Rufián es el caso típico de un “político de
izquierdas” que busca eternizar sus quince minutos de fama mediática: cuarentón,
con dos hijos, sin un historial académico ni profesional particularmente
brillante y con unos criterios políticos etéreos y prendidos con alfileres que
le llevaron a una situación paradójica.
En 2013, el independentismo catalán había iniciado
su “procés”. El problema del que solamente eran conscientes algunos cerebros
grises, era cómo Cataluña podía ser independiente si tenía bolsas extraordinariamente
amplias de castellanoparlante, especialmente en el Cinturón Industrial de
Barcelona. Así que los “mentes frías” que impulsaban el “procés” tuvieron
la ocurrencia de crear un movimiento independentista catalán especializado
en el “trabajo político” sobre castellanoparlantes. Así nación el movimiento Súmate
dirigido por andaluces que se habían arrimado a Junts pel Sí (de hecho,
Pujol, ya en los años 80, había comprado a precio de saldo a exponentes “andalucistas”,
para que apoyaran su política utilizando la lengua castellana…
Entre los indocumentados políticos que se sumaron
a esta iniciativa, figuraron Gabriel Rufián por un lado y Antonio Baños, por
otro. Ambos creerían con una seriedad pasmosa que el “procés” terminaría como
sus promotores pensaban y que Catalunya sería el “Estado número 28 de la Unión
Europea”. Y ellos, en tanto que, “líderes” de la comunidad castellanoparlante
tendrían un papel protagonista en el “nuevo Estado”… Baños se orientó hacia la CUP, siendo elegido
diputado en 2015, pero dimitió poco después cuando su partido decidió no apoyar
la investidura de Artur Mas como presidente de la gencat y va a salto de mata
entre tertulias de medios dependientes de la gencat. El destino de Gabriel Rufián
ha sido mucho más “rutilante”.
Llegó al parlamento del Estado como portavoz del
Grupo Parlamentario de ERC, en sustitución de Joan Tardá que se había
convertido en un histórico del partido indepe, el clásico “tocacollons”,
con una línea cada vez más errática dentro del partido (en 2025 defendía,
contra todo criterio y evidenciando una ignorancia absoluta de la realidad, que ERC debía abrirse a la inmigración e
incorporarla al partido a la vista de que la independencia quedaba lejos, justo
en el momento en el que se iniciaban los tránsitos de ERC hacia Aliança
Catalana). Rufián era el “charnego” de ERC que podía demostrar en Madrid que
el independentismo era “integrador” y que los castellanoparlantes también
podían estar a favor de la independencia. Rufián que, en principio creía que la
independencia era para mañana, afirmó su voluntad de quedarse pocos meses en
Madrid. Lleva diez años. Y la in dependencia se ha aplazado sine die,
probablemente hasta nunca.
El caso es que Rufián se siente bien en Madrid,
pero el cambio de ciclo político amenaza su puesto de diputado. La ERC que
dejó en Barcelona hace 10 años no es la misma que la actual. Oriol
Junqueras, tras su paso por la cárcel ha entendido perfectamente que el “procés”
fue un patinazo y, a pesar de que, existe entre él y Puigdemont un odio que
deriva de la impresión -muy cierta, por lo demás- de que el “honorable
president”, en cuanto vio que entraba en juego la judicatura y el “procés” embarrancaba
tomó por las de Villadiego tras despedirse de Junqueras “fins demà” [hasta
mañana]. Junqueras no le perdonará nunca haber “chupado talego” casi cuatro
años, mientras Puigdemont vivía a cuerpo de rey en el mejor barrio de Bruselas.
El problema en Cataluña en 2026 es que la
independencia se ha ido alejando del horizonte político del catalán medio, algo
que apenas empiezan a darse cuenta los líderes indepes que, para colmo, son los
mismos que los que “lideraron” el “procés”. Y Rufián, ahora mismo, tiene la
vívida sensación de que su tiempo en Madrid se está agotando y que el partido
ya no necesita a “charnegos” que lo representen en Madrid y que los simbólicos discursos
pronunciados en catalán por Rufián ya no tienen absolutamente ningún impacto y
pocos diputados se ponen el pinganillo para traducirlos. Pero Rufián vive
en Madrid y, mejor que nadie, se ha hecho a la idea de que la independencia de
Cataluña es imposible. Y es entonces cuando empieza a sentirse más “hombre de
izquierdas” que “independentista”. Y eso preocupa a Junqueras cuya
situación dentro del partido no es buena.
El fracaso del “procés” y la persistencia de sus
líderes en querer seguir en el machito a pesar del estrepitoso ridículo mundial
que los erosionó (y erosionó aún más a Cataluña con la “fuga de empresas”) hace
que este sector político atraviese un período de fuertes divisiones
internas y una profunda crisis de liderazgo tras los malos resultados
electorales de 2024. La creación de corrientes internas, los choques entre Oriol
Junqueras y Marta Rovira, con acusaciones cruzadas de "dirección
paralela" y filtraciones, la lucha entre los que abogan por un “nuevo
curso” y los que siguen aferrados a la estrategia indepe, los problemas
internos de carácter personal, la retirada de “cerebros” y, la fuga de cuadros
y de votos hacia Aliança Catalana, sugieren que los problemas de ERC no han
hecho nada más que empezar. Parece lógico que Rufián se preocupe por “su
mañana”: si no es diputado, ¿qué puede ser cuando se confirme el cambio de
ciclo político?
