viernes, 15 de octubre de 2010

Artículos sobre partidocracia. (I de V). Democracia anónima

info-Krisis.- Hemos rescatado media docena de artículos que hemos publicado en los últimos meses en prensa convencional sobre las degeneraciones de la democracia formal. A pesar de que en algún caso están vinculados a acontecimientos políticos que se producían en las proximidades del momento en que fueron escritos, todos ellos conservan un valor situado por encima del tiempo. Los hemos recopilado para facilitar su impresión y lectura.


I
Una democracia anónima
Desconexión entre la clase política y el ciudadano

¿Los ciudadanos votan a siglas o a personas? En una democracia digna de tal nombre, a personas. En España a siglas, presididas por figurones. ¿Qué es una sigla? Una sociedad privada que aspira a gestionar los asuntos públicos. ¿Qué es un figurón? Es la imagen pública de una sigla. ¿Qué problema tiene este sistema? Uno y grave: que el ciudadano, cuando tiene un problema no puede recurrir a una persona física que sea el representante parlamentario de su distrito electoral. Resulta significativo que los diputados tengan su oficina en el parlamento y no en su distrito electoral. El ciudadano sólo es considerado en tanto que carne de cañón electoral. Luego, como diría Nietzsche, que se lo lleven el diablo y las estadísticas. Esto ha llevado a una brecha entre la clase política y la población y, en consecuencia, a una pérdida de calidad democrática del sistema político español.

¿Dónde está mi diputado?

Una vez concluido el período electoral, al diputado electo le horroriza tener que ir a un mercado o a una calle céntrica si ha de dar la mano a miles de ciudadanos y escuchar sus problemas. Somos carne de cañón electoral y el diputado electo es el privilegia encumbrado en una torre de marfil inaccesible al ciudadano de a pie. Un sistema así está más próximo de una oligarquía electoralista que de una democracia real.

Vale la pena analizar este fenómeno perverso en el que ha caído desde su origen la democracia española.

1. ¿A quién se elige en unas elecciones? A una sigla

Las siglas son entidades de derecho privado. Ya no engloban a "ideologías" ni a "doctrinas", sino a formaciones que apenas se diferencian unas de otras, con unos programas similares en lo esencial (economía y mantenimiento del stablihment, cierre a cualquier reforma en profundidad) y diferencias en lo accesorio. Para "humanizar" el sistema electoral la sigla va acompañada de la imagen física del candidato a la presidencia. El resto de candidatos importan muy poco. En las elecciones de marzo, al ciudadano se le presenta una disyuntiva: Zapatero o Rajoy. Tal es nuestro margen de elección.

2. ¿Es sistema de "primarias" podría aliviar algo. No sin listas abiertas

En 1999 el PSOE lanzó el sistema de "primarias". No sería la "cúpula" del partido quien elegiría candidato, sino la totalidad de la base. Al ciudadano le importa poco a quién prefieran los militantes de tal o cual sigla. Al ciudadano lo que le interesa es votar a un candidato elegido por él mismo dentro de una lista que esa sigla le ofrezca. Una democracia es plena si tiene listas abiertas en las que el ciudadano puede señalar su opción que, seguramente, no coincide con las preferencias de los militantes de tal o cual sigla.

3. ¿Cuál es mi diputado? No, yo no tengo diputado


A pesar de ser elegidos por distritos electorales de dimensión provincial, el diputado, una vez elegido, desaparece de su circunscripción y corta cualquier vínculo con el electorado de su distrito del que, en teoría, es representante, incluidos aquello que no le han votado. Esto genera una desconexión entre ciudadano y representantes y tiene unas consecuencias perversas para el diputado (es un perfecto desconocido entre la ciudadanía de su distrito) y para el ciudadano (reducido a carne de cañón electoral).

4. ¿Tiene voz propia el diputado? No, ¿bromeas?

Desde el tiempo de Alfonso Guerra se sabe que "el que se mueve no sale en la foto", lo que traducido quiere decir que el diputado que discrepa puntualmente de la cúpula de su partido, se convierte en un apestado que no figurará en el próximo ticket electoral. Los diputados son los grandes mudos a pesar de sentarse en el "parlamento" (literalmente, lugar donde se habla). Si la opinión de la mayoría de los diputados no interesa a nadie es precisamente porque carecen de personalidad y de rostro propio.

