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miércoles, 15 de julio de 2026

NOSOTROS Y LA TRANSICIÓN A LA QUE ODIAMOS TANTO (3 de 10) - POR UN JUICIO OBJETIVO AL FRANQUISMO

¿Qué pensaba entonces del franquismo? No me gustaba. Lo que había visto de él, me había parecido en la época, gris, burgués y sin nervio. Conocí a suficientes gentes de la Guardia de Franco (la milicia del partido único), gentes del Movimiento Nacional, o que se movían en su periferia, para poder asentar esa opinión con fundamento. Había de todo, como en botica; una parte de los concejales del ayuntamiento de Barcelona, pertenecían al Círculo José Antonio de Barcelona, del cual yo también fui miembro durante unos años. Así que los conocí bien. En general, eran gentes brillantes y honestas. No fueron, desde luego, de los que se enriquecieron con el franquismo. Algunos eran austeros hasta lo franciscano. Habían sido falangistas en su juventud, habían participado como soldados del frente en la Guerra Civil, varios eran Alféreces Provisionales. No cobraban sueldo alguno de concejales, sino exiguas dietas por asistencia a las sesiones.

Luego estaban los funcionarios de tercera o cuarta fila, habitualmente con sueldos ridículos que ocupaban cargos en la estructura del Movimiento: una pequeña burocracia formada por secretarios de distrito, secretario de excombatientes, secretario de la Guardia de Franco que, creo recordar, eran los tres cargos remunerados con cantidades que, en el primer tercio de los 70, no alcanzaban las 5.000 pesetas. Los que conocía, me parecieron tristes burócratas completamente grises: cobraban poco y trabajaban menos. Solían enviar a la Secretaría General del Movimiento “informes mensuales de actividades”: “el día tal, se han reunido los afiliados del distrito, en numero de 90 y se ha comentado el discurso del Caudillo en el Consejo Nacional, manifestándose los asistentes en apoyo de las propuestas realizadas”Ni siquiera se había convocado reunión. En Barcelona, la mayoría de distritos del Movimiento estaban vacíos y no registraban apenas actividad alguna desde finales de los 60. Todos los informes enviados a la Secretaría General eran del mismo estilo y ocultaban el hecho de que el Movimiento Organización se encontraba en estado gaseoso. Un amigo se le ocurrió “afiliarse al Movimiento” en 1972 para tratar de obtener un piso de protección oficial… Los funcionarios de servicio en la sede de Barcelona tardaron un buen rato en encontrar el formulario de adhesión: hacía tiempo que nadie lo solicitaba…

El Hogar Cuartel de la Guardia de Franco en Barcelona, muy céntrico, por lo demás, tenía muy escasa asistencia y otro tanto ocurría en los locales de los distritos, especialmente a partir de 1968-69. La Sección Femenina era un remanso de funcionarias bienintencionadas. Solo un poco mejor iban los locales de la Organización Juvenil Española, que sus mandos trataban de despolitizar para competir con los boy-scouts, pero también ahí se había producido una merma de efectivos.

Así pues, cuando muere Franco el balance del “partido único” es descorazonador: sedes vacías, funcionarios apáticos, informes falseados que ocultaban una realidad vacía de militantes, la Guardia de Franco en cuadro, con “centurias” que existían solo sobre el papel, pero me apenas podían reunir a 6 u 8 miembros en el mejor de los casos, con cierta frecuencia pertenecientes al lumpen. La OJE superada y rebasada por grupos de boy-scouts politizados por independentistas, católicos progres, incluso por la extrema-izquierda. Hubiera sido mejor disolver el partido único a finales de los 60 que prolongar aquella agonía.

En realidad, en noviembre de 1975 del “Movimiento Nacional de Falange Española Tradicionalistas y de las Juntas Ofensiva Nacional Sindicalista” solo quedaba en pie el vetusto edificio de la calle de Alcalá 44, con sus desmesuradas cinco flechas de madera en la fachada, pintadas de rojo y que ocupaban tres o cuatro pisos.

Es posible, incluso, que sus últimos funcionarios lo ignorasen: pero el “Movimiento” estaba muerto desde hacía mucho tiempo. Es triste recordar que, en Italia, el Partido Nacional Fascista estuvo siempre por encima del gobierno, mientras que en Alemania la “sincronización” situó al NSDAP (el “partido nazi”) al mismo nivel que el Estado, identificado con él. Pero en España, siempre, el “Movimiento Nacional” estuvo por debajo del Estado, prácticamente desde el primer momento, hasta el punto de que, tras la Ley Orgánica del Estado (1967), el “Movimiento-organización” desapareció, sin pena ni gloria, incluso sin que se dieran cuenta los miembros de su pequeña burocracia, en beneficio de un hipotético “Movimiento-comunión de todos los españoles que coinciden con los ideales del 18 de julio” (como quedó establecido en la LOE)… letanía que, en la práctica, supuso el fin del “partido único” en España, o de lo poco que quedaba de él.

Mi impresión personal es que, Franco y el entorno conspirativo que golpeó a la República el 18 de julio de 1936, tenía un proyecto “regeneracionista”: recuperar el terreno perdido por España en el siglo XIX y volver a colocarnos en el pelotón de los países industrializados. Y, para ello era necesario aparcar las luchas entre partidos, olvidarse de los gobiernos que apenas duraban unas semanas y de las líneas políticas que se rectificaban continuamente e imprimir un nuevo rumbo al país, que no podía ser más que autoritario en lo político y con una economía planificada en lo económico.

