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viernes, 18 de febrero de 2022

La Falange “de izquierdas” o los delirios del ocaso (5 de 8) – FNAL, FSR Y DISTINTOS EXPERIMENTOS (FRUSTRADOS)

 

Resulta extremadamente difícil reconstruir la historia y lo que fue el FNAL, no digamos sus dimensiones reales. En Wikipedia –esa inmensa acumulación de errores que pasan a la posteridad como dogmas inamovibles– se dice, por ejemplo:

         “Frente Nacional de Alianza Libre (FNAL) fue una organización política española de inspiración falangista constituida en 1968 por Manuel Hedilla tras su marcha del radical Frente Sindicalista Revolucionario de Narciso Perales. Durante el franquismo actuaba bajo la cobertura de la Editorial FNAL. En 1970, a la muerte de Hedilla, se hizo con el liderato Patricio González de Canales. En 1976 participó en un congreso de unificación de la Falange que dio origen a la Falange Española de las JONS (Auténtica). Aun así, en 1978 el FNAL se constituyó como partido político, aunque sin tener actividad pública desde entonces”.

Esto es todo. Efectivamente, parece que Hedilla tuvo algún contacto con el FSR en 1966[1]. El Frente Sindicalista Revolucionario tenía su origen en el Frente Nacional de Trabajadores creado tres años antes de la mano de Narciso Perales y Ceferino Maestú. Este grupo contaba con una rama estudiantil (el Frente de Estudiantes Sindicalistas) dirigida por Sigfredo Hillers, Jorge Perales y José Real. Ambos grupos terminaron separándose, convirtiéndose el FNT en FSR[2].

Fue en 1966 cuando Manuel Hedilla se integró en el grupo durante un breve período de tiempo. Su estancia debió ser breve y no particularmente intensa porque en 1968 constituyó el Frente Nacional de Alianza Libre y en la “historia oficial” del FSR, su nombre no aparece en ningún sitio[3]. Al consultar las fuentes específicamente falangistas y la historia que presenta Wikipedia del FSR, parece como si se esté hablando de dos organizaciones completamente diferentes. En la “historia oficial” del FSR presentada por Wikipedia[4] el nombre de Hedilla no aparece por ningún sitio, sin embargo, en la misma Wikipedia[5], en la entrada correspondiente a Narciso Perales se indica que El FSR quedó constituido por medio de una asamblea semiclandestina celebrada en Madrid y que supuso el retorno de Manuel Hedilla, tras veintinueve años de retirada, a la actividad política. Hedilla fue elegido presidente y Narciso Perales vicepresidente. Ambos eran falangistas y católicos devotos”… Lo segundo ha sido reproducido en muchas webs falangistas o próximas a ese ambiente. Da la sensación de que se está aludiendo a dos FSR completamente distintos, sin apenas puntos de contacto. En cuanto al FNAL, el embrollo no es menor.

Se puede aceptar como bueno el siguiente párrafo de Wikipedia–FSR: Convencido del desprestigio de los símbolos falangistas debido a su identificación con el franquismo, Perales pretendía crear con el FSR una neo–falange, es decir, una organización que no reivindicara la identidad falangista pero que defendiera los pensamientos joseantonianos convenientemente actualizados. La bandera del FSR era negra con una espiral roja”. Los ejemplares de la publicación Frente, reproducida toscamente a multicopista, que nosotros mismos leímos en 1968 y que aparecía como “órgano de la Junta Local de Madrid del FSR”, así parecían sugerirlo. Podía leerse alguna frase de José Antonio de carácter obrerista, sin referencias explícitas a la Falange ni a la simbología falangista. Podemos aceptar igualmente lo escrito en Wikipedia–FSR: “Se mezclaban planteamientos de abierta simpatía con el movimiento libertario y el sindicalismo de Pestaña junto con posiciones próximas al nacional–sindicalismo y defensoras de un falangismo antifranquista. Las críticas al dirigismo leninista se simultaneaban con teorizaciones sobre la necesidad de una vanguardia política jacobina; la reivindicación de una revolución hecha por los trabajadores con la afirmación de que la revolución debe ser dirigida por un partido elitista”

Entre 1968 y 1972, los falangistas que habían dado vida a la organización fueron desapareciendo poco a poco y los que quedaron se fueron reconvirtiendo en “sindicalistas autogestionarios” que atrajeron a un cierto número de militantes que no procedían del nacional–sindicalismo sino que tenían a éste como uno de los puntales del franquismo. Cuando se incorporó el profesor José Luis Rubio Cordón[6] tardó poco en hacerse con el control de la organización y a acentuar su carácter sindicalista y autogestionario. Los pocos falangistas que quedaban debieron ver como su ideal originario cada vez quedaba más difuminado y terminaron dándose de baja. Ese debió ser también el caso de Narciso Perales, un hombre que solamente unos años antes se había convertido en referencia para todos los pieds noirs y militares opuestos a De Gaulle, unidos en la lucha de la OAS para conservar Argelia en la órbita francesa. Bruscamente, a la vuelta de seis años, Perales debió darse cuenta de que buena parte de los militantes del movimiento que había creado se interesaban por la autogestión en la Argelia independiente[7]...

En poco tiempo, el FSR paso de ser un grupo compuesto por falangistas que juzgaban oportuno no confesar públicamente su filiación para evitar confusiones con los falangistas que actuaban dentro del Movimiento franquista y poder desarrollar sin este lastre un actividad social más intensa, pero cuyos miembros, íntimamente, seguían considerándose falangistas, a un grupo en el cual lo que quedaba de falangismo era residual y se encontraba en migración permanente desde las posiciones de la “izquierda falangista” a las del anarcosindicalismo autogestionario. Este proceso se inició en Barcelona, en donde el grupo tenía bases desde su origen, a pesar de ser extremadamente minoritario. En Cataluña, además, se dio otra circunstancia a partir de 1974; tras la ejecución de Salvador Puig Antich[8], y en los tres años siguientes, los grupos anarquistas renacieron de su letargo, adquiriendo un carácter juvenil y masivo. Era inevitable que esta gigantesca masa –caótica, confusa, superficial y contradictoria– ejerciera, por su mismo volumen y peso, una fuerte capacidad de atracción sobre la “izquierda falangista” catalana que, entre 1974 y 1977, inició su migración completa hasta el punto de que cuando se convocaron las elecciones de 1977, ni el FSR, ni la Confederación de Grupos Autogestionario (en la que el FSR participaba), existían.

