lunes, 12 de agosto de 2019

EL INDEPENDENTISMO ANTES DEL 11-S-2019



Carod Rovira anunció la independencia de Cataluña para el 2014: estamos en 2019 y, nada. Por tanto, el proyecto indepe es, hoy por hoy, un proyecto fracasado por imposibilidad de conquistar el objetivo propuesto. Carod hizo esta declaración en 2004… pero, a pesar de la agitación independentista que siguió desde entonces, la realidad es que el independentismo está ahora mucho peor que cuando se fijó la mítica fecha: el 300 aniversario de la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas.

LA DEBILIDAD DE LAS "FUERZAS UNIONISTAS"

La crisis del independentismo sería mucho menor, si las fuerzas políticas “unionistas” tuvieran más calidad que las independentistas. Pero no ocurre así: el PSOE sigue siendo esa masa coriácea, blandurria y amorfa que sigue con fidelidad perruna las últimas orientaciones emanadas de los centros de elaboración doctrinal de la porogresía (ideologías de género, multiculturalismo, humanismo desenfocado). Ciudadanos no es más que la reedición de un imposible centrismo que despega en momentos de crisis y que periclita cuando terminan. El PP es hoy, más que nunca, una “derechita blandita”, recién recuperada de su propia crisis, sin resuello ni energía para aplicar políticas de Estado. Podemos es una irrisión casi infantil de aquella “enfermedad infantil del comunismo” de la que hablara Lenin, y, finalmente, Vox duda entre ser un PP(auténtico) o imitar a los populismos europeos, con el riesgo de que unas próximas elecciones lo laminen hasta la irrelevancia y completamente ausente en algunas regiones como Cataluña.

No es raro que, ante esta realidad, los “unionistas” (o, más bien, los no independendistas) no hayan estado en condiciones de realizar campañas políticas en Cataluña para recuperar el sentido del Estado en esta región. Incluso durante el seudo-referéndum del 1-O los propios independentistas tuvieron que colocar carteles de “Vota NO” para dar la sensación de que existía oposición. Nunca hubo carteles en las calles de Cataluña de: “El 1-O sólo votan los independentistas, los inteligentes aprovechan el domingo par algo más útil”. Todos los “unionistas” confiaban en la “legislación” y en los “tribunales” para que resolvieran la cuestión y todos se sentían liberados de la pesada tarea de hacer pedagogía en las calles de Cataluña o, simplemente, recordar lo insensato de la aventura.


En realidad, hasta ahora, Cataluña era España por la historia común pasada, pero en la actualidad, sigue lo es más que nunca porque todos los problemas y las lacras que están presentes en el Estado son compartidos sin excepción en Cataluña. El cimiento de la unidad del Estado era ayer unas instituciones, unos objetivos, una bandera comunes, mientras que hoy es una crisis exactamente igual en Salt que en El Ejido, una corrupción de idénticas dimensiones en Sevilla y en Gerona, y una deficiente calidad de la clase política a un lado y a otro del Ebro.


EL INDEPENDENTISMO ANTE SU ESTACIÓN TERMINUS

A pesar de los esfuerzos empleados, a pesar de los medios de propaganda comprometidos en la tarea, a pesar de la coyuntura objetivamente favorable que se registró a partir del inicio de la crisis económica de 2009, los independentistas hoy se encuentran mucho más lejos del objetivo propuesto que cuando iniciaron su andadura convenciendo al pobre Pascual Maragall, ya cuando tenía avanzada su enfermedad, de iniciar el camino hacia el “nou Estatut”… que debería ser, simplemente, la excusa para el paso siguiente, la independencia. Y Maragall y, con él, el PSC, creyeron que el objetivo de sus socios de ERC era, simplemente, elevar ligeramente el techo del autogobierno…

Esa coyuntura, mezcla de crisis económica, crisis del Estado con el timón en manos de un ignorante permanentemente en las nubes, ZP, sin formación doctrinal, y con unas vagas referencias culturales extraídas de los boletines de la UNESCO, sin resistencia real organizada por parte de la Cataluña unionista que creía que el Estado asumiría la tarea, y sin que la UE se pronunciara claramente (a pesar que, desde el principio, estuvo claro que la UE era una “unión de Estados nacionales”), etc, es una situación que jamás volverá a darse. Además, los independentistas olvidan que la formación de un “nuevo Estado Nacional” es algo que pertenece ya al pasado, un elemento propio de la segunda revolución industrial y no de la cuarta en la que nos encontramos.

En el archivo de infoKrisis existen artículos suficientes como para resaltar que jamás nos tomamos en serio el secesionismo y nunca albergamos la menor duda de que cualquier esfuerzo en esa dirección era una inútil “vanidad de vanidades”. La situación actual es la siguiente: todo lo que los independentistas y nacionalistas (la barrera ha quedado definitivamente rota: hoy todos los independentistas son nacionalistas, aunque no todos los nacionalistas crean que la independencia sea posible) no han conseguido, es algo que ya no lograrán nunca más en el futuro.

Su principal error ha sido no comprender la realidad del tiempo nuevo y lo arcaico del concepto “Estado Nacional”. En segundo lugar, pensar que, al controlar los medios de comunicación catalanes, tenían fuerza suficiente como para obtener la independencia y pensar que el proceso previo de “catalanización”, era suficiente como para que la mitad más uno de la población se decantara hacia el independentismo y… se produjera la independencia. En tercer lugar, pensar que la legislación del Estado español no prevenía procesos secesionistas. De ahí estos tres errores ha derivado la situación actual.

EL INDEPENDENTISMO EN EL TÓRRIDO VERANO DE 2019

¿Cuál es la situación actual del independentismo? En recesión. Un movimiento que no logra sus objetivos, no puede insistir eternamente en ellos, haciendo creer a sus partidarios que la independencia está al alcance de la mano, pero no legando nunca a ella. Si persiste en esa vía, se deshinchará, antes o después. El momento alguno del movimiento fue el 1-O de 2017… después no le quedaba más que periclitar, especialmente, a partir del momento en el que las movilizaciones fueron siendo cada vez más restringidas y las dos convocatorias de “huelga general” se saldaron con fracasos históricos: embotellamiento en la entrada de BCN, eso fue todo.
En la actualidad:

1) No hay hoja de ruta, de ninguno de los grupos independentisas. Y lo que es peor para ellos: no la hay, simplemente, porque no puede haberla. La única salida sería la insurrección armada y eso no hay absolutamente nadie en el campo indepe que se atreva ni siquiera a proponerlo.

2) Existen dos fracturas que cada vez se van ampliando:

- la que se da entre partidos y “movimientos sociales”, esto es, entre ERC-CUP-PDCat a un lado y a otro la ANC y el Omnium.

- la que se da dentro de cada uno de los integrantes de estos grupos y que cristaliza en fraccionamiento, aparición de nuevos grupos (tanto partidos como asociaciones) y en las discrepancias interiores cada vez mayores sobre la orientación política de cada grupo.

3) Por el momento, los costes de multas, abogados, propaganda, de los procesados, los va abonando la ANC, esto es, los va pagando la población catalana con sus impuestos que, en forma de subvenciones de la gencat y de los ayuntamientos comprometidos van a parar a esta asociación. Pero esto tiene un límite, especialmente porque lo que les va a doler más a los procesados en el juicio contra la cúpula indepe y a los que posteriores, se saldarán con unos pocos años de cárcel, pero con auténticas crujidas económicas en concepto de multas, indemnizaciones, responsabilidad civil y costas procesales. Y muchos empezarán a pensar que todo lo que se pague por estos conceptos es dinero que se retrae de nuevas campañas indepes.

Desde el punto de vista internacional, no hay más cera que la que arde: el patético pipiolo de Waterloo y su séquito cada vez parecen más aislados y ni siquiera han logrado popularizar su causa en Europa. Gastan recursos, pero no generan avances políticos.