Provisto de este objetivo, una vez concluida la Guerra Civil, se trataba de marchar hacia su conquista. El primer problema que surgió es que el desenlace de la Segunda Guerra Mundial que, en realidad, fue la “derrota de Europa” ante las dos grandes potencias, USA y URSS, terminó identificando a España con las potencias derrotadas. Eso llevó a una economía de subsistencia desde 1939 hasta 1952; fueron los años del cerco internacional y de la autarquía (no fue el gobierno, el que cesó sus intercambios económicos con el exterior y cerró fronteras a las importaciones, como hoy parece sugerirse, sino que fueron los países vencedores los que obligaron a la autarquía.

La Guerra Fría vendría en apoyo del franquismo. No en vano, la doctrina de Franco durante la Segunda Guerra Mundial sostenía que este conflicto, en realidad, encubría dos de naturaleza completamente diferente, pero que se solapaban en el tiempo: por un lado, la guerra entre las potencias del Eje y los aliados occidentales, conflicto en el que España se había declarado “neutral”; y luego la lucha de los pueblos europeos contra la URSS, en la que nuestro país se declaraba “beligerante”, como respuesta a la intervención soviética durante la Guerra Civil. Franco, pues, parecía ser un aliado seguro para los EEUU en la Guerra Fría. Esto fue lo que salvó al régimen de convertirse en una especie de Albania occidental.

Desde la firma de los acuerdos de cooperación con Washington, el régimen quedó definitivamente asentado. La Ley de Inversiones Extranjeras de 1959, marcó el inicio del despegar económico español: en los años 60, el franquismo se aproximó al objetivo que se había propuesto inicialmente, con aumentos del PIB anuales de dos cifras. Y así siguió, prácticamente, hasta la primera crisis del petróleo en 1973 derivada de la Guerra del Yom-kipur.

Resumiendo: el proyecto “regeneracionista” del franquismo que nos convirtió en séptimo potencia industrial, tuvo éxito y llevó a buen puerto. Las luchas políticas y partidarias, los cambios de línea política, la inestabilidad, se aparcaron en beneficio únicamente del desarrollo económico. Los españoles, a partir del franquismo, pudimos tener lo que antes nos faltaba: “pan y trabajo”… Quedaba la “libertad” (y, por entonces, para el español medio, “libertad” consistía en poder comprar revistas porno y ver cine de destape, mucho más que en afiliarse a un partido político).

Definir al franquismo como “dictadura” se ha convertido en habitual, cuando, en realidad, la adjetivación que le corresponde, en rigor, sería la de “régimen paternalista que priorizaba el desarrollo económico sobre las libertades políticas”. Tal como Franco dijo a su primo carnal Salgado-Araujo: “Usted haga como yo, no se meta en política”. La frase ha quedado para la historia como muestra del pragmatismo del que hizo gala y que le llevó

1º, a contar con los falangistas entre 1937 y 1942, mientras las armas fueron favorables a los países dirigidos por partidos que más se parecían a la Falange;

2º, cuando la fortuna de las armas cambio de bando, excluyó a los falangistas entregando las parcelas más suculentas de poder a los nacional-católicos, que, en la práctica, eran lo más parecido a las “democracias cristianas” que asumieron el destino de Italia y Alemania, los países vencidos, tras la guerra;

3º, y, finalmente, cuando las condiciones mejoraron para impulsar el desarrollo económico, Franco echó mano del Opus Dei y de los tecnócratas para garantizar el desarrollo económico.

Por todo ello, siempre consideramos que el franquismo fue “uno y trino”.

Como militar, Franco sabía que nada debía distraerle a la hora de alcanzar el objetivo fijado: recuperar el tiempo perdido en el “maldito siglo XIX”. ¿Las libertades políticas? “No es el momento”, frase que repetía Franco con insistencia. Pero el momento llegaría, antes o después.

La segunda obsesión que tenía Franco eran los partidos políticos. Una carrera militar se forja en idea de “unidad” y “disciplina”. Es posible que, en otros países, los partidos políticos, por tradición, estuvieran arraigados: pero no en España. Durante la Segunda República se había vertido demasiada sangre en luchas entre partidos. Y no había motivo para pensar que esto sería diferente en el futuro. Frente a la idea de “unidad”, los partidos encarnaban para él realidades antagónicas: división, fragmentación de la nación, actuación por intereses electorales antes que por intereses nacionales, etc. De hecho, en los años 30, las críticas a la “partidocracia” venían desde todos los ángulos del arco político (tanto de la extrema-derecha, como de la extrema-izquierda, e incluso de la derecha más moderada) y el hecho de que, tras la Segunda Guerra Mundial, la “nueva democracia” llegara a Europa en los furgones de los norteamericanos, no implicaban que esas críticas fueran superadas. Eran críticas que desde finales del XIX, autores como Ibsen habían reflejado en sus obras (véase El enemigo del pueblo, presente en youtube y representada durante el franquismo en Estudio 1 de TVE) y que no habían sido contestadas por los partidarios de la democracia parlamentaria. Ni siquiera hoy, las objeciones tradicionales contra la democracia parecen merecer respuesta. Simplemente, se da como hecho que la “partidocracia” es el más excelso, elevado e insuperable, de todos los regímenes políticos posibles

