martes, 3 de febrero de 2026

PEDRO SANCHEZ Y EL “GRAN REEMPLAZO” ¿ESTÁN LOCOS A LA IZQUIERDA? (2 de 2)

La estrategia adoptada por Pedro Sánchez en este momento, es de “tierra quemada” y más lo será, cuando se abran las urnas mañas del próximo 9 de febrero y demuestren la estrepitosa (y, por otra parte, lógica) caída de los votos socialistas. Desde que decidió dedicarse a la política, no ha pensado más que en sí mismo. Todo lo demás, empezando por su partido, el pueblo español, la propia tarea del gobierno, todo, absolutamente todo -y hoy podemos certificarlos con toda seguridad-, le trae, literalmente al fresco.

SANCHEZ CREYÓ QUE UN PRESIDENTE ERA INMUNE E INIMPUTABLE

Lo que Sánchez no había calculado cuando ambicionó llegar a la presidencia del gobierno, es que, por mucho que sea el “número 1”, no le está permitido hacer todo: se debe, en primer lugar, a la nación de la que es un simple servidor público, a las sociedad, tanto a los que le han votado como a los que no le han votado y antes que todo ello a la Historia: el resultado de su gestión no será un éxito o un fracaso personal que solamente le afectará a él, sino a todo el conjunto de una nación y a su futuro. Y si este no está en relación con su pasado, podrá decirse que se ha producido una ruptura.

Ahora bien, Sánchez tuvo como precedente a José Luis Rodríguez Zapatero que salió completamente indemne de su gestión:

- Nadie le exigió explicaciones posteriores a por qué había interrumpido las investigaciones sobre las bombas del 11-M.

- Nadie le exigió cuentas después de salvar a la banca y a la patronal de la construcción, endeudando al país.

- Nadie le recordó que el año en el que explicó que la economía “iba bien”, cuando ya se había iniciado la crisis económica de 2007 y que no se reconoció oficialmente hasta 2009, supuso un tiempo precioso que pudo haber minimizado los efectos de la crisis.

- Nadie le exigió respuesta a la pregunta de por qué había autorizado la venta de las reservas de oro del Banco de España… justo antes de que el precio del oro empezara a dispararse.

- Nadie le exigió responsabilidades por la negociación con ETA, cuando ETA estaba derrotada policial y políticamente.

- Nadie, absolutamente nadie le tosió cuando dedicó el 0’7% a perderse en calidad de “ayudas al desarrollo”, no se sabe de quién, ni con qué resultado.

Y, de todo esto, Sánchez coligió que un presidente del gobierno, podía actuar con entera IMPUNIDAD. Y eso fue lo que hizo.

Hubiera sido diferente, si Zapatero hubiera sido investigado, procesado y seguramente condenado por todos estos -y otros muchos más- “errores” de gobierno. Él y sus ministros: empezando por Blanco y terminando con la desastrosa y caótica “regularización masiva” de Caldera. Mintieron entonces, pero elaboraron un “relato” del que salieron airosos. Hoy, cuesta, incluso, recordar, sin sentir náuseas, el nombre de Caldera y mucho más sus mentiras. Sánchez, creyó entonces que un “jefe de gobierno” podía hacer cualquier cosa que saldría indemne. En realidad, ninguno de las personas que habían ocupado el mismo cargo anteriormente, había quedado tenido repercusiones jurídicas por su gestión. Así que él tampoco las tendría

AL FRENTE DE UNA BANDA DE “GOLFOS APANDADORES”

El problema fue, que Sánchez llegó al poder, no amparado por un partido político, sino por una banda arrabalera de tristes ambiciosos sin escrúpulos, de los que él no era más que el jefe de la banda.

Carecían de toda experiencia en tareas de gobierno, lo único que les interesaba, mucho más que gobernar era “morder”. Si no se extraía una comisión, no valía la pena adoptar tal o cual medida. Ninguno de sus ministros, ni los que eligió el propio Sánchez entre los miembros de la “banda del Peugeot” (que en realidad, debió ser un microbús), en un primer momento, ni entre los que fueron luego impuestos por Zapatero (y aquí resulta imprescindible leer aquí el artículo de Jesús Cacho: “El español más peligroso), llegaban al gobierno con lo mínimo que se le debe exigir a un ministro: VOCACION DE SERVICIO. Todos ellos, los del grupo sanchista (“los toscos”) y los del grupo zapateriano (“los de guante blanco”) se incorporaban para saquear las cuentas públicas, conscientes de que debían elaborar un “relato” justificativo de cara a su difusión en los medios propios y, nada más. “Gobernar” era algo que ni les interesaba, ni estaban capacitados para ello. Sánchez el primero de todos ellos.

Y el problema fue que se pasaron de rosca y llamaron la atención de la prensa, informada por funcionarios de carrera de ministerios, que empezaban a estar horrorizados por el sesgo ideológico del “relato” (elaborado con la colaboración, primero de Podemos y luego de Sumar), especialmente después de que fuera el partido perdedor de las elecciones el encargado de formar gobierno, a la vista de que el ganador no había obtenido mayoría absoluta y los que debían servir como “bisagra”, los nacionalistas catalanes y vascos, “centristas” y de “centro derecha” durante la elaboración de la constitución, se habían vuelto “independentistas” y solo les interesaba quién pudiera concederles más y mejores prebendas. Aquí, Sánchez se benefició de las deficiencias fundamentales de la constitución. Era el precio de que el Jefe del Estado, el Rey no tuviera absolutamente ninguna de las prerrogativas que tiene todo rey constitucional: el derecho de disolver el parlamento por iniciativa propia, convocar nuevas elecciones y nombrar jefe del gobierno.

Todos los partidos políticos que apoyaron al gobierno en 2023, todos los medios de comunicación y todos los españoles con dos dedos de frente, eran conscientes de que los nacionalistas y los independentistas, siempre han querido “más”: nunca están saciados, ni siquiera cuando obtienen la independencia, sino que, entonces, piden restitución de patrimonios real o supuestamente sustraídos. Ser indepe no consiste en nada más que en “querer más y más y mucho más”. Todos sabíamos que si apoyaban a Sánchez era para sacarle, literalmente, las entrañas; pero nadie era consciente de hasta qué punto, Sánchez estaba dispuesto a darles sus propias entrañas malolientes para mantenerse en el poder.

Y para él, lo único que importaba era el poder. Seguir en el machito, porque cada día que conseguía comprar a sus “aliados” a precios altos y cada vez más prohibitivos, le permitía, a él y a las dos fracciones de su banda (la del Peugeot y la impuesta por el zapaterismo) seguir administrando el patrimonio de los españoles y buitreando gabelas, comisiones y mordidas.

EL PUTERIO, EL CHANTAJE Y EL ILUSTRATIVO CASO DEL VERDUGO DE BARCELONA

Lo hicieron tanto y tan mal, que los “tabloides digitales”, beneficiándose de informaciones procedentes de funcionarios de carrera, empezaron a denunciar los comportamientos delictivos, no solo del gobierno sino de la propia familia de Sánchez. ¡Y qué familia!

No es de recibo, en ningún país europeo, que el suegro del presidente sea alguien que ha logrado su fortuna con burdeles gays, ni que el tío de su mujer, haya construido su patrimonio con prostitución, ni -como se ha dicho- la “primera dama” fuera la cajera encargada de retirada de los ingresos.

El hecho de que todo eso de la prostitución, la compra-venta de sexo, los negocios basados en la manipulación del sexo, existan en una sociedad moderna, no implica que estas actividades sean reconocidas como “normales”: en realidad, se trata de actividades que incapacitan a quien las practica o a quien se beneficia de ellas, para predicar moralidad o construir “relatos”. Son actividades excluyentes.

Me recuerdan al verdugo de la Barcelona medieval, que vivía en una pequeña construcción situada en la misma muralla de la ciudad. En efecto, la sociedad medieval sabía que la actividad del verdugo era necesaria: pero, ejecutar a alguien, era una actividad cruel, inhumana y reprobable, por mucho que se realizara en nombre de la ley: manchaba las manos. Por tanto, el verdugo no podía vivir junto a los ciudadanos honestos, ni tampoco extramuros de la ciudad, en donde vivían los malhechores y los delincuentes, así que lo situaron, con una lógica aplastante, en la divisoria entre ambos mundos.

Con proxenetas y fortunas reunidas al calor del comercio sexual ocurre otro tanto: es una actividad que existe, incluso que está legalizada, pero que resulta reprobable y, por eso mismo, inhabilita a quien la practica, y a quien se beneficia de ella, para ocupar puestos públicos.

El caso Epstein en EEUU, del que estos días se habla mucho, sirvió para conocer, no solamente que las élites practicaban sexo con menores, sino para intuir que precisamente esta actividad promovida por el propio Epstein, le servía para atar negocios y chantajear a personalidades influyentes. Ayer, 2 de febrero de 2026, declaró Cerdán ante el juez, insinuando que Leyre Díaz contaba con “vídeos” procedentes de los burdeles del suegro de Sánchez… Este es un tema que va a dar mucho que hablar en las próximas semanas: que los vídeos existen eso está fuera de toda duda (todo local público está obligado por ley a tener un sistema cerrado de grabación, incluidas los bares de las saunas gays y los puticlubs). ¿Cuántos rostros conocidos se ven en esos vídeos? Este es el nivel… chantaje barriobajero como instrumento de ascenso y mantenimiento del poder. Ese es el precio de haber encumbrado a esa familia en la Moncloa.

