En las últimas semanas se está produciendo un fenómeno que reaparece periódicamente en todos los partidos: la inestabilidad interior en cada sigla, las luchas fraccionales, que enmascaran con demasiada frecuencia, incompatibilidades personales, y terminan en rupturas, expulsiones, etc. Es el pan de cada día en los partidos políticos. Hemos vivido demasiadas de estas situaciones para que, a estas alturas, nos sorprendan. La experiencia nos dice que, en el curso de todas estas crisis, más o menos estruendosas, se ocultan pocas discrepancias estratégicas y que, suelen ser, por el contrario, en algunas ocasiones polémicas por cuestiones tácticas y, en la inmensa mayoría de los casos choques entre “egos” contrapuestos. El punto es que estas crisis internas tienen un elemento demoledor en partidos poco consolidades o minoritarios, pero apenas repercusiones en formaciones sólidas y/o que siguen experimentando un crecimiento notable. Tal es el caso de Vox.
ROZANDO EL 20% DE LOS VOTOS
En las dos últimas elecciones (en Extremadura y Aragón), se ha dado la circunstancia de que Vox ha aumentado de manera muy notable su cuota de votos. Algo parecido auguran las encuestas en las próximas elecciones en Castilla-León. Y, en lo que se refiere a encuestas de intención de voto del electorado nacional, todo induce a pensar que Vox se aproxima al 20% de los votos y que ese sería el resultado en unas futuras elecciones generales. Sin embargo, las crisis internas del partido, las expulsiones y las sustituciones, no parecen tener absolutamente ninguna repercusión sobre este avance, cuando en realidad, debería mermar sus expectativas y, disminuir, consiguientemente, sus apoyos. ¿A qué se debe esta contradicción?
Vaya por delante que no pertenecemos a Vox, tenemos intención de
hacerlo. Así que podemos afirmar nuestra total independencia política y nuestra
absoluta libertad personal.
Salvo, Santiago Abascal, Buxadé, Garriga, Moñino, Figaredo y algún otro miembro de la cúpula nacional de Vox, hay que reconocer que la inmensa mayoría de sus líderes regionales son prácticamente desconocidos fuera de sus regiones y de los círculos del partido. Esto demuestra, en primer lugar, que, para avanzar políticamente, si bien el liderazgo personal es una condición necesaria, no es, sin embargo, suficiente. Una parte notable del electorado se fija mucho más en lo que propone un partido que en el aspecto o el nombre de sus líderes.
EL GRAN HALLAZGO DE VOX
Y el gran hallazgo de Vox es que ha sintonizado con una parte
notable del electorado. No es por casualidad que 1 de cada 5 electores, por el
momento, lo haya elegido como su opción. El hecho de que Vox tienda a llamar al
pan, pan y al vino, vino, o el hecho de que sus adversarios hayan proclamado a
diestro y siniestro que es un partido euroescéptico y que busca la “expulsión de
la inmigración” (aunque no sea exactamente eso lo que propone, es lo que ha
llegado al elector y ha sido aireado por los medios), son los puntos en los que
se 1 de cada 5 españoles se han reconocido.
No son temas nuevos en la política española. Nosotros mismos
publicamos en 2004 y 2005 dos libros, El Enemigo del Sur y Marruecos:
la amenaza, señalando que el mayor peligro para nuestra seguridad era (y
sigue siendo) Marruecos. Así mismo, en 2003 publicamos, El libro negro de la
inmigración, cuyo título es significativo y que empezamos a elaborar tras
los sucesos de El Ejido y cuatro meses después de los atentados del 11-M lanzamos
Los perros del infierno, en donde poníamos en duda la “versión oficial”
dada sobre el atentado. Ahora bien, cada una de estas obras se difundió
solamente en número limitado de ejemplares: 2.000 de cada título.
Manifiestamente insuficiente como para aspirar a tener algún tipo de
repercusión. Por otra parte, ya en aquella época, estaba claro que una
editorial independiente, sin relación con los grandes grupos editoriales, era
un callejón sin salido y un negocio en el que los intermediarios (librerías y
distribuidoras) se quedaban con la mejor parte, mientras que autor y editorial,
con dificultades, cubrían gastos.
