martes, 6 de octubre de 2026

Lo que está en juego: FRENTE NACIONAL O "MAYORÍA DE PROGRESO"

Finalmente, Sánchez se ha decidido a convocar elecciones en mes y medio. Van a ser 54 días seguidos en los que experimentaremos, cada día, náuseas, asco y repugnancia por el último arsenal de mentiras, tretas de mal pagador, ingeniería electoral, falseamiento de datos, encuestas precocinadas y olvidos generalizados. Y todo ¿para qué? Para un resultado en el que, lo esencial, no es la victoria del centro-derecha (que se da por supuesta), sino si Sánchez sobrevivirá a su propia debacle. Porque, en realidad, lo que está en juego es si la sigla maldita -el PSOE- queda por encima de los 100 diputados.

¿Por qué se convocan ahora elecciones?

Sánchez ha hecho sus cálculos. Las razones de esta opción son muchas, pero destacaremos, sobre todo, cinco:

1) Ahora, sus posibilidades de victoria son nulas, pero a principios de año, su fracaso sería aún más estrepitoso. 2027 no va a ser un “buen año” para la “sigla maldita”: es seguro que uno o varios juzgados terminarán procesando al PSOE por financiación ilegal e, incluso, en el peor de los casos, por organización criminal. Viviremos un goteo de informes de la UCO, de causas judiciales -entre otras contra la propia esposa del presidente- que generarán vergüenza y bochorno entre los tertulianos más afines al PSOE y entre los apoyos con los que ha contado desde 2023.

2) Pero, lo peor no será el calvario judicial que le espera a los bonzos del sanchismo: lo peor serán las cacareadas “cifras macroeconómicas”. A finales de 2026 conoceremos las cifras de la inflación y del paro, del PIB y de la deuda. Inevitablemente habrán subido hasta más allá de lo esperado: estará demasiado claro que España, no solamente no va como un cohete, sino más bien cae como un avión en picado. Y ya no podrán echar la culpa ni al franquismo, ni a la extrema-derecha, ni a los “tecnoligarcas”, ni a la internacional reaccionaria. Nueve años de gobierno para caer en la más absoluta miseria. Obviamente, la “coyuntura internacional”, no ha jugado a favor del gobierno, pero si era competencia del mismo, prevenir daños, rebajar impuestos, evitar que la inflación se disparase, o que todas y cada una de las medidas adoptadas terminaran siendo contraproducentes para los fenómenos que iban apareciendo en el horizonte.

3) Sin izquierda a la izquierda del PSOE. De pronto, irrumpe el “caso Maricarmen” y la vivienda se pone en primera fila de los problemas contemplados por la población. Sánchez cree que puede aprovechar el tirón, con dos decretos que, lejos de solucionar el problema, lo hubieran agravado aún más. Hay soluciones para el problema, pero distan mucho de las buscadas por el “sindicato de inquilinas” y por los bienpagados asesores del sanchismo. En la votación parlamentaria resulta que la “mayoría de progreso”, no es tal. Junts se descuelga y el PNV duda. Incluso electores jubilados que han trabajado toda su vida para tener algún ingreso complementario tras la jubilación, y que componen lo que puede llamarse “voto cerril” del PSOE, votarán cualquier otra opción, antes que sacrificar sus ingresos, ver aumentados sus impuestos y sus riesgos manteniendo sus pisos en alquiler: pero, para Sánchez, no hay problema, la pérdida inevitable de estos votos, será compensada con la llegada de votos de la extrema-izquierda… lo comido por lo servido. En efecto, nunca como hoy, a la “izquierda del PSOE”, lo que hay es un batiburrillo de grupos regionales o de sectas con los distintos colores del arco iris, incapaz de entenderse entre sí, cada uno obsesionado por su parcelita a poder, o bien con su temática específica. Imposible articularlos, imposible coordinarlos, imposible hacer olvidar la década y media de rencillas, traiciones interiores, cambios de parejas, maniobras rastreras, roces y enfrentamientos personales. Y lo que es peor, los aspirantes a liderar este puzzle, obedecen todos a las mismas constantes: haraganes habituados a vivir en los últimos 15 años del erario público, sin ganas de volver a trabajar y sin tener donde caerse muertos: los Rufián, las Colau. Uno lleva meses postulándose como candidato de una “izquierda unitaria para frenar al fascismo”, la otra, asustada por percibir que un gobierno de derecha, reduciría hasta la inanición, los fondos destinados a sus ONGs. Y no quiere volverá ser extra mal pagada. El horror al vacío. Las Montero, las Yolandas, son más de lo mismo. Sánchez conoce que, si el PSOE es un nido de corruptos, a la izquierda solamente existe hambre de sueldos públicos. Lo sabe también el electorado que creyó una vez en Podemos y que ahora mira al PSOE como “única realidad” de la izquierda estatal. Los votos tradicionales perdidos por el PSOE, se compensarán con votos llegados de la izquierda radical, huérfanos de organizaciones creíbles. Así se evitará que el descalabro del 29-N sea mayúsculo y se minimizarán daños.