La radicalización del FSR catalán empezó, precisamente, con la participación de sus miembros en las protestas por la ejecución de Puig Antich (cuya figura no fue apenas reivindicada por la izquierda, ni dio lugar a ninguna movilización por parte de la Asamblea de Cataluña en la que formaba lo esencial de la “oposición democrática”, aún bajo el impacto del asesinato de Carrero Blanco y que trataba de no mezclarse en la actividad de grupos armados y terroristas). La radicalización ultraizquierdista del FSR catalán iba bastante más lejos del sindicalismo autogestionario que imprimía Rubio desde Madrid y era perceptible a través del título de la hoja del FSR catalán (Lucha Permanente). A diferencia del FSR madrileño (más sindicalista que marxista) en el grupo barcelonés existía una extraña vocación a seguir una línea vagamente equiparable al MIL: una mezcla de sindicalismo, marxismo revolucionario, anarco–consejismo, y de situarse en el espacio de la “nueva izquierda”. Finalmente fue a confluir con otros grupos autogestionarios surgidos de la “izquierda falangista” universitaria.

El origen remoto de esta Confederación de Grupos Autogestionarios de Cataluña sería la publicación Aula Azul que apareció a principios de los setenta en la Universidad Central de Barcelona, dando lugar su distribución a enfrentamientos con la izquierda. Aula Azul se presentaba como el Órgano de la Sección Universitaria de Falange Española de las JONS de Barcelona, apareció entre 1971 y 1973. Estaba vinculado a las Juntas Promotoras de FE–JONS, es decir, sería una formación de carácter “ortodoxo” o “centrista” (situada entre el FSR y Fuerza Nueva, por expresarlo en términos gráficos). Tras concluir, algunos de los que habían participado en esta experiencia dieron vida a la publicación Eje, órgano de la Juventud Falangista de Barcelona (año 1974) en cuyos pocos números ya era perceptible un giro hacia la izquierda. Si en Eje todavía se utilizaba el término “nacional–sindicalista”, el paso siguiente fue abandonarlo para considerarse solamente “sindicalistas” y luego “sindicalistas autogestionarios”.

La influencia de las publicaciones de la Editorial ZYX y, en concreto, de Rubio Cordón, era cada vez más patente, pero la capacidad de atracción del renacido anarcosindicalismo catalán, la CNT, fue superior. Hacia 1975, se creó una Confederación de Grupos Autogestionarios formada por el FSR, el Partido Sindicalista y los pequeños círculos surgidos de los jóvenes falangistas que habían constituido Acción Revolucionaria Sindicalista. La pujanza de la CNT hizo lo demás. En 1976, el FSR todavía recordaba el origen falangista del grupo, un pecado del que sus dirigentes confesaron público arrepentimiento: “Algunos de sus miembros proceden de grupos afines a Falange, si bien en la actualidad se encuentran lejanos de las autoritarias doctrinas nacional–sindicalistas” [9].

Todo esto ya es historia. El encaje de los antiguos falangistas en la CNT no fue fácil y dejó escasas huellas. La propia historia de la CNT reconstruida fue breve. Cuando una provocación policial consiguió que la sala de fiestas Scala ardiera por los cócteles molotov lanzados durante una manifestación convocada por el sindicato, muriendo cinco trabajadores que se encontraban en el interior (cuatro de los cuales estaban afiliados a la CNT), una voz anónima reivindicó el atentado en nombre de “José Miguel Maluquer”, uno de los antiguos falangistas pasados a la CNT…[10] y cuyo padre era un conocido falangista, miembro de los Círculos Doctrinales José Antonio que había sido concejal del Ayuntamiento de Barcelona. Obviamente, quien había realizado la llamada telefónica no era el interesado sino alguien que pretendía mezclar el nombre de un antiguo falangista en el atentado que desprestigió a la CNT y, a partir del cual, ya nunca más lograría recuperarse.

En cuanto a Narciso Perales, en noviembre de 1976, anunció su incorporación a FE–JONS(A): “La Dirección Colectiva del FSR emite un comunicado manifestando la expulsión de Perales y señalando que el FSR no tiene nada que ver con el falangismo en cualquiera de sus matices. En la edición de 25–11–1976 de Diario 16, el secretario de la Dirección Colectiva del FSR, Fernando Flores, manifestaba que “a Perales se le indicó que si en su interior se consideraba falangista debería abandonar el FSR. Esta acusación la negó dando toda clase de seguridades”. A Perales le acompañarían sólo dos personas, una en Cantabria y otra en Valencia, pero una treintena de militantes madrileños abandonaron el FSR en disconformidad con la contemporización que se había tenido con Perales hasta entonces y acusando a la dirección de haber ocultado a la militancia las raíces neofalangistas de la organización”[11].

Aquí termina la historia del FSR y de los grupos autogestionarios: incluso dentro del ámbito de los grupos radicales de izquierdas, entre los que habían elegido compartir área, su actividad fue muy reducida y casi anecdótica[12]. Salen, por tanto, del ámbito de nuestro estudio y entran, más bien, en el de las rarezas y el freakysmo.

En cuanto a la historia del FNAL hay poco que decir: los rastros documentales que dejó fueron mínimos por la sencilla razón de que su entidad fue, así mismo, minúscula. El único interés que podía tener la sigla era la rentrée política de Hedilla y su posicionamiento en relación a otros grupos falangistas. Pero su muerte, lo ecléctico y equívoco del grupo (que siendo un “frente” agrupaba desde la izquierda falangista a afiliados que, muerto Hedilla y muerto González de Canales, se integraron en Fuerza Nueva, habiendo también afiliados que fueron a parar a los Círculos Doctrinales José Antonio y a la FE–JONS(A), sin olvidar los que pertenecían al FSR) y los pocos rastros documentales que ha dejado atrás, hacen imposible decir mucho más e incluso extraer conclusiones.

