Si uno lee el Debate o las informaciones del canal Trece-TV,
incluso las publicadas por medios de comunicación asépticos o por unos pocos youtubers
anticatólicos alarmados, se diría que el catolicismo romano está experimentando
una curva ascendente, inédita en lo que va de siglo e incluso, desde el Concilio
Vaticano II. Si esto es cierto, hará falta preguntarse a qué se debe este
fenómeno y cuál es su límite, lo que, a fin de cuentas, supone tratar de establecer
la salud del catolicismo. Y no creo que, ni siquiera los católicos, deban
engañarse sobre estas cuestiones.
España ha sido desde siempre un país de amplia mayoría católica,
pero también uno de los países en los que la crisis de la Iglesia (con falta de
combatividad de los fieles y de la jerarquía) se ha hecho más visible. La situación actual de la Iglesia española no es particularmente
envidiable. Hoy, faltan vocaciones, la edad de los sacerdotes es muy
elevada: la media se sitúa en torno a los 65 años (cuando hacia 1975 era de
35 años). Las diócesis más “jóvenes”, Getafe, Alcalá, Toledo y Cádiz, tienen un
sacerdocio de 50 años de promedio y la de Almería de 47… pero se trata de
excepciones. La triste realidad es que, para cubrir las 22.922 parroquias
del país, solamente hay 14.994 sacerdotes. Nadie puede negar que ”faltan
pastores”.
Y no está claro que esto vaya a mejorar: en este curso lectivo 2025-2026
solo hay 1.066 jóvenes inscritos en los seminarios mayores, con una edad
promedio entre los 25 y 31 años. A pesar de que el número de
seminaristas ha subido en relación a los dos cursos anteriores y parece que se
consolida esta tendencia al crecimiento, las cifras siguen siendo muy bajas e
insuficientes para garantizar el reemplazo de los sacerdotes que se jubilarán a
lo largo de la presente década. De hecho, en 2025-2026, el número de nuevos
seminaristas en bruto ha sido de apenas 30. Compárense estas cifras con las de
hace 75 años cuando 8.000 seminaristas estudiaban en los seminarios mayores;
cifra que ya se había reducido en 1990 a 2.700, para bajar a 1.900 apenas en el
filo del milenio, llegando en tiempos de la “pandemia” apenas a 1.100 y en
2023-2024 a 856, el mínimo histórico.
En cuanto a las órdenes religiosas, la situación no es mucho
mejor. El número total de miembros
de congregaciones y órdenes se sitúa actualmente por encima de los 31.000,
reflejando una mayoría femenina abrumadora de cerca del 75%. A finales de 2025 se contabilizaban
23.865 mujeres religiosas, repartidas en 298 congregaciones femeninas y 7.638 miembros
pertenecientes a 105 congregaciones masculinas, con un total de 3.900
comunidades religiosas activas en todo el país (72% femeninas y 28%
masculinas). En la actualidad 6.700 monjas y 700 monjes viven en 690 monasterios
de clausura dedicados a la vida contemplativa. Sólo en la última década se
han ido cerrando un promedio de 17 monasterios cada año.
La supervivencia de muchos monasterios y obras
sociales depende de la internacionalización. De Nigeria, Kenia y República
Democrática del Congo han llegado cientos de monjas con presencia notable en
órdenes hospitalarias y de enseñanza; las que vienen de India y Filipinas son
fundamentales en la vida contemplativa (monjas de clausura) y en la atención a
ancianos; en cuanto a las que proceden de Colombia, Perú y México están
presentes sobre todo en las clarisas.
Para frenar el cierre de conventos, las órdenes están agrupando monjas procedentes de distintos monasterios, “importan” sobre todo monjas de otros países y profesionalizan la venta online de dulces, cosmética natural y artesanía (como en el portal DeClausura). Esta iniciativa está permitiendo que estas comunidades sean económicamente viables y pasen a ser “monasterios sostenibles”.
