lunes, 2 de noviembre de 2026

Entrevista a Ernesto Milá sobre "De Perejil a Ceuta: 23 años de guerra híbrida contra España"

Estos días se ha puesto a la venta en Amazon, la obra de Ernesto Milá, “De Perejil a Ceuta – 23 años de guerra híbrida contra España”, publicada por Eminves. El autor ha trabajado en esta obra tres meses, a partir del mismo día en el que se inició la invasión de Ceuta. Durante ese tiempo, ha estado concentrado en sí mismo y en su estudio, renunciando a cualquier otra tarea, tratando de comprender lo que estaba en juego y actualizando sus nociones sobre Marruecos, sus proyectos, su situación interior y su futuro. Han sido tres meses en los que, los únicos elementos que ha publicado en su blog, Info-krisis, han sido artículos dedicados a la misma situación y que no forman parte del libro, pero sí de la investigación. El libro, por cierto, en sus conclusiones, está dedicado a los ciudadanos de Ceuta y a lo que están teniendo que pasar en estos últimos meses. Y éste nos parece un buen punto para iniciar la entrevista.

Supongo que la idea de escribir este libro deriva de la invasión de 100.000 marroquíes a la ciudad de Ceuta…

En realidad, llevaba varios meses valorando la posibilidad de revisar mis dos obras anteriores sobre Marruecos, Marruecos, el enemigo del Sur y Marruecos, la amenaza, publicadas respectivamente en 2003 y 2005. Esta revisión era casi obligatoria a la vista de la política de las actitudes de Pedro Sánchez hacia Marruecos. Sin olvidar, por supuesto que 23 años han cambiado muchos elementos y en cierta medida, lo que publicamos entonces ha sido superado por los hechos. Convenía, pues, actualizar datos y presentar la nueva situación. Pero, el problema era que no encontraba tiempo para abordar un trabajo de este tipo. En la mañana del 29 de julio, al extenderse la noticia de la invasión, dejé cualquier otro trabajo pendiente y abordé la tarea que me ha llevado exactamente tres meses de trabajo.

De Perejil a Ceuta ¿es un trabajo de investigación?

No soy “periodista de investigación”, ni aspiro a competir con los medios que en estos últimos años han renovado este tipo de periodismo. Mi trabajo es de recopilación, análisis y previsión. Lo que el lector va a encontrar en esta obra es una síntesis de la situación actual de las relaciones en España y Marruecos, de lo ocurrido desde el “incidente de Perejil” y de cómo puede evolucionar la situación en el futuro. El periodismo convencional tiene un problema: la acumulación de datos puede constituir una hojarasca excesivamente densa y, aparentemente, inconexa, que, finalmente, oculte la naturaleza real de los problemas e, incluso, que tienda a generar en la opinión pública imágenes deformadas del conflicto. Porque estamos hablando de un conflicto querido por Rabat y que los últimos gobiernos de España, pretenden ignorar. De ahí que no me haya preocupado por “investigar” datos nuevos, sino más bien por recopilar, seleccionar, sintetizar los existentes y con ese material, juzgar la situación de la manera más objetiva posible.

¿Y a qué conclusión has llegado tras el análisis de los datos disponibles?

Ha sido bastante sorprendente. Sabíamos que Marruecos era uno de los paraísos de la corrupción (y, seguramente por eso, el entendimiento con el sanchismo ha sido absoluto), pero ignorábamos que ese es su único As en la mano. Marruecos, a lo largo de estos 23 años ha comprado al peso a políticos europeos, los ha chantajeado, los ha espiado, y gracias a ello, ha asegurado su desarrollo y obtenido fondos, ayudas e, incluso, un estatuto preferencial y único hasta ahora, en sus relaciones con la Unión Europea. Gracias a todo ello, Marruecos se ha desarrollado y prosperado. Y, al decir “Marruecos” quiero decir, el Majzén, porque para el marroquí de a pie, la única forma de prosperar sigue siendo recurrir a la inmigración. Como español y europeo, no puedo aprobar esa emigración masiva, innecesaria en Europa y que constituye una verdadera losa para nuestros sistemas asistenciales y sociales, pero entiendo perfectamente que los marroquíes deseen abandonar su país lo antes posible. En última instancia, la conclusión es que Marruecos “parece fuerte”, sólo porque, hasta ahora, los gobiernos españoles, el francés y la propia UE, han adoptado la estrategia de la “renuncia preventiva” ante Rabat.

¿Marruecos no tiene fortaleza suficiente para garantizar su propio desarrollo?

Ni remotamente. Marruecos quiere unos niveles de vida europeos, pero con un gobierno teocrático, autoritario gestionado por una oligarquía corrupta. Esa oligarquía dicta las reglas y las regulaciones y, como era de esperar, se aprovecha de ellas. La clase media crece a un ritmo lentísimo, mientras la brecha entre la población y la oligarquía no hace más que ampliarse. En esas condiciones, la clase media nunca tendrá la amplitud y consistencia suficiente para necesitar un sistema “a la europea”. Si no es por el apoyo de España y de la UE (arrastrada por los gobiernos de Sánchez y Macron), Marruecos ni siquiera podría aspirar a ser el país “líder” de África. Argelia, Sudáfrica y Egipto, compiten con Rabat en este terreno. Pero, la UE ha abierto las puertas de par en par a Marruecos, ha deslocalizado parte de su industria, ha entregado lo esencial de su agricultura a las exportaciones marroquíes. El día en que todo esto cambie -y todo induce a pensar que cambiará en pocos años- el parón de la economía marroquí será brutal y generará cambios drásticos en sus dinámicas interiores.

¿Qué cambios han ocurrido en Marruecos desde que escribiste tus dos libros a principios del milenio?

Muchos, pero el que más me ha llamado la atención es que la demografía marroquí, en estos momentos, está solamente a un paso de la demografía europea, pero con un matiz extremadamente importante: mientras que la demografía en su propio territorio está ya por debajo de la “tasa de reposición” (hijos por mujer fértil), en cambio, entre la emigración marroquí en Europa permanece como en sus mejores tiempos (tres hijos por mujer fértil). Hasta principios del milenio, la población marroquí, desde la independencia, se duplicaba cada veinte años. De hecho, hoy, el 46% de la población marroquí es menor de 35 años. Esta presión demográfica era vivida por el régimen como una amenaza y, hoy, la Generación Z, está completamente insolidarizada con el régimen. El coste de la vida, el paro -incluso entre los licenciados universitarios- y, sobre todo, la falta de perspectivas y la desesperanza ante la omnipotencia de su aparto oligárquico (el Majzén) que impide el progreso de la población, es lo que ha disminuido drásticamente la natalidad. Quien quiere tener familia numerosa (más de dos hijos), se va a Europa Occidental en busca de subsidios, ayudas, subvenciones y declaraciones de “vulnerabilidad”. Pero, muchos marroquíes empiezan a ser conscientes de que la UE no es la solución y que se está generando en territorio europeo, incluso en España, un caldo de cultivo que deja presagiar que la época dorada de los subsidios, está a punto de concluir. Y esto, en un plazo de apenas un lustro, hará inevitables los cambios políticos en Marruecos. O el gobierno cede a la presión de la Generación Z, o existe una posibilidad de que Marruecos desemboque en una guerra civil de carácter social.

En tus dos libros anteriores insististe mucho en el “poder del Majzén”, ¿ha aumentado o disminuido en el último cuarto de sigla?

