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miércoles, 9 de octubre de 2019

Acaba de aparecer el nº 63 de la REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO MONOGRÁFICO: OSWALD MOSLEY Y EL FASCISMO BRITÁNICO



Supone un inmenso placer el haber traducido la obra de nuestro amigo Rémy Tremblay sobre Sir Oswald Mosley. Debemos reconocer que mientras traducíamos esta obra (publicada, inicialmente en la Revue d’Histoire du Nationalisme) hemos rectificado muchas de nuestras opiniones sobre el fascismo británico. A nadie se le escapará, tras la lectura de estas páginas, que Mosley, además de fascista, fue un adelantado a su tiempo y un correcto analista de la economía, de la política y de la sociedad del Imperio Británico, hasta el punto de adelantarse en sus previsiones más de sesenta años, a las líneas básicas de lo que hoy conocemos como “globalización” y “multiculturalismo”. Posiblemente, entre los dirigentes del fascismo internacional sea una de las figuras más preclaras. Hemos considerado necesario traducir e incluir como anexo las entrevistas realizadas a Mosley después de la Segunda Guerra Mundial y en la que expone su juicio sobre los fascismos y su mutación de nacionalista británico fascista a militante neo-fascista europeo. Estas entrevistas han sido extraídas de la obra Oswald Mosley: du fascisme au nationalisme européen (Ed. Ars Magna, 2019)

Contenido

> Cronología        7
> Introducción    9
> Origen y niñez               11
> La guerra para acabar con todas las guerras    16
> El Tory (laborista)        21
              Los inicios en el parlamento.      24
              El matrimonio con Cynthia.         25
              Los irlandeses cuestión que entorpece  27
              Independiente, contra la finanza              30
              Una campaña electoral difícil      33
              Un viaje al país del “tío Sam”      34
              Las acusaciones de su padre       35
              La cuestión social             38
              Un “notable” discurso de renuncia          40
> El Nuevo Partido          45
              Apenas creado, atacado por todas partes             47
              La unidad a realizar         48
              Una tentación que no es unánime           50
              Los rojos están atacando              52
> El fascista        55
> La British Union of Fascists (BUF)         72
              La camisa gris será para jóvenes              74
              La muerte de Cynthia     76
              El último encuentro con Hitler   78
> Una cierta respetabilidad         82
              Enfrentándose a los agitadores. 83
              Una oposición pagada   86
              En el punto de mira de algunos judíos    87
> Hacia Westminster     90
              Desarrollar su propia prensa      92
               Adaptar estructuras militantes 93
               Una nueva cita con los votantes              95
               Los tumultuosos amores del rey              96
               La batalla en los barrios rojos    99
               Las municipales de marzo de 1937          104
               Separaciones dolorosas               106
> Hacia la guerra              110
               Una campaña por la paz              112
               Pedir el rearme no es un delito 114
               Mujeres en acción          117
> Durante la guerra        120
               Ante una opinión pública belicista          121
               No se colabora sin entregar nada            123
               El campo de concentración inglés           125
               Rumore contra Mosley y sus amigos      128
               La enfermedad que le dio la libertad     129
> El Europeo      132
               Escribir para justificar   133
               Defendiendo una concepción de Europa             135
               ¿Superar el corporativismo?      137
               La raza primero               138
               Primero Irlanda               141
               La internacional de Malmoe      142
               La revista The European              144
               Anticipándose a Enoch Powell  146
          La declaración de Venecia 147
> Bibliografía     151
> Oswald Mosley: Las entrevistas de postguerra               155
               LA ÚLTIMA GUERRA (The Last War, 1961)             156
               ATAQUE Y CONTRAATAQUE (Attack and Counterattack, 1965)    166
               HITLER Y MUSSOLINI (Hitler and Mussolini, 1965)             173
               SOBRE RAZAS, JUDÍOS Y OTRAS COSAS (About Races,
              Jews and other Things!, 1967)        186
              ENTREVISTA PARA FIRING LINE (por William F. Buckley Jr,
              el 25 de marzo de 1972)           214