Desde el punto de vista político: el PDCat ni siquiera tiene claro su propia existencia y su misma sigla, ni mucho menos cuál es su orientación aunque intenta competir con ERC en liderar el “independentismo”… En su interior, los nacionalistas no indepes (o más bien que, entienden la imposibilidad del objetivo independentista) están desmovilizados y en silencio, murmurando en pequeños círculos. E incluso en ERC estos mismos síntomas aparecen en el horizonte: cada vez son más, dentro de estos dos partidos, los que piensan que hay que darse un pase por la “realpolitik” y abandonar el idealismo titánico que les ha llevado al punto en el que se encuentran. Torra es un fantasma que ni pincha, ni corta, y que en los meses que lleva al frente de la gencat no ha podido ganar propio prestigio como dirigente político, ni siquiera aparecer como un personaje carismático o relevante: no es raro que Artur Mas intente subirse de nuevo al carro de la política (cuando la ANC le ha salvado de la expropiación de bienes para pagar multa e indemnización civil) y que la sombra de Waterloo aspire a seguir liderando el independentismo.

La CUP está desmoralizada: las sucesivas convocatorias irresponsables de “huelga general” y las proclamas maximalistas han servido sólo para demostrar su escasa capacidad de pegada, como cualquier grupo juvenil, los militantes le duran unas semanas, participan en unas algaradas y luego se van a sus casas. Este verano ni siquiera han sido capaces de plantear acciones extemporáneas y absurdas (como la de las cruces en las playas o las siembras de lazos amarillos).

El debate es mayor en el interior de ERC: pero también más soterrado. Los “realistas” se enfrentan con los “idealistas”. Los partidarios de “pasar página” esperan las sentencias para ver si se produce un “estallido social de protesta” (algo que parece una posibilidad cada vez más remota). Pero cada vez son más los partidarios de adoptar un nuevo curso y de reformular tesis “federalistas” para conseguir que el PSC se sume a su campo y abandone el unionismo. Luego ya se verá.

¿QUIÉN LE CUENTA AL ELECTORADO INDEPE QUE LA INDEPENDENCIA ES IMPOSIBLE? (Y QUE SIEMPRE LO HA SIDO)

Pero lo cierto es que entre la independencia y el actual Estado de las Autonomías, la distancia es muy corta y resulta muy difícil encontrar un nivel intermedio en el que socialistas catalanes e indepes puedan considerar como propio, sin que ninguno tenga la sensación de haber cedido.

El gran problema de la política catalana en este momento es ¿quién pone el cascabel al gato? Es decir: ¿quién le cuenta al electorado independentista que el independentismo es imposible? Si fuera por ERC y PDCat, ambos suscribirían un acuerdo rápidamente. Pero el elemento desestabilizador, no es la CUP, sino el que ha sido creado por ellos mismos: la “sociedad civil indepe” con el Omnium y la ANC (que no existirían sin el dinero de las subvenciones autonómicas y municipales) y que constituyen el poso “fundamentalista” del independentismo. En caso de que ERC y PDCat dieran marcha atrás, se arriesgan a que ANC dé el paso al frente y se constituya como partido. Esto es lo único que impide a los dos partidos, reconstruir una estrategia.

Y, por lo que se refiere a Torra, es un punto y aparte insignificante y que representa muy poco en la política catalana: a pesar de ser afiliado al PDCat, en realidad no es más que la extrema-derecha del independentismo, puesto ahí, para que se queme y ante la negativa de otros mucho más significativos a sentarse en ese quemadero imposible de satisfacer a todas las parroquias indepes que es la poltrona de “molt honorable president”
EL INDEPENDENTISMO ¿”ASUNTO RESUELTO”?

No es que el “unionismo” esté mucho mejor en Cataluña: con Vox varada y en dique seco, con Ciudadanos en pérdida de vigor y con posibilidades de ruptura interior, con el PP sin levantar cabeza e incluso con la Sociedad Civil Catalana cayendo en la vieja quimera que se arrastra como una serpiente de verano desde la transición de reconstruir una “Lliga” (regionalismo no independentista), lo cierto es que, este ambiente se beneficia solamente de que el péndulo está iniciando su caída en dirección contraria al independentismo.

El dato revelado por los “espías lingüísticos” en los colegios, ha estremecido al nacionalismo: solamente el 24% de los alumnos hablan en catalán… lo que demuestra que la “catalanización” operada por el “nacionalismo moderado” hace tiempo que tocó techo y que, incluso, la histeria de los independentistas de la consejeria de educación, perjudica más y más a su causa.

No es que el independentismo sea “asunto resuelto”. Pero se encuentra en la vía muerta y en el camino de la extinción. Es normal: estamos en el siglo XXI y, lo más escandaloso, es que hoy Cataluña es muchísimo menos catalana que durante los años del franquismo: y eso por obra y gracia del “nacionalismo moderado”. Mientras los indepes preparan sus quiméricas protestas, cuelgan pancartas de “Ho tornarem a fer” (demostrando su vocación irresistible de bocazas)  y preparan su romería anual del 11-S… la realidad es tozuda: este está siendo el “verano de los MENAS”, el verano de los asesinatos en Barcelona, el verano en el que los mozos se han visto rebasados por la delincuencia, el verano de las “manadas” magrebíes y el verano en el que se ha registrado, por primera vez en mucho tiempo, un descenso notable del turismo y la sensación de que Barcelona se ha convertido en una ciudad sin ley… El problema de Cataluña no es la independencia, sino la SUPERVIVENCIA de su sociedad.


viernes, 2 de agosto de 2019

UN ARTICULO DEL HISTORIADOR CATALAN VICENS VIVES EN LA REVISTA FASCISTA DE GEOPOLÍTICA 1941


Uno de los más prestigiosos historiadores catalanes de la primera mitad del siglo XX, fue Jaume Vicens Vives. Las crónicas lo sitúan hoy, poco menos que como un regionalista moderado bien visto por el franquismo y con excelentes conexiones con el Opus Dei. Es posible que así fuera, pero tambien se olvida que, en la época, los mejores geógrafos y geopolíticos eran alemanes e italianos... por tanto, fascistas y nacional-socialistas. Vicens Vives colaboró de buen grado en sus publicaciones, un elemento que siempre se pasa por alto en las biografías y hagiografías que se le dedican. Como muestra de esta colaboración con los geopolíticos italianos, reproducimos este artículo aparecido en la revista italiana Geopolítica 1941, páginas 5-10. El artículo aparece en lengua española y con la traducción italiana a continuación. Lo hemos rescatado de aquella publicación para nuestros amigos. Hay que decir que Vicens Vives fue el introductor de la geopolítica en España y hasta no hace mucho, su manual sobre la materia ha constituido la única fuente de que disponían los estudiosos de esta disciplina como obra de referencia publicada en España.


Algunos caracteres geopolíticos de la expansión mediterránea de España

La adecuada comprensión de cualquier movimiento expansivo de los dos estados de la Península Hispánica (y no, simplemente, Ibérica), ha de basarse en el atento estudio de su estructura geopolítica interna y de su situación geofísica general. En nuestras primeras tentativas para fijar los rasgos esenciales de la Geopolítica española, hemos podido entresacar de la Historia y la Geografía la noción esquemática de la existencia de dos campos de fuerza geopolíticos que se cruzan, normalmente, en la Península Hispánica. Uno de ellos, el continental, orientado en la misma dirección que los meridianos, enlaza el Occidente europeo con el África Menor a través de España. El segundo brazo de la cruz, éste marítimo, vincula el Atlántico con el Mediterráneo, y proporciona a los pueblos peninsulares las dos salidas típicas de su expansión por las rutas del mar, las cuales han seguido fielmente en el curso de su existencia histórica. Y así, mientras las vías del Océano señalan los rumbos imperiales de la España de la Edad Moderna, las rutas del Mediterráneo guardan el sabor de la expansión geopolítica hispánica durante el Medioevo.

