jueves, 28 de septiembre de 2023

EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN (3): NI MATRIMONIO, NI NATALIDAD... ANIMALISMO, LGTBIQ+

A partir de 1973, con la conclusión de los “30 años gloriosos” de la economía, empezó a evidenciarse una continua pero constante caída en la capacidad adquisitiva de la población trabajadora. Lo que hasta entonces constituía el “sueño español” (matrimonio con un mínimo de dos o tres hijos, casa propia, segunda residencia y vehículo) y se satisfacía “firmando letras de cambio”, empezó a ser cada vez más inaccesible. Los matrimonios, inicialmente, redujeron aquello que estaba en su mano: disminuyeron el número de hijos. Luego se hipotecaron, algunos para toda la vida. Finalmente, el precio de la vivienda y distintos cambios sociales, hicieron que descendiera el número de matrimonios y aumentara el de divorcios; en 1998, el índice de fecundidad alcanzó mínimos históricos con 1,13 hijos (para que se garantizara la estabilidad de la pirámide de población, debía alcanzar 2,1 hijos por mujer) cuando solo veinte años antes, en plena transición era de 2,54. Fue en ese punto cuando Aznar abrió las puertas a la inmigración, con la excusa de que “pagarían las pensiones a los abuelos”.

Natalidad entre 1975 y 2022: En los años de la transición y del felipismo la natalidad en España cayó un 75%. A partir de 1998 se empezaron a notar los efectos de la llegada masiva de inmigrantes sobre los nacimientos. A pesar de no ser más del 5% de la población, en el año 2000 ya aportaban un 25% de los nacimientos. Tras la crisis de 2008-2011, las cifras cayeron a mínimos históricos.

A pesar de que con una simple campaña de natalidad, o bien incentivando nacimientos mediante rebajas y exenciones fiscales, se hubiera garantizado la “fecundidad de reemplazo”, Aznar optó por jugar la carta de la inmigración, a despecho de lo que podría suponer para la identidad nacional y la coherencia étnico-cultural del país. A partir de ese momento, todos los subsidios y subvenciones -incluso a libros de texto en la escuela y a comedores escolares- tuvieron en cuenta el número de hijos y los parados de cada unidad familiar. Esto generó efectos previsibles: era frecuente que familias recién llegadas tuvieran tres, cuatro y hasta seis e hijos y, dado que nunca trabajaban los dos cónyuges, estas familias siempre quedaban por delante de las nacionales en la obtención de cualquier beneficio social. Se formó así un grupo social subsidiado, pagado con los impuestos de las clases medias españolas, mientras aumentaba la franja de autóctonos situados en la pobreza o en el umbral de la misma.

Gracias a la inmigración, la curva de la fecundidad se recuperó, alcanzado su máximo en 2008, con 1,44… Esto fue posible porque el modelo económico de Aznar facilitaba el acceso al crédito, hasta el punto de que los bancos y las cajas de ahorro, concedían hipotecas por el 120% del valor de inmuebles sobretasados, a inmigrantes que apenas podían mostrar como aval contratos de trabajo de tres meses y hacía muy poco que habían llegado. Esto los animó a seguir teniendo los mismos hijos que en su país de origen.

Pero, a partir de 2008, con el inicio de la crisis económica, la curva de la natalidad volvió a descender y ahora se sitúa en 1,19, es decir, apenas 0,06 puntos por encima del peor momento de la natalidad cuando no había inmigración. Así que, el problema, lejos de haberse resuelto, se ha agravado con la particularidad de que España es ahora una nación “multicultural” y “multiétnica”, además de “plurinacional”… un mosaico cada vez más incoherente y en el que ni siquiera queda el consuelo de que, al menos, la “selección española de fútbol” concita patriotismo… De hecho, muchos de los hijos de los inmigrantes, nacidos en España, se sienten más identificados con las selecciones del Magreb y con los hábitos de vida de aquellos países.


La falacia de las estadísticas: Cataluña y Andalucía en cabeza por el número de nacimientos. Están en cabeza, Cataluña y Andalucía... pero no porque tengan una mayor tasa de natalidad, sino porque tienen la mayor población del Estado (7,5 y 8,5, respectivamente). De hecho, Cataluña es una de las zonas con MENOR tasa de natalidad mundial (y el grupo autóctono catalán tiene una tasa de reproducción que no supera el 0'7). Madrid estaría en realidad en cabeza con apenas 3,2 millones.


Y este asunto es extremadamente importante porque los hijos de los matrimonios de hoy, serán los que hereden el país. Si tenemos en cuenta que una “patria” no es una fotografía puntual realizada a una sociedad en un momento dado, si la “tierra de los padres”, esto es, el producto de un encadenamiento de generaciones que no se extingue con la presente, sino que debe continuar con la obligación moral de cada generación de tomar la antorcha del legado recibido y engrandecerlo, veremos la importancia que tiene tanto la caída de la natalidad, como la “multiculturalidad” y la pérdida de identidad nacional a la que hemos aludido.

El precio de la vivienda, la elevación constante del coste de la vida, el hecho de que ya ni siquiera dos salarios mínimos basten para pagar un alquiler o comprar una vivienda, sino solo para compartir un piso con otros dos o tres jóvenes, la caída en picado de la capacidad adquisitiva de los salarios, el hecho de que la vida se encarezca a una velocidad mayor a los incrementos salariales, todo eso, unido a la exaltación de lo LGTBIQ+, los problemas de fecundidad de la población (provocados por la incorporación de pesticidas, conservantes, aditivos químicos, perfectamente identificados -¡pero no prohibidos!- en los alimentos), la “popularización” del aborto y de cualquier otro método contraceptivo, todo esto, ha contraído la natalidad, tanto del grupo autóctono (que se sitúa hoy por bajo del 1 como tasa de fecundidad, especialmente en zonas como Cataluña de alta inmigración y, desde hace décadas, de tasa de fecundidad muy baja), como, incluso del grupo halógeno (que puede duplicar o incluso triplicar la tasa de fecundidad de los autóctonos). No hay cifras en esa dirección porque, elaborar estadísticas que indicen el origen étnico está rigurosamente prohibido.

A esto se unen los “nuevos modelos familiares” promovidos desde el período del zapaterismo. La falacia consistió en considerar que cualquier tipo de unión podía ser considerada “igual” a una “familia”. Dejando aparte que cualquier persona tiene el derecho a seguir el modelo de sexualidad que estime oportuno, lo cierto es que el entorno más adecuado para criar hijos es el formado por matrimonios heterosexuales. Lo enseña la historia y lo enseña la biología. Se puede discutir y se puede elaborar cualquier teoría alternativa… pero siempre, lo más seguro, es lo confirmado por la historia y por la antropología.