LA DERROTA JURÍDICA DEL “RELATO” Y LA MALA CALIDAD DE LA BANDA

Las denuncias de funcionarios de carrera, abochornados por lo que estaban viendo, sirvieron para armar artículos de prensa, cada vez más incisivos sobre las actividades del gobierno. Estos artículos se tradujeron en denuncias antes los juzgados y estas denuncias desembocaron en investigaciones llevadas a cabo por la policía judicial y el dictado de autos contra relevantes personajes de la “banda del Peugeot”, de la propia familia Sánchez y, recientemente, el inicio de investigaciones sobre Zapatero y su entorno.

Está claro que si estas investigaciones se hubieran iniciado a poco de que ZP saliera de la Moncloa. Sánchez se hubiera enterado de que el cargo de presidente no le garantiza ninguna impunidad. Rajoy deberá explicar por qué no hizo nada en esa dirección y ni siquiera se preocupó por reabrir el caso del 11-M, con sus más de doscientos muertos, que aún sigue siendo objeto de explicaciones completamente absurdas y con agujeros negros escandalosos.

El “relato” solamente logra ocultar la impunidad mientras nadie se preocupa de escarbar en los hechos objetivos. Pero, desde el momento en el que alguien se sienta ante un juez, se inicia la carrera de los “arrepentimientos” y las “colaboraciones con la justicia”. Sánchez previó esta posibilidad: ofreció a los imputados defensa jurídica, primero de los Abogados del Estado y luego de picapleitos pagados por el partido socialista. Los imputados aceptaron… para luego comprobar que, la única tarea de estos abogados era ejercer de cortafuegos y evitar más colaboraciones con la justicia.

Es el problema de todas las mafias: la mala calidad de sus miembros, grandes camaradas a la hora del descorche de las botellas de cava, amigos -y no siempre- a la hora del reparto de beneficios, pero desconfiando del aplomo de unos y otros a la hora de enfrentarse a la voz seca y concisa de un juez. Cuando más bajo es el nivel de un grupo de delincuentes, más posibilidades hay de que “canten”. Sánchez no lo supo cuando se subió en el Peugeot. Ahora si es perfectamente consciente de ello.

SÁNCHEZ O LA CONCIENCIA CLARA DE QUE SU CICLO ESTÁ TERMINADO

Y sabe, por eso mismo, que su ciclo está terminando. Podrá mantenerse unas semanas más, unos meses más, incluso, aunque aspire a llegar al final del mandato, es absolutamente consciente de que, en 2027, sus posibilidades de salir reelegido se reducen a cero. Para eso está el CIS, ofreciéndole la lectura de los barómetros electorales antes de pasar por “cocina”.

Lo intentará hasta el final; y esto es lo peligroso del tardosanchismo.

Aun a sabiendas de que el PSOE pasará el peor momento de su historia cuando Sánchez abandone la secretaría general, e incluso es posible que desaparezca, aún a sabiendas de que no tiene la más mínima posibilidad de resultar reelegido y de que todas sus iniciativas para salvar el “relato”, para amputar funciones a los jueces, para indultar a los amigos, serán, a partir de ahora, sometidos a escrutinios, así como todas sus trampas propias de tahúr de baja estofa.

Hoy mismo, el gobierno ha dado marcha atrás al “decreto ómnibus” que unía las alzas en las pensiones a la aceptación de las inaceptables okupaciones, “escudo social” que justifica la inhibición del gobierno en la construcción de viviendas sociales y el traslado de la responsabilidad a la sociedad civil de albergar los que se niegan a pagar -por muchos motivos, incluso algunos porque no pueden- una vivienda y prefieren okuparla a la brava; la maniobra de unir ambos decretos era tan absolutamente infantil que el resultado ha sido mucho más adverso para el gobierno de lo que el propio Sánchez preveía: la inmensa mayoría de la sociedad ha sido perfectamente consciente de que lo único que se pretendía era, o bien un “trágala” sobre la okupación o bien el desprestigio de quienes se negaran a votar favorablemente a ambos decretos. Sin olvidar, naturalmente, que, si bien el gobierno ha subido más que nunca durante el sanchismo, las pensiones, ha sido porque, hoy más que nunca, se ha elevado el coste de la vida.

Lo peligroso del tardosanchismo en este momento deriva precisamente de su imposibilidad para mantenerse en el poder y de las enseñanzas que pudo obtener del zapaterismo. Se suele olvidar que Zapatero estaba electoralmente desahuciado hasta que estallaron las bombas del 11-M en pleno período preelectoral. Se dudaba entonces de si el PP obtendría o no mayoría absoluta, de lo que no se dudaba hasta la mañana del 11-M era que ganaría las elecciones. Pero en los cuatro días siguientes, 3.000.000 de votos indecisos hasta ese momento, se decantaron hacia el PSOE (gracias a la mala gestión de la crisis y a los errores de comunicación del ministro Aceves y a haber mantenido a una cúpula policial heredada del felipismo).

No hay que descartar un atentado traumático similar protagonizado ahora ¿por la extrema-derecha neo-fascista que permita jugar con la ambigüedad de si ha sido esa extrema-derecha o ha sido Vox el autor del hipotético crimen? ¿por activistas antiabortistas?

Porque lo que no está claro es que el eslogan con el que Sánchez pretende “remontar” su lastre electoral (la equiparación del PP y de Vox y la subordinación de los primeros a la “extrema-derecha”) pueda funcionar: no ha funcionado en Extremadura, no va a funcionar en Aragón, por tanto, es difícil que tenga algún resultado. Sin olvidar que, precisamente, el hartazgo de gran parte de la población ante el ciclo sanchista es tal, que está, cada vez más electores estarían dispuestos a votar al diablo en persona con tal de superar esta luctuosa etapa de nuestra historia.

Este, probablemente, era el diseño del sanchismo para las próximas elecciones; pero hay algo que parece haber entrado en vía muerta en esa dirección. En efecto, ahora Sánchez ya sabe que ni él, ni siquiera Zapatero, son impunes. Sabe también que, a diferencia de 2003-2005 en el que el diario El Mundo y Libertad Digital, únicamente, cuestionaban la “versión oficial” sobre los atentados del 11-M, ahora es una legión de medio digitales los que investigación una acción criminal y terrorista. Sería muy difícil que quedara impune y a salvo de investigaciones periodísticas concienzudas.

LA POLÍTICA DE “TIERRA QUEMADA” COMO ÚNICA ALTERNATIVA

Así pues, la sensación que da en estas últimas semanas el sanchismo es que ha optado por la política de “tierra quemada”: si él no puede gobernar, que el país sea ingobernable. Quizás -y esta es la única duda- lo haga con la esperanza de que un PP, superado por la crisis que se viene encima al país en cuanto se sepa la situación real de las cuentas públicas, el nivel de deuda y de paro, muestren la gravedad de la situación y el PP se vea obligado a realizar recortes que generen un estallido social hasta el punto de que Sánchez pueda regresar como “salvador”. Es una posibilidad, pero es también improbable. Tanto el PP como, especialmente, Vox tardaría poco en demostrar CON FACILIDAD que la situación caótica que heredarán habrá sido el fruto a los años de sanchismo, como era fácil demostrar que al llegar ZP las cuentas públicas tenían un superávit de 25.000 y cuando se fue un déficit de más de medio billón.

Es mucho más probable que la política de “tierra quemada” de Sánchez sea un simple resorte psicológico del odio que siente hacia el elector medio: lo ha desvalijado, le ha engañado una y mil veces, ha falseado cuentas, ocultado datos, escondido bajo las alfombras déficits, escamoteado parados, exagerado logros, traicionado valores, fingido actitudes, aparentado normalidades, adulterado estadísticas, protagonizado exacciones, desnaturalizado leyes y reformas, disfrazado fracasos, escondido mordidas y corruptelas, escupido a instancias judiciales, manipulado a quien se ofrecía a ser manipulable, creando comisiones para retrasar lo más posible tragedias… Ha vendido, en una palabra, al país, a la sociedad, a sus propios electores y, en síntesis, TRAICIONADO a la Historia de España.

Pero, como psicópata integrado, no puede aceptar que algo se sitúe por delante de su “derecho” a realizar todo lo anterior en su calidad del “jefe de gobierno”. Sánchez odia: no solo a sus enemigos, sino también a quien manifiesta alguna duda sobre su liderazgo. A sus partidarios, simplemente, los desprecia: no pasan de ser piezas prescindibles a su servicio, electores indolentes lo suficientemente estúpidos para vender barato su voto.

Y, en lo que se refiere a los que han sido aliados suyos, su opinión no es mucho mejor: “que se lleven lo que quieran mientras me voten en el Congreso”. Y, entre los “aliados” hay que reconocer que el nivel no es particularmente alto: “¿PNV? ¿Junts? ¿qué puede pensarse de una derecha que vota a la izquierda? ¿ERC? Les doy lo que pidan… de hecho, ellos no gobiernan en Cataluña, gobierna Illa, así que lo que a ellos les doy, lo administra mi ministro de la pandemia. ¿Sumar? Bastante hago con mantener a una vicepresidenta preocupada por comprarse bolsos y modelitos de marca. ¿Los sindicatos? Comerán lo que les arrojo al suelo, lo devoran como lo que son, alimento de super para perros fieles. ¿Podemos? Indigentes políticos, tan interesados como yo a la hora de expandir la tierra quemada. ¿El PSOE? Una sigla que, o me sirve a mí, o no merece servir a nadie más”. Así piensa un psicopatón. Así piensa Sánchez.

