INDICE GENERAL (en fase de elaboración)

martes, 24 de febrero de 2026

VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (1 de 3)

No vamos a diferenciar la sigla PSOE de “extrema-izquierda”: el saco es grande y en él caben todas las variantes taxonómicas de esa izquierda que, globalmente, está en crisis como resultado de sus errores cometidos en los últimos 25 años. A fuerza hablar en nombre “del pueblo”, la izquierda ha terminado creyéndose esa pretensión de superioridad moral y defensa de los “desheredados” que se autoatribuía. Pero, la triste realidad era que cada vez crece su distancia de la “sociedad real” y que la “sociedad ideal” que describía era algo en lo que ni siquiera ellos mismos creían. Su discurso, especialmente en España, consistía, finalmente en decir: “haz lo que digo, pero no lo que hago”. Lo que “digo” es “honestidad”, “derechos humanos”, “conquistas sociales”, pero lo que “hago” es “corrupción”, “incapacidad de gestión”, “servicios sociales saturados” e “infraestructuras abandonadas”. Con el sanchismo esto ha llegado al límite. PSOE y extrema-izquierda, por otra parte, tienen un denominador común: el “antifascismo”.

Para el común de los mortales el “fascismo” es algo del ayer. Ninguna, absolutamente ninguna, de sus características históricas se dan en la actualidad: estatismo, militarización de las masas, síntesis de nacionalismo y socialismo, partido único, cesarismo autoritarismo, antiparlamentarismo, y así sucesivamente. Nada de todo esto está presente en partidos situados a la “derecha” y eso mismo índica el nivel de alejamiento de la realidad de toda la izquierda. El “relato” no ordena la realidad en función de quien lo proclama; especialmente si el ciudadano sale a la calle y encuentra otra realidad que contradice el “relato”.

Durante los últimos 30 años, se diría que los dirigentes de todas las fuerzas políticas de izquierdas han expulsado a la intelectualidad de sus filas. Nadie con una mínima cultura general, puede aceptar sus exageraciones retóricas “antifascistas” o sus diseños de “ingeniería social” cuya puesta en práctica nos acerca cada vez más al caos. Lo que queda en la izquierda son pobres líderes reducidos a “panfletos parlantes”, tertulianos de pocas luces, “cuñaos” o pobres gentes que han creído ese mensaje simplón de “si llega la derecha al poder os lo quitarán todo”

Y, en cuanto a los “líderes de izquierdas” no hay, entre ellos, ni grandes oradores, ni conductores de masas, ni siquiera dirigentes que saben a dónde se dirigen: su horizonte mental, por término medio, se centra únicamente en conservar un medio de vida (como diputado, como asesor o en cualquier cargo nombrado a dedo y bien retribuido). Como ocurrió hace medio siglo con los maoístas, cuando alegan “servir al pueblo”, en realidad, están proponiendo “servirse del pueblo”. Lo sabemos todos y no hace falta insistir mucho más en ello.

Pero vale la pena hacer un repaso a estos sectores de la izquierda para advertir su grado de indigencia y excluyendo al PSOE cuya bajeza moral convierte en cómplices del sanchismo a todos sus miembros, incluso a los más disidentes, por su silencio cómplice. Empecemos con el más marginal: Podemos

LA IMPOTENCIA DE PODEMOS

Cuando nació el “movimiento de los indignados”, que llegó con aires de renovación del discurso de la izquierda, ¿quién iba a decir que sus últimos mohicanos terminarían retornando al discurso antifascista de los años 30? Como hemos dicho en varias ocasiones, lo que queda de Podemos -y no queda mucho- son los últimos “hombres deconstruidos” y las últimas “chicas loquitas”, dirigidos desde bastidores por el “macho alfa”, Pablo Iglesias.

Cuando Iglesias – Montero – Belarra participaron en el gobierno de Sánchez anterior a las elecciones de 2023, ya era evidente que Podemos había entrado en crisis. Carecía del empuje fundacional, la mayoría de sus fundadores se habían retirado. De los 214.000 inscritos en sus Círculos que declaraba en 2014 quedaba muy poco. La hecatombe se produjo cuando las buenas intenciones iniciales de los cargos públicos de Podemos (imponerse un tope en la percepción por el cargo, dar el resto a ONGs, no aceptar coche oficial, etc) se fueron olvidando. Y los que decían estar “contra la casta”, se convirtieron en un remedo de esa misma casta.

