jueves, 15 de octubre de 2026

El Islam marroquí a fecha de hoy (1) Un rey abandonado por su dios

Las enfermedades del monarca han reavivado las críticas procedentes de los fundamentalistas islámicos que ven en su racimo de enfermedades es un “castigo divino” y aprovechan para insistir en su rechazo al estilo de vida occidentalizado, tanto de Mohamed VI, como de su heredero Muley Hasan. En otro país, esto no dejaría de ser la opinión de una fracción minoritaria de la sociedad, pero en Marruecos, el sultán es también Amir al–Mu’minin (Príncipe de los Crecientes), la máxima autoridad religiosa. La teoría fundamentalista del “castigo divino”, implica, necesariamente, la pérdida de legitimidad. Además de su presunta “occidentalización”, no faltan argumentos de mayor calado: las alianzas geopolíticas de Mohamed VI con Occidente, los acuerdos diplomáticos con Israel y la proliferación del turismo internacional, la corrupción, el juego y el alcohol, demuestran que el monarca ha “traicionado” sus deberes como guardián de la fe islámica.

El panorama se vuelve mucho más sombrío cuando los fundamentalistas aluden al heredero del trono, Muley Hasán. En su tarea de preparación de la sucesión, y con el fin de atraer a la juventud marroquí hacia la figura del futuro sultán, el Majzén ha destacado sus aficiones al fútbol, su conocimiento de las redes sociales, y su preparación en relaciones internacionales. En otras ocasiones se optado por destacar que es un gran aficionado a la aviación (pero se ignora si ha seguido algún curso de vuelo) y al cine (pero, igualmente, no se ha informado de que tipo de cine tiende a ver, ni cuáles son sus directores favoritos). Se conocen mucho mejor las aficiones de su hermana, Lalla Khadija de la que se sabe que es melómana y toca el piano y la guitarra. Para los fundamentalistas, todo esto supone un riesgo de secularización y disolución de las estructuras propias de la tradición islámica. El reiterado rechazo del besamanos o muestra de vasallaje del que ha hecho gala en actos oficiales, les confirma en esa opinión. A Muley Hasán le gusta todo lo que es “haram” (prohibido, en el islam)…

Obviamente, todos esos gestos y la difusión de sus aficiones, como todo lo que se refiere a la figura del heredero, no se ha filtrado “espontáneamente” a los medios de comunicación, sino que ha sido seleccionado y querido por el Majzén. La voluntad oficial es que la figura del futuro rey parezca como “próxima a la juventud” (dos terceras partes de la población marroquí tienen menos de 35 años). En esa juventud los servicios de inteligencia ven el verdadero peligro y no tanto en el fundamentalismo islámico.

La crisis social que vive Marruecos (y que, en el fondo, es uno de los factores que impulsan a los jóvenes a la emigración) puede desembocar en cualquier momento en un aumento de la influencia del fundamentalismo islámico, algo muy frecuente en el ámbito musulmán: y es que, cuando las cosas van mal, eso indica que Alá castiga al sultán[1] a través de su pueblo. Abandonado por Alá, el que debía ser “defensor de los creyentes”, aparece como alguien que ha traicionado a su dios. Y ahí están los versículos del Corán y de la Sunnah para demostrarlo.

El Corán establece la obligación general de obedecer a las autoridades en la Surah An–Nisa (4:59): “¡Oh, creyentes! Obedeced a Alá, obedeced al Mensajero y a aquellos de vosotros que tengan autoridad”. Pero Mahoma estableció también que esta obediencia no puede ser, en ningún caso, un cheque en blanco si el gobierno viola la ley divina “El musulmán debe escuchar y obedecer [a su gobernante] tanto en lo que le agrada como en lo que le desagrada, a menos que se le ordene cometer un pecado. Si se le ordena un pecado, no hay obligación de escuchar ni de obedecer” (Sahih al–Bukhari 7144). Esto se traduce en la máxima jurídica islámica: “No hay obediencia a ninguna criatura si ello implica desobedecer al Creador”. Si un Estado prohíbe rezar, impone el crimen o él mismo protagoniza crímenes, injusticias y actos condenables por la ley coránica, el fiel tiene la obligación de desobedecer esa orden específica. En esos casos, las escrituras exigen una postura activa de denuncia contra los abusos del poder.

Para Alá, la “valentía política” era una de las mayores virtudes espirituales y no faltan sentencias de eruditos musulmanes que lo reafirmaron posteriormente: “La mejor Yihad (esfuerzo/lucha) es decir una palabra de verdad ante un gobernante tiránico” (Sunan Abi Dawud). El Corán reprueba a las sociedades que callan ante la opresión. En un hadiz narrado por Abu Bakr, el Profeta dice: “Cuando la gente ve a un opresor y no le impiden [hacer el mal], es muy probable que Alá los castigue a todos por igual”. 

Si tal es la doctrina islámica ante un gobierno injusto y ante un gobernante abandonado por Alá, ¿cómo es que no se han producido sublevaciones y disturbios durante el reinado de Mohamed VI? Respuesta: si se han producido y no pocos: el más reciente, el estallido de la llamada “Generación Z” en 2025 bajo la consigna de “Hospitales y escuelas, no estadios” [2]. Las protestas estallaron tras una grave negligencia médica que costó la vida a ocho parturientas[3]. El balance final de los incidentes fue de tres muertos, centenares de heridos y miles de detenidos. La anterior revuelta había tenido lugar en 2016 y se extendió hasta 2017, a raíz de la confiscación arbitraria de la mercancía de un vendedor de pescado que la policía arrojo al camión de la basura. Al intentar recuperar la mercancía, murió triturado[4].

