INDICE GENERAL (en fase de elaboración)

lunes, 26 de enero de 2026

NOTAS SOBRE EL DESPRESTIGIO DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

La reciente tragedia de Adamuz y algunos errores de comunicación de la Casa Real cometidos en las últimas semanas, han situado a la monarquía, de nuevo, en el punto crítico. A pesar de que las encuestas sobre si España es o no monárquica realizadas por el CIS son de muy dudosa fiabilidad. Lo cierto es que, en la actualidad, la monarquía de Felipe VI está viviendo su peor momento, aunque no existan razones objetivas para ello. Carecemos del tiempo suficiente para realidad un estudio pormenorizado sobre la materia, pero apuntaremos 15 elementos, todos ellos necesarios, para juzgar a la monarquía española.

ALGUNAS NOTAS TEÓRICAS SOBRE LA MONARQUÍA

1. EL CATOLICISMO Y LA MONARQUÍA HAN “HECHO ESPAÑA”

Las dos constantes en la Historia de España desde tiempos inmemoriales, han sido catolicismo y monarquía. Sin ambos elementos la historia de nuestro país es completamente incomprensible. Por agnóstico o republicano que uno sea, resulta imposible negar ambos postulados que definen -insisto: gusten o no gusten- nuestra identidad. Esto implica que, quien la defensa de la Tradición Católica es obligatoria para alguien que pretenda ser un patriota y un identitario. No quedan más que restos arqueológicos y unas pocas rarezas antropológicas del viejo paganismo. Las dictaduras siempre han sido un interregno entre períodos caóticos y restauraciones monárquicas y los ciclos electorales han resultado pobres en resultados e, incluso, catastróficos.

2. LOS MEJORES MOMENTOS DE NUESTRA HISTORIA HAN SIDO PROTAGONIZADOS POR CATOLICISMO Y MONARQUÍA

Reconquista, gesta iberoamericana, el Siglo de Oro, la defensa del catolicismo en Europa en el ciclo histórico de los Austrias, pueden ser considerados como los hitos de nuestra historia. Fue, precisamente, cuando disminuyó la tensión religiosa y las monarquías tradicionales se convirtieron en absolutas primero y luego en constitucionales, cuando España fue perdiendo protagonismo. Llegó un momento en el que el pueblo español, por inercia, seguía llamándose católico, pero practicaba solamente un culto exterior o bien, a mediados del siglo XX algunos entendieron el catolicismo como demagogia social. Paralelamente, la monarquía se fue adaptando a las corrientes europeas y, poco a poco, se convirtió en la institución simbólica que es hoy.

4. EL PROCESO DE CENTRALIZACION DEL PODER CONCLUYÓ CON LA MUTACIÓN DE LA MONARQUÍA TRADICIONAL EN MONARQUÍA ABSOLUTA

A medida que los reinos europeos fueron entrando en la época “moderna”, mucho más compleja que el período medieval, sus necesidades fueron creciendo y las monarquías tradicionales experimentaron un proceso de concentración del poder y de abolición de los fueros y de las autonomías regionales y corporativas. Fue una exigencia debida a la creciente complejidad de los Estados y a las luchas entre la nobleza y la monarquía, por un lado, y las exigencias y necesidades de las luchas por la hegemonía en Europa. En cualquier caso, el tránsito de la monarquía tradicional al absolutismo, especialmente en Francia (y, como consecuencia del resultado de la Guerra de Sucesión, también en España), supuso una primera caída de nivel.

5. LA MONARQUÍA CONSTITUCIONAL NO FIGURA ENTRE LO MEJOR DE NUESTRA HISTORIA

A partir de la “revolución gloriosa” de 1688 en el Reino Unido aparece la idea de una monarquía sometida al parlamento. Esas ideas, combinadas con el protestantismo y la ilustración darán lugar a la masonería, que, en Francia, será el motor de la revolución francesa. Lo que en Inglaterra llevó a la monarquía constitucional, en Francia será el germen del régimen republicano, finiquitado con las guerras napoleónicas que extendieron las ideas liberales a toda Europa. En ambos casos, se produjo una alteración del régimen monárquico que pasó de absolutista a constitucional o bien a ser abolido en beneficio de las repúblicas.

6. ¿PUEDE EXISTIR HOY UNA MONARQUÍA TRADICIONAL?

La monarquía puede justificarse de distintas maneras, pero, su argumento esencial -además del propiamente historicista que ya hemos recordado- es que todo grupo humano precisa de un liderazgo estable que encarne a la totalidad de la nación y esté por encima de las partes y de las fracciones. Y, en este sentido, un linaje educado para esta función parece mejor opción que una elección cada cuatro o cinco años de un presidente que, inevitablemente, será apoyado -y, por tanto, deudor- de tal o cual opción política. Ahora bien, la institución monárquica no es un islote aislado, sino que precisa de una articulación “orgánica” del Estado. A una monarquía tradicional corresponde un Estado tradicional.