Hoy, sin embargo, aquellos temas, por la propia dinámica de los
hechos, se han convertido en elementos centrales del debate nacional y, en gran
medida, coinciden con la temática que inspira a Vox. Vox da soluciones
claras, en aquellos problemas que los dos grandes partidos se obstinan en
ignorar.
En otras palabras: Vox ha sabido hacerse intérprete del ciudadano anónimo que experimenta un hartazgo creciente ante la presión fiscal, la inseguridad ciudadana, el cambio de paisaje en sus ciudades, las dificultades en la convivencia y el aumento del coste de la vida generado por las políticas absurdas y nefastas encadenadas: de la Unión Europea a los Estados Nacionales, de los Estados Nacionales a las Comunidades Autónomas y de estas a los Ayuntamientos y de ahí a la cesta de la compra.
DE PP BIS A “TERCERA FUERZA”
Este partido, después de un período de titubeo y de asentamiento,
en el que manejaba como ejes de su propaganda
1) la lucha contra ETA,
2) la lucha contra el aborto y
3) la lucha contra el separatismo,
Estas ideas-fuerza le llevaron a ser considerado como una especie
de partido de derecha, ligeramente más duro que el PP, algo así como un “PP
auténtico”, una reedición del antiguo Partido de
Acción Democrática, el antiguo PADE, que se escindió del PP en el momento en el
que Aznar llegó al poder y sus miembros se vieron apartados de los puestos “suculentos”,
optando por salir del partido con la esperanza de crecer y, en el futuro, negociar
el retorno al PP.
Pero Vox, tras sus pasos en falso iniciales, tuvo la suerte de
reflexionar y modificar estos ejes de propaganda. No los ha olvidado, simplemente
los ha acompañado de otros con mucho más impacto popular y que, efectivamente,
resuenen en la conciencia de una parte sustancial del electorado: euroescepticismo,
remigración, reforma institucional.
Mientras Vox siga manteniendo estos objetivos como bandera y programa,
seguirá creciendo. Si los olvida o los relega a segundo plano, es muy posible
que siga el sendero de Ciudadanos: flor de un día; marchita a poco de nacer.
¿Y los problemas internos? Al ciudadano medio esos problemas ni le
afectan ni le interesan. Hace falta estar muy implicado en la vida de un
partido político para sentirse afectado por sus crisis internas.
UNAS CUANTAS LEYES UNIVERSALES SOBRE LAS DISIDENCIAS INTERNAS
Podemos resumir lo que hemos dicho hasta aquí en una seria de “leyes
universales” sobre las disidencias y las crisis internas de los partidos
políticos:
- el futuro y el ascenso de un partido depende de la fidelidad con que su dirección defiende sus ideas-fuerza.
- estas ideas-fuerza tienen tanto más capacidad de atracción en la medida en la que interpretan correctamente las necesidades y los deseos de la población.
- el viejo refrán de “el que da primero, da dos veces” y explica por qué las ideas-fuerza de un partido apenas tienen resultado si son asumidas tardíamente por otro.
- las crisis internas de un partido solo lo afectan electoralmente cuando a ellas se unen a otros factores muy valorados por los electores: escándalos de corrupción con dinero público, mala gestión, rectificaciones de ideas-fuerza, contradicciones flagrantes entre lo que se propone y lo que se hace, etc.
- el ciudadano de a pie, al que no le interesa la “vida de partido” y que, aún coincidiendo con sus opiniones, permanece fuera del mismo, seguirá votando a una formación ya consolidada, por sus propuestas mucho más que por los rostros de sus dirigentes.
Vox no puede evitar ser “un partido más” y, por tanto, sufrir el
mismo descrédito que sufre el modelo “partido” en el actual sistema político
español. Por eso, son -somos- muchos más los que estamos dispuestos a votar a
Vox que los que militamos en Vox.
