miércoles, 14 de enero de 2026

LA IZQUIERDA INMIGRACIONISTA O CÓMO TRAICIONAR A UN PUEBLO (2, España). De la “izquierda marciana” a la “izquierda africanizada”

La izquierda francesa, como hemos visto, se ha hecho el hara-kiri renunciando a su identidad nacional como “izquierda europea”, transformándose en “izquierda africana”. El fenómeno afecta también al Reino Unido e, incluso al partido conservador, lo que explica el porqué han sido abandonados por el electorado (Olukemi Olufunto Badenoch, de origen nigeriano es la actual presidenta de los “tories”; su elección debió remover en su tumba los huesos de los Disraeli, los Peel, los Churchill, los Eden, los Macmillan o de la misma Tatcher). No debemos olvidar que, en España, en donde el fenómeno migratorio es relativamente reciente y data solo desde 1996 (era Aznar), se están dando pasos agigantados en la misma dirección. Especialmente, hoy, cuando la intención de votos del conjunto de “las izquierdas” ha llegado a su mínimo histórico desde la transición.

Hay tres preguntas claves que explican esta caída de votos:

1. ¿Cuál es el nexo común entre todas las formaciones de la izquierda (nacional o regional) española? Respuesta: el que todas apoyan a la inmigración masiva, el “papeles para todos”, el “no se pueden poner puertas al campo”, las “puertas abiertas”, el “Welcome refugies”, por no hablar de “los derechos humanos”, entre los que el derecho a emigrar estaría por delante de cualquier otro…

2. ¿Qué implica esta actitud desde el punto de vista electoral? Respuesta: una pérdida continua de votos que, por el momento, no se compensa con la captación del voto inmigrante que es, en el que todos estos partidos cifraban sus esperanzas. Solamente en Bildu se ha producido un aumento de su cuota electoral gracias a los votos inmigrantes que ha superado -por el momento- las bajas registradas entre votantes vascos.

3. ¿Qué delata esta actitud de los partidos de izquierda? Respuesta: evidencia, ante todo, lo que ya era visible desde muchas décadas antes; se trata de partidos en donde la presencia del proletariado y de las clases trabajadoras europeas es cada vez menor y, especialmente en sus cúpulas están dirigidas por individuos procedentes de las “clases medias ilustradas” que lo ignoran todo sobre las condiciones de vida de los que, hasta ahora, eran los votantes tradicionales de la izquierda.

LA “IZQUIERDA MARCIANA” Y SU “REALIDAD APARTE”

En Info-Krisis hemos aludido en muchas ocasiones a la “izquierda marciana”, entendiendo por tal, a un sector político que vive una “realidad aparte”, hasta el punto de parecer vinculada a otro planeta. Esta “realidad” ficticia está construida por sus propios tópicos y por sus esquemas ideológicos rígidos y mecanicistas, pero absolutamente desconectada de la realidad de su entorno, hasta el punto de que ha dejado de considerar prioritarios los intereses de sus propias bases, mutando sus simpatías por los “nuevos proletarios”, los inmigrantes que, en su imaginario pasan a ser mitificados, beatificados y exaltados, como hace 100 años se hizo con el proletariado.

Todo lo que no se corresponde con esta visión angelical de la inmigración, genera en la “izquierda marciana” ira, odio, antifascismo y deseo de ocultación: en efecto, hemos pasado 25 años (desde los incidentes de El Ejido en 2000) ocultando la implicación de inmigrantes en incontables delitos, la presión era tal, que la recepción de una subvención para un medio de comunicación, se condicionaba a que ocultaran la procedencia de buena parte de la delincuencia, con las excusas más fútiles

La primera de todas era que aludir a la nacionalidad o a la raza de un delincuente generaba “racismo y xenofobia”. Y eso, precisamente, es lo que ha hecho que no pudieran aplicarse políticas de seguridad ciudadana efectivas. Incluso, hoy, la izquierda SIEMPRE intenta ocultar y minimizar el impacto de la inmigración magrebí en los delitos de violación. El otro recurso es contabilizar a los “nuevos españoles” recién naturalizados, como si fueran “españoles de toda la vida”, pasando a engrosar así los delitos cometidos por autóctonos. Como si una resolución administrativa pudiera convertir a un magrebí o a un senegalés, como por arte de magia, en un español, borrando sus milenarios rasgos antropológicos y culturales… Así se falsean cifras estadísticas: pero la percepción popular, ahora, definitivamente alertada, es lo suficientemente madura para identificar por sí misma lo que las mentiras estadísticas encubren.