4) Imposibilidad de seguir arrastrando una legislatura imposible otro año más. La “mayoría de progreso”, nunca existió. En realidad, fue una “mayoría de supervivencia a costa de Sánchez”: nadie de los que apoyaron a Sánchez en 2023, lo hizo generosamente o creyendo en lo que estaba haciendo, ni siquiera los que se sentaron en su consejo de ministros con carné de Sumar. Todos ellos habían perdido las elecciones que Sánchez transformó en “mayoría de progreso”. Junts le apoyó para lograr el indulto de los condenados por el 1-O; Bildu para que fuera sacando a los matarifes de ETA que quedaban en las prisiones; ERC para evidenciar que el independentismo catalán seguía teniendo peso en el Estado Español y bajo promesa de borrón y cuenta nueva en el caso 1-O; el PNV hizo cálculos y concluyó que podía sacar más beneficios de un pacto con la izquierda debilitada que con la derecha españolista; Coalición Canaria, jugó a las dos caras, votando a favor de la investidura de Sánchez y en contra de sus propuestas posteriores; el BNG porque, a fin de cuentas, llevaba años oponiéndose infructuosamente al PP en su región, Podemos, cada vez peor dirigido, empequeñecido y desnortado, nunca pareció darse cuenta de  la realidad social; y, en cuanto a Sumar, quedó comprometida con el gobierno de la corrupción, la ineficacia y la mentira, por siempre jamás, acabada la legislatura, se acabó Sumar… Nunca existió una “mayoría de progreso”, fue el gran invento del sanchismo, colocando un denominador común a una serie de fracasados o a un catálogo de mediocridades que luchaban por generosos sueldos públicos. No puede extrañar que, globalmente, todos estos grupos fueran mermando a medida que se agotaba el tiempo del sanchismo. Cada día los problemas se iban acumulando: imposibilidad de aprobar una sola ley de presupuestos, imposibilidad de hacer avanzar ningún proyecto que satisficiera a todas las componentes de la “mayoría de progreso”, fracasos económicos, promesas incumplidas, líos judiciales, era imposible que todo esto pudiera mantenerse durante mucho tiempo. Finalmente, lo que debería de haber ocurrido a finales de 2023, la convocatoria de nuevas elecciones, ha ocurrido tres años después. Acaso tres años decisivos en nuestro futuro y perdidos por obra y gracia de un ególatra corrupto.

5) Marruecos afrontará en los próximos meses una sucesión a la corona en un clima de revuelta social y, por tanto, como suele hacer, intentará trasladar sus tensiones interiores a un plan chovinista de tensión con España. Si durante el sanchismo se ha producido una segunda invasión de Ceuta, el clima, cada vez más enrarecido de la política interior marroquí, inducirá al Majzén, a acentuar la presión, aprovechando el final de la legislatura española. Sánchez ya no se ve en condiciones de seguir soportando las presiones, el chantaje marroquí y el desgaste creciente que sufre su gobierno por su política de “renuncia preventiva” de los derechos y la soberanía nacional.

