miércoles, 28 de octubre de 2026

¡Pobre Europa! Un artículo de Drieu La Rochelle escrito en mayo de 1944 y nunca traducido al castellano


Pobre Europa, te abandonas a los cuatro vientos de tu desastre.

Viento asiático, viento eslavo, viento judío, viento americano.

Y no lo sabes. Habrás muerto sin saberlo.

Esto es porque no tienes conciencia de ti misma, o has perdido esa conciencia, o no la has recuperado. Tuviste una conciencia, pero poco a poco has ido perdiendo sus instrumentos.

Conciencia cristiana: conciencia para el papado, la Iglesia, las grandes órdenes.

Conciencia de la expansión franca, de la expansión germánica, del feudalismo, del Imperio.

Conciencia del arte francés, del arte italiano, de nuevo del arte francés, del arte alemán, del arte inglés.

Conciencia de los Renacimientos, de la Reforma, de la Revolución.

Conciencia de la filosofía, de la ciencia.

Conciencia de la monarquía, la aristocracia, la burguesía y el proletariado.

Conciencia del socialismo.

Conciencia del sufrimiento de 1914-1918, conciencia de Ginebra. Conciencia del fascismo y el antifascismo, del comunismo y el anticomunismo.

Aún no has adquirido tu nueva conciencia por la internacional de las naciones, por la federación de tus potencias grandes y pequeñas que elegían una hegemonía para la unidad de tu socialismo. Y, sin duda, la adquirirás demasiado tarde.

Europa, tú que no eres un Imperio, estás invadida por dos Imperios.

El ruso y el americano.

Estos dos imperios quieren tu derrota y tú no lo sabes.

Es más, te prestas al juego de estos imperios a través de tus fuerzas desunidas.

Muchos europeos son partidarios del Imperio ruso y muchos son partidarios del Imperio estadounidense. Claman a voz en grito el despliegue y la explosión de la fuerza rusa y de la fuerza estadounidense sobre Europa. Se regocijan cuando las hordas asiáticas y eslavas entran en Europa, en tus provincias de Rumanía y Polonia, cuando las flotas estadounidenses bombardean la patria de tus patrias: Italia, donde, tras décadas de decadencia, conservabas una de tus imágenes más preciadas y antiguas en casi completa integridad física.

Ya en 1941 una de tus islas avanzadas, Irlanda, era pisoteada por los estadounidenses y tú no te habías preocupado.

El Imperio Británico era, en el mundo, una presencia de Europa (una compensación a la descentralización, a la extravagancia de Inglaterra fuera de Europa). Ahora este Imperio está subordinado de manera humillante a los Imperios estadounidense y ruso.

En América ha perdido casi todo lo que tenía allí, en cierto sentido en nombre de Europa. Es una derrota y una humillación para Europa el hecho de que las islas inglesas de la costa americana estén ocupadas por guarniciones estadounidenses; hay que añadir que Canadá se desliza hacia la versatilidad estadounidense.

El hecho de que las repúblicas sudamericanas, tan vinculadas a Europa, se sometan una tras otra al yugo estadounidense, y de que incluso el Servicio de Inteligencia se vea obligado, a causa de ese yugo, a recurrir a intrigas débiles y encubiertas contra el desembarco yanqui, supone una amenaza para la influencia europea en el mundo.

La misma situación se da en el Pacífico y en Asia, donde lo que Inglaterra no ha cedido a los japoneses o a los chinos, debe abandonarlo a las iniciativas defensivas y ofensivas de los estadounidenses.

Y así, Inglaterra debe repartirse con Rusia y con Estados Unidos también África, el Cercano y el Medio Oriente.

Lo mismo puede decirse del Imperio francés, del Imperio portugués, del Imperio español y del Imperio neerlandés.

Y, más que ningún otro pueblo europeo, los ingleses actúan como heraldos de los estadounidenses y los rusos. De hecho, desde Guillermo el Conquistador, las islas británicas se han visto invadidas por millones de estadounidenses ignorantes y despectivos. Inglaterra ha sido ocupada por extraeuropeos incluso antes de que lo fuera el resto de Europa.

Si Inglaterra es terriblemente culpable ante Europa, también lo es Alemania. Al abandonar su imperio, Inglaterra abandona sus bienes, sus posesiones y el prestigio de Europa en el extranjero, y desencadena la doble invasión de Rusia y América; por otra parte, Alemania impide que las comunidades europeas se confederen en torno a ella, al no saber superar su nacionalismo, su imperialismo, al no saber transformar su revolución particular en una revolución universal, al no saber eliminar todos los elementos retrógrados que aún lleva en su seno: ella, pura fuerza socialista, arde en el altar de la patria europea. En 1940, Alemania no comprendió su propia tarea, solo la presintió vagamente: pronunció la palabra Europa sin poner en ella nada más que un vago estremecimiento instintivo.


