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lunes, 25 de abril de 2022

ELECCIONES EN FRANCIA: DOS FRENTES MUY BIEN DEFINIDOS. RECORDANDO A PIRRO (y con estrambote final sobre Julio Otero)

Las fuerzas progresistas andaban descompuestas a pesar de que todo inducía a que Macron se impondría en las elecciones francesas: el problema no era “ganar”, sino el margen con el que Macron se imponía. Y ha sido pequeño. A pesar de que se haya certificado en varias ocasiones la muerte política de Marine Le Pen, lo cierto es que, poco a poco va mejorando sus posiciones. Esta segunda vuelta de las elecciones francesas, casi nos obliga a realizar algunos comentarios, especialmente en la repercusión que puedan tener en España.

0. EN RECUERDO DE PIRRO DE EPIRO

Sus soldados le apodaban “el águila”. Fue uno de los grandes generales de su época y rey de Macedonia. Fue de victoria en victoria, hasta la derrota final. Esta ocurrió en Italia cuando acudió en ayuda de los tarentinos enfrentados a la República Romana. Venció en dos ocasiones, pero sufrió tales pérdidas que auguró su futura derrota en Benevento. Llegó a la batalla con las tropas desmoralizadas por las pérdidas sufridas en los anteriores encuentros victoriosos. Las bajas sufridas cuando se le desmadraron los elefantes, le obligaron a huir a Epiro y perder la Magna Grecia. Las Legiones Romanas habían demostrado tener tácticas más efectivas que las falanges macedónicas. Hoy se alude a “victorias pírricas” a la política, cuando una candidatura ha ganado por un estrecho margen de votos. Lo que ha ocurrido en Francia con Macron es una “victoria pírrica”.

1. LA DESAPARICIÓN DE LOS PARTIDOS TRADICIONALES

Imaginad una España sin PP y sin PSOE. Pues bien, eso es lo que ha ocurrido en Francia: las opciones cuyo recorrido vital abarcaron la vida de la Vª República, simplemente, se han volatilizado, como ocurrió en Italia tras la operación “Manos Limpias”. Si tenemos en cuenta que el Partido Socialista gobernó Francia con François Hollande hasta 2017 y que en Italia, democristianos y socialistas gobernaron hasta 1994, para luego ingresar en el basurero de la historia, parece lógico que el centro-derecha y el centro-izquierda español se vayan preparando para lo que puede ser su apocalipsis final (que no dudamos ocurrirá entre aromas de corrupción y olores pútridos). Ni el PSOE debía de haberse reconstituido tras la guerra civil (a la vista de que fue uno de los responsables de la misma), ni el centro-derecha debía de haberse empeñado en convertirse en la alternativa tan inútil como “soft”, a la izquierda.


2. NO HAY TRES NI CUATRO: SOLAMENTE HAY DOS CAMPOS

Una ojeada a la política internacional, incluido el conflicto de Ucrania y, por supuesto, las elecciones francesas, indican lo que venimos reflejando desde hace algunos meses en info-krisis: a saber, que los campos reales se han reducido a dos (con todos los matices que se quieran). O se están con la globalización y el mundialismo, con los objetivos del Foro Económico Mundial y con la ideología emanada de los laboratorios de la UNESCO, o bien se está en posiciones contrarias. No hay término medio: y los que aspiran a encontrarlo, quedarán aislados por unos o por otros. Es, a fin de cuentas, lo que ha pasado en Francia y lo que está pasando en Ucrania. Los campos están cada vez mejor definidos:

- a un lado “populismo”, “euroescepticismo”, “identidad”, “decoupling con la OTAN”.

- al otro lado “neoliberalismo”, “igualdad”, “agenda 2030”, “con la OTAN”, “Europa como pieza de la globalización”.

Insistimos: puede haber matices. Pero solo hay dos campos. Y este es el único patrón interpretativo de la realidad que hoy debería manejarse.