Obviamente, este no es el único rasgo de la “izquierda marciana”: el wokismo, el anticristianismo unido al más triste proislamismo, el "antifascismo" dirigdo a cualquiera que no comparta la totalidad de sus puntos de vista -especialmente en materia migratoria- o el recurso continuo a los “derechos humanos”, el “democratismo”, etc, constituyen otros tantos tópicos que completan el “programa” político de ese mundillo en desintegración.

El problema es que, muy poco o nada de todo esto, atrae votos del electorado autóctono. Incluso españoles que no practican ninguna religión o son simplemente ateos, no entienden por qué el Cristo crucificado debería ser considerado como rechazable y por qué, en cambio, debería admirarse a un Mahoma con cimitarra en ristre.

Ese mismo electorado “nacional”, étnicamente europeo, tampoco termina de entender cómo puede justificarse todo con el recurso a los “derechos humanos”: si la izquierda parte de la base de que el “Welcome refugies” es de obligatoria aplicación y la actitud más humana que puede adoptarse frente a la inmigración masiva, no se entiende por qué la inmensa mayoría de inmigrantes que llegan a España, proceden de países con los que existen excelentes relaciones diplomáticas y, oficialmente, no hay problemas políticos, ni guerras civiles, ni nada parecido. ¿O es que vamos a tener que recordar que Marruecos es el principal proveedor de inmigración a España? 

Por otra parte, ya hemos dicho en muchas ocasiones que la “Declaración Universal de Derechos Humanos”, proclamada por la ONU, es incompleta y que no reconoce los dos “derechos” básicos que deberían figurar en su frontispicio ante cualquier otro; a saber:

1. “Cualquier ser humano tiene derecho a vivir en donde ha nacido, a formar una familia y a vivir según sus costumbres y tradiciones inalienables en la tierra de sus padres” y

2. “Cualquier ser humano tiene derecho a la seguridad, sin la que ningún otro derecho humano puede ejercerse”.

La ausencia de estos dos derechos fundamentales en la famosa “Declaración”, invalidan todo lo demás, por solemne y pomposo que sea el documento. Sin olvidar que en todo lo que atañe al género humano rige la idea de “jerarquía”, esto es, la ordenación de los derechos en función de su importancia. El “derecho a la inmigración” debería estar subordinado al “derecho a la seguridad”: cuando una comunidad sume en la inseguridad a otra, ese derecho a la inmigración deja de ser prioritario y queda suspendido.

En cuanto al “antifascismo” es otra de las políticas habituales en la “izquierda marciana”, como hemos dicho. Una izquierda sensata sería consciente de que el fascismo es un fenómeno de otro tiempo, vinculado a la defensa de los intereses de las clases medias durante la Segunda Revolución Industrial (como el bolchevismo, es también un fenómeno del pasado, vinculado a la defensa de los intereses del proletariado durante ese mismo ciclo histórico-social), algo que pertenece al pasado, sin embargo, la “izquierda marciana” se obstina en avivar el mito de que el fascismo está “vivo, activo, vigilante y operativo”, conspirando siempre contra “la democracia” (esto es, contra el concepto que esa misma “izquierda marciana” se hace de “democracia”) y que se oculta detrás de imágenes que nada tienen que ver entre sí. Fascismo es Trump, es Feijóo, es Vox, Núcleo Nacional, los hooligans de tal o cual equipo, Soto Ivars, la Real Academia de la Lengua y cualquiera que manifiesta alguna reserva hacia el wokismo, la “corrección política” y subordina el alcance de sus opciones “progresistas” a límites impuestos por el sentido común.

Quedaría hablar del “democratismo”, esa insensata tendencia a considerar que cualquier decisión, por mínima intrascendente que sea, debe ser sometida a refrendo popular o, de lo contrario, sería muestra de actitudes “fascistas y autoritarias”… Quedaría por decir que ese “democratismo” solamente se aplica en aquellas circunstancias en las que la “izquierda marciana” está segura de poder llevarse el gato al agua: fue el PSOE zapaterista el que introdujo la práctica de las “primarias” a la hora de elegir candidatos… hasta que un perdedor habitual como Sánchez, eliminó la práctica que condicionaba su pretensión de unanimidad totalitaria dentro del partido. 

