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lunes, 6 de mayo de 2024

RECTA FINAL EN CATALUÑA: LA BANDA DE LOS TRES EN CABEZA

El resultado de las elecciones catalanas, ni va a ser una sorpresa, ni va a resolver nada. Ninguna encuesta duda de que, por este orden PSC, ERC y Junts, quedarán en cabeza y todo el misterio se centra en el número de votos que obtendrá la derecha liberal del PP, la derecha nacional de Vox y los independentistas antiinmigracionistas de Aliança Catalana. Lo que le apetecería al PSC es obtener una -dificil- mayoría absoluta y poder evitar el amargo trance de pactar con ERC (lo que le pide al cuerpo el alma del PSC) o pactar con Junts (lo que le va a exigir Sánchez). Pero, si alguien cree que, con Illa en el sillón del Poncio de turno, se va a resolver algo, se equivoca.

El diálogo de sordos proseguirá, atenuado eso sí por el rumor de los euros pasando de las arcas públicas a los partidos de gobierno. Pero, en medio de ese rumor y, especialmente para contentar su clientela, ERC pedirá el referéndum y la recaudación total de impuestos por parte de la gencat y Junts, odiando a ERC, pedirá lo mismo, además de enfatizar ligeramente más la amnistía. A lo que el PSC responderá con su opción “federalista”. Sabiendo todos que, en caso de referéndum el No a la independencia se impondrá y que el federalismo es una coña inviable mientras el PP no se sume al carro. Y eso será todo. Cuatro años más a practicar el antiguo arte de medrar a costa de la política.

Obviamente, los tres partidos que aspiran a disfrutar para ellos los beneficios del poder -y que, en realidad, son los que vienen monopolizándolos desde hace más de 40 años- prefieren asumir esos temas “fundamentalistas” (“amnistía”, “referéndum”, “libertades”, “autonomía”), antes que reconocer que las cosas, en Cataluña, van de mal en peor.

Cataluña ya no es motor de casi nada, salvo, ex aequo con Andalucía, capital del paro en España, especialmente del paro juvenil. De las diez mayores empresas que tenían su domicilio fiscal en Barcelona hace diez años, solo quedan dos. Como Sánchez no habilite un ukase para multar a las empresas que se fueron y que se niegan a volver, Cataluña puede convertirse en un erial industrial a la vuelta de diez años.

Lo más gracioso de esta campaña electoral es que ninguno de los grandes partidos ha hablado de dos elementos urgentes para revitalizar la sociedad catalana: el descenso de impuestos y la contención del gasto público de la gencat. Y tiene gracia porque, ERC ha proclamado de forma teatral que quiere “el concierto”, esto es, la recaudación del 100% de tributos por parte de la gencat, nunca de la reducción de las cargas fiscales (que, en Cataluña, incluso, son mayores que en otras regiones de España). Que al ciudadano lo van a atracar fiscalmente es algo que se evita reconocer y que nadie discute. La propuesta de ERC implica que el ciudadano será atracado por una institución catalana, pero no por una estatal. Y habrá quien les vote a pesar de la desfachatez.

¿Illa en el gobierno? Ya vimos lo que dio de sí al frente del ministerio de sanidad durante la pandemia. Y veremos si su gestión no acaba en los tribunales por la frivolidad en contratar solo mascarillas de la “trama Koldo” que ni siquiera servían para cumplir su función. Sin olvidar las medidas absurdas que impulsó durante aquellos meses (ir a la playa con mascarilla, promover la vacunación ignorándolo todo sobre los efectos) y poner cara de monolito tristón en el Senado cuando se le preguntó por el asunto de las mascarillas. Para colmo, ni siquiera se había vacunado… y lo dice ahora, resaltando que “nadie obligó” a vacunarse. Mentira: porque si se obligó, a mí por ejemplo, para salir de España; a mis hijos obligados por las empresas en las que trabajan. Pero ¿qué más da otra mentirijilla para un pueblo lo suficientemente desmemoriado como para no recordar lo que ocurrió anteayer?

Illa gobernará con quien prometa más estabilidad a Sánchez. El ex ministro de sanidad carece de carácter y personalidad política para decir “no” a Sánchez, o a Aragonés, o a Puigdemont… Si llega a la presidencia de la gencat será a Sánchez a quien consultará cualquier decisión. Incluso, en un gobierno de coalición hará lo que sus socios -indepes- quieran que haga. Ya lo vimos con Maragall -enfermo, eso sí- que terminó compitiendo con sus socios de ERC en quien ponía más alto el techo del “nou estatut”…

Quien si se la juega es Puigdemont. No puede descartarse un golpe de última hora que acapare las primeras páginas de la actualidad (un regreso en próximo jueves o viernes, o incluso en la “jornada de reflexión”). Para Puigdemont -un don nadie hijo y nieto de pasteleros al que el negocio familiar sería su único medio de vida de no haberse dedicado a vivir de la política, a la vista de su “historial académico”- quedar el primer es la única opción: ¿lo veis como “conseller” en un gobierno presidido por Illa? ¿lo veis como “cap de la oposición”? ¿y si falla todo el montaje de la amnistía? Pasar un día en Can Brians le produce tanto insomnio como quedar el tercero. Ya vimos lo que era capaz de hacer cuando fue “el molt honorable presidente". Lo voy a recordar: conseguir que el nombre de Cataluña cayera en el ridículo mundial después de estar años creando “comisiones de desenganche”, pagando a eminencias grises -o presuntas tales- para que elaboraran un “proyecto de constitución catalana”, todo ello antes de conocer siquiera si se celebraría el referéndum, con el añadido, de proclamar la “república catalana” pero… dejarla en suspenso 15 segundos después. Ese es Puigdemont.

Ahora bien, la candidatura de Junts puede verse afectada por la concurrencia de Alliança Catalana: repite todo lo que dice Junts, pero… añade lo que Junts oculta: que la inmigración en Cataluña está descontrolada, la delincuencia se ha disparado en el último año -especialmente los delitos “graves” que no pueden ocultarse- y que cada vez hay más violencia en calles y barrios. Justo en la diana.

Desde los tiempos de Pujol, ayer a CDC y hoy a Junts, le tiene absolutamente al fresco quién delinque y cuánto se delinque. Con que tengan un certificado B de catalán, ya hay suficiente. De ahí que Junts omita el tema y evite que en sus listas la presencia de musulmanes. Conoce el riesgo. Calla sobre la inmigración, pero no admite apellidos inmigrantes en sus listas… Ahí está el nicho que Aliança Catalana pretende legítimamente ocupar.