Para aceptar la democracia parlamentaria, hay que aceptar primer la idea de “igualdad”, entre los seres humanos. Idea discutida y discutible a la vista de que la desigualdad parece más conforme a la ley de la naturaleza. Precisamente, durante la transición, recuerdo que el productor de los primeros meses de Protagonistas, el programa dirigido durante años por Luis del Olmo, me invitó a raíz de la aparición de mi primer libro (escrito con el seudónimo de “Ernesto Cadenas”, La ofensiva neofascista). En un momento dado, Del Olmo me preguntó qué opinaba de la “democracia”. Le fui sincero: “Democracia es el sistema en el cual 51 atracadores tienen la mayoría sobre 49 personas honradas”. No pareció entenderlo: era la primera vez que alguien le hacía ver la democracia desde otro punto de vista. Le podía haber dicho, ciertamente, que en los sistemas electorales lo que se tiene en cuenta es la “cantidad”, pero no la “calidad”: un médico puede tener una visión muy exacta sobre la sanidad, pero quizás no tenga herramientas suficientes para entender lo que un diplomático si puede opinar con conocimiento de causa. Y, por supuesto, siempre hay individuos a los que todo les importa un pimiento y que, sin embargo, tienen el mismo derecho al voto y el mismo peso electoral que alguien consciente de los problemas reales y se muestra preocupado por el futuro.

Lo lamento, pero nunca he creído en el sistema democrático, ni mucho menos en la bondad de las elecciones para resolver los problemas y decidir las políticas que debe seguir un país. Decirlo en 1976, cuando existían ilusiones y esperanzas en que, finalmente, llegara “la libertad”, parecía muy osado; pero lo pensaba entonces, lo pensaba antes y sigo pensándolo hoy.

Si bien nunca me puse del lado del franquismo, debo reconocer que lo que encerraba la Ley Orgánica del Estado de corporativismo, fue quizás lo mejor de aquella época y lo que se hubiera tenido que reformar, en lugar de abolir.

Un médico entiende mejor los problemas de su sector que un diputadillo, normalmente abogado de pocos pleitos, o incluso patán indocumentado, que vota sistemáticamente, a toque de pito de su jefe de grupo parlamentario. Un rector de universidad y, por extensión, los representantes electos del alumnado, conocen directamente los problemas de la enseñanza superior que un ministro de educación que lo ignora todo del sector al frente del cual se le ha puesto; un militar formado en el Estado Mayor conoce mucho mejor los problemas de la defensa nacional que cualquier otro. Y si se trata de “derechos humanos” y de “libertades”, vale la pena recurrir a abogados, de la misma forma que los problemas laborales deberían ser conocidos por los sindicatos y los de la patronal por los que la forman. Y las asociaciones de carácter cultural, tienen un pulso real que nunca tendrá un ministerio de cultura dirigido por principios ideológicos de unos o de otros… ¿Qué es, por tanto, un “parlamento corporativo”? Respuesta: un parlamento en el que están representados toda la diversidad de grupos profesionales, laborales, y culturales de la sociedad civil y también representantes de los demás estamentos de la nación: Iglesia, magistratura, fuerzas de seguridad del Estado y de Defensa… DIRECTAMENTE y sin a mediación de partidos políticos.

Pues bien, así eran las “cortes orgánicas” aprobadas por la LOE. ¿Qué problema había? Que, cuando se aplicó, ya era demasiado tarde. A finales de los 60, una parte de la sociedad española quería ser como la francesa, la italiana o la alemana: “democrática”, esto es, “partidocrática”. Aun así, todavía era posible introducir la representación de los partidos, a través del “tercio familiar”, que suponía elecciones directas de representantes cada cuatro años, y que se unía al “tercio corporativo”.

La arquitectura constitucional del franquismo era tributaria del corporativismo cristiano del siglo XIX. No era, desde luego, lo que se llevaba en Europa después de 1945, pero, sin la menor duda, era muy superior a la representación que hemos heredado de la transición, en la que unos partidos, que en el fondo, representan menos del 1% (el 0’8% si hemos de creer a la IA de Gemini, o el 2% si creemos al ChatGPT; me inclino a dar por buena esta cifra deducida de los datos del IRPF que reflejan a quienes se desgravan las cuotas de afiliación a partidos) indican que hay en estos momentos en España unos 280.000 afiliados reales a partidos políticos, lo que representa aproximadamente el 0,8% del censo. La media europea se sitúa rozando el 4% (lo que tampoco es ninguna ganga). Pues bien, este 0’8% de la población controla el 100% de la política del país.

