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lunes, 22 de abril de 2024

ELECCIONES VASCAS: ASI VA CAYENDO LA SOCIEDAD VASCA...

“Empate entre Bildu y PNB”. “Sánchez salva momentáneamente la situación”. “La derecha asciende”. “Nada cambiará en Euzkalherria”… Son los titulares que pueden encontrarse hoy en la prensa nacional glosando las elecciones vascas. ¿Eso es todo? No, porque lo que interesa explicar no es el resultado, sino, más bien, dos elementos: ¿Cómo se ha llegado a él? ¿y cuál es la línea de tendencia? Y las respuestas evidencian el fracaso de una sociedad (la vasca y la española o, mejor dicho, la vasca por española). Porque el papel de los “nuevos españoles” ha sido determinante en el resultado.

LA DESNUDEZ DE LAS CIFRAS

Entre 1981 y 2006 la población española creció un 18’46%, mientras que en el país vasco descendía un 0,05%. La única provincia que no perdió población desde los años 70, fue Álava que tuvo siempre un crecimiento demográfico positivo. En cuanto a la inmigración, en 2017 el número de extranjeros residentes en el País Vasco era un 6,’5%, mientras que en el resto de España era casi el triple. Pero, a pesar de estas cifras, desde 1991 -cuando empezó a percibirse la presencia de inmigración en la sociedad vasca, la población pasó de 2.133.684 a 2.227.581 habitantes. Y este crecimiento de casi 100.000 habitantes, se ha debido EXCLUSIVAMENTE a la inmigración. Porque la natalidad en aquella región es una de las más bajas de Europa con 6 nacimientos por cada 1.000 habitantes (con una caída del 30% en relación a 2012).

Más datos demográficos. En 1975, cuando muere Franco, el índice de fecundidad era de 2’78. En 1996 llegó a 0’94 y solo a partir de ese momento se recuperó hasta llegar a 1’6. La explicación a la caída de natalidad entre 1975 y 1996 se debió, obviamente, a las 180.000 personas que huyeron del País Vasco a causa del terrorismo etarra, a lo que se unió la crisis generalizada de la industria -que repercutió con mucha más dureza en aquella región que ha perdido absolutamente toda su industria pesada- y un descenso generalizado de la natalidad en todo el Estado. Pero -y esto es lo importante- si desde 1996 empieza a subir el índice de fecundidad vasco, es gracias a la inmigración que empieza a llegar masivamente en España y por goteó en el conjunto vasco. En 2022 la proporción era de 1.938.232 vasco-españoles y 288,952 extranjeros (así como un número de entre 20 y 30.000 “nuevos españoles” con derecho a voto).

En otras palabras:

1) se ha producido un envejecimiento de la sociedad vasca (y con ella un estancamiento de votos del PNV: 349.960 votos en 2020 a 370.554 en 2024. ¿Un aumento? Si, pero debido a dos factores notorios: el aumento de 10 puntos en la participación que fue mucho mayor ayer que hace cuatro años, pasando del 52’86% al 62,52% y el “voto útil de la derecha” que se ha ido desplazando desde Ciudadanos e, incluso, desde el PP, al PNV.

2) ha irrumpido con fuerza el voto de los “nuevos españoles” que, ha sido “trabajado” especialmente por Bildu. Esto, unido a la muerte natural de Podemos y a la agonía de Sumar (que habían llegado a tener en 2016, 11 escaños, para quedarse con 7 en las siguientes y con apenas 1 ayer) explican el resultado de Bildu. A diferencia de en otras regiones, en el País Vasco, el voto de los “nuevos españoles” no se ha orientado ni hacia Sumar, ni hacia el PSOE.

¿QUIÉN HA GANADO?

Todos -salvo Sumar-, en realidad, pueden afirmar que “han ganado”. Y, de hecho, así es, si atendemos a los intereses de partido, pero, si se trata de los intereses del Estado o de la Nación, incluso de la autonomía vasca, las cosas son muy diferentes:

- PNV.- ha perdido 4 diputados, pasando de 349.960 votos a 370.554. El aumento de votos está vinculado a la llegada de votos procedentes de la abstención y del centro-derecha (Cs). En porcentaje ha descendido del 39,07% al 35,22%. No es ningún secreto que se trata de un voto “envejecido”. Gobernar con el PSOE no le ha reportado ventajas, sino una constante pérdida de influencia en la sociedad vasca.

- EH Bildu.- ha ganado 6 escaños, obteniendo los mismos que el PNV, pero con 30.000 votos menos. A pesar de que la cocina del CIS de Tezanos le daba como vencedor, deberá esperar aún cuatro años para el “sorpasso”. El 36,9% de ayer, frente al 27,86% de 2020, supone un aumento del 9%. Ningún otro partido puede alardear de un avance así: de 249.580 votos ha pasado a 341.735 votos. Esos votos han venido de tres caladeros: votos que fueron a parar a Podemos, votos de la inmigración y votos jóvenes.

-PSOE.- con 149.660 votos, un 14,22% y dos escaños más que en la anterior legislatura, la candidatura socialista no se ha visto afectada por los escándalos, ni por el “blanqueo de ETA”. En 2020, el resultado socialista fue de un 13,65% con 122.248 votos y 10 diputados. Esos votos de más proceden preferentemente del antiguo Cs.