Quien, en cambio, aspira, desde los tiempos de Carod Rovira, a incorporar a la inmigración musulmana es ERC como base electoral. Carod ya aludió -en su infinita ignorancia sobre la religión a un “Islam catalá”, desconociendo que la patria de un musulmán piadoso es la “umma”, la comunidad islámica unida por el credo religioso y que habla, no en catalán, sino en la lengua sagrada en la que Mahoma escribió el Corán. ERC, cree poder atraer el “voto islámico” incluyendo a siete candidatos en sus listas por Barcelona y Gerona (de los que pueden salir entre dos o tres). Su actitud ante la inmigración es exactamente igual a la del PSC: “¿inmigrantes? Cuantos más, mejor; pero, eso sí, con el certificado B de catalán”.

En realidad, el gran problema de Cataluña es la islamización creciente, unido a la caída en picado de las familias con cuatro y con dos apellidos catalanes. A pesar de que no puede establecerse una ley matemática segura, lo mas probable y lo que nadie duda con observar las calles y los colegios en Cataluña es que en 20 ó 30 años como máximo, los musulmanes no serán una “minoría”, sino que -como está empezando a pasar en el Reino Unido, después de las elecciones municipales del sábado pasado- los islamistas presenten candidaturas propias allí donde sean mayoría y proclamen la “sharia”.

Por eso, no hay que fijarse tanto en quién quedará en cabeza, ni siquiera en qué orden, ni quién gobernará: sabemos que, gobierne quien gobierno, seguirá la misma línea de los últimos gobiernos, nada, absolutamente nada, cambiará. Pero estas elecciones van a servir para medir el “estado de cabreo” de la sociedad catalana. La pista que nos ayudará a establecer el diagnóstico va a ser el resultado que obtengan las tres candidatura claramente antiinmigracionistas: Vox (que está realizando una muy buena campaña, con actos en los que ha logrado movilizar a poblaciones consideradas como “hostiles”), Alliança Catalana (que puede obtener escaño en Gerona) y el Frente Obrero (que nos dirá cuántos electores de izquierdas están hasta los mismísimos de la inmigración masiva).

Porque el gran problema que va a afrontar Cataluña en los próximos años, no es “referéndum sí” o “referéndum no” (aunque se celebrara, los sondeos indican que el apoyo social al independentismo ha ido cayendo más y más en los últimos cuatro años), sino la islamización de la sociedad catalana. Y, por extensión, la inmigración masiva.

¿Y el PP? Aumentará, sin duda, pero la cuestión es cuánto y nunca será suficiente para ser algo significativo en Cataluña. Su discurso actual es excesivamente grisáceo, aspira a ocupar el espacio que ocupó Ciutadans hace dos legislaturas, sin advertir -la cabeza de Feijóo tampoco lo admite- que en estos últimos años se ha producido una polarización en todo el mundo generada por la ofensiva “progresista” (basada en el “cambio climático”, “los estudios de género”, el “wokismo” y la “inmigración masiva”). Esa ofensiva ha generado la necesidad de una reacción tan fuerte y de la misma intensidad, pero de sentido contrario. Lo que valía hace ocho años, hoy es inútil. Los “centrismos” están muertos y enterrados. En Cataluña, en España y en Europa. El PP se ofrecerá a colaborar con el PSC, en el enésimo error estratégico de Feijóo. Lo normal hubiera sido que las candidaturas de Vox y del PP, incluso los restos de Cs, hubieran pactado un programa y una candidatura común. Pero lo que es lógico para los electores, no lo es para los partidos.

En cuanto al “sorpasso” de Vox al PP que se produjo en las anteriores elecciones, lo más probable es que quede anulado: el PP crecerá por delante Vox. Lo normal, dadas las circunstancias. Pero, al igual que ocurrió en las pasadas elecciones vascas, Vox mantendrá posiciones (e, incluso, es posible que las mejores). Volvemos a repetir que es “lo normal”: la “hora” de Vox sonará en cuanto el PP vuelva al poder y decepcione a los que esperaban unas políticas radicalmente diferentes a las socialistas

Así que no esperéis nada de las próximas elecciones, solo un indicativo del “estado de cabreo” de la sociedad (que, en cualquier caso, será menos que el “estado de somnolencia inducida” que vive la región).






 

jueves, 2 de mayo de 2024

¿DERECHA? ¿IZQUIERDA? ¿SIGUEN TENIENDO SENTIDO? (Segunda Parte: LA PRÁCTICA)

Una de las novedades -de hecho, la única- de las elecciones catalanas es que, por primera vez el problema de la inmigración aparece en candidaturas de derecha, de izquierda e independentistas. Algo inédito, pero significativo. En efecto, ya no hay excusa para preguntarse ¿a quién voto? Sea cuál sea su sensibilidad política, hay candidaturas que reconocen el gravísimo problema que afecta a Cataluña y que no dejará de agravarse en las próximos años: la islamización del territorio catalán que, como hemos dicho en muchas ocasiones desde el inicio del “procés”, en caso de independencia, tiene más posibilidades de ingresar en la Liga Árabe que en la Unión Europea (ver artículo La independencia de .cat desde una perspectiva étnica).

PARA UNA SENSIBILIDAD DE IZQUIERDA: 

FRENTE OBRERO

El Frente Obrero, dirigido por Fernando Vaquero, presenta lista encabezada en Barcelona por Alicia Sanz. Es una formación de izquierdas. ¿Izquierda radical? En realidad, no: más bien de la izquierda de toda la vida. Siempre ha existido una óptica de izquierdas, pero solamente en la actualidad, da la sensación de que los partidos mayoritarios de izquierdas que se presentan en estas elecciones (PSC, Comuns) tiene más de mundialista, de progresista y de LGTBIQ+, que de izquierdas propiamente dichas.

El Frente Obrero realiza una crítica demoledora a la trayectoria seguida por la gencat y al nacionalismo independentista, acude en defensa de la unidad del Estado (el jacobinismo siempre ha sido una característica de la verdadera izquierda frente a esas izquierdas “progres” en las que resulta muy difícil establecer una divisoria con el nacionalismo.