5. ¿Qué vota mi diputado? Lo que le ordene el jefe de su grupo

Así pues, las cúpulas de los partidos tienden a constituir listas electorales con los individuos más sumisos y con menos ideas propias, a menudo serviles, meros cobistas a los que jamás les pasará por la cabeza hacer otra cosa que lo que ordene el jefe del grupo parlamentario: lo vimos anteayer cuando los diputados del PP callaron ante la atrocidad que supuso la opción de Aznar en la cuestión iraquí y lo hemos visto ayer cuando los más "españolistas" diputados del PSOE votaron a favor del Estatuto Catalán. Saldría mucho más barato reunir a la media docena de jefes de grupos parlamentarios y que fueran ellos quienes votaran, mientras toman unas copas.

6. ¿Realmente tengo opción de elegir? No, sólo puedes elegir siglas


La democracia es capacidad de elegir representantes, esto es, personas de carne y hueso que consideremos que mejor encarnarán nuestros problemas y batallarán por solucionarlos. Nada de esto se produce en la seudo democracia española en donde la "carne de cañón electoral" (esto es, usted y yo) estamos constreñidos a votar a una sigla y al figurón de turno -Rajoy o Zapatero- del cartel electoral. Y es posible -solo posible- que en las profundidades de las listas del PP o del PSOE, o incluso del resto de partidos -que también existen- se encuentren algunos candidatos "interesantes" y que en algún momento hayan demostrado tener personalidad. No me importaría votarles a ellos, aunque no estuvieran en la misma lista. Pero eso es imposible en nuestro sistema con listas cerradas y bloqueadas.

7. ¿Qué es una sigla? Un conjunto de intereses particulares que se imponen sobre el interés nacional


Las siglas políticas son conglomerados de intereses particulares que ni siquiera son los de sus propios militantes de base, sino los de las cúpulas dirigentes y que frecuentemente responden a los intereses de los grupos económicos concretos. Siempre los grandes negocios se hacen a la sombra del poder y algún constructor ya indicó hace años que "la carne de diputado va barata" (no digamos la de concejal). Estos grupos de la oligarquía económica son los verdaderos representados en un parlamento en el que las cúpulas de las siglas -la oligarquía política- encarnan sus intereses, recibiendo a cambio beneficios como cualquier empleado.

8. ¿Sirve para algo reunir al Parlamento? Si, para dar espectáculo


A la vista de lo visto hasta aquí, la constitución del parlamento, la jura de los diputados, la constitución de la mesa del congreso, los discursos del aspirante a presidente, etc, constituyen una mera coreografía y un espectáculo destinado a convencer a la opinión pública de que "ellos" son "nuestros" diputados. En un momento en el que Internet, las videoconferencias y los sistemas de comunicación electrónica, permiten presencias virtuales en votaciones, mantener un parlamento tiene más que ver con el espectáculo que con la necesidad real. La ubicación en Madrid del Parlamento del Estado tiene para el diputado la ventaja de alejarle de sus electores y para éstos el sentirse desconectados de sus representantes.

9. ¿Cómo se controla la actividad de un diputado? No se controla en cuatro años

El rendimiento de los diputados es imposible de controlar. Solamente si faltan los días de las votaciones o si se pierde una votación por su ausencia, el jefe del grupo parlamentario puede sancionarlo con mermas en sus emolumentos. Eso es todo. No le extrañe cuando los informativos ofrecen noticias parlamentarias solamente  enfoquen al orador y a la presidencia o a miembros del gobierno sentados en su banco azul. El resto del aforo suele estar desierto o semidesierto. Ciertamente, las comisiones parlamentarias tienen algún nivel de actividad, y esta es la justificación para el vacío del hemiciclo. No se lo crean: las comisiones se reúnen periódicamente y solamente en muy contadas ocasiones se producen "jornadas maratonianas". ¿Dónde están los diputados? en el bar del parlamento, el lugar más frecuentado de la institución.



¿Hay soluciones? Si, las hay


Apenas unas medidas relativamente simples de aplicar bastarían para convertir a un remedo de democracia en una democracia real, digna de tal nombre:

1. Es preciso disminuir el poder de los partidos

Los partidos tienen una militancia muy escasa (el Partido Socialista en Andalucía tiene tantos militantes como cargos públicos…). En un momento en el que la abstención de acerca al 50%, y cuando ningún partido tiene más allá de un 20% de respaldo cívico, los partidos no pueden ser omnipresentes y controlar desde las Cajas de Ahorro hasta la TV. La sociedad civil tiene que asumir su peso y su responsabilidad, por encima de los partidos.