DATOS TÉCNICOS

Revista de Historia del Fascismo nº 63 - Dossier Monográfico
Páginas 252
Tamaño: 15 x 21 cm
Cubierta: cuatricomía, plastificada y con solapas
Impreso en papel offset blanco de 80 grs.
25 ilustraciones
Precio de Venta al Público: 20,00 € (+4,00 gastos de envío)
Precio distribuidores: 50% descuento por pedidos superiores a 9 ejemplares del mismo número.
Pedidos: eminves@gmail.com




Crónicas desde mi retrete (24) OSWALD MOSLEY - PER ENGHAL Y EL PRIMER NEOFASCISMO EUROPEISTA


Oswald Mosley fue con Per Enghald, el único de los líderes de los partidos fascistas históricos que siguió en activo en sus países de origen tras el marasmo que supuso la Segunda Guerra Mundial. Personajes como Leon Degrelle u Horia Sima, debieron abandonar sus países, partir para el exilio y limitarse a mantener sus ideas, pero sin posibilidades de poder difundirlas en sus respectivos países. Resulta curioso constatar que, tanto Mosley como Enghald parecen estar en el origen del “neofascismo europeísta” por el que luego circuló Jean Thiriart y tantos otros. La apreciación no es completamente exacta. De hecho, a principios de los años 30, distintas revistas -especialmente Die Tat- afectas al área de la “revolución conservadora” alemana, ya habían mostrado esa tendencia europeísta que luego incorporaron al Tercer Reich. Seguir estas evoluciones es algo curioso.

Cualquier observador imparcial puede llegar a la conclusión de que, de no haber estallado la Segunda Guerra Mundial, Alemania, antes incluso de 1945, hubiera hecho gravitar toda la economía europea en torno suyo. Era el resultado de la política “racial” hitleriana que consistía en unir a todos los territorios poblados por ciudadanos de lengua alemana en una sola nación. Tras los acuerdos de Munich, este plan estaba casi completo, a falta de llegar al acuerdo sobre el “corredor de Danzig”. Parece evidente que un bloque de 100 millones de ciudadanos, unidos en torno a un régimen con una alta capacidad industrial y tecnológica y excepcionalmente estable, hubiera hecho que todas las economías europeas gravitaran en torno suyo, y eso implicaba también que Berlín hubiera sido -como, de hecho, se estaba convirtiendo- en el centro político de Europa.


El grupo Die Tat, desde finales de los años 20, ya contemplaba esta hipótesis en tres círculos:
- el primero el “germánico” (lo que luego sería el Tercer Reich),

- luego el danubiano (la llamada Mittleleurope) y, finalmente,
- un tercer círculo que abarcara a todo el continente europeo.
Tales eran las tres etapas de crecimiento económico en los que se basaba el Tercer Reich. El resultado final era una “Europa alemana”… ¿por conquista militar? No, por el peso de la economía alemana.

Cuando, durante la guerra, especialmente, tras la Operación Barbarroja, el Reich insistió en la idea de “nuevo orden europeo” y en la incorporación de voluntarios de todos los países europeos a la lucha antibolchevique, no estaba haciendo nada más que aportar un contenido político-emocional al proyecto económico continental. Per Enghald, presidente del Nysvenska Rörelsens y director del Vägen Framät, y Sir Oswald Mosley, presidente del Union Movement, después de 1945, asumieron la idea de construcción de una “Europa unitaria y comunitaria” en un momento en el que nadie hablaba aún, ni de Unión Europea, ni de Mercado Común y, solamente, el Movimiento Federalista Europeo, surgido al calor de los Coudenhove Kalergi en los años 20.

El fascismo sufrió una mutación al transformarse en neo-fascismo tras la derrota de 1945. El nacionalismo quedó en segundo plano en relación a la afirmación europeísta. Es cierto que, los partidos electoralistas (básicamente, el MSI, y más adelante el Socialistische Reichspartei, convertido luego en NDP) volvieron a utilizar el “nacionalismo” como argumento electoral (las masas siempre van más retrasadas en relación a las necesidades de su tiempo), pero lo cierto es que la gran aportación de Mosley y de Enghald después de 1945, fue recuperar el hilo paneuropeista presente en el nacional-socialismo y transformarlo en “nacionalismo europeo”.