Más aún: los partidos son lo que son, para bien o para mal, sus camarillas dirigentes; en cuanto a los afiliados, todo su papel consiste en pagar la cuota esperando que la dirección les recompense con un puesto funcionarial a cambio de su fidelidad perruna. La frase de Alfonso Guerra, “el que se mueve no sale en la foto”, no es una simple boutade guasona y cínica, es la pura realidad: quienes hacen y deshacen en TODOS los partidos, son sus cúpulas dirigentes y no sus afiliados de base. Los partidos políticos están presentes en todos los organismos del Estado y monopolizan la representación y la acción política. Durante el franquismo, a partir de la Ley Orgánica, los colegios de periodistas, y demás colegios profesionales, las universidades, las asociaciones culturales, etc, elegían a sus representantes en Cortes… Los sindicatos a los suyos y los organismos del Estado a los suyos. Claro está que la representatividad era cuestionable por los rasgos propios y las prácticas preferenciales del franquismo, así como por el hecho de sentir que la “oposición democrática” quería destruir ese sistema.

  

 

 

 

 








miércoles, 27 de septiembre de 2023

EL VERDADERO ESTADO DE LA NACIÓN (2): UN SISTEMA POLÍTICO ELOGIABLE EN SU INSIGNIFICANCIA

El bloque de la derecha tiene una irreprimible tendencia a elogiar la constitución del 78, mientras que el bloque de izquierdas siempre ha manifestado su intención de interpretarla torticeramente y de reformarla para adecuarla a los criterios de “igualdad – inclusión – diversidad” que constituyen hoy lo esencial de su ideología. En realidad, la constitución del 78 había demostrado ampliamente en los años 80 que no era perfecta, ni en lo relativo a separación de poderes, ni por las ambigüedades sobre la vertebración del Estado, ni en la concepción garantista de la justicia, ni en las atribuciones al jefe del Estado, era, simplemente, una forma de organización “de circunstancias”, elaborada mediante un consenso entre franquistas vergonzantes y una oposición democrática de la que solamente el PCE y la extrema-izquierda tenían existencia real.

Fue muy influida por fuerzas que tenían su origen fuera de nuestro país: el PSOE, en 1977, no era nada más que una creación unilateral de la socialdemocracia alemana; y en cuanto a UCD, simplemente fue una improvisación circunstancial “centrista” para facilitar el tránsito del franquismo a la democracia. Cuando terminó la transición, en un período que abarca desde el 23-F hasta las elecciones del otoño de 1982 que dieron la victoria al PSOE, aquella constitución empezó a mostrarse inadecuada para regir la vida de la sociedad española.

En primer lugar, porque todo el poder radicaba en “camarillas” dependientes de distintos grupos de presión nacionales o extranjeros, a las que se llamaron “partidos”. A medida que fue avanzando la historia política de España en democracia, esos partidos políticos fueron reforzando su posición, hasta el punto de no concebir ni permitir ninguna forma de participación en el poder que no pasara a través suyo. La “sociedad civil” literalmente desapareció a mediados de los años 80 y, desde entonces, no se ha recuperado. Pronto se hizo evidente que los partidos políticos, ya no representaban opciones ideológicas, sino solo los intereses de sus cúpulas y de los grupos de presión y/o consorcios económicos que los avalaban.

La participación de la ciudadanía en los partidos políticos muy mínima y, frecuentemente, los partidos solo tienen unos pocos afiliados más de los cargos en la administración que ocupan. Quien quiere vivir de la política o hacer buenos negocios a su sombra, debe necesariamente afiliarse a algún partido.

Así pues, la sociedad española, nunca ha sido una “democracia” digna de tal nombre. En el mejor de los casos se ha tratado de una “partidocracia”. Nada más. Era inevitable que la corrupción -evidenciada ya en el período de UCD (con el turbio asunto del envenenamiento masivo en el verano de 1981) y desde los primeros meses de gobierno socialista (con la expoliación de RUMASA y su liquidación fraudulenta)- se convirtiera en el cáncer del sistema.

La impresión que tiene hoy la ciudadanía sobre “la política” es que se trata de una actividad corrupta, a la que van a parar los peores individuos de la sociedad y que actúa con casi completa impunidad. Los redactores de la constitución se cuidaron muy bien de generar un sistema judicial garantista en el que, difícilmente, podrían prosperar procesos políticos contra corruptos. Y, de hecho, a pesar de lo extendido del cáncer en cuarenta años, hemos visto a muy pocos políticos ingresar en prisión.

Por otra parte, el “poder legislativo” adolece de carencias y falsea los resultados electorales quedando amplias minorías sin representación y pequeñas minorías sobrerrepresentadas. La primera de todas las carencias es que los diputados no están vinculados a ningún “distrito electoral”, los ciudadanos solamente saben que hay unos nombres que “representan” a su provincia, pero ignoran cuál es “su” diputado, al que recurrir y al que pedir explicaciones, denunciar casos o exigir responsabilidades. Los diputados tienen todos oficina en el edificio del parlamento… cuando deberían tenerlo en su distrito electoral, abierto a todos los ciudadanos. Las listas siempre son elaboradas por las cúpulas a despecho de lo que tal o cual diputado haya hecho en la legislatura anterior: se busca, sobre todo, que “sea leal”… leal ¿a quién? ¡Al partido, por supuesto! Que nunca realice críticas, que siempre esté dispuesto a votar lo que le indica su grupo parlamentario, que no tenga perfil propio, ni iniciativa personal, que se limite a ser un “yes-man”. A principios de los 80, Alfonso Guerra, cuando todavía era vicepresidente, ya dijo aquello de que “el que se mueve no sale en la foto”, principio que se aplica a todos los partidos del bloque de la derecha o del bloque de la izquierda.