Pero sobre todo, Frente Obrero ha identificado el “gran problema catalán”: la inmigración masiva. Vaquero, en su planteamiento es particularmente claro en esta cuestión. Su diagnóstico es: Cataluña se está islamizando, basta salir a la calle para advertirlo. No es un fake, es una realidad para quien tenga ojos y vea, cerebro y sea capaz de razonar.

Así que ahora, el voto de izquierdas ya tiene una alternativa a tener en cuenta (en su presentación en Barcelona, la candidatura ha registrado una afluencia masiva). Ya no se está obligado a votar “como trabajadores” o como “gentes de izquierdas”, ni al PSC, ni a Comuns…

Vídeo de Fernando Vaquero: “Defiende Cataluña – Defiende España” – FRENTE OBRERO EN LAS ELECCIONES CATALANAS


PARA UNA SENSIBILIDAD DE DERECHAS: 

VOX

Para la sensibilidad de derechas, votar se ha convertido en un problema. Cada vez más ciudadanos con criterio conservador, votar al PP, en cualquier elección, es un ejercicio que solo puede realizarse con la nariz tapada. No está clara la posición del PP en muchos aspectos (sin olvidar pasadas corruptelas) y mucho menos aún la opinión de Feijóo que se ha jactado en decir en muchas ocasiones que su “primera opción de pactos es el PSOE”… añadiendo unos meses después que es “un PSOE sin el sanchismo”. Demasiado tarde y demasiado improbable.

Pero, contra el PP juegan muchos factores: en primer lugar, su oportunismo político tantas veces demostrado (desde el aznariano “yo hablo catalán en familia”) por no hablar de sus pifias (Aznar abrió en 1996 las puertas a la inmigración como uno de los puntales de su “modelo económico”; aquellas aguas trajeron estos lodos, sin olvidar su actitud ante la guerra de Irak). En materia de inmigración, por cierto, elude pronunciarse con claridad, aunque, si son consecuentes, la simpatía con la que Feijóo ha contemplado la Agenda 2030 es elocuente.  

Es cierto que hoy el primer problema del país es deshacerse del pedrosanchismo y el PP es el partido que está mejor situado para expulsarlo del poder, pero… ¿y luego? Siempre hemos dicho que Vox tendrá su momento cuando gobierne el PP… y decepcione.

En las elecciones catalanas, el mensaje más claro para un electorado conservador y populista, consciente de lo que está pasando, lo aporta Vox. Así como en sus primeros pasos, no tuvo muy claro cuál era el verdadero problema y optaba por mensajes ligeramente más radicalizados del PP, ahora, en la búsqueda de un espacio electoral propio -que, al mismo tiempo, respondiera a problemas reales- el voto a Vox, además de un voto antiindependentista, es, sobre todo, un voto antiinmigración.

Y hoy, ya no es obligatorio para una sensibilidad de derechas, votar al PP. Existe una alternativa.

Vídeo publicitario de Vox para las próximas elecciones: “HACIA LA REPÚBLICA ISLÁMICA DE CATALUÑA


PARA UNA SENSIBILIDAD NACIONALISTA:

ALLIANÇA CATALANA

Desde las anteriores elecciones catalanas, estaba claro que el fracaso del “procés” había precipitado la fragmentación del voto nacionalista e independista. No era una novedad: tras las aventuras y las burbujas, vienen los blufs y los estallidos. Esta tendencia a la fragmentación sigue presente en el voto indepe, incluso aumentado con la inclusión de la muy impresentable candidatura de Clara Ponsati (Alhora), que se suma a la candidatura marciana de la CUP en franca pérdida de energía desde hace cuatro años, a Junts, a ERC y quizás a alguna más que se nos escapa por irrelevante. La novedad es que ahora se une para esta sensibilidad una última opción: Alianza Catalana, un partido derivado de la proyección regional de la alcaldesa de Ripoll, Nuria Orriols, fundado en 2020 y que es definido como “extrema-derecha independentista”.

Dejando aparte esta definición, parece claro que el mensaje anti-inmigración es lo que justifica que esta candidatura tenga un espacio propio que no es ni el de la CUP (que, en realidad, se jacta de haber integrado inmigrantes en su proyecto independentista), ni la de ERC (que tiene hasta ocho islamistas en sus listas), ni la personalista de Junts (que solo aspira a salvar la cara a Puigdemont), ni la de la Ponsati (que no pasa de ser un triste proyecto personal).

Alliança Catalana es independentista y parece muy claro que ofrece una opción antiinmigración para esa sensibilidad. El resto de sus propuestas carecen de interés y no pasan de ser un cuadro más o menos radical (e incluso fantasioso) de las posibilidades de supervivencia de Cataluña en las actuales circunstancias (la defensa de una “declaración unilateral de independencia” o de un “ejército catalán”, son paródicas, pero tienen predicamento entre determinados sectores de nacionalistas. Lo importante de esta candidatura es que plantea al ámbito independentista la madre de buena parte de los problemas actuales de Cataluña y el que constituirá el mayor problema a la vuelta de unos años: la inmigración masiva y la islamización de la región.

Vídeo publicitario de Alliança Catalana para las próximas elecciones: “SALVEM CATALUNYA”

Y TODO ESTO ¿POR QUÉ?

Desde hace unos meses, venimos observando una tendencia que ya hemos denunciado en la primera parte de este artículo. Nos congratulamos de que, también en España, la tendencia al rechazo de la “revolución antropológica” que pretenden imponer los “progresistas” (progresistas de derechas, progresistas de izquierdas, progresistas independentistas), gane terreno: en estas elecciones catalanas, cualquier voto que vaya a parar a estas nuevas candidaturas, a pesar de ser fiel a sus respectivas sensibilidades, a pesar de la distancia que cada una de las tres candidaturas mantiene en relación a las otras, es una muestra de que, las “opciones habituales”, cada vez van perdiendo más fuerza y se van desdibujando por mucho que el país tienda a la polarización.

Podemos decir, que frente a la “polarización derechas – izquierdas” y a la “polarización patriotismo español – independentismo”, está surgiendo una “polarización antropológica”: defensa de nuestros territorios como formas de “cultura europea”, frente a quienes pretenden hacer de Europa un “territorio multicultural”.

La contradicción principal en este momento histórico ya no es entre “derechas e izquierdas”, sino más bien entre “conservacionistas identitarios” y “progresistas multiculturalistas”.








lunes, 8 de abril de 2024

TRES ELECCIONES EN TRES MESES: ¿VOTAR? ¿A QUIÉN VOTAR?