- PP.- también ha subido en votos, pasando de 60.650 (6,77%) a 97.149 (9,23%). Votos llegados, indudablemente, de Cs y seguramente también de algunos electores socialista decepcionados.

- Vox.- igualmente puede alardear de “victoria” a pesar de haberse quedado con un 2’02% y 21.396 votos, lo que supone 4.000 votos más que en las elecciones de 2020 y una leve mejora en el porcentaje (en aquella ocasión obtuvo 17.517 votos y un 1,96%.

- Sumar.- El único derrotado ampliamente es Sumar cuyo antecedente, Podemos (que también se presentaba a las elecciones). La extrema-izquierda ha quedado desecha por estas elecciones: sus votos han transitado hacia opciones como el PSOE (los menos nacionalistas y los más moderados) y EH-Bildu (los más radicalizados). Su derrota es evidente en la desnudez de las cifras: de 72.113 votos, 6 diputados y un 8,05% de votos en 2020, mientras que ayer perdió algo más de la mitad de votos (quedándose con 35.092, un 3,34% y apenas 1 diputado). Resulta inevitable que este fracaso repercuta en el interior de la sigla y la imagen de Yolanda Díaz empiece a ser cuestionada.

¿LA INTERPRETACIÓN DE LOS RESULTADOS?

1) El nacionalismo y el independentismo dominan la política vasca.- PNV y EH Bildu, cada uno con 27 diputados, suponen 54 diputados del total de 85 del parlamento vasco. ¿Podrían ponerse de acuerdo nacionalistas y filoetarras para marchar hacia un proceso independentista? Casi imposible. Salvo en arrebatos puntuales, el PNV ya no está por la independencia vasca, es perfectamente consciente que una “Euzkadi independiente” sería inviable. Ya no hay industria pesada en la región, el sistema cooperativo hace décadas que está retrocediendo, la región vive… del turismo. No hay posibilidades de que las “provincias vasco-francesas” se unan. Incluso la incorporación de Navarra a la comunidad vasca, no es un objetivo prioritario para el PNV que se limita a “gestionar” el patrimonio.

2) Un resultado completamente diferente al gallego y completamente diferente al que se dará dentro de un mes en Cataluña.- Ambos partidos tienen un fondo nacionalista, pero el gran problema es que el PNV es la “derecha”, mientras que EH Bildu es la “izquierda”. Tal y como se configura el actual parlamento regional vasco, lo más probable es que se reedite la coalición PNV-PSOE, al menos en los primeros años de la legislatura. El único elemento común en las elecciones vascas y gallegas es que el socialismo es el tercer partido, y el hecho de que la “derecha” (PP en Galicia, PNV en País Vasco) y el “independentismo” (UPG en Galicia y EH Bildu en el País Vasco) son los elementos determinantes: polarización entre conservadores e independentistas. En Cataluña la situación será muy diferente: el nacionalismo (que presenta seis candidaturas, cada una preocupada por aparecer como más “fieramente independentista”) tendrá enfrente a la “derecha” (PP y Vox). En medio quedará el PSOE. Y aquí, en Cataluña, es donde verdaderamente Sánchez se juega su futuro: si no obtiene una victoria clara, su política de “renuncia preventiva” ante los nacionalistas, constituirá un fracaso. La diferencia es que, mientras que Galicia y el País Vasco el PSOE es tercera fuerza (a distancia de los “grandes”), en Cataluña -el único caladero de votos que le queda al socialismo español- quedar en tercera posición sería una catástrofe.

3) El resultado electoral es el resultado de las políticas nacionalistas.- La sociedad vasca sigue anestesiada, prefiere no pensar en su pasado, ni en los 800 asesinados por ETA, ni en su evidente desindustrialización, ni siquiera en su pequeñez (los que han acudido a voto, poco más de 1.000.000, es exactamente ¡un tercio! de la población de la ciudad de Madrid…), ni en su cambio demográfico, ni siquiera en la violencia que sigue presente en la sociedad vasca. El nacionalismo ha gobernado ininterrumpidamente en la región, ha aplicado sus políticas durante más de 40 años y el resultado no ha sido la “vasquización”, sino la “alucinación vasca”. Hay pocas regiones del Estado que tengan una conciencia tan errónea de sí misma, de su propia historia y de su pasado reciente, como la comunidad autónoma vasca. “Alucinación” es creer que lo inexistente o lo que fue, es la realidad. Y la realidad es que en 2020 casi el 50% del electorado se abstuvo de participar en las urnas y la abstención en 2024 ha sido igualmente alta: el 38%. El euskera es obligatorio en la enseñanza, a pesar de que, salvo en algunas zonas de Guipúzcoa y del norte de Navarra, se habla muy poco (nada en Álava, muy poco en Guipúzcoa).

