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lunes, 6 de octubre de 2025

GAZA: AFINIDADES ELECTIVAS Y SOLIDARIDADES HUMANITARISTAS (2) - LOS COMPAÑEROS DE VIAJE DE LOS "SOLIDARIOS CON GAZA"


GAZA: AFINIDADES ELECTIVAS Y

 SOLIDARIDADES HUMANITARISTAS

(2)


3. Un problema de “afinidades electivas”

“LO SEMEJANTE SE UNE A LO SEMEJANTE”

El gran problema de la “solidaridad humanitarista” son los “compañeros de viaje”. Esto tiene mucho que ver con las “afinidades electivas”. Obviamente, un militante de izquierdas, que crea en el wokismo, que considere como iguales a las oleadas de inmigrantes que llegan para sustituirnos, que considere que el cristianismo ha sido un muro contra el “progreso”, que juzgue que la Europa del siglo XXI está dominada por “los americanos”, que sea anticapitalista, que no experimente ninguna reserva mental hacia el terrorismo yihadista y que tienda a justificar cualquier forma de lucha contra “el capitalismo”, “la burguesía”, “el imperialismo”, etc, se pondrá inmediatamente de lado de Hamás (que es, repetimos, quien controla la totalidad de la vida en Gaza en tanto que organización armada) y mostrará una “solidaridad” con Gaza y una condena al Estado de Israel. Esa es una “afinidad electiva” o, como dice, el viejo refrán español “Dios los crea y ellos se juntan”, o el viejo adagio hermético “lo semejante se une a lo semejante”

Hay contradicciones, por supuesto: los tiempos van cambiando y la realidad del mundo en 1989 cuando cayó el Muro de Berlín no es la misma treinta y tantos años después. Ya no puede hablarse del “capitalismo” como un todo, sino más bien de “bloques”: uno que retrocede, el “capitalismo occidental” y otro que se amplía “el capitalismo estatal chino”. ¿El imperialismo? Es algo más difícil aún de definir: nada que ver con las proclamas antiimperialistas de las guerrillas castristas de los años 60, ni con los movimientos “antiimperialistas” de los 70 (recomendamos, a este respecto, la lectura del libro de Daniel Inmerwahr Cómo ocultar un imperio para tener una visión global del problema). ¿La “burguesía”? Una clase social ya muy difícil de definir que busca paz, tranquilidad, prosperidad y estabilidad en un mundo en el que todos estos valores burgueses ya no tienen cabida a medida que cada día surge nuevos elementos de inquietud, conflictos, dudas ante el futuro, racket fiscal y falta de perspectivas. El mundo de hoy es completamente diferente al de hace 40 años. Y la “izquierda progre” ha optado por practicar la política de la caña al viento: según hacia donde sople, hacia allí se inclina. Y los vientos, como se sabe, pueden ser contradictorios. Hoy con Ucrania y contra Putin, mañana con Palestina y contra Israel, pasado contra Trump y contra su plan de paz, siempre contra el capitalismo y contra los especuladores, salvo con Soros, por supuesto, del que se alaba su “filantropía”

EL TRISTE PAPEL DE CIERTA EXTREMA-DERECHA CLÁSICA

Más triste es todavía el papel de los solidarios de extrema-derecha clásica. Sin ningún apoyo, con razonamientos que no pasan de la consigna de una línea, sin poder realizar acciones concretas para cristalizar su “solidaridad”, hecho de emotividad y romanticismo sentimental, solos, en una inmensa y triste soledad, viendo conspiraciones y “sionistas” por todas partes, se arriesgan a aparecer con símbolos propios en una manifestación pro-palestina y ser linchados tanto por miembros de la extrema-izquierda como por inmigrantes musulmanes instalados en Europa; sin poder ni siquiera mostrar su “solidaridad humanitarista” más allá de una web o de una red social, nunca en las calles, nunca con rostro propio, nunca tomando iniciativa alguna, sólo recordando anteriores muestras de solidaridad de hace 30 o 40 años (que tampoco fueron importantes, sino reiteraciones de temas panfletarios de antes).

Y todo ¿por qué? En primer lugar, porque entienden que si se es de extrema-derecha, forzosamente hay que ser “antisionista”. Ya se sabe: si Abascal o Silvia Orriols, Marina Le Pen u Orban, Nigel Farage o Alice Weidel, muestran algún tipo de reticencia o, incluso, de solidaridad con Israel, es que han sido “comprados” por el “sionismo”, son “títeres del sionismo”, “traidores”… Para deslegitimar a cualquier partido euroescéptico y anti-inmigración (a estas alturas, ¿todavía habrá alguien que dude de que el principal problema para el futuro de Europa es el cambio del sustrato étnico?), para olvidar que la extrema-derecha clásica ha sido rebasada y anulada por partidos de nuevo cuño (cuyo último éxito fue ayer de de octubre de 2025 en Chequia), se alega que en tal o cual ocasión, alguno de sus dirigentes viajó a Israel o se entrevistó con algún judío, y se olvida lo que para la mayoría es esencial: que son partidos comprometidos especialmente en la lucha contra la inmigración en Europa. Existen y son seguidos para cumplir esa idea-fuerza. Si traicionasen pasarían al estado gaseoso en el mismo momento.

“DO UT DES” – YO TE DOY, TU ME DAS

Pero estábamos hablando de “solidaridades”. La solidaridad unilateral es algo que nunca ha existido en la historia. La historia de la política universal se basa en el “do ut des”, literalmente “doy para que des”. Se espera siempre una acción recíproca: “yo te doy mi solidaridad, para que tú me des algo a cambio”. La noción se remonta al derecho romano y parte de la base de que nadie da algo a cambio de nada. Nadie salvo los ingenuos que creen en la idea estrábica de “bondad universal”. Intuimos lo que reciben de Soros los miembros de la “flotilla Sumud”: la mayoría se contentan con sus quince minutos de fama, y para las “figuras”, una remuneración contante y sonante, para todos, un crucero inolvidable de 40 días de vacaciones pagadas y, como peaje obligatorio, 48 horas en una celda judía (en el que una silla dura es considerada como “tortura”).