Las relaciones entre Hedilla y el FSR fueron tenues. La primera impresión es que, si le hubiera interesado algo, simplemente, habría incluido alguna referencia en el Testimonio que encargó a García–Venero. Si no aparece ninguna referencia es, simplemente, porque no tendría gran interés para él o porque advirtió la poca entidad del grupo y la avidez de éste por capitalizar su prestigio. Incluso se puede dudar de que, realmente, participara activamente en esta formación (el hecho de estar presente en alguna reunión, no implica estar afiliado, sino solamente aceptar una invitación). En cuanto al FNAL, nació justo cuando empezaron a hablarse de la creación de las primeras asociaciones políticas (en 1969) a las que, por lo que se publicó en la prensa de entonces, quería acogerse. Entre los afiliados se encontraban Blas Piñar[13], García Rebull y Pérez Viñeta, significados miembros de la derecha más radical del régimen. Si esto es cierto, tiene razón quien afirma que “Posteriormente, en 1.968, tras una cierta tensión surgida dentro del FSR, debido a la falta de consenso respecto a la línea política y aprovechando una ausencia, por motivos laborales, de Narciso Perales, el primero junto a un pequeño grupo de militantes y gentes de extrema derecha, se escinden en el FRENTE NACIONAL DE ALIANZA LIBRE FNAL, menos radical que el FSR en su militancia Nacional–Sindicalista. De hecho, Hedilla siempre se había opuesto a la inclusión de “revolucionario” en la denominación del FSR. En realidad, el FNAL aspiraba a ser una plataforma legal o una pantalla para el FSR, con el objetivo de reagrupar los falangistas dispersos” [14].

Si se habló de este grupo en medios de comunicación, insistimos, fue solamente por la presencia de Hedilla y lo inédito de su voluntad tardía de descender de nuevo al ruedo político. De la jefatura de Patricio González de Canales en este grupo, los datos son escasísimos. Se sabe tan solo que tuvo lugar en Madrid el mes de noviembre de 1968, un congreso constituyente al que asistieron “102 delegados” quedando como presidente: Manuel Hedilla Larrey y como secretario Patricio Fernán González de Canales[15]. Sin embargo, la lectura de Testimonio de Manuel Hedilla no deja lugar a dudas: durante su encarcelamiento, Hedilla, y a la vista de todo lo que había sucedido, no albergó la menor duda de que la “Falange histórica” había muerto y lo que existía y había heredado su simbología y en la estructura en la que se habían integrado sus antiguos militantes, era otra cosa. Nunca habló públicamente ni de reconstruir Falange Española, ni de utilizar sus símbolos o sus referencias. Solamente tenía un interés y una motivación: ser rehabilitado. Y no parece que el tiempo atenuara ese interés (pues la aparición del Testimonio se remonta al último período de su vida y entre la redacción de la obra y su muerte medió un espacio de tiempo muy breve). Es posible, incluso, que, si en algún momento se comprometió con el FSR y con el FNAL fuera, precisamente, por entender que precisaba un “aval político” para llevar a efecto tal reivindicación.

En cualquier caso, lo que es importante resaltar aquí es que nunca, en ningún período de su vida, Hedilla fue un “hombre de izquierdas”, ni siquiera compartió opiniones que pudieran considerarse “de izquierda falangista” (y nuevamente, la redacción y el contenido del Testimonio nos muestra a un hombre de origen sensato, humilde, trabajador, que estructuró un sindicato… pero que tenía una visión política que, no solamente estaba en las antípodas de las izquierdas, sino que, además, tuvo un comportamiento y unas iniciativas (apoyo a la Guardia Civil y rompimiento de la huelga general en octubre de 1934, candidatura falangista–carlista por Cantabria, conspiración para dar un golpe de Estado junto a la UME, contacto con el general Mola, “el Director”) que lo sitúan en el mismo terreno que José Antonio (y, seguramente por eso, fue promovido por éste a la más alta responsabilidad dentro del partido).

A la vista de todo lo anterior, cabe añadir poco sobre el grupo llamado FE–JONS(A). A pesar de repetir, una y otra vez, su filiación “hedillista”, es inevitable pensar que algunos eran, incluso, conscientes de que se trataba de una utilización abusiva e interesada. Pedro Conde, que asumió la dirección de dicho grupo indicaba en una entrevista que “Hedilla es la referencia para distinguirnos de otros grupos falangistas” [16]. No había mucho más y Hedilla nunca hubiera aprobado ni su acción, ni seguramente sus formas. Crearon un “mito Hedilla” a su medida, un mito que tenía poco que ver con la realidad de un católico ejemplar, honrado y recto, que acumuló unas responsabilidades máximas en momentos de crisis y que, finalmente, fue arrollado por una coalición de militares reaccionarios y alfonsinos, se vio abandonado por casi todos y no le quedó mucho interés por retornar a la política, dedicando todas sus energías a lograr la rehabilitación. Eso era todo. Ciertamente, la honradez no es un valor frecuente en España y, mucho menos en política, pero nada de todo esto hace de Hedilla un “hombre de izquierdas”, ni mucho menos los que se consideraban “falangistas de izquierdas” tenía derecho a utilizar y manipular su nombre.

Preferimos no ser nosotros quienes opinemos sobre el carácter de FE–JONS(A). Pero estos párrafos resumen su trayectoria:

         La existencia de esta nueva versión de la Falange Española Auténtica estuvo marcada por la fugacidad. Desde el 72, grupos de activistas del FES escindidos de esa organización y conocidos internamente como “lupulinos” (por su afición a la cerveza), formaron unas Juntas de Oposición Falangista (JOF) con un carácter muy próximo a la izquierda radical. En el 75 tomaron contactos con núcleos extremadamente minoritarios, caso de la Acción Revolucionaria Sindicalista (ARS) dirigida por un funcionario de la Organización Sindical de apellido Cantalapiedra, con el FENS y con otros falangistas o núcleos azules formando una especie de agrupamiento de lo más heterogéneo. En efecto, allí convergían desde antiguos miembros de la Defensa Universitaria, al hijo de Manuel Hedilla –militante del FENS. Aparecían falangistas inconformistas de siempre como el caso del histórico Narciso Perales Herrero junto a militantes juveniles de la OJE que se incluyeron en las filas de aquel nuevo proyecto. Presidió su actividad el radicalismo más completo, pretendiendo pasar por la izquierda a quienes desde ese bando llevaban ya muchos años de lucha. A sus peticiones de amnistía política juntaron el rechazo a los actos de posibilismo político tales como Los Pactos de la Moncloa. El ataque a la política institucional se hacía en la petición de un referéndum para determinar la forma de gobierno en España o la denuncia a los partidos presentes en las Cortes acerca de su negativa por rebajar la edad de voto a los 18 años. En aquel conglomerado tan dispar se jugaba con un infantil izquierdismo por parte de algunos camaradas...” [17] 