4) Una sociedad que ya no es independentista.- La “alucinación” vasca llega a que los jóvenes confundan entre “independentismo” e “izquierda” y esto explica el porque el bloque nacionalista-indepe suma casi el 75% de los escaños, cuando solamente ¡el 18% de los vascos se declaran “independentistas”! En otras palabras, el votante vota sin reflexionar sobre a quién vota, sin ser coherente entre lo que vota y lo que cree… como en el resto de España. Pero lo cierto es que toda la inversión nacionalista en el terreno lingüístico (tanto en el País Vasco como en Cataluña), verdadera obsesión del nacionalismo, se ha revelado como un fracaso: los jóvenes son “nacionalistas”, incluso “independentistas” en el País Vasco… pero cada vez hablan menos euskera. Votan “abertzale” porque “es de izquierdas”, nada más, mucho más que por que sea independentista. Lo esencial, de todas formas, no es el votante (engañado inevitablemente por unos o por otros), sino la dirección de EH Bildu que tiene ínfulas de lograr algún día “la Gran Euzkadi” con Navarra y con las provincias vasco-francesas. Las encuestas sobre las posibilidades de independencia vasca indican a las claras que el ciudadano media no está por la labor. El PNV ya no es el del “plan Ibarretxe”, ni siquiera el sabiniano de “Dios y leyes viejas”: es un gestor de derechas conservador, algo horrorizado por los cambios que está teniendo la sociedad vasca y, mucho más, porque esos cambios, más que beneficiarle a él, benefician a su “competencia”, EH Bildu.

5) La derecha desunida e impotente.- A pesar de las declaraciones de victoria del PP, ganar un diputado no es, lo que se dice, un “exitazo”. Otro tanto cabe decir de Vox que se ha limitado a felicitarse por ganar 5.000 votos y conservar su diputada. El drama de la derecha española actual es que necesita unirse para derrotar al pedrosanchismo, pero las diferencias son abismales y siguen creciendo con las torpezas de Feijóo (aceptar entrar en el juego de la regularización de 500.000 inmigrantes, o no llamando a declarar a la esposa de Sánchez a la comisión de investigación del senado, o seguir afirmando que su política de pactos apunta sobre todo al PSOE, o su apoyo a Von der Leyen para que siga al frente de la UE…). El riesgo de Vox era que desapareciera en el País Vasco, después de no haber entrado en el parlamento gallego. Dos derrotas así corrían el riesgo de arrastrar en su caída a Vox en Cataluña y estancar su crecimiento en las elecciones europeas. Es importante que Vox siga presente (y, a la espera de “su momento” que sonará cuando gobierne Feijóo) en la política nacional, para condicionar y erosionar a la “derecha liberal”. Pero el drama es que, sin unidad de la derecha, sin un “programa común”, sin un desplome judicial del pedrosanchismo, éste puede agotar la legislatura trampeando, cediendo a unos y a otros, comprando el voto mediante subsidios y nacionalizando inmigrantes y dejando el país, antes o después, literalmente destrozado e inviable por el peso de la deuda y la losa que suponen millones y millones de pensiones no contributivas.

6) Nada cambiará en el día a día vasco.- seguirán gobernando en los próximos años los mismos que lo han hecho en los últimos años: PNV + PSOE. Es posible que para remontar su pérdida de votos, el PNV tienda a impulsar un “nuevo estatuto”… Pero es difícil redactar otro texto estatutario sin antes realizar una reforma “confederal” en el Estado. Por otra parte, el ridículo del “procés” catalán pesa como una losa en la mente de los dirigentes nacionalistas. Todo empezó con “el nou Estatut” de Maragall. Desde entonces, la política catalana ha ido cada vez más a la deriva y, lo que es peor, en ambos territorios la desindustrialización ha sido constante (en Cataluña, todavía, siguen yéndose empresas y la creación de la planta de fabricación de coches eléctricos -que cada vez se venden menos- de la china Chery, inaugurada por Sánchez en Barcelona, no compensa la pérdida continua de tejido industrial. La alegría de los socialistas vascos ayer era doble: por un lado, tenían la seguridad de seguir viviendo de la administración autonómica otros cuatro años, por otro reforzaban al pedrosanchismo.

7) ETA está “ganando la paz”.- ETA fue, policial y socialmente, vencida de forma inapelable. Gracias a Rodríguez Zapatero, una ETA arrinconada policialmente, derrotada, infiltrada, vencida, odiada y sin posibilidades de proseguir sus atentados, fue reivindicada y elevada al rango de “negociador” con el Estado. Ni se entregó el arsenal (para evitar la identificación de los autores de los atentados), ni cesó la violencia social en el País Vasco, la inmensa mayoría de crímenes o bien quedaron impunes o salieron a pocos años de cárcel por muerto… Zapatero, vale la pena no olvidarlo, fue el responsable del desaguisado. La legislación antiterrorista se relajó, los partidos independentistas empezaron a repuntar hasta hacerse imprescindibles para mantener al pedrosanchismo en el gobierno de la nación. ETA, por tanto, está “ganando la paz”… dando por sentado que la sociedad vasca esté “en paz” (que no lo está: y las agresiones contra los partidos constitucionalistas en esta campaña así lo confirmas, de la misma forma que sigue existiendo “presión psicológica” sobre los no-abertzales que optan por callarse y no opinar, lo que explica el 38% de abstención de ayer).