7. ¿QUÉ ES UN ESTADO TRADICIONAL?

Es un Estado en el que existe representación política en función de los “cuerpos intermedios” de la sociedad y no de los partidos políticos. Los “cuerpos intermedios” son asociaciones, grupos o instituciones voluntarias situadas entre el individuo y el Estado: sindicatos, patronales, gremios, colegios profesionales, milicia, Iglesia, clubes deportivos, universidades, asociaciones culturales, fundaciones, etc. Funcionan con autonomía para satisfacer necesidades colectivas, defender intereses comunes y fomentar la participación ciudadana. En un Estado Tradicional el principio de la subsidiaridad es esencial: El Estado debe respetar su espacio y actuar solo cuando ellos no puedan cumplir sus funciones.

8. ¿HAY LUGAR PARA LOS PARTIDOS POLÍTICOS EN UN ESTADO TRADICIONAL?

Sí, pero limitada y reducida a sus dimensiones reales. Los partidos políticos no pueden dominar toda la vida de la nación y monopolizar la representatividad como ocurre en las democracias liberales. Y mucho menos desde el momento en que sus perfiles se han homogeneizado y han pasado a ser, de grupos que defienden ideologías concretas, a grupos de intereses individuales, más o menos corruptos. El hecho de que no existe otra forma de participación política que no sea a través de los partidos (cuya militancia hoy está reducida al mínimo, sin apenas perfil ideológico y, en algunos casos, tienen tantos afiliados como cargos públicos) hace que nuestras democracias, merezcan mucho más el calificativo de “partidocracias”.

9. ¿EXISTE DIVISIÓN DE PODERES EN UN ESTADO TRADICIONAL?

Sí, a condición de que estos poderes estén unidos en la cúspide o, de lo contrario, cada poder constituye un vector que puede ir en dirección contraria al resto y, por tanto, la resultante final puede ser la inmovilidad en el mejor de los casos o bien el caos, en el peor. Incluso en los momentos de mayor absolutismo, existían los famosos “pesos y contrapesos” a cada uno de los poderes. Los “fueros” garantizaban las liberades regionales y corporativas. Pero, sobre todo, existe un “centro de imputación”: el Rey tradicional, el que asume todas las responsabilidades, tanto de éxitos como de fracasos, y mecanismos de sustitución en caso de incapacidad manifiesta.

LA MONARQUÍA, AQUÍ Y AHORA

10. LA ACTUAL MONARQUÍA ESPAÑOLA ES EL RESULTADO DE LOS PACTOS DE LA TRANSICIÓN

En 1975, ni la “oposición democrática” tenía fuerza social suficiente para instaurar, como quería, una república, ni las fuerzas procedentes del franquismo tenían posibilidades de mantener el régimen tal como Franco lo había concebido. Así que se optó por los “consensos” para evitar un período de mayor inestabilidad a la que se produjo entre 1976 y el 23-F de 1981. El acuerdo principal consistió en satisfacer a los herederos del franquismo con la declaración de España como “reino” y la coronación de Juan Carlos I como “rey constitucional”, pero ¡sin ningún tipo de atributos de gobierno, noi de capacidad de decisión, subordinado siempre a las orientaciones del partido que hubiera ganado las elecciones!

11. LA ACTUAL MONARQUIA ESPAÑOLA CARECE DE TODO PODER

Y así quedó sellado en el texto constitucional: restando a la autoridad real cualquier forma de poder efectivo, incluso de reforma o rectificación de las decisiones del gobierno de turno. A pesar de que el Rey tuviera, por ejemplo, el “mando de las fuerzas armadas”, este “mando” se subordinaba al… ministerio de defensa y a sus orientaciones; incluso para viajar o desplazarse en su función meramente representativa, debía de contar con la autorización del gobierno, que, incluso, podía sugerir que dicho viaje se retrasase o adelantase, o se anulase e imponer cualquier condición. Mientras se prolongó la monarquía de Juan Carlos I, no hubo problemas porque el monarca había interiorizado que con “parar” el 23-F ya había cumplido. Pero cuando su sucesor, Felipe VI, demostró más proximidad a la población y quiso estar presente en la Dana valenciana en octubre de 2024, se le obligó a esperar a que el presidente Sánchez accediera y solo si este le acompañaba.

12. LA MONARQUÍA ESPAÑOLA ESTÁ SUBORDINADA A LA PARTIDOCRACIA

El gran drama de la monarquía española en estos momentos es que, formalmente nuestro país es una monarquía, pero se parece mucho más a una república acéfala. Es decir, algo descabezado en el que toda la vida pública, toda decisión política está sometida a los “representantes del pueblo español”, esto es lo diputados surgidos de las listas electorales cerradas y bloqueadas, que monopolizan la representatividad institucional. Y es bueno recordar que, hoy, partidos y sindicatos son, por este orden, las instituciones que cuentan con menos apoyo popular. Afinando lo ya dicho, podemos establecer que España no es hoy una monarquía, sino una “república partidocrática” en la que la “división de poderes” es una mera entelequia.