La gran contradicción del sistema político español es que el volumen de filiación de todos los partidos sumados, no llega al 1% del total de la población, sin embargo, este 1% acapara el 100% de la representación política. Es evidente que la constitución del 78 ha generado una brecha entre el “país oficial” y el “país real”.

Para la derecha la “defensa de la constitución” se presenta como algo necesario para salvaguardar la “democracia”, mientras que, para la izquierda, la reforma de la constitución es necesaria para “profundizar” en la democracia. En realidad, cuando la izquierda habla de “profundización” lo que tiende es a reformar en dirección a lo “políticamente correcto”, a los “estudios de género” y al “wokismo”. Esa es la reforma que teme la derecha y por eso se escuda en la “validez” de la constitución. Pero ésta, prematuramente avejentada desde mediados de los 80, sí precisa una reforma en profundidad… aunque no en la dirección a la que aspira el bloque de izquierdas.

El problema es que, tal como se planteó la constitución en el momento en el que se redactó, solamente podía modificarse a partir de una mayoría parlamentaria del 75%, lo que implica que solamente un “nuevo consenso” entre el bloque de la derecha y el bloque de la izquierda, lo posibilitaría. Este consenso es absolutamente impensable en las actuales circunstancias.

Por otra parte, el problema es que la situación del país en 2023 es completamente diferente a la que existía en 1976-78: de los grupos mediáticos que promovieron la constitución en 1978 (Cadena 16, Cadena Z y Grupo Prisa) o han desaparecido, o se encuentran en pleno desguace, o están muy debilitados en relación al flujo de información habitualmente utilizado hoy, y en cuanto a las fuerzas políticas nacionales e internaciones que contribuyeron a propulsar la constitución son completamente diferentes a los que están presentes en la actualidad: hemos pasado por el final de la guerra fría, por el unilateralismo norteamericano, por la globalización, por la irrupción de las nuevas tecnologías y por la Tercera y la Cuarta Revolución Industrial. El dramático resultado final es que se está tratando de guiar un país en el siglo XXI, con ideas que surgieron en el siglo XVIII y con un modelo político derivado de la excepcionalidad de la transición.

Tras 45 años de haber sido aprobada, la constitución se ha demostrado de eficiencia política muy limitada (y para ello no hace falta nada más que ver la crisis política, institucional, económica y social en la que nos encontramos en este momento, mucho más aguda que en cualquier otro país europeo e, incluso, que en cualquier otro momento de nuestra historia, salvo quizás durante la Segunda República) y de imposible reforma (a la vista de la ruptura que se ha operado entre los dos bloques de derechas y de izquierda, la imposibilidad de reconstruir una opción de centro y la deslealtad de los “nacionalistas” que, tras 45 años, de haber simulado “moderación” se han revelado como independentistas, al llegar al techo de sus reivindicaciones).

¿Cómo salir de este permanentemente empantanamiento? Con una constitución irreformable y con una situación política-social-economía-nacional que exige reformarla… ¿Hasta cuándo las costuras del país y de la sociedad van a soportar el desfase entre las posibilidades reales del sistema constitucional español y las necesidades reales del país?  ¿De dónde, cómo y hacía qué dirección construir un nuevo consenso?

Así mismo, desde que Platón escribió La República, está claro y reconocido que “ningún político actúa contra sus propios intereses”. Lo que ya se sabía en el siglo VII a.C, parece haberse olvidado hoy, se soslaya o se da como inevitable: el que la “clase política” piense solamente en sus intereses muy por encima de los de la Nación, del Estado o de la Comunidad. Y, por supuesto, la clase política partidocrática no está dispuesta a emprender reforma constitucional alguna que pueda quitarle ni uno solo de sus beneficios. Antes bien, a medida que la sociedad se va atomizando, que se va desmovilizando, que va aceptando precariedad, miedos, alzas en los costes de la vida, presión fiscal, esa clase política mejora constantemente sus privilegios.

Solo cabe reiterar la palabra del clásico: “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia Nostra?”. Porque está claro que o la Nación introduce un tipo de representación corporativa que dé peso a la sociedad civil, reste poder a los partidos políticos y, sobre todo sus cúpulas dirigentes, o éstas seguirán esquilmando y empobreciendo a la nación, haciendo imposible su persistencia en el tiempo, de la misma forma que han pulverizado su identidad, su economía, su futuro…


El verdadero Estado de la Nación (0): Abandonar la Unión Europea, una urgencia nacional

El verdadero Estado de la Nación (1): España [in]Defensa

El verdadero Estado de la Nación (2): Un sistema político elogiable en su insignificancia

El verdadero Estado de la Nación (3): Ni matrimonio, ni natalidad: animalismo

El verdadero Estado de la Nación (4): Una nación sin identidad y que ha renunciado a la suya propia

El verdadero Estado de la Nación (5): Sin modelo económico desde hace 15 años

El verdadero Estado de la Nación (6): La catástrofe lingüística de un pueblo

El verdadero Estado de la Nación (7): La inseguridad se ha convertido en el pan nuestro de cada día

El verdadero Estado de la Nación (8): El problema irresoluble de la deuda

El verdadero Estado de la Nación (9): El trabajo, un bien que se extingue

El verdadero Estado de la Nación (10): Las pretensiones del colectivo LGTBIQ+

El verdadero Estado de la Nación (11): Instituciones internacionales olvidables y responsables

El verdadero Estado de la Nación (12): Empobrecimiento cultural y brutalización de un país (y "bono cultural" de propina)

El verdadero Estado de la Nación (13): Los motivos y repercusiones del vuelco étnico, cultural y religioso

El verdadero Estado de la Nacion (14): Las posibilidades de un “rearme moral”

El verdadero Estado de la Nación (15): Balance final: España en liquidación por "insuficiencia constitucional"








 

viernes, 22 de julio de 2016

8 meses sin gobierno...