La vida de FE-JONS(A) fue fugaz: nacida en 1976 los tres años de activismo compulsivo que siguieron terminaron en una escisión aún más lamentable que la matriz y en un congreso de disolución a finales de 1978. De “la Auténtica” se recuerdan solamente dos cosas: su obsesión por desatornillar placas con el yugo y las flechas en la entrada de los pueblos (facilitando así la tarea de UCD que, justamente, quería eso: liquidar los símbolos falangistas) y sus reiteradas muestras de superar a la izquierda “por la izquierda”[18]. Sus peripatéticos gritos (como aquel malhadado de “¡Arriba el hombre!” o aquel otro de “No queremos el poder, queremos la poesía”, mala copia de las consignas situacionistas de mayo del 68) se perdieron como ecos arrebatados de unos vacíos ideológicos que nunca se llenan con aportes de ingenuidad juvenil[19]. La fugaz trayectoria de FE–JONS(A) demostró varias cosas, entre otras:

1)  Que era necesaria una adecuación doctrinal para el tiempo que se iniciaba, no ya con la muerte de Franco, sino con el desarrollismo previo de los años sesenta.

2)  Que esa adecuación doctrinal no podía hacerse mediante la imitación de los usos, las formas y las consignas de la extrema–izquierda, especialmente si se pretendía diferenciar la Falange del franquismo, algo que en 1977 empezaba a tener poco sentido a la vista del desmantelamiento del régimen[20].

3)  Que el activismo compulsivo no es más que un recurso táctico inútil si previamente no ha definido una estrategia. Nunca, en ningún documento de FE–JONS(A) se observa nada que pueda ser considerado como un diseño estratégico digno de tal nombre.

4)  Que los artificios propagandísticos pudieron proporcionar huecos en los medios de comunicación como curiosidades o como ejercicios de excentricidad política, pero lo que contaba era la capacidad de sintonizar con algunos problemas de las masas y lograr su adhesión.

5)  Que no basta con sumarse a la corriente general de un momento dado, añadir un poco de “sal revolucionaria” y “pimienta activista” para convertirse en una opción creíble.

Por todo ello, y a pesar de que en FE–JONS(A) existieran militantes veteranos, el rasgo que lo caracterizó fue el de grupo juvenil y, por tanto, inmaduro, incapaz de realizar una mínima adaptación doctrinal coherente, de elaborar un análisis político objetivo que llevara al enunciado de una línea estratégica eficiente y realista. En cuanto a su relación con la trayectoria política de Manuel Hedilla Larrey es fácil de resumir: salvo la presencia de un hijo de Hedilla en FE–JONS(A), simplemente, no existió nada que les vinculara.





[1]           Reaccionarios y golpistas, José Luis Rodríguez, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1994, pág. 100–101.

[2]           La sigla no era nueva: existió en los mismos años otro “FSR”, Fuerza Social Revolucionaria, formada también por antiguos falangistas universitarios que hasta hacía poco habían militado en el SEU. El grupo funcionó hasta 1965 y se fundó un par de años antes (1963), lo que lo hace coetáneo del otro FSR. Pero la Fuerza Social Revolucionaria tenía otros planes y obedecía a unas intenciones mucho más concretas. Sus miembros –que debieron ser entre 100 y 200– aspiraban a imitar al castrismo. La mayoría de ellos terminarían retirados a sus negocios y una minoría en la izquierda comunista. El castrismo permitía a un falangista llegar directamente a la experiencia de la guerrilla rural sin pasar por la árida escuela marxista y esto fascinaba en la época también a este lado del Atlántico. Aquel primer grupo formado por José Luis Cortina Prieto y su hermano mayor, Antonio. Era cierto que el caos ideológico de los medios falangistas a finales de los años 50 era indescriptible y los más inquietos seguían las evoluciones del nasserismo e incluso del FLN argelino. Cortina (que entonces utilizaba el alias de “Restarazu” y su hermano el de “Roncal”, ambos de resonancias vascas) se entrenaban en la Casa de Campo en supervivencia en la montaña y preparación física para la guerrilla rural) y recibían formación sobre las distintas corrientes tercermundistas con las que los falangistas se sentían más identificados. Llamaban a la organización “la familia”. El grupo estaba dirigido por los dos Cortina y un tercer personaje, Esteban Sierra Muñiz, que vivía en Francia. Sierra contactó con Julio Álvarez del Vayo, vinculado a los sectores más radicales del exilio republicano: el Grupo Tercera República, el Frente Español de Liberación Nacional y, posteriormente el FRAP. Otro miembro del grupo era Fernando Cadarso, vinculado a los hermanos Cortina. En 1964, en Ciudad Real, durante un reparto de panfletos la guardia Civil había detenido a un grupo de este “FSR” y no había ocurrido absolutamente nada: ni fueron procesados por el Tribunal de Orden Público, ni siquiera se les interrogó apenas, ni por supuesto fueron presionados en ningún sentido, contrariamente a lo que ocurría con todos los detenidos de los partidos de la oposición democrática y algo que era de esperar a tenor del radicalismo del grupo. A partir de ahí algunos miembros del propio grupo empezaron a sospechar que había algo que se les escapaba. Poco después, los dos hermanos Cortina se retiraron de la FSR y esta se deshizo: unos miembros pasaron al FLP, otros al PCE, y la mayoría se fue a casa. Pero, en junio de ese año, la policía detenía al pequeño grupo de Álvarez del Vayo, responsable de haber colocado medio centenar de petardos en Madrid firmados por el FELN. El principal detenido era un tal “coronel Montenegro”, de verdadero nombre Andrés Ruiz Márquez, que después de su proceso –en el que salvó la vida por los pelos– reconoció que le habían atribuido muchos más petardos de los que él había colocado. La noticia de la desarticulación informaba de que en el “piso franco” se había encontrado propaganda del PSOE y de la Unión Democrática Española. Si tenemos en cuenta que los hermanos Cortina, Cadarso y Sierra, volvieron a reaparecer en el juicio por los hechos del 23–F y sus declaraciones fueron descargo al papel de uno de los acusados, el comandante Cortina, hay que ver en todo este episodio de la “FSR” una operación de inteligencia destinada a generar una trampa para lograr localizar a la célula del FELN que operaba en el interior de España. Si éste era el objetivo, la estrategia consistía en crear un señuelo –la “FSR”– compuesto por jóvenes que aspiraban a crear una guerrilla rural en España. A partir de ahí era fácil intuir cómo se desarrollaron las cosas. Véase artículo “El comandante Cortina adiestraba en los años sesenta a un grupo de acción guerrillera de tipo castrista”, Fernando Orgambides, diario El País, 13 de marzo de 1982. Sobre el FELN ver: La oposición al franquismo, 1939–1975, Pierre Conard–Malerbe, Edic. Naranco, 1977, pág. 177 y 21 y también Crónica agitada de ocho años tranquilos 1963–1970, Editorial San Martín, Madrid, 1974, pág. 122 y sigs.