En cuanto a la extrema-izquierda, no menos “marciana”, con esta práctica consiguió, simplemente, despoblarse: en los primeros tiempos de Podemos, todo se resolvía con una asamblea y una votación, pero, incluso en los días iniciales del “movimiento de los indignados”, en los tiempos arqueológicos de Podemos, se demostró que en las asambleas siempre había oradores más vehementes que lograban la aquiescencia de las asamblea shacia las posturas más excéntricas. El resultado fue que las “asambleas de los círculos” de Podemos se fueron vaciando hasta, en la mayoría de casos, desaparecer y convertirse en un staff de ambiciosos o desesperados balarrasas en busca de un cargo.

LAS REFLEXIONES DE “NUESTRA BANDERA” SOBRE LA INMIGRACIÓN

Si tomamos en consideración la opinión presentada por Nuestra Bandera es porque se trata de una de las pocas revistas de reflexión intelectual de la izquierda más o menos marciana. Nuestra Bandera está, desde su fundación en 1937, vinculada al Partido Comunista de España, así que representa la “opinión canónica” y, más que eso, el dogma en el que se mueve esa izquierda que aspira a lo “racional” (aunque, como veremos, mucho menos “razonable”...)

Por otra parte, el espectro de publicaciones con pretensiones “intelectuales” de la izquierda, es cada vez más reducido: Mientras Tanto (co-fundada por un antiguo amigo de infancia, Antonio Domenec) está hoy reducida a una web de muy escasa audiencia, El Viejo Topo, sigue publicándose mensualmente y mantiene su web, pero lejísimos de las audiencias que tuvo hace 40 años, Libros de Izquierda (vinculado a la web izquierdadiario.es) publica títulos que fueron top de ventas hace 100 o 150 años: el Manifiesto Comunista, y obras de Karl Marx, Friedrich Engels, Eleanor Marx, Clara Zetkin, Rosa Luxemburg, Aleksandra Kollontai, Inessa Armand, Vladimir Lenin y León Trotsky; El Salto, surgido de la fusión de 60 medios de comunicación inviables, sobrevive mal que bien. Y así sucesivamente. No soplan buenos tiempos para los “teóricos” de la “izquierda” (marciana o no).

Pues bien, Nuestra Bandera sigue publicándose trimestralmente, analizando la actualidad según el punto de vista de la más depurada ortodoxia marxista… En el número 266 de esta revista, publicado en el primer trimestre de 2025, está dedicado casi íntegramente al problema migratorio con el título de Migración, derechos, futuro: Frente a la ofensiva xenófoba de la derecha. Los ocho artículos que componen este monográfico, no solamente no aportan nada nuevo, sino que repiten todos los tópicos al uso que la izquierda viene utilizando sobre la inmigración desde los años 70: sin ninguna variación y sin atender a las reacciones de la sociedad. La totalidad de los artículos, entre 7 y 10 páginas cada uno, demuestra que sus autores, todos ellos, reputados intelectuales que quedan próximos al PCE o simpatizan con él, están mucho más interesados en “denunciar a la derecha” que preocupados por la pérdida de fuerza social que estas posiciones han traído para la izquierda.

Los intereses del agónico Partido Comunista de España:
obsérvese la falacia de mostrar una maleta de cartón, propia de la inmigración
española de los años 50, para sensibilizar sobre el tema e inducir confusión:
la inmigración española fue a reconstruir Europa, y lo hizo legalmente,
la africana y asiática de nuestro tiempo, además se ser ilegal
no tiene nada que reconstruir. Lo único cierto es que
CADA AÑO 100.000 LICENCIADOS UNIVERSITARIOS ESPAÑOLES SE VAN
Y LLEGAN 300.000 INMIGRANTES SIN NINGÚN TIPO DE FORMACIÓN

