jueves, 14 de enero de 2021

2021 QUIZÁS SEA PEOR DE LO QUE IMAGINÁBAMOS – EL ULTRAPROGRESISMO COMO ENFERMEDAD TERMINAL DEL SISTEMA (2 de 3)

Hasta no hace mucho, los distintos puntos de vista podían “dialogar”, simplemente, con que cada una de las partes pusiera algo de buena voluntad. Se podía discutir sobre cuál opción era preferible, si la monarquía o la república; existían defensores y opositores a Franco, podían plantearse las diferencias entre diversas formas de socialismo, sin que estallara la tercera guerra mundial, y conservadores y progresistas presentaban a sus opciones respectivas e, incluso, se conseguía llegar a actitudes eclécticas y “centristas”. Lo que, en su momento, se llamó “consensos”. Pero ahora, cualquier discusión es imposible, si en uno de los lados de la mesa se sienta un ultraprogresista. Esta es la gran novedad que ha irrumpido en el siglo XXI.

¿QUÉ ES UN ULTRAPROGRESISTA?

El “ultraprogresismo” es la tendencia central de la modernidad en la que ha cristalizado la corrección política y que reúne cuatro ideas básicas:

1) la igualdad a ultranza de sexos, razas, culturas,

2) las ideologías de género,

3) defensa de la inmigración masiva,

4) destrucción de cualquier estructura social estable, homogénea y unitaria.

¿DÓNDE ESTÁN LOS ULTRAPROGRESISTAS?

El fracaso de las distintas formas de izquierda (socialismo, socialdemocracia, comunismo, trotskismo, marxismo-leninismo, marxismo-revolucionario, nueva izquierda, bolchevismo, socialismo utópico, ecologismo) ha provocado una fuga hacia adelante en todas sus variedades: en España, siglas como el PSOE y Podemos, incluso nacionalistas radicales de ERC y de Bildu, pueden colaborar -y, de hecho, colaboran- porque comparten los mismos ideales, por mucho que su nivel de verbalismo y de radicalismo sea diferente. Todos ellos tienen en común el fracaso de sus proyectos políticos anteriores:

- El fracaso del proyecto socialdemócrata del PSOE, hundido tras la crisis de 2008-2010, cuando, después de décadas de proponer consensos entre trabajadores y capital, se percibió que este partido era el primer defensor de la banca en detrimento de los trabajadores.

- El fracaso del proyecto independentista catalán de ERC, partido que está haciendo más que cualquier otro por deformar la identidad catalana y convertirla en una mixtura de nacionalismo e islamismo.

- El fracaso del proyecto de Bildu que, sin la presencia de ETA, no pasa de ser una forma de radicalismo nacionalista, rival del nacionalismo moderado, primitivo en sus gentes, en sus métodos y en sus planteamientos.

- El fracaso de Podemos y del movimiento “de los indignados”, convertido hoy en un partido con los mismos problemas que cualquier otro (dirigismo, corruptelas, falta de representatividad, traición a su programa).

El ultraprogresismo constituye el reconocimiento de estos fracasos y su enmascaramiento mediante un radicalismo verbal exaltado y virulento.

¿CUÁL ES LA PRINCOPAL CARACTERÍSTICA DE ESE ULTRAPROGRASISMO?

Así como el progresismo que hemos conocido hasta hace poco, era un pensamiento lógico que encadenaba razonamientos a partir de unas ideas básicas (la idea del progreso indefinido nacido que tuvo como padre al materialismo, como hijo al evolucionismo y como espíritu santo al marxismo), el ultraprogresismo carece completamente de racionalidad, es un remedo de seudo-religión repleto de dogmas, cada uno de los cuales no puede cuestionarse, so pena de ser considerado como hereje. La discusión actual no se plantea, como antes, entre una racionalidad conservadora y otra racionalidad progresista, sino entre una forma de racionalidad y la irracionalidad que encarna el ultraprogresismo.

¿QUÉ EFECTOS TIENE EL ULTRAPROGRESISMO EN LA SOCIEDAD?