Recientemente, hemos traducido para el número 63 de la Revista de Historia del Fascismo una serie de entrevistas realizadas a Mosley en la postguerra, así como una biografía sobre el personaje escrita por nuestro amigo quebecois, Rémy Tremblay. Mientras nos dábamos cuenta de la lucidez y de la novedad que aportó el personaje en cada momento de su vida, meditábamos sobre cómo fue posible que las masas que aplaudieron a Mosley en 1948 en su primer mitin de postguerra en Trafalgar Square, en el que proclamó la necesidad de la unidad europea, pasados los años, se convirtieran en primeros detractores de aquel proyecto y tomaran la vía del “brexit”.

Es fácil interpretar lo que ocurrió: Mosley no se equivocó en absoluto en sus apreciaciones, ni sobre el plano económico (veía la globalización y el multiculturalismo como los grandes peligros que aquejaban a Europa y, particularmente, al Reino Unido, desde principios de los años 30), ni sobre Europa (que sigue siendo hoy más necesaria que hace 70 años). Lo que Mosley en 1948 no podía prever es que la bandera de la “unidad europea” la asumieran los que han terminado siendo grandes valedores de la globalización en nuestro continente.

En efecto, después de un primer período en el que la Comunidad Económica Europea se “vendió” como un intento para racionalizar las relaciones económico-comerciales entre Francia y Alemania y evitar una guerra entre ambas generaciones, luego, ya en los años 70, pasó a ser una excusa para “democratizar” el Sur de Europa con el atractivo de ampliar las relaciones comerciales de países que iban más atrasados en el desarrollo económico, con mano de obra más barata y con la zanahoria de las subvenciones para el desarrollo. Luego cayó el muro de Berlín, y cuando parecía que la unidad europea estaba al alcance de la mano, bruscamente nos dimos cuenta de que la Unión Europea no era nada más que la pieza continental de la globalización.

El proyecto de crear una Europa libre, fuerte e independiente, autosuficiente en materia económica y que exportara excedentes de producción a cambio de las materias primas necesarias, quedó completamente desnaturalizado. Y entonces surgió la consigna: “Sí a Europa, no a esta Europa”.

Mosley, ya no pudo ver esta fase. Falleció en París en diciembre de 1980, ocho años después de haber abandonado la dirección de la Union Movement que dio vida al National Front, por un lado, y a la League of Saint Georges por otro. La traducción de textos de Mosley, nos ha dado ocasión para reflexionar sobre tres aspectos:
1) Las diferencias entre el fascismo y el neo-fascismo y la mutación histórica y doctrinal que supuso el tránsito de uno al otro.

2) El carácter europeísta del primer neofascismo, impulsado por Per Enghald y por Oswald Mosley que luego perfiló y recuperó Thiriart en el área francófona.
3) El juicio crítico que el neofascismo realizó del fascismo histórico y que Mosley resumió en las entrevistas que le realizaron en la posguerra medios de comunicación de primera fila.
El neofascismo tuvo que cargar con la losa de la derrota y de la criminalización. Pasará el tiempo, pasarán las décadas y los siglos y llegará el día en el que algún historiador, manejando biografías, documentos, declaraciones y manifiestos, llegará a la conclusión de que el primer neofascismo de la postguerra (el desarrollado entre 1948, fecha en que se inició la “guerra fría” y 1973, fecha en la que concluyó el período de expansión de la economía mundial y se inició el tiempo de las grandes convulsiones y transformaciones del capitalismo), fue excepcionalmente lúcido en sus previsiones, ponderado en sus críticas y realista en sus juicios. 

Si no fue más lejos, si Mosley nunca recuperó su escaño en la Cámara de los Comunes y si Per Enghald tuvo que contentarse con presidir la creación del Movimiento Social Europeo en 1951 que falleció víctima del electoralismo de unos y del extremismo verbalista de otros. Pero, sobre todo, porque sobre ellos pesaba el estigma de la derrota.