8) El caso alavés digno de comentarse.- EH Bilda ha obtenido en Álava 8 escaños, siendo la candidatura más votada, el PNV en segunda posición con 7, los socialistas con 4, mientras que el PP ha obtenido 4 y Vox 1. Lo sorprendente es que esta provincia era tradicionalmente el vivero de posiciones anti-independentistas, primero con Unión Alavesa y luego con Ciudadanos. Cabe decir que las medidas -más cosméticas que otra cosa- adoptada por el PNV han “vasquizado” a la provincia que hoy, mayoritariamente, ha votado a opciones nacionalistas. Casi puede decirse que el voto a la “derecha” estatalista es el último residuo de otros tiempos. También aquí cabe recordar que Álava tiene el 15,1% del total de la población vasca, pero el 17’8% (oficialmente) de inmigración (que en realidad es superior al 20% contando con los “naturalizados”). Entre 50 y 60.000 personas (del total de 338,765 de la provincia) han nacido en el extranjero. También en Álava, el “tirón” de EH Bildu se ha debido a la llegada masiva de “nuevos españoles” a las urnas.

CONCLUSIÓN: ¿HACIA DÓNDE?

En condiciones normales, un País Vasco, sumido en un proceso de desindustrialización creciente, cada vez más similar en su estructura económica al resto de España, viviendo del turismo, con una demografía autóctona menguante y una inmigración en aumento y en donde vota algo más de un millón de ciudadanos, debería de pesar poco en la política española. Pero la constitución del 78, otorgó a esta región y a Cataluña, la posibilidad de decidir cuando ningún partido estatalista alcanza la mayoría absoluta en las elecciones generales. Por otra parte, la importancia concedida al País Vasco en 1978 se debía a la acción de ETA y al intento de desactivarla mediante el concierto económico y un estatuto de autonomía de “máximos”. Pero la situación más de cuarenta años después, es radicalmente diferente: el RH vasco está cada vez más difuminado, el euskera es obligatorio en la enseñanza, pero se habla cada vez menos, la industria da paso al sector servicios de poco valor añadido… incluso la población se declara muy poco independentista (apenas un 18% en cifras aportadas por el sociómetro publicado por el propio gobierno vasco el 28 de marzo pasado; el 37% rechazaba cualquier forma de ruptura con España; un 35% estaría a favor o en contra “según las circunstancias”, incluso se apuntaba que solamente el 57% del electorado de EH Bildu es “independentista”…).

Estas cifras están en contradicción con los resultados electorales y con la composición del actual parlamento vasco que da la impresión de ser “independentista”. Pero, en realidad, la encuesta en cuestión demuestra la falta de “apoyo social” a la independencia, lo que, unido a la realidad socioeconómica vasca actual, hace prácticamente imposible que se inicie un proceso independentista. Pero el drama radica en que la rivalidad entre PNV y EH Bildu puede hacer que ambos partidos inicien una loca carrera para demostrar quién es más “abertzale”.

Pero si alguien esperaba que el pedrosanchismo saliera debilitado de estas elecciones, se ha equivocado, ha salido moderadamente reforzado:

- se ha tapado el fracaso del socialismo gallego.

- la campaña ha acallado los ecos del “caso Koldo” y del “caso Begoña”.

- el socialismo vasco ha evitado que el eje de la campaña tuviera que ver con la corrupción.

Poco importa que exista una alianza tácita entre Sánchez y Otegui, poco importa que el pedrosanchismo haya “blanqueado” a Otegui, a cambio de un apoyo en la gobernabilidad del Estado. Poco importa, en definitiva, que el pedrosanchismo gobierne España con el apoyo de la no-España. Todo eso pasa -para el elector medio- a segundo plano. Alardeando del “éxito” vasco del PSE (éxito muy relativo), el PSOE afrontará las elecciones catalanas (en las que un Illa, muy cuestionado por su gestión de la pandemia e implicado en el despilfarro de las mascarillas, está al frente de la candidatura), esperando obtener un resultado “aceptable” que pueda ser considerado como otro “éxito”, para afrontar las elecciones europeas… en las que todo se le presenta cuesta arriba. Sánchez cree en el cuento de la lechera y en que estas etapas electorales le permitirán agotar la legislatura. Cada vez más, Sánchez se parece un jugador de ruleta rusa con el tambor del revólver cargado con 3 balas. Del primer disparo (el vasco) ha salido airoso, lo del segundo (el catalán) es más problemático y decisivo (entre otras cosas porque Cataluña es el último caladero importante de votos del PSOE); pero, será milagrosos que salga airoso de las elecciones europeas.

¿Tensiones independentistas? El problema de todo nacionalismo regional es que, o desemboca en el independentismo o se deshincha. Con el resultado de ayer, el parlamento constituido podría ser considerado como “independentista”, pero la sociedad vasca lo es mucho menos. Como máximo aparecerán tensiones, especialmente por la competencia entre PNV y EH Bildu por el electorado “indepe”, pero una cosa es la batalla por el voto y otra muy diferente la decisión de marchar hacia un proceso secesionista. La sensación que da es que ambos partidos terminarán conformándose con seguir un proceso de “vasquización” (por mucho que no dé los resultados culturales y lingüísticos esperados), pero, al menos, si satisface su impulso nacionalista originario. La única originalidad en la política vasca de este momento es que la “derecha” es el PNV y la “izquierda” EH Bildu. ¿Y el PSOE? En una situación ambigua. El gobierno PNV-PSE se reiterará, unos para mantener lo que han gestionado desde hace 40 años, los otros porque sin el PNV en el País Vasco, no son nada y porque Sánchez precisa votos abertzales para mantenerse en Madrid.