Habría que explicar primero lo que es el “Majzén”. La palabra tiene relación con el término español “almacén”. Era el lugar en el que los sultanes guardaban sus fortunas. Hoy es el sistema oligárquico que tiene su centro en el palacio real y que reúne a los miembros de la familia real, a las grandes fortunas del país, a los servicios de inteligencia y seguridad y a los dirigentes de las fuerzas armadas. Eso es el Majzén: el verdadero gobierno oligárquico y autoritario de Marruecos. Es importante recordar que en el vértice se encuentra el “sultán” o rey de Marruecos y que nada se mueve en Marruecos -absolutamente nada, recalco- sin permiso del Majzén. Las políticas económicas, de defensa, las posiciones religiosas y sociales, no dependen del parlamento, sino que son impuestas por las “comisiones técnicas” centralizadas en el palacio real. Por eso decía antes que el Majzén es el principal beneficiario de las “regulaciones” que él mismo introduce en la economía. Y esto ha hecho que, cada día que pasa, el Majzén sea más y más potente. ¡Claro que ha crecido el poder del Majzén en el último cuarto de siglo! En la medida en que la economía marroquí es hoy mucho más viva y activa que a principios del 2.000, el poder del Majzén se ha introducido en todos los nuevos sectores económicos (desde telefonía, hasta agricultura, desde armamento a automoción, desde energías renovables hasta creación de infraestructuras).

¿Marruecos sigue siendo una monarquía teocrática?

En la nueva constitución la figura del rey ya no es “sagrada”, es, simplemente, “inviolable”… esa es la gran novedad. Pero, esa inviolabilidad, afecta a la consideración del rey como “comendador de los creyentes” y “descendiente del profeta”. Cuestionarlo es hacerse acreedor condenas a años de prisión. Gracias a genealogías, visiblemente falseadas e incompletas, Mohamed VI aparece como descendiente de Mahoma… versión ingenua e indemostrable, pero que le convierte, a la vez en líder político y líder religioso, pero también, en la medida en que ocupa la cúspide del Majzén, en la principal fortuna del país y orientador de la economía. Como si Felipe VI sumara a la vez, el cargo de Pedro Sánchez, el de la presidencia de la Conferencia Episcopal y el de presidente de la patronal… En la concepción marroquí, el rey es el detentados de la “triple espada” de dos filos, el poder espiritual y el poder político, con una empuñadura, el poder económico. Y lo que es más importante: no se permite a ningún medio de comunicación, ni a ningún partido, ni a ningún ciudadano, dudar de esta triple legitimidad, ni cuestionar estos rasgos del poder del sultán.

¿Con qué bazas cuenta Marruecos en su lucha contra España?

La más importante de todas -además de la mencionada política de “renuncia preventiva” practicada por Zapatero y Sánchez, es la amistad con EEUU. Marruecos fue en el siglo XVIII, el primer estado que reconoció la independencia norteamericana y, desde entonces, las relaciones entre ambos países, han sido extremadamente fluidas. Marruecos apoyó a los primeros marines de los EEUU en las “guerras berberiscas” contra la piratería argelina que atacaba a mercantes norteamericanos en el Mediterráneo. Roosevelt prometió, en plena guerra mundial la independencia al sultán de Marruecos, de espaldas a la potencia colonial francesa, su aliada, y no digamos a España. Incluso, cuando estalló la “guerra de Ifni”, España no pudo utilizar el armamento moderno vendido por EEUU contra Marruecos por una de las cláusulas de exclusión. En la Marcha Verde, el apoyo de la CIA fue público y notorio. Desde el origen de los EEUU, las relaciones con Marruecos han sido las más antiguas y productivas que con cualquier otro país del mundo. Hoy, la inteligencia norteamericana facilita información estratégica a Marruecos y ha allanado el camino para la normalización de las relaciones de este país con el Estado de Israel.

Esto nos lleva al programa Pegasus y al espionaje realizado por Marruecos sobre lideres políticos europeos, incluido Pedro Sánchez…

El software Pegasus es, como se sabe, de origen judío, pero no es la única herramienta de inteligencia que Marruecos ha comprado al Estado de Israel. Se suele olvidar que, con la excusa del “antiterrorismo”, Marruecos ha incorporado a su arsenal de inteligencia otro software destinado a intervenir y hackear lo que se llama “Internet de las Cosas”, esto es, equipos y redes informáticas con barreras de seguridad fácilmente franqueables y que abarcan desde cámaras de vigilancia urbanas, sistemas de seguridad de semáforos y comunicaciones, hasta equipos privados de domótica, limpieza y seguridad en hogares, elaborados también en Israel. Este intercambio de material de seguridad deriva directamente los “Acuerdos de Abraham” suscritos entre EEUU, Israel y Marruecos en 2020, que normalizaron las relaciones entre estos dos últimos países. Es del dominio público que Marruecos, pocos meses después, inició el espionaje a Sánchez y, como mínimo a cuatro de sus ministros, también a Emmanuel Macron y a su gobierno… pero es mucho menos conocido que también ha espiado a cientos de ciudadanos particulares y a inmigrantes marroquíes residentes en la propia Unión Europea. Y no, no cabe la menor duda de que el resultado de todas estas tareas de espionaje ha sido el cambio de orientación del Estado Español en relación al Sáhara y las políticas entreguistas de Sánchez en relación a Marruecos.

Las relaciones entre Marruecos e Israel ¿cómo han sido aceptadas por la población?

Hassán II, había permitido a la inteligencia israelí grabar la reunión de la Liga Árabe en Casablanca en septiembre de 1965; los datos obtenidos en esa ocasión fueron claves para la victoria judía en la Guerra de los Seis Días en 1967. Por entonces, oficialmente, no había relaciones entre Marruecos e Israel, e incluso, Hassan II había puesto precio a la salida de la numerosísima comunidad judía hacia el Estado de Israel compuesta por unas 300.000 personas, de las que ahora, apenas quedan 3.000. El Mosad también colaboró en el secuestro y asesinato del dirigente la oposición marroquí, Mehdi Ben Barka. Así que se trataba de una vieja y no confesada colaboración de espaldas a sus hermanos árabes. Sin embargo, a partir de los Acuerdos de Abraham, esa cooperación se hizo pública y se amplió. La población marroquí, en principio, no mostró grandes resistencias, pero, a partir del conflicto de Gaza, el 89% de la población desaprueba las relaciones con Israel y considera que su lugar está junto a sus hermanos árabes.

Esto nos lleva al fundamentalismo islámico en Marruecos, en tus dos libros anteriores pintabas un marco muy pesimista. ¿Ha cambiado algo?

Recordemos, en principio dos elementos a tener en cuenta: el islam marroquí, de la escuela malikita, es “moderado”, pero, así mismo, la sociedad marroquí, como todo el mundo islámico, ha demostrado sobradamente la rapidez con la que individuos “moderados”, en poco tiempo, se radicalizan hasta convertirse en fanáticos yihadistas por cualquier pequeño factor o estímulo imprevisto. Dicho lo cual, reconocemos que después de 2003 se dio un elemento que cambió completamente el panorama. Antes, Hassan II, desde los años 70, había facilitado la difusión de textos salafistas para contrarrestar la influencia marxista en las universidades y los sindicatos. Y tuvo éxito, porque, desde entonces, la “izquierda”, prácticamente, ha desaparecido en Marruecos. Pero en 2003, los potentísimos núcleos salafistas protagonizaron los atentados de Casablanca en los que murieron 47 personas. El salafismo y su red de mezquitas habían escapado al control de la casa real. Entonces se inició una persecución contra los salafista que tuvo como consecuencia más indeseable el que, los que no fueron encarcelados o no abandonaron esas ideas radicales, terminaron exiliándose en Europa Occidental. Marruecos, no solamente no colabora de manera apreciable en la lucha contra el terrorismo en Europa, sino que ha sido el principal “exportador” de terroristas a nuestro continente. Y esto no es ajeno a que, en los grandes atentados yihadistas en Europa, los marroquíes hayan estado presentes. Marruecos ha resuelto su problema con el yihadismo, poniendo un “puente de plata” para que los yihadistas se establezcan en Europa Occidental.

Pero, la sociedad marroquí ¿sigue siendo mayoritariamente musulmana? ¿se han producido procesos de laicización similares a los que se han dado en Europa?

