jueves, 31 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (32) – UNA DE AUTOBUSES VOLADORES LOW-COST


Hubo un tiempo en que viajar en avión suponía ingresar en un club glamuroso en el que azafatas hermosas, viajeros distinguidos, gallardos capitanes y público distinguido en la cola de facturación, eran lo que uno esperaba desde el momento en que ponía pie en el aeropuerto. En el “puente aéreo” de Barcelona, te podías encontrar entre 1973 y 1977, a la creme de la creme de la sociedad catalana y madrileña. A partir de esa fecha, solamente encontrabas a políticos y desde hace unos años, reza para que no haya un partido Barça-Madrid porque te puedes encontrar viajando con hinchas descontrolados. Me quejo de que, hoy, volar es lo más parecido a viajar en autobús (en un autobús incómodo).

Mi padre, de pequeñín, se enteró del primer vuelo del os hermanos Wrigth y quiso conocer la experiencia de volar. Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, un piloto francés licenciado, Julien Mamet, le dio clase en un Havilland Moth, en aquel desvencijado lozadal que entonces se llamada “aeródromo de Canudas” y hoy es el aeropuerto internacional de El Prat. Mi padre tenía 70 años, cuando el hombre llegó a la Luna y hasta su muerte, doce años después, siguió siendo un fanático de la aviación y animándome a serlo yo también. Pero los precios eran caros: así que tuve que esperar a que se inaugurara el “puente aéreo” para tener mi bautizo en el aire. Tenía 22 años. Hoy, mi nieto, con dos años y medio, ha cruzado ocho veces el Océano Atlántico, ha viajado por avión a Nueva Orleans, México DF, y en estos momentos vuela camino de Londres con un hermanito de apenas dos meses… díganme si no es maravilloso. No me voy a quejar, obviamente, de esto, sino de la degradación creciente que se vive en los aeropuertos y en las líneas aéreas.

Ya no se trata de que no quede nada del glamour de hace 40 años, ni siquiera que las compañías low-cost hayan convertido el turismo aéreo en algo habitual (el otro día estuve dudando si enviar unos libros a Roma por correo o ir yo mismo: aunque pueda parecer increíble, el precio ida y vuelta a Roma ¡era más barato que lo que Correos me cobraba por el envío de unos libros que apenas pesaban seis kilos…). Se trata de que los vuelos y los aeropuertos se han degradado: no son más que reflejos de la masificación que afecta a cualquier actividad humana: colas interminables a lo largo de meandros vertiginosos creados con cintas, extrema densidad de gentes deambulando de un lugar a otro, distancias kilométricas en el interior de los aeropuertos, falta de educación tanto de buena parte del público como de contratados que deberían estar para informar en lugar de ejercer de pastores de borregos, compañías aéreas que te acercan pero, literalmente, te maltratan (esperas extremas en la sala de embarque, criterios variables sobre el equipaje, seguratas que te obligan a realizar streeptease ante el arco de metales que detecta incluso el hierro de las lentejas o la radiología que te obliga a deshacer el equipaje para mostrar lo que llevas visualmente, que te impiden subir con los objetos más inofensivos (me he tenido que tomar delante de la Guardia Civil una botella entera de Alvariño que me regalaron unos amigos justo antes de subir al avión), esperas y más esperas, retrasos sobre retrasos, demoras ante la cinta de equipajes y pérdidas de objetos… eso es un aeropuerto.

Dentro del avión la situación no es mejor: tienes las rodillas clavadas en el asiento de delante, el cual, si por un casual, decide echarse hacia atrás, prácticamente te hace sentir como en medio de un bocadillo, gente escandalosa que no se calla y que habla por el móvil hasta que la azafata debe decirle que lo cierre… en otras palabras, el mismo ganado que usted y yo encontraríamos en la peor línea de cercanías, lo tiene usted a 10.000 metros de altura en cualquier línea aérea.

ME QUEJO DE QUE LA MASIFICACIÓN HA ACABADO, ESTÁ ACABANDO, CON TODOS LOS REDUCTOS QUE EN OTRO TIEMPO FUERON MANIFESTACIONES GLAMUROSAS Y EXCEPCIONALES, NO SOLAMENTE PARA BANALIZARLAS, SINO PARA CONVERTIRLAS EN UN TRÁMITE DESAGRADABLE Y UNA INMERSIÓN EN LA ZAFIEDAD. ¿Aeropuertos? El de Canudas cuando no se había asfaltado y las gallinas de la granja vecina corrían entre los charcos. ¿Líneas aéreas? Las de antes. Lo que vivimos hoy es la ley de la compensación: más barato – más cutre, más accesible – más masivo, menos glamuroso – más hortera… ¿Será que “democratizar” implica “rebajar el nivel”?  De eso me estoy quejando:  de que muchos serán los llamados pero muchos más los fastidiados. Como para que suene la trompeta de Ryan Air al aterrizar y el personal aplauda…



miércoles, 30 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (31) DEJAD QUE LOS ENFERMOS PONGAN SUS CRUCES AMARILLAS


¿Están enfermos los independentistas? Lo están: el nacionalismo es una sífilis que corroe el cerebro, una de las coberturas más eficaces al nihilismo y el recuerdo de nuestra herencia animal (lo que Nietzsche decía sobre que “hemos recorrido el camino entre el gusano y el hombre y aún queda en nosotros mucho de gusano”). José Antonio Primo de Rivera situó al nacionalismo como “lo espontáneo” en contraposición a su concepción sobre la Nación concebida como una “unidad de destino” (que representaría “lo difícil”, antítesis de “lo espontáneo”). Debió llegar Konrad Lorenz para situarlo como una modulación del “instinto territorial” propio de las especies animales. Bien, pero todo tiene un límite. Porque una cosa es ser y sentirse apegado a la tierra que a uno le vio nacer, otra cosa es convertir ese apego en obsesión política (en “pequeña política”, tan distante de la “gran política” de la que hablara Nietzsche como un analfabestia puede estarlo del Nobel). 

Existe un nivel todavía más lamentable: cuando el nacionalismo se transforma en enfermedad y arrasa con la racionalidad. Es lo que en estos momentos está ocurriendo en Cataluña. Las cruces amarillas en las playas son muestra de que los servicios de salud mental de Cataluña (convenientemente transferidos desde hace décadas por el gobierno del Estado) no terminan de funcionar bien. Me quejo de que alguien se ha vuelto loco en Cataluña y la sanidad catalana no hace nada para impedirlo.

En pleno delirio de la ideología de género, el pasado día de la mujer trabajadores, un grupo feminista de Vinaroz llevó la playa de aquella localidad con 739 cruces contra los crímenes machistas de los últimos diez años. Son muchas cruces… porque ha habido muchos crímenes. Lo puedo entender. Lo que no puedo entender es lo de las cruces en las playas catalanas, cruces amarillo pálido, por más señas, como no sea para irse haciendo a la idea de que algo se ha muerto… y es, mira por dónde, el propio proceso soberanista que siempre ha carecido de pies y cabeza, siendo un mero tubo digestivo: comer recursos públicos para defecarlos en forma de propaganda soberanista.

Me dicen que las cruces las colocan unos “comités de defensa de la república” que es como decir un ente abstracto situado en el vacío en medio de la nada. República inexistente e inviable y comités que no son más que otra sigla de la CUP, los borrokillas gracias a los cuales Quim Torrat debe su cargo. Aquellos que convocaron una “huelga general” y provocaron un embotellamiento masivo ante la pasividad de los Mossos. Que también fue para quejarse.

Ha sido providencial esto de la plantada de cruces porque ha evidenciado que algunos sectores independentistas, incapaces de reconocer que su proyecto ha fracasado, han optado por lo siniestro. Yo no creo que valga la pena perder cinco minutos recogiendo estas cruces que, por sí mismas, son, no solamente el símbolo de un fracaso político y el epitafio del independentismo, sino la muestra más palpable de su estado de confusión mental: porque en los últimos 40 años, solamente el independentismo ha generado 5 víctimas mortales, cuatro miembros de Terra Lliure a los que les explotaron entre las manos las bombas que iban a colocar y una mujer que vivía en un edificio que se derrumbó en Berga a causa de un atentado de estos discapacitados mentales.

