jueves, 14 de octubre de 2010

La crisis del PP en Madrid ¿resuelta?

Redacción.- Gallárdón ha retirado la candidatura que patrocinó para presidir el Partido Popular de Madrid. Los medios del PP han dado por cerrada dicha crisis… y así parece. En tanto que partido que ha gobernado hasta hace poco y que pretende regresar en breve al poder, debe, necesariamente dar muestras de unidad interior. Ciertamente esta unidad existe, pero cuando un partido se define como de “centro-derecha”, la misma definición implica tres “sensibilidades”: una de derechas, otra de centro y otra de centro-derecha… Crisis resuelta, pero ni enterrada ni olvidada.

EL CENTRO COMO GRAN INVENTO DE LA TRANSICION

Desde los últimos años del franquismo quedó claro que sociológicamente, ninguna de las dos Españas tenía la capacidad de imponerse sobre la otra. El franquismo carecía de consenso suficiente como para prolongar su existencia, especialmente cuando el poder fáctico fundamental, el económico, precisaba caminar con paso firma hacia el Mercado Común y era el verdadero motor del cambio (y no la Casa Real). En cuando a la “oposición democrática”, careció siempre de fuerza social suficiente como para desencadenar el proceso rupturista que preconizaba. Fue así como se pactó la transición y como apareció el concepto de “centro político” de la mano de Adolfo Suárez.


Suárez fue, por encima de cualquier otro presidente de la democracia, un descubridor de nuevos conceptos políticos. De su antiguo militancia falangista le quedaba el “ni de derechas, ni de izquierdas”… esto es, el tercio excluso, el centro, era lo que se situaba por encima de los “extremos” y que, en consecuencia, debía de provocar “estabilidad”. La transición fue un proceso tan inestable que el electorado tuvo necesidad a partir de mediados de 1977 de alcanzar la “estabilidad”… y esa estabilidad Suárez logró demostrar que iba de la mano del “centro”.

¿Existía el centro más allá de una sugestión impuesta desde el aparato mediático de Suárez? España vivió entre 1976 y junio de 1977, una situación particularmente traumática: la transición se hizo bajo el efecto del trauma psicológico. Suárez prometió superar ese caos mediante el rechazo de las dos alas de la política española de la época: Fraga (presentado como el franquismo maquillado) y González (que aún no había abandonado sus ademanes izquierdistas). La idea no era mala, era pragmática y seguramente le fue insertada desde la Embajada Americana que se limitó a recuperar la idea joseantoniana de sus recuerdos.

Ese centro se apoyaba sociológicamente en las clases medias y en la confusión mental que estas sufrieron en los primeros años de democracia. En la práctica, eran las clases no comprometidas con el franquismo ni con la oposición, pero que se habían beneficiado del franquismo y coqueteado con la oposición sin comprometerse a fondo. En la medida en que estas clases crecieron extraordinariamente entre 1962 (momento álgido del Primer Plan de Desarrollo) y 1973 (primera crisis del petróleo), la política nacional empezó a depender de la actitud del centro sociológico que, durante ese período, ni apostó por el franquismo, ni por la oposición democrática, pero colaboró con ambas.

CENTRO-DERECHA Y CENTRO-IZQUIERDA

A partir de la victoria de Suárez en junio de 1977, quedó claro que el truco para alcanzar el poder, pasaba por el centro. La conquista del centro se convirtió en una obsesión para PSOE y PP y fue así como tras el inicio de la crisis de UCD a partir de 1980, el crecimiento de las otras dos fuerzas solamente podría realizarse a base de conquistar la sangría electoral que se iba desprendiendo. Fue así como tanto el PSOE como el PP pasaron a convertirse, tras sucesivas mutaciones más o menos traumáticas, en partidos de “centro-derecha” y de “centro-izquierda”.

Cuando se produjo la victoria electoral de 1983, el PSOE ya había dejado atrás el marxismo, las tentaciones izquierdistas y se había convertido en una fotocopia reducida del SPD alemán, esto es, del partido que lo financió. Y en cuando al PP, olvidadas las tentaciones de presentarse como partido “de la derecha”, aspiraba a ser una formación de centro-derecha, algo que no logró hasta el período aznarista.

