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jueves, 16 de mayo de 2024

EL COMPORTAMIENTO ELECTORAL DE LOS "NUEVOS CATALANES"

Por alguna extraña jugada del destino, las torres de la Sagrada Familia, recuerdan poco a los campanarios de las iglesias europeas y mucho más a los minaretes de las mezquitas árabes. Cuando se inicio su construcción en 1882, Barcelona era una ciudad católica: ultracatólica, incluso. Cuando faltan tres años para acabar el loco proyecto gaudiniano, las iglesias barcelonesas están vacías, pero en toda la provincia hay 40 mezquitas repletas y decenas de “puntos de oración” musulmanes igualmente concurridos. Por eso es pertinente preguntarse durante cuánto tiempo las torres de la Sagrada Familia seguirán marcando un templo católico o, a la vista de la velocidad de los cambios sociales, étnicos y religiosos que se están dando en la sociedad catalana, no quedará más salida que transformarla en la mezquita con la que ansían los musulmanes barceloneses. ¿Exageramos? En realidad, no. Los musulmanes cada vez pesan más en la política catalana y española. ¿La prueba? Las últimas elecciones regionales…

CIFRAS CANTAN

En las pasadas elecciones catalanas del 12 de mayo, 243.003 “nuevos catalanes” se han incorporado a las listas. En la práctica, cada año, en Cataluña, se “naturalizan” entre 40 y 50.000 inmigrantes. Las cifras son oficiales: proceden del Instituto de Estadística de Cataluña, así que pueden darse por buenas. No hay que confundir “naturalizados” con “inmigrantes”: cuando un inmigrante se “naturaliza”, desaparece del censo de inmigración y reaparece como ciudadano catalán y español. Las naturalizaciones se vienen produciendo desde el primer lustro del milenio. Ahora, en 2024, ya no basta con saber cuánta inmigración reside en Cataluña, sino cuántas personas nacidas en el extranjero o hijos de padres nacidos en el extranjero, residen en Cataluña. Eso nos da una foto puntual de la composición étnico-social de la población que vive en esa región. Existe unanimidad en el CIS de Tezanos y en su réplica catalana, para eludir el papel que ha jugado este grupo social en las recientes elecciones regionales. Y no es de extrañar…

Las cifras oficiales de la gencat son: el 1 de enero de 2023, residían en Cataluña 1.363.981 extranjeros que representaban el 17,2% de la población catalana. El número de extranjeros aumentó un 10’2% respecto al 1 de enero de 2022. Ese aumento se reflejó en TODAS las comarcas catalanas, pero muy especialmente en la “Cataluña profunda” (o “Cataluña interior”, o “Montaña catalana): La Cerdaña, el Ripollés, la Garrotxa (con un 16, un 15 y un 13% de aumento en un solo año, respectivamente) y en el Barcelonés (con un 13% de aumento). Solamente en 2022, 48.901 residentes extranjeros en Cataluña obtuvieron la nacionalidad española.

Las mayores concentraciones de población extranjera -siempre según la gencat- están presentes en la Segarra (28’8%), el Alt Empordà (25’4%) y el Barcelonés (22,6%) y, las menores concentraciones en el Vallés Oriental, la Anoia y el Moianés, con un 10% cada una. En general, en Cataluña, en estos momentos -y siempre “oficialmente”- hay 46 municipios más de un 25% de población extranjera: Guissona (52’7%), Castellló d’Empúries (44’9%), La Portella (39,8%), Lloret de Mar (38,8%), y Salt (37,8%).

Incluso la gencat tiene que reconocer que la comunidad extranjera más habitual presente en Cataluña es originaria de Marruecos. Oficialmente 235.054 marroquíes están presentes (hombres 56,8%, mujeres 43,2%), seguidos de rumanos (86,751 personas). Luego, la estadística nos habla de la población europea y americana que reside en Cataluña, para minimizar la importancia de la “población africana”: esta sería de un 23,9%, mientras que la europea sería de un 31,5% y la americana de un 30’8%. Pero estas cifras son irreales: parte de los “europeos” que viven en territorio catalán, lo son “de papeles”, pero no de cultura, ni de origen, ni de religión. Esto vale para una parte de los 45.000 “franceses” o para los 80.000 “italianos” que viven oficialmente en Cataluña.