Y, es entonces cuando Rufián, ese “hombre de
izquierdas”, mira a su entorno y ve a la izquierda completamente fuera de
juego. Entonces se le ocurre la brillante idea: ¿cuándo gana elecciones la
izquierda en este país? Respuesta: cuando se presenta unidad, en un “frente
popular”. ¿Ejemplo? Las elecciones de 1936. La situación de postración de
la izquierda no se debe, por tanto, a sus errores políticos, a un “relato” que
choca cada vez más con la realidad, a que ha perdido la iniciativa entre los
jóvenes, a que se obstina en negar la evidencia que cada ciudadano
-especialmente el electorado de barrios populares- vive cada día, los salarios
bajos, las viviendas imposibles, la inseguridad enseñoreándose de las calles…
todo esto, todo, sin excepción, puede ser superado por la izquierda condición
de generar una nueva ilusión, entre los jóvenes, entre su electorado
decepcionado, entre los electores desmovilizados, entre los parados, entre los
inmigrantes naturalizados, entre los jubilados, entre las mujeres, e incluso, lo
que parece casi imposible: recuperar el voto de los trabajadores. Para ello
solo hay que despertar entusiasmo. Para eso hace falta “unidad”. A fin de
cuentas, no hace tanto que Podemos supuso una ilusión (esto es, la percepción
de ilusos) que puede revivir.
El hecho de que, en las elecciones regionales de
Extremadura y Aragón, la caída en picado del PSOE no se haya traducido en un
aumento de votos de Podemos y solamente en una mínima subida de Sumar, es lo
que justificaría la “operación Rufián”. Unidad, es lo que falta. Así un “frente
unido de izquierdas” lograría mantener el poder en el post-sanchismo y “avanzar
en las conquistas sociales”, etc, etc, etc. Eso, o de lo contrario, Rufián y otros muchos como él, dejarán de percibir
su sueldo de diputado, y cuando concluyan sus 18 meses de paro, deberán vivir,
como otros antiguos diputados de la extrema-izquierda, a salto de mata. Y no es
plan… Se entiende perfectamente que Rufián se preocupe y luche por su futuro.
Ahora bien, es difícil establecer si la “operación
Rufián” ha salido de su propio cálculo personal o bien de las alcantarillas de
La Moncloa. En efecto: si Sánchez se mantiene en el poder, aun habiendo perdido
las elecciones de 2023, es solamente gracias al concurso del os
independentistas y de la extrema-izquierda. Es lícito pensar, a la vista de los
resultados del as elecciones de Extremadura y Aragón, que el PSOE se irá
desmoronando en las próximas elecciones generales, pero aún podría mantenerse
en el poder si los partidos sobre los que Sánchez ha apuntalado su “régimen”,
mejoran en escaños.
Alimentar, pues, una nueva “operación unitaria” en
el seno de la izquierda, sería un elemento táctico que permitiera a Sánchez
eternizarse en el poder. Para eso
han recurrido, a un tipo que hoy es consciente de que se ha convertido en un outsider
de ERC y que, durante sus diez años en Madrid, ha sabido establecer vínculos
con las distintas izquierdas. Montar una operación de este tipo cuesta dinero y
ni ERC, ni el propio bolsillo de Rufián, podrían afrontar una operación de esta
envergadura: hace falta, incluso, pagar a medios de comunicación para que
agiten a los vientos la operación, para pagar el alquiler de salas, comidas,
desplazamientos, etc.
Sea como fuere, en febrero de 2026, Rufián presentó
su proyecto de "frente amplio plurinacional" de izquierdas
para las próximas elecciones generales. El lema no es ninguna maravilla del
marketing electoral: "Disputar el presente para ganar el futuro"
(yo mismo, en el primer congreso de Fuerza Nueva presenté el lema: “organizarse
hoy para vencer mañana”, frase perdida en el texto de mi ponencia y de la
que ni siquiera me había dado cuenta y que sólo Blas Piñar, elogió y colocó en
carteles en todas las sedes del partido, sin advertir que eso de “organizarse”
no estaba en el ADN de la ultra).
Y el “futuro” se “gana” articulando a los partidos
de izquierda (ERC, Bildu, BNG, Sumar, Podemos, etc.) en función de un “programa
común” y del “reparto de provincias” (¿en función de las encuestas del CIS…?).
El objetivo es que en cada circunscripción se presente una única lista de
izquierdas para evitar la pérdida de escaños por la división del voto y
así "ganar a Vox". Así pues, se trata de eso: “ganar a Vox”…
De nuevo, se percibe el olor de las alcantarillas de La Moncloa que alertan
sobre “el retorno del fascismo”, el “que viene la ultraderecha”… cuando en
realidad, el gran miedo del PSOE y de todos estos grupos es quedar por detrás
de Vox y demostrar que el eslogan de esta formación -virgen todavía en lo que
se refiere al ejercicio del poder- “solo nos queda Vox”, está teniendo cada vez
más tirón entre el electorado… especialmente joven.