El cuadro general que se da en el País Vasco tras estas elecciones confirma lo que podemos llamar "la decadencia vasca". La originalidad del caso vasco es que, ninguna otra sociedad en España ha cambiado tanto en los últimos 40 años, perdiendo tanta especificidad regional, a medida que aumentaban las inversiones en esa dirección... Pero, al igual que en el "caso catalán", esta pérdida de identidad se está realizando, especialmente, de la mano de partidos nacionalistas e independentistas. Una contradicción a meditar.

A nivel de Estado, los resultados -y en especial el aumento de EH Bildu- confirman que el eje central del debate político siguen siendo la polarización "derecha - independentismo", con la diferencia de que en el País Vasco, la "derecha" es el PNV. Una contradicción más en la política vasca que no deja de sorprender y que el propio PNV, consciente de la situación, pero también de sus orígenes y de su tradición, se preocupa mucho por ocultar y que no puede concluir más que en el agotamiento de su ciclo. Este concluirá cuando se produzca el "sorpasso" tan temido por los dirigentes nacionalistas y que auguraba Tezanos... No ha sido en estas elecciones, pero será en las siguientes...






lunes, 8 de abril de 2024

TRES ELECCIONES EN TRES MESES: ¿VOTAR? ¿A QUIÉN VOTAR?

Nunca como ahora, la clase política ha estado tan alejada de la población, pero nunca como en estos meses se han concentrado tantos procesos electorales en tan poco tiempo: elecciones vascas en abril, elecciones catalanas en mayo, elecciones europeas en junio. ¿Hay que votar? No necesariamente, incluso es lícito pensar -a la vista de lo visto- que votar no sirve absolutamente más que para resolver la vida de los candidatos electos. Claro está que no votar, implica aumentar las posibilidades de que cualquier desaprensivo ocupe el poder y saquee las arcas públicas.

Incluso es posible votar sin creer en que los recuentos de votos reflejen la “voluntad popular”, ni mucho menos asumir el fetichismo de la “soberanía popular” teóricamente implícita en una papeleta. No, de hecho, me repugna el que mi voto tenga el mismo valor que el de un ignorante en las materias que personalmente conozco, de la misma forma que no me siento competente en opinar con rigor en determinados temas que ignoro. No creo en la “igualdad”, ni de sexos, ni de voto… Por no creer, no creo ni siquiera en el sistema y la trayectoria de la España constitucional, con la vida política, social y pública, cada vez más degradada, me confirma en esta opinión.

Pero, posiciones personales como ésta, pueden ser consideradas como fundamentalistas y, por lo demás, carecen de desembocadura política: surgen de críticas “doctrinales” al sistema político demo-liberal, pero no afectan al día a día impuesto por la legislación vigente. Así pues, vale la pena, plantearse 1) A quién votar, 2) Lo que implica votar a cada opción.

ORDEN DE PRIORIDADES

Votar es un gesto banal. Irrelevante, incluso, para unos y un acto religioso para otros (no en vano el voto se considera sagrado, se introduce en una especie de relicario de la democracia -la urna-, situada sobre un ara, con un sumo sacerdote -el presidente- y dos monaguillos -los vocales-, y de ahí, mediante el exorcismo del recuento, de aquellos papeles, se dice que emana la “soberanía popular”; puro animismo). El ciudadano, incluso el que no cree en el sistema, pero no está dispuesto a que su absentismo electoral le sirva de mucho, debe plantearse qué es lo esencial para él.

Nuestro orden de prioridades sería, en principio, el siguiente; para que un partido merezca nuestro voto, debe:

1) Demostrar que resuelve más problemas de los que genera.

2) Demostrar que sus miembros son honestos y que los corruptos están ausentes.

3) Demostrar que tiene soluciones razonables a problemas reales.

4) Demostrar que cumple sus promesas.

A partir de estas exigencias, parece evidente que el número de opciones a las que se puede votar se ha reducido extraordinariamente. Ninguno de los partidos que han ostentado el poder desde 1978 cumple NINGUNA de estas condiciones. Así pues, quedarían las opciones minoritarias. Pero, el problema que tienen estas es que, en tanto que minoritarias, tienen pocas posibilidades de gobernar o bien de ser determinantes y deberemos conformarnos con que nuestro voto, literalmente, no sirva tampoco para nada, si va a parar a estos pequeños partidos que, hasta ahora, se han visto apeados del poder y tienen, hoy por hoy, pocas posibilidades de asumirlo en solitario.

Así pues, habrá que establecer otros baremos. El primero de todos es la orientación política de cada candidatura. Y por eso es necesario que nos fijemos en:

1) Su actitud ante la unidad del Estado: todo el que habla de “autonomías” tiende a disminuir el peso del Estado y a generar taifas autonómicas. Y de la misma forma que la proliferación de moneda da lugar a la inflación, o la multiplicación de leyes devalúa también la propia Ley, así mismo, la reproducción de “territorios autonómicos” debilita la idea de Estado, de Autoridad y de Poder.

2) Su actitud ante las ideas y los valores: aquí solo hay dos posibilidades. O se vota a una opción “progresista” o se vota a una opción “conservadora”. La primera es una permanente fuga adelante: lo que está de moda es lo que propone, sin más consideraciones. La segunda, en cambio, aspira a mantener posiciones que han existido siempre: la familia heterosexual, la defensa de la vida, la unidad del Estado, etc.