¿Qué es lo que no debemos olvidar a la hora de votar?

Es importante, no perder de vista el rostro del responsable del caos en el que nos encontramos hoy: Pedro Sánchez. Pero también es importante recordar que Sánchez se ha apoyado en la “sigla mandita”, el PSOE, para realizar sus ambiciones, acaso porque en lo que quedaba de “PSOE” desde el fracaso del zapaterismo, era muy fácil hacerse con el poder, pretextando cualquier eslogan “progresista”, a la vista del vacío dejado por todos aquellos que tenían algún tipo de preparación intelectual y de capacidad de gestión, y era una cáscara vacía, poblada solamente por alimañas rapaces, ambiciosos y oportunistas sin escrúpulos, desaprensivos en tránsito por una sigla que les ofreciera un sueldo a la sombra del dinero público... Los Koldo, los Abalos, las Begoñas, las fontaneras de pacotilla y demás, no son una excepción en el PSOE: son lo que ha quedado después del fracaso del zapaterismo. Así pues, no debemos olvidar que lo importante no es librarse del sanchismo ¡sino liberarse de una vez por todas de la “sigla maldita”! Y esto es, en realidad, lo que se dirime en las próximas elecciones: si el PSOE queda por encima de los 100 diputados, sobrevivirá y seguirá distorsionando la vida pública en España. Y lo importante es -y debemos decirlo en voz bien alta- que esa opción desaparezca por completo.

Y luego está el “problema Maricarmen”. Sánchez compitió consigo mismo, ofreciendo en la anterior campaña electoral la construcción de cientos de miles de viviendas. Y solamente, a partir de finales de septiembre se da cuenta de que la vivienda se ha convertido en un problema… El problema ha sido la inacción en la construcción de viviendas, las decisiones demagógicas que han agravado el problema y que han tenido como consecuencia el aumento desmesurado del precio de la vivienda de compra y de alquiler, agravado porque 1 de cada 4 euros en la compra de un piso son impuestos… A esto se ha unido la rigidez legislativa: es evidente que en España hay miles de locales comerciales vacíos que nunca volverán a ser alquilados ni vendidos como comercios; hubiera bastado un simple cambio legislativo para que, reformados por sus propietarios, pudieran habilitarse como viviendas. Pero ese cambio no se ha producido.

Por otra parte, España ha crecido 10.000.000 de habitantes desde 2000. Gracias SOLAMENTE a la inmigración masiva. Solamente en los últimos cuatro años han entrado en España entre 1.500.000 y 2.000.000 de inmigrantes más y, para ellos, se ha operado la segunda regularización masiva. ¿Cómo es que quien impulsó esta regularización, no pensó en que toda esta masa necesitaría vivir bajo algún techo? ¿Cómo es que no pensó en facilitar su repatriación en lugar de estimular el “efecto llamada” más y más, que sigue vivo y activo desde la primera regularización masiva del zapaterismo en 2005?

Los efectos eran previsibles desde el principio: aumento del precio de la vivienda de venta y alquiler, aumento de las okupaciones con benevolencia del gobierno, retracción del parque de alquiler… tan evidente como eso. Todo la “crisis de la vivienda” es responsabilidad única de Pedro Sánchez y de su “mayoría de progreso”, de las iniciativas absurdas de la “sigla maldita” y de su socio de gobierno, primero Podemos y luego Sumar. Nueve años para resolverlo y ahora, la izquierda moviliza a la calle y a los sindicatos para “resolver el problema”.

Esto es lo que no debemos olvidar a la hora del voto por mucho que, desde el momento de convocatoria electoral hasta el día de la votación, escuchemos una y otra vez soluciones magistrales esgrimidas por el mismo mentecato que, lejos de resolverlo en sus nueve años de gobierno, los ha ido agravando más y más y mucho más.