La laicización es un proceso normal en sociedades rurales que experimentan una transformación en sociedades urbanas, como ha ocurrido en Marruecos en estos últimos 23 años. Por eso, la sociedad marroquí es más indiferente al islam hoy que entonces, pero, aquí debemos de tener presente lo ya dicho: la facilidad con la que un cambio en las circunstancias sociales y familiares puede generar un deslizamiento desde el indiferentismo religioso o desde una práctica atenuada del islam, hasta posiciones yihadistas. Y sería suicida olvidarlo. Ha ocurrido en todo el mundo árabe: en los años 50, el “panarabismo” era una forma de socialismo occidentalizado, pero, a partir de la “revolución iraní” de Jomeini y de la invasión soviética de Afganistán, todo esto cambió radicalmente y las tendencias islamistas se deslizaron hacia los sectores más fundamentalistas. En realidad, el salafismo no está completamente derrotado en Marruecos, siguen existiendo grupos y organizaciones clandestinas o semiclandestinas que se reclaman de esta corriente. Pero, hay que reconocer que las redes sociales, la extensión masiva de Internet entre la Generación Z, ha sido una de las causas de la relativa laicización de la sociedad marroquí. Y este elemento es muy importante, porque el sistema marroquí se sustenta sobre una “legitimidad teocrática”: si esta falla, o se consiente que se ponga en duda, el sistema entero está condenado a derrumbarse.

En tu libro hablas de que Marruecos nunca como ahora ha tenido que hacer frente a tantos enemigos. ¿A cuáles te refieres?

En nuestro trabajo hemos enumerado cinco enemigos, algunos de ellos, ya existían en 2003 y 2005, pero otros, especialmente los “enemigos interiores”, son nuevos. España, en principio, no debería de ser “enemigo” de Marruecos, pero la voluntad de este país de realizar la ficción geopolítica del “Gran Marruecos”, incorporando Ceuta, Melila, Islas Adyacentes, Islas Chafarinas y Canarias, atenta contra nuestra integridad nacional y lo que hace que Marruecos sea en estos momentos el único enemigo real al que deben estar atentos nuestras Fuerzas Armadas. Marruecos está en situación de guerra latente contra el Frente Polisario, pero también contra Argelia y, por lo mismo: la obsesión con reivindicar territorios de ambos países y considerar como un “hecho consumado” la anexión del Sáhara. A esto se suman dos enemigos más: por una parte, la Generación Z y por otro el nacionalismo rifeño. Una generación “conectada” nunca podrá ser una sociedad regida por principios teocráticos y dictatoriales, especialmente, cuando vive sin esperanzas. Los disturbios que tuvieron lugar a finales de 2025 y principios de 2026, cerrados con cientos de detenciones y condenas penales, ha evidenciado que la Generación Z ni está, ni posiblemente esté nunca, a favor del Majzén y de la casa real. Y luego, finalmente, está la revuelta rifeña, latente desde los primeros tiempos de la independencia, pero que sólo ahora ha reverdecido. Hassan II se vengó de la oposición rifeña, excluyendo a la región de cualquier programa de desarrollo. Y eso ha sido lo que ha generado un odio profundo entre el grupo étnico rifeño, completamente diferente al resto de la población, hasta el punto de que el partido nacionalista local, ha propuesto un entendimiento con España para combatir a la monarquía alauí. Cinco enemigos, suponen cinco frentes a los que estar atentos…, demasiados para un país como Marruecos que, militarmente está superado, tanto por Argelia como por España.

Hagamos un alto en el camino y retrocedamos un poco: ¿no sería más lógico que EEUU se decantara a favor de España que, a fin de cuentas, es miembro de la OTAN, en lugar de hacerlo del lado marroquí?

En realidad, no. Marruecos ofrece a EEUU la posibilidad de ser el portaviones que permite a los marines desembarcar y aterrizar en África. Marruecos es, para EEUU, la puerta de África, como Israel supone el acceso a Oriente Medio. Esto le da cierta ventaja estratégica. Por otra parte, el Pentágono no tiene ninguna fiabilidad en la actitud de España. Sabe perfectamente que, a partir del zapaterismo, no ha existido ningún consenso en la política exterior española, y que España es, hoy por hoy, un aliado “poco fiable”, en sus relaciones con EEUU e, incluso, en su actitud hacia la OTAN. Los gobiernos españoles de izquierdas han demostrado un antiamericanismo casi infantil, escaso interés, no sólo en la OTAN, sino, incluso hacia las Fuerzas Armadas Españolas, lo que se ha reflejado en los presupuestos de Defensa. España es hoy un país cuya política exterior no genera ninguna confianza en ningún centro de poder, acaso porque no existe. Incluso en los años del franquismo, el Pentágono se decantaba a favor de Rabat porque preveía la imposibilidad de que el régimen español subsistiera en el tiempo, mientras que una “dictadura hereditaria” en Rabat, era mejor garantía.

En tu libro haces un repaso a las “armas” que Marruecos utiliza contra España. ¿Se confirman tus previsiones formuladas en 2003 y 2005?

Sí, con una particularidad. En 2003, yo aludía a la “guerra de baja cota” y hoy se utiliza el término “guerra híbrida”. La única diferencia entre ambos conceptos es que en 2026 se ha incorporado la “guerra electrónica” a los cuatro elementos utilizados por Marruecos en 2003: la exportación de inmigración masiva, la exportación de drogas, la exportación de delincuencia y la guerra económica. Eso es todo. Uno de los memes más difundidos en los últimos meses es: “Marruecos, el destino más seguro para el turismo… todos los delincuentes están en España”, obviamente se trata de una exageración, pero que hace referencia a un hecho real: los delincuentes liberados por los distintos indultos de Mohamed VI, incluidos los yihadistas, han emprendido el camino hacia horizontes más benévolos con sus actividades delictivas. España es uno de esos destinos, acaso el principal. En la exportación de drogas algo ha cambiado: las mafias marroquíes extraen hoy más beneficio del aprovechamiento de las redes ya establecidas de tráfico de hachís, incluyendo cargamentos de cocaína negociados con los carteles colombianos y mexicanos. También puede hablarse de una convergencia de bandas marroquíes es lo que se ha bautizado como “mocromafia”, que cada ve actúa con más armamento de guerra y uno de cuyos centros operativos está en Marbella y Barcelona. En cuanto a la inmigración masiva, tanto la UE como España pagan cantidades mensuales importantes a Marruecos para que controle el grifo de la inmigración… pues bien, no solamente no detiene el tráfico de subsaharianos, sino que, además, facilita las salidas a sus propios súbditos. Del casi 1.200.000 regularizados en 2026 por el sanchismo, más del 20% son marroquíes, lo que demuestra la desidia deliberada de Rabat en la materia. Y, en cuanto a la “guerra económica”, nuestros mercados se ven cada vez más invadidos por productos agrícolas marroquíes de escasa calidad y con altos niveles de toxicidad, de los que sistemáticamente se oculta su origen con distintos subterfugios. Tanto España como la UE, gracias a las políticas globalistas y a las exigencias marroquíes, están perdiendo soberanía alimentaria, condenando a nuestra agricultura a la extinción, mientras aumenta la incidencia de determinadas enfermedades por uso y abuso de pesticidas, vermicidas, fungicidas y abonos prohibidos en la UE, pero que son frecuentemente utilizados en Marruecos. Podríamos seguir, pero creo que está claro que, hoy más que nunca, la “guerra de baja cota” de Marruecos contra España prosigue a ritmo creciente. A lo que hay que añadir el espionaje electrónico al que ya hemos aludido.

¿Es posible llegar a un conflicto abierto con Marruecos?