Nunca como ahora, la clase política ha estado tan alejada de la población, pero nunca como en estos meses se han concentrado tantos procesos electorales en tan poco tiempo: elecciones vascas en abril, elecciones catalanas en mayo, elecciones europeas en junio. ¿Hay que votar? No necesariamente, incluso es lícito pensar -a la vista de lo visto- que votar no sirve absolutamente más que para resolver la vida de los candidatos electos. Claro está que no votar, implica aumentar las posibilidades de que cualquier desaprensivo ocupe el poder y saquee las arcas públicas.

Incluso es posible votar sin creer en que los recuentos de votos reflejen la “voluntad popular”, ni mucho menos asumir el fetichismo de la “soberanía popular” teóricamente implícita en una papeleta. No, de hecho, me repugna el que mi voto tenga el mismo valor que el de un ignorante en las materias que personalmente conozco, de la misma forma que no me siento competente en opinar con rigor en determinados temas que ignoro. No creo en la “igualdad”, ni de sexos, ni de voto… Por no creer, no creo ni siquiera en el sistema y la trayectoria de la España constitucional, con la vida política, social y pública, cada vez más degradada, me confirma en esta opinión.

Pero, posiciones personales como ésta, pueden ser consideradas como fundamentalistas y, por lo demás, carecen de desembocadura política: surgen de críticas “doctrinales” al sistema político demo-liberal, pero no afectan al día a día impuesto por la legislación vigente. Así pues, vale la pena, plantearse 1) A quién votar, 2) Lo que implica votar a cada opción.

ORDEN DE PRIORIDADES

Votar es un gesto banal. Irrelevante, incluso, para unos y un acto religioso para otros (no en vano el voto se considera sagrado, se introduce en una especie de relicario de la democracia -la urna-, situada sobre un ara, con un sumo sacerdote -el presidente- y dos monaguillos -los vocales-, y de ahí, mediante el exorcismo del recuento, de aquellos papeles, se dice que emana la “soberanía popular”; puro animismo). El ciudadano, incluso el que no cree en el sistema, pero no está dispuesto a que su absentismo electoral le sirva de mucho, debe plantearse qué es lo esencial para él.

Nuestro orden de prioridades sería, en principio, el siguiente; para que un partido merezca nuestro voto, debe:

1) Demostrar que resuelve más problemas de los que genera.

2) Demostrar que sus miembros son honestos y que los corruptos están ausentes.

3) Demostrar que tiene soluciones razonables a problemas reales.

4) Demostrar que cumple sus promesas.

A partir de estas exigencias, parece evidente que el número de opciones a las que se puede votar se ha reducido extraordinariamente. Ninguno de los partidos que han ostentado el poder desde 1978 cumple NINGUNA de estas condiciones. Así pues, quedarían las opciones minoritarias. Pero, el problema que tienen estas es que, en tanto que minoritarias, tienen pocas posibilidades de gobernar o bien de ser determinantes y deberemos conformarnos con que nuestro voto, literalmente, no sirva tampoco para nada, si va a parar a estos pequeños partidos que, hasta ahora, se han visto apeados del poder y tienen, hoy por hoy, pocas posibilidades de asumirlo en solitario.

Así pues, habrá que establecer otros baremos. El primero de todos es la orientación política de cada candidatura. Y por eso es necesario que nos fijemos en:

1) Su actitud ante la unidad del Estado: todo el que habla de “autonomías” tiende a disminuir el peso del Estado y a generar taifas autonómicas. Y de la misma forma que la proliferación de moneda da lugar a la inflación, o la multiplicación de leyes devalúa también la propia Ley, así mismo, la reproducción de “territorios autonómicos” debilita la idea de Estado, de Autoridad y de Poder.

2) Su actitud ante las ideas y los valores: aquí solo hay dos posibilidades. O se vota a una opción “progresista” o se vota a una opción “conservadora”. La primera es una permanente fuga adelante: lo que está de moda es lo que propone, sin más consideraciones. La segunda, en cambio, aspira a mantener posiciones que han existido siempre: la familia heterosexual, la defensa de la vida, la unidad del Estado, etc.

3) Su énfasis en la defensa de lo que dice defender: ahí es donde quiebran los centrismos, el centro-derecha o el centro-izquierda, la derecha progresista y demás. Si se está en política se está porque se dispone de un modelo: en el “centro político” no hay otro modelo que el oportunismo. Se defiende lo que se tiene la sensación de que va a ser apoyado por el voto mayoritario de la ciudadanía. La defensa centrista es siempre tibia, oportunista y justifica cualquier traición y todo incumplimiento de promesas electorales.

Pero esto es excesivamente vago y no resuelve los grandes problemas que este país y cada “comunidad autónoma” afronta. En primer lugar, porque los partidos mayoritarios apoyan el “Estado de las autonomías” (en la medida en que facilita una distribución del poder y de los recursos públicos entre muchas distintas opciones política a pesar de que supongan una losa para un país de recursos limitados como España). En segundo lugar, porque no está suficientemente clara la divisoria entre conservadores y progresistas al existir posiciones equívocas: el Casado luciendo la misma escarapela de la Agenda 2030 que luce Sánchez es buena muestra de ello. Las reiteradas declaraciones de Feijóo afirmando que su principal opción de pacto sigue siendo el PSOE, tampoco contribuyen a clarificar la posición del PP. Y, finalmente, actitudes como la de Page y Vara en el PSOE resultan incomprensibles: si estás tan en desacuerdo y te sientes tan incómodo en el partido pedrosanchista ¿porqué no lo abandonas de una vez?

Así pues, un análisis “doctrinal” de las propuestas de los partidos políticos, tampoco lleva a nada concluyente. Así pues, será necesario realizar un ANÁLISIS POLÍTICO en donde, resultará mucho más claro a quien votar.

EL ANÁLISIS POLÍTICO DEL VOTO

Para determinar a quien votar hace falta, antes, hacer unas precisiones:

- votar no implica comprometerse con ninguna opción. No es necesario que exista ningún nexo de militancia, ni siquiera de simpatía, entre lo que uno cree y a quien entrega su voto.

- el voto es algo volátil, fluido. Hoy se vota a éste, mañana a aquel, pasado al otro, nada obliga -salvo la cerrilidad- a votar siempre por la misma opción, con lo que se obtiene inevitablemente el mismo resultado.

- no hay que plantearse a quién votar por una cuestión de afinidad o proximidad doctrinal o ideológica, sino en función de los efectos que se quieren obtener.