Si aceptamos que la vida es una tensión dialéctica entre Eros y Thanatos, el principio del placer y el principio de la finitud y la muerte, habrá que reconocer que a estos chicos que van realizando plantadas de cruces amarillo pálido, además de faltarles un hervor, deberían disfrutar un poco más de la vida, vivir sin tiempos muertos en lugar de exaltar la muerte de un proyecto político que desde el momento de su alumbramiento era puro cadáver. Me quejo, de que aquí en Cataluña, muchos precisan asistencia psiquiátrica y deberían luchar para que se ampliara el servicio del “Servei Catalá de Sanitat” en lugar de tratar de amargar la vida a los que disfrutamos (principio del placer) en las playas de la tierra que nos vio nacer. Las cruces a los cementerios y los proyectos muertos al basurero de la historia.



martes, 29 de mayo de 2018

QUIM TORRA, ¿DÓNDE ESTÁN “LAS BESTIAS” Y DÓNDE ESTÁN LOS “ANIMALES CON FORMA HUMANA”?


De donde no hay no se puede sacar nada. Hoy la clase política independentista es un cúmulo de nulidades, un areópago de resabiados y resentidos incapaces de entender que su proyecto ha fracasado y que, tan solo están en condiciones de plantar cruces en playas, demostrando que precisan, ante todo y sobre todo, asistencia psicológica. Es más probable que la medicina los considere víctimas del “síndrome de estrés post-traumático” (ver que décadas de lento trabajo independentista solamente han servido para romper a la sociedad catalana) que pasen a la historia. Decía Marx que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia y la segunda como comedia. A nosotros nos ha tocado vivirla como vodevil (y de los largos, pesados y aburridos, pero no por ello menos ridículo). Pero en otro tiempo, la gente por la que Quim Torra experimenta admiración convirtió Cataluña en un infierno. En estas notas se recopilan algunas de aquellas escenas patéticas.

Miquel Badia, fidelísimo del Avi

Si la historia del independentismo catalán es una verdadera acumulación de fraudes y verdades a medias (o lo que es lo mismo, mentirijillas reconducidas al propio huerto), la historia de los independentistas supone, en sí misma, la exaltación de la mediocridad, la transformación del perfecto inútil en mito. El pobre Macià (la broma en la Barcelona de 1934 era apostrofar a un sosaina como “ets mes ranci que la momia d’en Macià”… porque Macià acababa de morir ¡y lo habían momificado!; claro está que si los “escamots” te oían decir la broma, podía dar lugar a represalias) nunca entendió lo que era la política: tenía esa visión propia del militar que había sido y que consistía en que el jefe daba una orden que le parecía oportuna y los demás la cumplían.

El 14 de abril de 1931, Companys (el otro mito) apareció por el balcón del ayuntamiento y proclamó la República, ante una plaza de Sant Jaume completamente vacía. Dos horas después, por la misma ventana, Macià proclamaba “El Estado Catalán dentro de la República Federal Española”… La diferencia estribaba en que el Pacto de San Sebastián llegaba hasta la “proclamación de la República”, pero nadie había hablado de un “Estado Catalán”, ni de una “República Federal”. Macià se enrocó en la actitud. Hubo alguien que le prometió jugarse la vida en su defensa: era Miquel Badía, un leridano que encarnó en los años de la república el aspecto más “duro” del independentismo. Badía constituyó una “guardia de corps” para Macià en aquellos días.

Debió venir de Madrid Nicolau D’Olwer, republicano catalán, pero no independentista, para deshacer el entuerto: Macià no quería moverse del reconocimiento del Estado Catalán independiente… La mano izquierda de D’Olwer logró el acuerdo imposible: Macià renunciaba a la independencia y a cambio se quedaba con la “autonomía”… que para él era el paso previo a la independencia. La guardia de corps de Macià desertó. Aquello era una renuncia. Sólo Badía se quedó con el Avi.

El ascenso de Miquel Badía en el independentismo

Llama la atención como los historiadores nacionalistas, intentan defender a los suyos diciendo que los “estándares democráticos” de los años 30 no eran los de ahora: se ve que, entonces, era normal que un tipo se asomara a un balcón y proclamara la independencia sin estar claro quién tenía detrás. La cuestión es que, Macià fue momificado (y no es broma) después de ser cocido en una caldera (tampoco es broma: es Carner Ribalta quien lo cuenta y debería saberlo porque estaba allí y fue uno de los más acérrimos “macianianos”). Companys lo sustituyó: los independentistas no lo consideraban uno de los suyos. Era un abogado republicano federal que había defendido a anarquistas. Carecía de pedigree nacionalista.

Sin embargo, Companys, sabedor de que debía lidiar con el sector independentista de ERC (había otro que era nacionalista pero no independentista) colocó en su gobierno a Josep Dencás, su jefe de filas y dirigentes de las JEREC (juventudes paramilitarizadas) y éste a su vez recurrió a Badia (que por cierto, antes había pertenecido a Bandera Negra, una formación que no dudaba en teorizar el terrorismo como arma política; Badía debió exiliarse después del azaroso y grotesco “complot del Garraf” casi una comedia de enredo: los que intentan atentar contra Alfonso XIII, primero se dejan en casa las herramientas; en el segundo intento pierden el tren; en el tercero no aparece el principal ejecutor y en último los detienen todos…). Después se reencontraron, Dencás como conseller de seguridad y Badia como su jefe de policía.

Badía contra la CNT-FAI, Companys a partir un piñón con la CNT-FAI

La emprendieron contra la CNT-FAI. Abundaron las detenciones arbitrarias, las torturas, los simulacros de fusilamiento, los secuestros y las palizas. Si algo estuvo claro en aquella época era que los “derechos humanos” habían sido aparcados fuera del “oasis catalán”. Llegó la sublevación del 6 de octubre que todavía permanece envuelta en el misterio. La historiografía oficial de la Gencat sostiene que se produjo porque el “fascismo se había adueñado del estado español”… a pesar de que la CEDA, partido mayoritario, estuviera fuera del gobierno radical de Lerroux y que, cuando se introdujo fuera solo con 4 ministros; sin olvidar que la CEDA eran unas cándidos católicos o que la legalidad vigente derivada de las elecciones de noviembre de 1933 había dado amplia mayoría a la derecha... pero gobernaba el centro. En Cataluña, por cierto, ERC se había hundido y la Lliga disponía de casi el doble de diputados.

Companys se refugió en la explicación de que la sublevación del 6 de octubre había fracaso porque Dencás y Badìa no habían estado a la altura y movilizado a sus Escamots. Lo cierto es que uno de los últimos tiros de aquella infausta jornada lo disparó desde una azotea de Vía Layetana el “capitá Collons” (nombre que se había ganado Badía por sus desplantes y actitud ante la CNT-FAI). Al huir Dencás por las alcantarillas y ser encarcelado Companys, éste pudo atribuir al otro el fracaso. Pero había algo más.

Lío de faldas en el Palau de la Generalitat (1): La “misa negra” de Companys

De la misma forma que las vicisitudes de los grupúsculos independentistas en los años 70 y 80 pueden entenderse mejor por los líos de faldas, los ligues y los divorcios (o “ahí te quedes”) de un muy pequeño grupo de independentistas procedentes del PSAN, en tiempos de la República, todo lo que ocurrió en Cataluña entre el 6 de octubre de 1934 y noviembre de 1936 no es posible entender si no se tienen en cuenta esos mismos líos de faldas, celos, venganzas y, en definitiva, miserias humanas.

Resumimos: Miquel Badía se “picó” a Carme Ballester, esposa de un militante de ERC que sustituyó algo más adelante a la primera esposa de Companys en la cama del Palau de la Generalitat (en el casal de Gran Vía de ERC se los encontraron fornicando a base de bien). Badía, un tipo posesivo creyó que la Ballester era para él, así que cuando se enteró de que se había convertido en amante de Companys estalló el scandal. Poco antes del 6 de octubre de 1934, Badia y Companys discutieron delante de otros: Companys destituyó de su cargo a Badía, a causa de que éste había secuestrado, en pleno juicio (tal es el respeto que el independentismo siempre ha tenido por la judicatura) al fiscal que estaba acusando al Xammar, un abogado nacionalista. Cuando Companys lo destituyó le dijo que no era el cargo “para un hombre como él”. Al pedirle explicaciones Badía, Companys, fuera de sí, le contestó que la Ballester “es una santa”.  Badía enumeró las “virguerías” que era capaz de hacer la Ballester en la cama, antes de irse con un portazo. Luego Companys convocó a las personas que había  citado Badia para avalar su relación con la Ballester y vio que, efectivamente, aquella relación era auténtica.