Encontramos en este número adulteraciones tan absolutamente “a-científicas” (sorprendente para un marxismo que todavía sigue considerándose “socialismo científico”) como el dato aportado por Estrella Galán en el que afirma como "argumento de fuerza" que es absurdo preocuparse por la inmigración “porque solo afecta a un 3% de la población mundial”. La autora, Estrella Galán, es antropóloga, trabajadora social, política y activista española por los derechos humanos, actualmente eurodiputada de Sumar tras encabezar la coalición en las elecciones al Parlamento Europeo de 2024” añadiendo su biografía en Wikipedia que “​Su carrera profesional está vinculada al ámbito social y los Derechos Humanos”. Estrella Galán olvida que el problema no es el porcentaje sino hacia dónde va esa inmigración: no es lo mismo un 3% de inmigración china que pretenda instalarse en la India que un 3% de inmigración china con destino a Europa; no es lo mismo un 3% de inmigración magrebí a Australia que 5.000.000 de inmigrantes marroquíes (39.000.000 de habitantes hoy, un 12% de su población) insertados en zonas superpobladas de Europa Occidental. Si Estrella Galán en el curso de sus estudios de “antropología” no ha advertido este error metodológico es, o porque falsea deliberadamente cifras o por ignorancia supina.

Pero el articulo “fuerte” de este número especial de Nuestra Bandera es el escrito por Mauricio Valiente Ots, responsable del “Área Ideológica del PCE”, titulado Inmigración, organización social y propuesta alternativa. La lectura del artículo, en realidad, no aporta nada nuevo a las actitudes de izquierda, salvo en un punto: el comentario obsesivo que realiza sobre Sahra Wagenknecht¿Quién es esta política alemana que tanto preocupa al PCE? Respuesta: es una excepción en la izquierda europea que se ha preocupado por adoptar una postura “más razonable” en relación a la inmigración. Desde 2010 y hasta 2014 fue vicepresidenta del partido alemán Die Linke, pero al manifestar posturas nacionalistas y socialmente conservadoras (especialmente, tras la admisión de más de 1.1 millones de solicitudes de asilo en 2015 que fueron admitidos en Alemania por Angela Merkel como culminación de la política de "brazos abiertos" en medio de un flujo masivo de refugiados hacia Europa). Al comprobar el rechazo social que esta medida generaba en Alemania, Sahra Wagenknecht decidió crear un nuevo partido expulsándola de Die Linke. En septiembre de 2023 formó BSW-Por la Razón y la Justicia, que al año siguiente se convirtió en partido. En la actualidad, cuenta con 47 parlamentarios en los länders regionales y 9 en el parlamento europeo. Si no ha obtenido parlamentarios en las pasadas elecciones generales, se ha debido al “tirón” electoral de Acción por Alemania (AfD) que copó en exclusiva el espacio anti-inmigracionista. A Valiente Ots parece preocuparle menos la llegada masiva e insostenible de inmigración africana y asiática a Europa, que la razonable reflexión realizada desde la izquierda por BSW y por Sahra Wagenknecht sobre lo que implica las “políticas atolondradas” en materia migratoria.

En las siete páginas de su artículo, el “ideólogo” del PCE (hay que recordar que el PCE está dentro de Izquierda Unida, la que, a su vez, está dentro de Sumar que podría ser considerado como una confederación de federaciones, a cual más escuálida)  utiliza los mismos tópicos nada meditados de los que hace gala la izquierda en los últimos 40 años; las cantinelas se repiten con singular insistencia: que si el “efecto llamada” es falso, que si el 80% de los “desplazados se encuentran en países “pobres” del “Sur global”, que si no hubo protestas en Alemania por la inmigración española de los 50 y 60 y, por tanto, ¿por qué debería haberla hoy en el siglo XXI? y, la mejor de todas: “La extrema derecha ha alimentado su escalada de popularidad sobre una retórica antiinmigración, efectiva a medio plazo porque permite movilizar a sectores importantes de la población afectados por la incapacidad del capitalismo de responder a sus expectativas, pero que la conducirá inexorablemente a un callejón sin salida”… 