Al considerar a la pareja homosexual como "matrimonio" (en lugar de como simple "unión" que podría estar regulada mediante una ley ad hoc), con la posibilidad de adoptar hijos, se estaba solamente dando el primer paso para que cualquier tipo de unión pudiera ser considerado con el mismo rango. Los “nuevos modelos familiares”, de momento, lo único que han garantizado, es la desvalorización de la familia tradicional. Y el resultado no ha sido que alcanzáramos más altos niveles de bienestar social, sino que, desde 2004-5 han ido aumentando las patologías sociales, y la insatisfacción sexual. Sabemos que, en la actualidad, un matrimonio heterosexual dura un promedio de 9 años… pero ignoramos el tiempo que se prolonga cualquiera de los “nuevos modelos familiares”. Simplemente, no hay estadísticas. Lo cual, de por sí, ya es significativo. No hay porque existe renuencia a elaborarlas, no sea que la realidad desmienta las triunfalistas declaraciones “progresistas”.

El Informe sobre la situación de la salud mental en España, elaborado por la Fundación Mutua Madrileña, reconoce que en el 47,6% de la población ha experimentado ataques de ansiedad, el 42,1% han sufrido depresiones, el 35,9% estados de ansiedad prolongados. Como tampoco existen estadísticas oficiales al respecto, hay que fiarse de nuevo de la percepción de la población, factor que queda recogido en este estudio: el 74,7% de la población en España cree que “en los últimos años ha empeorado la salud mental de los españoles” (se dan como causas, la pandemia, la incertidumbre ante el futuro y la presión del día a día). El 14,5% de la población ha tenido “ideas suicidas” (las noticias de suicidio se siguen ocultando, a pesar de que están muy por encima de las víctimas de violencia doméstica – más de 4.000 al año, frente a menos de 100 anuales- de las que cada día hay alguna noticia). Casi el 20% de la población consume psicofármacos, el 73% a diario (ansiolíticos el 61,9% y antidepresivos el 47,2%). De los ciudadanos que llegan a los centros de asistencia primaria, el 20,8% de los pacientes es derivado a un psicólogo y el 17,6% a un psiquiatra. El 61’3% son mujeres y el 38,3% hombres. Estas cifras se disparan cuando se refieren a jóvenes de entre 18 a 34 años: el 31,8% ha tenido ideas suicidas y solamente un 30,8% considera que su salud mental es buena…

Estadística escalofriante sobre el aumento de fallecimientos por trastornos mentales y de la conducta en España, hasta 2019, es decir, hasta antes de la "pandemia". Hay que suponer que cuatro años después, se situarán en torno a los 25.000, de los que, entre 4.000 y 5.000 son suicidios. Sin embargo, no hemos visto -ni se le espera- ninguna inyección de presupuesto, ni ninguna campaña para evitar esta epidemia de muertes. En este momento solo interesa las 50 mujeres asesinadas en España (de las que ni siquiera se puede recordar que un porcentaje anormalmente alto, corresponde a víctimas de grupos étnicos no europeos). Comparen 25.000 muertos, con 50 asesinadas y que su lógica les dicte qué sector merecería mayor atención...

 

En otras palabras y sin enmascaramiento de cifras: a los españoles, cada vez nos es más difícil unirnos para formar un matrimonio y tener hijos, llevar una vida familiar y social feliz y enriquecedora, sin miedos al futuro, en el ambiente cálido de una célula familiar tradicional. 

El recurso suicida a la inmigración para compensar la baja natalidad se ha revelado catastrófico: tienen más hijos que el grupo autóctono, pero también son insuficientes para alcanzar la tasa de reposición. Y lo que es peor: en toda Europa Occidental y en la Europa del Norte, se ha demostrado muy claramente que estos hijos de inmigrantes, son reacios a la integración y no han aceptado el sistema de vida y la cultura del país que acogió a sus padres, configurándose como bolsas de conflictividad creciente.

El hecho de que los distintos gobiernos de izquierdas o de derechas hayan seguido las mismas políticas de natalidad, implica que ambas opciones han fracasado

La absoluta imposibilidad para resolver este problema por las vías democráticas ensayadas hasta hoy, permite preguntar: ¿Qué preferís seguir con el “invierno demográfico” y con la idea suicida -y fracasada allí donde se ha intentado- de importar carne humana, en forma de inmigración para compensar la natalidad autóctona, o coger el toro por los cuernos, realizar campañas de natalidad, priorizar la reproducción entre el grupo autóctono mediante incentivos fiscales y ayudas directas? ¿Preferís un país “democrático, multicultural, multiétnico, plurirreligioso y mestizo” que no ha funcionado nunca en ningún lugar allí donde se ha intentado (y retamos a que alguien nos indique dónde ha funcionado algo parecido) o preferís un país con coherencia cultural, étnica, antropológica y religiosa? Si preferís lo primero, está claro que el Estado surgido de la constitución de la transición, nos lo ha ofrecido y lo estamos apurando hasta las heces.

¿Habéis visto que en el programa de alguno de los partidos mayoritarios alguna declaración programática que contribuya a pensar que tiene voluntad de estimular la natalidad entre autóctonos, o que está dispuesto a estimular la formación de parejas jóvenes, o que se manifiesta a favor de que la sociedad española sea coherente, cohesionada y homogénea? 


El verdadero Estado de la Nación (0): Abandonar la Unión Europea, una urgencia nacional

El verdadero Estado de la Nación (1): España [in]Defensa

El verdadero Estado de la Nación (2): Un sistema político elogiable en su insignificancia

El verdadero Estado de la Nación (3): Ni matrimonio, ni natalidad: animalismo

El verdadero Estado de la Nación (4): Una nación sin identidad y que ha renunciado a la suya propia

El verdadero Estado de la Nación (5): Sin modelo económico desde hace 15 años

El verdadero Estado de la Nación (6): La catástrofe lingüística de un pueblo

El verdadero Estado de la Nación (7): La inseguridad se ha convertido en el pan nuestro de cada día

El verdadero Estado de la Nación (8): El problema irresoluble de la deuda

El verdadero Estado de la Nación (9): El trabajo, un bien que se extingue

El verdadero Estado de la Nación (10): Las pretensiones del colectivo LGTBIQ+

El verdadero Estado de la Nación (11): Instituciones internacionales olvidables y responsables

