Mostrando entradas con la etiqueta Frente Obrero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Frente Obrero. Mostrar todas las entradas

sábado, 18 de octubre de 2025

UNA REVISIÓN DE LA CRISIS DEL SISTEMA POLÍTICO (IV DE IV) - ESTRAMBOTE FINAL: LOS “POPULISMOS REGIONALES” Y EL “POPULISMO DE IZQUIERDAS”

Pero la gravedad de la situación es tal (a la vuelta de 25 años, España corre el riesgo de tener mayoría de población nacida en el extranjero o perteneciente a culturas extranjeras, especialmente islámicas y africanas, aun llevando el DNI español en el bolsillo), que está haciendo reaccionar a sectores nacionalistas del País Vasco y Cataluña e, incluso, a sectores de la izquierda. Nos estamos refiriendo a Alianza Catalana, nacida del independentismo catalán, a los intentos de antiguos miembros del PNV de construir una alternativa similar y, en el caso de la izquierda, al Frente Obrero.

Era inevitable y estas reacciones demuestran que gentes honestas, ubicadas en los más distintos sectores políticos, se hacen eco de los mismos problemas. Lo realmente absurdo era que los “nacionalistas” catalanes y vascos, siguieran estando “orgullosos” de ver sus regiones, literalmente invadidas, por gentes llegadas de otros climas y que no demostraban el más mínimo interés en adaptarse, tranquilizándose solo por que dijeran "bon dia" o "egun on" al entrar en la mezquita o en la ventanilla de petición de ayudas sociales.

Sorprendía mucho más que pro-inmigracionismo e independentismo estuvieran en razón directa: cuando más indepe era un partido, más islamistas incorporaba a sus listas electorales. Y, como era de esperar, también aquí se ha generado una revuelta.

Al producirse los atentados yihadistas en agosto de 2017, en pleno “procés”, la mayor preocupación de la gencat fue tratar por todos los medios de evitar responsabilizar a la comunidad islámica de aquellos crímenes, llegando al esperpento de que un “imán de paz” abrazó en público al “familiar de una víctima”, mientras que, en la manifestación de protesta en las Ramblas se acalló (y se atacó) a quienes gritaron conta el radicalismo yihadista en Cataluña. Eran las órdenes de Puigdemont para tratar de salvaguardar el voto musulmán en el referéndum programado para 43 días después...

Pero hoy, soplan otros vientos… y un atentado similar tendría un efecto completamente diferente y diametralmente opuesto.

En las pasadas elecciones autonómicas sorprendió a los observadores que Aliança Catalana obtuviera dos diputados que, en las próximas corren el riesgo de multiplicarse por 10 a costa de TODOS los partidos indepes, viéndose especialmente perjudicado Junts, pero también ERC (que trató dei incorporar al electorado islámico a su opción e, incluso, Joan Tardá, sigue explicando que el futuro de ERC pasa por incorporar inmigrantes a sus filas...) y especialmente la CUP (que, en la práctica, ha dejado de existir, dándose la paradoja de que, al tratarse del partido con más presencia inmigracionista y LGTBIQ+, es el que ha perdido grupos locales enteros en beneficio de AC.

En el País Vasco, ese proceso de nacimiento de una fuerza indepe y antiinmigracionista va algo más retrasada, pero en las últimas semanas se está escuchando rumores y registrando movimientos en esa dirección por parte de antiguos miembros del PNV, con la idea de crear una “corriente ciudadana” para las elecciones de 2027. El discurso “integracionista” oficial del PNV, y mucho más el de Bildu (que ha convertido a grupos de inmigrantes en nueva fuerza de choque “antifa”), es contestado por sectores cada vez mayores del pueblo vasco.

Dadas las características de la región, y las secuelas de la violencia etarra (que subsiste en Bildu por su facilidad para reemprender el "kale borroka" allí donde lo dejaron provisionalmente), por el momento, una opción antiinmigracionista todavía no ha logrado cristalizar, y es presumible que, de no hacerlo, aumente el abstencionismo (en 2023 la participación fue del 56,15%, cuando cuatro años antes fue del 61,81%) entendido como “desafección” hacia todos los partidos, del que, por cierto, se salva Vox que ha aumentado su cuota electoral del anterior actual 2,7% en las pasadas elecciones vascas, al 4,9% según el último sondeo. Lo cierto es que antiguos afiliados al PNV están dando pasos -especialmente tras el último Aberri Eguna en el que la dirección del partido se mostró abiertamente pro-inmigracionista, además de pro-palestina- están moviéndose para adaptar los rasgos de AC ae su región.