3) Su énfasis en la defensa de lo que dice defender: ahí es donde quiebran los centrismos, el centro-derecha o el centro-izquierda, la derecha progresista y demás. Si se está en política se está porque se dispone de un modelo: en el “centro político” no hay otro modelo que el oportunismo. Se defiende lo que se tiene la sensación de que va a ser apoyado por el voto mayoritario de la ciudadanía. La defensa centrista es siempre tibia, oportunista y justifica cualquier traición y todo incumplimiento de promesas electorales.

Pero esto es excesivamente vago y no resuelve los grandes problemas que este país y cada “comunidad autónoma” afronta. En primer lugar, porque los partidos mayoritarios apoyan el “Estado de las autonomías” (en la medida en que facilita una distribución del poder y de los recursos públicos entre muchas distintas opciones política a pesar de que supongan una losa para un país de recursos limitados como España). En segundo lugar, porque no está suficientemente clara la divisoria entre conservadores y progresistas al existir posiciones equívocas: el Casado luciendo la misma escarapela de la Agenda 2030 que luce Sánchez es buena muestra de ello. Las reiteradas declaraciones de Feijóo afirmando que su principal opción de pacto sigue siendo el PSOE, tampoco contribuyen a clarificar la posición del PP. Y, finalmente, actitudes como la de Page y Vara en el PSOE resultan incomprensibles: si estás tan en desacuerdo y te sientes tan incómodo en el partido pedrosanchista ¿porqué no lo abandonas de una vez?

Así pues, un análisis “doctrinal” de las propuestas de los partidos políticos, tampoco lleva a nada concluyente. Así pues, será necesario realizar un ANÁLISIS POLÍTICO en donde, resultará mucho más claro a quien votar.

EL ANÁLISIS POLÍTICO DEL VOTO

Para determinar a quien votar hace falta, antes, hacer unas precisiones:

- votar no implica comprometerse con ninguna opción. No es necesario que exista ningún nexo de militancia, ni siquiera de simpatía, entre lo que uno cree y a quien entrega su voto.

- el voto es algo volátil, fluido. Hoy se vota a éste, mañana a aquel, pasado al otro, nada obliga -salvo la cerrilidad- a votar siempre por la misma opción, con lo que se obtiene inevitablemente el mismo resultado.

- no hay que plantearse a quién votar por una cuestión de afinidad o proximidad doctrinal o ideológica, sino en función de los efectos que se quieren obtener.

Vamos a poner un ejemplo reciente: en las anteriores elecciones generales, existía la presunción de que Sánchez había demostrado suficientemente ser el “peor presidente de la democracia”. Con mucho. Superando incluso la mediocridad de ZP: ZP vivía en un mundo de Bambi y nunca se enteró de gran cosa, especialmente en materia económica. Con Sánchez estamos ante un caso clínico, un ególatra sin escrúpulos, sin principios. No cree en nada salvo en su propia ambición que vive de espaldas a cualquier empatía. Así que había que votar “a la derecha”… pero ésta se presentaba dividida en dos opciones.

El resultado fue que Sánchez sigue en el poder y la derecha se sigue desgañitando y ni siquiera parece haber entendido la lección: presentar a dos candidaturas conservadoras en provincias pequeñas implica dividir el voto y, por tanto, facilitar el que los candidatos del PSOE logren colocar a uno de sus candidatos, perdiéndose los “restos” de las opciones de derecha gracias a la malhadada Ley d’Hondt. Lo normal -SI DE LO QUE SE TRATABA ERA DE EXPULSAR A SANCHEZ DEL PODER- era que las dos opciones de derecha hubieran adoptado alguna de estas posiciones:

- Elaborar un PROGRAMA COMÚN, y una única candidatura

- O bien, haber llegado a acuerdos para presentarse UNIDAS en algunas provincias,

- O bien que alguna candidatura renunciara a presentarse en alguna provincia obteniendo compensación en otra.

Ahora bien, las dos opciones de derecha querían conservar sus posiciones, avanzarlas y pensaban, el PP que alcanzaría la mayoría absoluta y Vox que el PP estaría dispuesto a gobernar con ellos en coalición. El resultado ha desmentido a unos y a otros: sigue gobernando Sánchez.

Seguramente, los electores que votaron a Vox y los que votaron al PP se sintieron muy cómodos con sus respectivas opciones. Bien por ellos. Pero Sánchez sigue en el poder, así que algo falló en sus cálculos. Y cuanto antes lo reconozcan, antes Sánchez será desalojado del poder.

LA PRIMERA VALORACIÓN: 

ENEMIGA PRINCIPAL Y ENEMIGO SECUNDARIO

De lo anterior, se deduce que el primer problema que un ciudadano debe plantearse a la hora de depositar su vota consiste en valorar, según él, cuál es su “enemigo principal” y qué otro es su “enemigo secundario”. El “enemigo principal” será aquel que es considerado como el principal riesgo (por su insensatez, por su corrupción, por los problemas que genera y por los que ha generado). Es contra él que deben dirigirse todas las baterías: porque si es el “enemigo principal” se trata de desalojarlo del poder antes de que sea tarde.