[3]           Dentro del caos y de la limitación de material documental que caracteriza a todos estos grupos.

[4]           https://es.wikipedia.org/wiki/Frente_Sindicalista_Revolucionario

[5]           https://es.wikipedia.org/wiki/Narciso_Perales

[6]           José Luis Rubio Cordón, abogado y periodista, profesor de movimientos político–sociales iberoamericanos en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, desde muy joven adoptó posiciones “terceristas” (ni capitalistas, ni comunistas, ni favorables al imperialismo norteamericano, ni inclinados hacia la URSS). En su juventud, durante los años cuarenta, había formado unos Grupos de Unidad Hispánica de la que saldría la Asociación Cultural Iberoamericana, junto a Carlos Paris y al poeta José María Valverde. Participó en la fundación del Frente de Liberación Popular. Tras ingresar en el FSR se hizo pronto con el control de la organización para pasar luego al Partido Sindicalista reconstruido durante la transición y luego al Partido de Acción Socialista (PASOC) y terminando su ciclo político en Izquierda Unida. Durante el período en el que militó en el FSR publicó diversas obras en la Biblioteca Promoción del Pueblo de la Editorial XYX de Madrid, sobre autogestión y temática iberoamericana. Falleció en 2008 (Datos extraídos del artículo José Luis Rubio Cordón, su mensaje, Carlos Paris El País, jueves, 4 de diciembre de 2008 y de Un espíritu no colonizado, ABC, del 1 de diciembre de 2008 y José Luis Rubio Cordón: un gigante del espíritu, Antonio Colomer Viadel, Cuadernos Iberoamericanos, nº 128, 2009, págs. 191–194). Publicó su libro Aproximación a la revolución peruana (Editorial Acervo, Barcelona, 1974) sobre la revolución de Velasco Alvarado, con dos prólogos: uno del antiguo líder de la CNT Diego Abad de Santillán y el otro escrito por Narciso Perales. En cuanto al Partido Sindicalista, se constituyó en 1976 para presentarse a las elecciones de junio de 1977 integrado en la Candidatura de Unidad Popular junto con el Movimiento Comunista de España, el Partido Comunista de los Trabajadores y el Movimiento Socialista (Candidatura Unidad Popular, diario Pueblo, 5 de unió de 1977). El partido, obtuvo en 1979 unos resultados magros (0,05% de los votos en todo el Estado) y en 1985 se disolvió pasando Rubio a IU constituida al año siguiente.

[7]           Para una idea exacta de la relación entre Narciso Perales y la OAS: A la sombra de Franco, el refugio español de los activistas franceses de la OAS, Gastón Segura Valero, Ediciones B, Barcelona, 2004. Y para algunos aspectos de la OAS que no se mencionan en la obra, véase Notas sobre A la sombra de Franco (la OAS en España), Ernesto Milá, blog Info|krisis, http://info–krisis.blogspot.com.es/2016/04/notas–sobre–la–sobra–de–franco–la–oas.html#more

[8]           Salvador Puig Antich, miembro del Movimiento Ibérico de Liberación, condenado a muerte por un oscuro tiroteo en el interior de un portal, en el que resultó muerto un policía. El MIL era un grupo situado a medio camino entre el área marxista–revolucionaria y el área anarquista. Toda su actividad se centró en cometer atracos para editar libros de estas corrientes y apoyar huelgas obreras. Apenas estuvo compuesto por una docena de jóvenes que eran seguidos y controlados por la policía desde meses antes de producirse el tiroteo.

[9]           Revista Doblón, nº 85, mayo–junio de 1976, entrevista con el dirigente del FSR, Javier Espinosa.

[10]         Detenidos varios anarcosindicalistas presuntamente relacionados con el atentado al Scala, Alfons Quinta, El País, 18 de enero de 1978.

[11]         Wikipedia, op. cit.

[12]         Quedaría solamente decir que, en diciembre de 1976, el FSR llamó a la abstención al referéndum de la Reforma Política, apelando “al pueblo trabajador para que fortalezca su unidad” y apenas unas semanas después sus restos se integraban en el Partido Sindicalista.

[13]         Del que se dice que “por no ser lo que deseaba, abandonaría al poco tiempo” (ídem).

[14]         http://www.galeon.com/guiongranada/enlaces269647.html

[15]         “Para operar con cierta legalidad se decide la constitución de la Editorial FNAL. Asimismo, se obtiene cierta cobertura también gracias a que Patricio González de Canales era miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Cervantina” (http://www.galeon.com/guiongranada/enlaces269647.html 

[16]         Bol. inform. FE JONS nº 3, copia de entrevista en revista Personas. Reproducido en Hacia una Historia del FES (III). http://www.rumbos.net/rastroria/rastroria04/Historia_FES_III.htm

[17]         Ídem.