La política mediterránea de España desde el siglo XII, época en que los pueblos del Nordeste peninsular (los de la antigua Marca Hispánica transformada en Principado de Cataluña) emprendieron claramente una actividad marítima, ofrece rasgos peculiares de oscilación, tanto en la intensidad de los esfuerzos puestos a contribución para el logro de los fines geopolíticos básicos de la expansión transmediterránea, como en la misma selección de los objetivas a cubrir. En el curso de los muchos siglos de la Historia de España en el Mediterráneo es dable reconocer, por tanto, ciertas vacilaciones o indecisiones que en algunos momentos cruciales comprometieron las energías infinitas gastadas en el levantamiento tenaz y paulatino de la hegemonía hispánica con el Mediterráneo occidental. Ya en el mismo punto de partida de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, vemos a Jaime I segregar de sus posesiones peninsulares a las Baleares, recientemente conquistadas a iniciativa y con la cooperación militar entusiasta de los marinos del litoral catalán, a pesar de constituir aquel archipiélago un eficiente glacis de seguridad y el punto de apoyo para futuras empresas mediterráneas (1262). Algo más tarde, y ante una situación internacional confusa, Jaime II parece abandonar a su destino las recientes adquisiciones de la Corona de Aragón en Sicilia (1295). Luego es la política indecisa de los dos primeros Austrias españoles (siglo XVI) respecto al establecimiento del poder berberisco en África Menor, que mina la robustez de la estructura geopolítica del imperio hispánico en el Mediterráneo. En fin, la ciega sumisión a los tratados de Utrecht y Restado, que no logra remediar una última y desesperada tentativa del cardenal Alberoni sobre Cerdeña y Sicilia (1758), acarrea el hundimiento, quizás prematuro, de la hegemonía de España en las aguas del mar latino.


Frente a estas vacilaciones momentáneas, destacamos la perseverancia y continuidad en la acción de otros momentos más afortunados; notables en las directrices políticas de un Pedro el Grande, el héroe de 1285; de un Pedro IV, el reagrupador, en el siglo XIV, de las posesiones catalanas en el Mediterráneo; de un Alfonso el Magnánimo, el expugnados de Nápoles, que dio la tónica imperial a la expansión marítima de la Corona de Aragón; de un Fernando el Católico, el definitivo estructurador de este imperio. Nombres de monarcas que simbolizan los tenaces esfuerzos de los mercaderes y navegantes de Cataluña, Baleares y Valencia, en busca de nuevos campos para su actividad comercial y política.


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Toda política de expansión marítima en los tiempos modernos ha de contar con la aquiescencia irreductible del cuerpo entero de la nación. Se trata siempre de una obra de largo alcance, en que han de preverse reveses circunstanciales y han de superarse desfallecimientos eventuales, determinados por la dureza de la lucha en los mares y en las expediciones transmarítimas. Ya no se concibe cualquier forma de irradiación geopolítica en el Océano, motivada por el puro mecanismo de los intereses de las poblaciones de la costa. Es cierto que el litoral será siempre la antena sensible de las inquietudes marítimas de una potencia, pero su papel esencial estriba en transmitir tales inquietudes hacia el interior, conmover los órganos todos del Estado y, luego, servir de ariete a las necesidades vitales de la nación que ha logrado avivar y poner en marcha. Cualquier empresa marítima ha de reunir, en haz indestructible, marinos de la costa y campesinos de tierras adentro, ya que en ella se concentran, como en un dardo acerado, la potencia y la vitalidad biológica de un Estado.

Es posible encontrar la causa íntima de los vaivenes que antes hemos señalado en la política mediterránea de España, en la no conjugación perfecta entre el rumbo preconizado por las poblaciones de la fachada oriental de la Península y la orientación seguida muchas veces por los núcleos del interior. Gran parte de la inestabilidad de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón se debe al hecho de que fue llevada a cabo casi exclusivamente por los navegantes del litoral catalán, sin contar con la cooperación entusiasta, armónica y eficiente del hinterland aragonés. Los éxitos mejores, los correspondientes a la época de los Reyes Católicos, pueden ser atribuidos a la sagaz combinación que realizaron esos monarcas, reuniendo a los esfuerzos tradicionales de la Corona de Aragón las energías y posibilidades de la Castilla dinámica y pletórica de vida de fines del siglo XV. Luego, la atracción de América y la primera “fiebre del oro” hicieron variar la ruta de los esfuerzos castellanos, y la política del Estado se canalizó hacia otras direcciones, juzgando suficientemente consolidada la posición mediterránea de España. Los síntomas de este error, revelados en el siglo XVII con los éxitos de las armadas holandesa, francesa e inglesa en el Mediterráneo occidental, y con los primeros indicios de la descomposición del Imperio en las revueltas de Nápoles y Sicilia, no fueron debidamente apreciados, ni tampoco contrarrestados por una potencia estatal ya en decadencia. Y ello dio paso a un siglo XVIII, en que no sólo perdiéronse Nápoles y Sicilia, sino, lo que es más grave, túvose, que ceder a naciones extrañas dos de las posiciones básicas de la política mediterránea de España: Gibraltar y Menorca.

Sería una conclusión prematura atribuir al núcleo castellano, a cuyo alrededor ha cristalizado el Estado español moderno, cierta incapacidad para orientar la política mediterránea de España. Desde que aparece a la vida histórica, Castilla propugna una política de expansión que la lleva de la meseta hispánica a las fachadas marítimas peninsulares. En esta directriz hay en parte, evidentemente, tendencias unificadoras del suelo de la Península, pero también se descubre en ella la ambición de lograr salidas a los mares circundantes, lo que corresponde al deseo de practicar una política marítima determinada. Respecto al Mediterráneo, Castilla busca desde el siglo XI una salida siguiendo el curso del Ebro; y ante el fracaso de su empeño en esta dirección —a causa de la formación de un núcleo estatal hegemónico en la depresión ibérica: la Corona de Aragón— se fragua una nueva salida al mar, mucho más al Sur, por la lampa fisiográfica que une la submeseta meridional con la fachada mediterránea de Alicante y Murcia: la Mancha y la depresión del valle del Segura (siglo XIII). Atribuyó el Estado castellano medieval tanta importancia a la posesión de este anden costero, que no transigió con las pretensiones y reclamaciones de la Corona de Aragón, cuya política se orientaba, después de la conquista de Valencia, a proseguir su expansión a lo largo del corredor litoral mediterráneo. Murcia quedó para Castilla, y desde el litoral murciano la España de la Edad Moderna desarrolló su política sobre África e Italia. Aun hoy día la importancia militar y naval de Cartagena es un testimonio vivo de la existencia de una política castellana propia en el Mediterráneo occidental.

Las mismas dificultades de Castilla para abrirse paso al Mediterráneo, explican las oscilaciones geopolíticas a que antes nos hemos referido, e indican la existencia de causas íntimas que, en ciertas ocasiones, han inutilizado los esfuerzos de España para desarrollar una política mediterránea eficaz y activa, conforme a su secular tradición en el Mare Nostrum. En primer lugar, hemos de destacar la peculiar estructura geográfica del reborde oriental del macizo hispánico. Como es sabido, la meseta hispánica forma un conjunto de peniplanicies elevadas, que se inclinan hacia el Oeste y el Atlántico. En su borde frontal levantino, la meseta cae hacia el mar por una serie de aterrazamientos, dispuestos en forma de peldaños montañosos, que se soldaron al macizo hispánico durante el Terciario, formando un conjunto orográfico denominado Sistema Ibérico. De contextura caliza, este reborde montañoso constituye un país de relieve abigarrado, donde los cursos de agua se abren difícil paso por profundas y abismadas hoces y gargantas. Por tanto, existen muy contadas vías naturales de comunicación entre la meseta y el Mediterráneo. Entre Madrid y Valencia, por ejemplo, ha sido muy difícil el establecimiento de rutas, a pesar de que, por su situación respecto a la meseta, la ciudad levantina parecería ser la desembocadura natural del interior de España a su fachada mediterránea.


