viernes, 15 de octubre de 2010

Por una definición adecuada del "área": ¿"patriotismo", "social-patriotismo", "identitarismo"...?

info-Krisis.- Existen problemas de definición en nuestra área política. No somos capaces siquiera de definirla. Hemos utilizado distintas palabras, conceptos, incluso eufemismos para definir nuestra área, pero, con escasa fortuna. Algunos incluso han renunciado a las definiciones, sobre la base de que contra más se definen las fronteras de un fenómeno, menos espectro de militancia se abarca. Y, sin embargo, en nuestra opinión es rigurosamente necesario saber quiénes somos.

En primer lugar es preciso establecer un concepto: el de "área". Un "área" es un espacio en propiedad, diferenciado de otros espacios. Así pues, lo que se trata es de definir un "área", sus fronteras y sus rasgos diferenciales en relación a otras zonas.

1. Definiciones incompletas

Se suele decir: "nuestra área es el área patriótica". Esta definición no es ni correcta ni completa. Fundamentalmente, por dos motivos:

- existen "patriotas" en otras áreas políticas. No podemos aspirar a representar la única forma de patriotismo. Una actitud así ni es creíble ni asumible para la sociedad española. Hay patriotas en todas las formaciones políticas… a pesar de que esas formaciones políticas no sean específicamente "patrióticas".

- para definir nuestra área como "patriótica", sería necesario antes definir exactamente lo que quiere decir y lo que implica el "patriotismo" hoy y realizar distinciones que no están suficientemente claros para la mayoría entre "patriotismo" y "nacionalismo". El "patriotismo" en el siglo XXI no puede ser de la misma naturaleza que en el siglo XX cuando fue definido por la Generación del 98. El problema es que el patriotismo español no ha sido redefinido en una situación que no se parece en nada a la de 1898 y a los primeros años del siglo XX.

Así pues, no procede llamar a nuestra área, simplemente "patriótica" por las evidentes ambigüedades y limitaciones del concepto y por su inactualidad. Para poder hacerlo sería preciso abordar la tarea titánica de redefinir el patriotismo español y lo que implica.

2. Definiciones inconvenientes

Cuando a una ambigüedad se une otra, ocurre que la sinergia negativa entre las definiciones contribuye a generar indiferencia, ironías u hostilidad en relación al "área".

Por ejemplo, cuando definimos el "área" como "social-patriótica", lo que estamos haciendo es sumar dos limitaciones: porque si el concepto patriótico, merece ser revisado y actualizado, el concepto "social" no es menos ambiguo y puede querer decir cualquier cosa y su contraria. Y no digamos si, en un intento de afinar un poco más la definición, incorporamos a "social", el sufijo "ista"… "socialista". Entonces si que ya estamos perdidos en un mar de confusiones con opciones políticas ya existentes y con gran peso en la sociedad española. La pretensión de defender un "verdadero socialismo" y de que éste mensaje sea reconocido como tal, implicaría que el "falso socialismo" es inexistentes o reducido a la mínima expresión y se puede competir con él. Y no es así. El PSOE se sigue llamando "partido socialista", no "socialdemócrata", ni "laborista", sino "socialista" y así es percibido por toda la sociedad española que no habla nunca de ZP como "socialdemócrata", o nada por el estilo… sino como "secretario general socialista".

Así mismo, hay otra definición que puede considerarse inconveniente, al menos desde el punto de vista intelectual: la de "nacionalista". Es cierto que, especialmente en Francia, se utilizan los términos "nationaux" y los "nationalistes" (respectivamente "nacionales" y "nacionalistas", moderados los primeros y radicales los segundos) para definir dos "subáreas" de un único espacio político y que en otros países estos términos se utilizan con cierta frecuencia. Pero esto no puede hacer olvidar algunas cosas.

En la tradición antiliberal, el nacionalismo es hijo de la Revolución Francesa y del jacobinismo que  emergió con ella. No es un concepto inocuo sino que va unido a una economía liberal, a la hegemonía de la burguesía, a la uniformización de la nación que resta valor a los hechos regionales (y, por tanto, genera una reacción en este frente), y a la ruina de las monarquías tradicionales anteriores. En este sentido, es significativo que el Front National utilice en sus actos las banderas regionales de Francia como tributo a la tradición anti-revolucionaria de la "derecha" francesa. Sin embargo, aquí en España, sigue costando que se utilicen en actos de nuestra área política banderas regionales. Por otra parte sería inconcebible que se utilizaran las banderas de Extremadura, Andalucía o el País Vasco como si se tratara de "banderas regionales"… simplemente porque no lo son. La ikurriña es la bandera del PNV que no tiene gran cosa que ver con los escudos de los señoríos de Vizcaya, de Álava o de Guipúzcoa.

