambos casos, se trataba de reacciones a las ansias depredadoras capitalistas.

En el período comprendido entre 1945 y 1989, ambos intentos resultaron liquidados por el liberalismo: los fascismos fueron aniquilados con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y el bolchevismo quedó en la cuneta con la caída del Muro de Berlín. Así que en ese ciclo -la Tercera Revolución Industrial- el sistema unánimemente aceptaron era el neoliberalismo económico (que condujo a la globalización) y la democracia liberal y partidocrática con sus ideales de “libertad, igualdad y fraternidad” que se convirtieron en la única formulación política “aceptable”.

Pero, la historia seguía adelante.

Ahora, en el momento de escribir estas líneas nos encontramos en una nueva revolución tecnológica en la que no existe motivo para pensar que no se cumplirán las mismas pautas que en las anteriores:

1) La hegemonía se desplazará a otro país

2) Ese país será el que más patentes produzca y sea propietario de las nuevas tecnologías

3) La hegemonía científico-tecnológica generará hegemonía económica y política

4) Cambiarán las reglas del juego político como han cambiado en todas las épocas.

Hablar de la Cuarta Revolución Industrial es aludir a nuestro tiempo. Se trata de una revolución en curso, pero de la que podemos extraer algunas certidumbres.

En primer lugar, los EEUU ya no son el país que más nuevas patentes esté registrando. Ese puesto le corresponde a China. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) que centra la recepción de patentes índica claramente que el gigante asiático concentra prácticamente la mitad de todas las solicitudes de patentes de invención que se realizan en el planeta (1,8 millones de solicitudes anuales, seguida por EEUU con 500.000 solicitudes y Japón con 420.000). Pero, es importante recordar que China ejerce un dominio abrumador en sectores de vanguardia, concentra aproximadamente el 60% de las patentes mundiales de Inteligencia Artificial (IA) y lidera la carrera en tecnologías cuánticas, robótica y baterías para vehículos eléctricos.

Este primer dato es definitivo, pero si analizamos los terrenos en los que se están desarrollando las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial, la conclusión que se impone es que China está avanzando a mayor velocidad que cualquier otro país, incluidos los EEUU. Este país compite en el terreno de la Inteligencia Artificial (mientras Europa agoniza en este terreno en un mar de regulaciones, prohibiciones y pérdidas de tiempo), pero ha sido ampliamente superado en el de la robótica, en el de la tecnología de comunicaciones. El margen de ventaja norteamericano en estos terrenos prácticamente se ha evaporado. China aventaja radicalmente a EE. UU. en volumen, patentes y despliegue físico, mientras que EEUU conserva (por estrecho margen) la ventaja de los modelos más potentes y la financiación. La distancia entre los mejores modelos de lenguaje estadounidenses y chinos se ha reducido a solo un 2,7% de diferencia en los exámenes de referencia mundiales. El modelo chino DeepSeek-R1 está compitiendo ventajosamente con los norteamericanos.

China supera a EEUU en volumen de artículos académicos publicados y en cantidad total de científicos dedicados a la IA.

Ahora bien, en el terreno de la inversión privada, los EEUU siguen teniendo el liderazgo gracias al capital de riesgo” que multiplica por más de 20 el presupuesto de inversión privada de China. A favor de EEUU se cuenta, todavía el que Washington mantiene el liderazgo en supercomputación y el diseño de los chips gráficos (GPU) de última generación necesarios para entrenar las IA más complejas.

Las dificultades puestas por Trump para frenar el avance de Pekín (prohibiendo la exportación de determinados chips imprescindibles en la IA) ha obligado a los informáticos e ingenieros chinos a optimizar sus algoritmos, logrando resultados punteros con un coste de computación drásticamente inferior.