Lo mejor es que –y ahora es Josep Tarradellas quien lo cuenta- Companys llegó a Carme Ballester a la Casa dels Canonges, la colocó en la cama ¡sobre la que había muerto Macià unos meses antes! Y le pidió un juramento de fidelidad. Tarradellas llamó a este episodio “misa negra”. Esto explica el que las JEREC no pusieran toda la carne en el asador el 6 de octubre de 1934. Pero la historia no termina ahí. El período de cárcel de Companys y el de exilio de Badía terminaron cuando el Frente Popular decretó una amnistía. A finales de febrero de 1936 volvían todos los actores a Barcelona. Lo que hasta ahora había sido una comedia con mucho de vodevil se transformaría ahora en tragedia.

Líos de faldas en el Palau de la Generalitat (2): la culpa es de la falange…

El 28 de abril de 1936, Badía había quedado citado por la tarde con Macià Alavedra para entregarle unos documentos comprometedores sobre determinados dirigentes de ERC próximos a Companys (es Alavedra quien lo contó). Al parecer, Companys, mantenía juegos sexuales con la Ballester y alguna amiga cuyo marido también participaba. Por otra parte, había dirigentes de ERC asiduos al cabaret La Criolla, lugar de encuentro del entorno gay y trans de la época. Allí, el encargado, “Pepe el de la Criolla”, les buscaba chaperillos y complementos para sus juegos sexuales. El 27 de abril por la noche, “Pepe el de la Criolla” fue asesinado. El crimen llamó la atención porque al día siguiente Bacía quedó con Alavedra para entregarle los documentos que comprometían a dirigentes de ERC, Companys incluido. Sin embargo, a las 15:30, Badía y su hermano fueron asesinados por unos pistoleros anarquistas (si bien Escofet, el jefe de los Mossos, intentó hacer creer que fueron “los falangistas”. Por cierto que las sospechas sobre el asesinato de “Pepe el de la Criolla” recayeron en cuatro Mossos de Esquadra…).

Lo cierto es que, tras su regreso de la prisión, Companys no se alía con los independentistas radicales sino que se apoya en la CNT-FAI a la que permite la ejecución de 8.000-9.000 catalanes en los primeros meses de la guerra civil. Contará con ellos hasta mayo de 1937 cuando el PSUC y los agentes soviéticos de la Cheka, se conviertan en árbitros de la situación…

La explicación de Escofet no convenció a ninguno de los dirigentes independentistas, que abandonaron ERC y volvieron a dar vida a Estat Catalá. Los independentistas siempre consideraron al mitificado Companys como el mandatario del crimen de los hermanos Badía. Companys habría recurrido a un faiero que nunca había conocido a los Badía para ejecutar el crimen. Y es que Companys nunca pudo olvidar el tiempo en el que había sido abogado de anarquistas antes de pasarse al nacionalismo. Pero la cosa no termina aquí.

Líos de faldas en el palau de la Generalitat (3): el “Caso Reverter”

Companys había nombrado a un chico joven y sin ninguna experiencia política, Andreu Reverter, como “comisario de orden púbico”, en sustitución de Badía.  ¿Un desconocido sin experiencia en un cargo tan importante? Las cosas se entienden mejor si se tiene en cuenta que la mujer de Reverter y la de Companys eran grandísimas amigas, realizaban juegos sexuales juntas en unión de sus compañeros. Pero esto, seguramente, no es lo más importante, sino el hecho de que a Reverter se le ocurre preparar el asesinato de su madrastra, en plena guerra civil, para lograr beneficios económicos. Como suena. Esto coincide con dos episodios que lo tienen como protagonista: en primer lugar el intento de apropiación de unos lingotes de oro y de platino que se estaban sacando del Madrid que se daba por perdido ante el avance de las tropas de Franco. Ahora es Largo Caballero quien cuenta esta historia. Él mismo fue quien denunció la acción de Reverter a Companys.

El interesado declara que quería apropiarse del armamento depositado en dos vagones en el sur de Francia que la Generalitat había comprado. Dado que Estat Catalá había perdido todo su armamento en el intento frustrado de invasión de Menorca, con esas armas se pretendía rearmar al partido para ponerlo al servicio del proyecto más enloquecido del independentismo catalán en aquellos momentos: secuestrar y eliminar a los jefes de la CNT-FAI, ejecutando a 20 dirigentes de las Milicias Antifascistas, detener y exiliar a Companys, sustituirlo por Joan Casanovas y ¡proclamar la independencia de Cataluña! ¿Quién da más? Los independentistas, evidentemente, que, una vez independientes¡ se declararían “neutrales” en la Guerra Civil española! Casanovas ya había tomado contacto con el gobierno francés para anunciarles el plan que debía contar con el apoyo de las potencias democráticas. Todo ello –y quizás esto sea lo más espatarrante- es que lo pretendía hacer con 200 militantes de Estat Catalá…

Cabría añadir que Casanovas tenía también amistades propias de la Barcelona canalla: se relacionaba con la vedette del Paralelo Margarita Carvajal, mexicana, lo que no le impidió dejarla cuando consiguió huir a Francia. La Carvajal era la “reina del Paralela” y de ella se cuenta que cuando la CNT exigió que todos los que trabajaban en variedades cobraran lo mismo, ella se encaró con los anarquistas y les dijo “pues que suba el acomodador y enseñe el culo”.

Anarquistas situados dentro de la Comisaría de Orden Público se enteraron del plan y lo denunciaron, lo que unido al testimonio de Largo Caballero, hizo que el plan fuera descubierto el 24 de noviembre de 1936. Reverter resultó detenido. La versión que se dio era la de que intentaba asesinar a su madrastra para beneficiarse económicamente. Fue condenado a muerte. Y entonces hizo valer su conocimiento sobre Carmen Ballester y sobre la muerte de los Badía. Planteó, digámoslo claramente, un chantaje a Companys. Así que funcionarios de la Gencat se ofrecen para excarcelarlo y facilitarle la salida a Francia. Reverter aceptó callarse. El final os lo podéis imaginar: unos dicen que en Calaf, otros que a 20 km de Barcelona, el caso es que Reverter apareció asesinado en la cuneta.

Algunas conclusiones: una pregunta a Quin Torra

Este era el panorama de los independentistas antes y durante la guerra civil. Así que a nadie le extrañe lo que está ocurriendo ahora. ¿Paralelismos? Muchos:

- No entender la situación internacional. El Quay d’Orsay respondió a la propuesta de Casanovas alegando que “no era oportuna” y que podría desarrollar el independentismo de varias regiones en Francia y hacer que el Rosellón quisiera aproximarse a Cataluña. Ochenta años después, los independentistas no se han dado cuenta de que su iniciativa carece de apoyos en Europa precisamente por lo mismo.

- No entender que, no hoy, sino siempre, han carecido de fuerza social suficiente para la independencia: parece increíble que en plena guerra civil, un pequeño grupo independentista, llegara a la conclusión de que podría fusilar a 20 anarquistas, exiliar el presidente y declarar la república catalana independiente, declararse neutral y ser reconocidos por Francia e Inglaterra.

- No entender que no basta con los mitos sino que para fundar una nación independiente hace falta una clase política dirigente y un proyecto. Macià es una especie de patriarca del nacionalismo y Companys el mártir, a despecho de sus acciones reales y de su valoración objetiva. El nacionalismo vive y se engaña a base de mitos tras los cuales apenas existen miserias humanas. Ayer y hoy. Porque casi mejor no entrar en las miserias familiares de los últimos presidents nacionalistas.

- Tenerse unos a otros como enemigos más allá de las diferencias políticas que, a fin de cuentas, no son más que coberturas de celos, choques personales, sino de líos de faldas… y ser capaz, incluso de matar al “camarada” por un quítame allá la novieta.

Por eso, cuando Quin Torra alega ser admirador de los Badía, de Companys, de Macià y de todos estos personajes, se califica a sí mismo. Ah, y lo que todavía es más sorprendente: cuando hace falta alguien con capacidad mediadora, con voluntad y capacidad negociadora, con un perfil independentista bajo (puesto que el proyecto ha fracasado ¡y de qué manera!), con buenos contactos fuera de Cataluña, lo que se elije como presidente es al personaje situado en las antípodas del perfil requerido: nula capacidad de negociación, nula capacidad para el diálogo, nula capacidad para entender los motivos del fracaso del plan soberanista, nula capacidad para asumir la realidad socio-política de Cataluña y, para colmo, guinda de las guindas, un tipo que considero –por mucho que se haya disculpado- que más allá del Ebro solamente hay “animales con forma humana”.

Que  revise la historia del nacionalismo independentista catalán y verá lo que tiene en su propio hortet. De ahí que hayamos hecho  este pequeño repaso.