13. EL GRAN ERROR DE FELIPE VI ESTÁ SIENDO OLVIDAR SU FUNCIÓN

La Casa Real, se ha ido adaptando a esta situación. A juan Carlos I no le costó mucho y, a partir del 23.F, prácticamente se desinteresó por las pocas atribuciones que le había dotado la constitución (incluso un plotter firmaba los decretos-ley aprobados por el felipismo durante los períodos en los que estuvo fuera de España), pero el problema vino con Felipe VI, consciente de que la monarquía estaba sufriendo un creciente deterioro a raíz de los errores de su padre. Pero durante el último año y medio, han aparecido nuevos errores de comunicación y de actitud en el entorno de la Casa Real. En efecto, la función de un Rey es velar por su pueblo. Y nunca como hoy, los intereses del pueblo español están al margen de los partidos políticos. Sin embargo, Felipe VI parece hoy más interesado en defender a los partidos (y, en concreto, a la infame gestión del sanchismo) que a la población. Y ese no es, ni siquiera, su mandato constitucional.

14. SOBRE FELIPE VI PESA LA AMENAZA DEL REPUBLICANISMO SOCIALISTA

Claro está que esta actitud tiene una explicación. El Rey es perfectamente consciente de que, el sanchismo, como última esperanza, reavivará la polémica monarquía-república intentando atraerse el voto de gentes que no acaban de entender los principios doctrinales de la monarquía. Incluso gentes de derecha se declaran hoy “republicanos”. Por otra parte, la existencia de un presidente del gobierno, progresivamente más enloquecido, sin principios, ni moral, al frente de un gobierno de haraganes y salteadores de caminos, es capaz de cuestionar cualquier cosa con tal de mantenerse en el poder unas semanas más. Pocos observadores políticos dudan de que la “última carta” del sanchismo será cuestionar la monarquía. Y esto causa miedo cerval en la Casa Real. De ahí la “neutralidad” de Felipe VI ante los destrozos socialistas y las continuas faltas de respeto (o de “protocolo”) de las que hacen gala los sanchistas.

UNA CONCLUSIÓN RÁPIDA

15. NECESIDAD DE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

La constitución de 1978 está siendo “una más” de las muchas que ha tenido España. Refleja el espíritu de la transición, los miedos y las limitaciones de los distintos grupos que en aquel momento eran hegemónicos en España. Pero han pasado ya 47 años desde entonces y España es completamente diferente; ni siquiera los grupos mediáticos que estuvieron presentes impulsando la transición son los mismos: PRISA está en desguace, el Grupo Z ya no existe, como tampoco el Grupo 16. La estructura económica de España ha variado todavía más. La situación internacional es completamente diferente: España está en la OTAN y en la UE, pero la política de la administración Trump ha hecho embarrancar a la primera y la mala gestión ha generado un movimiento euroescéptico extendido a toda Europa que hace prever un futuro negro para la institución. Europa, tras perder la hegemonía militar, luego la hegemonía científica, y más tarde la hegemonía económica, ahora está también en trance de perder la cultural convirtiéndose en un sumidero étnico con una guerra civil racial, religiosa y social, al final del camino. La constitución española “sirvió” para una época, pero ya no sirve, como la Restauración que se prolongó entre 1874 y 1931, 56 años, y hoy se reconoce como un período útil en su momento, pero catastrófico en el conjunto de nuestra historia. Ésta no va a ser mucho más generosa con la constitución de 1978.

¿Una nueva constitución debería ser monárquica o republicana? Si nos atenemos a las constantes de nuestra historia debería ser monárquica y católica.

¿El Rey debería tener más atributos? En primer lugar, debería ser el “rey del pueblo español”, nunca más el “rey de los partidos políticos”.

- Debería poder recordar sus errores, pedirles cuentas y, sobre todo, disolver el parlamento por iniciativa propia y convocar nuevas elecciones. Y, por supuesto, dentro de un parlamento en el que no estuvieran presentes sólo partidos políticos, sino en el que la mayoría de sus miembros procediera de la “sociedad civil” y de los “cuerpos intermedios”.

- Debería, por supuesto, tener la posibilidad de destituir a jefes de gobierno y a ministros que no estuvieran a la altura de sus responsabilidades, con su incapacidad manifiesta, por su estado mental o por los casos de corrupción y mala gestión.

- Y, por supuesto, el Rey debería tener el mando efectivo de las Fuerzas Armadas, con el asesoramiento del Estado Mayor.

- Al igual que en la monarquía inglesa, el jefe de gobierno debería acudir periódicamente al palacio real para informar de la situación del país y de las tareas de gobierno.

 Su lema debería ser: “Me debo a mi pueblo, no a los partidos”