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sábado, 14 de noviembre de 2020

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (3 de 7). ALBIÑANA ENTRE LAS TORMENTAS DE LA REPÚBLICA

El 20 de abril de 1932, a poco de la fundación del PNE, Ramiro de Maeztu publicó un artículo en ABC titulado El milagro Hitler, en el que trazaba un paralelismo entre Hitler y Albiñana por un lado y el general Primo de Rivera e Hindenburg por otro, lamentando que durante la dictadura no se hubiera organizado algo parecido al NSDAP (1). Quince días después, Albiñana contestó en las mismas columnas de ABC a Maeztu en un artículo titulado Cosechando triunfos, el camarada Hitler, lo que indica que en ese momento, todavía albergaba la idea de convertirse en el jefe del “fascismo español”. Albiñana aprovechaba para pedir apoyo económico a su iniciativa (“Venga ese apoyo económico que en España sobran patriotas para defenderla”). Poco tiempo después, el propio Maeztu dio una conferencia en el Centro Nacionalista sobre Los principios del nacionalismo español (que, dijo, no eran otros que los de “Religión, Patria y Monarquía”).

Al instaurarse la República, las nuevas autoridades acometen la concienzuda labor de desarticulación del PNE que quedará prácticamente desintegrado hasta febrero de 1932 cuando Albiñana logró relanzarlo. En agosto se producirá la “sanjurjada” en la que sus militantes participarán que acarrearán nuevos problemas judiciales a Albiñana. Cuando retorne nuevamente a Madrid, la carrera por liderar al “fascismo español” se había in iniciado sin él. Estaba en desventaja ante José Antonio (al tener menor relevancia social que él) y ante Ramiro Ledesma (cuya capacidad teórica era muy superior). Poco a poco, entendió que si quería seguir en política no podía ser un émulo del Duce ni aspirar a cubrir un espacio político que otros mejor dotados que él estaban ya cubriendo, así que optó por refugiarse en Castilla la Vieja, concretamente en Burgos, transformando lo que en principio era un partido situado en el “área” fascista, a un partido del “área” de la “derecha radical”, agrario, ultracatólico y corporativo (2).

Durante su confinamiento en Las Hurdes había sido visitado por un grupo de exponentes de la derecha local a los que sedujo y que le propusieron presentarse como candidato nacionalista por esa provincia. Albiñana aceptó y a partir de ahí se desarrolló su organización basada en un sólido trabajo en el parlamento y en un activismo callejero constante. Destacadas personalidades de la política burgalesa militaron en el PNE: el padre Bonifacio Zamora, José Mª Zugazaga (luego integrado en el aparato de propaganda franquista), Adolfo Arenaza (jefe de los Legionarios de España), Puente Careaga, el conde de Castilfalé, Ibáñez de Aldecoa, junto a Sancho Jaraute, jefe del Centro Nacionalista y junto con Rodríguez de Valcárcel pasados a Falange Española; el resto siguieron el mismo recorrido o se orientaron hacia el tradicionalismo (3).

Durante la II República española se integró en las coaliciones derechistas que le aseguraron un escaño por la provincia de Burgos desde el 14 de diciembre de 1933 hasta su asesinado el 23 de agosto de 1936.  Este hecho hace que habitualmente su gestión haya sido considerada como al servicio de la “oligarquía agraria y terrateniente” (4). Fue un diputado combativo y con tendencia a plantear tanto problemas propios de su distrito electoral como grandes cuestiones nacionales relativas al déficit de infraestructuras y a corregir los problemas de la más que deficiente sanidad española de la época, o bien solía prodigar ataques al laicismo y al separatismo (5).

Burgos fue, desde luego, la provincia “albiñanista” por excelencia. El PNE tenía instalado el Centro Nacionalista Español en la calle Benito Gutiérrez. Su primer presidente fue Florentino Martínez Mata que, como hemos visto, terminaría integrándose en Falange Española, siendo sucedido por Manuel Sancho Jaraute.