365 QUEJÍOS (30) ¿LEGISLAR LA EUTANASIA? ¿LOS DIPUTADOS?


Se entiende por eutanasia, el acto de provocar intencionalmente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar sufrimientos. Pareja bastante lógico que cuando se ha abandonado toda esperanza en encontrar una cura y no queda más que esperar la muerte, los médicos decidan acortar el sufrimiento y la agonía.  Sin embargo, entiendo perfectamente que haya médicos que se nieguen a practicar la eutanasia, como los hay que se niegan a practicar abortos. A los que, desde luego, no puedo entender es a los que exigen que se reconozca el derecho a la eutanasia… porque ese derecho ya está reconocido y se aplica desde hace años. ¿Qué se pretende? ¿Otra ley del aborto mal redactada que, en realidad, es un coladero para tranquilizar a los más reticentes llamando por otro nombre a lo que es, desde el principio aborto libre?

ME QUEJO DE LA INCOHERENCIA DE LA CLASE POLÍTICA QUE PRETENDE IR EN VANGUARDIA DE LA REALIDAD SOCIAL Y ES SIEMPRE, INEVITABLEMENTE, SUPERADO POR ELLA... COMO EN ESTE TEMA DE LA EUTANASIA. ME QUEJO DE LA APARICIÓN DE MOVIMIENTOS QUE EXIGEN UNA “REGULARIZACIÓN DE LA EUTANASIA” QUE, EN REALIDAD SERÍA “EUTANASIA LIBRE”.

La eutanasia es el reconocimiento de un fracaso y nuestros políticos deberían de preocuparse más de las causas de ese fracaso que de sus consecuencias últimas. En las unidades hospitalarias para enfermemos terminales se les inyecta morfina en cantidades cada vez mayores hasta que su corazón deja de funcionar y ellos se van envueltos en un paraíso insonoro e indoloro artificial. Obviamente, los médicos no son unos irresponsables: bastante tienen con que se les mueran los pacientes. Intentan, en la medida de lo posible ahorrar sufrimientos al desahuciado. Los políticos no entran para nada: es una cuestión médica que se basa en protocolos unánimemente aceptados. Si alguien se sale de ellos no hace falta crear una ley nueva, basta con aplicar la legislación sobre asesinatos. Eso es todo. Pero la clase política, especialmente progresista, quienes meter la cuchara. Y el problema es que el parlamento es un foro de maestrillos sin librillos, con un nulo conocimiento de las realidades científicas, un desconocimiento absoluto de la medicina: privilegiados de poco trabajo y mucho sueldo. No importa el partido al que pertenezcan, son eso y nada más que eso, por el mero hecho de estar sentados en donde están. Mayor responsabilidad y preparación debe tener el gruísta que aprieta un botón para depositar una carga sin que se lastime, a la del parlamentario que aprieta el botón de voto según le dice su jefe de grupo parlamentario.

El fracaso al que aludíamos es el siguiente: existe eutanasia especialmente porque existen cánceres particularmente agresivos que se ceban sobre la naturaleza humana. El énfasis consiste no tanto en investigar cómo tratar médicamente esos cánceres, como saber qué es lo que los provoca. Y ES AHÍ EN DONDE LOS PARLAMENTOS NI HACEN NADA, NI PARECEN INTERESADOS EN HACER NADA, POR MUCHO QUE PODRÍAN CREAR “COMISIONES DE INVESTIGACIÓN” QUE ANALIZARAN ESTADÍSTICAS, INCIDENCIAS DE DETERMINADOS CÁNCERES EN ALGUNAS ZONAS Y, ¡TRABAJARAN DE UNA PUÑETERA Y JODIDA VEZ!

Porque la realidad es que hay demasiados elementos en la alimentación y en la vida cotidiana de los que sospechamos que son cancerígenos, pero siguen ahí: LA PEREZA PARLAMENTARIA IMPIDE INVESTIGAR SOBRE ELLOS Y ELABORAR LEYES PARA IMPEDIR DE HOY A MAÑANA SU UTILIZACIÓN POR MUCHO QUE ALGUNAS EMPRESAS QUIEBREN Y ALGUNA MULTINACIONAL SE VEA AFECTADA. LA VIDA HUMANA ES LO PRIMERO… por mucho que al parlamentario le parezca que su sueldo y la suerte de los colores de su partido estén por delante de todo eso.

ME QUEJO DE QUE SE INTENTA LEGISLAR SOBRE LOS EFECTOS, PERO ESE MISMO “LEGISLADOR” EVITA HACERLO SOBRE LAS CAUSAS. ME QUEJO, ADEMÁS, DE QUE LOS MORALISTAS CONTRIBUYEN A DEBATIR INTERMINABLEMENTE SOBRE SI ES MORAL O NO ALGO QUE DERIVA DE LOS EFECTOS PERVERSOS DE PRODUCTOS LEGALIZADOS Y RITMOS DE VIDA QUE PODRÍAN SER CORREGIDOS. Me quejo de que nadie protege al ciudadano, pero, eso sí, se cuidan mucho de que tenga una buena muerte… Me quejo de que el “debate sobre la eutanasia” es una simple cobertura que impide ir más allá: a los orígenes de la mayor parte del problema. De eso me quejo.


lunes, 28 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (29) PELIGRO: SE ACERCAN LAS FIESTAS MAYORES


Créanme si les digo que temo el período en el que se acercan las fiestas mayores. Parece como si los calores de San Juan desataran el fenómeno que se prolonga hasta finales de septiembre. Y no será porque no me gusta la diversión e incluso el exceso. Pero las fiestas mayores se han convertido en un espectáculo lamentable. Culpa de unos ayuntamientos que solamente dan “pan y circo”: pan a la inmigración y circo a los más descerebrados. De eso me quejo.

He vivido algunos años de mi vida en el barrio de Gracia, no muy lejos de la plaza del Diamant. Se supone que las fiestas de aquel barrio son de carácter “popular” porque una docena de calles, de las estrechas y umbrías, lucen algunos adornos puestos por los vecinos. Y es así. Como es igualmente cierto que buena parte de los habitantes de Gracia prefieren irse a otros destinos cuando empiezan las fiestas. Otro tanto ocurre con los Sanfermines: ¿cuántos pamplonicas se quedan en su ciudad durante la semana? Viví en un pueblo alicantino en el que en la semana de fiesta mayor las campanas de la iglesia tocaban un minuto durante cada hora (y vivía a 100 metros del campanario). En otro pueblo de la comarca (Villena) encargué a un arquitecto un proyecto en el mes de abril. Tardó dos meses en hacer los planos de un chalet y cuando tocaba hacer unas reformas era ya principios de julio. Me dijo que para después de fiestas… Así que entendí que el mes de agosto era vacaciones y que julio era una especie de temporada de trabajo ralentizado. Así que el 1 de septiembre aparecí en su estudio. Inútil porque en ese momento empezaban las fiestas mayores de Villena. ¿No es para quejarse?

Da la sensación de que esas fiestas mayores hace mucho tiempo que han dejado de ser una ocasión para que los vecinos se reencuentren y lo celebren. De hecho, nadie oculta que estas fiestas tienden a “dinamizar la vida económica del barrio” atrayendo a gentes que no son del barrio o de la población con el reclamo de la “fiesta”. Y lo que consiguen, en realidad, es que borrachuzos y empanaos llegados de no importa donde vayan a converger como moscas sobre el culo de una vaca, ante la promesa de desmadre, coloqueta y botellón. DE ESO ME QUEJO: DE QUE LAS FIESTAS DE BARRIO SON CUALQUIER COSA MENOS FIESTAS PARA LOS HABITANTES DE ESE BARRIO, Y AL IGUAL QUE LAS FIESTAS MAYORES DE LOS PUEBLOS PARECEN EXCLUIR, POR DEFINICIÓN, A LOS HIJOS DE ESE PUEBLO.

Los habitantes de esas zonas, en la semana de fiestas deben de huir, literalmente, de la zona: porque la fiesta, habitualmente, no se prolonga, como sería normal, a lo largo de un día, sino que cada vez abarca más y más días: ahora, el promedio es de una semana, pero he visto poblaciones en las que roza las dos. La vida se detiene en la zona. Frecuentemente lo hace inmediatamente antes o inmediatamente después del mes de agosto. Los ayuntamientos permiten que, muchas veces, en pleno casco urbano se instalen carpas y discotecas improvisadas para las lonas, con bafles que irradian chirridos hasta ¿las 4? ¿las 5? de la madrugada. Un motivo más para odiar a los gestores municipales y negarles el voto, el pan, la sal y los impuestos municipales.