En cambio, la Geografía ha impuesto otras rutas, mucho más dilatadas. Una de ellas, busca la depresión del Ebro siguiendo el valle del río Jalón, que afluye en el Ebro cerca de Zaragoza, y, habiéndolo alcanzado, la aprovecha para proseguir hacia el litoral catalán (Barcelona o Tarragona), no sin antes haber tenido que superar los cordales montañosos de las cadenas costeras de Cataluña. A esta ruta, que podríamos llamar Centro-Nordeste, forma complemento la que se abre hacia el Sudeste, y que como hemos indicado constituye la vía natural de acceso de la meseta al Mediterráneo; por la Mancha y el valle del Segura, salvando las alineaciones montañosas del Sistema Bético, conduce a los puertos meridionales de la fachada levantina mediterránea: Alicante y Cartagena. No hacemos referencia a los enlaces de la meseta con la costa meridional (Almería, Málaga, Algeciras), porque en este caso habríamos de profundizar en un tema que cae fuera del objeto del presente estudio: el problema del Estrecho.

A la dificultad de rápidas comunicaciones entre los núcleos sensibles del litoral mediterráneo con los centros rectores del interior de España, cabe añadir otra, de no menor significación: la distribución desigual de las franjas de humanidad desde la costa a la meseta. No hacemos hincapié en la diferencia de géneros de vida (en la costa: industria o agricultura intensiva de cereales), porque a juicio nuestro esta actividad distinta sirve para el adecuado complemento económico de la vida peninsular. Pero sí queremos hacer notar la existencia de una zona de débil densidad humana que se orienta de Norte a Sur, desde Huesca a Albacete, paralelamente al litoral y correspondiente en muchos casos con la zona fisiográfica del Sistema Ibérico. Barrera geopolítica formidable, tanto por su impermeabilidad al tránsito como por su vacío humano. Son comprensibles las dificultades con que lucha la costa para transmitir sus impulsos geopolíticos a los núcleos de la meseta a través del hinterland citado.

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En los siglos de preponderancia hispánica en el Mediterráneo, iniciada con la expansión de los catalanes hacia Levante, se llegó a una estabilización geopolítica determinada, que nosotros hemos calificado de “vertebración hispánica del Mediterráneo occidental”. En la cuenca de este mar sólo son posibles dos estructuras geopolíticas permanentes. Una, cuyo eje básico está tendido de Norte a Sur, vincula Francia al África Menor; tal fue la construcción política imperial francesa en el siglo XIX: Marsella-Argel. Otra, la tradicional y mucho más estable, la creada por Roma, de Este a Oeste, en el siglo III antes de nuestra Era, y la utilizada por España, de Oeste a Este, desde el siglo XIII, que es transversal y se apoya en los reductos isleños del Mediterráneo: Sicilia-Cerdeña-Baleares. No hablamos de otra estructuración geopolítica actual, la inglesa, apoyándose en Gibraltar y Malta, ya que no se trata de verdadera vertebración mediterránea, sino de un mero dispositivo estratégico para defender y salvaguardar una determinada ruta marítima.

La consideración histórica del establecimiento de la hegemonía hispánica en el Mediterráneo occidental permite poner de relieve los rasgos íntimos de la vertebración geopolítica del sistema imperial hispánico. A principios del siglo XIII la Península no poseía ningún punto firme en el Mediterráneo, a excepción del litoral de Cataluña. A fines de la misma centuria, la Corona de Aragón ha logrado poner pie en dos bases esenciales: las Baleares, que cubren la fachada peninsular, y Sicilia, que domina la comunicación entre las dos cuencas del Mediterráneo. La conquista de Cerdeña en el transcurso del siglo XIV y primeros decenios del XV, robustece la línea directriz de la expansión de España: queda constituido el eje Baleares-Cerdeña-Sicilia. Al mismo tiempo, la definitiva conquista de Gibraltar pone en manos de Castilla la llave del Estrecho. Al producirse la unión de las Corona de Aragón y Castilla, el Estado español moderno asegura formalmente la estructura hispánica del Mediterráneo occidental y garantiza los flancos de su línea vertebral: al Norte, queda protegida por la conquista de Nápoles y la alianza con Génova; al Sur, por la conquista de las fortalezas piráticas del África Menor. Teóricamente, por tanto, las líneas geopolíticas que representarían la verdadera contextura del predominio hispánico en el Mediterráneo, serían tres, todas orientadas, en términos generales, de Noroeste a Sudeste: Córcega-Nápoles; Cataluña-Raleares-Cerdeña-Sicilia; y Cartagena-Orán. La posesión total de las plazas del Estrecho (Gibraltar, Ceuta y Tánger), al producirse la unión de Portugal con España, estructura sólidamente la coherencia del conjunto mediterráneo frente a cualquier tentativa atlántica.

En la actualidad sería empeño quimérico pensar en una restauración integral de este conjunto geopolítico, que se hizo posible por una eventual decadencia de Italia. Sin embargo, en un momento de revalorización mediterránea, España no puede olvidar su rango tradicional en las aguas del mar que antaño señorearon sus naves catalanas y levantinas. Un nuevo impulso vital ha de permitir la superación de las vacilaciones que arruinaron una obra de siglos. Con su aportación espiritual y humana, España puede contribuir al resurgimiento pleno de las posibilidades mediterráneas en el marco de los pueblos estrictamente mediterráneos.

JAIME VICENS VIVES

martes, 23 de julio de 2019

Acaba de aparecer el nº 62 de la Revista de Historia del Fascismo: EL CARLISMO DURANTE LA II REPÚBLICA Y SUS RELACIONES CON FALANGE


EL CARLISMO DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA (Y SUS RELACIONES CON FALANGE ESPAÑOLA)

Durante la Segunda República, el movimiento carlista, reunificado gozó de una extraordinaria expansión y, dispuso de una estructura a nivel nacional. Pronto se convirtió en la fuerza más poderosa de la contra-revolución a nivel militante, especialmente con la reorganización del Requeté, su milicia armada. El carlismo, durante los años de la República sufrió una transformación profunda de la mano de Manuel Fal Conde. Sin embargo, lo que se conoce como “carlismo” no fue homogéneo: bajo la sigla de la Comunión Tradicionalista, se albergaban legitimistas monárquicos, tradicionalistas e integristas. Estas componentes no siempre respondieron a las mismas orientaciones políticas. Durante esos años, el carlismo se vio obligado a compartir “área política” con otros movimientos conservadores y dinásticos y a estar próxima al "área fascista" ocupada por Falange Española. Esta es la historia del carlismo en aquellos años turbulentos.



SUMARIO

> INTRODUCCIÓN:  FALANGE Y EL CARLISMO 
    7
> EL MITIN DEL TEATRO DE LA COMEDIA Y EL TRADICIONALISMO   11
> LA BANDERA QUE YA ESTABA ALZADA   18
> CIEN AÑOS EN LA HISTORIA DEL CARLISMO   29
> CARLISTAS Y ALFONSINOS EN 1930-1931   44
> LA SITUACIÓN DEL JAIMISMO   53
> EL INTEGRISMO ESPAÑOL   62
> EL TRADICIONALISMO   68
> EL CHOQUE REPÚBLICA - IGLESIA   84
> EL PACTO DE TERRITET   93
> HACIA LA SANJURJADA (1) 109
> HACIA SANJURJADA (2). APOYO ITALIANO 116
> LA REORGANIZACIÓN DE LA DERECHA 123
> EL ALBA DE LA NUEVA CONSPIRACIÓN 126
> LA UNIFICACIÓN DINÁSTICA PARALIZADA 134
> EL “BIENIO DERECHISTA” 147
> LA REORGANIZACIÓN DEL REQUETÉ 157
> FAL CONDE AL FRENTE DEL CARLISMO 163
> LA FORMACIÓN DEL BLOQUE NACIONAL 174
> LA BODA DE DON JUAN EN ROMA 182
> EL DETERIORO DEL GOBIERNO RADICAL 189
> LA INSURRECCIÓN SEGÚN EL CARLISMO 202
> FALANGE Y EL CARLISMO ANTES DE 1936 228
> ALGUNAS CONCLUSIONES 241