3. LA “GRAN ACUSACIÓN” CONTRA EL “POPULISMO”

La acusación que realiza a coro la progresía sobre el carácter de “extrema derecha” de la candidatura de Marine Le Pen es gratuita. Y una vez más, falsa, como lo es la acusación de que una victoria de la “extrema-derecha recortaría las libertades”. De hecho, las fuerzas “populistas”, han ganado elecciones en Italia y han gestionado el poder, siguen en el poder en varios países de Europa Central y del Este y, si considerásemos a Trump también en el pelotón de los “populistas”, veríamos que allí donde han estado presentes en el gobierno no se ha producido, ningún cambio legislativo de envergadura, ni mucho menos recortes a las “libertades”. ¿A qué viene continuar con esa monserga de que la “extrema derecha populistas” “amenaza a las libertades”? (A no confundir “libertades”, con propuestas procedentes de minorías que solamente afectan a esas minorías y que, en ningún caso son prioritarias para la vida de una nación)

3. LO QUE OCURRE EN FRANCIA, AFECTA A ESPAÑA

Recordemos que a poco de llegar ZP al poder, convocó un estúpido referéndum sobre la “constitución europea”. Apenas votó el 40% del censo. A pesar del desinterés evidente, ZP consideró el resultado un “triunfo” personal: el 80% se había declarado a favor, votando una “constitución” que, incluso para los que la apoyaron, era completamente desconocida y el gobierno no había hecho nada para aclararla. Si recordamos esto -que no fue más que una anécdota en la estupidez generalizada del período “zapateriano”- es porque, aquel “gran éxito” se diluyó a las pocas semanas cuando el 29 de mayo de 2005, con una participación del 70%, ganó el NO a la “constitución europea” por 55 a 45. Y dos días después, el 1 de junio, la non nata “constitución europea” descarriló definitivamente en Holanda, cuando el zapatearían 61% de los electores que acudieron a las urnas votaron en contra. A ZP le quedó el consuelo de que en Luxemburgo el electorado, por los pelos, eso sí, apoyó el proyecto. Si recordamos esta anécdota es porque, lo que ocurre en Francia y en Alemania repercute inmediatamente en la periferia europea. España es -mal que nos pese- “periferia”. (Quizás la iniciativa de Aznar de formar un eje hispano-polaco de naciones de tamaño medio de la UE para contrabandear el peso de las dos “locomotoras” europeas, no iba tan desencaminado. Lo errado era que la iniciativa tenía como objetivo apoyar la intervención norteamericana en Iraq…).


4. LAS DISTANCIAS SE ACORTAN EN FRANCIA

Y lo que ocurre en Francia es que los “dos campos” de los que hablábamos, no solamente han quedado definidos por las candidaturas de Macron y la Le Pen, sino que la distancia entre ambos se va acortando más y más y mucho más. En la segunda vuelta de las presidenciales francesas de 2017, Macron venció con el 66,10% de los votos, y Marine Le Pen apenas obtuvo un 33,90. Y esto con un 74,56% de participación. En total: 20.275.122 para el candidato mundialista, globalizador y neoliberal y 10.644.118 para la candidata nacionalista, euroescéptica y populista. Pero, el resultado de ayer había acortado extraordinariamente las distancias: Macron se hizo con 18.779.809 votos, esto es, 1.495.313 votos MENOS que en 2017, mientras que la Le Pen obtenía 13.297.728 votos, es decir: 2.653.610 votos MAS. Y esto con una abstención del 1,7% puntos más que en 2017 y con 48.474.914 ciudadanos con derecho a voto. De ahí que la primera constatación es: si después de cinco años contando con el apoyo de los medios de comunicación y con la ventaja que da el disponer de los resortes de poder, Macron ha vencido por un margen mucho más estrecho que hace cinco años, habrá que pensar que, de un momento a otro, puede darse el cambio y que si éste no se ha dado en esta ocasión, ha sido porque el electorado de Macron, en buena medida ha conseguido movilizar a los votantes procedentes de la inmigración que veían peligrar “paguitas” y subsidios.