[18]         Las noticias emitidas por FE–JONS(A) para atraer la atención se fueron volviendo cada vez más irreales, sino "freakys": el domingo 28 de mayo de 1978, el diario El País publicaba una noticia titulada: “Falange (Auténtica) investiga la muerte de Onésimo Redondo” en la que podía leerse: “Falange Española de las JONS (auténtica) ha iniciado una investigación para esclarecer las circunstancias de la muerte de Onésimo Redondo. Según Falange (Auténtica), la versión oficial atribuye la muerte de Onésimo el 23 de julio de 1936 en Labajos, a unos milicianos de la columna Mangada, cuando, en realidad, a tenor de ciertos indicios y testimonios recientes que obran en poder de Falange (Auténtica), los responsables de la muerte bien pudieran ser supuestos falangistas”

[19]         “Diario 16, con ocasión de las elecciones de 1978, al encuadrar a FE de las JONS (A) en un epígrafe abierto especialmente para esta organización, como ‘no homologable’” (Wikipedia–Falange Española Auténtica, https://es.wikipedia.org/wiki/Falange_Espa%C3%B1ola_Aut%C3%A9ntica ). Recuérdese lo que hemos dicho en relación a “espacios políticos” y “áreas” en págs. 9–16. Un “área no homologable” es un área que no existía físicamente, por tanto, nada de lo que contuvo puede considerarse como realmente existente...

[20]         En aquella época, nosotros mismos que habíamos militado un par de años antes y durante apenas unos meses en el Círculo Doctrinal José Antonio, ya utilizábamos el ejemplo del Agua de Solares, la marca de agua natural más vendida en España durante los años sesenta y que se hundió al aparecer una formación amebiana en su interior hacia 1969. Los ingentes medios económicos utilizados en levantar la marca, no surtieron el más mínimo efecto. La conclusión que se enseña en todas las escuelas de márquetin y que puede aplicarse a FE–JONS(A) es que “cuesta menos crear una nueva marca, que levantar una marca hundida”. El hundimiento de los fascismos, la larga experiencia franquista, el tránsito de la sociedad española del subdesarrollo al consumismo y un largo etcétera de causas, de ser una sociedad agraria a ser una sociedad industrializada, el papel omnipotente de la Iglesia hasta mediados de los sesenta y su progresiva pérdida de vigor a partir de entonces, y un largo etcétera, hacía que la ideología nacional–sindicalista precisara una reformulación y una adaptación a las nuevas condiciones. Eso, o crear una nueva marca. Pero la peor forma de crear una nueva marca es utilizar el mismo logotipo que la antigua y, para colmo, imitar unos sabores que pertenecían a otros productos políticos en circulación. Fue este camino el que adoptó FE–JONS(A).


                           


 

 

 


[Escrito 10 años después: sobre la "izquierda nacional"]


jueves, 17 de febrero de 2022

La Falange “de izquierdas” o los delirios del ocaso (4 de 8) – EL MANIFIESTO POR LA LEGITIMIDAD FALANGISTA (primera parte)


La lectura del Manifiesto por la Legitimidad genera la sensación de que quienes lo elaboraron tenían un pobre conocimiento sobre la historia del franquismo y sobre las familias que habían actuado en su interior. Es cierto que los trabajos de investigación histórica en 1976 no estaban tan desarrollados como en la actualidad, pero, por el contrario, si existían personas vivas que habían conocido directamente los hechos. O bien estas personas no fueron conscientes de las correlaciones de fuerzas que se habían producido en los hechos que protagonizaron o en los que estuvieron cerca, o bien los miembros que redactaron el Manifiesto realizaron una selección discriminatoria de fuentes para llegar a donde se proponían:

1)  Demostrar que existía una línea de continuidad histórica entre aquella FEA de 1939 y FE-JONS(A).

2)  Demostrar que a lo largo del período 1939–1976, los falangistas de otras tendencias que les disputaban la sigla FE–JONS, no eran “auténticos”, sino “falsos”.

Se citan luego dos siglas (“En 1952 hacen su aparición las J.A.N.S., cuyos dirigentes son detenidos y encarcelados a raíz de la participación de esta organización en diversos disturbios callejeros. En 1954 nacen las J.O.N.S. (Hedilla), de efímera existencia, al ser encarcelados en Madrid todos sus miembros”[1]) de las que no hay más datos. Sin embargo, es significativo que en el documento no se aluda a la organización fundada por Eduardo Ezquer Gabaldón, con quien Payne también contactó:

         “Bajo la dirección de Eduardo Ezquer continuó subsistiendo un grupo clandestino denominado ORNS (Ofensiva de Recobro Nacional Sindicalista) que desarrolló, una acción de agitación y propaganda entre los jóvenes hasta bastante tiempo después de terminada la segunda guerra mundial. Su propósito era el de sustituir la Falange franquista por un movimiento fascista revolucionario y sindicalista. A lo largo de quince años, Ezquer fue detenido seis veces y compareció ante los tribunales de justicia en cinco ocasiones, sin que ello le hiciera desistir de sus propósitos”. [2]

El episodio no figura en el Manifiesto. Es comprensible: Ezquer seguía vivo en 1976 (moriría en 1981), fue procurador por el Tercio Familiar en las últimas Cortes previas a la transición y no dudaba en reconocer sus simpatías hacia los regímenes fascistas… Exactamente lo mismo que había intentado la “junta política clandestina” presidida por Tarduchy y González de Canales (algo que no menciona, por supuesto, el Manifiesto por la Legitimidad). En efecto, cuenta Payne: “En el curso de 1940, varios miembros de la junta clandestina entablaron conversaciones con el representante del partido nazi en Madrid, Thomson, comunicándole que algunos elementos falangistas estaban interesados en conseguir la ayuda alemana para implantar un régimen verdaderamente nacionalsindicalista en España”[3]. Así pues, aquella “junta política clandestina” de 1939, esperaba apoyó del Tercer Reich y no podía tener, de ninguna manera, una orientación “de izquierdas”. Pertenecían a una facción radical que, aun compartiendo el mismo programa, no del grupo de falangistas históricos que figuraban dentro del Movimiento franquista, sino estando próximos en sus orientaciones al grupo de Serrano Suñer, carecían de relación directa con él. Puede intuirse que se trataba de un grupo de base militante que había perdido contacto o que nunca lo tuvo, con el entorno en las “alturas” que gravitaba en torno al entonces Ministro de Exteriores. La otra diferencia era táctica, en absoluto de programa o de ideología.