Nos equivocaríamos si considerásemos a Soros como único culpable. Desde el año 2000, la UE ha entregado 1.440 millones de euros a la Autoridad Nacional Palestina y una ayuda adicional de 472,9 millones para el período 2024-2026… sin recibir nada a cambio. No hay peor forma de educar a un pueblo que hacerle pensar que se lo merece todo y al que no se le exige nada. Y ¡claro que los palestinos podían dar algo en su desgracia!: el reconocimiento de los errores cometidos, la renuncia al terrorismo, por citar unas pocas contrapartidas.

Una parte importante de ese dinero europeo se ha perdido en la corrupción que ha protagonizado la ANP, la corrupción nepotista y sin descaro que rodea a Mahmoud Abás el presidente de la entidad palestina. Si alguien creía que esos fondos iban a servir, como sirvió la inyección alemana de fondos a Israel entre 1948 y 1962 para construir un Estado y una industria próspera y competitiva, para crear un Estado Palestino viable, simplemente, se ha equivocado. Así pues, a la ayuda de la UE (procedente de nuestros impuestos, por cierto) la contrapartida, el “do ut des”, es, simplemente, “tu me das dinero, yo lo utilizo para corromperme, como haces tú en tu tierra”, con añadido de, “además, no tengo que darte explicaciones de lo que hago con tu ayuda”. Y volvemos así al popular axioma de la Ley de Mahoma: tan culpable es el que da como el que toma.

Con una Autoridad Palestina corrupta, una franja de Gaza controlada por islamistas radicales chiitas de Hamás, con Hezboláh aplastado y deportado al norte del Líbano, con la OLP y Al Fatah, en Cisjordania tratando de controlar más fondos “humanitarios” que se pierden por el camino, ¿dónde está el “pueblo palestino”? Respuesta: aprisionado en la pinza formada entre el proyecto del “Gran Israel” a un lado y al otro su odio secular al judío, sus décadas de errores en la defensa de su causa, la corrupción ejercida gracias al dinero descontrolado que corre a espuertas por manos de la ANP ¿cómo ayudar a ese pueblo? Lo ignoro. Dudo incluso que, aparte del “Plan Trump”, hoy por hoy, se pueda hacer algo más.


LAS AFINIDADES ELECTIVAS EN ASUNTOS SOLIDARIOS

¿Solidarizarse con los palestinos? Si tenemos en cuenta, literalmente, el “ganado” que recibe estímulos para solidarizarse con Palestina (de Soros y de su entorno, especialmente) formado por “profesionales de la solidaridad” (las Thunbergs o las Colaus), o procedentes -a falta de algo mejor- de la “izquierda caviar”, por mujeres islamizadas y casadas con marroquíes, por activistas multiuso capaces de movilizarse no importa si es por una dana, por un bosque en llamas y unirlo al “cambio climático”, por Irak o por Ucrania, por cualquier cosa que se presente con la sola intención de encontrar un modus vivendi incrustándose en alguna ONG subsidiada, con presencia de restos de la extrema-izquierda en putrefacción o con antiguos terroristas o simpatizantes del terrorismo, con incautos que hace dos días colocaban pancartas de “Welcome refugies” y todavía no se creen que han perdido el favor popular y, para colmo, con inmigrantes musulmanes instalados en España, todos ellos con escasos conocimientos sobre la génesis del conflicto árabe-israelí… amén de buena gentes de almas sensibles, con una conciencia humanitaria tan grande como mínima es su capacidad crítica…, este es el personal junto al cual hay que solidarizarse.

¿Tiene usted ánimo para figurar en este pelotón? ¿Es que hay otro digno de mención? ¿Asume usted la “afinidad electiva” de solidarse junto a esta peña…? ¿Pueden estos “extraviados de la vida” reconocer una “causa justa”?

Claro está, que además siempre hay partidos políticos que temen ir en contra de lo que, en un momento dado, parece la “voluntad popular”. Por algún motivo, el “genocidio de Gaza” llama la atención mas que los 56 conflictos armados que se están desarrollando en este momento en el planeta (ver el Indice de Paz Global 2025). Y esto cuando los conflictos armados más importantes en este momento, se dan en países islámicos (Yemen, Sudán, Sudán del Sur, Afganistán, Libia) o a causa del incremento de la yihad (como es el caso de las constantes masacres que cristianos en Nigeria). ¿Por qué sólo Gaza? La respuesta es: gracias a los fondos movilizados por Soros que apunta contra el conservadurismo de Trump. “Yo practico la solidaridad que pides y tú me pagas por ello”. Ya hemos explicado el motivo.

4. Dónde queda el “pensamiento objetivo”

La peña solidaria, amamantada por Soros, tiene rasgos muy característicos que han sido estudiados por la psicología. El “complejo de dios” (ver artículo de divulgación en psicoactiva), y, entre otras cosas, consiste en “la creencia inquebrantable y exagerada de una persona en su propia capacidad, privilegio o infalibilidad, a menudo acompañada de un sentido de superioridad moral y dogmatismo en sus opiniones”. 

El aquejado del “complejo de dios” tiende a creer que sus intuiciones siempre son justas y que eso le exime de un conocimiento profundo de los problemas. Se cree amparado por la “opinión de la mayoría” y, por tanto, está donde cree que va a estar la mayoría o lo que percibe como mayoría. En algunos casos, se trata de personalidades narcisistas, que nunca han sido nada, nunca han hecho nada de valor, con una baja autoestima, que intenta compensar con grandes palabras, consignas megalómanas y una fuga evidente de la realidad.

El aquejado por el “complejo de dios” describe a personas que no desean aprender, que tienen pereza para cambiar de opinión, o cuestionarse las propias ideas o adaptarlas a tiempos cambiantes. Buena parte del desencadenante consiste en una esclerosis del cerebro, un decir “sobre este tema lo conozco todo y nadie me puede decir nada nuevo (por mucho que mis conocimientos sean panfletarios). De hecho, siempre hay alguien más indocumentado que yo…”.

La posibilidad de diálogo, de contraste de ideas, se excluye de partida: “si dudas de tal o cual tema es que estás ‘comprado’ o que has ‘traicionado’”, “si vas en contra de mi opinión es que te has aliado con mi enemigo”. Palabras rotundas que delatan inseguridad, negativa a dialogar, repetición verdaderos panfletos parlantes de temas mal aprendidos en otra época. Y lo peor de todo: pensamiento subjetivo.