5. LA SOMBRA DEL GALLO FRANCÉS PLANEARÁ SOBRE EL TABLAO ANDALUZ

Hoy sabemos que habrá elecciones anticipadas en Andalucía y que serán antes del verano. Aquí el PSOE puede vivir una verdadera debacle: todavía no se ha repuesto de haber protagonizado la mayor estafa y el mayor desvío de fondos públicos a arcas privadas en democracia: el caso de los EREs. La Junta de Andalucía, se había convertido, durante el “régimen socialista andaluz” en una cueva de ladrones que ni siquiera actuaban con recato y prudencia, disimulo y mano -nunca mejor dicho- izquierda. Ahora, el PSOE lo está pagando. Y, milagro será, si en las próximas semanas, no cae sobre la cabeza del PSC la nefasta y nefanda gestión de Illa al frente del ministerio de sanidad en la primera fase del Covid, en donde la compra de mascarillas dejará empequeñecido el caso Almeida… El problema para el PSOE es que, históricamente, su mayoría absoluta siempre ha dependido de los resultados en las dos regiones que en donde era mayoritario: Cataluña (el PSC) y Andalucía. Así pues, y vale la pena recordarlo: el PSOE nunca más -óigase bien, nunca más- podrá volver a gobernar con mayorías absoluta en el Estado. Deberá suscribir siempre algún tipo de alianza, con su izquierda (como ha hecho en esta legislatura) o con la derecha (como le exigen en la UE a la vista de la olla de grillos que ha demostrado ser Podemos y las tres o cuatro fracciones en las que hoy está desintegrado). Nuestra interpretación de lo que ha ocurrido en el PP en los últimos tres meses puede sintetizarse así:

- Casado estaba inhabilitado para abrir una nueva vía de aproximación PP-PSOE. Era preciso un “hombre nuevo”.

- Casado, además, había permitido la aproximación del PP a Vox en Madrid y en Castilla León. Y Vox se sitúa, precisamente, al “otro lado”: en posiciones populistas.

- Núñez Feijóo se abre camino a la jefatura del PP, marcando distancias con Vox y aproximándose al PSOE como “interlocutor válido”.

- El PSOE responde atacando, no al PP, sino a un sector del mismo: el madrileño, tomando como objetivo a Almeida para debilitar a Ayuso, con la excusa de las comisiones cobradas por el “escándalo de las mascarillas gestionadas por los niños bien”.

- El objetivo del PSOE es debilitar a la corriente del PP favorable a un acuerdo con Vox y, por eso mismo, facilitar la hegemonía de la tendencia que ve en el PSOE al único interlocutor de Feijóo.

Si a estos añadimos que de los tres partidos nacidos después de la crisis de 2008-2011 (Ciudadanos y Podemos) están muertos, el beneficiario del fenómeno que podemos llamar “simplificación de los frentes” que ha ocurrido e Francia no puede ser otro que Vox. Lo veremos en las próximas elecciones andaluzas. El PP procurará obtener mayoría absoluta. Parece difícil que lo logre. Se verá obligado a pactar con alguien: si Feijóo es consecuentes con lo que ha prometido, ese alguien no puede ser más que con lo que quede del PSOE. Y esto desencadenará, inmediatamente, una reacción, a modo de electroshock entre los votantes de este partido. Quizás se tarde unos años más en reproducir un esquema parecido al francés, pero, mejor que nos hagamos a la idea de que las siglas y los equilibrios de centro-derecha y centro-izquierda que hemos conocido hasta ahora, quedarán liquidados también en nuestro país y que la nueva ordenación política, establecerá -también aquí- dos campos: o a está al lado de la globalización y el mundialismo o se está del lado del populismo, la identidad y el euroescepticismo.

¿Y Francia? En un mes habrá legislativas… a dos vueltas. Allí los partidos tradicionales intentarán salvar lo salvable y aislar a los “populistas”. Podemos intuir lo que ocurrirá: habrá algunos diputados más del RN, pero no los que correspondería, en buena lógica a una formación cuyo aliento siente Macron en el cogote. Es lo que tienen las elecciones a dos vueltas: hechas para mantener ad infinitum, el estatus de los partidos tradicionales.


ANEXO: UNA PEQUEÑA ANÉCDOTA PERSONAL

En este panorama excepcionalmente lineal, se ha comentado mucho las declaraciones de Julia Otero, periodista crepuscular, a Jordi Ebole. La Otero, siempre ha jugado su carta progre. Superficial y progre. Con olor a alcanfor y completamente fuera de juego. Ha criticado a Vox. De manera superficial, casi de manera ignorante; a lo progre, vamos. Vox puede ser objeto de muchas críticas, pero no desde luego de la que la ha acusado la Otero: especialmente porque en el interior de Vox hay muchas mujeres en cargos de dirección. No es, por tanto, de recibo, que haya acusado dramáticamente a Vox de “querer enviar las mujeres al hogar”… Pero, los progres son así.