Y es que, las cifras de delincuencia y violencia sexual son particularmente graves en el País vasco: los robos con violencia e intimidación han aumentado en la región y los delitos sexuales se han elevado de 668 en 2019 a 1.150 en 2024, el doble en apenas cinco años, mientras que los asesinatos han pasado de 37 a 81 en el mismo periodo, y los robos con fuerza subieron de 1.643 a 2.165. Pero, para un Marlaska, siempre ambiguo, ¡la delincuencia --como no podía ser de otra forma- ha bajado en el País Vasco!

En el caso de AC, un partido joven, hasta no hace mucho, recluido en la “montaña catalana” (comarcas de Osona y el Ripollés), la estrategia política todavía no está suficientemente asentada: afirman que no se presentarán a las elecciones generales, pero sí a las europeas, lo que plantea el problema de con qué grupo parlamentario europeo se aliarán de obtener algún escaño. Por el momento, los contactos que han establecido son SOLAMENTE con partidos euroescépticos, antiinmigración y populistas, habiendo trascendido su apertura hacia AfD.

Y, finalmente, el Frente Obrero, en el ámbito de la izquierda radical está creando problemas, tanto a Podemos como a Sumar. Hasta ahora, la organización, que ha protagonizado sonoros  escraches, se expresa a través de su presidente, Roberto Vaquero en su canal de youTube, con audiencias relativamente altas, que no se han traducido en avances electorales notables: 46.500 votos en las elecciones de 2023, un solo concejal en un pueblo pequeño en las municipales de ese año, casi 10.000 votos (0’31%) en las autonómicas catalanas de 2024 (el lema «Defiende Cataluña, defiende España. No a la islamización», 66.242 votos (0’38%) en las europeas de 2024 con el lema «España primero». 

Formado, principalmente, por jóvenes activistas, algunas de sus posiciones chocan con los rasgos generales de la izquierda "oficial" (desde el PSOE, hasta el magma Podemos/Sumar), hasta el punto de que ha podido decirse que se trata de un “partido rojinegro”, e incluso interesar a antiguos “nacional-revolucionarios” que llevan décadas soñando en constituir una “izquierda nacional”. 

El problema para el Frente Obrero es que no ha logrado despegar, en un momento en el que Vox va creciendo, especialmente en Cataluña, con votos obreros que rechazan tanto la islamización y el aumento de la inseguridad, como el oportunismo nacionalista de Salvador Illa.

Siendo el Frente Obrero, la opción más realista y honesta de la izquierda, corre el riesgo de quedar arrinconada y limitada a ser permanentemente un grupúsculo, sin “punch” electoral, ni fuerza suficiente para atraer a amplios sectores de votantes de izquierda que optan, más bien, por pasar directamente a Vox, antes de ceder sus votos a una opción que, por el momento, no alcanza el 0’5%. 

Este (que fue el eterno problema de la extrema-derecha en las últimas décadas, por causas muy diferentes), corre el riesgo también de neutralizar el crecimiento de este sector político por mucho que sea su activismoFrente Obrero está viviendo hoy el drama que atravesó la extrema-derecha durante 40 años: dificultades para salir del estadio gropuscular e imposibilidad de llegar a su electorado natural.

Luego está su fidelidad al marxismo y sus formas exteriores propias de un partido de “reconstrucción comunista” de otras épocas. A pesar de que, dentro de la óptica de la izquierda sus posiciones, ética y políticamente, sean sanas y razonables, es difícil que, salvo que tengan una inyección de fondos suficiente para llegar a todo el electorado, puedan recuperar al electorado obrero, desengañado y desinteresado por el marxismo. 

A esto hay que unir una “batalla cultural” orientada especialmente contra los “hermanos separados” (o “traidores”), de Podemos y Sumar, y sobre temáticas que pueden resultar paradójicas y contradictorias a gentes procedentes de la izquierda.