Julius Evola afirmaba que la única forma de “ser uno mismo” es estar permanentemente en guardia (Gustav Meyrink había escrito en su novela El rostro verde: “Velar lo es todo”) realizar un esfuerzo continuo por la búsqueda de la objetividad, el tratar de ver el mundo y a uno mismo tal como son, sin distorsiones generadas por las sombras del pasado, por los miedos del presente, por un futuro preconcebido sin aportación de datos objetivos, por ambiciones insatisfechas o por la presión de fracasos propios. En la juventud, esto puede disculparse, pero cuando se ha adquirido cierta experiencia en la vida, esa subjetividad denota ese “complejo de dios” al que me he referido y que se manifiesta estos días en la cuestión de Gaza ¡como si un problema que dura 100 años pudiera despacharse en una consigna de media línea!

Es difícil solidarizarse de forma efectiva con Gaza a la vista de las “afinidades electivas” y fuera de la extrema-izquierda. A quienes lo intenten, les deseamos la mejor de las suertes. Pero esa lucha no es nuestra lucha. Nuestra lucha está aquí en la sagrada tierra de Europa, en su defensa y en sus valores. Y quien diga que ambos temas son compatibles, le instamos a que nos lo demuestre de manera práctica…

 

 










 

miércoles, 17 de septiembre de 2025

SANCHEZ - PALESTINA – SIONISMO – INMIGRACIÓN – SOLIDARIDAD 3ª Parte: El sionismo y su realidad aquí y ahora


3ª Parte: El sionismo y su realidad aquí y ahora

Llegados a este punto, hace falta realizar un alto en el camino y definir lo que es el “sionismo”. Existen demasiados equívocos en este tema como para soslayarlo.

Es frecuente creer que el “sionismo” es el centro de una “conspiración mundial”. El origen de esta mistificación surgió a raíz de la publicación en 1903 de un falso documento elaborado por la OKRANA zarista, conocido como Los Protocolos de los Ancianos Sabios de Sión. Hoy no cabe la menor duda de la falsedad del documento. Y sólo los que no lo han leído pueden alegar -como es frecuente oír- que “los Protocolos serán falsos, pero se cumplen”. El documento -al decir de los falsarios que lo elaboraron- contendría las actas secretas del Primer Congreso Sionista, celebrado en 1897 en Basilea, Suiza. Cabe decir que se conocen hasta la saciedad, los asistentes, el contenido de los debates y las actas de dicho Congreso y no tienen ni un solo punto en común con los Protocolos publicados en 1903.

Por otra parte, tras la segunda guerra mundial, se establecieron leyes que condenaban a duras penas de prisión cualquier manifestación antisemita, por lo que fue, habitual, en medios de extrema-derecha y neofascistas (pero también en medios de extrema-izquierda) emplear el término “sionista” como alternativa a “judío”. A fin de cuentas, el sionismo era una organización cuyas actividades, presuntas o reales, se podían criticar sin que ello pudiera ser considerado como un ejercicio de antisemitismo. Fue así como la “conspiración mundial judía”, pasó a ser la “conspiración sionista mundial”.

Pero vale la pena recordar la esencia del sionismo, sus apoyos y su realidad dentro del judaísmo mundial.

¿Qué es el “sionismo”?

Vale la pena establecer esta igualdad: sionismo = nacionalismo judío. El siglo XIX se configuró como la “era de los nacionalismos”. A partir del jacobinismo francés y del romanticismo alemán, distintos pueblos y comunidades reivindicaron “ser una nación”. Theodoro Herzl no hizo más que adaptar esa moda al judaísmo y reivindicar un “hogar nacional judío” sobre el que construir una “nación”. Eso es todo.

Cabe decir, incluso, que Herzl, inicialmente barajó distintas ubicaciones para esa “nación”, aunque él mismo escribe que Palestina estaba en el corazón del judaísmo, dado que allí se situó lo esencial del relato bíblico.

Gemini-Google, al ser preguntado por el “sionismo”, responde, dando la razón a la definición que antes hemos aportado: “El sionismo es un movimiento político nacionalista judío que, surgido a finales del siglo XIX, busca el derecho a la autodeterminación del pueblo judío mediante la creación de un estado propio en su tierra histórica, lo que llevó a la formación del Estado de Israel. (…) hoy en día abarca el apoyo a la existencia y defensa del Estado de Israel y a la promoción de la identidad judía”.

Le reivindicación parece tan lógica que incluso el Tercer Reich apoyó la creación de ese “hogar nacional judío” hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Existían, en efecto, “intereses comunes”: Hitler quería que los judíos se marcharan del Reich y buena parte de los judíos querían disponer de un Estado propio. Los contactos de funcionarios del Reich con activistas judíos para facilitar el establecimiento de judíos en Palestina, están hoy fuera de dudas, e históricamente han quedado constatados por múltiples documentos. Inglaterra, en aquellos momentos, no estaba dispuesta a aceptarlo y perder sus bases navales en la costa oriental del Mediterráneo.

Theodoro Herzl, fundador del “sionismo”

Herzl no era el único que tuvo la ocurrencia de crear un Estado Judío. Varios rabinos (Zvi Hirsch Kalister y Yehuda Hay Alkalai, entre otros) habían promovido, antes que él, idénticas ideas, inspiradas en la irrupción de la “era de las naciones”. Pero, el problema era que lo hacían desde bases religiosas, en un momento en el que buena parte del judaísmo se había laicizado. La habilidad de Herzl consistió en recuperar estas ideas, despojarlas de su sentido religioso, darles una orientación esencialmente pragmática y buscar financiación para promover la creación de la Organización Sionista y emprender la colonización de la tierra elegida como asentamiento del futuro Estado judío.

Y este último aspecto es muy importante para valorar la cuestión: generalmente se acepta que el pueblo judío surgió de la obra unificadora de sus rabinos a partir de la diáspora: estos supieron mantener vivo el “espíritu judío” y fueron ellos los que terminaron por definir el “carácter judío”. Pero, los judíos de la diáspora no se vieron libres de las tendencias al laicismo y al ateísmo que afectaron en todo Occidente a las concepciones religiosas, especialmente tras la Revolución Francesa.