Contaré una anécdota sobre la Otero: durante varios años tuvo en su programa de radio en Onda Cero, como comentarista de pago, al juez Fernández Oubiña. No era, ni siquiera en aquella época, un juez particularmente apreciado. De hecho, era uno de los jueces más criticados, soto voce: se contaban cientos de anécdotas sobre él, la mayoría de ellas, machistas -esas que tanto aborrece la Otero-. Contaré la mía: Fernández Oubiña me había enviado a prisión, con una condena de DOS AÑOS por delito de “manifestación ilegal”. Ingresé en prisión: ni siquiera se me reconoció la prisión preventiva de tres meses que cumplí en Alcalá Meco (sobre 24 meses de condena, hice 18 e, incluso, la consellería de "justicia" de la gencat ordenó al equipo de clasificación y tratamiento que al valorar mi caso, se indicara el nombre de los que habían votado a favor de mi puesta en libertad condicional, excepción que llamó la atención a los miembros del equipo: pero no había más remedio a la vista de mi buena conducta, medios de vida, estabilidad familiar y cumplimiento de la condena…).

El caso fue que, después de dos meses de estar en prisión, el “testimonio de sentencia” todavía no había llegado a la prisión Modelo de Barcelona y, por tanto, no se podía iniciar mi clasificación. Mi esposa fue a pedir el documento una y otra vez al juzgado, recibiendo largas por parte de los funcionarios. Hasta que se plantó: “no voy sin el testimonio de sentencia”. Así que los funcionarios se lo comunicaron al juez que, en lugar de ordenar que se entrega el documento de una puñetera vez, ordenó que mi esposa fuera llevada al calabozo y procesada por desacato (hubo juicio y salió absuelta). 

Era imposible que la Otero desconociera la trayectoria machista, dictatorial, despreciativa con las mujeres de este juez. Imposible, porque la conocía toda la judicatura de Barcelona. Pues bien, la feminista Julia Otero, la progresista Julia Otero, lo contrató durante años. Para que ahora vaya diciendo que las mujeres de Vox lo que quieren estar en casa y con la pata quebrada... 

Por cierto, Oubiña y yo éramos vecinos. Me lo crucé un día. Bajo la vista. Los progres son así, se reconocen entre ellos, pero son incapaces de hablar -ni siquiera de mirar- con alguien que no sea de su misma pasta.

lunes, 11 de abril de 2022

Pocas novedades en las elecciones francesas: dos frentes sin términos medios

El resultado estaba, más o menos, cantado y ha sido el que reflejaban las encuestas. Marine Le Pen ha quedado, como se esperaba, en segunda posición, a pesar de su remontada de última hora, mientras que Emmanuel Macron se ha alzado con la victoria que precederá a la que obtendrá en la segunda vuelta de aquí a catorce días. En definitiva, estamos ante el mismo esquema que hace cinco años por lo que solamente vale la pena hacer algunas anotaciones sobre lo que ha cambiado.

1. La odiosa comparación entre las dos primeras vueltas de 2017 y 2022

Hace cinco años, un candidato construido a golpes de marketing y mazazos de capital vertido sobre medios de comunicación, obtuvo la victoria en la primera vuelta con 8.657.326 votos, frente a la candidata del entonces Front National, con 7.679.493 votos. Menos de un millón de votos separaban ambas candidaturas, sobre un electorado de 47.581.118 personas. Ahora, cinco años después, Macron ha recibido 9.560.545 votos y Marina Le Pen 8.109-857 votos. LA diferencia es de casi millón y medio de votos a favor del primero, sobre un electorado de 48.803.175 votos. Esto nos dice que Macron ha subido un 10,4%, mientras que Marina Le Pen, lo ha hecho un 5,6%. Aparentemente, Macron es el que ha ganado más votos y porcentaje… sin embargo esto se explica fácilmente por su activismo “humanitario” y “pacifista” desempeñado durante las semanas previas a las elecciones (y que formaba parte de su campaña electoral) en relación al conflicto de Ucrania y gracias al ejercicio del poder, con la consiguiente presencia en los medios de comunicación. Así pues, la derrota de Marine Le Pen, no ha sido total, especialmente porque su electorado natural se ha visto roto por la presencia de otro candidato situado “a su derecha”, Éric Zemmour, que ha obtenido 2.442.624 votos. Es legítimo pensar que las dos candidaturas, si se hubieran refundido en una, hubieran superado en un millón de votos a Macron. Victoria, por tanto, pírrica del “Sánchez francés”, el hombre encargado por el Foro Económico Mundial de aplicar la Agenda 2030 en el vecino país.