El 19 de noviembre de 1933 estaban convocadas las elecciones municipales en Burgos, y con arreglo a la Ley 27 de julio de este mismo año, se posibilitó una segunda votación para el 3 de diciembre. Tras la primera votación salieron los siguientes candidatos: José Martínez de Velasco y Escolar (84.46 votos), Tomás Alonso de Armiño y Calleja (72.573 votos), Ramón de la Cuesta y Jacobo de la Torre (70.405 votos), Francisco Estévanez Rodríguez (68.037) y Aurelio Gómez González (62.862 votos). Todos ellos del partido Agrario. En las segundas votaciones del 3 de septiembre quedaron proclamados los siguientes candidatos: Ángel García Bedoya (partido Agrario, 25.589 votos) y José María Albiñana Sanz que recogió la no desdeñable cifra de 34.946 votos (6). En las elecciones siguientes, en febrero de 1936, mejoró este resultado en la misma provincia obteniendo 64.904 votos encabezando la candidatura Frente Nacional Contra Revolucionario de la Unión de Derechas. Un simple repaso de los resultados electorales pone de relieve que los albiñanistas crecieron extraordinariamente a lo largo de su segunda legislatura en muchísimos pueblos de la provincia de Burgos... En Aranda se pasó de 57 a 274 votos; en Gumiel de Izán de 77 a 449; en Belorado de 13 a 302; de 9 a 371 en Santa María del Campo... (7)

En Navarra, los albiñanistas se unieron a los falangistas y a los carlistas en la sublevación y estuvieron presentes desde los primeros momentos tal como explica García Serrano, lo que implica que en esa provincia tuvieron presencia y estuvieron en condiciones de disponer de un pequeño espacio político.

Los militantes madrileños, por su parte, desaparecieron en los agitados días que siguieron al 17 de julio y es de suponer que aportaron su cuota de fusilados y represaliados; en la capital, en efecto, seguían teniendo una presencia que se iba empequeñeciendo a medida que entre febrero de 1936 y julio del mismo año Falange Española, en clandestinidad, amplió extraordinariamente su influencia especialmente entre los jóvenes recibiendo en especial a contingentes de las Juventudes de Acción Popular pero también de otras formaciones minoritarias.

En Barcelona, existía antes de la guerra un Centro Nacionalista Español que seguía actuando junto con la Peña Deportiva Ibérica, los hinchas del R.C.D. Español a los que ya nos hemos referido ampliamente. De todas formas, en la ciudad condal tantos los militantes albiñanistas como los falangistas apenas agrupaban en total a algo más de un centenar de miembros.

Así mismo, en Bilbao los nacionalistas de Albiñana se habían hecho notar desde principios de los años 30 hasta el punto de que en enero de 1931 se abrió un Centro Nacionalista Español en es localidad y Albiñana pudo presentar su manifiesto. Al ser clausurado el Centro, se camufló hasta mayo de 1932 en el Club Alpino Laurak-Bat. Pero la competencia con los monárquicos de otras tendencias (Juventud Monárquica, Juventudes Tradicionalistas) o bien con los falangistas fue dura y nunca permitió que el núcleo albiñanista superara unas pocas decenas de afiliados. Entre sus dirigentes vascos se encontraba Rafael Vierna y Urquijo, campeón automovilístico, miembro de la conocida familia de los Urquijo (lo que permite a la Auñamendi Eusko Entziklopedia (8) afirmar que el PNE estuvo “enlazado con las élites políticas tradicionales”) gracias al que pudieron abrir un nuevo local en 1935 con la presencia en el acto de inauguración del propio doctor Albiñana y siendo el jefe local de la organización bilbaína el abogado Enrique Iruegas.

También en Cantabria existió un Centro Nacionalista Español (9) y un grupo de albiñanistas que dieron que hablar especialmente en la primera mitad de los años 30. Al parecer antes de 1932 ya existía este centro y esta delegación nacionalista. Sus miembros procedían de la pequeña burguesía y del artesanado urbano. Albiñana, que colaboraba en la publicación carlista Gil Blas, tenía también partidarios y era muy conocido en el ambiente tradicionalista. No existía en la provincia un liderazgo consolidado, si bien se movían bajo la protección de Sainz Rodríguez y Fuentes Pila. Tras la “sanjurjada” las actividades nacionalistas fueron prohibidas en Cantabria y no sería sino hasta 1933 cuando El Diario Montañés prestó de nuevo atención al PNE diciendo de él que “exhibe su bandera de combate bravamente cristiana y de derechas, llena de juventud y de bélico entusiasmo”, afirmando que “ha sabido conquistar el ánimo de las juventudes sanas de la provincia” y añadiendo, finalmente, que “constituye un centro de indudable pujanza”. Pero, la verdad es que parece que no tuvieron tanta actividad provincial y esta se limitó solamente a la organización de una Unión Gremial Española, creada en el verano de 1933 y que permitió burlar la prohibición que pesaba sobre el PNE.

