4. Apertura a Marruecos y “no a la guerra”
Sánchez ha mantenido una de las posturas más
firmes dentro de la Unión Europea, condenando lo que califica como “genocidio”
en la Franja de Gaza. Recientemente, ha solicitado a la UE que rompa su Acuerdo
de Asociación con Israel y defiende activamente el reconocimiento del
Estado de Palestina. También (y, sobre todo, en función electoral) ha defendido
“la paz y el diálogo” condenando los ataques de Israel y EEUU al régimen iraní.
Pero también, en este terreno, las contradicciones son muchas.
En primer lugar, Sánchez olvida que buena parte
del problema de Gaza ha sido suscitado por el régimen iraní y que se trata de
un problema regional en el que Europa (y menos España) puede obtener ninguna
ventaja inmiscuyéndose. Por una parte, Irán utiliza a Hamás y Hezbolláh
como títeres de su política anti-israelí. No es coherente manifestarse
contra la guerra en Gaza y, al mismo tiempo, contra la agresión a Irán: y,
sobre todo, lo que no puede hacerse es optar por una política exterior
oscilante según las necesidades electorales. O se está contra el régimen de
los ayatolás y, consiguientemente, a favor del Estado de Israel o se está en
contra de Israel y a favor del régimen de los ayatolás: lo que no puede hacerse
es estar en misa y repicando. No hay “tercera posición” posible en esta, ni en
la mayor arte de cuestiones internacionales.
Ambas cuestiones son problemas regionales y se
explican perfectamente por la geopolítica global y la lucha por la hegemonía
mundial: EEUU está interesado en
cortar el flujo de petróleo iraní a las refinerías chinas y por eso ha atacado
a Irán, en un intento de cortar fuentes energéticas que contribuirían a detener
el despegue económico chino.
En cuanto a la actitud del Estado de Israel es
oportunista: aprovecha la tensión geopolítica USA-China para asestar un golpe a
la industria nuclear iraní que, en caso de disponer de bombas nucleares
cuestionaría la superioridad estratégica israelí en la zona y obligaría al
gobierno de Tel Aviv a sentarse en la mesa de negociaciones en condiciones de
igualdad.
Pero donde la contradicción de la política
exterior española se vuelve aún más palmaria es en las relaciones con
Marruecos. Marruecos es, no lo olvidemos, un país sunnita (y dentro de la sunna
árabe, de la “escuela Malekita”), a diferencia de Irán que es chiita. La gran
diferencia entre sunnitas y chiitas es que los primeros han protagonizado los
grandes atentados terroristas en Europa Occidental y otros muchos
desarticulados por las policías nacionales, mientras que los chiitas solamente
operan en Oriente Medio y los grupos desarticulados en Europa (y, concretamente
en España) fueron acusados de recaudar fondos para Hamás y Hezbolláh, pero sin
intención de atentar en Europa.
A esta primera consideración, hay que añadir que Marruecos
es, hoy, dentro del mundo árabe, el principal aliado del Estado de Israel…
Así pues, resulta muy difícil de justificar las ventajas, cada vez mayores,
puestas a Marruecos por Sánchez y el que este país sea, al mismo tiempo, el
principal aliado de Israel, el “mal radical” para el sanchismo.
Pero es que, además, se une otro factor, acaso el
más importante: Marruecos es la alternativa que se ofrece al Pentágono para
sustituir a España. Si hoy, el papel geopolítico de España se ha reducido
considerablemente es porque Sánchez no ha calculado que el enfriamiento de
las relaciones con los EEUU puede tener “efectos secundarios” imprevisibles;
por este orden: cierre de las bases norteamericanas en España, lo cual no
sería una tragedia… La verdadera tragedia sería que, a cambio, este país
exigiría, a cambio, apoyo norteamericano para la expulsión de la presencia española
de Ceuta y Melilla.
Recientemente, EEUU y Marruecos han firmado un
acuerdo estratégico de diez años (2026-2036) para integrar operativamente a
ambas fuerzas armadas y permitir a Marruecos adquirir armamento al nivel de los
países de la OTAN. Antes, en abril de 2026, se anunció la creación de
un centro regional de formación de drones en territorio marroquí,
destinado a formar a fuerzas militares de toda África bajo supervisión
estadounidense. Sin olvidar que, cada vez con más frecuencia, EEUU utiliza las
instalaciones de la Real Fuerza Aérea de Marruecos para ejercicios y apoyo
logístico, destacando la Base Aérea de Kenitra (donde mantiene
una unidad de entrenamiento naval) y las instalaciones de comunicaciones
en Sidi Yahia y Bouknadel.