2. EL DESPLOME DEL CENTRO-DERECHA

Otra nota importante es la desaparición práctica del centro derecha francés, representado por Les Republicains, antigua Union por un Movimiento Popular y que encarnaba los valores del antigua gaullismo. En 2017, su candidato, François Fillón, se hizo con el 20% de los votos, quedando a un solo punto del Front National: 7.213.797 votos. Sin embargo, en la primera vuelta de 2022, su candidata, Velérie Pécresse, apenas ha podido reunir 1.658.386 votos, lo que supone un 4,79%, con una caída más de cinco millones y medio de votos. Con estos resultados, Les Republicains, puede darse por amortizado: la vieja derecha, el equivalente a la “derechita” española del PP, ha pasado a ser residual. Algo de lo que tendrían que tomar nota los nuevos propietarios de la sigla PP.

3. EL SOCIALISMO AUSENTE

Hubo un tiempo en el que el “partido hermano” del PSOE era el Partido Socialista Francés, del que copió, incluso, en 1977, su emblema: el puño cerrado portando la rosa. Es más, esa hermandad se había prolongado desde la época en la que el PSF era la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO). Hoy, nos equivocaríamos si siguiéramos pensando que la derrota del socialismo francés es, también la derrota del PSOE. Anne Hidalgo, alcaldesa de París y candidata del PS, apenas ha obtenido el 1’7%. Hasta 1973, vale la pena recordarlo, tuvo nacionalidad española. Sin embargo, el “partener” político de Pedro Sánchez no es el PSF, sino Macron y su heteróclita formación en la cual se encuentran todos los rasgos propios de la “ideología soft” y el mismo objetivo: la ejecución, por encargo del Foro Económico Mundial, de la aplicación de la Agenda 2030.

4. ABSTENCIÓN SÍ, PERO SIN SOBRESALTOS

En las horas antes a la votación se decía que el 40% de la población era abstencionista y los “tertulianos” y analistas hablaban de la “desafección” de la población francesa hacia la política. Este elemento es rigurosamente cierto, solo que en el momentos electorales, a última hora, el elector, opta por votar (si no tiene nada mejor que hacer) por el candidato que cree que más le va a beneficiar. Habitualmente, estos votantes de última hora, a los que no les interesa nada el destino del país y quién tenga las riendas del poder, son aquellos que reciben algún tipo de subsidio, sin importarles en absoluto si la deuda pública sube o si será necesario subir cargas fiscales a otros grupos sociales. Quieren que todo siga así. Y esos sectores son los que, a última hora han remontado la candidatura de Macron. A fin de cuentas, la abstención entre 2017 y 2022 solamente se ha elevado 3 puntos, quedando una participación del 74,82%, mientras que, en 2017, fue del 77,77%. Resulta significativo que, en relación a las elecciones de 2012, la participación bajara ya un 1,7% y que en las de ese año, también se produjera un descenso de los votantes, en relación a las de 2007, de un 4,3. El número de votos nulos, expresa, igualmente, el descontento del electorado: se trata de votos de protesta encubiertos. Más de un millón en la primera vuelta de 2022: casi el doble de los votos obtenidos por el PSF. Pero el sistema puede digerir perfectamente todos estos porcentajes. Diferente sería que se aproximaran a la divisoria del 50%, pero todavía quedan 25 puntos para esa fatídica desconexión entre política y ciudadanía y, a pesar de que se confirmasen las actuales tendencias al crecimiento de la abstención y del voto nulo de protesta, podrían pasar décadas antes de que fuera evidente la fractura total entre electorado y ciudadanía.