Por todo el barrio se instalan chirinquitos y puestos de venta de comida. Fíjense en la comida que se sirve en esas ocasiones y comprobarán que está próxima a la “comida asesina”: comer una de aquellas morcillas supone que por el tubo digestivo del insensato entra un flujo de colesterol que sería capaz de atascar en poco tiempo una cloaca central. El aroma a fritanga (fritanga de aceites vegetales en el límite de la sobreutilización… y, por tanto, con más riesgo de ser cancerígenos) lo invade todo. Cualquier bebida es una aproximación al atraco a mano armada. Luego están magrebíes, pakis y andinos vendiendo bajo mano latas a dos euros. No puede extrañar que los urinarios móviles no den abasto, como tampoco es raro que al día siguiente (incluso tras la verbena de San Joan) uno tenga que ir esquivando vómitos en las calles. Porque lo peor es, sobre todo, que la gente no sabe beber… y bebe. Si no se emborracha no es feliz. Y si se emborracha, se queja de los efectos de la cogorza. Luego dirán que el mundo les excluye.

ME QUEJO DE QUE YA NO QUEDA NADA DE LAS FIESTAS TRADICIONALES, PORQUE LA VIDA COMUNITARIA HA DESAPARECIDO. VIVIMOS UNA ÉPOCA DE INDIVIDUALISMO EXASPERADO: CADA UNO DE NOSOTROS ESTÁ SEPARADO POR MAMPARAS QUE LO RODEAN, INCLUSO POR ARRIBA Y POR ABAJO Y LE IMPIDEN A LO LARGO DE 358 DÍAS AL AÑO RELACIONARSE CON SUS VECINOS. EN LA SEMANA DE FIESTA MAYOR TENDRÁ LA POSIBILIDAD, NO DE RELACIONARSE CON ELLOS, SINO CON LOS BORRACHUZOS Y COLGAOS QUE HAYAN ATENDIDO AL RECLAMO MUNICIPAL PARA PROMOCIONAR LA FIESTA DE ESE AÑO. ¿De verdad le extraña que los vecinos aprovechen cada vez más la “fiesta mayor” para irse a cualquier otro sitio? De todo eso me quejo.

domingo, 27 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (28) DEL “NEGRO DE LA PELÍCULA” A LA EXALTACIÓN DE LA NEGRITUD


(en la foto, el presidente Zuma de la república sudafricana en campaña electoral) 

Desde hace unos meses vengo observando la invasión masiva de series de televisión (distribuidas estratégicamente en distintos canales generalistas y plataformas en streamming) y de largometrajes, en los que se revaloriza, más allá de cualquier límite y mesura, lo que podemos llamar “la negritud”. No me voy a quejar de eso, porque lo entiendo perfectamente (el trasvase de poblaciones operado desde mediados de los 90 de África a Europa ha generado sociedades llamadas “multiculturales” y, de alguna manera, el cine debe responder a esta situación y presentar la nueva realidad étnica del viejo continente). No, de lo que me quejo es de que el elogio a “la negritud” se está realizando, no en función de la misma negritud, sino de tratar de insertarla con calzador en la cultura europea:

- hemos visto a africanos dentro de las legiones romanas que ocuparon Bretaña en la serie Britannia.
- hemos visto convertidos a Zeus y a Aquiles en “africanos de color” (de color negro) en la última revisión de Troya: la caída de una ciudad.
- esta misma semana, hemos visto como el protagonista de una pieza teatral de Jules Romains cambiaba el aspecto de su personaje central y transformaba a Omar Sy (francés de origen africano) en increíble protagonista de la obra de teatro escrita por un conservador: El doctor de la felicidad.
- hemos visto series norteamericanas protagonizadas por negros de carácter descaradamente racista (Queridos Blancos) hasta el punto de formalizarse un boicot a Néflix por atreverse a exhibir un panfleto racista negro.

- hemos visto series francesas (Cherif) en las que el protagonista es un jefe de policía argelino en Lyon, ciudad torturada por la delincuencia magrebí… y en cuyo primer episodio (¿para qué ver el resto?) se presenta a un grupo de skins blancos como criminales vinculados a la extrema-derecha.

Podríamos seguir indefinidamente. Pero tampoco me quejo de esto: a fin de cuentas, cada cual ve lo que quiere y “de tó tié qu’haber”  (que decía aquel). DE LO QUE ME QUEJO ES DE QUE ESTA REVALORIZACIÓN DE LA NEGRITUD DA LUGAR, A PRODUCTOR DE MALÍSIMA CALIDAD QUE SOLAMENTE PUEDEN ASUMIRSE A CONDICIÓN DE TENER CARENCIAS CULTURALES EVIDENTES Y UNA IGNORANCIA TOTAL DE LA REALIDAD EUROPEA. En ninguna de estas series, por ejemplo, se dice que el 80% de los musulmanes presentes en Europa viven de subsidios públicos, no del producto de su trabajo. Se dice y se repite que las razas son iguales y así lo ha establecido la UNESCO, así que hay que aceptarlo como dogma incontrovertible. El problema es que, por mucho que se repita el dogma, la contribución de las distintas razas al progreso de la humanidad ha sido muy diferente: que no sea de “buen tono” recordarlo es una cosa, que no sea real es otra. Quedamos, pues, a la espera de la explicación que dará la UNESCO al respecto y, mientras, nos abstendremos de decir algo que vulnere la corrección política.

Dicho de otra manera: estas series y películas pueden “venderse” en Europa a costa de que los europeos PIERDAN SU IDENTIDAD.

Claro está que detrás de todo esto existe un drama. ¿Podéis imaginar lo que supone para un niño negro que siga clases en un colegio público en Europa el conocer que todos los matemáticos, que todos los filósofos, que todos los científicos, que casi todos los literatos que va a estudiar ¡NINGUNO DE ELLOS ES CÓMO ÉL!

¿Cuánto tiempo tardará él mismo niño negro en descubrir, por sí mismo y sin que nadie se lo recuerde, que la contribución de la raza negra a la historia de la humanidad, ha sido minúscula? ¿Y cómo reaccionará entonces? Reconozco y lamento que dicha toma de conciencia para un chaval de raza negra en cualquier país de Europa Occidental, puede ser devastadora. Se trata de una de los “efectos colaterales” de la movilidad étnica.

Así pues, si Europa quiere no ofender la dignidad de estas minorías, si quiere que se sientan aquí como en Ghana o en Sudán, en Nigeria o en Camerún, Europa está obligada a renunciar a su identidad, a su pasado, a sus tradiciones, a recordar su historia y sus logros. De eso si es de lo que me quejo...


sábado, 26 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (27) ¿CERCANÍAS O BORREGUEROS?


Cuando estoy en España, evito al máximo bajar a Barcelona. Lo que ocurre es que algunas veces resulta inevitable. Suelo ir en tren… la R1, línea de cercanías. Acaso la peor línea de cercanías que alguien pueda concebir. A determinadas horas, creo que más del 50% de viajeros va si billete. Pero no me quejo de eso –aunque también- sino de los niveles de salvajismo que he llegado a ver en esa línea y que creo es único en España. Esa línea ha dejado de ser un tren de cercanías y se ha degradado en un borreguero de hace más de medio siglo: en efecto, en sus vagones circula mucho ganao de la peor especie.

No me extraña que cada año suban los billetes de RENFE: si cada vez pagan menos, alguien tiene que pagar más. Por supuesto, desde 2006 ó 2007, RENFE ha renunciado a que vayan revisores en el interior de los vagones. En aquellos años, ya intentaron linchar a alguno que se obstinaba en ser riguroso en su trabajo. A esto siguió la incorporación de seguridad, mucha seguridad en el interior de los trenes y en las estaciones. Por supuesto no sirve para nada: en las estaciones, los vigilantes tienden a ubicarse en los sitios menos expuestos y, deliberadamente, se alejan de los lugares por los que se cuelan los que quieren ir sin billete. Y los que iban en el interior de los trenes acompañando a los revisores hace tiempo que han desaparecido. Si en alguna ocasión hay una pareja, se limita a recorrer el tren de un extremo al otro, bajar en la siguiente estación y hacer otro tanto con el siguiente. Así que, primera queja: LA “SEGURDAD” EN LOS TRENES NO SIRVE ABSOLUTAMENTE PARA NADA. EN LAS ESTACIONES SIRVE AUN PARA MENOS.

En Canadá cuando vas a subir a un tren, hay un cartel que dice: Tickets pour l’honeur (Billetes, por el honor). Ni hay revisor, ni tienes que marcar el billete a la entrada, sino que simplemente, se te dice que puedes subir al tren dado que “por tu honor”, se da por supuesto, que tienes billete. En un país como España en donde el honor es algo que desde los años 80 no cuenta y que se ha retirado de la vida pública, un cartel así haría reír a los desaprensivos.

