No vamos a diferenciar la sigla PSOE de “extrema-izquierda”: el
saco es grande y en él caben todas las variantes taxonómicas de esa izquierda
que, globalmente, está en crisis como resultado de sus errores cometidos en los
últimos 25 años. A fuerza hablar en nombre “del pueblo”, la izquierda ha
terminado creyéndose esa pretensión de superioridad moral y defensa de los “desheredados”
que se autoatribuía. Pero, la triste realidad era que cada vez crece su distancia
de la “sociedad real” y que la “sociedad ideal” que describía era algo en lo
que ni siquiera ellos mismos creían. Su discurso, especialmente en España,
consistía, finalmente en decir: “haz lo que digo, pero no lo que hago”. Lo
que “digo” es “honestidad”, “derechos humanos”, “conquistas sociales”, pero lo
que “hago” es “corrupción”, “incapacidad de gestión”, “servicios sociales saturados”
e “infraestructuras abandonadas”. Con el sanchismo esto ha llegado al
límite. PSOE y extrema-izquierda, por otra parte, tienen un denominador común: el
“antifascismo”.
Para el común de los mortales el “fascismo” es algo del ayer. Ninguna,
absolutamente ninguna, de sus características históricas se dan en la
actualidad: estatismo, militarización de las masas, síntesis de nacionalismo y
socialismo, partido único, cesarismo autoritarismo, antiparlamentarismo, y así
sucesivamente. Nada de todo esto está presente en partidos situados a la “derecha”
y eso mismo índica el nivel de alejamiento de la realidad de toda la izquierda.
El “relato” no ordena la realidad en función de quien lo proclama;
especialmente si el ciudadano sale a la calle y encuentra otra realidad que
contradice el “relato”.
Durante los últimos 30 años, se diría que los dirigentes de todas
las fuerzas políticas de izquierdas han expulsado a la intelectualidad de sus
filas. Nadie con una mínima cultura general, puede aceptar sus exageraciones retóricas
“antifascistas” o sus diseños de “ingeniería social” cuya puesta en práctica
nos acerca cada vez más al caos. Lo que queda en la izquierda son pobres
líderes reducidos a “panfletos parlantes”, tertulianos de pocas luces, “cuñaos”
o pobres gentes que han creído ese mensaje simplón de “si llega la derecha al
poder os lo quitarán todo”…
Y, en cuanto a los “líderes de izquierdas” no hay, entre ellos, ni
grandes oradores, ni conductores de masas, ni siquiera dirigentes que saben a
dónde se dirigen: su horizonte mental, por término medio, se centra únicamente
en conservar un medio de vida (como diputado, como asesor o en cualquier cargo
nombrado a dedo y bien retribuido). Como ocurrió hace medio siglo con los maoístas,
cuando alegan “servir al pueblo”, en realidad, están proponiendo “servirse del
pueblo”. Lo sabemos todos y no hace falta insistir mucho más en ello.
Pero vale la pena hacer un repaso a estos sectores de la izquierda
para advertir su grado de indigencia y excluyendo al PSOE cuya bajeza moral
convierte en cómplices del sanchismo a todos sus miembros, incluso a los más
disidentes, por su silencio cómplice. Empecemos con el más marginal: Podemos
LA IMPOTENCIA DE PODEMOS
Cuando nació el “movimiento de los indignados”, que llegó con
aires de renovación del discurso de la izquierda, ¿quién iba a decir que sus
últimos mohicanos terminarían retornando al discurso antifascista de los años
30? Como hemos dicho en varias ocasiones, lo que queda de Podemos -y no queda
mucho- son los últimos “hombres deconstruidos” y las últimas “chicas loquitas”,
dirigidos desde bastidores por el “macho alfa”, Pablo Iglesias.
Cuando Iglesias – Montero – Belarra participaron en el gobierno de
Sánchez anterior a las elecciones de 2023, ya era evidente que Podemos había
entrado en crisis. Carecía del empuje fundacional, la mayoría de sus fundadores
se habían retirado. De los 214.000 inscritos en sus Círculos que declaraba en
2014 quedaba muy poco. La hecatombe se produjo cuando las buenas intenciones
iniciales de los cargos públicos de Podemos (imponerse un tope en la percepción
por el cargo, dar el resto a ONGs, no aceptar coche oficial, etc) se fueron
olvidando. Y los que decían estar “contra la casta”, se convirtieron en un
remedo de esa misma casta.