El verdadero Estado de la Nación (12): Empobrecimiento cultural y brutalización de un país (y "bono cultural" de propina)

El verdadero Estado de la Nación (13): Los motivos y repercusiones del vuelco étnico, cultural y religioso

El verdadero Estado de la Nacion (14): Las posibilidades de un “rearme moral”

El verdadero Estado de la Nación (15): Balance final: España en liquidación por "insuficiencia constitucional"








miércoles, 27 de septiembre de 2023

EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN (2): UN SISTEMA POLÍTICO ELOGIABLE EN SU INSIGNIFICANCIA

El bloque de la derecha tiene una irreprimible tendencia a elogiar la constitución del 78, mientras que el bloque de izquierdas siempre ha manifestado su intención de interpretarla torticeramente y de reformarla para adecuarla a los criterios de “igualdad – inclusión – diversidad” que constituyen hoy lo esencial de su ideología. En realidad, la constitución del 78 había demostrado ampliamente en los años 80 que no era perfecta, ni en lo relativo a separación de poderes, ni por las ambigüedades sobre la vertebración del Estado, ni en la concepción garantista de la justicia, ni en las atribuciones al jefe del Estado, era, simplemente, una forma de organización “de circunstancias”, elaborada mediante un consenso entre franquistas vergonzantes y una oposición democrática de la que solamente el PCE y la extrema-izquierda tenían existencia real.

Fue muy influida por fuerzas que tenían su origen fuera de nuestro país: el PSOE, en 1977, no era nada más que una creación unilateral de la socialdemocracia alemana; y en cuanto a UCD, simplemente fue una improvisación circunstancial “centrista” para facilitar el tránsito del franquismo a la democracia. Cuando terminó la transición, en un período que abarca desde el 23-F hasta las elecciones del otoño de 1982 que dieron la victoria al PSOE, aquella constitución empezó a mostrarse inadecuada para regir la vida de la sociedad española.

En primer lugar, porque todo el poder radicaba en “camarillas” dependientes de distintos grupos de presión nacionales o extranjeros, a las que se llamaron “partidos”. A medida que fue avanzando la historia política de España en democracia, esos partidos políticos fueron reforzando su posición, hasta el punto de no concebir ni permitir ninguna forma de participación en el poder que no pasara a través suyo. La “sociedad civil” literalmente desapareció a mediados de los años 80 y, desde entonces, no se ha recuperado. Pronto se hizo evidente que los partidos políticos, ya no representaban opciones ideológicas, sino solo los intereses de sus cúpulas y de los grupos de presión y/o consorcios económicos que los avalaban.

La participación de la ciudadanía en los partidos políticos muy mínima y, frecuentemente, los partidos solo tienen unos pocos afiliados más de los cargos en la administración que ocupan. Quien quiere vivir de la política o hacer buenos negocios a su sombra, debe necesariamente afiliarse a algún partido.

Así pues, la sociedad española, nunca ha sido una “democracia” digna de tal nombre. En el mejor de los casos se ha tratado de una “partidocracia”. Nada más. Era inevitable que la corrupción -evidenciada ya en el período de UCD (con el turbio asunto del envenenamiento masivo en el verano de 1981) y desde los primeros meses de gobierno socialista (con la expoliación de RUMASA y su liquidación fraudulenta)- se convirtiera en el cáncer del sistema.

La impresión que tiene hoy la ciudadanía sobre “la política” es que se trata de una actividad corrupta, a la que van a parar los peores individuos de la sociedad y que actúa con casi completa impunidad. Los redactores de la constitución se cuidaron muy bien de generar un sistema judicial garantista en el que, difícilmente, podrían prosperar procesos políticos contra corruptos. Y, de hecho, a pesar de lo extendido del cáncer en cuarenta años, hemos visto a muy pocos políticos ingresar en prisión.

Por otra parte, el “poder legislativo” adolece de carencias y falsea los resultados electorales quedando amplias minorías sin representación y pequeñas minorías sobrerrepresentadas. La primera de todas las carencias es que los diputados no están vinculados a ningún “distrito electoral”, los ciudadanos solamente saben que hay unos nombres que “representan” a su provincia, pero ignoran cuál es “su” diputado, al que recurrir y al que pedir explicaciones, denunciar casos o exigir responsabilidades. Los diputados tienen todos oficina en el edificio del parlamento… cuando deberían tenerlo en su distrito electoral, abierto a todos los ciudadanos. Las listas siempre son elaboradas por las cúpulas a despecho de lo que tal o cual diputado haya hecho en la legislatura anterior: se busca, sobre todo, que “sea leal”… leal ¿a quién? ¡Al partido, por supuesto! Que nunca realice críticas, que siempre esté dispuesto a votar lo que le indica su grupo parlamentario, que no tenga perfil propio, ni iniciativa personal, que se limite a ser un “yes-man”. A principios de los 80, Alfonso Guerra, cuando todavía era vicepresidente, ya dijo aquello de que “el que se mueve no sale en la foto”, principio que se aplica a todos los partidos del bloque de la derecha o del bloque de la izquierda.

La gran contradicción del sistema político español es que el volumen de filiación de todos los partidos sumados, no llega al 1% del total de la población, sin embargo, este 1% acapara el 100% de la representación política. Es evidente que la constitución del 78 ha generado una brecha entre el “país oficial” y el “país real”.

Para la derecha la “defensa de la constitución” se presenta como algo necesario para salvaguardar la “democracia”, mientras que, para la izquierda, la reforma de la constitución es necesaria para “profundizar” en la democracia. En realidad, cuando la izquierda habla de “profundización” lo que tiende es a reformar en dirección a lo “políticamente correcto”, a los “estudios de género” y al “wokismo”. Esa es la reforma que teme la derecha y por eso se escuda en la “validez” de la constitución. Pero ésta, prematuramente avejentada desde mediados de los 80, sí precisa una reforma en profundidad… aunque no en la dirección a la que aspira el bloque de izquierdas.

El problema es que, tal como se planteó la constitución en el momento en el que se redactó, solamente podía modificarse a partir de una mayoría parlamentaria del 75%, lo que implica que solamente un “nuevo consenso” entre el bloque de la derecha y el bloque de la izquierda, lo posibilitaría. Este consenso es absolutamente impensable en las actuales circunstancias.