Las protestas que siguieron, protagonizadas por el Hirak (o Movimiento Popular del Rif), se convirtieron en una verdadera revuelta social con reivindicaciones de empleo, educación, sanidad y reivindicaciones regionales. La represión fue brutal y el líder del movimiento, Nasser Zeftafi, resultó condenado a 20 años en prisión de máxima seguridad. En esa misma época, en la ciudad minera de Yerada, se produjo otra sublevación tras la muerte de dos hermanos que cavaban ilegalmente una mina de carbón abandonada para subsistir. La revuelta fue durísimamente reprimida, pero demostró la falta de perspectivas y la pobreza extrema de algunas zonas del país.

Antes aún, cuando estallaron las “primaveras árabes”, Marruecos no se salvó del contagio, generándose manifestaciones masivas que clamaban por el fin de la corrupción, la instauración de libertades democráticas reales y la limitación de los poderes de la monarquía. Mohamed VI introdujo algunas reformas gatopardistas que calmaron momentáneamente a la sociedad[5]. Esta sucesión no exhaustiva de las recientes revueltas sociales explica, por sí misma, porqué el sultán recurre con frecuencia al indulto con intención de rebajar la tensión social y mostrarse “generoso”.

Pero nos equivocaríamos si pensáramos que todas las escuelas islámicas siguen a Mahoma cuando alude al derecho a derrocar gobernantes injustos. La corriente mayoritaria del islam suní tradicional y las facciones salafistas que apoyan a las monarquías del Golfo Pérsico, por el contrario, prohíben cualquier sublevación contra el poder político, y lo hacen utilizando la “lógica absurda”, pero también versículos coránicos y textos sagrados. Estas escuelas sostienen que una guerra civil (fitna) causa más sufrimiento que un mal gobernante. Punto redondo. En uno de estos textos, el Profeta instruye: “Es obligatorio para ti escuchar y obedecer al gobernante en la adversidad y en la prosperidad... incluso si se le da preferencia a otra persona sobre ti de forma injusta”. Item más: a la pregunta de qué hacer si el gobernante no sigue la guía islámica y confisca bienes, el Profeta respondió: “Debes escuchar y obedecer al gobernante, incluso si golpea tu espalda y se apodera de tus riquezas; aun así, escucha y obedece”. Para colmo, esta doctrina conformista y resignada, concluye, con una ortodoxia incuestionable, que, si el gobernante es injusto, el pueblo debe limitarse a rezar por su guía y tener paciencia; el tirano rendirá cuentas directamente ante Dios en el más allá, de acuerdo con la Surah Hud (11:102) sobre el severo castigo divino a los opresores.

Esto explica la pasividad de la mayor parte de musulmanes ante las situaciones de abusos de poder, mala gestión, excesos y situaciones, como la de Marruecos, prácticamente dictatoriales. También aquí es lícito plantearse, si la resignación y espera ante gobiernos corruptos e injustos, no puede cambiar bruscamente y allí donde al gobernante se le permitía cualquier exceso para evitar males mayores, al día siguiente, esos versículos y textos se olvidan y se pasa a recordar los revanchistas, virulentos y vengativos.



[1]. Desde los años en los que Mohamed V ostentaba el poder, Marruecos ha optado por presentar dos caras: una hacia Occidente y otra hacia el Magreb. Algunos de los rasgos de la monarquía marroquí son incomprensibles sin esta consideración. De cara a su propio pueblo y a otros países islámicos, el monarca marroquí sigue siendo “el Sultán”, pero, desde 1957, un año después de la independencia, decidió abandonar formalmente esa denominación para adoptar el título de “Rey” (Malik al–Maghrib) palabra que le pareció más adecuada para transmitir la idea de “modernidad y progreso”, distanciándose de la idea de “absolutismo y feudalismo” que acompañaba en las mentes occidentales a la palabra “sultán”. Pero Mohamed Vi se cuidó de conservar absolutamente todos los atributos que acompañaban al título de “Sultán”, incluido el de “Príncipe de los Creyentes” o máxima autoridad religiosa. El cambio de “sultán” a “rey”, fue solo formal y no implicó absolutamente ninguna otra innovación y así siguió hasta la última reforma constitucional en 2011.

[2]. “La rabia de los jóvenes amenaza la estabilidad del reinado de Mohamed VI”, en El País, 5 de octubre de 2025. Versión on line: https://elpais.com/

[3]. “Las protestas juveniles en Marruecos agudizan la crisis del reinado de Mohamed VI”, Francisco de Andrés, en ABC, 2 de octubre de 2025, https://www.abc.es/

[4]. “Rif, la mayor crisis del reinado de Mohamed VI en Marruecos”, José Colón y Sonia Moreno, en El País, 26 de octubre de 2017, https://www.revista5w.com/

[5]. “Mohamed VI anuncia un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de marzo de 2011, https://elpais.com/