Rabat se contenta con aguijonear a España, para pulsar el estado de ánimo de nuestro gobierno y su capacidad de reacción. La “operación Ceuta” le ha confirmado en la debilidad del sanchismo, pero la reacción de la población española y de la población ceutí, le ha confirmado que la anexión de las dos ciudades y de Canarias, va a ser mucho más conflictiva de lo que preveía. Una legislatura más con Sánchez en el poder y se hubiera llegado a la co-soberanía de ambas ciudades, paso previo para el tránsito a la plena soberanía marroquí en poco tiempo. Pero sin un Sánchez o un Zapatero en el poder, es decir, sin la traición y la debilidad hecha “gobierno de España”, las cosas van a ser más lentas, sino imposibles. El ejército marroquí no puede competir ni con el español, ni tampoco con el argelino. De hecho, es posible que ni siquiera esté preparado para una guerra abierta en el desierto. Confía, sobre todo, en los drones kamikazes mucho más que en sus fuerzas blindadas; su única experiencia en combate es en la guerra contra el Polisario. Sus fuerzas navales son muy reducidas y si bien es cierto que se está rearmando con reactores norteamericanos, lo cierto es que, incluso en aviación de combate, va muy por detrás de España. Nuestro país dispone de mejores tropas de élite y de mayor preparación para el combate, a pesar de que el ejército marroquí sea más numeroso. Marruecos es consciente de esta inferioridad y busca solamente practicar el binomio diplomacia-espionaje, ambos muy agresivos, para mejorar posiciones y lograr sus objetivos. Suele firmar acuerdos de compra de armamento con países a los que pide, a cambio, apoyos políticos en determinados temas (la cuestión del Sáhara, la final del Mundial de Fútbol 2030, etc)… esto hace que su ejército parezca una verdadera feria de armamento, con blindados procedentes de seis o siete países diferentes, algunos de los cuales, ni siquiera han experimentado su utilidad en situaciones de combate real. España, por su parte, vende torretas para blindados de última generación, y Sánchez, literalmente, ha regalado ¡por un euro! torpedos y góndolas para bombarderos. Es un ejército que, sobre todo, tendrá importancia en conflictos civiles interiores, pero en su proyección exterior es meramente decorativo. El hecho de que sus mejores unidades blindadas, estén apostadas lejos de las fronteras con Argelia y de las zonas de combate con el Polisario, indican que Rabat fía toda su estrategia a los drones.

Por último, ¿es cierto que la salud de Mohamed VI es mala y que el Majzén está promocionando a su hijo, futuro Hassán III?

Sí, es rigurosamente cierto que la salud de Mohamed VI es más que precaria: está afrontando un catálogo de enfermedades degenerativas en estado avanzado que derivan de su, digamos, “alocada juventud” y de vicios que ha seguido practicando en su madurez. El mismo día en que 100.000 marroquíes invadían Ceuta, en la Fiesta del Trono, la imagen que dio el sultán fue de un hombre decrépito, débil y acabado, a pesar de su relativa juventud (62 años). Franco a esa edad, pescaba salmones, después de haber sufrido gravísimas heridas en combate en su juventud… Obviamente, el sucesor será su hijo, pero hay un problema: Mohamed VI está separado de su esposa, una mujer rifeña, muy independiente, que jamás ha utilizado el velo islámico, pelirroja, y que vive en un palacio cerca de Rabat con sus dos hijos: ella es la que ha modelado el carácter de su hijo Muley Hassán y existe la posibilidad de que lo haya hecho desde una perspectiva “occidentalizada”. Por de pronto, el futuro rey no permite el “besamanos”, gesto típico de sumisión practicado hasta ahora por todos los sultanes. Es una medida, indudablemente, inducido por su madre. Se trata de un heredero joven, 23 años, que todavía no está preparado para ocupar el trono y que, para colmo, genera desconfianza dentro del Majzén por sus tendencias “occidentalizadoras”. Los sectores más conservadores de la oligarquía marroquí, preferirían que la corona la ocupara Muley Rachid, hermano de Mohamed VI, una persona más en sintonía con la tradición marroquí. Por el momento, el Majzén presenta a Muley Hassán como “el rey de los jóvenes”, en un desesperado intento de atraer a la Generación Z, batalla perdida por anticipado. El tema de la sucesión es otro de los puntos negros que genera más incertidumbre en la cúpula del poder.

Pregunta.- Con todo esto, nos hacemos una idea del contenido de tu libro “De Perejil a Ceuta”, pero quedaría una última cuestión para terminar: ¿has utilizado la IA para componer las casi 500 páginas de la obra?

Respuesta.- En 2003 y 2005 me serví, fundamentalmente, de los partes de EFE. Por mi trabajo entonces, tenía acceso a la base de datos de la Agencia y eso facilitó mi tarea. Hoy, por supuesto, Google, que en 2003 estaba en pañales, está mucho más desarrollada y, obviamente, su IA, Gemini, me ha ayudado a confirmar o desmentir algunos datos, pero hay un punto en el que, si he consultado a tres IA, Geminis, Chat GPT y DeepSeek, y lo he hecho constar; es una cuestión, digamos, “comprometida”. Realicé la misma pregunta a estas tres IA: “¿Existen nexos entre el narcotráfico y el Majzén?”, en los tres casos, la respuesta fue afirmativa… En el resto, como he dicho al principio, esta obra es de recopilación de datos, análisis y opinión, por tanto, refleja, como podrán comprobar los lectores las conclusiones a las que me han llevado los datos reunidos en más de 400 fuentes consultadas y referenciadas en la obra.





 

ACABA DE APARECER: "DE PEREJIL A CEUTA - 23 años de guerra híbrida contra España

Lo que se inició en el islote de Perejil en 2003 se fue desarrollando en los siguientes 23 años, hasta concluir en la invasión de Ceuta y no parece que vaya a detenerse mientras España y la Unión Europea, no impongan a Marruecos “líneas rojas”. Muchas. Porque en estas últimas décadas, las deslealtades, los incumplimientos de acuerdos firmados y las operaciones hostiles de “inteligencia”, se han ido acumulando por parte de Marruecos. En su afán expansionista y en su rapacidad, el rey de Marruecos –y el Majzén que lo circunda y constituye su penúltima línea de defensa– ha podido aprovecharse de una Unión Europea que, desde principios del milenio, perdió el norte y renunció a ordenarse en torno a  una Constitución formal, y de unos gobiernos españoles que destilaban debilidad disfrazada de “generosidad”, y han terminado siendo una verdadera gangrena para el pueblo español y un auténtico abono orgánico para las aspiraciones marroquíes.

Hemos llegado a un punto en el que ya no es posible mirar a otra parte, ni ignorar la situación real: Marruecos es un peligro para España y para Europa. No puede chantajear por más tiempo con la amenaza de abrir los grifos de la inmigración si no se satisface su rapacidad económica. No puede seguir sirviendo productos agrícolas de dudosa calidad, etiquetado equívoco y saturados de pesticidas, vermicidas, fungicidas, insecticidas, prohibidos por la UE. No puede realizar reiteradas operaciones de espionaje sobre los líderes y ciudadanos europeos, no puede comprar diputados europeos para que actúan contra los intereses de quienes los han elegido. No puede seguir exportando delincuentes hacia el norte, ni ofreciendo “puentes de plata” a los yihadistas nacidos sobre su territorio... No puede sellarse ni un acuerdo más, con el país que utiliza todas estas tácticas; más bien, se trataría de revisar los acuerdos ya suscritos, modificar la legislación europea en materia de expulsiones de inmigrantes ilegales y obligar a Marruecos a que mire hacia su lugar natural: África y abandone su fantasía europea.

Así pues, esta obra, parte de la base de que esa “guerra de baja cota” (que ha pasado a ser, como veremos, “guerra híbrida”) sigue en marcha aquí y ahora. Y lo que vamos a repasar es, su evolución en estos últimos 23 años y su estado actual.

Líneas rojas: el gobierno español digno de tal nombre, que sea capaz de trazarlas y mantenerse firmes en su defensa, conseguirá desactivar las reiteradas ofensivas de Rabat. Tal es el mensaje que pretende transmitir estas páginas.


SUMARIO:

Introducción
PRIMERA PARTE - Veinte años de política marroquí.
    1. Desarrollo y pobreza 
    2. Los partidos en una teocracia autoritaria
    3. Las reformas realizadas y las reformas pendientes
    4. El cuello de botella del Majzén
    5. Geopolítica y aspiraciones de Marruecos
    6. El mito del poder militar de Marruecos
    7. Las oscilaciones del islam marroquí
SEGUNDA PARTE - El estado de la “guerra de baja cota” contra España.
    1. El arma de la inmigración masiva
    2. El arma de la delincuencia
    3. El arma de la droga
    4. El arma económica
    5. El arma del espionaje
TERCERA PARTE - Maruecos afrontando su futuro
    1. El dramático historial clínico de Mohamed VI
    2. Muley Hassán, Hassán III, el enigma del futuro
Conclusiones


CARACTERÍSTICAS

Tamaño: 15 x 23 cm.