DATOS TÉCNICOS

Revista de Historia del Fascismo nº 62 - Dossier Monográfico
Páginas 250
Tamaño: 15 x 21 cm
Cubierta: cuatricomía, plastificada y con solapas
Impreso en papel offset blanco de 80 grs.
68 ilustraciones
Precio de Venta al Público: 20,00 € (+4,00 gastos de envío)
Precio distribuidores: 50% descuento por pedidos superiores a 9 ejemplares.
Pedidos: eminves@gmail.com

martes, 9 de julio de 2019

LOS MENAS O LA ACCIÓN DEL “MINISTERIO DE LA VERDAD”


Ayer hubo manifestación de apoyo a los MENAS en Masnou. Hay fotos. Unos medios hablan de 500 asistentes (lo que incluso para Masnou sería poco), otros de “cerca de 300”, pero las fotos indican que no se trataba de más de 50-60 personas. Si examinamos las fotos con detalle veremos que algo más de la mitad eran de origen magrebí. En cuando a los autóctonos eran, claro está miembros de la CUP. En Europa existe una palabra para definir esta actitud de autóctonos que toman partido, contra viento y marea, incluso contra toda lógica, a favor de la inmigración masiva, especialmente en casos como éste, fáciles, y en donde todo es blanco y en botella. Se les llama “etnocidas”, es decir, asesinos de su propia identidad. Yo creo que el palabro es excesivo y que más les cabría el de pobres diablos que no han meditado sobre el problema.


La manifestación se hacía con una pancarta en la que se podía leer: “Contra el racismo – un solo pueblo – contra el machismo”.

Que es como decir, “en el mercado venden habas, pero yo quiero berenjenas, o mezclar la velocidad con el tocino. Y este es el problema: que los MENAS son machistas, proceden de una cultura machista muy arraigada. No son los únicos “machistas” y no es sólo eso lo que se les reprocha en Masnou. Si la población de Masnou fue porque, además, causaban otros muchos problemas de inseguridad ciudadana que no tenían nada que ver con el machismo y que han olvidado los pocos manifestantes contra el “racismo”.


Para los progresistas de la CUP, el problema es que los MENAS precisan ser “educados” (aunque se nieguen a recibir esa educación en su inmensa mayoría e incluso la hagan imposible) para abandonar esos hábitos “machistas”. Educados y subvencionados hasta los 23 años. Para el resto de manifestantes magrebíes todo el problema consiste en cómo seguir convenciendo al ayuntamiento de Masnou y a la Generalitat de que los trate como un colectivo “vulnerable” que merece ser ultrasubvencionado.


La minúscula manifestación de ayer en Masnou (pueblo en donde todo el mundo se conoce y en donde se sabe perfectamente cuál es el problema, cómo se ha originado y quién lo ha originado) no es algo nuevo. De hecho, el problema en Masnou y en Premiá se remonta a principios de la anterior década. Se trata de un pueblo de trabajadores que, bruscamente, empiezan a ver que la presencia masiva de niños inmigrantes en las escuelas les resta todas las becas de comedor y libros a los autóctonos. Hubo protestas y manifestaciones en la época. Luego, todo eso quedó ocultado con el “proceso soberanista”, hasta que la instalación de un albergue de MENAS ha hecho que aflorara de nuevo. Los Pujol tienen campos de flores en la zona (en donde, ya en los 90 habían contratado a algún ilegal). De los 25.000 habitantes, una quinta parte son inmigrantes. Pero se hacen notar, especialmente porque el ayuntamiento, primero convergente, hasta que en 2003 se iniciaron ocho años de socialismo y luego, a partir de 2011, de independentismo, ve en esos 5.000 habitantes, los “nuevos catalanes” que estarán a favor de la independencia… mientras se les siga subsidiando.

En síntesis: la inmigración la trajo a Masnou CiU, la trató a cuerpo de rey el PSC y el independentismo los ha transformado en ciudadanos privilegiados, por delante de los autóctonos. Y quien no esté de acuerdo, es racista… Así de sencillo. Y así tenemos que los defensores de la independencia y de la “identidad catalana” se han configurado como los que más han contribuido a desfigurar esa identidad. Su error consiste en creer que el Islam se puede “catalanizar”, cuando, en realidad lo que tiende únicamente -es una fe religiosa dogmática- es a “islamizar” el territorio en el que se implanta.

El factor étnico es importante para los islamistas: “lo semejante se reconoce en lo semejante” dije el viejo adagio alquímico, “lo semejante se une a lo semejante”. Y para un islamista, lo semejante es otro islamista, y, no nos engañemos, el islam ha arraigado solamente en España a través de la inmigración procedente de países islámicos, apenas ha habido conversiones de autóctonos que siempre, incluso dentro de las mezquitas, llaman la atención por su excepcionalidad. Esto es lo que hace que, automáticamente, la comunidad islámica de Masnou salga en defensa de los “suyos”: los MENAS. Entienden -con toda la razón- que si se criminaliza a los MENAS y se les reconoce como “problema”, ellos mismos, los islamistas magrebíes, pueden perder sus posiciones privilegiadas. Porque, no olvidemos, que la inmigración magrebí es un grupo social ultrasubvencionado.  Sin más.


El axioma es: “allí donde aparecen los MENAS, inmediatamente, aparece la inseguridad”. La inseguridad no nace de campañas racistas y xenófobas (¿qué partido podría organizarlas? PxC ya no existe, no hay extrema-derecha activa en Cataluña y Vox tiene a su frente en esta región a un guineano…). Así que lo que la CUP, los ayuntamientos, los magrebíes llaman “xenofobia y racismo” no son más que reflejos populares de supervivencia, ante lo que perciben como amenaza. Y lo son. Las noticias están allí para confirmarlo: no solo agresiones sexuales “machistas”, sino robos, asaltos a la propiedad, tirones, insultos, riñas tumultuarias, hurtos, etc, etc, etc. ¿Puede reprocharse que los vecinos perciban a los MENAS como amenaza contra su seguridad?

Además, los MENAS son intocables: los “tutela” la gencat, las CUP los arropa con sus magras huestes y la legislación los convierte en seres privilegiados. No se defienda del ataque de un MENA o tendrá todas las de perder. Si intenta evitar que le roben y les causa un moretón, es usted quien puede acabar entre rejas. Si lo lleva de la oreja a la comisaria, tenga por seguro que será usted el que se quede. No digamos si reacciona ante un insulto con otro o si quiere recuperar un móvil que le acaban de robar. Si ve un MENA levante las manos, es la única garantía de que saldrá indemne de problemas judiciales y policiales. Déjese robar, deje que maltraten a su hija o que saqueen su propiedad. Ellos no se juegan nada: usted se lo juega todo. Lo hemos visto después de que tres vecinos detenidos en la protesta contra la presencia de MENAS en Masnou la semana pasada hayan visto como la gencat se convertía en “acusación particular”. Si es que los “menores” se lo merecen todo.