Pero lo peor no es que un cada vez más elevado porcentaje de viajeros vaya sin billete, lo peor es el ganao que corre por esa línea. Existen varios modelos:

1) aquel que sube al tren hablando por teléfono y 20 estaciones después sigue hablando a voz en grito (esto es particularmente grave entre andinos, africanos, chinos y magrebíes).

2) Luego está el colgao, empanao de los pies a la cabeza, con olor a porro ya impregnado hasta en el tuétano; hay que decir que es el que da menos problemas, simplemente se queda frito destilando ese olor característico que en la R1 ya es habitual y forma parte de la explosión de olores que el viajero experimenta al subir a uno de estos trenes (orines, sudores, porros).

3) También está el extranjero maleducado que ha salido de uno de los 750 clubs de cannabis existentes en Barcelona y antes de subir ha aprovechado para comprarse unas birras. Borrachuzos y colgados que no ahorran gestos para molestar a los viajeros y que les importa un pito lo que se pueda pensar de ellos o la sensación que puedan dar. Simplemente, no se enteran de nada.

4) Luego está el payaso que se cree que todos tenemos la obligación de escuchar su música. Música de mierda, claro está. Con móviles de mala calidad, atronando en el vagón.

5) No pueden faltar el gitano rumano con su música infumable, luego el rumano que pone pañuelos de papel con un mensaje escrito (que nunca me he molestado en leer) y que al cabo de un rato vuelve para recoger los beneficios (un día uno se olvidó un paquete cerca de mí, lo abrí y aquellos pañuelos parecían papel de lija del nº 3). Y así sucesivamente.

En fin de semana es todavía peor y si es a altas horas de la noche, peor todavía. Uno tiene la sensación de tener una experiencia similar a la descrita por Joseph Conrad en El Corazón de las Tinieblas (llevado al cine por Coppola en Apocalypse Now): a medida que la línea avanza (el río Congo en la novela y el Mekong en la película), el entorno se va haciendo cada vez más hostil y sombrío. Al final, el viajero tiene la sensación de que ha conocido “el horror”. Eso es la R1. Una de las líneas que merecen figurar como una de las más insoportables de los ferrocarriles mundiales.

DE ESO ME QUEJO Y SOBRE TODO DE QUE ESTO NO SEA UNA SITUACIÓN ANÓMALA Y RECIENTE, SINO QUE LA LLEVO EXPERIMENTANDO CADA VEZ QUE COJO ESTA LÍNEA, COMO MÍNIMO DESDE EL AÑO 2009… Porque lo peor de toda esta historia es que los poderes públicos ya se han resignado a que estas situaciones sean irreversibles. RENFE, por supuesto, aplaza la incorporación de nuevos convoys más cómodos y modernos. ¿Para qué si dentro de unos días van a estar destrozados, pintados y repintados por fuera y poblados por frekys y monstruitos llegados de los cuatro rincones del planeta y los ciudadanos que cada día acuden a su trabajo, pagan su billete, no dicen nada, protestan, ni se rebelan? DE ESO SI QUE ME QUEJO.


viernes, 25 de mayo de 2018

376 QUEJÍOS (26) PRECIOS TURÍSTICOS PARA “NATIVOS”


Me quejo de que España es un paraíso turístico, tierra de balconing y de birra a 26 céntimos lata, país en donde emporrarse y entromparse sale barato. En esta tierra de promisión para el turismo, lo más complicado y molesto es ser hijo de esta tierra y tener que pagar por ello. Un país turístico –y el nuestro empezó a serlo desde finales de los años 50- es un país en el que todos los habitantes que no vivan del turismo se sienten como desplazados y relegados a la categoría de ciudadanos de segunda. DE ESO ME QUEJO: NO SOY TURISTA NI VIVO DEL TURISMO, POR TANTO SOY CIUDADANO DE TERCERA.

A decir verdad, fuera de la lata de cerveza DIA a 26 céntimos y de los porros, todo lo demás que se ofrece en España al turista es caro. Especialmente en las grandes ciudades y en los principales centros turísticos. El precio de la caña si uno se sienta en algún bar del centro de Barcelona está alto, otro tanto pasa con los alimentos o los transportes. Y lo que es peor: eso se nota, sobre todo, al iniciarse la temporada turística. El ron con cola es, para mí algo sagrado que habitualmente degusto en casa (ron caribeño, proporción adecuada, hielo pilé, cuchara larga para remover, copa enfriada con el propio hielo: todo un ritual). El otro día se me ocurrió pedir un cubatilla en un chiringuito recién abierto en la costa. Ron de garrafón (ni se molestaron en ponerlo delante de mí, además escaso sino misérrimo), proporción incorrecta de hielo, vaso de abrevadero, todo ello a 6 euros… Dos euros más que el año pasado, por algo que no vale ni 3 euros beneficio incluido y cuyo coste real no llega a 1. ME QUEJO DE QUE EN TEMPORADA TURÍSTICA UNO TIENE QUE REFUGIARSE EN CASA PARA BEBER BIEN.

Peor es el tema de la comida: para un turista, una “paella” es arroz amarillento con algún mejillón perdido. Usted y yo sabemos que la paella es otra cosa. Pero el turista está predispuesto a pagar lo que sea por una paella tomada en las Ramblas, cinco segundos antes de que un choro llegado de cualquier lugar de la galaxia le robe la cartera o que pase un afiliado a la yihad con una camioneta por el centro o le presenten la cuenta igualmente apisonante y masacradora. Vienen de Francia, vienen de Inglaterra, vienen de Alemania, en donde comer en locales públicos es un 10-50% más caro y beber una cerveza en local público entre un 50% y un 100% más. Esto les parece barato. 

Yo, en tanto que, español y barcelonés, hace ya mucho tiempo que dejé de ir a las Ramblas (solía hacerlo en mi juventud) con otros amigos, para tomar unas cervezas (jarras de a litro, no cañitas) y ver al paisanaje sorprendente que siempre corría por allí. Aquella es zona de carteristas, turistas, yihadistas airados y vendedores de gadgets. Olvídente de la Rambla de las Flores, de los puestos de animales domésticos o de los kioscos con libros y revistas. Todo eso es historia. ¿Pagaría usted un precio abusivo por recorrer un campo minado? Eso son las Ramblas hoy. De todas formas, no es de eso de lo que me quejo, sino de quienes han permitido que las cosas llegaran hasta donde están.

SOY CIUDADANO ESPAÑOL, NO SOY UN TURISTA: NO MEREZCO SER TRATADO COMO TURISTA EN LA TIERRA QUE ME VIO NACER, NO MEREZCO PRECIOS ABUSIVOS PARA TODOS PERO QUE NO SORPRENDAN A TURISTAS PROCEDENTES DE PAÍSES CON SALARIOS MÁS ALTOS Y PRECIOS MÁS CAROS. MEREZCO PRECIOS QUE SE CORRESPONDAN A LOS SALARIOS DE AQUÍ.

Acabaré añadiendo algo: soy turista vocacional. Sé que los precios en París, Berlín y en Londres son lo que son. También sé que hay otros países mucho más baratos y más asequibles a los bolsillos españoles. Me adapto y me gusta adaptarme, PERO EN NINGÚN PAÍS HE VISTO ESA PRÁCTICA DE QUE LOS PRECIOS SE ELEVEN ASINDÓTICAMENTE CUANDO SE INICIA LA TEMPORADA TURÍSTICA, AL TIEMPO QUE DESCIENDE LA CALIDAD DE LO VENDIDO. De eso si que me quejo.



jueves, 24 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (25) ¿SON CINES O ABREVADEROS?


Hará 10 años que dejé de ir al cine… Veo películas (quizás más que nunca) pero no en locales público. Últimamente –por lo que recuerdo y por lo que otros me confirman- las salas de cine se han convertido en verdaderos manicomios: de entre todas las especies que me dicen que hoy invaden las salas, figuran los que ni siquiera se preocupan de apagar el móvil (e incluso los hay que ¡contestan cuando les llaman!), luego están los que se pasan la proyección hablando entre sí, no olvidemos tampoco a los que entran en la sala oliendo a sobaquina o a porro y expanden ese olor como las tropas del Kaiser hicieron con el gas mostaza en la llanura de Yprés en 1916. Y, finalmente, los más habituales, pero no por ellos, los más digeribles, aquellos que han transformado el cine en un comedero de palomitas y en un abrevadero de refrescos azucarados. ME QUEJO DE QUE, ENTRE TODOS, RESULTA IMPOSIBLE VER Y APRECIAR UNA PELÍCULA.