Y no había cargos para todos. Como había ocurrido en anteriores
generaciones de izquierdistas, Podemos se convirtió en una especie de club endogámico,
en donde ya no existió “renovación de élites” a la que aludiera Vilfredo
Paretto, sino una lucha a muerte por mantenerse en el cargo retribuido. Algunos (Errejón, Monedero) tuvieron cuidado de esconder estas
ambiciones bajo pretexto ideológicos. Otros, no pudieron ocultar su deseo de “prosperar”,
firmaron hipotecas por chalets de lujo y se prepararon para eternizar su
posición. El reflujo. Y eso se tradujo en rupturas y terrores. Podían
perder las posesiones que los elevaban a la categoría de clase media alta y que
pasaba por mantener el sueldo como cargo público.
Errejón y Monedero se perdieron y con ellos, Rita Maestre y el
grupo disidente que daría vida a Mas Madrid y luego reencontraríamos en Sumar.
Pero, sigamos con Podemos. Iglesias puso en pie algunas iniciativas económicas:
el Canal R(e)D, la Taberna Garibaldi, ambas mediante “micromecenazgos”. Iglesias
aseguró que el Canal R(e)D, recaudó 580.000 euros y la Taberna Garibaldi otros
140.000 euros. Pero, lo cierto es que una taberna no es, lo que se dice, un “gran
negocio”, ni un canal de TV artesanal de muy escasa audiencia (cualquier
youtuber de derechas tiene más audiencia, menos gastos y más beneficios), puede
ser rentable y contener cierta calidad, especialmente cuando sus colaboradores
lo son ad honoren, con salarios de becarios o simplemente colaboran por
identidad con la “causa”.
Nada de todo esto parece muy prometedor, y menos tras los
batacazos electorales que está sufriendo podemos en las últimas elecciones
regionales. El grupo dirigente de lo queda de esta formación insiste en los
temas que resultan más provocadores, tratados siempre desde una óptica cada vez
más extremistas y radical que llegó a su punto culminante durante la pasada
campaña electoral en Aragón con apelaciones al “reemplazo” de población para
evitar el “fascismo” y en declaraciones extremadamente beligerantes de Pablo
Iglesias tratando de renovar el “no pasarán” de hace 90 años. El resultado fue
la tercera parte de los votos que obtuvo Se Acabó La Fiesta, con lo que
está todo dicho.
Entre el “antifascismo” desmesurado, sobredimensionado y agresivo
y las declaraciones ultrainmigracionistas y la defensa a ultranza del paquete
LGTBIQ+, Podemos cree que puede tener un “suelo” mínimo que le garantice la
supervivencia económica de su grupo dirigente y la viabilidad de sus iniciativas
económicas.
Pero, su error de percepción más aberrante sea pensar que “todos
los LGTBIQ+ o todos los inmigrantes naturalizados”, les van a votar a ellos.
No solamente esto no es cierto (en lo que se refiere a los “naturalizados”
suelen abstenerse de votar o lo hacen por quien está en el poder y les
garantiza el mantenimiento de subsidios y percepciones no contributivas, y
entre los LGTBIQ+ el voto está muy repartido entre todo el arco político, incluyendo
a partidos de derecha), sino que este criterio chapuceramente “estratégico”,
corre el riesgo de restarles el voto de otros grupos sociales que,
inicialmente, apoyaron a los “indignados”.
Parece increíble, por ejemplo, que las sucesivas compañeras de
Pablo hayan tenido un protagonismo en Podemos muy superior a sus evidentes
cualidades personales. Por no hablar del caso de Dina Bousselham para la que
Iglesias creó La Última Hora Noticias que sobrevivió mal que bien entre
2020 y 2023 como “fábrica de bulos”, “antifascistas” off curse, y cuyo caso es
como mínimo curioso: la tarjeta robada SD que se robaron apareció en casa del
comisario Villarejo entregada por el director de la fenecida revista Interviu.