LA GRAN REGULACIÓN MASIVA COMO PARTE DE LA ESTRATEGIA DE “TIERRA QUEMADA”

Y llegamos a la “regulación masiva 2.0.”, apoyada por Podemos.

Podemos ya no está en condiciones de apoyar a nadie. Su achicamiento electoral es tal, que es más que posible que desaparezca o quede minimizado hasta menos de los cuatro diputados que mantiene en el parlamento en esta legislatura. En la izquierda ya no hay partidos ni siglas, tan solo gallinas de corral picoteando lo que pueden. Tanto Podemos como Sumar, lo hemos dicho muchas veces, no son “partidos”, son agrupaciones heteróclitas, confederaciones de federaciones de círculos minúsculos de carácter local y poco más: ecologistas, marxistas, neomarxistas, socialistas revolucionarios, “terceristas” y tercermundistas, anarquistas, antisistemas, grupos LGTBIQ+ (en donde cada letra un mundo separado de los demás por mucho que aparezcan amalgamados e, incluso dentro de cada letra, un sinnúmero de matices), intelectuales de izquierdas rayanos en el analfabetismo, pijoprogres de pocas letras y muchas ínfulas, okupas y algún que otro mantero más “inteligente” que sus compañeros de tribu, ONGs que viven solo y nada más que de subvenciones y subsidios del Estado (parte de los cuales retorna al que ha firmado la concesión de ayudas) y que nunca tienen que justificar sus cuentas, ni nadie revisa su contabilidad y, claro está, algún que otro inmigrante recién naturalizado convencido de que si gana el PP, se le cortará el subsidio y si se impone Vox ocurrirá como en Minesota

Esta es lo que queda de la izquierda. Nada. Esto es lo que queda de la izquierda a la izquierda del PSOE… Una familia mal avenida, además de agónica, terminal, en crisis y multidividida. ¿De verdad os extraña que Irene Montero haya adoptado también la política de “tierra quemada”? ¿No es una reedición de “a río revuelto, ganancia de pescadores”?

De nuevo nos planteamos la cuestión que presentamos al principio de estos comentarios: ¿Es consciente la izquierda de lo que está haciendo?

En lo que se refiere al sanchismo, convenimos que no estamos hablando de un partido de izquierdas, sino más bien de la resultante de la acción de dos bandas, la de ZP y la de Sánchez, los “finolis” y los “manguis”, respectivamente. Ya hemos visto lo único que les interesa a ambos. Pero, en lo que se refiere a la izquierda radical, sí que es lícito volver a plantearse la cuestión, especialmente porque hay sectores de la izquierda radical, en concreto el Frente Obrero, que, aquí y ahora, están cuestionando la inmigración masiva y adoptando posiciones muy coherentes en esta temática. Y lo mismo pasa en el medio independentista catalán con la irrupción de Aliança Catalana, cuyo programa se basa, sobre todo, en el restablecimiento de la normalidad en Cataluña que pasa por la expulsión del exceso de inmigración inintegrable, especialmente africana, magrebí y andina. Estas tomas de posición, revelan que el problema de la inmigración ilegal y masiva, no es un mero “caballo de batalla” populista con el que progresa la extrema-derecha de Vox. Es mucho más.

LA INMIGRACIÓN COMO PROBLEMA DE TODA EUROPA

La inmigración ilegal y masiva es un problema nacional y, si se nos apura, continental. Un problema cada vez con peor salida. Quienes no advierten la gravedad de la situación es que permanecen ciegos por sus prejuicios de clase o de ideología. Desde 1945 quien habla de “raza” ha sido tachado de genocida, xenófobo y criminal… pero, a fin de cuentas, la “raza”, el reconocerse en los que son parecidos a ti, que comparten una misma cultura, una mista historia y un mismo destino, son los que dan coherencia a una nación y a una sociedad. Si una sociedad pierde esa base étnica, se convierte en un agregado inorgánico de gentes que no tienen nada que ver unas con otras, una serie de tribus en lucha con las vecinas.

Por eso, al valorar los pros y los contras de la emigración masiva, cada vez sectores más amplios de la población se sitúan en contra de estos trasvases de población. Marx, se equivocaba: la lucha de clases no ha sido el motor de la Historia, olvidó que, una lucha mucho más antigua, estuvo en el principio de la Historia: la lucha entre razas, los combates étnicos, las luchas entre tribus. Y siempre, unos han terminado esclavizando a otros. Los momentos de “armonía” entre las razas han sido pocos y solo a condición que cada una de ellas tuviera sus áreas particulares en los que gobernaba en propiedad e imponía sus usos y costumbres.

Se juzga que, a partir del 5% de presencia inmigrante, empiezan a producirse alteraciones cada vez más graves en la vida de un pueblo:

- Primero se trata de molestias, "choques culturales" que nunca terminan por desaparecer;

- Luego, en aras de la armonía étnica, se intenta ocultar el aumento de determinados crímenes y delitos, frecuentemente vinculados a la sexualidad;

- Cuando esto resulta ya imposible de ocultar, se apela a la “solidaridad” para admitir más inmigración, a guerras que tienen lugar en el otro extremo del mundo y que, en lugar de justificar traslados de población a países vecinos, terminan recalando, oh maravilla de maravillas, en aquellos que ofrecen ventajas sociales más laxas.

- Los gobiernos de estos países, se excusan en que faltan nacimientos y en la deformación de la pirámide de población que hace “peligrar las pensiones de los abuelos”.

- Pero lo cierto es que, a partir de determinado momento, es muy difícil distinguir entre la inmigración que realmente viene para trabajar y progresar en la vida, y aquella otra que viene motivada por los derechos sociales adquiridos con solo pisar el nuevo territorio nacional y/o las legislaciones extremadamente permisivas y poco severas con la delincuencia que -todavía- creen en la redención del delincuente…

- Cuando la sociedad, apenas lo ha empezado a advertir, el paisaje de las ciudades ha cambiado radicalmente: las calles aparecen recorridas por individuos que no está claro en qué trabajan, ni a qué se dedican, muestran vestidos de otros siglos y de latitudes muy diferentes a la nuestra. No son marginados: se automarginan, entre otras cosas porque están presentes en número suficiente como para constituir redes de apoyo propio. No necesitan integrarse, porque ya están “integrados” en su propia red que reproduce comportamientos, culturales, usos y costumbres de otras latitudes.

- No existe integración posible a partir de ese momento.

- Y lo que es peor: no son competitivos. Se les trate con la “discriminación positiva” más favorable, sus genes reflejan las costumbres -a menudo primitivas y tribales- de sus antepasados.

- No “prosperan” mediante el trabajo ni mediante el estudio.

- Lo que se les enseña en la escuela es algo que no tiene nada que ver con ellos.

- Pronto, el sistema educativo está tan dañado como el resto de iniciativas asistenciales de los Estados modernos: la seguridad social saturada por la admisión de gentes que, por una parte, vienen acompañados de enfermedades que ya han sido desterradas en Europa, como por fraudes en busca de bajas laborales, y pensiones de incapacidad para toda la vida; incluso los servicios policiales, jurídicos y carcelarios se ven saturados. No digamos, los servicios sociales.

- El “efecto llamada” opera su magia y los recién llegados llaman a sus amigos que se suman a la búsqueda del Edén en Europa, allí donde te lo dan todo a cambio de nada.

España, en este terreno, ha seguido desde 1996 este camino de manera acelerada. No podemos olvidar, nunca, que fue José María Aznar quien abrió las puertas a la inmigración masiva, pero mucho menos podemos olvidar que tanto Zapatero como Sánchez han sido los que han trabajado más para multiplicar el “efecto llamada” y la lasitud del Estado ante comportamientos que, desde el momento mismo de su entrada ilegal en España, demostraban al recién llegado que vulnerar las leyes en estas latitudes sale gratis.

LA IZQUIERDA SIEMPRE SE HA NEGADO AL DEBATE SOBRE LA INMIGRACIÓN

La izquierda nunca ha querido entrar en el debate migratorio y la derecha ha lamentado profundamente que el rechazo a la inmigración masiva -que ellos mismos han permitido, fomentado y estimulado- se vuelva contra ellos y haya desembocado en la formación de partidos populistas que corren el riesgo de volver irrelevantes a los partidos que han gobernado Europa desde 1945 y España desde finales de los 70. Ni unos ni otros han querido abrir el debate migratorio y lo han saboteado mediante medidas sociales, ocultación de datos y cortinas de humo.

La extrema-izquierda alardea hoy, en nombre de los “derechos humanos” y de ser los grandes defensores de la inmigración. Sánchez no pertenece a este grupo: si ha favorecido la inmigración ha sido conscientemente de los problemas que iba a generar después de que sea apeado del poder. Pero, las Irenes Montero, los Pablo Iglesias, las loquitas y los deconstruidos de Podemos prefieren ignorar lo que, a ellos antes que nadie, se les viene encima: el que el pueblo español en su conjunto termine tachándolos de traidorzuelos de pocas luces, de chalados que han hecho todo lo posible para romper la sociedad española, insertar en ella los fermentos de una futura guerra civil racial, religiosa y social de la que ellos mismos no saldrán indemnes.