Y no había cargos para todos. Como había ocurrido en anteriores generaciones de izquierdistas, Podemos se convirtió en una especie de club endogámico, en donde ya no existió “renovación de élites” a la que aludiera Vilfredo Paretto, sino una lucha a muerte por mantenerse en el cargo retribuido. Algunos (Errejón, Monedero) tuvieron cuidado de esconder estas ambiciones bajo pretexto ideológicos. Otros, no pudieron ocultar su deseo de “prosperar”, firmaron hipotecas por chalets de lujo y se prepararon para eternizar su posición. El reflujo. Y eso se tradujo en rupturas y terrores. Podían perder las posesiones que los elevaban a la categoría de clase media alta y que pasaba por mantener el sueldo como cargo público.

Errejón y Monedero se perdieron y con ellos, Rita Maestre y el grupo disidente que daría vida a Mas Madrid y luego reencontraríamos en Sumar. Pero, sigamos con Podemos. Iglesias puso en pie algunas iniciativas económicas: el Canal R(e)D, la Taberna Garibaldi, ambas mediante “micromecenazgos”. Iglesias aseguró que el Canal R(e)D, recaudó 580.000 euros y la Taberna Garibaldi otros 140.000 euros. Pero, lo cierto es que una taberna no es, lo que se dice, un “gran negocio”, ni un canal de TV artesanal de muy escasa audiencia (cualquier youtuber de derechas tiene más audiencia, menos gastos y más beneficios), puede ser rentable y contener cierta calidad, especialmente cuando sus colaboradores lo son ad honoren, con salarios de becarios o simplemente colaboran por identidad con la “causa”.  

Nada de todo esto parece muy prometedor, y menos tras los batacazos electorales que está sufriendo podemos en las últimas elecciones regionales. El grupo dirigente de lo queda de esta formación insiste en los temas que resultan más provocadores, tratados siempre desde una óptica cada vez más extremistas y radical que llegó a su punto culminante durante la pasada campaña electoral en Aragón con apelaciones al “reemplazo” de población para evitar el “fascismo” y en declaraciones extremadamente beligerantes de Pablo Iglesias tratando de renovar el “no pasarán” de hace 90 años. El resultado fue la tercera parte de los votos que obtuvo Se Acabó La Fiesta, con lo que está todo dicho.

Entre el “antifascismo” desmesurado, sobredimensionado y agresivo y las declaraciones ultrainmigracionistas y la defensa a ultranza del paquete LGTBIQ+, Podemos cree que puede tener un “suelo” mínimo que le garantice la supervivencia económica de su grupo dirigente y la viabilidad de sus iniciativas económicas.

Pero, su error de percepción más aberrante sea pensar que “todos los LGTBIQ+ o todos los inmigrantes naturalizados”, les van a votar a ellos. No solamente esto no es cierto (en lo que se refiere a los “naturalizados” suelen abstenerse de votar o lo hacen por quien está en el poder y les garantiza el mantenimiento de subsidios y percepciones no contributivas, y entre los LGTBIQ+ el voto está muy repartido entre todo el arco político, incluyendo a partidos de derecha), sino que este criterio chapuceramente “estratégico”, corre el riesgo de restarles el voto de otros grupos sociales que, inicialmente, apoyaron a los “indignados”.