Finalmente, está Ceuta. Lo terrible de la situación en Ceuta es que los sucesos que han ido ocurriendo desde el 30 de julio de 2026, han hecho que el drama de aquella ciudad española, haya pasado a segundo plano. Y, sin embargo, allí hay un problema no resuelto, gravísimo, y no tanto de convivencia, como de traición a la soberanía nacional que la Audiencia Nacional está examinando y juzgando.

En Ceuta se dan tres problemas en un solo drama:

1) el del “efecto llamada”, generado por las regularizaciones masivas,

2) las alteraciones a la convivencia que genera la inmigración masiva y, finalmente,

3) las sospechas de TRAICIÓN del gobierno y de todos sus ministros, a la nación española. Se conocía la invasión antes de producirse y no se hizo nada.

Esta es la realidad, la única realidad que el elector debe tener en cuenta a la hora de votar y que ha levantado tantos memes que, en el fondo, se hacen eco de una triste realidad: Sánchez y su gobierno han hecho más por el rey de Marruecos que por el pueblo de Ceuta.

¿Qué nos espera en los meses siguientes a la convocatoria?

Nos equivocaríamos sin pensáramos que el cambio de gobierno se va a realizar en un clima de convivencia pacífica. De hecho, el anuncio de una “huelga general” convocada por los sindicatos UGT y CCOO, no va a contribuir en nada a la normalización. Ambos sindicatos, amamantados desde siempre por Moncloa, han tenido nueve años para esa huelga y solamente ahora se movilizan… no se sabe en beneficio de quién, ni siquiera para qué.

Sánchez dejará el poder en un estado tal que al nuevo gobierno le resultará imposible afrontar todos los problemas en los primeros meses de gestión. A fin de cuentas, era lo que Sánchez había construido durante años: una política de “tierra quemada”, con medidas suicidas destinadas a que su sucesor se viera impotente y, en apenas dos años, con las “reagrupaciones familiares” del millón cien mil inmigrantes, las “ley de nietos” y el aumento del descontento social, pudiera volver como “redentor”.

Porque el gran problema, no es que Sánchez pierda las elecciones, sino que opte por regresar a la política activa en dos años, si es que las instancias judiciales no lo han procesado y juzgado. Y, a la vista de las “opciones” que le quedan al PSOE para sustituirlo, esta posibilidad no es tan remota como pudiera parecer. A fin de cuentas, Sánchez ya ha tomado el pelo a su propio partido en varias ocasiones y, seguramente, volvería a intentarlo a poco que se le dé esta posibilidad.

Lo que el gobierno de derechas va a heredar del sanchismo, no es un regalo envenado, sino una situación catastrófica de más difícil solución que la que recibió Rajoy tras el fin del zapaterismo. Si en aquel momento, la única cuestión importante era como evitar que el Estado Español fuera intervenido por la Unión Europea, hoy el problema es mucho más grave: la situación económica no ha mejorado, pérdida de poder adquisitivo de los salarios, inflación, deuda pública y presión fiscal en el límite, sin contar los empleos que se perderán en los próximos años a causa de la automatización de las tareas aportada por la IA y por las nuevas tecnologías.

Feijóo cometería un gran error, si mantuviera en todos los puestos clave de la administración a personajes que han sido perros fieles del sanchismo, empezando por el Banco de España, el Ministerio del Interior, el CIS, RTVE o la Hacienda Pública. Será necesario “levantar las alfombras” en todos los organismos ministeriales y, sobre todo, ser claro de cara a los propios: el desvío de un euro, cualquier caso de nepotismo, malversación o cohecho, se castigarán con una dureza que hasta ahora no se ha ejercido en España desde la transición.