Así que, el culpable de la inmigración masiva es, a fin de cuentas, el capitalismo. Brillante deducción, que ignora el rasgo principal de la Cuarta Revolución Industrial: la tecnificación de los procesos de producción, el que cada vez menos personal (y más robots y máquinas) sean capaces de desarrollar mayores actividades laborales y, por tanto, mayor riqueza con menos mano de obra, el hecho de que no se precisen gentes que carecen por completo de formación laboral y que se muestran renuentes a formarse en universidades o escuelas profesionales a la vista de que el Estado les deja cobrar cuantiosos subsidios y, para colmo, trapichear y realizar trabajos en negro, o el que se trata de gentes que, a diferencia de los alemanes y españoles de otras décadas, que estaban solamente separados por unos pocos rasgos antropológicos y culturales, siendo europeos, hijos de una misma cultura, mientras que entre un nigeriano y un alemán, o un turco y un bávaro, existe una brecha antropológica y cultural que hace inevitable el conflicto y la incomprensión mutua… y así sucesivamente.

Y este es el problema que el ideólogo del PCE no afronta, ni por supuesto, está en condiciones de resolver: por eso vuelve, una y otra vez, a Sahra Wagenknecht (que, al parecer, empezaba a tener predicamento entre militantes del PCE) y sentencia: “Por penoso que resulte en el contexto de la hegemonía política de la derecha xenófoba, la única alternativa de la izquierda es construir un modelo de integración intercultural con derechos e igualdad de trato en el marco de la construcción de un proyecto para la transformación social radical de nuestras sociedades, que no podrá avanzar sin un nuevo orden en las relaciones internacionales”. Sería bueno preguntarle al autor ¿dónde diablos se ha “construido un modelo intercultural”? ¿de qué utopías está hablando? ¿Fusión entre el tam-tam y Beethoven? ¿Mestizaje entre Las mil y una noches y Cervantes? ¿interculturalidad entre el velo islámica y la yihad de un lado y de otro la liberación de la mujer y la “paz mundial”? ¿No sería más bueno recordar que, la izquierda, como la derecha, como cualquier persona con dos dedos de frente, debería recordar que solo, en todo el universo conocido y a esta parte de la galaxia, hay una religión en nombre de la cual se mata y se muere: el islam?

Consciente de que su propuesta es altamente deficitaria en argumentos y decepcionante para el lector de Nuestra Bandera, el ideólogo del PCE reencuentra la retórica comunista de hace 100 años al titular el último parágrafo de su trabajo: “La necesaria organización de la mayoría social trabajadora”¡como si el PCE, o, por extensión, la izquierda, siguiera representando algo dentro del mundo obrero! Mejor que los militantes comunistas despierten: la izquierda ha perdido todo protagonismo en el mundo laboral. Sus sindicatos, son, simplemente, basura que come de la mano del patrón del Estado y que, solo de manera abusiva, éste les permite hablar en nombre “de los trabajadores” a cambio de firmar cualquier cosa que ponen bajo sus narices, sindicalistas de mariscadas y vagancia absoluta, de cursos de formación que solamente sirven para alimentar a los sindicatos y justificar desvío de cientos de millones hacia sus arcas e indiferencia absoluta de los trabajadores hacia estas estructuras que ya no tienen el más mínimo protagonismo en la actual fase de desarrollo capitalista (recordamos: estamos en la Cuarta Revolución Industrial, no en las dos primeras).

Y, cómo no podía ser de otra manera, el autor termina aludiendo al “franquismo”, desaparecido hace 50 años y al que, en general, toda la izquierda culpa de sus desgracias actuales, olvidando que “contra Franco, nos iba mejor…”. El autor reconoce que, durante la última etapa del franquismo, CCOO tenía más afiliados entre la inmigración española que ahora en el interior del país. Luego, recuerda “el movimiento contra los desahucios” de 2007 entre los ecuatorianos, olvidando que, aquí si que la responsabilidad debería dividirse ex aequo entre ecuatorianos que aceptaron créditos hipotecarios por un 120% del valor de sus propiedades, pagaderos a 30 años vista, lo que les permitía amueblar viviendas y comprarse vehículos y los bancos que de forma irresponsable se los concedieron aunque presentaran contratos de trabajo de tres meses como aval y residieran legalmente en España desde hacia dos (el destrozo generado por tanta irresponsabilidad lo debimos pagar luego todos los españoles, por cierto, con las operaciones de “salvataje a la banca” desarrollados en las últimas semanas del zapaterismo).