Irene Montero, por ignorancia, inconsciencia y por un deslizamiento automático hasta el final de sus ideas estrafalarias sobre los “derechos humanos” y el “antifascismo”, y Pedro Sánchez, con su política de “tierra quemada” y de compra de tiempo, están haciendo tanto daño a la sociedad española como hizo Zapatero con la regularización masiva de 2005.

No nos olvidamos: los que tenemos “memoria histórica” sabemos a quien pediremos cuentas, estén en la Moncloa, en Galapagar, en Rabat o en la República Dominicana…

 







 

lunes, 2 de febrero de 2026

IRENE MONTERO Y EL “GRAN REEMPLAZO” ¿ESTÁN LOCOS LOS DE PODEMOS? (1 de 2)

El sábado 31 de marzo, en el curso del acto electoral central de Podemos en Zaragoza, al que apenas asistieron 200 personas, Irene Montero se despachó a gusto, ante ese pequeña parroquia favorable con frases del tipo "Ojalá podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante", dando como cierta la "teoría del reemplazo", defendiendo que las personas migrantes desplacen a "vividores" de las instituciones y anunciando que su próximo objetivo sería conseguir el voto para los inmigrantes mediante un cambio en la ley electoral. ¿Se ha vuelto loca Irene Montero? No y mil veces no: fue perfectamente consciente de sus palabras. Sabe lo que dice y el hecho de que lo diga con modos histéricos y agresivos, no implica que sus palabras hayan sido el producto de un “calentón” en el curso de un mitin, casi familiar. Para justificar esto nos vemos obligados a realizar un viaje político y psicológico.

IRENE MONTERO NO ES UNA CAJEARA DE SUPER VENIDA A MÁS

Deshagamos un bulo que ha acompañado a la Montero desde su lamentable tránsito por el Ministerio de Igualdad. Nunca fue cajera de un super, lo fue, menos de un año en una tienda de electrodomésticos. No es una iletrada absoluta: por el contrario: estudio psicología, trabajo como cajera para costearse sus estudios. Se licenció en Psicología con una nota media alta, luego realizó un master en Psicología de la Educación en donde sus calificaciones fueron también superiores a la media y, finalmente, un doctorado sobre “inclusión educativa” becada e incluso obtuve otra beca -a la que renunció- como investigadora en la Universidad de Harvard

No se trata pues de una tonta del bote, como suele pensarse entre los medios de derecha, ni de una estulta que solamente consiguió auparse gracias a su relación con Pablo Iglesias. Y esto, vale la pena tenerlo muy en cuenta para valorar sus declaraciones y sus actos. Porque a una pobre cajera de super, los prejuicios burgueses tienden a atribuirle una formación intelectual y política muy escasa (prejuicio absolutamente injusto si tenemos en cuenta que el mercado laboral español desde hace un cuarto de siglo, está empleando a licenciados universitarios en tareas modestas y que la diferencia salarial entre un reponedor de super y un investigador junior del CSIC no es mucha). De esto, los medios de derecha deducen que Irene Montero no estaba capacitada para asumir la dirección de un ministerio… En realidad, lo estaba: pero, a diferencia de un Salvador Illa, filósofo puesto al frente de sanidad en tiempos pandémicos o de un Abalos, maestro de primaria, puesto al frente del ministerio de fomento, que no tenían absolutamente ninguna noción de las tareas del departamento a cuyo frente fueron colocados, todos los estudios de Irene Montero iban en la misma dirección y, desde que se afilió a las Juventudes comunistas ya demostró interés por la igualdad, la inclusión y demás.

Ahora bien, su fracaso al frente de Igualdad no se debió a que lo ignorara todo sobre la materia, sino más bien a su falta de experiencia en gestión y en lo radical de sus ideas. Y todo esto es importante para centrar mucho mejor al personaje y a sus circunstancias.

EL ABISMO ENTRE LA IDEALIZACIÓN PODEMITA Y LA REALIDAD SOCIAL

En este blog ya hemos dicho en muchas ocasiones que movimientos que empiezan teniendo un gran tirón en la opinión pública, son arrastrados por sus propios errores, a convertirse en sectas. Esto suele ocurrir, cuando, tras un período de euforia, el movimiento en cuestión empieza a confundir sus ideales y apoyos con la realidad social. Suele creer que el hecho de recibir apoyos, aparentemente unánimes, la sociedad está predispuesta a compartir unos criterios de los que ellos mismos se consideran “vanguardia”. Le ha ocurrido a Podemos como le ha ocurrido también al independentismo catalán.

Yo no he vivido directamente la situación de la izquierda radical, pero sí conozco perfectamente la evolución y las situaciones que se dieron en la extrema-derecha durante la transición. La idea que tenían los miembros de Fuerza Nueva al ver que lograban llenar una y diez veces la Plaza de Oriente y que el lleno de cualquier mitin convocado en la más alejada provincia en la que tomara la palabra Blas Piñar, era el signo de que “la sociedad española” compartía sus puntos de vista. Luego venía, como suele decirse, el tío Paco con la rebaja y el baño de realismo. El problema con este sector político, fue creer que la “sociedad sana” estaba con ellos. Ese mismo problema estuvo presente en la fundación de Podemos.

¿Quién podía negar que, inicialmente, la lucha de los “indignados” fuera justa? ¿Quién podía negar que, tras el zapaterismo, la sociedad española estuvo sumida en una crisis sin precedentes que estuvo a punto de costarnos el ser intervenidos por la UE y que estuvo en el hundimiento cada vez mayor en la deuda pública? ¿Quién podía no ver que las clases más modestas eran las que estaban sufriendo más y más esta crisis? Por tanto, una vez más (y sin que ello suponga plagiar a José Antonio) podemos decir que “el nacimiento de Podemos fue justo”. Ahora bien…

También he dicho en varias ocasiones que, cuando me acerqué a los “campamentos de los indignados”, cuando vi de cerca el movimiento, advertí que allí no se encontraban ni los más desfavorecidos, ni los más modestos, sino que, sobre todo, estaban presentes marginados sociales, miembros de minorías en absoluto competitivas, okupas, extranjeros sin oficio ni beneficio, algún que otro colectivo LGTBIQ+ y poco más. Todo ello dirigido por un grupo de amigotes de la Universidad, suficientemente inteligentes como para saber dónde buscar fondos (en fuentes ya secas o poco menos, Venezuela e Irán), en qué emplearlos y con qué objetivos. Y es muy difícil hacer de este batiburrillo de marginalidades varias, un movimiento político coherente y con perspectiva de futuro.

En las primeras elecciones en las que participó Podemos (las europeas de 2014), la candidatura objetivo un 8% de los votos y 5 diputados. Fue una gran sorpresa. Había nacido a la izquierda un recambio al PSOE y a IU: una “nueva izquierda”. En las siguientes elecciones, las generales de 2015, redoblaron este éxito, junto a “marcas” regionales (En Marea, En Común, Compromís): obteniendo 69 escaños, quedando en terca posición, muy cerca del PSOE (Podemos tuvo un 20’66%, mientras que el PSOE quedaba apenas un punto y medio por encima). Incluso gente habitualmente ubicada a la derecha, votó a las candidaturas de Podemos por auténtico hastío y -no lo olvidemos- por el contenido de la propaganda genial y los spots publicitarios que constituyeron el leit-motiv de la formación.

Acto seguido empezó la crisis. Engañados por su rutilante éxito momentáneo, los dirigentes de Podemos se confundieron creyendo que el éxito se debía a las ideas que no habían explicitado completamente en sus campañas… cuando en realidad, se debía a causas muy diversas: en primer lugar que esas ideas “auténticas” no habían sido las mostradas en los spots publicitarios de aquellas elecciones; en segundo lugar que la participación de Pablo Iglesias en los programas de televisión de Intereconomía, televisión de derecha-derecha, lo que le dio cierto predicamento entre electores de este sector político; y, finalmente, en el hecho de que, en su primer fase, Podemos contara con eficientes colaboradores que creían firmemente en las ideas antiglobalizadoras y en la necesidad de aplicar una “nueva política”. Pero, todo ese “capital” se fue perdiendo en los meses siguientes.

Desde el momento en el que Podemos alcanzó su cénit, se inició también su ocaso. Había demasiada gente en su interior que procedían de IU y llevaban mucho tiempo esperando en el banquillo su turno. Y este nunca llegada. Cuando creyeron que había sonado su hora, se abalanzaron como hienas sobre los puestos de mando, desplazando a “indignados” sin historial previo, que se habían sumado al movimiento y que, en realidad, constituyeron su columna vertebral en los primeros éxitos.

A esta lucha por las poltronas, aquellos que tenían otros puestos de trabajo o unas ambiciones laborales que no estaban dispuestos a sacrificar por la política, o simplemente, no se sentían cómodas en medio de luchas por el poder dentro del partido que creían “alternativa a la política de partidos”, se retiraron sin grandes escándalos, ni escisiones. Los “círculos de afinidad de Podemos” se fueron vaciando, salvo los pequeños grupos LGTBIQ+, que consiguieron mantenerse. En un momento dado, se dio la circunstancia de que dirigentes de Podemos que no sentían el menor interés por estos grupos y que, incluso, sus comportamientos sexuales y personales, iban en contra de ellos, optaron por cambiar el discurso y “adaptarse” a lo que quedaba en las bases. Irene Montero no figuraba entre estos: siempre había sino “feminista” radical y, como hemos visto, llevaba la idea de la “inclusión” en la sangre.