Se dice que el vídeo mató a las salas de cine, pero, en realidad, a las que asesinó a conciencia fue a las salas de re-estreno de nuestra infancia. Cuando hacíamos campana y nos refugiábamos en salas donde emitían “extraordinarios programas dobles” (los más veteranos nos decían que incluso hubo un tiempo con “programas triples”). Así que las salas que sobrevivieron, para compensar bajadas de espectadores, instalaron puestos expendedores de palomitas y refrescos, cada vez más amplios. A fin de cuentas, en EEUU se hacía desde el principio de la industria cinematográfica, así que por qué no, en esto también, realizar una imitación.

El problema es que esto es Europa: aquí, incluso censurábamos al espectador que no era suficientemente hábil para comerse un caramelo sin que sonara el celofán. La caída en picado siguió. Luego apareció el “busca” y sus pitidos y más tarde el “móvil”. Hubo un tiempo, incluso en que era de buen tono y signo snob el demostrar que se tenía un teléfono móvil (se decía entonces “¿En qué se parecen un teléfono móvil y un preservativo? En que los dos dan cobertura a un capullo”). Creo que opté por no volver a las salas de proyección el día en que a un tipo le sonó el teléfono e incluso se cabreó cuando le reprocharon el que contestase en medio de la muy infame película Balada triste de trompeta. No sé que era peor: la película en sí, el sonido de las palomitas trituradas por molares cuyas caries creían por los refrescos azucarados, el “festival” de olores y aromas que se respirada o el giliflautas que contestó al teléfono.  Me dije que esa sería la última vez y no he vuelto.

ME QUEJO DE HABER TENIDO QUE DEJAR DE IR A UNO DE MIS ENTRETENIMIENTOS FAVORITOS A CAUSA DE LA CAÍDA EN PICA DE LA EDUCACIÓN, EL SENTIDO COMUN Y EL BUEN GUSTO DE UNA SOCIEDAD. Y, además, estoy seguro de que no volveré porque los problemas de ese tipo, lejos de arreglarse, se agravan de día en día.

¿Para qué ir al cine? ¿Para sufrir el asalto de la mala educación? Odio salir de una sala de cine e ir pisoteando restos de bebidas, de envases de palomitas, de todo lo que se ha caído o se ha arrojado al suelo. Me parece increíble que se lleguen a los extremos que he visto. Me temo que hay gente habituada a vivir en estercoleros y que, allí por donde pasa, tiene tendencia a convertir cualquier lugar en un campo de inmundicias. Estoy harto y me quejo de una sociedad que ha perdido cualquier norma de ESTILO y que evoluciona, no hacia algo superior, sino a la más pura y simple animalidad. De eso me quejo, fundamentalmente.


martes, 22 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (24) MÚSICOS CHIRRIANTES EN TRENES SATURADOS



Habrá algún humanista y universalista que recurrirá al mantra políticamente correcto: “Les tienes manía porque son pobres”… RESPUESTA: NO, LE TENGO MANÍA PORQUE TOCAN MAL. Y MOLESTAN. En alguna ocasión he dicho que me gusta el arte urbano. Siempre he admirado los murales que he visto en algunas ciudades (y que nada tienen que ver con los grafitis), me han llamado la atención estatuas vivas con sus coreografías, me he detenido en París, en Vancouver  y en Praga para oír a conjuntos de jazz que tocaban en la calle… pero, créanme, odio profundamente a los que en primer lugar TOCAN MAL, en segundo lugar TOCAN EN LUGARES DE MALA SONORIDAD y, en tercer lugar, lo hacen EN VAGONES SATURADOS DE VIAJEROS. ME QUEJO DEL DESCONTROL DE ALGUNAS LÍNEAS DE RENFE Y DE LOS MÚSICOS QUE PARECEN SALIDOS DE CONCURSO DE “A VER QUIÉN DESAFINA MEJOR”.

Algunas líneas de cercanías la RENFE, especialmente de aquellas en las que se puede subir y bajar del tren sin pagar billete, están sobresaturadas de viajeros, pero también de “músicos urbanos”. No tienen licencia, no tienen calidad para tocar, pero disponen de un acordeón y de un amplificador a pilas sobre un carrito de la compra que escupen notas desafinadas a todo volumen en el interior de los vagones. QUE QUEJO DEL SONIDO ATRONADOR Y DE LA POCA PERICIA DE LOS ASPIRANTES A MÚSICOS. Pero, sobre todo, me quejo de que ni los servicios de vigilancia privada, ni los conductores de los trenes (que disponen en todos ellos de cámaras para no perderse detalles de lo que sucede en el interior), ni las policías a las que les correspondería hacen nada para defender 1) la dignidad de la profesión de músico, 2) la salud auditiva de los viajeros y 3) el bienestar y la tranquilidad de los viajeros.

Hay dos tipos de seudo-músicos en estos trenes (hablo por la R1 que recorre el Maresma): en un 90% de se trata de “romanichels” llegados de Rumanía y de los que rumanos como Nastase, están contentísimos de que hayan emprendido el camino hacia Occidente… Allí les llaman “lautari”, tocan en los trenes mientras sus mujeres mendigan (a principios del milenio hubo epidemias de pedigüeñas romanichels acompañadas de recién nacidos pidiendo limosna, así que el Estado entró en funciones en defensa de la infancia: simplemente les dio una subvención a cambio de que no mendigaran. El ayuntamiento de Sevilla llegó a darles vivienda y subsidio a cambio ¡de que no delinquieran! Así se “resuelven” los problemas en España (el caso llegó a ser denunciado en la BBC). No creo, sinceramente, que hayan venido a pagar las pensiones de los abuelos, ni siquiera a contribuir a aumentar la riqueza nacional: me da que están aquí porque Francia e Italia se los quitaron de encima. El otro tipo es el rockero que se cree émulo de Jhonny Rotten o el rapero empanao empeñado en que compruebes lo estúpido de sus composiciones. De estos me habré encontrado con un 10%.

Pero, sobre todo, de lo que me quejo es de la pasividad del usuario español de cercanías:  a pesar de que algunos extranjeros incapaces de reconocer a un gitano rumano crean que están oyendo música “tipical Spanish” (que los hay) y den unas monedas al seudo-músico, lo cierto es que a la mayoría de viajeros les molesta el sonido atronador (especialmente para los que están cerca del amplificador) e incluso las molestias generadas por la falta de espacio en los meses de verano. Y ahí están… mostrando las excelencias de la inmigración masiva y descontrolada y la manga ancha de las autoridades (y de la propia RENFE).

Hay que decir que en el ferrocarril metropolitano de Barcelona, no ocurre lo mismo: allí existe una selección para poder tocar en los vagones y en las estaciones. Muchos de los músicos que lo hacen allí han salido de conservatorios y es frecuente asistir a verdaderos conciertos que merecen ser retribuidos. No los he pedido, pero me sorprenden y son de calidad. Contribuyen a hacer más agradable el escenario urbano

No es de esa música de la que me quejo, sino de los insoportables, inaudibles, machacones y desafinados “lautari” llegados de Rumanía. Alguien dirá que se buscan la vida. Que se la busquen en su país. O que se les obligue a pasar por una escuela de música (preferentemente pagada la UNESCO).

365 QUEJÍOS (23) – ESOS INFAMES LIBROS DE AUTOAYUDA



Hay gente que necesita muletas para caminar por la vida. Al parecer les da miedo hacerlo erguidos y solos. Hubo un tiempo en el que la religión era la muleta preferida por las masas. Y, desde este punto de vista, la religión era una forma de “autoayuda”. No es por casualidad, sin duda, que los mejores textos de este género de los dos primeros tercios del siglo XX fueran escritos por jesuitas o sacerdotes católicos. En cierto sentido, el famoso libro La imitación de Cristo, puede ser considerado como un verdadero manual de autoayuda (que, incluso, me atrevería a recomendar para quienes necesitaran algún texto de este tipo).

La auyoayuda que se vende hoy en España pertenece a otra línea: tiene su origen remoto en Benjamin Franklin (que ya tenía una tienda de "hágaselo usted mismo") y en pensadores estilo Emerson o Thoreau, buitreados una y otra vez y trasladados a textos de baratillo.

ME QUEJO DE QUE LOS LIBROS DE AUTOAYUDA FIGURAN HOY ENTRE LOS MÁS VENDIDOS POR MUCHO QUE EN SU INMENSA MAYORÍA SEAN PURA BASURA, MÁS PERJUDICIAL QUE OTRA COSA.