Absorto en su acertada visión del peligro ruso, el clarividente Hitler siempre actuó con sabiduría en función de este peligro.

Pero no comprendió que los gestos que realizaba fuera de Rusia no podían pasar desapercibidos para quienes se veían afectados por esa amenaza ignorada, surgida en una amplia zona de Europa.

Creía que las «ocupaciones» eran solo una etapa hacia otra cosa, hacia la reanudación de la marcha hacia el Este, tal vez solo maniobras secundarias y accesorias con respecto a ese movimiento esencial. Pero no fueron consideradas como tales por los interesados, quienes solo vieron en ellas el preludio de vulgares conquistas.

Tenemos, pues, una serie de territorios ocupados que se consideran los elementos virtuales de una acumulación imperialista; no se pueden transformar en las transposiciones vivas de una declaración escrita, orientadas voluntariamente hacia una hegemonía electiva, si no se extiende por todas partes un soplo común, un movimiento común, que coordine en una acción y una esperanza comunes a los desconcertados habitantes de estos territorios.

A estos pueblos, que al estar ocupados se consideran a punto de ser conquistados, no se les puede pedir que aporten trabajadores y soldados si no se les propone al mismo tiempo un compromiso interno. Un compromiso que, al ser a la vez propio de cada pueblo de Europa, resulte común a toda Europa.

Los pueblos de Polonia y Bretaña, de Noruega y Grecia no pueden tener ganas de defender la unión de sus países en cuanto a Europa, a menos que se les dé algo nuevo que defender; algo que, en cuanto europeos, les interese ahora.

Europa no puede interesarse por sí misma como un recuerdo que resucitar, un recuerdo ignorado por la mayoría; solo puede interesarse por un nuevo compromiso, que pueda hacer tangible su existencia, ya sea que esta comience o que recomience.

Solo puede comprender la guerra exterior en las obras de una guerra interior; solo puede comprender una guerra contra el comunismo en la realización de la guerra socialista.


Alemania solo podía despertar el interés de los pueblos por su presencia, permitirles verla desde una perspectiva distinta a la de la potencia ocupante, si convertía esa presencia en una presencia revolucionaria. Los alemanes no interesan por ser alemanes, no más que los ingleses, los estadounidenses o los rusos; lo que interesa es lo que unos y otros pueden aportar. Unos, el comunismo; otros, la democracia capitalista; los alemanes debían imponer el socialismo.

Cada ocupación alemana debía transformarse en una revolución nacional; habría sido un latido de la revolución europea.

Al principio, los pueblos se sintieron decepcionados por las ocupaciones alemanas, precisamente porque eran ocupaciones; se resignaban, para bien o para mal; se resignaban a ser derrocados.

Había una esperanza en aquel terror que, en 1940, había precedido a la llegada de los ejércitos alemanes: se creía que eran ejércitos revolucionarios, más rudos, pero al mismo tiempo más innovadores.

Por desgracia, no pasó nada: solo eran ejércitos de otros tiempos y, en un primer momento, solo más amables que aquellos.

Al principio parecían tranquilizadoras; luego empezaron a hacerse oír las quejas, que no dejaban de aumentar. Hubiéramos preferido sentirnos más conmocionados al principio, más consternados.

Se trató únicamente de una ocupación militar que, ante las diversas dificultades, solo pudo reaccionar con medios militares y, posteriormente, policiales. No conocimos el nacionalsocialismo, solo conocimos a los ejércitos y a la policía. No conocimos el contenido de la Alemania hitleriana, sino solo sus instrumentos externos.

Alemania quiso respetar la antigua convención de las autonomías, de las soberanías nacionales. Entonces tuvo que emplear medios, no menos convencionales que los que se usaban en el pasado, para rodear y asediar estas autonomías: medios de presión diplomáticos, financieros, económicos, militares, políticos.

Pero se necesitaban medios más nuevos, más respetuosos, más vitales que la conquista revolucionaria.

Hacer un llamamiento a las grandes alianzas íntimas y directas entre el genio del pueblo alemán y el genio de los demás pueblos, entre las fuerzas revolucionarias de Alemania y de otras naciones. Para asentar la hegemonía militar sobre la federación de las revoluciones.

Es lo que, en vano, habían intentado hacer los angloamericanos; es lo que, sin duda, harán los rusos.

Los estadounidenses tienen verdaderos aliados: los demócratas; los rusos tienen a los comunistas; los alemanes no han reconocido a sus aliados naturales, los socialistas europeos.