Otro tanto puede decirse de Santiago Armesilla, uno de los últimos representantes de la “izquierda jacobina”, cuyo discurso neomarxista apenas puede llegar a los últimos mohicanos criados al calor de las lecturas de los textos clásicos del marxismo y, precisamente, por eso, provisto de una línea imposible de trasladas al electorado del siglo XXI y representante terminal del “intelectual marxista” de tiempos mejores.

El discurso de estas “nuevas izquierdas” sobre la inmigración es “exculpatorio”: suelen aludir a las “mafias” para explicarlo o a la consabida maldad del capitalismo (para el que la inmigración sería su “ejército de reserva”). Ese tipo de debates intelectuales se enfrenta con la realidad más acuciante, ante la que el programa de Vox responde con la contundencia y la simplicidad argumental (“simplicidad” no es “superficialidad”, sino voluntad de llegar a las masas y de ofrecer soluciones y análisis sencillos a problemas complejos) mucho mejor adaptada a la urgencia de la situación y a las necesidades del electorado: ¡¡hoy ya no se trata de “explicar” la inmigración ilegal y la islamización, sino, simplemente, de combatirla!!. Ya no existe “transversalismo”, ni “rojipardismo”: existen urgentes necesidades ante las que huelgan discursos teóricos como el de Armesilla, debates realizados sobre el vacío (lógicos hace 40 años o 50 años, pero inútiles por completo en el siglo XXI y cuando el país se enfrenta a una crisis de supervivencia a la vuelta de 15-25 años).

¿Existen posibilidades de cooperación entre grupos anti-inmigración? Es cierto que “lo semejante se reconoce en lo semejante y que lo semejante se reconoce en lo semejante”, pero ¿hasta qué punto son semejantes Vox y Aliança Catalana? ¿Hasta qué punto el discurso del Frente Obrero es compatible con los de otros partidos antiinmigracionistas?

 Y en todo esto hay que ser realistas.

Una cosa es desear -como deseamos- que los votantes tradicionales de la izquierda se decanten hacia el Frente Obrero o que los votantes indepes hayan, finalmente, caído en la cuenta de que la inmigración es gran problema de Cataluña y del País Vasco y, por tanto, es la mejor opción a la que puede responder un independentista, y otra muy diferente creer que entre estos grupos y Vox puede existir algún nivel de cooperación. Y lo decimos desde fuera de Vox, pero en un ejercicio de realismo.

Es positivo que la venda haya caído de los ojos de indepes e izquierdistas… pero, el problema para ellos, es que ha caído tarde, muy tarde: hace 20 años ya existían condiciones objetivas suficientes para que estos sectores, hubieran despertado y denunciado el riesgo de la inmigración masiva.

El enfebrecimiento que transmitió TV3 en los años del “procés”, ocultó que la secesión no era el primer problema de Cataluña en 2017, ni hoy en 2025, sino el que la inmigración masiva atraída por la gencat, en general, no se integraba como se había integrado la emigración procedente del resto del Estado, sino que añadía nuevos problemas a los ya latentes. Por entonces ya existía una Plataforma per Catalunya (que fracasó por sus propios errores en la dirección), pero que había obtenido un buen número de concejales y estuvo a punto de entrar en el Parlament autonómico. El problema generado por la inmigración no es nuevo: reaccionar ahora, cuando ya es demasiado evidente, implica que el llega “después” (después de Vox, se entiende), corre el riesgo de ver su campo de aplicación muy reducido.

De hecho, ya hemos hablado de lo endeble del espacio sobre el que puede operar Frente Obrero con garantías de éxito, pero el de los indepes catalanes y vascos, aun siendo algo mayor se enfrenta con el hecho de que la solución al problema de la inmigración sólo se puede realizar dentro del marco del Estado y no fuera de él.

Lo más probable es que los partidos indepes vayan atenuando su pro-inmigracionismo, incluso que adopten programas-trampa similares al del PP en la materia, solo para retener votantes, pero sin intenciones reales de llevarlos a la práctica, ni.

En Cataluña, al menos, el campo de acción de Aliança Catalana se reduce a los votantes independentistas y por extensión a una parte sustancial de los catalano-parlantes. Pero esto es poco (apenas un tercio del electorado) y, para colmo, supone situarse en un área de inestabilidad permanente que todavía no se ha recuperado del estrepitoso fracaso del “procés” (y, probablemente, nunca lo haga).