En tanto que parte de dogmas irracionales, cualquier diálogo con el ultraprogresismo resulta absolutamente imposible. Es más, los ultraprogresistas se sienten completamente indefensos cuando, ante ellos, se sitúa el pensamiento lógico, las estadísticas, la psicología, la antropología y, no digamos, la historia. De ahí que rehúyan cualquier forma de diálogo con quien no comparte sus posiciones. Y, siempre, quien se asienta en esas posiciones, tiende siempre a las últimas consecuencias a las que les arrastran sus dogmas. El ultraprogresista se niega a debatir con quien no comparta sus dogmas; en lugar de eso, simplemente, busca denigrarlo y justificar la imposibilidad de debatir con quien no ha entendido que la humanidad marcha hacia una “nueva era”.

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¿CUÁLES SON LOS FOCOS DIFUSORES DE ULTRAPROGRESISMO?

Ya tratamos esta cuestión en nuestro artículo Pequeña Guía para entender las cuatro tendencias de la modernidad. Podemos volver a retomarlo, simplificando y reordenando los datos. Las estructuras visibles desde las que se difunde el progresismo no actúan todos por los mismos impulsos. Básicamente son dos:

- La UNESCO, verdadera secta “humanista-universalista” y sus ONGs asociadas que marcan la agenda y las prioridades, todas las cuales aparecen como leit-motiv del mundialismo.

- Los grandes fondos de inversión, los “señores del dinero”, las grandes acumulaciones de capital y las “dinastías financieras” interesadas en crear señuelos que distraigan del hecho esencial: la globalización económica.

Este binomio mundialismo-globalización, es el verdadero motor del ultraprogresismo, por mucho que sus motivaciones sean diferentes: crear un mundo nuevo para los primeros y aumentar la concentración de capital y la cuenta de beneficios para los segundos.

¿CÓMO PUEDE EVOLUCIONAR LA HUMANIDAD EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS?

Parece inevitable que, en las próximas décadas, el ultraprogresismo vaya avanzando amparado en el control de los mecanismos culturales, de la información y de los mecanismos tecnológicos que condicionan las redes sociales: ni siquiera es necesario que sea eficiente y, por muchos que sean los daños que genera, la posverdad, las redes sociales (cuyos gestores compartes principios mundialistas), por muchos fracasos que acumule la irracionalidad, el control sobre los medios de comunicación, las redes, y el control mental practicado sobre las poblaciones, impedirán que se reconozcan los fallos y se rectifique el rumbo. El final de este proceso tiene un nombre y es al que conduce cualquier forma de irracionalismo: la barbarie.

- Barbarie institucionalizada en el sistema político, que ni siquiera es capaz de garantizar la limpieza de los procesos electorales y se asegura de que solamente tenga acceso al poder alguna tendencia del “stablishment”.

- Barbarie cultural difundida masivamente y presentada como “mestizaje” que implica la desaparición de cualquier forma que haya pertenecido o tenido su origen en nuestras raíces culturales.  

- Barbarie económico-social con una tendencia irrenunciable a la aplicación del neoliberalismo más salvaje generador de desigualdades extremas y de concentraciones masivas de capital que sitúan a unos pocos privilegiados como dictadores únicos a cuyo servicio está la clase política.

- Barbarie social, con la desaparición de grupos sociales homogéneos y amplios y su sustitución por un mosaico inorgánico compuesto por pequeños fragmentos sin nada en común con otras fibras del mismo tejido, con lo que cualquier oposición y protesta resulta imposible.

Todos los procesos de la modernidad, sin excepción, conducen a la barbarie.