Las cifras anteriores están facilitadas por la
Conferencia Episcopal, a través de sus medios de comunicación y, por tanto, hay
que darlas como exactas. Mas dudas pueden surgir si es el CIS el que da la
cifra de católicos y de católicos practicantes que la entidad dirigida por José
Félix Tezanos evalúa en el 53% de la población (en torno a 25.5 millones de
personas), de los que un 18,5% son católicos practicantes y un 34,5% católicos
no practicantes. La misma encuesta evalúa en 8,5 millones las personas que
acuden regularmente a misa, esto es, un 12% de la población y un 6% adicional que
asiste varias veces al mes.
Por regiones, Castilla-León, con Valladolid,
Burgos y Palencia, están muy por encima de la media nacional en asistentes semanales
a misa; Toledo en Castilla-La Mancha sigue teniendo un fuerte arraigo
eclesiástico. La región de Murcia destaca también por un catolicismo popular
muy vivo y una alta participación en movimientos laicos. País Vasco y Navarra,
donde la secularización ha sido rápida, mantienen núcleos de práctica muy
constante en zonas rurales y en ciudades como Pamplona. En el extremo
opuesto, Cataluña, Madrid y Baleares presentan los índices de
práctica más bajos debido a un entorno urbano más secularizado, aunque en
Madrid el número absoluto de asistentes es el mayor de España por volumen de
población.
Ahora bien, a estos asistentes a misa hay que
sumar los que lo hacen a través de las pantallas de televisión. En efecto,
desde 2020, seguir la misa a través de este medio se ha consolidado como un
hábito para muchas personas, especialmente mayores o enfermos. Trece TV es
el canal líder en este segmento, con picos de audiencia que superan el 4-5%
de cuota de pantalla. En La 2 (RTVE), el programa "El Día del
Señor" sigue siendo un clásico con audiencias muy fieles y
estables que rondan los 300.000 espectadores cada domingo. A
estos hay que sumar el que cada vez más parroquias y sacerdotes con vocación
de influencers emiten sus misas en directo. Canales como el de
la Parroquia de San José o el de Hakuna acumulan miles de
visualizaciones semanales de jóvenes que no pueden asistir físicamente. En
total, se estima que, en 2026, cerca de 1,5 millones de personas en
España siguen la misa exclusivamente a través de medios digitales o televisión
cada semana.
Quizás las cifras al alza más espectaculares las
ofrece el número de católicos practicantes en la franja de 18 a 24 años ha
pasado de un 7-8% en la década pasada a un 15% en 2025. Esto indica
que los nuevos métodos de proselitismo a través de redes sociales y festivales
de masas están teniendo un impacto notable entre los jóvenes. Además, en España,
a lo largo de 2025, se han bautizado 14.000 adultos y todo induce a pensar
que el 2026 se superará con mucho esta cifra.
Son cifras respetables que demuestran que el
catolicismo sigue siendo el “motor religioso” de España. Pero tampoco hay que ser muy optimistas: las
cifras del CIS son desoladoras si las comparamos con las que registró el Informe
FOESSA en 1975, cuando el 60% de los españoles iba a misa todos los domingos y
el 95% se declaraba católico. Esto suponía que, de un total de 35.000.000 de
habitantes, 21.000.000 acudían a la misa dominical. Hoy, con casi
50.000.000, sumando la asistencia personal a misa mas los televidentes que la
sintonizan, estamos en algo menos de la mitad. Y apenas ha pasado medio siglo.
El nuevo Papa León XIV y sus primeros años de
pontificado
El wokismo, el progresismo extremo, los “estudios
de género” y demás fueron demasiado lejos, se han mostrado excesivamente
intolerantes y, más que “abrir la sociedad”, han sido factores de caos y
confusión generalizada. Y, como no podía ser de otra manera, el péndulo se ha
desplazado al lado opuesto. Este fenómeno ha coincidido con la muerte del
Papa Francisco en 2025 y con una ofensiva generalizada de las derechas radicales
a nivel mundial, iniciada con la victoria electoral de Donald Trump en 2024 y
la irrupción del “populismo” euroescéptico desde mucho antes.