El párrafo final es antológico: “En conclusión, debemos desarrollar un modelo de atención a la realidad de la inmigración. Un modelo, si se quiere, de inclusión, por utilizar la terminología de la ley, que no esté desligado del proceso de transformación social que deseamos para nuestro país y el conjunto del planeta, con la participación y el protagonismo de la mayoría social”. Hubiera sido difícil reunir tantas frases huecas en tan poco espacio. Pero lo sorprendente no es eso, sino que ni en las siete páginas del artículo, ni en las 97 páginas del resto de Nuestra Bandera se desciende al mundo de la realidad: en ninguna página se sitúan los autores en el mundo de lo que verdaderamente preocupa a “los trabajadores”, no hay ni una sola palabra de condena al hecho, hoy ya incuestionable, de que la inmigración masiva y descontrolada ha disparado los índices de criminalidad, las agresiones sexuales y también la pobreza y para colmo se ha instalado en barrios obreros generando fricciones constantes.

Es cierto que el autor tampoco aborda el argumento socialdemócrata y propio de la derecha liberal sobre el aumento del PIB y de que la inmigración es “buena” para el país… No, el PIB es una cifra macroeconómica que registra solamente la circulación de dinero global: a más población, más PIB. Lo sabemos desde el principio del zapaterismo, cuando, a medida que entraban más y más inmigrantes, subía más y más el PIB y esto se consideraba un "éxito de gestión"… mientras, descendía más y más el “PIB per capita”. Hoy, cuando ya todos -salvo algún giliflautas- es perfectamente consciente de que la inmigración no ha venido para pagar las pensiones de los abuelos, queda reconocer que si España está a la cola de Europa en materia de pobreza se debe, precisamente, a la llegada masiva de inmigración que solamente puede ser mantenida a costa de aumentar impuestos

Contrariamente a lo expuesto por Nuestra Bandera, donde comen dos si pueden comer tres, pero no tres mil. Y si atendemos a la caída en la calidad de eficiencia de los servicios públicos (en especial enseñanza y sanidad), la explicación a su deterioro es precisamente el intentar atender a 3.000 donde antes se atendía solo a 3.

Así pues, el repaso a este artículo de Nuestra Bandera, nos genera una irremediable tristeza: hay gente que todavía no renuncia a sus convicciones de adolescencia, cuando se podía creer todavía en la igualdad universal, en las bondades de la inmigración masiva y en el mestizaje cultural entre el brujo de la tribu y el ingeniero genético, entre el vudú y la filosofía aristotélica...

Esta izquierda, no solamente no está destinada a reavivarse, sino más bien a extinguirse, eso sí, practicando eternamente su pretendida “superioridad moral”.

Y la última frase del artículo también es memorable: “La alternativa no es desmoralizarse ante el avance momentáneo de la extrema derecha y ceder a su discurso, sino organizar, movilizar y dotar de un programa alternativo a la mayoría social para acabar con la barbarie del capitalismo globalizado que nos ha tocado vivir”… Ejem… El “avance de la extrema-derecha” no es de ahora, como tampoco es de ahora la crisis de la izquierda: el “fenómeno Le Pen apareció en Francia en el primer tercio de los 80 y coincidió con el declive del Partido Comunista Francés. Por citar un ejemplo. Si el “programa alternativa” de la izquierda es lo expuesto en las páginas de Nuestra Bandera, me temo que “la barbarie del capitalismo globalizado” no encontrará límite alguno.

PODEMOS O CÓMO SUICIDARSE A POCO DE NACER

No sé por qué, al pensar en Podemos, recuerdo una canción de Bob Dylan dedicada al folksinger norteamericano Woodie Guthrie: “Hola, hola, Woodie Guthrie, te he escrito una canción, sobre un viejo y raro mundo que agoniza y apenas si acaba de nacer”… y es que Podemos empezó a morir a poco de registrar su acta de nacimiento.