A esto hay que añadir el hecho de que en estos momentos en España, cuando la voz popular alude a "los nacionalistas", se esté refiriendo exactamente a los partidos nacionalistas periféricos. Una vez más, estamos inmersos en el reino de la confusión. A la inadecuación del "concepto" nacionalismo, se una la confusión con otras opciones políticas.

3. Definiciones confusas

Cualquier definición incompleta es inevitablemente confusa. Pero cualquier definición excesivamente compleja y de la que alguna parte ha quedado desfasada, no es menos confusa.

En los años 30, Ramiro Ledesma definió lo esencial del "nacional-sindicalismo", en un momento en el que la CNT, es decir, el "anarco-sindicalismo", era la fuerza social hegemónica en buena parte del país. Ramiro Ledesma intentó "nacionalizar a las masas" de la CNT. Esta estrategia -que en realidad nunca llegó a buen puerto- condicionó y determinó el nombre de la ideología que Ledesma y Primo de Rivera, dieron a sus formaciones políticas. En los años 30, todo esto podía tener cierta lógica, pero no en la primera década del siglo XXI, cuando la CNT es un residuo y el sindicalismo un fenómeno, en sí mismo, esclerotizado e inadaptado  la realidad actual del país.

Así mismo, en la perspectiva de los años 30, cuando media Europa registraba la presencia de Estados fascistas o semi-fascistas y la democracia liberal era cuestionada tanto por la derecha como por la izquierda, era posible aludir a otro modelo de Estado que no fuera el liberal-democrático y es por ello por lo que, los teóricos del Nacional-sindicalismo de la época, se preocuparon por definir con detalle los rasgos del "Estado Sindical". Pero lo que tenía lógica en los años 30, dejó de tenerla a partir de 1945. Lo que no fue óbice para que el único avance relativo de la teorización falangista de postguerra (y hasta 1976, cuando se detiene por completo) sea entorno al "Estado Sindical", a sus estructuras y a su política.

El contraste ente las precisiones de la definición y su inadecuación a la realidad histórica, han convertido a la definición "nacional-sindicalista" en confusa.

4. Definiciones difusas

Algunos aspiran a definir el área como "católica", o "inspirada en los valores católicos". Caemos en esta ocasión en otro problema: ¿cuáles son esos valores católicos? ¿dónde empiezan los valores católicos y dónde lo hace el dogma religioso?

Una definición de este tipo era válida hasta la transición cuando el número de fieles que acudían a las iglesias y el número de seminaristas, empezó a reducirse sin interrupción hasta nuestros días. Lo que no era real en la España de los años 30, lo es hoy: "España ha dejado de ser un país católico"… o al menos de mayoría católica.

A esto se unen las diferentes concepciones del catolicismo con sensibilidades muy distintas que oscilan entre la izquierda progresista y la extrema-derecha ultramontana, existiendo entre medio un número abultado de opciones.

La Iglesia ha rechazado definir opciones políticas desde hace décadas. Incluso hoy, la Democracia Cristiana (inexistente en España), se encuentra en franca pérdida de vigor, y no es otra cosa más que una opción de "centro", sin mayor nivel de definición.

Así pues, cuando se recurre a la definición "católica", puede ocurrir que se "queda corta" o que "se pase". Se "queda corta" cuando es una forma atenuada de democracia cristiana y "se pasa" cuando recurre al dogma religioso para contribuir a definir su programa político. Si el primer caso es el de la democracia cristiana, el segundo fue el de Fuerza Nueva y, todavía, el de AES.

5. La definición identitaria como concepto a retener

Creemos que es indiscutible considerar a la inmigración como el problema más grave que afronta nuestro país en este momento. Es, a partir de este problema, que debe articularse una respuesta a dos niveles: doctrinal y político.

-    Desde el punto de vista político se trata, simplemente, de crear una plataforma cívica lo suficientemente amplia y efectiva como para responder al problema.

