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martes, 24 de febrero de 2026

VISTA A LA IZQUIERDA: NO ACEPTAR LA DERROTA Y NO RECTIFICAR CONDUCE A MORIR SIN DIGNIDAD… (2 de 3) - EL “PROYECTO RUFIÁN” O LA ENÉSIMA INTENTONA

Rufián es el caso típico de un “político de izquierdas” que busca eternizar sus quince minutos de fama mediática: cuarentón, con dos hijos, sin un historial académico ni profesional particularmente brillante y con unos criterios políticos etéreos y prendidos con alfileres que le llevaron a una situación paradójica.

En 2013, el independentismo catalán había iniciado su “procés”. El problema del que solamente eran conscientes algunos cerebros grises, era cómo Cataluña podía ser independiente si tenía bolsas extraordinariamente amplias de castellanoparlante, especialmente en el Cinturón Industrial de Barcelona. Así que los “mentes frías” que impulsaban el “procés” tuvieron la ocurrencia de crear un movimiento independentista catalán especializado en el “trabajo político” sobre castellanoparlantes. Así nación el movimiento Súmate dirigido por andaluces que se habían arrimado a Junts pel Sí (de hecho, Pujol, ya en los años 80, había comprado a precio de saldo a exponentes “andalucistas”, para que apoyaran su política utilizando la lengua castellana…

Entre los indocumentados políticos que se sumaron a esta iniciativa, figuraron Gabriel Rufián por un lado y Antonio Baños, por otro. Ambos creerían con una seriedad pasmosa que el “procés” terminaría como sus promotores pensaban y que Catalunya sería el “Estado número 28 de la Unión Europea”. Y ellos, en tanto que, “líderes” de la comunidad castellanoparlante tendrían un papel protagonista en el “nuevo Estado”… Baños se orientó hacia la CUP, siendo elegido diputado en 2015, pero dimitió poco después cuando su partido decidió no apoyar la investidura de Artur Mas como presidente de la gencat y va a salto de mata entre tertulias de medios dependientes de la gencat. El destino de Gabriel Rufián ha sido mucho más “rutilante”.

Llegó al parlamento del Estado como portavoz del Grupo Parlamentario de ERC, en sustitución de Joan Tardá que se había convertido en un histórico del partido indepe, el clásico “tocacollons”, con una línea cada vez más errática dentro del partido (en 2025 defendía, contra todo criterio y evidenciando una ignorancia absoluta de la realidad,  que ERC debía abrirse a la inmigración e incorporarla al partido a la vista de que la independencia quedaba lejos, justo en el momento en el que se iniciaban los tránsitos de ERC hacia Aliança Catalana). Rufián era el “charnego” de ERC que podía demostrar en Madrid que el independentismo era “integrador” y que los castellanoparlantes también podían estar a favor de la independencia. Rufián que, en principio creía que la independencia era para mañana, afirmó su voluntad de quedarse pocos meses en Madrid. Lleva diez años. Y la in dependencia se ha aplazado sine die, probablemente hasta nunca.

El caso es que Rufián se siente bien en Madrid, pero el cambio de ciclo político amenaza su puesto de diputado. La ERC que dejó en Barcelona hace 10 años no es la misma que la actual. Oriol Junqueras, tras su paso por la cárcel ha entendido perfectamente que el “procés” fue un patinazo y, a pesar de que, existe entre él y Puigdemont un odio que deriva de la impresión -muy cierta, por lo demás- de que el “honorable president”, en cuanto vio que entraba en juego la judicatura y el “procés” embarrancaba tomó por las de Villadiego tras despedirse de Junqueras “fins demà” [hasta mañana]. Junqueras no le perdonará nunca haber “chupado talego” casi cuatro años, mientras Puigdemont vivía a cuerpo de rey en el mejor barrio de Bruselas.

El problema en Cataluña en 2026 es que la independencia se ha ido alejando del horizonte político del catalán medio, algo que apenas empiezan a darse cuenta los líderes indepes que, para colmo, son los mismos que los que “lideraron” el “procés”. Y Rufián, ahora mismo, tiene la vívida sensación de que su tiempo en Madrid se está agotando y que el partido ya no necesita a “charnegos” que lo representen en Madrid y que los simbólicos discursos pronunciados en catalán por Rufián ya no tienen absolutamente ningún impacto y pocos diputados se ponen el pinganillo para traducirlos. Pero Rufián vive en Madrid y, mejor que nadie, se ha hecho a la idea de que la independencia de Cataluña es imposible. Y es entonces cuando empieza a sentirse más “hombre de izquierdas” que “independentista”. Y eso preocupa a Junqueras cuya situación dentro del partido no es buena.