Pero estos, pocos al principio, solo podían desarrollar sus fuerzas en un clima de tumulto general, de convergencias ardientes.

Alemania tuvo miedo. Temiendo por la cohesión y la eficacia de su ejército, Alemania tuvo miedo de convertirlo en un arma revolucionaria; pero los únicos ejércitos que han hecho historia en el mundo han sido los de las revoluciones armadas.

Alemania tuvo miedo de dejar de ser ella misma para convertirse en Europa; su águila no se convirtió en un fénix dispuesto a renacer de sus propias cenizas.


¿Es, pues, demasiado tarde? La comunidad de sufrimientos por las masacres rusas y estadounidenses, los incendios, las ruinas: ¿acaso todo esto confunde a ocupantes y ocupados, conquistadores y conquistados, defensores y defendidos? ¿Quedan aún fronteras en Europa para las naves de aviones estadounidenses, para las hordas asiáticas? ¿Quedan aún aduanas entre las multitudes reducidas a la miseria? ¿Puede haber acaso una bandera distinta de la roja, en la superficie de un continente enteramente reducido al socialismo marxista, lo quiera o no? ¿Quién podrá levantar a Europa de entre las ruinas, si no es el socialismo? Desde luego, no serán los bancos ni los trusts.

Ahora es el momento de que los alemanes no solo proclamen, sino que hagan realidad el socialismo europeo sobre las ruinas de Europa. Porque, en medio de estas ruinas, aún queda nuestra alma por defender.

El peor momento es el mejor.

Las transformaciones sociales decisivas se llevan a cabo en plena guerra.

Fue en plena guerra cuando la Inglaterra puritana, la Alemania luterana, la Francia jacobina y la Rusia leninista dieron los pasos decisivos en la lucha interna.

Ahora, damos paso a Drieu La Rochelle en un texto que, creemos, nunca antes había sido traducido al español.

 






!Pobre Europa¡ Algunas consideraciones ante la oleada de violencia de nuestro tiempo

En mayo de 1944, Pierre Drieu La Rochelle escribía estas líneas. Ochenta y dos años después, el drama europeo prosigue acentuado. Estamos lejos de los tiempos en los que había que elegir entre USA y URSS. Esta alternativa concluyó con el final de la Guerra Fría. Hoy, la auténtica elección, la única posible, es entre CIVILIZACIÓN o BARBARIE. Y no hace falta hacerse ilusiones: el enemigo, el salvajismo, lo estamos viendo estas semanas en las calles de Europa, ya está dentro de la fortaleza sitiada desde hace décadas. Salvar a Europa hoy solamente puede hacerse aceptando con serenidad y conciencia, que solamente siendo más despiadados que el adversario, lograremos salvar la herencia acumulada que recibieron nuestros pueblos desde la Grecia clásica. Ni las leyes, ni las fuerzas de seguridad del Estado, ni las instituciones, lograrán triunfar sobre una barbarie que desprecia como “fascista” todo aquello que es Orden, Autoridad y Jerarquía. Están bien las elecciones y está bien el entregar el voto a la opción más segura contra la barbarie. Y todos sabemos cuál es. Pero no es suficiente: hace falta prepararse mental y psíquicamente para las destrucciones que vendrán. Ser conscientes de los valores de nuestra tradición milenaria y que “vencer” no es negociar con el enemigo, sino aplastarlo y arrojarlo fuera de los límites de Europa. No hay, ni puede haber término medio. Y quien se sitúe en esas posiciones “centristas” debe ser considerado tan traidor como quien haga causa común con el enemigo y le haya abierto las puertas.


El texto de Drieu y los “nuevos elementos” a considerar

Quizás este texto de Drieu La Rochelle, sirva para que algunos reflexionen sobre el sentido de la barbarie y el salvajismo que estos días prolifera en las calles de Europa.

El texto puede parecer confuso en algunos puntos y fuera de lugar en otros, pero lo esencial es retener que hoy Europa ya no está amenazada ni por los carros soviéticos, ni por la ocupación USA. Europa está invadida y el enemigo está dentro. Francia, Bélgica, Italia y España (en Barcelona, en Galicia y en el País Vasco, por el momento y mañana en todo el territorio), países de Europa Occidental que han sufrido oleadas migratorias masivas en las últimas décadas son, precisamente, países en los que ha estallado una violencia incontrolable. Esta coincidencia no es ajena a lo que ha ocurrido. Vale la pena destacar algunos puntos:

1) Contrariamente a lo que plantean algunos “analistas de seguridad”, la “violencia revolucionaria” no ha sido la característica de la presente oleada de violencia, entre otras cosas porque ya no existen grupos revolucionarios organizados. Existen “grupos antisistema” que unen un deseo de “aventura” propia del final de la adolescencia y salen a la calle con cualquier excusa. Es un tipo de violencia que puede ser considerada como “rito de tránsito” de la adolescencia a la juventud