Páginas: 480

Impresión en papel de 89 grs.

Portada plastificada

Previo de Venta al público: 32,00 euros

Pedidos: DE PEREJIL A CEUTA

Correspondencia: eminves@gmail.com





viernes, 30 de octubre de 2026

ENTREVISTA SOBRE "LOS HOMBRES Y LAS RUINAS" DE JULIUS EVOLA

Hace unos meses, Manuel Queda (Editorial EAS) nos entrevistó a Eduard Alcántara y a mí, sobre la obra de Julius Evola "Los hombres y las ruinas", que acababa de publicar en edición autorizada por Edizioni Mediterranee. En su momento, personalmente estaba embarcado en la elaboración de un amplio trabajo sobre Marruecos (que estará a disposición de los interesados a partir del 2 de noviembre de 2026) y no pude contribuir a la difusión del vídeo. Hoy lo hago para aquellos que os interese la obra de Evola, el pensamiento tradicional y su actualización. Solo añadiré que “Los hombres y las ruinas” es el gran manifiesto de la derecha tradicional y me merece ser conocido, leído, y digerido, si se aspira a asumir el pensamiento “radical” (en el sentido de atacar las raíces de los problemas) y a actuar en consecuencia.

Todos los interesados en adquirir el libro pueden dirigirse directamente a EAS (editorialeas@gmail.com) o bien directamente a mí (ernesto.mila.rodri@gmail.com) 






miércoles, 28 de octubre de 2026

¡Pobre Europa! Un artículo de Drieu La Rochelle escrito en mayo de 1944 y nunca traducido al castellano


Pobre Europa, te abandonas a los cuatro vientos de tu desastre.

Viento asiático, viento eslavo, viento judío, viento americano.

Y no lo sabes. Habrás muerto sin saberlo.

Esto es porque no tienes conciencia de ti misma, o has perdido esa conciencia, o no la has recuperado. Tuviste una conciencia, pero poco a poco has ido perdiendo sus instrumentos.

Conciencia cristiana: conciencia para el papado, la Iglesia, las grandes órdenes.

Conciencia de la expansión franca, de la expansión germánica, del feudalismo, del Imperio.

Conciencia del arte francés, del arte italiano, de nuevo del arte francés, del arte alemán, del arte inglés.

Conciencia de los Renacimientos, de la Reforma, de la Revolución.

Conciencia de la filosofía, de la ciencia.

Conciencia de la monarquía, la aristocracia, la burguesía y el proletariado.

Conciencia del socialismo.

Conciencia del sufrimiento de 1914-1918, conciencia de Ginebra. Conciencia del fascismo y el antifascismo, del comunismo y el anticomunismo.

Aún no has adquirido tu nueva conciencia por la internacional de las naciones, por la federación de tus potencias grandes y pequeñas que elegían una hegemonía para la unidad de tu socialismo. Y, sin duda, la adquirirás demasiado tarde.

Europa, tú que no eres un Imperio, estás invadida por dos Imperios.

El ruso y el americano.

Estos dos imperios quieren tu derrota y tú no lo sabes.

Es más, te prestas al juego de estos imperios a través de tus fuerzas desunidas.

Muchos europeos son partidarios del Imperio ruso y muchos son partidarios del Imperio estadounidense. Claman a voz en grito el despliegue y la explosión de la fuerza rusa y de la fuerza estadounidense sobre Europa. Se regocijan cuando las hordas asiáticas y eslavas entran en Europa, en tus provincias de Rumanía y Polonia, cuando las flotas estadounidenses bombardean la patria de tus patrias: Italia, donde, tras décadas de decadencia, conservabas una de tus imágenes más preciadas y antiguas en casi completa integridad física.

Ya en 1941 una de tus islas avanzadas, Irlanda, era pisoteada por los estadounidenses y tú no te habías preocupado.

El Imperio Británico era, en el mundo, una presencia de Europa (una compensación a la descentralización, a la extravagancia de Inglaterra fuera de Europa). Ahora este Imperio está subordinado de manera humillante a los Imperios estadounidense y ruso.

En América ha perdido casi todo lo que tenía allí, en cierto sentido en nombre de Europa. Es una derrota y una humillación para Europa el hecho de que las islas inglesas de la costa americana estén ocupadas por guarniciones estadounidenses; hay que añadir que Canadá se desliza hacia la versatilidad estadounidense.

El hecho de que las repúblicas sudamericanas, tan vinculadas a Europa, se sometan una tras otra al yugo estadounidense, y de que incluso el Servicio de Inteligencia se vea obligado, a causa de ese yugo, a recurrir a intrigas débiles y encubiertas contra el desembarco yanqui, supone una amenaza para la influencia europea en el mundo.

La misma situación se da en el Pacífico y en Asia, donde lo que Inglaterra no ha cedido a los japoneses o a los chinos, debe abandonarlo a las iniciativas defensivas y ofensivas de los estadounidenses.

Y así, Inglaterra debe repartirse con Rusia y con Estados Unidos también África, el Cercano y el Medio Oriente.

Lo mismo puede decirse del Imperio francés, del Imperio portugués, del Imperio español y del Imperio neerlandés.

Y, más que ningún otro pueblo europeo, los ingleses actúan como heraldos de los estadounidenses y los rusos. De hecho, desde Guillermo el Conquistador, las islas británicas se han visto invadidas por millones de estadounidenses ignorantes y despectivos. Inglaterra ha sido ocupada por extraeuropeos incluso antes de que lo fuera el resto de Europa.

Si Inglaterra es terriblemente culpable ante Europa, también lo es Alemania. Al abandonar su imperio, Inglaterra abandona sus bienes, sus posesiones y el prestigio de Europa en el extranjero, y desencadena la doble invasión de Rusia y América; por otra parte, Alemania impide que las comunidades europeas se confederen en torno a ella, al no saber superar su nacionalismo, su imperialismo, al no saber transformar su revolución particular en una revolución universal, al no saber eliminar todos los elementos retrógrados que aún lleva en su seno: ella, pura fuerza socialista, arde en el altar de la patria europea. En 1940, Alemania no comprendió su propia tarea, solo la presintió vagamente: pronunció la palabra Europa sin poner en ella nada más que un vago estremecimiento instintivo.


Absorto en su acertada visión del peligro ruso, el clarividente Hitler siempre actuó con sabiduría en función de este peligro.

Pero no comprendió que los gestos que realizaba fuera de Rusia no podían pasar desapercibidos para quienes se veían afectados por esa amenaza ignorada, surgida en una amplia zona de Europa.

Creía que las «ocupaciones» eran solo una etapa hacia otra cosa, hacia la reanudación de la marcha hacia el Este, tal vez solo maniobras secundarias y accesorias con respecto a ese movimiento esencial. Pero no fueron consideradas como tales por los interesados, quienes solo vieron en ellas el preludio de vulgares conquistas.

Tenemos, pues, una serie de territorios ocupados que se consideran los elementos virtuales de una acumulación imperialista; no se pueden transformar en las transposiciones vivas de una declaración escrita, orientadas voluntariamente hacia una hegemonía electiva, si no se extiende por todas partes un soplo común, un movimiento común, que coordine en una acción y una esperanza comunes a los desconcertados habitantes de estos territorios.

A estos pueblos, que al estar ocupados se consideran a punto de ser conquistados, no se les puede pedir que aporten trabajadores y soldados si no se les propone al mismo tiempo un compromiso interno. Un compromiso que, al ser a la vez propio de cada pueblo de Europa, resulte común a toda Europa.

Los pueblos de Polonia y Bretaña, de Noruega y Grecia no pueden tener ganas de defender la unión de sus países en cuanto a Europa, a menos que se les dé algo nuevo que defender; algo que, en cuanto europeos, les interese ahora.

Europa no puede interesarse por sí misma como un recuerdo que resucitar, un recuerdo ignorado por la mayoría; solo puede interesarse por un nuevo compromiso, que pueda hacer tangible su existencia, ya sea que esta comience o que recomience.