El fracaso del “procés” y la persistencia de sus líderes en querer seguir en el machito a pesar del estrepitoso ridículo mundial que los erosionó (y erosionó aún más a Cataluña con la “fuga de empresas”) hace que este sector político atraviese un período de fuertes divisiones internas y una profunda crisis de liderazgo tras los malos resultados electorales de 2024. La creación de corrientes internas, los choques entre Oriol Junqueras y Marta Rovira, con acusaciones cruzadas de "dirección paralela" y filtraciones, la lucha entre los que abogan por un “nuevo curso” y los que siguen aferrados a la estrategia indepe, los problemas internos de carácter personal, la retirada de “cerebros” y, la fuga de cuadros y de votos hacia Aliança Catalana, sugieren que los problemas de ERC no han hecho nada más que empezar. Parece lógico que Rufián se preocupe por “su mañana”: si no es diputado, ¿qué puede ser cuando se confirme el cambio de ciclo político?

 

Y, es entonces cuando Rufián, ese “hombre de izquierdas”, mira a su entorno y ve a la izquierda completamente fuera de juego. Entonces se le ocurre la brillante idea: ¿cuándo gana elecciones la izquierda en este país? Respuesta: cuando se presenta unidad, en un “frente popular”. ¿Ejemplo? Las elecciones de 1936. La situación de postración de la izquierda no se debe, por tanto, a sus errores políticos, a un “relato” que choca cada vez más con la realidad, a que ha perdido la iniciativa entre los jóvenes, a que se obstina en negar la evidencia que cada ciudadano -especialmente el electorado de barrios populares- vive cada día, los salarios bajos, las viviendas imposibles, la inseguridad enseñoreándose de las calles… todo esto, todo, sin excepción, puede ser superado por la izquierda condición de generar una nueva ilusión, entre los jóvenes, entre su electorado decepcionado, entre los electores desmovilizados, entre los parados, entre los inmigrantes naturalizados, entre los jubilados, entre las mujeres, e incluso, lo que parece casi imposible: recuperar el voto de los trabajadores. Para ello solo hay que despertar entusiasmo. Para eso hace falta “unidad”. A fin de cuentas, no hace tanto que Podemos supuso una ilusión (esto es, la percepción de ilusos) que puede revivir.

El hecho de que, en las elecciones regionales de Extremadura y Aragón, la caída en picado del PSOE no se haya traducido en un aumento de votos de Podemos y solamente en una mínima subida de Sumar, es lo que justificaría la “operación Rufián”. Unidad, es lo que falta. Así un “frente unido de izquierdas” lograría mantener el poder en el post-sanchismo y “avanzar en las conquistas sociales”, etc, etc, etc. Eso, o de lo contrario, Rufián y otros muchos como él, dejarán de percibir su sueldo de diputado, y cuando concluyan sus 18 meses de paro, deberán vivir, como otros antiguos diputados de la extrema-izquierda, a salto de mata. Y no es plan… Se entiende perfectamente que Rufián se preocupe y luche por su futuro.

Ahora bien, es difícil establecer si la “operación Rufián” ha salido de su propio cálculo personal o bien de las alcantarillas de La Moncloa. En efecto: si Sánchez se mantiene en el poder, aun habiendo perdido las elecciones de 2023, es solamente gracias al concurso del os independentistas y de la extrema-izquierda. Es lícito pensar, a la vista de los resultados del as elecciones de Extremadura y Aragón, que el PSOE se irá desmoronando en las próximas elecciones generales, pero aún podría mantenerse en el poder si los partidos sobre los que Sánchez ha apuntalado su “régimen”, mejoran en escaños.

Alimentar, pues, una nueva “operación unitaria” en el seno de la izquierda, sería un elemento táctico que permitiera a Sánchez eternizarse en el poder. Para eso han recurrido, a un tipo que hoy es consciente de que se ha convertido en un outsider de ERC y que, durante sus diez años en Madrid, ha sabido establecer vínculos con las distintas izquierdas. Montar una operación de este tipo cuesta dinero y ni ERC, ni el propio bolsillo de Rufián, podrían afrontar una operación de esta envergadura: hace falta, incluso, pagar a medios de comunicación para que agiten a los vientos la operación, para pagar el alquiler de salas, comidas, desplazamientos, etc.

Sea como fuere, en febrero de 2026, Rufián presentó su proyecto de "frente amplio plurinacional" de izquierdas para las próximas elecciones generales. El lema no es ninguna maravilla del marketing electoral: "Disputar el presente para ganar el futuro" (yo mismo, en el primer congreso de Fuerza Nueva presenté el lema: “organizarse hoy para vencer mañana”, frase perdida en el texto de mi ponencia y de la que ni siquiera me había dado cuenta y que sólo Blas Piñar, elogió y colocó en carteles en todas las sedes del partido, sin advertir que eso de “organizarse” no estaba en el ADN de la ultra).

Y el “futuro” se “gana” articulando a los partidos de izquierda (ERC, Bildu, BNG, Sumar, Podemos, etc.) en función de un “programa común” y del “reparto de provincias” (¿en función de las encuestas del CIS…?). El objetivo es que en cada circunscripción se presente una única lista de izquierdas para evitar la pérdida de escaños por la división del voto y así "ganar a Vox". Así pues, se trata de eso: “ganar a Vox”… De nuevo, se percibe el olor de las alcantarillas de La Moncloa que alertan sobre “el retorno del fascismo”, el “que viene la ultraderecha”… cuando en realidad, el gran miedo del PSOE y de todos estos grupos es quedar por detrás de Vox y demostrar que el eslogan de esta formación -virgen todavía en lo que se refiere al ejercicio del poder- “solo nos queda Vox”, está teniendo cada vez más tirón entre el electorado… especialmente joven.