2) Luego está la “violencia reactiva” que aprovecha convocatorias sobre no importa qué cuestión: siempre hay alguna minoría dispuesta a aprovecharla para el ejercicio de su “gimnasia” favorita. Lo mismo vale una “huelga general” (como veremos el próximo día 11 de noviembre gracias a la irresponsabilidad de los sindicatos y del gobierno socialista), un proceso independentista, una reivindicación sobre la vivienda, un mitin de cualquier partido. No importa el motivo, lo que importa es salir a la calle a desfogarse arrojando piedras. Para practicar esta violencia reactiva, solamente hace falta una excusa.

3) El salvajismo que se percibe hoy en las manifestaciones que están teniendo lugar en Europa Occidental (incluso en España), es un elemento nuevo e inédito. No hace falta ser un sociólogo experto para advertir a través de las imágenes que los rostros de los saqueadores es casi siempre el mismo: africanos, magrebíes o subsaharianos… con DNI español la mayoría, pero el ADN es como “el pelo de la dehesa”, sale a flote antes o después. Lo que hacen es hacerse con el botín que son incapaces de ganar con sus salarios. Es el precio a carecer de interés por la formación profesional, haber abandonado los estudios en primaria y dedicarse al trapicheo o al cobro de paguitas como solución vital.

Con Drieu, debemos decir: “¡Pobre Europa!”.

No albergamos la menor duda de que no existe una “inteligencia” que guíe todas estas revueltas y si alguien quisiera ejercer el control, pronto se vería superado: lo que existe es un ADN que lleva implícito el odio hacia Europa, hacia los europeos, propio de aquellos que creían que aquí ataban los perros con longaniza y que solo con llegar, tendrían coches de alta gama, relojes de lujo, zapatillas de marca y que los europeos trabajaríamos para ellos, unos porque “se lo merecían” como pago al colonialismo, otros porque su dios del desierto es el único verdadero y a él se pliegan las naciones, sino voluntariamente, que sea por la yihad…

Pero nosotros, europeos del siglo XXI, no somos culpables del colonialismo y, por otra parte, si bien es cierto que hubo explotación colonial, también es cierto que, a cambio, se enseñó a estos pueblos lo que era el siglo XX. Sin olvidar que la descolonización supuso una masacre de colonos europeos (no de “colonialistas”), masacre que todavía continúa en Sudáfrica.

Por regla general, el africano, tanto el subsahariano como el magrebí, parecen ignorar que solamente la preparación profesional, esto es, la educación, permite coger el “ascensor social”. En toda Europa Occidental los niveles elevadísimos de fracaso escolar de los adolescentes africanos, y el pensar que jugando a fútbol como Yamal o como Mbapé o trapicheando, lograrán ganarse la vida, es el pasaporte para vivir de una “paguita”, llámese “Salario Mínimo de Inserción” y el “Ingreso Mínimo Vital” que dan para vivir sin trabajar, pero no para permitirse ningún lujo. De ahí el odio social y el salvajismo que destilan las protestas de estos días. Se les ha enseñado a recibir sin dar nada a cambio: y, como es lógico, piden más: Piden poder igualar los niveles de consumo más elevados, o, de lo contrario, creen que su miseria se debe a discriminación, xenofobia y racismo.


Del “socialismo” de izquierdas a la “justicia social”

Drieu habla de “socialismo”: en realidad, hoy, el término equivalente es el de “justicia social”, unión de derechos y deberes del ser humano con la sociedad. Ésta le da algo y a cambio, el receptor entrega su esfuerzo a la comunidad. El “socialismo” de hoy consiste en dar algo a cambio de nada; el socialismo del que habla Drieu es que la sociedad da a cambio de un esfuerzo en beneficio de la comunidad. La peor pedagogía es la practicada por las ONGs, repartir migajas gratis, en una “justicia distributiva” en la que “el que parte y reparte, se queda con la mejor parte”. Quien dice “ayuda humanitaria”, en la inmensa mayoría de los casos, debería decir con mayor propiedad “estafa humanitaria”. Las aportaciones de dinero público que reciben las ONGs, son destinadas, en primer lugar y sobre todo, a repartirse entre sus propios “funcionarios”. Lo que queda, se reparte entre publicidad (de tanto en tanto, algún incauto, envía alguna aportación) y una mínima parte de lo recibido, se emplea en la tarea “humanitaria” para la que ha sido creada la ONG.