DEL ”SOMOS SEIS MILLONES” AL “SOMOS OCHO MILLONES”

Históricamente, desde los tiempos del clan Pujol al frente de la gencat, los magrebíes se han visto privilegiados en Cataluña: el fenómeno se inició mucho antes que en el resto de España. En 1990 se hizo necesario “importar” mano de obra para concluir a tiempo las obras vinculadas a las Olimpiadas de 1992 y se recurrió a Marruecos. Pujol envió al ex secretario general de ERC, y ex fundador del Partit per l’Independencia, Angel Colom i Colom, como “Delegado de la Generalidad de Cataluña en Marruecos”, en 1999, cuando ya se había decidido priorizar la inmigración magrebí sobre la hispanoparlamente. La gestión del ex sacerdote Colom aumentó ese flujo marroquí, hasta el punto de que Artur Mas, puso a Colom al frente de la “Fundació Nous Catalans”.

El 1 de noviembre de 2023, la población catalana superó los 8.000.000 de habitantes, concretamente 8.005.785. Pero, teniendo en cuenta que desde mediados de los años 70 el flujo de inmigración interior hacia Cataluña ha cesado y teniendo en cuenta que la tasa de natalidad de la población catalana descendió en los años 80 y, en la actualidad, es una de las más bajas del mundo, hay que pensar que la diferencia entre los 6.000.000 de “catalanes” de los que alardeaba el clan Pujol en los años 80 (“Som sis millions”) a los 8.000.000 actuales, se debe a la llegada de inmigración procedente del exterior.

Si tenemos en cuenta, que la natalidad catalana está desde los 80 por debajo de la “tasa de reposición”, necesaria para mantener estable la población (estimada en 2,1 hijos por pareja), a pesar de la opacidad deliberada de las estadísticas, no cuesta mucho admitir, a tenor de la tasa de mortalidad en Cataluña (9’03 por cada 1.000 habitantes) que esos 2.000.000 más que registran los censos catalanes se ha debido SOLO y EXCLUSIVAMENTE a la inmigración.

Si esto es así -y no hay posibilidades estadísticas de que sea de otra manera- está suficientemente claro que la población residente en Cataluña, de origen extranjero, con hijos nacidos en España, pero de padres extranjeros, no es de 1.363.981, sino, COMO MÍNIMO, de 2.000.000 y si incorporamos, inmigrantes ilegales, recién llegados, no empadronados, y la corrección que implica las tasas de natalidad por debajo de la de reposición del grupo étnico autóctono, estaremos cerca de 2.500.000Esto implica que la población “extranjera” en Cataluña no es un 17% del total, sino ¡DEL 31%! Lo que coincide mucho más con la percepción que el ciudadano tiene al salir a la calle.

DOS BLOQUES POLITICOS, DOS ACTITUDES ANTE LA INMIGRACIÓN

Es innegable que todo esto tiene repercusiones sobre el comportamiento electoral de los votantes: y esto es lo que se ha reflejado en las recientes elecciones a la gencat, y explica en parte, la ganancia de votos del PSC, así como el apabullante descalabro de ERC, el ascenso de Alliança Catalana y el mantenimiento de posiciones de Vox.

La primera consideración a realizar es que un partido puede figurar entre los “conservadores” cuando apuesta por medidas de control de la inmigración, de la seguridad y enfatiza los problemas de “convivencia”. Por el contrario, un partido puede considerarse como “progresista” cuando alude a “favorecer la integración” y a que los “nuevos catalanes” disfruten de los mismos derechos sociales y ciudadanos.

Este esquema de valores marca hoy las diferencias entre unos y otros en relación a la inmigración. Resulta muy claro que los “nuevos catalanes” se decantarán masivamente por las opciones “progresistas” (por muy reaccionarias y ultraconservadoras que sean sus criterios en lo religioso y en sus proyecciones sociales).

El bloque “progresista” en Cataluña, está formado por el PSC, En Común-Podemos, ERC y la CUP. En el bloque “conservador”, figuran Alliança Catalana, Junts, el PP y Vox. Ahora bien, en los dos bloques existen matices y diferencias:

- Comuns-Podemos, se ha empequeñecido demasiado para llamar la atención de los “naturalizados”, a pesar de que su programa proponía la derogación de la Ley de Extranjería y el cierre de los CIEs.

- A este mismo problema se añade otro para la CUP: su imagen ha quedado vinculada al independentismo radical, pero también a las minorías LGTBIQ+ más desmadradas, algo que repugna a la mayor parte de la inmigración magrebí. Con todo, presentaban a una mujer de origen turco en el puesto 19 de su lista por Barcelona.

