viernes, 15 de octubre de 2010

¿Sigue siendo la inmigración el primer problema de España? Necesaria actualización del tema...

Infokrisis.- Desde 1999 hasta 2007, la situación estaba claro: entraban cada años un promedio de 500.000 inmigrantes, mucho más de lo que la capacidad de asimilación (hablo de asimilación, no de integración) de España se podía permitir y mucho más de lo que un crecimiento razonable de nuestra economía podía soportar. De hecho, el crecimiento del PIB en ese período tuvo que ver más con el aumento de la población (más población, más consumo, más PIB). La inmigración crecía por encima del nivel de sostenibilidad social y muy por encima de las necesidades de la economía real.

El resultado ha sido que en estos momentos tenemos a 7.000.000 de extranjeros, de los que casi dos millones no aparecen en las estadísticas: unos por ilegales y otros porque han adquirido la nacionalidad española. Aún hoy, una de las esperanzas del zapaterismo para evitar el desplome del PIB es precisamente que siga entrando inmigración… a razón de 400.000 al años. Ese fue aproximadamente el número de los que entraron en 2008 (cuando la crisis ya se había oficialmente declarado) y el número de los que entrarán en 2009.

¿Por qué la inmigración aumenta? Simplemente porque las repatriaciones (5.000 en 2008 y que no llegarán a más de 8.000 en 2009) incentivadas por el Plan de Retorno Voluntario suponen en todo el año los mismos inmigrantes que siguen llegando por el Pirineo (gitanos rumanos), por Barajas (andinos) y por Gibraltar (magrebíes y subsaharianos) en ¡una sola semana!

Sin olvidar, por supuesto, que por dura que sea la crisis en España, al menos aquí reciben un trato humano, subsidios y subvenciones para ellos y para sus hijos, asistencia sanitaria y social, educación gratuita e incluso si optan al acceso a la universidad se les rebajan las exigencias de nota… Cuarenta millones de afectos por el SIDA en África que no reciben ninguna asistencia en sus países de origen, 200.000 albinos de raza negra discriminados en sus países, millones de jóvenes magrebíes tirados literalmente en los zocos de sus países y en los arrabales de Quito, Lima, Bucaramanga o La Paz, sin la más remota posibilidad de obtener empleo y miles de menesterosos de todo el mundo, ven en los escaparates de consumo, en las coberturas sociales y en el sistema sanitario, un ideal… por mucha crisis que haya. ¡Y no digamos del “efecto llamada” que nuestro permisivo y garantista sistema jurídico-penal opera sobre la delincuencia internacional!

Así pues, no dejarán de seguir llegando inmigrantes por profunda que sea la crisis en España. Y los problemas que esta inmigración plantea se van a ir acumulando. Por este orden:

1) Son una bomba aspiradora de recursos públicos que éste país no tiene. La inmigración ha supuesto un gran negocio para la construcción y hostelería que han obtenido grandes beneficios al hundirse el precio de la mano de obra. Pero han sido un desastre para el Estado (esto es, para todos), aumentando asindóticamente el gasto social.

2) El impacto para las clases trabajadoras ha sido insuperable: han competido con ellas en salarios, han arrojado al paro a millones de trabajadores españoles, les han usurpado subsidios y subvenciones del Estado que les correspondían a ellos, a sus familias y a sus hijos (¿hay alguna beca de alimentación escolar en toda España que la cobre todavía alguna familia española?)
3) Se han agrupado en guetos marginales olvidando que en toda Europa esos guetos se han constituido como focos de conflictividad. Era la forma en que los inmigrantes defendían “su identidad”, agrupándose con los que son como ellos. Pero, finalmente, “identidad” implica “territorialidad”. Poco a poco, esos guetos irán configurándose como enclaves territoriales de otras nacionalidades.

4) Después de 10 años de trabajo intenso (contribuyendo al desarrollo hipertrófico de la construcción y de la hostelería) el paro afecta a la inmigración de manera creciente: sin esperanzas en que ni hostelería ni construcción recuperen nunca los niveles de desarrollo que tuvieron antes de la crisis y sin que la mano de obra inmigrante pueda acceder a otros sectores económicos (¿a cuáles?, por cierto)

Todo ello hace que la inmigración se haya convertido en una fuente de problemas y que el balance económico final  sea negativo: han contribuido al aumento de los beneficios de algunas patronales, pero han sido responsables de que el gasto público en materia social se haya disparado.

Mientras esta situación va acumulando un formidable potencial explosivo, a partir de mediados de 2007, empieza a aflorar la crisis económica. Si existe hoy una palabra que pueda definir el estado ánimo de las poblaciones de Europa Occidental y, más en concreto de España, esa palabra es crisis.

Da la sensación de que la crisis económica y todo lo que ello implica, han sustituido a la inmigración como primer problema percibido por los españoles en las encuestas del CIS. Y efectivamente, es así. Pero no hay que olvidar que inmigración y crisis económica están tan unidos como en otro tiempo estuvieron unidos PIB e inmigración.

Efectivamente, no hay que perder de vista que:

1) Con las actuales cifras de inmigración residente en España, no hay solución posible a la disminución del gasto público. Éste seguirá aumentando asindóticamente mientras la bomba aspiradora de recursos públicos siga creciendo. Detener el gasto público implica:

- contener definitivamente y para siempre la invasión (porque se trata de una invasión, no de una migración ordenada y en función de las necesidades del país receptor).