De hecho, cuando el PSOE y sus aliadas hayan desalojado los ministerios, será el momento en el que habrá que “levantar las alfombras” y someter a todas las ONGs a inspecciones sobre el destino de los fondos recibidos. Es algo que está incluido en la ley que regula la actividad de las ONGs… pero que nunca se aplica.  

Y las ONGs, desde el momento, en el que un ilegal pone pie en España, empiezan a entregarle todo lo necesario para que su estándar de vida sea “europeo”: zapatillas y ropa de marca, teléfono móvil. Luego, el Estado se encarga del resto, introduciéndolo, sin nada a cambio, por supuesto, en el uso y disfrute de los “servicios públicos”: no es de extrañar que, tanto la educación como la sanidad estén literalmente desahuciados en Europa y, particularmente, en España: jóvenes que no valores lo que se les ofrece en las aulas y que se convierten desde el primer día en un lastre para la buena marcha del curso; gentes que han entrado sin que se les hiciera un examen médico previo, que están cada día más presentes en los hospitales, cuando deberían ser atendidos en su países de origen, independientes y soberanos…

Negar el derecho a la “sanidad universal” no es una muestra de egoísmo y falta de solidaridad con los enfermos, es el reconocimiento lógico y natural de que España no puede ser el hospital de toda África, entre otras cosas, porque los africanos quisieron ser independientes, tienen sus Estados y sus sistemas sanitarios. Si no funcionan, es un problema de estos mismos Estados, de sus gobiernos y de sus ciudadanos, no de Europa. En el Titanic se salvaron 712 personas en los botes salvavidas… 1.512 perdieron la vida. Lo más seguro es que, de haberse intentado subir todos los pasajeros y tripulantes a los botes, nadie se hubiera salvado. Pues bien, esto mismo es lo que pasa con la sanidad pública. Ni está concebida para prestar un “servicio universal”, ni puede pensarse en que lo esté.


¡Pobre Europa! Víctima de las “élites europeas”… 

Y los rectores de Europa desde 1945, les han ido abriendo las puertas y otorgándoles más y más derechos. Sin límite, sin control, sin ninguna exigencia previa. Y ahora nos aproximamos ya al final del ciclo: cuando, la deuda pública resulta impagable, cuando ya no se puede exprimir más al contribuyente europeo, cuando Europa Occidental se está convirtiendo en un estercolero, rodeado de campamentos improvisados de gentes que deberían estar en sus países de origen y no vegetando en Europa, esperando el día 25 para cobrar la “paguita”. Y, si se da la oportunidad de movilizarse para saquear una calle comercial, mejor que mejor.

Ningún analista duda de que la absurda, inoportuna, fantasmal y chiripitifláutica convocatoria de "huelga general" por parte de los comegambas que están al frente de sindicatos parasitarios, será la gran ocasión para extender la violencia a todo el territorio nacional. Si Pedro Sánchez piensa que la población hará lo que en otras ocasiones, ponerse bajo el paraguas protector del Estado y votar por el partido que ha detentado las riendas en los últimos nueva años, se equivoca. 

Hay que votar masivamente en las próximas elecciones generales y hay que votar considerando las necesidades de nuestro tiempo: restablecer la autoridad y el prestigio del Estado y expulsar a la escoria socialista y a sus muñidores, de los puestos de responsabilidad y de las instituciones. no basta con que la sigla PSOE sea derrotada: lo que hay que derrotar para siempre es el "sanchismo" y que renazca, bajo esa sigla o bajo cualquier otra "progresista y de izquierdas". Y para ello es preciso:

1. Que el PSOE quedé por debajo de los 100 diputados.

2. Que la derecha controle el 80% del senado.

3. Que la izquierda radical y el independentismo queden reducidos a la mínima expresión.

4. Que el gobierno de coalición que surja, sea un gobierno fuerte y aplique políticas decididas y radicales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

5. Que el gobierno que surja levante las alfombras y proceda a una auditoria general en los ministerios y quede claro el destino que en estos últimos nueve años ha tenido hasta el último céntimo de dinero público. 

Y para ello es preciso entregar el voto al único partido que hasta ahora está limpio de acusaciones de corrupción y que existe la seguridad que se esforzará en convertir su programa en política de Estado. Hoy por hoy, Vox supone el voto más seguro contra la inmigración masiva, contra la corrupción, contra el despilfarro del dinero público y contra las políticas suicidas de la UE.