¿Qué es más importante para Silvia Orriols? ¿la independencia de Cataluña -imposible a la vista de que, tras la euforia del “procés”, vino el bajón al demostrarse “dificultades insuperables y aislamiento internacional- o la lucha contra la inmigración masiva? 

Si la respuesta es lo primero, el campo de acción de AC se reduce a restar votos a Junts, ERC y “comerse” a la CUP; pero si se trata de lo segundo, antes o después, deberá poner en barbecho las proclamas independentistas y darse un baño de realismo: una Cataluña independiente -que nunca lo ha sido, por cierto-, ha demostrado ser IMPOSIBLE desde el 1-O, pero la lucha por la independencia puede debilitar aún más a una Cataluña ya muy débil en la actualidad (Solo el "orgullo nacionaista" puede velar la debilidad de Cataluña en todos los rubros: desde los resultados educativos hasta la natalidad, desde las quiebras de empresas hasta el coste de la vida, una región que fue y ya no es el “motor económico de España” y, por tanto, tiene dificultades para mantener su estructura paquidérmica burocrático-administrativa, y, finalmente y para colmo, en la que los Mossos d’Esquadra ya han dado repetidas muestras de que no están en condiciones de mantener siquiera el orden público y combatir la delincuencia, sin fuerzas armadas, para colmo, con el porcentaje mayor de islamistas y de mezquitas de todo el Estado¿De verdad piensa AC que, con ese panorama, se puede abordar, al alimón, una lucha por la independencia y contra la islamización?

Posiblemente, la alternativa más razonable y la única realista sea la de recomendar evitar a ataques mutuos, reproches y puntos de fricción entre los partidos que en algún punto de sus programas sitúan la necesaria lucha contra la inmigración ilegal

Esta actitud es realista y es la única forma de “transversalismo” que sería posible adoptar: la creación de lo que podríamos llamar un “bloque tácito” en el Parlament de Cataluña, especialmente, entre Vox y AC, en el que el único punto de acuerdo fuera el cierre de puertas a la inmigración ilegal, la “remigración” y la lucha contra la corrupción del poder, aparcando el "debate soberanista", sería un buen punto de partida y lo que diferenciaría a la vieja y gastada clase política catalana, de la nueva. Respeto y no agresión: cualquiera que perciba los mismos riesgos debe de actuar en consecuencia, su enemigo no es el otro partido que busca otra clientela electoral, sino el que aspira a mantener el status de las últimas décadas.

Por otra parte, Vox debería huir de pronunciamientos “jacobinos”. La tradición de la verdadera Derecha no es, precisamente el jacobinismo, sino el FORALISMO, a condición naturalmente de que exista un Estado que merezca ser considerado como tal y no un agregado de instituciones funcionariales burocratizadas, agónicas, carentes de prestigio, y con una clase política sin autoridad (salvo en el ejercicio del rackett fiscal). Históricamente, los "Fueros" se concedían a las regiones más “leales”, como hemos dicho, no a las que trataban de presionar con más fuerza.

*     *     *

Estrambote final

Algo ha fallado en la historia reciente de España que ha implicado la ausencia de un “punto de agregación” nacional y social; quizás sea esa ausencia de “misión” y de “destino”, ese "proyecto de vida en común", que, a fin de cuentas, es lo que justifica la existencia de una nación.

Si se acepta eso, deberá aceptarse también que el gran problema de nuestro tiempo es la dramática disyuntiva que se abre:

O, dedicar esfuerzos a la creación de ese proyecto, para lo cual hace falta una nueva clase política, cultural y espiritualmente mejor formada,

O, por otro lado, afrontar el riesgo de colapso inminente (en apenas 15-25 años) de nuestro país por las invasiones migratorias del Sur que generan un negro panorama del que no puede excluirse como desembocadura la “guerra civil étnica, religiosa y social”.

Un viejo refrán español dice que “no hay mal que por bien no venga”: a veces, las alternativas se forjan en medio del humo de la pólvora y entre las ruinas físicas y morales del pasado, y, sus protagonistas, son los que han permanecido en pie cumpliendo con su deber para con su pasado, para con sus muertos, para con su cultura, para con su raza y para salvaguardar el futuro de sus hijos. 