Por otra parte, el problema es que la situación del país en 2023 es completamente diferente a la que existía en 1976-78: de los grupos mediáticos que promovieron la constitución en 1978 (Cadena 16, Cadena Z y Grupo Prisa) o han desaparecido, o se encuentran en pleno desguace, o están muy debilitados en relación al flujo de información habitualmente utilizado hoy, y en cuanto a las fuerzas políticas nacionales e internaciones que contribuyeron a propulsar la constitución son completamente diferentes a los que están presentes en la actualidad: hemos pasado por el final de la guerra fría, por el unilateralismo norteamericano, por la globalización, por la irrupción de las nuevas tecnologías y por la Tercera y la Cuarta Revolución Industrial. El dramático resultado final es que se está tratando de guiar un país en el siglo XXI, con ideas que surgieron en el siglo XVIII y con un modelo político derivado de la excepcionalidad de la transición.

Tras 45 años de haber sido aprobada, la constitución se ha demostrado de eficiencia política muy limitada (y para ello no hace falta nada más que ver la crisis política, institucional, económica y social en la que nos encontramos en este momento, mucho más aguda que en cualquier otro país europeo e, incluso, que en cualquier otro momento de nuestra historia, salvo quizás durante la Segunda República) y de imposible reforma (a la vista de la ruptura que se ha operado entre los dos bloques de derechas y de izquierda, la imposibilidad de reconstruir una opción de centro y la deslealtad de los “nacionalistas” que, tras 45 años, de haber simulado “moderación” se han revelado como independentistas, al llegar al techo de sus reivindicaciones).

¿Cómo salir de este permanentemente empantanamiento? Con una constitución irreformable y con una situación política-social-economía-nacional que exige reformarla… ¿Hasta cuándo las costuras del país y de la sociedad van a soportar el desfase entre las posibilidades reales del sistema constitucional español y las necesidades reales del país?  ¿De dónde, cómo y hacía qué dirección construir un nuevo consenso?

Así mismo, desde que Platón escribió La República, está claro y reconocido que “ningún político actúa contra sus propios intereses”. Lo que ya se sabía en el siglo VII a.C, parece haberse olvidado hoy, se soslaya o se da como inevitable: el que la “clase política” piense solamente en sus intereses muy por encima de los de la Nación, del Estado o de la Comunidad. Y, por supuesto, la clase política partidocrática no está dispuesta a emprender reforma constitucional alguna que pueda quitarle ni uno solo de sus beneficios. Antes bien, a medida que la sociedad se va atomizando, que se va desmovilizando, que va aceptando precariedad, miedos, alzas en los costes de la vida, presión fiscal, esa clase política mejora constantemente sus privilegios.

Solo cabe reiterar la palabra del clásico: “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia Nostra?”. Porque está claro que o la Nación introduce un tipo de representación corporativa que dé peso a la sociedad civil, reste poder a los partidos políticos y, sobre todo sus cúpulas dirigentes, o éstas seguirán esquilmando y empobreciendo a la nación, haciendo imposible su persistencia en el tiempo, de la misma forma que han pulverizado su identidad, su economía, su futuro…


El verdadero Estado de la Nación (0): Abandonar la Unión Europea, una urgencia nacional

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El verdadero Estado de la Nación (2): Un sistema político elogiable en su insignificancia

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El verdadero Estado de la Nación (12): Empobrecimiento cultural y brutalización de un país (y "bono cultural" de propina)

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lunes, 25 de septiembre de 2023

EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN: ESPAÑA [in]DEFENSA

No hay defensa nacional posible sin una evaluación objetiva de riesgos y un señalamiento concreto de su procedencia. Cuando se intenta elaborar un plan de defensa contemplando especialmente las orientaciones adoptadas por otros países, o por organizaciones internacionales en las que se participa, ese plan estará viciado de partida. Un defensa nacional, en tanto que “nacional”, deberá contemplar la protección de los propios intereses. Porque las relaciones entre Estados se miden en términos de “intereses”. Desde principios de los años 70, la defensa nacional del Estado Español ha estado cada vez más hipotecada a intereses que nada tenían que ver con la nación española.

De hecho, el punto de inflexión lo marcó la renuncia del gobierno español a dotarse de armas nucleares. Un país con armamento nuclear, por el mismo hecho de disponer de tecnología suficiente para elaborar ese tipo de armas, es respetado. De no disponer de armas nucleares, Corea del Norte hace tiempo que habría sufrido el mismo destino que Afganistán o Iraq. Si Rusia no dispusiera de armamento nuclear en estos momentos, hace tiempo que su gobierno habría sido derribado por intervenciones extranjeras o, simplemente, invadido con cualquier pretexto.

Vale la pena recordar que el proyecto de dotar a España de un pequeño arsenal nuclear disuasivo partió de Agustín Muñoz Grandes en los años 60. Para su mentalidad estratégica -y estaba en lo cierto- la posesión de un arsenal nuclear garantizaría la soberanía española ante la OTAN y ante los EEUU y la defensa de por vida del eje estratégico Baleares – Gibraltar – Canarias. La guerra de Ifni había demostrado que el material militar enviado por los EEUU no podía utilizarse contra Marruecos, que, en realidad, era el único país que, en esos momentos, estaba matando soldados españoles y cuya voracidad ambicionaba Ceuta, Melilla, las Islas Adyacentes, Canarias, además de Ifni, el Sahara y la región de Cabo Juby que, efectivamente obtuvo.

Así pues, o España se resignaba a una situación neocolonial o bien se convertía en una pieza activa del tablero político mundial. En 1969, ya se habían obtenido algunos gramos de plutonio y el 15 de diciembre de 1973 los investigadores comunicaron al Estado Mayor que España ya tenía capacidad para construir tres bombas nucleares de plutonio al año. El 19 de diciembre, los EEUU fueron informados del plan, en el curso de la entrevista Carrero-Kissinger: el secretario de Estado de EEUU se negó explícitamente a apoyar a España en caso de “agresión exterior” (que sólo podía partir de Marruecos por la cuestión del Sáhara, entonces candente), en respuesta a lo cual, Carrero le informó del estado del plan nuclear español. Kissinger, visiblemente, contrariado, abandonó inmediatamente España. Al día siguiente, Carrero Blanco fue asesinado por ETA. A partir de ese momento, España detuvo el plan, se produjo el abandono del Sáhara después de cinco años de atentados terroristas por parte del Frente Polisario. Y se pidió la adhesión a la OTAN. A partir de entonces ya no hubo posibilidades de una “defensa nacional” eficiente y realista. De hecho, desde entonces el ejército se ha ido convirtiendo en un cuerpo funcionarial más, que ha actuado -sufriendo varios cientos de bajas- en el curso de misiones militares en países completamente desconectados de la defensa de España e, incluso, de la defensa europea y en donde nada se nos había perdido.