No hay, por tanto, que sorprenderse, la
recuperación del catolicismo español, que había caído a niveles demasiado
bajos, es algo, hasta cierto punto natural. No se debe, en absoluto, al “buen
hacer” de la cúspide de la catolicidad, el Papa León XIV.
No es que León XIV, hasta ahora haya destacado por
nada especialmente; por el momento se está limitando a algunos cambios
simbólicos (decidió mudarse de nuevo a los apartamentos del Palacio
Apostólico, viviendo en comunidad junto a un grupo de sus "hermanos
agustinos". Sus declaraciones a favor de la paz (en Ucrania, en
Gaza, en Oriente Medio, en el conflicto entre India y Pakistán) es lo que se
espera de un Papa. Ha retomado ciertos elementos tradicionales en la
vestimenta y el protocolo, como el uso de la estola papal suntuosa en
apariciones públicas, pero, por el momento, mantiene la línea reformista de
Francisco, promoviendo una Iglesia “inclusiva” y volcada a los pobres, mostrando
una cercanía especial con nuevos movimientos (recientemente presidió
un encuentro del Jubileo en Roma donde el grupo de rock católico Hakuna
amenizó la espera ante miles de jóvenes).
Quizás su decisión más enérgica haya sido la
disolución del Sodalicio de Vida Cristiana (SVC), una sociedad de tendencia conservadora,
fundada en Lima en 1971 por el laico Luis Fernando Figari, como
respuesta conservadora al Concilio Vaticano II. Su objetivo original era la
evangelización de jóvenes y la formación de líderes católicos, bajo un estilo
que algunos describían como "mitad monjes, mitad soldados"
que, seguramente resultará familiar a alguno de nuestros lectores. Extendida a
más de 20 países, fue disuelta oficialmente por la Iglesia católica en
2025 debido a un historial de “graves abusos”.
Hasta ahora, los viajes apostólicos realizados por
León XIV no se han traducido en grandes novedades, siendo, puro simbolismo. Hoy mismo, 13 de abril de 2026, inicia su tercer
viaje internacional, que lo llevará a recorrer cuatro países africanos durante
11 días: Argelia, Camerún, Guinea Ecuatorial y Angola. Su tránsito por
Argelia se debe a que allí quedan huellas de San Agustín de Hipona (Leon XIV es
miembro de la Orden Agustina), mucho más que por la presencia del catolicismo
en un país mayoritariamente islámico y con fuerte presencia fundamentalista y
radical.
Dejando aparte una fugaz visita a Mónaco, de muy
escasa importancia y justificación, el viaje a Turquía y Líbano en 2025, fue el
primer viaje oficial de su pontificado. Su presencia en Turquía se justificaba
por el 1700 aniversario del primer concilio ecuménico de Nicea; y en el Líbano,
se centró en el diálogo interreligioso y en la paz regional. No puede
decirse que ni el periplo africano que se inicia hoy, ni el viaje a Oriente
Medio fueran particularmente importantes para la cristiandad.
Mucho más significativo será el desplazamiento a España del 6 al 12 de junio de 2026 bajo el lema “Alzad la mirada”. Será inevitable que este viaje se politice en cada una de las tres etapas: en Madrid porque allí está el que es, sin duda, el gobierno social-corrupto, militante contra el catolicismo, en Barcelona porque el nacionalismo y el independentismo radical querrán hacer suyo la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia recordando que Antonio Gaudí compartía las ideas nacionalistas; y en Canarias porque, según ha declarado el Vaticano, el Papa quiere ver “de cerca, la realidad migratoria de la zona”… y esto implicará declararse a favor o en contra de los trasvases masivos de población. Obviamente, el Papa tratará de ser ecléctico en todas las declaraciones que realizará a lo largo de estas etapas, pero la cuestión no es lo que haga o diga, sino cómo lo traten los medios de comunicación oficialistas y cómo reaccionen los católicos, mayoritariamente opuestos a los social-corruptos y cada vez más alarmados por el cambio de identidad cultural y del paisaje etno-cultural.