Todos los datos que se disponen en la actualidad dan la razón a Payne cuando escribe sobre la conspiración para asesinar a Franco que “el Gobierno no tomó la cosa en serio y la mayor parte de los conspiradores no fueron ni siquiera inquietados”[4].

La lectura del Manifiesto por la Legitimidad indica que no fue sino hasta 1963, es decir, veinticuatro años después del nacimiento de la “junta política clandestina”, cuando tuvo lugar la creación de grupos que podían ser considerados como antecedentes inmediatos de FE–JONS(A). Concretamente, el FSR. Pero, antes de llegar aquí, vale la pena examinar la actitud personal de Hedilla ante todos estos intentos de reconstrucción del “partido histórico”.

El Frente Nacional de Alianza Libre, el FSR y Manuel Hedilla

“Lo que sabemos de su infancia y adolescencia nos nuestra la imagen de un Hedilla católico de una pieza, de gran obediencia moral y litúrgica, enemigo del exhibicionismo. Hedilla es un testimonio vivo de los valores de la oración sincera que parecen increíbles; de la oración cuando se llega a altos grados de perfección en la fe”[5]. Así nos pinta García–Venero a su biografiado Manuel Hedilla Larrey. Es importante retener estas características porque definen perfectamente al personaje y explican por qué al morir, uno de los pocos medios que resaltó el óbito fue la revista Fuerza Nueva, dirigida por el notario madrileño Blas Piñar que, al menos en materia de fe, compartía la misma postura que Hedilla. Lo mismo, en cuanto a fe católica, puede decirse de Patricio González de Canales. Ambos, en efecto, fueron católicos y católicos tradicionalistas.

Hedilla, cuando tenía 29 años (nació en 1902, exactamente el 18 de julio) y acababa de establecerse la República, no militaba políticamente, pero sus preferencias eran claras: “le dolió –en solitario– que el Régimen se lanzase a una estéril persecución de valores que él había sentido siempre con íntimo fervor”[6], aludiendo a las medidas anticatólicas aprobadas en los dos primeros años de vida del nuevo régimen. Sus amigos de la época eran “en su mayoría, actores en el putsch de Sanjurjo de agosto de 1932” [7], lo que permite imaginar un círculo de amistades alineado con la derecha alfonsina.

Pancho Cossío, lleva a Santander el encargo de Ramiro Ledesma de constituir las JONS. Y así se hace: el grupo inicial procede del Partido Nacionalista Español del Doctor Albiñana y, más en concreto, de su rama activista, los Legionarios de España[8]. Luego, al fundarse Falange, el núcleo impulsor entró en contacto con Hedilla que trabajaba en la empresa SAM y había constituido un sindicato autónomo. Se entrevistó con los dos dirigentes en ese momento del partido en Cantabria (ambos “monárquicos de formación conservadora y de compromisos con la extrema derecha (…) pero no los más idóneos para dirigir la naciente Falange”[9]). Se afilió al partido y fue nombrado jefe local de Renedo; García–Venero comenta: “Puede decirse que Manuel Hedilla es el único de los falangistas que aporta a la nueva organización una entidad sindical con vida propia”[10].

Cuando estalló la revolución de Asturias en octubre de 1934, Hedilla estableció contacto con la Guardia Civil y el sindicato autónomo que dirigía no acató la orden de huelga general. Hedilla se ofreció a hacer el trabajo de transportar la leche que había sido interrumpido por la huelga. En un momento dado, cuando las cosas se agravaron en Torrelavega, la propia Guardia Civil pidió refuerzos al puesto de Renedo cuyo jefe habló con Hedilla: éste asumió el mando del pueblo y sostuvo al poder constituido[11]. Así pues, hasta aquí tenemos una Falange montañesa que procede casi completamente de la “derecha radical” (alfonsinos y albiñanistas), con un jefe local de Renedo que colabora con la Guardia Civil en el mantenimiento del orden y rompe la huelga general en su comarca. No es, desde luego, el perfil que cabría esperar en aquel cuya actividad inspiró la actuación de la “Falange de izquierdas”. Menos aún, cuando en las elecciones de febrero de 1936, la Falange montañesa presentó una candidatura conjunta con la Comunión Tradicionalista[12]. A pesar de que Hedilla se retiró a favor del José Luis Zamanillo, el jefe carlista, éste tampoco fue elegido, atribuyendo la culpa a la actitud del clero[13].

Después de las elecciones de febrero de 1936, la situación se precipita y el golpe de Estado flota en el ambiente. Cuando el entonces teniente–coronel Juan Yagüe visitó a sus amigos en Burgos (falangistas todos y con Hedilla entre ellos) les dice: “Vosotros aguantad aquí que yo subiré con la Legión”[14]. En el Testimonio de Manuel Hedilla –trabajo encargado y tutelado por el propio biografiado– se exponen los contactos previos al golpe de Estado que tuvo en la primavera de 1936, con carlistas y militares de la UME. Se elogia reiteradamente a la Comunión Tradicionalista[15].

El 12 de abril deberían haberse celebrado las primeras elecciones municipales de la República. “Antes había concebido el Jefe Nacional, su plan de sabotajes y disturbios que podían suscitar un estado de urgencia incompatible, legalmente, con la celebración de las elecciones” [16] al que no fue necesario recurrir dado que la destitución el presidente de la República Alcalá Zamora agudizó la crisis e hizo que el gobierno aplazara las elecciones el 3 de abril. Estaba claro, de todas formas, que Falange Española, en ese momento, había asumido un papel desestabilizador de la República y que esa era su cometido táctico en vistas a la ejecución de una estrategia conjunta golpista.