En España, desde la transición, las fuerzas armadas, consideradas como el orgullo de otros países, fueron presentadas ante la opinión pública como “golpistas”, “franquistas” y “reaccionarias”. En realidad, lo que ocurría es que los “valores democráticos” (libertad – igualdad – fraternidad) eran completamente inversos a los que se enseñan en las academias militares (orden – autoridad – jerarquía). Esta contradicción se superaba relegando a las fuerzas armadas a una especie de cuerpo funcionarial cuyas misiones, cada vez más, se presentaban como “pacifistas” (“repartir bocadillos” y “apagar incendios”).

De poco ha servido que la industria española estuviera en condiciones de diseñar aviones, vehículos, navíos, y armamento en general que pudieran ser competitivos, porque los distintos gobiernos han preferido comprar armamento en EEUU; y, en cuanto a los “proyectos europeos”, han sido muy limitados en lo que a sistemas militares se refiere.

Para colmo, el tránsito del servicio militar obligatorio al ejército voluntario, se realizó cometiendo infinidad de errores. Durante más de un siglo, el Ejército de había convertido en la “escuela de la nación”, millones de jóvenes que habían llegado a su servicio militar completamente analfabetos, no solamente habían aprendido a leer y escribir, incluso a andar con dignidad, sino que, en muchos casos, aprendieron una profesión. Además, se lograba la intercomunicación y el conocimiento entre las clases sociales. Se endurecía a la juventud, se le enseñaba que, en la vida, además de tener iniciativa, siempre, antes o después, hay que cumplir órdenes. Y valores. Para muchos, su servicio militar fue la gran aventura de su vida, la primera verdadera aventura. Es cierto que no todos tenían el temple necesario para vestir el uniforme y, por tanto, el tránsito del servicio militar obligatorio al ejército profesional tenía cierta justificación. Pero, el gran problema fue, que mientras se producía esta transformación, la enseñanza había quebrado: ya no era capaz de formar jóvenes y de proveerlos de valores instrumentales. Los únicos valores que se enseñan, al ser finalistas, tendieron a “ablandar” a la juventud y sumirla en un universo de pacifismo, universalismo, buenismo, igualitarismo y eclecticismo que, finalmente, terminó “ablandando” a la juventud.

En 1975, el tronco central de las fuerzas armadas formado los tercios de la Legión, la Brigada Paracaidista, la infantería de marina y la división acorazada, garantizaban la defensa del territorio contra enemigos internos y externos. Hoy, la situación es completamente diferente. El ejército de África estaba considerado como el más preparado del mundo en materia de guerra del desierto. Hoy, cuando se exige a los gobiernos que “contengan el gasto público”, la primera partida que se contrae, acaso la única junto con “investigación”, es la de “defensa”.

A esto hay que unir que un “ejército profesional” debería ser un ejército voluntario motivado por valores y por el propio carácter guerrero de sus integrantes. El hecho de que existan caracteres reflexivos, proclives al estudio y a empleos tranquilos, pero también otros jóvenes cuya sangre del pide aventura, entrega, esfuerzos, acción, en una palabra, era un buen argumento contra el servicio militar obligatorio. Pero, el problema fue que las motivaciones para ingresar en el ejército, incluso para esos jóvenes, eran pocas: sueldo bajo, tiempo de permanencia corto, ningún tipo de privilegio a la hora de entrar en cuerpos policiales o de seguridad, nada absolutamente. No es raro que se retrajeran las incorporaciones, mientras que, como estímulo se ofrecía a inmigrantes ingresar en filas para adquirir la nacionalidad española. El resultado ha sido que, en determinadas unidades, que en otro tiempo eran de élite, existe tropa de todos los orígenes y hay que dudar de que todos tengan la misma motivación y, por lo tanto, idéntica eficiencia en combate.

Queda el punto del armamento. La industria armamentística es una industria que arrastra a otros sectores industriales. Siempre, la investigación en materia militar ha generado aplicaciones civiles y esto hace posible progreso económico. Tener una fuerte y competitiva industria militar supone invertir en un sector de altísimo valor añadido. Pero, para eso hace falta que el gobierno la apoye (y no solo en defensa, sino en exteriores, en enseñanza, en cultura). España ha demostrado que podía hacerlo, especialmente en materia de aviación (aviones CASA 295, de los que se han vendido a otros países 192 unidades, CASA 212, de los que se han vendido 477, entrenadores Aviojet de los que se han construido 143 unidades, etc), en materia de construcción naval, en vehículos todo terreno o en armamento ligero). En el tardofranquismo, los proyectos, especialmente en el terreno de la aviación de combate, que se habilitaron, eran particularmente ambiciosos (especialmente el HA-500 Alacrán, o helicópteros de combate). Se abandonaron en los primeros años de la transición.

En el momento actual la industria militar española sigue existiendo… pero está en su mayor parte en manos de empresas extranjeras (CASA que había englobado a Hispano Aviación, es hoy propiedad de la holandesa Airbus). 

A esto habría que añadir, finalmente, que no siempre los altos cargos militares son elegidos por su capacidad de mando, su visión estratégica o su ascendiente sobre la oficialidad y la tropa, sino por criterios exclusivamente políticos. Durante estos últimos 40 años hemos visto como los distintos gobiernos de derechas o de izquierdas, situaban a ministros de defensa que nunca jamás habían tenido la más mínima noción de lo que es “defensa” o eran incapaces de entender la diferencia entre “estrategia” y “táctica” o la necesidad de elaborar planes de defensa. Recordamos, por ejemplo, a la malograda ministra Chacón colocada en el cargo por Zapatero simplemente por el hecho de que una mujer embarazada pasando revista a las tropas era la garantía de una imagen distribuida a nivel mundial…

Así pues, cabe preguntarse si, en las actuales circunstancias, existen posibilidades de “defender la nación”. La realidad es que Marruecos se está armando a mayor velocidad que España, que está cultivando mucho mejor sus relaciones con los EEUU y que, en caso de conflicto, hoy, el Pentágono cuenta más con las bases en Marruecos (el Africom, mando del Pentágono para África, está allí instalado) que con España que, a fin de cuentas, es miembro de la OTAN y hará lo que la OTAN le ordene que haga. Y, desde luego, la OTAN no va a participar en ninguna acción de defensa conjunto frente a Marruecos en caso de crisis.