 

 










jueves, 2 de mayo de 2024

¿DERECHA? ¿IZQUIERDA? ¿SIGUEN TENIENDO SENTIDO? (Segunda Parte: LA PRÁCTICA)

Una de las novedades -de hecho, la única- de las elecciones catalanas es que, por primera vez el problema de la inmigración aparece en candidaturas de derecha, de izquierda e independentistas. Algo inédito, pero significativo. En efecto, ya no hay excusa para preguntarse ¿a quién voto? Sea cuál sea su sensibilidad política, hay candidaturas que reconocen el gravísimo problema que afecta a Cataluña y que no dejará de agravarse en las próximos años: la islamización del territorio catalán que, como hemos dicho en muchas ocasiones desde el inicio del “procés”, en caso de independencia, tiene más posibilidades de ingresar en la Liga Árabe que en la Unión Europea (ver artículo La independencia de .cat desde una perspectiva étnica).

PARA UNA SENSIBILIDAD DE IZQUIERDA: 

FRENTE OBRERO

El Frente Obrero, dirigido por Fernando Vaquero, presenta lista encabezada en Barcelona por Alicia Sanz. Es una formación de izquierdas. ¿Izquierda radical? En realidad, no: más bien de la izquierda de toda la vida. Siempre ha existido una óptica de izquierdas, pero solamente en la actualidad, da la sensación de que los partidos mayoritarios de izquierdas que se presentan en estas elecciones (PSC, Comuns) tiene más de mundialista, de progresista y de LGTBIQ+, que de izquierdas propiamente dichas.

El Frente Obrero realiza una crítica demoledora a la trayectoria seguida por la gencat y al nacionalismo independentista, acude en defensa de la unidad del Estado (el jacobinismo siempre ha sido una característica de la verdadera izquierda frente a esas izquierdas “progres” en las que resulta muy difícil establecer una divisoria con el nacionalismo.

Pero sobre todo, Frente Obrero ha identificado el “gran problema catalán”: la inmigración masiva. Vaquero, en su planteamiento es particularmente claro en esta cuestión. Su diagnóstico es: Cataluña se está islamizando, basta salir a la calle para advertirlo. No es un fake, es una realidad para quien tenga ojos y vea, cerebro y sea capaz de razonar.

Así que ahora, el voto de izquierdas ya tiene una alternativa a tener en cuenta (en su presentación en Barcelona, la candidatura ha registrado una afluencia masiva). Ya no se está obligado a votar “como trabajadores” o como “gentes de izquierdas”, ni al PSC, ni a Comuns…

Vídeo de Fernando Vaquero: “Defiende Cataluña – Defiende España” – FRENTE OBRERO EN LAS ELECCIONES CATALANAS


PARA UNA SENSIBILIDAD DE DERECHAS: 

VOX

Para la sensibilidad de derechas, votar se ha convertido en un problema. Cada vez más ciudadanos con criterio conservador, votar al PP, en cualquier elección, es un ejercicio que solo puede realizarse con la nariz tapada. No está clara la posición del PP en muchos aspectos (sin olvidar pasadas corruptelas) y mucho menos aún la opinión de Feijóo que se ha jactado en decir en muchas ocasiones que su “primera opción de pactos es el PSOE”… añadiendo unos meses después que es “un PSOE sin el sanchismo”. Demasiado tarde y demasiado improbable.

Pero, contra el PP juegan muchos factores: en primer lugar, su oportunismo político tantas veces demostrado (desde el aznariano “yo hablo catalán en familia”) por no hablar de sus pifias (Aznar abrió en 1996 las puertas a la inmigración como uno de los puntales de su “modelo económico”; aquellas aguas trajeron estos lodos, sin olvidar su actitud ante la guerra de Irak). En materia de inmigración, por cierto, elude pronunciarse con claridad, aunque, si son consecuentes, la simpatía con la que Feijóo ha contemplado la Agenda 2030 es elocuente.  

Es cierto que hoy el primer problema del país es deshacerse del pedrosanchismo y el PP es el partido que está mejor situado para expulsarlo del poder, pero… ¿y luego? Siempre hemos dicho que Vox tendrá su momento cuando gobierne el PP… y decepcione.