En las elecciones de junio del 2016, Podemos, ya muy debilitado, pactó una coalición con sus antiguos hermanos separados, IU, formado Unidas Podemos, creyendo que así podrían garantizar el "sorpasso" al PSOE. Pero fracasaron: perdieron un millón de votos respecto a los resultados obtenidos por ambas formaciones un año antes. Si hasta ese momento, la crisis había sido interior, a partir de ahora se exteriorizaría.

En 2017, durante el Vistalegre II se produjo la ruptura entre las dos tendencias dirigidas por Iglesias y Errejón. La victoria de Iglesias supuso un giro hacia posiciones más radicales y la salida progresiva de cuadros fundacionales que quedaban en el partido, lo que debilitó la imagen de transversalidad del partido. En 2019, Podemos pasó de 71 escaños a 35: el 50% de pérdidas.

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La subida al poder de Pedro Sánchez facilito el que Iglesias ocupara el cargo de Vicepresidente Segundo del Gobierno de España entre los años 2020 y 2021, apenas 14 meses, hasta que, jugándose el todo por el todo, optó por presentarse candidato a las elecciones de la Comunidad de Madrid, renunciando al puesto en el ejecutivo. Pero, dato importante, mientras fue vicepresidente, Iglesias también estuvo al frente del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. El fracaso de Iglesias le forzó a abandonar la política en 2021 y Podemos, quedó sumido en el vacío y en la crisis. Le sustituyó Ione Belarra en Vistalegre IV, con 4/5 partes de los votos. Belarra, también sucedió a Iglesias en el Gobierno como Ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, cargo que ocupó hasta noviembre de 2023. Durante un periodo, el liderazgo se dividió entre el control orgánico del partido (que asumió Belarra) y el liderazgo institucional y electoral dentro del Gobierno, que recayó en Yolanda Díaz, aunque esta última nunca llegó a formar parte de la estructura interna de Podemos.

Pero el declive se agravó drásticamente en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023, donde Podemos desapareció de varios parlamentos autonómicos (como Madrid y Valencia) y perdió casi todo su poder institucional territorial. A finales de 2023, tras la formación de Sumar dirigido por las “tres gracias” (Yolanda Díaz, Ada Colau y Mónica Oltra), Podemos quedó con apenas 4 diputados en el Grupo Mixto.

Poco a poco, el discurso de Podemos se había ido reorientando, a medida que se agravaba su crisis. Con el tándem Belarra-Montero en el gobierno, la orientación principal se había centrado en los derechos LGTBIQ+ (creando, incluso, fricciones con las feministas de la “tercera ola” del PSOE) y en una denuncia radical de la “violencia sexual” que llevó a la redacción de la Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, popularmente conocida como la "ley del solo sí es sí" que acarreó un efecto absolutamente contrario a sus intención (a pesar de las advertencias): más de 1.200 reducciones de condena y al menos se produjeron 126 excarcelaciones prematuras de violadores y agresores sexuales, hasta el punto de que el PSOE pactó con el PP una reforma de la ley en abril de 2023 para elevar las penas mínimas en casos de violencia o intimidación, corrigiendo lo que el presidente Pedro Sánchez calificó como el "mayor error" de su Gobierno. Pero Irene Montero no dio marcha atrás: votó en contra de la reforma y aseguró que el problema no era la ley, sino su “interpretación machista”.

Sánchez que había empezado apoyándose en Podemos, terminó utilizando a Sumar como muleta, a la vista de la crisis de la organización, de lo extemporáneo de sus puntos de vista y del rechazo que generaban en el propio electorado socialista. Y es que, a partir de los desastres que sufrió Podemos en 2023, el grupo -ya convertido en una secta- se había refugiado en los temas queridos por las minorías sexuales. Aquí, Irene Montero solamente fue capaz de repetir una y otra vez, consignas cada vez más estrábicas: el “niñes”, los derechos de “niñas, niños y niñes” para garantizar la “inclusión de las infancias trans y no binarias”, los problemas de “identidad de género”, la Ley Trans impulsada por Montero durante su etapa en el Ministerio de Igualdad, Irene Montero que reconoce el “derecho a la libre determinación de la identidad de género” y, para colmo, los “derechos reproductivos y sexuales” de los menores que, según el partido sostiene que incluso los niños y niñas tienen derecho a conocer su propio cuerpo y a ser educados en la “diversidad”, considerando que el uso del género neutro ayuda a romper estereotipos desde la infancia: “Lo que no se nombra, no existe”, ha dicho y remetido la Montero como leit-motiv.

LA PSICOLOGÍA DE LA PSICÓLOGA IRENE MONTERO

Parece claro que, si en el inició del “movimiento de los indignados”, Irene Montero hubiera exteriorizado los puntos de vista que luego impulsó cuando fue ministra de igualdad, muchos ni siquiera se hubieran acercado. Esta temática estuvo ausente de los primeros tiempos de Podemos, y, en concreto, ni se tocó en tiempos de sus grandes éxitos electorales, cuando estuvo a punto del “sorpasso” al PSOE. Fue, a partir de las primeras derrotas electorales y de las crisis internas de Podemos, cuando el partido fue consciente de que precisaba un electorado propio y cautivo.

Y también aquí confundieron fantasías con realidades: en primer lugar, creyeron que sus ideales sobre sexualidad, transexualidad, infancias y sexualidad, eran compartidos por todos los sectores progresistas. Y se equivocaban: no solamente eran rechazados por los grupos conservadores, sino que también muchos sectores progresistas, incluidas las feministas radicales de “tercera generación”, y padres de familia, las consideraron “excesivamente avanzadas”, o más bien, productos de una élite -como hemos dicho en varias ocasiones- de “chicas loquitas y hombres deconstruidos”. Sea como fuere, mientras Podemos siga ostentando estas ideas, no parece que vaya a recuperar mucho del espacio perdido, sino más bien, ha emprendido el camino que conduce a la extinción.

Para colmo, si, desde el principio, la posición de Podemos en relación a la emigración, fue favorable, la reciente intervención de Irene Montero ante las 200 personas que acudieron a su mitin electoral en Zaragoza, su intervención en relación ha sido comentada mundialmente. ¿Qué ha ocurrido? ¿Se ha vuelto loca?

Ya hemos dicho que no: todo obedece, en primer lugar, a un cálculo político; para Podemos, muy marcado por la rigidez de Pablo Iglesias -que fue profesor asociado en la Facultad de ciencia Política de la Complutense-, todo movimiento político precisa de una “base social” sólida, que marque su “suelo mínimo”, más abajo del cual nunca descenderá. Cuando Podemos inició su crisis, el debate interno los llevó a considerar que el manojo LGTBIQ+ y la defensa de sus derechos e intereses garantizaría ese “suelo mínimo”. Pero, el cálculo se ha mostrado erróneo: ese racimo de preferencias sexuales, no tiene una respuesta política unánime, como no la tuvo el proletariado tal y como preveía Marx; sus opciones varían extraordinariamente: hay gays en el PP, el Sumar, en Vox, etc. Ni siquiera todos los trans se sienten próximos a Podemos.

El fracaso de esta opción es, precisamente, lo que ha generado el cambio de posición de Podemos: sigue hablando -porque Irene Montero, sobre todo- cree verdadera en su particular concepción de la “igualdad” y de la “libertad sexual” y lo aplica a sus excesos lingüísticos, pero ahora en Zaragoza, el énfasis lo ha colocado en la inmigración ilegal y en sus “derechos” adquiridos por el solo hecho de pisar territorio español y, especialmente, en su “potencial electoral”.

Durante años, Montero ha visto cómo disminuían más y más, hasta convertirse en reuniones familiares como el mitin de Zaragoza, los asistentes a los actores Podemos. Una mente ágil y flexible, atribuiría esto a un evidente divorcio entre sus propias ideas y las que recorren la sociedad. Pero Irene Montero es, cualquier cosa, menos flexible: hoy está en posiciones muy parecidas a las que mantuvo en la época en la que ingresó en las Juventudes Comunistas y no advierte el fenomenal divorcio entre sus concepciones en materia de sexualidad y las que están en vigor en la sociedad, incluso en el sector progresista.

Es muy duro haber visto a miles de personas llenando las gradas de Vistalegre para luego dirigirse a 200 personas en un mitin central de campaña: no es raro que, Irene Montero, en su rigidez, no interprete esta mengua como un resultado de sus políticas, sino como una “traición del electorado”: la han abandonado en su lucha por una “nueva sociedad”. La búsqueda de un “suelo electoral” no ha sido entendida ni siquiera por los que fueron sus propios partidarios… que, en el fondo, eran “españoles”. Así pues, en los intrincados corredores de su cerebro, quiere que los “españoles” sean sustituidos por “migrantes”. Ella está dispuesta a luchar por sus derechos: el del voto, nada más resulten regularizados. Así piensa que, en pocos meses, prevé que revertirá su caída de votos, con entre 850.000 nuevos votantes (que se convertirán en 3.500.000 a partir de que se les autorice a la “reagrupación familiar”, algo que ella aspira a que sea un derecho inmediato…) y todo para recuperar cierto “estatus electoral”. En efecto, si, hoy la inmigración y los hijos de los inmigrantes ya suponen entre el 20 y el 25% de la sociedad española, esto implicaría que, en la más tímida de las hipótesis, convertirse en defensora a ultranza de los derechos de los inmigrantes, le acarrearía un aumento del suelo mínimo electoral…

Así se explica el “odio” que destila Montero hacia “los españoles” que no han sabido reconocer sus méritos y el ansia que demuestra en “extranjerizar” o “racializar” el país

Por supuesto, también aquí se equivoca. Se equivoca, pero no ha enloquecido: simplemente, Podemos ha perdido el norte y se resiste a desaparecer como enésimo fracaso de la izquierda.