En la actualidad, el peligro soviético no existe. Por lo tanto, nuestra presencia en la OTAN es ociosa; lo que sí existe es un riesgo de conflicto con Marruecos (que existirá mientras en el Salón del Trono del Palacio de Rabat siga mostrándose un tapiz con los límites del “Gran Marruecos” que incluyen los territorios de Ceuta Melilla, Canarias y las Islas Adyacentes) y el peligro generado por el “enemigo interior” (fundamentalmente, el islamismo radical, pero también bandas étnicas que irán evolucionando como lo han hecho en otros países europeos -Francia y Suecia, especialmente- accediendo a armamento automático ligero, granadas de mano, financiadas por los beneficios obtenidos por la delincuencia). Y ese “enemigo interior” ya ha desbordado la capacidad de las fuerzas de orden público en Francia, controla más de dos mil zonas en todo el país en los que la República Francesa ha desaparecido y en donde ya no existe “estado de derecho” ni posibilidades de reimplantarlo. Están en manos de bandas étnicas. Pues bien, este es el camino que estamos recorriendo también en España, con el agravante de que aquí, incluso, estas “bandas” están mucho más diversificadas que en otros países europeos, al existir una notabilísima presencia andina proclive a la formación de estas “bandas”.

Así pues, la pregunta a realizar, no es si podemos hablar con propiedad de una “defensa” que asegure nuestra integridad territorial (cuestión a la que ya hemos contestado con un “no”), sino hasta qué punto, en caso de crisis, las fuerzas armadas podrían garantizar la integridad del Estado. Y la respuesta no está en absoluto clara. Para que las FFAA puedan cumplir su misión, hace falta que exista una “voluntad política” de que la cumplan. Y ni el bloque de izquierdas, ni siquiera el bloque derechas parece tener muy clara tal voluntad y lo que implica.


El verdadero Estado de la Nación (0): Abandonar la Unión Europea, una urgencia nacional

El verdadero Estado de la Nación (1): España [in]Defensa

El verdadero Estado de la Nación (2): Un sistema político elogiable en su insignificancia

El verdadero Estado de la Nación (3): Ni matrimonio, ni natalidad: animalismo

El verdadero Estado de la Nación (4): Una nación sin identidad y que ha renunciado a la suya propia

El verdadero Estado de la Nación (5): Sin modelo económico desde hace 15 años

El verdadero Estado de la Nación (6): La catástrofe lingüística de un pueblo

El verdadero Estado de la Nación (7): La inseguridad se ha convertido en el pan nuestro de cada día

El verdadero Estado de la Nación (8): El problema irresoluble de la deuda

El verdadero Estado de la Nación (9): El trabajo, un bien que se extingue

El verdadero Estado de la Nación (10): Las pretensiones del colectivo LGTBIQ+

El verdadero Estado de la Nación (11): Instituciones internacionales olvidables y responsables

El verdadero Estado de la Nación (12): Empobrecimiento cultural y brutalización de un país (y "bono cultural" de propina)

El verdadero Estado de la Nación (13): Los motivos y repercusiones del vuelco étnico, cultural y religioso

El verdadero Estado de la Nacion (14): Las posibilidades de un “rearme moral”

El verdadero Estado de la Nación (15): Balance final: España en liquidación por "insuficiencia constitucional"








miércoles, 20 de septiembre de 2023

EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN (0): Abandonar la Unión Europea, una urgencia nacional

Quien esto escribe, desde su juventud se ha sentido tan europeísta como europeo y, por tanto, ha considerado a la Unión Europea como un avance en relación a la balcanización continental. Como decía Thiriart, el intento "menos malo" de construir Europa. Pero, a partir de Maastrich, la UE ha ido convirtiéndose cada vez más en una rémora: 

- por las ampliaciones hacia el Este excesivamente rápidas y poco meditadas, con el gigantesco error que supuso la creación de un “espacio único europeo” sin antes haber habilitado una legislación que lo rigiera;

-  por la paralización que sufrió tras el fracaso de la “constitución europea”; 

- por su proceso creciente de burocratización que le he conducido a una esclerosis institucional y a una lentitud en sus tomas de decisión absolutamente insoportable;

- por la pretensión del eje franco-alemán de prolongar y mantener su hegemonía continental imponiendo a los países “periféricos” -y, especialmente, a España- verdaderas medidas suicidas para su economía; 

- por haber pasado de ser un “proyecto continental” que garantizara la presencia europea en el concierto mundial, a ser simplemente la “pata europea” de la globalización; 

- por haber creado una moneda única antes de que las condiciones económicas y fiscales en todos los países europeos fueran equivalentes y con la creación de un Banco Central Europeo cuya única función es el “control de la inflación”; 

- por carecer siempre de política exterior e ir a remolque de las decisiones tomadas en el Pentágono o en el Departamento de Estado de los EEUU; y, finalmente, por no haber estado en condiciones de defender, ni siquiera de definir, la identidad, la tradición, la cultura y la sociedad europea, frente a los asaltos cada vez más descarados y brutales procedentes del marco extraeuropeo.

Por todo ello, lo que, inicialmente, pareció una “buena opción”, en la práctica se ha ido degradando y su balance actual no puede ser más negativo hasta el punto de que la Unión Europea hace peligrar seriamente el futuro de Europa

En el momento de escribir estas líneas estamos todavía bajo el impacto de los “10 puntos” presentados por la presidente de la UE, Von der Leyen, para “resolver” el problema de la inmigración que se ha hecho completamente insostenible en Lampedusa. Ni uno solo de estos 10 puntos parece razonable y ni uno solo satisface las expectativas del gobierno italiano de Giorgia Meloni, cuya propuesta era extremadamente razonable: bloqueo del Mediterráneo, obligando en alta mar a dar marcha atrás a cualquier embarcación ilegal que pretendiera alcanzar Europa

Los 10 puntos de Von der Leyen -diez puntos que solamente puede defender un loco o un irresponsable- van en la misma dirección que ha defendido el bloque de izquierdas en el último cuarto de siglo y que se ha saldado con el caos migratorio que conocemos. Hace 25 años podía discutirse un plan así cuyos efectos podían intuirse, pero no se conocían: hoy un plan así es simplemente criminal. Por tanto, no queda más remedio que iniciar campañas para que nuestros respectivos países europeos, abandonen la UE. Resetear la UE, para poder construir algo efectivo, duradero, definitivo y rotundo que rescate a Europa del sumidero en el que lo han colocado los funcionarios de la UE.