En las elecciones catalanas, el mensaje más claro para un electorado conservador y populista, consciente de lo que está pasando, lo aporta Vox. Así como en sus primeros pasos, no tuvo muy claro cuál era el verdadero problema y optaba por mensajes ligeramente más radicalizados del PP, ahora, en la búsqueda de un espacio electoral propio -que, al mismo tiempo, respondiera a problemas reales- el voto a Vox, además de un voto antiindependentista, es, sobre todo, un voto antiinmigración.

Y hoy, ya no es obligatorio para una sensibilidad de derechas, votar al PP. Existe una alternativa.

Vídeo publicitario de Vox para las próximas elecciones: “HACIA LA REPÚBLICA ISLÁMICA DE CATALUÑA


PARA UNA SENSIBILIDAD NACIONALISTA:

ALLIANÇA CATALANA

Desde las anteriores elecciones catalanas, estaba claro que el fracaso del “procés” había precipitado la fragmentación del voto nacionalista e independista. No era una novedad: tras las aventuras y las burbujas, vienen los blufs y los estallidos. Esta tendencia a la fragmentación sigue presente en el voto indepe, incluso aumentado con la inclusión de la muy impresentable candidatura de Clara Ponsati (Alhora), que se suma a la candidatura marciana de la CUP en franca pérdida de energía desde hace cuatro años, a Junts, a ERC y quizás a alguna más que se nos escapa por irrelevante. La novedad es que ahora se une para esta sensibilidad una última opción: Alianza Catalana, un partido derivado de la proyección regional de la alcaldesa de Ripoll, Nuria Orriols, fundado en 2020 y que es definido como “extrema-derecha independentista”.

Dejando aparte esta definición, parece claro que el mensaje anti-inmigración es lo que justifica que esta candidatura tenga un espacio propio que no es ni el de la CUP (que, en realidad, se jacta de haber integrado inmigrantes en su proyecto independentista), ni la de ERC (que tiene hasta ocho islamistas en sus listas), ni la personalista de Junts (que solo aspira a salvar la cara a Puigdemont), ni la de la Ponsati (que no pasa de ser un triste proyecto personal).

Alliança Catalana es independentista y parece muy claro que ofrece una opción antiinmigración para esa sensibilidad. El resto de sus propuestas carecen de interés y no pasan de ser un cuadro más o menos radical (e incluso fantasioso) de las posibilidades de supervivencia de Cataluña en las actuales circunstancias (la defensa de una “declaración unilateral de independencia” o de un “ejército catalán”, son paródicas, pero tienen predicamento entre determinados sectores de nacionalistas. Lo importante de esta candidatura es que plantea al ámbito independentista la madre de buena parte de los problemas actuales de Cataluña y el que constituirá el mayor problema a la vuelta de unos años: la inmigración masiva y la islamización de la región.

Vídeo publicitario de Alliança Catalana para las próximas elecciones: “SALVEM CATALUNYA”

Y TODO ESTO ¿POR QUÉ?

Desde hace unos meses, venimos observando una tendencia que ya hemos denunciado en la primera parte de este artículo. Nos congratulamos de que, también en España, la tendencia al rechazo de la “revolución antropológica” que pretenden imponer los “progresistas” (progresistas de derechas, progresistas de izquierdas, progresistas independentistas), gane terreno: en estas elecciones catalanas, cualquier voto que vaya a parar a estas nuevas candidaturas, a pesar de ser fiel a sus respectivas sensibilidades, a pesar de la distancia que cada una de las tres candidaturas mantiene en relación a las otras, es una muestra de que, las “opciones habituales”, cada vez van perdiendo más fuerza y se van desdibujando por mucho que el país tienda a la polarización.

Podemos decir, que frente a la “polarización derechas – izquierdas” y a la “polarización patriotismo español – independentismo”, está surgiendo una “polarización antropológica”: defensa de nuestros territorios como formas de “cultura europea”, frente a quienes pretenden hacer de Europa un “territorio multicultural”.

La contradicción principal en este momento histórico ya no es entre “derechas e izquierdas”, sino más bien entre “conservacionistas identitarios” y “progresistas multiculturalistas”.