Solo puede comprender la guerra exterior en las obras de una guerra interior; solo puede comprender una guerra contra el comunismo en la realización de la guerra socialista.


Alemania solo podía despertar el interés de los pueblos por su presencia, permitirles verla desde una perspectiva distinta a la de la potencia ocupante, si convertía esa presencia en una presencia revolucionaria. Los alemanes no interesan por ser alemanes, no más que los ingleses, los estadounidenses o los rusos; lo que interesa es lo que unos y otros pueden aportar. Unos, el comunismo; otros, la democracia capitalista; los alemanes debían imponer el socialismo.

Cada ocupación alemana debía transformarse en una revolución nacional; habría sido un latido de la revolución europea.

Al principio, los pueblos se sintieron decepcionados por las ocupaciones alemanas, precisamente porque eran ocupaciones; se resignaban, para bien o para mal; se resignaban a ser derrocados.

Había una esperanza en aquel terror que, en 1940, había precedido a la llegada de los ejércitos alemanes: se creía que eran ejércitos revolucionarios, más rudos, pero al mismo tiempo más innovadores.

Por desgracia, no pasó nada: solo eran ejércitos de otros tiempos y, en un primer momento, solo más amables que aquellos.

Al principio parecían tranquilizadoras; luego empezaron a hacerse oír las quejas, que no dejaban de aumentar. Hubiéramos preferido sentirnos más conmocionados al principio, más consternados.

Se trató únicamente de una ocupación militar que, ante las diversas dificultades, solo pudo reaccionar con medios militares y, posteriormente, policiales. No conocimos el nacionalsocialismo, solo conocimos a los ejércitos y a la policía. No conocimos el contenido de la Alemania hitleriana, sino solo sus instrumentos externos.

Alemania quiso respetar la antigua convención de las autonomías, de las soberanías nacionales. Entonces tuvo que emplear medios, no menos convencionales que los que se usaban en el pasado, para rodear y asediar estas autonomías: medios de presión diplomáticos, financieros, económicos, militares, políticos.

Pero se necesitaban medios más nuevos, más respetuosos, más vitales que la conquista revolucionaria.

Hacer un llamamiento a las grandes alianzas íntimas y directas entre el genio del pueblo alemán y el genio de los demás pueblos, entre las fuerzas revolucionarias de Alemania y de otras naciones. Para asentar la hegemonía militar sobre la federación de las revoluciones.

Es lo que, en vano, habían intentado hacer los angloamericanos; es lo que, sin duda, harán los rusos.

Los estadounidenses tienen verdaderos aliados: los demócratas; los rusos tienen a los comunistas; los alemanes no han reconocido a sus aliados naturales, los socialistas europeos.

Pero estos, pocos al principio, solo podían desarrollar sus fuerzas en un clima de tumulto general, de convergencias ardientes.

Alemania tuvo miedo. Temiendo por la cohesión y la eficacia de su ejército, Alemania tuvo miedo de convertirlo en un arma revolucionaria; pero los únicos ejércitos que han hecho historia en el mundo han sido los de las revoluciones armadas.

Alemania tuvo miedo de dejar de ser ella misma para convertirse en Europa; su águila no se convirtió en un fénix dispuesto a renacer de sus propias cenizas.


¿Es, pues, demasiado tarde? La comunidad de sufrimientos por las masacres rusas y estadounidenses, los incendios, las ruinas: ¿acaso todo esto confunde a ocupantes y ocupados, conquistadores y conquistados, defensores y defendidos? ¿Quedan aún fronteras en Europa para las naves de aviones estadounidenses, para las hordas asiáticas? ¿Quedan aún aduanas entre las multitudes reducidas a la miseria? ¿Puede haber acaso una bandera distinta de la roja, en la superficie de un continente enteramente reducido al socialismo marxista, lo quiera o no? ¿Quién podrá levantar a Europa de entre las ruinas, si no es el socialismo? Desde luego, no serán los bancos ni los trusts.

Ahora es el momento de que los alemanes no solo proclamen, sino que hagan realidad el socialismo europeo sobre las ruinas de Europa. Porque, en medio de estas ruinas, aún queda nuestra alma por defender.

El peor momento es el mejor.

Las transformaciones sociales decisivas se llevan a cabo en plena guerra.

Fue en plena guerra cuando la Inglaterra puritana, la Alemania luterana, la Francia jacobina y la Rusia leninista dieron los pasos decisivos en la lucha interna.

Ahora, damos paso a Drieu La Rochelle en un texto que, creemos, nunca antes había sido traducido al español.

 






!Pobre Europa¡ Algunas consideraciones ante la oleada de violencia de nuestro tiempo

En mayo de 1944, Pierre Drieu La Rochelle escribía estas líneas. Ochenta y dos años después, el drama europeo prosigue acentuado. Estamos lejos de los tiempos en los que había que elegir entre USA y URSS. Esta alternativa concluyó con el final de la Guerra Fría. Hoy, la auténtica elección, la única posible, es entre CIVILIZACIÓN o BARBARIE. Y no hace falta hacerse ilusiones: el enemigo, el salvajismo, lo estamos viendo estas semanas en las calles de Europa, ya está dentro de la fortaleza sitiada desde hace décadas. Salvar a Europa hoy solamente puede hacerse aceptando con serenidad y conciencia, que solamente siendo más despiadados que el adversario, lograremos salvar la herencia acumulada que recibieron nuestros pueblos desde la Grecia clásica. Ni las leyes, ni las fuerzas de seguridad del Estado, ni las instituciones, lograrán triunfar sobre una barbarie que desprecia como “fascista” todo aquello que es Orden, Autoridad y Jerarquía. Están bien las elecciones y está bien el entregar el voto a la opción más segura contra la barbarie. Y todos sabemos cuál es. Pero no es suficiente: hace falta prepararse mental y psíquicamente para las destrucciones que vendrán. Ser conscientes de los valores de nuestra tradición milenaria y que “vencer” no es negociar con el enemigo, sino aplastarlo y arrojarlo fuera de los límites de Europa. No hay, ni puede haber término medio. Y quien se sitúe en esas posiciones “centristas” debe ser considerado tan traidor como quien haga causa común con el enemigo y le haya abierto las puertas.


El texto de Drieu y los “nuevos elementos” a considerar

Quizás este texto de Drieu La Rochelle, sirva para que algunos reflexionen sobre el sentido de la barbarie y el salvajismo que estos días prolifera en las calles de Europa.

El texto puede parecer confuso en algunos puntos y fuera de lugar en otros, pero lo esencial es retener que hoy Europa ya no está amenazada ni por los carros soviéticos, ni por la ocupación USA. Europa está invadida y el enemigo está dentro. Francia, Bélgica, Italia y España (en Barcelona, en Galicia y en el País Vasco, por el momento y mañana en todo el territorio), países de Europa Occidental que han sufrido oleadas migratorias masivas en las últimas décadas son, precisamente, países en los que ha estallado una violencia incontrolable. Esta coincidencia no es ajena a lo que ha ocurrido. Vale la pena destacar algunos puntos:

1) Contrariamente a lo que plantean algunos “analistas de seguridad”, la “violencia revolucionaria” no ha sido la característica de la presente oleada de violencia, entre otras cosas porque ya no existen grupos revolucionarios organizados. Existen “grupos antisistema” que unen un deseo de “aventura” propia del final de la adolescencia y salen a la calle con cualquier excusa. Es un tipo de violencia que puede ser considerada como “rito de tránsito” de la adolescencia a la juventud

2) Luego está la “violencia reactiva” que aprovecha convocatorias sobre no importa qué cuestión: siempre hay alguna minoría dispuesta a aprovecharla para el ejercicio de su “gimnasia” favorita. Lo mismo vale una “huelga general” (como veremos el próximo día 11 de noviembre gracias a la irresponsabilidad de los sindicatos y del gobierno socialista), un proceso independentista, una reivindicación sobre la vivienda, un mitin de cualquier partido. No importa el motivo, lo que importa es salir a la calle a desfogarse arrojando piedras. Para practicar esta violencia reactiva, solamente hace falta una excusa.