Quien esto escribe, ni es miembro de Vox, ni aspira a serlo. Nos limitamos a ser observadores imparciales y es, precisamente, esa imparcialidad la que nos obliga automáticamente, tras detectar la naturaleza de los problemas y los distintos programas políticos, 

Pero, si creemos que, con votar una vez cada cuatro años, ya hemos cumplido, nos equivocaríamos. La situación del país es tal que, además del voto, hace falta una movilización nacional y una presión desde la calle para que el gobierno que sustituya al sanchismo, se decida a adoptar las medidas radicales (en el sentido de que tiendan a extirpar las raíces del os problemas) necesarias en estos momentos y que son condiciones sine qua non, para una reconstrucción nacional.

Los “años decisivos” han llegado: ¡estemos al altura del legado recibido!

Nos acercamos a tiempos decisivos. Lo más triste es que, va a ser inevitable que paguen justos por pecadores, pero hace alta LIMPIAR EUROPA y para ello, hace falta:

1. Tomar conciencia del problema. No todos los europeos son conscientes de lo que está pasando. Muchos creen que con “la educación” se alcanzaría la “igualdad” entre autóctonos y “nuevos europeos”. En realidad, ocurre justo lo contrario: los jóvenes inmigrantes desconsideran la educación y la formación profesional y sus compañeros de clase menos dotados, hacen causa común con ellos. Así que no: la “educación” no es la solución, porque la educación está quebrada en Europa Occidental (y no digamos en España).

2. Tomar conciencia de que solamente soluciones radicales y definitivas, sin medias tintas, ni contemplaciones, son las que pueden solucionar los problemas. Los “grandes valores democráticos” (libertad, igualdad, fraternidad) no son los que necesita esta lucha final, sino: Orden, Autoridad, Jerarquía. Y no hay punto medio. Restablecer el Orden, el principio de Autoridad y la Jerarquía, es algo que no admite “centrismos”, ni “diálogos”: o se acepta, o se rechaza. Si se acepta, se está del lado de Europa, si se rechaza, se está del lado de África y del desierto.

3. Quien crea que “defender la democracia” es el eslogan del momento parece olvidar que la barbarie ha llegado con la democracia, se ha expandido con la democracia, ha encontrado su abono en la democracia y ofrece con la democracia. Si queremos seguir defiendo una “democracia europea”, hace falta un alto en el camino, un electroshock breve, pero contundente, que permita partir de una nueva normalidad. Eso, o de lo contrario, dentro de las democracias seguirá creciendo el salvajismo.


4. El problema no es “qué hacemos con las bolsas de inmigración”, sino lo que implicaría expulsar progresivamente estas bolsas del territorio europeo. Y sobre este tema, vale la pena hacer algunas reflexiones:

- La inmigración llegó sin que nadie la llamara: sólo las élites políticas que creían en la “globalización” recurrieron al “ejército de reserva del capital” para abaratar los costes en el tramo final de la Tercera Revolución Industrial. Para sostener el crecimiento económico y los buenos negocios era necesario contar con mano de obra barata: y esa se reclutaba en el Tercer Mundo.

- Pero, esta idea, propia de los años 90 y ya resulta indefendible: lo propio de la Cuarta Revolución Industrial es la irrupción de nuevas tecnologías (ingeniería genética, criogenia, computación cuántica, robótica, inteligencia artificial, etc.) que, en síntesis, no precisan aluvión de inmigrantes, sino personal técnico cualificado.

- La ley de hierro de esta revolución industrial (la única “revolución” posible en nuestro tiempo) es: “hacer más con menos mano de obra”… por tanto, incluso en los trabajos agrícolas, la inmigración (y su descendencia) son completamente innecesarios… a menos que se trate de científicos, técnicos y expertos, no de aspirantes a una paguita, la condición de nin-nis, o a emular a Yamal o a Zidane…

- Dentro de poco tendremos una serie de servicios que se realizarán sin participación humana y que cada día se están implementando más y más: paquetería servida a través de drones y vehículos autónomos que, además, sustituirán a los taxis y a las empresas tipo Cabify, centros de logística sin empleados servidos por robots, bares y restaurantes sin camareros, empresas de seguridad que parecerán inspiradas en Robocop y que solamente contratarán a drones y robots de vigilancia, equipos agrícolas que controlarán todo el proceso de producción con un mínimo de empleados, robots domésticos de alquiler que sustituirán a las limpiadoras de hogar y a las trabajadoras de hoteles, reponedores de supers robóticos, entre 10 y 15 años más ni siquiera harán falta actores porno ni prostitutas, la IA y la robótica ejercerán como “trabajadores del sexo”…

- En este contexto, ¿qué necesidad tenemos de inmigrantes que llegan sin formación profesional, que lastran los servicios sociales y, en especial, la educación y que, en su inmensa mayoría, carecen incluso de interés por aprender oficios que en el futuro pueden tener alguna garantía de servirles para ganarse la vida?