- ERC, por su parte, ha incorporado a candidatos musulmanes en una tendencia que viene registrándose en ese partido desde el tránsito de Carod-Rovira por la secretaría general en el primer lustro del milenio. Carod aludió constantemente al “Islam catalán”, a diferencia de un Heribert Barrera, dirigente histórico del partido que ya declaró a mediados de los 90 que la inmigración era un riesgo para la identidad catalana. Con esta apuesta, ERC quería situarse en vanguardia de la izquierda progresista europea, olvidando que su electorado era, en principio, nacionalista, y que los problemas de convivencia planteados por los “nuevos catalanes” y sus dificultades de integración -y el mismo desinterés de los “nuevos catalanes”- iban a ir mermando su electorado, mucho más que atraer el voto de la inmigración: los imanes y las asociaciones de inmigrantes, eran conscientes de que incorporarlos a listas electorales no era gratis, sino que se realizaba a cambio de algo. Y ese algo era aprender catalán…

- La última opción, el PSC, ha sido la más inteligente: “reconocimiento de la diversidad y de la defensa de la igualdad de oportunidades, combatir los discursos xenófobos, facilitar el conocimiento de las lenguas originarias en la escuela, política de subsidios y subvenciones, medicina universal… Y, claro, está, han terminado llevándose el “gato al agua”. Sin olvidar que, en sus listas electorales llevaba a tres candidatos de origen marroquí (dos por Barcelona y uno por Lérida).

Incluso dentro del bloque “conservador”, en sus listas electorales aparecían -eso sí en lugares “discretos”- apellidos no españoles:

- en la lista de Ciudadanos, encontramos un pakistaní en el puesto 58 de la lista por Barcelona. En el puesto 78 de la lista por Barcelona del PP encontramos, igualmente, a una socióloga de origen marroquí.

- Junts ha evitado cualquier referencia a la inmigración y se ha limitado a alinearse con el resto de partidos de su bloque, pidiendo la “expulsión de inmigrantes multirreincidentes” y recordando la necesidad de una “inmigración regulada” y, cómo no, la gestión para la gencat de los flujos migratorios… Obviamente, este discurso se debe, en grandísima medida, al carácter conservador de su electorado natural (heredero de CDC) y del riesgo que constituía para Junts, especialmente en la provincia de Gerona, la irrupción de Alliança Catalana. En el puesto 19 de la candidatura de Junts por Barcelona se presentaba una mujer de origen marroquí que lleva años colaborando con CDC.

- En cuanto al PP, ha incorporado solo en la última semana electoral la temática inmigracionista. Hasta ese momento, en el que el PP cambió el chip de su mensaje electoral, centrándolo en la necesidad de contener la inmigración y adoptar medidas enérgicas para detener la “islamización de Cataluña”, las propuestas del PP en esta materia eran poco menos que cero. El objetivo de superar a Vox en número de votos, les ha obligado a introducir esta variante en el discurso, justo en el momento en que una parte de sus electores empezaban a mirar con simpatía cambiar su voto a Vox.

- Por su parte, Vox, parece (junto con Alliança Catalana y Frente Obrero) la “opción más segura” contra la inmigración masiva: los tres partidos, vinculan directamente inmigración e inseguridad, abogan por un control efectivo de fronteras, el retorno de menores no acompañados y las repatriaciones masivas.

EL COMPORTAMIENTO ELECTORAL DE LOS “NATURALIZADOS”

Así están los bloques. Obviamente, el bloque “conservador”, por el momento, no parece la opción elegida por los “nuevos catalanes” y, en cuando a las opciones “progresistas”, la debilidad de En Comú y de CUP, ni siquiera han sido percibidas como opción realista pos los antiguos inmigrantes, hoy transformados en “nuevos catalanes”. ¿ERC? A pesar de introducir en sus listas a algo menos de una decena de inmigrantes magrebíes o descendientes de tales, se trataba, o bien de mujeres o de personajes poco conocidos en su propia comunidad. Por otra parte, ERC, si bien es cierto que era un “partido de gobierno” en Cataluña, también es cierto que su influencia se detenía más allá del Ebro. Y el inmigrante tiene claro que irá allí a donde se le ofrezcan mejores garantías, más subsidios, mayores subvenciones y más facilidades para establecerse y desarrollar allí la actividad que le apetezca (y pueda). La inmigración no piensa en términos “nacionalistas” (y ERC, lo es), piensa en términos de “umma”, de comunidad islámica por encima de las fronteras. Eso hace que, para los “nuevos catalanes” (en su mayoría magrebíes), la única opción aceptable (y propuesta explícitamente en algunas mezquitas) haya sido el PSC.

El PSC, por mucho que se vanagloria de su “autonomía”, no es más que el apéndice del pedrosanchismo en Cataluña. El votante musulmán no ha votado a Illa, sino al amigo de Mohamed VI, al que ha dado la razón a Marruecos en la cuestión del Sáhara, al que cada dos por tres acude, él o su Begoña, a Rabat, el que, además, apuesta por el reconocimiento del Estado Palestino, a un partido, en definitiva, que no es sólo catalán, sino que, ante todo, tiene una dimensión de Estado.