En el siglo XIX, cuando se alude al “judaísmo”, éste ya no actúa como un “movimiento religioso unificado”, sino que engloba a judíos creyentes divididos en distintas sectas, a judíos laicizados dedicados a la agitación política y a la crítica subversiva a los principios tradicionales, a judíos convertidos a otras religiones, judíos ateos, judíos que habían asumido las culturas nacionales de los países en los que vivían, y, para colmo, la gran división entre askenazíes y sefarditas, esto es, entre judíos centroeuropeos y procedentes del Este -buena parte de ellos, judíos de religión, pero no de raza, originarios del Imperio Jazaro, convertido al judaísmo en el año 740 y originarios de la actual Ucrania-, incluso en el interior del movimiento sionista existían distintas orientaciones políticas (judíos marxistas, judíos anarquistas, judíos ateos, judíos de religiosidad tibia, judíos defensores intransigentes de su identidad religiosa), etc, etc, etc.

El propio Herzl tenía convicciones laicas y recibió una educación protestante, tras aprender sus primeras letras en un colegio judío y pasar luego a una escuela laica en la que duró poco a causa del antisemitismo. En su juventud militó durante un tiempo en la Burschenschaft que aspiraba a la unificación alemana con el lema “Honor, Libertad, Patria”. De esta breve experiencia de juventud basaría su idea de adaptar el nacionalismo al caso judío.

Tras licenciarse en derecho, optó finalmente por dedicarse al periodismo y como tal asistió como corresponsal en Francia a la ceremonia de degradación de Dreyfus, condenado en Francia por espionaje. Contó en su Diario que quedó impresionado por las manifestaciones antisemitas que se dieron en aquel momento en Francia y varió sus ideas: de creer que los judíos establecidos en Europa podían “asimilarse” a las naciones en las que vivían, pasó a defender la “emancipación judía” y considerar la posibilidad de crear un Estado propio. 

Un año después de la condena al capitán Dreyfus, en 1896, Herzl publicó El Estado judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía. Su propuesta era muy simple: crear un Estado judío moderno. La idea, en los primeros meses, no obtuvo apoyos de notables: las sinagogas no lo apoyaron (no aludía a la religión como base de dicho Estado) y las fortunas judías más importantes de la época -los banqueros Moritz von Hirsh y el grueso de la familia Rothschild no le prestaron mucha atención. Pero sí tuvo éxito entre las masas judías centroeuropeas y en el mecenas de la casa Rothschild, Edmond James, el más joven de los hijos del fundador de la firma. Estos apoyos consideraron a Herzl “portavoz del sionismo” y avalaron su proyecto.

Sionismo: el origen de la palabra y primeros pasos del movimiento

Herzl ni siquiera creó la palabra “sionismo”. Históricamente, “Sión” era considerado el nombre de una de las colinas de Jerusalén. Con el paso del tiempo este nombre pasó a definir, primero a toda la ciudad, luego a sus inmediaciones y, finalmente, a todo el territorio israelí.

El término "sionismo" fue acuñado por un editor austriaco de origen judío, Nathan Birnbaum en 1890 (que, en la última fase de su vida, militó en el antisionismo, tras pasar del ateísmo, al judaísmo religioso ortodoxo). Birnbaum fue el secretario general de la Organización Mundial Sionista, elegido en el Primer Congreso Sionista de Basilea, que abandonó poco después para dedicarse en exclusiva a la promoción de la cultura y de la lengua yidish. La adición del término “-ismo”, a la palabra “Sión”, sugiere “doctrina” o “movimiento”.

El proyecto de Herlz, inicialmente, se orientó hacia Iberoamérica, una zona que todavía distaba mucho de estar colonizada y en la que estaban a la venta enormes lotes de tierra. Sin embargo, por razones “sentimentales” e “históricas”, tras una entrevista con el sultán de Turquía, optó por el territorio conocido entonces como “Siria Otomana”. No lo consiguió, pero el conocimiento de la región, le inspiró la estrategia a seguir:

“Cuando ocupemos el territorio, debemos ofrecer beneficios inmediatos al Estado que nos reciba. Debemos expropiar con cuidado la propiedad privada en el Estado que se nos ha asignado. Intentaremos desplazar a la población pobre que está a lo largo de la frontera, procurando empleo para ella en los países de tránsito, al tiempo que le negamos el empleo en nuestro país. Los propietarios vendrán a nuestro lado. Tanto el proceso de expropiación como el de la eliminación de la pobreza deben ser llevados a cabo de forma discreta y con prudencia. Permitamos a los propietarios creer que nos están engañando, vendiéndonos las cosas más caras de lo que en realidad valen. Pero nosotros no les vamos a revender nada... Debemos vender solo a judíos, y todo intercambio de bienes raíces debe realizarse solo entre judíos. No es necesario decir que debemos tolerar respetuosamente a la gente de otras religiones y proteger su propiedad, su honor y su libertad con las más severas medidas de coerción. Ésta es otra área en la que debemos mostrar al mundo entero un magnífico ejemplo...”

Elegido presidente del movimiento en el Primer Congreso Sionista, siguió ostentando el cargo hasta su muerte y realizando una actividad extremadamente dinámica de visitas a las comunidades judías y promoción de su mensaje nacionalista. Murió a los 44 años en Austria el año 1904.

Los 200 participantes del Primer Congreso Sionista no establecieron ni un plan para conquistar el mundo, ni para subvertir ningún gobierno. El programa aprobado decía textualmente:

“El sionismo tiene por objeto establecer para el pueblo judío un hogar seguro pública y jurídicamente en Palestina. Para el logro de ese objetivo, el congreso considera los siguientes medios prácticos:

1.       La promoción de asentamientos judíos de agricultores, artesanos, comerciantes en Palestina.

2.       La federación de todos los judíos en grupos locales o generales, de acuerdo con las leyes de los diferentes países.

3.       El fortalecimiento del sentimiento y la conciencia judía.

4.       Medidas preparatorias para el logro de los subsidios gubernamentales necesarios para la realización de los objetivos sionistas”.