- No importa que la población de Europa disminuya. Cada vez “menos, harán más”. Lo único que importa es que al frente estén políticos y administradores responsables, en lugar de cleptómanos o de pobres aprovechados deseosos de vivir a la sombra del dinero público. La mejor política económica es una política de austeridad y rigor en el gasto público y de realismo: disminuir la deuda, rebajar impuestos, achicar las dimensiones del Estado, liquidar los focos de gastos faraónicos, especialmente en ayuntamientos y autonomías, liquidar diputaciones provinciales y todos aquellos organismos y ministerios que no sean necesarios: y en cuanto a las ONGs, el que quiera vivir de ellas, que busque dinero en la empresa privada.

- Especialmente, es importante, abordar el proceso de REMIGRACIÓN. La inmigración ha sido un cáncer que ha generado la proliferación vermicular de patologías económicas y sociales: si ha subido el precio de la vivienda es, precisamente, porque, en pocos años han llegado 10 millones de inmigrantes que han superado la capacidad de construcción de vivienda pública, han encarecido su precio (al haber mucha demanda, tanto de compra como de alquiler) y han generado fenómenos tan perversos como alquileres y compra de pisos a precios desmesurados, la okupación ilegal como alternativa y procesos de gentrificación en las grandes ciudades.

- Hace falta que retornen a sus países de origen todos aquellos inmigrantes improductivos que, hoy están mantenidos a costa del Estado, de las Comunidades autónomas y de los Ayuntamientos. Eso, inmediatamente, supondrá una bajada en el precio del alquiler (lo que, unido a otras medidas, penalización de la okupación, desincentivación fiscal del alquiler de pisos turísticos, autorización para que los bajos de las viviendas -hasta ahora destinados a comercios- puedan venderse como pisos habitables) y en el de la compra.

- La salida de entre 5 y 7 millones de inmigrantes a sus países de origen, es lo que permitirá disminuir los gastos del Estado en servicios de seguridad, prisiones, juzgados, ayudas públicas, pagos a terceros países, subsidios y subvenciones a ONGs. Eso permitirá rebajar impuestos, mientras se reduce la deuda hasta liquidar cualquier déficit en las cuentas públicas. Es la única garantía de que, a la vuelta de 10 años, el Estado pueda disponer de un fondo suficiente para sufragar el gasto en pensiones.

- Finalmente, una política de REMIGRACIÓN, hace necesaria otra, paralela, de estímulos fiscales y ayudas a la paternidad entre autóctonos. Si esta política se hubiera iniciado hace 30 años, cuando en 1996, Aznar empezó a abrir las puertas a la inmigración masiva, hoy tendríamos a una generación de “jóvenes suficientemente preparados” de treinta años de edad. Y esa es la única garantía de futuro para España y para Europa Occidental.


La “Pobre Europa” de nuestro tiempo, debe convertirse en la “Gran Europa”, libre y fuerte, que recupere su lugar en el mundo del siglo XXI, y a la que solamente pueda llegarse mediante una reforma en profundidad de la Unión Europea, una especie de “refundación” en base a las enseñanzas aprendidas desde la conferencia de Maastrich de 1991 y desde el olvido de la Constitución Europea de 2005.

Ahora, damos paso a Drieu La Rochelle en un texto que, creemos, nunca antes había sido traducido al español.

 






jueves, 15 de octubre de 2026

El Islam marroquí a fecha de hoy (4). La escuela malikí y la yihad

Fundada en el siglo VIII en Medina por el imán Mālik ibn Anas, la malikita es una de las cuatro grandes escuelas de jurisprudencia del islam suní. Malik argumentaba que el comportamiento, costumbres y consensos de los habitantes de Medina (la ciudad donde vivió y gobernó Mahoma) tenían más peso que un Hadiz transmitido de forma aislada por una sola persona. Para él, la vida diaria de Medina era una “transmisión viva” ininterrumpida de las enseñanzas del Profeta. Por tanto, en aras del “interés público”, permite a los jueces dictar sentencias basadas en lo que sea más beneficioso para el bienestar general de la sociedad, siempre y cuando no contradiga explícitamente al Corán. En segundo lugar, prohíbe acciones legítimas si existe la posibilidad de que puedan conducir a una vulneración de los principios coránicos.

Esta corriente está presente de manera mayoritaria en el norte, oeste y centro de África. Es el marco jurídico oficial y cultural de países como Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Mauritania, Senegal, Gambia, Chad, Níger y Sudán.