No me preocupa excesivamente el que el país lleve ocho meses sin gobierno, me preocupa mucho más que la gente siga como si nada y me preocupa más aún la actitud de los partidos políticos ante la situación y sus fórmulas para resolverla. Todas ellas suenan a falso: incluso los niños a cierta edad saben que los Reyes Magos son papá y mamá... sin embargo, todo un pueblo parece ignorar, desde hace tiempo que estamos en una PARTIDOCRACIA y siguen votando a LO DE SIEMPRE (no "a los de siempre": a "lo de siempre", es decir,a  los valores que transmiten los partidos: "primero lo mío, después lo mío, luego lo del cuñao y finalmente, lo mío de nuevo, no sea que nos vayamos a olvidar de que stoy en esto de la política por lo mío" y esto vale tanto para el PP-PSOE como para Cs-Podemos)... Y me pregunto: ¿ES LA NÁUSEA LA ÚNICA SENSACIÓN QUE PUEDE GENERAR LA POLÍTICA ESPAÑOLA? Respuesta: a día de hoy, sí.

sábado, 22 de agosto de 2015

Más sociedad civil, menos partidocracia


Info|krisis.- El siguiente artículo fue publicado en la revista Identidad hacia el año 2009 con el seudónimo de "Rafael Pí". Básicamente sigo de acuerdo con el contenido del artículo. Creo que el problema no es crear un partido más, sino que ese partido tenga el valor de decir alto y claro que la formula-partido está muerta y enterrada y que la era de las redes no puede gestionarse como el pleistoceno de la democracia. Sigo pensando que es preciso plantear fórmlas alternativas y sigo pensando que la representación corporativa es el remedio a la brecha que han creado los partidos políticos con el "país real". Hay que señalar que estas líneas fueron escrita ANTES de que Podemos apareciera en el escenario.Hoy permanecezco algo más escéptico sobre las posibilidades de construir una formación de este tipo que solamente puede ser construida por una ÉLITE. Era la noción que faltaba introducir cuando escribi estas líneas hace cinco años.



En la era de las redes, los partidos políticos han muerto
Más sociedad civil, menos partidocracia
El tras-partido de la pos-crisis

Desde su nacimiento la revista IdentidaD ha evitado definirse como favorable a tal o cual partido. No solamente el deber de informar está por encima del de encarrilar, sino que esta redacción considera que el “modelo partido” está superado. Nuestro país precisa más sociedad civil y menos partidocracia. No vamos a ser nosotros quienes alimentemos el mercadillo de los partidos proponiendo alguna nueva opción. Es hora de pensar en el futuro, en lo que podemos llamar la pos-crisis, proponiendo un modelo alternativo a la fórmula partido, el tras-partido.

Que nadie se llame a engaño. La crisis económico-financiera, la crisis de la globalización, está resultando la más dura que hayan parecido jamás las sociedades modernas. Siendo, de momento, una crisis económico-financiera se está transformando en una crisis social y en pocos años se transformará en una crisis política. Todavía hoy las fuerzas que han gestado el actual “orden político-social” esperan que una corta duración de la crisis pueda evitar este proceso y que una remontada económica logre evitar el tránsito de crisis social a crisis política. Vanas ilusiones que se disiparán con discurrir del tiempo.

martes, 2 de junio de 2015

España ha entrado en vía muerta previa al descarrilamiento (I de II)


Info|krisis.-  El resultado de las elecciones del pasado 24–M ha sido, de todos los posibles, el más perverso y problemático para el futuro de nuestra nación. Cuando aún ni siquiera se ha resuelto el entuerto soberanista catalán; cuando Andalucía lleva dos meses sin gobierno y cuatro desde que Susana Díaz disolvió el parlamento andaluz y convocó nuevas elecciones; cuando ya las elecciones catalanas se anuncian en el horizonte y, pocas semanas después, las generales; cuando la situación económica sigue sin resolverse, España da muestras de cansancio en todos los sentidos, absentismo electoral creciente, el gobierno cierra acuerdos que aumentan la colonización político–militar por parte de los EEUU, prosigue acelerada nuestra pérdida de influencia en Europa, sigue llegando más y más inmigración improductiva, inasimilable y subsidiada, aumentan las bolas de población próxima al umbral de la pobreza (una cuarta parte del país) y la presión fiscal solamente sirve para pagar, a duras penas, los intereses de la deuda, pero en absoluto para disminuirla… es ahora, con una coyuntura internacional extremadamente desfavorable, cuando las urnas dan un resultado que convierte el país en una olla de grillos extraordinariamente inestable, prácticamente imposible de gobernar y decepcionante para todas las partes, incluso para aquellas nuevas que han conseguido avanzar e implantarse.