También queda constancia de la existencia de otro núcleo albiñanista de cierta importancia en Orihuela (10) (Murcia) que tenía cierta influencia sobre el semanario El pueblo de Orihuela frecuentemente enzarzado en agrias polémicas con el otro medio local, Renacer, de carácter socialista fundado en 1928. El segundo calificaba al primero de “órgano u organillo de la troupe albiñanista local”. Los otros respondieron con idéntica virulencia. No se trataba de un semanario enteramente albiñanista, sino que en sus columnas coincidían miembros de las distintas derechas. A los albiñanistas les dejaban dos o tres páginas para que colocaran sus artículos de opinión. El núcleo debió extinguirse antes de la guerra civil porque a partir de 1932 ya no hay noticias suyas ni siquiera en los medios locales

En definitiva, el PNE estuvo presente en buena parte de España contando con pequeños grupos de activistas, pero solamente contó con una provincia-bastión, Burgos, debido especialmente al conservadurismo propio de esa zona, pero también gracias a la actividad parlamentaria del propio Albiñana que, a pesar de haber nacido valenciano, se identificó con los problemas de la áspera meseta castellana y se convirtió en su gran defensor.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

(1) Cfr. Maeztu: Biografía de un nacionalista español, Pedro Carlos González Cuevas, Editorial Marcial Pons, Ediciones de la Historia, Madrid 2003, pág. 284.

(2) Eduardo González Calleja, Precursores y falsos profetas, Revista de Historia Contemporánea – 11, Artículo: Camisas de fuerza, fascismo y paramilitarización, págs. 56-58, http://www.historiacontemporanea.ehu.es/s0021-con/es/contenidos/boletin_revista/00021_revista_hc11/es_revista/adjuntos/11_04.pdf

(3) Cfr. Capital de la Cruzada: Burgos durante la Guerra Civil, Luis Castro Berrojo, Editorial Crítica, Barcelona 2006, pág. 32.

(4) Parece, sin embargo, que se preocupó por sus electores y que defendió activamente los intereses de la provincia de la que era representante. Se mencionan algunas de las iniciativas que tuvo para mejorar la situación de sus vecinos: Rectificación legal del funcionamiento de la Compañía de Aguas de Burgos, instalación de teléfono en Villarcayo y Medina de Pomar, creación del Aeropuerto de Burgos, consiguiendo una importante subvención, etc (María Concepción Marcos del Olmo, La Segunda República en Burgos, en Historia de Burgos, Diario16 de Burgos, 1993.). Uno de los proyectos más interesantes que apoyó Albiñana fue la proposición de ley firmada el 28 de mayo de 1935 por un grupo de diputados de la derecha entre los que se encontraba él, destinado a proteger y promover un “cine español” (Historia Social Del Cine en España, Emeterio Díez Puertas, Editorial Fundamentos, Madrid 2003, pág. 66).

(5) Cfr. Entre otras intervenciones, Albiñana participo en la sesión La burguesía catalana ante la II República española: El triunfo de Wagner sobre Verdi, Bernat Muniesa, Capítulo VI La “rebeldía catalana” en el parlamento español, sesión del 4 de julio, pág. 184. Se reproduce la intervención completa de Albiñana en esa ocasión que supone una de sus típicas soflamas anticatalanistas aludiendo incluso a “bandoleros al servicio de la Generalitat” que actuaron en la revuelta del 6 de febrero de 1934. También trono contra la abolición de la festividad de la Inmaculada Concepción y, por supuesto, contra la ley del divorcio de la República, de la que, por lo demás, él fue uno de los primeros usuarios

(6) http://alerce.pntic.mec.es/~pong0000/33-burgos.htm

(7) Luis Palacios Bañuelos, Elecciones en Burgos 1931-1936. El Partido Nacionalista Español, Publicaciones de la Cátedra de Historia Contemporánea de España. Universidad Complutense, Madrid, 1981, pág. 476.

(8) Auñamendi Eusko Entziklopedia, Bernardo Estornés Lasa Fondoa, artículo: Partido Nacionalista Español de Bilbao, http://www.euskomedia.org/aunamendi/109789

(9) Los datos sobre el PNE en Cantabria han sido extraídos en su totalidad de De la Resistencia a la Reacción: Las Derechas Frente a la Segunda República (1931-1936), Julián Sanz Hoya, Universidad de Cantabria, Santander 2006, pág. 144-145.