-    Desde el punto de vista doctrinal se trata de elaborar unos principios coherentes que respondan al gran problema de nuestro tiempo. Y ese problema es identitario, no es de otra naturaleza. Defendemos un modelo identitario que vemos amenazado por otros modelos identitarios que pertenecen a otras latitudes. Es así de sencillo.

Desde este segundo punto de vista existen dos vías:

-     la de partir del "patriotismo" para justificar el rechazo a la desfiguración de nuestra identidad. Lo que lleva a tres actitudes: desconfianza hacia Europa, rechazo a los nacionalismos periféricos y búsqueda de las raíces de España en la doctrina del 98.

-     la de partir del fenómeno de la globalización y de su factor más dramático, la inmigración masiva, para definir tres niveles de identidad: la Europea (nueva dimensión "nacional", de carácter metahistórico), la Española (identidad tradicional forjada a lo largo de siglos) y la Regional (dependiendo del lugar de nacimiento). Experimentadas y vividas en distintas dimensiones, una alternativa política, hoy, no puede desconocer ninguno de estos tres niveles identitarios.

La segunda opción, desde el punto de vista político, resulta mucho más eficiente: evita los tópicos de los que se ha alimentado la extrema-derecha española en los últimos cien años. Estos tópicos, en el fondo, han sido neo-jacobinos, importados de la Francia revolucionaria, cuando aquí teníamos una concepción tradicional y foralista muy superior que, de haber persistido, habría sustraído espacio a los nacionalismos periféricos.

Así pues, el concepto a defender es el "identitario", asumiendo la existencia de estos tres niveles de identidad: Europa, la Nación y la Región, no son conceptos aislados entre sí. Nuestras raíces son europeas, nuestra historia nos determina como "españoles", nuestro lugar de nacimiento hace que estemos arraigados en una región concreta. Así pues, estos tres niveles existen, son vividos en mayor o menos medida, pero son, así mismo, necesarios para una reordenación de la Europa del futuro. Y, así mismo, la revisión del patriotismo español no puede prescindir de estos tres elementos.

Así pues, la primera definición que podemos realizar de "nuestra área" es que se trata del "área identitaria". La definición identitaria es la que mejor responde a las exigencias de una definición política realizada desde un punto de vista actualizado.

6. El "patriotismo social" como paradigma estratégico

"Lo identitario" es una definición ideológica que apenas apunta algo sobre la estrategia a elegir: defensa del sistema de identidad de nuestros pueblo, pero dice muy poco de la forma política de cristalizar la opción y del mensaje a transmitir a la población: cuando el concepto de "identidad" se traslada a la política aparece inmediatamente el concepto de "patriotismo". Pero decir "patriotismo" es decir muy poco, porque como hemos dicho "patriotas" hay en todos los sectores del arco político: el patriotismo constitucional del PP, las alusiones frecuentes al patriotismo que realiza el PSOE (esto es, al patriotismo oportunista), luego está un patriotismo exaltado propio de los campos de fútbol, etc. Así pues hay que apurar más la definición.

Cabe añadir a la definición de "patriotismo" cuál el destinatario de ese patriotismo y su sujeto histórico concreto. Ese no puede ser otro más que la "comunidad del pueblo", una sociedad "vertebrada" y organizada en torno a un proyecto común y a un destino. Por eso, en nuestra área política, la palabra "patriotismo" no puede expresarse en solitario: debe estar siempre seguida de la referencia al sujeto histórico: la "comunidad del pueblo". Por eso podemos hablar en rigor de un "patriotismo social". La diferencia entre "comunidad del pueblo" y "sociedad", radica en que mientras la primera tiene conciencia clara de su identidad, de su misión y de su destino, la "sociedad" es un agregado de individuos que carecen de conciencia de formar un sujeto histórico.

El patriotismo es, pues, la expresión de la "identidad", y es asumida por la "comunidad del pueblo". Así pues, el "sujeto" histórico del patriotismo es esa comunidad del pueblo y una justa línea política identitaria no puede sino basarse en la creación de las mejores condiciones de vida para ese pueblo que le permitan asumir y realizar su destino histórico. De ahí la importancia de conceptos como "preferencia nacional" que suponen la traslación práctica del "patriotismo social", siendo el patriotismo la expresión de una identidad y la sociedad su sujeto histórico.

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