En los manuales de jurisprudencia malikí clásica (como el Muwatta o la Risala de Ibn Abi Zayd), la Yihad se define bajo criterios estrictamente jurídicos y estatales. Es un “deber comunitario” (Fard Kifaya) y no solo una obligación individual de cada musulmán. Solo se convierte en un deber individual obligatorio (Fard Ayn) en caso de una invasión extranjera directa al territorio propio. Y este es el problema: la escuela islámica que rige en Marruecos puede interpretar la existencia de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla como una “invasión extranjera” (aun cuando fueran fundadas antes de la formación del reino de Marruecos) y, por tanto, si la máxima autoridad religiosa marroquí, esto es el rey de Marruecos, proclamara una lucha de “liberación nacional” en Ceuta y Melilla, para su “retorno” a Marruecos, el llamamiento debería ser respondido por cada marroquí, residente en su territorio o en cualquier país extranjero que lo hubiera admitido como inmigrante, incluso a los que se les ha concedido la nacionalidad…

Esta posibilidad se refuerza por el hecho de que, para esta escuela, la declaración de una acción militar legítima corresponde, única y exclusivamente, a la autoridad política gobernante legítima (el Sultán, Emir o Califa… o el “Rey”). Ningún individuo, clérigo, grupo o facción armada tiene el derecho legal de declarar la Yihad por su cuenta. Cualquier violencia ejercida al margen del Estado es catalogada en el derecho malikí como bandidaje o rebelión ilegal (Hirabah).

La “buena noticia” es que la escuela Malikí dicta unas cuantas reglas para la “protección” de los no combatientes en tiempos de guerra, basadas en los decretos del primer califa, Abu Bakr: prohibición de dañar a mujeres, niños, ancianos, enfermos crónicos, ciegos o personas discapacitadas, aun si pertenecen al bando enemigo; inmunidad al clero ajeno, e incluso protección al medio ambiente: nada de “tierra quemada”, nada de talar frutales, quemar cosechas, sacrificar ganado (salvo para alimentarse) o destruir infraestructuras civiles y pozos de agua, finalmente, se prohíbe mutilar los cuerpos de los enemigos caídos… No parece, por cierto, que ninguna de estas prohibiciones se aplicaran en las dos guerras más recientes que han sacudido al Magreb que han tenido mucho que ver con la religión islámica y en donde la escuela malikí dicta las normas: ni la guerra de Argelia (1992 a 2002) pródiga en brutalidades inimaginables por parte de los dos bandos, ni en la guerra de Libia (2011–2020), en donde el linchamiento de Muamar el Gadafi, filmado por uno de los presentes, sugiere que no se respetó ninguna de estas medidas “protectoras”[1]. Más bien, lo que estuvo presente fue el primitivismo, los instintos más bajos y desatados, cristalizados en comportamientos sádicos y brutales.

Dicho y recordado lo cual, ¿podéis pensar en lo que supondría la “co–soberanía” de Ceuta y Melilla entre Marruecos y España, que, en el momento de escribir estas líneas, sería la salida más cómoda y querida por Pedro Sánchez? Los malikís sostienen que no se puede atacar por sorpresa a un pueblo sin antes ofrecerle tres opciones secuenciales: la conversión al Islam, la sumisión política son conversión (resuelto con el pago de un “impuesto de protección”), y, si rechazan las dos opciones, la yihad. Sin embargo, la invasión de 100.000 jóvenes marroquíes el 30 de julio de 2026, sugiere que, esta escuela coránica ya no dicta las normas en Marruecos, sino que la práctica política marroquí, es la propia, como mínimo, de “un socio muy poco fiable y nada leal”.



[1]- El examen de los videos grabados por los propios milicianos que combatían al gobierno libio, detallan la extrema crueldad de los últimos momentos de Gadafi. Localizado en el interior de una tubería de desagüe en Sirte, herido en las piernas y en la espalda por el bombardeo previo de la OTAN, la muchedumbre de rebeldes comenzó a golpearlo y arrastrarlo por el suelo. Diversos análisis minuciosos de las grabaciones de video confirmaron que Gadafi fue sodomizado con una bayoneta o un objeto punzante por parte de uno de sus captores mientras era linchado por la multitud. Aunque el gobierno de transición libio afirmó en su momento que el dictador falleció debido al “fuego cruzado”, los reportes médicos y de autopsia determinaron que recibió disparos directos a quemarropa en el estómago y en la sien. Su cuerpo fue trasladado a la ciudad de Misrata y expuesto públicamente semidesnudo dentro de una cámara frigorífica de un centro comercial durante varios días. Cientos de ciudadanos libios hicieron filas para fotografiar el cadáver ensangrentado y con evidentes signos de tortura antes de que fuera enterrado en una localización secreta en el desierto. (“La autopsia ‘confirma’ que Gadafi ‘murió por fuego cruzado camino del hospital’”, AFP, publicado en El Mundo, 23 de octubre de 2011). 

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/