jueves, 23 de abril de 2026

LA POLÍTICA EXTERIOR DEL SANCHISMO O EL SUICIDIO ESPAÑOL A PLAZO FIJO (1 de 4)

La "cumbre progresista" que tuvo lugar en Barcelona nos lleva directamente a hablar sobre la actual política exterior del gobierno sanchista. Y ésta inexistente: en su conjunto, se trata de una serie de medidas, populistas, electoralistas, a menudo contradictorias, siempre dictadas por el “interés personal”, en absoluto por el “interés nacional” y aplicadas por funcionarios mediocres, sin opinión ni criterio propio, verdadera negación de lo que debería ser una política exterior de un Estado europeo moderno. El problema no es el callejón sin salida en el que nos encontraremos tras el cese de Sánchez, sino cómo se va a poder reconstruir una política exterior y una red de alianzas estables. El sucesor de Sánchez, sea quien sea, no lo va a tener fácil, desde luego. En este repaso por los distintos frentes de política internacional comprobaremos el sinsentido de TODAS sus medidas en ese terreno.

LA POLÍTICA EXTERIOR DE PEDRO SÁNCHEZ

Oficialmente la política exterior del sanchismo tiene como objetivo “proyectar a España como un actor con identidad propia y mayor peso en la escena internacional, buscando siempre la paz y la defensa de los derechos humanos”… Si esto es así, cabría decir que TODAS las iniciativas adoptadas por lo que se ha llamado “activismo diplomático” del gobierno socialista son, sin excepción, erróneas, equívocas, ambiguas y contradictorias.

Las líneas de la política exterior de Pedro Sánchez son, por este orden:

1. Aproximación a China: puertas abiertas a todo lo que interesa a Pekin

Este mes de abril de 2026, Sánchez ha realizado su ¡cuarto viaje oficial a China! (acaso el único país del mundo en el que tiene garantías de no ser abucheado). La excusa es que quiere oficiar como “puente” entre la UE y China y ejercer el rol de mediador entre Bruselas y Pekín, especialmente en disputas sobre aranceles, buscando una relación comercial más “equilibrada y sana”. Es una mera excusa y una nueva mentira.

La UE no ha comisionado a Sánchez para esa tarea. Sin olvidar que, de entre todos los líderes de la UE, Sánchez es el que está más cuestionado por la propia UE (sobre todo, después de la caída del gobierno de Orban y por razones completamente opuestas) que lo ha marginado en todas las reuniones internacionales de alto nivel.

No, el único interés que tiene Sánchez (y el de Zapatero que es, a fin de cuentas, el que marca desde las sombras las políticas esenciales del sanchismo y el verdadero presidente paralelo) es económico y personal.

Cuando ofrece como excusa complementaria que el viaje de abril de 2026 es para firmas 10 nuevos acuerdos comerciales para corregir el déficit comercial de España (que se disparó un 104,9% recientemente), especialmente en tecnología, coche eléctrico y productos alimentarios, es también una mentira: ese “déficit” se ha producido a causa de iniciativas anteriores del propio gobierno Sánchez, especialmente en materia de coche eléctrico y telefonía.

Estos déficits no se van a poder compensar con los acuerdos suscritos por Sánchez para facilitar la exportación de porcino, cerezas y proteínas procesadas: productos que tienen un “ciclo natural” y un techo de producción (no se trata de manufacturas, sino de productos agrícolas que no pueden ampliarse hasta el infinito como puede hacerlo una fábrica de coches o de móviles: un cerezo, por ejemplo, dará la primera cereza entre 6 y 8 años después de ser plantados… No se fabrican jamones con la misma facilidad con la que se arman coches eléctricos).

Por otra parte, una mayor exportación de determinados productos puede hacer que esos mismos productos suban su precio en el país exportador, especialmente cuando otro país está dispuesto a pagar más por lo mismo. Obviamente, una empresa que cura jamones, prefiere exportar a donde el consumidor está dispuesto a pagar más.

Lo cierto es que, desde que Sánchez llegó al poder, ha impulsado que los fabricantes de coches eléctricos chinos se instalen en España para sortear aranceles. Ejemplos destacados son la planta de Chery en Barcelona y el interés de Changan por abrir una fábrica en el norte del país. Esto explica que España se abstuviera en las votaciones clave en la UE sobre aranceles a finales de 2024 y la enemistad creciente que despierta Sánchez en la Alemania dirigida por el canciller Mertz: en efecto, todo acuerdo en esta materia, redunda negativamente en la industria alemana y europea del motor.

Detrás de esta iniciativa de aproximación a China, lo único que está es la preferencia sanchista por un país de opacidad total en materia económica y jurídica. China, recordémoslo, es hoy, la principal factoría mundial de falsificaciones industriales, robo de patentes, cierre absoluto a cualquier tipo de investigación judicial que parta del exterior y pago de comisiones (en realidad, compra de políticos al peso para beneficiar las exportaciones chinas).