En los años 90 me dio por aparecer en distintos programas de radio en los que, frecuentemente, se aludía a esta temática. Era la época de Louise Hay, una rubia de bote norteamericana que vendía autoayuda a cascoporro. El planteamiento era el siguiente: "si te pasa algo malo, es porque tú, pedazo de capullo, eres malo. A las personas buenas solamente les ocurren cosas buenas. Si las desgracias se abaten sobre ti, míratelo, porque debes ser un cabronazo que ni te cuento. Así pues, ¿quieres que te toque la lotería? ¿quieres llegar a donde te propones? Lo tienes a tu alcance: debes tener un comportamiento moral irreprochable. La suerte te sonreirá". Y se quedaba tan ancha…

El resultado era todavía peor: la suerte no depende de que seamos moralmente rectos o unos absolutos capullos integrales; el amor depende de muchos factores e incluso es más probable que a las chicas les gusten los chicos malos que estirado moralista; y en cuanto a la suerte en el trabajo, no depende de nuestra virtud, sino de que nos hayamos dotado de los conocimientos específicos para obtener las mejores vacante. Inteligencia - Suerte – Preparación – Experiencias serían los cuatro factores que deben estar presentes en quienes quieran tener un éxito moderado en la vida. Además, las tesis de Louise Hay tenían su lado oscuro.

Es evidente que nadie por el simple hecho de ser “buena persona”, justo, honesto, moralmente recto, va a mejorar su posición. Quizás se sienta mejor consigo mismo, pero ahí empieza y termina todo. Los lectores de Louise Hay trataban de mejorar, hacían esfuerzos por ser altruistas, por estar pendientes de su moral… pero su suerte no cambiaba, por lo que seguían pensando que hacían algo mal, que algo en ellos seguía siendo bajo y miserable. No mejoraban: PSICOLÓGICAMENTE EMPEORABAN. Unos meses después llegaba la depresión: “no consigo ser buena persona”. ¿Y cómo es eso? Les preguntaba el psicólogo. “Es que veo que no tengo suerte en la vida”. Que es como mezclar las churras con las merinas, la velocidad con el tocino, la gimnasia con la magnesia y la establecer nexos entre causas y efectos que no tienen absolutamente ninguna relación.

He conocido personalmente a muchos autores de autoayuda: unos escribían libros por encargo (alguno de esos textos escritos de manera desganada tengo en mi haber, mea culpa), otros vendían cursos de dudosa eficacia. Me hizo gracia que firmando libros junto a Pablo Coelho durante un fin de semana, la gente acudía a él como un gurú de la autoayuda cuando él era el primero en reconocer que lo único que había hecho era escribir novelas agradables. Sobre alquimia (su primer gran éxito fue El Alquimista) me reconoció que no tenía ni idea e incluso me preguntó algunos detalles sobre el particular por el que me interesaba en aquellos tiempos. El público que consume autoayuda es excesivamente ingenuo. De esos me quejo.

Los años 90 y la primera década del milenio fueron el período dorado de la autoayuda. Cuando trabajaba en redacciones de revistas, recibía todos los que se publicaban. Debí reunir en torno a 200-300 títulos. Impresionante. Hoy, están donados a la Biblioteca de Villena y algunos quemados en el Panadero nº 5, una estufa de las antes que calienta como las de antes. Hoy cuesta más de encontrar los libros de autoayuda y su espacio en las librerías se ha reducido: nadie puede seguir leyendo autoayuda década tras década sin mejorar su posición. Y cuando alguien mejora es consciente de que ha sido por su esfuerzo, por suerte o por preparación: NUNCA POR HABER LEÍDO UN LIBRO DE AUTOAYUDA.

Muchos editores y muchos autores pillastres, lo que hacen, a fin de cuentas, es AYUDARSE A SÍ MISMOS. Ni siquiera me quejo de eso: ME QUEJO DE QUE LAS MASAS TIENEN TRAGADERAS INCREÍBLES, QUE ASUMEN CUALQUIER BASURA DE AUTOAYUDA IMPROVISADO EN UNAS SEMANAS, CON LA FE Y LA DEVOCIÓN QUE OBRAS COMO “EL KEMPIS” MERECEN.


lunes, 21 de mayo de 2018

365 QUEJÍOS (22) ANTIVIRUS QUE CREAN MÁS PROBLEMAS DE LOS QUE RESUELVEN



En la juventud de la informática existió una revista especializada en PC con sistema operativo MS-DOS que regalaba “floppys” (aquellos discos en soporte magnético envueltos en una especie de cartón negro) de 5” pulgadas con programillas gratuitos. En uno de estos floppys alguien aprovechó para colocar un “virus”. En aquella época, los virus eran simpáticos: estabas trabajando y te aparecía una pelotita juguetona por la pantalla. Otro, el más terrible, hacía sonar por los altavoces tres disparos que tenían correspondencia con tres agujeros de bala que parecían romper lo que tenías en el monitor (¡oh, aquellos primigenios monitores de fósforo verde! ¡y, qué me decís, de aquellos otros de “ámbar” que precedieron al color!) y que luego veían caer como un cristal hecho añicos: el ordenador dejaba de funcionar. Habías  sido infectado.

Si hoy todo esto parece un ejercicio de añoranza, a mediados de los 80, cuando había concluido el “período heroico” de la informática y se iniciaba la “era MS-DOS”, tenía la virtud de romper los nervios a los usuarios. Los floppys fallaban más que una escopeta de feria y los primeros programas antivirus ralentizaban el ordenador y, con demasiada frecuencia, resultaban más letales para la memoria de los ordenadores que el propio virus que decían combatir. En los ordenadores que tenía en la época, tuve que prohibir a amigos y conocidos que instalaran antivirus e, e incluso, que metieran discos suyos. Pero no me voy a quejar de esto que pertenece a un paso que, en el fondo, se resiste a pasar.

De lo que me quejo es que treinta años después, las cosas sigan como entonces. Lo que ha cambiado es la intencionalidad de los diseñadores de virus. La mayoría de los que existen hoy no tienen efectos “graciosillos” sobre nuestro equipo: simplemente nos roban datos que luego son vendidos a empresas de publicidad a precio de oro. Solamente algunos son destructivos. De ahí que se tenga tendencia a distinguir entre “malware” y “spyware”. Pero hay algo peor que todo eso: los antivirus. ME QUEJO DE QUE ALGUNOS ANTIVIRUS SON DUDOSOS EN SU EFICACIA Y, LO QUE ES PEOR, VENGATIVOS.

No está muy claro si algunas de las empresas que comercializan antivirus, antes no se han dedicado a sembrar virus para justificar su existencia. No es algo nuevo en la historia: en muchas ocasiones, funcionarios de policía encargados de luchar contra el terrorismo, han generado y estimulado un terrorismo que, por sí mismo, justificaba y ensalzaba su función como defensores de la sociedad. En la “transición” se hizo todo un arte de esa práctica. La cosa no era nueva, Fouché, en los tiempos de la “máquina infernal” y de los autoatentados contra Napoleón ya había inventado la técnica. Incluso en España se puso en práctica en el atentado de la procesión del Corpus en Barcelona (en 1896). Así que la técnica no es nueva: se genera un problema y uno se hecha en brazos de quién garantiza que nos resolverá el problema.

ESTOY HARTO DE ANTIVIRUS GRATUITOS QUE TE RESUELVEN UN PROBLEMA, PERO ESTÁN MAL DISEÑADOS: TE RALENTIZAN EL ORDENADOR, TE CREAN DEFENSAS INÚTILES QUE TE IMPIDEN ENTRAR EN WEBS INOFENSIVAS PERO NO ESTÁN EN CONDICIONES DE SER DEFENSAS EFICIENTES CONTRA COOKIES AGRESIVAS Y CONTRA SPYWARE.

ESTOY HARTO DE ANTIVIRUS QUE, AL INTENTAR BORRARLOS, SE RESISTEN A DESAPARECER Y SI, FINALMENTE, LOGRAS DESHACERTE DE ELLOS, SE “VENGAN” INTRODUCIENDO PROBLEMAS EN LA CONFIGURACIÓN DE TU ORDENADOR. Ayer me ocurrió desinstalando el Avira, uno de esos antivirus que lo prometen todo y que convierten a tu ordenador en una tortuga paralítica. Algo que debería ser tan simple como borrar un programa se convirtió en una fuente de complicaciones. Y, yo me pregunto, si a estas alturas, cuando entramos casi en el 40 aniversario de la informática de consumo, uno tiene que estar tenso y en guardia como en aquellos tiempos heroicos de los floppys de 8” pulgadas… De eso es de lo que me quejo.