2. Listas abiertas y desbloqueadas

El ciudadano debe elegir a otro ciudadano, no a un cartel electoral. Por tanto, la única opción democrática son las listas abiertas. Y si tiene posibilidad de votar a varios candidatos debería poder hacerlo sin reducirse a una sola lista, sino entre los que considere más idóneos para representarle, aun perteneciendo a listas diferentes. Se hace en el Senado (que apenas tiene atribuciones reales) ¿porqué no en el Congreso?)

3. Profunda reforma constitucional


Las deficiencias democráticas no son un producto de la degradación del sistema, sino que desde 1978, estos problemas estaban presentes. Los consensos necesarios para instaurar una democracia satisfaciendo a todas las partes, quizás hizo necesaria aquella constitución, pero hoy estamos en otra coyuntura y sí es posible abordar una profunda reforma. La cuestión es: ¿aceptarán los partidos mayoritarios una nueva situación que pueda perjudicarlos? Respuesta: no. Por tanto, es preciso reforzar la sociedad civil y las nuevas opciones políticas para presionar.

4. El electorado debe controlar a su parlamentario

Una jornada laboral en España son 8 horas de trabajo y 40 a la semana. Y esto vale para un peón caminero y para un funcionario público, incluido un parlamentario. De la misma forma que el funcionario debe fichar a la hora de entrar y salir de su trabajo y esa ficha está controlada por su jefe de personal, un parlamentario debería de estar sometido al mismo control y rendir las mismas horas a la semana. Quien se dedica a la cosa pública, debe ser públicamente controlado por el ciudadano que le paga su salario.

5. El diputado debe tener oficina parlamentaria en su distrito

Los Estados modernos tienden a la descentralización. El modelo de parlamento español tiende a lo contrario. El diputado debe de tener su oficina en la circunscripción por la que ha sido elegido y allí tener un horario de visitas abierto al ciudadano de a pie.

6. La inmunidad parlamentaria debe desaparecer


El diputado no es una vaca sagrada. Es un ciudadano común y corriente que, temporalmente, asume la representación de sus ciudadanos y, por tanto, debe estar sometido a los mismos deberes y derechos que el resto de la sociedad sin tener ningún fuero especial. La actividad del diputado debe ser transparente y no puede refugiarse en la opacidad defendida por un fuero especial, ni en el voto de otros diputados como él para ser juzgado por tribunales ordinarios.

7. La condición de diputado debe ser considerada como agravante en la comisión de un delito


No es lo mismo que el yonki de la esquina atraque una frutería, a que un diputado realice tráfico de influencias. La condición de representante público debe ser considerada como agravante en la comisión de cualquier delito, incluido el tráfico de influencias. Y los castigos deben ser ejemplares tanto en penas de prisión como en expropiación de bienes, o de lo contrario, el fantasma de la corrupción seguirá recorriendo transversalmente la sociedad.

8. Profunda reforma del sistema electoral

La Ley d’Hont deforma la voluntad popular, favorece a las mayorías y perjudica a las opciones minoritarias. Esto tiende a aumentar los niveles de abstención y a reducir las opciones. El sistema electoral debe ser proporcional, sin correcciones, introduciéndose -como se ha hecho en Italia- la posibilidad de que partidos que tienen el voto disperso en distintas provincias tengan los diputados que les corresponderían por número de votos.

9. Transformación del Senado en cámara corporativa

El Senado es hoy un refugio para las vacas sagradas de los partidos mayoritarios. Se la ha intentado transformar en una absurda "cámara autonómica" (como si todos los diputados no fueran representantes de una autonomía). El Senado debe ser una cámara corporativa en donde estén representados los distintos sectores de la sociedad: profesionales, asociaciones culturales de todo tipo, jóvenes, estudiantes, jubilados, etc. Debe ser una cámara que suponga el contrapeso a los partidos políticos, no una cámara que refrende la actividad de los partidos en el congreso.

10. Cese de subvenciones públicas a los partidos

En tanto que entidades de derecho privado, los partidos no pueden vivir de las subvenciones públicas. Deben vivir de sus cuotas y de las donaciones particulares, según un sistema de financiación que, sobre todo, debe ser transparente. Eso evitaría que los partidos mayoritarios, denostados por la mayoría de la sociedad, siguieran siendo mayoritarios al contar con más recursos pagados con dinero público. El que quiera un partido que se lo financie… el dinero público es para fines públicos.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar fuente.