3) El salvajismo que se percibe hoy en las manifestaciones que están teniendo lugar en Europa Occidental (incluso en España), es un elemento nuevo e inédito. No hace falta ser un sociólogo experto para advertir a través de las imágenes que los rostros de los saqueadores es casi siempre el mismo: africanos, magrebíes o subsaharianos… con DNI español la mayoría, pero el ADN es como “el pelo de la dehesa”, sale a flote antes o después. Lo que hacen es hacerse con el botín que son incapaces de ganar con sus salarios. Es el precio a carecer de interés por la formación profesional, haber abandonado los estudios en primaria y dedicarse al trapicheo o al cobro de paguitas como solución vital.

Con Drieu, debemos decir: “¡Pobre Europa!”.

No albergamos la menor duda de que no existe una “inteligencia” que guíe todas estas revueltas y si alguien quisiera ejercer el control, pronto se vería superado: lo que existe es un ADN que lleva implícito el odio hacia Europa, hacia los europeos, propio de aquellos que creían que aquí ataban los perros con longaniza y que solo con llegar, tendrían coches de alta gama, relojes de lujo, zapatillas de marca y que los europeos trabajaríamos para ellos, unos porque “se lo merecían” como pago al colonialismo, otros porque su dios del desierto es el único verdadero y a él se pliegan las naciones, sino voluntariamente, que sea por la yihad…

Pero nosotros, europeos del siglo XXI, no somos culpables del colonialismo y, por otra parte, si bien es cierto que hubo explotación colonial, también es cierto que, a cambio, se enseñó a estos pueblos lo que era el siglo XX. Sin olvidar que la descolonización supuso una masacre de colonos europeos (no de “colonialistas”), masacre que todavía continúa en Sudáfrica.

Por regla general, el africano, tanto el subsahariano como el magrebí, parecen ignorar que solamente la preparación profesional, esto es, la educación, permite coger el “ascensor social”. En toda Europa Occidental los niveles elevadísimos de fracaso escolar de los adolescentes africanos, y el pensar que jugando a fútbol como Yamal o como Mbapé o trapicheando, lograrán ganarse la vida, es el pasaporte para vivir de una “paguita”, llámese “Salario Mínimo de Inserción” y el “Ingreso Mínimo Vital” que dan para vivir sin trabajar, pero no para permitirse ningún lujo. De ahí el odio social y el salvajismo que destilan las protestas de estos días. Se les ha enseñado a recibir sin dar nada a cambio: y, como es lógico, piden más: Piden poder igualar los niveles de consumo más elevados, o, de lo contrario, creen que su miseria se debe a discriminación, xenofobia y racismo.


Del “socialismo” de izquierdas a la “justicia social”

Drieu habla de “socialismo”: en realidad, hoy, el término equivalente es el de “justicia social”, unión de derechos y deberes del ser humano con la sociedad. Ésta le da algo y a cambio, el receptor entrega su esfuerzo a la comunidad. El “socialismo” de hoy consiste en dar algo a cambio de nada; el socialismo del que habla Drieu es que la sociedad da a cambio de un esfuerzo en beneficio de la comunidad. La peor pedagogía es la practicada por las ONGs, repartir migajas gratis, en una “justicia distributiva” en la que “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte”. Quien dice “ayuda humanitaria”, en la inmensa mayoría de los casos, debería decir con mayor propiedad “estafa humanitaria”. Las aportaciones de dinero público que reciben las ONGs, son destinadas, en primer lugar y sobre todo, a repartirse entre sus propios “funcionarios”. Lo que queda, se reparte entre publicidad (de tanto en tanto, algún incauto, envía alguna aportación) y una mínima parte de lo recibido, se emplea en la tarea “humanitaria” para la que ha sido creada la ONG.

De hecho, cuando el PSOE y sus aliadas hayan desalojado los ministerios, será el momento en el que habrá que “levantar las alfombras” y someter a todas las ONGs a inspecciones sobre el destino de los fondos recibidos. Es algo que está incluido en la ley que regula la actividad de las ONGs… pero que nunca se aplica.  

Y las ONGs, desde el momento, en el que un ilegal pone pie en España, empiezan a entregarle todo lo necesario para que su estándar de vida sea “europeo”: zapatillas y ropa de marca, teléfono móvil. Luego, el Estado se encarga del resto, introduciéndolo, sin nada a cambio, por supuesto, en el uso y disfrute de los “servicios públicos”: no es de extrañar que, tanto la educación como la sanidad estén literalmente desahuciados en Europa y, particularmente, en España: jóvenes que no valores lo que se les ofrece en las aulas y que se convierten desde el primer día en un lastre para la buena marcha del curso; gentes que han entrado sin que se les hiciera un examen médico previo, que están cada día más presentes en los hospitales, cuando deberían ser atendidos en su países de origen, independientes y soberanos…

Negar el derecho a la “sanidad universal” no es una muestra de egoísmo y falta de solidaridad con los enfermos, es el reconocimiento lógico y natural de que España no puede ser el hospital de toda África, entre otras cosas, porque los africanos quisieron ser independientes, tienen sus Estados y sus sistemas sanitarios. Si no funcionan, es un problema de estos mismos Estados, de sus gobiernos y de sus ciudadanos, no de Europa. En el Titanic se salvaron 712 personas en los botes salvavidas… 1.512 perdieron la vida. Lo más seguro es que, de haberse intentado subir todos los pasajeros y tripulantes a los botes, nadie se hubiera salvado. Pues bien, esto mismo es lo que pasa con la sanidad pública. Ni está concebida para prestar un “servicio universal”, ni puede pensarse en que lo esté.


¡Pobre Europa! Víctima de las “élites europeas”… 

Y los rectores de Europa desde 1945, les han ido abriendo las puertas y otorgándoles más y más derechos. Sin límite, sin control, sin ninguna exigencia previa. Y ahora nos aproximamos ya al final del ciclo: cuando, la deuda pública resulta impagable, cuando ya no se puede exprimir más al contribuyente europeo, cuando Europa Occidental se está convirtiendo en un estercolero, rodeado de campamentos improvisados de gentes que deberían estar en sus países de origen y no vegetando en Europa, esperando el día 25 para cobrar la “paguita”. Y, si se da la oportunidad de movilizarse para saquear una calle comercial, mejor que mejor.

Ningún analista duda de que la absurda, inoportuna, fantasmal y chiripitifláutica convocatoria de "huelga general" por parte de los comegambas que están al frente de sindicatos parasitarios, será la gran ocasión para extender la violencia a todo el territorio nacional. Si Pedro Sánchez piensa que la población hará lo que en otras ocasiones, ponerse bajo el paraguas protector del Estado y votar por el partido que ha detentado las riendas en los últimos nueva años, se equivoca. 

Hay que votar masivamente en las próximas elecciones generales y hay que votar considerando las necesidades de nuestro tiempo: restablecer la autoridad y el prestigio del Estado y expulsar a la escoria socialista y a sus muñidores, de los puestos de responsabilidad y de las instituciones. no basta con que la sigla PSOE sea derrotada: lo que hay que derrotar para siempre es el "sanchismo" y que renazca, bajo esa sigla o bajo cualquier otra "progresista y de izquierdas". Y para ello es preciso:

1. Que el PSOE quedé por debajo de los 100 diputados.

2. Que la derecha controle el 80% del senado.

3. Que la izquierda radical y el independentismo queden reducidos a la mínima expresión.

4. Que el gobierno de coalición que surja, sea un gobierno fuerte y aplique políticas decididas y radicales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

5. Que el gobierno que surja levante las alfombras y proceda a una auditoria general en los ministerios y quede claro el destino que en estos últimos nueve años ha tenido hasta el último céntimo de dinero público. 

Y para ello es preciso entregar el voto al único partido que hasta ahora está limpio de acusaciones de corrupción y que existe la seguridad que se esforzará en convertir su programa en política de Estado. Hoy por hoy, Vox supone el voto más seguro contra la inmigración masiva, contra la corrupción, contra el despilfarro del dinero público y contra las políticas suicidas de la UE.