(10)  Los datos sobre el albiñanismo en Orihuela han sido extraídos de El oficio de poeta. Miguel Hernández, Eutimio Martín, capítulo: Una doble concesión a la literatura en panocho,  Editorial Aguilar, Madrid 2010, págs. 57-60

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (1 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (2 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (3 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (4 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (5 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (6 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (7 de 7)

viernes, 13 de noviembre de 2020

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (2 de 7) - LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO NACIONALISTA ESPAÑOL

 

LA FUNDACIÓN DEL PARTIDO NACIONALISTA ESPAÑOL

En 1921 el doctor Albiñana, como hemos visto, se traslada a México por motivos profesionales. Permanecerá allí hasta principios de 1928. Un año antes, en 1927, había tomado contactos con la Unión Patriótica y con el gobierno de Primo de Rivera. El período que va entre el retorno de Albiñana de México y la fundación del PNE se caracteriza por un aumento del fervor monárquico que, siendo mayoritario, no es, sin embargo, absoluto en la Unión Patriótica muchos de cuyos soportes son republicanos (como el propio Sanjurjo de simpatías lerrouxistas) (1).

El lema del PNE (“Religión, Patria, Monarquía”) parece calcado del de la Comunión Tradicionalista (“Dios, Patria, Rey”), la consigna más repetida (“España sobre todas las cosas y sobre España inmortal, sólo Dios”) es habitual en las derechas europeas de la época y si bien adoptarán la moda de las camisas iniciada por el fascismo italiano, el suyo será el azul celeste o “azul purísimo” de resonancias marianas con la cruz de Santiago. Frente al tricolor republicano (“ese trapo manchado de permanganato” como solía decir Albiñana) la bandera roja y gualda.

El fervor monárquico de Albiñana en 1930 era propio del converso. Llega a decir, por ejemplo, “El rey de España no puede fracasar nunca. El fracaso es siempre de los ministros responsables”, añadiendo: "Los difamadores eligieron como víctima al rey de España y a su ministro de la Gobernación; es decir el soberano más demócrata de Europa y el gobernante más austero del mundo....” (2). Precisamente por esto, su adversario más enconado son los antimonárquicos mucho más que los marxistas. No es raro, pues, que los primeros incidentes que protagonizan los activistas de Albiñana sea el asalto a un mitin en el que intervenía Miguel de Unamuno en mayo de 1930. En ese tiempo apenas pasaba de ser un monárquico nostálgico al que la salida a prisa y corriendo de Alfonso XIII le había sumido en una profunda frustración.

Nada más llegada la República, Albiñana será considerado como la bestia negra del nuevo régimen (3). En virtud de la recién instituida Ley de Defensa de la República será desterrado a Las Hurdes. Recogerá sus impresiones y juicios de la época en una obra que tuvo un éxito sin precedentes para un escritor de extrema-derecha, en efecto, de su Confinado en Las Hurdes (4)  se vendieron en un tiempo récord 30.000 ejemplares.

El 19 de marzo de 1930, Albiñana se estrena en la vida política nacional lanzando un manifiesto contra el Ateneo de Madrid al que reprocha sus actividades contrarias a la dictadura de Primo de Rivera. El manifiesto tendrá cierto eco y en el mes siguiente constituirá, junto con Delgado Barreto, El Partido Nacionalista Español cuyos 22 puntos llamaron la atención de los medios de comunicación que se felicitaron de que por fin hubiera llegado un “partido fascista” a nuestro país. Pero, a decir verdad, el manifiesto era poco fascista, no había ni una sola palabra a favor de revolución alguna, ni tampoco el nacionalismo propio de los fascismos tenía su complemento en políticas sociales radicales y proteccionistas de los eslabones más débiles de la sociedad. Si bien es cierto que Albiñana prodigó algunos elogios a la figura de Mussolini y que, en esa época, deliberadamente, utilizaba la simbología y la estética del fascismo, lo cierto es que sus objetivos, su programa e incluso su talante, estaban mucho más cerca de la Unión Patriótica que del Partido Nacional Fascista (5). Al igual que la UP, el PNE se declaraba a favor de la “religión, la patria y la monarquía”. En ninguna proclama del PNE, ni siquiera en ningún reglón escrito por Albiñana existían llamamientos a revolución alguna, sino una búsqueda casi obsesiva de orden y de su restablecimiento frente a lo que se adivinaba el caos republicano perceptible desde los primeros momentos de instauración del régimen. La UP defendió siempre el unicameralismo corporativista, el nacionalismo centralista, las posiciones no sólo antiseparatistas sino incluso antirregionalistas, la defensa a ultranza de la religión católica, el rechazo a la democracia liberal, el concepto tradicional de monarquía y, por supuesto, el anticomunismo. 