PODEMOS PUEDE, PERO SOLO MIENTRAS SÁNCHEZ ESTÉ EN MONCLOA

Sacar a colación el tema de la inmigración en el momento actual, puede parecer un error, especialmente, cuando el sector mayoritario de la sociedad española es perfectamente consciente de los desfases de todo tipo que genera la admisión ilimitada de nuevos vecinos con otras costumbres, otras tradiciones, otras religiones y unos físicos diferentes, de los que, además, ni se sabe nada sobre su pasado, ni se quiere saber. Para Podemos, sin embargo, es el último recurso para salir de su indigencia electoral y de su crisis interna. Además, Podemos ha sido el único partido que ha apoyado a Sánchez (además de la Conferencia Episcopal, por supuesto…) para realizar la nueva “regularización masiva”. E Irene Montero está tan orgulloso de ello, como lo está de los 1.200 violadores que han visto reducidas sus penas gracias a su malhadada ley.

No es Montero, ni Podemos, quien se ha vuelto loco. Pero sí hay un colectivo que demuestra un nivel de locura, afortunadamente, inalcanzable para el resto de la sociedad: la dirección sanchista del PSOE.

En efecto, mientras que la regularización masiva y las nuevas orientaciones de Podemos (que, en la práctica, implican una explícita política de “reemplazo”) y está destinada a mejorar su suelo electoral, Sánchez es perfectamente consciente de que la regularización no va aportarle los votos necesarios para mantenerse en el poder. De hecho, sabe con toda seguridad, de que salvo que ocurra un milagro para él, la sigla “PSOE” tiene perdidas las próximas elecciones y suerte tendrá si sobrevive a su mandato.

Entre las muchas opiniones sobre el motivo por el qué Sánchez ha tramitado esta nueva regularización, la que gana más peso, a medida que pasan los días, no es la de que trate de encubrir los casos de corrupción abiertos, el hecho de que su mujer se niegue a entregar el pasaporte, o el desastre ferroviario generado por años de mordidas, incompetencia y desvíos presupuestarios del Ministerio de Fomento, convertido luego en “Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana” y actualmente en “Ministerio de Transportes Movilidad Sostenible”. Es algo mucho más profundo que solamente podía surgir del cerebro de un individuo como Sánchez: la conciencia muy clara de que lo que ocurra después de su mandato, no solo no le importa en absoluto, sino que, cuando más degradada esté la situación que herede el sucesor, mejor. Es el clásico "Après moi, le déluge" (después de mí, el diluvio) frase atribuida a Luis XV.

El sanchismo, prevé el caos absoluto del país y lo programa para DESPUÉS DEL SANCHISMO. Si nos fijamos atentamente, todas las medidas del sanchismo resultan suicidas, empezando por la regularización masiva de inmigrantes. Pero, mientras que para él es una vendetta en forma de regalo envenenado para la derecha que, sin duda, gobernará España en los próximos años, para Irene Montero, es simplemente una oportunidad de ensayar una nueva temática -en la que profundamente cree, por convicción ideológica, tanto como por resortes psicológicos profundos- para subir su suelo electoral.

Dada la endeblez de Podemos, ni siquiera el fracaso de Sumar, es susceptible de reavivarlo. En próximas elecciones está destinado, sino a extinguirse completamente, al menos a quedar reducido a la mínima expresión. Los dirigentes de Podemos son perfectamente conscientes de que hoy son “algo”, porque Sánchez está en la Moncloa. No es que aprecien al sanchismo (¿quién lo aprecia? Ninguno de sus aliados, por supuesto, que apenas son “amigos” ocasionales y durante pocas semanas). A Sánchez no le importa pactar y conceder las exigencias de unos o de otros, incluso aun cuando sea perfectamente consciente de que sus concesiones van a ser rechazadas por instancias jurídicas o constitucionales.

Es muy difícil que Irene Montero y Podemos consigan este objetivo a la vista de que lo ignoran casi todo sobre la inmigración y lo poco que saben es mucho más teórico e ideológico que realista y “político”. Pero, lo que es seguro es que la estrategia de “tierra quemada” de Sánchez tardará décadas en disiparse de España, si es que algún día este país logra recobrar la normalidad después del período negro que se abrió con las bombas del 11-M y con la irrupción del zapaterismo y que se prolongará hasta que Sánchez salga de la Moncloa. Hasta que ese ocurra, Sánchez no tiene el más mínimo inconveniente en ceder a todos sus aliados ocasionales en lo que hemos llamado “una compra de tiempo”. Para aguantar unos días más, es capaz de vender cualquier cosa. Gracias a Montero, sabemos que el próximo tramo estará jalonado por su petición del derecho a voto para cualquier inmigrante recién regularizado… Y Sánchez le concederá lo que ni siquiera el Tribunal Constitucional aceptará. Pero ¡que le importa! Al menos habrá disfrutado unos pocos días más de las vistas de la Moncloa, del presupuesto público y del Falcon…

 








 

jueves, 29 de enero de 2026

COMPRANDO TIEMPO: LA SEGUNDA REGULARIZACIÓN MASIVA

“Comprar tiempo”, solamente “comprar tiempo”, para permanecer en el poder. Tal ha sido el único objetivo de Sánchez desde su llegada a la Moncloa y, especialmente, después de perder las elecciones de 2023: más que gobernar, su único objetivo ha sido permanecer el mayor tiempo posible en el poder. Eso tenía dos ventajas: satisfacía a su ego y, por otro lado, permitía dilatar el tiempo de saqueo del país. A esto se añadió un tercer factor: comprar tiempo para retrasar al máximo la inevitable rendición de cuentas ante la justicia y esperar el improbable milagro que les ayude a remontar. ¿A quién “compraba tiempo”? A los “aliados”: Sumar, Podemos, ERC, Bildu, Junts… Lo intentó también con el PP, pero, finalmente, éste no le siguió en la que va a constituir la mayor traición jamás realizada a la historia y a la identidad nacional, desde la regularización masiva de Zapatero en 2005…

Pero si en 2005, todavía el zapaterismo no había revelado por completo su ADN y el PSOE estaba incomparablemente más fuerte que ahora (el ciclo felipista se había cerrado apenas siete años antes y las bombas del 11-M le habían dado una mayoría relativamente cómoda), ahora la situación es completamente distinta: el PSOE sanchista (o lo que queda de él), inició la legislatura tras haber quedado segundo en las elecciones de 2023 y obtener la mayoría apoyado por otros partidos, igualmente derrotados en aquella convocatoria. Estaba claro, desde el principio que el futuro de Sánchez dependería de estos otros partidos, mucho más que de él mismo: era el “bloque de los derrotados”, Junts, ERC, Podemos, Sumar…

Una personalidad política sensata y consciente de su deber de estadista, hubiera convocado inmediatamente elecciones o bien habría pactado una “gran coalición” con el otro partido mayoritario, el PP (que, a fin de cuentas, era el que había quedado en primer lugar). Pero Sánchez quería gobernar solo y tener las manos libres para hacer de su capa un sayo con el patrimonio del Estado.

Rodeado de una banda mafiosa y apoyado por una confederación de federaciones surgidas del creciente proceso de desintegración de la izquierda y de su fracturación regionalista, Sumar, verdaderos indigentes políticos a los que, desde el principio, sabía que podía manejar a su antojo, Sánchez abordó la que puede calificarse como legislatura más triste, miserable e inestable de la historia moderna de España.

Sánchez confiaba en “ganar el relato” mediático gracias a carne de periodistas comprados a precio de saldo y a un Tezanos al frente del CIS capaz de transformar cualquier derrota en “previsible victoria”.

Pero, desde el principio de la legislatura, todo le ha ido mal:

- los “tabloides de ultraderecha” (esto es, la prensa libre) ha sacado a la superficie indecibles casos de corrupción, los influencers y youtubers han ido ganando peso sobre los medios de comunicación convencionales y, prácticamente ninguno, entre los que gozan de mayor audiencia, ha apostado por el sanchismo, ni siquiera por la izquierda; las políticas “guerracivilistas” y de “memoria histórica” se han mostrado más contraproducentes que rentables;

- el “año Franco” ha constituido un fracaso absoluto, España está cada vez más aislada internacionalmente (y no solo por los cambios en los EEUU), incluso dentro de la UE;

- su giro marroquí en política exterior ha hecho desatar todo tipo de sospechas sobre sus motivaciones últimas y alguna vez Marlaska deberá explicar porqué disolvió las unidades más eficientes en la lucha contra el narcotráfico en la zona del Estrecho;

- la política generalizada de indultos a los amigos y aliados ocasionales, en especial a los declarados culpables por el caso ERE-Andalucía y antes a los promotores del “procés”, fue suficiente para demostrar que Sánchez sería capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder siguiera unos días más…

- las concesiones continuas a independentistas, realizadas incluso a sabiendas de que no podría cumplirlas y que, en cualquier caso, beneficiarían al PSC, el único grupo socialista que se mantiene mal que bien a flote en las regiones, que es a la postre quien gobierna en Cataluña.