- repatriar a los excedentes de inmigración que llegaron anárquicamente a nuestro país y forzaron su regularización gracias a la absurda reforma Caldera de la Ley de Extranjería en 2005.

2) El paro entre españoles está –contrariamente a las voces “políticamente correctas”- ligado íntimamente a la presencia de mano de obra extranjera que trabaja por salarios menores. Cuantificándolo: 4.000.000 de parados (de los que 1.000.000 es extranjero) son 4.000.000 de inmigrantes de más. Esto implica percibir que, como máximo, la cifra de entre 1.500.000 y 2.000.000 de inmigrantes es el máximo que podría admitir la sociedad española: un 5%, el límite admitido por los sociólogos más allá del cual se inician los problemas de integración y convivencia.

3) Entre 1996 y 2007, nuestro país sufrió una transformación basada en un aumento de la actividad del sector de la construcción  y del sector hostelero. Se abarataron costes laborales (mediante la entrada masiva de inmigrantes que hicieron que aumentara la fuerza de trabajo a más velocidad que la demanda de trabajo, por lo que el coste de los salarios bajó) y se compensó la merca en los ingresos abriendo la espita del crédito: el resultado ha sido

- malo para las familias que se han visto endeudadas por cuantías superiores a sus posibilidades de pago.

- malo para las entidades de crédito que concedieron préstamos alegremente (los impagados entre inmigrantes triplican a los impagados entre autóctonos).

- malo para el Estado que creyó –estúpidamente- que el aumento de ingresos por aumento de la actividad económica duraría siempre y que el mercado laboral se mantendría siempre en alza.

4) El futuro se adivina todavía más negro que el presente: un 60% del capital financiero flotante disponible para créditos está siendo absorbido por el Estado y desviado hacia la compra de deuda pública (la inversión más segura por el momento), así pues, el Estado (a causa de su exceso de gasto público) absorbe el dinero que necesita la industria productiva (la real, no el pastelazo inmobiliario-hostelero) para relanzarse. Y esta carencia no tiene salida de ningún tipo.

Así pues, el balance de la situación es el siguiente:

- Es cierto que existe una crisis económica que ha tomado el relevo de la inmigración como focalizador de las preocupaciones del pueblo español. De hecho, el CIS informa que las tres principales preocupaciones a julio de 2009 son: paro, crisis económica y, en tercer lugar, la inmigración.
- Pero no es menos cierto que paro, crisis económica e inmigración son tres fenómenos que a la postre son el mismo: la crisis del modelo productivo español adoptado por el aznarismo y revalidado por el zapaterismo, basado en salarios bajos, hipertrofia de la construcción, aumento del peso del sector servicios y acceso fácil al crédito.

Ni uno solo de esto tres problemas tienen solución por sí mismos:

- no habrá salida posible a la crisis si no se estimula el empleo

- no habrá estimulación del empleo si no hay inversiones

- no habrá inversiones si el Estado no relaja su ritmo de endeudamiento

- no habrá disminución del gasto público si no disminuye el número de inmigrantes

En las actuales circunstancias no se puede ser muy optimista en cuanto a la evolución de la situación que, con pequeñas variantes tenderá a recorrer las siguientes fases:

1) Después del verano, la crisis económica, en tanto que crisis persistente, se revelará como depresión. Esta depresión a fuerza de persistir en los próximos 3-5 años, arrastrará una crisis social de dimensiones incalculables, especialmente porque la riada migratoria no se detendrá (no se está deteniendo)

2) Tras un período de crisis y convulsiones sociales en los que el Estado habrá superado con mucho su límite de endeudamiento, la crisis social se transformará en crisis política. Los rasgos de esta serán:

- el dislocamiento de los partidos mayoritarios que hasta ese momento hayan gobernado España (PP y PSOE) que serán considerados como responsables del proceso de profundización de la crisis.

- en consecuencia, la caída del modelo de Estado que se puso en marcha en 1978, al derrumbarse las dos columnas sobre las que mantenía su  estabilidad.

- de las convulsiones que nos quedan por delante, así como de la transformación de la crisis social en crisis política, depende la configuración de nuestro futuro.

Es importante no confundir deseos con realidades, pero es lícito suponer que con el hundimiento del sistema político surgido en 1978 se hundirán también muchos de los rasgos que le habrán acompañado:

- la intocabilidad de la monarquía y el tránsito hacia la república o al menos hacia una consulta popular sobre esta materia

- la partidocracia y la plutocracia, principales lacras del sistema político español.

- el reconocimiento del fracaso del “Estado de las Autonomías”

Así pues, todas las posibilidades y las perspectivas están abiertas en el futuro inmediato. Vamos a asistir al parto de un nuevo sistema mundial y, por supuesto, España no va a permanecer al margen de este proceso que entre nosotros revestirá características propias. Y como todo nuevo nacimiento, no podrá hacerse sino en medio del dolor, precio a todo cambio y precio exigido especialmente por culpa de quienes han hecho posible el que llegáramos a la situación actual.

Crisis económica, paro e inmigración, no son más que las tres caras de un mismo problema y no se resolverán sin antes alterar el sistema político que los han hecho posibles.

© Ernest Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.com – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.