Parece increíble, por ejemplo, que las sucesivas compañeras de Pablo hayan tenido un protagonismo en Podemos muy superior a sus evidentes cualidades personales. Por no hablar del caso de Dina Bousselham para la que Iglesias creó La Última Hora Noticias que sobrevivió mal que bien entre 2020 y 2023 como “fábrica de bulos”, “antifascistas” off curse, y cuyo caso es como mínimo curioso: la tarjeta robada SD que se robaron apareció en casa del comisario Villarejo entregada por el director de la fenecida revista Interviu. El presidente del grupo no publicó nada, pero le entregó la tarjeta a Pablo Iglesias (que era como decirle: “sé lo que hay dentro”) y todos los archivos llegaron a Villarejo (o, por lo menos, así se dijo). Bousselham dio varias versiones de lo sucedido y aún hoy el caso dista mucho de estar completamente esclarecido (inicialmente declaró que la tarjeta estaba ilegible o destruida cuando Pablo Iglesias se la devolvió. Posteriormente, asegurando que, en un primer momento, sí funcionaba y que ella misma había podido ver el contenido antes de que dejara de operar. En una de sus comparecencias judiciales afirmó que nunca había podido acceder a la información de la tarjeta. Sin embargo, en versiones posteriores admitió que había realizado capturas de pantalla de sus propios chats (que luego se filtraron) y que llegó a ver el contenido de la tarjeta tras recuperarla. Dio testimonios distintos sobre el momento exacto y las circunstancias en las que recuperó el dispositivo, lo que generó dudas sobre si ocultó información a la policía en 2016, cuando la tarjeta ya estaba en su poder, pero no lo notificó.  Debido a estas contradicciones, el juez llegó a solicitar en 2022 que se investigara a Bousselham por un presunto delito de falso testimonio. No obstante, la Fiscalía se opuso a dicha investigación al considerar que las variaciones en su relato eran “vaguedades” que no alteraban la esencia de la causa. Finalmente, en 2022, ella exculpó totalmente a Pablo Iglesias de cualquier daño al dispositivo.

El caso, aun por olvidado que esté, no deja de ser una muestra de que Podemos ha terminado siendo una secta de “hombres deconstruidos” y “chicas loquitas” en torno al consabido “macho alfa” que impone líneas y criterios entre los últimos mohicanos (y mohicanas) que le quedan.

SUMAR O LA ENÉSIMA COALICIÓN DE LA IZQUIERDA DESUNIDA

Seguir la pista de las escisiones de Podemos resulta tan inútil como cansino. En todos los sectores radicales las escisiones tienen que ver con un “quítame allá esas pajas” ideológicas o con repartos de poder. Y en el caso de Podemos, parece evidente que lo primero encubre a lo segundo y que, donde hay varios “machos alfa”, la escisión está servida. El problema de la izquierda es que no siempre sus comportamientos personales están adecuados a sus propuestas políticas.

Cuando tuvo lugar la asamblea de Podemos que se ha dado en llamar Vistalegre II, resultó evidente que el partido se había roto en dos. Se enfrentaron dos modelos contrapuestos de partido personificados por Pablo Iglesias e Íñigo Errejón. El primero defendía una línea más radical y de confrontación, mientras que Errejón defendía un enfoque más moderado capaz de atraer a votantes del PSOE. Iglesias venció logrando el control total del Consejo Ciudadano Estatal. Fue la habitual victoria pírrica cuyo resultado inmediato fue el apartamiento de los "errejonistas" de los puestos de poder, la salida de Errejón y la fundación, junto con otros expodemitas y gentes llegadas de la izquierda para fundar Más Madrid. 


No es una sopa de siglas, es el casi inextricable esquema de escisiones,
recomposiciones y evoluciones de la izquierda comunista tras la caída de la URSS.

El éxito de la ex afiliada al PCE, Manuel Cármena en las municipales de 2015, hizo que varios podemitas, alejados de la dirección tras el Vistalegre II (2017), se acercaran a su entorno y contribuyeran a la fundación de Mas Madrid, autodefinido como “de izquierda, ecologista y feminista”, pero evitando las estridencias podemitas. Errejón se sumó oficialmente en 2018.

En los años anteriores, la marejada de Podemos había revitalizado a grupos regionales de extrema-izquierda. Todos ellos aspiraban a que el PSOE terminara hundiéndose electoralmente y a heredar su electorado. En Cataluña había nacido En Común, en torno a Ada Colau, una figurante de televisión, sin oficio ni beneficio, que había escalado gracias a pasar como “activista social” de las más variadas causas. En su proceso de fundación habían participado restos y fragmentos de anteriores iniciativas de izquierda radical: Barcelona en Comú: El partido de Ada Colau que gobernaba en Barcelona, Podem Catalunya: La rama catalana de Podemos, Iniciativa per Catalunya Verds (ICV) promovida por el antiguo PSUC y sus hermanos separados de Esquerra Unida i Alternativa (EUiA) y unos pocos miembros de Equo. Los buenos resultados favorecieron el que se constituyera la candidatura Catalunya en Comú.