Si bien, la legión de asesores de Sánchez y del
ministerio de exteriores español, insisten en que trasladar las bases de Rota o
Morón a Marruecos es “técnica y logísticamente inviable” a corto plazo debido a
las masivas inversiones ya realizadas en España, lo cierto es que la
cooperación militar entre EEUU y Marruecos ha subido de nivel en los últimos
años. Otros analistas políticos, subrayan, en esa misma dirección, que la
base naval marroquí Alcazarseguir ha sido planteada por analistas como una
posible alternativa estratégica en el Estrecho de Gibraltar y lo más probable
es que, en el futuro pase a ser de “utilización conjunta”. Sin olvidar que Marruecos
es la sede principal del ejercicio African Lion, las mayores
maniobras militares de EEUUU en África. Y es que, para EEUU, desde el período
Carter, Marruecos es el “portaviones” de los EEUU para sus intervenciones en África.
Podría pensarse que las claudicaciones de Sánchez
a Marruecos tratan de evitar esta posibilidad: pero también es falso. Esas
claudicaciones desproporcionadas datan de mucho antes de su enfriamiento de
relaciones con EEUU. Ya desde el zapaterismo
se puso de manifiesto esta tendencia y este entreguismo en relación a
Marruecos. Ahora veremos el motivo.
El giro pro-marroquí de Pedro Sánchez comenzó
formalmente el 14 de marzo de 2022, cuando el presidente del Gobierno remitió
una carta al rey Mohamed VI en la que España reconocía, por primera vez en su
historia democrática, que el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara
Occidental era la base "más seria, realista y creíble" para resolver
el conflicto. Luego, visitó
oficialmente Marruecos y se puso fin a la crisis diplomática entre ambos países
que se había iniciado en 2021, cuando España permitió la entrada y hospitalización
en Logroño de Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, bajo una identidad
falsa y por “razones humanitarias”. Rabat consideró este acto como una
"deslealtad" y una ofensa a su integridad territorial. En represalia,
el 17 de mayo de 2021, las autoridades marroquíes relajaron los controles
fronterizos, lo que permitió la entrada masiva de más de 10.000 personas
(incluyendo muchos menores) en la ciudad autónoma de Ceuta en apenas 48 horas.
Desde entonces, las concesiones a Marruecos se han
multiplicado de manera inexplicable y sin justificación posible. Hoy se sabe que la inteligencia marroquí interceptó
durante varios meses el teléfono de Sánchez con un programa ideado en Israel lo
que permite pensar que esto dio lugar a que las conversaciones grabadas fueran
utilizadas como chantaje para lograr objetivos políticos. No se disponen de
pruebas objetivas que expliquen este cambio innecesario e injustificado de
política, pero esta es la única explicación posible por el momento: lo “inconfesable”
estaría, pues, en el origen del giro político. Poco después, Sánchez y
familia, realizando un viaje de carácter privado junto a su familia para pasar
unos días de vacaciones en Marrakech.
Desde ese momento, Sánchez ha elevado a Marruecos al
nivel de “asociación estratégica reforzada”, para, según expresa el gobierno, “priorizar
la estabilidad política y económica en el Mediterráneo occidental”. Catorce
acuerdos (todos ellos particularmente onerosos para España) se han firmado
entre ambos países, incluyendo áreas como digitalización y energía, mientras el
gobierno español apoya la política marroquí en el Sáhara Occidental.
Para todo aquel que conoce la práctica marroquí en
política exterior, sabe que cualquier acuerdo que se tome hoy con Rabat,
puede ser revocado mañana con cualquier excusa. Y los pactos de Sánchez con
Mohamed VI no van a ser una excepción, especialmente desde el momento en el que,
ante el choque de Sánchez con EEUU y con la OTAN, España ha quedado en una
situación de debilidad en la cuestión de Ceuta y Melilla, lo que aprovechará
Marruecos para hacerse, de una forma u otra, con el control de ambas ciudades.