Es posible que el “enemigo secundario” suponga también un riesgo, e incluso cabe la posibilidad de que el “enemigo secundario” de hoy pueda llegar a ser “enemigo principal” en una legislatura posterior. También esto es fluido y debe analizarse en función de cada momento político concreto.

Para aquellos que dicen “PP y PSOE son lo mismo”, cabe responderles que tienen razón en el terreno doctrinal (ambos son dos muestras de “centrismo”, hipócrita, poco comprometido con “valores” que pueden traicionar -y que, de hecho, traicionan en cada momento). También tienen razón en que hemos llegado a la situación actual de la mano de gobiernos de centro-izquierda (González, ZP), de centro-derecha (Aznar, Rajoy). Pero no estamos haciendo historia sino valorando cuál es el “mal menor”: porque de eso se trata. De elegir entre una opción “mala” y otra opción “peor”.

En el fondo se trata de “subir” o “bajar” un peldaño: al final de la escale, arriba a todo, se encuentra el ideal, resplandeciente, pulcro, un Estado eficiente, en el que impera el orden y la autoridad, la justicia y la prosperidad. Por eso se trata de aproximarse, peldaño a peldaño, hacia ese objetivo ideal. Por el contrario, en los peldaños descendentes, puede llegarse a las puertas del mismísimo infierno. Nosotros, estamos en camino de llegar a ese punto omega en el que ya se percibe el calor abrasador del averno… El votante debe ser consciente de si su voto va a servir para subir o para bajar un peldaño en esta escalera ideal.

Pero ni siquiera este criterio es suficiente.

SEGUNDA VALORACIÓN: 

TEMPUS FUGIT

Para la mayoría de conciudadanos, el voto supone un desahogo momentáneo y puntual. Pero, si se decide votar, hay que tener en cuenta la proyección de ese voto en el futuro. Alguien cambiará la imagen anterior y dirá: “No, no se trata de una escalera, sino de caminar o no hacia el precipicio”, con la lógica conclusión: no puede votarse a aquel cuyo programa nos propone un salto sin red al vacío… Si vemos así las cosas, las fuerzas políticas se caracterizan:

- la extrema-izquierda, LGTBIQ+, por proponer un salto al vacío a paso de carrera.

- la izquierda socialista, por marchar hacia el abismo a paso ligero.

- la derecha pepera, con ralentizar el paso hacia el abismo, e incluso por detenerse.

- la extrema-derecha, por tratar de invertir la marcha decididamente.

Así pues, si aceptamos este análisis, aceptaremos que el voto más razonable debe orientarse hacia Vox, salvo que se aspire a contribuir al “suicidio nacional”.

Pero, lo hemos dicho en el título del parágrafo: el tiempo fluye. Cada momento requiere un análisis “estratégico” preciso. ¿Y esto por qué? Respuesta: por lo dicho anteriormente, porque cada momento tiene su “enemigo principal” y su “enemigo secundario”.

Seamos más claros: si el elector juzgaba que había que alejar el fantasma depredador del pedrosanchismo, en las pasadas elecciones generales, lo más razonable hubiera sido votar directamente al PP, y no por identidad con el programa de Feijóo, sino para que alcanzara mayoría absoluta y lanzara a la cuneta al pedrosanchismo. Pero ¿no estaría el voto a Vox mucho más próximo de quien sostiene que, ya no se trata de “saltar o no al vacío”, sino de revertir la marcha hacia ese vacío…? En efecto, pero, como hemos visto, el voto a Vox en algunas provincias “de derechas”, determino el que, además de un diputado de derechas, los restos negaran un segundo diputado siendo este… socialista. Fue así como la derecha no obtuvo la mayoría absoluta, ni siquiera relativa.

Lo esencial y lo que Vox y, mucho más que Vox, sus votantes, deben entender es que EL MOMENTO DE VOX TODAVÍA NO HA LLEGADO. Para que el electorado considere masivamente el voto a Vox, la derecha pepera debe de haber tocado poder y fracasado en su gestión del poder. Será esa imposibilidad del PP para alcanzar los objetivos conservadores, lo que decantará el voto a Vox (o a un partido que surja de unión de Vox con una eventual ruptura entre el sector conservador y el sector liberal-progresista del PP). Y eso se producirá después de que el PP FRACASE en su gestión del poder.

¿Fracasará? Tal como quedará España cuando Sánchez sea desalojado del poder, a cualquier gobierno le resultará prácticamente imposible superar las lacras en política internacional, el caos legislativo, el crecimiento de los nacionalismos periféricos, la deuda pública, la inseguridad jurídica, la cuestión de la inmigración masiva (que no admite más que una solución: expulsiones masivas, cierra de fronteras y control de costas y aeropuertos por parte de las fuerzas armadas), reformas legislativas en todos los ámbitos, etc, etc, etc. Y el PP no está preparado, prácticamente, para hacer ninguna de estas tareas, ni Feijóo tiene carácter para afrontar en bloque la “tormenta perfecta” que tenemos ante la vista.