Lo verdaderamente terrible no es que durante casi cuarenta años nuestro país haya sido presa de bandas de desaprensivos que, amparados en el voto, lo han saqueado y hayan hecho que, desde la Corona hasta el último ayuntamiento, la corrupción se haya hecho el rasgo principal del ciclo histórico iniciado en 1978. Lo terrible es que mucho antes de que la unidad del Estado se declare oficial e irreversiblemente rota, ya lo estaba virtualmente desde hace décadas. Lo terrible no es que se hayan acumulado errores en política económica encadenados (el tratado de adhesión a la UE firmado por el felipismo, el modelo económico de Aznar, el endeudamiento como solución torpe del zapaterismo, o la presión fiscal sobre las clases medias y los salarios de Rajoy), o que no existan luces que indiquen el final del túnel, ni siquiera la sensación de que las que podrían verse son las que percibe quien ha caído en el fondo de un pozo del que puede salir… sino que precisamente, a medida que pasan los días, da la sensación de que ese pozo va ganando en profundidad y de que cuantos más días pasan más difícil resulta remontar todos los problemas.

martes, 19 de mayo de 2015

Pero ¿son necesarios los partidos políticos?


Info|krisis.- Tras la muerte de Franco parecía como si no hubiera forma de asentar una democracia sin partidos políticos. Se aceptaba entonces de manera casi unánime que la estructura de un partido político era la forma más directa y auténtica que tenía el ciudadano para participar directamente en la política. Desde entonces han pasado casi cuarenta años, tiempo suficiente como para haber comprobado hasta la saciedad que la representatividad de los partidos políticos es casi nula: sus dirigentes se representan a sí mismos, a nadie más. Los partidos ya no son opciones ideológicas o programáticas, sino grupos de intereses particulares; nada más. En estas circunstancias hace falta plantearse si los partidos son el canal más adecuado de participación democracia. Y, sobre todo, plantearse alternativas. El anti-partido es una de ellas.

Los partidos han decepcionado. Están decepcionando. Decepcionan cada día más. Incluso los nuevos partidos decepcionan rápidamente (lo hemos visto con Podemos y Ciudadanos, con ERC y con Sortu) en la medida en que ya no son opciones ideológicas concretas, ni propuestas para realizar reformas, sino estructuras que se mecen al viento, según los gustos de la población (de una población cada vez más apática, incapaz de interpretar y comprender la realidad en la que vive y pasiva). Tales “gustos” oscilan en función de los criterios implantados por las empresas de comunicación que, a su vez, responden a los intereses de los grandes grupos mediáticos.

Si a la falta de criterios doctrinales y programáticos que justifiquen la existencia de los partidos políticos, se añade el que sus diputados en el parlamento tienen una invariable tendencia a votar según los deseos de su jefe de grupo parlamentario y carecen, no sólo de rostros, sino de personalidad y voluntad propia, se entenderá que el régimen político español sea una “democracia formal”, que tiene muy poco que ver con la “democracia real”. O por expresarlo con palabras del Premio Nobel Alexandr Solzhenitsin, nos encontramos inmersos en un sistema “en el que puede decirse todo, pero no sirve para nada”.

jueves, 15 de agosto de 2013

Gibraltar español… es solo una parte del problema



Info|Krisis.- Hacía falta que llegara el verano de 2013 para que el gobierno tratara de hacerse perdonar su malhadada política económica y desplazar de las primeas páginas la corrupción manifestada dentro de la formación gubernamental generada por el caso Bárcenas, recurriendo a la sempiterna reivindicación sobre la españolidad de Gibraltar. La habitual pobreza de noticias que se instala en los medios durante el mes de agosto parecía que iba a eternizar el caso Bárcenas (con la consiguiente erosión para el PP) en la primera página de los medios. La caída de la intención de voto del PP (y la del PSOE, y la de CiU…) indicaban que la crisis, la convicción de que la clase política es parasitaria y medra solamente para sí misma y que, además, la corrupción está instalada en todos los niveles de la administración, no iba bien para ninguno de los partidos surgidos de la constitución de 1978. Las mezquindades cometidas por los ingleses en Gibraltar han sido recibidas como agua de mayo por el gobierno Rajoy y nos hacen reflexionar.

domingo, 23 de junio de 2013

Del nacionalismo catalán del XIX al independentismo del XXI


Infokrisis.- Todo nacionalismo es producto de una burguesía que no solamente quiere tener hegemonía social y económica, sino también política. El nacionalismo (a no confundir siempre con Patriotismo, tema al que ya hemos dedicado otros artículos e incluso nuestra obra Identidad, patriotismo y arraigo en el siglo XXI, http://eminves.blogspot.com.es/2011/06/cuadernos-basicos-i-identidad.html) es un fenómeno relativamente reciente que nace con la revolución americana y con la francesa. Ambos episodios suponen la ruptura de la clase social que ha ido ascendiendo desde el Renacimiento, la burguesía, gracias al aumento del comercio y al tráfico de especies), con el “orden aristocrático” en el que primero la nobleza (feudalismo) y luego el rey absoluto y la corte, eran las fuerzas hegemónicas de la sociedad. Poco a poco, la burguesía ha ido creciendo y llega un momento en el que exige una situación hegemónica: quiere el poder político, porque gracias a él puede utilizar a su favor el poder económico.