Rufián, a la vista de que su tiempo en ERC se está agotando, toma la delantera y dice lo que la mayoría de su partido se niega a reconocer públicamente: que el independentismo es cosa del pasado y que no se formen grupos regionales en el parlamento sino un “grupo interparlamentario coordinado” que defienda “el antifascismo, el derecho a la autodeterminación y la mejora de las condiciones de vida”.

Por muchas amistades que haya cosechado Rufián en sus años castizos, lo cierto es que el programa y la propuesta, están cogidos con alfileres. En ERC: La dirección del partido, encabezada por Oriol Junqueras, ha cerrado la puerta oficialmente a esta estrategia, prefiriendo mantener la identidad propia del partido. Formaciones como EH Bildu y Podemos han rechazado o ignorado formalmente el plan, criticando que se base únicamente en “cálculos electorales” y no en una unidad ideológica real. ¿Y Sumar?

En el día de hoy The Objective ha publicado la noticia de que Mónica García (ministra de sanidad) presentó ante el registro de marcas y patentes el nombre de “Nuevo Frente Amplio”, de resonancias uruguayas (era la propuesta frentista de la organización terrorista “tupamaros”). La nueva marca no implica nada más que un simple cambio de nombre para llamar a Sumar de otra manera, sin que ello reporte más cambios, ni siquiera ampliación de la coalición. Maíllo, el hombre de Izquierda Unida, una de las coaliciones que forman parte e Sumar, apeló a las formaciones de la izquierda alternativa al PSOE a presentarse juntas a las próximas elecciones generales, pero cambiando la denominación de Sumar. La excusa para esta nueva marca es evitar que se solapen dos siglas similares: la de Sumar (coalición), con la del Movimiento Sumar (el partido que fundó Yolanda Díaz). Con estas declaraciones, Maillo daba por enterrada la marca de Sumar. Porque, a fin de cuentas y sin que prácticamente lo advirtiéramos, Sumar ya no es una “coalición” sino el “partido de Yolanda Díaz”. Y como todos los que pasan por la mesa del consejo de ministros de un gobierno sanchista, la gallega está amortizada políticamente y, si bien su sueldo de exministra le reportará ingresos y tranquilidad económica para el resto de sus días, estamos ante otro caso de “político al borde del paro”. Todo induce a pensar que la Yolanda Díaz abandonará la política y no se presentará a la reelección. Su partido, el Movimiento Sumar, en cambio si parece interesado en el Nuevo Frente Amplio, del que sus motores son Más Madrid, IU, En Comú.

IU y Más Madrid coinciden en la idea de buscar un “revulsivo” para que la nueva alianza represente una “nueva etapa”. Aunque entre las dos formaciones existen también diferencias y choques, de ahí la importancia política de que los de Mónica García se adelantaran a la hora de registrar como marca uno de los posibles nombres de la nueva coalición.

Así pues, para este sector de la izquierda (y el más realista), el fracaso de Sumar (con la salida de Compromís y el alejamiento de Chunta Aragonesista y los mediocres resultados electorales) se resigna a reducirse y cambiar de etiqueta con tal de sobrevivir. Ese realismo es lo que, en nuestra opinión hará que rechacen el “proyecto Rufián”. Queda saber si éste, será aceptado en alguna lista electoral de izquierdas que le garantice sobrevivir con un acta de diputado cuatro años más. No lo creemos, francamente.

Por el momento, Rufián solamente parece haber encandilado a Emilio Delgado diputado de Mas Madrid que participó en una especie de presentación del proyecto que dio algo que hablar. En efecto, Delgado reconoció que la izquierda se había ido alejando de los barrios populares y que en estos reinaba una inseguridad creciente. Salió a relucir el tema tabú en la izquierda: la inmigración. Delgado recordó que hace 40 años, esos mismos barrios estaban llenos de delincuentes “nacionales”, así pues, el problema es “social”, no “étnico”… Rufián optó por no intervenir en esta parte y la “moderadora”, Sarah Santaolalla estuvo a punto de saltarle al cuello cuando Delgado insinuó que la inmigración masiva se había convertido en un problema… (Delgado, acuérdate de nuestra fórmula: “si bien es cierto que la mayoría de inmigrantes vienen a trabajar, también es cierto que la mayoría de delincuentes, aquí y ahora, son inmigrantes”; un razonamiento tan incuestionable y tajante como este te evitará muchas discusiones en tu ambiente político).

Así están las cosas. Y va siendo hora de sacar conclusiones, porque da la sensación de que todo esto es tiempo perdido, una especie de déjà vu protagonizado por una serie de políticos de otra época que empiezan a percibir que sus consignas del ayer, ya han dejado de atraer…