Vamos a poner un ejemplo reciente: en las anteriores elecciones generales, existía la presunción de que Sánchez había demostrado suficientemente ser el “peor presidente de la democracia”. Con mucho. Superando incluso la mediocridad de ZP: ZP vivía en un mundo de Bambi y nunca se enteró de gran cosa, especialmente en materia económica. Con Sánchez estamos ante un caso clínico, un ególatra sin escrúpulos, sin principios. No cree en nada salvo en su propia ambición que vive de espaldas a cualquier empatía. Así que había que votar “a la derecha”… pero ésta se presentaba dividida en dos opciones.

El resultado fue que Sánchez sigue en el poder y la derecha se sigue desgañitando y ni siquiera parece haber entendido la lección: presentar a dos candidaturas conservadoras en provincias pequeñas implica dividir el voto y, por tanto, facilitar el que los candidatos del PSOE logren colocar a uno de sus candidatos, perdiéndose los “restos” de las opciones de derecha gracias a la malhadada Ley d’Hondt. Lo normal -SI DE LO QUE SE TRATABA ERA DE EXPULSAR A SANCHEZ DEL PODER- era que las dos opciones de derecha hubieran adoptado alguna de estas posiciones:

- Elaborar un PROGRAMA COMÚN, y una única candidatura

- O bien, haber llegado a acuerdos para presentarse UNIDAS en algunas provincias,

- O bien que alguna candidatura renunciara a presentarse en alguna provincia obteniendo compensación en otra.

Ahora bien, las dos opciones de derecha querían conservar sus posiciones, avanzarlas y pensaban, el PP que alcanzaría la mayoría absoluta y Vox que el PP estaría dispuesto a gobernar con ellos en coalición. El resultado ha desmentido a unos y a otros: sigue gobernando Sánchez.

Seguramente, los electores que votaron a Vox y los que votaron al PP se sintieron muy cómodos con sus respectivas opciones. Bien por ellos. Pero Sánchez sigue en el poder, así que algo falló en sus cálculos. Y cuanto antes lo reconozcan, antes Sánchez será desalojado del poder.

LA PRIMERA VALORACIÓN: 

ENEMIGA PRINCIPAL Y ENEMIGO SECUNDARIO

De lo anterior, se deduce que el primer problema que un ciudadano debe plantearse a la hora de depositar su vota consiste en valorar, según él, cuál es su “enemigo principal” y qué otro es su “enemigo secundario”. El “enemigo principal” será aquel que es considerado como el principal riesgo (por su insensatez, por su corrupción, por los problemas que genera y por los que ha generado). Es contra él que deben dirigirse todas las baterías: porque si es el “enemigo principal” se trata de desalojarlo del poder antes de que sea tarde.

Es posible que el “enemigo secundario” suponga también un riesgo, e incluso cabe la posibilidad de que el “enemigo secundario” de hoy pueda llegar a ser “enemigo principal” en una legislatura posterior. También esto es fluido y debe analizarse en función de cada momento político concreto.

Para aquellos que dicen “PP y PSOE son lo mismo”, cabe responderles que tienen razón en el terreno doctrinal (ambos son dos muestras de “centrismo”, hipócrita, poco comprometido con “valores” que pueden traicionar -y que, de hecho, traicionan en cada momento). También tienen razón en que hemos llegado a la situación actual de la mano de gobiernos de centro-izquierda (González, ZP), de centro-derecha (Aznar, Rajoy). Pero no estamos haciendo historia sino valorando cuál es el “mal menor”: porque de eso se trata. De elegir entre una opción “mala” y otra opción “peor”.

En el fondo se trata de “subir” o “bajar” un peldaño: al final de la escale, arriba a todo, se encuentra el ideal, resplandeciente, pulcro, un Estado eficiente, en el que impera el orden y la autoridad, la justicia y la prosperidad. Por eso se trata de aproximarse, peldaño a peldaño, hacia ese objetivo ideal. Por el contrario, en los peldaños descendentes, puede llegarse a las puertas del mismísimo infierno. Nosotros, estamos en camino de llegar a ese punto omega en el que ya se percibe el calor abrasador del averno… El votante debe ser consciente de si su voto va a servir para subir o para bajar un peldaño en esta escalera ideal.

Pero ni siquiera este criterio es suficiente.

SEGUNDA VALORACIÓN: 

TEMPUS FUGIT

Para la mayoría de conciudadanos, el voto supone un desahogo momentáneo y puntual. Pero, si se decide votar, hay que tener en cuenta la proyección de ese voto en el futuro. Alguien cambiará la imagen anterior y dirá: “No, no se trata de una escalera, sino de caminar o no hacia el precipicio”, con la lógica conclusión: no puede votarse a aquel cuyo programa nos propone un salto sin red al vacío… Si vemos así las cosas, las fuerzas políticas se caracterizan:

- la extrema-izquierda, LGTBIQ+, por proponer un salto al vacío a paso de carrera.

- la izquierda socialista, por marchar hacia el abismo a paso ligero.

- la derecha pepera, con ralentizar el paso hacia el abismo, e incluso por detenerse.

- la extrema-derecha, por tratar de invertir la marcha decididamente.

Así pues, si aceptamos este análisis, aceptaremos que el voto más razonable debe orientarse hacia Vox, salvo que se aspire a contribuir al “suicidio nacional”.

Pero, lo hemos dicho en el título del parágrafo: el tiempo fluye. Cada momento requiere un análisis “estratégico” preciso. ¿Y esto por qué? Respuesta: por lo dicho anteriormente, porque cada momento tiene su “enemigo principal” y su “enemigo secundario”.

Seamos más claros: si el elector juzgaba que había que alejar el fantasma depredador del pedrosanchismo, en las pasadas elecciones generales, lo más razonable hubiera sido votar directamente al PP, y no por identidad con el programa de Feijóo, sino para que alcanzara mayoría absoluta y lanzara a la cuneta al pedrosanchismo. Pero ¿no estaría el voto a Vox mucho más próximo de quien sostiene que, ya no se trata de “saltar o no al vacío”, sino de revertir la marcha hacia ese vacío…? En efecto, pero, como hemos visto, el voto a Vox en algunas provincias “de derechas”, determino el que, además de un diputado de derechas, los restos negaran un segundo diputado siendo este… socialista. Fue así como la derecha no obtuvo la mayoría absoluta, ni siquiera relativa.

