lunes, 18 de junio de 2018

365 QUEJÍOS (50) – EXTREMA-DERECHA RIP


Puesta al día en 2025

Por algún motivo, este artículo escrito en 2018 vuelve a leerse siete años después. ¿Las cosas han cambiado mucho? En absoluto. Sólo hay un matiz que me gustaría aclarar: existe Vox. Vox no es propiamente "de extrema-derecha", por mucho que le cuelguen el sambenito. Es, más bien, populista y euroescéptico. Y lo que es mejor: está presente de manera creciente en las instituciones. Hoy, puede considerarse un partido "consolidado". He dicho varias veces, en público y en privado, que la hora de Vox no ha llegado: para eso hace falta que el PP gobierne siquiera unos meses. No tenemos la menor duda de que Feijóo decepcionará a sus electores. Esperamos que el "sorpaso" se produzca en los próximos cuatro años.

García Margallo, ex ministro de exteriores con Rajoy explicó no hace mucho con claridad por qué el PP suele votar en el parlamento europeo (las minúsculas son deliberadas), resoluciones socialistas: "Es que la Union Europea es una construcción de la socialdemocracia y del centro-derecha liberal"... Esta declaración, muy exacta, por lo demás, procede de uno de los cerebros mejor amueblados del PP y no puede olvidarse nunca. Si Feijóo tiene posibilidades de pactar con lo que quede del PSOE en el postsanhismo, lo hará antes que con Vox.

Y Vox no tiene mucho que ver con la miriada de grupúsculos de extrema-derecha que, hoy siguen existiendo de forma autista, ya sin publicar documentos políticos, sin preocuparse de reordenar sus siglas, tratar reunir esfuerzos, intenta establecer una estrategia, recordando perpetuamente "memoriras históricas (mas o menos edulcoradas y embellecidas) de hace un siglo. Se contentan con existir y muy de tanto en tanto dar algún signo estridente de identidad. Porque la extrema-derecha está más o menos en el mismo lugar que estaba cuando escribí el artículo: esperando su hora... era hora que no termina de llegar.

Es una pena porque en sus filas hay gente interesante, militantes abnegados, valientes, y no están los tiempos como abandonar en la cuneta a ningún patriota. He militado durante décadas en la extrema-derecha y si me fui voluntariamente a casa, fue por hartazgo de ver que esa "hora" nunca llegaba, incluso cuando parecía estar cerca, o, incluso, haber sonado, todo seguía igual. Resulta infantil, seguir militando allí en donde no hay posibilidades de lograr ningún avance concreto. Hay demasiados lastres en la ultra.

Por eso me alegrado que exista Vox: partió como una especie de escisión del PP y en sus primeros años se limitó a ser una reproducción del PADE. En el artículo que sigue, escrito hace siete años se apunta que Vox, en aquel tiempo, precisaba una crítica a la globalización. Hoy ya no escribiría lo mismo: basta escuchar a algunos parlamentarios de Vox desde la tribuna europea y desde las instituciones españolas, para advertir que esa crítica ya está introducida en su programa

Desde que yo me retiré de la extrema-derecha (hará unos 12 años), han surgido media docena de siglas nuevas. De hecho, cada temporada surge alguna más. No las enumero porque seguramente olvidaría alguna (y es seguro que los que faltasen se lo tomarían a mal, como que de citarlos en la lista, se lo tomarían peor). He visto, vivido y conocido, situaciones vergonzosas, bochornosas, incluso innobles en las filas de la extrema-derecha. Pero, sobre todo, he visto una parálisis creciente que se inició hacia principios de los 80.

¿Algún consejo? No vale la pena aconsejar a grupos que ni siquiera se han dado cuenta de que necesitan consejos. Pero si me apuráis os diría que liquidarais todas las siglas, formarais un solo movimiento y os configuraséis como fuerza activista y callejera. Y allí donde no puede llegar Vox, llegarais vosotros. Es bueno avanzar en dos frentes, uno dentro de las instituciones y otro en la calle. Nada más. 

Ahora, con esta revisión y puesta al día os dejo el artículo escrito en 2018 y en el que mantengo.


Escrito en 2018

Me quejo de que en España no hay, ni ha habido, ni habrá un partido de “extrema-derecha” como esos que existen en Europa y que ya están en el poder en la parte central de continente o que tienen una presencia decisiva en las políticas de países importantes.