En las elecciones del 2000 resultó evidente que fueron los errores del PSOE condujeron a la mayoría absoluta del PP. En efecto, en aquella ocasión, el anuncio de un “frente de izquierdas” no fue asumido por el electorado, lo cual, unido a los buenos resultados de la política económica aznarista, supusieron el ariete del PP para la mayoría absoluta.

De hecho, la derrota posterior de Rajoy se basó en tres elementos de importancia creciente: el hecho accesorio de que el PSOE recuperara la línea de centro-izquierda, se unía a que la política exterior de Aznar, su actitud actitud de firmeza ante las aspiraciones de los independentistas catalanes y vascos, y algunos ademanes del presidente, habían deslizado al PP hacia la derecha. Esto, unido al hecho determinante de las bombas del 11-M, fueron los elementos que operaron la victoria socialista tres días después. En la práctica, el control del centro seguía dando la victoria electoral... y su pérdida restaba posibilidades de tocar poder.

LO MEJOR PARA EL PARTIDO Y LAS PREFERENCIAS DEL ELECTORADO

Todo esto viene a cuento de que Ruiz Gallardón es en el PP madrileño el artífice de la conquista del centro y de su mantenimiento y, por tanto, de que se mantenga en el poder tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad. Si el PP quiere ganar las elecciones de 2008 deberá necesariamente reconquistar, él sólo y sin ayuda de nadie, el centro político y veremos si, incluso en esas circunstancias, la sociología española de la época no ha variado. Y esto, es evidente que lo conseguirá mediante Ruiz Gallardón, más que a través de Esperanza Aguirre, el primero es el representante más conspicuo del centro-centro, mientras que Aguirre lo es del centro-derecha.

La contradicción estriba en que las correlaciones de fuerzas interiores en los partidos políticos se producen por voluntad de sus afiliados. En tanto el centrismo sigue siendo el rasgo sociológico característico de las clases medias y estas siguen con su actitud mayoritariamente no comprometida, quienes forman parte de los partidos políticos –en tanto que “comprometidos”- son una muestra “menos” centrista que la dada por los afiliados. En congresos y momentos previos a las elecciones, los militantes de los partidos recuerdan su “vocación centrista” (de izquierdas y derechas), pero ahora las elecciones quedan lejos, y los afiliados no valoran quienes deben ser sus líderes en términos de triunfo electoral, sino de afinidades políticas. En este sentido los afiliados del PP son más bien de derecha-derecha y de centro-derecha, antes que de centro-centro… Precisamente Alberto Ruíz Gallardón, el conspicuo representante del centro-centro, carece de apoyos suficientes entre las bases del partido para hacer triunfar su candidatura. Debía de haber esperado al congreso de 2006 para presentar batalla.

Y es que las preferencias del electorado difieren en buena medida de las preferencias de la militancia de los partidos. Es el centro el que da poder. Pero son las formas políticas puras (derecha e izquierda) las que suscitan el entusiasmo de los afiliados a los partidos políticos. A su vez, los dirigentes de los partidos, en períodos alejados de los ciclos electorales se vuelcan sobre sus afiliados atenuando las formas puras en formas “oportunas” y presentables para el electorado (centro-derecha y centro-izquierda).

LOS CAMBIOS SOCIOLOGICOS QUE SE AVECINAN

En los próximos años la sociedad española va a afrontar grandes transformaciones. Las clases medias están siendo comprimidas, veremos lo que queda de ellas cuando se cierren los Presupuestos del Estado del 2004… Lo cierto es que estas clases se van a acentuar las tensiones generadas por la globalización y van a sufrir un proceso general de empobrecimiento. Estas tensiones, pueden alterar el espectro político y suponer un electroshock para el electorado que, a partir de entonces, no responderá a los mismos estímulos a que ha sido sometido en los últimos 30 años. También es posible que emerjan fuerzas políticas de nuevo cuño y que, definitivamente, el status político establecido en Europa a partir de 1945 con la existencia de dos grandes partidos turnándose en el poder, caduque definitivamente.