El “Protocolo oficial” publicado como conclusión de este Primer Congreso Sionista de Basilea, no tiene nada que ver con lo descrito en los “Protocolos” elaborados por la OKRANA zarista: nombramiento de Herlz como presidente de la organización, adopción de himno y bandera del movimiento, elaboración de la estrategia de compra de tierras y formación de Kibutz, inicio de relaciones diplomáticas con Turquía para el traslado de judíos alemanes a su territorio, fijación de Palestina como enclave del futuro Estado… Eso fue todo.

Los problemas de la estrategia de Herlz

A nadie, ni al propio Herlz se le podía escapar que comprar tierras en una zona poblada por habitantes de otras razas, de otra cultura, de otra religión y de otra nacionalidad, para insertar en ellas un creciente número de colonos, iba a generar tensiones. Antes o después surgirían los problemas. Era lógico, pues, que Herlz pensara, inicialmente, en otras ubicaciones más despobladas: en la Patagonia argentina, en Madagascar... Ya hemos visto la razón por la que, finalmente, optó por Palestina.

Sociológicamente, se considera que cuando una comunidad se enquista en el interior de otra más amplia, no aparecen conflictos hasta que los recién llegados superan la barrera del 5%. A partir de ese momento, de forma inevitable, aparecen fricciones entre los habitantes tradicionales del territorio y los recién llegados que crecen a velocidad superior a la tasa de natalidad de la comunidad originaria. Y eso fue lo que pasó en las distintas “aliyás” u oleadas migratorias.

Las frases conciliadoras que Herlz incluye en el párrafo que hemos citado, están casi obligadas para evitar que desde el principio el proyecto fuera criticado, pero era evidente que dos comunidades completamente diferentes sobre el mismo territorio van a constituir una fuente inagotable de conflicto.

La estrategia descrita por Herlz era un “colonialismo de asentamiento”, frente al “colonialismo” convencional que se había visto hasta entonces. Mientras que éste último se basó en la explotación de recursos y de poblaciones, el “colonialismo de asentamiento” consistió en ir arrinconando progresivamente a las poblaciones originarias mediante un proceso de apropiación del territorio (mediante compra o a través de presiones) operado a velocidad creciente. En sus primeras fases, parece un simple movimiento de “colonos” para explotar tierras todavía inexplotadas, y se produce una “colonización amable”, pero, a partir de una densidad de “colonos” (que la sociología cifra en más de un 5% de la población autóctona) aparecen los conflictos que desembocan, o bien en operaciones de “limpieza étnica”, o bien en situaciones de guerra civil.

A no confundir “colonización” con “colonialismo” definido por la RAE como la situación en la que un Estado “controla y explota un territorio ajeno al suyo”. Pero una “colonización” puede desembocar en una situación de tensión creciente y guerra, cuando el “colonizador” se hace más fuerte que el “autóctono”.

Esto es lo que ha ocurrido en Palestina que ha pasó a ser en apenas 50 años, tierra árabe a tierra judía.

La financiación de la construcción del Estado de Israel

Theodoro Herzl y su proyecto, recibieron, finalmente, apoyo económico y político del Barón Edmond de Rothschild, quien financió asentamientos judíos en Palestina a partir de 1882, mientras que otros empresarios y banqueros contribuyeron a financiar la causa sionista y el Fondo Nacional Judío. El propio Edmond de Rothschild viajó en cinco ocasiones a Palestina para supervisar el desarrollo de aquellos primeros kibutz puestos en marcha con sus fondos. Después de sufragar los gastos de asentamiento de una colonia de judíos rusos para cultivar viñedos en torno al Monte Carmelo, en 1924 creó la Palestine Jewish Colonization Association que adquirió 500 m2 de terreno. En total realizó inversiones en la región por un total de 50 millones de dólares.

Otros millonarios judíos ingleses y franceses mediaron en los años 20 con la administración británica de Palestina, allanando el camino para que se facilitara el asentamiento de más kibutz en detrimento de la presencia árabe. Estos kibutz fueron, en realidad, producto del capital de millonarios judíos (fundamentalmente askenazíes) y del trabajo de los judíos emigrados a Palestina, bajo la permisividad del gobierno británico que se sentía obligado por el incumplimiento de la Declaración Balfour.

Las cosas cambiaron tras la Segunda Guerra Mundial: ya no sería el capital judío el que financiaría la construcción del Estado de Israel sino los fondos procedentes de Alemania, el país derrotado en el conflicto, en función del Acuerdo de Reparaciones entre Israel y la República Federal de Alemania, firmado el 10 de septiembre de 1952.

Este acuerdo preveía que Alemania Occidental debía pagar a Israel los costes de “reasentamiento” de judíos y fue suscrito por el canciller Adenauer y representantes del Estado de Israel y del Congreso Judío Mundial. Israel necesitaba urgentemente una inyección de fondos para seguir su proceso de colonización, crear nuevo tejido industrial y superar las consecuencias de la guerra de 1948.

Israel recibió 3.000 millones de marcos en los siguientes 14 años (y 450 millones al Congreso Mundial Judío), pagaderos en cuotas anuales. Aparte de estas cantidades, la Conferencia sobre Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania, formada en 1951 por 23 organizaciones judías, obtuvo del gobierno de Adenauer, pensiones vitalicias para judíos que habían sido detenidos entre 1933 y 1945, pagos únicos para los judíos que se habían trasladado del Reich a otros países, pagos únicos para los herederos de judíos que murieron en campos de concentración en aquellos años, etc. La Conferencia de Reclamaciones sigue existiendo y gestionando distintos programas de indemnización. En 2022, la Conferencia asignó fondos de bienestar social para 10.000 judíos-ucranianos supervivientes de los campos de concentración.

Esta organización ha sido objeto de críticas en los propios medios judíos a partir de 2006, cuando se publicaron en The Jewish Chronicle los sueldos de los altos funcionarios de la organización, entre ellos Gideon Taylor, vicepresidente ejecutivo de la Conferencia, al que se le pagaba un salario anual de casi medio millón de dólares. Isi Leibler, ex presidente del Congreso Mundial Judío, lanzó acusaciones contra la organización por “incompetencia, impropiedad y encubrimientos”, así como por burocratización y estar dominada por una “pequeña camarilla”. The Jerusalem Post publicó el patrimonio de la Conferencia: 900 millones de dólares en activos (otro informe posterior, en 2006, localizó 1.700 millones en sus cuentas), mientras algunos judíos supervivientes ya muy ancianos, vivían en la pobreza absoluta. También once empleados de la Conferencia en EEUU presentaron denuncias por fraude y malversación que fueron investigados por el FBI, llegando a la conclusión de que se habían defraudado 57 millones de dólares. El director de fondos, Semen Domnitser fue condenado en 2013 a 8 años de prisión.