Albiñana, primeramente, se dotó de una revista La Legión, que luego debería de verse apoyada por otros dos semanarios, en Burgos y Jaén, pero la prohibición posterior de la que fue objeto el PNE invalidaron ambos proyectos (6). El 7 de octubre de 1930, sus “legionarios” provocaron graves incidentes en Valladolid (7) lo que, unido a otras acciones que implicaron un entendimiento continuo con la violencia, etiquetaron inmediatamente a su formación como grupo agresivo, subversivo y violento del que, al constituirse la nueva legalidad republicana debió defenderse. Era el signo de los tiempos tanto para la derecha radical (8)  como para la extrema-izquierda. Pero el fascismo no es sólo violencia: es un programa político de carácter revolucionario que Albiñana jamás entendió, aprecio ni compartió. Southwoth dice de él: “Y sin embargo, no era fascista. Era simplemente un conservador indisciplinado y violento. (…) No soñaba en imperios que conquistar sino en salvar el conservadurismo español -la monarquía, la Iglesia, el ejército- mediante la represión interna” y unas líneas más adelante añade: “Enemigo de la revolución social, sus ideas para contenerla eran de otra época. Su concepción de un Estado nacionalista no obedecía a objetivos más vastos; era un fin en sí mismo. Su programa era anticuado, sentimental, lacrimoso, e incluso parlamentario; no era un programa joven, áspero, agresivo e imperialista” (9).

En abril de 1930, algunos militantes abandonan la formación cuando ésta se declara monárquica: son los que verdaderamente pensaban que el PNE era la avanzada del “fascismo español” y se sienten decepcionados al percibir que no hay variaciones notables entre las posiciones que fueron propias de la UP y las del partido. Tras proclamarse la República y, en virtud de la aplicación de la Ley de Defensa de la República, termina en la cárcel donde escribirá 18 artículos para La Nación que se publicarán en forma de libro: Prisionero de la República, que constituyó una lectura obligada para los simpatizantes monárquicos de la época. Siete de los doce primeros meses del régimen los pasó encarcelado y el ministerio de gobernación no aprobó los estatutos de su partido hasta principios de 1932. Poco después Albiñana resultó nuevamente detenido al haber utilizado los colores de la bandera real en unos impresos del partido, algo proscrito por la nueva legalidad republicana. Su orgullo le impidió pagar las 5.000 pesetas de multa que le fueron impuestas así que se hizo acreedor de la pena subsiguiente: el destierro en la aldea de Nuñomoral en unas Hurdes atrasadas y primitivas. Allí permaneció durante diez meses en una choza carente de las más elementales medidas higiénicas. Su salud se resintió y cuando escribió a Primo de Rivera para felicitarle por el acto del Teatro de la Comedia, todavía se encontraba aquejado de las enfermedades contraídas en Las Hurdes.

En 1932 el PNE fue definitivamente legalizado pero en esos dos años algo ha cambiado: Albiñana parece haber moderado sus ímpetus, ha decidido ser un político “serio y profesional” (10), pero los años que mediaban entre su retorno de México y la fundación de la Falange (28 de octubre de 1933) habían sido suficientes como para que Albiñana quedara identificado como el máximo representante de las corrientes fascistas que se abrían paso en Europa y le iba a ser imposible, a partir de ahora, quitarse de encima el sambenito. En abril de 1932 siete de sus mítines fueron prohibidos. Southworht cuenta que en ese momento “Había creado sucursales de su partido en América del Sur mucho antes de que lo hiciera cualquier grupo español verdaderamente fascista” (11).

 NOTAS A PIE DE PÁGINA

(1) Cfr. http:// memoriazul.lacoctelera.net/post/2010/07/19/albi-ana-y-falange-i.

(2) Cfr. http:// memoriazul.lacoctelera.net/post/2010/07/19/albi-ana-y-falange-i.

(3) Azaña cuenta que el mismo día en el que s inició la quema de iglesias había visto desde la ventana de su despacho como la muchedumbre linchaba a un albiñanista (Cfr. El Eclipse de la Democracia: La Guerra Civil Española Y Sus Orígenes, 1931-1939, Gabriele Ranzato, Editorial Siglo XXI, Madrid 2006, pág. 171), el dato es suficientemente elocuente como para demostrar que los albiñanistas se habían convertido en la bestia negra del nuevo régimen y contra ellos apuntaron todas las baterías republicanas. 