sábado, 18 de mayo de 2013

Romper el bipartidismo, condición sine qua non para avanzar



Hace poco me vi envuelto en una polémica bastante absurda sobre los méritos del UKIP (estrella ascendente de la política británica) y los del BNP (eterna promesa que aspira a jugar en las “ligas mayores”). Dado lo pedestre de estas polémicas en la red, también aquí se produjo la habitual confusión: para unos de lo que se trataba era de demostrar quienes eran “los camaradas” (y en esto, cualquier opinión vale: porque para unos el “camarada” es el que responde a los emails, o el que dispone de más skins entre su militancia, o acaso el que saca de paseo más banderas de la Union Jack en sus manifestaciones)… para mí, el problema era diferente: se trataba comentar la noticia sobre que Nigel Farage era el político mejor valorado y el único que aprobaba ante la opinión pública por delante de conservadores, laboristas y liberales. Y lo que planteaba era que esta era una “buena noticia”. Lo sigo manteniendo.

viernes, 1 de marzo de 2013

Beppe Grillo, ¿antipolítica o antipartido?


Infokrisis.- Cuando uno intenta analizar fenómenos como el Movimento 5 Stelle y a su fundador, Beppe Grillo, debe de ir con cuidado. Las posibilidades de realizar un diagnóstico erróneo sobre algo que en principio no tiene una línea política, ni estrategia, ni estructuras políticas, es enorme. Por otra parte, el fenómeno, como todos los que aparecen en  este momento de declive de las democracias, es contradictorio y cada cual puede creer ver en él aquello que apoya o lo que rechaza.


Supe de Beppe Grillo este verano en Cerdeña cuando uno amigos me citaron como la gran esperanza de la política italiana. Antes de las elecciones generales italianas, a Grillo y a su formación apenas se les daba entre un 13 y un 18% de votos, lo que no era poco y se le atribuía el tercer lugar, por supuesto, tras el “respetable” Mario Monti, el “gestor eficaz”… La inquietud de los analistas se debía a que con esos porcentajes, Grillo podía condicionar la formación de cualquier gobierno de derechas o de izquierdas. Y no se sabía muy bien, qué condiciones pondría. Si tenemos en cuenta que “el dinero es cobarde”, de su resultado dependía el que Italia (y, de rebote España) vieran alterada al alza los puntos diferenciales de su deuda.

viernes, 15 de octubre de 2010

Artículos sobre partidocracia. (V de V). Una muestra de la crisis de la partitocracia- ¿Es lícito vender el voto?

Infokrisis.- El voto es una mercancía electoral sometida a la oferta y la demanda. A finales de febrero de 2008, varios usuarios de eBay pusieron a la venta su voto. No eran mafiosos como en Italia; simplemente pretendían obtener una rentabilidad de algo que, al menos para ellos, no servía para nada. Una iniciativa absurda por impracticable… pero paralela a la irrupción de Rodolfo Chiquiliquatre en Eurovisión: puesto que el festival no sirve para nada, ridiculicémoslo. Puesto que la clase política se mofa de nuestro voto, mofémonos nosotros de él. ¿Delito electoral o derecho? ¿legal o legítimo?

Artículos sobre partidocracia. (IV de V). ¿Cómo los partidos ofenden diariamente nuestro sentido común? Descubra al político mentiroso

Infokrisis.- Los españoles desconfiamos de nuestra clase política, pero les votamos… cada vez menos, bien es cierto. Cada caso de corrupción suscita un aumento de esa desconfianza. La clase política está bajo sospecha. Esté alerta: la clase política ejerce el noble arte de la estafa. Y está especializada en la peor forma de estafa: la promesa incumplida, la estafa moral. Sepa cómo lo hacen y sepa como defenderse.

Artículos sobre partidocracia. (III de V). Consejos para sobrevivir a las elecciones

info-Krisis.- Las campañas electorales deberían ser la espuma de la democracia, y las elecciones su gran fiesta. Sin embargo, han terminado siendo un tópico, a menudo desagradable, siempre previsible y realizadas con la misma ética y sutileza con la que se elabora un anuncio de Phoskytos o de la Barbie Astronauta: un producto para cerebros poco exigentes. Las campañas electorales aburren. Vale la pena preguntarse cómo afrontar la que se avecina.

Artículos sobre partidocracia. (II de V). ¿Qué clase política tenemos?

Infokrisis.- Entre voto nulo, voto en blanco y abstención, en las últimas elecciones de mayo se ha llegado al 55% en algunas zonas significativas (ciudad de Barcelona). Nuestro sistema político no es una democracia… degenera vertiginosamente hacia una "partidocracia plutocrática". Pasen y vean.

Artículos sobre partidocracia. (I de V). Democracia anónima

info-Krisis.- Hemos rescatado media docena de artículos que hemos publicado en los últimos meses en prensa convencional sobre las degeneraciones de la democracia formal. A pesar de que en algún caso están vinculados a acontecimientos políticos que se producían en las proximidades del momento en que fueron escritos, todos ellos conservan un valor situado por encima del tiempo. Los hemos recopilado para facilitar su impresión y lectura.