Eso explica el crecimiento en votos del PSC, a pesar del desastre de las mascarillas, las medidas absurdas que promovió durante la pandemia, las sospechas de corrupción, el eclecticismo oportunista y sin escrúpulos que siempre ha hecho gala este partido, el desencadenante de la “crisis soberanista” que no fue otro que Maragall y su propuesta de “nou estatut” cuando no existía absolutamente ninguna demanda social en esa dirección y que, para colmo, demuestra, en los ayuntamientos gobernados por los socialistas que está más abierto a conceder beneficios, subsidios y subvenciones, especialmente, a los magrebíes.

Las cifras confirman esta hipótesis. ¿De dónde han salido los 225.000 votos más que ha obtenido el PSC en estas elecciones? No, desde luego, de los votantes del extinto Ciudadanos, que, sobre todo, eran antiindependentistas y, por tanto, consciente de que se había llegado al “procés” por lo errores del PSC. Es posible que algunos de los 30.000 votos que haya perdido En Comú (el “Welcome refugies” que colocó la Colau durante años en el balcón del ayuntamiento de Barcelona no les ha servido de mucho) hayan ido a parar al PSC. Y, en cuanto a la merma de votos de ERC, está claro que han alimentado la abstención, el voto en blanco y el voto nulo.

La estadística por grupos sociales publicada por elDiario.es, es significativa: en el porcentaje de votos que fueron a parar a cada partido entre los que “nacieron en el extranjero”, el PSC está por delante, especialmente en donde son más del 25% de la población (el 31%). Solamente en aquellos núcleos de población entre los el porcentaje de inmigración está entre el 22% y el 25%, Junts obtuvo un resultado significativo, por delante del PSC.

En las anteriores elecciones (2021), los votantes registrados fueron 5.624.067, mientras que en las de 2024 han sido 5.754.840, es decir, en torno a 125.000 más. Sin embargo, la abstención en ambas convocatorias fue alta (48% en 2021 y 42% en 2024). Si, antes hemos dicho, que la media de “naturalizaciones” anuales viene a ser en los últimos años de 42.000, llegaremos a la conclusión de que desde las anteriores elecciones han realizado el trámite administrativo de adquirir la nacionalidad española 168.000 inmigrantes mayores de edad. Se sabe, por ejemplo, que en estas últimas elecciones catalanas tenían derecho a voto 170.000 musulmanes.

Es cierto que los niveles de abstención entre la comunidad de “nuevos catalanes” es superior al índice de abstención de la población autóctona. Pero también es cierto, como hemos visto que, entre los musulmanes que han votado en las últimas elecciones autonómicas, el PSC ha sido la opción preferida e, incluso, la única de la que consta que algunos “líderes religiosos” musulmanes han apoyado.

Si bien no todas las zonas en donde hay más acumulación de inmigración, en las zonas más significadas, si se ha producido la victoria socialista: en Salt, por ejemplo, el PSC ha gado con un 26,4%, en Lloret de Mar con un 31,59%, en Mataró con un 28,89%, en Castelló d’Empuries con un 26,14%. En la web de Onda Cero se pueden comprobar estos datos. En La Portella y Guissona, en cambio, dos de los municipios, se ha impuesto Junts.

CUATRO CONCLUSIONES MUY REALISTAS:

Nuestras conclusiones, a falta de un estudio más pormenorizado, municipio por municipio y comarca por comarca, son:

1) El independentismo -y concretamente ERC- ha fracasado en su intento de incorporar el “voto inmigrante” a su haber electoral.

2) Tanto la actitud condescendiente de Junts como la mucho más activa a favor de la inmigración masiva de ERC, ha generado una merma de votos en esta segunda que se ha canalizado hacia Alliança Catalana.

3) El PP ha tenido que reconocer en el último tramo de la campaña que la inmigración (y los problemas que la población asocia al fenómeno) es el tema que está orientando más votos hacia Vox.

4) El PSC es la fuerza que más se ha beneficiado del voto de los “nuevos catalanes”, de la misma forma que el PSOE en las elecciones de 2023 fue el partido que más fue apoyado por los recién naturalizados.