Lo normal dentro de un partido político “al uso” es que tenga
tantos cargos públicos como afiliados. Y, en este sentido, hay que reconocer
que Vox, siendo “un partido más”, arrastra más afiliados que cargos públicos
tiene. Por el contrario, en partidos como ERC o Junts, el número de afiliados
y el número que vive de cargos públicos electos y remunerados, así como de
asesorías y demás estructuras “parapolíticas” (asociaciones, observatorios,
ONGs, empresas públicas), es prácticamente el mismo e, incluso, en algunos
casos (la CUP, por ejemplo) superior al número mismo de afiliados.
Eso es buena señal: queda algo de idealismo en la política
española. Lo vimos durante la DANA, cuando acudieron a Valencia cientos jóvenes
de Revuelta, reaccionaron mucho antes de que lo hiciera el Estado o la propio
Comunidad Valenciana, limpiando las calles de barro, llevando alimentos a
poblaciones que habían quedado aisladas y recogiendo víveres y ayuda. Esto es lo que le está valiendo a Vox en aquella comunidad tener
un impacto muy superior a la acción política de sus responsables: el ejemplo y
el voluntarismo. Y eso es algo que ni se olvida ni se paga. A diferencia del
PSOE en caída libre y de Compromís, ambos muy beneficiados por la propaganda
oficialista, pero que en la región valenciana se ven impotentes para afrontar
el crecimiento de Vox.
LAS CRISIS DE VOX: NO AFECTAN / NO MERMAN
Si hemos mencionado el caso de Revuelta y de la DANA es porque
también aquí se ha querido torpedear a Vox. Se ha dicho que no todo el dinero
recogido fue a parar a los afectados o que existieron “desviaciones contables”
en el balance presentado por Revuelta al partido. Ni nos interesan los motivos,
ni parecen interesar al electorado valenciano.
Luego vino la crisis protagonizada por Ortega Smith que ha culminado
en su expulsión. Y la crisis de Antelo en Murcia. Mucho antes fue otra crisis
similar entre Vox de Castilla-León.
O la acción deletérea de Espinosa de los Monteros estos días,
pidiendo un “congreso extraordinario” o tratando de llegar a los “disidentes”
de Vox, al PP… O del propio PP que estimula, induce y sugiere este tipo de
comportamientos.
No faltan elementos en los noticiarios que podrían ser reunidos
bajo el común denominador de “crisis en Vox” y costarle a este partido un
batacazo electoral notable. Sin embargo, sorprendentemente, Vox se muestra
particularmente “resiliente”, nada de todo esto parece afectarle… y nada
seguirá afectándole mientras su dirección sea fiel a su programa:
euroescepticismo, remigración, etc. En el momento en el que “olvide” alguno de
estos temas, cualquiera de estas crisis podría estar en el origen de su
epitafio.
Se ha dicho que las próximas elecciones en Castilla-León van a ser
un test decisivo para Mañueco. En realidad, el test va a ser para Vox: si logra
mejorar sus resultados y hacerse necesario para gobernar esa comunidad,
aumentará su “cotización” electoral a nivel nacional. Algo que las encuestas
auguran mucho más en Andalucía. Y también de aquí podemos extraer otra ley: mientras
Vox siga satisfaciendo las aspiraciones de su electorado natural y enarbolando
los mismos ejes y temas de propaganda que en los últimos años, cuanto más
tiempo pase hasta que el sanchismo convoque elecciones, mucho más puede ir
mejorando la posición de Vox en las encuestas. De hecho, la gran apuesta de
Vox en Andalucía no es progresar más o menos, sino realizar el “sorpasso”
al PSOE y configurarse como segunda fuerza política en esa comunidad.
Esto demuestra, también, que la estrategia sanchista de
estimular el crecimiento de Vox para poder acusar al centro-derecha (PP) de ser
rehén de la extrema-derecha (Vox), se ha convertido en una sangría electoral
para el propio sanchismo (o lo que queda del PSOE). En efecto, los votos
que gana Vox, no proceden tanto de electores decepcionados con el PP, sino, más
bien, de antiguos electores sociales y de “·nuevos electores autóctonos”, esto
es de jóvenes españoles. Otro tiro en el pie que se asestado Sánchez a su
propio partido.









