La reciente tragedia de Adamuz y algunos errores de comunicación
de la Casa Real cometidos en las últimas semanas, han situado a la monarquía, de
nuevo, en el punto crítico. A pesar de que las
encuestas sobre si España es o no monárquica realizadas por el CIS son de muy
dudosa fiabilidad. Lo cierto es que, en la actualidad, la monarquía de
Felipe VI está viviendo su peor momento, aunque no existan razones objetivas
para ello. Carecemos del tiempo suficiente para realidad un estudio
pormenorizado sobre la materia, pero apuntaremos 15 elementos, todos ellos
necesarios, para juzgar a la monarquía española.
ALGUNAS NOTAS TEÓRICAS SOBRE LA MONARQUÍA
1. EL CATOLICISMO Y LA MONARQUÍA HAN “HECHO ESPAÑA”
Las dos constantes en la Historia de España desde tiempos
inmemoriales, han sido catolicismo y monarquía.
Sin ambos elementos la historia de nuestro país es completamente
incomprensible. Por agnóstico o republicano que uno sea, resulta imposible
negar ambos postulados que definen -insisto: gusten o no gusten- nuestra
identidad. Esto implica que, quien la defensa de la Tradición Católica es
obligatoria para alguien que pretenda ser un patriota y un identitario. No
quedan más que restos arqueológicos y unas pocas rarezas antropológicas del viejo
paganismo. Las dictaduras siempre han sido un interregno entre períodos
caóticos y restauraciones monárquicas y los ciclos electorales han resultado
pobres en resultados e, incluso, catastróficos.
2. LOS MEJORES MOMENTOS DE NUESTRA HISTORIA HAN SIDO
PROTAGONIZADOS POR CATOLICISMO Y MONARQUÍA
Reconquista, gesta iberoamericana, el Siglo de Oro, la defensa del
catolicismo en Europa en el ciclo histórico de los Austrias, pueden ser
considerados como los hitos de nuestra historia.
Fue, precisamente, cuando disminuyó la tensión religiosa y las monarquías
tradicionales se convirtieron en absolutas primero y luego en constitucionales,
cuando España fue perdiendo protagonismo. Llegó un momento en el que el pueblo
español, por inercia, seguía llamándose católico, pero practicaba solamente un
culto exterior o bien, a mediados del siglo XX algunos entendieron el
catolicismo como demagogia social. Paralelamente, la monarquía se fue adaptando
a las corrientes europeas y, poco a poco, se convirtió en la institución
simbólica que es hoy.
4. EL PROCESO DE CENTRALIZACION DEL PODER CONCLUYÓ CON LA MUTACIÓN
DE LA MONARQUÍA TRADICIONAL EN MONARQUÍA ABSOLUTA
A medida que los reinos europeos fueron entrando en la época “moderna”,
mucho más compleja que el período medieval, sus necesidades fueron creciendo y
las monarquías tradicionales experimentaron un proceso de concentración del
poder y de abolición de los fueros y de las autonomías regionales y
corporativas. Fue una exigencia debida a la
creciente complejidad de los Estados y a las luchas entre la nobleza y la
monarquía, por un lado, y las exigencias y necesidades de las luchas por la
hegemonía en Europa. En cualquier caso, el tránsito de la monarquía tradicional
al absolutismo, especialmente en Francia (y, como consecuencia del resultado de
la Guerra de Sucesión, también en España), supuso una primera caída de nivel.
5. LA MONARQUÍA CONSTITUCIONAL NO FIGURA ENTRE LO MEJOR DE NUESTRA
HISTORIA
A partir de la “revolución gloriosa” de 1688 en el Reino Unido aparece
la idea de una monarquía sometida al parlamento. Esas ideas, combinadas con el
protestantismo y la ilustración darán lugar a la masonería, que, en Francia,
será el motor de la revolución francesa. Lo que
en Inglaterra llevó a la monarquía constitucional, en Francia será el germen
del régimen republicano, finiquitado con las guerras napoleónicas que
extendieron las ideas liberales a toda Europa. En ambos casos, se produjo una
alteración del régimen monárquico que pasó de absolutista a constitucional o
bien a ser abolido en beneficio de las repúblicas.
6. ¿PUEDE EXISTIR HOY UNA MONARQUÍA TRADICIONAL?
La monarquía puede justificarse de distintas maneras, pero, su
argumento esencial -además del propiamente historicista que ya hemos recordado-
es que todo grupo humano precisa de un liderazgo estable que encarne a la totalidad
de la nación y esté por encima de las partes y de las fracciones. Y, en este sentido, un linaje educado para esta función parece
mejor opción que una elección cada cuatro o cinco años de un presidente que,
inevitablemente, será apoyado -y, por tanto, deudor- de tal o cual opción
política. Ahora bien, la institución monárquica no es un islote aislado,
sino que precisa de una articulación “orgánica” del Estado. A una monarquía
tradicional corresponde un Estado tradicional.