Quien esto escribe, ni es miembro de Vox, ni aspira a serlo. Nos limitamos a ser observadores imparciales y es, precisamente, esa imparcialidad la que nos obliga automáticamente, tras detectar la naturaleza de los problemas y los distintos programas políticos, 

Pero, si creemos que, con votar una vez cada cuatro años, ya hemos cumplido, nos equivocaríamos. La situación del país es tal que, además del voto, hace falta una movilización nacional y una presión desde la calle para que el gobierno que sustituya al sanchismo, se decida a adoptar las medidas radicales (en el sentido de que tiendan a extirpar las raíces del os problemas) necesarias en estos momentos y que son condiciones sine qua non, para una reconstrucción nacional.

Los “años decisivos” han llegado: ¡estemos al altura del legado recibido!

Nos acercamos a tiempos decisivos. Lo más triste es que, va a ser inevitable que paguen justos por pecadores, pero hace alta LIMPIAR EUROPA y para ello, hace falta:

1. Tomar conciencia del problema. No todos los europeos son conscientes de lo que está pasando. Muchos creen que con “la educación” se alcanzaría la “igualdad” entre autóctonos y “nuevos europeos”. En realidad, ocurre justo lo contrario: los jóvenes inmigrantes desconsideran la educación y la formación profesional y sus compañeros de clase menos dotados, hacen causa común con ellos. Así que no: la “educación” no es la solución, porque la educación está quebrada en Europa Occidental (y no digamos en España).

2. Tomar conciencia de que solamente soluciones radicales y definitivas, sin medias tintas, ni contemplaciones, son las que pueden solucionar los problemas. Los “grandes valores democráticos” (libertad, igualdad, fraternidad) no son los que necesita esta lucha final, sino: Orden, Autoridad, Jerarquía. Y no hay punto medio. Restablecer el Orden, el principio de Autoridad y la Jerarquía, es algo que no admite “centrismos”, ni “diálogos”: o se acepta, o se rechaza. Si se acepta, se está del lado de Europa, si se rechaza, se está del lado de África y del desierto.

3. Quien crea que “defender la democracia” es el eslogan del momento parece olvidar que la barbarie ha llegado con la democracia, se ha expandido con la democracia, ha encontrado su abono en la democracia y ofrece con la democracia. Si queremos seguir defiendo una “democracia europea”, hace falta un alto en el camino, un electroshock breve, pero contundente, que permita partir de una nueva normalidad. Eso, o de lo contrario, dentro de las democracias seguirá creciendo el salvajismo.


4. El problema no es “qué hacemos con las bolsas de inmigración”, sino lo que implicaría expulsar progresivamente estas bolsas del territorio europeo. Y sobre este tema, vale la pena hacer algunas reflexiones:

- La inmigración llegó sin que nadie la llamara: sólo las élites políticas que creían en la “globalización” recurrieron al “ejército de reserva del capital” para abaratar los costes en el tramo final de la Tercera Revolución Industrial. Para sostener el crecimiento económico y los buenos negocios era necesario contar con mano de obra barata: y esa se reclutaba en el Tercer Mundo.

- Pero, esta idea, propia de los años 90 y ya resulta indefendible: lo propio de la Cuarta Revolución Industrial es la irrupción de nuevas tecnologías (ingeniería genética, criogenia, computación cuántica, robótica, inteligencia artificial, etc.) que, en síntesis, no precisan aluvión de inmigrantes, sino personal técnico cualificado.

- La ley de hierro de esta revolución industrial (la única “revolución” posible en nuestro tiempo) es: “hacer más con menos mano de obra”… por tanto, incluso en los trabajos agrícolas, la inmigración (y su descendencia) son completamente innecesarios… a menos que se trate de científicos, técnicos y expertos, no de aspirantes a una paguita, la condición de nin-nis, o a emular a Yamal o a Zidane…

- Dentro de poco tendremos una serie de servicios que se realizarán sin participación humana y que cada día se están implementando más y más: paquetería servida a través de drones y vehículos autónomos que, además, sustituirán a los taxis y a las empresas tipo Cabify, centros de logística sin empleados servidos por robots, bares y restaurantes sin camareros, empresas de seguridad que parecerán inspiradas en Robocop y que solamente contratarán a drones y robots de vigilancia, equipos agrícolas que controlarán todo el proceso de producción con un mínimo de empleados, robots domésticos de alquiler que sustituirán a las limpiadoras de hogar y a las trabajadoras de hoteles, reponedores de supers robóticos, entre 10 y 15 años más ni siquiera harán falta actores porno ni prostitutas, la IA y la robótica ejercerán como “trabajadores del sexo”…

- En este contexto, ¿qué necesidad tenemos de inmigrantes que llegan sin formación profesional, que lastran los servicios sociales y, en especial, la educación y que, en su inmensa mayoría, carecen incluso de interés por aprender oficios que en el futuro pueden tener alguna garantía de servirles para ganarse la vida?

- No importa que la población de Europa disminuya. Cada vez “menos, harán más”. Lo único que importa es que al frente estén políticos y administradores responsables, en lugar de cleptómanos o de pobres aprovechados deseosos de vivir a la sombra del dinero público. La mejor política económica es una política de austeridad y rigor en el gasto público y de realismo: disminuir la deuda, rebajar impuestos, achicar las dimensiones del Estado, liquidar los focos de gastos faraónicos, especialmente en ayuntamientos y autonomías, liquidar diputaciones provinciales y todos aquellos organismos y ministerios que no sean necesarios: y en cuanto a las ONGs, el que quiera vivir de ellas, que busque dinero en la empresa privada.

- Especialmente, es importante, abordar el proceso de REMIGRACIÓN. La inmigración ha sido un cáncer que ha generado la proliferación vermicular de patologías económicas y sociales: si ha subido el precio de la vivienda es, precisamente, porque, en pocos años han llegado 10 millones de inmigrantes que han superado la capacidad de construcción de vivienda pública, han encarecido su precio (al haber mucha demanda, tanto de compra como de alquiler) y han generado fenómenos tan perversos como alquileres y compra de pisos a precios desmesurados, la okupación ilegal como alternativa y procesos de gentrificación en las grandes ciudades.

- Hace falta que retornen a sus países de origen todos aquellos inmigrantes improductivos que, hoy están mantenidos a costa del Estado, de las Comunidades autónomas y de los Ayuntamientos. Eso, inmediatamente, supondrá una bajada en el precio del alquiler (lo que, unido a otras medidas, penalización de la okupación, desincentivación fiscal del alquiler de pisos turísticos, autorización para que los bajos de las viviendas -hasta ahora destinados a comercios- puedan venderse como pisos habitables) y en el de la compra.

- La salida de entre 5 y 7 millones de inmigrantes a sus países de origen, es lo que permitirá disminuir los gastos del Estado en servicios de seguridad, prisiones, juzgados, ayudas públicas, pagos a terceros países, subsidios y subvenciones a ONGs. Eso permitirá rebajar impuestos, mientras se reduce la deuda hasta liquidar cualquier déficit en las cuentas públicas. Es la única garantía de que, a la vuelta de 10 años, el Estado pueda disponer de un fondo suficiente para sufragar el gasto en pensiones.

- Finalmente, una política de REMIGRACIÓN, hace necesaria otra, paralela, de estímulos fiscales y ayudas a la paternidad entre autóctonos. Si esta política se hubiera iniciado hace 30 años, cuando en 1996, Aznar empezó a abrir las puertas a la inmigración masiva, hoy tendríamos a una generación de “jóvenes suficientemente preparados” de treinta años de edad. Y esa es la única garantía de futuro para España y para Europa Occidental.


La “Pobre Europa” de nuestro tiempo, debe convertirse en la “Gran Europa”, libre y fuerte, que recupere su lugar en el mundo del siglo XXI, y a la que solamente pueda llegarse mediante una reforma en profundidad de la Unión Europea, una especie de “refundación” en base a las enseñanzas aprendidas desde la conferencia de Maastrich de 1991 y desde el olvido de la Constitución Europea de 2005.

Ahora, damos paso a Drieu La Rochelle en un texto que, creemos, nunca antes había sido traducido al español.