La cuestión es si los grandes partidos van a estar en condiciones de entender estos cambios y de realizar una adaptación que resulte creíble para el electorado. Es más, hará falta saber si los partidos políticos tendrán el “valor” de cambiar.

En el PP este “valor” empieza a faltar. La “comprensión” de Gallardón hacia la adopción de niños por parejas homosexuales, la falta de energía en la lucha contra las toxicomanías en todas las comunidades autónomas, las declaraciones y los programas a favor de la inmigración y en detrimento de los nacidos en España, que no son sino prolongación de la falta de decisión de Aznar a la hora de combatir a la inmigración masiva (3.500.000 sobre 4.000.000 de inmigrantes han llegado en los años de Aznar). En el PSOE ocurre otro tanto: preso de los mitos de la izquierda tradicional, su militancia y mucho menos sus dirigentes, difícilmente podrán asumir los desafíos del tiempo nuevo que son, en buena medida, el resultado de la aplicación de las políticas neoliberales tan queridas al centro-izquierda.

Pero si esto vale para las clases medias, los sectores más desfavorecidos de la sociedad van a sufrir todavía transformaciones más brutales. Si las clases medias afrontan procesos de proletarización, el proletariado corre el riesgo de empobrecerse, perder cualquier garantía de seguridad y estabilidad en el empleo e incluso transitar hacia el lumpenproletariado. Para colmo va a ser en los barrios proletarios en donde se van a instalar las oleadas migratorias y allí es donde van a estallar los conflictos entre los que van a ser considerados como “ladrones” de los puestos de trabajo y aquellos otros que se tienen por “propietarios” legítimos, por cuestión de nacimiento, de esos puestos de trabajo.

Se ignora como van a responder políticamente estas franjas del proletariado empobrecidas… de lo que no existe la menor duda es que no van a votar a una izquierda, autopresentada como primer valedor de los derechos de los inmigrantes.

El binomio de la globalización (deslocalización de Norte a Sur – inmigración de Sur a Norte) va a ser determinante en el empobrecimiento de las clases trabajadoras.

EL PARTIDO POPULAR ANTE ESTOS CAMBIOS

La crisis del PP en la Comunidad de Madrid y las que está desarrollando en Galicia y Levante, podrán ser resueltas a partir de que algún dirigente –Rajoy, Aceves- esté en condiciones de demostrar que lo que puede perderse –la posibilidad de recuperar el poder en 2008- es muy superior a la victoria pírrica de los de “la boina” en Galicia, de los zaplanistas en Levante o de los centristas en Madrid. Pero la crisis es más profunda de lo que parece, por que está en otro lugar.

Tanto el PP como el PSOE seguirán siendo los partidos mayoritarios quizás durante muchas décadas; seguramente, en las próximas elecciones IU terminará desapareciendo definitivamente y el proceso de integración europea marcará el declinar de los partidos nacionalistas ante la falta de desembocaduras para sus proyectos; pero lo que morirá indefectiblemente, es el sistema bipartidista perfecto que hemos tenido desde los primeros años de la democracia.

La imagen del Partido Popular está inadaptada para capturar las bolsas de votantes que van a ir apareciendo a medida que vaya afianzándose el proceso de globalización. Difícilmente, si bien es posible que los sectores proletarizados de la burguesía media puedan ser recuperados por el PP, instrumentalizando su resentimiento hacia la izquierda que desde el poder los ha empobrecido, resulta prácticamente imposible que los sectores del proletariado afectado por la deslocalización y la inmigración masiva, pueda constituir un nuevo caladero de votos para el PP.

El programa económico y de vivienda del PP no puede hacer abstracción de las líneas que han sido tradicionales hasta ahora en esta formación: aplicación estricta de doctrinas económicas neoliberales… es decir, las que terminarán empobreciendo a la burguesía media y marginalizando al proletariado.