Lo esencial y lo que Vox y, mucho más que Vox, sus votantes, deben entender es que EL MOMENTO DE VOX TODAVÍA NO HA LLEGADO. Para que el electorado considere masivamente el voto a Vox, la derecha pepera debe de haber tocado poder y fracasado en su gestión del poder. Será esa imposibilidad del PP para alcanzar los objetivos conservadores, lo que decantará el voto a Vox (o a un partido que surja de unión de Vox con una eventual ruptura entre el sector conservador y el sector liberal-progresista del PP). Y eso se producirá después de que el PP FRACASE en su gestión del poder.

¿Fracasará? Tal como quedará España cuando Sánchez sea desalojado del poder, a cualquier gobierno le resultará prácticamente imposible superar las lacras en política internacional, el caos legislativo, el crecimiento de los nacionalismos periféricos, la deuda pública, la inseguridad jurídica, la cuestión de la inmigración masiva (que no admite más que una solución: expulsiones masivas, cierra de fronteras y control de costas y aeropuertos por parte de las fuerzas armadas), reformas legislativas en todos los ámbitos, etc, etc, etc. Y el PP no está preparado, prácticamente, para hacer ninguna de estas tareas, ni Feijóo tiene carácter para afrontar en bloque la “tormenta perfecta” que tenemos ante la vista.

¡Claro que un gobierno del PP fracasará! Por eso decimos: hoy, la hora de Vox todavía no ha sonado. Hace falta que el PP tenga el timón en sus manos, pero que demuestra que, efectivamente, su papel histórico en esta hora de España, ha sido SOLAMENTE desplazar al pedrosanchismo -hoy por hoy es el partido que más posibilidades tiene de cumplir esta tarea- pero esto es todo: a partir de ese momento, ya no se tratará de pensar en su detenerse en la marcha que hemos seguido hacia el abismo, sino de dar invertir el camino. Y aquí si que el PP no está ni anímica, ni programática, ni doctrinalmente preparada para acometer esa tarea.

No olvidemos que el “Estado de las Autonomías” y la “constitución” llegaron de la mano de Fraga Iribarne, no olvidemos que Aznar “hablaba catalán en familia” y que nos embarcó en la guerra de Irak, no podemos olvidar los casos de corrupción protagonizados por el PP, no olvidemos que Rajoy “solucionó” el problema del “procés”, judicializándolo, una salida falsa como se ha demostrado cuando Sánchez lo “desjudicializó” amnistiando a diestro y siniestro por siete votos parlamentarios…

TERCERA VALORACIÓN: 

¿DE QUÉ ELECCIONES ESTAMOS HABLANDO?

En junio elecciones europeas, son de un rango muy diferente a las elecciones autonómicas catalanas y vascas. En todas ellas, el voto debe valorarse en función de los objetivos políticos propuestas. Obviamente, en todas ellas, se trata de alcanzar el objetivo principal: golpear al pedrosanchismo, de tal forma que sucesivas derrotas -unidas a las causas judiciales abiertas- afecten a su permanencia en el poder y le obliguen a convocar elecciones antes de fin de año.

Así pues, en las elecciones autonómicas catalanas y vascas se trata de votar a la opción que más y mejor pueden contribuir a este objetivo. De lo único que se trata es de que la sigla PSOE, la sigla PSE y la sigla PSC, sean revolcadas en el fango de la pocilga. Así de sencillo. Se trata, pues, de votar a opciones que más puedan deteriorar la imagen y el peso del pedrosanchismo en la política española.

La tendencia actual es a que el “PSOE” vaya disminuyendo en votos y, por tanto, se vuelva cada vez más irrelevante en política española. Repasar la historia de ese partido, es repasar los peores momentos de nuestro país, en los que siempre ha ocupado un papel protagónico y desencadenante, incluida en el tránsito seguido entre 1933 y 1936 que llevó a la guerra civil. Que la “sigla maldita” desaparezca cuanto antes y para siempre (como, por lo demás, han hecho sus hermanos italianos y franceses). La tendencia actual es a la radicalización de los bloques: derecha contra ¿izquierda? No, en realidad: ESPAÑA contra NO-ESPAÑA. Galicia: PSOE tercera fuerza, segunda fuerza, UPG. Madrid: PSOE tercera fuerza, segunda fuerza Mas Madrid… Todo induce a pensar que, en el futuro, el único debate será entre los partidarios de la “unidad del Estado” y los partidarios de la “desaparición del Estado Español”. Y es bueno que así sea, para que las cosas estén claras: o a favor o en contra, sin oportunismos “federalistas”, ni búsqueda de equidistancias imposibles.

Por tanto, en las elecciones catalanas y vascas, yo me atrevería a recomendar el voto para cualquier partido que se oponga a las políticas oportunistas del socialismo y que, por tanto, contribuya a debilitar al PSOE en su hegemonía política sobre el aparato del Estado. En ambas comunidades, todo induce a pensar que el PP va, en estos momentos, por delante de Vox y, por lo demás, como hemos dicho, la hora de Vox todavía no ha sonado.

Sin embargo, en las elecciones europeas la correlación de fuerzas es distinta. En el parlamento europeo, las fuerzas de la derecha liberal con las que se identifica Feijóo son precisamente las que están permitiendo los destrozos contra la agricultura europea, los que están aislando a países díscolos centro-europeos, los que pactan con la izquierda progresista el bloque a medidas antiinmigración. Pero en estas elecciones europeas puede producirse un vuelco total en las posiciones. En el momento de escribir estas líneas, todos los sondeos prevén un avance brutal de las posiciones de la derecha nacional europea, un descalabro de la izquierda y un retroceso. Y en esas elecciones si que está claro que el voto a Vox es la opción más razonable, pensando que, en el parlamento europeo, el ascenso de los distintos grupos de la derecha nacional conseguirá bloquear los aspectos más deletéreos de la política impuesta por Von der Leyen.