Vale la pena recordar que España es uno de los países más afectados por su ingreso en la UE: se nos exigió:

- en primer lugar, ingresar en la OTAN y España, no solamente ingresó en la “alianza atlántica”, cuando ya no era necesario ampliarla y cuando la URSS con Gorbachov había manifestado inequívocamente mano tendida; 

- como requisito previo se nos obligó a liquidar el sector público, malvender el patrimonio del Estado construido durante el franquismo, a grupos privados; 

- una vez dentro se nos obligó a liquidar nuestra industria estratégica en el proceso más abyecto de infame de nuestra economía que, eufemísticamente, se llamó “reconversión industrial” y a cambio se nos enviaron fondos (durante la época de Aznar) que durante menos de 10 años nos hicieron olvidar que no habíamos quedado prácticamente sin siderurgia, con unos astilleros reducidos a un 25% de lo que habían sido, sin apenas minería, convertido en un “país periférico” y de servicios, al que se le había regalado el turismo y destinado a ser geriátrico de Europa. 

- Y, todavía quedaba por desarticular el sector primario español, algo que se ha iniciado en los últimos veinte años con acuerdos preferenciales con países magrebíes para la importación de frutas, sin apenas garantías de seguridad y con exámenes aleatorios sobre toxicidad, mientras que a la agricultura europea se le obliga a una “trazabilidad” y a medidas imposibles de soportar. Por culpa del régimen de subvenciones de la UE a la agricultura se ha conseguido que regiones enteras cambien sus cultivos ancestrales para implantar aquellos que “están subvencionados”, logrando que, lo que inicialmente era económicamente rentable, al cabo de pocos años pase a ser ruinoso; es entonces cuando se subvenciona el arranque de cepas o de frutales.

Lo más sorprendente es que los gobiernos españoles, tanto del bloque de izquierdas como del PP, que podían haber vetado cualquiera de estos acuerdos con países extraeuropeos en defensa de nuestra agricultura, han permanecido mudos, permitiendo que España, que podría ser hoy el granero de Europa, se haya convertido en la zona del continente en donde cada año crecen los terrenos abandonados, las parcelas vendidas a consorcios urbanizadores, o bien a corporaciones alimentarias que los explotan durante unos años, consiguiendo hasta tres cultivos al año, mediante pesticidas, plaguicidas, fungicidas, abonos químicos, hasta dejar completamente inservible el terreno, literalmente envenenado y muerto como si se le hubiera sembrado de sal. 

Cuando un país carece de soberanía alimentaria, ese país está a merced de sus enemigos o bien se arriesga a perder completamente su soberanía. La UE pasa más tiempo pensando en firmar acuerdos con terceros países antes que con defender la agricultura europea.

Hemos vivido casi cuatro décadas en las que existía una “esperanza europea”. Pero va siendo hora de reconocer que esta época ha concluido y que las instituciones europeas, no se rigen por principios tecnocráticos -como en la primera hora- sino por patrones doctrinales surgidos de los laboratorios del mundialismo, la globalización, el wokismo, la corrección política y esa locura que se ha llamado Agenda 2030 y que es promovida en Europa por la UE.

Quizás el primer gran error de las, entonces llamadas “Comunidades Europeas” fuera admitir al Reino Unido, aun a pesar de que, desde el principio, estaba muy claro que este país era la quinta columna de los EEUU en Europa y que siempre estuvo clara su intención de mantener un pie en Europa y otro en EEUU. Pero, incluso, cuando se hizo evidente para el Reino Unido que la legislación europea iba en detrimento de los intereses nacionales, se convocó un referéndum que terminó con la salida de este país de la UE. Pues bien, hoy, ese es el camino que queda para los países que, como España, se han visto lesionados por las imposiciones de la UE. Ya no queda tiempo para esperar a que exista unanimidad en Europa en la solución de cualquier problema (que se eterniza, adoptándose medidas cuando el problema ya ha sido superado por los hechos y se ha trasladado a otro sector o a otro país). Y lo peor: ya no queda esperanza en que la UE pueda solucionar problema alguno.

ESTE ES EL MOMENTO PARA INICIAR UNA CAMPAÑA A FAVOR DEL HISPANEXIT, DEL ITALIANEXIT, DEL GALEXIT...

Es preciso recuperar nuestra soberanía. No hubiera importando renunciar a alguna parcela si era para alcanzar un bien mayor, su Europa hubiera podido recuperar un puesto en el concierto de las naciones: pero ha ocurrido justo lo contrario. La UE ha convertido al continente en un enano político que ha sido arrojado como un trasto viejo por continentes enteros.

¿Para qué mantener la esperanza en que una “comisión” de la UE pueda operar una reforma de algún aspecto parcial y muy secundario después de años de deliberaciones, estudios y debates? ¿Para que creer que la progresía europea alguna vez va a admitir que se ha equivocado y rectifique sus políticas de inmigración? Vale más dinamitar los restos de este edificio gangrenado y mal diseñado, y abordar, desde cero, la “construcción de Europa”. Incluso, no importa el que tal o cual país resulte “hegemónico” en el continente, lo que importa es que tenga conciencia continental y, sobre todo, sentido común, rapidez en la toma de decisiones, vele por los intereses de todas las partes de Europa y tenga el valor de adoptar políticas que beneficien al continente y no que satisfagan espejismos doctrinales progresistas, o simplemente intereses de corporaciones multinacionales.

¿Alguien cree que la actual deriva de la UE puede terminar “bien”? ¿Alguien puede creer a estas alturas, en las que se acumulan décadas de errores, cada uno más grande que el anterior, que la UE puede beneficiar incluso a su motor “franco-alemán”? Que nadie nos pida que seamos tan ingenuos para ello. No queda más camino que el EXIT, el borrón y cuenta nueva.


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¿Cuándo un golpe de Estado es la “solución final” a la hay que recurrir?

No es cierto que una dictadura sea un gobierno de facto aborrecible en todos los casos. Ni tampoco que exista solamente una forma de “dictadura”. Ni siquiera es cierto que sea un régimen criminal y asesino o que sea inferior a las democracias. 