A esto es a lo que hemos llamado “compra de tiempo”: a veces a ERC, otras a Junts, algunas a Podemos, otras a Sumar e, incluso al PP...

Ahora, acosado por una ristra de derrotas regionales previsibles y encadenadas a lo largo de 2026, ya le queda muy poco margen de maniobra. La buena noticia es que, la “etapa Sánchez” va a ser tan gravosa para el PSOE que es previsible que tras concluir siga el camino de otros partidos socialistas de Europa Occidental y se suma en la irrelevancia.

Pero, como decimos, quedaba la última “traca”, la regularización de “500.000 inmigrantes ilegales”.

Se venía hablando de ello desde el principio mismo de la legislatura. Inicialmente, Feijó aceptó “negociar” con Sánchez esa “regularización masiva”. Sánchez, inicialmente, habló de 750.000 irregulares, Feijóo le respondió que con 500.000 sería suficiente… Pero el problema es que, en ese tiempo, ya no son 750.000 sino que están próximos al millón y, en un momento en el que la inmigración se ha convertido en el principal problema de Europa Occidental y en el centro del debate político que está desgastando a los partidos tradicionales de centro-derecha y de centro-izquierda.

No es raro que Sánchez haya optado por la vía del decreto-ley, sin pasar por el parlamento. El debate público le hubiera restado aún más simpatías. Pero tenía prisa: el accidente de Adamuz había revelado que el ministerio de comunicaciones había cometido tantos errores encadenados que era imposible que, en esta ocasión, desviara la atención hacia otros responsables.

Las cifras cantan y está demasiado claro que tanto Abalos como Pardo de Vega y, seguramente el propio Puente, han sido responsables últimos del accidente, al haber actuado, no por acción, ni por omisión, sino por COMISIÓN en el tema de la seguridad de los ferrocarriles. Corría prisa tapar cuanto antes el bochorno y el dolor, las molestias causadas especialmente en Cataluña por la red de cercanías. Se improvisaron nuevos “relatos”:

- Los medios oficialistas desviaron la mirada hacia los EEUU, Minnesota y la dureza del ICE en la captura y repatriación de ilegales a la vista de que el tema “Julio Iglesias – agresiones sexuales” no pudo mantenerse durante mucho tiempo;

- tampoco los desórdenes en el Irán de los Ayatolás, permitió desviar mucho tiempo la atención (a pesar del “hinchado” desmesurado e increíble del número de víctimas que se ha llegado a establecer en “54.000”),

- se evitó hablar mucho del bloqueo parlamentario en Europa del acuerdo con el Mercosur (una de las primeras victorias de la “ultraderecha” europea),

- con el “decreto-ómnibus” se intentaba forzar a que la derecha aprobara las subidas de pensiones con el trágala de eternizar la okupación; pero el resultado ha sido el contrario al esperado: se han multiplicado las ocasiones para que los partidos de derecha pudieran explicar por qué se han negado a seguir el juego del trilero de la Moncloa.

Así que solamente quedaba rescatar el viejo tema de la inmigración ilegal y masiva que siempre podría tapar el escándalo del momento: la crisis del ferrocarril y los 45 muertos de Adamuz.

Para ello, Sánchez contaba con un solo apoyo: el partido más impresentable, desaprensivo y tontorrón que haya aparecido jamás en un país europeo, Podemos, con sus “chicas loquitas” y sus “hombres deconstruidos”, con ese sentimiento innato de que su obligación es ponerse siempre al lado de los pobres, de los desheredados y… de los inmigrantes ilegales.

Claro está que, con el decreto de regularización de 500.000 inmigrantes, la candidatura aragonesa de “la niña de los paradores”, Pilar Alegría, quedaba apuntillada (por si no tenía suficiente con las recientes cesiones fiscales a la gencat). Pero ¡qué le importa a Sánchez el futuro de una colaboradora no particularmente dotada, ni inteligente, aunque si oportunista, fiel y sacrificada, siempre dispuesta a inmolarse! ¡Que la importa Sánchez la sigla de su partido que él mismo se ha encargado de liquidar pieza a pieza y, particularmente en Aragón!

El PSOE siempre ha tenido vocación de “regularizaciones masivas”. Pero, en los veinte años que median entre la primera y esta han generado un escenario completamente diferente. En 2005, ningún partido protestó, la sociedad, en su inmensa mayoría, permaneció muda ante el destrozo, nadie lo utilizó como bandera electoral. En 2026, incluso la propia UE, está empezando a dar marcha atrás en la admisión de inmigrantes. Se ha visto cuál es el fondo de la cuestión: los que llegan no se integran y generan una situación que alimenta a los partidos populistas, identitarios y euroescépticos. El “negocio de la inmigración” es, para los partidos de centro, de centro-izquierda, y de izquierda, pan para hoy y hambre para mañana. De seguir así, la inmigración en los próximos 4 años, habrá costado la desaparición de la socialdemocracia europea y de buena parte del centro-derecha.

Pues bien, Sánchez, valorando pros y contras ha abierto el camino por decreto a una nueva regularización masiva. En principio, abierta a “500.000 ilegales”, de los que dice -sin mucha convicción- que la mayoría son andinos y rumanos. Lo dudamos: en principio, porque no son 500.000, sino más bien entre 750 y 800.000 y, en segundo lugar, porque, siempre que se produce un proceso de este tipo, se genera un “efecto llamada” inmediato (incluso de inmigrantes que ya están en Europa y que buscan el país en el que regularizar su situación antes. Así pues, es posible, que desde el momento en el que se apruebe el decreto, hasta que empiece la regularización, al terminar ésta, el número de inmigrantes ilegales vuelva a estar situado en torno al 500.000 (como ya ocurrió durante la regularización de 2005). Y lo que es peor: en pocos años, sean los que sean los regularizados, multiplicarán su número por cuatro acogiéndose a la “reagrupación familiar”.

Y esto llega en un momento en el que los servicios públicos (educación, sanidad y transportes) están en crisis, cuando las promesas de construir 850.000, 1.000.000 de “viviendas sociales” realizada por Sánchez en campaña electoral, ni siquiera han arrancado, cuando la oposición social a las okupaciones es cada vez más cerrada. No es difícil prever que los problemas generados por esta regularización masiva van a agravar todos estos frentes, ya de por sí, muy mermados y en crisis desde 2005.

Si el sanchismo se está retratando en toda su vileza, demagogia e imprevisión, sus aliados ocasionales -en este caso Podemos- han demostrado a lo que ha quedado reducido la extrema-izquierda. No vale la pena calificarlos: se irán extinguiendo por sí mismos y los restos sustituidos cada vez más por burkas, chilabas y manteros ascendidos a diputados. Las “loquitas” y los “deconstruidos” que no esperen que moros, negros y andinos, les agradezcan sus desvelos.

En este momento, lo que preocupa a los socialistas, ya no es perder las elecciones aragonesas, andaluzas, castellano-leonesas, sino ser superados por Vox y quedar relegados a tercera fuerza en algunas de estas comunidades. No se dan cuenta de que, para ellos, el problema es mayor aún: la alteración radical del sustrato étnico del pueblo español es algo que NO VAMOS A OLVIDAR JAMÁS. Deberán pagar y pagarán por lo que están tratando de hacer.

Algún día les pediremos cuentas por el único delito que deberían procesarlos, el más grave de todos ellos: la traición a nuestra identidad y a nuestra historia.

ANEXO

MEMORIA HISTÓRICA:
LA REGULARIZACIÓN MASIVA DE ZAPATERO EN 2005.

El “humanismo” enfermizo de Bambi-ZP, situado fuera de la realidad cotidiana de una España que crecía a golpes de ladrillo y con la presencia de millones de turistas de medio y bajo poder adquisitivo, debía de engendrar un monstruo: la “regularización masiva” que se prolongó administrativamente entre febrero y mayo de 2005. 

Es cierto que Zapatero cuando se encontró en la Moncloa había heredado 800.000 inmigrantes ilegales llegados en los últimos dos años del período Aznar, pero la solución no era una regularización masiva, sino justamente lo contrario: una repatriación masiva que cortara el “efecto llamada” cuando ya empezaban a presentirse negros nubarrones en el sector de la construcción y resultaba evidente que la especulación inmobiliaria había llegado demasiado lejos y la burbuja se aproximaba a su estallido. Un lugar de eso, la regularización masiva, multiplicó el “efecto llamada”.