CUATRO PREVISIONES (HIPOTÉTICAS… PERO NO TANTO)

a) En España no pasará nada que no haya pasado antes en otros países de Europa Occidental en relación a la inmigración africana (magrebí y subsahariana). Lo que está ocurriendo desde Suecia hasta Francia y desde Irlanda hasta Grecia, es lo que está empezando a ocurrir en España: una islamización creciente de estas sociedades, favorecida por su natalidad desbordante y por el ocaso de la autóctona.

b) En un primer momento, se mantendrán indiferentes a la política de cada país, votarán únicamente al partido del que esperen obtener más beneficios y que tenga suficiente importancia como para garantizar su cumplimiento. En España, ese partido es el PSOE. Sin rival posible. Es la táctica adoptada en una situación de “defensiva estratégica” (cuando el radicalismo islámico no cuenta con comunidades con masa crítica suficiente).

c) En un segundo momento, cuando la demografía les sea favorable, pasarán a una situación de “ofensiva estratégica”: presentarán candidaturas propias, especialmente en elecciones municipales especialmente en zonas donde sean mayoría. En el Reino Unido, en las pasadas elecciones municipales del 3 de mayo, ya se ha entrado en esa fase en varias grandes ciudades.  A partir de ahí, tratarán de imponer la sharia.

d) Allí donde la demografía no juegue a su favor, jugando con la debilidad de la clase política europea, amenazarán con la yihad (“sexto pilar del islam”). En la actualidad, estamos asistiendo a los primeros chispazos de guerra étnica, los habituales enfrentamientos entre vanguardias de dos ejércitos que preludian la batalla futura (entre fuerzas de seguridad y grupos de delincuentes cada vez más armados y cada vez más peligrosos que proceden a “liberar territorios”: barrios y zonas controladas por la delincuencia). Francia es el país que tiene más posibilidades de vivir esta situación de guerra étnica. Y, dentro de España, Cataluña se aproxima a una coyuntura similar.








 

lunes, 6 de mayo de 2024

RECTA FINAL EN CATALUÑA: LA BANDA DE LOS TRES EN CABEZA

El resultado de las elecciones catalanas, ni va a ser una sorpresa, ni va a resolver nada. Ninguna encuesta duda de que, por este orden PSC, ERC y Junts, quedarán en cabeza y todo el misterio se centra en el número de votos que obtendrá la derecha liberal del PP, la derecha nacional de Vox y los independentistas antiinmigracionistas de Aliança Catalana. Lo que le apetecería al PSC es obtener una -dificil- mayoría absoluta y poder evitar el amargo trance de pactar con ERC (lo que le pide al cuerpo el alma del PSC) o pactar con Junts (lo que le va a exigir Sánchez). Pero, si alguien cree que, con Illa en el sillón del Poncio de turno, se va a resolver algo, se equivoca.

El diálogo de sordos proseguirá, atenuado eso sí por el rumor de los euros pasando de las arcas públicas a los partidos de gobierno. Pero, en medio de ese rumor y, especialmente para contentar su clientela, ERC pedirá el referéndum y la recaudación total de impuestos por parte de la gencat y Junts, odiando a ERC, pedirá lo mismo, además de enfatizar ligeramente más la amnistía. A lo que el PSC responderá con su opción “federalista”. Sabiendo todos que, en caso de referéndum el No a la independencia se impondrá y que el federalismo es una coña inviable mientras el PP no se sume al carro. Y eso será todo. Cuatro años más a practicar el antiguo arte de medrar a costa de la política.

Obviamente, los tres partidos que aspiran a disfrutar para ellos los beneficios del poder -y que, en realidad, son los que vienen monopolizándolos desde hace más de 40 años- prefieren asumir esos temas “fundamentalistas” (“amnistía”, “referéndum”, “libertades”, “autonomía”), antes que reconocer que las cosas, en Cataluña, van de mal en peor.

Cataluña ya no es motor de casi nada, salvo, ex aequo con Andalucía, capital del paro en España, especialmente del paro juvenil. De las diez mayores empresas que tenían su domicilio fiscal en Barcelona hace diez años, solo quedan dos. Como Sánchez no habilite un ukase para multar a las empresas que se fueron y que se niegan a volver, Cataluña puede convertirse en un erial industrial a la vuelta de diez años.

Lo más gracioso de esta campaña electoral es que ninguno de los grandes partidos ha hablado de dos elementos urgentes para revitalizar la sociedad catalana: el descenso de impuestos y la contención del gasto público de la gencat. Y tiene gracia porque, ERC ha proclamado de forma teatral que quiere “el concierto”, esto es, la recaudación del 100% de tributos por parte de la gencat, nunca de la reducción de las cargas fiscales (que, en Cataluña, incluso, son mayores que en otras regiones de España). Que al ciudadano lo van a atracar fiscalmente es algo que se evita reconocer y que nadie discute. La propuesta de ERC implica que el ciudadano será atracado por una institución catalana, pero no por una estatal. Y habrá quien les vote a pesar de la desfachatez.