En Valencia, Mónica Oltra estaba al frente de Compromís y procedía del Partido Comunista y de Esquerra Unida, coalición de la que terminaría siendo expulsada. Fue entonces cuando participó en la formación de Compromís, inicialmente compuesto por una miríada de grupos locales de muy escasa influencia: Bloc Nacionalista Valencià (hoy Més-Compromís), Esquerra Unida del País Valencià (EUPV), Els Verds del País Valencià, Els Verds Esquerra Ecologista e Izquierda Republicana. Una crisis interna en 2008 provocó la salida de EUPV. La novedad es que, este grupo vio la tabla de salvación y el factor diferencial en el valencianismo de izquierdas, progresista y ecologista.

En mayo de 1922 y a la vista del debilitamiento de Podemos, de las críticas a sus iniciativas legislativas y del descrédito de Irene Montero como ministra de igualdad y de todos los miembros que se habían ido apeando de Podemos, voluntariamente o expulsados, evidenciaron que el grupo entraría en decadencia y que era el momento de federar a los grupos y coaliciones situados a la izquierda del PSOE, para crear una nuevo opción en condiciones de jugar un papel similar al que había tenido Podemos en el tiempo en el que colaboró con Pedro Sánchez.

La creación de Sumar fue un proceso liderado por una abogadilla de pocos pleitos, Yolanda Díaz y había sido coordinadora general de Esquerda Unida (IU en Galicia) desde 2005 hasta 2017. En 2012, fue una de las impulsoras de la coalición Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) junto a Xosé Manuel Beiras, logrando irrumpir en el Parlamento de Galicia. En 2016, dio el salto a la política estatal como diputada por las coaliciones gallegas vinculadas a Podemos (En Marea y posteriormente En Común-Unidas Podemos). En enero de 2020, fue nombrada ministra de Trabajo y Economía Social en el primer gobierno de coalición de Pedro Sánchez. Tras la salida de Pablo Iglesias del Gobierno en marzo de 2021, asumió la vicepresidencia tercera y, en julio de ese mismo año, ascendió a la vicepresidencia segunda. Mantuvo su militancia en el Partido Comunista de España (PCE) durante todo este periodo, aunque abandonó Izquierda Unida en 2019 debido a discrepancias sobre la estrategia de negociación con el PSOE.

El 8 de julio de 2022 en el curso de un acto Díaz presentó Sumar como un "movimiento ciudadano" que buscaba un nuevo “contrato social” para la próxima década. El 9 de junio de 2023, logró aglutinar a ¡15 formaciones de izquierda! para las elecciones generales del 23J: Movimiento Sumar, Podemos, Izquierda Unida, Incluyendo al Partido Comunista de España, Más Madrid / Más País de Íñigo Errejón, Catalunya en Comú (Comuns) de Ada Colau, Coalició Compromís, Verdes Equo, Chunta Aragonesista (CHA), Més por Mallorca, Proyecto Drago, Alianza Verde, Batzarre (Navarra), Izquierda Asturiana, Iniciativa del Pueblo Andaluz, Ara Ibiza…

Demasiados para ponerlos a todo de acuerdo. De estos grupos, varios se han ausentado sin dejar señas, otros son tan minúsculos que su peso se reduce a un provincia concreta. Y otros, como Compromís y Podemos, se han desvinculado formalmente. A principios de 2026, se ignora todavía si la coalición “repetirá” o se disolverá en un nuevo proyecto. El pasado 21 de febrero de 2026, Movimiento Sumar, Catalunya en Comú, IU y Más Madrid sellaron una nueva alianza para consolidar la unidad del espacio, mientras que Podemos se ha mantenido al margen de esta estructura, frente al anuncio del “Proyecto Rufián”.