Ruiz Gallardón, como máximo, podrá conservar el voto centrista para el PP y, de hecho, es la línea que deberá presentar el PP para ganar las elecciones de 2007 (ya lo explicamos en un artículo aparecido tras los atentados del 11-M y la consiguiente victoria del PSOE). El 2007, más que en otras ocasiones, la victoria de unos o de otros dependerá del control sobre el centro. Ahora bien, las transformaciones sociales implicarán un empequeñecimiento del centro sociológico que solo será decisivo para determinar cuál seguirá siendo el partido mayoritario (PP o PSOE)… pero no ya para aportar mayorías absolutas a unos u otros. Estas vendrán de coaliciones y pactos.

El PP en esa circunstancia se verá forzado a pactar, o bien con nacionalistas que aspirarán a techos autonómicos cada vez mayores, o bien con formaciones de nuevo cuño. Y este elemento es básico para intuir como será el mapa político futuro: votantes de izquierda que no se identifican ya con la izquierda ni con el centro-izquierda, huérfanos de opción y opciones de centro-derecha y de centro-izquierda que ven como se reducen sus caladeros de votos a medida que avanza la globalización.

¿PUEDE EL CENTRO-DERECHA GENERAR UNA OPCION DE EXTREMA-DERECHA?

La ficción con la que la extrema-derecha española ha operado desde el 23-F ha sido que, estando dentro del PP, antes o después, se produciría una escisión dentro de ese partido, tal que “liberaría” a los sectores de extrema-derecha y les permitiría retirarse al campo que le es propio con armas y bagajes. Cuando en 1997, el PP vio como se desgajaba el PADE, pareció que este concepto se materializaba, pero al cabo de dos años, el PADE estaba liquidado y la escisión superada. Desde entonces no se ha vuelto a producir ningún movimiento de militancia de extrema-derecha dentro del PP, ni siquiera sector alguno del PP ha manifestado su incomodidad.

La realidad es que la militancia del PP se siente bien dentro del PP y el electorado de centro-derecha, derecha-derecha y extrema-derecha del PP… se sienten muy a gusto y muy conformes con esta opción y no existe absolutamente ninguna posibilidad de que esta percepción termine algún día mientras persistas las actuales circunstancias o se vaya realizando la evolución prevista en la sociedad española. La escisión del PADE demostró que ni siquiera la fuga de un diputado nacional y de una docena de concejales bastó para consolidar una opción a la derecha del PP. Así pues, Aznar, durante todos estos años, pudo muy bien trabajar, según su deseo, “sin enemigos a la derecha”. Hoy las cosas no han cambiado: el electorado del PP está muy conforme con las orientaciones de la dirección a la que idolatra, ya sea de derecha-derecha, de centro derecha o de extrema-derecha.

Si bien es posible que exista un camino a la derecha del PP… no es menos cierto que esa opción no va a generarse a partir de cuadros, votantes o militantes del PP. Y lo que es más: si el PP quiere retornar al poder, deberá “centrarse” o bien prepararse para pactar con algún partido –por ahora inexistente- que capte votos en los caladeros de izquierda. El que esto no sea posible en este momento no quiere decir que en años venideros las mutaciones políticas no lo conviertan en la única alternativa posible. Por que un pacto con los nacionalistas periféricos es hoy inviable y dentro de unos años (con el ocaso definitivo de CiU y la pérdida de vigor de CC) va a ser todavía más difícil.

Por lo demás, en esta crisis del PP madrileño todas las partes se han puesto literalmente “verdes”, las heridas interiores no se restañarán tan fácilmente como todas las partes han hecho creer: Gallardón quiere la presidencia del PP y su candidaturas para las elecciones de 2011. Para ello precisa desplazar a Esperanza Aguirre y a los “talibanes” del PP: ni Gallardón, ni la presidenta madrileña, ni los talibanes, van a olvidar esta crisis. Las espadas han sido envainadas, pero todas las partes las siguen afilando. El electorado del PP, obediente, lo único que espera es saber a quien tienen que votar. En cuando a los centristas, les encantaría votar a Gallardón… falta saber si en 2011 quedará algo de este país “en otro tiempo llamado España”.

© Ernesto Milá – infoKrisis – infokrisis@yahoo.es