En todo el mundo islámico es muy difícil conocer el verdadero
estado de opinión de las poblaciones y su grado de apoyo al yihadismo.
No existen encuestas oficiales debido a la “carga ideológica” del término e,
incluso, en algunos países (Marruecos, sin ir más lejos) una encuesta de este
tipo chocaría con trabas legales. Sin embargo, cruzando los macroestudios de
institutos de opinión como el Arab Barometer[1]
y el Pew Research Center[2],
es posible establecer una división de la sociedad marroquí en tres grandes
bloques en relación a sus actitudes religiosas.
Junto al yihadismo minoritario y más problemático, se
encuentra un sector mayoritario de la sociedad marroquí, que los dos institutos
antes mencionados evalúan en un 45% de la población, y que constituiría el
sector de islamistas moderados que, en principio, no apoyarían actos de
violencia terrorista, pero sí asumen la necesidad de que el país sea gobernado
por la ley coránica y los códigos tradicionales. En un estudio del Pew
Research Center se llega a afirmar que el 83% del país está de acuerdo en
que la sharia sea la ley oficial, si bien, ese mismo estudio subraya que
el 60% declara que también debe de estar alejado de interpretaciones radicales
o talibánicas.
Finalmente, existiría un último bloque, muy similar en dimensiones
al anterior (que supondría un 50% de la
población) que se consideras musulmanes devotos, pero que rechazan que los
líderes religiosos dicten las decisiones del Gobierno. Esta opinión sería
mayoritaria en entornos urbanos y en la incipiente –pero todavía débil– clase
media marroquí. Se trataría de sectores monárquicos a los que les gustaría que
el poder político y el poder religioso estuvieran separados.
En tercer bloque, aparentemente minoritario, de carácter
fundamentalista, esto es, el sector más rigorista desde el punto de vista
religioso y que se estima entre un 3 y un 7% de la población. Este sería el
sector más extremista, radical e intransigente. Situado, en la práctica, fuera
de la ley, estaría, más o menos, perseguido, penetrado e, incluso, manipulado
por los servicios de inteligencia y seguridad marroquíes. Incluye a las células
salafistas y a los simpatizantes del radicalismo yihadista. Rechaza el
turismo, el más mínimo rasgo de occidentalización del régimen le parece
altamente reprobable, considera “haram” (prohibido por la ley coránica)
espectáculos occidentales, como el fútbol, e incluso abomina de la televisión.
Este sector es el que atribuye las enfermedades de Mohamed VI a un “castigo de
Alá por su impiedad” y que le resta cualquier legitimidad política o religiosa.
Sus bastiones están situados en el norte del país y en los
cinturones de pobreza que rodean a las grandes ciudades. Las zonas con mayor
arraigo o antecedentes de radicalización son, pues, la región del norte
marroquí, históricamente uno de los focos principales de las corrientes
salafistas más conservadoras; los arrabales de Tánger y Tetuan son las zonas en
donde se han registrado en los últimos años más detenciones de yihadistas
y en donde parecen haberse captado más jóvenes para las redes fundamentalistas.
En estas zonas existe un sentimiento de abandono y marginación (no olvidemos
que se trata de zonas y ciudades que formaron parte del Protectorado Español de
Marruecos) con cifras de desempleo masivas y que, además, son las zonas más
próximas a Europa. Es ahí en donde han arraigado doctrinas yihadistas
importadas por sectores wahabitas y han encontrado un caldo de cultivo
favorable.
En otras zonas como los barrios marginales de Casablanca, barrios
de chabolismo como Sidi Moumen han sido focos de difusión de
planteamientos fundamentalistas. De este barrio procedían los jóvenes
radicalizados que cometieron los trágicos atentados de Casablanca en 2003. Fez
y Salé son otros focos donde ha logrado arraigar el fundamentalismo más rigorista.
Fez, a pesar de ser el corazón espiritual del islam tradicional, experimentó en
sus barrios periféricos un crecimiento demográfico espectacular en donde ha
calado hondo el fundamentalismo, mientras que en Salé, barrio de Rabat,
separado del centro por el río Bu Regreg, las bolsas de pobreza y la densidad
demográfica, han facilitado el establecimiento de células salafistas
clandestinas en sus distritos más humildes.
En general, toda la religión del Rif, especialmente en las zonas
montañosas, siempre ha existido un espíritu de revuelta tradicional, al estar
poblada por bereberes (amazigh, literalmente “hombres libres”) cuya presencia
en la región es anterior a la llegada de los árabes. En principio, se trató de
una revuelta política y étnica, pero el abandono de que es objeto la región ha
sido suplido por organizaciones de beneficencia vinculadas a redes
fundamentalistas.
Así pues, las líneas de fractura que facilitan el desarrollo del
fundamentalismo islámico en Marruecos son dos: de un lado, las situaciones de
vulnerabilidad social generadas por el crecimiento demográfico que se dio desde
el momento mismo de la independencia hasta la pandemia (en un contexto en el
que la población crecía a mucha más velocidad que los puestos de trabajo y la
única vía de promoción social era la inmigración), y de otro la permeabilidad
de la etnia bereber a la penetración fundamentalista (al no existir una
“doctrina del nacionalismo amazigh”, ese vacío lo ha suplido el fundamentalismo
islámico asistencial de organizaciones como Justicia y Espiritualidad).
Hemos buscado otras encuestas o estudios sobre la población
marroquí. Lamentablemente, no existen. Y los pocos datos que aparecen de tanto
en tanto en medios de comunicación (y son recordados por las “inteligencias
artificiales” a disposición del investigador) no resultan en absoluto fiables,
pudiendo tratarse de mera intoxicación informativa destinada a presentar a
Marruecos como “un socio fiable” para la Unión Europea[3].
[1]. El Arab Barometer
es una red de investigación apartidista que realiza encuestas de opinión
pública en Oriente Medio y el Norte de África. Fundado en 2006, mide las
opiniones de los ciudadanos sobre política, economía, religión y sociedad,
siendo el mayor repositorio de datos públicos de la región. Es una organización
privada vinculada a las Universidades de Princeton y de Michigan.
[2]. El Pew Research
Center es un think tank con sede en Washington, cuya labor principal
es informar al público sobre las problemáticas, actitudes y tendencias
presentes en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Tiene la regla
estricta de no adoptar posturas políticas ni recomendar legislación. Su
principal sustento financiero proviene de The Pew Charitable Trusts, una
organización benéfica independiente de Filadelfia. Sus objetivos son la
medición de forma continua de las actitudes sociales y políticas de los
ciudadanos, analizar cambios poblacionales, corrientes migratorias, dinámicas
familiares y evaluar la percepción internacional sobre economía, tecnología y
religión.
[3]. En otros, un estudio
del Arababarometer (https://www.arabbarometer.org) sostiene que el
porcentaje de marroquíes que cree que las autoridades religiosas deben influir
en el Gobierno civil “ha caído drásticamente en las últimas dos décadas,
situándose en torno al 21%”, cifra imposible de encajar con otras dadas por la
misma institución y que hemos traído a colación en anteriores párrafos.
[5]. “Mohamed VI anuncia
un recorte de sus poderes en respuesta a las protestas”, El País, 10 de
marzo de 2011, https://elpais.com/