El presidente del grupo no publicó nada, pero le entregó la tarjeta a Pablo
Iglesias (que era como decirle: “sé lo que hay dentro”) y todos los archivos
llegaron a Villarejo (o, por lo menos, así se dijo). Bousselham dio varias
versiones de lo sucedido y aún hoy el caso dista mucho de estar completamente
esclarecido (inicialmente declaró que
la tarjeta estaba ilegible o destruida cuando Pablo Iglesias se la
devolvió. Posteriormente, asegurando que, en un primer momento, sí
funcionaba y que ella misma había podido ver el contenido antes de que
dejara de operar. En una de sus comparecencias judiciales afirmó que nunca
había podido acceder a la información de la tarjeta. Sin embargo, en versiones
posteriores admitió que había realizado capturas de pantalla de sus propios
chats (que luego se filtraron) y que llegó a ver el contenido de la tarjeta
tras recuperarla. Dio testimonios distintos sobre el momento exacto y las
circunstancias en las que recuperó el dispositivo, lo que generó dudas sobre si
ocultó información a la policía en 2016, cuando la tarjeta ya estaba en su
poder, pero no lo notificó. Debido a estas contradicciones, el juez llegó
a solicitar en 2022 que se investigara a Bousselham por un presunto delito
de falso testimonio. No obstante, la Fiscalía se opuso a dicha
investigación al considerar que las variaciones en su relato eran “vaguedades”
que no alteraban la esencia de la causa. Finalmente, en 2022, ella exculpó
totalmente a Pablo Iglesias de cualquier daño al dispositivo.
El caso, aun por olvidado que esté, no deja de ser
una muestra de que Podemos ha terminado siendo una secta de “hombres
deconstruidos” y “chicas loquitas” en torno al consabido “macho alfa” que
impone líneas y criterios entre los últimos mohicanos (y mohicanas) que le
quedan.
SUMAR O LA ENÉSIMA COALICIÓN DE LA IZQUIERDA DESUNIDA
Seguir la pista de las escisiones de Podemos resulta tan inútil
como cansino. En todos los sectores radicales las escisiones tienen que ver con
un “quítame allá esas pajas” ideológicas o con repartos de poder. Y en el caso
de Podemos, parece evidente que lo primero encubre a lo segundo y que, donde
hay varios “machos alfa”, la escisión está servida. El problema de la
izquierda es que no siempre sus comportamientos personales están adecuados a
sus propuestas políticas.
Cuando tuvo lugar la asamblea de Podemos que se ha dado en llamar Vistalegre
II, resultó evidente que el partido se había roto en dos. Se enfrentaron dos modelos contrapuestos de
partido personificados por Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. El
primero defendía una línea más radical y de confrontación, mientras que Errejón
defendía un enfoque más moderado capaz de atraer a votantes del PSOE. Iglesias
venció logrando el control total del Consejo Ciudadano Estatal. Fue la habitual
victoria pírrica cuyo resultado
inmediato fue el apartamiento de los "errejonistas" de los puestos de
poder, la salida de Errejón y la fundación, junto con otros expodemitas y
gentes llegadas de la izquierda para fundar Más Madrid.
recomposiciones y evoluciones de la izquierda comunista tras la caída de la URSS.
El éxito de la ex afiliada al PCE, Manuel Cármena
en las municipales de 2015, hizo que varios podemitas, alejados de la
dirección tras el Vistalegre II (2017), se acercaran a su entorno y
contribuyeran a la fundación de Mas Madrid, autodefinido como “de izquierda,
ecologista y feminista”, pero evitando las estridencias podemitas. Errejón
se sumó oficialmente en 2018.
En los años anteriores, la marejada de Podemos
había revitalizado a grupos regionales de extrema-izquierda. Todos ellos
aspiraban a que el PSOE terminara hundiéndose electoralmente y a heredar su
electorado. En Cataluña había nacido En Común, en torno a Ada Colau,
una figurante de televisión, sin oficio ni beneficio, que había escalado
gracias a pasar como “activista social” de las más variadas causas. En su
proceso de fundación habían participado restos y fragmentos de anteriores
iniciativas de izquierda radical: Barcelona en Comú: El partido de Ada Colau
que gobernaba en Barcelona, Podem Catalunya: La rama catalana de Podemos, Iniciativa
per Catalunya Verds (ICV) promovida por el antiguo PSUC y sus hermanos separados
de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) y unos pocos miembros de Equo. Los
buenos resultados favorecieron el que se constituyera la candidatura Catalunya
en Comú.