Aquella “regularización masiva” estuvo mal planteada desde el principio y fue uno de los signos de que el nuevo gobierno estaba formado por “amateurs” con poca capacidad de gestión y un exceso de irresponsabilidad. No era sólo el presidente del gobierno el que estaba anclado en las nubes del dogmatismo en materia de inmigración, sino que el quehacer de su círculo más íntimo de colaboradores iba por los mismos derroteros. Rafael Caldera, aconsejado por Consuelo Rumi, fueron los responsables de la catástrofe en la que se convirtió aquel episodio

En agosto de 2004, cien días después de que Zapatero hubiera tomado posesión de su cargo, Consuelo Rumi anunció sorpresivamente que se iba a producir una regularización masivaTras muchos titubeos y rectificaciones, se anunció finalmente que el proceso tendría lugar entre febrero y mayo de 2005. El plazo entre el anuncio de la regularización y el inicio de la misma había sido tan extenso que generó un amplio efecto llamada incluso de inmigrantes ilegales radicados en Francia y Portugal que hizo que pasaron de la condición de ilegales a la de legales fueran reemplazados por la misma cantidad de nuevos ilegales generados durante el tiempo entre que se anunció el proceso y concluyó. 

Los requisitos iniciales que se pedía eran: haber llegado a España antes de junio de 2004 y contar con un contrato de trabajo firmado de seis meses como mínimo. Inicialmente lo que preveía era castigar a los patronos que hubieran contratado a ilegales obligándoles al pago de las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. Naturalmente, la patronal no estaba dispuesta a pagar la factura, así que se negaron a aceptar estos términos… con lo que la factura de cuotas atrasadas de la Seguridad Social la pagaría todo el pueblo español. UGT y CCOO asintieron. Fue así como el Gobierno y los "agentes sociales" alcanzaron el 10 de noviembre un acuerdo en torno al reglamento de desarrollo de la Ley de Extranjería que recogía una disposición transitoria para abrir un proceso de legalización de inmigrantes en situación irregular que contasen con un contrato de trabajo. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, estimó tras la firma del acuerdo que el proceso podría realizarse durante los meses de febrero, marzo y abril de 2005

Lo que Caldera no estuvo en condiciones de decir es cuántos inmigrantes resultarían legalizados en esta operación. De hecho, sus “previsiones” oscilaron entre los 400.000 iniciales y los 800.000 previstos poco antes de iniciarse la regularización. Sin embargo, solamente en 2003, la UE estimó que habían entrado en España como mínimo 600.000, la mayoría ilegales. A estos se unirá el número de ilegales que entraron en los tres años anteriores de los cuáles solo un 30% habían resultado regularizados o entraron con papeles en regla.

Inicialmente Caldera insistió en que la regularización sólo afectaría a extranjeros que ya se encontrasen trabajando en un intento de cortar las críticas susceptibles de argumentar que contra más trabajadores se legalizaran los salarios tenderían más a bajar. El contrato de trabajo que se requería como condición sine qua non para regularizarse debía estar firmado por empleador y trabajador de una duración de seis meses, aunque se recogía un tratamiento específico para trabajadores del sector de agricultura, hostelería y construcción, así como para el servicio doméstico. 

Casi nadie estaba de acuerdo en que regularización se realizara en los términos en los que se hizo: los empleadores (la mayoría autónomos o pequeñas empresas) porque perdían la posibilidad de contratar a trabajadores ilegales y, por tanto, el precio de la mano de obra se les encarecía, los inmigrantes porque para acceder a una autorización de residencia y trabajo debían darse de alta del contrato en la Seguridad Social, lo que otorgaría una autorización de residencia durante un año a cambio de una merma en sus ingresos. Pero nadie había preguntado a la sociedad y ni siquiera el PSOE lo había hecho a sus electores a la vista de que en el programa electoral de 2004 no figuraba en lugar alguno alusiones a una regularización de ilegales. 

Dado que la patronal no había consentido pagar cuotas atrasadas, el reglamento que reguló el proceso no exigía demostración alguna de relación laboral previa entre empleador y empresario ni tampoco obligaba a éste último de pagar las cuotas atrasadas de la Seguridad Social. En definitiva, y como norma general, terminó exigiéndose al extranjero en situación de ilegalidad que estuviera empadronado en España seis meses antes de la entrada en vigor del Reglamento y que presentase un contrato de trabajo, firmado por empleador y empleado, para otros seis meses

En la práctica, parece claro que un inmigrante, por el mero hecho de haber llegado antes de junio de 2004 (¿cómo demostrar la fecha de entrada cuándo muchos inmigrantes la ocultaban y declaraban haber extraviado sus pasaportes, mientras que basaban sus pretensiones en documentos privados fácilmente manipulables, incluso en tickets de supers?) y por el mero hecho de poder presentar un contrato de seis meses (¿y cómo evitar que el “empleador” argumente al día siguiente de la regularización del inmigrante que se ha visto obligado a despedirlo?) ya está regularizado por siempre jamás… 

Sólo al terminar el proceso se supo que el nivel de fraude había sido muy alto, pero nadie se tomó la molestia de indagar el porcentaje. 

Luego, la banca y las cajas de ahorro hicieron lo demás para situarse ante el abismo: a partir de esta regularización y viendo que la concesión de hipotecas a ciudadanos españoles había tocado techo, empezaron a percibir la inmigración como un nuevo “target” del mercado inmobiliario. Las cajas de ahorro, especialmente la CAM y la Caixa Catalunya, empezaron a ofrecer a inmigrantes recién regularizados hipotecas sobre el 120% del valor de tasación de inmuebles de ínfima calidad, pagaderas a 30 años con el único “aval” de contratos de 6 meses y permiso de trabajo. Los pisos vendidos en aquella época, por lo demás, estaban sobretasados entre un 30 y un 40% del valor de su valor real. La catástrofe que seguiría en el momento en el que estallara la burbuja inmobiliaria supuso una dramática vuelta al orden y el fin de las Cajas de Ahorro que más clientela inmigrante habían captado.

El gobierno había demostrado debilidad a pesar de que se obstinara en presentarla como muestra de su “talante” negociador y dialoganteEn lugar de repatriar sin contemplaciones al millón largo de inmigrantes que había entrado ilegalmente en España, empezando por los que hubieran cometido delitos en territorio nacional, el gobierno socialista, dogmático y timorato como pocos, lo que hizo fue ceder ¡porque el proyecto de sociedad multicultural y mestiza de Zapatero precisaba inmigración masiva sin considerar si la podíamos mantener, ni si tendrían acomodo en nuestro escuálido mercado de trabajo! 

Esta tendencia a lo que entonces se llamó “la renuncia preventiva” fue una característica del gobierno Zapatero desde sus primeras semanas. La opinión pública española quizás no lo advirtiera pero quienes sí lo habían advertido fueron los dirigentes de las mafias paquistaníes de la inmigración

En los días posteriores a los atentados del 11-M había disminuido momentáneamente el flujo de inmigrantes; pero, poco después, la inmigración y los traficantes de carne humana, advirtieron los resquicios que dejaba abiertos la debilidad de ZP. Estas mafias -que en la región catalana siguen en importancia y actividad a las marroquíes- reaccionaron inmediatamente ocupando la Catedral de Barcelona en la peor infamia que recuerda la historia del lugar desde la violación del recinto por las tropas napoleónicas en busca de los patriotas barceloneses que no se resignaron a dejarse avasallar por “el francés”. Casi doscientos años después, las tumbas de los menestrales barceloneses sirvieron de urinarios, los bancos de la Cripta de Santa Eulalia y de la nave central, fueron apilados y colocados como barricadas dentro del Templo y, finalmente, la Sala Capitular en donde se encuentra el Santo Cristo de Lepanto, ¡¡¡se utilizó como basurero!!!

El gobierno ZP y el “honorable” Maragall, en lugar de reaccionar con expulsiones inmediatas y encarcelamiento de los allanadores –porque, a la postre, era un allanamiento y algo más que un allanamiento si tenemos en cuenta el carácter sagrado del lugar para unos y artístico para todos– prometió que “revisaría la política de inmigración”. Esta fue la señal que convenció a las mafias de la inmigración de la debilidad que estaba injertada en el AND del presidente del gobierno, algo que ya habían intuido durante la campaña electoral.  

A partir de ese momento, el “efecto llamada” se convirtió en una constante. Cuando tiene lugar la ocupación de la Catedral de Barcelona, ya se estaba rondando la cifra de 4.000.000 de inmigrantes.

A estos 4.000.000 había que añadir los que se hicieron eco del “efecto llamada” desencadenado a partir de las declaraciones de Consuelo Rumi en agosto de 2004, cuando estableció las normas generales de lo que luego sería la reforma de la Ley de Extranjería que abrió la vía para la regularización masiva de febrero-mayo. Sobre este período no hay cifras oficiales. El Ministerio del Interior, insistió a lo largo de todo el año 2005 que había disminuido el flujo de inmigrantes ilegales. Pero, de hecho, son los únicos que se atrevían a afirmarlo apoyados en trampas estadísticas y discriminación entre legales e ilegales, comunitarios y no comunitarios. Sindicatos policiales, gobiernos autonómicos y municipales, servicios sociales, servicios sanitarios, sin excepción eran mucho más pesimistas: en 2005, 2006 y 2007 se ha disparado la inmigración masiva. De hecho, la regularización masiva no fue considerada ni por la inmigración, ni por las mafias, como una muestra de “generosidad” (tal como Zapatero pretendía), sino de “debilidad”. Y al débil se le obliga siempre a que realice más concesiones.

La regularización convirtió la marejada en un alud incontenible, un “efecto llamada” redoblado, cuyas consecuencias duran todavía hoy.

Y no existen posibilidades de que ahora vaya a ocurrir algo diferente