¿Qué año es este? 1984 de Orwell, en donde la Generalitat de Catalunya se ha configurado como el “Ministerio de la Verdad”, dentro de un simulacro de democracia. “La verdad es la mentira y la mentira es la verdad”. Decía la pancarta enarbolada por los magrebíes de Masnou: “La violencia machista no tiene geografía, vuestro racismo sí. Masnou feminista y antiracista”. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia:
¿HASTA CUÁNDO SE PODRÁ SEGUIR OCULTANDO QUE UN NÚMERO DESPROPORCIONADO DE VIOLACIONES ESTA PROTAGONIZADO POR DETERMINADOS GRUPOS ÉTNICOS NO EUROPEOS?
¿HASTA CUÁNDO LOS MEDIOS VAN A SEGUIR OCULTANDO EL ORIGEN ÉTNICO PROTAGONISTA DE DETERMINADOS DELITOS?
¿HASTA CUÁNDO LOS PERIODISTAS VAN A INFORMAR TORTICERAMENTE PARA EVITAR REACCIONES POPULARES?
¿HASTA CUANDO SE VA A EVITAR TOMAR MEDIDAS PARA CORTAR LA INMIGRACIÓN DESCONTROLADA PROCEDENTE DE PAÍSES CON GRUPOS ÉTNO-CULTURALES CONFLICTIVOS?
¿HASTA CUANDO VA A EXISTIR ESE PACTO TÁCITO MEDIOS-ADMINISTRACIÓN PARA EVITAR RECONOCER QUE LOS MENAS SON UN PROBLEMA?
Y, por favor, que no se hable de la CUP como “etnocidas”; estos xicotets, en cambio, si merecen el calificativo de mayordomos del Magreb y palanganeros de los MENAS. Algo tiene que hacer, ahora que empiezan a sospechar que la República Catalana, efectivamente, no existe.


lunes, 8 de julio de 2019

EL “PROBLEMA ESPAÑOL” EN 2019


Si unas elecciones sirven para clarificar el panorama político, habrá que convenir que las últimas elecciones generales no han servido absolutamente para nada. Todo lo contrario, parece difícil que no se convoquen elecciones anticipadas a la vuelta de unos meses. Desde hace tiempo venimos afirmando que el sistema político español está experimentando una situación de inestabilidad creciente. Es hora de corregir esta afirmación con otra: el pueblo español se está habituando a acampar en esta situación de inestabilidad creciente. Más aún, en las actuales circunstancias el sistema político español no tiene la opción de evolucionar ni hacia adelante (mediante una reforma constitucional profunda), ni hacia atrás (hacia el bipartidismo imperfecto) que ha sido su rasgo característico en los últimos 40 años. ¿Cuáles son los rasgos de la actual situación? Hemos identificado diez:

1) Los éxitos puntuales del “centrismo” nunca van más allá de unos años y ante determinadas circunstancias: luego la sigla centrista se descompone víctima de sus propias contradicciones internas. Tal fue el caso de UCD, luego del CDS y ahora de Ciudadanos. Estamos asistiendo a la descomposición de un partido nacido en Cataluña, creado por La Caixa para contrapesar la locura independentista y que, trasladado a todo el Estado, recogió el voto de protesta moderada contra el bipartidismo. Un partido de ese tipo (“ni derechas, ni izquierdas, sólo centro – progreso – democracia – constitución”) o se convertía en hegemónico y, por tanto, no necesitaba pactar con nadie (como hizo UCD en su ciclo alcista), o bien, debía hacerlo, traicionando el “Ni derechas – ni izquierdas”. Y este último ha sido el caso de Cs. Por otro lado, la exportación realizada por la masonería francesa de Manuel Valls, que llegó con la intención de controlar el partido e imponerle un “giro ultracentrista”, pero esencialmente “antifascista”, ha terminado por descomponer al partido. Valls ha fracasado en su intento de hacerse con la alcaldía de Barcelona y utilizarla como trampolín para ocupar el cargo de Rivera. Pero, ahora mismo, la lucha interior en Cs, empieza a parecer la pelea entre náufragos que se hunden por un miserable salvavidas.

2) El hundimiento de Tsiriza en Grecia no es más que la coronación del hundimiento de la extrema-izquierda europea alternativa. El hundimiento de Podemos en España, dejaba presagiar el de sus homólogos griegos. En las últimas elecciones, el descalabro de Podemos fue antológico. Cabe decir que se lo habían buscado y que todas y cada una de las promesas electorales que había realizado cuatro años antes, todas, sin excepción, habían sido defraudadas: sus cargos públicos cobraban lo mismo que cualquier otro y tenían las mismas prebendas que no importa que otro político del stablishment; algunos de sus cuadros de mando eran simplemente pobres diablos que apenas manejaban cuatro tópicos mal digeridos, algunos porreros irremediables y otros ambiciosillos de pocas luces. Los que creían en la necesidad de una “izquierda alternativa” y en la urgencia de renovación del panorama político español, abandonaron el partido por goteo en los cuatro años que precedieron a las anteriores elecciones. El futuro de Podemos era arrastrar el voto socialista y ganar por la izquierda votos al populismo. En lugar de eso, optaron por lo tópico: ganar votos insistiendo hasta el deliquio en la “ideología de género”… si quedaba algún obrero procedente de la antigua Izquierda Unida, lo habrán perdido en este tránsito. El único misterio que queda en Podemos es saber si el propio partido descabalgará del liderazgo a Pablo Iglesias antes o después de que termine de pagar su chalet de nuevo rico.

3) El independentismo demuestra que se puede controlar al electorado controlando los medios de comunicación de una región, pero que no se pueden alcanzar fantasías centenarias programadas cuando España entraba en la primera revolución industrial y hacerlas electivas cuando estamos embarcados en la cuarta revolución industrial. La era de los nacionalismos pertenece a otro tiempo: no tiene cabida en el siglo XXI. La Unión Europea se lo ha recordado de nuevo, al nacionalismo catalán en estos días, con el vodeville de Puigdemont intentando retirar su acta de diputado. Pero el nacionalismo independentista lleva más de diez años sin entender el mensaje: no es que la legislación española impida la secesión (que la impide) es que esa secesión carece ya de sentido en el siglo XXI, salvo para satisfacer el orgullo pequeño-burgués de algunas mentes pueblerinas que no admiten que su proyecto político se ha quedado atrás en la historia. Y no lo notan porque cada día, al levantarse, leen sólo prensa nacionalista, se alimentan de sus propios informativos y si algún día estos dijeran otra cosa, simplemente, dejarían de verlo. El nacionalismo es la irracionalidad que eleva un concepto de nación modelado por los propios nacionalistas al rango de dogma incuestionable. En Cataluña, históricamente, ERC nació para generar la independencia de Cataluña, a diferencia de JxCat, ex PDCat, ex CDC, que nació solamente para buitrear el 3% del dinero público y eternizar la exacción, “catalanizando el país”. Dado que el Estado no tiene fuerza suficiente como para afirmar tajantemente que los independentismos están fuera de la ley y obligar a reformar en los estatutos de los partidos que lo sugieren, la contradicción entre un momento histórico que hace imposible la aparición de nuevas naciones y del otro lado unos partidos políticos independentistas propietarios de medios de comunicación públicos que difunden mensajes independentistas, hace que una parte del electorado siga votando independentista al margen de la imposibilidad de alcanzar sus objetivos.

4) El Partido Socialista Obrero Español no tiene el valor de afrontar su realidad: ni es socialista, ni es obrero, tiene el concepto de “español” muy atenuado y es una federación antes que un partido unitario. De todas, la coletilla “obrero” es, sin duda, la más grotesca y el hecho de que perviva (como único residuo en Europa de lo que un día fue el socialismo) es significativo de la incapacidad doctrinal del PSOE para interpretar el tiempo nuevo. Porque lo que ha ocurrido en estos últimos 40 años es: 1) renuncia del PSOE al marxismo (antes de que el marxismo se hundiera en sus pretensiones “científicas”), 2) Fracaso de la socialdemocracia europea a la hora de gestionar el capitalismo liberal en sus momentos de crisis, 3) Incorporación a su vacío ideológico de la ideología de la UNESCO y luego, de la ideología GLTBI emanada. ¿Para qué “trabajar” más el aspecto doctrinal y programático, si el voto al PSOE le viene solamente por el desencanto de la izquierda radical y del dontancredismo del pepero del período Rajoy? Esto ha hecho que el PSOE se haya convertido solamente en una federación de vividores sin apenas ideas en la cabeza, provistos de unos cuantos tópicos panfletarios que advierten, eso sí, lo movedizo de los tiempos modernos, lo arriesgado de lanzar nuevas ideas y se contentan con asumir las que están de moda en redes sociales. El PSOE se ha dado cuenta de que no es preciso ser “los mejores”, ni tener las “mejores ideas”, es preciso, simplemente, que los otros lo hagan peor que ellos. Eso garantiza la alternancia en el poder. Los disidentes de la izquierda y de la derecha, los disidentes por el centro, nunca lograrán pasar del estadio de “pequeños”, útiles solamente para estabilizar coaliciones contacto con su apoyo: ayer de nacionalistas catalanes, luego de podemitas, quizás de Ciudadanos, ¡qué importa! Cuando no hay proyecto político global, sino solo voluntad de supervivencia personal, cuando el partido se ha convertido en un teatro de ambiciones privadas (lo cual ocurre también en el PP), se es extremadamente flexible en las coaliciones: cualquier cosa es buena si contribuye a mantenerme en el poder. Lo que tenemos en el centro-izquierda es un partido completamente desnortado, sin contenido doctrinal, extremadamente permeable a las influencias de los “grandes laboratorios ideológicos mundiales” que generan teorías-señuelo para distraer del hecho esencial: la crisis y la inviabilidad del capitalismo globalizado.