7. ¿QUÉ ES UN ESTADO TRADICIONAL?
Es un Estado en el que existe representación política en función
de los “cuerpos intermedios” de la sociedad y no de los partidos políticos. Los
“cuerpos intermedios” son asociaciones, grupos o instituciones voluntarias
situadas entre el individuo y el Estado: sindicatos, patronales, gremios, colegios
profesionales, milicia, Iglesia, clubes deportivos, universidades, asociaciones
culturales, fundaciones, etc. Funcionan con autonomía para satisfacer
necesidades colectivas, defender intereses comunes y fomentar la participación
ciudadana. En un Estado Tradicional el principio de la subsidiaridad es
esencial: El Estado debe respetar su espacio y actuar solo cuando ellos no
puedan cumplir sus funciones.
8. ¿HAY LUGAR PARA LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN UN
ESTADO TRADICIONAL?
Sí, pero limitada y reducida a sus dimensiones reales. Los
partidos políticos no pueden dominar toda la vida de la nación y monopolizar la
representatividad como ocurre en las democracias liberales. Y mucho menos desde el momento en que sus perfiles se han
homogeneizado y han pasado a ser, de grupos que defienden ideologías concretas,
a grupos de intereses individuales, más o menos corruptos. El hecho de que no existe
otra forma de participación política que no sea a través de los partidos (cuya
militancia hoy está reducida al mínimo, sin apenas perfil ideológico y, en
algunos casos, tienen tantos afiliados como cargos públicos) hace que nuestras
democracias, merezcan mucho más el calificativo de “partidocracias”.
9. ¿EXISTE DIVISIÓN DE PODERES EN UN ESTADO TRADICIONAL?
Sí, a condición de que estos poderes estén unidos en la cúspide o,
de lo contrario, cada poder constituye un vector que puede ir en dirección
contraria al resto y, por tanto, la resultante final puede ser la inmovilidad
en el mejor de los casos o bien el caos, en el peor. Incluso en los momentos de mayor absolutismo, existían los
famosos “pesos y contrapesos” a cada uno de los poderes. Los “fueros”
garantizaban las liberades regionales y corporativas. Pero, sobre todo, existe
un “centro de imputación”: el Rey tradicional, el que asume todas las
responsabilidades, tanto de éxitos como de fracasos, y mecanismos de
sustitución en caso de incapacidad manifiesta.
LA MONARQUÍA, AQUÍ Y AHORA
10. LA ACTUAL MONARQUÍA ESPAÑOLA ES EL RESULTADO DE LOS PACTOS DE
LA TRANSICIÓN
En 1975, ni la “oposición democrática” tenía fuerza social
suficiente para instaurar, como quería, una república, ni las fuerzas procedentes
del franquismo tenían posibilidades de mantener el régimen tal como Franco lo
había concebido. Así que se optó por los “consensos”
para evitar un período de mayor inestabilidad a la que se produjo entre 1976 y el
23-F de 1981. El acuerdo principal consistió en satisfacer a los herederos del
franquismo con la declaración de España como “reino” y la coronación de Juan
Carlos I como “rey constitucional”, pero ¡sin ningún tipo de atributos de
gobierno, noi de capacidad de decisión, subordinado siempre a las orientaciones
del partido que hubiera ganado las elecciones!
11. LA ACTUAL MONARQUIA ESPAÑOLA CARECE DE TODO PODER
Y así quedó sellado en el texto constitucional: restando a la
autoridad real cualquier forma de poder efectivo, incluso de reforma o
rectificación de las decisiones del gobierno de turno. A pesar de que el Rey tuviera, por ejemplo, el “mando de las
fuerzas armadas”, este “mando” se subordinaba al… ministerio de defensa y a sus
orientaciones; incluso para viajar o desplazarse en su función meramente
representativa, debía de contar con la autorización del gobierno, que, incluso,
podía sugerir que dicho viaje se retrasase o adelantase, o se anulase e imponer
cualquier condición. Mientras se prolongó la monarquía de Juan Carlos I, no
hubo problemas porque el monarca había interiorizado que con “parar” el 23-F ya
había cumplido. Pero cuando su sucesor, Felipe VI, demostró más proximidad a la
población y quiso estar presente en la Dana valenciana en octubre de 2024, se
le obligó a esperar a que el presidente Sánchez accediera y solo si este le
acompañaba.
12. LA MONARQUÍA ESPAÑOLA ESTÁ SUBORDINADA A LA PARTIDOCRACIA
El gran drama de la monarquía española en estos momentos es que,
formalmente nuestro país es una monarquía, pero se parece mucho más a una
república acéfala. Es decir, algo descabezado en
el que toda la vida pública, toda decisión política está sometida a los “representantes
del pueblo español”, esto es lo diputados surgidos de las listas electorales
cerradas y bloqueadas, que monopolizan la representatividad institucional.