(4) José María Albiñana Sanz, Confinado en Las Hurdes, Una víctima de la Inquisición republicana. Imprenta El Financiero, Madrid 1933. En esta obra juzgaba así al régimen republicano: "Desde el siniestro 14 de abril de 1931, fecha trágica en la historia de España, los españoles venimos gimiendo en la más angustiosa esclavitud, huérfanos de toda tutela protectora, sin ninguna de las libertades inherentes a los pueblos cultos; tratados a colmillazos por una piara incivil de porcinos acomodados a expensas de la traición; insultados y difamados por una prensa insolvente y canalla;  expoliados por unos tributos agobiantes para regodeo de vagos, perjuros y desleales. En una palabra: somos los modernos parias, víctimas de la Inquisición republicana, ejercida por homúnculos rencorosos y ridículos protegidos  y alentados por la Masonería extranjera, que ha encontrado en nuestro suelo una turba de agentes, destructores de la Patria, a cambio del pienso ignominioso que rumian en el pesebre nacional".

(5) "Creo que en el marco de las organizaciones nacionalistas de la derecha europea en el período entre-guerras, donde debe situarse el caso del Partido Nacionalista Español, que adoptó modales fascistoides, pero que no fue propiamente fascista. El contenido nacionalista es el que arropó en el ambiente de Burgos la candidatura de Albiñana, donde tenía un foco de seguidores jóvenes activos, pero no el número más importante de afiliados", Luis Palacios Bañuelos, Elecciones en Burgos 1931-1936. El Partido Nacionalista Español, Publicaciones de la Cátedra de Historia Contemporánea de España. Universidad Complutense, Madrid, 1981, página 12, prólogo libro de Luis Palacios.

(6) Cfr. Prensa y Partidos Políticos Durante la II República, Antonio Checa Godoy,  Universidad de Salamanca, Salamanca 1898, pág. 218. 

(7) La España del siglo XX (3 volúmenes), Manuel Tuñón de Lara, Editorial Akal, Madrid 1996, pág. 248.

(8) “La simbólica política transmitida por medios no verbales tuvo un enorme desarrollo, y un influjo nada desdeñable en la catalización de ese ambiente de enfrentamiento precursor de la Guerra Civil. No sólo los emblemas partidistas (la cruz bordelisada japista, la cruz de Santiago del PNE, el yugo y las flechas de Falange, el lis borbónico, la boina roja, la margarita y la cruz de San Andrés del carlismo, etc.) o los himnos (el himno japista, el Cara al Sol falangista, la Marcha Real alfonsina o el Oriamendi carlista) transmitían todo un imaginario de la confrontación, sino que incluso los colores adquirieron una notoria carga política, hasta el punto de ser la referencia fundamental de la indumentaria partidista: el blanco del monarquismo borbónico, el amarillo del sindicalismo católico, el azul del falangismo confrontado con el carmesí socialista, o el rojo de la revolución obrera como antítesis del negro símbolo de la reacción, del jesuitismo y del clericalismo dominantes en el bienio cedorradical. Y, por último, el empleo del “verde” como un acróstico (Viva El Rey De España) en favor de la restauración monárquica”. Pasado Memoria. Revista de Historia Contemporánea, Nº 2 – 2003, Universidad de Alicante 2003, Aproximación a las subculturas violentas de las derechas antirrepublicanas españolas (1931-1936), pág. 69-70.

(9) Southworth, op. cit. Cfr. Versión digital en http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=214

(10) Doctor Albiñana, la extrema-derecha literaria, Eduardo Conolly, http://hispanismo.org/biografias/2039-doctor-albinana-la-extrema-derecha-literaria.html

(11) Herbert R. Southworth, Análisis del falangismo, Introducción a Antifalange: estudio crítico de Falange en la guerra de España de M. García Venero, Editorial Ruedo Ibérico. Versión en línea en http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php?id=214

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (1 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (2 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (3 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (4 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (5 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (6 de 7)

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (7 de 7)

jueves, 12 de noviembre de 2020

Albiñana y su Partido Nacionalista Español (1 de 7)

En los estudios sobre el fascismo español se suele soslayar la figura del doctor José María Albiñana y la de su creación, el Partido Nacionalista Español, que es citado apenas a modo de precursor. En el fondo la figura de Albiñana y la de su partido está situada en un cruce histórico: de un lado tiene elementos fácilmente reconocibles del viejo carlismo, pero en otros se percibe ya una veta nueva ausente en aquel movimiento (el nacionalismo) y más propio del fascismo. La misma figura del líder tiene más de fascista que de cualquier otro experimento anterior. La militarización de la juventud es otro de los rasgos que lo aproximan a la experiencia fascista, mientras que el reaccionarismo innegable si bien tiene rastros que suelen encontrarse en la “derecha fascista” también es cierto que no son privativos de esta corriente. Así pues, subsisten aún hoy serias dudas y una amplia laguna historiográfica relativa al movimiento creado por el doctor Albiñana, todavía más incomprensible porque éste escribió abundantes libros que, a pesar de no haber sido reeditados, pueden consultarse con relativa facilidad. En este estudio vamos a aportar una visión global de Albiñana y de su partido.

