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miércoles, 21 de enero de 2015

Inmigración subsahariana. No perdamos de vista la valla de Melilla


Info|krisis.- África es una de las zonas en las que el islamismo registra una más rápida expansión. Todo el Magreb y la franja del Shäel son islámicas, incluso en las antiguas colonias portuguesas el islam ha irrumpido como ocurre igualmente en el norte de la República Centroafricana. El islam se está expandiendo de Norte a Sur y de Este a Oeste. Incluso ha llegado a Sudáfrica. Y esto a pesar del desprecio racista con el que la cultura árabe trata a los negros y las afrentas que los negros podrían presentar ante los islamistas que históricamente fueron los responsables de las caravanas de esclavos que fueron enviados a América. De ahí que cuando la noticia de que en la madrugada del lunes 19 de febrero un millar de subsaharianos intentaron entrar en Melilla asaltando la valla, la noticia puede leerse de otra manera: un millar de islamistas subsaharianos asaltaron la valla. Vale la pena meditar sobre esto.

África era el paraíso de las religiones animistas hasta que primero llegaron los misioneros cristianos y, cuando se abolió la esclavitud, los mercaderes árabes de esclavos fueron sustituidos por los predicadores islamistas y los imanes wahabitas. Después de unas décadas en las que el catolicismo africano se encontraba en expansión, en la actualidad los misioneros católicos se dedican más a tareas humanitarias que a la predicación del Evangelio. La experiencia ha demostrado que el catolicismo africano es inestable, poco sólido, menos “comprometido” con los dogmas y muy superficial. Casos como el del atrabiliario Monseñor Milingo, ex obispo de Lusaka, hoy excomulgado, evidencian que la “negritud” no es el terreno mejor adaptado para el mensaje evangélico y los llamamientos al celibato y la castidad. Además, la competencia de las sectas evangélicas y su mayor oferta de “espectáculo” en las ceremonias dominicales, constituye una “competencia desleal” para la Iglesia.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Inmigración (I): El felipismo (1983-1996)


Infokrisis.- Cuando el felipismo llega al poder apenas hay en España 200.000 inmigrantes y cuando pierde las elecciones de 1996, la cifra ha crecido pero muy levemente: apenas 542.314 ciudadanos extranjeros, el 1,37% de la población residen dentro de nuestras fronteras. En buena medida se trata de inmigrantes marroquíes que han participado como mano de obra barata en los “eventos del 92”, especialmente en la Expo de Sevilla y muy particularmente en las obras vinculadas a las Olimpiadas de Barcelona. Aun así se trata de una inmigración que está muy por debajo de la de otros países europeos y que crece muy lentamente: en 1986 apenas había 241.971 inmigrantes (el 0,63%), cinco años después sube un 0,30% pasando a 360.655 y cuando Felipe González debe entregar el poder apenas ha subido medio punto quedando en 542.314 inmigrantes. Buena parte de esa inmigración todavía procede de la Unión Europea o bien se trata de estudiantes adscritos a distintos programas de intercambio de alumnos o simplemente becarios extranjeros que siguen preparándose en España. De todas formas, a partir de 1992-3 es cuando empiezan a notarse acumulaciones de inmigrantes en algunas zonas de Barcelona y de la costa catalana, en el cinturón de Madrid y poco más. ¿Qué estaba ocurriendo?

Dejando aparte los GAL, la corrupción y el nepotismo, el terrorismo, el desbarajuste autonómico, las características del período felipista se reducen a nuestro ingreso (mal negociado) en la Comunidad Europea (luego Unión Europea) que impuso una brutal reconversión industrial, el inicio de la llegada de fondos estructurales a modo de compensación y la política de prestigio concentrada en la fecha emblemática de 1992. Todo ello sobre el trasfondo de una situación internacional extremadamente movediza que se inicia con la crisis de la URSS y del bloque comunista y termina cuando el mundo ya está abocado al proceso globalizador.