Rufián, a la vista de que su tiempo en ERC se está
agotando, toma la delantera y dice lo que la mayoría de su partido se niega a
reconocer públicamente: que el independentismo es cosa del pasado y que no se
formen grupos regionales en el parlamento sino un “grupo
interparlamentario coordinado” que defienda “el antifascismo, el derecho
a la autodeterminación y la mejora de las condiciones de vida”.
Por muchas amistades que haya cosechado Rufián en
sus años castizos, lo cierto es que el programa y la propuesta, están cogidos con
alfileres. En ERC: La dirección del partido, encabezada por Oriol
Junqueras, ha cerrado la puerta oficialmente a esta estrategia, prefiriendo
mantener la identidad propia del partido. Formaciones como EH Bildu y Podemos han
rechazado o ignorado formalmente el plan, criticando que se base únicamente en “cálculos
electorales” y no en una unidad ideológica real. ¿Y Sumar?
En el día de hoy The Objective ha publicado
la noticia de que Mónica García (ministra de sanidad) presentó ante el registro
de marcas y patentes el nombre de “Nuevo Frente Amplio”, de resonancias
uruguayas (era la propuesta frentista de la organización terrorista “tupamaros”).
La nueva marca no implica nada más que un simple cambio de nombre para llamar a
Sumar de otra manera, sin que ello reporte más cambios, ni siquiera ampliación
de la coalición. Maíllo, el hombre de Izquierda Unida, una de las coaliciones
que forman parte e Sumar, apeló a las formaciones de la izquierda alternativa
al PSOE a presentarse juntas a las próximas elecciones generales,
pero cambiando la denominación de Sumar. La excusa para esta nueva marca es evitar
que se solapen dos siglas similares: la de Sumar (coalición), con la del
Movimiento Sumar (el partido que fundó Yolanda Díaz). Con estas declaraciones, Maillo
daba por enterrada la marca de Sumar. Porque, a fin de cuentas y sin que
prácticamente lo advirtiéramos, Sumar ya no es una “coalición” sino el “partido
de Yolanda Díaz”. Y como todos los que pasan por la mesa del consejo de
ministros de un gobierno sanchista, la gallega está amortizada políticamente y,
si bien su sueldo de exministra le reportará ingresos y tranquilidad económica
para el resto de sus días, estamos ante otro caso de “político al borde del
paro”. Todo induce a pensar que la Yolanda Díaz abandonará la política y no se
presentará a la reelección. Su partido, el Movimiento Sumar, en cambio si parece
interesado en el Nuevo Frente Amplio, del que sus motores son Más Madrid, IU, En
Comú.
IU y Más Madrid coinciden en la idea de buscar
un “revulsivo” para que la nueva alianza represente una “nueva etapa”.
Aunque entre las dos formaciones existen también diferencias y choques, de ahí
la importancia política de que los de Mónica García se adelantaran a la hora de
registrar como marca uno de los posibles nombres de la nueva coalición.
Así pues, para este sector de la izquierda (y el más
realista), el fracaso de Sumar (con la salida de Compromís y el alejamiento de
Chunta Aragonesista y los mediocres resultados electorales) se resigna a
reducirse y cambiar de etiqueta con tal de sobrevivir. Ese realismo es lo que,
en nuestra opinión hará que rechacen el “proyecto Rufián”. Queda saber si éste,
será aceptado en alguna lista electoral de izquierdas que le garantice
sobrevivir con un acta de diputado cuatro años más. No lo creemos, francamente.
Por el momento, Rufián solamente parece haber
encandilado a Emilio Delgado diputado de Mas Madrid que participó en una
especie de presentación del proyecto que dio algo que hablar. En efecto,
Delgado reconoció que la izquierda se había ido alejando de los barrios
populares y que en estos reinaba una inseguridad creciente. Salió a relucir el
tema tabú en la izquierda: la inmigración. Delgado recordó que hace 40 años,
esos mismos barrios estaban llenos de delincuentes “nacionales”, así pues, el
problema es “social”, no “étnico”… Rufián optó por no intervenir en esta parte
y la “moderadora”, Sarah Santaolalla estuvo a punto de saltarle al cuello
cuando Delgado insinuó que la inmigración masiva se había convertido en un
problema… (Delgado, acuérdate de nuestra fórmula: “si bien es cierto
que la mayoría de inmigrantes vienen a trabajar, también es cierto que la
mayoría de delincuentes, aquí y ahora, son inmigrantes”; un
razonamiento tan incuestionable y tajante como este te evitará muchas
discusiones en tu ambiente político).
Así están las cosas. Y va siendo hora de sacar
conclusiones, porque da la sensación de que todo esto es tiempo perdido, una
especie de déjà vu protagonizado por una serie de políticos de otra
época que empiezan a percibir que sus consignas del ayer, ya han dejado de
atraer…