Sin embargo, si en este terreno la situación no se ha resuelto definitivamente a favor ni de EEUU ni de China, lo cierto es que la necesidad de “tierras raras” para implementar todas estas tecnologías, si se ha inclinado desde hace una década a favor de China. En efecto, como ya hemos publicado en algún otro artículo anterior, China domina hasta 90% el refinado de “tierras raras”. No es que estas “tierras raras” escaseen, es que no están en estado libre en la naturaleza y precisan un refinado antes de que puedan aplicar a industrias clave como la automoción eléctrica, los aerogeneradores, la robótica y el armamento militar. Incluso los minerales que se extraen en países como Estados Unidos o Australia son enviados frecuentemente a factorías chinas para su separación. Incluso en las llamadas “tierras raras pesadas” (disprosio y terbio), China controla aproximadamente el 99% de la capacidad global mundial de procesamiento. El refinado de estos metales sirve principalmente para fabricar los imanes permanentes más potentes del planeta, esenciales para los motores de los vehículos eléctricos y los sistemas de guía de misiles. Las factorías chinas concentran el 93% al 94% de la producción mundial de imanes sinterizados.

Ninguna empresa fuera de Asia puede ensamblar tecnologías de alta fidelidad sin depender de estos componentes controlados por Pekín. Esto contrasta con el hecho de que China posea aproximadamente un tercio (34%-38%) de las reservas naturales globales en su subsuelo, pero debido a su agresiva capacidad operativa, acapara cerca del 70% de la extracción minera global y sin ningún tipo -a diferencia de la UE- de regulación. De hecho, la respuesta china a la guerra arancelaria declarada por Donald Trum al principio de su mandato se ha centrado en este terreno fijando estrictas regulaciones y licencias de exportación que restringen la salida de tierras raras y tecnologías de fabricación de imanes. Estas medidas han disparado el precio del mineral más de un 44% en algunos momentos y generando desabastecimiento del mercado hasta el punto de que EEUU está invirtiendo miles de millones de dólares para revivir sus propias cadenas de procesamiento locales que -se prevé al menos- que en 2030 hayan reducido la cuota de refinado china de “tierras raras” del 90% al 69%.

Pero donde la ventaja china es también abrumadora es en otro terreno propio de la Cuarta Revolución Industrial: la robótica. Hoy, Pekín acapara más de la mitad de las instalaciones de robots industriales del mundo y lidera la fabricación en masa de hardware para robótica humanoide.

Esta ventaja la ha obtenido gracias al coche eléctrico tan alabado por la progresía occidental. En efecto, China aprovechó el despegue en este sector para abaratar los componentes que comparten con los robots. Se ha publicado que, en regiones como Shenzhen, un fabricante de robots tiene a todos sus proveedores de piezas en un radio de 30 kilómetros. Esto reduce drásticamente el coste y el tiempo de ensamblaje. A partir de la industria de automoción, han surgido en China 150 empresas de “robótica humanoide” hasta el punto de que el país fabricó y envió casi el 85% de todos los robots humanoides del mundo (concentrada especialmente en dos empresas, Unitree y Agibot). La velocidad de producción es tan alta que se estima que fabrican un robot humanoide cada 30 minutos.

Mientras que las firmas occidentales tardan años en actualizar sus prototipos, las empresas robóticas chinas redujeron sus ciclos de lanzamiento a solo 6 u 8 meses por generación. Construir y activar con hardware en China cuesta una fracción de lo que cuesta en EE. UU. o Europa. Esto permite fabricar miles de unidades de prueba para corregir errores rápidamente. Luego está el apoyo que el gobierno chino presta a estas empresas de robótica inteligente como prioridad absoluta de seguridad económica, subvenciona directamente la investigación e incentiva a las pymes a sustituir trabajadores por máquinas de bajo coste.