Será necesario atar bien el acuerdo de gobierno PP-Vox, especialmente en materia de inmigración y “preferencia nacional”. Pero, sobre todo, será necesario reformar el mercado laboral, eliminar la costumbre de “dar algo a cambio de nada” (el Ingreso Mínimo Vital y la Renta Mínima de Inserción) deben mantenerse a cambio de realizar cursos de formación profesional o bien “trabajos sociales”. De los más de 3.000.000 que reciben estas ayudas, casi el 35% son inmigrantes; a estos se les debe dar un ultimátum: o se integran de manera fehaciente en el “mercado laboral” o deben regresar a su país.

No albergamos la menor duda de que cualquier medida que adopte un gobierno de derechas, será utilizada como excusa para “agitar la calle”. Ganará la derecha, eso está claro… pero lo que no está tan claro es si un gobierno de derechas podrá gobernar contra la presión callejera de “sindicatos de inquilinas”, de ONGs en riego de perder subsidios, 3.000.000 de perceptores de ayudas sociales que quieran seguir recibiéndolas a cambio de nada, unos sindicatos para los que los “derechos de los trabajadores” han pasado muy a segundo plano, y, para colmo, con miles y miles de desahucios pendientes.

La que se le viene encima al gobierno que suceda a Sánchez no va a tener paralelismos con nada que haya sucedido en la “democracia española”, pero sí va a ser una reproducción de la situación que se produjo durante la Segunda República, en 1934, cuando la izquierda fue desalojada del poder por una victoria de la derecha y del centro radical. Alcalá Zamora evitó encargar la formación del gobierno al partido ampliamente vencedor, optando por regalar el cargo al Partido Radical de Lerroux. Cuando, unos meses después, la CEDA exigió cuatro ministerios para seguir apoyando al gobierno, el PSOE y el independentismo excitaron los ánimos con la excusa de que “el fascismo” se había hecho con el poder e intentaron su golpe de Estado que llevó a mes y medio de guerra civil en Asturias y al primer ridículo histórico (sólo superado por Puigdemont el 1-O) del independentismo catalán. No albergamos la menor duda, de que, tras las elecciones de noviembre de 2026, el mismo esquema será reactualizado por los mismos protagonistas y con las mismas excusas.

¿Un “Frente Nacional” contra una “mayoría de progreso”?

España hoy está tan polarizada como lo estaba en 1934. Y los riesgos son mayores habida cuenta de la presencia de un 25% de inmigrantes, legales, ilegales, naturalizados o no, que no se sabe cómo reaccionarán ante una situación de tensión, de los que una minoría significativa y activa, están habituados a vivir de la delincuencia y el trapicheo.

Lo “normal” sería que las dos formaciones de la derecha empezaran a pensar en el pos-sanchismo y en los escenarios, más o menos previsibles. Lo primero de todo es reconocer que, entre Vox y PP, las distancias son más cortas que la que podría existir entre un PSOE “liberado del sanchismo” y el PP. Porque, lo que ha quedado descartado, especialmente después de la erosión sufrida por el canciller Merz en Alemania con su “gran coalición” con los socialdemócratas, es que un acuerdo de este tipo, ya es inviable y no es para lo que el PP ha recibido el voto del electorado. Vox y PP están condenados a entenderse.

Más valdría que ese entendimiento empezara antes de las elecciones y no a partir de la noche electoral. La lógica recomendaría que, en aquellas provincias de pocos diputados, en los que la división del voto de la derecha puede dar la victoria a un socialista, se pactaran candidaturas unitarias. No va a ocurrir, claro está, pero los diputados “rascados” por el PSOE en esas provincias, junto con los más que sospechosos votos por correo, es lo que puede situarle por encima de los 100 diputados.

Una iniciativa de este tipo es todavía más recomendable en Cataluña, basado en dos actitudes: basta de independentismo y de socialismo contemporizador con el independentismo, basta de inmersión lingüística, basta de inmigración masiva, preferencia nacional, basta de endeudamiento, basta de victimización y basta de islamización creciente de la sociedad.