 

EL “TIGRE” ENLOQUECIDO SE DESANGRE POR SUS PROPIAS GARRAS

Se conoce el contenido de la fórmula “cabalgar el tigre”: sugiere la posibilidad de enfrentarse a un adversario temible, eludiendo el choque directo, perdido por anticipado, esperando que el sistema sufra un desplome interno será acelerado y concluido por la acción de las fuerzas alternativas que se nievan a aceptar el ultraprogresismo. Esta actitud es la que se encuentra en la sabiduría tradicional oriental e incluso en el cristianismo: no resistir al mal, “actuar sin actuar”. Es, seguramente, la opción más sensata para vivir en la modernidad: dejar que los procesos de disolución y desintegración sigan su curso, sin oponerse frontalmente, ni resistirse a ellos. Más que “cabalgar al tigre” se trata de dejar al tigre con entera libertad para alcanzar sus últimos objetivos en el plazo más breve posible: el propio sistema es un suicida que cada día trenza más la cuerda con la que se va a ahorcar: el “tigre” (esto es, el “sistema”), en su furia insensata y en su marcha ineludible hacia sus consecuencias finales, genera él mismo, con sus propias garras, las heridas que lo desangrarán hasta el colapso final.  Al haber perdido, cualquier forma de racionalidad la barbarie aumenta su presencia y compromete la subsistencia del sistema a medio plazo.

CONSTRUIR INSTRUMENTOS PARA LA SOCIEDAD TECNOLÓGICA

La década que empieza ahora marcará un período de inmersión en una sociedad tecnológica nunca antes conocida. Hay que descartar la actitud anti-tecnológica propuesta por Unabomber (léase su Manifiesto contra la Sociedad Tecnológica y su Futuro) y hacerse a la idea de que una sociedad tecnológica no es, por definición, negativa o corruptora. La ciencia es neutral, lo que no es neutral es su aplicación y los mismos principios tecnológicos, aplicados por otros gestores, podrían transformar el mundo de un caos en la Arcadia feliz. La ciencia, por lo demás, es el paradigma de la racionalidad: no existe “ciencia irracional”. Por tanto, es en los medios científicos en los que hay que esperar las reacciones más lúcidas y decididas contra el ultraprogresismo. Y también es en esos ambientes -en carreras de ciencias, en materias vinculadas a las nuevas tecnologías- en las que hay que reclutar a lo que podemos llamar, en rigor, “el nuevo sacerdocio revolucionario alternativo”.

- Sacerdocio porque está al servicio de la ciencia y de la racionalidad y tienen la conciencia de que son depositarios de una misión y de un destino que es superior a cada uno de ellos, necesario para la salvación de la Humanidad y de la Cultura.

- Revolucionario porque se busca retornar a los orígenes, es decir, a una sociedad estable, viable y guiada por la idea del “orden”, entendiendo por ello la negación del caos y de la barbarie: es decir, re-evolucionar, volver a la normalidad.

- Alternativo porque es la negación del ultraprogresismo y del conformismo de lo políticamente correcto que cabalga con él. La paradoja actual radica en que el conformismo y el nadar a favor de la corriente, propio de los peces muertos, es un rasgo ultraprogresista. La vida está en dirección opuesta.

ACEPTAR EL EXILIO INTERIOR

En las actuales circunstancias, cuenta mucho más la actitud personal e interior ante el mundo que el posicionamiento político: resulta imposible intervenir en la confrontación planteada por el ultraprogresismo, a menos que uno acepte ser cubierto de insultos, amenazas, aislamiento e improperios. Y, en cualquier caso, aun cuando se aceptaran todos estos riesgos, no existe ninguna garantía de que podrían despertarse conciencias, rectificar direcciones erróneas o aumentar la oposición. Hoy, contra el ultraprogresismo, no puede hacerse nada más que alejarse de él, cesar de pensar en éxitos inmediatos o avances políticos: todo lo que no sea reforzar el mundo interior -y aceptar la sensación de exilio interior-, tratar de mantener en el entorno social o familiar principios y criterios razonables, y, si se tiene la oportunidad y los conocimientos técnicos, tratar de construir herramientas alternativas para generar redes sociales propias, debe ser abandonado por infértil e, incluso, problemático. El principio debe ser: “si yo no puedo nada contra el sistema, que el sistema me afecte lo menos posible, a mí y a los míos”. Ante convocatorias electorales, lo más razonable debería ser depositar el voto en favor de tal o cual opción, pero “sin fe y sin respeto”, incluso, sin interés y sin compromiso: no hay absolutamente nada que permita pensar que un mundo puede pasar del caos al orden mediante algo tan banal como un proceso electoral.