La ruptura de la cadena de mandos de Falange, especialmente a partir del atentado contra Jiménez de Asúa, hace que José Antonio encargue a Hedilla el mantenimiento del aparato clandestino de la organización. Hasta aquí tenemos a un líder de la Falange montañesa que, siempre siguiendo las órdenes de José Antonio, se había puesto al lado de la Guardia Civil durante los disturbios de octubre de 1934, que había roto la huelga en su comarca, que había pactado la única candidatura común con los carlistas que presentó Falange, que mantenía contactos reiterados con la cúpula de las redes golpistas (Mola) y que comprendía la actitud del tradicionalismo carlista y no dudaba en elogiarlo. Nada de todo esto permite pensar en un “líder de izquierdas”, ni en un “sindicalista obrerista”.

En realidad, durante la crisis que le llevó a ser encarcelado, tras el Decreto de Unificación, no se oponía a los tradicionalistas, ni siquiera a la operación, solamente alegaba que no se le tuvo en cuenta y que, siendo la creación de un “frente único” necesaria para ganar la guerra, había que plantearse qué ocurriría después, en la paz. Manuel Hedilla negó siempre haber conspirado contra Franco y haber boicoteado el esfuerzo bélico o animar a otros a que lo hicieran. No es intención de estas páginas explicar un proceso que cae fuera del marco de esta obra, pero si hemos tocado este aspecto es porque Hedilla, a partir de ese momento, pareció no tener en su vida política otra intención más que la de lograr rehabilitar su nombre y evitar pasar a la historia como el dirigente falangista que se opuso a Franco y conspiró contra él. En efecto, a partir de entrar en la cárcel, ya nunca más se consideraría falangista, ni tendría ambiciones de encabezar una “oposición falangista” contra Franco. Consideró que la Falange histórica había muerto con el Decreto de Unificación y, él, por su parte, se negó a colaborar con todos los que fueron, especialmente durante su confinamiento en Mallorca (1941), a pedirle que encabezara una oposición azul. Es más, siempre se negó, a partir de ese momento, a seguir llamándose falangista, a utilizar el yugo y las flechas y cualquier otro símbolo o ritual de la Falange y se centró en reivindicar solamente su rehabilitación. Nada más:

         “Pero su demanda constante, expuesta al Generalísimo por escrito, es la de que se haga una revisión del proceso, o, en último caso, de que se decrete la anulación. Prefiere, ciertamente, la revisión. En carta al Generalísimo del 9 de enero de 1948, escribió: ‘Sí, Excelencia. Esto es lo único que le pido: REPARACIÓN. Pero reparación completa, de arriba a abajo; como lo fue la ofensa, como fueron los muchos y gravísimos daños inferidos: de arriba abajo’”[17].

Si perdemos de vista estos dos datos incontrovertibles (que Hedilla solo luchó a partir de 1941 por su rehabilitación y que nunca más quiso resucitar la Falange) se corre el riesgo de no entender nada de lo que ocurrió a partir de 1967 cuando su nombre apareció vinculado al Frente Nacional de Alianza Libre. Nuevamente, a pesar de la proximidad de los episodios que se iban sucediendo entonces, es difícil sacar nada en claro, fundamentalmente por tres motivos: en primer lugar porque las declaraciones y los escritos del propio Hedilla en esa época fueron escasísimos, en segundo lugar, porque muchos de los que le rodeaban parecieron querer aprovechar la figura del jefe incorruptible y que solamente aspiraba a reivindicar su nombre, en beneficio de unos proyectos que no coincidían exactamente, ni con lo que aspiraba Hedilla, ni siquiera con lo que probablemente le habían dicho al propio Hedilla que se trataba de realizar. Da la sensación de que en esa época existió un “doble discurso” entre quienes ofrecieron a Hedilla retornar al ruedo político: consideraban que era el líder, pero no estaban dispuestos a integrarse en su proyecto; simplemente tenían ideas propias y pretendían aprovecharse de su prestigio.



[1]           Ídem, pág. 2.

[2]           S. Payne, op. cit., pág. 213. José Antonio Llorens Borras, director y propietario de Ediciones Acervo que publicó el Testimonio de Hedilla, excombatiente de la División Azul y falangista, escribía en el prefacio de este libro unas líneas sobre Ezquer, que coinciden con las apreciaciones de Payne. Llorens–Borrás, emparentado con la familia de Narciso Perales, mantuvo contactos hasta finales de los años sesenta con grupos juveniles de oposición. En 1964 lanzó la publicación Juanpérez cuyos rasgos distintivos fueron tres: cierta desconfianza hacia el franquismo, inequívoca simpatía hacia los regímenes derrotados en la Guerra Mundial y actitud expectativa ante lo que pudiera nacer (incluido el Círculo Español de Amigos de Europa, en cuyo primer entorno participó gente que había colaborado con Juanpérez y con la iniciativa de Jean Thiriart, Joven Europa). No estamos, pues, ante nada parecido a la “izquierda falangista”, sino ante gente de “oposición falangista”. 

[3]           Ídem. 

[4]           Ídem.

[5]           M. García Venero, Testimonio…, op. cit., pág. 20. 

[6]           M. García–Venero, op. cit., pág. 23. 

[7]           Ídem. 

[8]           Ídem, pág. 24. 

[9]           Ídem, pág. 25. 

[10]         Ídem. 

[11]         Ídem, pág. 27. 

[12]         Ídem, pág. 33. 

 

[13]         “Hubo sacerdotes que, naturalmente en su actividad seglar, aconsejaron que no se votase, pues íbamos a restar fuerzas a la coalición oficial derechista”.

 [14]         Ídem, pág. 39.

[15]         “Su entendimiento de la existencia y de la problemática española les convertía en oponentes ideológicos, espirituales, del materialismo histórico (…) Ambas organizaciones aspiraban, cada una con ideas y sistemas divergentes en algunos puntos de señalada importancia, a transformar la contrarrevolución en revolución nacional (…) la dura experiencia del combate y de la sangre, determinó que el Requeté, con agilidad admirable, se situara ideológica en la fecha crucial de 1936 Conservó intacta, su pasión monárquica legitimista, pero la apertura hacia la reforma social y económica del país fue clara” (M. García–Venero, op. cit., pág. 40).

 [16]         Ídem, pág. 42.

 [17]         Ídem, pág. 329.

 

 

 

 


[Escrito 10 años después: sobre la "izquierda nacional"]