¿Qué queda del sionismo originario?

El sionismo obtuvo el Estado por el que había luchado y que debía ser considerado como la culminación de su proyecto, pero fracasó a la hora de hacerlo atractivo para todos los judíos. Sobre los 15,8 millones de judíos que viven en el mundo en 2025, 7,3 viven en el Estado de Israel y 8,5 en la diáspora (de los que 6,3 viven en EEUU). El “hogar nacional judío” no ha interesado, por tanto, a más de la mitad de la población judía mundial.

Las causas son muchas: desde la inestabilidad política de la zona, el terrorismo islámico, la posibilidad de guerra abierta, existencia de delincuencia y actividad de mafias judías, hasta el arraigo en las naciones en las que viven, pocas perspectivas económicas, excesivas dificultades y dureza en la vida de los kibutz, disminución de la presión antisemita, etc. Si Herlz creía que todos los judíos se sentirían identificados con la creación de un “hogar nacional judío” se equivocaba.

Durante los años de existencia del Estado de Israel, el judaísmo mundial ha cambiado extraordinariamente. Así como a principios del siglo XX parecía evidente que las primeras fortunas de todo el mundo estaban en manos de judíos y las principales cabezas de la agitación subversiva anarquista, socialista y comunista, era, así mismo, judíos y esta tendencia se mantuvo hasta los años 30, en la actualidad, la lista de multimillonarios ya no registra la presencia de los mismos nombres.

Por lo general, los considerados hoy como los “más ricos del mundo”, proceden del mundo de las nuevas tecnologías, no de la banca ni del comercio. Y, en cuanto a los judíos que han hecho su fortuna al calor de las nuevas tecnologías (Zuckemberg de Meta, Larry Ellison de Oracle, Larry Page uno de los fundadores de Google) son judíos completamente apartados de la sinagoga, incluso con pocas relaciones con su comunidad étnica.

Elon Musk, Jeff Bezos, no lo son, como tampoco lo es Bill Gates (a pesar de lo que se ha dicho): se educó en el protestantismo y hoy es completamente agnóstico. Los hombres más ricos de Francia (Bernard Arnault), de España (Amancio Ortega) son católicos o el inversor Warren Buffet (EEUU) presbiteriano, el mejicano Carlos Slim es católico maronita… No tienen ni una gota de sangre judía a pesar de ser los hombres más ricos de sus respectivos países.

La impresión que da es que, en las últimas décadas, se está produciendo una disminución de nombres judíos en las listas de los mas ricos del mundo. Y, los que siguen figurando, en general, son judíos de raza, pero no de religión.

También vale la pena subrayar la salida a la superficie de una crítica al judaísmo desde el punto de vista judío, incluso en la meca del judaísmo norteamericano, la industria del cine de Hollywood: directores y productores como Woody Allen o Larry David han ironizado la naturaleza del judaísmo tradicional.

Hay muchas explicaciones a todo esto –y este no es lugar para exponerlas–, pero en general puede decirse que la prosperidad del judaísmo coincidió con la segunda revolución industrial, iniciada a mediados del siglo XIX y que se prolongó hasta 1945. Fue la época en la que los mayores beneficios se obtenían en la banca y en el comercio. Y ahí si que existió una hegemonía judía; pero en la actualidad las ratios de capitalización de las empresas tecnológicas superan con mucho a los obtenidos por la banca y el comercio clásicos. Estas nuevas empresas requieren menos inversión y menos personal, pero muy especializado, generando un alto valor añadido. Podemos decir que han quedado fuera de la tiranía del interés bancario. Esta es la principal razón de la disminución del peso del capital judío dentro del mundo de los negocios. Sin olvidar que, parte de estas actividades se han desplazado hacia Extremo-Oriente en donde la presencia judía es nula.

A esto hay que añadir que el judaísmo de 1945 tiene poco que ver con el judaísmo actual: se ha producido un amplísimo proceso de laicización, incluso dentro del Estado de Israel. A esta laicización hay que añadir la fragmentación entre judíos agnósticos y ateos, judíos que acuden a la sinagoga pocas veces al año, casi como una obligación social, y judíos fundamentalistas, divididos en varias tendencias, alguna de las cuales -los Neturei Karta, en concreto- niegan la existencia del propio Estado de Israel, oponiéndose al sionismo desde el punto de vista religiosa. Los jaredíes, por su parte, se autoaislan, pidiendo el desmantelamiento pacífico de Israel y el retorno de los judíos a sus países de origen. Estas creencias parten de la consideración de que el Estado de Israel es laico y nacionalista y, por tanto, no es un reflejo del judaísmo. Para ellos, la diáspora fue un castigo de Yavhé por sus muchos pecados y, por tanto, el sionismo vulnera la voluntad divina.

Estos grupos exóticos consideran que la Halajá (ley judía) establece que rabinos ilustres determinaron que el Mesías vendría para poner fin a la diáspora. En 2013 fue detenido en Israel un miembro de los Neturei Karta acusado de realizar espionaje a favor de Irán. Otro miembro, Moshe Hirsch figuró como ministro de asuntos judíos en el gabinete e Yaser Arafat. Es habitual que en cada fiesta del Purim (14 de judío), los miembros de esta secta quemen banderas de Israel. Consta que, en 2023, miembros del Neturei Karta se reunieron con dirigentes de la Yihad Islámica en Palestina. Tras la visita de una delegación de este grupo a Irán y, tras elogiar a Ahmadinejad, declararon a la prensa iraní: “Lo que queremos no es una retirada [de Israel]a las fronteras del 67, sino a todo lo que está incluido en ellas, para que el país pueda volver a los palestinos y podamos vivir con ellos...”. También participaron en la Conferencia Internacional sobre el Holocausto celebrada en Teherán en diciembre de 2006: aprovecharon para denunciar la colaboración entre el Tercer Reich y los sionistas.