Quedaría el otro terreno propio de la Cuarta Revolución Industrial en el que China se ha consolidado como una superpotencia agresiva y altamente competitiva: la ingeniería genética, liderando al mismo tiempo una profunda reestructuración legal. Tras el escándalo mundial de 2018 provocado por el científico He Jiankui (que modificó ilegalmente embriones humanos), el gobierno de Pekín pasó de una permisividad desregulada a un control estatal combinado con un avance científico masivo en áreas no heredables. En los últimos meses, científicos de la Academia China de Ciencias lograron un hito mundial al desarrollar la llamada “Ingeniería Cromosómica Programable” que supera ampliamente el sistema CRISPR de edición de genes individuales de forma aislada; en efecto, la herramienta china permite insertar, borrar o reubicar fragmentos gigantescos de ADN (de miles a millones de pares de bases) en células vegetales y animales con una precisión sin precedentes.

La autosuficiencia alimentaria, ha hecho que el Ministerio de Agricultura chino autorizase la producción en masa y el cultivo nacional de diversas variedades de trigo, soja, maíz y arroz editados genéticamente que resisten plagas extremas, soportar sequías prolongadas y tolerar herbicidas de forma eficiente.

China compite directamente con EEUU en terapias inmunológicas, así como en tratamientos para la diabetes, ceguera y autismo. Cirujanos y biólogos chinos lograron con éxito el primer trasplante funcional de un hígado de cerdo modificado genéticamente a un paciente humano, un avance crítico en el campo de los xenotrasplantes para solucionar la escasez de órganos.

Si a todo esto unimos los “proyectos locos” de los que antes hemos hablado y, sobre todo, tenemos en cuenta las trayectorias de las anteriores revoluciones industriales y sus repercusiones políticas, nos parece que huelga todo comentario.

China, lejos de ser un “Estado democrático, liberal y partidocrático” es una tecnoburocracia autoritaria destinada a sustituir la hegemonía norteamericana mientras se prolongue la Cuarta Revolución Industrial, el modelo político que se adapta mejor a la actual fase de desarrollo tecnológico. Éste precisa de una autoridad central capaz de planificar a largo y medio plazo, en el que los castigos por corrupción o “disidencia” política, desincentiven estas actividades, un país de bajos costes de producción, cuyo mercado interior sirva como “suelo” para un desarrollo ventajoso de las exportaciones, y la “factoría global” en la que se había convertido China durante la última de la Tercera Revolución Industrial, pase a ser el “centro tecnológico mundial”.

En China se dan absolutamente todos los factores -y el primero de todos, es la unidad del Estado, la estabilidad del gobierno, la elección de “objetivos nacionales”, que son elementos que posibilitan un papel protagonista en este ciclo histórico. China tiene todo esto… luego, China es la potencia del futuro en la Cuarta Revolución Industrial, cada vez más presente en nuestras vidas.

Harina de otro costal es durante cuánto tiempo se prolongará este momento histórico. La Primera Revolución Industrial pudo prolongarse durante 110 años (desde 1760 hasta 1870), la Segunda 75 años (de 1870 a 1845), mientras la Tercera lo hacía con dos períodos bien diferenciados: la Guerra Fría (1945-1989), 44 años, y el período de unilateralismo norteamericano (1989-2007) de 18 años, en total, 62 años. Si bien no pueden extraerse razones matemáticas de estos períodos, es por que sus fechas de inicio y fin no son líneas fijas y mucho menos absolutas. Habitualmente, esos ciclos tienen unos orígenes más difusos y frecuentemente se solapan. No existe unanimidad ni siquiera en lo relativo a sus tiempos. Ahora bien, la clasificación que hemos adoptado nos parece suficientemente razonable como para que, como mínimo, pueda extraerse una conclusión: se trata de duraciones cada vez menores, y, en este sentido, si es cierto que se produce una aceleración de la historia. 

Por lo tanto, si se acepta esto, deberá aceptarse también que el “ciclo chino” correspondiente a la Cuarta Revolución Industrial será un ciclo perecedero, más breve que los anteriores, en cualquier caso. Pero con una particularidad, tiene como protagonista a un país en el que se inició un ciclo histórico mayor hace 2.800 años… y esto permite realizar unas reflexiones finales.