Vale la pena situar el nacimiento de Podemos: tras la crisis de 2007-2011, y la enorme decepción que experimentó la izquierda al comprobar que la banca y el sector de la construcción habían sido salvados por el gobierno socialdemócrata, apareció el “movimiento de los indignados”. Parecía un soplo de esperanza, después de una etapa aciaga y estúpida como fue la totalidad del ciclo zapaterista (hoy sabemos que “bambi” no era más que un comisionista de pocas luces y mucha prudencia en sus negocios; contrariamente a la opinión de Pérez-Reverte, que lo calificó no hace mucho de “tonto convertido en malo”, ZP fue desde el principio “ambiguo, manirroto con dinero público, engañabobos, antes de resaltar su maldad en el ejercicio de su “lobismo en beneficio de Rabat, Pekín o Caracas, por interés económico propio y traidorzuelo hacia la nación….”). Nosotros mismos nos acercamos a los campamentos de “los indignados” para pulsar su estado de ánimo: la decepción nos acompañó desde el primer momento. Marginados sociales, “activistas” de pocas luces, resentidos, minorías en busca de derechos, reconocimientos y subsidios, algún ingenuo que, días después desaparecería sin dejar señas: esto fueron “los indignados”. De ahí nació Podemos.

No vamos a repetir nuestras críticas a Podemos que ya resumimos en un pequeño trabajo titulado Indignarse con los indignados, hoy agotado y que ni siquiera hemos considerado oportuno reimprimir a la vista de la irrelevancia de esta formación. Básicamente, lo que decíamos es que el problema de la “nueva izquierda indignada” es que, en lugar de convertirse en el portavoz de todos los descontentos con el sistema, pasó a ser la voz de los grupos más minoritarios y marginales de la sociedad. Todos -todos, menos el hombre “normal”- tenían su “círculo” y su lugar en Podemos

Al final, a fuerza de repetir cantinelas sobre los “Derechos Humanos”, defender la inmigración como un fenómeno inherente a la sociedad actual, priorizando el respeto a los derechos de las personas migrantes y refugiadas, criticar las “políticas restrictivas” (las transferencias de competencias migratorias a las autonomías), la “oposición a la xenofobia” y las “iniciativas de regularización”... han figurado, por derecho propio, entre la “izquierda más marciana de todas las izquierdas marcianas”, especialmente, por que a ese tema han añadido otros no menos marcianos que han terminado convirtiendo a la formación en un pequeño grupo, como hemos repetido en otras ocasiones, de “chicas loquitas” y “hombres deconstruidos”. Pensar que la coleta de Pablo Iglesias pudo ejercer alguna vez de vicepresidente del gobierno o que se entregó un ministerio de “igualdad” (al que Sánchez no le daba ninguna importancia porque, como dijo Esperanza Aguirre: “igual da”) a una cuchipandi de amigotas sin la más mínima experiencia en gestión, es reconocer que lo peor de la política española se dio cita en torno al sanchismo y en las filas de Podemos.

Podemos nació de Izquierda Unida y, en concreto de aquellos segundones que estaban hartos de “chupar banquillo” y deseaban un cargo público retribuido ¡y lo deseaban ya! Para obtenerlo se vieron obligados a formar un partido que, en un primer momento logró engañar a una parte del electorado, pero que en los meses siguientes y, desde entonces, no ha hecho más que menguar. Y en eso están. 

Sumar es el resultado de la ristra de escándalos, malos ejemplos, decisiones erróneas y erráticas dados por la cuchipandi que obligaron a crear otro cartel de izquierdas alternativo y complementario a partir del “trío de las feminitudas”: Yolanda-Colau-Oltra, tres glorias, hoy caídas, de la “izquierda alternativa”. Guerras familiares en un ambiente cada vez más irrelevante, marginal y minoritario.

La postura de Podemos, como la de Sumar en materia migratoria es común. No hay diferencias esenciales entre ambas formaciones, ni siquiera con el PCE (que forma parte de IU y, por tanto, de Sumar), ni tampoco con el PSOE. Y es que la izquierda, en su conjunto, está siguiendo una vía parecida al nacionalismo independentista catalán: convertirse en sectas.

El hecho de que, en las próximas elecciones aragonesas (que prometen certificar el descalabro absoluto de la izquierda española), se presenten las tres formaciones (PSOE, Sumar y Podemos) es muestra de que, en el fondo, de sus pequeñas mentalidades sectarias, lo único que importa es adelantar, aunque sea un poco, o un mucho, al rival, a la vista de que la derrota de la izquierda está cantada.