¿Illa en el gobierno? Ya vimos lo que dio de sí al frente del ministerio de sanidad durante la pandemia. Y veremos si su gestión no acaba en los tribunales por la frivolidad en contratar solo mascarillas de la “trama Koldo” que ni siquiera servían para cumplir su función. Sin olvidar las medidas absurdas que impulsó durante aquellos meses (ir a la playa con mascarilla, promover la vacunación ignorándolo todo sobre los efectos) y poner cara de monolito tristón en el Senado cuando se le preguntó por el asunto de las mascarillas. Para colmo, ni siquiera se había vacunado… y lo dice ahora, resaltando que “nadie obligó” a vacunarse. Mentira: porque si se obligó, a mí por ejemplo, para salir de España; a mis hijos obligados por las empresas en las que trabajan. Pero ¿qué más da otra mentirijilla para un pueblo lo suficientemente desmemoriado como para no recordar lo que ocurrió anteayer?

Illa gobernará con quien prometa más estabilidad a Sánchez. El ex ministro de sanidad carece de carácter y personalidad política para decir “no” a Sánchez, o a Aragonés, o a Puigdemont… Si llega a la presidencia de la gencat será a Sánchez a quien consultará cualquier decisión. Incluso, en un gobierno de coalición hará lo que sus socios -indepes- quieran que haga. Ya lo vimos con Maragall -enfermo, eso sí- que terminó compitiendo con sus socios de ERC en quien ponía más alto el techo del “nou estatut”…

Quien si se la juega es Puigdemont. No puede descartarse un golpe de última hora que acapare las primeras páginas de la actualidad (un regreso en próximo jueves o viernes, o incluso en la “jornada de reflexión”). Para Puigdemont -un don nadie hijo y nieto de pasteleros al que el negocio familiar sería su único medio de vida de no haberse dedicado a vivir de la política, a la vista de su “historial académico”- quedar el primer es la única opción: ¿lo veis como “conseller” en un gobierno presidido por Illa? ¿lo veis como “cap de la oposición”? ¿y si falla todo el montaje de la amnistía? Pasar un día en Can Brians le produce tanto insomnio como quedar el tercero. Ya vimos lo que era capaz de hacer cuando fue “el molt honorable presidente". Lo voy a recordar: conseguir que el nombre de Cataluña cayera en el ridículo mundial después de estar años creando “comisiones de desenganche”, pagando a eminencias grises -o presuntas tales- para que elaboraran un “proyecto de constitución catalana”, todo ello antes de conocer siquiera si se celebraría el referéndum, con el añadido, de proclamar la “república catalana” pero… dejarla en suspenso 15 segundos después. Ese es Puigdemont.

Ahora bien, la candidatura de Junts puede verse afectada por la concurrencia de Alliança Catalana: repite todo lo que dice Junts, pero… añade lo que Junts oculta: que la inmigración en Cataluña está descontrolada, la delincuencia se ha disparado en el último año -especialmente los delitos “graves” que no pueden ocultarse- y que cada vez hay más violencia en calles y barrios. Justo en la diana.

Desde los tiempos de Pujol, ayer a CDC y hoy a Junts, le tiene absolutamente al fresco quién delinque y cuánto se delinque. Con que tengan un certificado B de catalán, ya hay suficiente. De ahí que Junts omita el tema y evite que en sus listas la presencia de musulmanes. Conoce el riesgo. Calla sobre la inmigración, pero no admite apellidos inmigrantes en sus listas… Ahí está el nicho que Aliança Catalana pretende legítimamente ocupar.

Quien, en cambio, aspira, desde los tiempos de Carod Rovira, a incorporar a la inmigración musulmana es ERC como base electoral. Carod ya aludió -en su infinita ignorancia sobre la religión a un “Islam catalá”, desconociendo que la patria de un musulmán piadoso es la “umma”, la comunidad islámica unida por el credo religioso y que habla, no en catalán, sino en la lengua sagrada en la que Mahoma escribió el Corán. ERC, cree poder atraer el “voto islámico” incluyendo a siete candidatos en sus listas por Barcelona y Gerona (de los que pueden salir entre dos o tres). Su actitud ante la inmigración es exactamente igual a la del PSC: “¿inmigrantes? Cuantos más, mejor; pero, eso sí, con el certificado B de catalán”.