¿Por qué Sánchez se decanta a favorecer una “alianza estratégica” con China? Es muy fácil de explicarlo. Sánchez lo ignora todo sobre política internacional y leyes de la diplomacia. Solo entiende una cosa: sobre los intereses de Pedro Sánchez, nada más. No es que piense que China será la potencia hegemónica mundial de aquí a cinco años, ni siquiera que crea que un mercado de 1.500 millones de chinos es tentador para la (cada vez más escuálida) industria española. Es que los chinos -ante todo, formados en las estrategias enunciadas por el confucianismo- han captado mucho mejor que cualquier occidental, la idiosincrasia de Sánchez y de Zapatero: si sus palabras no se corresponden con sus actos, esto quiere decir que se compran y se venden. Y el gobierno comunista de la República Popular China no ha hecho nada más que poner un precio a su compra por lo único que le interesa: que le allanen el camino a la hegemonía económica, sabedores de que ésta precede a la hegemonía política.

2) Ruptura de la alianza con los EEUU (trumpistas)

Todo lo que beneficia a China, perjudica a los EEUU. En efecto, estos dos países son los que, en este momento, se están disputando la hegemonía mundial. Desde el momento en el que Rusia ha renunciado a cualquier tipo de expansión y solamente mantiene la guerra para recuperar territorios rusos asignados a Ucrania, por una cuestión de protección de sus ciudadanos y de orgullo nacional, ha adoptado una posición neutralista en este conflicto. Obviamente, la propaganda habitual emanada de los plumillas al servicio de la OTAN, sigue considerando a Rusia como el “gran adversario”; pero, en Washington se ha producido un cambio notable: la llegada de Donald Trump al poder, ha hecho que volviera el realismo a la política exterior norteamericana. Esto implica que los mitos de la globalización y el mundialismo han sido considerados como tales y abandonados en beneficio del realismo más extremo.

Trump quiere llevar a la práctica en su mandato de cuatro años, el “American First” que prometió en campaña electoral y eso le ha llevado a intentar cambios estratégicos. El primero de los cuales fue tantear a Rusia para trenzar una alianza preferencial en clave anti-china (durante las primeras semanas de su mandato) que fracasó y la elección de China como “adversario estratégico”. Y esto tenía efectos en su cadena de alianzas: la OTAN, hasta ese momento, clave en la política anti-rusa, se ha convertido en inservible. No se trataba de romper la OTAN (nadie, salvo Sánchez, opta por romper alianzas que todavía pueden exprimirse un poco más) sino de disminuir el interés y la aportación norteamericana para la “defensa europea”. Y esta ha sido la fuente de todos los problemas.

En un país que desde 2022 lleva sin Ley de Presupuestos Generales del Estado, pedirle que suba la inversión en Defensa carece de sentido. Habrá, primero que redactar esa Ley anualmente, para asignar a Defensa esa meta del 5%: si no hay presupuestos, no hay asignación para Defensa. Y, dada la actual situación que se da en España, cualquier explicación sobre cuánto es el 5% de no se sabe qué, parece absurda. Esto ha hecho que la polémica entre Trump y Sánchez se agriara cada vez más y, de prolongarse en el tiempo, puede repercutir en la expulsión de España de la OTAN.

En realidad, esto no constituiría una tragedia, ni siquiera una medida ilógica: la OTAN, desde la caída de la URSS carece de “enemigo” y, desde el momento en el que la administración norteamericana ha perdido el interés en la “defensa de Europa” (a la vista de la ausencia de voluntad “expansionista” hacia Occidente por parte de Putin y del propio desinterés europeo en materia militar) y del traslado del eje estratégico norteamericano desde el Atlántico Norte a la zona Asia-Pacífico, la OTAN ha perdido interés para el Pentágono y para la Casa Blanca… por todo ello, la disolución del organismo sería su fin más digno y lógico.

Pero, esto, como decíamos, esto no es ninguna tragedia para España: no ganamos ni perdemos nada con nuestra pertenencia a un organismo inservible. Pero lo que cuentan, son los “efectos secundarios” del corte de la alianza con Washington (algo sobre lo que volveremos más adelante).

3. Del “Grupo de Puebla” a la “Movilización Global Progresista”

La Internacional Socialista (IS) está presidida desde noviembre de 2022 por Pedro Sánchez (cuando todavía no habían estallado los casos que demuestran la corrupción generalizada de su gobierno). Sánchez buscó el cargo como plataforma de lanzamiento a un cargo mayor en el futuro (secretario general de la OTAN o situarse al frente de la UE…), luego todo se le torció y hoy lo más que puede aspirar es a un exilio tranquilo en Marruecos o en China.