El gran error de Podemos, desde el principio, fue declararse “antiglobalizador”, sin entender que uno de los rasgos y de las exigencias de la globalización era precisamente la inmigración masiva (y el otro, la deslocalización empresarial: lo que, en conjunto quiere decir pobreza importada a Europa Occidental y riqueza europea reinstalada en el antiguo Tercer Mundo). Si hubieran atendido a los “derechos humanos” que decían defender, se hubieran preocupado más de protestar contra las riadas de “refugiados” que huían de sus países, mal gestionados, sumidos en corruptelas interminables o en dictaduras inmisericordes y defender el derecho humano de residir en el mismo lugar en el que se ha nacido. 

Pero, para la izquierda, la “identidad” es una “construcción social” (todo lo que no encaja con los delirios de la izquierda marciana termina siendo una “construcción social”: el sexo, la raza...) que, por tanto, no merece ser tenida en cuenta, como tampoco merece considerarse la biología, ni la evaluación de los coeficientes intelectuales, ni nada que desdiga el más sacrosanto de los dogmas progresistas: el de la “igualdad”.

DE LA “IZQUIERDA MARCIANA” A LA “IZQUIERDA AFRICANIZADA”

El gran problema de la izquierda es su creciente irrelevancia, lo cada vez más “marciano” de sus contenidos, el creciente alejamiento entre los problemas que experimentan los ciudadanos, especialmente los más modestos (que en otro tiempo constituyeron el electorado propio de la izquierda), y los “altos ideales”, humanitaristas, progresistas e ingenuo-felizotes compartidos por los intelectuales de izquierda de nuestro tiempo.

Esta crisis se irá agravando con el paso del tiempo y la “racialiación” del voto de izquierdas (que es, en el fondo, a lo que aspiraban los herederos de Mayo del 68 a principios de los años 70 (sustituir los votos proletarios convertidos en votos a partidos burgueses, por votos del “nuevo proletariado inmigrante”). Una mala apuesta y, ahora, como diría Donald Trum, están "sin cartas":

¿Hasta cuándo individuos como el “mantero de Podemos” se contentarán con ser secundarios y meros comparsas en este partido? ¿hasta cuándo aceptarán compartir con “blancos” la titularidad de un partido? ¿hasta qué punto las candidatas con yihab y atuendos musulmanes no tendrán inconvenientes en ser meros reclamos para atraer para ellos, los votos de los que son como ellos?

O dicho de otra manera: ¿cuándo la “izquierda marciana” se convertirá en una “izquierda africanizada” dirigida por africanos, magrebíes o negros? Porque si los “intelectuales de izquierda” piensan que esas poblaciones no son racistas, es que lo ignoran todo sobre la psicología y las sociedades de Gibraltar hacia abajo.

La “izquierda marciana” ya ha dado demasiadas muestras de esa incomprensión. Cuando envía a Gaza a contingentes gays para solidarizarse, ignorando que allí está proscrita la homosexualidad, o cuando feministas radicales salen en defensa del islam ignorando que, para un número increíblemente alto de musulmanes, una mujer con pantalones es una execración diabólica y una mujer con minifalda, lo más parecido a una prostituta, en todos estos casos y en muchos otros, parecen ignorar lo que un turista puede aprender conversando con el taxista que le conduce desde el aeropuerto de Rabat-Salé hasta su hotel

Si antes se decía que el “fascismo se cura viajando”, ahora cabría aplicarle esta máxima a sus propios inventores, a los que, visiblemente, les falta eso que suele llamarse “mundología” y les sobra mucho de inconsciencia e ingenuidad...

Podemos concluir este artículo diciendo: “Nada nuevo a la izquierda”, o si se prefiere “Izquierda = el voto progresivamente africanizado”. Podía preverse. Todos, menos ellos lo hemos previsto. Y no estoy muy seguro de que la “izquierda marciana” haya ganado mucho africanizándose. Crecerá, pero cambiará su propia identidad. 

La buena noticia es que las propias Irene Montero, las Pam, los Iglesias, los abusadores incontrolables, las Yolandas, los Sánchez, serán sustituidos en sus puestos de poder, por africanos de raza y de mentalidad

En cualquier caso, el conflicto civil, étnico, social y religioso está servido. Y tú también, entiéndelo, deberás posicionarte antes o después.