¿Hay un genocidio en Palestina en 2025?

Para concluir este breve vistazo histórico cabría regresar a la actualidad para definir lo que se entiende por “genocidio” y determinar si en la actualidad, Israel lo está practicando -como sostienen algunos- en la Franja de Gaza.

La R.A.E. define “genocidio” (de “genos”, raza y de “-cidio”, matar) como el exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivos de raza, etnia, religión, política o nacionalidad. Como hemos dicho anteriormente, la política actual de Netanyahu, no está orientada a eliminar a los 645.567 habitantes con los que contaba Gaza en 2021, sino más bien en anular la capacidad ofensiva de Hamás.

Genocidio sería el exterminio sistemático de dos millones de armenios o bien el exterminio de la población vandeana durante la Revolución Francesa, aprobada por la Asamblea Nacional y que generó la muerte de 250.000 víctimas, o el genocidio de Ruanda en el que fueron exterminados el 70% de la etnia tutsi entre el 7 de abril y el 15 de julio de 1994, con un millón de muertos.

Los muertos que se están produciendo desde hace año y medio no tienen como objetivo liquidar a la población civil, sino más bien acabar con el terrorismo de Hamás. Obviamente, Hamás (al igual que Zelensky en Ucrania) utiliza la táctica de colocar arsenales y lugares de mando en las inmediaciones de escuelas, hoteles para extranjeros y hospitales, con el fin de disuadir de bombardeos judíos que pudieran poner en peligro a la población civil.

Pero, para el Estado Mayor judío, acabar con Hamás y garantizar la seguridad en la frontera sur, es una prioridad, ante cualquier otra consideración. Esto explica los reiterados heridos y víctimas entre la población civil. Netanyahu, aspira a que la propia población de Gaza expulse a Hamás del territorio.

Si, en cambio, existe un intento de acabar físicamente con las cabezas de Hamás mediante operaciones selectivas de eliminación. Y, también -el futuro lo confirmará o desmentirá- existen intentos de “limpieza étnica” en la zona que con muchas probabilidades puede ser incorporada al Estado de Israel. Israel aspira a que desaparezca ese permanente foco de tensión en el sur del país y hará todo lo posible por conseguirlo: o bien arrinconando a lo que quede de población palestina en un enclave mínimo del territorio, o bien estimulando la emigración de la población fuera de la franja.

No puede, por tanto, hablarse de “exterminio sistemático y planificado” como alardean los solidarios con Gaza y el propio presidente del gobierno español con una ligereza impropia e incompatible con un Estado moderno.



 

 









lunes, 15 de septiembre de 2025

SANCHEZ - PALESTINA – SIONISMO – INMIGRACIÓN – SOLIDARIDAD 1ª Parte: la agitación pro-palestina de Sánchez


SANCHEZ - PALESTINA – SIONISMO
– INMIGRACIÓN – SOLIDARIDAD

1ª Parte: el por qué de la agitación pro-palestina del gobierno Sánchez

Un planteamiento político, para ser eficiente, debe ser coherente y atender a los intereses generales: si hoy, ni siquiera los votantes del PSOE entienden las actitudes de Pedro Sánchez es, precisamente, porque ha sacrificado toda coherencia a su única política: mantenerse en el puesto de control todo el tiempo que pueda para salvar lo salvable desde el punto de vista personal. Pero eso -que es “coherente” desde el punto de vista personal- supone que sus decisiones en el día a día sean cada vez más incoherentes: para mantenerse en el poder debe satisfacer las exigencias de todos sus aliados y, cuanto más lejanos están, más está dispuesto a sacrificar; por el contrario, si se trata de aliados en el gobierno -Sumar- puede tratarlos como a simples becarios.

Mientras no tiene inconveniente en ceder a la gencat la recaudación de impuestos, en Andalucía, territorio en el que la sigla PSOE ha perdido toda esperanza de recuperar el poder y en donde el propio partido ha pasado a ser tercera fuerza política, por detrás de Vox, en algunas provincias y, para colmo, en la votación para aprobar la ley de reducción de jornada laboral, que debería haber sido la coronación de dos años de trabajo por parte de Yolanda Díaz, optó por ausentarse del parlamento y acudir al prestreno de una deleznable película, para que la derrota cantada por la actitud de Junts no le afectase negativamente y a sabiendas de que esta bofetada en la cara de Sumar no tendría repercusiones para él porqué, a fin de cuentas, Yolanda Díaz sabe perfectamente que su carrera política está amortizada y que, el fin del gobierno Sánchez supondrá el propio fin de su vida política.

Bueno ¿Y qué tiene que ver todo esto con el título del presente comentario? Mucho. Desde hace diez días, la “Vuelta a España”, una competición ciclista en declive, ha registrado una movilización de la izquierda con la excusa de la “solidaridad con Gaza”. Empezó con protestas de algunos vascos que añoraban los tiempos del “kale borroka” y Sánchez vio la posibilidad de estimular esta actitud para evitar que el tema de la corrupción polarizase la vida política.

Sánchez empezó a percibir que la actitud ordenada a sus escuderos de justificar cualquier corruptela con el consabido “y tú más” dirigida al PP, estaba redundando en el crecimiento de Vox. Se está viendo en Cataluña en donde, Vox vuelve a adelantar en intención de voto al PP, gracias a la fuga de votos que está experimentando el PSC en los barrios obreros. Lo ha confirmado cualquier encuesta no realizada por el CIS que demuestra que Vox es la fuerza más votada entre los jóvenes, entre los trabajadores y en el mundo rural y que sigue ascendiendo, mientras que el PP, no desciende, pero su progresión es mucho más lenta.

Utilizar los medios de comunicación para reavivar el “caso novio de Ayuso” y tratar de hacer una equivalencia entre los casos que afectan a su propia familia, una vez más ha demostrado ser pólvora mojada. Y esto cuando se aproxima una imputación al PSOE por “financiación ilegal”.