¡Claro que un gobierno del PP fracasará! Por eso decimos: hoy, la hora de Vox todavía no ha sonado. Hace falta que el PP tenga el timón en sus manos, pero que demuestra que, efectivamente, su papel histórico en esta hora de España, ha sido SOLAMENTE desplazar al pedrosanchismo -hoy por hoy es el partido que más posibilidades tiene de cumplir esta tarea- pero esto es todo: a partir de ese momento, ya no se tratará de pensar en su detenerse en la marcha que hemos seguido hacia el abismo, sino de dar invertir el camino. Y aquí si que el PP no está ni anímica, ni programática, ni doctrinalmente preparada para acometer esa tarea.

No olvidemos que el “Estado de las Autonomías” y la “constitución” llegaron de la mano de Fraga Iribarne, no olvidemos que Aznar “hablaba catalán en familia” y que nos embarcó en la guerra de Irak, no podemos olvidar los casos de corrupción protagonizados por el PP, no olvidemos que Rajoy “solucionó” el problema del “procés”, judicializándolo, una salida falsa como se ha demostrado cuando Sánchez lo “desjudicializó” amnistiando a diestro y siniestro por siete votos parlamentarios…

TERCERA VALORACIÓN: 

¿DE QUÉ ELECCIONES ESTAMOS HABLANDO?

En junio elecciones europeas, son de un rango muy diferente a las elecciones autonómicas catalanas y vascas. En todas ellas, el voto debe valorarse en función de los objetivos políticos propuestas. Obviamente, en todas ellas, se trata de alcanzar el objetivo principal: golpear al pedrosanchismo, de tal forma que sucesivas derrotas -unidas a las causas judiciales abiertas- afecten a su permanencia en el poder y le obliguen a convocar elecciones antes de fin de año.

Así pues, en las elecciones autonómicas catalanas y vascas se trata de votar a la opción que más y mejor pueden contribuir a este objetivo. De lo único que se trata es de que la sigla PSOE, la sigla PSE y la sigla PSC, sean revolcadas en el fango de la pocilga. Así de sencillo. Se trata, pues, de votar a opciones que más puedan deteriorar la imagen y el peso del pedrosanchismo en la política española.

La tendencia actual es a que el “PSOE” vaya disminuyendo en votos y, por tanto, se vuelva cada vez más irrelevante en política española. Repasar la historia de ese partido, es repasar los peores momentos de nuestro país, en los que siempre ha ocupado un papel protagónico y desencadenante, incluida en el tránsito seguido entre 1933 y 1936 que llevó a la guerra civil. Que la “sigla maldita” desaparezca cuanto antes y para siempre (como, por lo demás, han hecho sus hermanos italianos y franceses). La tendencia actual es a la radicalización de los bloques: derecha contra ¿izquierda? No, en realidad: ESPAÑA contra NO-ESPAÑA. Galicia: PSOE tercera fuerza, segunda fuerza, UPG. Madrid: PSOE tercera fuerza, segunda fuerza Mas Madrid… Todo induce a pensar que, en el futuro, el único debate será entre los partidarios de la “unidad del Estado” y los partidarios de la “desaparición del Estado Español”. Y es bueno que así sea, para que las cosas estén claras: o a favor o en contra, sin oportunismos “federalistas”, ni búsqueda de equidistancias imposibles.

Por tanto, en las elecciones catalanas y vascas, yo me atrevería a recomendar el voto para cualquier partido que se oponga a las políticas oportunistas del socialismo y que, por tanto, contribuya a debilitar al PSOE en su hegemonía política sobre el aparato del Estado. En ambas comunidades, todo induce a pensar que el PP va, en estos momentos, por delante de Vox y, por lo demás, como hemos dicho, la hora de Vox todavía no ha sonado.

Sin embargo, en las elecciones europeas la correlación de fuerzas es distinta. En el parlamento europeo, las fuerzas de la derecha liberal con las que se identifica Feijóo son precisamente las que están permitiendo los destrozos contra la agricultura europea, los que están aislando a países díscolos centro-europeos, los que pactan con la izquierda progresista el bloque a medidas antiinmigración. Pero en estas elecciones europeas puede producirse un vuelco total en las posiciones. En el momento de escribir estas líneas, todos los sondeos prevén un avance brutal de las posiciones de la derecha nacional europea, un descalabro de la izquierda y un retroceso. Y en esas elecciones si que está claro que el voto a Vox es la opción más razonable, pensando que, en el parlamento europeo, el ascenso de los distintos grupos de la derecha nacional conseguirá bloquear los aspectos más deletéreos de la política impuesta por Von der Leyen.

Al igual que en otros países europeos, también en España, la victoria en unas elecciones europeos puede ser el signo del inicio de la decadencia de la “derecha liberal” y del tránsito de votos a la “derecha nacional”. Y, por otra parte, en el Parlamento Europeos, la “derecha libertad”, la “socialdemocracia” y el “ecologismo”, frecuentemente asociados en los mismos proyectos, y, por tanto, unidos en un “bloque progresista” (sin el cual los liberales del PP se sienten huérfanos), constituyen el “enemigo principal”, mientras que los partidos de la derecha nacional son estos momentos, los únicos que pueden reformar desde dentro la UE, proceder al cierre de fronteras, a la reversión del fenómeno migratorio, a las expulsiones masivas, y a la abolición de los tratados que perjudiquen a la agricultura y resten soberanía alimentaria a los países europeos, o detengan la locura armamentística injustificada que se está alimentando desde Washington con el visto bueno del “bloque progresista”.