¿Inmigración? Punto esencial para un “gran acuerdo nacional”. Cuatro puntos básicos:

1) No mas inmigración que la necesaria.

2) No más inmigración que la que está dispuesta a integrarse en la sociedad española.

3) No más inmigración subvencionada.

4) Plan nacional de repatriaciones.

Otro frente de cooperación es el “achicamiento” del Estado: el sanchismo alardea del “empleo” creado, pero opta por ocultar que no ha sido el sector privado el que ha creado empleo, sino el sector público. Sobran funcionarios en estos tiempos de IA y nuevas tecnologías. Tenemos una administración demasiado densa y pesada con ministerios inútiles, verdaderos chiringuitos creados para coloca a socios minoritarios del gobierno y como modo de modus vivendi para ONGs: hay que liquidar todo este pozo sin fondo. Sanear las cuentas públicas quiere decir, cortar el flujo de fondos públicos a entidades de derecho privado, empezando por partidos y sindicatos. Si la derecha quiere dar la mejor muestra de honestidad, lo primero que debería hacer es liquidar las ayudas a partidos y sindicatos. También en este terreno es preciso un “gran acuerdo nacional”.

En estos momentos, en los que toda España es consciente de que el partido en el poder, utiliza los medios de comunicación y otras entidades (el CIS) como instrumentos de difusión sistemática de sus fakes y de ataques a la oposición, es preciso revisar la actuación del ente público, RTVE y redimensionarlo, de ser un ariete del gobierno a convertirse en lo que nunca debió de dejar de ser: un servicio público, al margen de la competencia de audiencias. Una ley debería tender a la privatización (o a su consiguiente liquidación) de los medios de comunicación en poder del Estado y de las comunidades autónomas: el que quiera altavoces que se los pague, el que quiera tertulianos que coman de la mano, que se los pague, el que quiera encuestas precocinadas que busque empresas demoscópicas que quieran hipotecar su prestigio a las exigencias del cliente…

Finalmente, y ya que el desencadenante de las elecciones anticipadas ha sido la vivienda, todos esos fondos ahorrados en dispendios injustificables, deberían concentrarse en la creación de vivienda pública de alquiler. Y aquí hay que cortar con el mito de que una economía liberal debe dar paso solamente a la iniciativa privada. Si ésta es insuficiente o el margen de beneficios o la inseguridad jurídica, son obstáculos, el Estado tiene la obligación de tomar la iniciativa y acometer, por encima de los ayuntamientos, por encima de las comunidades autónomas, una política de construcción de vivienda pública en alquiler.

Sabemos los puntos en los que va a insistir la izquierda y la extrema izquierda en las próximas semanas (derecho a la vivienda, derechos de la inmigración, derechos de las mujeres, derechos del colectivo LGTBIQ+, derechos de las mascotas, derecho de aborto y eutanasia, derechos a un salario sin dar nada a cambio, derecho de todos a vivir del dinero público, mayores cargas fiscales para las rentas procedentes del trabajo, vía libre a las okupaciones, nada de desahucios, cosoberanía de Ceuta y Melila, Welcome refugies, etc, etc, etc… es decir, todo lo que hemos tenido en abundancia en los últimos 9 años, todo lo que ha fracasado o se ha convertido en retórica hueca e inútil). Es lo más que puede ofrecer la izquierda y, ni siquiera van a ser capaces de ponerse acuerdo.

Por eso es cada vez más imprescindible un “frente nacional” frente a la “calderilla de izquierdas”, mal llamado en esta legislatura “mayoría progresista”.

Y realismo, sobre todo, realismo. No hay “tercera España”, no hay “tercera fuerza”, ni existe, ni se la espera. El panorama político español es tan simple como esto: o Frente Nacional o PSOE. Nunca hay que confundir deseos con realidades y esta es la realidad de España en 2026, a la que nos ha conducido décadas de errores encadenados.