Lo sé porque yo he pertenecido durante 45 años a este ambiente y me lo conozco. Lo primero que subyace para esa imposibilidad son limitaciones doctrinales: unos siguen hablando “en falangista”, otros como nacional-católicos, los hay que van de “modelnos” (nacional-revolucionarios) en distintas variantes, contrapunto a los “sólo franquistas”… Ninguno de todos estos sectores quiere terminar de entender que todos estos planteamientos quedan ya muy atrás en el tiempo. Incluso los que imitan con más detalle al Front National (no sé si se han enterado que ahora ya se llama “Rassemblement National”, por cierto), al estilo de Vox u otros menores, olvidan el factor esencial que insertó a esta formación en la política francesa: la crítica a la globalización.

La extrema-derecha no logra entender cómo sus ideales de “justicia social” y “patriotismo” no logran seducir a ninguna fracción notable del electorado. Falta lo esencial: análisis político realista, cuadros políticos con el cerebro bien amueblado, programas realistas y, sobre todo, proyecto realista y ambición. Sí, también ambición, porque para “hacer política” hay que ser ambicioso… aunque no hasta el extremo de que exista un desfase entre las ambiciones y la propia capacidad personal para hacerlas efectivas. Esto se compensa, lo he dicho, con realismo. Tiene gracia porque allí donde alguno tiene exceso de ambición, existe déficit de realismo.

No puedo por menos que sonreír con cierta conmiseración ante enésimos intentos de realizar coaliciones y “frentes” entre fuerzas que existen solamente sobre el papel, pero que en realidad no son más que unas pocas decenas de tipos bienintencionados distribuidos por toda la geografía nacional… De la docena de grupos existentes, no hay ni un solo grupo que haya hecho un mínimo análisis realista, ni un programa aplicable, ni se haya preocupado de buscar recursos, formar cuadros y dedicarse “trabajar” políticamente a un sector concreto de la población que pueda recoger fácilmente su mensaje.

 

Reconozco que cuando uno está inmerso en una dinámica de este tipo no sé da cuenta de la situación real, pero en el momento en el que se inhibe y se contempla “desde fuera”, la única conclusión que se impone es: 
  • Existe una docena de siglas de extrema-derecha, 
  • Todas, en mayor o menor medida, tienen poco anclaje con la realidad (y cuando lo intentan –que si en un pueblo hay una calle mal pavimentada, que si falta una farola aquí o allí-  la temática apenas suscita interés) [falta credibilidad], 
  • Ninguna tiene lo esencial que requiere un trabajo político real: doctrina – programa – clase política dirigente – objetivos políticos – estrategia – táctica – criterio organizativo (por este orden), 
  • Unos miran a otros a ver con quien pueden colaborar y formar frentes sin preocuparse de su importante, arraigo o valor político, ni presentar en las negaciones declaraciones políticas ni declaraciones de principios (por eso nacen expontáneamente, crecen anárquicamente y mueren pobre y discretamente). 
  • Estos “frentes” no son la suma de fuerzas pujantes, sino de grupos inmersos en crisis desoladoras, con intenciones diferentes y con diferencias muy esenciales, 
  • Ninguna de las partes está dispuesta a dar su brazo a torcer y todas quieren mantener su personalidad dentro de esos frentes o coaliciones inestables, 
  • El sustituto del realismo es el providencialismo: “nuestra lucha es justa por tanto las masas vendrán”, “el Espíritu Santo está con nosotros”, “mi tema-obsesivo es el mejor”, “defiendo los derechos de los trabajadores que no tienen ya sindicatos que los defiendan”, “no tengo análisis global pero tengo tema-estrella”.. y lo que queda de extrema-derecha está vinculado al providencialismo.
Todos han oído que, una vez, Le Pen pasó de ser “monsieur 1%” a transformar su partido en el primero de Francia, gracias a una breve intervención en televisión hacia 1983… Y todos los jefes de la extrema-derecha española esperan esa oportunidad que nunca llegará. No hay más. Ni vale la pena extenderse más.

Retorno al principio: me quejo de que no hay, ni habrá, ni puede haber una extrema-derecha en España en las actuales circunstancias.