5. MARINE LE PEN: CON ¿AMIGOS? A LA DERECHA

La candidatura de Éric Zemmour ha podido parecer extemporánea y poco meditada. De hecho, sus posiciones son solamente algo más radicales que las de Marine Le Pen. Zemmour no es, en absoluto, el clásico radical de extrema-derecha: de hecho, es de origen judío y argelino, frecuenta la sinagoga, habla yidish, y, más que “político”, es un intelectual anti-inmigracionista y un nacionalista francés convencional, golpeado por innumerables procesos por “difamación”, “odio racial”, etc… La diferencia con Marine Le Pen es que, ésta, tiene más rodaje político y conoce mucho mejor los entresijos de las campañas electorales. De no haber aparecido la candidatura de Zemmour, Marine Le Pen hubiera quedado -presumiblemente- en cabeza en la primera vuelta. Zemmour ha obtenido el 7% de los votos, cifra en absoluto despreciable que recuerda los porcentajes que empezó a obtener Jean Marie Le Pen en la primera mitad de los años 80. No hay lugar para dos formaciones anti-inmigracionistas y anti-agenda 2030. Esto parece claro, pero va a resultar muy difícil hacer converger ambas opciones a la vista de quiénes las apoyan. Sin embargo, lo más sorprendente es que, los ensayos escritos por Zemmour (Le Suicide français, Destin français, La France n’a pas dit son dernier mot) sin duda son compartidos por Marine Le Pen. Su candidatura ha sido sostenida por algunos de los que en otro tiempo habían figurado en el Front National, incluso por Hervé Ryssen, considerado como “antisemita”. Su candidatura, y su partido que ostenta el significativo nombre de Reconquista, en alusión a los ocho siglos de lucha contra el islam en la península ibérica, ha recibido apoyos de grupos conservadores y de antiguos líderes del movimiento de los “chalecos amarillos” y, sobre todo, del antiguo Movimiento Nacional Republicano que se escindió del Front National en 1998, dirigido por Bruno Maigret. Philippe de Villiers, otro histórico de la derecha francesa le ha apoyado, así como un grupo de cargos electos del partido de Marine Le Pen, pasados a Reconquista. A principios de año, el partido contaba con 85.000 miembros que pagaban regularmente su cuota, siendo el segundo partido de Francia por número de cotizantes. Significativamente, también han apoyado la candidatura, gentes próximas al entorno “negacionista” en la línea de Robert Faurisson, y de “identitarios” de grupos activista. Si bien los resultados de Zemmour han sido inferiores a lo que auguraban las encuestan (que le llegaron a dar un 15% de intención de voto), lo cierto es que ha quedado en cuarto lugar, lo que parece garantizar su supervivencia. El tiempo dirá si el exFN y Reconquista estrechan vínculos o bien se produce la guerra de desgaste (como ya ocurrió entre el FN y el MNR, entre Le Pen y Maigret, hasta la desaparición del segundo). Un paso a favor de la convergencia parece haber sido dado por Zemmour pidiendo el voto para Le Pen en la segunda vuelta.

6. LA IZQUIERDA PERDIDA EN SU LABERINTO

Además de la candidatura del PSF, sorprende la fragmentación de la izquierda francesa, un producto de su pérdida de referentes y de sus contradicciones internas. El Partido Comunista de Francia, Europa Ecología – Los Verdes, Primaria Popular, Lucha Obrera, el Nuevo Partido Anticapitalista y Francia Insumisa, son las candidaturas de izquierdas que se han presentado a estas elecciones. De todo este magma de siglas, solamente Francia Insumisa ha obtenido un resultado que puede calificarse como gran éxito: Francia Insumisa de Jean Luc Mélenchon. Éste es un antiguo miembro del Partido Socialista, escindido a principios del siglo XXI, cuyo abuelo era murciano, por cierto. Mélenchon aprovechó el desmadejamiento de la izquierda tras la crisis económica de 2008, reuniendo a distintos fragmentos con un programa común cuyo principal atractivo era el populismo de izquierda, el antiglobalismo, el ecologismo, el euro-escepticismo y la antiglobalización… Su pretensión era recuperar aquellos sectores sociales “de izquierdas”, especialmente obreros, que habían trasvasado su voto al Front National desde los años 90. No lo ha logrado, pero sí ha conseguido eclipsar, tanto al Partido comunista, como al socialista y atraer en voto de algunos sectores de extrema-izquierda. En relación a 2017, Mélenchon ha atraído un 7,7% más, situándose en el 21,95%, prácticamente a dos puntos de distancia de Marine Le Pen. Sería difícil tratar de encontrar en España una traducción de los puntos de vista de La Francia Insumisa. Lo que más se parecería sería algún sector Podemos, pero su presencia en el gobierno de Sánchez, hace imposible la existencia de un “populismo de izquierdas” antiglobalización. El resto de candidaturas de izquierda ha obtenido resultados pobres: 2,’3% el Partico Comunista, 0’6% Lucha Obrera, 0’8 el Nuevo Partido Anticapitalista, 3’2% Resistamos (una de las fracciones del movimiento de los chalecos amarillos), mientras que los verdes se han quedado con un 4,6%. La suma de los resultados de las distintas opciones de izquierda, supone más de un tercio del electorado. Pero resultaría muy difícil pensar que un magma tan inconexo, contradictorio y sin puntos de vista unitarios, sin grandes líderes carismáticos, pudiera converger en una candidatura unitaria. La izquierda francesa es, hoy, algo parecido a Podemos: un magma en el que está todo y su contrario, centrado en torno a distintos personajes de poca envergadura política, con obsesiones y reminiscencias del pasado no superadas, imposible de convertir en una opción unitaria.