5) Lo más sorprendente de la derecha es que, si España no se desintegró a raíz de la crisis económica, financiera y de deuda, del período 2007-2011, fue por la llegada de Rajoy, pero después de Rajoy se produjo un momento de crisis en el PP que le hizo perder las elecciones de 2019 y lo situó al borde de la desaparición. Pero mientras la presidencia del gobierno iba trampeando y resolviendo la cuestión de la deuda, rebajando el rating, día a día, consiguiendo que no se disparase hasta la alarma la deuda pública con la que cerró el gobierno de Zapatero (300.000 millones de euros dilapidados en lo que se llamaron planes E) y otros 600.000 para paliar los destrozos generados por el modelo económico de Aznar y luego por la tardía e inútil reacción de ZP, en el interior, el PP iba siendo víctima de la falta de control: la corrupción endémica dentro de los dos grandes partidos, salía ahora a la superficie. Esto hizo que los logros de Rajoy resolviendo las consecuencias extremas de la crisis económica y de la deuda, pasaran completamente desapercibidas. Para colmo, el problema del independentismo catalán se enquistó y en lugar de actuar rápida y contundentemente mediante un “pacto de Estado” con el PSOE que estableciera como delito la secesión de partes del Estado, optó por aplicar el famoso dontancredismo: “que actúen los tribunales” y los tribunales actuaron tarde. Si el PP se ha medio extinguido en Cataluña, ha sido precisamente por la debilidad de Rajoy ante la cuestión independentista, por su falta de decisión a la hora de resolver el problema y por judicializar la cuestión. La sustitución de Rajoy por Sánchez supuso un batacazo brusco del que el PP no se había recuperado al llegar las elecciones de 2019. Es más, durante ese año, para reforzar su posición, Sánchez había aumentado de nuevo la deuda para aplicar políticas “sociales” con las que aumentar la intención de voto, había regalado la nacionalidad a un millón de inmigrantes y renovado la esperanza del independentismo catalán (un gobierno de izquierdas PSOE-Podemos apoyado por los independentistas posibilitaría el referéndum y la secesión, por mucho que esta última parte nunca esté clara). El PP, vivió con espanto el nacimiento a su derecha de Vox y cómo una parte de su intención de voto se trasladaba a esta nueva sigla. La derecha fue víctima de su propia división. Sólo concluidas las elecciones, se hizo evidente que el voto fragmentado a la derecha había contribuido a la derrota de la derecha. A partir de ahí, empezó la recuperación de un PP que, en tanto que partido conservador, no ha entendido que no queda nada de valor por conservar salvo la aceptación de las decisiones tomadas en los centros de poder neoliberal mundiales.

6) Y llegamos a Vox. Durante seis meses, “la gran esperanza blanca” en la renovación de las instituciones, tenida como la llegada del “populismo” a España. El mes que transcurrió entre las elecciones generales y las europeas supuso el ocaso de estas esperanzas. El “populismo” se caracteriza por la capacidad de un partido de arrastrar la adhesión de las clases populares. En España esto es todavía más importante tras el fracaso de Podemos y el descontento hacia el PSOE. Pero, en lugar de fijarse en ese espacio electoral, Vox se ancló deliberadamente en un espacia de derecha a la derecha del PP. ¿Extrema-derecha? Más bien, derecha nacional clásica: anticomunista, con un programa económico liberal, unitarista, católica y decidida a ser una “derecha auténtica” ya que el PP no sería sino una “falsa derecha”… De hecho, buena parte de sus dirigentes había hecho carrera en el PP y su horizonte político no pasaba de las siglas de este partido. La torpeza de Manuel Valls al ver “populismo” en Vox, ha sido el desencadenante, no tanto de la crisis de Vox -abandonado por el electorado de derechas en el momento en que éste percibió que la división del voto de derechas hacía perjudicado a la derecha- como de la crisis de Cs cuyo poder dependía, en parte, del apoyo de Vox y que las invectivas de Valls y de los que se han situado a su lado, está desmoronando al partido. El gran error de Vox ha sido elegir compañeros en Europa y pensar que si se sentaba con Le Pen y Salvini perdería votos en España… Sin olvidar que las sectas católicas corroen el interior de Vox y controlan algunas organizaciones regionales. Y las sectas, siempre unen fanatismo y estupidez. Para que Vox diera un “giro populista” deberían de cambiar muchas cosas en su interior, demasiadas como para pensar que este tránsito pudiera realizarse con facilidad. De convocarse elecciones a corto plazo, posiblemente Vox volvería a ser un partido extraparlamentario similar al que fue, en su momento, el PADE y con el mismo impulso interior: volver al PP y ser reconocidos como “derecha”. Vox, afortunadamente, hasta ahora ha tenido presente que el papel de un partido de oposición es “hacer oposición”, el problema es, desde dónde hace esa oposición: si desde posiciones liberales o desde posiciones populistas-identitarias. Está en su derecho de elegir cualquiera de las dos opciones: pero una de ellas, le facilitaría el favor de las clases populares y la otra le llevaría a la irrelevancia política ante un PP reconstruido. En la elección de “compañeros de viaje” en Europa, los tres diputados de Vox han evidenciado la opción elegida, derecha conservadora clásica católica y devota, en un país con poco que conservar y cada vez con menos católicos y más divididos. Ahí termina su andadura como alternativa populista. Si en algún momento, algunos pensamos que Vox podía ser el “bien menor”, ahora esa visión queda ya algo lejos y nos inclinamos más bien por considerar que, a estas alturas va camino de ser un “proyecto frustrado”.


7) La situación económica no es, particularmente, buena y resulta imposible evitar que golpee a España este mismo año. El año está caracterizado por la guerra comercial China-EEUU, que cabalga sobre la transformación tecnológica que se prolongará hasta mediados del siglo, cuando la “cuarta revolución industrial” haya transformado la tecnología de arriba a abajo. A lo primero, los especialistas lo llaman, de manera eufemística, “incertidumbres geopolíticas”: en realidad, es mucho más que eso. Lo que se está manifestando no es un fenómeno nuevo, sino que ya estuvo presente en la crisis de 1929: los EEUU quieren mercados libres en todo el mundo… salvo en los EEUU en donde tienen derecho a imponer aranceles a las importaciones. Esto puede hacer que las tasas de crecimiento chino caigan por debajo del 6%, induciendo a aumentar el consumo interior, dando salida a los excedentes que no podrán colocarse en EEUU. Pero, esta política tendrá represalias que no beneficiarán a ninguna de las partes y que ralentizarán el crecimiento de la economía mundial. En Europa, esto se notará todavía más por el Brexit que disminuirá el crecimiento de la UE al 2%. Y, en España, concretamente, empezará a notarse una desaceleración moderada de la economía, con una tasa de crecimiento del 2%. Pero, hay un problema en España: la inestabilidad política que, ahora mismo, no tiene abierto solamente el “frente independentista”, sino los necesarios apoyos que precisa Sánchez para formar gobierno. Sin olvidar que el aumento de la deuda pública ha sido excesivo en el año que ejerció como presidente de gobierno tras Rajoy. La dependencia del ladrillo y del turismo, hace que cualquier crecimiento económico en España y cualquier fórmula que mida el PIB, son ficticias y encubren el hecho real: los medios de comunicación y el gobierno llaman a la euforia y han conseguido estimular el consumo y el gasto familiar… cuando la realidad implicaría empezar a apretarse el cinturón y realizar reformas económicas en profundidad. Lo que induce al pesimismo es que, mientras en España el panorama económico es el mismo que el de hace 30 años, nuestro país está prácticamente ausente de la “cuarta revolución industrial”, no invierte suficiente en investigación, la educación -especialmente en matemáticas y asignaturas de ciencias- está hundida y ninguna de nuestras universidades figura en el ranking de las 100 primeras en el mundo.

