Mostrando entradas con la etiqueta asaltos a la valla de Melilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta asaltos a la valla de Melilla. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de enero de 2015

Inmigración subsahariana. No perdamos de vista la valla de Melilla


Info|krisis.- África es una de las zonas en las que el islamismo registra una más rápida expansión. Todo el Magreb y la franja del Shäel son islámicas, incluso en las antiguas colonias portuguesas el islam ha irrumpido como ocurre igualmente en el norte de la República Centroafricana. El islam se está expandiendo de Norte a Sur y de Este a Oeste. Incluso ha llegado a Sudáfrica. Y esto a pesar del desprecio racista con el que la cultura árabe trata a los negros y las afrentas que los negros podrían presentar ante los islamistas que históricamente fueron los responsables de las caravanas de esclavos que fueron enviados a América. De ahí que cuando la noticia de que en la madrugada del lunes 19 de febrero un millar de subsaharianos intentaron entrar en Melilla asaltando la valla, la noticia puede leerse de otra manera: un millar de islamistas subsaharianos asaltaron la valla. Vale la pena meditar sobre esto.

África era el paraíso de las religiones animistas hasta que primero llegaron los misioneros cristianos y, cuando se abolió la esclavitud, los mercaderes árabes de esclavos fueron sustituidos por los predicadores islamistas y los imanes wahabitas. Después de unas décadas en las que el catolicismo africano se encontraba en expansión, en la actualidad los misioneros católicos se dedican más a tareas humanitarias que a la predicación del Evangelio. La experiencia ha demostrado que el catolicismo africano es inestable, poco sólido, menos “comprometido” con los dogmas y muy superficial. Casos como el del atrabiliario Monseñor Milingo, ex obispo de Lusaka, hoy excomulgado, evidencian que la “negritud” no es el terreno mejor adaptado para el mensaje evangélico y los llamamientos al celibato y la castidad. Además, la competencia de las sectas evangélicas y su mayor oferta de “espectáculo” en las ceremonias dominicales, constituye una “competencia desleal” para la Iglesia.