Porque vale la pena dejar sentado este primer axioma: cualquier forma de gobierno es lo que son sus dirigentes. El jurista italiano Francesco Carnelutti ya dijo que “Es bastante más preferible para un pueblo tener malas leyes con buenos jueces que malos jueces con buenas leyes”. El mismo jurista, por cierto, tenía también algo que decir sobre leyes “garantistas” y multiplicidad de parlamentos y de organismos capacitados para emitir “leyes”: “Las leyes están sujetas a inflación, y esta experiencia no hace más que aumentar día a día: así como la inflación monetaria perjudica el valor del dinero, la inflación legislativa resulta perjudicial para el valor del dinero”. El filósofo italiano Julius Evola sostenía en su Rivolta contro il mondo moderno que: “si un Estado poseyera un sistema político o social que, en teoría, fuera el más perfecto, pero cuya sustancia humana estuviera mancillada, ese Estado tarde o temprano descendería al nivel de las sociedades más bajas, mientras que un pueblo, una raza capaz de producir hombres verdaderos, hombres de recta percepción e instinto seguro, alcanzaría un alto nivel de civilización aunque su sistema político fuera defectuoso e imperfecto”.

Todo esto para decir que los “regímenes” son lo que son los hombres que están al frente de los destinos de los pueblos. Por lo tanto, inicialmente, ningún régimen es rechazable. Cada uno se adaptará a las situaciones antropológicas, de lugar y de tiempo que marcan los ciclos históricos.

Parece muy claro que en períodos en donde predomina la idea “patriarcal”, el modelo adoptado sea el del Imperio, de la misma forma que cuando se manifiestan períodos “matriarcales”, se tiende a la preponderancia del “demos”, del pueblo. Ambos extremos pueden asimilarse a símbolos eternos: el Sol, indicando fijeza, centralidad, inmovilidad, remite a la idea imperial, mientras que el “demos”, sometido a cambios continuos, sin luz propia, sino con una luz que el reflejo de otra, aproxima al “demos” al símbolo de la Luna. Masculino y femenino, fijo y mutable, con luz en sí y luz como reflejo.

Nuestra época, visiblemente, se corresponde a una etapa en la que predomina el “demos”, ya sea con los valores de “libertad – igualdad – fraternidad”, enunciados por la revolución francesa, revalidados por la revolución soviética de 1917 y rescatados de nuevo por el movimiento contestatario de mayo del 68, o bien los valores de “igualdad – inclusión – diversidad”, deducidos de la Agenda 2030, promovida por la ONU y sus agencias internacionales, especialmente por la UNESCO. Pero, incluso, enarbolando tales valores, ello no implica que los gobiernos que los hacen suyos sean “gobiernos justos”. Con demasiada frecuencia hemos visto como campañas de desinformación y operaciones psicológicas, son capaces de condicionar la opinión de las poblaciones e imponer eslóganes cuyos resultados objetivos desmienten su eficiencia real. Recientemente hemos visto como la Ley del “Si es sí”, presentada por sus promotores como la panacea contra la “violencia machista”, no solamente ha puesto en libertad a cientos de violadores, algunos de los cuales han reincidido, sino que, lejos de atajar la violencia doméstica, ésta parece haber crecido en relación a años anteriores. Desde el momento en el que la “corrección política”, prohíbe determinados planteamientos, el resultado es la imposibilidad para emitir un diagnóstico sobre los orígenes de los problemas y una incapacidad para emitir un tratamiento. Al no existir posibilidad de realizar una etiología correcta se termina atribuyendo la patología a elementos que tienen poco que ver con la enfermedad.

Pero, incluso, en una época en la que el “demos” es el elemento preponderante del orden político, hay circunstancias en las que el propio “demos” debe reconocer, si es que tiene todavía capacidad para ser objetivo y remontarse al origen de sus problemas, que la normativa legal emanada por los “organismos legislativos” elegidos democráticamente (parlamento europeo, parlamento nacional, parlamentos autonómicos), ni por “instituciones internacionales" (a las que nadie ha elegido, ONU, UNESCO, OMS, FMI) sirven para resolver el normal desarrollo de una sociedad. Así mismo, el “demos” debería plantearse, hasta qué punto gobiernos (esto es “poder ejecutivo”) que gobiernan en función de “decretos-ley” (cuando cualquier ley debería de emanar del “poder legislativo”), o cuando el “poder judicial” es objeto de una lucha enconada por parte de los partidos por su control (desmintiendo su “independencia”), pueden ser considerados como “expresiones de la voluntad popular”.

Todo esto nos permite afirmar que “democracia” o “dictadura”, gato blanco o gato negro, lo importante es que esté dirigido por personas honestas, rectas de intenciones y eficientes en su gestión. Todo lo demás pasa a un plano muy secundario, especialmente en momentos de crisis generalizada, como el nuestro.

Cabe preguntarse, ¿cuándo una democracia deja de cumplir su misión, se convierte en un factor de caos, pasa a ser promotor de desintegración nacional (que repercutirá inmediatamente en la población) y no permite augurar ningún futuro a las generaciones venideras? Porque, en ese momento es cuando el “demos” tendrá algo que decir. Y si el “demos” no es capaz de movilizarse en defensa de sus propios intereses, al estar sometido a una terapia de “narcosis social” a través del bombardeo mediático, de informaciones falsas, de ocultación de problemas reales o de simple entertaintment (streamings, realidad virtual, porno gratuito a través de internet), parece evidente que se llegará a una situación de parálisis que implicará la pérdida de años decisivos y la colocación de una sociedad al borde de la ruina, haciendo problemático su persistencia. En esos casos será necesario lo que, eufemísticamente, se ha llamado, la presencia de un “cirujano de hierro”, un “golpe de timón”, un “enderezamiento del rumbo” o, si se prefiere, a la vista de que los sistemas políticos democráticos se blindan ante este tipo de cambios necesarios con artículos constitucionales que eternizan situaciones de crisis hasta el hundimiento final, el establecimiento de una “dictadura”.

Hará falta preguntarse ahora, si la situación que está viviendo España en el año 2023, es lo suficientemente grave como para que solamente una dictadura pudiera resolver los problemas acumulados.

Vamos a identificar quince problemas que no son nuevos, sino que se van agravando cada mes que pasa y cuyo origen se puede remontar a los años del desarrollismo franquista. 


LINKS DE LA SERIE

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (1) – Sobre las dictaduras de nuestro tiempo y España

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (2) – Cuando un golpe de Estado puede ser la solución a recurrir

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (3) - ¿Hay solución dentro de la constitución?

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (4) – Condiciones necesarias para un golpe de Estado

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (5) – La técnica golpista: justificaciones

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (6) – La técnica golpista: la práctica (A)

¿CUÁNDO UN GOLPE DE ESTADO ES LA “SOLUCIÓN FINAL”? (7) – La técnica golpista: la práctica (B)