7. CONCLUSIÓN: HACIA LA SEGUNDA VUELTA

A los pocos minutos de conocerse los resultados de la primera vuelta, todas las formaciones políticas ya han expresado a quién recomendarán votar en la segunda. Como podía esperarse, Marine Le Pen se verá apoyada por Reconquista y los votos que pueda aportar Zemmour, esto le llevará a la frontera del 30% (en las anteriores elecciones alcanzó el 33%) y, seguramente, también recogerá algunos votos más, con lo que, más o menos, permanecerá en las mismas posiciones. Todos los demás partidos (incluida la izquierda) han entregado su voto a Macron, con lo que la comedia electoral apenas necesita quince días para bajar el telón, pero ya sabemos cuál será su final. Marine Le Pen no ha conseguido su objetivo: llegar en primera posición en la primera vuelta. Veremos si consigue ahora su segundo objetivo: superar los votos y el porcentaje que obtuvo en 2017. La posibilidad de renovación en Francia, por todo ello, resulta muy lejana y difícil: mientras persistan las actuales circunstancias, el trío de derechas (Le Pen), centro (Macron) e izquierda (Mélenchon) serán las candidaturas seguramente más votadas (aunque varíen sus cabezas de fila), pero, el problema siempre residirá en que dos de estas candidaturas (la de centro y la de izquierda) siempre terminarán pactando para derrotar a la “derecha populista”. Ahora bien, la contradicción radica en que la izquierda que sube es, al menos en teoría, anti-globalizadora, mientras que el centro es una simple marioneta teledirigida por el Foro Económico Mundial. Sin embargo, el programa de izquierdas es, en muchos aspectos, exactamente igual al de la Agenda 2030, con lo que la “alternativa de izquierdas”, no pasaría de ser un mero maquillaje.

En realidad, las elecciones francesas sirven para confirmar solamente una cosa: no existen más que dos opciones políticas en toda Europa, o bien se está con la Agenda 2030, o bien se está contra ella. Y aquí si que no cabe términos medio: no cabe decir: “bien, yo estoy contra la globalización, pero a favor de la inmigración”, “yo estoy contra el neocapitalismo, pero me muestro a favor de la lucha contra el cambio climático”, “yo estoy a favor de la igualdad, pero en contra de las teorías de género”. Porque, éste es el gran problema: la Agenda 2030 presente un paquete coherente de medidas orientadas en una dirección, la narcosis de las masas, la homogeneización de las masas, la ocultación de los adversarios reales en beneficios de problemas secundarios, la defensa de la democracia, pero bajo la tutela de las grandes corporaciones y de la élite financiera. Y, frente a eso, no hay término medio: o se acepta ese destino, o se rechaza en bloque. Y si se rechaza, todavía dista mucho de existir una síntesis capaz de afrontar los distintos y tan variados (e incluso irrelevantes problemas) planteados por la Agenda 2030. De hecho, se puede tardar más en denunciar sus supercherías en materia de género, que en construir un programa completo alternativo.

En Francia, por el momento, ese programa no existe y del “trío” de aspirante al poder, siempre existe un “tercio excluso”. Estas elecciones lo han demostrado y dentro de quince días, se confirmará.