En realidad, el gran problema de Cataluña es la islamización creciente, unido a la caída en picado de las familias con cuatro y con dos apellidos catalanes. A pesar de que no puede establecerse una ley matemática segura, lo mas probable y lo que nadie duda con observar las calles y los colegios en Cataluña es que en 20 ó 30 años como máximo, los musulmanes no serán una “minoría”, sino que -como está empezando a pasar en el Reino Unido, después de las elecciones municipales del sábado pasado- los islamistas presenten candidaturas propias allí donde sean mayoría y proclamen la “sharia”.

Por eso, no hay que fijarse tanto en quién quedará en cabeza, ni siquiera en qué orden, ni quién gobernará: sabemos que, gobierne quien gobierno, seguirá la misma línea de los últimos gobiernos, nada, absolutamente nada, cambiará. Pero estas elecciones van a servir para medir el “estado de cabreo” de la sociedad catalana. La pista que nos ayudará a establecer el diagnóstico va a ser el resultado que obtengan las tres candidatura claramente antiinmigracionistas: Vox (que está realizando una muy buena campaña, con actos en los que ha logrado movilizar a poblaciones consideradas como “hostiles”), Alliança Catalana (que puede obtener escaño en Gerona) y el Frente Obrero (que nos dirá cuántos electores de izquierdas están hasta los mismísimos de la inmigración masiva).

Porque el gran problema que va a afrontar Cataluña en los próximos años, no es “referéndum sí” o “referéndum no” (aunque se celebrara, los sondeos indican que el apoyo social al independentismo ha ido cayendo más y más en los últimos cuatro años), sino la islamización de la sociedad catalana. Y, por extensión, la inmigración masiva.

¿Y el PP? Aumentará, sin duda, pero la cuestión es cuánto y nunca será suficiente para ser algo significativo en Cataluña. Su discurso actual es excesivamente grisáceo, aspira a ocupar el espacio que ocupó Ciutadans hace dos legislaturas, sin advertir -la cabeza de Feijóo tampoco lo admite- que en estos últimos años se ha producido una polarización en todo el mundo generada por la ofensiva “progresista” (basada en el “cambio climático”, “los estudios de género”, el “wokismo” y la “inmigración masiva”). Esa ofensiva ha generado la necesidad de una reacción tan fuerte y de la misma intensidad, pero de sentido contrario. Lo que valía hace ocho años, hoy es inútil. Los “centrismos” están muertos y enterrados. En Cataluña, en España y en Europa. El PP se ofrecerá a colaborar con el PSC, en el enésimo error estratégico de Feijóo. Lo normal hubiera sido que las candidaturas de Vox y del PP, incluso los restos de Cs, hubieran pactado un programa y una candidatura común. Pero lo que es lógico para los electores, no lo es para los partidos.

En cuanto al “sorpasso” de Vox al PP que se produjo en las anteriores elecciones, lo más probable es que quede anulado: el PP crecerá por delante Vox. Lo normal, dadas las circunstancias. Pero, al igual que ocurrió en las pasadas elecciones vascas, Vox mantendrá posiciones (e, incluso, es posible que las mejores). Volvemos a repetir que es “lo normal”: la “hora” de Vox sonará en cuanto el PP vuelva al poder y decepcione a los que esperaban unas políticas radicalmente diferentes a las socialistas

Así que no esperéis nada de las próximas elecciones, solo un indicativo del “estado de cabreo” de la sociedad (que, en cualquier caso, será menos que el “estado de somnolencia inducida” que vive la región).






 

jueves, 24 de septiembre de 2020

La generalitat inicia un "plan piloto" para la enseñanza del islam en centros públicos

La Vanguardia, el diario digital que en otro tiempo fue el periódico de la burguesía catalana bienpensante, tiene hoy dos noticias que llaman la atención: a un lado aparece “Unas 2.000 familias piden clases de islam en Catalunya” y, justo al lado, el corresponsal en París, publica otra de este jaez: “Francia lucha por preservar su laicismo”. No creemos que esta ubicación haya sido deliberada. Simplemente, el islam es noticia… no en Arabia Saudí, ni Oriente Medio, no en el Magreb, sino en Europa. En Cataluña “unas 2.000 familias” piden “adaptarse” … en Francia, décadas después de hacerse “adaptado”, el resultado ha sido el que cabría esperar: el tan cacareado laicismo de la República ha sido pisoteado por aquellos que, simplemente, son partidarios de la “verdad teocrática” y de la buena nueva islamista. En España será todavía más lacerante, porque hemos pasado de la “España Católica” a la “España Islámica” en un abrir y cerrar de ojos. ¿Exagero? En absoluto.