8) El problema político se reduce a que se ha reconstruido el bipartidismo, pero con una fisonomía nueva: si antes era “bipartidismo imperfecto” (con la presencia de nacionalistas moderados como factor de corrección cuando PP o PSOE no tenían mayoría absoluta), ahora ese “bipartidismo” es “todavía más imperfecto” (los nacionalistas moderados se han convertido en independentistas, han aparecido opciones intermedias como Cs, derecha a la derecha, Vox, e izquierda a la izquierda, Podemos… Pero ninguna de estas opciones tiene fuerzas suficientes como para alterar los grandes equilibrios, sino solamente para actuar como factores interiores desestabilizantes y esto, en un país que carece de cultura de pacto y cuyos dirigentes políticos nunca afirman con quién van a pactar antes de las elecciones y se limitan a arengas aptas solo para convencidos. El gran drama español de nuestro tiempo es que el sistema político está gastado, la Constitución de 1979 ha perdido fuerza y vigor, pero no existe ningún bloque político con entidad suficiente para imprimir las reformas necesarias. Todo esto en un país en el que se vota cerrilmente, sin meditar ni las consecuencias del voto, ni lo que está en juego y en donde el voto como la nacionalidad es algo que se ha ido devaluando progresivamente. Y no existen posibilidades de remontar esta situación dada las características y estructura de la sociedad española.

9) Una sociedad en desintegración acelerada: en ocasiones ocurre que la economía va bien, aunque el país esté gobernado (caso italiano en donde los gestores económicos han aprendido a marchar de espaldas a las decisiones políticas y a no influir en ellas a cambio de que no les afecten negativamente), pero nunca, absolutamente nunca, se ha dado la circunstancia de que una sociedad prospere cuando sufre un proceso de degradación interior. Y la sociedad española tiene cuatro frentes que garantizan un desmoronamiento interior a corto plazo (de hecho, en buena medida ese desmoronamiento, ya se ha producido)
a. Hundimiento de la educación.- Estamos desde hace veinte años a la cola de Europa en materia educativa y nadie, ni derechas, ni izquierdas, ni partidos alternativos, parecen dispuestos a reconocerlo. La democracia es inviable cuando la población no está educada, culturizada y tiene capacidad crítica y de discernimiento.

b. Hundimiento de los nacimientos.- España es el país europeo con una natalidad más baja y Cataluña la región farolillo rojo de la natalidad mundial. Esto se debe a tres factores: costes altos y nulas ayudas para la formación de nuevas familias, activismo GLBTI e ideologías de género, y, finalmente, hedonismo y alternativas a la paternidad (adopciones en el tercer mundo y mascotas domésticas).

c. Inmigración masiva.- Hoy ya no se trata de saber si en España hay 5.000.000 de inmigrantes como dicen los datos oficiales, o si son 10.000.000 entre “nuevos españoles” (inmigrantes que han recibido la nacionalidad española e hijos de inmigrantes nacidos en España) e inmigrantes que todavía no tienen la nacionalidad. Lo cierto es que este contingente ha alterado absolutamente nuestra sociedad: se han disparado los delitos de carácter sexual, se ha roto la unidad étnica y religiosa del país que, hasta ahora, garantizaba la “unidad”, se han creado guetos, se ha dado entrada unos grupos sociales subvencionados que en toda Europa han sido y son verdaderas aspiraciones de recursos públicos (se ha comprado la paz étnica con subsidios) y, lo más importante de todo: se ha alterado nuestra identidad como pueblo.

d. Banalización de todo tipo de drogas.- Al empeñarse Felipe González en despenalizar el consumo de drogas, lo que hizo fue generar las bases para la oleada de víctimas de la heroína que se produjo en la segunda mitad de los ochenta. Luego vino la disminución de la presión sobre el narcotráfico que, en el fondo, anestesiaba a los grupos sociales hasta entonces más jóvenes y rebeldes. Y, finalmente, hemos entrado en el camino de la legalización de la marihuana y el haschisch, como formas de narcotizar a la juventud. Obviamente, existe toda una industria del entertainment con el mismo objetivo en otros grupos sociales.
La combinación de estos elementos es lo que garantiza cuatro consecuencias ineludibles:
a) La fragmentación de la sociedad española en un mosaico de pequeños grupos sociales, cada uno diferente a los demás, que, en ningún caso, tendrán fuerza suficiente para que de ellos pueden salir propuestas de renovación de la totalidad de la sociedad.

b) La victoria de la sociedad “de los tres tercios”: un tercio que vive de su salario y paga unos impuestos cada vez más abusivos, un segundo tercio que vive a salto de mata compuesto por mileuristas y un tercer tercio completamente subvencionado, sin posibilidades de salir de ese gueto, sin esperanzas y, tampoco, sin necesidades, a la vista de que el “salario social” les permite sobrevivir en el día a día.

c) La imposibilidad de imprimir cambios profundos en la sociedad española. Puede acelerarse su desintegración (PSOE + Podemos + independentistas), o ralentizarse (PP+Cs), pero parece muy difícil que se detenga: no existen fuerzas políticas ni sociales, ni económicas, ni mediáticas con entidad suficiente como para que puede imprimirse un “cambio radical de conciencia” en el país que pueda facilitar un cambio del marco político en las próximas décadas.

d) Las únicas reformas que se aplicarán serán las que impongan por su vitalidad y fuerza, los nuevos grupos sociales que han aparecido: fundamentalmente inmigrantes islámicos y minorías sexuales, lo que retroalimentará la crisis del Estado y generará incluso momentos de gran incertidumbre e inestabilidad en materia de orden público y seguridad: el crecimiento del islam siempre ha repercutido así, allí en donde ha estado presente.
10. Conclusión: una democracia desnaturalizada en la que el voto de un toxicómano vale lo mismo que el de una persona con talento, cultura y experiencia, no es una democracia, es un simulacro. Una nación que ni siquiera tiene fuerza para afirmarse como tal y duda incluso de lo que es, si “nación unitaria”, “federación simétrica o asimétrica”, “nación de nacionalidades”, etc, es una nación en crisis. Una sociedad que carece de valores, objetivos, estructuras y referencias comunes, no es una sociedad es un “puzle” de grupos sociales vecinos pero separados unos de otros. Un sistema político que ya se había quedado avejentado a finales de los años 80 y que la inercia ha permitido sobrevivir, no es un sistema político, es una excusa para taponar cualquier posibilidad de reforma. Y todo este magma, dentro de un proceso de transformación tecnológica mundial que se desarrollará en los próximos 30 años y cuyas consecuencias agravarán todos los problemas hasta aquí enumerados. Pero esto no es lo peor: lo peor es constatar que ninguno de los partidos que operan en el Estado, ni ahora, ni en el futuro, van a estar en condiciones de operar las rectificaciones necesarias, ni tampoco existen condiciones objetivas suficientes como para que pueda nacer una fuerza política que, con la furia de una tempestad, arrase con todo lo que tiene la sociedad y el sistema político español de viejo y caduco.

Todos los elementos que entran en la ecuación, indican que no existe potencial suficientemente intenso como para generar un movimiento de cambio en España. Hasta ahora todos han fracasado y mucho más ahora que la sociedad española está enferma, indefensa y atomizada.

Y me gustaría que alguien me convenciera de lo contrario.