Al igual que en otros países europeos, también en España, la victoria en unas elecciones europeos puede ser el signo del inicio de la decadencia de la “derecha liberal” y del tránsito de votos a la “derecha nacional”. Y, por otra parte, en el Parlamento Europeos, la “derecha libertad”, la “socialdemocracia” y el “ecologismo”, frecuentemente asociados en los mismos proyectos, y, por tanto, unidos en un “bloque progresista” (sin el cual los liberales del PP se sienten huérfanos), constituyen el “enemigo principal”, mientras que los partidos de la derecha nacional son estos momentos, los únicos que pueden reformar desde dentro la UE, proceder al cierre de fronteras, a la reversión del fenómeno migratorio, a las expulsiones masivas, y a la abolición de los tratados que perjudiquen a la agricultura y resten soberanía alimentaria a los países europeos, o detengan la locura armamentística injustificada que se está alimentando desde Washington con el visto bueno del “bloque progresista”. 








martes, 19 de marzo de 2024

HIPÓTESIS SOBRE LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES CATALANAS

No está muy claro cuál va a ser la repercusión de las elecciones catalanas, ni siquiera los resultados. Se ignora, por el momento, el efecto que pueden tener medidas como la amnistía, los casos de corrupción y cómo reaccionará el electorado nacionalista. Ni siquiera en la derecha están claros los resultados. Todo empezará a verse más claro cuando se sepa el resultado de las elecciones vascas (que albergan menos incertidumbres) y cuando se deshinchen los globos mediáticos sobre el “Caso PSOE” y la respuesta socialista activando el ventilador de la corrupción (esto es, cuando se vayan conociendo los alcances jurídicos y penales de ambos casos). Al mismo tiempo, ni siquiera están claros algunos candidatos que se presentarán (empezando por Puigdemont), ni mucho menos son creíbles los sondeos publicados. Así pues, vamos a intentar contemplar distintas hipótesis.

ILLA: ¿SUBIRÁ O BAJARÁ? YA NADA DEPENDE DE ÉL NI DE SU CAMPAÑA

En nuestra opinión Illa es un candidato “tocado” por sus propios errores durante la pandemia (él mismo dijo que al ser nombrado “ministro de sanidad”, no tenía ni idea de sanidad y nadie esperaba que se produjera la llamada “pandemia”) que no afectan solamente al manejo alegre de fondos del ministerio que se perdieron en mascarillas inservibles, tests igualmente falsos y material caro, malo y que se destruyó sin exigir devoluciones. Lo peor no es esto: esto sería, en el peor de los casos, incapacidad para gestionar un ministerio (algo previsible en un tipo que carecía por completo de experiencia en gestión y cuyo modesto título de “licenciado en filosofía” no le ayudaba en nada). Lo peor es que durante la gestión de Illa murió gente. Entonces, cuando el miedo atenazaba a la sociedad española, estábamos poco dispuestos a creer que la mayoría de las muertes se debían a la “mala praxis médica” recomendada por la Organización Mundial de la Salud, pero, desde entonces, las voces que ya lo advirtieron en aquel momento, se han convertido en un clamor. Y no, no somos negacionistas: existió pandemia y existió el virus… pero el mayor crimen fue recomendar unos protocolos que, en lugar de erradicar el virus cuando aún se podía, tendían a “hundirlo” en los pulmones de donde ya era imposible erradicarlo. Esa es la tesis que cada día gana más fuerza y que, en su momento, pocos médicos se atrevieron a denunciar.

Aquella mala gestión, presentada por Sánchez como un “gran éxito”, fue suficiente para desplazar a Illa al frente del PSC catalán en donde sigue. Ahora queda saber, si en los dos meses y medio que quedan hasta las elecciones, surgirán nuevas informaciones, tanto sobre el descontrol que existía en el ministerio de sanidad durante su gestión, como el error de aplicar protocolos contraproducentes en el trato de la enfermedad. El futuro de Illa dependerá, en gran medida, de esto, pero, además se le junta otro problema.

EL PRECIO DE LA AMNISTÍA QUE PAGARÁN LOS SOCIALISTAS

El electorado socialista que permanezca fiel al PSC deberá de aceptar la versión oficial pedrosanchista sobre la oportunidad de conceder la amnistía: que se trató de una medida para poner el contador a cero, limpiar los errores del pasado, perdonar delitos de todo tipo a cambio de garantizar la convivencia. Pero este razonamiento es débil por dos motivos: el primero de todos, que el contador no está a cero. En realidad, los independentistas, ahora, están más fuertes que antes: consideran que no hicieron nada ilegal y, han repetido, por activo y por pasiva, que volverían a hacerlo. Así pues, los propios independentistas se encargan de desmentir y desmontar el razonamiento de quien les ha indultado. El segundo motivo es que resulta demasiado evidente que Sánchez sigue en el poder gracias a los 7 votos de Junts y que los ha obtenido para alcanzar una escuálida mayoría, obteniendo a cambio, solamente, la seguridad de mantenerse unos meses más en el poder.

La maniobra ha sido urdida por Sánchez, pero su virrey en Cataluña es el que tendrá que dar la cara ante su electorado. La duda es si una cuarta parte de los votos que obtuvo el PSC en las elecciones generales, seguirá pensando que el PSC era el muro más seguro contra el independentismo, seguirá fiel a la sigla o se habrá convencido de que el PSC no solamente no es el “muro”, sino que es el ariete: esto es, el muñeco que, manejado por el independentismo, consigue abatir, mucho mejor que ellos mismos, las resistencias de la unidad del Estado. Porque esto es lo que viene produciéndose desde Pascual Maragall, el hombre, con el cerebro ya desbaratado por la enfermedad, que se obstinó en la reforma del Estatuto (cuando no existía demanda social alguna), pacto con ERC y dio origen al problema que actualmente sigue vivo (y no lo estaba a principios del milenio, salvo en minorías juveniles muy radicalizadas).

LO IMPORTANTE ES QUIEN SUPERARÁ A QUIEN: ERC A JUNTS O VICEVERSA

El espacio independentista es, literalmente, caótico: ni siquiera dentro de las dos grandes formaciones (ERC y Junts) se está de acuerdo en lo que se pretende y mucho menos en cómo conseguirlo. Una nebulosa se percibe en ambos partidos en sus propuestas. Agitan todavía el tema de la independencia, pero da la sensación de que lo único que les interesa es liquidar el asunto, consiguiendo un “referéndum de autodeterminación” (“no vinculante” para unos y “vinculante” para otros). A diferencia de en 2007, los más lúcidos, dan por sentado que ese referéndum daría un resultado negativo… pero, al menos, podrán ´decir a su electorado, “lo hemos intentado”. Pocos son -pocos de los que tienen neuronas y las utilizan- los que piensan que la independencia de Cataluña es posible en las actuales circunstancias. El fracaso del “procés”, les ha hecho meditar… aunque no tengan el valor de afirmarlo públicamente, porque, como se sabe, el fin de un partido nacionalista/independentista es la independencia y, si esta no se puede conseguir, ¿para qué existe la sigla?