En Valencia, Mónica Oltra estaba al frente de
Compromís y procedía del Partido
Comunista y de Esquerra Unida, coalición de la que terminaría siendo expulsada.
Fue entonces cuando participó en la formación de Compromís, inicialmente
compuesto por una miríada de grupos locales de muy escasa influencia: Bloc
Nacionalista Valencià (hoy Més-Compromís), Esquerra Unida del País
Valencià (EUPV), Els Verds del País Valencià, Els Verds Esquerra
Ecologista e Izquierda Republicana. Una crisis interna en 2008 provocó
la salida de EUPV. La novedad es que, este grupo vio la tabla de salvación y el
factor diferencial en el valencianismo de izquierdas, progresista y ecologista.
En mayo de 1922 y a la vista del debilitamiento de
Podemos, de las críticas a sus iniciativas legislativas y del descrédito de
Irene Montero como ministra de igualdad y de todos los miembros que se habían
ido apeando de Podemos, voluntariamente o expulsados, evidenciaron que el grupo
entraría en decadencia y que era el momento de federar a los grupos y
coaliciones situados a la izquierda del PSOE, para crear una nuevo opción en
condiciones de jugar un papel similar al que había tenido Podemos en el tiempo
en el que colaboró con Pedro Sánchez.
La creación de Sumar fue un proceso liderado
por una abogadilla de pocos pleitos, Yolanda Díaz y había sido coordinadora general de Esquerda
Unida (IU en Galicia) desde 2005 hasta 2017. En 2012, fue una de las
impulsoras de la coalición Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) junto
a Xosé Manuel Beiras, logrando irrumpir en el Parlamento de Galicia. En
2016, dio el salto a la política estatal como diputada por las coaliciones
gallegas vinculadas a Podemos (En Marea y posteriormente En Común-Unidas
Podemos). En enero de 2020, fue nombrada ministra de Trabajo y
Economía Social en el primer gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Tras
la salida de Pablo Iglesias del Gobierno en marzo de 2021, asumió la vicepresidencia
tercera y, en julio de ese mismo año, ascendió a la vicepresidencia
segunda. Mantuvo su militancia en el Partido Comunista de España
(PCE) durante todo este periodo, aunque abandonó Izquierda Unida en 2019
debido a discrepancias sobre la estrategia de negociación con el PSOE.
El 8
de julio de 2022 en el curso de un acto Díaz presentó Sumar como un
"movimiento ciudadano" que buscaba un nuevo “contrato social” para la
próxima década. El 9 de junio de 2023, logró aglutinar a ¡15 formaciones
de izquierda! para las elecciones generales del 23J: Movimiento Sumar, Podemos,
Izquierda Unida, Incluyendo al Partido Comunista de España, Más Madrid / Más
País de Íñigo Errejón, Catalunya en Comú (Comuns) de Ada Colau, Coalició
Compromís, Verdes Equo, Chunta Aragonesista (CHA), Més por Mallorca, Proyecto
Drago, Alianza Verde, Batzarre (Navarra), Izquierda Asturiana, Iniciativa del
Pueblo Andaluz, Ara Ibiza…
Demasiados para ponerlos a todo de acuerdo. De
estos grupos, varios se han ausentado sin dejar señas, otros son tan minúsculos
que su peso se reduce a un provincia concreta. Y otros, como Compromís y
Podemos, se han desvinculado formalmente. A principios de 2026, se ignora
todavía si la coalición “repetirá” o se disolverá en un nuevo proyecto. El pasado
21 de febrero de 2026, Movimiento Sumar, Catalunya en Comú, IU y Más
Madrid sellaron una nueva alianza para consolidar la unidad del espacio,
mientras que Podemos se ha mantenido al margen de esta estructura, frente al
anuncio del “Proyecto Rufián”.