(dos noticias contiguas en el digital de La Vanguardia del 24.09.2020)

En Cataluña, donde se encuentra la comunidad islámica más grande de España, con casi un millón de fieles y en donde gobierna ese independentismo que se las da de republicano y laico, la Unió de Comunitats Islàmiques (UDICAT) se muestra satisfecha de que este curso se imparta, por primera vez en las escuelas públicas de Cataluña la materia de “religión islámica” en ocho centros educativos. Se trata de un plan piloto que, en los próximos cursos, afectará a más centros.

Obviamente, del independentismo no puede sorprender nada: se da la paradoja de que durante los años de gobierno del pujolismo y desde que se desencadenó “el procés”, los nacionalistas/indepes han logrado ir borrando las raíces históricas de Cataluña, desfigurando la identidad catalana e islamizando la región. El por qué lo han hecho no es ningún secreto: dado que el límite máximo al que puede aspirar el independentismo es al control del 30% de la población que se expresa SOLO en catalán y, dado que los que se expresan SOLO en castellano son una cantidad ligeramente superior, el “desempate” solamente lo pueden obtener mediante la comunidad islámica (que a diferencia de la comunidad andina aprende el catalán con más facilidad).

Desde Pujol y, sobre todo, desde los tiempos en los que Carod-Rovira era alguien, se estima que la independencia solamente es posible cuando la comunidad islámica que sume a ella y, por eso, los próceres republicanos-indepes aluden tan frecuentemente a esa entelequia que llaman “el islam catalán”… como si el islam y su idea central, la Umma, comunidad de los creyentes, tuviera algo que ver con el “estado catalán” o como si a los islamistas les importara un higo la independencia de Cataluña, cuando ellos aspiran a islamizar “Al Ándalus”, la tierra de la que fueron expulsados hace siglos y que ocuparon durante 800 años (y Barcelona, durante algo menos de 70…).

ERC, la CUP y los indepes son, sobre todo, anticristianos: cualquier cosa que huela a la religión tradicional durante siglos en Cataluña es algo que les repugna, pero, eso sí, la islamización de la región la bendicen si -en su imaginario enloquecido- les permite ser “independientes”.

Pues bien, hoy, La Vanguardia, coloca la noticia sobre el absurdo decreto de enseñanza islámica en Cataluña, otra noticia que indica los peligros advertidos en Francia por bromas de este estilo. Porque la generalitat no ha sido la primera en pensar que cortejando a los islamistas y cubriéndolos de subsidios, lograran “domesticarlo”.

Como se sabe, uno de los fundamentos de la república francesa es el laicismo. El islam es una religión -además, foránea- y, por tanto, no se puede impartir en centros públicos la enseñanza de ninguna religión, ni siquiera se deberían permitir cruces católicas, martillos de Thor o el velo islámico y la media luna. En Francia, hoy el “separatismo” y el “comunitarismo” son muy criticados por los republicanos fundamentalistas: y no se refieren a independentistas catalanes, vascos, corsos, auverneses o bretones, sino a la intención de la comunidad islamista de hacer “rancho a parte” y una vida “separada”, como si los valores laicos de la república no fueran con ellos.

Ningún presidente de la república se atreve a criticar en público esta tendencia, por miedo a lo que pueda ocurrir a poco de pronunciar sus palabras. No solamente hay extremistas islámicos, sino que también para los musulmanes moderados, su religión es incompatible con los valores republicanos. Ellos, lo que quieren es la “doble legislación”: que se aplique una a los musulmanes y otra a los no islamistas. Algo que hace rasgar las vestiduras a los republicanos de estricta observancia por vulnerar el principio de la “igualdad”.

En Francia, la situación está desembocando en una guerra civil racial, social y religiosa, latente y que, de tanto en tanto, pasa a ser guerra “caliente”: basta un partido de futbol, basta la detención de un delincuente magrebí, para que los barrios estallen, el número de vehículos quemados cada noche aumente bruscamente, o la inseguridad se apodere de las calles. En estas circunstancias, Macron no sabe que hacer: a él le daría igual que hubiera dos, tres o cinco legislaciones diferentes, siempre y cuando él gobernase sobre todas ellas; pero a los “fundamentalistas republicanos”, la islamización de Francia les parece intolerable.

Aquí no se ha llegado tan lejos, pero la generalitat si ha logrado superar en estupidez y esperanzas utópicas al gobierno de Macron. Para “desempatar” el tablero entre indepes y españolistas, es por lo que los memos que dirigen la institución que, en apenas 45 años, ha conseguido demoler la identidad catalana, apelan a la “morería” y les ríen todas las gracias. Que lo pagarán está más claro que el agua.

De hecho, en una cosa tienen razón: es más probable que una República Catalana ingresase antes en la Liga Árabe que en la Unión Europea.