No vamos a presenciar un debate entre dos programas políticos realistas, sino entre un programa “posibilista” (el de ERC) que quiere seguir detentando las riendas de la gencat, y un programa “agresivo” (el de Junts) que quiere restituir en la presidencia a Puigdemont. Los dos se declaran “indepes” y quieren convencer a su electorado de que lo siguen siendo, pero, en realidad, los dos, lo que quieren es tener las más amplias parcelas de poder para alimentar a sus cuadros. Eso es todo. La duda de si se producirá el sorpasso de Junts a ERC o si ERC mantendrá la hegemonía en el jardín indepe, es lo único que está en juego. ¿Referéndum? Ambos partidos han llegado a la conclusión de que lo mejor es… “jugar y perder”.

LAS FUERZAS NO INDEPENDENTISTAS

Teniendo en cuenta que el PSC juega la carta del equívoco desde la misma fusión de las distintas ramas del socialismo catalán en la transición, y su postura “federalista” es tan inviable como la “independentista”, el electorado que todavía conserva cierto sentido de la realidad nacional e internacional, está ubicado fuera de los márgenes del ambiguo socialismo catalán. En efecto, nos estamos refiriendo al PP, a Vox y a los restos de Ciudadanos. El electorado no independentista y “españolista” o “estatalista”, desearía que estas formaciones se presentaran bajo una misma etiqueta. De hecho, la lógica política implica que así debiera ser y que el poder de atracción de un polo así concebido sería el tercer actor político en Cataluña (tras el bloque independentista y tras el PSC). ¿O hay que recordar que Ciutadans, fue el partido más votado en las elecciones regionales de 2017? Y su programa se reducía a un solo punto: “no al nacionalismo – no al independentismo”.

Por otra parte, la derecha no ha extraído conclusiones de su derrota en las elecciones generales de 2023 que se debió a presentarse dividida en dos opciones, lo que permitió que se perdieran “restos” en beneficio del PSOE y en aplicación de la Ley d’Hondt. Cada uno de los dos partidos cree que podrá quedar “por delante” del otro en Cataluña. Pero, lo que está demasiado claro, es que la división de las fuerzas “estatalistas” seguirá siendo el factor que las suma en la irrelevancia en la política regional.

Si el PP queda por delante de Vox, su dirección podrá alardear de “éxito electoral” (lo más probable es que aumente el número de votos, lo que no está tan claro es de dónde procederán esos votos, si de Vox o de sectores decepcionados con el PSC) y reforzar el previsible avance que obtenga en las elecciones vascas, en donde las últimas encuestas dan una pérdida notable de votos al PSOE (en beneficio, por una parte, de Bildu y, por otra, del PP). Para Vox, quedar por delante del PP supondría mantenerse como una opción tentadora para los votantes de este último partido que cada vez más quieren posiciones más claras y menos contemporizadoras.

De todas formas, el gran error y lo que limitará las posibilidades y los resultados “estatalistas” es su persistencia en desconocer que solamente un “programa único” podría llevarlos a competir con los dos otros bloques de la política catalana.

LO QUE SERÍA DESEABLE PARA EL ESTADO

Cataluña es la única reserva importante de votos que le queda a Pedro Sánchez. Sean cuales sean sus resultados en el País Vasco, aquella comunidad no puede aportar numéricamente gran cosa al PSOE. Si Sánchez consigue detener la sangría de votos socialistas catalanes, corre el riesgo de estabilizar su situación (hoy extremadamente precaria). Pero, para eso, haría falta que Illa obtuviera un buen resultado y que esto le permitiera entrar en el gobierno de la gencat, junto a ERC (en caso de que este último, como es seguro, no obtuviera una mayoría suficiente para gobernar en solitario).

Desde el punto de vista del “interés nacional” y de la “gobernabilidad del Estado”, una derrota socialista en Cataluña o, al menos, un descenso significativo de votos (al que se uniría en apenas un mes, una derrota previsible y sin paliativos de toda la izquierda europea en las elecciones de la Unión Europea), es deseable, necesaria y supondría otro golpe de piqueta para la existencia de la sigla “PSOE”.

Desde que se inició el “procés”, siempre hemos sostenido que la independencia de Cataluña era completamente imposible, además de inviable. Cada vez estamos más convencidos de esta afirmación. La situación catalana está tan degradada, especialmente en materia de orden público y seguridad ciudadana que, aunque la temática no ocupa el primer plano en los programas de los partidos, está ahí para quien verla: un tercio de la población catalana ha nacido fuera de España o son hijos de extranjeros; ya existen zonas en Cataluña en donde la policía ha sido expulsada y diariamente se repiten incidentes cuando la policía entra en barrios de Salou, de Tarrasa o incluso en zonas de la propia Ciudad Condal, las prisiones catalanas están descontroladas (el asesinato de una cocinera y las protestas de los funcionarios han exteriorizado la situación de control que ejercen los presos procedentes del Magreb), Barcelona ya es considerada como una de las ciudades más peligrosas del mundo… Y todo esto con la policía nacional y la Guardia Civil, literalmente expulsadas del territorio catalán y con una policía autonómica desbordada y sin posibilidades de combatir a la delincuencia. A esto se suman los problemas de desindustrialización, gentrificación, la concentración de la mitad de la población catalana en torno a la ciudad de Barcelona, con un campo abandonado a su suerte y un gobierno de la gencat, consciente de todos estos problemas, pero ansioso de comprar la paz étnico-social mediante subsidios y seguir creyendo que con un certificado de catalán, los casi dos millones de inmigrantes e hijos de inmigrantes ya están integrados.

Sin olvidar que Cataluña tiene la tasa de natalidad más baja de todo el Estado (y el Estado Español una de las más bajas de todo el mundo)… ¿Quién iba a decir que después de 45 años de “Generalitat de Catalunya” la propia identidad catalana estaría en trance de desaparecer? Por que ese es el problema real y de fondo al que se enfrenta la sociedad catalana. Por mucho que se empeñe la gencat en llamar al engendro creado “Cataluña multicultural”, lo cierto es que, si es “multicultural” no es “catalana”. Ni siquiera europea. Por eso, siempre hemos sostenido que una Cataluña independiente tendría muchas más posibilidades de integrarse en la Liga Árabe que en la UE… Lo dijimos y lo mantenemos.