Y es bueno recordar que, hoy, partidos y sindicatos son, por este orden, las
instituciones que cuentan con menos apoyo popular. Afinando lo ya dicho,
podemos establecer que España no es hoy una monarquía, sino una “república
partidocrática” en la que la “división de poderes” es una mera entelequia.
13. EL GRAN ERROR DE FELIPE VI ESTÁ SIENDO OLVIDAR SU FUNCIÓN
La Casa Real, se ha ido adaptando a esta situación. A juan Carlos
I no le costó mucho y, a partir del 23.F, prácticamente se desinteresó por las
pocas atribuciones que le había dotado la constitución (incluso un plotter firmaba
los decretos-ley aprobados por el felipismo durante los períodos en los que estuvo
fuera de España), pero el problema vino con Felipe VI, consciente de que la
monarquía estaba sufriendo un creciente deterioro a raíz de los errores de su
padre. Pero durante el último año y medio, han aparecido nuevos errores de
comunicación y de actitud en el entorno de la Casa Real. En efecto, la
función de un Rey es velar por su pueblo. Y nunca como hoy, los intereses del
pueblo español están al margen de los partidos políticos. Sin embargo, Felipe
VI parece hoy más interesado en defender a los partidos (y, en concreto, a la
infame gestión del sanchismo) que a la población. Y ese no es, ni siquiera,
su mandato constitucional.
14. SOBRE FELIPE VI PESA LA AMENAZA DEL REPUBLICANISMO SOCIALISTA
Claro está que esta actitud tiene una explicación. El Rey es
perfectamente consciente de que, el sanchismo, como última esperanza, reavivará
la polémica monarquía-república intentando atraerse el voto de gentes que no
acaban de entender los principios doctrinales de la monarquía. Incluso
gentes de derecha se declaran hoy “republicanos”. Por otra parte, la existencia
de un presidente del gobierno, progresivamente más enloquecido, sin principios,
ni moral, al frente de un gobierno de haraganes y salteadores de caminos, es
capaz de cuestionar cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder unas
semanas más. Pocos observadores políticos dudan de que la “última carta” del
sanchismo será cuestionar la monarquía. Y esto causa miedo cerval en la Casa
Real. De ahí la “neutralidad” de Felipe VI ante los destrozos socialistas y
las continuas faltas de respeto (o de “protocolo”) de las que hacen gala los
sanchistas.
UNA CONCLUSIÓN RÁPIDA
15. NECESIDAD DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN
La constitución de 1978 está siendo “una más” de las muchas que ha
tenido España. Refleja el espíritu de la transición, los miedos y las
limitaciones de los distintos grupos que en aquel momento eran hegemónicos en
España. Pero han pasado ya 47 años desde entonces y España es completamente
diferente; ni siquiera los grupos mediáticos que
estuvieron presentes impulsando la transición son los mismos: PRISA está en desguace,
el Grupo Z ya no existe, como tampoco el Grupo 16. La estructura económica de
España ha variado todavía más. La situación internacional es completamente
diferente: España está en la OTAN y en la UE, pero la política de la
administración Trump ha hecho embarrancar a la primera y la mala gestión ha
generado un movimiento euroescéptico extendido a toda Europa que hace prever un
futuro negro para la institución. Europa, tras perder la hegemonía militar,
luego la hegemonía científica, y más tarde la hegemonía económica, ahora está
también en trance de perder la cultural convirtiéndose en un sumidero étnico
con una guerra civil racial, religiosa y social, al final del camino. La
constitución española “sirvió” para una época, pero ya no sirve, como la
Restauración que se prolongó entre 1874 y 1931, 56 años, y hoy se reconoce como
un período útil en su momento, pero catastrófico en el conjunto de nuestra
historia. Ésta no va a ser mucho más generosa con la constitución de 1978.
¿Una nueva constitución debería ser monárquica o republicana? Si
nos atenemos a las constantes de nuestra historia debería ser monárquica y católica.
¿El Rey debería tener más atributos? En primer lugar, debería ser
el “rey del pueblo español”, nunca más el “rey de los partidos políticos”.
- Debería poder recordar sus errores, pedirles cuentas y, sobre todo, disolver el parlamento por iniciativa propia y convocar nuevas elecciones. Y, por supuesto, dentro de un parlamento en el que no estuvieran presentes sólo partidos políticos, sino en el que la mayoría de sus miembros procediera de la “sociedad civil” y de los “cuerpos intermedios”.
- Debería, por supuesto, tener la posibilidad de destituir a jefes de gobierno y a ministros que no estuvieran a la altura de sus responsabilidades, con su incapacidad manifiesta, por su estado mental o por los casos de corrupción y mala gestión.
- Y, por supuesto, el Rey debería tener el mando efectivo de las Fuerzas Armadas, con el asesoramiento del Estado Mayor.
- Al igual que en la monarquía inglesa, el jefe de gobierno debería acudir periódicamente al palacio real para informar de la situación del país y de las tareas de gobierno.
Su lema debería ser: “Me debo a mi pueblo, no a los partidos”