JOSÉ MARÍA ALBIÑANA, PRIMEROS PASOS DE UN AVENTURERO

Enguera, pequeño pueblo del interior de la provincia de Valencia, vio como el 13 de octubre de 1883 nacía en su término municipal el que sería uno de sus hijos ilustres, José María Albiñana Sanz. Es difícil saber si Albiñana sería recordado en su tierra natal, que abandonó pronto, de no haberse dedicado a la actividad política, es probable que hubiera destacado en su especialidad profesional, la medicina y que en ese terreno hubiera logrado notables avances científicos. Pero en la segunda parte de su vida se sintió atraído por la política y eso terminó desviándole de una prometedora carrera profesional y, al mismo tiempo, le costó la vida.

Durante su período estudiantil fue uno de los promotores de la Unión Escolar Valenciana de la que sería secretario general y luego presidente. Debió gustarle la experiencia porque a poco de licenciarse se afilió a la Juventud Liberal-Democrática de Valencia, grupo de carácter progresista que solía tener duros enfrentamientos con los estudiantes procedentes de organizaciones conservadoras. En 1910, Albiñana era todavía un hombre de talante liberal e incluso anticlerical que frecuentaba logias masónicas. Escribió un folleto titulado Orientación a la juventud ante el problema religioso, dedicado a Canalejas, Bernabé Dávila y al general José López Domínguez “ilustres campeones de la soberanía del Estado sobre el clericalismo”. Ir contra Roma era “engrandecer a España” (1). Tras este estreno político, Albiñana se dedicó al ejercicio de la medicina, consiguiendo ser académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina, obteniendo varios galardones por su práctica clínica y sus investigaciones. Escribió varios textos sobre medicina (2) e incluso fundó un periódico, La Sanidad Civil, portavoz de la Federación de Sanidad Civil, organismo profesional de la clase médica para luchar por los derechos de los profesionales de la medicina en 1914 (3). Hasta 1920 intentó mantenerse en la enseñanza universitaria pero su fracaso al opositar a la cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad Complutense, le indujo a tomar otros derroteros.

Hasta ese momento, el doctor Albiñana era un monárquico liberal que aceptaba las posiciones del Conde de Romanones y militará en la Juventud Liberal Monárquica en 1910. Cuando estalle la Primera Guerra Mundial apoyará a los aliados occidentales (lo que indica que en esa época seguía ostentando posiciones políticas liberales). En ese período ingresará durante un breve período en la masonería sin que esta militancia suponga ninguna modulación adicional en sus posiciones liberales que compartirá con Santiago Alba, dirigente del Partido Liberal y, a su vez, miembro de la masonería (4).

Tras este fracaso se desplazará a México en donde le interesa investigar los fundamentos de la medicina indígena. Una vez allí da la sensación de que sus investigaciones sobre este interesante tema pasan a segundo plano y se dedica a asumir y profundizar en la idea de la Hispanidad (5) mientras que asiste a las convulsiones internas de aquel país en el primer cuarto del siglo XX. Allí el asesinato de presidentes se había convertido en algo frecuente (Madero en 1913, Zapata en 1919 y Pancho Villa en 1923 y Carranza en 1920, Álvaro Obregón en 1928 hasta llegar a Elías Calles) hasta el momento en el que estalla la revuelta de los cristeros (6) y la guerra civil que asolará el país. La guerra se prolongó entre 1926 y 1929 y generó unos 250.000 muertos y un número similar de refugiados entre ambos bandos llegando a episodios de violencia extrema. La guerra se inició cuando el gobierno de Elías Calles intentó aplicar una laicización radical de la sociedad y un alejamiento de la Iglesia Católica de cualquier centro del poder. El conflicto extinguido en 1929 volvió a reproducirse en 1934 resultando violentamente reprimidos los maestros rurales católicos que muy frecuentemente fueron torturados y asesinados.