Desde el primer momento, Sánchez articuló su presidencia de la IS en torno a tres ejes: como “plataforma progresista global” frente al “extremismo de la ultraderecha”, como defensa de la “Agenda Social y Climática” y gran valedor universal de la “Agenda 2030”… No es raro que desde que Sánchez está al frente de la IS, esté hoy en franca pérdida de vigor, además de convertirse -como no podía ser de otra manera- en foco de escándalos (recientemente, la exsecretaria general, Benedicta Lasi, ha presentado una demanda por acoso laboral contra Pedro Sánchez en Londres, denunciando "autoritarismo" y presiones constantes; el exsecretario general, el chileno, Luis Ayala reclama una deuda de más de 660.000 euros por su salida de la organización tras 40 años en el cargo de secretario general de la IS. Ayala ha acusado a Sánchez de no mostrar el estado de las cuentas de la organización a sus miembros…).

Tanto Sánchez como Zapatero eran conscientes de que, dentro de la IS carecían de la autonomía suficiente para aplicar sus personalísimas políticas que no entraban en los presupuestos de una organización que había sido creada para estabilizar el orden mundial nacido tras la Segunda Guerra Mundial con todo lo que implicaba (centrismo, OTAN, eje euro-USA, liberalismo “social”), así que no dudaron en participar en la formación del “Grupo de Puebla” que unía el destino de la izquierda ibérica al de las izquierdas populistas iberoamericanas, fuera del marco de la IS.

Fundada el 14 de julio de 2019 en México, se presenta como un “espacio de coordinación más flexible” que la IS y está compuesto, no por partidos, sino por “personalidades”. Entre sus fundadores se encuentran José Luis Rodríguez Zapatero (España), Ernesto Samper (Colombia), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) y Dilma Rousseff (Brasil). Pero, desde su fundación han ido perdiendo peso e influencia: ya no gobiernan en Chile, ni en Bolivia, han perdido Argentina y Ecuador y están próximos a Perder Perú y viendo cómo se reducen sus posibilidades en Centroamérica, donde Bukele amplía su influencia sobre otros candidatos de la derecha. La influencia del Grupo de Puebla hoy se reduce a Brasil (virtualmente partido en dos), México (en vías de convertirse en un “Estado fallido”, con amplias zonas del país en manos del narcotráfico), Colombia y Uruguay.

Esto sugiere que también el Grupo de Puebla ha ido perdiendo peso y ya no es un “cartel triunfador”. Así pues, era necesario crear otro grupo, aun menor, de “líderes” que aún ocuparan puestos de dirección en sus respectivos países.

Y así surgió Global Progressive Mobilisation (GPM), la nueva plataforma internacional diseñada para articular a las fuerzas de izquierda “frente al avance de la extrema derecha y el autoritarismo a nivel mundial”.

Para ser más claro, la Movilización Progresista Global es el instrumento de Alexander Soros, hijo de George Soros y actual presidente de la Open Society Foundations (OSF), sin el cual esta organización nunca habría visto la luz. Soros asistió a la cumbre de Barcelona, donde se mostró públicamente junto a Pedro Sánchez y otros líderes como Lula da Silva y Claudia Sheinbaum

Diversas fuentes señalan que su fundación, junto a otras entidades como la Fundación Bill y Melinda Gates, ha participado en la financiación y organización de este encuentro internacional. Soros ha destacado que la GPM representa la primera vez que grandes organizaciones y redes progresistas (“como la Internacional Socialista y la Alianza Progresista”) trabajan juntas de forma coordinada en un mismo espacio físico y estratégico. Ha mantenido una estrecha relación con Pedro Sánchez, a quien ha definido en varias ocasiones como un líder necesario para el mundo actual, especialmente en temas como la regulación migratoria y la defensa de sociedades abiertas.

¿Qué busca esta “internacional progresista” que, en realidad, es el brazo ejecutor del proyecto global de George Soros? Sobrevivir en un mundo cada vez más consciente de que todos, absolutamente todos, las medidas “progresistas” se han saldado con fracasos estrepitosos.

La reunión del pasado 17 y 18 de abril en Barcelona, puso de manifiesto que los objetivos del GPM son exactamente los mismos que los de la Agenda 2030 y que se trata de un intento desesperado de suscitar –aprovechando el “no a la guerra”- “esperanza” en la tarea de la izquierda radical y ser una respuesta conjunta de las fuerzas de izquierda frente al auge de la extrema derecha y el autoritarismo a nivel mundial.

Entre sus objetivos declarados figura el de “promover el multilateralismo”. Es mentira: de hecho, la velocidad con la que se ha convocado la conferencia responde a la intención de Trump de “resolver” la cuestión cubana, con la misma celeridad con la que ha resuelto la de Venezuela y la de Irán. Sheinbaum propuso una declaración para rechazar futuras intervenciones militares en Cuba.