Constado que el “y tú más” no funcionaba, Sánchez ha optado por estimular las manifestaciones de solidaridad con Gaza durante la “Vuelta a España”. Interrumpir el evento, no parecía que arrastraría consecuencias negativas: era una competición que no suscitaba excesivo entusiasmo, no era un match de fútbol Barcelona-Real Madrid, que hubiera tenido mayor impacto propagandístico, si se trataba de mostrar solidaridad, pero con un alcance negativo en intención de voto y, para colmo, tenía suficientes peones de brega entre las últimas mohicanas y los hombres deconstruidos de Podemos. Y, además, Marlaska, estaba al mando de las “fuerzas el orden”.

El resultado ha sido, un final abrupto de una competición que de otra manera apenas hubiera suscitado interés mediático. Se ha dejado hacer a los manifestantes propalestinos, se ha estimulado desde los medios de comunicación oficialistas, incluso por el propio presidente… y el resultado ha sido que en todo el mundo se habla de la “Vuelta a España”. Si Sánchez quería otra baza para estar más aislado de los aliados tradicionales de España en política internacional, hay que reconocer que, ha dado en el clavo.

Pero el problema de fondo no es constatar lo evidente, sino adoptar una política de Estado en relación a la cuestión de Oriente Medio. Hoy España carece de política internacional. Y la política internacional no es como la local, en la que las decisiones que se toma afectan solo en el interior de las fronteras; se trata de decisiones que afectan a otros países.

Hay un tema que Sánchez sabe que no puede tocar: la solidaridad con Ucrania… Y no lo toca. Sabe perfectamente que el riesgo de extensión del conflicto es mínimo, por mucho que la OTAN venga alertando del riesgo de una ofensiva rusa desde hace diez meses. Se limita a callar, a no desmentir las declaraciones de Rute, Starmer y Merz, a pesar de que lo hayan ninguneado en sus reuniones con Zelenzky. Ni puede acceder a la subida del 5% en el presupuesto de defensa (y mucho menos, ahora que ha concedido autonomía fiscal a la gencat), sabe que subir un poco más los impuestos acortará su permanencia en el poder, sabe que el electorado es contrario a la participación en una guerra de la mano de la OTAN y sabe que, en este tema, tiene pocas opciones. Así que se limita a aprobar una subida “creíble” del gasto en defensa, a pesar de que es consciente de que debería de estar incluida en unos presupuestos que jamás se aprobarán y que, por tanto, la palabra que ha dado a la OTAN jamás se podrá cumplir. Pero la cuestión de Gaza le compromete a poco, no le obliga a nada y, por lo demás, tiene la ventaja de desviar las miradas de los casos de corrupción presentes y futuros.

Y todo esto con un añadido: si tenemos en cuenta que buena parte de los 9.000.000 de extranjeros que se han establecido en España, son musulmanes, Sánchez calcula que eso le granjeará simpatías en ese sector de la población. Los votos “españoles” que pierde, le deberían compensar por los votos de los “nuevos españoles” que calcula recuperar. No puede extrañar que se haya lanzado en tromba, con las pocas fuerzas físicas que le quedan, a una nueva actitud hipócrita: la solidaridad con Gaza.

Para esta “solidaridad”, tan hipócrita como todas las actitudes de Sánchez, cuenta como aliados con la extrema-izquierda nacional (las menguadas bases de Sumar y de Podemos), la extrema-izquierda vasca (Bildu) y el independentismo catalán (esencialmente ERC y CUP), además, claro está de los funcionarios y cargos electos del PSOE, a la vista de que sus “bases” están desde el zapaterismo en estado gaseoso. Esto, que, en sí mismo, no es mucho, cuenta con el apoyo de los “opinadores” de RTVE y de los medios oficialistas (interesados también en no seguir perdiendo espectadores y lectores).

Es dudoso que la tensión pueda mantenerse más allá de unas semanas. Sánchez cuenta con que Netanyahu va a llegar hasta el final en su plan de incorporar la franja de Gaza (rica en acuíferos necesario para convertir el desierto del Negev en un vergel) al Estado de Israel y expulsar a lo esencial de la población palestina. Pero una campaña anti-israelí de este tipo tiene unos riesgos, incluso en política interior: las masacres judías en Gaza -que no el “genocidio”- tienen su contrapartida en atentados enloquecidos de Hamas en el interior de Israel. El “oficialismo” pedrosanchista trata de ocultarlo, pero estos ataques pueden generar “efecto imitación” con atentados yihadistas, incluso en Europa y, con unos partidos populistas que ya huelen el poder en media Europa, le va a resultar muy mantener la “tensión solidaria” con Gaza.

Sánchez ha intentado transformar lo “obvio” (el rechazo a la guerra, el derecho del pueblo palestino a disponer de un territorio, los sufrimientos de la población palestina, las malas condiciones sanitarias de la zona) en beneficio propio, por simple cálculo electoral y como campaña publicitaria para desactivar el impacto de los casos de corrupción que le acosan y que la acosarán en las próximas semanas. Los cinco informes que está preparando la UCO, van a suponer la apertura de más frentes judiciales. Es difícil que la delincuencia, la okupación y la inmigración masiva, el desvío de fondos hacia el “negocio de la inmigración” (que compete tanto al gobierno central como a los de determinadas comunidades autónomas regidas por el PP, Madrid incluido), se olviden o se hagan perdonar gracias a la “solidaridad con Gaza”…

En realidad, la hipocresía de Sánchez en este tema es un “efecto colateral” más de la larga agonía de su gobierno que se inició el mismo día en el que llegó al poder tras las elecciones de 2023. Una agonía ineluctable, permanente e insalvable.

Fuera de las anécdotas -y el gobierno de Sánchez será considerado en el futuro como la peor anécdota de la reciente historia de España- la cuestión de Gaza pide una reflexión profunda y global sobre el tema de Oriente Medio, sobre las políticas que debería adoptar la Unión Europea, también sobre el papel del sionismo y sobre las estrategias utilizadas por la resistencia palestina después de la derrota árabe en la “Guerra de los Seis Días” (1967) y de la “Guerra del Yon Kipur” (1973). Todos estos datos nos facilitarán el espinoso problema de una toma de posición coherente -que remite a lo dicho en el primer párrafo- sin la cual, no es posible establecer alternativas sólidas. 


Por que de lo que se trata es de evitar mecerse como una caña al viento.