Albiñana permaneció en México hasta 1928. El presidente Elías Calles (fundador del Partido Nacional Revolucionario, precedente inmediato del Partido Revolucionario Institucional) terminó expulsándolo del país en el curso de una campaña xenófoba (7). Su estancia allí y el contacto con los cristeros, sin duda, configuraron algunos de los criterios políticos con los que regresó a España. Cuando se examina el himno cristero (¡Qué viva mi Cristo, qué viva mi Rey! ¡Qué impere doquiera triunfante su ley! ¡Qué impere doquiera triunfante su ley! ¡Viva Cristo Rey, Viva Cristo Rey!....) se perciben ecos de lo que luego sería la doctrina del Partido Nacionalista Español.

Fue un prolífico escritor. Le iba el humor y la comedia (La medicina en verso, Colección de humoradas médico-literarias, edición de 1904 o Marco Antonio de Jurdania: comedia románica de estructuración enchufícola, que debió aparecer en 1934), obras de carácter médico, algunas novelas (en especial su trilogía mexicana compuesta por Sol de Levante de 423 páginas publicado en 1923, Aventuras Tropicales, en busca del oro verde, reimpreso por Espasa Calpe en 1972 y Bajo el cielo mexicano de 1930), libros de carácter moralista (Orientación de la juventud ante el problema religioso de 1910) y media docena larga de libros de carácter político parte de los cuales está dedicado a narrar sus peripecias en el México revolucionario y cristero (La situación de México vista desde España, 1921) y, por supuesto obras de carácter político (Los crímenes del caciquismo de 1916, Confinado en las Hurdes –que llegó a ser un bestseller del que se vendieron entre 30 y 40.000 ejemplares-, Cómo se engaña a un pueblo: las grandes mentiras democráticas, publicada por El Financiero en 1933, Prisionero de la República de 1931, Los cuervos sobre la tumba, después de la dictadura en 1932, España bajo la dictadura republicana, del mismo año y Burgos en el parlamento en donde resume su gestión como parlamentario por esa provincia).

Cuando vuelve a España se asocia con Manuel Delgado Barreto y entre ambos lanzan el Partido Nacionalista Español.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

(1) Cfr. José María de Urquijo e Ybarra: Opinión, Religión y Poder, Cristóbal Robles, Cristóbal Robles Muñoz, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1997, pág. 242.

(2) Concepto actual de la filosofía médica y su valor en el desarrollo de la medicina, Doctor José María Albiñana Sanz, Estab. Tip. y Editorial, 1912 - 269 páginas. El libro fue premiado por la Real Academia de Medicina. Cfr. Anales de la Real Academia de Medicina - 1910 - Tomo XXX - Cuaderno 1, Real Academia Nacional de Medicina, Real Academia Nacional de Medicina,  Madrid 1910, págs. 6 y 10.

(3) Cfr. Profesionales y Burócratas: Estado y Poder Corporativo España S. XIX, Francisco Villacorta Baño,  Editorial Siglo XXI, Madrid 1989  pág. 293.

(4) El tema de la militancia masónica de Santiago Alba ha hecho correr mucha tinta. En el Archivo de Salamanca se guarda un expediente sobre el tema, siendo declarado “exento de responsabilidad” lo que equivalía a decir que no se podía demostrar su militancia masónica, pero que ésta era probable. El tema ha sido tratado por Celso Almuiña en el artículo Santiago Alba, paradigma del político regenerador, en Investigaciones Históricas, nº 15, 1995, pág. 269-296, colocado en línea en http://biblioteca.universia.net/html_bura/ficha/params/title/santiago-alba-paradigma-politico-regenerador/id/44792835.html

(5) Animado de la idea de Hispanidad, Albiñana intervino en varias polémicas en defensa de este concepto. En uno de estos cuerpo a cuerpo se enfrentó al profesor Russel Smith recibiendo la felicitación de Miguel Primo de Rivera.

(6) Para tener una visión completa de lo que fue el movimiento cristero y los distintos episodios de la guerra puede consultarse la obra de Jean Meyer, La cristiada, la guerra de los cristeros, Editorial Siglo XXI, México 2005 y especialmente Movimiento Cristero: Una Pluralidad Desconocida,  María Alicia Puente Lutteroth, Editorial Progreso, México 2002. Para una visión rápida y precisa puede consultarse: http://es.wikip.org/wiki/Guerra_Cristera

(7) Ismael Sanz en su obra Fascismo y franquismo (Publicaciones de la Universidad de Valencia, Valencia 2004,  pág. 32) duda de que las polémicas “españolistas” que acarrearon la expulsión del doctor Albiñana de aquel país fueran motivadas por la idea de defensa de la Hispanidad, sino que detrás de su actitud lo que existía era “odio al México revolucionario”.

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